Jack Farfán Cedrón

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EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS
Copyright © Jack Farfán Cedrón, 2014
Carátula: Ícaro. Cornelisz van Haarlem / Goltzius, Heindrick. Grabado, 34,2 cm diámetro. 1562 – 1638. Ámsterdam,
Rijksmuseum.
Primera Edición Electrónica del Autor, Cajamarca, Perú, 2 de Septiembre de 2016.
Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de
recuperación, de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético,
electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito del autor.

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EL HIELO DE LA DESESPERANZA
―Hacer de la desesperación más
profunda, la esperanza más
invencible.‖
Friedrich Nietzsche

Saluda el frente despojado de las ruinas.
Esa oleada enarbolando la mano, será una danza
sepulcral de estrellas, y lo que reste de contrarios.
Eludo la persona, valorando el entreacto nihilista
que desbroza frentes, algo que podría adjudicarse
como la núbil esperanza que gorriones difusos pegan
a la ventana transitoria, donde igual miras, o
derramas la cabeza a los bajos sombríos.
¿Y el hálito?
Desmoronado por silente, do futuristas rúbricas
abjuran la máquina precediéndote, aflorada al acto
cinerario.
Del fin.
Cuando por fin uno desmiente sucesos plenamente
esclarecidos.

A la roña disidente acallando bajos flancos, procaz
hendiendo su bandera al sortear acaballando nubes
hasta el fin en columnata.
Del aire que promete.
Y el potingue mendaz bajo la barbilla del
hambriento.
Desgrana la despótica abjuración por obra y
descalabra de un símil sermón pareado a ofídicos
progenitores diezmando acontecimientos que al
cráneo sucesivo le dan por sucederse, ese solo
fenómeno formará filas de desarrapados, a quienes
les han castrado los huevos latidos, las alas del
corazón que altamente seducen estrías conminadas
al sucesivo acto de atusar el pitido del tren, el pájaro
de hierro disonando en las alturas.
¡De tu santa y virgen madre!
Por unas pocas migas que la podredumbre interior
traduce.
Por las ofensas conminadas al desuello.
A la canción aferrada a desgarraduras.
En loor de los idiotas gendarmes de tu guarro.
Mano al instrumento, salgo a cazar asquerosidades
en la calle atestada de contritos por barrer,
entre la esquina, con mi buena bota de vino.
¡Contra todos los parias del hundo!

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¡Y al rayo las surdas izquierdas hijas de su madre
inconclusa!
¡Y a la hiedra la humanidad enfrente de las más
jodidas ruinas que la yerba me hincha!
Perras de carne, sal o links rumores de usadas
mujeres servibles únicamente para ‗eso‘ en
habitaciones libres para fornicar olvidando el rostro
de la usada que según la suma bajo la plétora
feminoide capaz de hincharle los huevos a una
malagua.
Cualquier amante se arruina.
¿Y el desgraciado?
Amazonas de la herida, jamás escatima baldes de
sangre para que nada delinca ni asomado que
pluguiere estarse, ante la devastación conminada por
puro roce.
Por pura deflagración del círculo de fuego, del deseo
como forma maniática vital; no contraría la
podredumbre material del desposo; para eso está,
aquella senda interior de quienes van juntos, plenos
de intercambiarse con cualquier mortal de paso, sin
merecer, ni mucho menos, la herencia material de la
catedral del matrimonio.
Argento sea el gozo, secreto como una vela que cae
y vuelve a levantarse; para, en los rompientes,
describir sucesiones ante el bronco oleaje. No

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transites las praderas hasta que cuentes con espinas
que alumbradas por el sol, despacio, itinerante como
una luz al vacío que el lago sabio promete,
deslumbres la cara agonía de las velas bajo la
procesión paralizada, ludirá muertos en cadena.
En que juntos, pero bien revueltos, dioses y seres se
sodomizan hasta el eclipse de orificios en una
reventada chispa de asombro tardado mientras las
nubes hienden el mal.
La flor del precipicio.
En las lomas del Infiernillo yo me vi traspasando los
cadáveres andantes.
A flor de espada de fuego.
Hacía la flor del orto un estado cruel asomando
disentidos; por premura orgiástica, unos duendes
denodados cantaban blasfemias que el Shapingo les
ponía tal su pífano en la boca, así esa discursiva que
la modorra de lo callado traduce.
Así esa morada maldita donde libre como liebre
escupo al cielo de horrores cayéndome, así conchas
sin cuerpo, anos sin golfas se besan.
Al phalus de mi desgraciado macho cabrío montés
que las agota.
Y que hasta el sello a bracear alocado merece, por
más implume que no se halle, por más pilífero que el
conminado zoo atuse en las ojeras cual impropia

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deflagración que señuelos impolutos bendigan la
mano al cerrar párpados hirientes, por las puras
zonas del desgarro; mientras la mentira, la inquina,
propias de la naturaleza egotista del escriba.
Desmienta las zonas seborréicas de la tal supurante.
Donde el espiráculo y mella, aprestados están.
Y nadie jamás de los imposibles desdiga, fueron el
pasado.
Núbil por lo que a mí me toca, el pico de una oca
decapitada por la mordiente orillada de una alberca
seminal que mi eyaculado proceso dementaloide
traduce; cal que ofrecida por las embotadas mareas
silenciosas.
Cal retrocando el fierro de mortandades hasta la
prístina y plantada estaca, espiráculo al fondo
clavada por morral y escarmiento de una ley que
nadie conocía.
La ley del descaro que tu estúpida cara me enrostra
culpas como si bellacamente me importara un nabo,
un pucho apagado en la palma del mismo.
Detonador apestando los golpes disléxicos que das
contra la pantalla del desvanecimiento.
Merezcamos el ruego, la sordina bestial en que los
descriados y carroñeros rateros de la suciedad ponen
a ramera de Santo Grial seduciendo en sombras la
inútil claridad de la que nos honramos.

