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El proceso de individuación de Carl Jung

Este proceso es para Jung el auténtico desarrollo de la personalidad en una totalidad integrada y armónica de sus componentes y pares de opuestos:

Consciente – Inconsciente Persona – Sombra Pensamiento – Sentimiento Percepción – Intuición Introversión – Extroversión Masculino – Femenino Lo personal – Lo colectivo

El

objeto

de

este

proceso

es el desarrollo de la personalidad

individual.

 

Esta necesidad de la individuación es algo natural porque también lo es física y fisiológicamente, por lo tanto es natural que se exprese psicológicamente gracias a la función trascendente del símbolo, porque esa función brinda las líneas evolutivas individuales que no se alcanzan por el camino de las normas colectivas, ya que es preciso la eliminación y diferenciación de lo general y la formación de lo peculiar.

La individuación coincide con el desarrollo de la conciencia desde su originario estado de identidad.

Con

la

individualidad

inconscientemente.

física

está

la

psíquica,

pero

Con la diferenciación física viene la diferenciación psicológica, pero de modo consciente.

Se necesita pues un proceso consciente de diferenciación para que se haga consciente la individualidad.

Una individualidad inconsciente tiene carácter colectivo, indiferenciado y sólo potencial Los conceptos de la individuación Jung los desplegará en:

El yo y el inconsciente (1928) El secreto de la flor de oro (1929) Símbolos oníricos del Proceso de Individuación (1935) Psicología y religión (1937-40) Psicología y alquimia (1944) El árbol filosófico (1945) Formaciones del inconsciente (1950) Símbolos de transformación (1952) Respuesta a Job (1952) Mysterium coniunctiones (1955-6))

Ese proceso, según Jung, se encuentra proyectado en la literatura hermética de los gnósticos y alquimistas medievales, en la literatura y ritual religiosos, en las visiones de místicos, y en los sueños y dibujos de pacientes.

1. Naturaleza del Proceso de Individuación

La vieja escolástica hablaba del principium individuations para resolver el problema de los universales. ¿Qué realidad corresponde a los universales?, los objetos que se presentan ante nuestros ojos son individuales (géneros – especies son distintos del individuo) pero los conceptos son universales. De cómo Pedro y Juan son hombres (animal racional) cada uno, con la misma esencia pero sin confundirse en cuanto existentes. Cada uno actualiza esa esencia con su particularidad.

Para Jung (platónico) el inconsciente colectivo representa lo arquetípico y específicamente humano, pero solo en forma potencial e indiferenciada. Se necesita un proceso actualizador-expresivo a nivel de la conciencia, por el cual ella asimile e integre esos contenidos, apropiándoselos, haciéndoselos suyos, según su modo de ser único e inédito.

Así,

el simple yo como autoimagen parcial llega a ser sí-mismo

al

realizar espacio-temporalmente lo transespacial y transtemporal de su ser en plenitud, de su inabarcable personalidad total.

El inconsciente es una gran anitnomia 1 de nada-todo según se enfoque desde lo actual o desde las posibilidades futuras.

El inconsciente es una nada, es realidad potencial:

el pensamiento

que llegaremos a pensar, la acción que llevaremos a cabo residen ya inconscientemente en el hoy.

Esta potencial plenitud humana es bifronte: por una parte, sus

contenidos

remiten

a

un

mundo

instintivo,

prehistórico y

preconsciente y por otro lado anticipa un porvenir de destino individual.

Y

es

que

toda

criatura

humana repite el último eslabón del

precedente desarrollo alcanzado, y posee en su inconsciente, dado a

1 Anitnomia: Conflicto o contradicción entre dos leyes, principios racionales, ideas o actitudes.

priori, la estructura psíquica total que se ha desarrollado durante la serie de antepasados.

La conciencia con su pequeña historia (5000 años) debe recomenzar eternamente en cada ser humano que llega al mundo para encontrar un fin rápido en contraposición a la psique inconsciente que es infinitamente más vieja y que puede crecer más lejos. Ella forma la especie humana de la que es elemento constitutivo como el cuerpo, el cual, aunque individualmente perecedero, no tiene edad en cuanto a su aspecto colectivo.

De esta manera, el problema de la individuación estaría dado en cómo integrar estas dos mitades de la psique que parecen formar un todo de manera que una no absorbe a la otra.

  • - Proceso dialéctico entre inconsciente- conciente, el Proceso de Individuación parte del Inconsciente colectivo y se puede manifestar en dos formas fundamentales:

  • a. Proceso de Individuación natural:

    • - Ocurre inconscientemente

    • - La conciencia no interviene

    • - Los símbolos arquetípicos individualizadores florecen sin que el sujeto se dé cuenta del proceso de realización y transformación de su personalidad

  • b. Proceso de Individuación humano

    • - Ocurre conscientemente

    • - Lo conciente se enfrenta a lo inconsciente. Se necesita llegar al equilibrio mediante símbolos que produce el inconsciente y amplifica la conciencia proveniente del Selbst. De este modo, la personalidad se ilumina, la conciencia se ensancha. Todo hombre individuado se convierte en un iluminado sobre su ser

  • más

    íntimo,

    sobre

    el

    que

    sufría

    ceguera

    psicológica

    y

    espiritual.

     

    Este “fenómeno de realización” individual es un acontecer natural

    de la vida si no se lo obstaculiza y requiere la colaboración del yo conciente.

     

    Los contenidos arquetípicos se actualizarán haciéndose conscientes, buscan conformarse individualmente en la vida y obra de cada uno. Esos contenidos (imágenes) provienen de la vida, del dolor y de la alegría de los antepasados y quieren volver a la vida como vivencias y como hechos. Por oponerse a la conciencia, no pueden trasladarse a nuestro mundo. Hay que buscar el camino que comunique la realidad consciente y la inconsciente.

    Es este camino, Tao, el propio camino de la individuación que ha de correr en solitario quien pretende llegar a ser sí mismo.

    Es un proceso de re-centramiento de la propia personalidad desquiciada, desplazada de su verdadero centro, alienada en el yo en una de sus funciones,

    Individuarse es encontrarse a sí mismo. Esto supone un sacrificio del yo-razón: someterse al Selbst, ser un planeta que gira alrededor del sol (Selbst).

    Hay inmanencia en el proceso: el impulso individualizador proviene del Selbst y retorna a él como a su meta, de ahí que sea simbolizado por el ouroboros o dragón que se muerde la cola (alquimistas).

    Este proceso supone una decisión moral, sólo lo capta quien se ve ante la necesidad de decidirse sobre la asimilación de lo inconsciente e integración de su personalidad.

    La misión metafísica del hombre es elevar la conciencia general.

    Se trata de una discusión ética no externa sino de la fidelidad a sí mismo a la propia ley de vocación del destino que se expresa como llamado o voz interna.

    El proceso tiene una dimensión sacra en el sentido de numinoso y de sacrificio del yo y del sí mismo.

    Sacrificio del yo: renunciar a su autonomía absoluta como centro y rector de la personalidad y de su destino.

    Sacrificio

    del

    mismo:

    encarnarse

    espacio-temporalmente

    sometiéndose a la falta de libertad que caracteriza la existencia

    terrena.

