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DONATIVOS A CTC

Nº cuenta:
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30
Aniversario
de la
Unidad
Textos y discursos

Comunión Tradicionalista Carlista

Comunión Tradicionalista Carlista
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28010 - Madrid
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Folletos

Nº 4

Mayo
2016

A pesar de todo, la CTC ha cumplido –está cumpliendo- su misión. Los relevos
generacionales se han ido sucediendo en sus cuadros de mando. La militancia no se
ha renovado biológicamente lo suficiente para asegurar su supervivencia. Pero, contra todo lo previsible, la vitalidad de su juventud, siempre contrapuesta por definición a la generación precedente, permite albergar esperanza. Sus estructuras organizativas más consolidadas – los campamentos Cruz de Borgoña – han provisto más
plaza en seminarios y conventos que en candidaturas y juntas. Algo habrá que revisar.
Sus pronunciamientos sobre el contexto político se han caracterizado por su
equilibrio y mesura, dentro de una clara ortodoxia tradicionalista. Esa ubicación
ideológica condiciona su estrategia. No es fácil hacer política católica cuando nos
marcan nuevos paradigmas laicistas. Como tampoco es sencillo conservar la teoría
monárquica carlista sin un referente de carne y hueso que asuma los compromisos de
la legitimidad.
Pero el análisis de estas aparentes aporías nos lleva a temática más allá del espacio disponible y de la paciencia del lector. Queda pendiente.
José Miguel Orts - Valencia, Consejero de la CTC.

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común de esta nueva Comunión Católico Monárquica fue el liderazgo intelectual del
Profesor Francisco Elías de Tejada. Y el motivo de aparecer en el escenario político
fue su discrepancia con el modo elegido por la Comunión Tradicionalista de Don
Sixto de acceder a la legalización, presentados por D. José María de Oriol y D. José
Luis Zamanillo, históricos dirigentes de la Junta Carlista de Guerra, pero que en
1976 habían pasado ya por Estoril y La Zarzuela, respectivamente.
El tercer grupo, teóricamente el más numeroso, era la Comunión Tradicionalista. El nombre pretendía establecer continuidad con la organización oficial que en
1972 (Congreso del Pueblo Carlista, Arbonne) lo había cambiado por el de Partido
Carlista, en abierto desafío a la legalidad franquista. Fue adoptado por los “Jefes
Naturales del Requeté” encabezados por José Arturo Márquez de Prado, que proclamaron Abanderado a Don Sixto Enrique de Borbón Parma, en 1975 y éste constituyó
una Junta de Gobierno presidida por D. Juan Sáenz Díez. Diferencias internas, a
partir de la preparación y desarrollo del Montejurra de 1976, llevaron a la Comunión
Tradicionalista a un distanciamiento con el Abanderado y al discreto alejamiento de
éste, dos años después.
Los tres grupos buscaron la unidad a lo largo de unos ocho años. Tenían en común un ideario básico, como patrimonio positivo, y una orfandad dinástica, como
factor negativo. No fue fácil el proceso de acercamiento, pero el tesón de sus propiciadores pudo más que los prejuicios y las desconfianzas. De ahí que, “congeladas”
las preferencias dinásticas, fuera posible llegar, en 1986, a un acuerdo en el Congreso de El Escorial. Allí nació –renació a efectos legales- la Comunión Tradicionalista
Carlista. Tuve el inmerecido honor de redactar el comunicado que anunciaba la confluencia de los tres grupos en una sola formación. Y formé parte de la primera Junta
de Gobierno presidida por Miguel Garísoain Fernández. Aquellas vivencias quedaron impresas en lo más profundo de mi corazón.
Una de las anécdotas de aquella etapa, expresiva de la peculiar psicología de los
carlistas dispersos y convergentes, la protagonizó Camilo Menéndez Vives, que había alcanzado notoriedad a raíz de sus choques con el Teniente General Gutiérrez
Mellado, Vicepresidente del Gobierno de Adolfo Suárez. La CTC ofreció a Menéndez una plaza como Consejero Nacional. El marino declinó el nombramiento porque
se declaró incapaz de comprometerse a una disciplina respecto al partido ya que no
la había mantenido respecto a la jerarquía del Ejército de la que dependía su nómina.
En efecto, la tranquilidad no ha sido la tónica de la singladura de la CTC. Las
peculiaridades, los personalismos, las añoranzas del gueto, los maximalismos doctrinales, la esterilidad electoral, la inseguridad del espacio político… han sido factores
limitantes de la vitalidad de la empresa reconstituida en 1986.
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El presente folleto es una recopilación de los escritos y discursos
emitidos por distintos miembros de la CTC en un acto celebrado en el
Hotel NH Zurbano de Madrid el sábado 21 de mayo de 2016 con ocasión del 30 aniversario de su reconstitución en el Congreso de la Unidad que tuvo lugar en El Escorial del 1 al 4 de mayo de 1986.

LA VOCACIÓN POLÍTICA
La política es un camino de santidad, una vocación; lo más completo después de
la vida religiosa. Supone entrega total, pero sin agobios, entrega tranquila y sin desmayos, con alegría, con ilusión, a pesar de los desprecios o el poco aprecio de tantos,
mirando siempre "de frente sereno y con fe, por Dios, por la Patria y el Rey". Con
tesón... y puntualidad. Hacer política es allanar los caminos para que la gente no tropiece; cambiar las leyes y las costumbres; convocar reuniones; repartir propaganda;
ejercitarse para hablar en público... Y un poco de todo. Hay tanto que hacer... Conseguir películas honradas, por ejemplo, veraces, entretenidas, que enseñen la historia
real. Una cosa que hemos de cuidar mucho es cómo recibir y enseñar a las personas
que se nos acercan para conocer el Carlismo. Hemos de preocuparnos por los demás,
esa es la esencia de la acción política. Que nunca tengan que preguntarnos: ¿Dónde
está tu hermano Abel? Hay que procurar el bien para todos, no contentarse con
"portarse bien" uno mismo sino hacer lo posible para que todos se porten bien en
todas las facetas de la vida, y que eso sea lo normal. Hemos de convencer a la gente
que hay que tomar parte en la política. Directa o indirectamente, y nunca apoyando
opciones inmorales como el aborto, manipulación de embriones, uniones homosexuales, etc. Y, por último, aceptemos cargos cuando toque: si nadie acepta los cargos se
hunde cualquier empresa. ¡Que la Virgen María nos guíe! En el transcurso de su intervención la presidenta leyó el siguiente mensaje remitido para la ocasión por la
familia de Domingo Fal-Conde, presidente honorario de la Comunión: "Querida María, Junta de Gobierno y querida Comunión Tradicionalista Carlista: Sentimos muchísimo no poder estar ahí en esta fecha tan señalada, pero por circunstancias familiares
nos ha sido imposible del todo poder asistir. Que Dios nos dé luz para discernir cuál
debe ser hoy nuestra misión y valentía para acometerla, por humilde que esta nos
pueda parecer. Un fortísimo abrazo, Domingo y familia ¡¡Viva Cristo Rey!!"
Resumen de la intervención de María Cuervo-Arango, presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista.
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requetés en la guerra civil, cuyo agradecimiento y recuerdo debe estar siempre con
nosotros.

