Andrea Cabel.

A dónde volver.
Poemas reunidos.
Editorial Paroxismo.
Pittsburgh (EUA),
2016. 94 págs.

El epígrafe amoroso
de Haruki Murakami con
que Andrea Cabel (Lima,
1982) da inicio a su libro
compilatorio, reordenado,
de poesía A dónde volver,
“se nos presenta como una reestructuración de su poesía, ya
que no es una antología cronológica, sino una reunión y
reordenación de sus diferentes trabajos”1. En este su último
libro, traduce el citado epígrafe Cabel: “Quiero que siempre
me recuerdes. ¿Recordarás que existí y que estuve a tu lado,
así como lo estoy ahora?” El pasaje proveniente de la novela
japonesa Tokio blues (Norwegian Wood), alude a la separación
de dos jóvenes amantes. Desgarradora, inevitable; al darse
las espaldas ante la inminente despedida, como en un conteo
regresivo que en un duelo del desasimiento físico, zahiere a la
pareja; como en aquella congoja diluyéndose entre
apariciones paranormales que el anhelo de reencontrarse
confundía con la cruda realidad: ¿a dónde volver?
1

“Todas las voces que soy yo. Los poemas reunidos de Andrea Cabel”.
Reseña de Carlos Villacorta. Sábado 30 de julio de 2016. En: Letralia.
http://letralia.com/lecturas/2016/07/30/todas-las-voces-que-soy-yo-lospoemas-reunidos-de-andrea-cabel/

1

La imagen de una escalera redonda es perfecta
[retratos]. En su centro convergen los mismos rayos con que
el vacío de la rueda da vuelta al mundo; la rueda que hace
chispear el agua entre el cieno, durante la bóveda celeste de
lo retumbante sin término. Como en Concierto animal, de la
inmortal Blanca Varela.
En la última estrofa de retratos la palabra tiempo se
repite dos veces. Nos transporta acaso hasta Trilce: “Tiempo
Tiempo. Mediodía estancado entre relentes”2. Esta
penúltima estrofa de retratos no es una trama laberíntica, es
una apertura a la enorme dimensión que el universo
comporta, un desasirse del espacio permaneciendo. El relato
aquí ofrendado, de un absoluto oxímoron; que, dibujado en
una pupila poco creyente en el mundo deshecho; manto
neblinoso desconsolador, ráfaga de luz delante, ya no regresa;
sino que aspira a la impiedad anuladora; al tiempo que
embalsama, litúrgico; el hecho poético de caer, liberado ya de
la fuerza gravitatoria hacia el centro terrestre.
Ahí, donde no existe la mayor sinfonía de la sed, se
ahoga la barca dulcificada de las sombras. Ahí donde la
congoja de un ser despierto a la desesperanza de una voz, que
afónica describe el habitat silencioso de lo innombrable. La
pluma cae brillante, para recrear la comedia; burlada por la
gravedad liviana de la materia liberada del peso existencial,
esas congojas haciendo sitio a una memoria dejando de fluir
en su rodar silencioso. Ésa nómina de huesos trazada a
carbón, cara a cara frente a la muerte: “el papel que se
rellena”3 frente a la parca. El citado texto, édito, es una
flecha sin dirección en estampida sobre el blanco ominoso del
2

Trilce. César Vallejo. En: Poesía completa. Mosca Azul Editores. Lima.
Andrea Cabel. A dónde volver. Poemas reunidos. Editorial Paroxismo.
Pittsburgh (EUA), 2016. 94 págs.
3

