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azagón en persona
José Antonio Mayo Abargues

uis Rodríguez Ramos, vecino de Mazagón
desde hace 31 años, nació en 1942 en la isla
de Bacuta (Huelva), donde se crió rodeado
de carpinteros de ribera en los primeros astilleros
contemporáneos de Huelva, construidos a principio del siglo XX, en los que adquirió algunos conocimientos de la construcción artesanal de embarcaciones de madera. Luis, el menor de cinco
hermanos, pronto aprendió de su padre el oficio
de calafatero —hoy prácticamente desaparecido—,que consiste en introducir con unos punzones o cuñas de hierro y una maza, estopa de cáñamo impregnada en brea entre las juntas de la
madera de las viejas embarcaciones para evitar la
entrada de agua. En la isla había tres carros varaderos para sacar los barcos a tierra y realizar estas
reparaciones. Su padre también era patrón de los
barcos que transportaban la sal a Huelva de las
salinas artesanales de Bacuta, explotadas por los
hermanos de la Corte, tres barcos de diez, veinte
y veinticinco toneladas, que después de la cosecha

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salinera operaban de Bacuta a Huelva, donde era
cargada en ferrocarril y barcos mercantes.

Todas las familias que vivían en la isla de
Bacuta tenían su bote para trasladarse a Huelva y
realizar las compras y otros menesteres. La familia de Luis tenía una pequeña patera de muy poca
capacidad, hasta que, en el año 1951, compraron
por 2.000 pesetas un bote de 4 metros de eslora
por 1,50 de manga, a Joaquín el de la Barca, un
pescador lepero que se había instalado en las playas de Mazagón, construyendo varios poblados y
dándole vida a esta localidad. Joaquín iba a la isla
con sus jábegas y dos botes gemelos a comprar la
sal para el pescado. María, la madre de Luis, llevaba mucho tiempo empeñada en comprarle uno de
aquellos botes, hasta que un día Joaquín accedió y
prescindieron de la pequeña patera. Aquel bote se
convirtió en un medio de transporte imprescindible para la familia Rodríguez Ramos. Cuando cruzaban a Huelva atracaban el bote junto al muelle
del Tinto, donde ahora atraca la patrullera de la

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Guardia Civil, pero, algunas veces se encontraban
con la sorpresa de que el bote había desaparecido
misteriosamente. «Entonces venían a Huelva muchos barcos mercantes ingleses y alemanes que
fondeaban en la zona de Bacuta durante tres o
cuatro días, esperando muelle para atracar, ya que
antes los medios de carga y descarga eran muy
rudimentarios. Para trasladar a los marineros del
fondeadero a Huelva o viceversa, había un botero
que atracaba en el muelle del Tinto, donde nosotros dejábamos el bote, pero a ciertas horas de la
noche el servicio del botero dejaba de funcionar y
los marineros que llegaban tarde nos quitaban el
bote y lo dejaban amarrado al mercante. Aquí fue
donde empezó mi afición por la natación, pues a
veces cuando regresaba del cine y me encontraba
que se habían llevado el bote, me quitaba la ropa,
me la amarraba con la correa a la cabeza y pasaba
a nado hasta la isla. Tenía que ir nadando a braza
para no darle mucho movimiento al cuerpo y no
se me cayera la ropa. Esto era algo que ocurría con
mucha frecuencia, tanto en verano como en invierno. Yo tenía 14 años cuando aquello», comenta Luis.

Con 15 años comenzó a participar, por las
Fiestas Colombinas, en la competición de la travesía de la ría de Huelva. Cuando las condiciones de la
mar eran favorables, la travesía se realizaba desde
el monumento a Colón, de la Punta del Sebo hasta
el muelle de las canoas de Huelva a Punta Umbría;
sin embargo, cuando eran adversas, la travesía era
más corta, saliendo del muelle del Tinto hasta la
meta, en el muelle de las canoas. Los trofeos se los
repartían todos los años entre Luis y Eloy Martín,
nieto del empresario onubense Arturo Damas.

Pero, además, Luis sentía pasión por todos
los deportes náuticos, en especial por la vela y el
remo. La primera vez que participó en una regata
de remo fue en 1956, tenía 14 años. El equipo lo
formaban cuatro remeros y un timonel, casi todos
trabajadores de las salinas. La embarcación con la
que participaban era un bote que se dedicaba a
la pesca y el transporte, dotado de una vela latina
que se la quitaban para esta competición. El trayecto de la regata era desde el muelle de las canoas
hasta Bacuta, en la que había instalada una boya
de reviro para volver al punto de partida, donde
se encontraba el jurado. Durante 8 años, Luis y su
equipo fueron campeones de las regatas de remo
que se celebraban con motivo de las Fiestas Colombinas.