30 AÑOS DE SIEMBRA

Romualdo Bermejo, Consejero de la CTC, catedrático de Derecho

La verdad es que impone un poco esto de tener que pronunciar un discurso de
esos que alguien tiene que preparar una vez cada treinta años. Aunque por otra parte
para nosotros, que somos muy conscientes de las limitaciones de nuestra pequeñagran Comunión tampoco es cuestión de echar la casa por la ventana solo por que
hayamos cumplido en esta última etapa un pequeño número redondo de tres décadas
dentro de una historia de casi dos siglos de política provisional. Y digo provisional a
propósito porque todo el mundo sabe que los carlistas solamente estamos aquí, desatendiendo a nuestras familias y dejando nuestras ocupaciones cotidianas, en tanto y
en cuanto no venga el rey legítimo de España a la corte de Madrid. Y todo el mundo
sabe que cuando venga nos iremos cada uno a lo nuestro. Cuando un carlista dice
"qué hay de lo mío" normalmente no está pidiendo un ministerio sino que está
deseando volver a casa. Así pues hay
que reconocer que somos un poquito
incoherentes por el hecho de celebrar
este evento. Por supuesto que pensamos
que si no existiera esta Comunión habría que inventarla. Pero no es propio
de nuestra proverbial reciedumbre darnos tanta importancia. Es como si el
pueblo de Moisés se hubiera parado a
celebrar sus treinta primeros años en el
desierto ¿se lo imaginan?. Nosotros no
sabemos si nos quedan aún otros diez
años de travesía... o si nos quedan cien.
Pero ya ven: dentro de esta ligera incoherencia nos encontramos relativamente contentos, moderadamente satisfechos del camino realizado. Hace 30
años se produjo un hecho importante y
no podemos tener más que palabras de
agradecimiento hacia todos aquellos
que lo hicieron posible. A quienes alentaron las conversaciones, a los que vencieron las desconfianzas, a los que se
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CTC: 30 AÑOS DE CAMINO
Las conmemoraciones de números redondos tienen un efecto psicológico especial. Invitan al alto en el camino y la reflexión. Si eso es cierto en la vida personal,
jalonada de cumpleaños, aún lo es más en la existencia colectiva, de problemáticas
coincidencias. Los carlistas, nacidos como tales a la vida pública en 1833, ya estamos
acostumbrados a las efemérides, no le damos la importancia que otros menos veteranos les atribuyen. Pero treinta años de una organización política también merece tarta
y velitas, en un contexto de depreciación de compromisos y lealtades. Precisamente
no es la unidad lo que ha caracterizado la historia del Carlismo. Tal vez por eso ha
sido uno de los valores más estimados como deseables. La letra del Oriamendi es
reiterativa al respecto: “Todos juntos en unión”. Pero al ser pueblo en armas tras su
Rey legítimo antes que partido político, la Causa carlista ha conocido siempre sus
banderías. Eso que la modernidad creía haber inventado: el pluralismo interno, de
límites poco definidos.
Los que rehicimos lazos de comunicación y amistad que nos llevaron a reemprender el viaje juntos proveníamos todos de anteriores rupturas y escisiones, con sus
consiguientes dolores y disgustos. No somos, pues, los carlistas, pese a nuestra mala
fama, propensos al gregarismo y a marcar el paso al son del tambor.
¿Quiénes confluyeron en la CTC de 1986?
Aparte de los que iban por libre, nos juntamos entonces seguidores de Unión
Carlista, Comunión Católico-Monárquica y Comunión Tradicionalista.
Unión Carlista reunía a los partidarios de la histórica Regencia Nacional Carlista
de Estella, fundada en 1958 por don Mauricio de Sivatte. Y contaba con incorporaciones de antiguos miembros de lo que desde 1972 fue oficialmente Partido Carlista y
que allí permanecieron hasta que se hartaron de experimentos socialistas autogestionarios. También integraban sus filas parte de los restos del carloctavismo.
Otros antiguos carloctavistas formaban parte de la Comunión Católico Monárquica. Este fue el nombre que la Causa usó en varias ocasiones y que hicieron suyo
los partidarios de Don Carlos Pío de Habsburgo Lorena, disidentes ya de Don Alfonso Carlos en 1932 por el enfoque que éste daba al problema sucesorio. Pero el nexo
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Es que en nuestra conducta política tenemos que distinguir la doctrina, que es el
fundamento de todo, y las actitudes, que son consecuencia de nuestra doctrina. Y es
en las actitudes en las que, a veces, nos hemos equivocado.
En la Comunión Tradicionalista Carlista miramos al futuro. Procuramos mantenernos fieles a la doctrina. Y es ese nuestro objetivo principal. Ya dijo don Carlos
VII en su Testamento Político: los principios son intangibles. De ahí nuestro interés
en profundizar en la misma. Fruto del mismo son las realidades: cursos de formación
en donde es posible, Asociación Cruz de Borgoña con sus campamentos de verano,
redacción y publicación de un Ideario y un Programa, una revista bimensual con
fuerte contenido doctrinal y los Foros Universitarios, Alfonso Carlos I, de los que ya
hemos celebrado la edición XVI.
En nuestro afán de fidelidad a nuestros Reyes nos hemos abierto al diálogo con
otros grupos. Lo hacemos sin ningún temor. La fuerza de la Verdad que nuestra doctrina encierra, y la ayuda del Cielo, nos protegen contra cualquier contaminación que
pudiera amenazarnos.
Y nos abrimos a todos los españoles porque no somos un partido al uso democrático; de esos que lucha para conquistar un poder que luego disfrutan en su beneficio. Nuestro deber es unir a todos en los principios que forjaron la grandeza de España. El poder para un Rey cristiano, el único capaz de ejercerlo con eficacia. La observancia de los principios, irrenunciable, porque los hechos que estamos viviendo demuestran que España sólo es viable bajo el Reinado Social de Jesucristo.

