Confieso que no sabía cómo escribir este post (vaya novedad me

dirán ustedes) para dar a entender clara y distintamente lo que pienso
acerca del tema enunciado. En vista de este fin he buscado la mejor
manera de expresarlo. Como me gusta escribir en prosa, les comparto
este texto que relata mi personaje imaginario favorito: un profesor de
una cátedra universitaria, en una universidad cualquiera de este lejano
lugar del mundo llamado Chile.
Un abrazo,
Beatrice

Los Relatos de Mateo
Relato 1
El Miedo a formar una familia

Porque la unión de la familia estriba en el Amor, y el Amor es la única
fórmula de conciliación entre la autoridad y la libertad.
R.H. Benson, en Alba Triunfante
"Después de haber hecho mi clase y de haber dejado a mis alumnos
con bastantes quehaceres para la semana, me dirigí a mi oficina
ubicaba en el edificio que ocupa la Facultad de Filosofía. No me extrañó
ver que la puerta de mi pequeña oficina estaba abierta, pues le he
facilitado la llave a mi ayudante, el cual suele venir a trabajar en su
tesis en el escritorio que le he acondicionado y que se ubica justo
enfrente al mío.
_ ¿Qué tal Rafael?
_ Bien profesor, ¿cómo le fue con los de primer año?

_ Regular. Termino siempre la clase con una sensación de frustración,
pues no entienden lo que leen, no tienen vocabulario y por tanto lo que
les paso les cuesta el triple entender, y a mí el triple de esfuerzo hacer
que se les abra un poco el entendimiento y dejen de estar todo el rato
con el smartphone. Tengo harto que hacer con ese curso...Rafael, dime
una cosa ¿Cómo te proyectas en unos años más? ¿Has pensado qué vas
a hacer con tu vida una vez que egreses y te titules?
Le largué la pregunta al chiquillo mientras yo me preparaba
una taza de té. Me miró extrañado y no entendía la razón de mi
pregunta formulada a propósito de nada. Me había estado dando
vueltas durante días una inquietud con respecto a la enorme cantidad
de gente soltera o emparejada sin casarse que anda por el Chile de hoy.
Me he encontrado justamente por esos días, con una serie de personas
de mi generación, conocidos todos, que a diferencia de mí, seguían
solteros. Y además, constataba a cada rato que mis antiguos alumnos
de esta carrera y de otras en la universidad, aún no habían sentado
cabeza. Es un curioso fenómeno que me tiene inquieto y quise buscarle
una explicación, o al menos para no crearme falsas expectativas, alguna
razón de peso que justifique esta enorme cantidad de solteros-sincompromiso.
_ Creo que tiraré unos curricula por aquí y por allá para encontrar una
pega, ¿por qué me lo pregunta?
_ Tengo una curiosidad, ¿Y piensas casarte algún día?
_ No lo sé...lo he conversado con mi polola (en Chile, se le llama así a la
novia), y por supuesto que queremos estar juntos y tener hijos, pero no
por el momento, no estamos en condiciones.
_ ¿Razones económicas?
_ Por supuesto. La idea es tener una casa propia, una situación estable.
No pasa nada quedarse en la casa de los papás como allegados por
tiempo indefinido, sin pega y con la constante presión de una mujer
que anhela estar en lo suyo propio.

_ Pero dime Rafa, si encontraras trabajo, y tu situación económica no
fuera un obstáculo, ¿te casarías?. - El muchacho se echó para atrás de
la silla y se puso a mirar el techo pensando. Parece que intuía a donde
quería llegar yo, pues lleva algunos años ya conmigo y ha llegado a
conocerme bastante bien.
_ Bueno profe, si quiere que le conteste como usted me ha enseñado, le
diré lo siguiente: suponiendo que pretendo casarme para toda la vida y
formar una familia, actualmente me parece una tarea casi titánica, de
héroes hacerlo. Por eso no estoy seguro...
_ Es decir que va más allá de tu situación económica. No estás seguro
porque le temes al fracaso ¿verdad?.
_ A nadie le gusta fracasar llevando un divorcio a cuestas.
_ Entonces no estás cien por ciento seguro de amar a tu polola.
_ Por supuesto que la amo...¡cómo me dice una cosa así profe!. Lo que
pasa es que se ve a tantas parejas que se casan súper ilusionadas y
súper enamoradas, y que al cabo de unos años igual se separan porque
como dicen, se acabó el amor.
_ ¿Crees realmente que el amor puede acabarse como el vino en una
botella? Yo creo que muchos llegan al matrimonio sin dimensionar lo
que éste significa, es decir, que es para siempre. Guardando las
proporciones es como cuando se elige una carrera para obtener una
profesión: tengo que pensar que eso que estoy eligiendo lo voy a hacer
toda la vida, por tanto, más que el asunto económico hay que ver si
realmente me gusta aquello para lo cual voy a dedicar mi vida y que me
va a generar los ingresos para vivir. No es posible andar cambiándose
de carrera ni de trabajo así como así, ¿quién aguanta?
No soy un hombre que anda por ahí dictando recetas acerca de la
vida, ni tampoco soy un gurú que se las sabe todas, pero desde mi
propia experiencia voy a decirte un par de cosas y me dirás si estoy o no
equivocado. El matrimonio es una vocación, un llamado a un estado de
vida que exige renuncias. De eso se olvida la mayoría. Piensan que

casarse es únicamente para recibir y para dar cuando el corazón siente
algo especial. Pero no es así. Cuando uno ama de veras y para siempre,
con todo el ser y con toda el alma, aniquila en cierta manera su propio
ser en virtud del ser amado. Estamos permanentemente renunciando a
muchas cosas que nos gustan, pero todo es por el bien superior del
matrimonio y en definitiva, por el bien tanto de la persona con la cual
has decidido compartir tu vida, como del bien de los hijos que Dios te
ha dado. De ahí que tu frase de ser una tarea titánica, no está tan
alejada de la realidad, aunque con buena voluntad y con la ayuda de
Dios cualquiera puede hacerla. Quien no entiende que debe renunciar,
y no lo asimila en su total dimensión, que mejor no se case. Porque no
sólo se trata de abandonar algunas cosas de esta vida que nos gustan,
sino que muchas veces hay que abandonar nuestro modo de ser,
entiéndase por ejemplo, que hay que aprender a dominar el genio
cuando nos molesta algo, especialmente cuando nos molesta algo de
esa o ese que amamos. La paciencia y la comprensión son una de las
virtudes necesarias para el matrimonio. Dados los tiempos
individualistas que corren, se ve cada día más difícil que los
matrimonios duren y en cierta manera entiendo tu preocupación. Pero
¿sabes hijo? al recibir el sacramento del matrimonio, recibes las gracias
que éste da, y una de éstas es la de contar con la fortaleza para soportar
el yugo juntos. No es fácil estar toda la vida con alguien, pero se
puede...claro que se puede si sabes a lo que vas y te lo tomas como una
vocación divina. Hay que dejar de tenerle vértigo al futuro, el tiempo es
breve y no es posible estar postergando las decisiones importantes para
más adelante, porque nadie sabe si hay más adelante.
_ Es como el chiste ese que dice que si quieres hacer reír a Dios,
cuéntale tus planes para mañana.
_ Exacto, muchos dejan pasar la oportunidad de casarse y formar una
familia, esperando tener mejor situación económica, desarrollo
profesional, postgrados y viajes, o simplemente buscando a la mujer o
al hombre perfecto, y se les pasa la vida. Llegan a una edad en la cual la
costumbre de estar solo hace casi imposible una relación matrimonial.
Se acostumbran al "su": su horario, sus gustitos, sus rutinas, su

genio...pensar en ser padre después de los cuarenta y tantos, cuando ya
tienes tu vida hecha, es difícil a no ser que tengas la vocación de
renuncia, como ya te lo dije antes. Lamentablemente en mi generación,
y en las que la han seguido abundan los adolescentes permanentes que
piensan que siguen en la década de los '80 y '90, pasándola bien en el
boliche. Me preocupa y me da vergüenza ajena, es una lástima, soy
tipos viejos estos...
_ Pero como usted profesor lo dijo, es una vocación y no todos están
preparados y dispuestos para tomarse el matrimonio tal como usted lo
señala. Por otro lado, usted está hablando desde la perspectiva de un
católico, y visto desde su perspectiva, efectivamente es así. Pero la
mayoría no está en esa misma parada, y así como se casan, se descasan.
_Claro que hablo desde la perspectiva católica, es la que conozco
porque la vivo a diario. Pero incluso desde el punto de vista no católico,
nadie se casa por el civil pensando en que va a separar.
_ Sin embargo, con las leyes actuales tienen abierta esa posibilidad.
_ La de re-hacer sus vidas, como le dicen, frasecita ésta que me repele.
Si ya fracasaron con un matrimonio, lo más probable es que también lo
hagan con un segundo o tercero...desconozco las estadísticas, pero lo
que he visto, me dice que es así. Por eso estamos como estamos en este
mundo de locos: si no son capaces de mantener lo que han jurado con
la persona a la cual decían amar, si no son capaces de cumplir con esta
promesa primaria, entonces no se puede esperar que en los demás
ámbitos de sus vidas vayan a actuar de otra manera.
_ Es un poco drástico lo que señala. No porque alguien se divorcie, no
va a ser una persona honesta que puede cumplir con otras promesas.
_ Sí está bien, pero habla mal de esa persona. Si su matrimonio no dio
para más, si era imposible seguir juntos, bueno, apártese, váyase solo.
Pero volviendo a lo anterior, creo que la mayoría de los que no se
casan lo hacen por miedo a varias cosas. Tal como te lo señalé, hay un

miedo casi patológico al compromiso porque implica renuncia tanto
material como espiritual. Ya te lo he explicado. También me he dado
cuenta de que muchos dejan pasar el momento y a la persona a la que
aman porque tienen temor a jugárselas cien por ciento por ese amor
que tienen. Temor a la parentela, al qué dirán, en fin, a un montón de
cosas intrasendentes en las que se centran, no viendo que era LA
oportunidad. No dgo que todos, pero muchos por pusilánimes eligen
quedarse donde están, y luego cuando viejos y están solos en el mundo,
andan arrepentidos dándose golpes en el pecho por lo cobarde que
fueron de jóvenes, y que si hubieran tenido coraje, el derrotero de sus
vidas habría sido completamente diferente. Indudablemente que la
vida está llena de problemas, de dolores, es un valle de lágrimas por el
que hay que pasar para llegar a la Patria Eterna. Construir algo en la
vida implica esfuerzo y mucho trabajo, requiere valentía y sobretodo de
confianza en la Providencia. Si hacemos lo que Él manda, ¿cómo va a
abandonarnos? Dios no abandona a los suyos, me dijo una vez un
amigo. Rafael, yo me casé sin nada en el bolsillo, partiendo al
extranjero a doctorarme, y nunca en todos estos años de casado, con un
montón de hijos, me ha faltado algo. Me ha pasado muchas veces que
casi llego con saldo cero a fin de mes, por la cuota de la casa, por el
colegio de los niños, por las cuentas, y sin embargo, siempre me las
arreglo. De alguna manera todo se paga...ahí está la mano de la
Providencia. Por eso chiquillo es que te digo: no le tengas miedo a
escuchar a Dios, y si Su llamado es a la vida de casado para formar una
familia, que es una escuela de vida y de virtud, no te hagas el sordo por
miedo. En la familia nos vamos formando, ahí se pulen nuestras aristas
del carácter, aprendemos a amar y a ser disciplinados. Y una última
sugerencia: si te casas, busca alguien que sea de tu mismo nivel cultural
y que sea de convicciones similares a las tuyas en todo sentido:
religiosas, políticas, etc. Si te casas con alguien disímil en estos asuntos,
puede que con el tiempo estas diferencias comiencen a ser odiosas y es
muy probable que acaben enemistados. Hay personas que han
superado sus diferencias...no lo niego, pero no es lo normal.
Mi ayudante me escuchó atento, pero yo notaba que estaba
incómodo. Quizás pensó que lo estaba presionando, pero no era ésta mi

intención. Mi propósito era aclarar una inquietud, y terminé
contestándome a mí mismo y dejando pasmado a mi alumno, que
únicamente pudo al final de mi discurso, decirme: "voy a pensar lo que
me dijo, gracias por el consejo", y sin decir nada más, tomó su
notebook, su bolso y salió de mi oficina callado con destino a clases...el
timbre había sonado."

Relato 2
La ley del coscorrón
No ahorres al joven la corrección; puesto que no
morirá aunque le castigues con la vara. Si lo castigas con la vara,
librarás su alma del sheol.
Proverbios 23, 13-14
Un caballo no domado se hace intratable: así un hijo abandonado
a sí mismo se hace insolente
Eclesiástico 30, 8
"Como todas las semanas hoy en la tarde me junté con Manuel en el
salón de té al que vamos después que me desocupo de hacer clases en la
casa central de la universidad. Con Manuel somos amigos desde la
niñez y compartimos cierto grado de parentesco, pues hace unos
cuantos años mi amigo pasó a ser mi cuñado. Es costumbre de ambos
que terminadas mis clases en la universidad nos vayamos a tomar té a
la inglesa en un antiguo local en el casco viejo de Valparaíso cerca de
donde mi cuñado tiene la oficina de su empresa de estibadores. Hoy
llegó un poco más tarde que de costumbre. Venía casi corriendo, pues
sabe que soy maniático de la puntualidad y que si se atrasa más de la
cuenta, o me encontraría furioso o simplemente no me encontraría.
Finalmente y casi faltando un minuto para irme lo divisé venir por la
calle. Noté de inmediato cuando se acercó a mí que venía con el rostro

desfigurado, las mejillas rojas, y un lenguaje corporal que denotaba a la
legua que el hombre había pasado un mal rato:

- ¿Qué te pasa hombre que vienes tan alterado? - le pregunté mientras
entrábamos y nos ubicábamos en la misma mesita que cada semana
está reservada para nosotros. El mozo se acercó y nos preguntó si
tomaríamos lo mismo de siempre.

- No Osvaldo, a mí tráigame un whisky doble con hielo.
- ¿Y usted profesor?

- A mí tráigame lo mismo de siempre, pero me cambia el Prince of
Wales por un café irlandés por favor....¿un whisky a esta hora viejo?

- Vengo enrabiado y con la adrenalina a full. Acabo de acompañar a
Juan Manuel y a Santiago a la estación del metro-tren y me he llevado
la rabia del día. Resulta que a Santiago, con sus ocho años, le dio por
ponerse a jugar al lado de la línea amarilla que separa el andén de las
vías...y dele con ponerse cerca de la vía y yo llamándolo una y otra vez
por las buenas. Pero nada, tuve que acercarme y tirarlo de las patillas
para atrás y darle un buen sermón a vista y paciencia de toda la gente.
En eso estaba cuando una vieja metiche me agarra del brazo y me dice
que cómo se me ocurre "pegarle" a mi hijo, que eso es ilegal, que soy un
mal padre, que ella es una ciudadana responsable y que me va a
denunciar a carabineros por estar maltratando a mi hijo física y
psicológicamente. Yo tengo harta paciencia, pero esto me colmó y sacó
ese faceta que hace años tenía dormida y me puso como perro
guardián.
-¿Qué le dijiste a la mujer?

- Primero que no era de su incumbencia, y qué desde cuando agarrar de
las patillas a un hijo era ilegal. Y me sale con que ahora está prohibido
pegarles a los niños, que yo me puedo ir preso, y bla, bla, porque está la
ley del coscorrón.

-¿Ley del coscorrón?

- Espera...que ya te explico. Le dije que yo no tenía idea de lo que me
estaba hablando y que obviamente yo prefería tirarle las patillas a mi
hijo y gritonearle un poco, antes que el muy temerario se cayera a la
línea del tren y éste le pasara por encima. Ella me siguió retando hasta
que por fin llegó el tren y metí a Juan Manuel y a Santiago adentro y los
mandé para la casa, encargándole a Juan Manuel que cuidara bien a su
hermano chico y no le sacara la vista de encima, con la debida
autorización para darle un buen coscorrón si a Santiago se le ocurría
una vez más arrancarse y correr como caballo desbocado por las calles.
Cuando el tren partió yo dejé la estación, y en la salida volví a
encontrarme con la vieja, y al pasar por su lado, ella siguió diciéndome
que era un mal padre y una vergüenza. Me paré en seco y la enfrenté
diciéndole que llamara al tiro a los carabineros, a ver quién tenía la
razón y dicho esto se fue murmurardo una serie de paroratas que no
alcancé a escuchar. Así que ahora soy un mal padre porque protego la
vida de mi hijo del peligro de ser atropellado por el tren...¡qué cabezas
oligofrénicas tiene la gente! Estoy con la sangre hirviendo. ¿Prefiere la
vieja ridícula que lo atropelle el tren antes que lo corrija y lo advierta
del peligro como es mi deber por lo demás?

- Y después se quejan que los niños hacen lo quieren, que maltratan a
sus padres, a sus profesores, a sus mismos compañeros, que la
sociedad está llena de delincuentes precoces porque nadie les puso

atajo. Pero dime, ¿Qué es esto de la ley del coscorrón? ¿Es una
tomadura de pelo o un nuevo invento ridículo de nuestros
"sacrificados" legisladores?

- Siguen los malos ejemplos de países como Uruguay donde ya es legal
la marihuana, el aborto y válgame Dios a saber qué ley anticristiana
más. Me vine para acá con el celular en la mano buscando a qué
diantres se refería la vieja con la ley del coscorrón, y aunque aún no es
ley ya existe como proyecto de ley. Pretende castigar a los padres que
sancionan a sus hijos con la fuerza física y psicológica.

- Veremos qué resulta de esta estulticia. A la gente le cuesta entender
distinciones - secundum quid y secundum quod - y meten todo en un
mismo saco. Una cosa es el abuso y el maltrato infantil y otra la
corrección racional de los hijos. Aquí hay una confusión de planos y de
matices. ¿Te acuerdas cuando prohibieron la detención por
sospecha?...ahora cosechamos sus frutos y la inseguridad se ha
apoderado de nuestras calles. Poco falta para que los carabineros le
pidan permiso a los delincuentes para detenerlos. Por algunos casos
injustos se modificó la ley de tal manera que arrojamos el agua de la
tina con el crío dentro y ahora tenemos un lío mucho peor. Pero
retrocediendo con el tema y a pesar que desconozco el proyecto de ley,
me imagino que se va a prestar para abusos, a interpretaciones mal
intencionadas.

- Ni te cuento. Pretenden quitarle los niños a los padres cuando el
Estado considere que están en peligro, y le da la facultad para
internarlos en el Sename...¡válgame Dios!. El Sename es un antro de
delincuentes y a los que los cuidan - si es que los cuidan - no les
importan. He escuchado cosas horribles, como los actos de sodomía a
los que algunos son expuestos, a riñas...¿para qué sigo? O sea ahora el
cabro chico se va a sentir vulnerado en sus derechos porque se le llamó

la atención y se le dio un palmazo y va a llamar a los carabineros y al
muy gil se lo van a llevar al Sename. Un niño siempre va a estar mejor
con su familia y únicamente un caso extremo es causa de separación.
Lo que se busca siempre es bien de ese niño y no el capricho del Estado.

- Sí, a mí esto me está oliendo a un nuevo intento del Estado por
apoderarse de la enseñanza y de la formación de los hijos, quitándole la
tuición a la familia. Ya lo han hecho con temas tan delicados como la
educación sexual. De la cuna a la tumba, el Estado metido en todo,
fabricando autómatas inmorales. A mí el Estado no me va a venir a
decir cómo tengo que educar y formar a mis hijos, sobretodo si ese
Estado es ateo, liberal y que más encima promulga leyes anticristianas.

- Oye viejo si no se trata de andar golpeando a los hijos por nada, ni
gritonearles por todo, levantándolos y dejándolos caer a garabatos.
Corregir es un acto de amor y si por el bien superior del niño necesito
aplicar un correctivo físico yo no voy a dudar en aplicarlo. Una palmada
en el trasero, estando uno con la cabeza fría, sin ira, te aseguro que deja
una buena enseñanza y constituye una advertencia para que el niño
cambie y sepa quién es la autoridad. Preferible es un llanto hoy que un
descarrilamiento a futuro. Nos quejamos sobre la juventud actual, lo
irrespetuosa, rebelde, mal hablaba y mal vestida, reventada con las
drogas, con las fiestas y no hacemos nada para evitar que eso siga
ocurriendo. Te aseguro que esos jóvenes no tuvieron a nadie que los
corrigiera cuando chicos. Nadie los encausó, nadie al final de cuentas,
los amó. Así como a los arbolitos cuando los plantamos les ponemos un
palo para afirmarlos y para que crezcan derechitos, así también es
nuestro deber como padres corregir a nuestros hijos, enderezarlos para
que se formen virtuosos. Nosotros no nacemos inocentes. Venimos
marcados por la caída del pecado original y por tanto, llevamos esta
tendencia a dejarnos llevar por el mal. Y no cuesta nada dejarse
arrastrar por el mal porque es más fácil. Tomarse la labor de padres
seriamente es agotador y desgasta porque hay que estar todos los días

batallando para que los críos no se desbanden, para que sean
disciplinados y se transformen en personas útiles, constructivas y no se
conviertan en lacras sociales que viven pidiendo derechos sin cumplir
con sus deberes. A estos chicos que andan encapuchados nadie los
encaró, ni les puso límites cuando eran más niños.
¿Qué espera ahora la sociedad si ella misma con sus leyes pérfidas
permite que salgan estos verdaderos orcos? Me vienen a hablar de
violencia física...te repito, a nadie con su cabeza buena y sana se le va a
ocurrir andar pegándole a los hijos por cualquier cosa. Es una medida
de última instancia, cuando ya no queda otra cosa que hacer para que
entienda que sus acciones son malas, peligrosas y que finalmente
atentan contra sí mismo y contra el bien común de la familia. Es tan
absurdo el asunto...me imagino a ese adolescente encerrado en su pieza
viendo tele o jugando con su teléfono o lo que sea en el computador, y
que es llamado a almorzar una y otra vez y no viene nunca. Y ahí va el
padre o la madre poco menos que a rogarle al príncipe para que se
digne ir, y el déspota no va. Resultado: al cabo de un rato la cosa
explota y el padre o la madre superados en paciencia, se descargan
gritoneándole y arrojándole en la cara una sarta de coprolalias. Ahí sí
que tienes violencia innecesaria. ¿Por qué? Porque eso se hubiera
evitado muchos años antes, cuando el niñito era chico y sabía que si su
papá o mamá ordenaban algo, era su deber como hijo obedecer. Porque
los hijos han de obedecer en todo a sus padres a menos que éstos les
enseñen o les hagan hacer algo que vaya en contra de Dios y de sus
leyes. Pero en cambio el niño hizo siempre lo que quiso y nadie le puso
atajo al tirano manipulador. Ahora señores, cosechen lo que
sembraron. Pareciera que los padres tienen miedo a ejercer su
autoridad...acaso ¿quieren delegar en el Estado lo que ellos mismos son
incapaces de hacer por flojera, comodidad o por cobardía?

- Estoy completamente de acuerdo contigo. La mayoría de estos
encapuchados provienen de "familias" disfuncionales donde los padres
han estado ausentes la mayor parte del tiempo. Se han criado en las
calles, solos, en compañía de otros pares que están en una situación de

caos familiar igual, expuestos a que cualquier ideólogo anarquista los
reclute y encuentran en ellos la familia que nunca tuvieron. Muchos
padres o están ausentes en la crianza o simplemente no les interesa
hacerse caldo de cabeza y omiten permitiendo que los niños hagan lo
que quieran. Porque tal como has dicho, nadie desconoce que es
agotador estar todo el día corrigiendo, educando, sermoneando, con
cariño, sí, por supuesto, pero con firmeza. Es más fácil dejarlos libres,
pero ellos necesitan que se les guíe...por un acto de amor. He conocido
a tantos de mis alumnos que me siempre me dicen lo mismo: si mis
papás me hubieran corregido, yo no sería sí, no sería un fracasado don
nadie, pero me dejaron ser y ahora estoy pagando el precio de mis
rebeldías. Es perverso esto que quieren hacer con esta ley, y van a pagar
justos por pecadores, especialmente los niños. ¿El chico se va a enojar
con sus papás porque lo castigaron y va a llamar a los carabineros para
denunciarlos; o se la va a pasar amenazando a sus padres con
denunciarlos para que no le den un palmazo en el traste por portarse
mal? Hay gente que se escandaliza cuando yo les cuento que, dadas las
circunstancias, yo le aplico el correctivo físico a mis hijos. No saben que
uno sufre al pegarles también, pero que es necesario para evitarles a
futuro un mal mayor. No es por un enfado, ni por sensación de poder
que uno usa la fuerza para corregir. Hay un Proverbio que dice así: "La
necedad se pega al corazón del joven, mas la vara de corrección la
arroja fuera" (22, 15).

- Veremos qué resulta de este proyecto de ley. Por mientras seguiremos
sufriendo lo que los modernos padres actuales hay venido haciendo:
dejar que sus hijos hagan lo que quieran. Al final, ellos mismos van a
sufrir las consecuencias de sus omisiones.
- A mí me preocupa qué es lo que va a ser de nuestros pobres hijos
después: qué van a estudiar, con quién se van a casar...

- Eso dejémoslo para una próxima conversación por favor. Ya tengo
suficiente para pensar con esto que se nos viene. Se me está haciendo
tarde, ¿nos vamos en el metro?

Era una tarde fría, y ambos nos fuimos en silencio durante el viaje
de regreso a nuestras casas."

