You are on page 1of 91

tutela administrativa

del ambiente
(introducción)
6.1 Aspectos generales
La contaminación ambiental genera una responsabilidad presente en las
empresas por sus acciones pasadas, de allí que a través de ciertos
instrumentos se pueda lograr una contribución a evitar y mejorar el
deterioro de los recursos naturales.

6.2 Auditoría ambiental

1) La Auditoría Ambiental (AA) es un examen metódico, completo,
sistemático y comprobado de las prácticas corrientes de actuación y
gestión, sistemas de proceso, operación y emergencia que conduce a la
verificación del nivel interno de exigencias de la práctica industrial con
respecto al ambiente y del cumplimento de los requerimientos legales en
materia ambiental, con el objeto de determinar la situación actual y
pasada y aplicar las medidas correctoras correspondientes.
Dicho de otra manera, la AA consiste en examinar metódicamente,
incluyendo análisis, cuestionarios, pruebas y confirmaciones, los
procesos y procedimientos, con el fin de verificar si cumplen los
requerimientos legales o de política interna y evaluar si son conformes
con la buena práctica ambiental. Por ello es un instrumento
imprescindible de planificación y gestión dentro de la estrategia
empresarial, para que esta logre compatibilizar su adaptación ambiental
con el incremento de su nivel competitivo. 2

Las AA deberían realizarse en todas las industrias, aunque actualmente
sólo las grandes empresas multinacionales con sede en países
desarrollados las realizan. La implementación de dicha práctica en
empresas pequeñas o en las radicadas en los países poco desarrollados
o en vías de desarrollo, no es habitual, pero no imposible, y debería ser
implementada ya que constituyen el grueso del sector. Por último, cabe
aclarar que una AA es un instrumento interno de gestión y no un sistema
de información pública o estatal, y que debe el equipo auditor mantener
en todo momento la confidencialidad de los datos que se manejen.
¿Qué clase de auditoría ambiental conocen?
 Auditoría Ambiental de Cumplimiento: las mismas evalúan el
funcionamiento de instalaciones existentes en materia de afectación del
medio ambiente a fin de verificar el grado de cumplimiento de la
legislación aplicable por parte de tales instalaciones o actividades.
 Auditoría Ambiental de Seguimiento: tiene por objetivo controlar
la ejecución de las medidas de mitigación propuestas en el proyecto. Es
el instrumento para realizar el seguimiento de las medidas de
mitigación, correctivas o compensatorias exigidas y establecidas en el
documento aprobatorio respectivo.
 Auditoría Ambiental de Cierre: son aquellas utilizadas para
analizar los efectos ambientales negativos resultantes del desarrollo de
las actividades realizadas durante el tiempo de ejecución del proyecto
que deben ser remediados a cargo del responsable de dicho proyecto.

6.3 Evaluación de impacto ambiental
La Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) es el procedimiento TécnicoAdministrativo destinado a identificar e interpretar, así como a prevenir o
recomponer, los efectos de corto, mediano y largo plazo de actividades,
proyectos, programas y/o emprendimientos públicos o privados que
puedan causar daños al ambiente. Se entiende por Impacto Ambiental
a cualquier 3

cambio neto, positivo o negativo que se provoca sobre el medio
ambiente como consecuencia directa o indirecta, de acciones antrópicas
que puedan producir alteraciones susceptibles de afectar la salud y la
calidad de vida, la capacidad productiva de los recursos naturales y los
procesos esenciales.

6.4 Diferencias y analogías entre el
EIA y la AA

La Evaluación de Impacto Ambiental de forma genérica es:
Un procedimiento jurídico-técnico-administrativo que tiene por objeto la
identificación, predicción e interpretación de los impactos ambientales
que un proyecto o actividad produciría en caso de ser ejecutado; así
como la prevención, corrección y valoración de los mismos. Todo ello con
el fin de ser aceptado, modificado o rechazado por parte de las distintas
Administraciones Públicas competentes. (Cruz Mínguez, Gallego Martín y
González de Paula, 2008-2009, http://goo.gl/r7Q3HM).
Podemos destacar como diferencias fundamentales, con la Auditoría
Medioambiental, las siguientes:
 Objeto: La Evaluación de Impacto Ambiental predice las
consecuencias de la ejecución de un proyecto, de una nueva instalación,
en tanto que la Auditoría se refiere a las consecuencias
medioambientales que se derivan de instalaciones ya existentes.
 Regulación: La Evaluación de Impacto Ambiental se encuentra
claramente regulada en la legislación (tanto Nacional como Autonómica),
mientras que la Auditoría apenas se encuentra regulada por ser algo
novedoso.
 Características: La Evaluación de Impacto Ambiental es obligatoria
para la mayor parte de las empresas y su contenido mismo se encuentra
perfectamente definido, en tanto que de la Auditoría Medioambiental
cabe destacar su carácter voluntario y su flexibilidad.
 Publicidad: La Evaluación de Impacto Ambiental es sometida, en
alguna de sus fases, a información pública, mientras que la Auditoría
4

no tiene por qué ser conocida por los particulares si el empresario no lo
desea.
o La auditoría ambiental es totalmente voluntaria, mientras que el
estudio de evaluación de impacto ambiental se exige por la legislación
vigente para la mayor parte de las empresas, cuando desean realizar
una nueva instalación.
o La auditoría medioambiental se realiza sobre las instalaciones ya
existentes; en cambio, el estudio de impacto ambiental se realiza para
evaluar los efectos potenciales que se pueden producir por una nueva
instalación.
o La auditoría medioambiental es una herramienta flexible cuyo alcance
está determinado por las necesidades y prioridades de la empresa, en
tanto que el estudio de impacto ambiental se encuentra perfectamente
regulado por las normas estatales, autonómicas o locales, sin que sea
permisible que dicho estudio tenga un contenido inferior al mínimo
exigido.
o La realización de la auditoría medioambiental permite conocer la
situación actual de las instalaciones, en cuanto a si se cumple o no la
legislación medioambiental y permite buscar soluciones en los casos en
que no se cumpla. El estudio de impacto ambiental, al realizarse sobre
las nuevas instalaciones, implica que las mismas deben cumplir con toda
la legislación medioambiental aplicable, lo que se detalla y justifica en
este estudio, no siendo admisible en general que un proyecto de nueva
instalación cuyas emisiones, inmisiones o vertidos sean contaminantes o
superen los límites fijados en las distintas leyes, reglamentos u
ordenanzas, salvo que tomen medidas correctoras oportunas.
Como similitudes podemos destacar:
 La finalidad en ambas es conocer el impacto que sobre el
medioambiente pueden tener unas instalaciones.
 Tanto la Auditoría Medioambiental con la Evaluación de Impacto
Ambiental ayudan a la toma de decisiones en la empresa.
5

6.5 Efectos de la Evaluación de
Impacto ambiental
Esta herramienta sirve para registrar y valorar de manera sistemática y
global todos los efectos potenciales de un proyecto con objeto de evitar
la degradación ambiental.

6.6 La información pública

La información pública es un derecho consagrado que permite el control,
monitoreo y participación del individuo social en los asuntos públicos, del
estado y de las instituciones gubernamentales.
El acceso a la información pública es un derecho fundado en una de las
características principales del gobierno republicano: que es el de la
publicidad de los actos de gobierno y transparencia de la
administración.
En los cimientos del ejercicio del gobierno representativo, la
representación democrática tiene carácter temporal y el ejercicio de sus
funciones públicas en nombre de la representación otorgada por el
pueblo soberano está abierto al refrendo o escrutinio de la población en
cuyo nombre se gobierna a través del voto. La publicidad de los actos
de gobierno constituye el mejor factor de control -o bien de
legitimación- del ejercicio del poder por parte de los
representantes.
Además, el acceso a la información sobre la cosa pública posibilita a
las personas opinar con propiedad y veracidad, contribuyendo
de tal modo al debate público de las ideas, que es garantía
esencial del sistema democrático. Les permite, además, investigar
los problemas de la comunidad, controlar a los mandatarios y participar
en la vida política del Estado.
Que este derecho está contemplado en la Constitución Nacional,
particularmente por su adhesión al Pacto de San José de Costa Rica. 6

6.7 El control operativo ejercido por la
autoridad administrativa
6.7.1 Las declaraciones de aptitud ambiental

Las declaraciones de aptitud ambiental son el medio preventivo más
eficiente para acondicionar la realización de una actividad antrópica, con
un mínimo de seguridad de que la misma no impactará en el ambiente
de manera tal que ponga en peligro el mismo ámbito en donde se
desarrolla.
A los fines de evitar que las empresas ya instaladas deban adecuar sus
funcionamientos a nuevos estándares en protección al medio ambiente y
poner en marcha todo una situación que elevaría los costos, de tal
manera que terminaría no cumpliendo con el fin para el cual se
establecieron, es que se proponen soluciones nuevas al respecto:
1) Determinación de estándares
Constitución de los niveles máximos o límites máximos de vertidos para
cada tipo de actividad industrial o de servicios, es decir, techos de
tolerancia pre-establecidos en cuanto a las inmisiones derivadas del
funcionamiento de las mismas.
La determinación de estos estándares está vinculada con la obtención de
la licencia, como acto-condición, que sujeta la autorización con el
cumplimiento de estos niveles exigidos.
2) Regulación de los factores empleados en la actividad
Esta regulación tiende a obtener como resultado la minimización de los
daños ambientales, por la utilización de determinados productos o
materias primas, así como utilización de energías altamente
contaminantes.
3) Aprobación Administrativa
Otra de las medidas tendientes a adaptar las actividades industriales u
otras a las necesidades de regulación administrativa, es la obtención de
una aprobación o licencia por parte de la Administración. Los productos
autorizados son provistos de una marca identificatoria que permite
incorporarlos al circuito de la producción en serie. 7

6.7.2 Las sanciones por incumplimiento de las
normas de tutela ambiental
Las sanciones se pueden clasificar en:
1) Represivas
Son aquellas sanciones administrativas y penales que tienen por fin
reprender actividades contaminantes y que consisten en apercibimiento,
multas, suspensión de actividades y clausura temporaria o definitiva de
su funcionamiento e inclusive llegar hasta la privación de la libertad.
2) Preventivas
Son aquellas medidas que tienen la finalidad de lograr el acatamiento de
ciertas conductas ambientales destinadas a la eliminación o atenuación
de la contaminación.
Estas medidas pueden responder a las denominadas tasas de vertidos, o
bien otros tributos fiscales que permitan el financiamiento y
mejoramiento para minimizar los daños ambientales por el impacto que
producen dichas actividades anteriormente mencionadas; por ejemplo,
plantas de tratamiento de residuos industriales, de basura, entre otros.

6.7.3 Las medidas estimuladoras de protección del
ambiente

Estas medidas están destinadas a favorecer que las empresas e
industrias adopten e implementen estas medidas ambientales,
permitiéndoles ciertos beneficios que puedan obtener, tanto económicos,
fiscales y ambientales, pudiendo alcanzar ventajas competitivas
significativas ya que podrán demostrarles a las partes interesadas,
especialmente a los accionistas, el valor para la organización de una
buena gestión ambiental.
Provee también a la organización de la oportunidad de vincular metas y
objetivos ambientales con resultados financieros específicos y, de ese
modo, asegurar que los recursos estén disponibles donde ellos aporten
el mayor beneficio en términos financieros y ambientales. 8

6.8 Clasificación de las actividades
industriales para su regulación
administrativa
Las actividades industriales son clasificadas de diferentes maneras
según las normativas y de acuerdo con el grado de contaminación que
producen y amenazan al ambiente y a la calidad de vida de las
comunidades.
Podemos distinguir:
1) Molestas:
Son aquellas actividades que producen incomodidades a la comunidad,
por determinados ruidos, olores, vibraciones, gases, polvos, sin que por
ello sean de carácter intolerable para el desarrollo de la vida de los
habitantes.
Sin embargo, estas molestias, que suelen ser generadas de talleres
pequeños, fábricas medianas y familiares, son dignas de ser
consideradas no sólo por el derecho, sino también en virtud de su
incidencia ambiental, dado que las mismas pueden ser, aun sin tener
certeza jurídica o legal, causantes de numerosas consecuencias que
repercutan en la población. La salud, seguridad, comodidad son bienes
jurídicos tutelados que deben ser evaluados a la hora de producirse
algunas de estas actividades.
2) Insalubres y nocivas
Las actividades consideradas como insalubres son aquellas que afectan
la salud de la comunidad, por su grado de toxicidad. Actividades que
deriven en humos, vapores, gases requieren de determinadas medidas
correctivas técnicas para lograr la implementación de purificación de su
funcionamiento.
Aquellas consideradas como nocivas son las que tienen como
consecuencia evacuaciones de productos que causan daños a los
recursos naturales en general.
Como, por ejemplo, plaguicidas, pesticidas, que no sólo alteran la salud
de las personas, sino también las riquezas agrícolas, faunísticas, y los
factores abióticos como suelo, agua y aire.
3) Peligrosas
Se consideran aquellas actividades que tienen por objeto la fabricación,
manipulación, transporte, comercialización o almacenamiento de
productos susceptibles de causar impactos ambientales tales como:
explosiones, 9

radiaciones o combustiones que ponen en riesgo inminente a las
personas y los bienes.

6.9 Clasificación de los resultados
ambientales de la actividad humana
para su regulación legal
Dentro de las múltiples actividades industriales y tecnológicas del
hombre podemos identificar algunos de esos resultados que son
altamente contaminantes para el medio ambiente y que requieren una
regulación legal específica.
Los agentes contaminantes pueden clasificarse en procesos de emisión e
inmisión que transmiten a la atmósfera sustancias nocivas molestas o
insalubres.
Los principales agentes de contaminación son:
• El dióxido de carbono: generalmente se origina en los procesos de
producción de energía de la industria y de la calefacción doméstica.
Recordemos que es el principal agente causante del calentamiento
global.
• El monóxido de carbono: producido por las combustiones incompletas,
en particular de las siderurgias, las refinerías de petróleos y los
vehículos.
• El Plomo: cuya fuente principal de contaminación por plomo la
constituyen las industrias que funden ese metal, las industrias químicas
y los plaguicidas.
• Las Radiaciones: en su mayor parte, se originan por la producción de
energía atómica, la fabricación de pruebas y armas de este tipo y los
buques de propulsión nuclear. Se incluyen dentro de éstas a las
emisiones sonoras o auditivas que, en forma excesiva, contaminan el
ambiente; por ejemplo, podemos citar como novedosa a la
contaminación por la instalación de antenas celulares.
10

7. Tutela administrativa
del ambiente (Nacional)
7.1 Introducción. Aspectos generales
Existen en la República Argentina leyes llamadas de presupuestos
mínimos. Luego de muchos años de reformada la constitución, el
Congreso de la Nación dio nacimiento a la primera ley de presupuestos
mínimos denominada Ley General del Ambiente N° 25.675. El congreso
ha sancionado leyes de estas características, y ellas son (no se
presentan por orden cronológico):
• Ley de Régimen de Acceso a la Información Pública Ambiental;
• Ley de Residuos Industriales;
• Ley de Gestión de Residuos Domiciliarios;
• Ley para la Gestión y Eliminación de los PCB (Policlorobifenilos o
Bifenilos Policlorados);
• Ley de Gestión de las Aguas;
• Ley para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial;
• Ley de protección ambiental para control de actividades de quema;
• Ley de protección ambiental de los bosques nativos;
• Ley de residuos peligrosos;
• Ley de protección ambiental en materia de incendios forestales y
rurales;
Una corriente minoritaria de pensamiento considera que el criterio
temporal determina cuando estamos frente a una ley de presupuestos
mínimos, ya que la reforma de la Constitución marcaría el inicio del
tiempo Pero en general no se acepta que las leyes de presupuestos
mínimos nacen a partir de la reforma de la Constitución, sino que, por el
contrario, esas leyes ya 11

existían, porque es el contenido de las mismas lo que nos indica si
corresponde o no a esa categoría. Por este motivo es que sostienen que
una ley más debe incluirse en el listado mencionado: La Ley de Residuos
Peligrosos N° 24.051.

7.2 Ley General del ambiente. Ley
25.675. Antecedentes. Principios.
Presupuestos mínimos

Sancionada el 6 de noviembre de 2002, la Ley General del Ambiente se
convierte en un paradigma de la política ambiental Argentina. Establece
los presupuestos mínimos para:
 El logro de una gestión sustentable y adecuada al ambiente.
 La preservación y protección de la diversidad biológica.
 La implementación del desarrollo sustentable.
Determina los objetivos de la política Nacional, así como también los
principios de la misma, a saber:
 principios de congruencia;
 prevención;
 precautorio;
 equidad;
 intergeneracional;
 progresividad;
 responsabilidad;
 subsidiaridad;
 sustentabilidad;
 solidaridad;
12

 principio de cooperación.
Define el tan emblemático concepto de presupuestos mínimos.
Determina como fuero judicial competente a la justicia de los Tribunales
Ordinarios. Excepcionalmente, si la degradación o contaminación
corresponde a recursos ambientales interjurisdiccionales, se establece la
competencia federal.
Determina los instrumentos de la política y la gestión ambiental,
desarrollando las ideas de:
1. Ordenamiento ambiental del territorio
Establece la necesidad de coordinación ambiental para la determinación
de dicho ordenamiento sobre la base de la acción concertada de
municipios, provincias y el Consejo Federal de Medio Ambiente
(COFEMA).
2. Evaluación de impacto ambiental (EIA)
Establece la obligatoriedad de EIA para toda obra o actividad que sea
susceptible de degradar el ambiente, alguno de sus componentes, o
afectar la calidad de vida de la población. Las autoridades competentes
serán quienes deban determinar la necesidad de presentación del
estudio cuyo procedimiento administrativo concluirá con una necesidad
de declaración de impacto ambiental en la que se expondrá la viabilidad
o no del proyecto presentado.
3. Sistema de control sobre el desarrollo de las actividades
antrópicas
4. Educación ambiental
Considerada como “el instrumento básico para generar en los
ciudadanos valores, comportamientos y actitudes que sean acordes con
un ambiente equilibrado, propendan a la preservación de los recursos
naturales y su utilización sostenible, y mejoren la calidad de vida de la
población”.1 Establece la necesidad de implementación de planes
inmersos en los sistemas de educación.
1

Art. 14 – Ley 25.675. Política Ambiental Nacional. Congreso de la Nación Argentina.

