Acercamientos a un Análisis Institucional. Notas para problematizar la implicación Solange Saldivia El Artefacto. Acerca del dispositivo analizador.

En este proceso inicial de investigación, y considerando al Análisis Institucional como dispositivo analítico, parece importante precisar que acorde a las circunstancias, objetivos y constitución del grupo en el que estoy interviniendo, se aplicó un determinado tipo de dispositivo grupal. Este artefacto toma un carácter particular, por las necesidades y objetivos de sus integrantes y la tarea a la que se abocan, y se torna instrumental para el logro de los propios fines de la investigación en este campo institucional. “El analizador, es lo que permite revelar la estructura de la institución, provocarla, forzarla a hablar.” (Hess. 1997: 132) El objetivo general de esta intervención institucional es analizar las dificultades propias del trabajo con niños (as) y la comunidad en esta Casa de Acogida del Hogar de Cristo, y cómo éstas impactan al equipo de profesionales constituyéndose en obstáculos para la realización de la tarea. Para ello, se aplicó como dispositivo grupal el Grupo Operativo, y la metodología y técnica a seguir fue la Entrevista Grupal, a fines del Análisis Institucional. Este dispositivo particular tiene un sentido de diagnóstico acerca de la situación institucional, del vínculo institucional. La propuesta inicial consideraba una intervención con el equipo de trabajo de la Institución, y posteriormente el trabajo interventivo con las mujeres del sector, en donde el objetivo era “buscar ese eslabón perdido”, es decir, buscar a “las mujeres”. ¿Dónde están las mujeres?. Acerca de la visibilidad e invisibilidad en el grupo. En un primer acercamiento a la Institución se logra visualizar y escuchar varios ejes que permiten aproximarse a una intervención posible en este campo institucional: confusión, desorden, falta de límites, ausencia, dolor, abandono, trabajo artesanal, falta de encuadre, ausencia de recursos de la propia Institución y de conocimiento. Emergentes que hacen pensar en el malestar que acaece a estos sujetos, y que nos hace preguntarnos a qué remite este malestar. En los primeros acercamientos al equipo de trabajo de esta Casa, los miembros de éste señalan sus dificultades laborales: “Hay que armarse día a día”, “todo aquí es precario”. Intentan mostrar las conflictos que tienen entorno a la tarea que les demanda la Institución. La demanda explícita del equipo de mujeres integrantes de esta Casa de Acogida es el no saber cómo tramitar el desgaste de estar inmersas en la violencia que se ejerce con las mujeres que viven en el sector. Se vehiculizó la demanda, enganchándonos con eso (yo como coordinadora del grupo y mi supervisora). Hay una confusión, una fusión. ¿Dónde está el eslabón perdido? ¿Qué es un eslabón perdido? Es eso que está perdido, esa fantasía de divagar, de un divagar constante, y que hace que muchas veces uno se pierda en esa búsqueda, y es así como me sentí en varios momentos. Estas mujeres comentan que aceptan este trabajo, porque en el fondo piensan y sienten que poseen los recursos humanos para hacerlo. Al parecer desde un lugar arman el perfil requerido para trabajar en este contexto.

¿Cuáles son los significados del imaginario social/grupal de lo que les demanda este trabajo? ¿Será posible una identificación con la pobreza? ¿Les identifica la dignidad de las mujeres? Al menos lo que se vehiculiza y que opera es la frustración, el agotamiento, el caos. Es ese el paradigma instalado, es lo que allí se escenifica. Se preguntan ¿dónde están las mujeres?¿Cuándo abandonamos a las mujeres dentro de nuestro trabajo?¿Por qué las mujeres no se acercan a la institución? Es la pregunta insistente en el equipo. Y lo que se invisibiliza es que no quieren verse ellas, pues verse significa estar en la carencia, en la soledad. Mi intervención da luz a través de la sintomatología, a través de un manifiesto inconsciente y un imaginario social acerca de ser mujer, y de lo religioso. Se instala en este lugar un mito religioso, es un sentido de ser mujer en lo religioso. Ellas hacen un trabajo asistencial. ¿Y qué es un trabajo asistencial? Es una metodología para ellas, donde lo asistencial implica una forma de organización del trabajo que funciona a partir del amor familiar primario. ¿Qué se invisibiliza con esto? En el fondo, “laten en diferentes intensidades diversos núcleos de significaciones que caracterizan el momento socio-histórico en que se despliegan sus prácticas, operan también en latencia las significaciones imaginarias que dan sentido a las instituciones donde están inscriptos. (Bourdieu. 1986: 81) El imaginario es el ser mujer, ser mujer trabajadora, ser trabajadora asistencial. Aquí, está trazada la historia política social de nuestro país. En Chile los proyectos asistenciales surgen en un contexto específico, y este caráter asistencialista-religioso sigue operando a partir de las políticas del Vaticano en América Latina, y específicamente en Chile. Pues el grado en el que el Vaticano influencia a América Latina es una lógica que repercute innegablemente sobre las cuestiones éticas, sociales y políticas. La Iglesia Católica penetra todos los estratos, desde el económico al cultural, desde el social al político. Este campo institucional específico rastrea vacíos profundos que hacen que se pierda el sentido. Ese vacío, enmarcado por la violencia, impide la facultad de pensar y operar. Se establece un vínculo de violencia donde el sometimiento se sostiene en el sufrimiento, en la culpa, en la carencia. (las prácticas de violencia traspasadas de generación en generación inundan todos los espacios. Hay repetición, y en esta repetición se pierde el sentido) Estos actores institucionales se sostienen como mujeres haciéndose cargo y le otorgan el sentido de cómo poder organizar esto. Sin emabrgo, algo se invisibiliza entorno a las mujeres, ellas arman de diferentes lugares, arman un sentido que sostiene esta institución. Un sentido que se vehiculiza en este trabajo asistencial, en esta carencia, en esta culpa, en este padecer. Desde este lugar, mujeres-violentadas, mujeres-trabajadoras, ¿cuál es la resonancia? Se encuentran en un mismo lugar: mujeres-victimizadas por las demandas que se les instalan, igual que a las mujeres del sector. Hay una necesidad de diferenciarse, en todo orden: con las mujeres del sector y frente a la Institución en general. Como agrega Ana María Fernandez, son las ilusiones, mitos y utopías que un grupo produce los que forman un imaginario grupal, que es propio y singular de un grupo, pero que a la vez son significaciones imaginarias institucionales que atraviesan el nudo grupal, así como también las significaciones imaginarias de la sociedad.