Relato 3
La disyuntiva de mi amigo el cura bi-ritualista
Ayer por la tarde salí más temprano de mis clases en la universidad
y me volví a casa para poder estudiar un poco violín y dedicarme luego
a corregir las pruebas de mis alumnos. Estaba repasando los primeros
acordes del estudio, cuando en eso siento que tocan el timbre. Mi mujer
y mis hijos me habían dejado solo en la casa para ir de compras al
supermercado y en vistas a que nadie más que yo podía abrir la puerta,
dejé mi violín – y mi interrumpida inspiración – sobre mi escritorio y
fui a abrir. Grande fue la sorpresa cuando me encontré en la puerta con
uno de mis viejos compañeros de colegio ahora convertido en un
cura…con sotana, bonete y muceta.
- ¡¡Sebastián, hombre que gusto verte!! Por favor pasa, vaya sorpresa
que me has dado.
_ Hola amigo, gracias, permiso. Ruego me disculpes por llegar tan de
improviso, sin avisarte.
_ No te preocupes, ¿Quieres tomar alguna cosa, un té, café, agua?
_ No, gracias, tal vez más ratito.
Yo le miraba y le miraba y no podía creer lo que mis ojos veían. Si
hubiera pensado en que alguno de mis ex compañeros de colegio iba
ser sacerdote, del que menos me lo hubiera imaginado era de Sebastián
que, aunque vivía metido en los famosos grupos “pastorales” como Eje

y todas esas cosas que yo detestaba, no le veía vocación para el
sacerdocio. Por aquellos años él era bastante mundano, por llamarlo de
alguna forma, y no perdía la ocasión para andar coqueteándole a las
niñas de las monjas inglesas y a las del Saint Margaret cuando íbamos a
entrenar atletismo a la cancha del Sporting. Le había perdido el rastro
hacía años porque además no era de mi grupo más cercano de amigos y
aparte de cruzar un par de palabras con él, nuestra relación no era
mayor.
Nos fuimos a conversar al rincón que ocupo como escritorio en el
living y él estaba fascinado mirando la colección de libros de mi
pequeña, pero bien surtida biblioteca. Tras darle una ojeada a un libro
de Knox, se sentó frente a mí. Yo no lo sacaba la mirada de encima y
seguía pasmado ante su aparición.
_ Estoy seguro Mateo. que no sales del asombro al verme aquí sentado
frente a ti siendo sacerdote y vestido con sotana. Me costó ubicarte.
Llevo un buen tiempo tratando de dar contigo y por fin te ubiqué
gracias a Manuel.
_ No te voy a negar que me has dejado perplejo, para bien, pero
perplejo de todas formas. Jamás me hubiera imaginado verte de
sacerdote y menos con sotana. No eras muy amigo de los curas con
sotana cuando estábamos en el colegio.
Entonces me contó su historia y las razones que lo llevaron a
buscarme. Su vocación había sido descubierta de manera muy similar
al joven seminarista de la película El Rito, sin mucho convencimiento y
más por hacer algo en la vida que por un llamado fuerte y patente de
Dios. Como no sabía qué estudiar y le gustaba todo esto de los grupos
parroquiales, decidió ingresar al seminario diocesano para probar, por
decirlo de alguna manera, si verdaderamente tenía vocación. Allí fue
muy bien recibido y se sintió muy cómodo. Con el paso de los años
comprendió que no se había equivocado con respecto a su decisión y
que tan sólo le había faltado madurarla. La disciplina era relajada, los
dejaban salir, en fin, todo era bastante “progre” y “liberal” y estaba
dichoso. Tras pasar siete años en el seminario, viendo pasar a uno que

otro postulante al sacerdocio que no duraba mucho y que se iba
desilusionado por la escasa y casi nula formación, finalmente
Sebastián fue ordenado y le fue asignada una parroquia en una de las
pequeñas ciudades costeras del norte de la región de Valparaíso.
La parroquia cobró vida con el cura joven, lleno de ideas
modernas, de actividades para los jóvenes que en verdad no tenían
mucho que ver con la religión. La misa era una “fiesta”, con guitarras,
panderos y lo que acostumbra a verse en este tipo de parroquias. Sin
embargo, la vida espiritual era mínima y los actos de devoción y piedad
se dejaban exclusivamente para las solemnidades, y éstas también eran
bien sui generis. La bulla no permitía a los fieles rezar y escuchar a
Dios, y la gente que en un principio acudió fascinada al “espectáculo”
del cura poco a poco se fue marchando. Con los años la asistencia a
misa fue disminuyendo significativamente quedando al cabo de diez
años, los mismos feligreses que habían cuando él llegó. Casi no venía
gente a confesarse y Sebastián poco a poco comenzó a apagarse y a
deprimirse. Uno de los feligreses más antiguos notando su desánimo le
sugirió que pidiera permiso para ir de retiro y le sugirió unos
sacerdotes que él conocía y que estarían dichosos de recibirlo.
- Entonces pedí permiso al obispo y me fui por un mes donde mi
feligrés me había sugerido. Lo que yo no sabía era que los curas eran
tradicionales y casi me morí cuando lo supe al llegar.
En efecto, yo recordaba que a Sebastián le cargaba todo lo que
oliera a tradición. El mismo hecho que yo fuera “tan tradicional” y que
siempre le llevara la contra al profesor de religión cuando empezaba a
enseñarnos error tras error, sembrado confusión entre mis compañeros
que tenían menos formación religiosa, lo sacaba de las casillas. Tenía
ese prejuicio que tienen tantos y que nos califican de lefevbristas como
si fuera un sinónimo de fundamentalista nazi, fanático religioso, siendo
que nuestro único pecado es profesar la misma religión que profesó la
Iglesia durante 1965 años. Quizás fuera ésta la razón de porqué nunca
fuimos mayormente amigos: un amplio abismo nos separaba puesto
que vivíamos la vida tal como vivimos la religión. Se vive según lo que
se cree y nuestra fe parecía ser otra. Para él yo era el intransigente

dogmático que no se adaptaba a los tiempos y ni a los cambios. Por una
misteriosa razón, siempre me sentí inclinado hacia la liturgia
tradicional y aunque por aquellos años ni siquiera la conocía, buscaba
la misa nueva menos bullanguera, y eso a Sebastián la cargaba, no me
entendía…y yo a su vez, no le entendía a él. Buscaba yo en la liturgia el
silencio necesario para encontrar a Dios, la tranquilidad para meditar
sobre el misterio y por sobre todo la dignidad del sacrificio ofrecido por
nuestra salvación.
_ No quise ser mal educado ni descortés con los padres que me habían
aceptado para pasar algunos días con ellos - continuó Sebastián - pero
quería irme corriendo. Reconozco que estaba lleno de prejuicios y
sobretodo de mucha ignorancia. En el seminario jamás nos hablaron ni
nos enseñaron que existía la misa tradicional, y si se hacía mención a
ella era para mostrarla como una especie de reliquia obsoleta de la
Iglesia que eran defendida por unos cismáticos orgullosos que no se
habían sometido a la autoridad del papa y seguían con lo antiguo sin
querer “sentire cum” la Iglesia. Le planteé honestamente mi inquietud
al padre encargado del lugar y él me pidió que no me fuera y que al
menos me quedara un día para conocerlos y sacarme un poco los
prejuicios. Aunque sabía que estaban en comunión con Roma, no me
gustaba esto de que solamente rezaran según el ursus antiquor, pero
dada la insistencia del padre, su amabilidad y su alegría por tenerme
ahí me quedé, pensando en que al día siguiente me iría. Yo iba vestido
con jeans, camisa y una pequeña cruz en la solapa de mi chaqueta, lo
menos que parecía era cura.
Pero Sebastián no se fue y se quedó por un mes. Había descubierto
un tesoro.
- Y me re-encanté y re-descubrí mi sacerdocio. La sencillez de la misa
rezada, el silencio, los gestos del sacerdote, el estar de frente a Dios y de
espaldas a los fieles, lejos de chocarme y molestarme me llenaron de un
gozo enorme. Todo hacia Dios, todo para Dios. Ahí verdaderamente
descubrí el significado del alter Christus y todos mis prejuicios y dudas
se esfumaron. Diría que fue casi como una conversión, de esas
conversiones que te golpean y hacen que te caigas del caballo. Pensé:

soy sacerdote, puede ofrecer el santo sacrificio tal como lo está
haciendo este padre frente a mis ojos…debo aprender a decir la misa
tradicional ipso facto.
Entonces en el mes que estuvo con estos padres, que dicho sea de
paso, andaban casi en peregrinación de una diócesis en otra buscando
un benévolo obispo que los acogiera, aprendió todo lo relativo a la
liturgia tradicional. Volvió a su parroquia irreconocible: el jean, la
camisa y la crucecita minúscula quedaron en el dispensario de los
padres. Se vistió de sotana, le regalaron un bonete y una muceta y se
propuso llevar a cabo una serie de reformas en la parroquia.
Sus cambios fueron más o menos bien recibidos, pero algunos
pensaron que se había vuelto loco y que le habían sometido a un lavado
de cerebro y comenzaron a correr los comentarios y las miradas
solapadas y desconfiadas. Nadie daba crédito al que de cura
bullanguero, simpaticón con todos, muerto de la risa siempre, amigo
de las fiestas y de los abrazos con los jóvenes de la parroquia, se
hubiese pasado a cura tradi así de golpe y sin aviso, y se mostrara
mucho más reservado, alegre como siempre, pero más sereno,
silencioso y se la pasara largas horas en adoración, en el confesionario
(aunque no fuera nadie) y preparando ahora él personalmente a los
niños para la primera comunión y a los jóvenes para la confirmación.
Sin embargo, no todo fue de color de rosa y el gran problema que
surgió fue la doble liturgia.
- Mira Mateo, la misa nueva es la misa de mi bautismo, de toda mi vida.
Tú y yo nacimos cuando ya esta era la misa oficial de la Iglesia y es a la
que la gente está acostumbrada. Es la misa de mi ordenación y tengo
que confesarte que después de haber asistido y luego rezado a la misa
tradicional se me está haciendo casi imposible volver atrás y estoy con
este problema de la bi-ritualidad golpeando mi conciencia día y noche.
Cada día se me hace más difícil decir la misa nueva y aunque he
introducido algunas modificaciones para hacerla lo más similar a la
misa tradicional el arreglo no pega: el gregoriano fue compuesto para la
misa de siempre, me suena tan raro cantarlo en la misa nueva…las
candelabros, el crucifijo al centro, los manteles e incluso celebrar ad

orientem lo estoy haciendo en la misa nueva para ir acostumbrando a
la gente, pero me cuesta y no sé qué hacer. La misa nueva es válida,
pero mi conciencia me dice y me reclama que no es digna de Dios, no es
digna de ser el sacrificio de Cristo en la cruz porque se pierde este
fin…Por eso vengo a que me digas algo. Sé que puedo confiar en ti,
¿puedes darme algún consejo? ¿Qué puedo hacer?
Él estaba con este tremendo problema de conciencia y la perspectiva
no era buena dadas las condiciones en que se encuentran todos
aquellos sacerdotes que quieren seguir siendo fieles a Cristo y a su
Iglesia a través del centro de su sacerdocio que es la Santa Misa. El
obispo había tolerado a regañadientes que Sebastián celebrara la misa
tradicional en su parroquia y era imposible que se le dejara rezar
únicamente esta misa. No iba a ser posible que se convirtiera en una
cuasi-parroquia destinada a quienes querían los sacramentos y la misa
según el uso tradicional y la verdad es que su situación era complicada
si quería seguir siendo párroco.
No quería abandonar a sus feligreses y pedir dispensas al obispo
para ser recibido en algún instituto o fraternidad Ecclesia Dei. Él quería
seguir siendo párroco en la diócesis a la que pertenecía.
- Pide ejercicio libre del sacerdocio.
- ¿Y mis fieles? ¿Los voy a abandonar? Además, ¿qué razón le doy al
obispo para que me dé el ejercicio libre si no estoy enfermo ni tengo
otro problema que lo amerite?
- Tu caso es complicado. Mi hermano cura, ¿te acuerdas de él? Bueno,
él está en una congregación Ecclesia Dei y tiene sus fieles y reza solo la
misa tradicional. Hay que perder algo para ganar otra cosa, y esa otra
cosa es la tranquilidad para tu conciencia. Podrás perder tu parroquia y
a tus queridos fieles, pero ganarás la paz para tu conciencia y la lealtad
para Dios con tu sacerdocio. Entiendo perfectamente tu situación
porque a mí me pasa lo mismo, pero como fiel: después de haber
conocido la misa tradicional se me ha hecho imposible volver atrás y
seguir asistiendo a la misa nueva por mucho que se la quiera decir lo

más parecido posible a la de siempre. Intentar realizar una síntesis de
ambas termina por transformarla en un engendro – me disculpo por la
palabra, pero no se me ocurre otra – en que nadie entiende nada. Padre
Seba, no sé cómo ayudarte. Lo que te sugiero no te sirve para lo que
quieres seguir haciendo…Si quieres rezar solamente según la Tradición
deberás perder tu posición como párroco: o pides ejercicio libre del
sacerdocio por razones de conciencia o te vas a un instituto, fraternidad
o congregación Ecclesia Dei. No le veo otra salida. ¿Cuántos fieles van a
misa tradicional en tu parroquia?
Cuando yo le pregunté eso, él cerró los ojos y suspiró. Notaba
cuanto estaba sufriendo interiormente.
_ Pocos, muy pocos…
_ No es tu culpa…si has estado hablándoles y enseñándoles…
_ Creen que estoy loco y que la misa en latín, como le llaman, es para
una elite. No sé de dónde han sacado eso, pero tienen tantos prejuicios
como los tenía yo antes de conocer la riqueza espiritual de esta misa.
No los culpo. Llevan años lavándoles el cerebro y yo mismo contribuí
en ello. – Sebastián se quedó en silencio un buen rato absorto en su
problema hasta que quebró su mutismo – Me siento bastante solo
humanamente hablando, pero como nunca antes me he sentido
consolado por Dios a pesar de este problema que comienzo a vivir. Tal
como dices, he perdido y he ganado….Entonces me sugieres que me la
juegue al 100%.
_ Sí, al todo o nada. No estarás abandonando a tus fieles, todo lo
contrario. Podrás rogar y santificar tu vida por ellos mejor que ahora.
Ellos no lo entenderán y pensarán que los abandonaste, pero será lo
contrario. No tengas miedo, la Providencia se encargará de mostrarte el
mejor camino y te dará los medios para hacerlo, lo único que se te pide
es que confíes a ciegas.
_ Hablaré con el obispo y le expondré mi caso tal como lo he hecho
contigo y esperaré su respuesta. Quien sabe, tal vez me lleve una
sorpresa. A veces de quien uno menos espera una solución viene y

viene más sencillo de lo que parecía. Voy a plantearle como primera
solución, la del ministerio libre. Podría tener alguna capellanía a algún
grupo que desee el ursus antiquor…, no lo sé, que se haga lo que Dios
quiera.
Pasamos la tarde conversando de otras cosas y luego se unió a la
charla mi esposa, mientras mis hijos revoloteaban con sus juegos a
nuestro alrededor. A Sebastián le cambió la cara y de estar compungido
al llegar pasó al relajo y a sentirse acompañado por nosotros. Cuanto
necesitan de nosotros estos curas jugados por el amor a Dios y a sus
hijos. Desde el punto de vista humano también es importante hacerlos
sentirse queridos, respetados y acogidos. ¡Cuánto bien podemos hacer
nosotros como laicos para apuntalarlos! No los podemos dejar solos.
Nos necesitamos unos a otros y en estos tiempos tormentosos para la
Iglesia tenemos que estrechar filas. El combate se nos viene pesado. Si
este amigo cura es capaz de jugárselas, ¿cómo no voy a ser capaz de
apoyarlo? Que Dios nos dé la fortaleza a todos.

Relato 4
Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón.

Por más que entré despacito y en completo silencio a mi casa ya
muy entrada la noche, mi esposa se despertó igual. Ella me esperaba en
el living y estaba sentaba en mi sillón favorito. La pobrecilla se quedó
dormida con los audífonos puestos en sus oídos y con una novela de
Jane Austen en su falda. Casi nunca salgo por las noches y como ella
no está acostumbrada a eso, queda muy preocupada e intranquila
hasta que llego. La miré antes que se despertara y me sentí conmovido
al verla tan hermosa. Pensé en lo bendecido que he sido por Dios que
me regaló a esta maravillosa mujer que me ama, me cuida y que me ha
dado unos hijos precisos. Después de todo lo que escuché esta noche en

la reunión con mis ex compañeros de curso del colegio pienso que debo
darme con una piedra en el pecho por la familia que sin yo merecerlo,
Dios me ha dado.
No era mi intención asustarla, pero como estaba en penumbras
tuve la mala suerte de pisar justo una tabla del suelo que chilla como
ratón cuando uno la aplasta, y ella se sobresaltó con el ruido.
- ¿Mateo eres tú?
- Sí Ángeles, soy yo. Vengo recién llegando, perdóname si te desperté.
- No importa. Te estaba esperando. ¿Cómo estuvo la reunión?
Me senté a sus pies y apoyé mi cabeza en sus rodillas. Ella me
abrazó por los hombros y nos quedamos mirando el fuego en la estufa
que aún ardía y que estaba muy agradable. Siendo que era bastante
tarde no quería irme a acostar. Ni pisca de sueño. En mi cabeza daban
vuelta las cosas que había escuchado.
- Estuvo…sobrecogedora.
-¿Una reunión de ex - compañeros de curso sobrecogedora? ¿Qué les
pasó? ¿Recordaron de sus días de colegio y se largaron a llorar?
Claro que fue extraño para ella escuchar la palabra sobrecogedora,
pero así era. Cada cinco años nos juntamos en el Club de Campo de las
Salinas a recordar viejos tiempos y a saber sobre lo que ha sido de cada
uno de nosotros. Este año como nunca antes fuimos todos, incluso el
padre Sebastián. Con Manuel, mi cuñado y amigo de toda la vida, nos
sentamos con Seba en la misma mesa junto a otros de nuestros
compañeros. Al principio el salón se inundó de risas y holgorios. Los
abrazos iban y venían.
- Entonces después de comer, la directiva del curso que organizó el
encuentro nos pidió a todos que habláramos sobre nuestras vidas y lo
que estábamos haciendo. Comenzaron las presentaciones y cada uno
de mis compañeros quería parecer como más exitoso frente al otro, y
los grados académicos, post-títulos, cargos gerenciales y empresas de

jóvenes (¿podré llamarme a mí mismo aún joven a esta edad?)
emprendedores se escuchaban por aquí y por allá en las mesas. Había
un par de oficiales de la marina y del ejército dentro de mis
compañeros que habían hecho también muy buena carrera. Todos se
felicitaban mutuamente por exitosos trabajos, por los encumbrados
puestos.
Mi mesa fue la última en presentarse. El primero que habló fue el
padre Sebastián y bueno, su sotana delataba su vocación y su
ocupación. Habló sobre lo agradecido que estaba de Dios por haberle
llamado al sacerdocio, y que cada día se encomendaba a Él para que le
diera la fuerza suficiente para serle leal y llevar más almas al Cielo.
Después que los otros tres ocupantes de nuestra mesa se presentaron,
habló Manuel y contó que se había hecho cargo de la gerencia logística
de la naviera de su papá. Todos sabían que tarde o temprano Manuel se
iba ser cargo de la empresa, pero lo que más les llamó la atención es
que dijera que este cargo le daba lo mismo y que para él lo más
importante era haber construido junto con mi hermana, una familia
unida. Hubo unos segundos de silencio en que se quedaron pensando y
tras esta pequeña pausa hablé yo y detoné la catarsis.
Tal como lo habían hecho los demás tuve que contarles que había
sido de mi vida durante estos últimos años. Soy bien reacio a andar
hablando de mí mismo y me insistieron e insistieron para que contara
más de mis asuntos. Les dije que era profesor en la misma universidad
donde había estudiado, que tenía ahí un par de cátedras y que además
hacía clases en un colegio privado en esta ciudad. Les conté que antes
de obtener las cátedras en la universidad me fui becado por una
fundación católica inglesa a estudiar cuatro años a Oxford para el
doctorado. Seguí diciéndoles que lo que más valoraba de mi trabajo
eran dos cosas: una, que podía ayudar a mis alumnos tanto material
como espiritualmente y que lo consideraba casi como una labor de
apostolado; y dos, que me otorgaba la posibilidad de tener un horario
que me permite estar en casa temprano para poder acompañar a mis
hijos y a mi mujer.
-¿Y entonces?

- Entonces Angelito les dije algo así: “No me he destacado como
empresario, ni tampoco con grandes títulos y cargos como sí lo he
podido comprobar en muchos de ustedes. Humanamente hablando
ustedes son unos tipos muy exitosos. Yo no gano mucho dinero, sino lo
suficiente para mantener a la familia sin grandes lujos porque además,
no los necesito ni tampoco me interesan. A los ojos del mundo soy un
simple hombre de a pie como muchos otros y eso me basta. A mí lo que
más me ha llenado es el poder estar cerca de mis hijos para verlos
crecer, para poder formarlos, para educarlos en la fe. Ellos me conocen,
tienen la confianza para hablarme de lo que sea que quieran y cuando
quieran; y yo los conozco a ellos perfectamente. Sé cuan diferentes son
unos de otros, con su carácter y personalidades bien definidas. Los he
ido moldeando como el artista moldea su escultura, intentando sacar lo
mejor de ellos, formándoles el carácter. Si no estuviera en la casa el
tiempo suficiente difícilmente podría conocerlos y darle a cada uno la
atención que necesitan de acuerdo a sus temperamentos y a sus
cualidades. Cada persona es un universo, un mundo muy particular y
en la medida que más conozca yo a cada uno de esos universos
pequeños que son mis hijitos, más podré sacar de ellos lo mejor. No ha
sido fácil. Criar y educar a los hijos es duro e ingrato muchas veces.
Exige muchas renuncias y a menudo pierdo la paciencia porque me
canso de repetirles siempre lo mismo; me cansa el hecho que de vez en
cuando se rebelen contra mis órdenes y yo tenga que estar ahí encima
obligándoles a hacer lo que les ordeno que siempre es en vista a su
propio bien. Sin embargo,
cuando luego los veo junto a mí,
hablándome con confianza y amor, contándome sobre sus problemas,
sobre sus alegrías, cuando los veo correr hacia mí y abrazarme
diciéndome que me quieren, ¡por Dios qué vale la pena el sacrificio! A
mí no me gustaría que cuando ellos llegaran a la adultez yo no supiera
que clase de personas son, y que a su vez yo fuera para ellos
prácticamente un desconocido, y todo por mi propia culpa al haber
preferido mi desarrollo profesional o mis placeres mundanos a estar
con ellos como parte fundamental de su crecimiento. Voy llegar a viejo
– si no me llama Dios antes – y miraré hacia tras y ¿qué veré? ¿Mi
desarrollo profesional, mi fortuna, mis logros humanos? ¿O veré a mis

hijos siendo buenos católicos y que a su vez también ellos están
formando a sus hijos en el santo Temor de Dios? Al final de cuentas
cuando me presente ante el tribunal de Dios no me van a revisar el
curriculum vitae, ni cuánto dinero generé, ni los doctorados ni los
títulos de nobleza, sino que se me juzgará en el amor. No digo que los
títulos y los estudios, el dinero, sean malos en sí, sino que sólo son
medios y no fines. Lo malo es vivir y enfocar toda la voluntad e
inteligencia en ellos como fines en sí mismos.”
- Ustedes los hombres siempre están compitiendo como niños. A ver
quién tiene el auto más moderno, quien es mejor para la pelota, quien
ostenta el mejor cargo de la empresa…y tú les sales con algo que los
descoloca. Qué bueno Mateo que los aterrizaste.
- Pero lo hice espontáneamente Ángeles. Este tema de las prioridades
de la vida es de las cosas que yo siempre me planteo y bueno…quizás
les hacía falta que alguien les dijera una cuantas verdades. Cuando
terminé mi intervención todos me estaban mirando con algo de
incomodidad y las risotadas de hace un instante ya no se escucharon
más. Poco a poco comenzaron a conversar entre ellos y el murmullo
comenzó a sentirse. Con el transcurso del tiempo y con unas copas en el
cuerpo mis compañeros comenzaron a sincerarse entre ellos. Yo había
abierto una grieta y ahora las lágrimas corrían como si un terremoto de
emociones les hubiera movido todo aquello que estaba reprimido en
sus almas. Los cargos de conciencia brotaron por todos lados y los
éxitos de hace un instante, ahora ya no lo eran tanto. Las miserias del
alma humana se esconden tras un aparente bienestar material.
Comenzaron a llorar sus fracasos matrimoniales y sus terceras o
cuartas rejuntadas; los hijos postergados, el tiempo perdido y
malgastado en necedades, la pérdida de fe, al abandono y la soledad en
la que se encontraban, las humillaciones en los trabajos, el hastío de la
vida. Los solteros lamentaban haber dejado pasar la posibilidad de
formar una familia por dedicarse a ellos mismo. Siempre postergando
finalmente ya era demasiado tarde.
Te aclaro mi vida, que no todos estaban en esta situación, pero era la
mayoría, diría que un 70% de los que estábamos ahí. Manuel, que

estaba sentado justo al frente mío al otro lado de la mesa, me miraba
sorprendido por lo que estaba pasando. Yo levanté mis cejas y mis
hombros para mostrarle con este gesto que yo al igual que él estaba
sorprendido. “¿Qué les pasa a estos locos? ¿Por qué lloran?” Me dijo
desde lejos – “Parece que levanté la alfombra y salió a relucir la mugre”
- le contesté yo. Él se sonrió y se puso a conversar con otro de mis
compañeros que estaba a su lado y que lloraba porque a sus hijos no
los veía nunca porque se la pasaba viajando.

Las conmovedoras escenas se veían en todas las mesas y para mí
este espectáculo de cuarentones llorando como adolescentes era
surrealista. Estaba pensando en lo inaudito que era todo esto cuando
fui interrumpido en mis cavilaciones por otro de mis compañeros que
estaba sentado en otra mesa justo detrás de mí, corrió su silla y se ubicó
a mi lado para hablarme. Estaba muy impresionado por mis palabras.
Afortunadamente era uno de los que no estaba dentro del 70%.
- Te las mandaste Mateo de nuevo. Han pasado veinticinco años desde
que salimos del colegio y sigues con los mismos discursos que nos
dejan golpeados. Oye viejo de verdad ¿eres feliz?
- Vaya pregunta que me haces. Te diría que sí y no. Agradecido de Dios
por todo lo que me da cada día; agradecido y feliz por mi fe católica,
por conocer la Verdad, por la familia que he ido construyendo con
Ángeles; pero el día en que yo me sienta pleno y dichoso en esta vida,
entraré a preocuparme, algo no anda bien.
- El camino del cristiano no es fácil. Cada día se está haciendo más
difícil vivir conforme a lo que Dios nos pide.
- Claro Vicente, el amor va acompañado del sufrimiento, exige muchas
renuncias y sacrificios. No podemos ser menos que el Maestro. Hay
veces que me siento como viviendo en un exilio, a pesar de tenerlo
todo. Nada parece llenarme…feciste nos ad te et inquietum est cor
nostrum donec requiescat in te, decía San Agustín. Mi corazón
solamente estará feliz cuando pueda por fin descansar en Dios.