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Y por pesquisas arracimadas en la cancerígena de la
hernia bestial que cuanto más tundida por carreras
de prueba, el sordo se hace a la contienda.
Vital.
Por la cual la existencia desmerece una familia de
cuervos donde los más garrados desposan las perlas
que en miríadas destellantes asomaban los
desgajados de piel y asombro.
Ante la pareada ofensa concomitante que el ritmado
deceso a fasces deslucidas eviscera gualda, sérpica
vómica en serie de huestes completas que el
intestino matricial decrementa en cuanto el gato, el
garrido hala de a pocos cadáveres mendaces
mudando la piel inmunda, despótica arrecia en
cueros así voladores y corpóreos ofidios que talarán
la inmundicia sarnosa de tu cabeza en firmas
abjuradas a sendos y extraños demoñuelos
acercando Las Ocho Copas del Trabajo:
Aburrimiento, Insulsez, Vacuidad, Miseria, Inquina,
Autocompasión, Corrupción, Santidad.
Visto así, uno más del canchón podría atreverse a
desfigurar al primero, a soterrar al perlado vicioso
friccionándose por roce corporal sobre el chasís de la
obstetra conminada a uta venida del ajado parlante
mientras seduce el trascurso público de la impudicia

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a vista y paciencia de pasajeros pajareros
enarbolando por el hueco del bolsillo.
La víbora del amor.
Una víbora muerta.
Que me hinche por uso y abuso de perras
menguantes, cual la luna perrera que su queso
infecto desmadre.
Que el mea (do) culpa me reviente la vejiga de toro
deparando en unos pocos minutos.
Una cruzada por el mundo de cabezas cercenadas
con palabras lesivas.
Con piras para rato.
De un podrido de bala que en la sien acalora.
Sin más frente que el morral travestido hendiendo la
forma de pecho reconstruida por caricia que la saliva
soplada por pocos en forma discursiva.
Hiende el fatal asomo blasfemado de lo que por arco
y devaneo desciende sobre el pacato cielo de la
envidia.
Ésa señora Lidia, de ojos claros, que desgració la
vida del que interminablemente maldecirá tu
inmortalidad hasta grados atronadores de una
lucidez que exclusivamente el enemigo comparte en
su mezquindad aflorándole el pico de pato.

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Hasta que el traslúcido meollo de feraces tules que
enfanga el abrevar de un nuevo indicio declare el
remordimiento.
Y la idea que cesa y el ritmo que promueve el
espanto, la dislexia, la afasia el tartamudeo, la
detonación de los redobles desecados.
Por el corazón conminando.
Esparza los intentos que traduzca la memoria.
El entierro, el resabido comistrajo que amargamente
la moral abyecta traga a hidropausas como el
hidromiel más injuriante y agradable que gárgolas
heredarán a corvinos filios sin el mínimo resquemor
que la conchudez anteponga.
Por pajarracos que hayan sido.
Por malditos y mecánicos, fieles a la mansedumbre
que un sistema les arde con el pertrecho embebido.
Conque suidos berreando de dicha, sadomasoquistas
se arden granjeados de una orgía de las últimas
conmociones, materia y apocalíptica farsa que el
dedo acusador les pudría en media almeja
desgarrada que el fatuo corazón promueve a los
hombres desde los tiempos malditos en que pensar
nos hacía desgraciados.
Por la imberbe inquina deparada para La Inmortal
Presencia.

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HELIO POR LOS TAIMADOS

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El desencanto por el que amainan dedos silenciosos.
Pregonar entreacto seguido, no quedará ni garra ni
cadena.

Qué esputo, qué concha pútrida orgiástica mina al
abrojo, al cantado precipicio.
Tanto por resguardo, por figulina amatista, el plexo
empalado subvertirá al cantado, al condenado a
ahilación, a puesta en línea.
Despatarrado en este mundo dividido.
Mientras asomas.
Mientras das contados traspiés al puro resguardo,
que grácil entelequia apuesta.
Y qué agonía, qué reverso incalculable asoma el
nadir de horizonte a horizonte.
Por lo demás, la rueda que no echa frentes viciados
por fugaz detrimento.
Tal, verá el que juega, tal entretendrá el sonado
malquicio de la entuerta por donde fuga y entreacto
cuchilla asume que la espuma es biliar, que el sudor
picante, que la vinagre sirve de puchero al cargador
frontal de una cruz a dos dedos malnacidos.
Donde te puedo ovillar, donde malquerer no acecha
rodantes dientes sin costado.
Qué puta hora resta, amainando durante posesa
alusión al antro, al fiel escupitajo, que de no contar
disemina el contrabajo, la marea desfloradora al
antro cismado.

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CARRO
VISILLO
ACABAMIENTO

CONTEMPLANDO

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desarrapados a lo colgajo amniótico a que se
desgasta
el
responsable
de
sus
propias
elucubraciones renales.
Así, prestos, así.
Cagados en la misma noticia insomne del día a día
elucubrado por rúbrica elemental de alpinchista por
horizontal y reposado estado de inspiración que
mecena una familia dada a resignación con la joroba
artista de la casa.
Diéramos la sombra compartida, el destierro que a
los hombres aluniza, en el puro estepario, en el
monje cruzando lado a lado el cristal intacto, el
maculado precipicio.
Y por la venta del alma a los reinos enfangados.
Diéramos.
El serrado sacrificio.
En detrimento de lo aborrecible por ajeno estupro,
por mundo departido.
Y.
Frente al lar regodeado mismo conejillo de indias,
un cobayo entre la mina de grisou que sugiere su
prieto pelaje, y el purpurino de sus dos luces que por
ojos fulge en la oscuridad que a ambos, al odioso
científico, como al detentador del arma de casa
apuntando en cruz en la indefensión pulsátil.
Y miedo que levanta.