5. Sistema de diagnóstico e información ambiental
Estatuye, por primera vez, la obligatoriedad de brindar información
ambiental, considerando sujetos obligados a cumplir con la norma a
personas físicas y jurídicas, públicas o privadas. 13

6. Régimen económico de promoción del desarrollo sustentable
Estatuye como pilares fundamentales:
I. La promoción de la participación ciudadana.
II. La obligatoriedad de contratación de un Seguro Ambiental y Fondo de
Restauración para el desarrollo de actividades que puedan degradar el
ambiente.
III. La creación del Sistema Federal Ambiental instrumentado a través del
Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA), destinado a coordinar la
política ambiental, tendiente al logro del desarrollo sustentable, entre el
gobierno nacional, los gobiernos provinciales y el de la Ciudad de Buenos
Aires.
IV. El daño ambiental definido como toda alteración relevante que
modifique negativamente el ambiente, sus recursos, el equilibrio de los
ecosistemas, o los bienes o valores colectivos.
V. El Fondo de Compensación Ambiental administrado por la autoridad
competente de cada jurisdicción y destinado a garantizar la calidad
ambiental, la prevención y mitigación de efectos nocivos o peligrosos
sobre el ambiente y la atención de emergencias ambientales.
Ratifica el Acta Constitutiva del Consejo Federal de Medio Ambiente
(COFEMA), suscrita el 31 de agosto de 1990, y el Pacto Federal
Ambiental, suscrito el 5 de junio de 1993 cuyos textos convierte en
anexos.
Se remite al alumno a la lectura de la ley 25.675 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
http://www.infoleg.gob.ar/
http://www.infojus.gob.ar/

7.3 Ley de régimen de libre acceso a
la información pública. Ley 25.831

Publicada el 7 de enero de 2004, se convierte en una de las leyes de
presupuestos mínimos vigentes en el país cuyo objeto es la protección
del 14

derecho a la información ambiental, considerada como “toda aquella
información en cualquier forma de expresión o soporte relacionada con
el ambiente, los recursos naturales o culturales y el desarrollo
sustentable”.2

Art. 2 – Ley 25.831. Régimen de Libre Acceso a la Información Pública Ambiental. Congreso
de la Nación Argentina.
2

3 Art. 3 – Ley 25.831. Régimen de Libre Acceso a la Información Pública Ambiental. Congreso
de la Nación Argentina

La ley determina que el acceso a la información será libre y gratuito para
toda persona física o jurídica sin que sea necesario acreditar interés
legítimo o fehaciente, convirtiéndose en una herramienta por excelencia
para la defensa del ambiente.
Definición de información ambiental según el Art. 2 de la ley:
Se entiende por información ambiental toda aquella información en
cualquier forma de expresión o soporte relacionada con el ambiente, los
recursos naturales o culturales y el desarrollo sustentable. En particular:
a) El estado del ambiente o alguno de sus componentes naturales o
culturales, incluidas sus interacciones recíprocas, así como las
actividades y obras que los afecten o puedan afectarlos
significativamente;
b) Las políticas, planes, programas y acciones referidas a la gestión del
ambiente3.
La Cláusula Ambiental de la Constitución establece que los ciudadanos
argentinos tendrán el derecho a la información. Este derecho,
programático hasta ese momento, es reglamentado por esta ley y
complementario también por algunos artículos de la Ley General del
Ambiente transformándose así en un derecho “Operativo”. Es una ley de
mucho valor e importancia, ya que establece un vital mecanismo para el
funcionamiento de la democracia participativa.
Se remite al alumno a la lectura de la ley 25.831 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
• http://www.infoleg.gob.ar/
• http://www.infojus.gob.ar/
15

7.4 Ley de presupuestos mínimos de
protección ambiental sobre la gestión
integral de residuos industriales y de
actividades de servicios. Ley 25.612.
Ley de Gestión de Residuos
Domiciliarios. Ley 25.916
En sus disposiciones generales determina que su fin es establecer los
presupuestos mínimos de protección ambiental sobre la gestión integral
de residuos de origen industrial y de actividades de servicio. Define
vocablos vitales para su comprensión como: proceso industrial, actividad
de servicio, residuo industrial y gestión integral de residuos industriales.
Establece entre sus objetivos: “Garantizar la preservación ambiental, la
protección de los recursos naturales, calidad de vida de la población, la
conservación de la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas”. 4
Art. 4 – Ley 25.612. Gestión Integral de Residuos Industriales y de Actividades de Servicios.
Congreso de la Nación Argentina.
4

Determina los sujetos que quedan excluidos de la normativa por poseer
regulaciones específicas. Al igual que la ley de residuos domiciliarios,
prohíbe la importación, introducción y transporte de todo tipo de
residuos, provenientes de otros países al territorio nacional. Establece
que cada autoridad de aplicación deberá clasificar los residuos, según los
niveles de riesgo, como mínimo, en tres categorías: riesgo bajo, medio y
alto.
El capítulo tercero corresponde a los generadores, a quienes la ley les
atribuye la responsabilidad del tratamiento adecuado y la disposición
final de los residuos, estableciendo la obligación de presentar
periódicamente una declaración jurada en la que consten los datos
identificatorios, las características de los residuos industriales y los
procesos que los generan.
De manera acertada, establece que las autoridades provinciales y de la
Ciudad de Buenos Aires deberán adoptar medidas promocionales para
aquellos generadores que implementen programas de adecuación
tecnológica, como resultado de una gestión ambiental integral,
generando, de esta manera, una política de incentivo y equilibrio entre
industria y ambiente.
Instituye la creación de registros de generadores por jurisdicción que se
integran en un sistema de información nacional y de libre acceso para la
16

población. Crea el Manifiesto que consiste en un documento en el cual
se dejará constancia de toda actividad realizada con respecto a los
residuos industriales, al que le otorga el carácter de declaración jurada.
Dedica uno de sus capítulos a la actividad realizada por transportistas,
estableciendo entre sus obligaciones la de contratar un seguro de
responsabilidad civil, caución o fianza bancaria u otra garantía
equivalente, que dé cobertura a los residuos, determinando que: “todo
transportista de residuos es responsable, en calidad de guardián de los
mismos, de todo daño producido, durante el transporte desde los lugares
de generación hasta los lugares autorizados de almacenamiento,
tratamiento o disposición final”.
A posteriori detalla la situación de las plantas de almacenamiento,
tratamiento y disposición final de residuos estableciendo la obligación de
realizar una Evaluación de Impacto Ambiental para su habilitación.
Determina que las mismas deberán llevar un registro de operaciones que
se realicen. Expresa que la autoridad de aplicación nacional acordará con
las autoridades provinciales y de la Ciudad de Buenos Aires, los criterios
sobre las condiciones de cierre de las plantas teniendo siempre como
factor condicionante la preservación ambiental y la calidad de vida de la
población. También corresponderá establecer a esta autoridad los
criterios generales sobre los métodos y la factibilidad de
almacenamiento, tratamiento, y disposición final de los residuos
industriales y de actividades de servicio. Concordante con la metodología
de establecer claramente la responsabilidad civil de los integrantes de
este proceso, determina que los titulares de las plantas serán
responsables, en calidad de guardianes o dueños, de todo daño
producido por estos en razón de la actividad que en ella se desarrolla.
Asimismo, obliga a la contratación por parte de los titulares de las
mismas de un seguro de responsabilidad civil, caución, fianza bancaria u
otra garantía.
Establece que el desarrollo de este tipo de actividad genera la obligación
de dar aviso al Registro de la Propiedad del tipo de uso al que es
sometido el inmueble.
Con gran acierto, detalla los tres órdenes de responsabilidad en que el
agente puede incurrir en caso de no ser consecuentes con la
disposiciones. A pesar de destinar un título específico a la
responsabilidad civil, disgrega conceptos referentes a la misma en
diversos capítulos. Establece que todo residuo industrial debe ser
considerado como cosa riesgosa. El artículo 41 determina que, en el
ámbito de la responsabilidad extracontractual, no es oponible a terceros
la trasmisión del dominio o abandono voluntario de los residuos
industriales y de actividades de servicio. Posteriormente estipula la
responsabilidad administrativa ocasionada por las infracciones a las
disposiciones de la ley y la responsabilidad penal definiendo nuevos tipos
penales vinculados al uso de residuos industriales. 17

Se remite al alumno a la lectura de la ley 25.612 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
• http://www.infoleg.gob.ar/

• http://www.infojus.gob.ar/
Ley de Gestión de Residuos Domiciliarios. Ley 25.916
La ley indica, en su Artículo 2: “Denomínese residuo domiciliario a
aquellos elementos, objetos o sustancias que como consecuencia de los
procesos de consumo y desarrollo de actividades humanas, son
desechados y/o abandonados”.5
5

6

Art. 2 – Ley 25.916. Gestión de Residuos Domiciliarios. Congreso de la Nación Argentina.
Art. 4 – Ley 25.916. Gestión de Residuos Domiciliarios. Congreso de la Nación Argentina.

Son objetivos de esta norma, según su artículo 4:
a) Lograr un adecuado y racional manejo de los residuos domiciliarios
mediante su gestión integral, a fin de proteger el ambiente y la calidad
de vida de la población;
b) Promover la valorización de los residuos domiciliarios, a través de la
implementación de métodos y procesos adecuados;
c) Minimizar los impactos negativos que estos residuos puedan producir
sobre el ambiente;
d) Lograr la minimización de los residuos con destino a disposición final.
Se prohíbe la importación o introducción de residuos domiciliarios
provenientes de otros países al territorio nacional.6
Establece plazos para adecuación: de 10 años para la adecuación de las
distintas jurisdicciones a las disposiciones establecidas en esta ley
respecto de la disposición final de residuos domiciliarios y 15 años para
la adecuación al conjunto de disposiciones establecidas en esta ley. 18

Se remite al alumno a la lectura de la ley 25.916 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
• http://www.infoleg.gob.ar
• http://www.infojus.gob.ar/

7.5 Ley de Presupuestos mínimos
para la gestión y eliminación de los
PCB. Ley Nº 25.670. Ley de Protección
de Glaciares. Ley 26.639. Ley de
protección ambiental para control de
actividades de quema. Ley 26.562.
Ley de protección ambiental de los
bosques nativos. Ley 26.331
Sancionada en octubre de 2002, se declara como una ley de
presupuestos mínimos y viene a tratar uno de los problemas ambientales
más candentes de la Argentina de la década del noventa. Tiene como
objetivo establecer la gestión de los PCB (Bifenilos Policlorados), a través
de la fiscalización de las operaciones asociadas a los PCB, la eliminación
de aparatos que lo contengan, la prohibición de instalación de los
mismos, como así también su ingreso al país, su producción y
comercialización. Dicho control está a cargo del Poder Ejecutivo de la
Nación.
Desarrolla en su cuerpo las definiciones necesarias para su tratamiento.
Crea el Registro Nacional Integrado de Poseedores de PCB en los que
deberán registrarse los poseedores, fabricantes y comerciantes de los
mismos.
Determina la obligación de contratar un seguro de responsabilidad civil,
caución, fianza bancaria, u otros similares, a toda persona que realice
actividades en las cuales deben emplear sustancias vinculadas al PCB.
Esta obligación tiene como objeto asegurar la recomposición de los
posibles daños ambientales y dar cobertura de los riesgos a la salud de
la población que se pudieran causar. 19

Determina como autoridad de aplicación al organismo Nacional de mayor
nivel jerárquico con competencia ambiental, a quien le impone la
obligación de establecer políticas para la gestión de PCB en forma
coordinada con las provincias, entre otras actividades.
Establece un plan de acción y determina objetivos a cumplir en el
transcurso del tiempo; por ejemplo, su artículo 14 reza:
Antes del año 2010 todos los aparatos que contengan PCB, y que su
poseedor quiera mantenerlos en operación, deberán ser
descontaminados a exclusivo cargo del poseedor. Hasta tanto esto
suceda el poseedor no podrá reponer PCB, debiendo remplazarlo por
fluidos libres de dicha sustancia.7
Art. 14 – Ley 25.670. Presupuestos Mínimos para la Gestión y Eliminación de los PCB.
Congreso de la Nación Argentina.
7

Determina al PCB y a todo aparato que lo contenga como cosa riesgosa y
se vincula su daño al producido por un residuo peligroso. Establece las
sanciones administrativas, determinando su acumulación con la
responsabilidad civil y penal.
Desde la sanción de dicha ley, las empresas y organismos han debido
realizar un procedimiento para poder eliminar o disminuir la sustancia.
La destrucción de la misma se debe hacer en países que posean la
tecnología para ello y lo permitan. La exportación, por lo tanto, se hace
dentro del marco del Convenio de Basilea.
Aún el Estado sigue trabajando en estrategias para la eliminación final
de los PCB en Argentina.
Se remite al alumno a la lectura de la ley 25.670 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
• http://www.infoleg.gob.ar/

• http://www.infojus.gob.ar/

Ley de Protección de Glaciares. Ley 26.639
En el año 2010 se sanciona esta ley, cuyo objeto establecido en su
artículo 1ro es: 20

Objeto. La presente ley establece los presupuestos mínimos para la
protección de los glaciares y del ambiente periglacial con el objeto de
preservarlos como reservas estratégicas de recursos hídricos para el
consumo humano; para la agricultura y como proveedores de agua para
la recarga de cuencas hidrográficas; para la protección de la
biodiversidad; como fuente de información científica y como atractivo
turístico. Los glaciares constituyen bienes de carácter público.8

Art. 1 – Ley 26.639. Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares
y del Ambiente Periglacial. Congreso de la Nación Argentina.
8

Art. 2 – Ley 26.639. Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares
y del Ambiente Periglacial. Congreso de la Nación Argentina.
9

La misma ley define lo que se entenderá por glaciar y ambiente
periglaciar:
A los efectos de la presente ley, se entiende por glaciar toda masa de
hielo perenne estable o que fluye lentamente, con o sin agua intersticial,
formado por la recristalización de nieve, ubicado en diferentes
ecosistemas, cualquiera sea su forma, dimensión y estado de
conservación. Son parte constituyente de cada glaciar el material
detrítico rocoso y los cursos internos y superficiales de agua. Asimismo,
se entiende por ambiente periglacial en la alta montaña, al área con
suelos congelados que actúa como regulador del recurso hídrico. En la
media y baja montaña al área que funciona como regulador de recursos
hídricos con suelos saturados en hielo.9
Se establece la necesidad de realizar un inventario en todo el país de
glaciares y periglaciares y se crea a tal efecto el Inventario Nacional de
Glaciares que deberá confeccionarse y actualizarse cada 5 años a cargo
del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales
(IANIGLA) más la Autoridad de Aplicación según la jurisdicción.
Se remite al alumno a la lectura de la ley 26.639 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
• http://www.infoleg.gob.ar/

• http://www.infojus.gob.ar/
21

Ley de protección ambiental para control de actividades de
quema. Ley 26.562
Esta ley tiene por objeto, según su Artículo 1ro: “establecer presupuestos
mínimos de protección ambiental relativos a las actividades de quema
en todo el territorio nacional, con el fin de pre-venir incendios, daños
ambientales y riesgos para la salud y la seguridad públicas”. 10
Art. 1 - Ley 26.562. Protección Ambiental de los Bosques Nativos. Congreso de la Nación
Argentina.
11 Art. 2 - Ley 26.562. Protección Ambiental de los Bosques Nativos. Congreso de la Nación
Argentina.
10

La misma indica lo que se entenderá por quema, a saber, “toda labor de
eliminación de la vegetación o residuos de vegetación mediante el uso
del fuego, con el propósito de habilitar un terreno para su
aprovechamiento productivo”.11
Las autorizaciones para actividades de quema deberán ser realizadas
por la Autoridad competente.
Se remite al alumno a la lectura de la ley 26.562 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
• http://www.infoleg.gob.ar/

• http://www.infojus.gob.ar/
Ley de protección ambiental de los bosques nativos. Ley 26.331
Esta ley se sanciona para frenar las consecuencias de la deforestación
causadas por algunas prácticas agrícolas.
La ley considera bosques nativos:
A los ecosistemas forestales naturales compuestos predominantemente
por especies arbóreas nativas maduras, con diversas especies de flora y
fauna asociadas, en conjunto con el medio que las rodea -suelo,
subsuelo, atmósfera, clima, recursos hídricos-, conformando una trama
interdependiente con características propias y múltiples funciones, que
en su estado natural le otorgan al sistema una condición de equilibrio
dinámico y que brinda diversos servicios ambientales a la sociedad,
además de los diversos recursos naturales con posibilidad de utilización
económica. 22

Se encuentran comprendidos en la definición tanto los bosques nativos
de origen primario, donde no intervino el hombre, como aquellos de
origen secundario formados luego de un desmonte, así como aquellos
resultantes de una recomposición o restauración voluntarias. Quedan
exceptuados de la aplicación de la presente ley todos aquellos
aprovechamientos realizados en superficies menores a DIEZ (10)
hectáreas que sean propiedad de comunidades indígenas o de pequeños
productores.12

Art. 2 – Ley 26.331. Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos.
Congreso de la Nación Argentina.
12

Establece la obligación de las autoridades nacionales, provinciales y de
la Ciudad Autónoma de realizar el Ordenamiento Territorial de sus
Bosques Nativos. Mientras no se cumpla con esta obligación, no podrán
autorizar desmontes ni ningún otro tipo de utilización y aprovechamiento
de los bosques nativos. Ese Ordenamiento Territorial debe tener en
cuenta los criterios de sustentabilidad establecidos en el anexo de la ley.
El artículo 26 establece la Audiencia pública.
En el capítulo 11 de la ley se crea un Fondo para compensar a los
titulares de las tierras en cuya superficie se conservan bosques nativos.
Se remite al alumno a la lectura de la ley 26.331 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
• http://www.infoleg.gob.ar/

• http://www.infojus.gob.ar/
23

7.6 Ley del régimen de gestión
ambiental de aguas. Ley 25.688.
Decretos 776/92 y 999/92. Ley 26.815
de protección ambiental en materia
de incendios forestales y rurales. Ley
26.815
Sancionada en noviembre de 2002, establece los Presupuestos mínimos
Ambientales para la preservación de las aguas, su aprovechamiento y
uso racional. Establece las definiciones de agua, cuenca hídrica y
utilización de las aguas. Crea los Comités de Cuencas Hídricas
destinados a asesorar a las autoridades competentes en materia de
recursos hídricos. Determina que la autoridad nacional de aplicación
deberá:
a) Determinar los límites máximos de contaminación aceptables para las
aguas de acuerdo a los distintos usos.
b) Definir las directrices para la recarga y protección de acuíferos.
c) Fijar los parámetros y estándares ambientales de calidad de las aguas.
d) Elaborar y actualizar el Plan Nacional para la preservación,
aprovechamiento y uso racional de las aguas, que deberá ser aprobado
por ley del Congreso de la Nación.13
Art. 7 – Ley 25.688. Régimen de Gestión Ambiental de Aguas. Congreso de la Nación
Argentina.
13

También podrá declarar zona crítica de protección a determinadas
cuencas, acuíferas, o masas de agua por sus características naturales o
de interés ambiental. 24

Se remite al alumno a la lectura de la ley 25.688 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
• http://www.infoleg.gob.ar/

• http://www.infojus.gob.ar/
Ley 26.815 de presupuestos mínimos de protección ambiental en
materia de incendios forestales y rurales
Esta ley sancionada en 2013 crea el Sistema Nacional de Manejo del
Fuego, y establece como su objeto y ámbito de aplicación:
ARTÍCULO 1° — Objeto. La presente ley establece los presupuestos
mínimos de protección ambiental en materia de incendios forestales y
rurales en el ámbito del territorio nacional.
ARTÍCULO 2° — La presente ley se aplica a las acciones y operaciones de
prevención, presupresión y combate de incendios forestales y rurales
que quemen vegetación viva o muerta, en bosques nativos e
implantados, áreas naturales protegidas, zonas agrícolas, praderas,
pastizales, matorrales y humedales y en áreas donde las estructuras
edilicias se entremezclan con la vegetación fuera del ambiente
estrictamente urbano o estructural. Asimismo alcanza a fuegos
planificados, que se dejan arder bajo condiciones ambientales
previamente establecidas, y para el logro de objetivos de manejo de una
unidad territorial.14
14

Arts. 1 y 2 - Ley 26.815. Manejo del Fuego. Congreso de la Nación Argentina.