    Por eso el hombre individuado es un crucificado porque pasa por una labor purificadora y dolorosa conscientemente aceptada a fin de que sus contrarios se unifiquen en ese símbolo mandálico que es la cruz y sea salvado por ese Cristo (Selbst), ese otro yo objetivo que es una serie de hechos cuyo conjunto conforma la cruz que ha de llevar cada uno o el destino que cada uno es. La vida humana simbólicamente ejemplar de Cristo acaba en la cruz, no en una beatitud.

    El hombre, según Jung, está por naturaleza en su propio psiquismo centrado en lo absoluto. De allí que el proceso se exprese en símbolos religiosos que poseen eficacia transformadora.

    La historia del judeo-cristianismo sería psicológicamente un gran Proceso de Individuación siendo Cristo un punto de culminación que se tendrá que explicitar en la encarnación de Dios en el hombre creatural para que se integre en la sombre divina (espíritu sombrío del Selbst) en la trinidad católica y resulte la vandálica y perfecta cuaternidad.

    Este proceso tiene un carácter eminentemente femenino y materno:

    es un continuo retorno en espiral al gran seno materno del inconsciente colectivo arquetípico o fuente de vida.

    El sí mismo materno es manantial energético inagotable y matriz de símbolos unificadores que representan la ley de la naturaleza y del espíritu, única creadora de auténtica cultura humana. Por eso para Jung cada progreso en la individuación conlleva un símbolo

    matricidio. La unión de contrarios se da en la hierogamia (Freud deseo incestuoso), doble autosacrificio (Freud complejo de castración) ehn especial del yo por el que reconoce su deficiencia de hijo frente a la gran madre del si mismo.

    Jung encontró en los gnósticos el principio femenino-espiritual.

    Gnósticos: Dios supremo quien envió el cráter, la mezcladora, vaso de las transformaciones espirituales. Alquimia: vaso donde se cumplían las transformaciones de la materia.

    El logos masculino crea el mundo por el acto de saber que existe, separándola de la inconsciencia maternal. La inconsciencia es para el logos el pecado primordial, el mal. Pero su acto creador es un matricidio.

    Freud “donde era Ello debo llegar a ser Yo” Jung “sé lo que siempre has sido”

    Cuando esa dimensión cósmico-arquetípica de un materno seno vital, vacío, representativamente hablando por su potencialidad, florece en imágenes simbólicas, el yo-conciente se va apoderando de esos contenidos del inconsciente matándolos en cuanto inconscientes, pero los vivifica actualizándolos y haciendo que se realicen en una existencia limitada por el espacio y el tiempo sin la peculiaridad individual. Así el Proceso de Individuación es una cadena de muerte-resurrección: muere la madre para que viva el hijo, pero pervive y se renueva ella en la propia existencia del hijo.

    Se convierte en sujeto individual quien logra asimilar los arquetipos del inconsciente colectivo. ¿Cómo lo colectivo individúa?

    Esta individuación se realiza a partir de la mitad de la vida cuando ya el sujeto se adaptó a las condiciones de la situación externa socio- cultural. Pero esto lo llevó a vivir su personalidad de forma alienada y colectiva, como “perdido” entre las cosas y los otros: ya como persona-máscara, hombre-masa, ya “cosificando” su propia

    intimidad

    individual

    proveniente

    de los arquetipos de forma

    proyectiva.

    Así la vida inconsciente, propiamente humana, no pudo “individuarse” en esos sujetos; sólo quienes se decidieron por la individuación son semillas procreadoras del árbol de la humanidad.

    Por eso

    la individuación es un proceso de desalienación-de-lo-

     

    colectivo e indiferenciado y una realización personal de ese mismo fondo colectivo.

     

    Desde el punto de vista energético–simbólico, supone abrir un cauce al sobrante de energía instintiva que el ser humano posee, que es de carácter colectiva, no bastando para su enorme caudal las “sublimaciones” o “actividades culturales”. De allí que sólo la producción de los símbolos numinosos del SÍ-MISMO permiten a la individualidad en sí emerger del velo de la personalidad colectiva.

    Para Jung serían tres las condiciones fundamentales de todo desarrollo individualizador de la personalidad, propias del adulto:

    Determinación

    Totalidad

    Madurez

    Hay un tercer factor que determine a un sujeto a la decisión moral de emprender su propio camino, a que llegue a “considerarlo como el mejor” para él:

    Ser llamado por una voz. Ese daimon interior que lo aconseja y ordena es el SÍ-MISMO.

    El Selbst está al comienzo del proceso individuatorio como vocación- llamada y al final del mismo como vocación-cumplida que es “plenitud” y “totalidad” y, cerrando definitivamente el círculo mandálico como en el Tao o en los credos religiosos.

    Cada sujeto ha de recorrer su propio y singular camino, con su propio ritmo y tiempo personal.

    Aunque los arquetipos sean “colectivos”, se constelarán de forma distinta en cada sujeto, según la disposición consciente, tipo y otras características.

    Individuación no es lo mismo que individualismo. La individuación significa cumplimiento mejor y más completo de las vocaciones colectivas del hombre.

    En esa singular diferenciación configurada en cada individuo de la especie homo sapiens, con sus últimos estratos propios del grupo étnico o cultural, ocurriría algo análogo a lo que sucede a nivel somático con el rostro: todo individuo tiene nariz, ojos, boca, pero esos factores universales son variables, y esa variabilidad posibilita la individual particularidad de una misma cara, que es una cara humana y a la vez, la cara individual, única y singular de este sujeto.

    Se llega a ser uno-mismo paradójicamente por la total integración de lo colectivo y universal innato, realizado en una versión nueva e inédita en cada individuo de la especie, si bien esto último no es posible sin la aportación colaboradora de la historia personal, urdida en interacciones múltiples con el mundo, la familia, la sociedad y la cultura.

    El sujeto que se encuentra a Sí-Mismo, se encuentra con los otros a nivel del espíritu de la significación simbólica. Para ello, el sujeto debe de emerger de un doble anonimato de alienación colectivo- indiferenciadora, lo que supone un proceso descolectivizador:

    Ha de diferenciar e integrar en su conciencia los contenidos de su universo arquetípico interior

    Ha de separarse de la masificación externa, recogiendo sus proyecciones que constituyen partes de sí-mismo pero sin desarraigarse de su fondo vital ni perder su relación con el mundo y con los demás.

    2. Fases del Proceso de Individuación

    Hay varias interpretaciones de esas fases.

    M.L. von Franz El Proceso de Individuación en el hombre

    • 1. acercamiento al inconsciente

    • 2. percepción de la sombra

    • 3. Integración del anima-animus

    • 4. encuentro con el sí mismo.

    J. Jacobi La psicología de Carl Jung

    • 1. experiencia de la sombra

    • 2. experiencia del animus-anima

    • 3. experiencia del principio espiritual y material

    • 4. arquetipos de la sabiduría y de la Gran Madre, y del sí-mismo con los símbolos de conjunción y del Mandala.

    L. Cencillo El inconsciente

    1. arquetipos

    negativos

    del

    comienzo

    del

    Proceso

    de

    Individuación: sombra, caverna, mar, fuego, viento.