No por la hoja despojada es que somos.
Convencidos.
Lo que la idea designando acomete en abortados al
insomnio dial no cruzado perlada agonía.
El envanecido entonces errará su espacio que la
fatalidad del malpaso acometa.
Ni comprenda.
Cual latidos manantiales en avanzada hacia los
rápidos donde el sumergir improbable.
Halle otra vez solaz para su caótico rumbo.
Alternando innecesarias lumbreras que el caro de los
entresijos levanta.
Para que ya nada acometa.
Desasido de visillo que traicionado está desvayendo
la fonación entredicha a sus lamentos.
Cruentamente innecesaria.
Sopla en días que se quedan.
Y que se desrrumban hacia sí, lo que la forma y la
anegada probalibidad.
Del núbil pensamiento desgrana.
Como si a pleamar uno entreviera que la alba hoja
que la posa evidenciara la borrasca conducente al
soplido unidireccional referente a despojos sucesivos

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Y al libre albedrío del observador cualificando
déifico, salvaje experimento que no ata la pata a más
de un bastión.
Yerra actos, desglosa reflejados en cadena, cuyejos
que el comosellame ―usté-dira‖.
Nada podrá desmentirnos si amplios, sumergidos,
propendemos a todo dejarlo.
En la mácula del día, que todo lo ofende, todo lo
equivoca, cual cerrar el desfase fatal.
Hacia una entelequia por la que.
Pero desde la cual.
El ducho equivoca fueguinas corolaturas en la
opereta, sumergido en lo prevenido música,
filosofado silencio.
De lo por venir.
En cadena.
De lo huidizo por ríos que el amplio y capcioso
experimento de una mente que a serrallo seguro
ofende un neuronal, pensante.
Caos que a nadie levanta.
Cuando presto en la reinvención de la plena
fatalidad el humanoide se sabe mono espejado ante
su propia palma rugosa.
Trata como bestia que por imantación espontánea
sigue el curso de sus idiotas paradigmas.

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Cuando lo socorrido rebana la matambre de los días
que iguales prosiguen.
Darnos en puro despojo el interdicto y
conmocionado espacio insuficiente que entre la
membrana fenomenológica de dos palmas cerradas,
en fricción, en aplauso insuficiente para admirar
aquel acontecimiento por el que rodamos anteriores.
Hemos cedido el acto a pleamar de lo
involuntariamente antecedido.
Aun a la balacera que nos sume en el templo del
desquicio timorato precediendo a contrarios que por
núbil pólvora, durante la santa nave de las
incomprensiones, uno necesita a Dios; es entonces
la única persona más o menos semejante a nuestro
desesperado interior en el refugio del miedo, a
nosotros desesperados con el mazo dando, debida.
Quien nos reprende, y de quien adelante no
apartaremos línea diestra, a guisa de paradigmáticos
fraguadores de la imitación por divinidad a la que
nos han acostumbrado desde pequeños.
A la hora del ángelus o de las sombras espigadas que
el nombre de los tratados como gavillas, ristras o
tercios de leña, plañen.
Ante el sudor de la frente y el sobreesfuerzo que un
alleluha nos desmiente a tabula rasa, un mesmerismo
del deshuesado a tiro de desnudo que ofidio y

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tendido olvidó, cuerpo pambo, echado en una
piedra andesina halada por la creciente repuntando
en el río; ese catafalco amnésico, primero le
deshidrató la carne envenenada, irascible; luego,
todo, lo desecó, hasta ponerlo a expensas de una
calcinación gratuita que el osario a que se ve
compuesto y desarrapado un cadáver sufrido de
encierro voluntario durante la fase más o menos
onomatopéyica de quien a su suerte.
En cuerpo que todo lo resiste.
Por esos tiempos gemelos abajo en la andanada o
delta de las aguas peladas, los saltos de charcocas a
esa hora amanecida desdecían un amanecer todavía
en penumbras neblinosas, que por fueros interdictos.
Conminados estábamos.
A los hierros del despojo.
Ante lo cual.
Ante la duda premonitoria antecediendo al ladrido
inconcluso que antepone a las narices dubitativas la
no-duda de que la magna elucubración filosófica
está en dar tregua a lo que ya se malicia, por aquella
excomulgación lumínica fulgente en el interior del
fósil, que entraña la perla irisada, el fragmento
cuarcítico que es hiedra de toque para todas las
cuestiones más o menos antedichas.
Por el intento que nos queda.

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Como será que el sufrir nos crea, nos levanta, nos
asoma a precipicios de sucesivos cantos de gallos
fraguadores
del
frío
sin
embargo,
que,
exclusivamente, en la rabdomancia de estados
precedidos por estiércol granjeado a descerraje y
malevaje de la joven mujer aspirante a bruja, que
lejos de esos rituales en la danza desnuda, lo más
imbricado que asoma es, ¡Oh dicha calatayú de los
reinos onanistas! un cuerpo divino que anonada, no
por la impresión asustadiza, cuando ¡Oh, por
creces!, la desnudez de su, interminable en el
instante, lozanía perpetua en la piel que vista
libidinosa es a los ojos.
Es la morada del designio.
Es la totalidad a que uno puede aspirar
contemplando en cuerpo desnudo.
La beldad en secreto.
Lejos de rituales y prácticas homeopáticas por magia
imitativa dilucidados en esa flor de la totalidad
ancestral de magia y religión de todas las culturas
del mundo.
La rama dorada.
Cada pronunciación del oleaje, cada repasar de films
por estados de gracia en los que no valió siquiera
haber vivido un solo instante de amargura.
Cediendo ante la armónica del instante.