¿En qué están las mujeres? Desde el encargo de ultramar a los pactos institucionales. Y en cuanto a nosotras, como mujeres, como estudiante, como docente ¿cuál es el sentido de sostener nuestras prácticas interventivas? Visibilizar esto académicamente y dilucidar sobre lo que se invisibiliza. ¿Qué se invisibiliza? Nuestra pertenencia. Que tiene directa relación con los ejes de la implicación, pues si puedo desglozarla, podría decir que las dimensiones para analizar la implicación son: - Eje histórico-político-social (Encargos de ultramar) - Eje Institucional (Encargos institucionales: Hogar de Cristo, Arcis) - Eje particular de estas personas. (“la marginalidad”) Desde un eje histórico-político-social, parecen ser encargos de ultramar, remotos a nuestra conquista. Se instalan las prácticas asistencialistas bajo el alero de la Iglesia Cátolica, fundadora del Imaginario social de lo que es ser un “buen católico”. Desde la institución, una de sus dimensiones es la académica, ya sea como Arcis-proyecto, un Arcis que muestra una vulnerabilidad total, y que genera incertidumbres, y que continuamente se nos presenta en carencia. Éstas son certezas fragmentadas que innegablemente nos cruzan y nos hacen situarnos desde una mirada particular. (la marginalidad) Nuestra limitación es que estamos operando desde esa entidad universitaria, que pone sus limitaciones ¿Para qué sirve el trabajo que nosotros implementamos? Se está aportando a que se puede trabajar de otra manera ¿y para qué? bueno, y ¿para qué pensar lo que se hace? Estamos operando desde un espacio grupal, y en este espacio hay producción de subjetividad y de sentido que necesita capturarse para que nosotras no nos hagamos cargo de cosas que no nos corresponde. Lo que se invisibiliza aquí es que hay que explicitar lo que debe ser explicitado. Nos estamos haciendo cargo de cuestiones que no nos corresponden. Lo que visibilizamos aquí, por lo tanto es que hemos vehiculizado encargos que no es nuestro lugar hacernos cargo porque no existen las condiciones, no hay un equipo, y no es parte de mi investigación. Así también, pensar en esos encargos de la Academia como Institución, y de cómo la Academia dificulta este tipo de investigaciones. Aquí tiene que imperar el criterio de realidad (qué se puede o no hacer). Estos encargos, son determinados dentro del eje histórico-cultural, desde el género (mujeres que se hacen cargo), por el trabajo asistencial, por la religión, en el fondo lo que constituye el Imaginario Social. Desde el Imaginario estamos en el eje desde el dónde pensamos. Creo en ese sentido que pensamos desde la marginalidad. De alguna manera estamos aportando desde la diferencia, y es por eso que hay que invitar a mirar-se. Y este tema es un problema fundamental, cuesta mirar la diferencia y operativizarla. Nos cuesta mirar-nos. Aquí hay instituido, producción de subjetividad, donde las relaciones se tornan perversas, indifernciadas, pues sus prácticas se invisibilizan, ser igual y a semejanza de la historia de la Institución, de los patrones familiares, de la violencia. Lo primero para pensar es que estamos invisibilizadas dentro de este contexto, porque hemos caido en estos encargos, en vehiculizarlos. Primero el encargo de las instituciones: la Académica y la Asistencial. Segundo, el equipo de trabajo deposita su angustia en mi lugar como practicante, y el encargo que yo me haga cargo de sus dificultades en torno a su tarea. Y tercero, yo engancho con esos encargos junto con mi supervisora ¿Por qué? Entonces es ahí, donde pensamos en la implicación, esta

implicación que me permite señalar la necesidad de visibilizar todos estos encargos que nos encargan y que nos encargamos nosotros mismos. No me puedo hacer cargo del encargo universitario, no me puedo hacer cargo del encargo Institucional de estas mujeres, no me puedo hacer cargo del encargo social. La fantasía de estas mujeres es que yo me haga cargo de lo que ellas no se pueden hacer cargo y de esa manera se alivian. Producto de que estos encargos no se resuelven, lo único que se debe pensar es que tienen que hacerse cargo quienes tienen que encargarse. “La manera de poner en palabras el malestar- quiénes producen sus discursos, cómo se construyen, etc.- orientará tanto las explicaciones que se otorguen como las alternativas de ‘resolución’ que se ofrezcan”. (Ana María Fernandez. 2006: 122) Hemos dado cuenta aquí, de los terribles encargos que nos atraviesan, y son encargos ancestrales, de todos los encargos que se han construido a partir de nuestra historia como país. Por lo tanto, desde este elemento tan simple de que sí se puede visibilizar aquellos encargos que uno no se puede hacer cargo, permite problematizar nuestras prácticas. Pienso que acotándolas, poniendo nuestros límites, podemos empezar a pensar y a generar la posibilidad de restituir algo.