    2. obstáculos: scala coeli, animus-anima, anciano o vaterimago, madre-dragón, madre-fecunda, madre-virgen.

    3. umbral iniciático de la transformación (moradas de Santa Teresa), peligro del proceso: autoconsumición o descuartizamiento, renacimiento, árbol cósmico, tesoro-niño divino.

    4. arquetipos numinosos que indican integración de la psiquis en el Selbst: serpiente (unión), nupcias reales y andrógino (plenitud de la unión) y cuaternio o mandala (equilibrio total).

    Son siete fases.

    Cada hombre-mujer con vocación de individualidad es un héroe- heroína que emprende el largo viaje, el difícil, peligroso, fascinante y aterrador camino de la gran aventura que es la conquista del Sí- mismo, la hazaña casi sobre-humana de lanzarse en solitario a la inseguridad de lo desconocido, sumergirse en su propia tiniebla y enfrentarse con extraños poderes sin más guía que la fuerza de su daimon interior y la pequeña luz de su conciencia.

    A grandes rasgos:

    la voz inquietante – autoritaria que llama al héroe con la consecuente salida de casa y ciudad

    encuentros con figuras siniestras y atrayentes (el enmascarado,

    el negro, la dama, el viejo sabio, el dragón) 1º tiempo de lucha y 2º tiempo de reconciliación

    las

    aventuras

    penosas

    y

    felices

    momentos

    de

    soberbia

    (inflación del yo) hasta reconocer dioses

    su límite y aceptar

    a

    los

    el paso por el dolor, la muerte, para renacer transformado y divino alcanzando la meta

    el tesoro –bella durmiente- fuente de vida

     

    volver transfigurado y transfigurador, como hijo de reyes.

    El proceso simbólico de la individuación se compone de una serie de momentos “circulares” en los que las formas del espíritu arquetípicas van retornando, cada vez a mayor profundidad, los

    distintos componentes de la personalidad hasta lograr un encuentro vivencial del yo con el Selbst que sea unidad-en-la-diferenciación.

    El sentido de la vida como despliegue hacia el afuera que constituyó el primer desarrollo de la personalidad adaptada a su situación (psicología del amanecer o primera parte del recorrido solar) estudiado por Freud, a partir del instinto, ha de ser completado por el sentido de la muerte a la que el hombre ha de prepararse recorriendo el camino inverso de retorno introvertido (psicología del atardecer o recorrido del sol-héroe madurando en su otoño la floración primaveral) que confiere la auténtica significación trascendente y absoluta a la existencia humana incluso más allá de las fronteras espacio-temporales.

    Las fases del camino del héroe

    A) La llamada o vocación

    Todo héroe antes de emprender su aventura siente una llamada que lo inquieta o fascina en forma de voz externa o inspiración interior.

    Este momento tiene tres instancias:

    1- Tiempo de incubación preparatoria

    Disociación- desarmonía

    de

    los

    pares

    de

    opuestos

    de

    la

    personalidad (pensamiento-sentimiento, percepción-intuición, interior-exterior), convirtiendo su normal ambitendencia en una desarmónica unilateralidad.

    Estado de excepción en el sujeto, se manifiesta como que falta algo en el mundo exterior.

    Incapacidad de amar cosas y personas por resistencia al amor si no es que esta misma incapacidad actúa como resistencia.

    Se

    produce

    un

    problema

    que

    cobra proyectivamente diversas

    formas:

     

    - no querer opuesto al querer: parte del alma quiere el objeto exterior, pero desea el retorno al mundo subjetivo produciéndose esa escisión del humano querer.

    - se trata de un conflicto cuyas raíces son inconscientes, aunque el sujeto lo sitúe en el mundo exterior o lo racionalice.

    Energéticamente, la resistencia a investir amorosamente el objeto se puede entender como un obstáculo en el cauce de la libido que le obliga a retornar hacia su fuente, introvirtiéndola regresivamente. Esto se facilita por la inercia de la libido que no quiere abandonar ningún objeto del pasado y desearía conservarlos siempre.

    La madre es a quien se busca, pero ante la barrera del tabú del incesto, la fantasía se vuelve inventiva-creadora, abriendo cauces simbólicos de transformación a la libido y transfiriéndola a formas espirituales.

    Así, la energía psíquica inicia un movimiento progresivo para compensar la inadaptación al mundo exterior. Aquí se vería el aspecto positivo del conflicto, aunque de carácter neurótico.

    El nacimiento del héroe

    Grito angustioso de la madre-inconsciente, que siente el desgarro de la escisión en las entrañas de la personalidad. Es el Selbst quien produce este gran movimiento del inconsciente, inquietando al yo y señalando el comienzo de una disociación entre éste y aquél. Esta animación del inconsciente se expresa en símbolos oníricos o imaginativos en forma de un hormigueo confuso de masas que se mueven y gritan: el Sí-Mismo está tomando la iniciativa ante la impotencia del Yo para resolver el conflicto, forzándolo a que se ponga a la escucha.

    Debajo de la problemática personal de un sujeto en crisis se ocultaría el eterno problema de la humanidad constituido por su desamparo, impotencia y debilidad radicales de cuyo reconocimiento y toma de conciencia se defiende el Yo de los llamados “naturalezas fuertes”. Sólo cuando existe en éste la disposición capaz de confesarse a sí mismo que existen problemas que no se solucionan con medios propios se posibilita una reacción compensatoria del inconsciente colectivo, es decir que se pueden despertar y captar fuerzas útiles que dormitan en la naturaleza profunda del hombre como voz o mensaje de una respuesta eterna.

    Y esto porque su reconocimiento por los que el sujeto asume sus límites (de la razón) tiene la ventaja de la sinceridad, de la verdad, de la realidad, es decir, los caracteres del inconsciente objetivo con el que el Yo queda ahora en sintonía después de vencer las resistencias de su mentira existencial (actitud defensiva).

    2- Conciencia de la llamada

    El sujeto intuye la necesidad de efectuar un gran cambio en su personalidad que conferirá sentido a su vida.

    Vista desde el yo supone un desear que se dirige a algo o alguien como una invocación, plegaria a Dios. (Samuel: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”).

    La energía psíquica se dirige al interior, se desplaza la actividad de la conciencia hacia el centro de esa invocación, o sea, el Selbst.

    Vista desde el Sí-Mismo, a partir de ese “otro yo” se vislumbra un movimiento vital o voz de la naturaleza que desea realizarse en el sujeto viniendo a compensar su deficiencia. Es la ley y la vocación de la especie, pero al ser escuchada y tomada por el sujeto se individualiza como su ley y vocación.

    El yo conciente se equivocaría si pensara que esa voz es de él pues se trata de algo objetivo anímico que se enfrenta al individuo como experiencia interior: “así podrás y tendrás que hacerlo”, tal como una colectividad en peligro fuerza a alguien a que sea su jefe, haciendolo destacarse de la masa grupal y convirtiéndolo en héroe matador del dragón.