Se remite al alumno a la lectura de la ley 26.815 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
• http://www.infoleg.gob.ar/

• http://www.infojus.gob.ar/
25

7.7 Ley de residuos peligrosos. Ley
24.051. Decreto 831/93
Determina en su primer artículo que es una Ley de Presupuestos
mínimos destinada a la Generación, manipulación, transporte y
tratamiento de los residuos peligrosos. Define a los residuos peligrosos y
los que deben considerarse excluidos de esta ley.
Establece en Registro de generadores y operadores de residuos
peligrosos que la autoridad de aplicación de la ley serán los organismos
que determine cada una de las jurisdicciones locales, permitiendo de
esta manera que cada jurisdicción establezca las normas
complementarias necesarias para el cumplimiento efectivo de la misma
y que cada población pueda adaptarse según sus propias
particularidades. Se destaca la necesidad de programas que promuevan
la valorización de los residuos.
Determina que debe entenderse por generación y disposición inicial de
residuos clasificando a los generadores en generales y especiales,
estableciendo la necesidad de complementación por parte de las leyes
de cada jurisdicción. En cuanto a la recolección y el transporte, impone a
las autoridades competentes la obligación de garantizar que los residuos
peligrosos sean recolectados y transportados mediante métodos que
prevengan y minimicen los impactos negativos sobre el ambiente y
calidad de vida de la población. Establece el principio rector de la
actividad, pero deja liberada a la decisión de cada jurisdicción la
metodología y frecuencia con que se hará la recolección.
Define planta de tratamiento y de disposición final, brindando las
características esenciales de cada uno de ellos y determinando los sitios
en los que deben ubicarse, para lo cual proporciona parámetros
generales como:
 Alejamiento de áreas urbanas.
 Prohibición de establecimiento en áreas protegidas o sitios que
contengan elementos significativos del patrimonio natural y cultural.
 Sitios que no sean inundables.
26

Se remite al alumno a la lectura de la ley 24.051 que puede ser
descargada gratuitamente de los sitios oficiales:
• http://www.infoleg.gob.ar/

• http://www.infojus.gob.ar/

Conclusión
La interpretación del artículo 41 de la Constitución Nacional precisa una
lectura desde un federalismo consciente. En virtud del cumplimiento del
sistema federal, las provincias han delegado a la Nación la facultad de
dictar normas de contenido ambiental. Esta facultad permite fijar
políticas uniformes en cuestiones tan transversales como las
concernientes al ambiente. Y permite, además, armonizar una situación
de alto contenido interjurisdiccional que arroja mejores resultados si las
políticas del Estado son establecidas por el poder central. La delegación
se efectúa con el objetivo de coordinar la actividad ambiental de todos
los actores del sistema. El ambiente no puede dividirse en
compartimentos estancos administrativos o políticos, pues es un
continuado que trasciende cualquier frontera.
El objetivo es perseguir un mínimo de uniformidad nacional que se
obtendrá a través del desarrollo de los presupuestos mínimos, sin
avasallar las autonomías locales y un máximo de especialidad y respeto
por la diversidad local que será otorgado por la normativa de origen
provincial de complemento.
Es preciso identificar que la facultad concurrente, del Estado y las
provincias, para legislar en materia ambiental tiene un nuevo contenido.
Estamos ante una relación concurrente diferente a las demás, nueva
para el escenario del derecho argentino.
Ésta nace a partir de la necesidad de perseguir un federalismo
ambiental, que se plasma en el artículo 41 a través de la voluntad de las
provincias de otorgar a la Nación la potestad de regular los lineamientos
de las provincias en materia ambiental.
Las provincias reconocen la necesidad de que las cuestiones
concernientes al medio ambiente sean legisladas por la Nación en
parámetros generales; y complementadas por un “plus” siempre que no
afecte la télesis de la norma nacional. Le diferencia es que la función
competencial para legislar aparece desdoblada en dos subfunciones, ya
que le corresponderá a la nación, de manera exclusiva, la función
competencial de dictar normas que contengan 27

los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias la función
exclusiva de dictar las normas necesarias para complementarlas.
En los supuestos de concurrencia federal típica, como en materia de
progreso, reglado en los artículos 75 inc. 18 y 125, donde tanto la Nación
como las provincias pueden reglar la materia, si las mismas se oponen,
se resolverá la cuestión por la primacía del derecho federal del artículo
31; en cambio, en estos casos, la cuestión se deberá resolver conforme
al art. 41.
Las provincias establecen dos límites: en primer lugar, las leyes de
presupuestos mínimos establecerán las reglas en materia ambiental y
las provincias deberán adecuarse a ellas sin alterar la ley nacional, pues
de lo contrario se violaría el art. 31 de la Constitución Nacional del que
deriva el principio de supremacía constitucional. En segundo lugar, las
provincias determinan en forma expresa en el art. 124 el dominio
originario de sus recursos naturales, disposición estrechamente ligada
con el art. 41, ya que determina que la concurrencia será sólo en materia
legislativa, pero de ninguna manera en materia de ejecución o
jurisdicción como implícitamente lo determina el art. 41. En España, la
Sentencia 170/1989 del Tribunal Constitucional de España ha dicho:
La comunidad de Madrid no puede establecer normas adicionales de
protección en contra de la legislación básica del Estado, pero, por la
propia naturaleza de las normas de protección del medio ambiente, la
ley autonómica, respetando esa legislación básica, puede también
complementar o reforzar los niveles de protección previstos en esa
legislación básica, siempre que esas medidas legales autonómicas serán
compatibles, no contradigan, ignoren o limiten la protección establecida
en la legislación básica del Estado” 15.
15 Sentencia 170. 19 de Octubre de 1989. Tribunal Constitucional de España.

El régimen de concurrencia tiene ahora un límite constituido por la nueva
competencia asignada a la Nación.
Una ley de presupuestos mínimos en materia de instalación de antenas
de telefonía celular permitiría dar uniformidad a los dos mil municipios
de Argentina y a las 24 provincias, en cuanto a la política de instalación,
pero también permitiría colaborar con el desarrollo de las empresas en el
confuso panorama legal en los diferentes municipios. Una legislación
concertada 28

sería la solución viable para el desarrollo tecnológico y el cuidado del
ambiente y la salud, el símbolo del desarrollo sustentable. 29

8. Tutela administrativa
del ambiente (Provincial)
8.1 Instrumentos de política y gestión
ambiental
Tomamos a la Provincia de Córdoba considerada como avanzada en su
legislación en materia ambiental y como referente para las demás
jurisdicciones, y lo invitamos a buscar la legislación que cada provincia
posee, según la residencia del alumno.
En el año 2014 se sanciona en Córdoba la Ley 10.208 de Política
ambiental provincial.
Artículo 1º.- La presente Ley determina la política ambiental provincial y,
en ejercicio de las competencias establecidas en el artículo 41 de la
Constitución Nacional, complementa los presupuestos mínimos
establecidos en la Ley Nacional Nº 25.675 -General del Ambiente-, para
la gestión sustentable y adecuada del ambiente, la preservación y
protección de la diversidad biológica y la implementación del desarrollo
sustentable que promueva una adecuada convivencia de los habitantes
con su entorno en el territorio de la Provincia de Córdoba.
Artículo 2º.- La presente Ley es de orden público y se incorpora al marco
normativo ambiental vigente en la Provincia -Ley Nº 7343, normas
concordantes y complementarias-, modernizando y definiendo los
principales instrumentos de política y gestión ambiental y estableciendo
la participación ciudadana en los distintos procesos de gestión. 30

Artículo 8º.- La Provincia de Córdoba utilizará en forma prioritaria como
instrumentos de política y gestión ambiental los siguientes:
a) El ordenamiento ambiental del territorio (ART. 9 A 12);
b) La evaluación de impacto ambiental (ART. 13 a 36);
c) La evaluación ambiental estratégica (ART. 37 A 41);
d) Los planes de gestión ambiental (ART. 42 A 44);
e) Los sistemas de gestión ambiental (ART. 45);
f) El control de las actividades antrópicas (ART. 46 A 51);
g) La fijación de estándares y normas;
h) La educación ambiental (ART. 52 A 53);
i) La información y diagnóstico ambiental (ART. 54 A 62);
j) La participación ciudadana para la convivencia ambiental (ART. 63 A
74);
k) El seguro ambiental (ART. 75), y
l) Las medidas de autogestión, incentivos y alicientes ambientales (ART.
76 A 82).16
Arts. 1, 2 y 8 – Ley 10.208. Política Ambiental Provincial. Legislatura de la Provincia de
Córdoba.
16

17 Aquí el enlace con el acceso al documento: http://www.fundeps.org/sites/default/files/DT3_-2014_-_Comentarios_Ley_0.pdf

8.2 Recepción normativa del proceso
de EIA. Ley 7343 – Ley 10.208
La nueva ley en la provincia de Córdoba regula la novedosa Evaluación
de Impacto Ambiental Estratégica. Sugerimos la lectura del análisis
realizado por la Fundación para el Desarrollo de Políticas Sustentables
(FUNDEPS).17
A continuación, enumeramos algunos de sus más importantes artículos.
Sugerimos, a su vez, la lectura del análisis que se ha realizado sobre la
misma. 31

Artículo 17.- Entiéndase como Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) al
procedimiento técnico-administrativo realizado por la Autoridad de
Aplicación, basado en el Estudio de Impacto Ambiental, dictamen
técnico, estudios técnicos recabados y las opiniones y ponencias
surgidas de las audiencias públicas u otros mecanismos de participación
ciudadana implementados, que tiene por objetivo la identificación,
predicción e interpretación de los impactos ambientales que
determinadas políticas y/o proyectos públicos o privados pueden causar
en la salud del hombre y/o en el ambiente, así como la prevención,
corrección y valoración de los mismos, con el fin de aprobar o rechazar el
Estudio de Impacto Ambiental. Este procedimiento técnico-administrativo
consta de las siguientes fases: a) Realización y presentación del Aviso de
Proyecto por parte del promotor o iniciador; b) Proceso de difusión e
información pública y participación ciudadana; c) Realización y
presentación del Estudio de Impacto Ambiental por parte del promotor o
iniciador, si correspondiere, y d) Otorgamiento o denegatoria de Licencia
Ambiental por parte de la Autoridad de Aplicación.
Artículo 35.- Se establece a la audiencia pública como procedimiento
obligatorio para los proyectos o actividades que estén sometidas
obligatoriamente a Evaluación de Impacto Ambiental enunciados en el
Anexo I de la presente Ley. La Autoridad de Aplicación debe
institucionalizar las audiencias públicas y establecer los otros
mecanismos de consulta para los demás proyectos que no están
sometidas obligatoriamente a Evaluación de Impacto Ambiental. Las
audiencias públicas y demás mecanismos de consulta se realizarán en
forma previa a cualquier resolución, con carácter no vinculante y de
implementación obligatoria. Además, los ciudadanos o interesados, las
organizaciones no gubernamentales y el Defensor del Pueblo de la
Provincia de Córdoba podrán solicitar la realización de la audiencia
pública en los casos en que la misma no sea obligatoria, cumpliendo los
requisitos y plazos que determine la Autoridad de Aplicación. 32

Artículo 37.- La Evaluación Ambiental Estratégica es el procedimiento
iniciado por el área del ministerio sectorial respectivo para que se
incorporen las consideraciones ambientales del desarrollo sustentable al
proceso de formulación de las políticas, programas y planes de carácter
normativo general que tengan impacto sobre el ambiente o la
sustentabilidad, de manera que ellas sean integradas en la formulación e
implementación de la respectiva política, programa y plan, y sus
modificaciones sustanciales, y que luego es evaluado por la Autoridad de
Aplicación.
Artículo 38.- La Evaluación Ambiental Estratégica tiene como finalidad y
objetivos: a) Incidir en los niveles más altos de decisión políticaestratégica institucional; b) Aplicarse en la etapa temprana de la toma
de decisiones institucionales; c) Ser un instrumento preventivo; d)
Implicar una mejora sustantiva en la calidad de los planes y políticas
públicas; e) Permitir el diálogo entre los diversos actores públicos y
privados; f) Contribuir a un proceso de decisión con visión de
sustentabilidad; g) Mejorar la calidad de políticas, planes y programas; h)
Fortalecer y facilitar la Evaluación de Impacto Ambiental de proyectos, e
i) Promover nuevas formas de toma de decisiones.18
Arts. 17, 35, 37 y 38 – Ley 10.208. Política Ambiental Provincial. Legislatura de la Provincia
de Córdoba.
18

8.3 Organismos gubernamentales
Tomaremos como ejemplo algunas provincias.
En Córdoba, el organismo encargado de la conservación y protección del
ambiente es el Ministerio de Agua, Ambiente y Energía, a través de la
Secretaría de Ambiente del Gobierno de la Provincia. Son sus funciones:
 Promueve la conservación y protección del ambiente.
 Estudia la evolución de los recursos naturales.
33

 Desarrolla y gestiona un Sistema de Áreas Naturales Protegidas.
 Propicia la educación ambiental y favorece la participación ciudadana.
 Controla el cumplimiento de la normativa provincial en materia de
ambiente y recursos naturales.
 Ejecuta programas de conservación y recuperación de los recursos
naturales. (Secretaría de Ambiente de la Provincia de Córdoba, s.f.,
http://goo.gl/tD1Q87).
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Ministerio de Ambiente y
Espacio Público, cuya misión es:
“Mejorar la calidad del espacio público para que los vecinos lo disfruten y
quieran cuidarlo. Una Buenos Aires más limpia, linda, ordenada,
transitable, segura y con alta calidad ambiental genera más compromiso
en los porteños y, por lo tanto, mayor conciencia ciudadana.
Objetivos estratégicos:
• Tener una ciudad con mejor infraestructura; sin baches y con veredas
adecuadas.
• Tener una ciudad con mejor estética, más linda, más segura, con
mejoras en los espacios verdes y el arbolado urbano.
• Tener una ciudad limpia y consciente del medio ambiente,
incorporando a los cartoneros al servicio de recolección formal.
• Tener una ciudad ordenada, evitando el uso indebido del espacio
público.
• Tener una ciudad que respete el tiempo de los vecinos, con mejor
atención para reclamos y permisos. (Ministerio de Ambiente y Espacio
Público, s.f., http://goo.gl/2R84IN).
34

En San Luis, el Ministerio de Medio Ambiente:
Son sus competencias generales:
• Coordinar las acciones destinadas a alcanzar la conservación de la
diversidad biológica.
• Utilizar en forma equitativa y autosustentable los beneficios que
deriven del uso de los recursos.
• Recuperar, conservar y proteger el uso sustentable de los parques y
reservas naturales.
• Concientizar y fomentar el conocimiento de la problemática ambiental
y su impacto.
• Hacer cumplir las Leyes Nacionales y Provinciales vigentes en materia
de medio ambiente. (Ministerio de Ambiente de San Luis).
En Salta, el Ministerio de Ambiente y Producción Sustentable posee las
siguientes competencias:
• Compete al Ministro de Ambiente y Producción Sustentable, asistir al
Gobernador en todo lo concerniente a las políticas referidas al ambiente
y a las actividades agropecuarias, de recursos naturales, renovables o
no, industriales, comerciales, energéticas, mineras y, en especial:
• Entender, a través de una planificación estratégica, en lo concerniente
a la protección del ambiente, la prevención de su contaminación y la
producción sustentable.
• Coordinar con las áreas correspondientes la protección del ambiente en
relación a las actividades socioculturales de desarrollo económico y
productivo, en el marco de la sustentabilidad.
• Entender en el desarrollo y el aprovechamiento de las cuencas
hídricas.
• Entender en la formulación, funcionamiento y permanente
mejoramiento de un sistema de naturaleza participativa que facilite a los
empresarios sus decisiones de inversión mediante el suministro de la
información que fuera menester
35

para la adopción de éstas y la implementación en la Provincia de todas
las normas provenientes del Gobierno Federal, orientadas al incremento
de los recursos productivos, agropecuarios, industriales, mineros y
energéticos de la Provincia.
• Entender en la implementación de las políticas destinadas a la
reconversión productiva de la Provincia al fomento de las industrias y al
incremento de los porcentajes de exportación de los productos
provinciales.
• Entender en la formulación y ejecución de políticas públicas destinadas
al desarrollo y promoción de pequeñas y medianas empresas. (Ministerio
de Ambiente y Producción Sustentable, s.f., http://goo.gl/SvC3le).
Cada provincia, en ejercicio de su autonomía, organiza su gobierno. Por
lo tanto, se sugiere actualizar esta información en cada página web de
cada gobierno.