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Que vale su memoria.
Estado aquel, presuroso, donde por férreos
covencimientos fútiles al desgarro.
Uno crece desigual en la marcha, en el paso ciego
que está a un dedo de avizorar el astro en completa
revolución sidérea que el cósmico trabajo armoniza
en el pensante.
Veremos que así, y no de modo alguno, improbable.
Setos para que la agujología a destajo.
Destape puntos necesarios que comprende hacer
bosquejo de una teoría inmanente ofrecida ad
honorem, premonitoria sobremanera, libro albedrío
que las risas violentas en países tercermundistas que
despotrican del desarrollo por ese estado críptico
entrañado en su ridícula envidia, egoísmo plausible
en instancias de paro sistemático que doblará, no lo
dudemos-no, la cuarentena de la bestialidad con la
que tranquilamente un desdentado y mantenido
poeta se limpiaría el sacrosanto culo.
Pero siempre será tarde para que alguien comprenda
lo necios que somos.
Nadie, excepto el oscuro visillo de la catarata de
barro que dentro de los ojos se posa.
Cual omnisciente halcón que asistido al valle donde
la piedra posee un polluelo, bajo el naranjo en
serena contemplación del estudiante en pleno solaz

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en su chacra, evidenciando que en el rumbo
hipnótico de los brujos, llamados así a las libélulas
que a la hora estival poseen un rumbo
paralelepípedo al eclipse solar, lee hasta más no
poder, mientras el halcón en cuestión de segundos
atrapa a su presa, y ni los gritos desesperados del
estudiante en mención impiden el fenómeno de
supervivencia que diestras garras se granjean por
alimento.
Ante la fulgencia solar.
Ante el lloro irresponsable de anillos permisibles.
Y el logro de un momentum a cuya esencia desmaya
el desecado cadáver.
Vuelto al polvo albo de su risa.
Que en polvo se erige.

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NEGRITUD INCONMOVIBLE DEL ESPASMO,
RUGIDO

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detestada por dimitidos comensales de virutas
expuestas por virar doblando precipicio.
Impunemente sobrado estará dimitir en pro de
manifestantes más convencidos que su bosta con la
que les cubre a veces una vaca desaguada de teorías
y creencias maoístas con las que inserta estará el
pleno convencido a un decir al unísono.
De pura y sacrosanta mierda zurda, del lumpen en
cuestión.
El intento vanamente cruza intermedio a gorjeos
más mendaces.
Que el hálito primera.
Que la tierra calcinante desmoronando intento
subterráneo.
Desérticos coludidos al espasmo.
La rama elevando a tacto, oscilada, promisoria.
Será tan cierta que no cabrá siquiera un puro y
disléxico abandonar de la lengua.
Hasta el fin espejeado tras la espalda meciendo,
remeciendo en anteacto la renquera dominical.
Y abrojo.
Dada impura conmoción que resta por neurotismo
elevar a la luna de tus preocupaciones capciosas
llegando a la porra.

Un rumor rojo epidérmico arde el agua en que estás.
Esa pesadez pluvial.
Abandonada.
Recrudece la moral de pieles quemantes desgajadas
sobre los cactus que las tapias abandonadas derruyen
hacia la calcinación de metrópolis en ruinas.
Que el cuenco de las manos desasiendo todo
acaricia.
Ese cuenco repleto de astros cuyas bromelias
encantatorias, cifra y desmedro girante, de pálidos
estertores que la pastosa agua roja circulando en el
cuerpo acomete.
Tuyo será el reino del cáncer, de la aguada opacidad
sugerida por videncia espasmódica que a mitad de la
visión el par de poros conducentes a virar, se
encaminan.
Alertados del suceso que levanta la pútrida fruta, el
esparadrapo quemante que cilios nubosos apartan
cual una bocanada surcada por fauces de abandono.
Hasta la cifra aterradora del manto hablando por
todas las nociones hiperactivas no corregidas a
tiempo, arqueadas al puro suceso, a la escolopendra

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EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Al resquicio de velas aproximatorias deslustrando
rayo provecto que parte el achacoso y visceral
destierro en que se deslucen tactos por tactos.
Y.
A miríadas brujeriles aquellos insectos aterrizando
un mal viaje suspendido entretiempo bajo dosel
quietamente perdona o fragua la matriz eclipsada
del sol a media tarde.
Perdonada está la férrea voluntad a que te
desmoronas, cual si cobrando rama, despojo y
hojarasca, en ese justo desorden, enteraras la
hecatombe que a los filios abandono el tintineo
improbable dictara cuitas y reclusas apoltronadas
que dispensa el incensario avispero duplado en el
huevo espectral del gigante que ama hacia sí, lo
suyo, a estupro de propender con dirección al
amianto sideral con que bruñe y esparce esquirlas de
su chaleco posado por pólvora rugiente.
Valga que asole precipitadas intelecciones el
resguardado por puertas y muérganas ventanas
asiladas en la afonía.
Aural y responso a través de la que caber en reposo
se presta.
A flote.
Por una amainada despensa que el lapso recula en
abandono donde qué paces silentes disiente el que

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fragua el aro, la forma inconexa ducha en
aproximaciones que el disidente distrae en lo de
acaecer.
Responso de lo cual, uno, bastión a bastión
enarbola, desecado, enjuto por las tardes cuando la
oleada que vira el viento más pronunciado, remece
improbables volutas que el halo mediático evidencia
de pronto.
Hacia la impura y deslustrada danza que el argento
posa cual lamida dama que al cielo relumbra.
Tú, vaciado de sentimientos, arderás a la llamada
fulgente del verbo desértico.
El solo fecho de tocar la erupción andesina supurará
el agua que falta cuando la resequedad y la frente
constante que la sed acalora.
Moverá a puros reflejos más taimados de pronto.
Que el puro campanilleo, que el rasgueo del harpa
provecta ludida por una muchacha griega desnuda.
Virará a responso de su busto prominente y erecto
rozando cuasi la carabela que le insufle el despótico
y filoso mozo dechado en parques y plazas a la
espera de disertaciones que el floripondio amatista
—jamás albo— le dictamine.
Implume psicotrópico por donde la vida tasque del
hado.