    La voz del interior es la voz de una vida completa, de una conciencia más amplia. Por eso el nacimiento del héroe coincide con la salida del sol, porque la formación de la personalidad equivale a una ampliación de la conciencialidad y por eso la hora de ese nacimiento es de iluminación.

    El hombre siente terror, porque grita la propia verdad más íntima y menos aceptada de lo que motivan los sufrimientos del sujeto, de su pueblo y de toda la humanidad a la que pertenece.

    Esa Stimme der Natur representa ese mal –la sombra- en forma individual, lo que nos hace pensar que sólo se trata de las características individuales y lo evoca tan convincentemente que queda subyugado por ella. Así produce esa conmoción necesaria que coloca al sujeto peligrosa y salvadoramente al borde de una apremiante decisión, donde se lo juega todo porque compromete a todo su ser personal. Según Jung, son preguntas que plantean los “espíritus o antepasados” de cosas que no pudieron realizar o “saber” en su tiempo.

    3-La decisión moral o respuesta a la llamada

    Aquí hace falta una buena disposición del yo , una inclinación a escuchar las discretas voces nocturnas, si no pasarán desapercibidas. En esa escucha se reconoce una corriente de libido hacia dentro que comienza a fluir hacia una meta misteriosa.

    La llamada es más brusca como se da en las conversiones. Pueden darse respuestas negativas:

    • - pereza o total pasividad que deja a la libido retornar regresivamente por inercia a las fijaciones infantiles hasta rebelarse contra la superioridad del inconsciente pretendiendo aniquilarlo por identificación y cayendo así en una inflación del yo: entre estos dos extremos hay toda clase de actitudes defensivas que tratan de desvalorizar la voz para no tener que decidirse a aceptarla.

    • - La neurosis es una protección o huida para escapar a la voz interior y a la propia vocación, desplazando el verdadero problema y así quedan … vocación, destino y formación de la personalidad, la realización plena de una vida, innata al

    individuo,

    se

    desamparado.

    desatiende

    a

    mismo,

    es

    un

    hombre

    Desde el punto de vista social y de la persona, el mecanismo de lo convencional mantiene a los hombres en la inconsciencia que les permite seguir como a los animales las rutas conocidas sin obligarles a una decisión conciente.

    Y esto porque la decisión supone la sumisión de la voz del Selbst por parte del yo, sino además si obedece a esa voz será un diferenciado y aislado pues habrá decidido acatar la ley que surge en su interior. Debe obedecer a su ley propia como si fuera un daimon que le sugiere caminos singulares.

    Cuanto más pequeña sea la personalidad, la voz del daimon tanto más indefinida e inconsciente se torna hasta confundirse con la sociedad, perdiendo su propio carácter que se disuelve dentro de la totalidad del grupo. La voz interior es reemplazada por la voz del grupo social y sus convenciones, y la vocación es sustituida por las necesidades colectivas.

    Este “ser diferente”, este solitario, fruto de la decisión positiva, no tiene sentido biológicamente, pues a este nivel es una parte de la masa, sólo el punto de vista cultural le concede al hombre un valor que lo separa de la masa y que en el transcurso de milenios ha terminado en la formación de la personalidad, al tiempo que paralelamente se desarrollaba el culto al héroe. A pesar de que el héroe es auténtico creador de cultura como viviente mensajero del inconsciente arquetípico, la sociedad se muestra ambigua con él: lo admira y lo persigue por salirse de los caminos y valores tradicionales.

    Jung dice que el solitario es el que más siente la comunidad y ella sólo florece allí donde cada individuo rememora su propia singularidad y no se identifica con los demás.

    Seguir esta voz interior es lanzarse por el sendero estrecho que conduce a lo ignoto, a lo enigmático. Pero la posesión de secretos separa al héroe de la comunidad de los hombres.

    B) La desalienización parental

    La salida de casa del héroe lleva consigo la muerte del dragón, de los animales feroces que impiden su salida.

    Jung ve en los animales expresiones de la libido a nivel distintivo, es decir, fijada todavía a nivel de los objetos infantiles: los padres.

    Como la conciencia infantil es un vacío, debe creer que todas las acciones determinantes vienen del exterior. Los niños son incapaces de distinguir sus instintos de la influencia y voluntad de los padres. Esta incapacidad de poder distinguir es la causa de que los animales que representan los instintos sean, al mismo tiempo, atributos de los padres, los cuales aparecen bajo la forma de animales. Los padres pueden aparecer en sueños como aterrorizadores o protectores.

    Casa = madre = inconsciente Héroe = Yo (visto desde la conciencia) Héroe = Sí-Mismo (visto desde el inconsciente)

    Lucha del héroe-conciencia contra el dragón-inconsciencia (vencerlo significa hacerlo conciente).

    Para

    individuarse

    hay

    que

    volver

    al

    “país

    de

    la

    infancia”

    y

    afrontarlo.

     

    La bestia terrorífica y fascinante a la vez es la tendencia a la fusión hijo-madre de carácter incestuoso.

    Esta es la primera dificultad en el camino de la asimilación del inconsciente: el sujeto-héroe busca a la madre “perdida” de su infancia y al querer renacer como hombre pleno, como individualidad, debe pasar por el retorno regresivo a las fuentes de vida inconscientes, que es siempre la figura de la madre, y tropieza con sus propias fijaciones eróticas incestuosas.

    Los héroes son con frecuencia viajeros: el viaje es la imagen de nostalgia del inextinguible anhelo de la búsqueda de la madre perdida. Al reestablecerse regresivamente las relaciones infantiles con los padres, en especial con la madre, esto constituye en el adulto un anacronismo imposible de realizarse porque se trata de la libido de un adulto vinculada a la sexualidad e introduce un carácter sexual incompatible (incesto).

    Es preciso superar las “fijaciones parentales” para que madure la propia personalidad. No se trata de acudir a la sublimación, sino de llevar esa energía sobrante hacia lo espiritual. Al chocar la libido contra el tabú del incesto, se deriva y transforma hacia símbolos maternos que alejan al sujeto del peligro.

    El proceso de formación del símbolo pone en lugar de la madre a: la ciudad, la fuente, la gruta, la iglesia (proyecciones), haciéndose progresiva y adaptadora la libido. Por ejemplo: en el niño, la ciudad es una captura, una prisión (madre); en el adulto, la ciudad …sus virtudes de ciudadano, existencia útil. El padre encarna la ley, de ahí la figura del dragón como padre, que impide la regresión al inconsciente. La madre es la devoradora que intenta retener al hijo en la inconsciencia.

    No hay que destruir las imágenes parentales, sino reordenarlas y espiritualizarlas por las simbolizaciones.

    Es a esa madre devoradora

    o dragón

    a

    quien el

    héroe

    tiene que

    matar simbólicamente para

    poder

    seguir

    el

    camino

    de

    su

    individuación.

    Cada etapa del proceso es un matricidio repitiéndose a distintos niveles.

    Desde otro punto de vista es el primer sacrificio del héroe-hijo que renuncia a la madre, es decir que renuncia a su instintividad a favor del despliegue del espíritu.

    A causa de la participación mística o restos de identidad con la madre, hay intercambio de figuras y personajes fantasmales, y como además la madre y la instintividad se personifican simbólicamente en el animal, resulta que el sacrificio del héroe es también de la madre.