Estamos de paso no más por un tiempo y si miramos esta vida desde la
eternidad es la nada misma. Por eso yo tengo puesta mi vida y mi
corazón en tratar de ganar el Cielo para los míos y para mí. Ahí está mi
tesoro, lo demás es paja molida.
- Todo el tiempo que perdemos en insignificancias y después andamos
arrepentidos.
- Y ya es tarde. Las decisiones se toman en un determinado momento y
cuando dejas pasar la oportunidad ésta ya no vuelve más. Toda la vida
estamos decidiendo y cuando optas por una cosa las demás quedan
desechadas y para siempre. No se puede tener todo, imposible. O te la
juegas por vivir católicamente o nada. No puede haber medias tintas,
eso no es lo que Dios nos pide.
Vicente me dio la mano y volvió a su lugar en la mesa. Pasada una
hora ya todos nos quisimos volver a nuestras casas.
- Ojalá que les haya servido de algo esta catarsis para replantearse la
vida.
- No lo sé. La gente se deja llevar más por las emociones y el momento
de sentimentalismo, cuesta que tomen medidas concretas. No tienen la
voluntad de cambiar y retroceder. Lloran un poco, pero después siguen
igual, sabiendo que están mal. Prefieren seguir escondiendo la mugre
bajo la alfombra, es más fácil.
- Pero el dolor que sienten a causa de sus errores está siempre ahí
presente, ¿no crees Mateo?
- Sí mi Angelito, así es. Dios quiera que de entre todos los que estaban
ahí esta noche, al menos a uno le hayan llegado mis palabras y
enmiende el rumbo. Creo que de ahora en adelante tendré a mis viejos
camaradas más presentes en mis oraciones. Vamos Ángeles que ya es
muy tarde.
La noche estaba muy silenciosa, y ahí a los pies de mi cama de
rodillas en el suelo, en la oscuridad y en silencio le pedí a Dios por mis
compañeros…y por mí.

Relato 5
El celo por la liturgia
Esta mañana, como todos los martes, Manuel, mi cuñado,
pasó a buscarme a mi casa para llevarme a Valparaíso en su auto. Yo
había pasado una mala noche, pues de nuevo mi hijo mayor, antes de
acostarse, me fue a contar la última gracia del capellán del colegio.
Intuyo de inmediato cuando él me va a salir con estas noticias
religiosas del colegio. Lo leo en su cara antes que comience a hablar. Sé
que lo hace para desahogarse conmigo porque no tolera los abusos ni
las ofensas a la religión. Él queda más aliviado con las palabras que le
digo, pero me traspasa a mí la carga, pues sufro con este tipo de
noticias. Hay personas que no logran entender mi consternación y
creen que exagero con este tema. Como si no hubiera nada más de qué
preocuparse. Sin embargo yo me pregunto, ¿acaso no es importante
darle a Dios la adoración y el honor que le es debido?
Me subí al vehículo y emprendimos rumbo a la sede central de
mi universidad. No tenía ánimo para hablar y estuve en silencio por
unos minutos hasta que Manuel, que percibió que algo me pasaba,
rompió el mutismo.
-¿Te comieron la lengua los ratones que estás tan callado
Mateo?
- Lo siento, pero no tengo ganas de hablar – le respondí en
seco.
- Cuando te quedas callado así como ahora, es porque algo te
molesta y estás dándole vueltas en tu cabeza al problema. Cuéntamelo a
ver si te puedo ayudar. ¿Problemas laborales, familiares, de salud,
económicos? ¿Qué?
-Religiosos.

-¿Problemas religiosos? ¡Otra vez con lo mismo! ¿Qué pasó
ahora?
Le expliqué lo que me había dicho mi hijo acerca de la reciente
misa que había tenido lugar en el colegio. Una misa que le corresponde
a cada curso una vez al mes y a la cual están obligados a asistir. Mis
hijos y sus primos, los hijos de Manuel, han crecido asistiendo cada
domingo a la misa tradicional. A la misa nueva van únicamente cuando
están en el colegio, o por alguna razón específica, como un matrimonio
o algún aniversario. Mis hijos varones, lo mismo que los de Manuel,
son monaguillos en la misa tradicional, y conocen al dedillo tanto la
misa rezada como la cantada. No están habituados a la misa nueva, se
les hace ajena y hasta les parece chocante, partiendo por el hecho de
que el sacerdote le dé las espaldas al sagrario. Cada vez que mi pobre
hijo mayor va a la misa en el colegio con sus compañeros termina
acongojado. Esta última fue la peor de todas pues, lo que ahí vio, cae en
el plano de lo sacrílego y lo blasfemo:
“Parecía una conversación” – me dijo el chico – “ni siquiera
fue en la capilla del colegio, sino que en el oratorio. Llevaron una mesa
cualquiera y ahí pusieron el mantel. ¡Un solo mantel y ni siquiera era
de lino! Era tan delgado que dejaba ver el color de la mesa que cubría.
El padre nos contó que antes, cuando él era joven, las misas eran súper
aburridas y que por eso las trata de hacer entretenidas. La misa, según
él, es una fiesta y hay que celebrarla como tal. También nos dijo que
antes el vino de la misa era muy fuerte y que por eso se lo mezclaba con
agua, pero que ahora como es suave no es necesario echarle mucha.
Cada vez que hacía algo, nos lo explicaba en términos chistosos, sin
ninguna reverencia, como quien conversa en la cocina de la casa con un
grupo de amigos. Para la comunión colocó el cáliz con el vino y el
ciborio con las hostias en la mesa. Cada uno tenía que acercarse a ella y
sacar una hostia, sumergirla en el vino y luego consumirla. Nos advirtió
que había que masticarlas. Casi todos mis compañeros comulgaron,
pero yo con un amigo nos quedamos en nuestros puestos. También
contó, en tono de chacota, que no le gustaban las albas anchas porque
se veía muy gordo y usaba las que eran más apretadas.”

- Ese cura es un desobediente a la Iglesia – me interrumpió
Manuel - Mira Mateo la situación de las misas dejadas al criterio y al
gusto del celebrante es así en todas partes. Es cosa de buscar en
internet. Está lleno de videos de curas haciendo barbaridades durante
la misa. Si te vas a deprimir por cada cosa aberrante que sepas o veas
que ocurre en la Iglesia, te vas a trastornar o vas a perder la fe. No
sacamos nada con escandalizarnos si además, no podemos hacer
mucho.
-Eso es lo que me duele. Que parece que estos abusos ya no
impresionan, pero a mí sí me impresionan y me duelen. Es triste
comprobar como cada día se abofetea a Cristo en su liturgia y no se
respeta lo que la Iglesia ha dispuesto incluso para la misa nueva. ¿Por
qué? Porque los que debieran sancionar y corregir los abusos litúrgicos
no lo hacen y no tienen la menor intención de hacerlo. Se ve en la
práctica. ¿Existe algún sacerdote que haya sido amonestado por su
obispo, o por quien corresponda, por un abuso litúrgico? Nadie que yo
sepa. ¿Problema de aplicación de la autoridad? Hablando en términos
más amplios, ¿Los problemas que enfrentamos en la Iglesia a todo
nivel son debido a una falta de autoridad? No, no es por eso. Cuando a
alguien se le quiere sancionar, como por ejemplo a los Franciscanos de
la Inmaculada, el peso de la autoridad se deja caer con toda su fuerza.
- Entonces, si no es un problema de abandono de la
autoridad, ¿a qué crees que se deban?
- Aquí no existe un problema de falta de autoridad, existe un
problema de pérdida de fe, de no creer en la Iglesia ni en la doctrina
que Dios nos ha revelado. También hay soberbia. Es como decir: “a mí
no me interesa lo que la Iglesia diga acerca de cómo se deben celebrar
las liturgias. Yo aquí voy a hacer lo que yo quiero al gusto mío”. Y esto
desde la cabeza de Iglesia para abajo. Si los que están arriba predican y
practican lo mismo que los que están abajo, ¿Comprendes? Por tanto,
¿qué van a sancionar si son similares? La autoridad tendría que
corregirse a sí misma primero. Los paladines de la obediencia ciega son

incapaces de obedecer a la Iglesia respecto a las normas litúrgicas. ¡Si
la Santa Misa es lo más sagrado que Dios nos ha dado! ¡Por favor, todo
lo demás se forja a partir de ella! Si la liturgia se hace indigna y
sacrílega, ¿qué nos queda para todo lo demás?
- Decía el hereje de Lutero algo así como que si destruyes la
misa, destruyes el papado.
- ¡Por supuesto, y vaya que tenía razón! Si el obispo sabe que
uno de sus sacerdotes dice la misa como se le antoja, agregando o
quitando oraciones, introduciendo acciones ajenas a ella, y no hace
nada para corregirlo es porque no le importa, y si no le importa es
porque no cree en lo que la misa es: el sacrificio incruento de Cristo en
la Cruz. Será para ellos una cena, un ágape al estilo protestante, ¿qué sé
yo? Por eso cualquier agregado extraño a la misa, no importa, porque
según creo que piensan, la “enriquece”. Muchas autoridades de la
Iglesia adolecen del celo necesario para con lo Sagrado, y más bien
colocan todas sus energías en asuntos sociales, como una agencia
humanitaria.
- Más preocupados por la ecología, que por la adoración a
Dios y la salvación de las almas – agregó Manuel.
- La autoridad la ejercen por razones políticas sancionando
con rigor a quienes desean ser fieles a Cristo y obedientes a la Iglesia,
pero a aquellos que abusan y caen en el sacrilegio, nada, no hay
reprimenda, ni sanción. ¿Cuánto puede durar un reino que sanciona a
quienes le sirven lealmente y premia u omite negligentemente a los que
la destruyen? Mientras el reino esté gobernado por quienes pretenden
destruirlo, no es mucho lo que nosotros podemos hacer.
-Si hay algo que podemos hacer es resistir a la mala autoridad
y apoyar, con hecho concretos y con nuestras oraciones, a aquellos
pastores que aman a Cristo y a Su Esposa. Ella, siendo divina y
humana, estará siempre asistida por Aquel que lo prometió, aunque
quede reducida a un pequeño rebaño – me dijo Manuel casi
robándome las palabras de la boca.

Se detuvo en la parada de buses frente al semáforo donde
siempre me deja. Le di un apretón de manos, me bajé y cerré la
puerta. Avancé unos pasos y sentí que me llamaba haciendo sonar la
bocina de su auto. Me devolví hacia él y me dijo:
- Mateo nosotros somos simples laicos. No tenemos autoridad
para cambiar el caos que hay en la Iglesia a todo nivel. Pero lo que sí
podemos hacer, y te lo repito, es apoyar a quieres sí la tienen y pueden
hacer algo, partiendo por el cura fiel que en su parroquia hace enormes
esfuerzos por rendirle el culto debido a Dios y por salvar almas. Dios no
nos pide imposibles, sino aquello que somos capaces de soportar y de
entregar. Él sabe que hacemos lo que más podemos para vivir
católicamente frente a esta debacle y al ataque permanente que se nos
hace para hacernos sentir como parias. Este desprecio y esta
persecución se va a poner peor, y vamos a ser probados, pero es porque
Dios lo permite. Recuerda que Dios siempre está probando nuestra
lealtad para que nos merezcamos ganarnos el cielo. Un amigo
argentino me dijo una vez cuando pasé por un momento de mucho
dolor, que Él nunca abandona a los suyos, y lo he y lo sigo
comprobando. Ofrécele tu dolor que Él sabe del celo que sientes por Su
lugar sagrado. – Yo me apoyé en la puerta del auto. Sentí venir esa
monstruosa tentación de la desesperanza. Me ocurre con frecuencia
que esta asechanza de malos pensamientos, esos soplos perversos,
intentan llevarme al desasosiego. Afortunadamente Manuel siguió con
sus consejos y yo pude armarme para hacerle frente a la prueba.
-Sólo Dios sabe porqué permite que se le siga crucificando con
ignominia en liturgias abominables. Él sigue teniendo mucha paciencia
con todos nosotros y permanece en un aparente silencio, pero cuando
menos lo esperemos el silencio va a terminar y pondrá las cosas en
orden. Tú hace lo que tienes que hacer no más según tu estado y según
tus posibilidades. Quédate tranquilo amigo. Sé que sufres por esto,
pero que este sufrimiento no te lleve a la angustia. Déjalo en Sus
manos, ¿sí? Chao Mateo, que tengas una buena jornada.
Dicho esto se despidió de mí y siguió con rumbo a su trabajo.
Me encaminé a la universidad, subí al segundo piso donde se encuentra

la capilla y me arrodillé delante del sagrario. Le imploré al Señor para
que perdonara mis negligencias, mis propias irreverencias, mis
distracciones durante la oración y durante la misa. Le supliqué que me
perdonara por crucificarle todos los días con mis pecados, y le rogué
por aquellos sacerdotes que le ultrajan a diario en la misa.
Cuando salí de la capilla me topé con un colega que me dijo:
“¡Hola Mateo! ¿Rezando otra vez?” Lo que conversamos al respecto lo
dejaremos para otro relato.

Relato 6
Mateo, ¿por qué rezas tanto?
A la salida de la capilla de la universidad me encontré
con uno de mis viejos conocidos que hace clases en la Escuela de
Derecho. Como hace unos años se convirtió en un especie de librepensador, no entiende porqué yo soy, como él dice, “un hombre tan
religioso” y no pierde ocasión para dedicarme algunos desagradables
comentarios al respecto. Creo que soy para él una especie de fenómeno
en retirada, un vestigio de una vieja religión que se niega a morir, y que
necesita que alguien le abra los ojos y lo convierta en lo que él es. No
comprende mis actos de piedad – cómo si hubiera que entenderlos – y
para él soy una cosa rara digna de estar en alguna exhibición de sujetos
friki al lado de la mujer barbuda o del hombre elástico. Trato de hacerle
el quite, y cuando le veo venir, me arranco por algún atajo o por alguna
puerta lateral. El tipo es de verdad muy fastidioso, pero esta vez no me
pude escapar.
- Todos los martes, Mateo, te veo salir a la misma hora de la
capilla. La semana pasada me dije: “cuando lo vea de nuevo entrar lo
voy a esperar afuera para preguntarle si es para él una necesidad básica
pasársela metido en la capilla”. – No me dio tiempo para responderle
enseguida, pues me tomó por el codo conduciéndome hacia la sala de

profesores de su escuela– Entra un momento a conversar y a fumarnos
un cigarro. ¿A qué hora entras a clases?
- A las ocho y cuarto. Estoy un poco apurado, ¿podemos
juntarnos a conversar otro día? – Lo cierto es que no tenía ganas de
quedarme a conversar con él y además quería estar antes en el aula
para ir recibiendo a los alumnos.
- Relájate un poco y vamos a fumarnos un cigarro. No hay
nadie más y podemos hablar tranquilos.
- Gracias, pero no fumo, sabes que tengo problemas al
corazón. – No hallaba como eludirlo, pero fue tanto lo que insistió que
decidí no seguir haciéndome de rogar. - Está bien, me voy a quedar si
me ofreces, en vez de un cigarro, un café gourmet de esos que toman
ustedes los abogados de la escuela.
-Fantástico. Yo mismo te lo preparo. – El abogado estaba ese
día completamente hiperventilado y no paraba de hablarme mientras
con el cigarro en la boca preparaba el café. - Me olvidé que eras
enfermo del corazón. ¿Te han operado ya?
- Sí, hace un tiempo me instalaron un marcapasos por mi
problema con las arritmias.
- Vaya Mateo, qué terrible. ¿Por eso rezas entonces? Para que
no te falle de nuevo el motorcito ¿eh?
Me lanzó la broma sin disimular para nada lo jocoso y hasta
ridículo que era para él verme rezar en la capilla al llegar y luego al
irme de la universidad.
-Rezo por muchas cosas, y una de ellas es para pedirle a
Nuestro Señor que me dé la salud física para poder cuidar a mi mujer y
a mis hijos.
-Reces o no, tu Dios hace lo que quiere. Si quiere que te
mueras joven, Él lo va a hacer igual aunque te arrastres de rodillas por
toda la capilla.

-Pero puede ser que Él esté esperando a que yo le pida para
que no me muera todavía. A Dios le gusta que uno, como hijo Suyo que
somos por el bautismo, le converse y le pida lo que necesita. Siempre
nos está esperando para que nos acerquemos con confianza.
-Entonces tú rezas para pedir solamente.- Algo le pasaba,
pues no era normal que me dijera tantas cosas relativas a la oración de
un modo tan negativo. ¿Buscaba ponerme a prueba, provocarme?
¿Buscaba a alguien que le diera una razón por la cual acercarse a Dios?
Opté por la última opción. La Providencia siempre se las arregla para
hacer volver a sus hijos pródigos valiéndose de ineptos y brutos como
yo. Recordaba que él había militado un tiempo en uno de estos grupos
neocones y que luego había ido perdiendo la fe poco a poco, hasta ser
reclutado por los masones, y por lo que yo sabía, asistía a una logia.
Desgraciadamente, como veréis más delante, me equivoqué en mi
pronóstico. Una vez más caí por ingenuo.
-No, Ricardo, no solamente rezo para pedirle cosas a Dios. Tú
eres católico de modo que sabes que…– ahí me interrumpió de nuevo.
-Era – me dijo- era católico.
- Te convertiste en un apóstata.
-Llámalo como quieras. Ahora soy un hombre libre. Pero
dime, si no rezas únicamente para pedir, ¿para qué más? Yo no te
entiendo Mateo, realmente no te entiendo. Actúas como cualquier
supersticioso siendo que eres un académico, un hombre de estudios, un
intelectual. ¿Cómo puedes seguir creyendo en Cristo, y menos en la
Iglesia con todos los escándalos y corrupción que la afectan? ¿Cómo
puedes seguir arrodillándote frente a pedazo de pan? Eso no tiene
sentido ni lógica.
Lo miré con tristeza. Sus palabras me dolieron, no por mí,
sino por lo injusto que era para con Dios que le ha creado, que le ha
bendecido con muchos dones y que ha derramado Su sangre para
redimirlo.

-Ricardo, la fe es un don de Dios, un don que Dios da
gratuitamente a todos quienes quieren recibirlo. Yo no te puedo forzar
a ti a creer. Sé que me estás provocando para que entre en una
discusión estéril contigo, pero voy a caer en tu trampa. Yo no te voy a
cambiar y tú tampoco a mí. Lo único que te voy a decir es que para mí
la oración es algo tan natural y necesario como la relación que tiene un
hijo con su padre. ¿A qué hijo no le gusta conversar con su padre, que
está siempre dispuesto a escucharle?
- ¿Y tú crees que a tu Dios le interesa lo que le dices? ¿Qué le
va a importar a Él si le rezas o no? ¿Acaso a Dios le afecta que tú vayas
o no a misa?
- Soy yo el que necesita rezarle e ir a misa, como el enfermo
que necesita al médico, como el sediento que necesita que le den agua.
Voy a adorarle como le corresponde; a reparar nuestros pecados, a
rogarle y a darle gracias. Es mi deber para con Dios.
- ¡Qué raros son ustedes los católicos! No ven ni escuchan
nada y aun así persisten en hablarle al aire. Yo más bien creo que eso
que tú haces y a lo que le llamas “oración” es un acto de conversación
contigo mismo.
- No señor, la oración es una gracia que Dios nos da. Nosotros
gusanos que nos arrastramos por el suelo, llenos de pecados y de
defectos podemos elevar nuestras súplicas a Dios, ¡A Dios! ¿No te
parece una desproporción enorme? Sin embargo, Él ha querido
convertirse en nuestro amigo y acepta que le dirijamos la palabra, nos
escucha y nos responde en el silencio de nuestro corazón, en lo más
íntimo de nuestro ser.
- Insisto que a tu Dios no le importa lo que le dices. Yo no rezo
y vivo tranquilo y feliz. No necesito andarle pidiendo a algo tan etéreo
como al Dios cristiano, que me arregle la vida.
-No podría pasar un solo día sin que en algún momento de la
jornada no pensara en Dios y hablara con Él, incluso con una simple
jaculatoria. Cuando amas a alguien, a tu mujer o a tus hijos, lo único

que deseas es pasar la mayor parte del tiempo con ellos, conversando,
contemplándolos, ¿verdad? Bueno eso mismo es lo que me pasa a mí
con Dios, y la oración es la manera en la que estoy con Él. Si puedo voy
a la capilla y rezo, pero si no, rezo en cualquier parte: en el tren, en la
calle, en la sala de clases, en mi escritorio, donde sea que esté. Cierro
los ojos y le converso a Dios: “Señor” – le digo – “tengo este problema,
no sé qué hacer, necesito que le des luces a mi entendimiento para
buscar la mejor solución” O le digo “Señor, me he comprometido a
rezar por tal o cual persona, por favor, ¿puedes ayudarle en su
necesidad?” O cuando estoy afligido y siento miedo, le suplico: “Señor,
tengo miedo a caer en la desesperación. Siento que el mundo me
aplasta, no dejes que me hunda. Señor, no permitas que pierda la fe y
me condene” También rezo para agradecer por tantas cosas que Dios,
sin ningún mérito propio, me da: por vivir en un país que, a pesar de
sus defectos, está en paz y donde puedo formar mi familia, donde
puedo ir a una Misa Tradicional, y hasta por tener todos los días un
plato de comida para echarme al buche. Rezo por mi salud, por la de
mis seres queridos, y por la de mis amigos. También rezo por aquellos
que no lo hacen. ¡Hay tanta gente por la cual rezar y hay oraciones tan
hermosas para recitar!
Mi amigo seguía mi monólogo con atención, pero yo notaba
que estaba turbado, molesto. Si al inicio se había mofado de mí ahora
había mutado hacia la seriedad y a la ansiedad. Fumaba con rapidez,
por cada frase que yo decía él movía negativamente la cabeza y
efectuaba exclamaciones irónicas. Hasta el rostro lo tenía deformado.
- Todo muy lindo lo que cuentas, pero ¿Dios te habla
directamente? ¿Siempre te sientes tan reconfortado? Mateo, la verdad
es que no te creo mucho lo que dices.
- La vida espiritual no es pareja. Tiene altos y bajos y a veces
atravesamos por tiempos de aridez, periodos en que la oración es seca,
con apariencia de infertilidad y parece no dar frutos ni tener respuesta.
Son pruebas de Dios y a grandes santos les permitido pasar por
periodos muy largos de noches oscuras. Yo, que de santo no tengo ni un
pelo, también he pasado por periodos de noches oscuras en las que mi

alma se siente sola, muy sola, y cuando todo parece perdido comienzo a
ver la luz, pero esto después de un tiempo de pena muy grande y que
me ha tenido al borde del colapso. Algunas veces salgo triunfante, pero
en otras le ha dado consentimiento a los malos pensamientos y me he
dejado arrastrar por la desolación, siendo que Él siempre estuvo a mi
lado y yo no le veía. Entonces, vuelto a la luz, me da mucha vergüenza
reconocer después lo tonto que he sido por haber desaprovechado la
oportunidad de vencer y hacer méritos para el Cielo y, arrepentido, voy
y me confieso por dudar de Dios.
- ¡Más encima te confiesas! Eres una causa perdida Mateo.
- Por supuesto que me confieso, la oración es más eficaz
cuando yo estoy en gracia de Dios. Ahora bien, también ocurre que lo
que le pedimos a no siempre se cumple y cuesta entenderlo. Si he
rezado con tanta fe y le he pedido, por ejemplo, con lágrimas en los ojos
por la salud de alguien y esa persona fallece, ¿acaso Dios no me
escuchó? ¿Han sido inútiles mis ruegos? ¿no recé con la suficiente fe
como creí que lo hacía? No, Él siempre escucha, pero nosotros no
siempre pedimos lo que conviene. Decimos: fiat voluntas tua y esto es
lo que se nos olvida. Tal vez para nuestra salvación y para la de la
persona por la cual pedimos sea conveniente, no lo que nosotros
queremos, sino lo que Él ve desde toda la eternidad, como lo más
conveniente. El tiempo y los acontecimientos de la vida nos dan la
perspectiva para poder decir al fin: Dios hizo lo justo y era bueno que
esto pasara aunque en ese momento no lo vi de esa manera. – En ese
instante sonó el timbre que llamaba a clases. Me había quedado dando
vueltas en la mente el que dijera que yo era una causa perdida y le
pregunté si acaso estaba pensando reclutarme para su causa. Me miró
sorprendido por mi acertada intuición.
- Pensé que tal vez podrías estar más abierto ahora que tu
Iglesia nos ha comenzado a mirar con otros ojos, pero contigo no hay
vuelta Mateo. Tienes el cerebro lavado y vives un catolicismo medieval,
lo cual es una pena siendo un hombre tan inteligente. Sin embargo, no
pierdo las esperanzas de verte algún día convertido en un hermano,
cuando te des cuenta de lo errado que estás.

-Antes muerto y enterrado a convertirme en un adorador del
maligno en la secta masónica a la cual tú perteneces. – Él lanzó una
carcajada y dándome la mano se despidió de mí, al tiempo que en el
dintel de la puerta, le di mi última opinión:
- Voy a rezar por tu conversión Ricardo, lo que es imposible
para los hombres, es posible para Dios. Cuando quieras volver, Él te va
a estar esperando como siempre. Es una pena que no veas en Dios a un
amigo amoroso y fiel, sino que a un ser sin rostro y lejano. No sabes lo
que te pierdes, ni te imaginas lo que estás dejando pasar. ¿Qué sentido
podría tener esta vida llena de dolores y penas si Él no existiera, o como
creen los tuyos, si nos hubiera creado y se hubiera olvidado de
nosotros? Pues ninguno. Nada, nada tendría sentido, sería una locura
vivir. La vida y el valle de lágrimas por el que caminamos solo tiene
sentido a la luz de la fe en Cristo. ¿Por qué apostaste a perdedor amigo?
- Al final veremos quién gana la apuesta Mateo. Cuídate y
bueno ojalá te des cuenta de que te estás yendo por el camino que no
conduce sino al sufrimiento, al abandono y a la soledad. – Y dicho esto
cerró la puerta de la sala de profesores y yo, satisfecho por sus tres
últimas palabras, me fui a dar mi clase.