esforzaron por escuchar al otro y por encontrar soluciones al problema de la unidad
del carlismo; que es un problema difícil porque es el típico problema que supone
trabajar por la unidad de un cuerpo sin cabeza. Y sin embargo lo consiguieron. Aquella generación, la de Domingo Fal-Conde, Juan Casañas, Vicente Febrer, Eloy Landaluce, Javier Lizarza, Jose María Cusell, Angel Onrubia, Miguel Garisoain... (y de
verdad que me da miedo citar nombres porque no me gustaría dejar de mencionar a
nadie)... consiguieron ese pequeño milagro porque el Carlismo, como España misma,
puede que no tenga una cabeza suprema. Pero tiene un corazón, tiene un alma. Así
que aunque el problema era grave, aquellos hombres no se arrugaron y designaron,
para llevar el timón de una dirección provisional, -siempre provisional- a una Junta
de Gobierno. Sistema imperfecto y mejorable... ¡por supuesto! Pero es que estamos
hablando de política. Y la política no es una religión perfecta sino que, a veces, consiste simplemente en hacer con humildad lo que se pueda. Después, en el capítulo de
agradecimientos, tenemos la obligación moral de incluir también a todos los que se
fueron incorporando a nuestra Comunión a lo largo de los años. Unos cuando el sol
estaba en lo alto. Otros en la hora del atardecer. Jóvenes o mayores, cada uno sabe su
trayectoria.

... el congreso de El Escorial supuso nuevos horizontes para el carlismo, pues
permitió volver a nuestras raíces tradicionales y a la defensa de unos principios a los
que no se podía renunciar sin perder nuestra esencia. La década de los setenta fue
problemática tanto a nivel dinástico como ideológico, y obligaba a recomponer todo.
Esto se pudo hacer dialogando y dejando atrás ciertas rencillas, aunque el sacrificio
de unos y otros es digno de admiración y de recuerdo hacia nuestros mayores que
supieron enarbolar ante tanta tribulación la bandera (s) por la que murieron tantos

Hay entre nosotros herederos felices que recibieron el Carlismo como una especie de tesoro familiar, y a esos hay que agradecerles que hayan sabido cuidarlo y poner a trabajar sus talentos. Hay otros que han ido aterrizando en nuestras filas por
convicción, a base de estudio. Jóvenes universitarios inquietos que supieron ir encajando con paciencia todas las piezas. E incluso los hay que han llegado al Carlismo
por eliminación, porque no se cansaron de buscar. O hasta por conversión culminando también en el pensamiento político y social su encuentro con una verdad más plena. A todos ellos les damos hoy una muy cordial bienvenida, porque si no se la dimos
como Dios manda en su momento, se la damos ahora. El Carlismo es, en cada momento, la organización concreta que adoptamos los servidores de ese ideal de DiosPatria-Rey. Se puede dejar de ser carlista o al menos carlista militante, sí, por enfermedad, por cansancio físico o espiritual, o por esa especie de cansancio político que
coloquialmente se llama "estar quemado". Es normal, porque los desengaños o las
decepciones en estas cosas de las políticas del desierto pesan mucho en ocasiones.
Pero nosotros, los que a día de hoy por la gracia de Dios todavía mantenemos enhiesta la bandera de esos principios, los que ahora estamos aquí reunidos, celebrando este
aniversario, les damos las gracias a todos, a los que aún están, a los que han perseverado, y también a esos que se alejaron en uno u otro momento de nuestra organización carlista. Dios les pagará los servicios prestados porque no lo hicieron ni por el
propio beneficio ni por un mero bien partidista. Esta clase de aniversarios como el
que estamos celebrando son como campamentos base, como descansillos en una larga

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¡Adelante mis queridos carlistas! ¡Adelante por Dios y por España! Así nos decía Don Carlos VII en su Testamento Político. Y esa es la consigna que seguimos en
la CTC.
Carlos Ibáñez Quintana, Vocal Honorario de la Junta de Gobierno de la CTC

TESTIMONIO

TREINTA AÑOS DESPUÉS

escalera que nos han de servir para tomar fuerzas, y también para echar la vista atrás.
Así que este es un buen momento para preguntarnos: ¿qué hemos estado haciendo en estos treinta últimos años? Ya sabéis que tenemos una Junta de Gobierno, una
Permanente, llena de hombres de acción. Gente que prefiere hacer antes que hablar.
Así que ellos han delegado en mí, y en María, para que seamos nosotros los que contemos algunas cosas relativas a las distintas secretarías en que nos solemos dividir los
trabajos: Tesorería, ¿Quién sabría calcular cuántos recursos económicos hemos puesto, entre todos, en estos treinta años, a disposición de la Causa? Seguro que no hemos
sido del todo eficientes a la hora de aprovecharlos lo mejor posible. Seguro. Pero a
quienes piensan que mantener una acción política coherente es cosa de coser y cantar
habría que explicarles que no se consigue de la noche a la mañana tener una oficina
en Madrid, una secretaría técnica atendida de forma profesional, de lunes a viernes.
Por ejemplo. Todos los dineros invertidos en propaganda, publicaciones, campañas
electorales, etc. ¿Quién sabe hasta dónde habrán llevado nuestro mensaje?

Al recordar la reconstrucción de la Comunión Tradicionalista Carlista en 1986,
no podemos dejar en olvido la importancia que en la misma tuvieron los jóvenes.
Recién salidos de la adolescencia y deseosos de hacer algo, ya habían participado en
la oposición del Carlismo a la actual Constitución. Limitada, como nuestros medios.
Pero importante por clarividente.
Algunas de nuestras ciudades vieron sus vallas adornadas con carteles que, en
grandes letras azules, sobre fondo blanco, decían: “La Constitución es divorcista y
abortista”, “Vota, paga y calla”. Y otras frases que no hace falta recordar.
Procedían los jóvenes de los distintos grupos en que los carlistas estábamos divididos. Les unía el deseo de trabajar, de hacer algo. Luego participarían, sin distinción,
en los actos que se seguían organizando. También en campamentos juveniles y círculos de estudios. Eran ellos mismos los que no entendían las divisiones que veníamos
arrastrando y, a modo de reproche, nos acusaban de ellas a los mayores.

¡Y el logro de que no estemos endeudados! … Eso si que es un logro destacable.
Y que ninguno de nuestros tesoreros se haya largado a Suiza... Es el momento de dar
las gracias a todos los que han aportado en estos años y de animar a que mejoremos
en todo lo que tenga que ver con cuotas y suscripciones.