8.4 Ley de gestión de los residuos
sólidos urbanos (RSU) y residuos
asimilables a los RSU

La ley 9088, publicada en marzo de 2003, entiende sobre la gestión de
los residuos sólidos urbanos (RSU), y residuos asimilables a los RSU,
estableciendo que es de aplicación la generación, transporte,
tratamiento y eliminación de estos residuos.
Se entiende por residuos sólidos urbanos, de acuerdo con la presente
ley, a los residuos sólidos domiciliarios, derivados de la poda, escombros,
desperdicios de origen animal, enceres domésticos y vehículos en
desuso con la característica de ser producidos en las actividades
urbanas, exceptuando a todos aquellos que estén sometidos a
tratamientos especiales como los patógenos, radioactivos, peligrosos u
otros.
De acuerdo con la presente ley, actuará como autoridad de aplicación la
Agencia Córdoba Deportes, Ambiente, Cultura y Turismo S.E.M.
Son atribuciones de la Autoridad de Aplicación las enumeradas en el
artículo 4to de la ley: 36

a. Instrumentar Programas de Gestión integral de los Residuos locales y
regionales en coordinación con otras jurisdicciones.
b. Promover políticas fiscales y económicas para la implementación de
sistemas de gestión de residuos.
c. Favorecer la integración Intermunicipal en el tratamiento de estos
residuos.19
Esta ley también hace mención a la definición de los Vertederos
Controlados, entendiéndose por ellos al “lugar físico” de disposición final
de los residuos sólidos urbanos y los residuos asimilables a los RSU.
Asimismo, establece las condiciones mínimas y obligatorias para la
disposición del tratamiento de estos residuos:
“a. Establecer condiciones de seguridad física y administrativas
adecuadas
b. Respetar las condiciones de los líquidos y gases emanados de los
residuos
c. Establecer un sistema periódico de monitoreo”. 20

9 La tutela del
ambiente en el
Derecho Privado
9.1 Introducción
Las primeras normas de tutela en el ámbito privado lo fueron sobre
relaciones de vecindad, referidas al humo, ruidos, etc.
Nuestro Código Civil contenía estas normas en los artículos 2618 y 2619,
que fueron modificadas por la reforma de la ley 17.711, derogándose
este último artículo.
Hoy el Nuevo Código Civil y Comercial ha mejorado las normas, al
establecer:
Art. 1973. Inmisiones. Las molestias que ocasionan el humo, calor,
olores, luminosidad, ruidos, vibraciones o inmisiones similares por el
ejercicio de actividades en inmuebles vecinos, no deben exceder la
normal tolerancia teniendo en cuenta las condiciones del lugar y aunque
medie autorización administrativa para aquéllas. Según las
circunstancias del caso, los jueces pueden disponer la remoción de la
causa de la molestia o su cesación y la indemnización de los daños. Para
disponer el cese de la inmisión, el juez debe ponderar especialmente el
respeto debido al uso regular de la propiedad, la prioridad en el uso, el
interés general y las exigencias de la producción.1
Art. 1973 – Ley 26.994. Código Civil y Comercial de la Nación. Congreso de la Nación
Argentina.
1

La protección del medio ambiente se articula principalmente mediante
instrumentos de derecho público. Ello es la consecuencia de que el
interés necesitado de protección es un interés colectivo. La reforma
constitucional 2

de 1994 ha dispuesto en el artículo 41 que “todos los habitantes gozan
del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo
humano…”2 (Los nuevos derechos y garantías incorporados a la
Constitución Nacional de 1853-60 por la reforma de 1994, los hemos
tratado en el Capítulo V, parágrafo 5.2ª de esta obra).

2

Art. 41 – Ley 24.430. Constitución Nacional. Congreso de la Nación Argentina.

La obligación de los poderes públicos (Art. 41, 2da. Parte de la
Constitución reformada) se articula primordialmente a través de un
complejo sistema de normas administrativas que el Gobierno de la
Nación y el de las provincias han dictado y deben aún dictar para
organizar definitivamente la estructura institucional en defensa del
ambiente y los recursos naturales.
Refiriéndose al régimen institucional español se ha dicho que “junto a
esta protección administrativa y penal, nada obsta para que los intereses
y derechos de índole privada, que están también afectados por una
posible degradación del medio ambiente, puedan ser protegidos
ejercitando acciones civiles” (Conde-Pumpido Tourón, 1990, p. 11).
La posibilidad de obtener el apoyo de los tribunales civiles ordinarios
para conseguir el resarcimiento de daños ambientales que inciden en
patrimonios individuales ha sido asumida por la jurisprudencia española.
Esos tribunales han reclamado su competencia aun cuando las
situaciones que originaron los perjuicios apareciesen respaldadas por las
correspondientes autorizaciones y licencias administrativas, señalándose
que:
una cosa es la determinación del permiso de instalación de industria y de
los elementos que deben ser acoplados para evitar daños y peligros –
cuya determinación corresponde a la administración- y otra bien distinta
es que cuando por no cumplirse los requisitos ordenados o porque los
elementos empleados sean deficientes o insuficientes, se produce un
daño en la propiedad de un tercero cuyo conocimiento compete a los
tribunales. (Mateo R. M y Conde-Pumpido Tourón, 1990, p. 52).
El acatamiento y observancia de las normas administrativas no colocan
al obligado al abrigo de la correspondiente acción civil de los
perjudicados o interesados en orden a sus derechos subjetivos
lesionados, puesto que si aquellas contemplan los intereses públicos
sociales, ésta resguarda el 3

interés privado exigiendo en todo caso el resarcimiento del daño
(Tribunal Supremo español, sentencia del 16-I-1989, caso ENSIDESA,
citada por autores mencionados, Mateo R. M y Conde-Pumpido Tourón,
1990, p. 54).
En igual sentido, la sentencia citada en la nota de donde destacamos lo
siguiente, considerando:
Que a la luz de estas pautas orientadoras es manifiesto que el ejercicio
de una industria, no obstante su interés para la economía nacional, debe
desenvolverse en su funcionamiento guardando el debido respeto a la
propiedad ajena, ya que el ordenamiento jurídico no puede permitir que
una forma concreta de actividad económica, por el solo hecho de
representar un interés social, disfrute de un régimen tan singular que se
autorice para suprimir o menoscabar los derechos de los particulares.
Antes por el contrario, el interés público de una industria no contradice la
obligación de proceder a todas las instalaciones precisas para evitar los
daños, acudiendo a los medios que la técnica imponga para eliminar las
inmisiones, como tampoco excluye la justa exigencia de resarcir el
quebranto patrimonial ocasionado a los propietarios de los predios
vecinos, indemnización debida prescindiendo de toda idea de culpa por
tratarse de responsabilidad objetiva. (Sentencia del 12-XII-1980, caso
Hidroeléctrica del Cantábrico repertorio de Jurisprudencia, 1981, p. 474).
En lo que concierne a nuestro sistema, el nuevo código ha receptado una
responsabilidad preventiva que debe anteceder a la reparación. Ya que
un daño al ambiente en general es irreparable, dando un paso adelante
sobre las disposiciones más individualistas propias de los códigos
decimonónicos, hoy se protegen los derechos subjetivos y los de
incidencia colectiva como dos caras de una misma moneda. 4

9.2 Autonomía de la jurisdicción civil.
Bases institucionales. Recepción
normativa del nuevo Código Civil y
Comercial. Art. 14
Las bases institucionales de la tutela ambiental tienen, desde la reforma
constitucional de 1994, la jerarquía superior que les confiere la Carta
Magna al enumerar en el nuevo Capítulo Segundo de la Primera Parte de
ella los “Nuevos derechos y garantías”, entre los que enuncia en el
artículo 41 el “derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el
desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las
necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras;
y tienen el deber de preservarlo”.3
3 Art.

41 – Ley 24.430. Constitución Nacional. Congreso de la Nación Argentina.

La norma citada se inscribe en el proceso universal de las declaraciones
internacionales y del moderno constitucionalismo social, que consagra
como un derecho inviolable de los seres humanos el goce de la calidad
de vida apropiada a la dignidad que les corresponde como seres éticosfísicos, y el deber de preservar el ambiente y los recursos naturales para
las generaciones futuras mediante el postulado del “desarrollo
sustentable” enunciado solemnemente en 1972 en la Declaración de
Estocolmo, y proclamado universalmente como un deber inherente a la
humanidad en el informe “Nuestro futuro común” publicado en 1987, por
la Comisión de Expertos sobre Medio Ambiente y Desarrollo, presidida
por la Primer Ministro de Noruega, Mrs. Brundtland.
La cuestión de los nuevos derechos y garantías enunciados por la
reforma constitucional de 1994, así como los principios básicos de
distribución de competencias del poder de policía ambiental, han sido
tratados en esta obra, en el Capítulo V, y a él nos remitimos.
Debemos mencionar ahora el nuevo artículo 14 del Título Preliminar:
Art. 14. Derechos individuales y de incidencia colectiva. En este Código
se reconocen:
a) derechos individuales; 5

b) derechos de incidencia colectiva.
La ley no ampara el ejercicio abusivo de los derechos individuales
cuando pueda afectar al ambiente y a los derechos de incidencia
colectiva en general.4
4 Art.

14 – Ley 26.994. Código Civil y Comercial de la Nación. Congreso de la Nación
Argentina.
5 Art. 240 – Ley 26.994. Código Civil y Comercial de la Nación. Congreso de la Nación
Argentina.

Como vemos, este artículo es novedoso en un código de derecho
privado, y consagra lo que la Constitución ya había reconocido en 1994.

9.3 La normativa de protección de los
derechos subjetivos frente al ilícito
ambiental. Recepción normativa del
nuevo Código Civil y Comercial.
Artículos 240 y 241
El nuevo código contiene una regulación que antes no receptaba en el
artículo 240 que establece límites a los derechos individuales:
Art. 240. Límites al ejercicio de los derechos individuales sobre los
bienes. El ejercicio de los derechos individuales sobre los bienes
mencionados en las Secciones 1a y 2a debe ser compatible con los
derechos de incidencia colectiva. Debe conformarse a las normas del
derecho administrativo nacional y local dictadas en el interés público y
no debe afectar el funcionamiento ni la sustentabilidad de los
ecosistemas de la flora, la fauna, la biodiversidad, el agua, los valores
culturales, el paisaje, entre otros, según los criterios previstos en la ley
especial.5 6

Se relativiza, de este modo, el derecho individual en pos de un interés
colectivo.
Se refuerza este concepto en relación a la jurisdicción:
“Art. 241. Jurisdicción. Cualquiera sea la jurisdicción en que se ejerzan
los derechos, debe respetarse la normativa sobre presupuestos mínimos
que resulte aplicable”.6
6 Art.

241 – Ley 26.994. Código Civil y Comercial de la Nación. Congreso de la Nación
Argentina.
7 Art. 43 – Ley 24.430. Constitución Nacional. Congreso de la Nación Argentina.

9.3.1 La prevención del daño ambiental. Recepción
normativa del nuevo Código Civil y Comercial
La vía del amparo en el derecho público
Esta vía tiene también hoy rango constitucional.
El artículo 43 de la Constitución reformada habilita
la acción expedita y rápida del amparo, en las condiciones que
establece, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo contra
todo acto u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en
forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con
arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos
por la Constitución, un tratado o una ley.7
Esta vía de acceso a la jurisdicción es excepcional y requiere un
condicionamiento que no siempre puede acreditarse debidamente y con
la urgencia que el caso hace necesario. El tema ha sido motivo de
tratamiento en el Capítulo V (parágrafo. 5.5, B), c) de la obra citada.
Sin embargo, consideramos que es oportuno ampliar ese desarrollo
porque en el tratamiento de la vía de amparo es fundamental para
acceder a la jurisdicción.
En este párrafo nos ocupamos de la acción de amparo como medio
procesal para la defensa de los derechos subjetivos frente al ilícito
ambiental. Antes 7

nos hemos referido a esta acción excepcional para la tutela ambiental
como “interés difuso”.
Parece oportuno insistir en lo que expresamos entonces en el sentido de
que cuando en la primera parte del artículo 43 se reconoce legitimación
procesal “a toda persona”, se está muy lejos de admitir una “acción
popular” que por su alcance impreciso hubiera requerido una referencia
expresa a ella y a la invocación de un presunto interés público
indeterminado. Aquel texto legal admite solamente legitimación activa
para accionar en defensa del interés difuso, que la misma norma alude
como “derechos que protegen el ambiente”, generalizando su
categorización, dentro de los “derechos de incidencia colectiva”, a
sujetos determinados como el “afectado”, el “defensor del pueblo” y las
“asociaciones que propendan a esos fines”8, sujetos excepcionalmente
legitimados por el propio texto constitucional.
8 Art.
9 Art.

43 – Ley 24.430. Constitución Nacional. Congreso de la Nación Argentina.
22 – Ley 24.430. Constitución Nacional. Congreso de la Nación Argentina.

Sobre este aspecto particular de la acción de amparo, excluyente de la
llamada “acción popular”, vienen al caso citar un trabajo del Subprocurador del Tesoro de la Nación, García Pulles (1995, L.L., 15-II).
En este trabajo que estamos citando, se recuerda el pensamiento de
Marienhoff expuesto en una conferencia en la Universidad del Museo
Social Argentino, el 14 de mayo de 1986. En aquella oportunidad, dijo el
maestro que la acción popular, que caracteriza a la protección
jurisdiccional del interés simple, no podría instituirse en nuestro régimen
jurídico, porque vulneraria el artículo 22 de la Constitución Nacional, en
tanto establece que el “pueblo no delibera ni gobierna sino a través de
sus representantes y autoridades creadas en esta Constitución” 9;
agregando que el concepto de “pueblo” utilizado en la norma se refiere a
“cualquiera de sus partes, por entender inconcebible una acción popular
que fuera promovida ante la justicia, simultáneamente, por todo el
pueblo en su conjunto total” (MARIENHOFF, L.L, 1986-C, p. 899-910).
Aunque esta tesis está referida en particular a las acciones contra el
Estado para impugnar u objetar judicialmente actos administrativos, los
fundamentos expuestos son absolutamente aplicables a la acción que un
particular pretenda ejercer, sin la invocación de un derecho subjetivo
lesionado, contra el Estado o contra cualquier particular, so pretexto de
la tutela del interés difuso o simple que una comunidad pueda tener para
preservar el ambiente o la calidad de vida en general.
Ello es así porque nadie puede atribuirse la representación del pueblo en
la defensa de un interés colectivo o supraindividual, ya sea frente a un
acto de la autoridad pública de hecho o de derecho, o de un particular,
que afecte 8

indeterminadamente a una pluralidad de sujetos en cuanto integrantes
de grupos o clases sociales o categorías de personas ligadas por un
interés de incidencia colectiva.
No está de más señalar que el artículo 22 de la Constitución de 1853-60,
está reproducido con el mismo texto y ubicación metodológica después
de la reforma de 1994, pues ese contenido es la máxima expresión de la
democracia representativa.
Creemos, sin embargo, que dado el carácter político del contenido de
esa norma constitucional, no atentaría contra el sistema representativo
una disposición de la Carta Magna que expresamente estableciera una
“acción popular” en la protección de intereses difusos de alcance
colectivo, pero que no comporten la intervención de un particular a
nombre del pueblo en la organización y funcionamiento de las
instituciones republicanas.
La acción negatoria en el derecho privado
Cuando el daño ya se ha producido, la vía natural para acudir a la Justicia
y obtener la legítima reparación es la acción indemnizatoria que nace de
la responsabilidad del derecho privado extracontractual. Junto a esta
obligación de indemnizar, intocable cuando el daño ya se ha producido,
es necesario también encontrar un medio de protección preventiva; es
decir, no destinado a reparar el daño causado, sino a evitar que se
cause, paralizando las actividades que producen perturbaciones
ilegítimas potencialmente dañinas para el medio ambiente. Este es el
campo de actuación de la acción negatoria.
La acción negatoria es uno de los principales medios de protección del
derecho privado del medio ambiente. Ejercitando esta acción puede
solicitarse, en primer lugar, la cesación, es decir que se hagan cesar o
se paralicen las actividades que ocasionan perturbaciones ilegítimas al
derecho del actor, que no consisten en la privación indebida de la
posesión (pues, en este caso, lo procedente sería el ejercicio de las
acciones posesorias, o, en su caso, la acción real reivindicatoria); y, en
segundo término, la abstención, es decir que el demandado se
abstenga de realizar en el futuro otras actividades del mismo género
igualmente perturbadoras.
En todo caso, la acción corresponde al titular de un derecho real que
pueda ver perjudicado su interés por las perturbaciones que se desea
hacer cesar; las perturbaciones no deben referirse a un hecho aislado o
puntual, en cuyo caso lo procedente sería utilizar la acción de
responsabilidad, sino una actuación continuada que se pretende detener,
tratándose de perturbaciones de índole material. 9

Las perturbaciones jurídicas que son las que tradicionalmente
constituyen el objeto del ejercicio de la acción negatoria, no son las que
interesan cuando se trata de la protección ambiental.
La tesis tradicional la exponía Castán Tobeñas (1987, pp. 215 y sigs.)
quien decía que el demandante había de probar no sólo la perturbación
que el demandado le había causado en el goce de su propiedad, sino
también que esa perturbación se realizaba con la pretensión de ostentar
un derecho real, pues para reprimir actuaciones de puro hacho bastaban
las acciones posesorias y no había de recurrir a la negatoria.
Esa concepción tradicional ha sido superada y ya no es admisible en el
Derecho español vigente. En la sentencia del Tribunal Supremo que
citamos (caso ENSIDESA), se expresa que si bien el ordenamiento
administrativo regula profusamente las cuestiones del ambiente, esto no
implica que el derecho ambiental sea púbico.
Siguiendo a la moderna doctrina y jurisprudencia españolas, nada se
opone hoy a la reconstrucción dogmática de una categoría normativa
que, hasta ahora soslayada, recobra una importancia fundamental
cuando se trata de perturbaciones ambientales que limitan o impiden el
libre ejercicio de la posesión sobre un inmueble.
Para que proceda la acción negatoria, la perturbación no ha de consistir
en la probación y detentaciones indebidas de la posesión, pues allí es el
ámbito propio de la acción reivindicatoria; ha de tener su origen en un
comportamiento humano pues, en principio, no se responde por los
hechos naturales. No ha de referirse a un hecho puntual, pasado y sin
continuación, sino a algo que permanece, que se hace continuar y que,
por eso mismo, puede hacerse cesar. Debe diferenciarse entre el acto
que causa ilícitamente un daño y el comportamiento que, continuada e
indeterminadamente, está perturbando a un propietario en el ejercicio
de su derecho.
En nuestro Derecho, el nuevo Código civil y Comercial establece:
Art. 2262. Legitimación pasiva. La acción negatoria compete contra
cualquiera que impida el derecho de poseer de otro, aunque sea el
dueño del inmueble, arrogándose sobre él alguna servidumbre indebida.
Puede también tener por objeto reducir a sus límites verdaderos el
ejercicio de un derecho real.10
10 Art.

2262 – Ley 26.994. Código Civil y Comercial de la Nación. Congreso de la Nación
Argentina. 10

La “intromisión” en la propiedad de otro, que hoy se manifiesta a través
del fenómeno de la contaminación ambiental, o sea la polución del aire,
el agua y el suelo y que se proyecta más allá de lo que es una relación
de vecindad jurídica, es un aspecto moderno del desarrollo y, si bien el
legislador no lo había contemplado en los cuerpos legales, ajeno
entonces a esa problemática social, la doctrina y la jurisprudencia, con el
activismo protagónico que parece ser un imperativo de la hora, no deben
soslayar las soluciones que en el marco de la ley permitan una
interpelación plástica y funcional de la normativa, que al fin de cuentas
existe para dar soluciones de justicia y equidad a los conflictos que
surgen de la convivencia social.
Lo que se persigue con la acción negatoria es una vía jurisdiccional de
prevención para hacer cesar los efectos de la contaminación del
ambiente, que no es un perjuicio puntual, sino un proceso continuado de
perturbación del derecho de propiedad, que ocasiona no solamente una
pérdida de valor económico del inmueble afectado, sino un grave ataque
al derecho a la calidad de vida de sus moradores.
La vía interdicto en el derecho procesal
También por el trámite del juicio sumarísimo se puede usar la vía
interdicto conforme con lo que dispone el artículo 619 del Código
Procesal de la Nación, que declara procedente el interdicto de obra
nueva, cuando se hubiere comenzado una obra que afectare a un
inmueble, facultándose al poseedor o tenedor de éste a promoverlo. Se
declarara inadmisible el interdicto si la obra estuviere concluida o
próxima a terminar.
La sentencia que admitiere el interdicto dispondrá la suspensión
definitiva de la obra o, en su caso, su destrucción y la restitución de las
cosas al estado anterior, a costa del vencido.