Relato 7
Mateo, ¿por qué esa obsesión por la vieja liturgia?
Como todos los viernes nos juntamos en mi casa a ensayar con
el conjunto de cámara. Estamos preparando el recital de música que
tendremos a fin de año. De los cuatro miembros del conjunto, sólo mi
mujer es músico profesional, los demás somos todos aficionados.
Habíamos concordado en que hoy nos dedicaríamos a ensayar la
primera parte del repertorio, y si bien puedo decir que mi
interpretación no estuvo tan mal, yo no quedé conforme y los demás
músicos tampoco. Quienes toquen un instrumento sabrán que hay días
en los que las cosas no salen y no resultan como a uno le gustaría que
fueran. Esto me pasó hoy a mí. No estuve a la altura porque mi mente

divagaba y no pude concentrarme como debiera. Ángeles, mi esposa, lo
notó de inmediato y me lanzaba miradas de interrogación cada vez que
de mí violín no salía la afinación óptima. Un dedo puesto con un
milímetro de error en alguna de las cuerdas hace que la afinación
decaiga y un oído avezado se da cuenta de inmediato. Por mi culpa
tuvimos que terminar antes de tiempo porque, aunque lo intenté,
estaba en uno de esos días en que nada resulta como uno quiere. Un
insulto para el compositor, para los demás músicos y para mi pobre
violín. Lo sentí mucho porque amo tocar.
Una vez que se hubo marchado nuestro violoncellista, me
quedé en el living conversando con Manuel, mi cuñado y el pianista del
conjunto, mientras Ángeles nos preparaba un té y algo para comer.
-Definitivamente hoy no es tu día Mateo. Cualquiera que te
hubiese escuchado tocar pensaría que estás en tercer año de violín y no
en segundo de intérprete superior. Otro viernes más perdido…- dijo
Manuel acomodándose en el sofá mientras le colocaba tabaco a su
pipa. Siempre ha sido franco conmigo y eso se agradece. Las amistades
lisonjeras no son buenas y de ellas no se pueden cosechar frutos para el
alma.
-Mira, Manuel, lo siento mucho, pero no siempre a uno le
salen las cosas como desea – dije yo mientras guardaba mi violín en el
estuche. En eso entró Ángeles con la bandeja del té y le largó una
mirada de reproche a Manuel. A ella no le gusta que se ponga a fumar
su pipa en la casa, por mi problema al corazón, pero yo, que por
supuesto nunca podré fumar una, agradezco al menos sentir el fragante
aroma del tabaco. – Ya, mujer, deja que fume que no me voy a morir
por un poco de humo. - Ella se acercó a mí, me besó la frente y luego le
besó la mejilla a Manuel para despedirse.
-Tengo que ir a dar una clase a la casa de un alumno, volveré
en una hora o tal vez un poco más. Pórtense bien ustedes dos y me
cuidan a los niños – y ella salió de la habitación dejándonos a mi
cuñado y a mí sumidos en un largo silencio interrumpido por el
resoplar de la pipa de Manuel y por el tic tac del reloj grandfather que,

alto y macizo como un roble, ha sido testigo de miles de conversaciones
que hemos tenido los dos desde la infancia.
- Bien, bien…- dijo rompiendo el silencio - ¿pudiste conseguir
la capilla de la universidad con el Gran Canciller?
Mis padres estarán, dentro de poco, de aniversario de
matrimonio y querían celebrarlo con una misa tradicional. El año
pasado mi hermano cura rezó la misa de aniversario, pero ahora él no
está en el país y el oratorio está cerrado, de modo que mi papá me
había pedido que me consiguiera la capilla de la universidad donde
ellos se casaron. Mi papá estaba muy ilusionado por poder renovar sus
votos con mi mamá en la misma capilla donde se habían casado y más
todavía porque Sebastián, mi antiguo compañero de colegio y ahora
cura tradicional, iba a rezar la misa. Solamente faltaba obtener el
permiso para la capilla, misión que se me había encomendado porque
soy profesor y ex alumno de la universidad. Sabía que no iba a ser una
tarea muy fácil, pero alguna esperanza tenía dado que el obispo hasta el
momento, no tenía problemas con que se dijera la misa tradicional en
la diócesis. El obispo ha delegado su puesto en la universidad en un
monseñor que actúa en su reemplazo como gran canciller y tenía que
hablar con él. Lo conocía de vista y habíamos tenido algunos
encuentros en común en conferencias y seminarios que mi instituto
organizaba, pero él sí me ubicaba a mí perfectamente y sabía de mi
“carisma” por llamarlo de alguna manera. Para él soy un verdadero
caso, algo así como un espécimen digno de estudiar por la
paleontología.
- Creo, Manuel, que la causa de mi distracción con la música
está precisamente relacionada con el asunto de la capilla.
-¿Te fue mal entonces? No pudiste conseguirla, ¿verdad? – me
dijo Manuel con total naturalidad, pues a esta altura de la vida, uno se
acostumbra a que cada vez que alguno de nosotros, léase fiel
tradicional, pide algo a la autoridad eclesiástica, sale trasquilado o lo
menos que recibe es un portazo en la cara. Entonces, comencé a

relatarle a mi cuñado la conversación que había tenido con el
monseñor aquel.
Una vez que hube terminado la clase que doy en la sede
central de la universidad, me dirigí a la oficina del canciller que se
ubica a unos cuantos metros de mi aula. Afortunadamente justo eso día
se encontraba en su oficina porque no va siempre ahí y no tiene un
horario fijo para atender al público. La secretaria me pidió que me
sentara por un momento y lo esperara porque estaba ocupado con una
delegación de un centro de alumnos de la universidad. Al cabo de unos
quince minutos el monseñor salió de su oficina, sonriente y bromeando
con los estudiantes. Se despidió de ellos muy cariñosamente. Se
sorprendió al verme sentado ahí esperándolo y me miró con curiosidad.
Entré a su oficina después que me diera un afectuoso apretón de
manos. Yo me quedé de pie.
-Por favor tome asiento profesor – me dijo señalándome un
cómodo sillón situado enfrente de otro donde él se dejó caer.
-No se preocupe monseñor, no quiero quitarle mucho tiempo.
Vengo con una petición que espero tenga a bien recibir. Monseñor, mis
padres van a cumplir un nuevo aniversario de matrimonio y quieren
celebrarlo renovando sus votos con una misa acá en la capilla de la
universidad. Me gustaría saber si es posible que usted nos autorizara
para poder rezar la misa en la capilla, pues ellos se casaron ahí.
- ¿Rezar la misa? – me dijo el monseñor con la voz chillona y
con las cejas levantadas como si hubiera dicho algo impertinente.
- Sí, rezar, porque será una misa tradicional. Nos hubiera
gustado que fuera cantada, pero…- ahí me interrumpió muy alterado.
-No, no, no, un momento. Yo encantado le presto la capilla,
pero no para arqueologismos litúrgicos. Persiste en esto de la liturgia
antigua, es como una verdadera obsesión estética y elitista para usted,
con todos esos gestos y extravagancias que ahora están en desuso. Esto
de tener un rito distinto al ordinario no ayuda a unirnos como
católicos, sino todo lo contrario, nos separa y además escandaliza a los

fieles que no entienden este retroceso – intenté interrumpirlo, pero me
frenó en seco lanzándome una serie de advertencias que a propósito de
nada para él sí venían al caso. Es como si hubiese estado aprovechando
la oportunidad para poder darme un discurso – No Mateo, usted me va
a escuchar, así que por favor cállese la boca. Yo he tenido mucha
paciencia con usted. Me han llegado una serie de comentarios acerca
de lo que enseña en sus cátedras, de su apego a la misa pre conciliar y
de las conferencias que da a sus alumnos, y todo esto no está en
armonía con el Concilio y con las últimas enseñanzas del Santo Padre.
Le advierto que si usted no modera su lenguaje, no tiene nada que
hacer en esta universidad porque parece que usted es más bien
seguidor de una secta y de un capricho estético litúrgico que un católico
fiel a la Iglesia. La Iglesia por fin se pone a tono con lo que la gente
desea de ella y usted sigue pegado en un pasado, en ese pasado oscuro
de la Iglesia que tanta división causó entre los hombres. Nosotros
queremos avanzar y ustedes retroceder, saboteando y torpedeando
todo lo que nosotros hacemos. – El hombre estaba tan alterado que
escupía cada palabra. Fue como si mi presencia le hubiera servido de
catarsis para largar para afuera su rabia y su impotencia ante los
católicos tradicionales que siendo tan poquitos les causamos una
tremenda conmoción, como si fuésemos una amenaza espantosa, como
un cáncer o un grupo de fanáticos oscuros. Amenazar con echarme de
mi trabajo, a sabiendas que tengo una familia numerosa y grandes
compromisos económicos, por mis convicciones religiosas es cruel y
más aun viniendo de un religioso que para colmo se declara, como
todos sus compañeros progres, un luchador por la libertad religiosa y
por la “solidaridad” entre los hombres. Entrar en discusiones con un
cura progre es como darse contra un muro. Me quedé ahí parado
mirándolo mientras él resoplaba con furia. Al cabo de un rato y dado
mi silencio, volvió a hablarme.
-¿Eso no más era lo que quería hablar conmigo Mateo?
- Deduzco, monseñor, que no me facilitará la capilla.
-¿Qué cree usted? Usted no siente con la Iglesia, no participa
de ninguna de las actividades ecuménicas a las que se le ha invitado.

Usted no parece católico, sino miembro de una secta, como esos
lefevbristas cismáticos.
- Usted sabe que no soy de la Fraternidad, pero tengo simpatía
por ellos y además la Fraternidad San Pío X no es cismática…- y volvió
a interrumpirme.
- No me interesa…estoy ocupado Mateo, tengo muchos
asuntos pendientes que atender. Le pido que me deje solo - El tono en
que me habló era de fastidio más que de enojo o de ira. Se notaba
molesto con este diálogo y quería despacharme de ahí lo antes posible.
Manuel, que parecía estar durmiendo con la pipa en la boca
más que escuchando mi historia, de pronto abrió los ojos, se puso rojo
y me dijo:
-Yo que tú, amigo, le hubiera dicho un par de cosas a ese
monseñor. ¿Cómo te quedas ahí de pie como un idiota boquiabierto
mientras te grita, te humilla, te amenaza y más encima, como se creen
los dueños de los bienes de todos los católicos, no te presta la capilla?
Si yo hubiera estado ahí presente, le habría cantado un par de verdades
a ese monseñor. ¿¡¡Por qué te quedaste callado!!?
- Bueno, cada uno se queda de pie como es no más – Manuel
se puso más serio todavía.
-Déjate de bromas y dime ¿por qué te quedaste callado?
¿Acaso cambiaste y ahora prefieres irte para dentro y guardarte la
verdad y no luchar por los fieles del Rito Extraordinario? – sentí como
si me estuviera dando una puñalada en el estómago y él de inmediato
notó mi molestia.
-¿Qué? ¿Por qué me miras así?
-Sabes que no me gusta que le llames a la Misa Tradicional de
esa manera
- Pero si el mismo Benedicto le llamó así en el Summorum
Pontificum, hasta los más tradi lo…

-Alto, lo sé, lo sé. Es un asunto mío, una cosa aquí dentro de lo
más profundo de mi alma se remece y sufre intensamente al escuchar
llamar a la misa tradicional como algo extraordinario, como una
excepción. Sé que la llaman así y que me perdonen mis amigos y todos
los que asisten conmigo a misa y que usan este término, pero yo…yo no
puedo, lo siento mucho, pero no puedo y evito usar esa palabra. Es un
problema mío, pero por favor no le llames así frente a mí.
- Está bien, disculpa entonces, se me olvidó que te molesta.
Por un lado creo que tu sensibilidad semántica por el uso de las
palabras te lleva a veces a los extremos, pero por otra parte pienso que
al menos eres honesto en este caso. Porque supongo que hay muchos
como tú a los cuales el término también les produce comezón, pero
prefieren hacer vista gorda. En fin, ¿qué hiciste cuando te largó de la
oficina? ¿Seguiste de pie en silencio esperando a que te sacara a
empujones?
- No, por supuesto que no. Yo no iba con la intención de
pelear y discutir con él, solamente iba a pedirle la capilla. Tampoco me
iba a poner a dar un discurso argumentativo sobre lo que es la misa
tradicional. Lo único que hice fue tocar un par de puntos que hacían
referencia a mi propia vivencia sobre ella.
Él se había acercado a su escritorio y comenzaba a revisar su
correspondencia. Yo me acerqué a su mesa y con toda tranquilidad le
dije lo que opinaba al respecto.
- ¿Todavía aquí Mateo? Sabe hijo, me encantaría verlo en la
capilla de su facultad, a compartir la mesa del Señor con la comunidad
universitaria en una eucaristía ¿Por qué está tan obsesionado? – había
cambiado el tono y creo que hasta le di pena.
- Monseñor, sé que es difícil para usted entender mi posición.
Yo no pretendo imponerle nada a nadie con respecto a la misa
tradicional, no como a mis padres y a mis abuelos a quienes se les
impuso el nuevo rito, desconcertando a muchos católicos a los cuales
les cambiaron la misa y se les obligaron a aceptar una misa que les era

tan ajena. Desde la publicación del motu proprio he tenido la
posibilidad de asistir a ella y desde ahí mi vida espiritual se ha visto
enriquecida y un mar de gracias se han derramado en mi corazón. No
entiendo los muchos prejuicios que hay contra ella por parte de
personas que ni siquiera han asistido a una misa tradicional. Estoy
seguro que si estas mismas personas fueran al menos para saber cómo
es, quedarían admiradas y terminarían amándola tanto como la amo
yo. Aquí no se trata de cuál misa es mejor que la otra, eso es una
tontería. Por otra parte, usted no puede negar que la Iglesia atraviesa
por muchas crisis y que en vez de buscar el remedio en la doctrina de
Cristo, cree que va a encontrarlo en el mundo. Yo no quiero ser del
mundo, porque en la medida que soy del mundo me alejo de Cristo y
por tanto creo que el mejor antídoto para que nosotros, los de la Iglesia
doméstica, no caigamos y nos veamos infectados de progresismo,
modernismo, liberalismo, confusión y error es Misa Tradicional. Y digo
Iglesia doméstica porque a esta altura de la vida no veo que la Iglesia
quiera volver atrás, no creo que vaya a haber una restauración.
Recuerde usted que la historia avanza cíclicamente, en línea recta, pero
onduladamente hasta llegar a la Parusía y cada día nos acercamos más,
a Dios gracias.
- Nadie sabe cuándo volverá el Señor y no nos compete
saberlo. Es increíble lo que me acaba de decir Mateo. Algo así como que
si ya la Iglesia no quiere cambiar, entonces me salvo yo y mi pequeño
grupo de tradicionalistas domésticos. Es una actitud soberbia y rebelde.
¿Piensa acaso que la gente que va a la misa nueva, como le llama, no
ama a Dios, no le adora o lo hace con menos devoción que usted?
- Lejos de ser soberbio creo que Dios nos ha dado la
inteligencia para leer los signos de los tiempos y pienso que hay
muchas cosas que están señaladas en las Sagradas Escrituras que se
están cumpliendo. Puede que me equivoque, puede que no, pero como
dice Newman, prefiero equivocarme en la espera que no esperar en
nada la Venida de nuestro Señor. Ahora lo segundo que me plantea y
que dice relación con la devoción de los fieles que van a la misa nueva,
le digo que yo no soy nadie para juzgar el fuero interno de estos

feligreses. Al final de cuentas la relación de cada alma con Dios es una
relación tan íntima que nadie puede inmiscuirse en ella. Lo único que
digo es que si hago un contraste de lo que se ve cada domingo en las
misas nuevas y lo que se ve en la misa tradicional hay un mundo de
distancia. El uso de los reclinatorios en las bancas, por poner un
ejemplo material que ni siquiera va al fondo de la cuestión, en las
iglesias nuevas ya ni se ven y en las antiguas los han retirado, y los
fieles no se arrodillan nunca, ni siquiera en la consagración, y a
propósito de ésta, he escuchado a gente que repite hasta en voz alta las
palabras de la consagración mientras el sacerdote las dice. Si las dijera,
como en la misa tradicional, en secreto esto no pasaría y no se
generaría confusión de roles. Pero no quiero hacer de esto una
enumeración de las diferencias ni tampoco quiero seguir
contrastándolas porque, usted Monseñor, me lo va a tomar a mal, como
ya me lo han tomado a mal un millar de veces. Lo único que me resta
decirle es que mi amor por la Misa Tradicional no es porque me sienta
más a gusto en ella, ni porque sea una obsesión por las cosas antiguas,
sino porque en esta misa se me manifiesta y se me hace presente, con
mayor devoción y con mayor sentido de mi pequeñez, el adorar a Dios
como Él se merece. Aquí encuentro el silencio necesario para que yo
rece y me sumerja con todo mi ser en la presencia de Cristo en el altar,
dejando ahí mis miserias, mis pecados, entregándome por completo
para que Él sea mi Señor. Me empapo en el misterio de la Presencia
Real que la misa nueva no me otorgaba porque, cuando iba antes, había
mucha bulla, como en esas fotos que tienen ruido
por la
sobreexposición de luz o por las sombras que impiden ver bien las
imágenes. No niego que pueda haber fieles que experimenten lo
mismo que yo en la misa nueva, pero yo no puedo. Hay demasiadas
distracciones para mí y queda muy poco para el misterio de lo sagrado–
hice una pausa porque comencé a sentirme físicamente un poco
cansado y sin agregar más, me despedí de él- Le agradezco que se haya
dado el tiempo para escucharme, mi intención no ha sido alterarlo, sino
que entienda un poco la mirada de un fiel tradicional – estiré mi mano
y él se levantó de su puesto y me acompañó a la puerta.

-Estamos en las antípodas Mateo, y no nos vamos a poner
nunca de acuerdo. Vemos las cosas desde perspectivas distintas. Una
pregunta: ¿no cree Mateo en el enriquecimiento recíproco de ambos
ritos?
- Creo que uno, el antiguo, podría llegar a enriquecer al otro, y
no viceversa y además, sin ser pesimista ni desesperanzado sino que
observando tal como son las cosas, soy más bien escéptico, porque
mayoritariamente el clero no quiere hacerlo, no hay intención de
hacerlo y exigiría también reeducar a los fieles y, en muchos casos,
sacarlos literalmente del presbiterio, y no creo que a algunos eso les
parezca muy bien. Usted me pregunta y yo le respondo según mi
opinión personal.
-Adiós Mateo y una última cosa: yo puedo facilitarle la capilla
siempre y cuando usted se lo pida al Sr. Obispo y él me autorice.
-Muchas gracias, veré qué hago.
Manuel se había puesto de pie y acercado al piano a
improvisar una canción. Yo volví a sacar el violín del estuche para
acompañarlo, pero antes él me habló.
- Al menos te dejó una ventana abierta. Estuvo bien lo que le
dijiste, porque no sé qué más podrías haberle dicho. ¿Vas a hablar con
el obispo?
- No lo sé, quizás lo haga, quizás no- me quedé pensando por
unos segundos y luego le dije más tranquilo - a fin de cuentas el lugar
no es lo más importante después de todo. Ya hemos visto que se han
rezado misas sobre iglesias en ruinas – y dicho esto nos pusimos a
tocar.

Relato 8
Mateo, ¿Por qué no eres sedevacantista?
No sé por qué razón atraigo a personas que lo único que
intentan es que yo dude de mi fe, tome partido dentro de sus sectas o
acoja sus propias verdades. Soy como un imán para fanáticos,
gnósticos, mormones, masones y cuanta variedad religiosa o
pseudoreligiosa se encuentra en el mundo. Quieren hacerse de una
presa fácil conmigo, pero soy un hueso duro de roer y no me van a
mover ni un centímetro. ¿Cómo no recordar a Charles Reding de la
novela de J.H. Newman, Perder y Ganar, que estando a horas de ser
recibido en la Iglesia Católica desde el anglicanismo, es visitado por
una serie de personajes que, al enterarse que se hará católico, lo
persuaden para que no proceda a hacerlo y en cambio, los siga a ellos
en sus sectas? Bueno, ocurre que me topo a menudo con gente que
intenta convencerme para que me una a sus credos o me haga partícipe
de sus tomas de postura.
El asunto es que fui con mi familia a hacer las compras
semanales en el supermercado. Estas compras son para mí bastante
estresantes, no sólo porque la boleta final cada vez es más difícil de
cancelar, sino porque mis hijos, mis siete hijos, han hecho un pacto
implícito entre ellos para dejar a sus padres enfermos de los nervios
mientras intentamos seguir la lista de compras que mi esposa prepara
en casa para que no se le olvide lo que necesita. Mis hijos corren como
si los pasillos fueran una pista de carrera, se me esconden entre la
multitud y entre los carros. Intento no sacarles la vista de encima, y en
varias ocasiones han dejado a su padre al borde de un nuevo infarto
cuando uno de ellos se pierde en medio de las estanterías. Estaba en
esta labor de vigilancia cuando de pronto alguien me saludó muy
afectuosamente:
- ¡Mateo qué gusto verte! ¡Ha pasado tanto tiempo! ¡Hola
María de los Ángeles!

Mi esposa saludó a mi amigo y se disculpó con él por no poder
quedarse conversando ya que estaba con el apremio del tiempo. Ella se
hizo cargo de seis de mis hijos y siguió comprando, y yo me quedé con
el menor al que tomé en mis brazos. Ella sabe que cuando me pongo a
conversar en el supermercado con alguno de mis conocidos, me
descuido con los niños.
-Qué bueno que te encuentro. Justamente por estos días me
había estado acordando de ti. ¿Tienes un momento para conversar
ahora?
- Imposible. Tal como viste ando con mi familia y tengo que
ayudar a Ángeles con los niños. ¿Por qué no vas a mi oficina en la
universidad mañana a eso de las diez cuarenta y cinco?
-Perfecto. Estaré ahí sin falta. Quiero invitarte a un
movimiento que estoy organizando en defensa de la fe. Me gustaría que
dieras algunas charlas y si nos puedes ayudar monetariamente, mejor
aún.
Cuando me dijo lo de “movimiento” yo entré a sospechar. Soy
bastante reacio a los “movimientos”. Me considero como siempre lo he
dicho, católico apostólico romano, a secas, sin nombre de grupos, ni de
movimientos, ni de nada.
Quedamos en vernos al día siguiente y mientras corregía unas
pruebas de mis alumnos en mi oficina llegó mi amigo. Lo hice pasar y
comenzamos una conversación que me dejó un poco alterado.
- Como te conté ayer estoy formando un movimiento para
defender la fe de siempre, un movimiento para combatir a la Iglesia
conciliar.
El lenguaje lo delató de inmediato. Lo de “iglesia conciliar”, lo
suelen usar los sedevacantistas y me puse en alerta.
- A ver Celestino espera un momento, ¿de casualidad te has
hecho sedevacantista?