    El héroe-hijo debe pasar necesariamente por la madre-esfinge del inconsciente que le plantea el gran enigma de su destino humano, en su parte “animal” inferior y en su parte “espiritual” o humana superior. Este enigmático secreto de todo hombre no se resuelve unilateralmente desde la razón como pretendió Edipo (cayendo en las garras de la madre-terrible) sino con la totalidad de sus funciones y de su personalidad.

    Salir de la casa parental, de la casa-madre, es romper el embrujo de la atmósfera familiar donde no se es uno mismo, sino que se está todavía prendido en el deseo y el discurso alienante de los padres “naturales”, perdido en un inconsciente indiferenciado e irresponsable: es preciso matar a esos imaginarios padres bestiales que devoran la individualidad y que no están fuera sino dentro del sujeto, lo que equivale a decir que éste tiene que morir a su existencia infantil para, en un primer “renacimiento”, acceder a su propio Sí-Mismo. Pero las figuras parentales constituyen eternas dimensiones de la existencia humana, que sin ellas quedaría desarraigada; por eso el héroe tiene dos padres, sobre todo dos madres: la vulgar y la reina-diosa. La primera desaparece en el mito porque ha “muerto”, se ha transformado: en esto consiste la victoria sobre la madre y la desvinculación instintiva del hijo.

    La esencia del mito del héroe estaría en la lucha con el dragón:

    La lucha de la luz con las tinieblas. La lucha del Yo con el inconsciente. La lucha del hijo naciendo y re-naciendo de la madre.

    Esta lucha con el dragón está al comienzo y al fin del Proceso de Individuación.

    El héroe debe vencer al monstruo de lo instintivo-infantil, representado en la sexualidad incestuosa, y seguir viviendo-en-la- madre y de la madre espíritu. Retornar a la madre para renacer de ella.

    Para Jung, el propio incesto es un símbolo arquetípico que significa lo que le cuesta al hombre aceptar la responsabilidad de una concientización de Sí-Mismo rompiendo los lazos de la instintividad simbolizada por la identidad inconsciente con la madre, por la seguridad de la infancia y de la primera juventud, de … la actividad instintiva inconsciente que permite al niño vivir como suspendido de sus padres, sin responsabilidad.

    La individuación separa al hombre de ese refugio.

    C) La desalienación social o desenmascaramiento

    El héroe debe salir de su casa, de su ciudad, de su tierra.

    La primera

    lucha

    será

    contra

    un

    enmascarado

    para

    luego

    reconocerlo como un amigo, hermano gemelo, un aspecto de Sí-

    Mismo.

    Ahora

    hay que

    desalinearse de lo social,

    representado por la

    persona con la que se ha ido identificando el Yo: hay que desenmascararse ante Sí-Mismo para comenzar a vivir el ser y no el

    simple aparecer, el aparentar, el impersonal hombre-masa.

     

    El Yo se identifica fácilmente con su cargo perdiéndose el sujeto en

    lo colectivo.

    Al

    mismo

    tiempo

    hay

    una

    inflación del yo,

    apropiándose de algo que no es suyo, ha sido concedido por la

    comunidad.

    La persona es una máscara de la psique colectiva que aparenta la individualidad que hace creer en una individualidad a los demás y a

    uno mismo cuando sólo se habla de un rol desempeñado en el que habla la psique colectiva.

    Para sortear a la persona hay que retornar al alma como personalidad contrapuesta a la puramente “exterior”. Hay que recoger las proyecciones de las “imágenes del alma”, el anima- animus, pues en los casos de identificación con la persona, la imagen del alma se transfiere a una persona real que ejerce una misteriosa influencia positiva o negativa.

    El hombre muestra entonces aquello que estaba oculto bajo la máscara de la acomodación personal: la sombra.

    En los sueños, la persona se representa con la exageración de los propios rasgos llevados al ridículo, o es mostrada a través de una figura contrapuesta.

    D) La integración de la sombra

    Si el héroe es blanco, encuentra al negro que intenta cerrarle el paso.

    1º lucha

    2º reconocimiento, pese a ser negro es su hermano, parte de Sí- Mismo.

    Integrar la sombra implica enfrentar el inconsciente personal con

     

    en todo destino

    todo el problema del mal, inseparable del bien humano representado por el Selbst.

    Es un arquetipo o aspecto del propio arquetipo central del Selbst del que participan todos.

    La vocación asume un destino trágico como si el mismo Selbst-

    divinidad empujase al hombre hacia el mal para

    salvador:

    quien cae bajo puede subir más alto.

    ser

    luego su

    Como si un daimon dirigiese voluntariamente ese destino humano, una voluntad que no coincide con la mía.

    Encontrarse

    con

    la

    sombra

    e

    integrarla

    supone

    recoger

    las

    proyecciones del mal no admitido sobre los otros,

    o

    un

    chivo

    expiatorio.

    (la dinámica de la psique tiende a circular proyectando sus propios defectos psicológicos sobre otras personas, es un mecanismo inconsciente que permite que el yo tome consciencia de sus propios defectos)

    Debe confrontar con la SOMBRA.

    Sin pecado original no habría podido representarse el acto de redención del mundo.

    La culpa del Yo, unilateral, que comete el pecado de separar y diferenciar, por su acto conciente, la luz de la razón y de las tinieblas de la inconsciencia, sin querer saber nada de ellas, fuerza al Sí- Mismo, como compensación, a convertirlo en su salvador y redentor, logrando que el yo-en-camino-de-individuación acepte su parte sombría como parte de su totalidad.

    La sombra como personalidad inferior puede personificar el inconsciente como figura del propio sexo. A veces aparece como

    demonio o Lucifer, inconsciente.

    en

    función

    de

    guardián

    de

    la

    puerta

    del

    El encuentro con la SOMBRA que es un primer encuentro a profundidad consigo mismo conduce al sujeto al reconocimiento del inconsciente colectivo como “objetivo”, produciendo la disposición conciente adecuada para que el inconsciente colectivo pueda manifestarse en forma compensadora, ayudándole como su “salvador”.

    Los contenidos del inconsciente personal (de la sombra) están ligados a los contenidos arquetípicos del inconsciente colectivo de manera que al adquirirse conciencia de la sombra, aquellos arrastran hacia arriba consigo a éstos.

    Todo esto produce nuevos conflictos a pesar de la unificación ya lograda.

    Entre los efectos regresivos, puede volver a instalarse la persona de forma más sutil.

    La “realización de la sombra” supone una nueva decisión, como al comienzo del proceso como siempre que el Yo se confronta con un arquetipo: significa un problema ético de primer orden. En este caso, el Yo ha de reconocer y aceptar como “suya” la parte inferior de la personalidad. Hay que tener valor para esto. Mientras nos mirábamos en el espejo de los otros y en el de nuestro propio rol social, contemplábamos nuestra imagen narcisista pero “quien se interna en Sí-Mismo se arriesga a encontrarse a Sí-Mismo”.

    La sombra es el polo opuesto al bien: privatio boni, despeja a lo malo de la existencia. El diablo es el anticristo que supone la sombra.