9.3.2 La reparación del daño ambiental
1) la vía expansiva de la vecindad
• En el derecho francés

Admitiendo que la expresión “daño ecológico” o “daño ambiental”
comprende, a la vez, los daños sufridos por el medio natural y los daños
de polución padecidos por las personas y los bienes, en Francia la
responsabilidad civil por estas cuestiones queda incluida en la teoría de
las turbaciones anormales de la vecindad. 11

El régimen de responsabilidad por culpa ha sido raramente aplicado en
materia de daño ambiental, pues la víctima no puede obtener reparación
si no prueba la culpa del responsable de conformidad con los artículos
1382 y 1383 del Código Civil francés. El Derecho Ambiental es, en gran
parte, un derecho de policía con múltiples reglamentos administrativos
y, por lo tanto, parecería que fuese suficiente demostrar la violación de
un reglamento para que la culpa resulte del comportamiento del
contaminador (pollueur) aunque éste hubiese respetado los reglamentos
administrativos, pues esto no sería una justificación. Una negligencia o
una imprudencia pueden comportar la obligación de reparar.
Sin embargo, sobre la base del artículo 1384, párrafo primero del Código
Civil, la protección del ambiente ha podido ser asegurada. Resulta a
priori difícil de aplicar, en materia de polución, la responsabilidad por el
hecho de las cosas que se tienen bajo la guarda, salvo que se considere
que el humo o los olores son cosas que se encuentran bajo la guarda del
industrial. En realidad, la polución proviene de las máquinas y las
chimeneas. Sin embargo, en la jurisprudencia francesa, se ha
considerado responsable a una compañía química, considerándola
guardiana de los gases emanados de su establecimiento (Civ., 17-XII1969, bull. De jurisp., p. 261). Lo mismo ha sido admitido en relación al
ruido de un astillero (Cass. Civ., 8-III-1978, D. 1978, p. 641).
La responsabilidad civil fundada en las turbaciones de vecindad apareció
por primera vez en Francia, en una sentencia de la Corte de Casación del
27-XI-1844. La idea actual es que la vida en sociedad impone que se
soporten ciertos inconvenientes normales de vecindad, o, dicho de otro
modo, que existen ciertas poluciones o daños admisibles hasta cierto
punto, más allá del cual la reparación debe admitirse porque existiría un
daño anormal.
El juez civil dispone en los tribunales franceses, gracias a esta teoría, de
un margen de aplicación muy grande salvo hasta dónde puede
considerarse una turbación normal y desde qué límite de tolerancia
aquella molestia puede constituir un daño anormal que autorice al
perjudicado a pedir la cesación de ella y la reparación del daño, en su
caso.
La responsabilidad del contaminador puede tener así diversos
fundamentos legales.
La víctima puede elegir entre la responsabilidad por la culpa, la teoría de
las molestias o turbaciones de vecindad o la responsabilidad por el
hecho de las cosas. Estas acciones son autónomas y el demandante
puede apreciar, en el momento de ejercer su acción, cuál es la vía más
apta en la relación a la naturaleza de su perjuicio. 12

• En el derecho anglo-sajón
Las instituciones jurídicas del Derecho anglo-sajón (common law) tienen
presente situaciones similares a las que regulan las relaciones vecinales
en los países latinos.
En el common law, se entiende como responsabilidad por nuisance la
que surge de una situación creada, adoptada, o continuada por una
persona, que difiere de un razonable y conveniente uso de su propio
predio, que en un grado sustancial perjudica a otra persona, propietario
o poseedor en el disfrute del suyo. Esta institución tiene su origen en el
Derecho Romano, siendo aplicada para combatir contaminaciones
ambientales que, como en el caso de la vecindad, trascendían a los
inmuebles contiguos, tales como la ocasionada por olores o ruidos. Otra
institución del common law, conectada con la nuisance, es el trespass
parecida también a la immisio latina, que prohíbe la injerencia física en
propiedad ajena sin consentimiento de su dueño.
El requerimiento tradicional de que la invasión se realice de forma tal
que sea “perceptible para el ojo humano”, caso de los humos, por
ejemplo, invalidaba el recurso a tal figura cuando se trataba de
sustancias no visibles o de manifestaciones de energía, lo que ha
motivado también a la revisión de los criterios de jurisprudenciales para
ampliar la posibilidad de reacción.
Las viejas técnicas defensivas frente a las agresiones contra el dominio
procedentes de predios próximos, fueron paulatinamente acomodándose
a las exigencias de la revolución industrial, incluyéndose, entre las
posibles perturbaciones, las materializables a través de humos,
emanaciones, ruidos y vibraciones.
2) La objetivación de la responsabilidad
Aunque se ha considerado que la justificación de la responsabilidad por
la existencia de una culpa en el obrar del responsable significaba un
avance moralizador de las relaciones humanas, más allá de la venganza
privada, lo cierto es que en el estado actual de nuestra civilización ese
fundamento es insuficiente.
El creciente dominio de las fuerzas naturales por parte del hombre
mediante una tecnología avanzada, no permite, sin embargo, un control
absoluto de aquellas, haciendo surgir riesgos que son inherentes a las
modalidades actuales de la producción y el desarrollo, escapando de la
posibilidad de su previsión y, por lo tanto, de la imputación culposa de
las consecuencias. 13

La objetivación de la responsabilidad tiene un amplio campo de
aplicación en las relaciones reguladas por el Derecho Ambiental, pues,
efectivamente, buena parte de los daños causados, al perturbarse los
elementos ambientales, tiene por causa riesgos propios de actividades
lícitas y necesarias para el desarrollo.
¿Qué dispone el nuevo Código sobre el daño?
“Art. 1737. Concepto de daño. Hay daño cuando se lesiona un derecho o
un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico, que tenga por
objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva”. 11
11 Art.

1737 – Ley 26.994. Código Civil y Comercial de la Nación. Congreso de la Nación
Argentina.

Sobre el tema se profundizará en la materia correspondiente, esto es,
Derecho Privado VIII.

9.4 La responsabilidad en el Derecho
Argentino
La ley Nº 25675

En el año 2002 se dicta la Ley general del ambiente, que regula lo
relativo al daño ambiental. Por su importancia, a continuación se citan
las normas respectivas.
Daño ambiental
ARTÍCULO 27. — El presente capítulo establece las normas que regirán
los hechos o actos jurídicos, lícitos o ilícitos que, por acción u omisión,
causen daño ambiental de incidencia colectiva. Se define el daño
ambiental como toda alteración relevante que modifique negativamente
el ambiente, sus recursos, el equilibrio de los ecosistemas, o los bienes o
valores colectivos.
ARTÍCULO 28. — El que cause el daño ambiental será objetivamente
responsable de su restablecimiento al estado anterior a su producción.
En caso de que no sea técnicamente factible, la indemnización
sustitutiva que determine la justicia ordinaria interviniente, deberá
depositarse en el Fondo de 14

Compensación Ambiental que se crea por la presente, el cual será
administrado por la autoridad de aplicación, sin perjuicio de otras
acciones judiciales que pudieran corresponder.
ARTÍCULO 29. — La exención de responsabilidad sólo se producirá
acreditando que, a pesar de haberse adoptado todas las medidas
destinadas a evitarlo y sin mediar culpa concurrente del responsable, los
daños se produjeron por culpa exclusiva de la víctima o de un tercero por
quien no debe responder.
La responsabilidad civil o penal, por daño ambiental, es independiente
de la administrativa. Se presume iuris tantum la responsabilidad del
autor del daño ambiental, si existen infracciones a las normas
ambientales administrativas.
ARTÍCULO 30. — Producido el daño ambiental colectivo, tendrán
legitimación para obtener la recomposición del ambiente dañado, el
afectado, el Defensor del Pueblo y las asociaciones no gubernamentales
de defensa ambiental, conforme lo prevé el artículo 43 de la Constitución
Nacional, y el Estado nacional, provincial o municipal; asimismo, quedará
legitimado para la acción de recomposición o de indemnización
pertinente, la persona directamente damnificada por el hecho dañoso
acaecido en su jurisdicción.
Deducida demanda de daño ambiental colectivo por alguno de los
titulares señalados, no podrán interponerla los restantes, lo que no obsta
a su derecho a intervenir como terceros.
Sin perjuicio de lo indicado precedentemente toda persona podrá
solicitar, mediante acción de amparo, la cesación de actividades
generadoras de daño ambiental colectivo.
ARTÍCULO 31. — Si en la comisión del daño ambiental colectivo,
hubieren participado dos o más personas, o no fuere posible la
determinación precisa de la medida del daño aportado por cada
responsable, todos serán responsables solidariamente de la reparación
frente a la sociedad, sin perjuicio, en su caso, del derecho de repetición
entre sí para lo que el juez interviniente podrá determinar el grado de
responsabilidad de cada persona responsable.
En el caso de que el daño sea producido por personas jurídicas la
responsabilidad se haga extensiva a sus autoridades y profesionales, en
la medida de su participación. 15

ARTÍCULO 32. — La competencia judicial ambiental será la que
corresponda a las reglas ordinarias de la competencia. El acceso a la
jurisdicción por cuestiones ambientales no admitirá restricciones de
ningún tipo o especie. El juez interviniente podrá disponer todas las
medidas necesarias para ordenar, conducir o probar los hechos dañosos
en el proceso, a fin de proteger efectivamente el interés general.
Asimismo, en su Sentencia, de acuerdo a las reglas de la sana crítica, el
juez podrá extender su fallo a cuestiones no sometidas expresamente su
consideración por las partes.
En cualquier estado del proceso, aun con carácter de medida
precautoria, podrán solicitarse medidas de urgencia, aun sin audiencia
de la parte contraria, prestando debida caución por los daños y perjuicios
que pudieran producirse. El juez podrá, asimismo, disponerlas, sin
petición de parte.
ARTÍCULO 33. — Los dictámenes emitidos por organismos del Estado
sobre daño ambiental, agregados al proceso, tendrán la fuerza
probatoria de los informes periciales, sin perjuicio del derecho de las
partes a su impugnación.
La sentencia hará cosa juzgada y tendrá efecto erga omnes, a excepción
de que la acción sea rechazada, aunque sea parcialmente, por
cuestiones probatorias.12
12 Arts.

27-33 – Ley 25.675. Política Ambiental Nacional. Congreso de la Nación Argentina.

Del Fondo de Compensación Ambiental
ARTÍCULO 34. — Créase el Fondo de Compensación Ambiental que será
administrado por la autoridad competente de cada jurisdicción y estará
destinado a garantizar la calidad ambiental, la prevención y mitigación
de efectos nocivos o peligrosos sobre el ambiente, la atención de
emergencias ambientales; asimismo, a la protección, preservación,
conservación o compensación de los sistemas ecológicos y el ambiente.
Las autoridades podrán determinar que dicho fondo contribuya a
sustentar los costos de las acciones de restauración que puedan
minimizar el daño generado. 16

La integración, composición, administración y destino de dicho fondo
serán tratados por ley especial.13
13 Art.

34 – Ley 25.675. Política Ambiental Nacional. Congreso de la Nación Argentina.

14 Arts.

1708-1709 – Ley 26.994. Código Civil y Comercial de la Nación. Congreso de la Nación
Argentina.

En el nuevo Código Civil y Comercial se introduce el principio de
prevención. Por lo tanto, lo esencial es prevenir. Pero, si aun así sucede
el daño, en el caso del daño ambiental individual, se deberá indemnizar;
en tanto que en el daño colectivo, se deberá recomponer (o compensar
ambientalmente), y disuadir, a través de sanciones pecuniarias
disuasivas, las conductas con grave desprecio hacia los derechos de
incidencia colectiva.
A partir del artículo 1708, se regula lo referido a la responsabilidad,
temática que se estudiará en profundidad en la materia Derecho Privado
VIII.
Art. 1708. Funciones de la responsabilidad. Las disposiciones de este
Título son aplicables a la prevención del daño y a su reparación
Art. 1709. Prelación normativa. En los casos en que concurran las
disposiciones de este Código y las de alguna ley especial relativa a
responsabilidad civil, son aplicables, en el siguiente orden de prelación:
a) las normas indisponibles de este Código y de la ley especial; b) la
autonomía de la voluntad; c) las normas supletorias de la ley especial; d)
las normas supletorias de este Código.14

9.4.1 La Ley de defensa del consumidor y el
ambiente

La relación consumo – ambiente cada vez preocupa más a los gobiernos
de todos los países. Se ha comenzado a hablar de un consumo
sostenible o consumo sustentable.
El consumo sustentable está referido a la utilización de recursos y
productos relacionados que tienden a la satisfacción de las necesidades
básicas y aportan una mejor calidad de vida. Éstos, a su vez, disminuyen
el uso de recursos naturales y de materiales tóxicos, así como también la
emisión de 17

desechos y contaminantes sobre el ciclo de vida, de manera que no
ponen en peligro las necesidades de nuestras futuras generaciones.
Este tipo de consumo forma parte del llamado desarrollo sustentable
mencionado en la segunda Cumbre Mundial de la Tierra en 1992, en su
plan de implementación con el objetivo de: “la erradicación de la
pobreza, la modificación de las pautas insostenibles de producción y
consumo, y la protección y ordenamiento de la base de recursos
naturales para el desarrollo social y económico” (Naciones Unidas, 2005,
http://goo.gl/rrLw33).
A comienzos del año 2011, casi 20 años después de la Conferencia de
Río, el Subsecretario General de la DEAS y Secretario General de Río
+20, en la apertura de la 19ª reunión de la Comisión sobre el Desarrollo
Sostenible (CDS) de la ONU, Sr. Sha Zukang, dijo: “El consumo y la
producción sostenibles deben integrarse en la mente de todas las partes
interesadas y en la toma de decisiones de los gobiernos y otras
organizaciones, incluido el sistema de las Naciones Unidas” (Naciones
Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y sociales, 2011.
Recuperado de http://goo.gl/d4AkTx).
Según la ONU, consumo sustentable “...significa que las necesidades de
bienes y servicios de las generaciones presentes y futuras se satisfacen
de modo tal que pueden sustentarse desde el punto de vista económico,
social y ambiental” (Naciones Unidas, 2001, http://goo.gl/QH8edE).
Directrices de las Naciones Unidas para la Protección del Consumidor en:
http://www.uneptie.org/pc/sustain/guidelines/un-guidelines.htm
Los países van receptando en su orden jurídico normas referidas al
consumo y al ambiente. A continuación transcribimos las referidas a la
ley de defensa del Consumidor Nº 24.240 modificada por la ley Nº
26.994 de 2014 de la Argentina.
Capítulo II - Información al consumidor y protección de su salud
ARTÍCULO 4º — Información. El proveedor está obligado a suministrar al
consumidor en forma cierta, clara y detallada todo lo relacionado con las
características esenciales de los bienes y servicios que provee, y las
condiciones de su comercialización.
La información debe ser siempre gratuita para el consumidor y
proporcionada con claridad necesaria que permita su comprensión. 18

(Artículo sustituido por art. 4° de la Ley N° 26.361 B.O. 7/4/2008)
ARTÍCULO 5º — Protección al Consumidor. Las cosas y servicios deben
ser suministrados o prestados en forma tal que, utilizados en condiciones
previsibles o normales de uso, no presenten peligro alguno para la salud
o integridad física de los consumidores o usuarios.
ARTÍCULO 6º — Cosas y Servicios Riesgosos. Las cosas y servicios,
incluidos los servicios públicos domiciliarios, cuya utilización pueda
suponer un riesgo para la salud o la integridad física de los consumidores
o usuarios, deben comercializarse observando los mecanismos,
instrucciones y normas establecidas o razonables para garantizar la
seguridad de los mismos.
En tales casos debe entregarse un manual en idioma nacional sobre el
uso, la instalación y mantenimiento de la cosa o servicio de que se trate
y brindarle adecuado asesoramiento. Igual obligación regirá en todos los
casos en que se trate de artículos importados, siendo los sujetos
anunciados en el artículo 4 responsables del contenido de la
traducción.15
15

Arts. 4-6 – Ley 24.240. Defensa del consumidor. Congreso de la Nación Argentina.

Capítulo X - Responsabilidad por daños
ARTÍCULO 40. — Si el daño al consumidor resulta del vicio o riesgo de la
cosa o de la prestación del servicio, responderán el productor, el
fabricante, el importador, el distribuidor, el proveedor, el vendedor y
quien haya puesto su marca en la cosa o servicio. El transportista
responderá por los daños ocasionados a la cosa con motivo o en ocasión
del servicio.
La responsabilidad es solidaria, sin perjuicio de las acciones de repetición
que correspondan. Sólo se liberará total o parcialmente quien demuestre
que la causa del daño le ha sido ajena.
(Artículo incorporado por el art. 4º de la Ley Nº 24.999 B.O. 30/7/1998)
19

ARTÍCULO 40 bis: Daño directo. El daño directo es todo perjuicio o
menoscabo al derecho del usuario o consumidor, susceptible de
apreciación pecuniaria, ocasionado de manera inmediata sobre sus
bienes o sobre su persona, como consecuencia de la acción u omisión
del proveedor de bienes o del prestador de servicios.
Los organismos de aplicación, mediante actos administrativos, fijarán las
indemnizaciones para reparar los daños materiales sufridos por el
consumidor en los bienes objeto de la relación de consumo.
Esta facultad sólo puede ser ejercida por organismos de la
administración que reúnan los siguientes requisitos:
a) la norma de creación les haya concedido facultades para resolver
conflictos entre particulares y la razonabilidad del objetivo económico
tenido en cuenta para otorgarles esa facultad es manifiesta;
b) estén dotados de especialización técnica, independencia e
imparcialidad indubitadas;
c) sus decisiones estén sujetas a control judicial amplio y suficiente.
Este artículo no se aplica a las consecuencias de la violación de los
derechos personalísimos del consumidor, su integridad personal, su
salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas, las que resultan
de la interferencia en su proyecto de vida ni, en general, a las
consecuencias no patrimoniales.
(Artículo sustituido por punto 3.3 del Anexo II de la Ley N° 26.994 B.O.
08/10/2014 Suplemento. Vigencia: 1° de agosto de 2015, texto según
art. 1° de la Ley N° 27.077 B.O. 19/12/2014).16
16 Arts.

20

40 y 40 bis – Ley 24.240. Defensa del consumidor. Congreso de la Nación Argentina.