- Por supuesto Mateo, ¿acaso tú no? Tú siempre has defendido
la doctrina tradicional, has combatido los errores, peleaste por la misa
tradicional. ¿No me digas que reconoces a este antipapa como papa?
¡Por Dios! – pensé - esto no será fácil. Celestino, cuando yo le
conocí, concurría a la antigua parroquia a la que yo también iba a misa
a diario en mis tiempos de soltero. Ahí él formaba parte del grupo de
los carismáticos. Unos años después se volcó hacia una congregación
monástica, luego pasó a un grupo Ecclesia Dei, para después derivar en
la Fraternidad. La última vez que lo había visto, fue precisamente ahí
un día en que justo había ido yo a misa. Desde ese día ya habían
transcurrido cuatro años en los que le había perdido la pista. Tiene
una personalidad bastante dominante y se pone un tanto agresivo
cuando sospecha que se le está llevando la contra. Posee lo que podría
llamar una fuerte tendencia hacia el fanatismo, pues se le hace difícil
entender que en la realidad existen las distinciones, tal como lo es en la
metafísica, y que además, la Verdad no se puede separar de la Caridad
con la cual se predica. La verdad que sostengo no se hará “más
verdadera” si le predico con violencia o atacando al oponente con
falacias y descalificaciones, y es eso precisamente lo que él no entiende.
En el último grupo religioso en el que estaba, había formado
unas “milicias”. Hacían artes marciales y se preparaba para no sé qué
clase de guerra religiosa con prácticas de tiro. Yo también practiqué
arte marciales cuando estaba bueno y sano, pero nunca lo hice con el
fin de agredir a otro, sino como elemento disuasivo y de defensa, pero
estos tipos no, andaban buscando con quien probarse, y con quien
pelear. Era tal su celo que se ponía afuera de la iglesia y vigilaba, junto
a otros de sus compinches, para que ninguna mujer entrara sin velo,
llegando al extremo de prohibirles a muchas su asistencia a misa por ir
sin él. Una vez yo lo vi siendo muy duro con una jovencita que osó
entrar sin su velo. En esa ocasión me acerqué a él y le sugerí tener una
cajita con velos para prestárselos a las mujeres que no lo tuvieran.
- Los velos son escasos y no cualquier persona sabe cómo
hacer uno, ni dónde encontrarlo. En vez de echarlas y humillarlas, ¿por
qué no traes tú una buena cantidad de velos y se los ofreces en el atrio

con una amable sonrisa para que lo usen en misa? Tal como lo leí una
vez en un blog amigo, no hagas odiosa la Tradición, de lo contrario
únicamente consigues alejar a la gente.
Aunque no le había visto en años, sin embargo había tenido
otro contacto con él a través de la internet. En esa ocasión se había
enfrentado conmigo en una discusión muy fuerte en un foro, donde
públicamente me trato de hereje porque yo defendí el bautismo de
deseo y de fuego los cuales él negaba. Yo no quise seguir polemizando
con alguien a quien no iba a sacar de su posición, y además la
discusión por parte suya, se tornó agresiva y descalificadora. Ya daba
cuentas del camino que él estaba por tomar. Por eso no dejó de
sorprenderme que se acercara a mí como si nada hubiera pasado y
encima, quisiera invitarme a su neomovimiento.
Le respondí que seguía siendo igual y que no había girado mi
posición hacia ninguna parte.
- No, no soy sedevacantista y no pretendo serlo.
- No puedes seguir a un papa falso, porque te estás haciendo
partícipe de sus errores y de la destrucción de la Iglesia. Este papa es
un hereje y tú lo sabes.
- Me vienes con el silogismo de siempre: un hereje no puede
ser papa, Francisco es un hereje, luego no puede ser papa. No sabía que
te habían dado autoridad para destituirlo.
-Desde el momento que cae
automáticamente destituido por sí mismo.

en

herejía,

queda

- Para eso debe existir una herejía formal. Si bien ha dicho
bastante necedades, imprudencias y errores no está en herejía formal
hasta donde yo sé. ¿Crees que no me duele ver la crisis que hay? ¿Crees
que no soy consciente que cada día que pasa la abominación de la
desolación se hace más patente en el seno de la Iglesia? Claro que lo
veo, pero no tengo la autoridad para deponer al papa. Quien lo debe
destituir es Cristo mismo o un concilio imperfecto, no yo, Mateo, que

es un simple fiel que intenta mantener lo que ha recibido: la fe íntegra.
Sigo asistiendo a la misa tradicional, me confieso, cumplo mis deberes
de estado, procuro estudiar la doctrina. Vivo sabiendo que en Roma
está el papa y punto. Cuando diga o haga algo que esté en contra de la
fe, lo resistiré, es decir, no lo obedeceré porque hay que obedecer a
Dios antes que a los hombres. Cualquier cosa que esté en contra de lo
enseñado por Cristo y por la Iglesia no debe ser obedecida. Pero de ahí
a que yo como simple laico, destituya al papa, eso es otra cosa. Un acto
de imprudencia y de fuerte celo nos puede llevar a cosas aún peores de
las que intentamos salvar. No puedo disparar si no tengo la certeza de
que el ruido que escucho en el jardín es de un ladrón o se trata de mi
mascota. No tengo yo las herramientas ni la autoridad para juzgar a la
autoridad y declararla nula. Lo que hago es no obedecer al error, y eso
es algo muy diferente a no reconocerlo como papa.
-Si lo reconoces como papa estás siendo cómplice de sus
errores, porque te haces parte de una Iglesia cuya cabeza está en
herejía. Por tanto tú también eres un hereje.
- Es la segunda vez que me llamas así. ¿Hasta cuándo insistes
en condenarme? ¿De dónde viene este afán tuyo de defensor fidei?
Recuerda que Enrique VIII también era defensor fidei y mira en lo que
terminó.
Cuando la fe está en peligro estamos, como dice Santo
Tomás, obligados a predicarla, con firmeza, con claridad, pero no
atribuyéndonos funciones y autoridad que no tenemos. Hay que
denunciar, gritar si es necesario. Lo que está mal, lo que está en contra
de la doctrina y de las palabras de Cristo no se obedece y punto. Ir más
allá como lo haces tú es el camino más fácil: formo mi propia iglesia,
soy su propio juez. Sabes Celestino, tengo varios amigos
sedevacantistas. De hecho le tengo un gran aprecio por uno de ellos,
tenemos una muy buena relación de amistad porque nunca ha tratado
de imponerme su posición teológica, ni me ha tratado de hereje, ni me
ha dicho, como tú sí me lo has dicho, que estoy siendo reo de
condenación. Hay gente que actúa de buena fe con esto, pero están
equivocados. Por lo demás, ¿dónde está el límite? ¿Cuándo quedó la
sede vacante según tú? ¿Desde Juan XXIII? ¿Desde Pablo VI? ¿O antes

en el Concilio Vaticano I? Si no hay papa, no hay obispos, si no hay
obispos no hay sacerdotes, si no hay sacerdotes no hay sacramentos,
¿dónde está la Iglesia? ¿Dónde está el Cuerpo Místico de Cristo, con su
jerarquía, con sus sacerdotes, con sus fieles? ¿En tu grupo de
sedevacantes? ¿Cuál de todos los grupos de sedevacantes que pululan
por el mundo es para ti la Iglesia?
-Sabes que la Iglesia está socavada por el modernismo y
sigues recibiendo los sacramentos y asistiendo a su misa motu propio
sabiendo la teología que hay detrás y que sólo es parte del ecumenismo.
Yo sé lo crítico que has sido con el Concilio Vaticano II y ahora haces
beneficio de inventario asistiendo a la misa motu propio y recibiendo
sus sacramentos.
- ¿Beneficio de inventario? Bueno, así le dices tú, pero yo no
puedo sostener mi vida espiritual sin los sacramentos. Por otra parte,
el mismo CV 2 no me obliga a nada, no hay condenas ni listado de
errores, ni definición de ningún dogma. En mis cursos les he señalado a
mis oyentes que contiene errores que el tiempo se encargará de
eliminar, si es que no lo elimina por completo. Te insisto, yo no soy un
tribunal. Yo no elegí al papa y por tanto, tampoco puedo destituirlo. No
me compete. Me compete salvar mi alma con los medios que Dios me
da. Ya tengo bastante con eso y con lo que tengo que luchar interna y
externamente para ser un buen católico y no dejarme llevar por la
corriente del mundo. No vivo en torno a lo que dice o no dice, hace o no
hace el papa, ni a quien recibe, ni las fotos ridículas que se saca. Lo que
de verdad me preocupa es que enseñe errores y de eso me ocupo, lo
denuncio y lo combato, pero no le declaro papa falso. ¿Por qué voy a
tener que abandonar yo la Iglesia? No, resisto desde dentro, combato
desde dentro tal como lo hicieron los fieles, sacerdotes y monjes en el
siglo IV. Fueron ellos los que conservaron la Tradición, y como dice
Newman fueron los obstinados campeones de la verdad católica. Nunca
se fueron de la Iglesia ni fundaron una aparte a pesar de que el grueso
de los obispos había caído en el arrianismo presionados por el
Emperador Constancio. Procuro llegar a ser santo en medio de los

lobos, acompañando al Cristo doliente en la Cruz, sabiendo que somos
cada día menos los que vivimos conforme a lo que Dios manda.
- ¿Y qué vas a hacer en octubre? ¿Vas a apoyar el documento
final de la iglesia conciliar y apóstata a la que perteneces?– me dijo
mientras se ponía de pie para despedirse. Sabía que no iba a sacarme
de mi posición y yo tampoco iba a convencerlo a él.
- En octubre lo sabremos. No quiero especular, pero no faltan
ya los cardenales y obispos que, en caso de ir en contra de lo ordenado
por Cristo, resistirán a la autoridad tal como lo haré yo y como lo he
hecho cuando algo va en contra de la doctrina.
Se despidió de mí en forma muy fría. Se fue muy molesto.
Estaba tan enojado conmigo que estoy seguro que si hubiera tenido una
espada me habría cortado la cabeza por ser un hereje según él. Al día
siguiente revisé el dichoso foro en el cual me había enfrentado y me
encontré con la desagradable sorpresa que volvió a llamarme apóstata,
hereje, modernista, cómplice de la iglesia conciliar y un largo etc. No
voy a responderle, ni me defenderé de las calumnias, no vale la pena.
Yo estoy en paz con mi conciencia: no soy sedevacantista ni tampoco
papólatra soy un católico tratando de ser fiel a Dios y a la Iglesia.

Relato 9
Mateo, Él no nos dejará huérfanos
Tal como venía contándoles en la entrega anterior mi
hermano cura estaba con una enorme curiosidad acerca de cuál había
sido el otro desencuentro de ese día. Nos habíamos trasladado a su
ermita luego de la misa, y ahí nos encontrábamos conversando. Yo me
levanté de mi asiento junto a la estufa a leña que el cura tenía
encendida y me puse a contemplar un hermoso ícono ruso que mi
hermano había traído desde esta lejana tierra. Era uno de los íconos de
Rublev: la Ascensión del Señor. El cura se acercó a mí y se puso él
también a mirar la imagen.

- Me encanta este ícono. Cristo se va al Cielo, pero no
nos deja huérfanos. Va a sentarse en el Trono junto a su Padre, sin
embargo nos prometió al Paráclito - dijo Cristián y en mis oídos
quedaron dando vuelta sus palabras: no nos deja huérfanos.
- Entonces, Cristián, si no nos deja huérfanos ¿por
qué siento que me estoy quedando cada día más arrinconado y más
desamparado y solo, viviendo en una especie de gueto, amordazado por
la “opinión pública católica reinante” por querer defender la verdadera
doctrina? ¿Por qué me siento como si Cristo durmiera en esta barca
que es conducida por un imprudente e inepto piloto en medio de una
tormenta y que nos conduce directamente hacia el desfiladero? – Le
dije esto a mi hermano con mi espíritu lleno de una angustiosa
amargura. Sacudí mi cabeza y antes que él respondiera a mis
preguntas, comencé a contarle aquel otro acontecimiento me había
ocurrido en el colegio:
- Deja que te cuente la segunda parte de mi día fatal.
Todavía estaba conmocionado por la pelea que había visto cuando
llegué al colegio. Casi sin darme cuenta y conducido prácticamente
como por inercia llegué a la oficina del rector, el cual me esperaba junto
al profesor de religión y a un apoderado. Por sus graves rostros supe de
inmediato que algo había pasado y que estaban a punto de someterme
a un interrogatorio. No me equivoqué. Estaban ahí para quejarse por el
catecismo que les doy a los jóvenes que están por confirmarse. Como
has de saber, estos cursos los hago voluntariamente, no forman parte
de mis obligaciones con el colegio y con mis clases propiamente tal, sin
embargo lo hago porque me siento obligado a entregar gratis aquello
que he recibido gratis y sin ningún mérito de mi parte: la Fe.
Ellos estaban muy molestos conmigo porque uno de
mis alumnos le había contado a su papá, el apoderado que se
encontraba presente, parte de lo que les estaba enseñando sobre la
noción de pecado. Les indique a mis acusadores que a los alumnos de
catecismo les había enseñado sobre los pecados que claman al Cielo, y
que en especial les había hablado sobre el pecado de sodomía.

Cuando estos tres individuos escucharon esto,
abrieron sus ojos de par en par y luego me lanzaron encima la “nueva
visión” que tiene, según ellos, la Iglesia acerca de la homosexualidad.
Me dijeron que yo era un homofóbico, que San Pablo se había
equivocado (sic), que la Iglesia estaba revisando toda su doctrina sobre
las parejas del mismo sexo, y que ellas también están llamadas a “ser
un aporte a la sociedad”. De nada me sirvió citar el Evangelio, ni el
Antiguo Testamento, ni el Catecismo, y algunos documentos que la
Iglesia ha formulado. Seguí manteniendo mi posición al respecto, esto
es, que el acto sodomita es una abominación a los ojos de Dios. Tal
como lo ha señalado San Pablo es un acto que nos es compatible con
ser católico, aunque ahora parezca como algo aceptado por la sociedad.
No porque la gripe sea algo común va a dejar de ser una enfermedad y
voy a tener que aceptarla como algo normal. El pecado de sodomía
siempre va a ser un pecado aunque los que la practican hayan salido del
armario y se sientan como sujetos de derecho. Yo no acepto esto como
algo normal porque no lo es: es un pecado. Si alguno tiene un desorden
enfermizo en su cabeza que lo lleva a tener una tendencia homosexual,
ha de luchar por mantenerse casto. Tendrá que luchar del mismo modo
como lo hace un hombre casado que tiene la tendencia a ser mujeriego.
Si este homosexual con la gracia de Dios logra dominar sus pasiones y
sus tendencias y muere en gracia podrá estar entre los santos del Cielo
como cualquier católico que logra morir al mundo para vivir en Cristo.
El resultado final de tan amarga reunión fue ponerme
contra la espada y la pared: o cambiaba mi catecismo o tenía que dejar
de ser catequista. No tolerarían a un homofóbico-tradicionalistainmisericordioso-facista enseñando a jóvenes semejantes doctrinas
medievales. Dicen que como Iglesia no podemos dejar fuera a gente
como los “gay” y que ellos están llamados a aportar a la sociedad como
lo hacen muchas de estas parejas que viven en fidelidad.
- Cada uno sabe con quién se va a su cama- me dijo el
apoderado ahí presente– Así como a mí no me gusta que se metan en
mi vida y en lo que hago con ella, así tampoco yo me meto en la vida
privada e íntima de los demás. Si ellos son felices y realizados con una

pareja de su mismo sexo, si son personas honestas y trabajadoras, ¿qué
daño pueden hacer con su conducta? ¿Qué derecho tenemos nosotros
para discriminarlas? El Santo Padre ya lo ha dicho, ¿quién soy yo para
juzgarlas?
- Usted confunde varias cosas. Usted confunde el
ámbito privado y con el público, además el asunto del trato a estas
personas. El trato que cada uno le dé a una persona homosexual
siempre debe ser caritativo, pero con firmeza. Segundo, cada cual sabe
lo que hace, es cierto, cada uno tendrá que dar cuenta de sus actos a
Dios. Ellos pretenden que la sociedad –el ámbito público - avale y
reconozca su unión civil – ámbito privado. Los derechos que estas
personas reclaman competen al ámbito social donde todos estamos
relacionados de una u otra manera. Nosotros como católicos no le
podemos dar derechos a actos inmorales y tampoco podemos permitir
que ellos, con sus malos ejemplos y su pecado, se presenten ante los
niños, por ejemplo, como algo normal, como una familia más. Atenta
contra el orden natural y contra el orden social. Verá usted, cuando una
sociedad comienza a ver lo anormal como normal corre el riesgo de
enfermarse moralmente y ahí comienza siempre el derribamiento de
este edificio social. Si se quiere destruir una cultura, una sociedad,
comience por destruir el orden moral. Ejemplos tenemos se sobra
partiendo por el Imperio Romano. Podrá usted decirme que hay
sociedades actuales donde conviven perfectamente estas distintas
concepciones de familias, pero le aseguro que esa aparente armonía de
va a quebrar, cuando los derechos de unos choquen con los derechos de
otros. Una sociedad liberal choca contra sus propios principios. Por eso
le vuelvo a repetir: un católico no puede aprobar una legislación pro
homosexual, ni promoverla ni tampoco hacer vista gorda. Al error y al
pecado se le combate, no se le disfraza con justificaciones falaces para
poder aprobar conductas incompatibles con las enseñanzas de Cristo y
de la Iglesia.
-Señores – continué – sé que no nos vamos a poner
nunca de acuerdo entre nosotros, porque tenemos cosmovisiones y
principios que se oponen. Ustedes parecen tener los pies demasiado

anclados sobre la tierra y creen que la felicidad y nuestra satisfacción
personal es nuestro propósito en este mundo. Yo por mi parte creo que
la felicidad es imposible de encontrar en este mundo. Hemos sido
creados para el Cielo y para llegar a ahí hay que renunciar a muchas
cosas, a los placeres, por ejemplo. Si les hablo de castidad y de control
de nuestros naturales impulsos sexuales, me mirarán como un pasado
de moda, como alguien que pide imposibles. Sin embargo, las
enseñanzas que nuestro Señor nos ha mostrado para llevarnos al Cielo,
son eternas e inmutables. Cristo no nos ha dejado ordenado nada que
no podamos cumplir, pero nos hemos acostumbrado a lo fácil, a lo
inmediato, a lo que no implica sacrificio y por eso la castidad en los
homosexuales a algunos les parece casi imposible.
La cara con que me miraban era de completo
desagrado. Como yo no puedo cambiar el catecismo, tuve que
renunciar y así como vamos, terminarán echándome del colegio. El
círculo se me está cerrando y cada día que pasa me siento como
viviendo dentro de una Iglesia que se avergüenza de ser lo que es y que
está queriéndose abrazar al mundo con todas sus abominaciones. Cada
vez que defiendo la Doctrina, la Doctrina de siempre, aquellas verdades
inmutables, la gente me mira como si estuviera loco, como si me
hubiera quedado en otro siglo, como si viviera una religión que ya no
existe. ¡Estoy tan enrabiado! ¡Me siento tan impotente con toda esta
basura de mundo!
Todo esto que estamos viendo y escuchando a diario,
Cristián, es asqueroso, y es imposible quedarse tranquilos y seguir
tolerando aberraciones de este tipo. Pero lo que más me molesta es el
silencio cómplice de aquellos que están obligados en razón de su cargo
y de sus promesas a Dios a defender Sus derechos y Sus santas leyes.
¿Por qué este afán de querer quedar bien con el mundo, con lo que está
de moda, con los grupos de presión? Esa obsesión por querer tirarle
guiños al mundo con el afán de…de no sé qué cosa me tiene irritado.
Con mi hermano nos quedamos un instante en
silencio hasta que el cura suspiró y comenzó a ponerse un abrigo y una
boina para salir.

- Tú sabes perfectamente cuál es el afán de esta gente.
Quieren destruir la Iglesia, ¿qué otra cosa puede ser? Pero no podrán
porque combatimos una guerra donde ya sabemos quién va a ganar, y
sabemos también que para ganar tendremos mucho que sufrir y perder.
El grano de trigo tiene que morir para brotar. Si nuestro Señor tuvo que
morir en la cruz para vencer al mundo, nosotros no podemos ser menos
que el Maestro. Así que prepárate porque la apostasía y la confusión se
pondrán peores. Recuerda Mateo las palabras del Apóstol cuando dice
que por no haber aceptado para su salvación el amor a la verdad, “Dios
les envía poderes de engaño, a fin de que crean la mentira, para que
sean juzgados todos aquellos incrédulos a la verdad, los cuales se
complacen con la injusticia” (2 Tel. 2, 11) Contempla con calma, Mateo,
las señales de los tiempos. Desde hace mucho que venimos sufriendo la
infiltración de doctrinas definitivamente perversas. Las han dejado
entrar y cada día son más descarados. Se aprovechan de la ignorancia
religiosa de la gente causada por su misma pereza: no les importa ni les
interesa conocer acerca de las cosas de Dios y menos piensan que
Cristo va a volver.
Mi hermano me invitó a salir y cerró toda la ermita.
Lo llevé en mi auto hasta el terminal de buses donde iba a abordar uno
para irse al sur. Antes de despedirse de mí me dijo:
- Hay personas que creen que esto que vemos en la
Iglesia es una crisis más como tantas que ha tenido a lo largo de la
historia, como cuando un día el mundo fue arriano salvo por unos
pocos que se mantuvieron fieles. Yo creo que esta crisis es mucho más
profunda y no me cabe la menor duda que estamos viviendo tiempos
apocalípticos. Hay una guerra contra Cristo, contra el catolicismo. El
mundo no soporta tener a este enemigo conviviendo junto a él e
intentará hacer todo lo posible por erradicarlo de raíz. ¿No te parece
sospechoso que occidente sabiendo los atroces martirios que están
padeciendo nuestros hermanos en medio oriente a manos del Isis no
haga nada por detenerlos? Las potencias occidentales comparten con
ellos el mismo enemigo: Cristo y no harán nada por los cristianos
porque les interesa aniquilarlos.

-Yo también lo creo así. Todo esto me tiene muy mal
anímicamente.
- Mateo, no te mortifiques, no pierdas la esperanza.
Paciencia, mucha paciencia y una fe firme. Nuestro Señor nos prometió
que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos y cumplirá su
promesa aunque la Iglesia quede reducida a su más mínima expresión.
Quedamos en juntarnos en mi casa cuando volviera.
Me encantaría poder compartir con él mi percepción acerca estos
apocalípticos tiempos actuales. Esperé a que el bus se fuera para ver
donde iba sentado. Ahí estaba el cura junto a la ventana. Levantó su
mano y me bendijo, y luego me mostró el rosario que tenía en su mano
para rezarlo durante el viaje. Volví a mi casa algo más tranquilo, pero
con esta abrumadora sensación de molestia que me acompaña cada
día.

Relato 10
¿Mateo, por qué vives contra mundum?
“Las mutaciones grandes de la historia humana vienen
por causa de las herejías; porque son las ideas las que gobiernan los
sucesos; y las ideas más hondas, o la raíz de todas nuestras ideas, son
las afirmaciones religiosas, las creencias. Las herejías cambian las
creencias”.
R.P. Leonardo Castellani, Los papeles de Benjamín Benavides.
Rafael, mi ayudante de cátedra, notó de inmediato que hoy venía
con el genio atravesado. Me estaba esperando en mi oficina de la
universidad como todas las mañanas con una humeante taza de té. El
chico lleva dos años como ayudante de la cátedra que doy a los
muchachos de primero y cuarto año, y hemos llegado a tener una
relación casi como la que tendría un padre con su hijo. Me ha llegado a
conocer tan bien, que dice que el genio se me nota en el modo de
caminar y en la expresión del rostro, y que esta mañana de lejos,

cuando me vio flanquear la puerta del campus, supo que algo
desagradable me había pasado. Además, yo soy muy puntual y hoy día
llegué un poco más tarde, de modo que sumando y sumando sacó una
certera conclusión: venía molesto y frustrado.
- Buenos días don Mateo…profe disculpe, pero viene con una cara…
Me saqué el abrigo, la larga bufanda de mi cuello y la boina. Él me
recibió las cosas y las colocó en el perchero. Tiré el maletín sobre el
escritorio y me desplomé en la silla con las manos en la nuca.
- Hola Rafael. Sí, eres buen observador. Tuve un encontrón en el
colegio de mis hijos ahora en la mañana cuando los fui a dejar y vengo
con una sensación de desagrado enorme. Gracias por el té. ¿Tú cómo
estás hijo? ¿Cómo te fue con los libros que encargamos?
- Estoy como siempre no más profe, tratando de sobrevivir. Los libros
llegaron ayer a la biblioteca, tengo que ir a buscarlos durante el curso
de la mañana. ¿Puede contarme qué fue lo que le pasó profe?
El té me reanimó un poco y algo más tranquilo le conté a Latorre lo
que me había pasado y, resumiendo un poco, la historia es la que sigue:
Con mi esposa les hemos enseñado a nuestros hijos la importancia
de estar siempre en Gracia de Dios para que si nos pilla la muerte
podamos irnos al Cielo. Para estar en Gracia de Dios hay que, por un
lado, estar permanentemente luchando contra nosotros mismos, contra
el mundo y contra el demonio que no deja pasar nada para arremeter
contra nuestra alma; y por otro acudiendo al sacramento de la
confesión cuando se ha cometido algún pecado mortal o cuando se
han sumado muchos veniales. No voy a negar que me cuesta ir a
confesarme. No creo que exista nadie que le guste andar contando sus
miserias y sus bajezas, pero Dios dispuso de este sacramento como lo
que yo llamo un tribunal medicinal. Voy a un tribunal que a su vez me
cura y me libera de las ataduras de mis pecados. No puedo acercarme a
recibir a Nuestro Señor Sacramentado con el alma sucia con pecados.
Por eso voy y me confieso y busco ahí las gracias necesarias que me
ayudarán a resistir las tentaciones.

- ¿Me vas siguiendo Latorre?
-Sí don Mateo, pero no veo qué tiene que ver eso con el encontrón en
el colegio de sus hijos.
- Recién empiezo el relato y ya quieres que llegue al final.
Comprenderás que desde hace un tiempo a la fecha todos mis
desencuentros con las personas han venido por causa de la religión.
- Usted no suele quedarse callado cuando le tocan el asunto de la
religión. Discúlpeme que se lo diga señor, pero a veces se pone bien
intransigente.
- Rafa Latorre, ¿crees que para mí es muy agradable estar siempre
discutiendo por lo mismo? ¿Crees que me ha sido fácil ir dejando gente
a la que quería y apreciaba atrás en mi vida, porque simplemente no
quieren aceptar lo que Dios mismo nos lo ha revelado y quieren seguir
con sus propias interpretaciones? No, no es fácil convertirse en un
paria para el mundo y estoy bien harto de la gente a decir verdad. Cada
día que pasa me voy sintiendo más solo. Ya no se pueden encontrar
amigos que quieran compartir una conversación mediamente
inteligente. Imposible pedir una conversación razonable con gente que
esté abierta a entender tus argumentos, porque cada uno quiere
ponerte el pie encima y hacer que cambies tus convicciones y de la
Verdad yo no me voy a mover ni un milímetro aunque me tenga que
quedar más solo de lo que estoy ahora. Intransigente….Tu quoque
Raphael, fili mihi?
- ¡Vamos don Mateo! No se ponga tan grave conmigo, es sólo un
comentario y un parecer mayoritario de la gente del instituto, pero yo
no creo que usted lo sea…o sea sí, es intransigente, pero con razón ¿no?
Además eso de quedarse solo debiera ser para usted motivo de alegría y
no de tristeza, poder sufrir por Cristo es un privilegio de los mártires ¿o
no?
- Sí hijo, lo es, aunque mi vida dista bastante de ser la de un mártir.
Esta soledad es una prueba que hay que pasar, pero a veces duele y

duele mucho. Dios quiera tener presente este sufrimiento del alma que
se ha unido a su Cruz para el día en que me muera Rafael.
Rafael se sentó en el escritorio que le tengo instalado justo enfrente
del mío y recostó sus brazos sobre la mesa escuchándome atentamente.
Yo seguí con mi cuento.
El punto es que mis hijos tienen muy claro que hay que confesarse
especialmente cuando se ha cometido un pecado grave, y para que lo
sea deben cumplirse las tres condiciones que sabemos lo convierten en
un pecado mortal: materia grave, intención de hacerlo y pleno
conocimiento que se trata de algo malo. Uno se esfuerza día tras día
para comunicarles y enseñarles la doctrina que nos conduce al amor a
Dios y por tanto al Cielo.
Y aquí es donde mi paciencia se colma: llega ayer del colegio uno
de mis hijos, el que tiene 14 años, y me cuenta lo que el profesor de
religión le ha “enseñado” en clases. “Papá” – me dice – “el profe de
religión está loco o es un hereje”
- Su hijo es igual a usted profesor.
- ¿Igual de intransigente Rafael?
- Me refiero a que habla en términos similares a usted.
- Desde luego, le he estado “lavando el cerebro” desde que nació…a él y
a sus hermanos.
- Vamos don Mateo, no se ponga sarcástico. Usted sabe que en materia
de religión los dos pensamos lo mismo.
- Porque a ti también te lavé el cerebro. – El muchacho estaba
perdiendo la paciencia conmigo y cuando me largué a reír comprendió
que yo estaba molestándolo como suelo hacerlo.
Entonces le pregunté a mi hijo qué le había dicho su profesor de
religión que él encontraba que era tan terrible como para decir de él
que era un hereje.