Los mayores hicimos la unión. Pero el impulso de los jóvenes tuvo su importancia que hoy es justo hacer constar.

Organización, Aquí habría mucho que hablar. A lo largo de estos treinta años
hemos trabajado sin descanso por construir, mantener, agrandar y mejorar nuestra
organización. A veces hemos centralizado para evitar la dispersión de esfuerzos. En
ocasiones hemos hecho cosas que nos podían asemejar al típico partido político del
sistema. Otras veces hemos alentado la creación de iniciativas más espontáneas, fomentando la iniciativa particular, la “guerra de guerrillas”. En materia de organización no existen dogmas. Yo siempre suelo decir que hay muchas formas de acertar.
Que lo único que hace falta es elegir una. Gracias a Dios tenemos una estructura,
unas normas, unas directrices. Y en este momento son esas las que valen y que se
podrían resumir en: una Junta de Gobierno, unos Consejeros, unas Juntas Regionales,
unos Círculos y unas Delegaciones. En este momento, quien quiera encuadrarse tiene
dónde hacerlo. No es necesario empezar de cero. Y si alguien quiere hacer algo pero
no sabe por dónde empezar... que nos pregunte. Porque hay trabajo de sobra. Esa es
la verdad. Las nuevas tecnologías y ciertas cosas de la vida moderna han ido cambiando nuestra forma de comunicarnos, algunas maneras y costumbres a la hora de
organizar, convocar y realizar los actos y reuniones. En cualquier momento podemos
tener, por ejemplo, carlistas en Buenos Aires, o en Chile, o en Tejas haciendo más
cosas por el Carlismo que algunos carlistas de Pamplona. En cualquier caso la base
de nuestra organización será siempre la misma. Necesitamos voluntarios, afiliados,

El Carlismo había carecido de denominación oficial. O si la había tenido no era
tan exclusiva como para no admitir otras. Por eso se había titulado indistintamente
Comunión Tradicionalista y Partido Carlista. Las declaraciones más solemnes eran
firmadas por la Comunión Católico Monárquica, desde los tiempos de don Carlos
VII. Recordamos un manifiesto del año 1930, firmado por los Jefes Regionales y
confirmado por el Rey Don Jaime, en nombre de la Comunión Católico Monárquica.
En plena República, un decreto de Don Alfonso Carlos I fijaba como nombre oficial
el de Comunión Tradicionalista Carlista. Y esa fue la denominación adoptada en
1986.
Como tradicionalistas, declarábamos nuestra fidelidad a los principios de la Tradición española, proclamados por nuestros Reyes en sus manifiestos y defendidos por
nuestros pensadores y políticos a lo largo de siglo y medio. Como carlistas asumíamos el papel que en ese mismo periodo había representado el pueblo español fiel a la
Dinastía Legítima. Y comenzamos nuestra andadura.
En el papel de carlistas hemos asumido la gloria de nuestros héroes, la fidelidad
de nuestros pensadores y el tesón de nuestros políticos. También los errores de éstos.
Porque los hubo. Y los recordamos para no repetirlos. Sin criticarlos, porque pensamos que nosotros mismos, en sus circunstancias, habríamos incurrido en ellos.
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Este año se cumple el 30ª aniversario de aquel Congreso de El Escorial que consiguió que Unión Carlista, Comunión Tradicionalista y Comunión Católico Monárquica, las tres organizaciones carlistas de aquel tiempo, mas carlistas no alineados en
ninguna de las tres organizaciones anteriores, confluyeran en un único proyecto común: la Comunión Tradicionalista Carlista.
El éxito de aquel Congreso, celebrado del 1 al 4 de mayo de 1986, fue fruto de
la responsabilidad, la generosidad y el patriotismo de las bases y dirigentes de aquellas tres organizaciones matrices, pues juntas fortalecieron los cimientos sobre los
que se forjaba el Carlismo y consiguieron reavivar la llama de la esperanza en muchos españoles de bien.
Durante todos estos años, la Comunión Tradicionalista Carlista ha ido consolidando en España un proyecto coherente que, dentro de la más firme ortodoxia, presenta a la sociedad los principios y las propuestas de la Tradición española para poder regenerar material y espiritualmente nuestra patria. Esa es nuestra misión.
Ha sido mucho el camino que, con aciertos y errores, hemos recorrido todos
estos años, y mucho lo que nos queda por recorrer hasta el triunfo de nuestros ideales. Por ello, esta Junta de Gobierno quiere aprovechar esta conmemoración para
recordar a todos los carlistas que a lo largo de estas tres décadas se han podido alejar
de la Comunión Tradicionalista Carlista por una u otra razón, por motivos de edad o
enfermedad, por cansancio, o incluso por las desavenencias propias de la acción política. La Junta de Gobierno agradece a todos ellos los servicios prestados. Muy especialmente a quienes en algún momento han asumido cargos y responsabilidades como miembros de las juntas, consejeros o delegados.
Finalmente, queremos animar a todos a celebrar este 30º aniversario para, renovado nuestro compromiso, y bajo la consigna del rey Don Carlos VII "Adelante, haz
lo que debas y suceda lo que Dios quiera", trabajar con la fe, el entusiasmo y la constancia que merece la Santa Causa que nos unió 30 años atrás.
NOTA DE PRENSA. En Madrid, a 18 de mayo de 2016

