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Técnicas para tener un bosque joven

Son dos intervenciones sustentables que sirven para asegurar los servicios produ
ctivos y ambientales de un recurso que resulta vital para el campo y su gente.

El paisaje semiárido está teñido por los verdes y amarillentos colores de los pastizal
es que se debaten con árboles persistentes por la primacía sobre un suelo frágil. Resu
lta difícil imaginar la geografía sanluiseña sin los brazos abiertos de un algarrobo o
sin el vuelo calmo de los pájaros a la siesta entre las ramas de un caldén.
Pero la flora y fauna silvestre que habita ese terruño, que suele denominarse bajo
el genérico de monte , es mucho más que una pintoresca escena para el deleite de los a
mantes del campo puntano. Esos bosques nativos son, en realidad, una parte indis
pensable de la armonía de los ecosistemas rurales y constituyen una fuente vital p
ara el sustento de la economía de un gran número de pequeños productores que conviven
día a día con esa naturaleza y sin la cual no podrían subsistir porque representa alim
ento para su ganado, polen para sus colmenas o simplemente sombra y reparo.
Por eso, la delegación provincial de la Secretaría de Agricultura Familiar (dependie
nte del Ministerio de Agroindustria de la Nación) dictó un taller sobre poda y raleo
de especies nativas, con el objetivo de transmitir algunas normas para una inte
rvención en los bosques que no atente contra su desarrollo sino que, por el contra
rio, permita su rejuvenecimiento y prolongue su vida.
Para mostrar en detalle y de manera práctica las técnicas, los miembros de la Secret
aría se trasladaron hasta un campo emplazado en el paraje San Isidro, a dieciocho
kilómetros de la localidad de San Martín por la ruta provincial N° 6. El lugar elegido
fue la estancia La Teresita , en la que José Tissera, su propietario, desarrolla un
proyecto de manejo y conservación del bosque natural que cubre setenta de las cien
hectáreas que ocupan sus tierras.
El plan es uno de los más de setenta que están vigentes en San Luis a través de la Ley
de Presupuestos Mínimos de Protección a los Bosques Nativos, una normativa que busc
a regular el manejo de estos sistemas naturales y otorga subsidios a los poblado
res que quieren hacer una buena explotación de sus especies. La ley de alcance nac
ional tiene en la provincia al programa Biodiversidad del Ministerio de Medio Am
biente, Campo y Producción como autoridad de aplicación, que tiene a su vez la tarea
de darle su propia impronta a la reglamentación.
Ante un auditorio formado por estudiantes de la carrera de Agronomía de la Univers
idad Nacional de San Luis, integrantes del INTA de Concarán y algunos productores
de la zona de San Martín, la jornada arrancó con una explicación extendida sobre lo qu
e implica un bosque nativo. Muchos piensan que sólo hablamos de un conjunto de árbole
s, cuando en realidad hacemos referencia a un sistema muy complejo que incluye e
species arbóreas, herbáceas y arbustos. Dentro de cada categoría encontramos diferente
s edades, tamaños y formas, que tienen una riqueza y una capacidad de escape a dif
erentes eventualidades mucho mayor que un sistema más simple, como puede ser la ag
ricultura , arrancó su explicación Roberto Luna, técnico del socio territorio San Martín d
e la secretaría y asesor privado de La Teresita .
En la aclaración inicial, el agrónomo agregó que el monte tiene además una relación íntima c
on otros recursos naturales del sistema, como el agua, el suelo, la fauna e incl
uso el ser humano, que con sus intervenciones pueden generar un impacto positivo
o negativo en la vida del bosque.
En general, cuando ocurren esas acciones nocivas, como es el caso del desmonte i
ndiscriminado, es porque no se ha reconocido el gran abanico de beneficios y ser
vicios que el bosque otorga a los campos, que van desde el equilibrio ambiental
hasta el aporte de múltiples recursos para la explotación económica. En diálogo con la r
evista El Campo, Jorge Heider, jefe del Programa Biodiversidad de la cartera agr
opecuaria provincial, señaló que todos somos usuarios de los servicios ambientales qu
e dan los bosques. Un ejemplo claro son los problemas por el cambio de uso que t
enemos en la Cuenca del Morro. Si bien ése es un problema mucho más complejo porque
se suman los excesos hídricos de las lluvias, sirve para mostrarnos cómo ese cambio
de uso de la tierra ha reducido su capacidad de amortiguación y esa alteración termi
na repercutiendo en toda la región .