“Nos dijo que ahora el sacramento no se llama de la Penitencia sino que
de la Reconciliación, y que esto es así porque los faltas son un asunto
entre Dios y nosotros y que no estoy obligado a decirle al sacerdote mis
pecados graves o aquellos que a mí me avergüenza decirlos porque,
como es una cosa entre Dios y yo, a nadie más le interesa saberlo. Basta
que me arrepienta, le diga al sacerdote lo que a mí me parece prudente
decirle y nada más. Total, Dios sabe que me he arrepentido y que no
hay que hacer una confesión íntegra de los pecados. Es una
conversación con el cura y no con un juez en un tribunal, dijo el profe.
Mis compañeros estaban felices porque a ellos les carga confesarse y
con esto que les dijo ahora van a contarle al cura un par de cosas no
más. Total da lo mismo. ¿No crees que es atroz papá?”
Mi hijo más que escandalizado estaba dolido porque sus
compañeros a quienes poco y nada se les ha enseñado acerca de la
religión y de los deberes para con Dios, se acercarían a comulgar con
sus pecados gordos y estarían cometiendo uno más grave como es el del
sacrilegio por culpa de un torpe e imprudente profesor que a título
personal cambia la doctrina como se le antoja.
- Y como tú dices Rafael, yo no me puedo quedar callado, y hoy cuando
fui a dejar a los niños, justo me encontré en la puerta del colegio con el
mentado profesor que conversaba y reía a destajo con una de las
mamás de colegio, ella toda coqueta y sofisticada.
-Supongo y conociéndolo, ahí mismo le habrá dado el batacazo o ¿no
don Mateo?
Efectivamente, pero con caridad y prudencia. Le pedí hablar a
solas para plantearle mi inquietud, pero él, que no quería separarse se
la coqueta apoderada, me señaló que no había problema en que le
planteara mi problema ahí mismo frente a ella. Le conté lo que mi hijo
me había dicho y si era tal cual o él había entendido mal.
-Su hijo entendió muy bien Mateo, muy bien, ¿tiene algún problema
con lo que dije?

- Uff…no quiero ni imaginármelo profesor. Apuesto a que sacó la
artillería pesada.
Le tiré encima el catecismo, a Santo Tomás, y todo lo que sé, y él
me dijo que eso estaba muy bien, pero que ahora la “pastoral” del
sacramento de la Reconciliación era más misericordiosa con el pobre
avergonzado pecador, y no quiere ponerle más cargas para que el fiel
venga con confianza a conversar con el sacerdote.
Volví a la carga le indiqué que la doctrina no ha cambiado y que
para que exista una verdadera confesión debe haber contrición,
confesión oral de todos los pecados graves y también los veniales, y
finalmente la satisfacción o penitencia por los pecados. Me observó con
lástima y le dio una mirada de complicidad a la apoderada. Siguió con
el discurso de la pastoral, que el papel de juez hay que dejárselo a Dios
y que Él sabrá, porque además hay muchas cosas que no son pecados,
sino problemas psicológicos y tendencias que son naturales en los
hombres y contra las cuales es imposible luchar, especialmente en el
caso de los adolescentes que están descubriendo su sexualidad y tienen
curiosidad y un desborde hormonal que hay que comprender. Dios
sabe eso y nos perdona igual aunque no nos confesemos porque conoce
nuestras debilidades.
- Porque son debilidades con mayor razón necesita el pecador
confesarse para poder tener las armas y la fortaleza para luchar contra
ellas. Sin la Gracia de Dios es imposible luchar por pura voluntad,
sobre todo si se trata de chicos adolescentes a los que hay que guiar
para que conduzcan sus pasiones y no que ellas los conduzcan a ellos.
- Mateo usted siempre tan resentido y amargado inmisericordioso que
se ha anclado en el pasado con sus juicios inquisidores…misericordia
Mateo, misericordia con los pecadores y con sus tendencias. No puede
estar siempre viviendo contra el mundo. Nosotros no cambiamos la
doctrina, lo único que queremos es cambiar el modo como ésta llega a
la gente, debemos adaptarnos al mundo y a los tiempos para poder
acercar a la gente a la Iglesia. No podemos ser tan duros de corazón.

- Semper contra mundum es mi lema Sr. Profesor de religión. Para que
Dios tenga misericordia con los pecadores es necesario que ellos tengan
un corazón humilde y contrito y se arrepientan: cor contritum et
humiliatum Deus non despicies…El que es duro de corazón es el
pecador que no quiere arrepentirse y quiere que Dios se adapte a sus
caprichos. Yo lo único que le pido es que no le envenene la inteligencia
con errores y mentiras a los niños porque los va a llevar a condenarse, y
usted tendrá que darle cuentas a Dios por haberlos escandalizado.
¿Sabe que más señor? Definitivamente tenemos una fe distinta, usted
no es católico.
No me dijo nada más y se fue enojado para dentro del colegio. La
apoderada que lo acompañaba me quedó mirando y me sonrió con
lástima, como si fuera un pobre loco que habla como fanático religioso.
Yo también le devolví la sonrisa y le dije. “Estamos como en un reino
dividido, con una guerra decisiva dentro de los mismos muros, pero
tarde o temprano la Verdad brillará.” Ella movió la cabeza y se fue,
mientras que yo me quedé con impotencia y la sensación de desagrado
aquí en el corazón. Dime Rafael si estoy equivocado, ¿debo omitir y
dejar que este tipo siga confundiendo a los que esta “deformando” en
vez de formar?
- Creo que usted está dando la hora teniendo a sus hijos ese colegio
pseudocatólico. No entiendo por qué los tiene ahí sabiendo lo que les
enseñan a los niños.
Latorre tenía razón, el problema es que a mí no me queda ya otra
opción de colegio. Tal vez educarlos en casa…pero por ahora que esto
no me ha sido posible me limito a des-enseñarles la enseñanza
anticatólica que a mis hijos les dan en ese colegio católico.

Relato 11
Nuestro Señor, Mateo, es el que poda nuestra alma
Después que mis padres celebraron su aniversario de
matrimonio con una misa tradicional en una vieja capilla de campo
facilitada por un conocido de mi madre, y ya una vez pasado el estado
de tensión por el continuo peregrinar de iglesia en iglesia para
conseguir una, y por algunos otros asuntos que relataré más adelante,
sufrí uno de esos estados melancólicos que me llevan a sentirme
literalmente miserable, a sentir que soy como un extranjero en tierra
ajena. Viendo que comenzaba ya a manifestar externamente mi
colapso, Ángeles, mi esposa, le pidió a mi cuñado que nos fuéramos
juntos, las dos familias, por un fin de semana a la casa que él tiene
junto al mar. Creo que, además de mi persona, todos necesitábamos
pasar unos días desconectados del mundo, sintiendo las olas y la brisa
helada de este frío mar chileno, en medio de una playa vacía de
visitantes que en invierno brillan por su ausencia.
Habíamos llegado el viernes en la tarde y pensábamos
quedarnos hasta el domingo en la mañana. No eran muchos días, pero
al menos me servirían para despabilarme un poco y para recargarme de
energía con el húmedo aire marino y lejos del ajetreado y bullicioso
mundo citadino.
Me gusta estar en familia. Soy el mayor de seis hermanos y he
vivido rodeado de un tumulto de gente entrando y saliendo de la casa.
Ahora que tengo a mi propia familia me deleita estar con Ángeles y con
mis hijos. También con mi única hermana, Isabel, Manuel, su esposo,
y sus hijos, sin embargo también necesito estar solo para poder pensar
y también para poder rezar. Es por esto que en la tarde del sábado
después del almuerzo, mientras los demás se quedaban haciendo una
larga sobremesa tomando café, yo agarré un libro y bajé a la solitaria
playa. El tenue sol que brillaba sobre mi cabeza apenas calentaba. Por
más abrigado que había venido esto no fue suficiente para calentarme.
Busqué algunos palos y ramas secas que el mar había arrojado en la
playa y me armé una fogata. Imposible concentrarse en la lectura

cuando tienes frente a ti al mar y al fuego. Me quedé absorto mirando
las llamas y detrás de éstas al mar que bañaba la playa con unas suaves
olas.
No sé cuánto tiempo habrá pasado desde que me instalé ahí,
pero de pronto sentí que me tomaban por la espalda y me abrazaban
con fuerza. Yo me encontraba sentado con mis brazos abrazando mis
rodillas y este fuerte abrazo casi me bota para atrás. Era Isabel que se
había escapado de casa para ir a hacerme compañía. No necesito
decirles del afecto que nos tenemos. Nos queremos muchísimo y ella
me trata casi con devoción, lo cual a mí me incomoda mucho.
- Te vi desde la casa haciendo la fogata y no me resistí a venir
a sentarme contigo junto al fuego. Perdóname si te interrumpo en tus
meditaciones o…en tu lectura – me dijo ella sentándose a mi lado y
estirando las manos hacia el fuego para calentárselas.
-No te preocupes. Intenté leer, pero me he entretenido
mirando la fogata y el mar – Ella apoyó su cabeza sobre mi hombro y
comenzó nuestro fructífero diálogo fraternal:
- Fue divertido verlos trabajar a los dos con Manuel en la
mañana arreglando el parrón. Te cambió enseguida la cara. Cuando
llegamos el viernes estabas con una mirada tan triste, que pensé que no
te ibas a levantar el sábado y te ibas a quedar sumido en la melancolía
todo el día – me dijo Isabel, y tenía toda la razón. Había pensado
dormir y dormir todo el fin de semana para evadir de alguna manera
mis problemas, pero me fue imposible porque va contra mi naturaleza
estar de ocioso tirado en una cama. Esa mañana me levanté temprano,
igual que siempre, y mientras tomaba desayuno pensando en qué
hacer durante la jornada, Manuel llegó con una motosierra, unas tijeras
y un rollo de alambre y me invitó a trabajar con él para arreglar las
parras del jardín que se estaban cayendo al suelo, pues las maderas,
que las habían sostenido por años, se habían podrido y colapsado por el
peso de las vides.

- Tu marido sabe lo bien que le hace a mi espíritu trabajar con
las manos en la tierra. ¿A quién no le hace bien ponerse a trabajar con
una pala en el jardín o con un par de tijeras y podar las plantas? Es más
mi querida hermanita, hacía tiempo que no sentía en mi alma eso que
llaman fruición, un goce sano, limpio, que me llenó de vida, pero que al
mismo tiempo hizo que me asustara un poco.
-¿Asustarte? No entiendo porque sentir alegría por algo puede
causarte temor.
- Vas a pensar que estoy loco o que exagero, pero de veras te
digo que me asusté de mí mismo y me tuve un fugaz sentimiento de
culpa. No suele ocurrirme el sentirme tan aliviado y tan feliz haciendo
algo. Vivo la mayor parte del tiempo sumido en preocupaciones
temporales y espirituales, y son escasas, por no decir, nulas, estas
ocasiones.
- ¿Te imaginas, Mateo, que Dios no nos confortara con estos
momentos de sana alegría? Se nos haría insufrible la vida. Qué bueno
que tuviste la dicha de pasar un rato de esparcimiento. Estamos todos
los días batallando contra el mundo, contra nosotros mismos, contra
las tentaciones del demonio y eso, cuando la vida se toma con seriedad,
agota a cualquiera que esté preocupado por hacer el bien, agradar a
Dios y salvar su alma.
-¿Un alivio en medio de los dolores? – le dije pensando en
que ella le había dado el mismo significado que yo a esta fruición.
- Por supuesto, y Dios, en medio de este valle de lágrimas, nos
muestra su rostro también en las cosas bellas y buenas de la vida. Dime
hermanito, si no es gratificante para el alma que está agotada, ver un
paisaje hermoso como este, o escuchar una melodía que te haga erizar
los pelos o una buena conversación entre amigos sentados frente al
fuego comiendo algo rico y tomando un buen trago. Son cosas simples
y triviales, pero que tienen el gran mérito de ser un bálsamo en medio
de las amarguras. Por eso estamos aquí por el fin de semana, para
renovarnos un poco. La vida no es puro sufrir, hasta nuestro Señor fue

a las bodas de Caná. Piensa en lo malo que está el mundo...bueno
nunca ha sido muy bueno, es terreno del Otro, de su Príncipe, pero
ahora pareciera que el mal está desatado. Por eso escapar un poco de la
mugre y refugiarse en la tranquilidad y por sobre todo, en el silencio, es
una bendición, un don de Dios.
- Los orcos andan sueltos. Me da pavor ver la gente como
anda circulando por las calles, como hablan, como se visten, sus gestos,
su manera relacionarse con los demás. Es horrible Isabel, horrible ver y
escuchar su forma de hablar, el continuo creer que el que está al lado
quiere aprovecharse y que antes que éste lo haga, o piense siquiera en
hacerlo, le pegan, le gritan, lo hacen gestos obscenos. Es un asco, un
asco y estamos metidos en medio de este barrial. A veces me dan ganas
de agarrar a mi familia e irme a vivir a la Patagonia, en una isla, como
en una pequeña colonia tal como la Srta. Prim.
- No creo que tú pienses que en la huida esté la solución. Hay
gente con buena voluntad que espera que demos testimonio con el
ejemplo, y si ven que huyes, ¿quién los va a consolar? Partiendo por tus
alumnos, ¿serías capaz de abandonarlos?
- Algún día tendremos que huir, ya lo dijo nuestro Señor, no te
olvides Isa, habrá que huir al desierto. No sé si nos toque a nosotros, tal
vez no, pero no creas que me he cerrado a esa posibilidad porque la
caridad empieza por casa y si debo salvar el alma de mi familia y la mía
propia, no me temblará la mano para tomar mis cosas e irme lo más
lejos del mundo. – Abrí el libro que estaba leyendo y le cité una divisa
que el autor del mismo había colocado y que correspondía a San
Arsenio – Escucha Isabel: “Ama a todos los hombres y huye de ellos…”
Piensa en que toda esta decadencia viene del abandono de la Verdad,
porque como todo es relativo, como ya no existe la Verdad, sino que
cada uno tiene la suya, entonces la Caridad se ha enfriado. El hombre
pasa a ser el señor de sí mismo y por tanto dueño de hacer lo que
quiera con su vida. Si el prójimo se convierte en un obstáculo para su
señoría, entonces lo pasa a llevar para salvar su pellejo. Ha llegado un
punto en que no hay respeto por la vida, se ignora que prójimo es un
ser humano, con un alma que sufre también, no, nada de eso. Ni

pensar en sacrificios ni en renuncias por el bien del otro. Es cosa que
te subas al tren o a un bus, o camines por la calle. Que se te ocurra
distraerte en un semáforo y los que están detrás de ti te comenzarán a
tocar la bocina y a levantarte a groserías, si es que no se bajan para
patearte el auto o romperte un vidrio o un espejo. Todos andan con la
cara larga, aburridos, cansados, llenos de frustración y de odio,
preocupados únicamente por sobrevivir. Y si tú eres amable con
alguien te creen loco o un cobarde – me llevé las manos a la cabeza y
suspiré de fastidio, luego me puse de pie y recolecté un poco más de
leña para la fogata. Afortunadamente mi hermana había traído una
manta y ya no tuve que sentarme en la arena húmeda. Volví junto a
ella.
-Trata, Mateo, de no centrarte tanto en lo malo, te hace mal.
Yo sé que estamos haciendo agua por todos lados, pero al menos por
aquí y por allá hay personas que están sufriendo lo mismo que nosotros
y entre todos nos acompañamos en este exilio. Con lo cual no quiero
decir que mal de muchos, consuelo de tontos, sino que somos como
pequeños grupos que andamos por el mundo sintiendo lo mismo y que
debemos estar unidos y darnos aliento para seguir en la pelea – me dijo
ella mientras puso su mano sobre mi hombro y me abrigó junto a sí.
- ¿Sabes lo que pensaba cuando podaba las parras? – Le
pregunté llevando la conversación a otra dirección– Pensaba en que
nuestro Señor es como un viñatero que va podando las vides. Él se
encarga de ir podando nuestras almas a lo largo de nuestras vidas,
para que ordenándonos y encausándonos demos mejores frutos. Y el
alma debe ser dócil a sus manos, no poner resistencia. Cuando la parra
pone resistencia a la mano del viñatero, se rompe y al dueño de la viña
no le queda otro remedio que botarla y arrojarla al fuego. Si dejo que el
Señor me vaya podando, a través del dolor que esto implica, iré dando
cada vez más mayores y mejores frutos. Mi alma se irá purificando en el
sufrimiento y en las pruebas, suena horriblemente cliché, pero lo he
experimentado en carne propia. Soy, en algunos aspectos, radicalmente
distinto a cuando era joven porque mi Dulce Jesús se ha ido
encargando de podar aquellos retoños de vicios, por contraponerlos a

las virtudes, que iban brotando en mi alma, y lo ha hecho causándome
a veces un terrible dolor espiritual – la quedé mirando fijo pensando
en si sería prudente que le abriera aún más mi alma para que pudiera
entender lo que le estaba diciendo con esta analogía.
- Nuestro Señor como el jardinero que va podando y quitando
los brotes brutos del alma…sigue Mateo por favor, ¿por qué me miras
así? ¿De qué te acordaste?
-No sé si seguir abriéndote mi alma.
-Vamos no será para tanto ¿no?, ¿qué cosa tan horrenda
puedas tener que ocultarle a tu hermana? Además, Mateíto, no
entiendo porque hablas de radicalmente distinto, si es así, entonces es
algo que está muy en lo profundo de tu espíritu porque hasta donde yo
te conozco, sigues siendo el mismo desde que eras niño.
- Te apunto sólo una cosa que ha cambiado y es mi manera de
relacionarme con Dios. Soy yo el que ha cambiado y he crecido, porque
he entendido muchas cosas a través del sufrimiento. Como dice el
Apóstol, cuando era niño, actuaba como niño, ahora que estoy más
viejo me he dado cuenta que lo que me alejaba del pecado era más bien
el temor a la sanción y a las penas del infierno, más que el amor a Dios.
Soy un tipo porfiado y duro de cabeza, y Dios se ha encargado a lo largo
de mi vida de ir rompiendo este corazón duro y de ir podando estas
frialdades. Si antes me llenaba de espanto al pensar en el infierno, si
bien ahora también lo pienso, no me mueve solamente esto, sino que
más bien el temor de haber ofendido a Dios, la pena que le he causado.
Tal vez por el hecho de yo mismo ser papá ha ayudado a este cambio.
Cuando mis hijos me preguntan por el Temor de Dios yo hago que lo
lleven al plano de su relación conmigo: cuando haces algo malo, más
que en el castigo que te voy a dar, piensa en que me has hecho sufrir
con tu mal comportamiento y a quien se ama, no se le hace sufrir de esa
manera. Más que temerle a la palmada que te voy a dar, que te duela el
haberme causado pena, y ellos entonces comprender que el Temor de
Dios es el temor a causarle una pena muy grande a Dios.

-No lo había pensado así, muy buena tu analogía y mejor
todavía es tu cambio en la relación que tienes con Dios. Se parece más a
la de un hijo con su padre y no la de un juez con un acusado.
Consideras no solamente el castigo bien merecido que Dios pueda
darte, sino que además te condueles por haberle causado pena. ¡Qué
cierto es! ¡Qué acertado hermano!
De la nada, un torbellino de viento se levantó desde el norte y
nos apagó la fogata y llenó nuestros ojos de arena. Tuvimos que
levantarnos rápido porque a esta ráfaga le siguió otra más fuerte.
Corrimos a la subida que llega a la casa de mi hermana. Ella se adelantó
rápido dejándome atrás, pero al verme que yo iba apenas escalando se
devolvió a acompañarme y a darme las gracias por esto minutos de
fraternal conversación.
-¿Crees que podamos continuar esta conversación Mateo?
Quedé con la sensación que ibas a decirme algo más acerca de las podas
espirituales y me encantaría poder escuchar lo que ibas a contarme.
- Creo que lo que quedó pendiente es tu propia experiencia
acerca de esto. ¿O no? ¿ O caso quieres, niña mía, que te devele toda
mi alma?– ella se rio y asintió, y juntos entramos a la casa.

Relato 12
El matrimonio, Mateo, parece algo de héroes
“He sido la mofa de mi familia desde que, a causa de mis
problemas cardíacos, estuve hace unas semanas internado en la clínica.
Sufrí uno de mis acostumbrados desajustes al corazón los cuales me
hicieron pasar por un millón de insoportables e innecesarios exámenes
para descartar cosas peores. Ustedes se estarán preguntando la razón
por la cual mi familia que me ama y se preocupa por mí, se ha reído de
esta situación que no ha sido para mí nada grata y que cada vez que me
ocurre me llena de angustia. Lo cierto es que ellos han hecho mofa, no
de mi arritmia ni de mis dolencias, sino de la coincidencia de la fecha.
El día de mi evento cardíaco coincidió con el día de la publicación de la

famosa exhortación Amoris Laetitia. Decían que la aparición de la
exhortación y especialmente de la cuestionada nota 351 me había
mandado derecho al hospital por la impresión que me había causado.
"Literalmente infartante tu reacción" decía mi hermano menor, el que
es, a su vez, mi médico personal, doblado de la risa mientras
"intentaba" tomarme un electrocardiograma. Pues bien, la mentada
exhortación no me llevó a sentirme mal del corazón porque a la hora
que sufrí el evento no la había leído. Creo que ellos se equivocaron en
su conclusión acerca de las causas de mi desgracia, pero claro, como me
conocen bien y supusieron que una cosa tan nefasta para los católicos
podría afectarme incluso físicamente.
Estuve entonces unos días "de vacaciones" en el hospital.
Ahora estoy en casa, con una licencia médica aprovechando de escribir,
entre otras cosas, este relato que sintetiza lo que he podido recordar de
una interesante conversación que tuvimos entre algunos de mis amigos
cuando me fueron a visitar al hospital precisamente a propósito de la
Amoris. Confieso que aparte de mi familia no recibí visitas salvo la de
este par de amigos que presentaré más adelante. Mi círculo de
amistades se ha ido reduciendo con los años. Cada día se hace más
difícil encontrar personas que comprendan el verdadero significado de
la amistad y con las cuales se pueda entablar una conversación
inteligente, y recalco la palabra inteligente dado que las futilidades de
la vida mundana han pasado a ser el tema central de cualquier diálogo
y no existe interés por elevar un poco los temas. Sumado a esto la
confusión se ha extremado y ya parece que no nos entendemos o nadie
quiere querer entender lo que el otro dice. Y puesto que además yo soy
considerado por mis conocidos como un sospechoso tradi con cara de
pepinillo en vinagre y olor a fariseo, entonces definitivamente mis
antiguos conocidos se ha alejado de mí, no vaya a ser cosa que los vean
con semejante dinosaurio que parece vivir en otro mundo y en otra
época.
El sábado por la tarde se dejaron caer en mi habitación
de la clínica, justo a la misma hora, un joven amigo al que conocí hace
poco más de un año y el cual está por casarse. Nos presentaron en una
de las iglesias donde se canta la misa tradicional; y otro joven que es
mi ayudante de cátedra. En mi habitación desde el mediodía
estaba Manuel, mi cuñado como lo recordarán, el cual se había
quedado a acompañarme a almorzar mientras mi señora descansaba

con mis hijos en casa. Ambos muchachos han sido criados en un
catolicismo sui generis que al final no tiene nada que ver con el
catolicismo de verdad. Me refiero a aquel que acepta algunas cosas y
otras, las que no "le gustan" las desechan. Me he encontrado a lo largo
de mi vida con muchos católicos así, incluso sacerdotes, que dicen
entre otras estulticias llenas de soberbia, que San Pablo se equivocó y
que la Iglesia por seguirlo ha desvirtuado el Evangelio y que ahora, en
estos gloriosos tiempos primaverales, esto se ha ido corregiendo
progresivamente. Pero lo que diferencia a mis dos jóvenes amigos es el
hecho que ellos se están de a poco dando cuenta que aquello que se les
había mostrado como el verdadero catolicismo era más bien una
falsificación moderna de mismo, y han comenzado a descubrir la
verdad de su fe a través especialmente, de la liturgia. Tal como ocurre
cuando se ve la luz, ellos están conscientes de que por un lado no
pueden volver atrás, y por otro que el conocer la verdad exige algunas
renuncias y un compromiso total, no a medias. Es algo que les está
tocando enfrentar y asimilar, y documentos como el recientemente
publicado no les ayudan a avanzar en su fe, sino que les hacen dudar y
quedar perplejos.
Después de los saludos y consultas acerca de mi estado
de salud, el muchacho que está de novio puso el tema en la palestra y
aunque yo seguía sin leer por entero la exhortación, algo me había
informado a través de otros blogs cuyos autores han tenido la paciencia
de leerla. Confieso sólo la he leído en forma fragmentaria. Me basta con
unos cuantos párrafos para darme cuenta lo peligrosa que es para la
salvación de las almas. El lenguaje ocupado tan ambiguo y lleno de
sentimentalismo y de falsa caridad, los autores citados, y los mal
citados como a Santo Tomás de Aquino, entre otros asuntos hace que
no valga el tiempo ni el esfuerzo mental leerlo en su totalidad.
- Es un texto absolutamente prescindible y al cual no hay que
hacerle mucho caso- le dije yo. La verdad es que no tenía ganas de
hablar sobre el tema. Para decirlo con franqueza, tenía una pereza
mental enorme y no quería profundizar en la materia.
-Pero Mateo es un texto que viene del papa y por ello no creo
que sea cosa de decir que es una mera opinión que va a pasar sin pena
ni gloria. Este documento está marcando un precedente y dado cómo el
mundo entiende las cosas hoy, dado el cómo se transmite e interpreta