    La vocación o voz del Selbst como destino, es también la voz de la conciencia moral: Vox Dei.

    La sombra en cuanto personalidad negativa del yo, se interpone entre la conciencia de éste y el anima, ésta también es inconsciente y “sombría”, de manera que están contaminados, lo que puede representarse en símbolos oníricos o como un matrimonio, y sólo mediante el reconocimiento de una de ellas se produce una separación de las dos figuras: la sombra se ve como correspondiendo al Yo, mientras el ánima no. Pero también, entendida como aspecto del Selbst, puesto que “el hombre como totalidad proyecta una sombra”.

    Los gnósticos decían que en las tinieblas había luz; así, la sombra aunque parezca negativa, encierra algo de positivo: una vez concientizada, da luz a otros símbolos arquetípicos comenzando por el anima-animus.

    E) Integración del anima-animus.

    El héroe se encuentra con su dama y la heroína con varios caballeros que en un primer momento trata(n) de desviarlo(s) de su camino, entorpeciéndolo(a) con sus encantos, amedrentándolo(a), y luego pasará a ser compañero(a) de viaje y le dará ayuda.

    El anima representa “lo femenino en el hombre” y todo el ámbito del inconsciente colectivo en cuanto figura del alma o psique, personalidad contrapuesta a la persona y por lo tanto, la verdadera y auténtica personalidad interior del sujeto. Este una vez desenmascarado ante los otros y ante Sí-Mismo, por la desidentificación de la persona y por la asimilación de la sombra, puede lograr un inmediato encuentro con su anima, en la total desnudez de saberse “tal como es” y puede recoger las distintas proyecciones “anímicas”, generalmente en mujeres que ha encontrado en su camino, comenzando por su madre. Deshará las posibles identificaciones con el anima de su yo, “desposesionando” a éste y diferenciando a ambos: así, el anima se convertirá en lo que es, una función “creadoramente vital”.

    Las figuras de rey-reina en una serie de fases simbolizan la coniunctio claramente espiritual sobre lo erótico-sexual aparente

    Relación personal sin complicaciones

    • a- Relación del Hombre con su Anima y de la mujer con su Animus

    b- Relación mutua Anima-Animus

    c-

    Relación del Animus cuando la mujer es idéntica al Animus, y del Anima cuando el hombre está identificado con su Anima.

    Las famosas leyes de parentesco de Lèvi-Strauss precederían según Jung de este dúo y cuaterno fundamental que expresan el contraste entre el Yo (masculino) y la otra (femenino), como conciente versus inconsciente personificado como anima.

    La primera escisión de la psique en conciente e inconsciente parece ser el motivo de la división de la tribu y de las poblaciones. La escisión social es tan solo originariamente una división en dos de naturaleza matrilinear, mas representa una división en cuatro de la tribu, debido a que la línea de separación matrilinear es atravesada por otra patrilinear.

    El tabú del incesto sigue estando aquí como condición: para evitar el incesto, se casa el chico con la hija del hermano de su madre y da a su hermana por mujer del hermano de su esposa, matrimonio por intercambio de hermana, matrimonio entre primos cruzados.

    Y esta sería la relación según Jung de la alquimia según el esquema: Gracias al deseo

    Y esta sería la relación según Jung de la alquimia según el esquema:

    Y esta sería la relación según Jung de la alquimia según el esquema: Gracias al deseo

    Gracias al deseo incestuoso y a la ley que lo prohíbe, de lo biológico se pasa a lo espiritual de acuerdo con la función del símbolo.

    Hay que superar la bisexualidad primitiva y las fijaciones edípicas.

    El anima tiene aspectos que pertenecen a la esfera personal del sujeto y otros a su esfera arquetípica, unos objetivo-externos que facilitan o impiden una buena relación con el otro sexo, otros más subjetivo-internos en cuanto a imagen del alma.

    Ahora

    bien

    ,

    el

    Proceso

    de

    Individuación

    tiene

    dos

    aspectos

    principales:

     
    • - es un fenómeno interno, subjetivo de integración

    • - es un fenómeno esencial de relación objetiva

    El uno no existe sin el otro.

    En los símbolos de unión, el anima representa el AMOR, esa capacidad de amar que le faltaba al hombre unilateralmente extravertido y que provocó la crisis y llamada del inconsciente.

    El amor que en su plenitud es rey y reina, masculino y femenino a la vez y que se simboliza por el hermafrodita primigenio o Mercurio alado: cuerpo y espíritu, lo inferior y superior.

    La reina es el cuerpo, el rey es el espíritu.

    Ambos están sin alma pues ésta es el vínculo que los mantiene unidos. Hasta tanto no existe el lazo del amor les falta el alma.

    De ahí que “el anima como vinculum entre corpus y spiritus” sería hermafrodita, o sea, una coniunctio solis et lunae de lo de arriba, simbolizado por la paloma, y de lo de abajo, por el agua.

    El anima, como encarnación del eros, representaría el elemento erótico.

    Integrar el anima para un hombre puede ser reconocer y diferenciar su función de sentimiento despreciada como algo propio de mujeres y reconquistar así su capacidad de amar las cosas, encontrando una parte muy importante de su ser individual: su alma.

    El inconsciente del varón es femenino y queda personificado por el anima. Ésta representa siempre la llamada función inferior, y por eso tiene un carácter moral dudoso, pudiendo incluso representar el mal.

    Ahora bien, la cuarta función contaminada por el inconsciente, una vez hecha conciente, arrastra consigo la totalidad del inconsciente. Se llega así a una discusión con el inconsciente y a intentos de lograr una síntesis de los opuestos.

    Con la integración del anima el sujeto se enriquece y transforma su personalidad, pues mientras aquella es inconsciente y está proyectada, está el Yo poseído por ella, perturbándolo interior y exteriormente: afemina al hombre malhumorado.

    Pero cuando se produce la diferenciación entre el Yo y lo conciente, la relación entre lo conciente y lo inconsciente, imagen arquetípica

    que funciona en provecho del individuo, fundamento de figuras divinas y semidivinas, desde la diosa antigua hasta María, desde la mensajera del Graal hasta el Santo. Antes, por el contrario, era una figura cambiante que tiende el velo de Maya (para los hindúes, multiplicidad, diversificación) y determina con su danza el ofuscamiento de todo ser.

    Mientras el animus de la mujer “busca distinguir y conocer”, el anima del hombre “busca la unificación y la conjunción” y es, finalmente, la sofía o sabiduría que lo conduce a lo largo del camino de la individuación como en el opus alquímico.

    Así, el héroe en un primer momento cae bajo el dominio de la dama y de su fascinante atracción proyectada, necesita para seguir su camino liberarse de sus lazos, por eso es imprescindible distinguirse de lo que aparenta ser ante sí y ante los demás y darse cuenta de su sistema de relaciones con el inconsciente, o sea el anima para poder diferenciarse de ella.

    El sujeto debe cobrar conciencia de sus proyecciones anímicas, comenzando por la madre. Por eso ya en los primitivos hay ritos que organizan esa separación. No basta el mero hecho de pasar a la adultez, no basta la separación material, se hacen consagraciones viriles con incisiones, ceremonias de renacimiento.

