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Somos nosotros y ellos

Preocupan las recientes noticias y opiniones vertidas


sobre el tema haitiano, porque buena parte las
aprovecha para señalar a la nación haitiana, como
culpable de todos los hechos, toda la irresponsabilidad
y todos los descuidos.

Las relaciones entre el este y el oeste de nuestra isla


anteceden la revolución haitiana, la república y la
monarquía haitianas, la guerra e invasiones, las
causas de mulatos, negros o blancos, su
diferenciación como naciones, su heroísmo y su
terrorismo.

Porque el germen de Haití nace con Osorio que nos


desarticula y entrega con la repoblación del oeste por
bucaneros, agricultores, contrabandistas y piratas,
primero razón de lucha y luego, como colonia
francesa, razón de subsistencia, afianzado el
abandono por la apatía o incapacidad de España de
defender ésta, su primera gran posesión.

Se desea conservar la estirpe española como


distintivo etnófilo en la República Dominicana hasta
cuando es obvio que nuestra composición racial
española es minoritaria, aún a simple vista.

Es curioso ese comportamiento porque jamás hemos


percibido al haitiano como miembro de la etnia
francesa, ni siquiera cuando conocemos un parlante
haitiano cuyo francés es tan bueno como cualquiera
galo educado.

¿Sabe usted que hay de común entre Miguel Ángel


Pimentel Tavares, Julio César Castaños Guzmán,
Bernardo Vega Batlle, Alejandro Grullón, Miguel Cocco,
Ulises Francisco Espaillat, Roberto Pastoriza, Manuel
Enrique Tavares, y quien esto escribe? Pues que
todos son descendientes de Francois Antoine Espaillat
Virol, de Masclat, Francia, quien tiene descendientes
de todas las ocupaciones y profesiones en la
República Dominicana, entre ellos uno que es
considerado uno de los mayores prohombres de
nuestra nacionalidad.

El Dr. Francisco Antonio Espaillat Virol fue uno de los


regalos que recibimos del Haití revolucionario, pues se
había establecido en Cabo Francés hasta el inicio de
las actividades revolucionarias de los sublevados
esclavos.

Prefirió irse a Santiago en donde dos años mas tarde


convalidó su grado profesional y en Santiago se
convirtió en importante médico y empresario
agropecuario.

Hay muchas familias dominicanas provenientes de


Haití, de importancia profesional, económica, política,
guerrera, empresarial y educativa.
Así los Duvergé, Grullón, Lamarche, Luperón, Montás,
Pepén, Despradel... Podemos vivir en paz. Deben
cesar los ataques cuyas excusas se funden en burdas
discrepancias étnicas y socioeconómicas.

Hay muchos haitianos que buscan migrar hacia donde


existan mejores condiciones de vida, y la calidad de
vida dominicana es superior a la suya.

Pero no son culpables de nuestra incapacidad para


organizarnos e implantar mecanismos para controlar
el tráfico de ilegales en una frontera con más hoyos
que un queso gruyere.
Marcos R Taveras es Consultor Privado
marataveras@hotmail.es