2

tiempo; el equilibrio absoluto de lo cantado sin decirse:
finales que comienzan, finales que avanzan en exabruptos
repeliendo puntas y colas de hydra; donde una sinergia de
posesos ósculos avanzan, hasta la transposición de lo
pausado, de lo infinito y desgarrador, de lo causal
encomendado al ánima celeste de una cera contenida. Cual
perseguir lo umbrío que de por sí es ya ánima en juego
paseando abstrusos remilgos; un sin fondo, si se quiere, visto
por la inexplicable nada que alimenta.
El verso “piano de otras manos” [albúmina]4 nos
recuerda al título del poema proveniente de Reinos (Lima,
1944), de Jorge Eduardo Eielson: “Piano de otro mundo”. Su
filiación con el autor de Primera muerte de María (1988) no es
gratuita. Se trata de la llama viva que, de partícula a átomo
transmite esa música silenciosa de un piano incinerándose;
abandonado en una playa imaginaria; tarot del caracol
durmiendo al oído, tascado por manos fantasmas. Música
vertida sobre un huevo roto; a la vez, volcado dentro de una
ostra latiente, que aridece nacarada. El oleaje espumea,
regresa. En rompiente, salva la margen perdida de seres que
ya no están para evocar la primorosa muerte de los relegados
a supurar por ojo, a enumerar congojas que lágrima a
lágrima lacran el sello impersonal de la agonía.
Esta primera sección [retratos], entonces, evoca la
estancia familiar, describe a la madre, a la hermana, al seco
rumor precedente a una palabra de auxilio. Aquí se reconoce
el yo poético, a través de un espejo. El reflejo del hogar
busca reconocerse en la voz desamparada, esa búsqueda
existencial, que, traslada la extrañeza en un país creado por
la autora de Las falsas actitudes del agua (Lima: Editorial
Mesa Redonda: 2007), primera entrega lírica de la cual no
4

Op cit. A dónde volver. p 15.

3

podemos menos que citar un texto completo; bello como
“una espada clavada en la lengua”.5
[s/t]
tu olor es el de un ave cuando nace. el olor del aire del mundo, el de
una pluma que navega azul frente al tiempo y que se estrecha entre
mis manos, junto a las briznas y al manto minúsculo de cada noche
transparente. tu olor es la sustancia, la mancha en el cuerpo herido,
la voz que se pierde. un drenaje que iza bandera e interpreta cáscara
y vacío. la mejilla hambrienta del hijo como reflejo de encuentro y
último día de mayo. cuatro a la mañana, reconociendo la tristeza
que nunca miente. la que se duplica en los parques iluminando
cada traje descarnado. la que pasea en cada calle diseminada en
puñales, en finales que muerden, que conmueven 6

El citado poema es el centro armonioso de la poética
que Cabel hasta hoy ha oficiado. Una opinión muy personal,
acaso excluyente; pero no menos sincera, respecto de sus
libros posteriores (Uno rojo, 2009; Latitud de fuego, 2011),
igualmente sesudos en cuanto al trabajo formal que ella forja
con indesmayable continuidad a la par de haber “estudiado
literatura medieval, realizado un proyecto sobre la cultura
material en la Edad Media en Burgos, España; publicado
durante el año 2007 reseñas crítico-literarias en el diario El
Comercio (Lima, Perú); así como en el diario Expreso (Lima,
Perú); y publicado en diversas revistas del medio peruano e
internacional (…)7

5

Emilio Adolfo Westphalen. Belleza de una espada clavada en la lengua.
En: Revista Martín, No. 16, dedicada al estudio de la obra de Emilio Adolfo
Westphalen.
6
Op. Cit. Adónde volver, p. 66.
7
En: Letralia: http://letralia.com/firmas/cabelandrea.htm

4

Se trata de un poema-mundo, de un capítulo-bitácora
desprendido desde un pequeño Apocalipsis de ternura.
Lanzamos hasta este punto varias cuestiones: ¿Cada
final es una sombra posesa? ¿Por qué, infinitamente
continúa esta belleza con la armonía que supone evocarla en
sus innumerables lecturas? ¿Es un continuum verbal el
saltarse los cielos etéreos al “aire del mundo”?
Nada la armonía cada madrugada, con su halo
poderoso creativo. Se enseñorea con la extensión poco
tabuada de un mar personificado en un anchuroso océano
café y vértigo que es sal, a la vez que ruta, sincero designio.
Un texto duplicándose a sí solo; un poema que en su fluida
hibridez disemina una nueva morfología de texturas
verbales, figuras anímicas de nebulosas perfectas. Un lienzo
sobre el cual nos escribimos a nosotros mismos, cual un lector
remoto leyéndose a sí mismo.
Siento hasta aquí la enorme responsabilidad de
dormir por defecto; de recorrer, tal vez, el ánima deleznable
con que Andrea Cabel ha creado un sitio para estar solo, un
rincón de la casa en que leer las cartas del tarot a ciegas;
mientras, una lacustre taza de café despega vuelo corvino al
alba dorada. Despiertan parpados tumefactos. Porque la
melancolía no miente, porque la conmoción secreta y etérea
de los vientos encamina al más afable resurrecto.
Jack Farfán Cedrón
Cajamarca, agosto 20, 2016

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