    La doblez del anima, altavoz del inconsciente, puede aniquilar a un hombre completamente.

    Pero cuando se entabla con ella un diálogo crítico (segundo tiempo) aparece su aspecto positivo; el anima es la que facilita a la conciencia las imágenes del inconsciente.

    Esto supone una humillación y “sacrificio” del yo-razón que es una sumisión al anima, al reconocerla superior como sapientia y dejarse enseñar de ella: auto-sacrificio del “hijo-héroe” por su madre-diosa, del yo por el inconsciente pero también matricidio o sacrificio de la madre-esfinge, “vencida” por quien ha sabido liberarse de su devoradora posesión y ha resuelto su engañoso enigma, robándole a ella el secreto al caer el hombre en la cuenta de que es el propio secreto de Sí-Mismo.

    La “personificación” inquietante del anima en estado proyectivo ha sido aniquilada transformándose en una amable voz o función mensajera del Selbst al servicio del yo: madre, hermana, amiga, esposa, amante a nivel del espíritu, donde la connotación incestuosa ha quedado convertida en puro símbolo de misión del más peligroso y sutil dúo de opuestos de la personalidad.

    Con la superación de esta fase, el sujeto quedaría capacitado para entablar relaciones con el otro de diferente sexo a nivel personal profundo. Ahora el hombre y la mujer saben por experiencia vivencial que el misterioso atractivo erótico-sexual provenía de la propia personalidad arquetípica: su deseo del otro pierde la urgencia de buscar en él algo inefable que venga a llenar el hueco carencial (¿) de su ser. Así el sujeto se prepara a la verdadera paternidad-maternidad espiritual, a la creatividad cultural y al soportar la soledad.

    Hacerse con su anima o con su animus significa ser más objetivo en las relaciones con el mundo, con los otros y consigo mismo. Se llega a ser más comprensivo.

    F) Posible inflación y acceso al sentido sapiencial del espíritu

    El

    héroe

    pasa

    por

    un momento de crisis: se cree demasiado

    importante, distinto de los demás. Desprecia a los pequeños que pueden ayudarlo.

    Recibe su lección, puesto que será derrotado, herido, descuartizado o muerto (simbólicamente). Le devolverán la vida un anciano sabio, un dios, un pájaro, un enano o un niño, y regresará transformado, renacido.

    En este sexto momento del Proceso de Individuación se dan varios fenómenos: inflación del yo, la personalidad-mana, la regresión al inconsciente (seno materno), la asimilación por el hombre del arquetipo del espíritu o antigua sabiduría, representada por el viejo sabio y por la gran madre en la mujer.

    Esta fase recapitula las anteriores como prototipo del Proceso de Individuación.

    • 1. El Yo debe morir, renunciando a sus deseos narcisistas. Su deseo absoluto de placer y dominio ha de ser limitado por la ley.

    • 2. El Yo debe renacer pasando por la inevitable prueba del a renuncia, mediante la transformación de su anterior deseo-sin- ley a un deseo-según-la-ley. La libertad individual se ejerce en el respeto mutuo de las libertades de los demás. Esto supone la aceptación conciente de las propias limitaciones y la subordinación del yo a un absoluto que está sobre él.

    Freud lo llamó Super-Yo y Jung en un sentido distinto de Sí- Mismo. Para Freud, la ley está fuera, en lo socio-cultural, y debe ser internalizada.

    Para Jung, la ley está dentro y ha de ser asumida por una decisión moral y gracias a la función trascendente del símbolo unificador de contrastes, procedente del Selbst, transformándose la ley-de-la-naturaleza en ley-propia.

    Para Freud, la ley está en el padre.

    Para Jung, la ley está en la madre. En la madre estaría también el padre como arquetipo del espíritu (al menos para el hijo varón), viejo sabio o antigua sabiduría que representa un hermafrodita como unión de contrarios espíritu-materia como quieren los gnósticos.

    Es preciso que intervenga simbólicamente la muerte para que el sujeto salga de su biologismo fantasmal y acceda al mundo humano que es un universo simbólico: el parricidio en Freud es matricidio en Jung, y ambos admiten la “muerte del hijo”.

    El sujeto ha de reconocer su deficiencia para poder ingresar en el mundo de los hombres: Freud verá su significante por excelencia en el sacrificium phalii o “complejo de castración”, Jung en el sacrificium intellectus o “sumisión” del Yo al Sí-Mismo.

    El hijo ha de separarse definitivamente de la madre, rompiendo todo lazo erótico-sexual de carácter incestuoso y toda dependencia, aunque guardando su corriente primitiva de ternura filial: en Jung se lleva a cabo inmanentemente por la intervención de la ley-del- espíritu que limita el impulso instintivo, en cuanto que el arquetipo es la forma del instinto, y el “tabú del incesto” es su propio producto y expresión para facilitar que la libido invierta su sentido y se incline a la acción transformadora del símbolo (en Freud, esto es la sublimación).

    Hay tres tiempos en la personalidad que está asimilando contenidos inconscientes:

    • 1. Se amplía la conciencia

    • 2. Se destruye el dominante influjo de lo inconsciente.

    • 3. Se verifica la transformación de la personalidad.

    Al asimilar el anima tuvo que ampliarse la conciencia, al apoderarse el Yo no sólo de la energía de que aquella era portadora, sino también del flujo de luminosidad procedente de otros arquetipos que invaden ahora la conciencia, al posibilitarle la entrada a la propia anima en su función de mensajera. Por eso el Yo cae en inflación identificándose con esos contenidos arquetípicos y creyendo tener poder, convirtiéndose en “personalidad-maná”. Esta es una regresión, regresando a la ersona apareciendo ante Sí-Mismo como el gran hombre o la mujer ideal: al ser poseído por un arquetipo, el hombre se convierte en una figura colectiva, una máscara detrás de la cual se atrofia lo humano.

    Se trata de una nueva salida de casa que efectúa el héroe, definitiva separación de sus padres: el hombre de su padre, la mujer de su madre. A partir de este momento, se siente la propia individualidad, se renace a una especie de infancia espiritual simbolizada por la imposición de un hombre propio en ritos de iniciación.

    Este renacer alude a un nuevo retorno al seno materno del inconsciente el cual es al mismo tiempo tumba (héroe en el vientre de la ballena, cueva, crucifixión), arquetipo del espíritu (sabio viejo) y arquetipo del sentido de la vida.

    Se trata del pensamiento como función superior que ahora se ejerce en colaboración con las otras funciones (tres) y no es un puro razonar unilateral sino una sabiduría que sin perder contacto con las cosas, fluye de los lugares más profundos del Selbst.

    El sabio viejo, como la sombra y el anima, tiende a aparecer personificado, pero para evidenciar su ser paradójico, aparece con atributos contrapuestos como anciano y niño a la vez.

    Los grandes creadores de cultura o sabios fueron los que tomaron contacto con las profundidades del inconsciente, teniendo que pagar el precio de la crucifixión antes de renacer renovados, entrgando al mundo un pedazo del “corazón de la madre” o robando un poco de fuego al sol para dárselo a los hombres. Estos elaboran racionalmente los tesoros recibidos en forma de civilización.