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EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Y jamás, por esa conmocionada alergia que uno
tiene de volver al llano que transmite.
Por una provecta agonía.
El relumbrado ofreciendo muchedumbres.
Ante zonas defecadas que el punto, primero, ergo la
sucesión de estas minúsculas deposiciones
Den la línea escritural.
La vaharada de tu nombre.
Santa en la opacidad desmentida por insanos y
verborréicos despojos.
Que ¡Oh, sí!, desmiente quien disentido declina su
ilación fragorosa bajo espejuelos líquidos en que
cobrar fin de ibis, de fakto y abandono, declare lo
que otrora no pudo ser.
Y que es.
Y que siendo, sin embargo.
Uno mismo e insano.
Desdecirá que la blanda mentira, despojo de lo cual.
Rama y canto de todo el girar de un mundo en
llamas.
Ardidos por todos los responsorios.
Que el helado comienzo.
Dé lo taimado, lo que tranza en hojarasca, primero.
Hasta el designado provecto.
Muerto de vivacidades por las que uno urde el roce
binaural con que ludirá el círculo musicalizador.

Jack Farfán Cedrón

La flor remorada, esa voz que a la velocidad de un
rapto divino se deslustra.
El ladrar inconcluso.
El ecléctico deshuese en que devanear imperfectos
estados desgracia, suelte la runa, la precipitada
forma campal que el retroceso más pleno venza a los
Cárpatos y braceados bastiones.
Ritmando la escena transmigrada por esa núbil
tranquilidad antepuesta por designio y mortandad
de la escritura propendiendo al acto, al acoso surreal
de misivas autosecundadas por colapsos coleópteros
que efebos de punta restriegan las nalgas a sus
antropofaunos deshuesándose la muela hinchada
contra sus grupas temblonas de andróginos
primerizos en constante disección involuntaria de
cederse estragados por muérgana insidiosa.
Donde si coacta fraguar, será la escena, esa escena
que de largo a una membrana soñada, revelará el
eclipse de una mente abierta.
A resolana transparencia.
Donde qué dura etapa cabe.
Propender a refugio tropieza con el hórreo donde la
luz que la luna copula.
Desde un mismo y oscuro cielo.
Cuya negritud y despojo.
Salvarán los restos de quien posea el paso en falso.

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EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

A lo oscuro.
A lo oscuro despierto.

Jack Farfán Cedrón

LA FARSA QUE SERÁN Y SIEMPRE HAN
SIDO
Todo un estribor, un álgido posar de diestra mano.
Y por tul entretuve, erogué por caros amasijos
enturbiados y paroxístico desglose.
Por formas que me sé.
Habitadas.
Tu arte por nariz me lo decanta, me lo solfea aquí
pegado a la agalla de la cerrazón.
Ante falla interdicta que a las razones defecadas
desmerecen.
Cual ludir que por inconcluso y deshuesado descree
las ofensas, que a destajos una entarimada
aproximación templaria y cáustica disemina en
flecha y fragor hacia arriba enfrentados.
Por ajedrecísticas justas el silo puesto en el desván
de lo verticalizado por oteo lechucino dan en partir
ofrecido resguardo, por lo que fuelle y cobrada falla
entromete lo opaco en desmedro de alquiler
situación que ovaciona el fraguador de caballos,
largos caballos que el poseso del verano riega en
espasmos que deudos riñen por ver quién se queda
más solitario a lo largo de la acera, si quien
acompaña o quien se deja acongojar por el silencio
más incómodo entre dos, mientras sucede el pedorio

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EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

atracado en traspié, en acomodaticia y ruin calada
de desgarro.
Pero lo que más declara impresión desarrapada en
tiza palabra más que en casquete de bala podrida es
la enmienda, el angurriado poseso al andamiaje por
derogar oferentes cuitas al hierbaluiso desposeso de
carro helicóptero dando vueltas en vaivén de lo que
menjunje se presta apurar a la grisácea mañana del
extinguido dato emolientero, con lo cual uno se
vence a la cola de viandantes ayunadores de champú,
manjar viperino a base de quinua, trozos de piña,
membrillo, manzana y maíz machacado, todo eso
en una infusionada y pertinaz hasta sustanciosa
baba de linaza que el lumpen apura mientras tragan
a pedazos un trozo de cachanga (el pan que partió el
Redentor hacia la última Cena, donde uno solo
traicionó al rito; traición ya fraguada de alguna
manera por los doce apóstoles, sin saberlo, cual
sucede la historia).
Pero ante la lunar ovación maliciada por pura
causalidad la pútrida serie de yemas, el aterido se
sabe ensimismado, cariacontecido por lo tejo que a
pasos osa llegar pasando la rayuela del fin o
mandhala por donde uno tranquila y reposadamente
podrá pisar las ramas alevosas del salto.

Jack Farfán Cedrón

Por lo que a mil respecta el kilometraje de lo andado
perecerá el fin columbario a bandadas que el despojo
recrimina como asolando el viento de lo permisible.
Por la única paridad argentaria que lo asolado por
corriente apenas permisible cobra hendida e impura
fuente fanal retroceso.
Hasta que el córneo, angurriado hasta puro humor
de la cala y honda maquinada por invento, excave
duendes volados por precipicia hacinación dimitida
por corpóreo acoso que señas intercostales halan
cual capciosa serenada interponga un rodear del
clarín a la mañana que informe desata su propia
furia que conteniendo el llano provecto deslucido a
fuentes raudas menores.
Cual funéreamente desecara el más completo y
ecléctico.
Dunado frente a vaciado perol desde el cual emerge
a nodo de Thaurus Allatha el forcípeto que rebufando
a la pedrada entrevé la culpa que no toca riente
neblina laguna.
Desde la cual.
Por lo cual aquelarre véspera el fulgor de unos
tantos ostracistas se mecen el Cumamá manido, el
perfecto onanismo sabedor de fraguas cayadas por
las que se puede asomar lenguado mismo numen
alzando la garrita.