10 La tutela del
ambiente en el
Derecho Penal
10.1 Introducción. El delito. Concepto
Para poder sostener un concepto que haga a la seguridad pública desde
un aspecto específico concreto como lo es el Derecho, no podemos
comenzar el análisis sin definir el contenido del término “seguridad” que
vayamos a utilizar, pues este será el criterio rector que orientará la
exposición y consecuentemente definirá el espíritu de nuestro trabajo.
Dentro de las distintas interpretaciones que podamos hacer de esta
exposición, nos inclinaremos por el de seguridad como “valor”, pues,
como tal, resulta una “sensación” o “estado anímico” que no puede
verificarse empíricamente; se trata de un estado que tienen los
miembros de una determinada sociedad respecto de ciertas “respuestas
o consecuencias frente a determinadas situaciones que se consideran
como “comprobables”, es decir, dándose tales circunstancias,
necesariamente “debe” ocurrir algo como consecuencia, o sea, existe un
determinado estado social que resulta “previsible”.
Por ejemplo, ante la agresión de una persona al patrimonio de otra, el
Estado deberá actuar en defensa de tal bien jurídico y así lo hace, sea
adoptando medidas preventivas (custodiando las calles a través de la
Policía), aplicando una pena al agresor (con el Derecho Penal) o
estableciendo la manera de retribuir el daño causado (con el Derecho
Civil), etc.
La “seguridad” también puede ser definida como una “expectativa
social” y, en el caso de la “seguridad pública” como “valor”, deberá ser
tomada desde un punto de vista colectivo o general, que nace a partir
del rol fundamental que tiene el Estado en su generación.
Entonces, ante cualquier proyecto o decisión política que se relacione
con la seguridad pública, el Estado tendrá necesariamente que
representar esas “expectativas sociales” frente al riesgo del que se trate.
Obviamente, aquí vale recordar las críticas que se hicieron a las teorías
utilitaristas. El valor de las expresiones como “seguridad” no resulta 21

uniforme, pues es muy difícil objetivar un consenso social respecto de su
concepto o contenido; tal vez lo que represente el valor para un
determinado grupo no lo sea para otro.
Lo que importa, entonces, es intentar que las decisiones que el Estado
tome en materia de seguridad pública no resulten contradictorias y que
tiendan al interés colectivo general, de manera tal que, al igual que
sucede con el caso de los derechos de los ciudadanos, ante eventuales
colisiones o conflictos, el mismo sistema contemple la solución a
eventuales controversias.
Por ejemplo, un gobierno que, para garantizar la seguridad de los
ciudadanos de circular por la vía pública en horarios nocturnos, detiene
indiscriminadamente a ocasionales transeúntes, bajo sospechas
infundadas (como pueden ser la apariencia, raza, color, condición social,
etcétera), y bajo el pretexto de prevenir el delito, actúa con un esquema
exclusivamente represivo. Así, resulta contradictorio en sí mismo
respecto del valor “seguridad”, pues si bien, por un lado, garantiza cierto
tipo de seguridad, también contribuye a la afectación de garantías
constitucionales expresas, que también forman parte del concepto de
seguridad pública y nos pueden llevar a un modelo autoritario que, al
decir de Ferrajoli, constituye un derecho penal basado en la subjetivación
de las hipótesis normativas del delito.
De todo lo antes expuesto, surge claramente que el criterio rector de
nuestro trabajo habrá de referirse a la seguridad del hombre, del “yo” en
su medio, “circunstancia”, es decir, la seguridad en las relaciones
sociales.

10.2 El delito ambiental

En este punto habremos de abordar la problemática legislativa penal en
materia de delitos ambientales que, a nuestro entender, se centrará
fundamentalmente en el problema del “medio ambiente” como bien
jurídico tutelado.
Pero para poder precisar el contenido del término, vale destacar que el
Diccionario de la Real Academia Española define a la palabra medio
(desde una definición de tipo biológico) como aquel “conjunto de
circunstancias o condiciones físicas y químicas exteriores a un ser vivo y
que influyen en las actividades fisiológicas del mismo” (RAE, s.f.
Recuperado de http://lema.rae.es/drae/?val=medio). Por otra parte, se
define al ambiente como “las condiciones o circunstancias de un lugar,
que parecen favorables o no para las personas, animales o cosas que en
él están” (RAE, s.f. Recuperado de http://lema.rae.es/drae/?
val=ambiente). 22

Nuestra ley suprema, luego de la reforma del año 1994, ha introducido
en el capítulo segundo, titulado Nuevos derechos y garantías, el Art. 41,
que establece lo siguiente:
Todos los habitantes gozan del derecho de un ambiente sano,
equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades
productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las
de las generaciones futuras; y tiene el deber de preservarlo. El daño
ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según
lo establezca la ley. Las autoridades proveerán a la protección de este
derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la
preservación del patrimonio cultural y a la diversidad biológica, y a la
información y educación ambientales.
Corresponde a la nación dictar las normas que contengan los
presupuestos mínimos de protección, y a las provincias para
complementarlas, sin que aquellas alteren las jurisdicciones locales.17
17
18

Art. 41 – Ley 24.430. Constitución Nacional. Congreso de la Nación Argentina.
Art. 45 – Constitución española. Link: https://goo.gl/89Safh

El texto de nuestra norma constitucional resulta bastante similar al
previsto por el Art. 45 de la Constitución española de 1978, por lo que
estimamos que la misma ha sido la fuente directa del constituyente
nacional del año 1994, al contemplar, entre otras cosas,
Art.45…….el derecho de disfrutar un medio ambiente adecuado para el
desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo. La obligación
de los poderes públicos de velar por la utilización racional de todos los
recursos naturales con el fin de proteger y mejorar la calidad de vida y
defender y restaurar el medio ambiente18
Este derecho al medio ambiente ha sido políticamente reconocido en
todos los sistemas constitucionales modernos, a partir del año 1976, con
la Constitución de la República Portuguesa, por lo que podemos concluir
que, hoy por hoy, la utilización racional de los recursos naturales y el
interés por 23

preservar el medio ambiente resulta una problemática de todas las
sociedades desarrolladas, la cual aumenta de manera directamente
proporcional al aumento constante de desarrollos y tecnologías que
amplíen los márgenes de riesgo.
Cabe entonces preguntarnos: ¿Qué se intenta proteger mediante los
delitos ambientales? El significado de este interrogante nos permitirá
intentar una propuesta para la resolución de una serie de problemas de
naturaleza dogmática.
Ello obedece fundamentalmente a que la garantía constitucional del Art.
44 excede ampliamente al marco de protección penal; es más, la propia
norma constitucional le asigna al Derecho Penal una intervención mínima
en la materia, al establecer que el daño ambiental generará
prioritariamente la obligación de recomponer (propia del derecho privado
o administrativo). Por otro lado, se establece que corresponderá a la
Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de
intervención, por lo que se puede concluir que el Derecho Penal es
considerado como última ratio frente a la alteración del medio ambiente
siendo una obligación del Estado nacional su protección por una serie de
medios alternativos y previos.
Consecuentemente, el “medio ambiente” como objeto de tutela del
Derecho Penal resulta bastante acotado frente a la amplitud del
concepto y alcances utilizados por el Constituyente, por lo que ya en una
órbita estrictamente penal no podemos iniciar el análisis sin intentar al
menos un esbozo del concepto de bien jurídico y, más concretamente,
del bien jurídico tutelado por los delitos ambientales.
Un ejemplo de este déficit del sistema penal frente a un esquema
completamente novedoso como el establecido en la reforma
constitucional, está dado por el hecho de que el texto constitucional
establece la tutela del medio ambiente respecto de las generaciones
futuras, cuando el derecho penal requiere, en todo caso, una “víctima”
como titular de un bien jurídico tutelado para que resulte aplicable.
En síntesis, frente a estos problemas tenemos dos caminos: o
intentamos reformular el derecho penal para hacerlo operativo frente a
estas nuevas fórmulas delictivas, sea remplazando los esquemas
dogmáticos actuales en caso de no adecuarse a estas nuevas
modalidades, o bien toleramos un sistema legislativo inaplicable, o
“simbólico”.
No nos parece apropiada la última. Es decir, la categorización del bien
jurídico y su respeto en el conglomerado social, según nuestra creencia,
pasan por una adecuada respuesta del sistema frente a la lesión puesta
en peligro del bien jurídico tutelado. 24

El concepto de bien jurídico
Desde un concepto general y pese a la gran cantidad de posiciones
dogmáticas al respecto, hoy no se discute desde ningún sector doctrinal,
cualquiera sea la posición ideológica que se tome, que el concepto de
“bien jurídico” nació con una clara función de garantía para los sujetos,
en cuanto pretendía dar razón del porqué de la intervención estatal y su
importancia en la configuración de los tipos penales.
Así, partiendo de la postura que lo entendía como un “estado social” que
surgía con la ley penal, actualmente se entiende que el mismo preexiste
al tipo, es decir, el bien jurídico constituye el punto de partida de la
formación del tipo penal.
Con ello, la función del bien jurídico no se agotaría en la creación del tipo
penal, sino en su constante legitimación, porque la tipificación penal
parte del bien jurídico protegido.
Lo antes expuesto es un aspecto sumamente importante y será
retomado posteriormente, cuando nos toque tratar las particularidades
del bien jurídico “medio ambiente”.
Por tal razón, se han distinguido en la dogmática dos teorías
relacionadas con la naturaleza del bien jurídico. Por un lado, existen las
teorías trascendentes (Von Liszt), según las cuales el bien jurídico se
encuentra en un momento anterior al derecho, los bienes jurídicos se
encuentran inmersos en la realidad social que les dota de contenido,
hasta que son tomados por el legislador en un determinado momento
histórico. El bien jurídico, así, deja de ser estrictamente formal y posee
un contenido material, asentado en la realidad social con independencia
de su reconocimiento legal. Es decir, según esta concepción liberal, el
bien jurídico es independiente del derecho positivo, es un concepto
previamente dado, se dirige al legislador penal mismo.
De lo previamente expuesto resulta evidente que sólo ante la adopción
de la segunda de las visiones expuestas podremos categorizar y definir
los contenidos del bien jurídico “medio ambiente” pues el mismo, como
valor que merece protección, se encuentra sujeto a constantes
variaciones que lo hacen sumamente dinámico al momento de su tutela
por el Derecho Penal, que, insistimos, debe responder al principio de
mínima intervención.
No obstante lo expuesto, no podemos dejar de mencionar que el
concepto de “bien jurídico”, por lo menos desde su concepción
tradicional, hoy se encuentra severamente cuestionado a la luz de las
teorías funcionalistas, sobre todo de aquellas que parten del
funcionamiento sistémico. 25

En efecto, parte de la doctrina se plantea que a medida que los
ciudadanos más descrean respecto a que el orden social se ajusta por
vías naturales, tanto más asumirán el estado de la administración de
tales expectativas, que alcanza el rango de bienes jurídicos, como ser el
medio ambiente, la salud pública, etcétera. Es decir, el esquema
tradicional del bien jurídico deja de tener en cuenta su origen en el
conglomerado social, por lo menos en forma directa, y pasa a estar en
manos del Estado que lo reconoce por su gestión.
El problema que destaca esta doctrina es que las especialidades
cuantitativas de estos “bienes” diluyen el concepto de bien jurídico. Su
límite con lo adecuado socialmente es, cuando claro, objetivamente
arbitrario, y, en el caso particular del medio ambiente, un producto tan
vago del arbitrio del Gobierno y de la Administración que la protección
del bien amenaza con desaparecer detrás de la ejecutabilidad de las
decisiones.
Para esta doctrina, entonces, un comportamiento no constituye una
perturbación social solamente cuando se ha producido completamente
un daño en el bien jurídico (como objeto de la acción materialmente
entendido). Bien jurídico penal es también la validez fáctica de las
normas que garantizan que se puede esperar el respeto a los bienes, los
roles y la paz jurídica. Esta validez, consecuentemente, se ve
menoscabada cuando por el comportamiento del autor se pone de
manifiesto la correspondiente falta de consideración.
Para graficarlo de alguna manera, para esta doctrina resulta crítico del
concepto “estático” del bien jurídico, por el cual la lesión a éste bastaba
para afirmar el delito, pues, a su entender, sólo hay bienes jurídicos si (y
en la medida en que) están desempeñando una “función”, es decir,
están en la vida social surtiendo efectos y recibiéndolos. No sólo importa
el bien jurídico en sí mismo, sino también la actitud del agente frente al
conjunto normativo.
Esta posición ha sido severamente criticada en la Argentina por parte de
la doctrina, al mencionar que los tipos de peligro abstracto debilitan el
bien jurídico.
El medio ambiente como bien jurídico
No debemos dejar de tener en cuenta que estamos aquí ante un bien
jurídico de características comunes, pues, en primer lugar, el “medio
ambiente” no es un concepto que podamos circunscribir tan fácilmente,
como se lo puede hacer, por ejemplo, en el caso de la vida de una
persona o su patrimonio.
Sin duda alguna, como aproximación inicial al tema, debe mencionarse
que el bien jurídico merecedor de tutela penal, con el esquema penal
clásico, resulta mucho más restringido que el “derecho a un ambiente
sano”, que 26

surge del Art. 41 de la Constitución Nacional. No solamente porque en
materia de Derecho Ambiental generalmente prima, con mucha más
energía que en otros supuestos, el principio que comúnmente se ha
llamado “de intervención mínima” del Derecho Penal, por el cual éste
opera siempre como última ratio frente a la lesión o puesta en peligro del
medio ambiente respecto de otras ramas del derecho mucho más
específicas, como, por ejemplo, el Derecho Administrativo.
Ello en virtud de que el texto Constitucional garantiza a los ciudadanos
un ambiente sano tanto desde el punto de vista penal como desde la
óptica de todo sistema jurídico en general, frente a actos que emanen de
los particulares o del mismo estado (provenientes de cualquiera de los
tres poderes) que directa o indirectamente afecten o tengan incidencia
sobre el ambiente.
Lo expuesto hasta aquí, y según nuestro entender, alcanza a la tutela del
medio ambiente tomando en cuenta inclusive a las generaciones futuras,
es decir, aunque las políticas ambientales deban ser evaluadas a futuro.
Por contrapartida, no pueden ser consideradas desde un punto de vista
estrictamente penal, puesto que la ley exige que la contaminación del
medio ambiente lo sea de un modo peligroso para la salud de personas
concretas.
De esto deducimos también que, por lo menos desde la órbita penal, el
medio ambiente se encuentra directamente relacionado con el hombre,
tiene una visión antropocéntrica, es decir, su afectación será entendida
como tal cuando el acto lesivo tenga algún tipo de incidencia sobre la
especie humana. Por lo tanto, si cualquier otro ser vivo resultare
afectado, (por ejemplo, un animal) y no se verificara que ello incidiera en
la calidad de vida de las personas, no estaríamos en presencia de una
lesión o puesta en peligro del medio ambiente, sino que se referiría a la
lesión de otro bien jurídico, como puede ser la propiedad.
También se ha dicho respecto a este particular concepto de bien jurídico
que, por sus características específicas, se trata de un bien de carácter
colectivo o macrosocial, directamente relacionado con el adecuado
funcionamiento del sistema social concepto éste que ha sido criticado en
nuestro país porque la adopción de un criterio de tamaña amplitud
implica el riesgo de quebrar la idea del Derecho Penal como instrumento
excepcional de control-carácter fragmentario, en consonancia con el ya
expuesto principio de “intervención mínima”.
No nos parece que esto sea así, pues de no entender a este bien jurídico
de tal modo, su existencia en forma autónoma no tendría razón de ser ya
que cualquier tipo de modalidad comisiva que incidiera sobre una
persona determinada podría ser contemplada como un delito contra la
vida, la integridad física o el patrimonio de esa persona afectada,
individualmente 27

considerada. A manera de ejemplo, si una emanación de gases tóxicos
provoca la muerte de una persona, podríamos contemplarlo desde el Art.
79 del Código Penal.
Sobre este particular, vale aquí traer a colación que la cuestión
planteada respecto a la autonomía o no del bien jurídico tutelado en
delitos ecológicos ha sido sumamente discutida, siendo que algunas
posturas plantean la inutilidad de sostener un bien jurídico que revistiera
no solamente el carácter de “colectivo”, sino también de “general”,
“abstracto” e “impreciso” en su objeto de tutela. Ampliaría en demasía el
objeto de tutela del Derecho Penal en contra de la característica
“fragmentaria” que el mismo debe tener.
Los partidarios de esa postura confunden bajo el rótulo del bien jurídico
“medio ambiente”, bienes como la vida, seguridad pública, la integridad
física, la propiedad y otros más, con lo cual su existencia como bien
jurídico por separado pierde razón de ser.
Esta posición que Schunemann ha considerado críticamente
“retrógrada”, por querer abarcar sólo de manera indirecta a la lesión o
puesta en peligro de los individuos, ha sido hoy superada por la postura
completamente contraria, a la cual adherimos, que considera que
estamos en presencia de una nueva categoría de bienes jurídicos que
han nacido a la sombra del constante desarrollo tecnológico del hombre
y que incluso lo han puesto muchas veces en la disyuntiva de tener que
optar, por una u otra alternativa, entre este valor “medio ambiente” y
otros como el avance de la sociedad, la soberanía de los estados, la
política económica de un país, su desarrollo, etcétera.
No por ello se nos escapa la íntima relación que existe entre el bien
jurídicamente medio ambiente y los otros bienes jurídicos mencionados.
De hecho, se trasluce claramente de lo desarrollado hasta aquí que la
tutela del medio ambiente tiene una visión antropocéntrica, tratándose
consecuentemente de un camino hacia el bienestar de los seres
humanos que habitan nuestro planeta. Pero nos parece que soslayar su
existencia por tal motivo implica, de alguna manera, acotar el objeto de
estudio sin razón alguna, dándonos tal vez una visión parcial de la
problemática que dejaría muchos supuestos lesivos sin cobertura típica,
sobre todo por problemas relacionados con la casualidad e imputación
objetiva de ciertas conductas riesgosas.
La problemática de la casualidad como así también de la imputación
objetiva se da también en los delitos contra el medio ambiente, sobre
todo cuando son considerados como delitos de resultado. No obstante
ello, siempre resultará más fácil establecer la lesión o puesta en peligro
del bien jurídico en forma general que de manera individual. A manera
de ejemplo, resulta 28