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militantes que aporten tiempo y dinero a la Causa.
Formación y programa, Nuestros "productos estrella" en
materia de formación son los campamentos de Cruz de Borgoña así como las jornadas del Foro Alfonso Carlos.
Treinta años de acción política son treinta
años de actividades de formación,
de reuniones, charlas, foros, jornadas, conferencias, publicaciones
de todo tipo... Treinta
años suponen muchas
horas de estudio para
aprender y actualizar las enseñanzas de la Tradición española y del derecho público
cristiano; para analizar la trayectoria destructiva que las ideologías han seguido en
nuestra Patria y para buscarles antídotos y proponerles remedios. Nunca agradeceremos lo suficiente a todos los carlistas que de una u otra forma se han especializado en
estos trabajos del estudio y la enseñanza: Ponentes, monitores, consejeros, articulistas... Si no se pudiera hacer otra cosa, los carlistas tendríamos esta importantísima
misión. Porque alguien tiene que transmitir el tesoro que hemos recibido. Comunicación y propaganda, Pensemos ahora en Notas de prensa, boletines como Acción Carlista y todos los boletines regionales, revistas como Ahora información, folletos y
publicaciones, presencia y actividad en internet y sus redes sociales, carteles, pegatinas y calendarios. Materiales de propaganda de toda clase para los Grupos de Propaganda. Audiovisuales, presencia en los medios... Hasta aquí una rápida enumeración
de todos los esfuerzos que a lo largo de treinta años nos han empujado a salir de nosotros mismos. Aunque a veces no seamos muy conscientes de ello, todos estos elementos nos han dado una experiencia enorme para saber en cada momento cómo
hemos de dirigirnos a nuestros compatriotas. Imaginad la cantidad de horas de trabajo que carlistas anónimos han dedicado a la propaganda. Desde el que salió a poner
un cartel hasta el que se pegó la paliza de preparar cualquier envío masivo por correo.
Todos estos trabajos no tienen la épica literaria que tiene el acto de asaltar una trinchera. Y sin embargo son también, o pueden ser, actos heroicos si se ofrecen con
generosidad. Acción social y electoral. No nos cansaremos nunca de insistir en que
el objetivo de la Comunión no es crear un club elitista para estar nosotros "a gusto"
sino que por el contrario nuestra razón de ser es la de servir a la sociedad. Y eso, con
todos los riesgos que conlleva, supone tener las puertas abiertas de par en par y la
mano tendida. Ha supuesto en estos treinta años explorar, cuando ha sido posible, la
acción electoral, y establecer contactos y conversaciones con otros grupos, gentes
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diversas, personas más o menos alejadas de nuestro Ideario. Grupos provida, o católicos, o los grupos de la coalición Impulso Social, por ejemplo. No podemos dejar de
mencionar la atención dedicada al problema dinástico. Que como todos sabemos y
sentimos es un auténtico problema. En esta materia, sabiendo que no depende de
nuestra voluntad resolverlo hemos seguido con atención y prudencia cualquier movimiento. Hemos hablado con quien había que hacerlo. Y nos hemos mantenido sin
movernos un ápice en un rechazo rotundo al simulacro de monarquía representado
don Juan Carlos y don Felipe. Porque la monarquía es algo serio. Y dicho esto, en
relación a lo que nos encontramos al echar la vista atrás. Ahora toca echarla hacia
adelante. ¿Qué vamos a hacer a partir de ahora? ¿Cómo vamos a desarrollar -todos
juntos en unión- esta vocación política que, de una u otra forma, más o menos, todos
nosotros tenemos? Para ordenar esa acción tenemos una herramienta que es el Programa Político. Programa que revisamos y actualizamos en cada uno de nuestros
congresos y que os invito a leer y a estudiar. Nuestro Programa Político se contiene
en este pequeño folleto, nada que ver con esos manuales prolijos de los partidos del
sistema que son como libros de instrucciones, llenos de recetas mediante las cuales
los políticos prometen solucionar, de arriba hacia abajo, todos nuestros problemas.
Por el contrario nuestro programa es breve y tiene dos partes claramente diferenciadas. Cada vez que hablamos de programa tenemos dos clases de propuestas: En primer lugar están lo que podríamos llamar tareas de limpieza. Hay leyes que sobran, o
que directamente hacen daño, que sería urgente e imprescindible derogar, abolir o
cambiar. Pero España es una nación ocupada, somos una auténtica colonia, en estos
30 años hemos visto como cada vez con más descaro, los sucesivos inquilinos de La
Moncloa y de La Zarzuela han sido los servidores fieles de ideologías contrarias a
nuestra Tradición, agentes sumisos de intereses extranjeros o del llamado nuevo orden mundial. No será nada fácil darle la vuelta, limpiar y liberar a España, a toda la
Hispanidad, de esta tiranía. Empecemos por soñar con ello. Hagamos y tengamos al
día la lista de las cosas que están mal. Que son muchas, pero que no son infinitas. Y
mantengamos la esperanza porque este gigante al que nos enfrentamos es un gigante
con los pies de barro.

ró incapaz de comprometerse a una disciplina respecto al partido ya que no la había
mantenido respecto a la jerarquía del Ejército de la que dependía su nómina.
En efecto, la tranquilidad no ha sido la tónica de la singladura de la CTC. Las
peculiaridades, los personalismos, las añoranzas del gueto, los maximalismos doctrinales, la esterilidad electoral, la inseguridad del espacio político… han sido factores
limitantes de la vitalidad de la empresa reconstituida en 1986.
A pesar de todo, la CTC ha cumplido –está cumpliendo- su misión. Los relevos
generacionales se han ido sucediendo en sus cuadros de mando. La militancia no se
ha renovado biológicamente lo suficiente para asegurar su supervivencia. Pero, contra todo lo previsible, la vitalidad de su juventud, siempre contrapuesta por definición
a la generación precedente, permite albergar esperanza. Sus estructuras organizativas
más consolidadas – los campamentos Cruz de Borgoña – han provisto más plaza en
seminarios y conventos que en candidaturas y juntas. Algo habrá que revisar.
Sus pronunciamientos sobre el contexto político se han caracterizado por su
equilibrio y mesura, dentro de una clara ortodoxia tradicionalista. Esa ubicación ideológica condiciona su estrategia. No es fácil hacer política católica cuando nos marcan
nuevos paradigmas laicistas. Como tampoco es sencillo conservar la teoría monárquica carlista sin un referente de carne y hueso que asuma los compromisos de la legitimidad.
Pero el análisis de estas aparentes aporías nos lleva a temática más allá del espacio disponible y de la paciencia del lector. Queda pendiente.
Discurso de José Miguel Orts Timoner, consejero nacional de la CTC.

30 AÑOS CAMINANDO JUNTOS
POR LA UNIDAD DEL CARLISMO

La otra parte de nuestro programa, lo que hay que hacer, tiene mucho que ver
con lo que haga la sociedad y no tanto con lo que haga el gobierno. Con lo que sean
capaces de hacer las familias, las partes sanas y conscientes de la sociedad. Y esto es
una muy buena noticia porque quiere decir que no hace falta ganar unas elecciones
para empezar. Que cada uno de nosotros en su barrio, en su pueblo, en su ciudad,
apoyándose en la ayuda que pueda brindar nuestra Comunión allí donde sea posible,
tiene un trabajo apasionante por delante. Seamos constructores de una sociedad que
sea capaz de vivir y de crecer, independientemente de quien esté en el gobierno. In8

