You are on page 1of 2

El inefable malestar

Carlos Durán Migliardi
Académico, cientista político
Las experiencias de Fujimori en Perú, de Menem en Argentina, del mismo Trump en EEUU o de las
variopintas ultraderechas xenófobas de Europa muestran de qué manera el malestar social es un
significante vacío cuya connotación y sentido depende de la forma en que políticamente sea
procesado: ¿es el malestar resultado de las injusticias sociales o del espíritu avaro de los políticos?;
¿es la política una actividad esencialmente funesta que ha de ser desterrada para librarnos de sus
males?; ¿quiénes son los culpables de nuestras desgracias?; ¿son los ricos, los poderosos, los
negros, los inmigrantes o, como al parecer lo cree nuestro Bombo, los delincuentes y los zánganos
políticos?
Foto: Agencia Uno
En una furiosa comunicación por medio de las redes sociales, el humorista nacional conocido como
“Bombo Fica” manifestó su profundo malestar por la situación ocurrida con un chofer de la
locomoción pública que habría sido objeto de una sanción por haber agredido físicamente a su
asaltante.
Según recuerda el comediante, la historia relatada es idéntica a la anécdota desarrollada en un
conocido chiste festivalero en el cual la víctima de un asalto se convierte en victimario por haber
recurrido a la defensa propia: “Es el país que elegimos”, reflexionó Bombo, agregando que “Yo
armo mi rutina basado en hechos reales, la gente se ríe, pero no se da cuenta de la estupidez que
cometimos, de entregarle el país a estos zánganos que no hacen nada”.
Luego de este desahogo, el “Bombo” se explayó en consejos acerca de cómo lidiar con los
delincuentes, instando a sus lectores a evadir la acción de la justicia y actuar por cuenta propia: “Si
un ladrón te asalta y le pegas y le sacas un diente, tíralo para afuera y déjalo botado, el infeliz no va
a ir a hacer la denuncia y si lo hace, la justicia es mala para ellos y para nosotros”.
Durante la jornada en que fue emitido el mensaje, las redes sociales ubicaron las palabras del
Bombo en una condición de fuerte protagonismo. Una mayoría del público virtual se imponía a las
voces minoritarias que subrayaban lo impropio del llamado del humorista a actuar por mano propia
frente a lo que, según el mismo Bombo, se evidencia como un abandono descarado del Estado
frente a su obligación de brindar protección y seguridad a la ciudadanía.
De acuerdo a información brindada por las propias redes sociales, la situación relatada por Bombo
no fue efectiva. Un detalle de todos modos, cuando lo que se desea es vehiculizar una bronca
acumulada, un malestar incombustible hacia los abusos representados de múltiples formas, y
encarnados en esta ocasión en la clase política, “aquellos zánganos que no hacen nada” según el
lapidario juicio del humorista.
Al igual como lo ocurrido con las rutinas humorísticas de Viña del Mar, la expresión del malestar ha
pasado a constituir una parte del paisaje mediático en nuestro país. En un contexto socio-político
devastador, con una clase política que transversalmente se encuentra afectada por el escándalo del
financiamiento ilegal, percibida como lejana a la ciudadanía e ineficiente en cuanto al cumplimiento
de sus obligaciones, motejar de “zánganos” a nuestra clase dirigente pasa a ser hasta una palabra de
buena crianza.
Con las instituciones que representaron centenariamente el orden social no ocurre algo muy distinto.
Las élites empresariales, otrora reverenciadas, han protagonizado sucesivos escándalos a propósitos
de corruptelas y colusiones varias; la élite eclesiástica ya se encuentra acostumbrada a la
bochornosa evidencia de los abusos sexuales tan recurrentes como impunemente acometidos
durante décadas. Hasta las FFAA, curiosamente respetadas y valoradas por una significativa
mayoría de chilenos, han caído en esta oleada de desprestigio. ¡Ni el fútbol se salva de tanto lodo¡
Es el tiempo del malestar. Es el tiempo del Bombo Fica espantado frente a una muestra de la
ineficiencia del sistema judicial. Qué importa que la información que inspiró su denuncia sea

o la resurrección de Ibáñez y su “escoba” en el Chile de los cincuenta. no nos confundamos: el malestar y la rabia no necesariamente son el anticipo de la emancipación. de Menem en Argentina. A lo sumo. depende de la política. para manifestar a quien quiera oírnos la rabia que tenemos. el malestar social corresponde a una disposición. en definitiva. ¿son los ricos. Las experiencias de Fujimori en Perú. la impotente rabia. en germinación de liderazgos y proyectos conservadores o en la más pura y simple mantención del status quo. . Y ello. los poderosos. como el anuncio de una modificación de nuestras condiciones de vida a corto o mediano plazo. Ni siquiera pueden ser vistas como un buen augurio. por lo que bien puede derivar en la generación de procesos micro o marco emancipatorios. organizarse una fuerza capaz de poner las cosas en su lugar en este Chile plagado de desigualdades e injusticias. es síntoma de una disposición a colocarse nuevos lentes para mirar aquello que antes no miraba. lo que nos importa.hay muchas. Y es que. los inmigrantes o. Y sin embargo. ni menos como la plataforma desde la cual podrá. los negros. al fin. es tener un buen argumento para gritar nuestra bronca. Históricamente. como al parecer lo cree nuestro Bombo. ¿quiénes son los culpables de nuestras desgracias?. claro está. ¿es la política una actividad esencialmente funesta que ha de ser desterrada para librarnos de sus males?.falsa¡¡¡ Lo que importa. Basta con mencionar el sorprendente crecimiento de la candidatura de Joaquín Lavín y su “cosismo” durante una coyuntura socio-política signada por el malestar y la desafección. el malestar no es un dato que necesariamente pueda convocarnos al optimismo. De la denostada política. los delincuentes y los zánganos políticos? Como vemos. Una sociedad que manifiesta su rabia y expresa a los cuatro vientos su malestar no necesariamente es una sociedad “que ha abierto los ojos”. una energía social cuya traducción política no se encuentra escrita a sangre y fuego. o el surgimiento de Berlusconi como una figura outsider convocante por su distancia frente a una clase política devastada por escándalos de corrupción y financiamiento ilegal. experiencias en las que el malestar ha derivado en la consolidación de proyectos conservadores –muchos de los cuales han dejado las cosas peor a como estaban. del mismo Trump en EEUU o de las variopintas ultraderechas xenófobas de Europa muestran de qué manera el malestar social es un significante vacío cuya connotación y sentido depende de la forma en que políticamente sea procesado: ¿es el malestar resultado de las injusticias sociales o del espíritu avaro de los políticos?.