la información, ya ha comenzado a escucharse que se está dando
permiso para que algunas parejas separadas y vueltas a casar
comulguen sin abandonar su situación de pecado público. La famosa
opinión pública se queda con el titular y dicen “el papa ha autorizado a
algunos divorciados y vueltos a casar a comulgar”. Mateo este joven...
disculpa olvidé tu nombre - dijo Manuel que deseaba escuchar mi
opinión. Yo ya le había dicho que no quería hablar del asunto un rato
antes que llegaran las visitas, y como él había quedado con el tema
atragantado, se aprovechó de la consulta de mi amigo para hacerme
hablar.
- Juan Luis es mi nombre don Manuel.
- Juan Luis está por casarse ¿verdad? Yo creo que merece una
aclaración al respecto de alguien que sabe del tema. Para estos dos
jóvenes tú eres como una especie de Sócrates, ¿o no muchachos? – Si
yo hubiera tenido algo con que darle un garrotazo a Manuel se lo
hubiera dado. Detesto cuando intenta hacerse el payaso a costa mía.
Pero en vistas a que no me iba a ser posible zafarme de la encerrona
acepté el desafío, y les dije lo que pensaba acerca de lo que era mi
experiencia sobre el matrimonio y cómo se contrastaba con la opinión,
en palabras del cardenal Burke, del papa. Más que céntrame en un
análisis filosófico o teológico me fui directamente a la experiencia. No
soy un utilitarista ni un positivista, pero quise hablar desde mi
vivencia, de lo que he visto y de lo he concluido acerca de la crisis que
sufre la institución del matrimonio.
- Lo que más a mí me llamó la atención – dijo mi ayudante,
Rafael – es esta dualidad de verdades. Hay una regla objetiva que es
verdad, pero existen casos particulares que hay que estudiar y ahí esta
regla pasa a ser subjetiva. Esto tiene consecuencias tremendas si se
aplica a todos los ámbitos. Al final nos quedamos con que no hay reglas
ni verdades universales, todo se hace subjetivo y se relativiza.
Rafael quería llevar la conversación a un plano más
filosófico, y claro, es nuestro oficio. Sin embargo, yo, que no le había
quitado la mirada de encima a Juan, sabía que él estaba lleno de
miedos y de una pavorosa sensación de vértigo no sólo por el contenido
de la exhortación, sino por lo que estaba ad portas de hacer. Faltaban
unos pocos meses para que se casara, y este paso no le había resultado

nada fácil. Ya era un hombre de treinta y tantos, y la decisión de
contraer matrimonio la había tomado después de un largo peregrinar y
aún tenía mucho temor y sobretodo muchas dudas. Había visto
fracasar a muchos de sus amigos que jamás pensó que terminarían
separados y recasados y no quería que a él le pasara lo mismo.
- Yo no soy ninguna autoridad, ni exégeta, ni hermeneuta,
Manuel, para venir a aclarar lo que el papa dice. Lo único que tengo es
el sentido común de un católico y como tal, creo que lo que dice Rafael
es muy cierto. Es muy peligroso este juego de la verdad objetiva y la
subjetiva. El pecado es pecado y punto, y peor si tu pecado es público
porque estás dando un pésimo ejemplo. Objetivamente esas personas
que se han vuelto a casar por el civil y que llevan vidas de casados,
saben que están mal, que no cuentan con la bendición de Dios y que
por lo tanto, no pueden comulgar. Es algo muy simple. El que está en
pecado mortal no puede comulgar porque no está en gracia de Dios, y
si quiere volver a participar de la vida divina a través de los
sacramentos se tienen que confesar y dejar de pecar. Más clara que el
agua es la doctrina. Otra cosa es que vayan a misa y recen. Nadie las
está echando para fuera de la Iglesia, pero no pueden comulgar si antes
no han puesto fin a lo que los mantiene privados de la vida
sacramental. Separarse definitivamente o vivir como hermano y
hermana, parece sonar como algo terrible y desgarrador, pero es
porque tenemos unas muy bajas expectativas del hombre actual
incapaz del sacrificio. Parece una utopía para algunos prelados y para
los mismos curas que al parecer desde hace tiempo ya venían dando la
comunión a quienes sabían que estaban re-casados, o que convivían.
Con la exhortación se les está dando un argumento para que justifiquen
su decisión aparándose en la famosa nota de la exhortación. Buscar
subterfugios de falsa misericordia atenta contra la salvación eterna de
sus almas. Qué grave se incentivar al pecado engañando a estas almas.
Cada uno tiene sus pecados, pero hacer que otros pequen cometiendo
un sacrilegio…no me gustaría estar en su pellejo cuando tengan que
darle cuentas a Dios.
- Tu sabes lo que pienso al respecto – intervino Manuel - pero
he conocido a mucha gente que por inmadurez o por apuro, porque la
chica está embarazada, se ha casado muy joven y que no ha durado
nada. Después encuentran a alguien, se casan por el civil y permanecen
juntos para siempre. En estos casos…

-¡Ah, la casuística! – suspiré yo.
-Deja que termine por favor, no te adelantes. En esos casos yo
pienso que algo se puede hacer. Cuantos chicos de 20 años se han
casado apurados y al poco tiempo ya están separados. Es terrible que se
la pasen solos por el resto de su vida.
- Sí, te entiendo, y voy a tomar justo este ejemplo que tú me
estás dando. Yo también he conocido casos así, y aquí intervienen una
serie de circunstancias fatales y en la mayoría de estos casos, como en
casi la mayoría de la gente que se casa en los actuales tiempos, el
sacramento está viciado: precipitación, apuro, ignorancia, etc, y son
nulos. No hicieron el esfuerzo de prepararse espiritualmente para el
matrimonio, no tenían tiempo para aquello, y enfocaron todas sus
energías en la ceremonia, en la fiesta, en el lugar donde ir de luna de
miel. Gran culpa la tienen es esto los mismos curas que los casan, al no
prepararlos bien, porque ellos también – no digo todos que todos, pero
en su mayoría - no les interesa hacerlo, ni tampoco saben porque
tienen una muy mala formación. Entonces, a la primera de cambio,
estos jóvenes se separa , y “rehacen” su vida con otra persona. Si bien
puede que por fin hayan encontrado a su verdadero amor, sin embargo
la situación en la que están sigue siendo de pecado por muy buenas que
sean sus intenciones, ya sea que su matrimonio haya sido nulo o no. Si
se ponen a convivir con alguien y su matrimonio era válido eso se llama
adulterio, si no lo fue entonces eso es fornicación, hay que llamar a las
cosas por su nombre. La nulidad lo determinará un tribunal el cual
debe ser muy riguroso en esto porque estamos hablando de un
sacramento, de algo sagrado. Si sus intenciones son realmente buenas
han de saber que no se puede construir nada dándole la espalda a Dios,
porque al no estar en gracia le dan la espalda, y por tanto su relación
cojea, queda empantanada. El sacramento del matrimonio da las
gracias necesarias para construir juntos, para formar la familia y
educar a los hijos…hasta para soportarse cuando los dos andan con el
genio malo. No se puede burlar la ley de Dios con meros
acompañamientos espirituales para que puedan seguir en lo suyo y
además comulgar. ¿Para qué quieren comulgar? Yo no sé. Lo peor de
todo es ver a la autoridad avalando el sacrilegio, haciendo ver que la
doctrina y los mandamientos son algo rígido y pesado de soportar,
siendo que son la garantía de nuestra felicidad, del orden, del bien.

¿Por qué no regularizar la situación? ¿Por qué no les importa estar en
gracia de Dios si es lo único que debiera preocuparnos de verdad?
Entonces Juan, que estaba pálido y golpeaba
nerviosamente el suelo con un pie, por fin se decidió a hablar.
-Yo no quiero terminar así, no quiero terminar separado, con
la vida partida en dos. Esto me está volviendo loco porque quiero hacer
las cosas bien, como Dios manda. A veces pienso si mejor no pruebo
antes a ver como se dan las cosas.
-¿Probar? Te refieres a convivir con tu novia. – le pregunté
mientras él me lo afirmó con su cabeza – Quieres hacer la cosas como
Dios manda y me sales si mejor es probar primero. No, por ningún
motivo. No es lo que Dios quiere ni lo que le agrada. No tienes que
tener miedo, no se puede vivir con miedo. El miedo te paraliza, te hace
cometer errores. Dios no nos pide imposibles y el matrimonio para
toda la vida es posible. Que ahora lo estén haciendo parecer como una
cosa que es casi como un acto heroico es porque hemos perdido el
rumbo y lo que de verdad importa, que es amar a Dios y merecer el
Cielo, está en la práctica casi olvidado.
- Sí porque como ahora todos estamos salvados hagamos lo
que hagamos… -dijo Manuel sin poder ocultar su enojo – así que tú y
yo Mateo somos unos héroes porque todavía no nos hemos cansado de
nuestras mujeres y ellas tampoco se han cansado de nosotros dos. Todo
esto me da náuseas. Finalmente los progres lograron meter la cuña y
hacer tambalear el edificio.
- Usando sus mejores armas: las verdades a medias. – dijo
Rafael.
- Es es exactamente el método mediante el cual los
modernistas llevan a cabo su acciones, mezclando verdades con
mentiras, creando confusión. Juan – le dije para retomar el tema ¿Amas a tu novia?
-Por supuesto don Mateo.

- Y supongo que te vas a casar sabiendo que es para toda la
vida.
-La amo con todo mi ser, claro que quiero estar con ella hasta
la muerte. Hemos vivido cosas muy duras, no nos han faltado los
problemas por todos lados, pero nos ha hecho más unidos y más
fuertes.
- Entonces quédate tranquilo y construye un hogar sólido, con
unas bases muy vigorosas para que cuando vengan los tiempos difíciles
la casa resista, y para hacerlo bien a Dios cada día. Que sea Él el que
reine en tu hogar. Nosotros con Ángeles hemos entronizado al Sagrado
Corazón en casa y cada cierto tiempo renovamos esa entronización, eso
nos ha mantenido muy unidos a pesar de los bajones. No es fácil estar
con otra persona, cada uno tiene su carácter, sus malos momentos, sus
defectos, pero como nos amamos, tenemos la paciencia y la sabiduría
suficiente para soportar los embates. Con esta mentalidad hodierna
que está empecinada en alcanzar la felicidad aquí y ahora a veces
resulta difícil poder ver que esta vida es un paso para la eterna y que
vale la pena jugársela por ella renunciando muchas veces a nosotros
mismos.
- Perder para ganar como diría Newman, ¿o no Mateo?.
- Cierto Manuel, el amor es una autorenuncia. No es una mera
idealización imposible de llevar a cabo. Se puede si se quiere. Se puede
si se está dispuesto a renunciar al yo por el bien del otro, del amado y
de los hijos. Tal como eles decía hace un rato, parece que hoy tenemos
tan mal concepto del hombre que lo vemos como incapaz del sacrificio,
incapaz de renunciar a sí mismo por un bien superior porque a la
felicidad y a la realización personal se le ha dado un valor absoluto y
hay que huir de todo lo que se le oponga. Pareciera que se necesitaran
virtudes heroicas para poder estar casado toda la vida.
- Algunas veces se sí necesitan, cuñado, vaya que se necesitan.
-No estoy diciendo que todo sea color de rosa en el
matrimonio Manuel. Somos naturaleza caída y por supuesto que
necesitamos de las virtudes para seguir adelante y vencer las
dificultades. Pero de ahí a ver al matrimonio católico para toda la vida

como algo casi digno de virtudes heroicas y al borde de la imposibilidad
real es otra cosa.
- ¿Y qué pasa cuando uno de los dos se pone alcohólico,
adúltero, o cualquier otra cosa que afecte la relación? - Preguntó el
pobre Juan.
- Bueno antes las viejitas que tenían un marido que les era
infiel y ellas lo sabían, aguantaban estoicamente refugiadas en su
religión en vistas al bien común de la familia, especialmente de los
hijos. Muchas seguían ahí, en casa al pie del cañón y varias son santas.
Te digo más todavía, algunas con su ejemplo lograron convertir a sus
adúlteros maridos. Otras no pudiendo soportar esta situación que se
sumaba a otras, como la violencia, los dejaban y se hacían cargo de los
hijos y saliendo adelante, solas, siendo fieles a sus promesas
matrimoniales. Pero ahora se les mete en la cabeza que tienen que rehacer sus vidas, buscar un hombre. Detrás de esto yo veo nada más que
una satisfacción de tipo sexual, en la mayoría de los casos que conozco
es así, y luego cuando llegan a viejas estas mujeres – y hombres
también – se quedan solas, arrepentidas por el daño que le causaron en
especial a los hijos ya sea por su mal ejemplo o peor aún por su
abandono. Les baja la libido y les viene el remordimiento. Puede que
esté generalizando, pero es lo que me ha tocado conocer, puede que por
ahí haya gente que siguió su camino en solitario, de cara a Dios.
-Se requiere una gran fe y una gran confianza en Dios para
poder seguir siendo fiel cuando sabes que tu matrimonio se fue a pique
– pensó Juan en voz alta, algo más sereno.
- Así es, y eso hay que pedírselo a Dios. Dios nunca niega los
bienes espirituales si se lo pedimos con fe y con confianza. Pensar en
que estamos de paso y que tendremos que dar cuenta de nuestras vidas
nos ayuda a ordenarnos y a ver las prioridades.
- Ese es el punto, porque el matrimonio católico Mateo está,
para estos modernistas, reservados a los héroes. Y piensan lo mismo
del celibato sacerdotal.
Justo cuando Manuel terminó la frase entró una enfermera y
nos quedó mirando con cara de pocos amigos. Ya antes le había

llamado la atención a Manuel por no dejarme descansar. Al ver a todo a
este tropel de gente conversándome y haciéndome hablar más de
cuenta, les advirtió que les daba tres minutos para despedirse y
dejarme dormir. Reconozco que la conversación me tenía muy
entretenido, pero también había comenzado a sentirme agotado y se
me notaba un poco en el rostro.
-Bueno amigos, para ir cerrando la conversación, pienso que
se están diciendo y haciendo cosas que no parecen provenir de quien
debiera ir contra mundum. Creo que muchas cosas que se han dicho
no sólo en esta exhortación, sino en lo que va corrido de este desastroso
pontificado se debe a una pérdida del sentido de la eternidad y de la
trascendencia. – dije mientras me acomodaba de lado en la cama, casi a
punto de entregarme a los brazos de Morfeo.
- Pérdida de la fe querrás decir, déjate de los eufemismos. Este
pontificado es un azote de Dios. Hay algo perverso que me parece
horrendo y muy sospechoso. Incentivar el sacrilegio so pretexto de una
misericordia y una acogida mal entendida. ¿Con qué autoridad vienen a
cambiar lo que Dios ya dejó establecido? ¿Acaso el administrador
puede ser más que su Señor? – Manuel suele ser bastante arrebatado y
larga sus comentarios y sus opiniones sin más, sin filtro y a veces sin
medir las consecuencias.
-Bueno sí, lo que dices es cierto, aunque suena bastante duro.
Y vuelvo sobre la misma idea jóvenes: si yo creo que la vida se agota
aquí; que he venido a ser feliz en este mundo; y que por último, que si
el infierno existe, él está vacío, comienzo a encontrar que la doctrina
de Cristo sobre el matrimonio es una carga demasiado pesada y en la
práctica son muy pocos los que pueden mantearse unidos por toda la
vida. Pero nosotros sabemos que no es así. Nos aferramos a la Cruz de
Cristo y hacemos de Él el centro de nuestra vida. Si tu matrimonio se
rompe cualquiera que sea la razón, hay que seguir viviendo
cristianamente. Vuelvo a repetir lo mismo otra vez: se les ha metido en
la cabeza que si te separas tienes que rehacer tu vida, y me van a
perdonar pero dada cómo está la gente de erotizada, todo esto se
reduce a una pura cuestión sexual. Tal vez haya gente que no, pero lo
que he visto es que hay personas que no pueden vivir sin estar
satisfaciendo sus apetitos sexuales, y sabemos por boca de nuestro
Señor no se puede servir a dos señores. Es el todo o nada, el que no

recoge, desparrama. No puedo decir que amo a Dios si no cumplo con
lo que Él me pide.
-Don Mateo, nos vamos antes que nos saque la enfermera.
Sólo quería comentarle algo. Cuando fui a la parroquia para pedir una
hora para casarme, primero me advirtieron que debía hacer el curso.
Con mi novia fuimos a todas las charlas, bastante raras y más bien
parecían sesiones de autoayuda o de new age. No se nos habló acerca
de los fines del matrimonio, ni de la anticoncepción, nada,
absolutamente nada de la enseñanza de la Iglesia sobre el tema.
Después cuando terminaron las sesiones fui a la secretaría de la
parroquia y me dijeron que tenía que pagar una cantidad que equivale a
dos veces mi sueldo para poder casarme. Yo no puedo pagar una suma
tan grande. Me dio la impresión que me estaban poniendo obstáculos y
más obstáculos para casarme. Me pareció sospechosa tanta dilación,
como desidia o mala disposición. Yo quiero casarme por la Iglesia y
formar una familia como la suya don Mateo y solo recibo negativas.
- ¿Qué vas a hacer entonces Juan? Si quieres le puedo decir a
mi hermano cura cuando venga en un par de semanas más que te case
en su ermita. ¿Por qué no me lo contaste antes? Te pude haber
ayudado.
- No quería molestarlo, y además ya solucioné el problema
porque fui a una parroquia de unos padres que dicen también la misa
tradicional y me van a casar a fin de año por la tercera parte de lo que
me cobraban en mi parroquia y además me van a hacer un buen curso
sobre el matrimonio, y lo mejor es que me casaré según el rito
tradicional. Voy a allá a menudo porque el vicario se ha convertido en
mi confesor.
-Cuanto me alegro, supongo que estamos invitados entonces.
- Desde luego, usted, Rafael y don Manuel.
Se despidieron de mí y yo me quedé solo. Mientras dormía y
me despertaba cuando entraba la enfermera, estuve pensando en lo que
habíamos hablado y la verdad es que creo que algunos sacerdotes y
obispos no le han tomado el peso a lo que se ha dicho. Ignorancia,
candidez…no lo sé, creo que dado el criterio de nuestras autoridades

eclesiásticas se van a cometer muchos sacrilegios cuando se les dé la
comunión a gente que cree que la está haciendo muy bien, pero que
objetivamente siguen en pecado público. Y pensé en nuestro Señor, ¡Oh
Dios mío! ¿Hay alguien que esté pensando en Ti o sólo nos hemos
dedicado a ignorarte y a banalizarte, a pisotear tus derechos? ¡Oh mi
Buen Jesús, ten piedad de nosotros y perdona nuestras infidelidades y
nuestra tibieza! Ninguna acción escapa de tu mirada y nada quedará
sin su castigo y sin su premio.”

Relato 14
Por esas cosas de la Providencia justo cuando estaba
redactando el relato imaginario de Mateo que sigue a continuación de
estas palabras, me llegó de regalo desde Mendoza, un hermoso libro
de poesía que tiene mucho que ver con el tema que estaba esbozando.
Pues bien, que sirva este encabezado al relato para dar las gracias
al autor, José A. Ferrari por tener la delicadeza y la generosidad de
enviarme este poemario, el cual recomiendo mucho para todos
aquellos que sienten en su alma una Santa Nostalgia, tal como lo
señala el título libro; para aquellos que sienten en su alma un exilio
permanente de la Patria Eterna que, a causa del pecado, nos arrancó
del paraíso, y que nos hace poder tener a su vez la esperanza de que el
mundo pasará y que nos encontraremos cara a cara con Dios
después de peregrinar por esta gran prueba que es la vida
misma. Los que estén interesados en adquirirlo lo pueden hacer en
www.vorticelibros.com

Lo que sientes, hijo, es la nostalgia de Dios
Así, con una sed indescriptible,
ansiamos ese río cristalino
que traba nuestro origen y destino
en un soplo de amor incontenible.
¡Oh, divina Belleza! Tu semblante
nos extiende las alas hasta el cielo,
y esta santa nostalgia es Tu consuelo
para el dulce retorno de un amante
José Alberto Ferrari,
Santa Nostalgia
Como el año pasado los alumnos de mi universidad se habían ido
a paro durante casi dos meses, tuvimos que recuperar las clases
alargando el segundo semestre, y recién ahora en Enero estamos
cerrando el año. Exámenes y trabajos por corregir han hecho que esté
casi todo el día encerrado en la oficina de mi facultad poniéndome al
día con el papeleo y recibiendo alumnos desesperados por irse a sus
casas para así poder disfrutar del verano.
Cuando hoy en la mañana me disponía salir a trabajar, el
segundo de mis hijos, un chico adolescente con un genio impredecible y
con una inteligencia privilegiada, quiso acompañarme por el día. Yo
acepté de inmediato, pues no sólo sería una rica oportunidad para estar
con él, sino que también me sería de gran ayuda para poder ordenar el
desorden de papeles, libros y fotocopias que tenía desperdigadas por
todos lados.
Fue un día muy agradable donde pudimos conversar y reírnos
mucho, pero al final de la tarde noté que la alegría que había
manifestado durante la jornada se había comenzado a apagar poco a
poco del rostro del chico y ahora estaba pensativo y callado.
Él había terminado de guardar en los archivadores personales de
los alumnos sus fichas y se había sentado frente al ventanal de mi
oficina que mira a la laguna.

-¿Qué te pasa que estás tan pensativo? - le dije desde mi
escritorio, y él sin siquiera voltearse para mirarme me dijo:
- No, nada, es lo que me pasa siempre, rollos míos.
- ¿Podrías ser un poco más específico? ¿Te preocupa algo o te he
molestado con alguna cosa? - él movió la cabeza.
- No papá, no es nada de eso, el día ha estado muy entretenido.
Es que a veces me siento frustrado y con rabia por algunas cosas que
me parecen injustas. Cuando me acuerdo de eso, me pongo mal.
- Todos pasamos por momentos de frustración y de sentirnos
molestos con nosotros mismos o con el entorno. ¿Quieres decirme por
qué te sientes frustrado? - Entonces él se dio vuelta hacia donde yo
estaba y acomodándose en la silla hacia atrás comenzó a largar para
afuera lo que le estaba molestando.
- Me frustra saber que hay cosas que me gustan y que no las puedo
hacer o no las puedo tener porque no tenemos los medios. Tú trabajas
todo el día, mi mamá corre con sus clases de violín para todos lados
para poder vivir, y veo, por otro lado, a mis compañeros que salen de
vacaciones al caribe o que tienen celulares de última generación, autos
modernos y bonitos, casas con piscina...y nosotros en la casa siempre
con la incertidumbre de llegar bien a fin de mes. Ves la desproporción y
la injusticia que hay con lo que ganan, por ejemplo, los futbolistas, o lo
fácil que es para algunos ganarse la plata. Yo sé que tú me vas a decir
que optaste por vivir católicamente y que esto significa un montón de
renuncias; sé que me vas a decir que has hecho lo que manda Dios y
que te has llenado de hijos sabiendo lo que esto implica. Yo sé todo
eso, que hay soportar las adversidades y que el ser modestos nos forja
el carácter, pero es muy duro, muy difícil de realizar cuando estás
siendo todo el día golpeado por las modas, por los gustos, por los
placeres, y yo en realidad, me aburro, me aburro mucho. No puedo
hacer lo que hacen mis amigos, no puedo salir con ellos porque no
tengo plata o porque tengo que quedarme en casa para ayudar. Papá,
estoy cansado y no tengo...no siento que desde arriba me ayuden a
soportar la vida, no me siento apoyado por el Cielo ¿me entiendes? Soy
súper joven y creo que tengo mucho potencial para hacer un mogollón
de cosas, pero no puedo porque no tengo los recursos.