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que desde 1972 fue oficialmente Partido Carlista y que allí permanecieron hasta que
se hartaron de experimentos socialistas autogestionarios. También integraban sus
filas parte de los restos del carloctavismo.
Otros antiguos carloctavistas formaban parte de la Comunión Católico Monárquica. Este fue el nombre que la Causa usó en varias ocasiones y que hicieron suyo
los partidarios de Don Carlos Pío de Habsburgo Lorena, disidentes ya de Don Alfonso Carlos en 1932 por el enfoque que éste daba al problema sucesorio. Pero el nexo
común de esta nueva Comunión Católico Monárquica fue el liderazgo intelectual del
Profesor Francisco Elías de Tejada. Y el motivo de aparecer en el escenario político
fue su discrepancia con el modo elegido por la Comunión Tradicionalista de Don
Sixto de acceder a la legalización, presentados por D. José María de Oriol y D. José
Luis Zamanillo, históricos dirigentes de la Junta Carlista de Guerra, pero que en 1976
habían pasado ya por Estoril y La Zarzuela, respectivamente.
El tercer grupo, teóricamente el más numeroso, era la Comunión Tradicionalista.
El nombre pretendía establecer continuidad con la organización oficial que en 1972
(Congreso del Pueblo Carlista, Arbonne) lo había cambiado por el de Partido Carlista, en abierto desafío a la legalidad franquista. Fue adoptado por los “Jefes Naturales
del Requeté” encabezados por José Arturo Márquez de Prado, que proclamaron
Abanderado a Don Sixto Enrique de Borbón Parma, en 1975 y éste constituyó una
Junta de Gobierno presidida por D. Juan Sáenz Díez. Diferencias internas, a partir de
la preparación y desarrollo del Montejurra de 1976, llevaron a la Comunión Tradicionalista a un distanciamiento con el Abanderado y al discreto alejamiento de éste, dos
años después.
Los tres grupos buscaron la unidad a lo largo de unos ocho años. Tenían en común un ideario básico, como patrimonio positivo, y una orfandad dinástica, como
factor negativo. No fue fácil el proceso de acercamiento, pero el tesón de sus propiciadores pudo más que los prejuicios y las desconfianzas. De ahí que, “congeladas”
las preferencias dinásticas, fuera posible llegar, en 1986, a un acuerdo en el Congreso
de El Escorial. Allí nació –renació a efectos legales- la Comunión Tradicionalista
Carlista. Tuve el inmerecido honor de redactar el comunicado que anunciaba la confluencia de los tres grupos en una sola formación. Y formé parte de la primera Junta
de Gobierno presidida por Miguel Garísoain Fernández. Aquellas vivencias quedaron
impresas en lo más profundo de mi corazón.
Una de las anécdotas de aquella etapa, expresiva de la peculiar psicología de los
carlistas dispersos y convergentes, la protagonizó Camilo Menéndez Vives, que había
alcanzado notoriedad a raíz de sus choques con el Teniente General Gutiérrez Mellado, Vicepresidente del Gobierno de Adolfo Suárez. La CTC ofreció a Menéndez una
plaza como Consejero Nacional. El marino declinó el nombramiento porque se decla16

cluso bajo la incomprensión o hasta con la persecución del gobierno. Hace unos días
le dije a mi padre, Miguel, que iba a estar aquí, con vosotros. ¿Qué crees que les tengo que decir? -le pregunté-. Que digan siempre la verdad –me dijo- inmediatamente y
sin dudar. Me sorprendió, porque resulta que mi padre, que por cierto fue el primer
presidente de la primera Junta de Gobierno en el año 86, tiene alzheimer. Pero mira
por dónde esa idea, la de que hemos de ser ante todo verdaderos, no la ha perdido. Y
quien dice verdaderos dice auténticos, sin doblez. Y quiere decir partidarios de la
confesionalidad política, la de la Monarquía católica, que consiste en confesar a la
Verdad. Y quiere decir testigos, o sea, mártires. Y también quiere decir humildes,
porque humildad es andar en la verdad. Conscientes de nuestras limitaciones, sabedores de la desproporción de la tarea, pero soñadores y servidores de la verdad como
son los niños.
Así pues ¿qué vamos a hacer en los próximos 30 años? Si dependiéramos de las
encuestas, de los planes de marketing o de la cuenta de resultados estaríamos tirándonos de los pelos. Pero somos carlistas. Seamos lo que somos. Hagamos lo que sabemos hacer. Sigamos sembrando esperanza. Por Dios, por la Patria, por el Rey.
¡Adelante!
Discurso pronunciado por Javier Garisoain, Secretario General de la CTC.