16

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

que es guisa y comprensión tantrar a los delicados de
pudor con mamotretos más o menos nacionales,
alabados por la jura, rejura, puja y honra hasta pedo
con presa nacionalista o chauvinista de clausura en
actuaciones más o menos diarreadas en escuelita
fiscal y hasta en conmociones acondroplasiadas,
jorobadas por lo académico de una tira de farsantes
con la cuerda templada del canto a voz en cuello por
apoquinada sentencia que el tira y afloja de correazos
en las nalgas jugosas a una sarta de marrajos
escolares, seleccionados por últimos años de su
blando y mediocre promedio; con lo cual ya se sabe
de qué irán sus talentos.
Como que el futuro incierto del pobre intento de
artista lo sabe su pataleo intemporal por sobre todas
las fosas o intentos de obra de arte, cuando lo
requetesabido es eso, sólo eso, un verdadero
adefesio pueblerino.
Mella y transa de la buena almita corrompida por
sierpe mujer habilitada para el meteysaca en cuestión,
para lo único que sirve.
Hasta que por valerosas infrecuencias el
espasmódico y ruin desposorio.
Abrevará la daga.

La serena idea de partir.
Dimitir en poseso.
Mientras.
El ludo recomienza.
A desquicio de lo cual y por puerta falsa.
Aquella suma ceda lo conminado para onírico
silencio (se sabe, se defeca y se archiva para
comunicación del mueble fantoma, futuro
administrativo de las ciudades sistematizadas, en
ruinas elegidas).
Dese el morral surcado, el oferido hasta silente
entretiempo que desgajados artefactos antehagan a
repisa
de
cadáver
pernicioso
perniaberto
despatarrado
abusado
por
seudoartistas
desintelectualizados por aquel convencimiento falaz
en pos de aquella farsa que alunizó en la obra-árbol
que madre irresponsable, de todas las creencias, le
hizo creer al hijo ―que no era feo―, que era artista,
a cuento de qué, lo sabemos, a cuento.
Por aquellos millones de millones de fracasados es
que un solo genio da zancadas en la línea del billón
de creencias mustias con las que imperfectamente
uno se desvive por parir bajo formas afrorreales.
El Lugo danzante de aquellos como tiorbados
agentes timoratos captadores de verdaderos peligros
detonantes para la suciedad pseudoaculturada en la

17

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

La impura conmoción ante aquella fatalidad
deslustrando el mismo y putañero nombre de lo
insigne.
O caga, de la cual está hecho el discernimiento
académico, interinstitucional y filios usos y abusos
del burro parado con pincel y pluma de gasno al
ristre de lo zurrado sobre la blanda pantalla de su
seudoarte mediocre.
Hasta la antera que deslustra el pajar conminado al
chisporroteante pajazo con que disparo lo real, rural,
regional y concursado a que se ahuesan los más
insignes hipócritas de la farsa rimbombante que
merece el arte que los ve como tales.
Humanos para errar en lo que se ofrezca.
Y la mediocridad con la cual se alzan cada día en la
putañera sonrisa del más cagado de los hombres,
que irremediablemente, inevitablemente lo sabe.
Un pobre huevón en el más fatal de los designios.

Jack Farfán Cedrón

LA CASA DEL SOL PARIENTE
Un paisaje lunar procrea la piedra en que heredado
es el sol pariente, hangar solariego de esqueletos en
colapso.
Andantes muertos seducidos por la bendita forma
que tienen de llorar el día perdido, cuando lo que
debieran es carcajear la noche futura, cagar sobre lo
ya encharcado, patear lo ya descalabrado, oponerse
así al lunar en reposo colapsando una cara más que
témpano, un desarrapar pie a lo ya ofrecido, la
ofrenda lírica pernoctando al núbil aguador de
ludismos en cadena, esas vidas apagadas que un
buen fraguador arenga pronto, puto pronto puto
hasta babear el despojo iluminando un sol bastardo
que a los tristes astros desconoce.
¿A qué perder lo ya andado?
¿A lo prefigurado?
¿A lo subvertido a la presencia adelantando paso
impreciso?
La forma de la que renegaban aedas centrados en el
estertor silexoide que sugiere arrear desde dentro lo
conmocionado ludiendo el guijarro en la palabra por
verter; un yo, si se quiebre, conminado a eternizar y
eternizar los pagos heréticos que plegarias tunicadas
convergen en lo baldado por acaecimiento.

18

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Osará que a plenas desgarraduras uno centra lastre,
ovilla el tomillo de lo halado en una pesca anegada.
Que el intento desconoce.
Sobre dunas de cal imantando su convexo surgir de
un reino salino y estatuas paralizadas por fuego
calcinando pétreamente a la imagen libidinosa
deseable, cristalizado en el fin y honra su ser que
cuestionado por qué carne trasciende aullidos que el
despojo de lo hundido míseramente deslíe el color
sin moteaduras transparentadas que la sucesión de
ladridos en medio fragor de colapsos hace volar.
De una sola detonación que permite arrear a la
bestia, desglosar a laberintos lo escalado que la
presencia colude.
Frente al mar de tus ofensas.
Tiento del lugar, ducha claridad que rama aquella
reconoce en los estados que la catalepsia erige en
nombre de qué nuevos satoris o nirvanas
enormemente cíclicos, retornan eternamente a través
del cruel despojo a que se ve reculado el precipicio
del ser demorado en la pregunta escapada del sueño
más vívido que triste.
Si tristemente uno desluce lo andado por
acaecimiento.
Que por lunas verdes el camino siempre ha
arruinado a su viandante.