Es que los bosques nativos contribuyen a fijar y proteger a los suelos de la ero
sión, la desertificación y sirven como amparo de la influencia del viento y del agua
. Los vegetales ofrecen refugio para la hacienda y aseguran un mejor hábitat para
el bienestar animal al regular las temperaturas. Además, absorben y almacenan agua
, purifican el aire y liberan oxígeno.
Contemplar la efectividad de las especies nativas para compensar la fragilidad d
e los sistemas semiáridos es una forma de erradicar la postura devastadora que ve
al monte únicamente como un obstáculo para la producción. Hasta hace poco las miradas q
ue se tenían sobre esto eran netamente productivas. Sacrificar sectores productivos
era para muchos una pérdida, pero en realidad no es una pérdida, sino una estabiliza
ción que permite mantener ese conjunto de ecosistemas que hay dentro del campo, y
que si se quitan (como en la caso de la deforestación) repercuten en el ambiente e
impactan de manera negativa en toda la sociedad, porque se pierden recursos genét
icos, paisajes, fauna y mucho más , analizó el ingeniero en recursos naturales. 
Pero lejos de fomentar un proteccionismo desmesurado, los especialistas y el Gob
ierno contemplan la posibilidad de hacer un aprovechamiento del bosque, siempre
y cuando existan prácticas de extracción sustentables.
Es que en las comunidades rurales, los árboles y vegetales aportan bienes que suma
n fuentes de ingreso a las actividades principales de la familia, como puede ser
la ganadería. Uno de los usos más comunes es la producción de madera y carbón, pero hay
otros recursos no madereros que los pequeños productores incluyen en su economía y
en su misma cotidianeidad.
El mensaje de la Secretaría es que el productor aproveche el bosque nativo. No entr
amos en el discurso de decir que hay que conservarlo por el simple hecho de cons
ervarlo, porque la experiencia ha demostrado que eso también puede generar inconve
nientes como el envejecimiento del bosque, incendios y demás. Lo que se plantea es
un uso y un aprovechamiento racional y diverso, que no planteemos el bosque sólo
como proveedor de madera y carbón, como era históricamente en la provincia de San Lu
is, sino que aprovechemos todos los bienes y servicios que ofrece , afirmó Luna.
Para ello, Federico Gutiérrez, un productor que maneja una reserva natural en la z
ona de Villa de la Quebrada, y Antonio Ybáñez, un poblador de la región de Quines, con
taron sus experiencias en la extracción racional de madera para hacer postes y leña
para sus establecimientos, y el uso de la chaucha de algarrobo como alimento del
ganado bovino y caprino, y como base para la elaboración de distintas comidas y b
ebidas populares en la vida rural, tales como la harina de algarrobo, la aloja,
añapa y el patay. De la misma manera, comentaron que las semillas y las fibras sue
len usarse como insumos para artesanías o la confección de tinturas, mientras que la
flora aromática puede comercializarse con fines medicinales u ornamentales.
Pautas para la poda y el raleo
Los disertantes plantearon también que podar los árboles y ralear o quitar algunos e
jemplares dentro del lote permite un mejor crecimiento del bosque, aumenta la ca
lidad de la madera y ayuda a crear espacio para que florezcan nuevas especies o
pasturas, sobre todo en aquellos campos donde el monte es el escenario donde se
desarrollan sistemas ganaderos. Mejoramos el espacio para el ingreso y el paso de
la hacienda, eliminamos competencia para el pastizal natural y tenemos mayor ca
ntidad de producción de materia seca al año porque logramos que se mantenga verde más
tiempo , amplió el agrónomo.
Pero además una intervención a tiempo posibilita controlar las plagas y las enfermed
ades al eliminar ramas o plantas infectadas y es una forma de disminuir los ries
gos de incendios al cortar la continuidad del fuego desde los matorrales hasta l
as ramas bajas.
Sin embargo, este tipo de injerencias tienen que respetar ciernas normas y técnica
s. La idea es dar pautas para hacer una intervención sustentable, que es algo que s
e ve más en las especies de las zonas urbanas o en los frutales, pero no hay tanta
conciencia en plantas rurales. Ése es el fin de esta capacitación porque no es cues
tión de agarrar un hacha y una motosierra y empezar a cortar. Las plantas son sere
s vivos y cualquier intervención que se les haga puede traer beneficios o perjudic
arlas , explicó Pablo Civalero, referente del área de bosques nativos de la Secretaría d
e Agricultura Familiar.
Todos los asistentes se movieron luego hasta un lote de seis hectáreas de monte, e

n el que un grupo de operarios tenía previsto comenzar con la poda contemplada en
el proyecto de Tissera. Allí, los técnicos mostraron cómo debe efectuarse un corte ide
al. Para lograrlo, señalaron que lo más indicado es usar herramientas que produzcan
tajos certeros y no dañen la corteza con intentos fallidos. Por eso, desecharon el
hacha como un instrumento apropiado y recomendaron la utilización de motosierras
para los bultos más grandes y tijeras de podar para las ramas pequeñas.
Aunque no hay fórmulas absolutas, plantearon que lo más aconsejable es realizar una
limpieza anual y evaluar la evolución de cada planta. Para iniciar es necesario ob
servar cada ejemplar y procurar dejar aquellas partes que aseguren el crecimient
o recto y vertical del árbol, y eliminar todo el peso que puede volcar la planta h
acia abajo o hacia algún costado. La poda debe iniciar desde afuera hacia adentro,
es decir desde las ramas más alejadas a la copa hasta las más internas. Esos cortes
deben ir fragmentando los palos de a pedazos porque sustraer la totalidad de un
a rama grande de una sola vez puede dañar el tronco por la inercia de la quita rep
entina del peso.
Con la motosierra, las cortaduras deben hacerse de forma oblicua y bien cerca de
l tallo, procurando en todo momento no dejar un muñón o bulto sobresaliente. De lo c
ontrario, la herida tarda mucho más en cicatrizar y puede generar la infestación de ho
ngos y la acumulación excesiva de agua.
Para prevenir los incendios, la poda debe ayudar a romper la escalera vertical d
e la continuidad del fuego, es decir que hay que eliminar las ramas muy cercanas
al suelo, para evitar que las llamas pasen desde los pastizales hasta las copas
de los árboles. Otra práctica fundamental en los campos es la formulación de picadas,
que consisten en limpiar absolutamente los límites de los lotes, de modo que el f
uego no afecte a los alambrados y tampoco se disemine en estancias vecinas.
El raleo ayuda a abrir una distancia aproximada de entre diez y quince metros cu
adrados entre cada árbol, de modo que cada planta tenga espacio suficiente para de
sarrollarse y crecer. Los trabajos de poda deben realizarse sobre todo en la pri
mavera, un período en el que se activa la circulación de la savia y las plantas tien
en su tiempo más fértil de reproducción, aunque en invierno también observan buenos índice
s de cicatrización.