EN EL 30 ANIVERSARIO DE LA
UNIÓN DE LOS CARLISTAS

Un día de alegría. Un día tan señalado como hoy, nos produce una gran alegría
estar aquí. Muchos otros carlistas podían estar presentes, pero han tenido que cuidar
de sus familias y, además, no es tan fácil desplazarse. Como somos una Comunión
abierta, también echamos en falta aquí a muchos otros españoles, en su caso colapsados de mensajes, con anteojeras, y que pasan de todo.
Hay remedio: rumbo al Norte. Los españoles “pasotas”, que son muchos, tienen
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un tremendo descontento, fruto de las falsas promesas de la Constitución agnóstica y
anti tradicional de 1978. Están insatisfechos y muy desengañados, Tienen un cabreo
un tanto reconcentrado, primero contra sí mismos y por ello contra todo. Todo esto
no es casual, y sí tiene mucho de causal.
Pues bien; este desengaño de tantos españoles, idealistas y pasionales, es muy
peligroso, Es muy peligroso por desnortado y por sus consecuencias.
Sin Norte, y en primer lugar, la partitocracia liberal -PP, Vox, UPN, etc.- mantiene su continua retirada, y lleva a cabo la enorme y gravísima manipulación malminorista que hace que los españoles, desnortados engañados, toleren males horrorosos
de sangre individual y opresión sobre las familias y sociedades.
En segundo lugar, sin Norte, unas decadentes minorías de marxistas, sin cualificar y superpuestas al vacío social creado por los errores y desvergonzonería del liberal-socialismo, pudieran movilizar a los muchos cabreados. Los carlistas sabemos
muy bien que no puede existir vacío social, y, o lo llenamos nosotros con esperanza o
lo llenarán otros para producir nuevas ruinas y desesperanza.
Entre los más dolidos estamos los carlistas, los tradicionalistas, los de siempre.
Y digo tradicionalistas a mucha honra, frente a l proselitismo de ciertas tendencias de
piadosos -universitarios o no- que, por imagen o ideología demócrata-liberal, menosprecian con desdén o desconocen el tradicionalismo. Alguno hasta nos llamó
“casposos”.
Ya saben qué somos. La CTC tiene su fundamento en
la Religión católica expresada en el reinado social de
N.S. Jesucristo (Quas Primas, Pío XI), en el derecho
natural cristiano, y habla de la cristiandad y la Hispanidad. La CTC sabe qué y cómo es la persona, la
sociedad y España en su diversidad de pueblos.
Los carlistas continuamos esa transmisión vital de
las familias, la religiosidad católica en las instituciones políticas y el amor entre los pueblos de
España.
Por eso, porque sabemos qué queremos, nonos dejamos atrapara por los falsos populismos de unos, y las mencionadas dejaciones malminoristas de
otros, que utilizan vergonzosamente a los católicos, que saben
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CTC: 30 AÑOS DE CAMINO
Las conmemoraciones de números redondos tienen un efecto psicológico especial. Invitan al alto en el camino y la reflexión. Si eso es cierto en la vida personal,
jalonada de cumpleaños, aún lo es más en la existencia colectiva, de problemáticas
coincidencias. Los carlistas, nacidos como tales a la vida pública en 1833, ya estamos
acostumbrados a las efemérides, no le damos la importancia que otros menos veteranos les atribuyen. Pero treinta años de una organización política también merece tarta
y velitas, en un contexto de depreciación de compromisos y lealtades. Precisamente
no es la unidad lo que ha caracterizado la historia del Carlismo. Tal vez por eso ha
sido uno de los valores más estimados como deseables. La letra del Oriamendi es
reiterativa al respecto: “Todos juntos en unión”. Pero al ser pueblo en armas tras su
Rey legítimo antes que partido político, la Causa carlista ha conocido siempre sus
banderías. Eso que la modernidad creía haber inventado: el pluralismo interno, de
límites poco definidos.
Los que rehicimos lazos de comunicación y amistad que nos llevaron a reemprender el viaje juntos proveníamos todos de anteriores rupturas y escisiones, con sus
consiguientes dolores y disgustos. No somos, pues, los carlistas, pese a nuestra mala
fama, propensos al gregarismo y a marcar el paso al son del tambor.
¿Quiénes confluyeron en la CTC de 1986?
Aparte de los que
iban por libre, nos juntamos entonces seguidores de Unión Carlista,
Comunión
CatólicoMonárquica y Comunión Tradicionalista.
Unión
Carlista
reunía a los partidarios
de la histórica Regencia
Nacional Carlista de
Estella, fundada en 1958
por don Mauricio de
Sivatte. Y contaba con
incorporaciones de antiguos miembros de lo
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resultados de los que ellos se responsabilizan sufriendo la mayor amargura.
Se dice que el Diablo puede tentar con buenas causas para desviarnos de nuestras obligaciones, por ejemplo el bien común de la política. No, no se puede caer en
la tentación dejando el trabajo a unos mientras otros se avaden de él; ni es justo, ni
provechoso, ni nos santifica. Un mal fruto de ello sería que los hijos abandonen su
gloriosa herencia e incluso se vuelvan contra ella.
Familias enteras se aprovechas de actividades como los campamentos, las peregrinaciones, la convivencia que une y crea familias, y la posibilidad de votar directamente a la CTC o bien bajo siglas como Impulso Social, todo lo cual se debe hacer
sin comparar la grandiosidad del antiguo Carlismo con la humildad y pequeñez del
David actual.
DOY GRACIAS a todos los que aportan su ánimo y juventud espiritual. Noes la
alegría de la persona satisfecha y apoltronada a costa del erario público. A efectos
prácticos, no admitáis el bajón de ánimo que tanto daño hace en nuestras Juntas y
proyectos. Si alguno tiene un bajón vita, tendrá un lugar digno y útil en la reserva sin
que contagie a las vanguardias. La tentación de la depresión se combate con realismo, trabajo personal, mirar al cielo y la humildad que deja el adelanto en manos de
Dios.
EN CONCLUSIÓN
Comparo la actividad carlista antes y después de 1986 y la presencia de la CTC
en la vida española ha sido claramente favorable, aunque exista la conspiración del
silencio. La CTC ha realizado actuaciones que anteriormente a 1986 eran impensables.
Más, la CTC es alma de unión y unidad entre la división y los enfrentamientos.
Sabe que la Revolución quiere la división entre todos promoviendo excesos.
Como tras 1876, la CTC sabe que el Carlismo no es un temor sino una esperanza, sab3e que da mucho más de lo que recibe, que la Causa de Dios, la patria, los
Fueros y el Rey es muy buena, el fundamento socio político de España, inmejorable
en esta tierra, y que en ella arrancan la solución a los gravísimos problemas de hoy.
Ser para vivir y saber para dar.
La Comunión tiene en su rostro la huella de una persona colectiva, con su belleza joven, su encanto infantil, sus arrugas y serenidad del veterano, su mirada y energía del adulto. Los distintos rostros de la Comunión nos exigen aprender a tratar a
esta gran dama con una enorme delicadeza.
José Fermín Garralda Arizcun, Presidente de la CTC de Navarra
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a la sangre del aborto y la opresión por el Estado, como los peperos, ciertos clericales, los que se llaman moderados, radicales y otros sectores del sistema liberalsocialista.
Entonces, diréis: si es tan difícil que escuchen a los carlistas como resto de Israel, ¿qué hacemos aquí?
Lo que hacemos es, en primer lugar, dar gracias. Dar gracias porque nos reafirmamos. Dar gracias porque vamos a seguir ofreciendo las grandes verdades de la
persona, la familia, las sociedades, de nuestras Regiones históricas -viejos señoríos,
Principados, Reinos y Corona-, y las grandes verdades de la Corona de Coronas que
es la Monarquía de las Españas, de titularidad hoy vacante.
Estas grandes verdades se plasman en nuestro Ideario, que no es de despacho
sino constitutivo, histórico y presente, fundamental. Estas grandes verdades son el
Norte y guía para que, los españoles, desde sus realidades cotidianas de medio alcance, puedan rehacer lo que el absolutismo del despotismo ilustrado primero y su sucesor el liberalismo partitocrático deshizo tras 1833, lo que el liberalismo autoritario
impidió rehacer tras 1939, y lo que la conjunción liberal-socialista y masónica ha
deshecho ahora casi-casi- definitivamente.
DOY GRACIAS a la Comunión Tradicionalista Carlista, por ser el faro de luz
para la unidad política de los españoles para corregir una época cuajada de oportunismos, divisiones y enfrentamientos. Gracias por la luz u la unidad en nombre de todos
los carlistas navarros -que rezan a Jaungoikoa en San Miguel de Aralar -Nor Jaungoikoa aña?-, a la Virgen del Yugo a la Santa Ana-, que desean ser españoles leales y
católicos preocupados por lo que ocurre más allá del apostolado de confidencia.
¿Qué quiere la Revolución con máscara de “cambio”? Quiere a España y los
españoles desorientados y divididos, quiere a los tradicionalistas desesperanzados y por ello- dormidos, orgullosos y -por ello- fragmentados, y quiere a la sociedad sin un
faro que les guíe y anárquica sin autoridad política.
Pero eso no debe ser así: la CTC trabaja por la unión y la unidad, por dar esperanza, sabiendo qué se es y qué decir, qué exigir y cómo servir. Los tradicionalistas
saben lo que quiere, por qué y por quienes viven, y no claudican, inasequibles al desaliento.
DOY GRACIAS a la CTC porque es una Comunión de esperanza, porque anima
ante la división, broncas y turbios manejos de los trepas y ladrones de la partitocracia.
La CTC no se mueve por señuelos sino que sabe esperar y estar firme en su
puesto, con convicción, sin nerviosismos por el desordenado deseo de influir a toda
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costa en el poder, influyendo desde fuera del sistema, y sirviendo a la sociedad.
Como el mal ambiente social tiende a meterse hasta los tuétanos, doy gracias
porque la CTC ha sido radicalmente inmune al fundarse en ideales verdaderos y la
sangre de sus mártires. Ahí están sus mártires anónimos. Ahí también el buen hacer
de sus presidentes don Miguel Garisoain, don Domingo Fal y hoy doña María Cuervo-Arango, que han sido y son un firme escudo de honradez y unidad.
Parece que por ahora Dios nos quiere pequeños, y quizás en eso resida nuestra
fuerza en la actual decadencia de Occidente.
DOY GRACIAS por entender la organización política como una Comunión
abierta a todos los españoles, una Comunión de comuniones o familias, una Comunidad de Comunidades, una proyección en disposiciones de gobierno ordenadas por las
instituciones comprometidas con el bien público Común.
Los españoles que han sido atraídos por la Tradición española y por la organización que le sirve, han respondido con entusiasmo y entrega en la CTC, tomando no
pocos de ellos sobre sus hombros cargos de responsabilidad en las Juntas, en las
elecciones, en los campamentos Cruz de borgoña, el Foro Alfonso Carlos, etc.
La CTC es un buen lugar para vivir y convivir. Más todavía; mientras la sociedad española se ignora a sí misma, en la Comunión todo es punto de referencia, lugar
de sociabilidad como el tópico literario de “locus amoenus”, conocimiento de los
propios amigos, y aprecio personal y familiar. Por eso, una simpática margarita decía
cuando todavía era más joven: “Si quieres hacer turismo, apúntate al Carlismo”.
Todas nuestras actividades tienen cabida en la CTC, desde la atención a nuestros
problemas personales y a nuestros veteranos de la mano de Socorro Blanco, hasta la
formación plena de jóvenes en Cruz de Borgoña y los Foros, sobre todo en su dimensión social y política, en la edad universitaria y como futuras promesas. Por eso,
cuidemos a la Comunión como centro de vida y plataforma política.
DOY GRACIAS a la Comunión por ser el rostro socio-político de los tradicionalistas leales a los principios de la legitimidad, respetuosos con las distintas tendencias de los propios en nuestros tiempos de orfandad dinástica.
Seriedad en el trabajo, Estuve en el Congreso de la unidad en El Escorial de
1986. Recuerdo perfectamente su ardua preparación -viajes y horas de teléfono-, su
hemiciclo y salas, sus debates y hasta sus tensiones. Al final, estuvieron todos de
acuerdo.