    Quien integre el arquetipo del espíritu diferenciándolo de su Yo,

    reconociendo su función … etapa.

    ..

    sus consejos de viejo sabio, superó esa

    G) La integración plena de la personalidad

    El héroe llega a la meta de su camino y encuentra el tesoro: es algo de mucho valor, una gema, una fuente con aguas de inmortalidad, un bello palacio de oro y una bella durmiente esperando ser desencantada con un beso o toque mágico, celebrándose las bodas reales y sagradas.

    Este séptimo paso es la meta del Proceso de Individuación.

    Es el encuentro vivencial del Yo-Selbst o la experiencia de Sí-Mismo, de la totalidad, plenitud del ser individual o personalidad.

    Las tres últimas fases han sido encuentros sucesivos con esa cámara central del castillo que, Santa Teresa diría, espera el esposo divino para los eternos desposorios.

    El simbolismo y la dinámica del Selbst se realizan en esta última fase del Proceso de Individuación dando al sujeto su auténtica individualidad. Las formas concretas que tomen los símbolos en cada uno dependerán de múltiples factores y se podrían dividir en varias categorías expresivas y funcionales:

    1) Concientización: el hombre individuado es aquel cuyo Yo llegó a tomar conciencia de Sí-Mismo. Tiene un “autoconocimiento” mucho más profundo: se encuentra iluminado por una luz del cielo, la del Sí-Mismo. Esa luz la actualiza la propia conciencia del Yo, la cual queda así amplificada: es entre esos dos polos Yo- Selbst como brota el verdadero conocimiento. Quien posee esta intuición vivencial de Sí-Mismo es un sabio, un filósofo, pues el Selbst es sophia, distinto del saber racional.

    2) Recentramiento: la personalidad ha encontrado en el Sí-Mismo su nuevo y verdadero centro. Se desvió de él en el transcurso del primer desarrollo adaptativo a la situación ambiental, de manera que el Yo conciente vino a usurpar su puesto. En el fin del proceso, el hombre se resitúa en el Sí-Mismo, reconoce a este como el auténtico sujeto personal respecto al cual el Yo viene a ser “objeto” o parte del Selbst.

    3) Autorrealización: encontrarse el sujeto con su Sí-Mismo significa autorrealizarse en una misma individualidad. Es un fenómeno de crecimiento, aspecto del Selbst representado simbólicamente por el árbol porque cada vida es la realización de un todo. Este proceso es un renacimiento “encarnación” y despliegue del Sí-

    Mismo. De allí el simbolísmo urobórico, la serpiente enroscada sobre el huevo, el niño divino, la realización de la obra alquímica en cuanto realización de algo que estaba en el principio como germen o materia prima para encontrarse de nuevo al final en plenitud de desarrollo.

    Cristo como Dios-Hombre representaría al Selbst-Yo.

    4) Autotransformación: El sujeto se siente otro, como si hubiera muerto varias veces y hubiera renacido a un mundo nuevo, con un sentido diferente hacia Sí-Mismo, hacia los demás y hacia el mundo en general: elevado sobre sus pulsiones instintivas, enriquecido, espiritualizado, humanizado.

    Este proceso se realiza gracias a la eficacia transformadora del símbolo y el partir de un concepto de libido “neutra”.

    Los símbolos abundan.

    En la alquimia, el proceso se lleva a cabo por una serie de transformaciones hasta llegar a la piedra capaz de “transmutar” los metales en oro.

    En los gnósticos y místicos aparecen fases de purificación y transformación que dan origen a algo divino como la transubstanciación en la misa cristiana.

    En los mitos, el héroe es primero un niño pobre y abandonado, un pastor para transformarse en hijo-del-rey o semidiós.

    Aparecen tortura, abrasamiento, crucifixión, que indican lo difícil de la transformación.

    5) Autoliberación: quien se ha individuado se siente liberado, desalienado, curado, redimido…salvado. Es una autoliberación del Yo efectuada por el Selbst y, en cuanto tal, inclusión del ser total. La liberación se sitúa a nivel de una antinomia que el Yo no

    puede resolver, el Sí-Mismo vuelve en su ayuda mediante la función trascendente de uno de sus símbolos, el del niño divino. Luego aparecen los símbolos de la curación como redención- salvación del Yo. Se expresa simbólicamente como panacea, elixir vital, aqua permanens.

    6) Autounificación de contrarios en totalidad y plenitud.

    El sujeto individuado retorna a la unidad primera de su ser pero diferenciada e integrada armónicamente.

    Esa individualidad conseguida expresa lo más suyo y peculiar y lo une en la raíz misma de lo humano a todos los demás hombres, a la vida y al cosmos.

    Hay muchos símbolos que expresan esta unidad y plenitud. Los más importantes son la hierogamia y su fruto, el andrógino, y el mandala (más abstracto, más estático).

    1. Hierogamia y andrógino: símbolos de individuación.

    Hierogamia o nupcias sagradas, bodas místicas, bodas regias, matrimonio espiritual padre-hija, madre-hijo, hermano-hermana, cielo-tierra, sol-luna. Lleva una doble connotación.

    El amor es el creador de la unión fecunda. No se trata de un amor vulgar porque quebranta el tabú del incesto y es a la vez sagrado.

    Se trata de una victoria del espíritu sobre el instinto: la copulación y cohabitación incestuosa se da en una expresión simbólica de la autounificación personal de lo que primordialmente fue diferenciado y contrapuesto por la unilateralidad conciente del Yo y ahora reintegrado en la unidad-de-lo-diferenciado:

    Cristo Sol Iglesia Luna

    Es en el alma del hombre donde se lleva a cabo el misterioso casamiento de lo masculino y lo femenino, lo superior y lo inferior, lo conciente y lo inconsciente, la parte instintiva y la espiritual de la personalidad, convirtiendo al sujeto en huerogamia de paradojas de cuyo texto brota el auténtico sentido de la existencia humana individualizada.

    2. Simbolismo del Mandala

    Este símbolo más abstracto pertenece a un estrato más profundo del Sí-Mismo, de carácter cósmico espiritual donde una cierta estaticidad, reposo y silencio nos trascienden al ámbito de la serena contemplación religiosa.

    Es el símbolo que aparece más en las religiones orientales, lo usan como instrumento de contemplación y culto.

    Círculo sagrado o mágico en cuyo centro aparece algo de supremo valor: un dios, una pareja de dioses…un símbolo de la divinidad.

    La cuaternidad se combina con el círculo y su centro, indicando y resolviendo a la vez la antinomia de la quadratura circuli que tanto preocupa a los antiguos o el axioma de María la profetisa en el que entran los cuatro primeros números.

    El Mandala es lo más universal y lo más individual.

    En cuanto universal, expresa lo arquetípico del Selbst; en cuanto individual, el “encuentro” con el Yo o la realización del Selbst. Los mandalas son distintos, individualmente diferentes.

    Expresa la unión armónica de los opuestos de la personalidad, sitúa al hombre como microcosmos-en-el-macrocosmos o como ser-del- universo-cosmo-bio-espiritual, formando ese buscado unus mundus sin barreras entre materia y espíritu.