más sencillo verificar o afirmar la existencia del “daño” causado al
“medio ambiente”, por el vertido (doloso o culposo) de petróleo al mar,
frente a la exigencia en la que se tuviera que comprobar para afirmar la
existencia del delito de efectivo “daño” causado contra la salud de la
vida de algún ser humano concreto (bien jurídico entendido en forma
individual), que pudiera haber tenido algún tipo de contacto con el agua
contaminada por el petróleo.
Otra idea sumamente interesante es la que plantea Hassemer, al
considerar al bien jurídico “medio ambiente” como un bien jurídico de
carácter universal, pero de acuerdo con una concepción personal, es
decir, “el bien jurídico en el derecho ambiental no es el medio ambiente
por sí mismo, sino solamente como medio para las necesidades de la
salud y la vida del hombre (…)” (Hassemer).
Sin embargo, resulta indudable que, desde una concepción monista –
individual, el bien jurídico medio ambiente no resiste mayores análisis,
es decir, para tratar la problemática del delito ecológico necesariamente
tendremos que considerar las teorías dualistas del bien jurídico (que
contemplan la coexistencia de bienes individuales y colectivos),
fundamentalmente para poder explicar algunas dificultades que se darán
en el plano de la dogmática penal respecto de su tutela (sobre todo
frente a la exigencia del principio de lesividad penal), que puede
inclusive transformar en figuras ineficaces, desde la óptica de la política
criminal. Esto lo analizaremos a continuación.
De lo expuesto queda claro, entonces, que el medio ambiente es un bien
jurídico de naturaleza “colectiva”, pues justamente representa intereses
colectivos que no pueden ser fácilmente escindidos.
Debe también tenerse en cuenta que si bien en un comienzo el medio
ambiente fue tomado como paradigma del interés difuso, hoy su
naturaleza de interés colectivo lo ha excedido, ya que desde el plano
constitucional, inclusive, se ha reconocido el derecho al medio ambiente
sano, como un derecho de todas las personas en particular y no en la
forma “abstracta”, “homogénea” o “fungible”, en tanto características
de los intereses difusos.
En este sentido, alguna doctrina explica que ciertos “intereses
colectivos” (como el cuidado del medio ambiente), por el hecho de
pertenecer a toda las personas, resulta “apropiado” por el Estado para
así convertirse en un fin del Estado.
Como vemos entonces, la problemática consecuencia en el plano
dogmático (como ya se verá) se traslada al ámbito de la política criminal,
pues habrá que decidirse si nos inclinamos por un concepto “clásico” de
bien jurídico, “monista” y “liberal”, o bien admitimos, como hace que
frente al continuo 29

avance tecnológico de la sociedad, que necesariamente implica el diario
surgimiento de nuevas fuentes de riesgo frente a intereses sociales cuya
tutela nos interesa, el Estado satisfaga la tutela de esta nueva categoría
de “bienes jurídicos colectivos” y consecuentemente resignemos cada
vez más “ámbitos de libertad”, frente a un Estado con un rol netamente
dirigista.
El delito ecológico como delito de lesión
Generalmente, los partidarios de la idea que entiende a los delitos
ecológicos como delitos de resultado (en el sentido material) son, a su
vez, los mismos que niegan la existencia de un bien jurídico “medio
ambiente” de carácter independiente.
Recordemos en tal sentido que desde un plano estrictamente dogmático
en los tipos “de resultado” el dolo del autor debe abarcar el
conocimiento del mismo. Consecuentemente, habrá que demostrar la
conexión (antes “relación causal” y en la actualidad se sumará el juicio
de “imputación objetiva”) entre dicho resultado y el comportamiento
prohibido para poder afirmar la tipicidad.
Sin duda alguna, esto de por sí ya plantea una problemática tan
compleja que, en el caso de delitos ecológicos, nos permite afirmar que,
de llegar a mantenerse esta postura, la existencia del delito ecológico
como tal carece de cualquier tipo de sentido y se tornaría ilusorio. Ello
porque a diario se descubren nuevos factores que generan resultados
medioambientales negativos que probablemente el propio sujeto activo
no suponía que existieran al momento de la comisión del acto. A manera
de ejemplo, ¿quién hubiera pensado, hace unos años, que la utilización
de un desodorante que contiene CFC (clorofluocarbono) pudiera dañar la
capa de ozono y favorecer el calentamiento global del planeta, lo cual, a
su vez, origina el derretimiento de glaciares en los polos, altera el clima,
generando lluvias intensas, inundaciones, etcétera?
Como vemos, la lista es interminable. Lo que queda demostrado
claramente es que, en juicio hipotético, considerar los delitos ecológicos
desde la exclusiva óptica del resultado es erróneo porque responde a un
concepto de bien jurídico individual (monista) que no satisface
adecuadamente las posibilidades de su afectación.
Pero veamos también qué ocurre si analizamos el mismo supuesto de
lesión de una forma verificable, digamos, a partir de la preexistencia del
resultado, es decir, desde una perspectiva ex post. Veremos que la
cuestión también resulta compleja, pues para afirmar la existencia del
delito ecológico, entendido éste ya no desde una visión antropocéntrica,
pero sí con una evidente preocupación sobre su incidencia en lo que
hace a la afectación en 30

la vida de los seres humanos, tendríamos que encontrar, en cada caso
que afirmemos la realización de una conducta prohibida contra el medio
ambiente, a una persona concretamente afectada por dicha conducta.
Esto tornaría impracticable su corroboración fáctica y consecuentemente
su aplicación como respuesta penal frente a la agresión.
Quienes consideran como única alternativa viable esta posibilidad típica
(y, a lo sumo, la de delitos de peligro concreto) –Zaffaroni, entre otros-,
entienden que no debe confundirse el “uso legítimamente” del concepto
del bien jurídico tutelado con el “uso limitativo” del concepto de bien
jurídico afectado. Generalmente, se presume en forma deductiva (y
falsa) que la conducta que cumple con la disfunción del tipo por sí sola
basta para que lesione el bien jurídico tutelado. Parten de una falsa
premisa según la cual los bienes jurídicos tutelan las normas cuando, en
realidad, es al revés, las normas penales tutelan bienes jurídicos.
Estos autores afirman que los tipos penales no crean bienes jurídicos,
son creados por la Constitución Nacional, el Derecho Internacional y el
resto de la legislación.
Así afirman ente otras cosas que:
• Al penar sin verificar la existencia del riesgo (de no haberlo), puede
producirse una disfunción entre la presunción legal y la realidad del
peligro.
• La ley penal solamente individualiza alguna acción que lo afecta de un
modo particular.
• Si se abandona el principio de lesividad, se cae en el concepto de
disvalor de acción (peligrosidad del autor) y consecuentemente la pena
pasa a ser utilizada, en la práctica, como una medida de seguridad.
• El derecho penal ya recibe el bien jurídico tutelado y la norma no hace
más que anunciar un castigo para ciertas formas particulares y aisladas
de lesión.
• La ley no decide la tutela, por eso la violación de la norma no lesiona
los bienes jurídicos tutelados.
• El concepto limitativo del bien jurídico se ha pervertido hasta derivar
en un concepto legítimamente que abre camino a una ilimitada
indiscriminación.
• La limitación de la tutela mediante la lesividad es propia del período de
la Ilustración.
31

• Las teorías del injusto subjetivo y funcionalistas han contribuido a la
minimización del concepto del bien jurídico, la pena es la reconciliación
del derecho consigo mismo. Este pensamiento es propio de la ideología
“idealista” que orienta el Código Penal fascista de 1930.
Por su parte, en Alemania, el giro espiritualista e irracionalista permite
destruir el concepto de bien jurídico, que se transforma en un criterio de
legitimación de intereses del Estado que se llama de forma abstracta
“valores” o “valores ético-culturales”.
• El Estado no puede imponer una moral como bien jurídico, como
consecuencia estricta de la aplicación del principio de lesividad.
• Por contrapartida, la libertad moral en sí es un bien jurídico reconocido
constitucionalmente.
• La presunción de que en los delitos de peligro abstracto el riesgo se
presume iure et iure, resulta inconstitucional en el derecho penal, por no
admitir prueba en contrario (en caso de ausencia de riesgo). En este
punto, vale destacar que una gran cantidad de autores entienden –como
posibles- los tipos penales de peligro abstracto, pero afirman que esta
presunción admite prueba en contrario, es decir, la posible verificación
de la ausencia del riesgo en el caso concreto, con lo cual, en realidad,
estarían afirmando que se trata de tipos de peligro concreto. Por otra
parte, otra parte de la doctrina ha criticado estas posturas, afirmando
que si “el riesgo” en los delitos de peligro abstracto no forma parte del
tipo, resulta ilógico pensar que, en caso de que no exista tal riesgo, el
tipo objetivo caiga.
El delito ecológico como delito de peligro concreto o delito de
resultado de peligro
En tal sentido, vale recordar que bajo las formas de peligro concreto, el
peligro representa un elemento del tipo objetivo cuya comprobación
debe ser fehacientemente acreditada a los efectos de la afirmación del
injusto; a diferencia de las formas de peligro abstracto, que no forman
parte del tipo.
Normalmente se encuentran presentes en los tipos penales bajo
expresiones como “peligro”, “riesgo”, etcétera, con lo cual, desde este
punto de vista, deberá verificarse un nexo entre la conducta humana
relevante y el “resultado riesgoso” como tal.
La procedencia de un criterio que nos permita como técnica legislativa
interpretar o crear delitos ambientales de acuerdo con el patrón de las
32

figuras de peligro concreto, presenta un problema respecto a su correcta
identificación, si nos enrolamos bajo las posturas que pretenden
delimitar un concepto de “peligro” basado en construcciones puramente
ontológicas A nuestro criterio, el panorama se aclara mucho y, a la vez,
se solucionan los problemas de identidad de los mismos respecto de los
delitos de resultado, si por contrapartida nos inclinamos por un concepto
de “peligro” normativista.
Las teorías ontológicas consideran al peligro como un estado de cosas
definido. El juez aquí no crea un concepto, sino que traduce una
situación real que ya se ha producido, es decir, desanda
intelectualmente una situación hacia atrás, para poder así establecer si
ha existido el peligro.
El problema que se plantea desde esta posición es que para poder
determinar el “peligro”, se debe necesariamente contar como
presupuesto objetivo con la “lesión”, ya que el peligro sería un estado
previo a la lesión del bien jurídico.
Es decir, se califica el peligro como un estado de resultado que
necesariamente implica efectuar un juicio que siempre es ex post, con lo
cual el principal defecto de esta posición es que la única forma de poder
determinar el “peligro” es a partir de la afirmación de la lesión, con lo
cual si bien, cuando existía la lesión no había problema alguno, bien
podría suceder que no existiera la lesión y no por ello no hubiera existido
el peligro.
Esta dificultad para poder explicar el peligro, en dichos casos
necesariamente llevaba a una equiparación entre los delitos de lesión y
los de peligro concreto, por lo que necesariamente hubo que considerar
otras propuestas que pudieran delinear un concepto de “peligro” a los
fines jurídicos-penales.
Como respuesta a estas dificultades argumentativas, han surgido las
posiciones normativistas. Parte de la doctrina lo ubica entre dos
extremos: uno es la acción que origina el peligro y otro es el bien jurídico
que se busca proteger. Así resultará necesario exteriorizar una acción
considerada típica y, por otro lado, individualizar el bien jurídico a tutelar.
Una vez determinado esto, tendrá que evaluarse a través de un juicio de
probabilidad si dicha acción típica puede llegar a lesionar dicho bien
jurídico, de acuerdo con las pautas de la teoría de la imputación objetiva.
Como vemos, esta postura permite hallar una respuesta al juicio de
peligro formulado ex ante de la provocación del resultado lesivo
tomando como base pautas o parámetros establecidos o consensuados
socialmente y, a la vez, reconocidos normativamente. 33

Así, el mismo ejemplo de la emisión de clorofluorocarbono a la atmósfera
y el consecuente daño a la capa de ozono, sin necesidad de formular
más juicios causales que los que impliquen la verificación del peligro
concreto (por ejemplo, tomando muestras en la atmosfera que permitan
acreditar la emisión de los gases), bastará para afirmar el peligro y
consecuentemente la tipicidad de la conducta.
En síntesis, los delitos de peligro concreto poseen una doble valoración,
a saber, un juicio ex ante sobre la peligrosidad de la acción y un juicio ex
post sobre la plasmación de esa peligrosidad en el peligro
concretamente acaecido.
Como conclusión de todo lo expuesto, sólo resta afirmar que la corriente
normativista desarrollada es la que nos permitirá utilizar estas formas de
peligro concreto en delitos ambientales, puesto que, por las particulares
características de la forma que adopta la “lesión” o “puesta en peligro”
del bien jurídico medio ambiente, su explicación a la luz de las teorías
ontológicas de la acción, que implican necesariamente la determinación
de nexos de naturaleza causal verificables en el bien jurídico que se
trate, harían de éste un Derecho Penal ambiental de naturaleza
simbólica, sin ningún tipo de posibilidad de constituir una respuesta
efectiva a la problemática concreta.
El delito ecológico como delito de peligro abstracto
Como contrapartida al esquema de los delitos de peligro concreto
expuesto precedentemente, los delitos de peligro abstracto tienen como
característica diferencial que el peligro no forma parte del tipo legal, ni
tampoco debe ser verificado como en las formas expuestas en el
apartado precedente.
En esta clase de tipos penales, la sola descripción de la conducta
prohibida conlleva en sí misma una carga disvaliosa, que presupone una
“situación de peligro” respecto de un determinado bien jurídico cuya
tutela resulta relevante.
Un ejemplo de este tipo de delitos sería el de la violación de domicilio,
Art. 150 del Código Penal, que dice: “será reprimido (…) el que entrare
en morada o casa de negocio ajena, en sus dependencias o en el recinto
habitado por otro, contra la voluntad expresa o presunta de quien tenga
derecho de excluirlo”.19
19 Art. 150 - Ley 11.179. Código Penal de la Nación. Congreso de la Nación Argentina. 34

Como se ve, de la descripción típica no se desprende la necesidad de
verificar la existencia de ningún tipo de “riesgo” como elemento
normativo del tipo objetivo. Basta con la realización de la conducta
prevista por el tipo para afirmar la existencia de una especie de “riesgo
supuesto”.
No resulta difícil desprender que los partidarios de considerar a los
delitos ambientales, en términos generales, como formas de peligro
abstracto, se basan en razonamiento similares a los expuestos, y, a su
vez, han encontrado una forma de superar todas las dificultades que se
les presentan a quienes los entienden como formas de peligro concreto
(véase en tal sentido lo comentado respecto de las posiciones
“ontológicas” y “normativistas”), puesto que, con un razonamientos de
este tipo, se obviaba el complicado paso de verificar en la tipicidad el
“peligro” y así se eliminaban los problemas que implicaban demostrar
cuestiones relacionadas con la causalidad y la imputación objetiva, que
ya fueran oportunamente desarrollados en este trabajo.
Es decir, entendiendo a los delitos ambientales como formas de peligro
abstracto, bastaría con comprobar el despliegue de la conducta prevista
en el tipo y que se considera peligrosa iure et iure para tener por
completo el injusto penal. No obstante ello, lo que no han podido
tampoco explicar los partidarios de los delitos de peligro abstracto es
que, si el legislador parte de un criterio de peligrosidad “presunto”,
basado fundamentalmente en las “reglas de la experiencia” -haciendo
así abstracción del resultado que, en definitiva, ocasionó la conducta
“presumidamente peligrosa”-, dicha abstracción, que no es “perfecta”,
falla debido a que la frecuencia estadística en que se basó para legislar
no resulta total, ni puede abarcar completamente todas las modalidades
o conductas esperables.
Frente a este problema, sus defensores han ensayado, como justificación
a su razonamiento, las teorías de la “asunción del riesgo”, “de la
asimilación a la infracción de deber de cuidado y las meras
prohibiciones” (formas culposas sin resultado material), o “el delito de
riesgo con cláusula negativa”, del Proyecto Alternativo Alemán, cuyo
análisis excede los objetivos de este trabajo. De todo esto podemos
concluir, a manera de síntesis, que estas propuestas tampoco han
arrojado demasiada luz sobre el interrogante planteado en el párrafo que
antecede.
Continuando con la idea de quienes propician esta modalidad, si nos
atuviéramos a los principios de la imputación objetiva, en estos casos de
formas de peligro abstracto, a nuestro entender no superaríamos en
ningún caso el primer nivel de imputación, pues bastaría con afirmar la
imputación complementa, con independencia del resultado que en
definitiva ocasionará dicha conducta, siendo entonces evidente que aquí
solo sería relevante el “desvalor de la acción” a la manera de las teorías
subjetivistas extremas, 35

como las de Zielinski en Alemania y que fueran recogidas en nuestro
país por Marcelo Sancinetti.
Sin dudas, la postura de parte de la doctrina, surge como una respuesta
desde la Política Criminal que, a nuestro entender, cierra a la perfección
desde un plano estrictamente dogmático con las teorías “funcionalistas”
de la prevención general positiva, como la de Gunter Jakobs, que
entiende la función de la norma penal como un ejercicio de fidelidad al
derecho. Es decir que ante una validez normativa (por la comisión del
delito), su autor, que ha quebrantado el “rol” que el Estado le había
otorgado (y que confiara en que cumpliera de acuerdo con las
expectativas sociales), es penado para buscar, desde un plano
comunicativamente relevante, que el “déficit” de “vigencia” y “validez”
del sistema normativo alterado se corrija, instando a los demás
miembros a seguir cumpliendo con el rol otorgado.
En los delitos de peligro abstracto, el segundo nivel de imputación (la
realización del riesgo en el resultado), no existiría como tal o
directamente implicaría la “presunción” de la perturbación social
generada mediante la realización de la conducta.
Confieso que este esquema no resulta, a mi parecer, demasiado
seductor, puesto que no nos quedan dudas que, ante un sistema como el
planteado, en primer lugar podríamos generar un “caldo de cultivo” con
raigambre científica suficiente como para inclinarnos hacia la posibilidad
cierta y concreta de utilizar la pena con fines exclusivamente
disciplinarios, y no como exclusiva protección de bienes jurídicos.
Por otro lado, con un sistema como el expuesto, a mi entender, los
límites entre el Derecho Administrativo y el Derecho Penal se funden
peligrosamente, puesto que el primero es el encargado de regular las
actividades que puedan llegar a afectar al bien jurídico colectivo, y su
mero incumplimiento bastaría para dejar paso al Derecho Penal, que se
ocuparía de sancionar en el caso concreto a quienes incumplieran dichos
mandatos administrativos y generales.
En tercer lugar, por lo arriba mencionado, con un esquema de Derecho
Penal así planteado, creo que cada vez nos alejamos más del principio de
“intervención mínima” del Derecho Penal, pues todo incumplimiento del
derecho podría llegar a ser entendido como un delito, ampliando así el
Derecho Penal a ramas que antes le eran completamente ajenas o de las
cuales el mismo les era “accesorio”. El mismo Filippo Sgubbi en el
trabajo citado en esta monografía, El delito como riesgo Social, así lo
reconoce.
La primera crítica que expusimos no resulta por cierto nuestra, sino que
es la crítica que frecuentemente se le ha hecho a los delitos de peligro
abstracto a lo largo de varios años de evolución del pensamiento penal.
Nos 36