Jack Farfán Cedrón

Por qué lo que aluniza derrama cenicientas e
imantadas películas agriando la comedia inútil de la
que Albert Camus vilipendiaba, mismo ingrato y
ratuno poseso maquillado con la rosita en el hocico.
La enfermedad terminal por la que todos los
enfermos de muerte pasamos.
Que nos permita el salto, el gran espacio salvando la
concurrencia de una muchedumbre justa que no es
capaz de sostenernos con un palito del cuello del
andrajo.
Cual desoyes, el comentario viene bien a la pradera,
cuando por necesitados que estábamos, esperamos el
ángulo correcto para abominar del medio en que
ridiculizados estábamos, sin un manto de pudor por
el pesar que encadenan fétidos estancos del agua que
sólo las ninfas vomitadas por la decrepitud y la
silente existencia reposada levanta, y esto es, a
agrestes movimientos que ramas caducas de espinos,
arriba de su aparasolada copa mantra un mandhala el
sol calcinante de los cerebros, vitalmente
consumiéndose en el intento de frescos sueños a los
que uno pierde pie, tanto menos retrocede.
Lo que cede, igual prefigura, al hangar o receptáculo
de heces blandiendo un nuevo Gólem para aquél
enmudecido amante platónico que se guardó tanto

19

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

para sí, que el fetiche fresco de su amor no esperó
más una fuente ojona, una guía al precipicio.
Tanto valga esperar.
Así conminados al espanto.
Así esperando dicho alter ego que valió la dispensada
y espesa fuente viciosa donde los dobles intermedios
se saben atareados en el fin, única cuesta del
desgarro, en que sabremos ofrecer desliz guijarrado,
harapiento polvo que polillas mediarán entre la
panóptica hasta transgresora inestabilidad que la
ventana transida emite a vagidos interlunares, si
hospiciosamente lo conspicuo se evade a interregnos
que lo fonal advierte si lo taimado lude la fuente
bailada por libre cabritillo cebado a música
totémica, por el lobo de lar afilando con la quena,
una daga interior atacando por la espalda, aquél
enemigo que no te apuñala, aquel enemigo bilioso,
de nauseabunda
vivisección que su ser
trasversalmente abierto en dos dictamina la
necropsia de grey en la que es amo y redentor de su
propia bazofia, halada por la señorita y muérdaga
inanición del que te traduce el cuchillazo por detrás
o el camino del ―ya voy‖ por delante que una
cervantina sentencia ha frontispiciado en la comedia
de lo reptado a ritmo de caracol de ultratumba.

Jack Farfán Cedrón

El espacio vitrificado a través de una botella de
ébano siguiente, lo que del vuelo surreal emitiendo
grito pavoroso, espantosamente ágrafo en que el
ahorro de poesía se presta en imágenes como al
fraguador a pinceladas gratuitas bien le viene la
imitativa progresión de lo abajo curtido, golpe
miserable que uno recibe de buen talán sobre las
yemas del desprecio.
O los huevos que hinchados están de la decrepitud,
de la inercia de los pueblos que sólo el rito
amodorrado defiende.
La cárnica imagen de un lar de errores donde por
comparación casi displicente lo errático se presta a
la fragua interior, inmundo seño y pata de cerdo que
lo etrusco encharca antes de poner hospicioso y
rarificado aire de decencia que los cienos caballeros
optan, chasqueando al avance unas pasturas
ilimitadas en que el fragor de lo halado por caballos
andenaje va primero.
Así, de esta magra compacidad, ludir primero
aquellas cuestiones por las que se evaden a propio
destiempo cerrazones angulosas, eclipsamientos que
el helio de lo montaraz, lo acaballado que evidencia
el avance de los días sin la implosión de la sorpresa
agreste en amonedada reticencia, por calma,
sorpresivamente reculado en provenzal cancionero

20

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

que la tumba de lo permitido destella rayo, nunca
erigiendo lo ya fraguado por el tiempo que todo lo
dimite.
Hasta que lo diezmado por huestes alcance.
Hasta que lo minado por galopes que la lejanía
aclara sea entretener, virar camino a las bestias
nubosas y rosadas persiguiendo al pasajero de
tranvía explorador de un intromiso vuelo, segrega la
modorra que dos dedos de scotch granjean en la masa
grisácea antes de que toque la amiga y broncínea
mano la puerta de lo elucubrado por padecimiento,
hasta que el mostachudo y sifilítico filosofo del
martillo desdiga que uno cruza de lavado de
sombrero antes de, cruelmente despertar de lo
menos tres advertencias de gallo pensante en la
cabeza que descuelga el cerebro antes de dormir con
la conciencia y con la banalidad contrayendo pecho.
Haber siquiera pensado tres veces antes de morir con
el ileso y plúmbeo cerebro despojado de toda
hilaridad que el decurso insondable del común
pensante desconoce.
Lo fragoroso que una luna en reposo desconoce.
Frente al hado terminal que espectralmente a la
miseria perdona.
A la única a la que espectralmente perdona.
Peor creerás que los cobardes viven de pie.

Jack Farfán Cedrón

EL CABRO TEMIDO
El embargo, no me resta fuerzas para
recrear la vil masacre conviviendo en mí.
Tal agua y aceite.
El roce redivivo de la moral con la que los
ilustres presidentes del acato se limpian
parsimoniosamente las guerras frías o los estados de
emergencia más calientes que cueva viva de
indígena.
Y para lo que sirven las guerras, viejo
Céline, para propinarte en la desgracia enfangada
hasta del sopenco pescuezo.
Un barro y una balacera incestuosa de la
que no aguaremos más lágrimas que la sal polvorosa
que tras fasces sudadas.
Soliviantan.
Puedo en ese espantoso caso prescindir de
lo que abiertamente se muestre como literatura
moral, como canallada insigne o farsante
universitario especialista en paros sistemáticos.
Pero no podré verter lo que muy en el fondo
de su mierda, el insigne idiota se las da de
probablemente usado por toda la pedantería
granjeada en nombre del exilio mediocre.