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En marzo de 1962 es llamado a filas por
la Armada, siendo destinado al cuartel de San Fernando (Cádiz). Pronto asciende a cabo instructor
y luego pasa a ser el patrón de la lancha del comandante. El cabo Ramos, como le llamaban en el
cuartel, aprovechó los dos años de mili para practicar los deportes de vela y natación, siendo este último en el que más destacó. Participó en diversos
campeonatos en Madrid, Pontevedra y Barcelona,
clasificándose para el Campeonato de España de
los tres ejércitos. El estilo que dominaba era crol,
ya que Luis lo que tenía era mucho fondo. Lo trasladaron a Madrid, y allí estuvo concentrado un año
en la Estación de Radio de la Armada, en Ciudad
Lineal, entrenando en una piscina olímpica ocho
horas diarias, incluso hasta los fines de semana,
dirigido por el que fue entrenador nacional de natación Sandino. Entrenó con grandes figuras de la
natación, como Antonio Abadía, campeón de Europa de 1500 metros libres (1961), y Miguel Torres,
campeón de Europa de 1500 metros libres (1962).

El esfuerzo del duro entrenamiento diario
da sus frutos en abril de 1963, y el cabo Ramos se
proclama campeón nacional de los tres ejércitos
en los 1500 metros libres, en la ciudad de Toledo.
A su llegada a San Fernando fue recibido con todos
los honores por la banda de música, que le brindó
un homenaje, tocando por toda la calle hasta llegar a la misma puerta del cuartel.

A los 49 años, una operación de cervicales
lo deja incapacitado para la vida laboral y desde
entonces decide dedicar su vida a ayudar a los demás. En 1977 funda la Cruz Roja del Mar en Huelva,
junto con varios compañeros más, teniendo la primera sede en un local de la calle Ginés Martín de

Algunos de los trofeos de natación que aún conserva Luis.
De Izquierda a derecha: San Fernando 1962; Toledo 1963;
Barcelona 1963; San Fernando 1963, y Marín 1962.

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La lancha de la Cruz Roja del mar en el Puerto deportivo de Mazagón
Huelva. Como en aquella época no había las subvenciones y ayudas a las que hoy estamos acostumbrados, el alquiler del local lo pagaban entre
los propios fundadores. Más tarde se trasladaron
a un local que les cedieron enfrente de la Comandancia de Marina de Huelva. Es entonces cuando
comienzan a conseguir los equipos de salvamento
más básicos, como una zodiac donada por el Ministerio de Marina de Madrid, por mediación del
comandante de Marina de Ayamonte.

A principios de los años 90, las playas de
Mazagón no contaban con ninguna seguridad para
los bañistas, y Luis Rodríguez decide cubrir esa
necesidad, creando los puestos de Salvamento y
Socorrismo en la playa de Las Dunas, El Alcor, Antiguo Club Náutico y en Matalascañas, hasta que
unos años después Protección Civil se hizo cargo
de este servicio.

Poco después de terminar la construcción
del puerto deportivo de Mazagón, Luis se incorporó como patrón del barco de la Cruz Roja del
Mar, en el que pasó 16 años como voluntario, realizando un arriesgado trabajo altruista, llegando a
efectuar hasta 14 salidas de emergencia diarias. El
barco se llamaba LS-AM-3, siglas que responden
a LIMA, SIERRA, ALFA MAY-3 (Lancha, Salvamento,
Altamar-3), pero, luego le pusieron en el puente
el nombre de PUERTO DE PALOS, en honor a la alcaldesa de Palos, y primera alcaldesa del reinado

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de Juan Carlos I, Pilar Pulgar Fraile, que se había
desvivido por llevar este barco a Mazagón. «Se habían construido 25 barcos de este tipo en un astillero de Vigo. Tenían 15 metros de eslora y unas
extraordinarias condiciones de seguridad; estaban
preparados para que en caso de vuelco volvieran
a su posición normal en unos segundos. El problema que tenían era que alcanzaban poca velocidad, como máximo 12 nudos, y ahora lo que se
necesita es velocidad para poder llegar al punto de
la emergencia en el menor tiempo posible. Eran
barcos muy preparados para extinguir un fuego en
un mercante, o bien para remolcar, ya que tenía
mucha potencia. Yo he llegado a traer a remolque
barcos pesqueros de 28 metros de eslora, pero estaban muy limitados para otras emergencias. En
los años 80 llegó una orden de que solamente rescatáramos a las personas y que se dejara el barco
abandonado, a mí aquello me daba mucha pena,
pero había que cumplir las órdenes», dice Luis con
pesadumbre.

Luis inculcó a sus hijos el afán por ayudar
a los demás, participando en todas las actividades
de salvamento y socorrismo, aunque, a veces, no
se llega a tiempo y te encuentras con lo peor. Luis
Manuel, su segundo hijo, voluntario de Cruz Roja
del Mar, fue el encargado de sacar del agua el cadáver de Ana María Jerez Cano, la niña de nueve
años asesinada en Huelva en 1991.

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