referiremos a la posibilidad de su aplicación prescindiendo del “principio
de lesividad” de bienes jurídicos, que resulta una garantía de los
ciudadanos frente a los posibles abusos de Estados totalitarios.
Esta afirmación que, sin duda alguna, ya de por sí genera un
preconcepto en quien aborda el estudio de los delitos de peligro
abstracto, en realidad no debería ser tal, pues lo correcto es estudiar su
tratamiento dogmático con independencia de este perjuicio que inclusive
está “fuera” del Derecho Penal; o, mejor dicho, más relacionado con lo
que esperamos de los hombres que lo aplican que de quienes lo
estudian.
Como conclusión de lo antes expuesto, nos atrevemos a sostener que la
aplicación de las formas delictivas de peligro abstracto relacionadas con
los bienes jurídicos que podríamos calificar como “individuales” -como,
por ejemplo, la vida, la integridad corporal, el patrimonio, etcétera-, no
nos parecen apropiadas en la mayoría de los casos, por resultar evidente
que su aplicación transformaría el Derecho Penal (o, por lo menos,
generaría el peligro de que así ocurriera) en un sistema de naturaleza
“conductista”, más cercano al “Derecho Penal de autor” que al de
“Derecho Penal de hechos”, propio de los sistemas liberales y
democráticos.
Pero, por otro lado, no podemos ser ciegos y dejar de ver que en la
medida en que la sociedad evoluciona cada vez más aceleradamente,
surgen a diario nuevas actividades riesgosas que pueden llegar a afectar
a la sociedad en su conjunto.
Incluso es muy difícil a veces escindir los daños ocasionados a la
sociedad en su conjunto de “cada uno” de los “sujetos” que conforman
ese conglomerado social en forma individual.
El medio ambiente es uno de esos casos, puesto que, como ya dijéramos
en otra parte de este trabajo, el derecho al goce de un ambiente sano
nos pertenece a todos individualmente, pero a la vez resulta muy difícil
que se contemple como posible una lesión al mismo que ocasione daños
en forma individual, siendo mucho más frecuente la afectación de un
sinnúmero de personas y Estados, en forma directa e indirecta, que ni
siquiera resulta humanamente posible individualizar. Por lo tanto,
entender a este bien jurídico en forma individual resultaría utópico o, por
lo menos, en caso de que así lo intentemos, la aplicación del Derecho
Penal, para su tutela en el caso concreto, se haría casi imposible.
Por tales motivos es que parte de la doctrina parte del estudio de la
problemática desde la Política Criminal, considera al Derecho Penal, en
este último esquema individual, como ineficaz y hasta simbólico.
Lo mismo ocurre con ciertas formas delictivas modernas y de gran
complejidad, donde se afectan intereses completamente diferentes a los
37

que estamos acostumbrados a estudiar. Por ejemplo, el caso de los
delitos informáticos, del lavado de dinero, etcétera, donde un esquema
clásico de bienes jurídicos individuales (monistas) resultaría inaplicable.
Consecuentemente, como conclusión de lo antes expuesto, creemos que
la solución aplicable al caso de los delitos ambientales no pasa por
escoger “una forma u otra forma” (de peligro concreto o abstracto), sino
en la de admitir ambas formas como posibles, en el marco de un
esquema “dualista” de bienes jurídicos. A la vez, entendiendo al bien
jurídico “medio ambiente” como de naturaleza “colectiva” o “difusa”,
que, con carácter restrictivo, hace a veces necesaria la aplicación de
tipos penales de peligro abstractos, tratando siempre de no prescindir de
los principios de “intervención mínima” y de aplicación “fragmentaria”
del Derecho Penal, que debe continuar siendo la “última ratio” con que
debe contar el Estado frente a los conflictos que se susciten en su seno.
De tal manera, podríamos resumir, a manera de síntesis, que para los
funcionalistas el fundamento de los delitos de peligro abstracto se
resumiría en los siguientes postulados:
a) La vida moderna se encuentra caracterizada por constantes avances
científicos y tecnológicos que hacen que día a día los riesgos aumenten y
que, inclusive, existan riesgos que deban ser tolerados socialmente en
aras de un progreso o bienestar común.
b) Consecuentemente, el concepto clásico de bien jurídico “monista” (o
individual) se encuentra en crisis.
c) Además de existir “bienes jurídicos” de necesaria tutela, no debe
olvidarse que también deben protegerse ciertas “funciones sociales”.
d) La lesión puede ser un punto de partida para la criminalización, pero
no exclusivo.
e) Los delitos de peligro abstracto delinean un proceso “civilizatorio”,
pues su punición genera creencias o convicciones sociales tendientes a
la confirmación normativa del valor.
f) Por otra parte, su determinación desde el punto de vista del legislador
no se hace de manera arbitraria, sino sobre la base de un juicio del
riesgo que resulta fundado en la probabilidad estadística.
g) Asimismo, los partidarios de su reconocimiento sostienen, en primer
lugar, que no existen diferencias entre los “peligros” que se dan en los
delitos de peligro abstracto y los de peligro concreto, pues la razón de
ser en la diferencia entre ambas figuras resulta una técnica legislativa.
38

h) La técnica legislativa, por su parte, reconoce que, como en los delitos
de peligro abstracto, el juicio pronóstico sobre su generación lo efectuará
el legislador y no el juez, atento a la poca posibilidad de dominar el
desarrollo de sus cursos causales en el caso en concreto, generalmente
se reservan las figuras de peligro abstracto para aquellos peligros
sumamente graves, a diferencia de los delitos de peligro concreto, donde
la intervención judicial sí resulta mucho más activa.
i) La diferencia que existe entre los delitos de peligro concreto y los de
peligro abstracto es que en los primeros el juez debe acudir a las reglas
de la experiencia para poder comprobar la existencia del riesgo como
elemento del tipo objetivo y en los de peligro abstracto no.
j) Por la razón antes expuesta, los tipos de peligro abstracto, en realidad,
acotan el margen de indeterminación del tipo penal, pues en los delitos
de peligro concreto, para la determinación del riesgo, el juez debe acudir
a terceros especialistas (con la posibilidad de arribar a soluciones
diferentes inclusive).
k) Al encontrarse determinadas claramente en los tipos de peligro
abstracto las características de la conducta que se considera “riesgosa”,
los mismos cumplen mucho mejor con la prevención general, pues son
más fáciles de identificar por las personas (quienes no dependerán de
factores causales para verse o no incluidas en el tipo objetivo).
l) Los tipos de peligro abstracto son mucho más eficientes para tutelar
bienes supra individuales en la actual sociedad de riesgos.
m) La aplicación de los tipos de peligro abstracto eliminan los problemas
de la determinación del nexo causal.

10.3 El bien jurídico protegido

El bien jurídico protegido es el ambiente en general, esto es,
entendido de manera compleja, y como articulado (recursos naturales y
elementos ambientales).
Uno de los problemas ambientales de mayor intensidad lo constituye la
acumulación de residuos, los cuales afectan la salud de los seres en la
biosfera, afectando, de este modo, al ambiente como bien unitario.
Podemos definir a los residuos en sentido lato, como los desechos o
desperdicios ocasionados por los seres vivientes, sean que provengan de
su cuerpo o del consumo de diversas mercaderías (alimentos, ropa,
cigarrillos, etc.). 39

Residuo es lo restante, lo que queda después de ser sometido a un
proceso determinado. Es lo que queda tras un proceso de consumo o
insumo respectivo, y que es separable del producto, o sea, lo que no
queda, esto es, la parte aprovechable tras ese proceso.

10.4 ¿Un derecho penal ambiental?

En nuestro Sistema Jurídico Penal, las figuras que se tipifican a partir del
art. 200 sólo se refieren como bien jurídico protegido a la Salud Pública,
pero no se ampara el Ambiente en el sentido que el Derecho Ambiental
le asigna a esta expresión. De allí que el gran debate doctrinario se
plantea en torno a la modificación del Código Penal, tal como se hiciera
en el Derecho Español de incluir, en la sección de los delitos contra la
salud, al Medio Ambiente, en un capítulo aparte denominado “De los
delitos de riesgos en general”.

10.5 El Sistema Penal Argentino

10.5.1 El Código Penal y la ley 23.077/84 y ley
26.524/09
En este apartado, se analizarán los artículos pertinentes del Código Penal
a la luz de la modificación de la ley 26.524 del año 2009. Presta
especial atención, por tanto, a estos cambios.
Artículo 200: Será reprimido con reclusión o prisión de TRES (3) a DIEZ
(10) años y multa de PESOS DIEZ MIL ($ 10.000) a PESOS DOSCIENTOS
MIL ($ 200.000), el que envenenare, adulterare o falsificare de un modo
peligroso para la salud, aguas potables o sustancias alimenticias o
medicinales destinadas al uso público o al consumo de una colectividad
de personas.
Artículo 201: Las penas del artículo precedente se aplicarán al que
vendiere, pusiere en venta, suministrare, distribuyere o almacenare con
fines de comercialización aguas potables, sustancias alimenticias o
medicinales o mercaderías peligrosas para la salud, disimulando su
carácter nocivo. 40

Artículo 201 bis: Si como consecuencia del envenenamiento,
adulteración o falsificación de aguas potables o sustancias alimenticias o
medicinales, resultare la muerte de alguna persona, la pena será de
DIEZ (10) a VEINTICINCO (25) años de reclusión o prisión; si resultaren
lesiones gravísimas, la pena será de TRES (3) a QUINCE (15) años de
reclusión o prisión; si resultaren lesiones graves, la pena será de TRES
(3) a DIEZ (10) años de reclusión o prisión.
En todos los casos se aplicará además multa de PESOS DIEZ MIL ($
10.000) a PESOS DOSCIENTOS MIL ($ 200.000).20
Arts. 200, 201 y 201 bis – Ley 11.179. Código Penal de la Nación. Congreso de la Nación
Argentina.
20

El bien jurídico protegido es la Salud Pública.
El artículo 200 establece un tipo legal que se adscribe entre aquellos
caracterizados como de peligro, en tanto no se reprime por el resultado
de la acción exteriorizada en el mundo real, sino por el peligro que ha
representado para lo tutelado; en el caso de la salud pública, a través del
ataque al ambiente.
Y sin perjuicio de la crisis actual del llamado concepto de delito de
peligro abstracto, el presente es el caso de un tipo de los que
llamaríamos como representativos de tal clase de peligro, pues la acción
en sí constituye ya un peligro para el bien jurídico, aunque no se acredite
que lo haya corrido efectivamente. Pero esta distinción, de cualquier
manera, carece de importancia que no sea doctrinaria, pues, el peligro
siempre está valorado ex ante, y ya observada la conducta ha
desaparecido la incertidumbre que la misma noción de peligro entraña.
Por tanto, el juez no puede juzgar ex post, puesto que cuando lo hace ya
no juzga un peligro, pero sí tuvo la calidad de tal.
La materialidad del tipo se concreta cuando se utilizan residuos
peligrosos para envenenar, adulterar o contaminar. La conducta delictiva
puede consistir en envenenar, que significa tornar viciosa –venenosauna sustancia o volverla tóxica mediante el agregado de algún otro
elemento nocivo para la salud.
También el tipo se configura cuando se adultera. La adulteración se
realiza cuando se transforma la sustancia sin agregar venenos o tóxicos,
mediante la mezcla con otros elementos.
Contamina el que infecciona, el que degrada el ambiente en general. 41

Las acciones deben incidir de un modo peligroso para la salud. Y ese
riesgo que ocasionan debe ser idóneo, bajo pena de atipicidad.
No necesariamente esa idoneidad se da cuando se pone en peligro la
vida de un ser humano indeterminado, sino que es más amplio,
abarcando el debilitamiento del entorno en que las actividades humanas
se desempeñan de manera tal que favorezcan el surgimiento de
enfermedades, al romper el equilibrio que aquel tendría en la
circunstancia antecedente.
Tampoco tiene que ser sobre la generalidad de los seres humanos, sino
que puede erigirse un riesgo o peligro para un grupo indeterminado en
tanto integrantes, como ser los niños lactantes.
La faz dolosa especialmente requiere el conocimiento de las
características de los residuos manipulados, aunque sea en el marco de
la eventualidad de tal saber.
El artículo prevé un agravante de la pena para la hipótesis de la muerte
de una persona como consecuencia de las acciones descriptas.
Tipos culposos
Artículo 203: Cuando alguno de los hechos previstos en los artículos
anteriores fuere cometido por imprudencia, negligencia, impericia en su
arte o profesión o por inobservancia de los deberes a su cargo, se
impondrá multa de PESOS CINCO MIL ($ 5.000) a PESOS CIEN MIL ($
100.000); si tuviere como resultado enfermedad o muerte se aplicará
prisión de SEIS (6) meses a CINCO (5) años.21
21

Arts. 203 – Ley 11.179. Código Penal de la Nación. Congreso de la Nación Argentina.

El tipo del artículo 203 admite su imputación a título de culpa plasmada
en el artículo 200.
Es imprudente el comportamiento que, con arreglo a las circunstancias,
es atrevido, riesgoso o peligroso para las personas o bienes ajenos.
Es negligente el comportamiento que de acuerdo con las circunstancias
es descuidado. 42

La imprudencia y la negligencia presuponen la posibilidad del autor de
prever el resultado delictivo, ya que sin ella subjetivamente no existe un
deber de precaución.
La culpabilidad, en sentido estricto, es imputable a quien no prevé lo
normal, lo razonable, y no lo fuera común, lo extraordinario o
imponderable, aunque posible.
La impericia es una forma de imprudencia o negligencia en el ejercicio
del propio arte o profesión. Podemos decir, una culpa profesional.
La inobservancia de reglamentos, ordenanzas, es una forma de culpa
caracterizada porque la precaución exigible está predeterminada por las
normas reguladoras de una actividad o cargo.
Artículo 204: Será reprimido con prisión de SEIS (6) meses a TRES (3)
años el que estando autorizado para la venta de sustancias medicinales,
las suministrare en especie, calidad o cantidad no correspondiente a la
receta médica, o diversa de la declarada o convenida, o excediendo las
reglamentaciones para el reemplazo de sustancias medicinales, o sin la
presentación y archivo de la receta de aquellos productos que, según las
reglamentaciones vigentes, no pueden ser comercializados sin ese
requisito.
Artículo 204 bis: Cuando el delito previsto en el artículo anterior se
cometiere por negligencia, la pena será de multa de PESOS CINCO MIL ($
5.000) a PESOS CIEN MIL ($ 100.000).
Artículo 204 ter: Será reprimido con prisión de UNO (1) a CUATRO (4)
años y multa de PESOS DIEZ MIL ($ 10.000) a PESOS DOSCIENTOS MIL ($
200.000), el que produjere o fabricare sustancias medicinales en
establecimientos no autorizados.
Artículo 204 quáter: Será reprimido con multa de PESOS DIEZ MIL ($
10.000) a PESOS DOSCIENTOS MIL ($ 200.000), el que teniendo a su
cargo la dirección, administración, control o vigilancia de un
establecimiento destinado al expendio, almacenamiento, distribución,
producción o fabricación de sustancias medicinales, a sabiendas,
incumpliere con los deberes a su cargo posibilitando la comisión de
alguno de los hechos previstos en el artículo 204. 43

Artículo 204 quinquies: Será reprimido con prisión de SEIS (6) meses a
TRES (3) años el que sin autorización vendiere sustancias medicinales
que requieran receta médica para su comercialización. 22

22 Arts.

204, bis, ter, quater, quinquies – Ley 11.179. Código Penal de la Nación. Congreso de
la Nación Argentina.

10.6 La ley 24.051 de residuos
peligrosos
El Congreso Nacional de la República Argentina sancionó el 17 de
diciembre de 1991 la Ley Nº 24.051 sobre residuos peligrosos, la cual fue
promulgada de hecho el 8 de enero de 1992 y publicada en el Boletín
Oficial (B.O.) el 17 de enero de 1992 (Adla, LII-A, 52). Su reglamentación
fue instrumentada en el año 1993, por decreto del Poder Ejecutivo (P.E.)
831/93.
Dicha Ley establece algunas medidas a tomar respecto al tratamiento de
residuos peligrosos, como las siguientes:
a) un Registro de Generadores y operadores de residuos peligrosos;
b) regulación de las actividades de generadores y transportistas de los
mismos residuos;
c) listado de sustancias peligrosas.
Expresamente excluye los residuos domiciliarios, radiactivos y de las
operaciones normales de buques.
Constituye una norma mixta, y presenta simultáneamente carácter
federal, común y local.
Dicha ley establece un régimen administrativo; sancionado por el
Congreso Nacional en su carácter de legislatura local, art. 75, inc. 30 de
la Constitución Nacional; consistente en un sistema de registros,
declaraciones juradas, tasas, requerimientos de información,
especificaciones técnicas, infracciones y sanciones administrativas,
facultades de la autoridad de aplicación, obligaciones de tratamiento y
disposición final, etc.
Este régimen es plenamente operativo en el ámbito de aplicación de la
Ley, definido en su artículo uno. Esto es, lugares sujetos a jurisdicción
nacional 44

(inciso 1); transporte interprovincial o internacional (inciso 2);
trascendencia interjurisdiccional (inciso 3 y 4); y uniformidad normativa
(inciso 5).
Establece también un régimen de responsabilidad civil (responsabilidad
objetiva agravada), régimen de responsabilidad aplicable a todo el
territorio nacional por tratarse de normas de derecho común: todos los
generadores, transportistas, dueños y guardianes de residuos peligrosos
están sometidos a él, y se aplica con relación a los daños producidos a
terceros.
Tanto la Ley nacional, como su decreto reglamentario, consideran
peligroso todo residuo que pueda causar daño directa o indirectamente a
seres vivos o contaminar el suelo, el agua, la atmosfera o el ambiente.
El ARTÍCULO 2: será considerado peligroso, a los efectos de esta ley, todo
residuo que pueda causar daño, directa o indirectamente, a seres vivos o
contaminar el suelo, el agua, la atmosfera o el ambiente en general.
En particular serán considerados peligrosos los residuos indicados en el
anexo I o que posean alguna de las características enumeradas en el
anexo II de esta ley.
Las disposiciones de la presente serán también de aplicación a aquellos
residuos peligrosos que pudieren constituirse en insumos para otros
procesos industriales.
Quedan excluidos de los alcances de esta ley los residuos domiciliarios,
los radiactivos y los derivados de las operaciones normales de los
buques, los que se regirán por leyes especiales y convenios
internacionales vigentes en la materia.23
23

Art. 2 – Ley 24.051. Residuos Peligrosos. Congreso de la Nación Argentina.

Se ha de propugnar un acotamiento de la materia involucrada a los fines
de la tipificación penal, para lograr la existencia de una norma eficiente,
clara, y de aplicación previsible.
Los residuos peligrosos son, entre otros, los químicos, los productos de
establecimientos hospitalarios.
En caso de los residuos hospitalarios, dado que los agentes inoficiosos se
propagan por microbios patógenos que determinan que las
enfermedades de tal carácter se pueden adquirir por el contacto directo
o indirecto con 45

ínfimas cantidades de desechos, la peligrosidad para la salud se
encuentra implícita en el origen y en la calidad del residuo, razón por la
cual basta con la sola previsión legal para que un desecho revista
naturaleza peligrosa en los términos de la Ley [(Cfed. San Martín, sala I,
setiembre 28-995. Molina Miguel) (La Ley 1996-C, 672)].
Características de los residuos peligrosos
El anexo II de la ley N° 24051 establece
LISTA DE
CARACTERISTICAS
PELIGROSAS Clase de las
Naciones Unidas

N° de Código

CARACTERISTICAS