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“Todo ángel es terrible”

Por Olivier Messiaen
"Lo bello no es más que un grado de lo terrible. Lo admiramos, porque permanece
impasible y desdeña destruirnos." Estas palabras de Rainer María Rilke se aplican perfectamente a
la música de Mozart. Música pura y perfecta. Mozart es el más músico de los músicos. En vano se
buscaría un error en su obra.
El acento en Mozart. En sus ritmos femeninos, el acento está en el lugar apropiado. La
melodía en Mozart. Líneas melódicas tan personales, tan poéticas. ¡Qué gracia en el aria de Susana
de las Bodas, qué dulzura de trino en el andante de la sinfonía Haffher. La armonía en Mozart.
Siempre leve, siempre esperada, siempre verdadera. Armonía suave cuando es tonal (el Ave verum,
el movimiento lento de la sinfonía Júpiter). Armonía angustiosa cuando es cromática (la sinfonía en
sol menor, y el andante del concierto para piano en la mayor K. 488, y el movimiento lento del
concierto Jeunehomme). Armonía desconcertante a veces, como en la asombrosa escena de la
Estatua del Comendador al final de Don Juan, donde se encuentran ya (realzadas por los trombones)
dos sonoridades predilectas de Debussy: el acorde de quinta y cuarta, y un acorde alterado que
pertenece a la gama por tonos. La forma en Mozart. Siempre perfecta y siempre distinta (las grandes
sinfonías y los conciertos para piano). El teatro en Mozart. Hombre de teatro por excelencia,
Mozart, de una sola vez y con un aria definitiva, crea un personaje (Querubín, la Condesa, Sarastro,
Papageno). Sus finales de acto son obras maestras escénicas. Pierre Jean Jouve ha dicho que el final
de Don Juan era "una de las páginas formidables de la Música".
En Mozart la orquestación posee la misma autenticidad que el acento, la línea melódica, las
armonías, la forma. Mozart que- antes que Berlioz- tuvo el sentido del timbre específico. Primer
ejemplo: el trío del minueto de la sinfonía en mi bemol (K. 543) donde los dos clarinetes
superponen el agudo al caramillo del instrumento, la flauta hace eco, y el cromatismo de los
violines llama a las dos trompas, cálidas y aterciopeladas. Segundo ejemplo: la súplica de las tres
máscaras negras, antes de la fiesta en Don Juan, en que las vocalizaciones de las dos voces
femeninas están sostenidas sólo por la voz del tenor, las trompas y la madera. Tercer ejemplo: en la
Zauberflöte, el efecto casi moderno del "glockenspiel" solo en el agudo, acompañado por el coro
masculino enel grave pianissimo. Cuarto ejemplo: la escena del baile en Donjuán con, antes que
Darius Milhaud, sus cuatro músicas superpuestas: la gran orquesta, dos pequeñas orquestas en el
escenario y las réplicas de los personajes.
Se han hecho de Mozart varios retratos: el niño que toca el clavicordio para las damas de la
corte, el hijo respetuoso de su padre Leopold, el joven enamorado de todas las cantantes, el servidor
insultado presentando airadamente su renuncia al malvado príncipe-arzobispo, el genio
incomprendido, que muere de hambre, de frío yde cansancio. Todas esas imágenes son verdaderas y
falsas a la vez. El adjetivo "angelical" es tal vez el más apropiado. Angelical, sí, y, por ese motivo,
sumamente difícil de comprender y de interpretar. Su encanto aparente esconde un profundo
misterio. Como ha dicho también Rainer Maria Rilke: "Todo ángel es terrible".