- ¿Y si yo te dijera que me saqué un premio de la lotería y que
ahora tengo miles de millones y que con eso podrás hacer lo que
quieras y tener lo que quieras, cambiaría lo que sientes ahora,
mejoraría tu situación y tus frustraciones se irían?
- Es una pregunta entre capciosa y sarcástica papá.
- No, ninguna de las dos, es en serio. Si tuvieras todos los bienes
materiales que deseas, ¿serías feliz? ¿Llenarían tu alma? Podrías
comprar ese auto que te gusta, viajar a donde quisieras, invitarías a tus
amigos a salir, tendrías chicas que se pelearían por ser tus amigas.
- Vamos papá, no soy tan estúpido como para pensar eso. Yo sé
que no, siempre hay algo más y nunca nos vamos a quedar tranquilos
en este mundo. ¿No? Por favor no quiero que me mal entiendas. Tal vez
me expresé mal y te di a entender una parte del problema. Me baja la
tontera papá, perdona, lo que te dije antes es una soberana estupidez.
No debiera siquiera pensar en injusticias. Los hechos son de
determinada manera por algo y no me corresponde a mí juzgarlos. Me
pongo melancólico nada más, esto va más allá de los bienes materiales
y no sé cómo explicarlo, es algo que vengo experimentando desde hace
unos pocos años atrás. Se me confunden mis sueños impedidos con la
certeza de que, aunque lograra realizarlos, tampoco podría sentirme
pleno. Lo sé, tengo una profunda intuición que me dice que es así y eso
me da rabia porque no sé cómo quedarme tranquilo y en paz conmigo
mismo.
El niño se puso de pie y puso su cabeza contra el cristal. Yo notaba
que en su alma estaba viviendo un duro combate para no darle
consentimiento a pensamientos de rabia y de desazón. Se estaba
tomando a mal una bendición que el paso de los años hace que la
veamos como tal. Las decepciones y los desencantos que nos regala la
vida son una escuela que nos lleva a poner los ojos y la voluntad en
aquello que realmente importa. Con los años uno aprende a
desprenderse de mucho lastre que va dejando atrás. Yo mismo me la he
pasado sintiendo lo mismo que mi hijo sentía en ese instante, pero
como soy viejo, me conozco mejor y sé encausarlo y darle el gran valor
que tiene y traté de explicárselo:

- Aquí en este mundo nada podrá llenarte, nada podrá
satisfacerte, y bendita sea aquella frustración y de no sentirte pleno y
satisfecho porque eso significa que en tu alma hay un anhelo de algo
más, ese don de querer estar con la fuente que siempre mana y que nos
llena con su Amor. Recuerda aquellas palabras de San Agustín en las
Confesiones, cuando buscaba a Dios en las criaturas y todas le decían
que ellas no eran lo que él buscaba. Las criaturas, la creación en general
puede acercarnos a Dios, son sus huellas, pero hay que ir más allá de
ellas.. Eso que sientes en tu corazón es el vivo deseo de Dios, de querer
estar con él.
- Sí, pero una cosa es el desear a Dios y otra caer en este estado de
melancolía atroz. Siento como que nada me llena, por eso te insisto en
que lo que te había dicho antes sobre tener más plata y poder hacer lo
que me dé en gana es una tontera. Yo creo es un problema de la edad,
¿verdad papá? Porque esta sensación, o como quieras llamarlo, que es
entre dolorosa y angustiosa, no me va a durar para siempre, porque si
es así creo que me volveré loco.
- No hijo, no es un problema de la edad, es algo que nos
acompaña durante toda la vida. Me costó muchos años entenderlo,
hasta que finalmente comprendí que es un don, aunque te suene
extraño. Dios pone en nuestro corazón ese deseo de buscarlo, de
amarlo y como estamos sujetos al pecado y estamos manchados por él
no podemos alcanzarlo en esta vida. A todos los hombres les imprime
este deseo en su corazón, pero no todos lo buscan donde deben, sino
que se arrojan a las cosas de este mundo creyendo que sus anhelos
insatisfechos serán saciados ahí. Nosotros sabemos que no hay que
buscarlo en las cosas del mundo. Esa melancolía, esa sensación como
le llamas no es otra cosa que una nostalgia por el bien que perdimos al
pecar. Dime hijo, ¿Cuándo sientes nostalgia?
Mi hijo se quedó por un momento en silencio pensando la
respuesta. Bajó la vista y yo noté que estaba intentando buscar en su
mente una definición que apuntara exactamente a lo que la palabra
significaba. Muchas veces utilizamos términos casi por inercia y no nos
hemos puesto a pensar lo que expresan. Sabemos lo que es, pero si nos
lo preguntan para que lo definamos, ( San Agustín dicit) nos
enredamos, y no sabemos cómo hacerlo. Al cabo de un par minutos
levantó la cabeza y me miró para dar su definición:

- Cuando siento una añoranza por algo o por alguien que ya no
está.
- Sí, muy bien, eso es. Es la pena que nos da saber que perdimos
algo o alguien, y si bien el recuerdo nos deleita y os hace revivir
momentos felices, al mismo tiempo también nos causa dolor. Nosotros
perdimos el paraíso, y para quienes tenemos Fe, lejos está la pena de
sumergirnos en la angustia y en la desesperación, pues nosotros
tenemos la virtud de la esperanza. Tenemos la certera esperanza de
que, si nos dejamos amor por Dios y hacemos su voluntad, nuestros
esfuerzos serán recomenzados. Pero por mientras tenemos que
aprender a vivir con esta nostalgia, a la que no hay que temer, sino todo
lo contrario.
- Es que esa nostalgia de la que hablas, me produce pena.
- Es un regalo, un gran regalo que nos impide aferrarnos a las
cosas del mundo y nos hace poner los ojos en Dios. Nosotros no nos
hundimos como los paganos en la melancolía asfixiante, que te ciega y
que te paraliza, por el contrario, ésta nos ayuda a ser conscientes de la
nada que somos y que todo lo esperamos de Aquel que nos creó. Nos
hace falta Dios, lo echamos de menos, lo queremos con nosotros y nos
duele la distancia. Tómalo como algo natural...sobrenatural, y pídele a
Él que te consuele. Dile a su Madre que le cuente a nuestro Señor cómo
te sientes y te apuesto lo que quieras a que Él se las arreglará para
calmar tu alma de una u otra manera. Estamos en un valle de lágrimas:
in hac lacrimarum valle, reza la Salve. Un gran consuelo lo tengo en la
Sagrada Comunión, en la visita al Santísimo donde, como tú lo estás
haciendo ahora, le cuento todo a nuestro Señor.
No huyas ni le tengas miedo a esto que sientes. Junto con esta
nostalgia vendrán noches oscuras para tu alma y no encontrarás
consuelo en nada ni en nadie, y para que el alma triunfe hay que estar
entrenado para no sucumbir en la desesperanza que el desconsuelo trae
consigo. Dios permite estas pruebas por nuestro propio bien: somos
orgullosos y definitivamente malos y nos tienen que zamarrear para
encauzarnos, tal como yo los castigo a ti y a tus hermanos cuando no se
comportan como deben. Pero bueno, ese es otro tema.

Por el momento, mi niño, olvídate de pasar por la vida buscando
la felicidad como lo hace alguna gente acumulando bienes y
satisfaciendo todas sus necesidades sin importar el costo. Aquí no
puede haber paz ni descanso porque somos una naturaleza caída. A mí
me apena ver cómo la gente es capaz de vender su alma al diablo con
tal de sentirse "felices" y plenos. Nosotros tenemos que acumular
tesoros no para este mundo, sino para el cielo, porque recuerda que las
cosas del mundo pasan. El auto último modelo en un par de años más
va a estar en el depósito de chatarra. Ahí quedó lo nuevo y caro, pero
los tesoros para el cielo, jamás envejecen.
Por otra parte tienes que aprender a valorar lo que tienes. Ve el
vaso medio lleno y no medio vacío, y con lo que Dios te ha dado intenta
servirle lo mejor que puedas. Él sabe lo que necesitas, conoce de tus
penas y de tus sinsabores y nada de lo que hagas por amor a Él quedará
sin recompensa. En medio de las injusticias, en medio del dolor hay
que dar testimonio hijo, y para hacerlo tienes que creer firmemente.
Cree que ese anhelo y esos bajones y nostalgias que inundan a veces tu
alma, lejos de ser algo malo, son una bendición, pues nos hacen elevar
nuestros ojos al cielo y esperar en Dios.
-Entonces, ¿no es malo lo que me pasa?. Según lo que dices este
desagrado no otra cosa que un anhelo, una añoranza, una nostalgia por
lo que perdimos, en este caso, por lo que perdimos con el pecado, la
compañía de Dios en el mundo.
- Lo has comprendido bien, muy bien. Que esta nostalgia te anime
en la lucha, y te enseñe a tener mucha paciencia contigo mismo. Poco a
poco a lo largo de la vida uno aprende a conocerse y a entender que
estos estados del alma vienen y van, y hay que aprender a encausarlos.
El que busca encuentra y nadie que ha buscado y deseado con todo su
ser a Dios ha quedado defraudado.
- Don Mateo, lo están esperando para tomar un examen - me
interrumpió la secretaria que había entrado súbitamente a mi oficina
para avisarme que a última hora me habían designado como parte de
una de las comisiones para un examen oral a los de cuarto año.
- Anda no más - me dijo mi hijo- yo te espero aquí - y sin agregar
nada más me besó la mejilla y se sentó en mi escritorio.

Relato 15
Son los peores estúpidos, Mateo
Hoy nos quedamos de juntar con Ángeles, mi esposa, en la iglesia de los
padres carmelitas en la Avenida Libertad. En mañana ella había ido a
Santiago a conseguir fondos fiscales para la pequeña orquesta infantil
que dirige y, como iba a volver a la hora de almuerzo, acordamos en ir
juntos a comer a un restaurant aprovechando que nuestros hijos iban
quedarse en el colegio a actividades deportivas en la tarde y comerían
ahí mismo. Cuando ella estaba por partir en la mañana le pedí
acompañarla, pero me lo negó rotunda y autoritariamente:
"Convaleciente no te vas a ir a meter a Santiago. Jamás, mi Mateito
permitiría que en tu estado fueras a respirar ese aire contaminado".
Ante tal contundente rechazo tuve que quedarme en casa, y para no
sentirme un inútil aproveché de hacer algunas reparaciones, que no
requirieran de mí un mayor esfuerzo, pues vengo recuperándome de un
episodio de arritmia. Estuve trabajando feliz durante la mañana
pensando que por fin podría salir con Ángeles a comer. Hace bastante
tiempo que no salimos a almorzar a un restaurant. Son pocos los
momentos en los cuales podemos estar solos. Entre que ambos
corremos por aquí y por allá para poder subsistir, y entre que los hijos
están la mayor parte del tiempo con nosotros se hace difícil poder tener
instantes de intimidad y de soledad juntos.
Estuve esperándola en la iglesia arrodillado frente al Sagrario. Desde
joven que vengo a esta parroquia a rezar. No asisto a misa como antes
porque aquí no rezan la tradicional, pero me encanta venir y
arrodillarme frente al Tabernáculo, en la misma banca que me ha visto
crecer desde que era un infante. Todavía recuerdo cuando, casi con
lágrimas en los ojos, le suplicaba a Dios en este mismo lugar para que
me bendijera con una buena mujer católica a la cual pudiera amar y
sentirme amado. Sabía que mi vocación no era la de ser sacerdote o
religioso y deseaba con toda mi alma poder amar a una chica, y formar
una familia. Creo que por cansancio, como aquel amigo inoportuno,
nuestro Señor se compadeció de mí y al verme tan afligido en mi
soledad me regaló a mi Angelito.
Estaba pues, absorto, de rodillas mirando la Sagrario rezando cuando
sentí que ella me besó la cabeza por detrás. Se arrodilló junto a mí, se

santiguó y por un momento estuvimos rezando juntos. Sin embargo, yo
noté de inmediato que estaba muy nerviosa porque no paraba de
tocarse la cabeza con la yema de los dedos tal como siempre lo hace
cuando está alterada. Salimos de la iglesia y nos encaminamos hacia el
local donde habíamos reservado una mesa. Le tomé su mano para
caminar, pero estaba tiritando. No me decía nada y me tenía realmente
muy preocupado. Me paré en seco en medio de nuestra caminata y me
planté frente a ella, le tomé la barbilla y levanté su rostro, pues lo había
bajado cuando me detuve, y pude notar que estaba sollozando.
-Pero mi amor, ¿qué te pasó? ¿Por qué estás llorando? ¿Te asaltaron?
Ella se secó las lágrimas y se echó en mis brazos. Me abrazó con fuerza
y después de un momento, algo más tranquila, me tomó la mano y me
dijo que siguiéramos. Volví a retirarle las preguntas y la verdad es que
su silencio ya me estaba volviendo loco, hasta que por fin me habló:
-¡Ay mi niño! - me dijo - estoy enrabiada, muy molesta y siento una
impotencia que...siento un volcán aquí adentro de la pura indignación.
-Pero mujer, habla por favor... ¿te rechazaron el proyecto? Sería una
gran pérdida porque tus chiquillos están tocando muy bien y yo creo
que... - ahí me interrumpió.
-No, Mateo, no, en la fundación me fue excelente, se portaron muy bien
conmigo y creo que conseguí los fondos para renovar los instrumentos.
Fue lo que me pasó cuando venía por el centro. Yo no sabía que hoy
había una manifestación de estudiantes y me topé con ellos,
“estudiantes” furiosos y encapuchados que rompían todo lo que estaba
a su paso. Iban y venían corriendo con palos y extintores que usaban
como mazos para destruir, algunos llevaban papas con filos de
afeitadoras incrustadas en ellas y se las lanzaban a la policía. De un
momento a otro me encontré en medio de un campo de batalla que
estaba formado por adolescentes combatientes que peleaban contra la
policía. Más sentir miedo, me dio rabia, y armándome de valor, cuando
uno de estos exaltados pasó por mi lado con una mochila llena de
piedras y botellas para bombas molotov, lo agarré del brazo con una
fuerza que no sé de dónde la saqué, le arranqué el pasamontañas y lo
increpé. - Cuando me dijo esto, yo me puse pálido y no pude evitar
llamarle la atención.

-¡Te volviste loca María de los Ángeles!, ese acto de imprudencia te
pudo haber costado muy caro. ¿En qué estabas pensando? - Entonces
ella sacando sus mejores armas, me devolvió el llamado de atención
batiéndome con mis propios argumentos.
- ¡Quién habla don Mateo! El que me ha enseñado a no quedarse
callado; el que vive buscándose enemigos a diestra y siniestra por no
poder aguantarse cuando ve que hay que defender la verdad. Te he
visto discutir con estos mismos muchachos, increpándolos
públicamente, y he visto cómo te amenazan; he visto cómo te has
enfrentado a cuanta pelea hay que dar. Siempre nos has enseñado que
no debemos quedarnos callados e impávidos cuando hay un acto
injusto y ahora me sales con que soy una imprudente... ¡Ay Mateo!
¿Con qué moral, señor Mansfield, con que moral me vienes a decir que
soy una desatinada?
Al llamarme por mi apellido inmediatamente me hizo recordar
cuando yo mismo a mis hijos les llamo con sus nombres completos
al amonestarlos. Nada de diminutivos o de sobrenombres, el llamado
de atención va con todos sus nombres y apellidos. Ella estaba tratando
de esquivar su responsabilidad basándose en las veces que me ha visto
enfrentarme con dementes exaltados.
- Bueno está bien - le dije yo - pero venir a enfrentarte en la calle con
un anarquista armado ya es otra cosa. No te puedes comparar conmigo,
yo soy hombre, tú eres una señora joven con mucha valentía, pero sin
la fuerza física de un hombre. ¿No lo pensaste? ¿Le tomaste el
peso? Pudieron haberte agredido, secuestrado, ¿qué se yo? Sola tú allá
metida en una protesta y yo acá como un inútil sentado matando el
tiempo.
Justo en ese momento llegamos al restaurant y después de hacer
nuestro pedido seguimos con la conversación del incidente.
- Y después de sacarle la capucha, ¿qué hiciste? ¿Te dijo algo?
- El joven pensó que había sido un policía, se volteó y levantó su brazo
con la intención de pegarme, pero cuando me vio ahí, furiosa, con mis
carpetas bajo el brazo, se quedó estupefacto, absolutamente

descolocado. Luego me gritó algunos improperios de un grado de
grosería que en mi vida había escuchado. Nunca imaginé el nivel de
asquerosidad con el cual blasfeman y usan coprolalias estos “jóvenes
idealistas”. Después que me dijo de todo lo más bajo que te puedas
imaginar solamente atiné a decirle que mejor se fuera a estudiar y que
dejara de lado el odio que lleva dentro porque eso lo tiene ya
transformado en un energúmeno amargado. "Si ahora eres así" -, le
dije, - "¿qué te queda para cuando tengas cuarenta o cincuenta años?
No habrás construido nada en la vida, porque siempre le habrás
echado la culpa al sistema de tu amargura, y al llegar a viejo serás
consciente de que no fuiste capaz de sacarla de tu espalda. El odio se te
ha pegado como un virus y este virus va a inocular todo el amor que
pudiste haber entregado al mundo. No esperes a que el mundo te
mejore la vida, empieza tú por mejorar a ti mismo con disciplina, con
trabajo, con orden." Entonces él escupió el suelo y me llamó "Vieja loca,
anda a ....". Se volvió a poner la capucha y salió corriendo hacia donde
estaban sus compañeros de desorden destruyendo los semáforos y la
señalética. ¿Sabes lo que más me llamó la atención de este muchacho?
- No puedo creerlo, Ángeles, que hayas hecho eso y hayas tenido la
tranquilidad y el temple para decirle a este bruto todo lo que le dijiste. Yo no podía ocultar mi molestia, estaba realmente enojado con ella. Me
quedé callado con el ceño fruncido por un instante, sin siquiera querer
saber la respuesta a lo que ella se había auto-cuestionado, hasta que
notando mi enojo, me tomó la mano que tenía sobre la mesa y se
disculpó conmigo, cosa que no puede resistir. Ella siempre me quiebra,
me es imposible soportar su tierna mirada cuando sabe que se ha
equivocado y que lo único que sea es que la perdone. Le sonreí y,
aunque volví a señalarle que estaba molesto, le indiqué que me dijera
qué había visto en los ojos de aquel muchacho.
- Su mirada fue como una puñalada para mí porque estaba llena de
odio. Nunca vio unos ojos tan jóvenes con una mirada tan llena de odio,
sin una pizca de amor, de compasión, de alegría. No sabes realmente lo
que es odio y la perversión hasta que lo tienes ahí parado frente a ti de
carne y hueso. No piensas que puede haber gente que caiga tan bajo y
que se deje arrastrar por el mal y éste le domine el alma. Me dio una
pena enorme que en un muchacho tan joven, porque más de veinte
años no tenía, pudiera distinguirse con tanta claridad una ira y un
enojo con la vida y consigo mismo. Estaba movido por el odio contra

todo lo que no fuera de su ideología. ¡Qué pena! ¡Qué pena más grande!
A este pobre infeliz se le notaba que había sido adoctrinado desde
pequeño, porque repetía las mismas estupideces que vengo escuchando
desde que estudiaba música en la universidad y que las sigo
escuchando a mis alumnos en los pasillos del instituto. A ellos se les
enseña a odiar desde niños. Nunca vi tanta rabia, Mateo, nunca en mi
vida había visto un rostro deformado por la furia, por la rabia, por el
desamor, y ahí me quedé de pie, helada, mirándolo cómo al llegar
donde sus compañeros sacaba de su mochila una molotov. Un
carabinero tuvo que tomarme del brazo y sacarme del medio. Fue muy
amable conmigo, me protegió con su escudo de una lluvia de piedras
hasta que estuve a salvo.
- Entonces, le debo una a ese policía que rescató a mi esposa. Dios le
bendiga. Ando justamente trayendo este libro que me envió Tomás de
regalo, se llama “Las reglas fundamentales de la estupidez humana” de
Carlo María Cipolla, a propósito de estos estúpidos anarquistas. Me
parece que encaja exactamente con lo que el autor dice de los
estúpidos, aunque como él es utilitarista ve el tema desde una
perspectiva inmanente nada más. Yo, aunque parto de su
razonamiento, tengo mi propio análisis que va un poquito más allá de
lo que él formula.
-A propósito también de tu hermano Tomás, ¿verdad? – dijo ella con
ironía. A ella nunca le ha gustado el modo de ser de mi hermano,
bastante diferente al mío y menos le gusta en lo que se ha convertido
este hermano mío. Un liberal de primera, que aunque tiene muy
buenas intenciones, se ha alejado completamente de la fe y es un gran
vividor. Hace años que se fue al extranjero a trabajar y hasta donde sé
convive con una chica en un apartamento en Australia. Tiene además
un creciente problema con el alcohol del cual me siento en parte
culpable porque cuando llegaba con la borrachera a casa después de
una fiesta universitaria, yo le cubría las espaldas ocultándolo de mi
papá para que no le regañara con demasiada severidad. Ahora de vez
en cuando se acuerda de mí, y me manda un mail avisándome que ha
mandado algún regalo para mí o para los niños. Es muy difícil para mí
conversar con él porque casi siempre terminamos discutiendo sobre
religión. Los dos fuimos educados y formados en el mismo hogar, pero
él, deslumbrado por el mundo que le ofrecía placeres y aventuras, se

arrojó en sus brazos y ahora nuestra cosmovisión es diametralmente
diferente.
-No seas tan dura con mi hermano. Dale a él también la posibilidad de
redimirse, al igual que a estos chicos anarquistas. Dios de alguna
manera siempre se las arregla para atraer a las almas hacia Él, incluso
hasta la de los más recalcitrantes. Además ninguno de nosotros está
seguro de su salvación, recuerda lo que dice San Pablo: el que piense
que está firme que se cuide de no caer.
- Nunca me he sentido superior ni santa en vida porque nadie lo es.
Pero no todos están dispuestos a aceptar que Dios tire de su hilo
invisible para atraerlos hacia él y terminan cortándolo ellos mismos,
libre y voluntariamente.
-Sí, lo sé, pero ahí estamos nosotros para pedir por sus almas. Nunca
he parado de rezar por la conversión de Tomás. Dios, si se lo pedimos
con confianza, no niega los bienes espirituales y no sabemos cuántos se
han salvado gracias a las oraciones de los demás. Es mi hermano, lo
amo y quiero que se salve.
-Bueno, pero dejemos a tu hermano por un momento de lado. ¿Qué
dice Cipolla y qué dices tú sobre los estúpidos?
- En términos muy generales te voy a comentar el libro. Es un libro
cortito, pero que lanza muchas ideas, como por ejemplo dice que ser
estúpido no es un asunto de inteligencia porque por ejemplo hay
premios nóveles que pueden llegar a ser estúpidos también en su vida.
Pues bien, él clasifica a las personas en cuatro grupos: los incautos, los
inteligentes, los malvados y los estúpidos. Me voy a centrar en los dos
últimos porque aquí es donde hago mi propio análisis. Para este
filósofo el malvado es el que busca su bien personal en detrimento del
bien ajeno, es decir, que obtiene un beneficio para él causándole un
mal a otro. Ahora bien, el estúpido es el que no sólo le hace un daño o
un perjuicio al otro, sino que también se lo hace a sí mismo. Tomemos
a nuestro muchacho encapuchado, ¿dónde crees tú, Ángeles vida mía,
que califica: malvado o estúpido? – ella se rio, encontró de lo más
simpático este análisis y no erró en su respuesta.

- Me parece obvia la respuesta, Mateo, es un estúpido. Si destruye los
bienes de la ciudad, si falta a clases por estar en una protesta, si se llega
a quemar por culpa de su propia molotov y mil etc, es evidente que nos
encontramos frente a un estúpido. Imagínate que el chico es
atropellado por un vehículo que pasó por una calle que no tenía
semáforo porque el mismo muchacho lo había destruido. No obtiene
ningún beneficio ni para él ni para nadie. Pierden todos por su culpa.
Como el dicho del perro del hortelano, que no come ni deja comer.
- Muy bien, eso es, y ese es el punto de Cipolla. Pero aquí donde yo
agrego una reflexión más. Él apunta a un plano social, yo voy más allá y
me centro en las consecuencias eternas tanto del malvado como del
estúpido. Señala nuestro filósofo, en una de sus reglas, que el más
peligroso de todos, más inclusive que el malvado, es el estúpido, y
nadie nunca ha podido entender la razón de su comportamiento. ¿Por
qué se hace daño a sí mismo? ¿Qué enceguece su razón y lo lleva a
hacer algo contra todo beneficio posible? No tiene explicación, es
simplemente una irracionalidad. La persona estúpida, dice el autor, es
la más peligrosa que existe, más que el malvado porque la sociedad
entera se empobrece cuando hace una estupidez.
- ¿Y cuál es tu aporte a las tesis de Cipolla, Mateo?
- Piensa un poco y ve el problema desde un punto de vista no
meramente sociológico o inmanente, sino desde el punto de vista del
alma inmortal que es malvada o que es estúpida. – Por un momento
ella guardó silencio, levantó la vista y miró por la ventana. Afuera
habían comenzado a caer algunas gotas de lluvia y la temperatura había
bajado considerablemente. Se veía como el viento norte levantaba las
hojas de los plátanos orientales que estaban esparcidas por la calle. El
lugar donde estábamos almorzando tenía una chimenea a leña que
ardía deliciosamente creando una atmósfera muy agradable. La tensión
inicial que dio inicio a nuestra conversación se había disipado y ahora
estábamos más relajados, sin embargo el tema que le había puesto
sobre la mesa a mi Ángeles no era algo muy dulce como el ambiente
que nos rodeaba adentro mientras comíamos, con sus melancólicos
sonidos y olores.
- Creo que es terrible Mateo. El malvado se hace daño a sí mismo
también porque peca al hacerle daño al otro. Cree que está ganando,

pero en el fondo está perdiendo tanto como el estúpido. – ella se llevó
las manos y las colocó sobre su cabeza y la movía negativamente muy
apremiada – Mira a algunas de nuestras autoridades eclesiásticas, al
mismo Papa... ¡por Dios qué tremendo!
- Me has sacado las palabras de la boca porque iba a eso. Desde el
punto de vista de la eternidad el malvado es tan peligroso como el
estúpido. El malvado es también un estúpido porque como dices se
daña al condenar su alma. El daño que le inflige a una persona puede
que la salve. Sabemos que Dios se sirve de lo que vemos como un mal
para sacar un bien y que puede que, incluso, hasta al mismo malévolo
lo lleve al final a su conversión, como bien podríamos encontrar en
aquellos que martirizando a los cristianos luego por una gracia especial
de Dios han caído en la cuenta de su mal y arrepentidos se vuelven a Él
y finalmente se salvan. Pero aquí vuelvo a Cipolla y le doy crédito a su
tesis: el estúpido es peligroso porque con sus actos, omisiones, y
palabras se condena a sí mismo y además hace condenarse a los
ingenuos, a los incautos, y a aquellos que creen estar en lo cierto
porque obedecen ciega y servilmente. Por eso creo que algunas de
nuestras autoridades eclesiásticas, desde la cabeza para abajo, son
estúpidos más que malvados. Demoliendo la doctrina que nuestro
Señor nos reveló se hacen daño a ellos mismos y además a los fieles los
cuales debían enseñar y confirmar en la fe. Y digo esto porque pienso
bien ellos – ella puso cara de asombro y de curiosidad y casi se
atraganta cuando le dije esto – porque no puedo dar crédito a que
crean que se están haciendo un bien a sí mismos cuando confunden a
sus fieles, cuando casi les animan a pecar, porque perdóname Ángeles,
la famosa exhortación de los amores de Leticia es una invitación al
sacrilegio. Más que maldad, son estúpidos enceguecidos y quieren
hacernos partícipes de sus confusiones. Yo me resisto y me resistiré
hasta el final a seguirlos en el error.
- Hay una cosa que no me calza Mateo, y es que tú dijiste antes que
según el autor que citas, el estúpido no sabe por qué hace estupideces.
Si, según tu tesis, nuestras autoridades eclesiásticas hacen lo que hacen
porque son estúpidos, entonces ¿ellos no son conscientes de sus actos?
- No lo sé, no puedo juzgar sus intenciones. ¿Quién sabe qué es lo que
realmente quieren, a quién siguen? Al final de cuentas ¿qué hay detrás
y más allá de sus actos y de sus palabras? Si me pongo a pensar mal,

entonces el panorama es desolador porque nos encontraríamos frente
a la presencia de hombres malvados que han perdido la fe y que por
querer ganar fama, reconocimiento del mundo, poder, en fin, las
mismas tentaciones que el demonio le propuso a nuestro Señor, son
capaces de decir y hacer lo que el mundo quiere. Luego, entonces
estamos fritos y no nos queda otra cosa por hacer más que rezar para
que al menos en las catacumbas tengamos buenos pastores que nos
administren los sacramentos y que nos den la fuerza y el valor para
continuar luchando.
- Nos tenía que tocar a nosotros vivir esta confusión. Estamos rodeados
de lo peor de los estúpidos Mateo. Dios quiera que nunca me haga
parte para calificar en ese grupo.
Terminamos de almorzar y nos fuimos juntos a casa con una extraña
sensación de estar sintiéndonos completamente ajenos a los que nos
rodeaba, al ruido de los autos, a la gente que caminaba apurada por las
calles sin dejar de leer sus mensajes de texto o sus whatsapp, a las
modas ridículas, al lenguaje vulgar. Me sentí feliz al llegar al hogar,
lejos de la alocada multitud.