Recuerdo especialmente de 1986 a mi mentor don Ignacio de Orbe Tuero a quien
tanto debo, a don Juan Casañas, José María Cusell, Vives, Luna, Del Moral, Ferrando, De Miguel, Cabrero, Gambra, Onrubia, Padura, Casariego, García de la Concha,
Landaluce… y a los que hoy están entre nosotros: don Domingo Fal-Conde, José
Miguel Orts, Triviño de Villalaín, Pachi Asín, Carlos Ibáñez, Santiago Arellano y
Miguel Garisoain Fernández de quien tanto he aprendido… No puedo nombrar a todos. Desde 1986 el Congreso me encartó ser consejero y, durante unos años, el Consejo me encargó ser su secretario, hasta que en 20 los navarros me encargaron ser su
presidente. Sé que, desde 1986, los directivos de la CTC se han tomado sus trabajos
políticos con mucha seriedad, y se han esforzado en la medida de sus posibilidades.
En este testimonio quiero resaltar que juntos han hecho muchas cosas, impensables
antes de 1986. Por eso, gracias y ánimo.
Dos enemigos. Sabed que la Revolución identifica a quienes dan un paso al frente diciéndole y denunciándole en nombre de Dios, de los hombres y de nuestra España, lo que no le está permitido hacer. Este es el primer enemigo.
El segundo es el de cada uno consigo mismo, cuando se deja llevar por un excesivo idealismo, la ansiedad, ciertas decepciones y el excesivo puntillismo fruto de la
inseguridad o del orgullo. Por eso, la Comunión debe mirar hacia fuera de sí misma, y
vivir para servir.
DOY GRACIAS por reconocer que nuestros tiempos son especialmente singulares.

Un caso es el de los carlistas de origen o tradición familiar. Vosotros sois como
la aristocracia de la Comunión, que une los tiempos y siglos. Sufrís las mismas limitaciones que vuestros conciudadanos, si bien, tal como están las cosas, os corresponde ser más sacrificados para cumplir los deberes y ser felices porque, de no hacerlo,
perdéis mucho más que el resto y serán los más infelices.
Los carlistas de solo tradición familiar están especialmente amenazados por la
desesperanza, por buscar equilibrios falsamente compensatorios fuera del Carlismo, ,
si se cede a aquella, por la impotencia y una vida sin grandes frutos, Por esto no deben olvidarse de la dimensión directamente política (lo es -v. gr.- sostener una pancarta: “Aborto No. Dios ama al embrión, CTC”), ni deben caer en la comodidad (lo es
no acudir a los actos carlistas...), abandono y comodidad que es uno de los signos de
nuestro tiempo, que es la marca de los esclavos del siglo XXI, que es un fruto podrido
del actual sistema socialmente no representativo y alejado de Dios.

España nos necesita más unidos que nunca: hemos de saber bien que la revolución nos desea unos contra otros.

A los carlistas de solo tradición familiar no les compensa el retraerse al ámbito
de la religión o de las asociaciones piadosas, precisamente porque la iglesia exhorta a
salir de ellas, ni confiar en el malminorismo político o electoral, porque aquí están los

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