21

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Quienes evaden la irrenunciable misión
artística, son los que más rodados están en producir
cada ladrillo o armatoste con fecha de vencimiento
apoltronado en depósitos panópticos donde igual los
basureros como las masas cloacales, diarrean su
discurso sarnoso y cretino sirviente de pelos
tonsurados con los que abiertamente se declaran
racistas, antisemitas, bárbaros de la zurda roja o
abanderados de la cloacal miseria humana que
infunde en los míseros una barrenada frontal que
equilibra el recto a bodrio desesperanzado de lo
baldado viviente.
El espantajo prontuario que a diario colige
días y días un Gólem más idiota que el cieno
desparpajo elucubrado en nombre de una
correligionaria paja con la que decrepitud e
ignominia se sojuzgan a roce secreto con la afición
de capirote habituada a diseccionar cadáveres
vivientes despidiendo el respectivo hedor de sus
fojas míseras, heladas.
En que para hablar sobran dualidades.
De bestia atornillada al ano y mengano
parido por bestiales truenos que la beldad
esperanzadora de las balas regadas en nombre de la
infamia encasilla su campanario rodeado, sus
lechuzas provectas bien peinadas para la mojigatería

Jack Farfán Cedrón

en cuestión de perlas, ofensa y desparpajo de quien
se quiera redituar a trazas despanzurradas.
Rúbrica y firma paciendo a despecho de lo
improbable.
Una ración de plomo en polvo.
No ha de tocarle cara alguna al dual
ofrecido.
Por lo que a mí desmiente.
Cerraré la primera ventana al esplendor
justo con que los truenos monstruosos de la infame
ceremonia seudoliteraria depara a los escritores bien
peinados, los mismos que adolescen de taras,
subterfugios, entre otras denigrantes bestias con las
que secretamente conviven sin volcar su ruin miel de
páginas cerradas.
En lo que irremediablemente.
Y.
Por temor.
No se dijo.

22

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

PATTE DE ATTA

Jack Farfán Cedrón

Hedor
Rojo
Ebria a usanza de cierta agrupada élite maoísta
Desnuda en ángulo erecto a su miembro viandante
que a ojos vistas la sirva
Espera reposada
Arremeteos sin mayor acoso rutinario que la náusea
optada por las justas obligaciones de una madre de
mal humor escupiendo sobre su propia moral
desnuda
Natural para una hija culpable como haya que
ganarse el cariño materno
A costa de las más desnudas humillaciones que
ondea la lengua
Cual dentadura postiza
Que macabra ensayara hórrida mueca
A costa
Del vértigo
La seducen
Debilitan
Esa secesión no es el corolario que sobre el espejoreloj da vuelta rutinaria
Horaria
Un trazo inicial con la firma que el estrellado precoz
Traza débil

I
Aquel precario simpatizante socialista con una miga
de doré en el culo revolucionario propugnando la
rebeldía del pedo detiene en el justo pacto del
orgasmo su lírico pincho dentro del tracto vaginal de
su ordenanza feminoide volcado puño en alto en lo
de elucubrar un poema chocanesco el loor a la
mierda socialista
De olor a mierda zurda
Son casi las diez
La ciudad llovida padece un asfalto como por sobre
la cabeza el pesado equipaje prefiriéndose no soltar
por debilidad al vértigo
Las cunetas basureadas en su lugar
Las narinas de los canes alevosos hambrientos
muertos de gula
Abrasados por el campo de trigos incinerados por
una pintura expresionista de Saló el perifonista de
fetiche
La mujer ebria llevada al cadalso por su maricuecas
entrega el arma de su vestidura
Por la urraca partida de su honesto ceder
Rojo

23

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Sobre las nalgas empinadas que retiradas del mundo
aparentando son podio cuadrado
Donde nos sabemos sostenidos
Alguna especie de autómatas con derecho a suelo
sagrado
Signo ya de que ni salvan las ruinas
Cadáveres de entrega volátil durmiendo el polvo en
los dominios
De la carne
Cuando lo que más se precisa es sucumbir hasta el
largo de los padecimientos
Donde apostado el aullido a media madrugada
No representa ni el minuto detenido de todo el
Universo
Que entre la frase tabú
Hermosea los sueños del ser insoportable
Leve
Que como una cuchillada abre la brecha sin fondo
De la verdad
A oscuras
Viendo impávida su viviente apariencia descreída de
un sueño que aún no viven los despiertos

Jack Farfán Cedrón

II
Entrega el comprobante de pago
Para ir a acostarse con las voces excitadas
De una sola mujer que ha cenado no más que
criadero
Brecha
Cuervos
Persiguen gemidos
Álgidas colas placas radiográficas zumbido palomar
en la oreja derecha
Cuerpo de un sol incandescente que se traga la
propia dádiva de los hombres diariamente
auscultados con el lamparín ridículo de su ocaso
Las excitaciones eón casa derruida
Canto
Las excitaciones displicentes palmeadas sobre las
nalgas de alguna camarera
Sutiles constelaciones ordenan sobrevalorar la
ciudad tomada por los mismos cuernos macabros
violentos gozados por besuqueos impertinentes con
viandantes que no más verán a las muchachas
ardillas en cortísimas faldas
En medio de una cruenta batalla que una ciudad
socialista ha cedido

24

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Por el fetiche que tras un lienzo bien mentido de
oportunismos pintados
Se develan verdades ocultamente abstractas cual
trasposiciones figurativas que Dalí designaba como
títulos surrealistas muy largos
Muy largos
A manera de cisnes
—Por decirlo
Palmar este Octubre alevoso
Ante charca supurada
Que mira acechante
Ya suelta
Cual vómito esquizoide a la furia tomate
emparedado
Donde se cuecen a hilo mortuorio
Cadáveres andantes colocados fuera de sus dedos de
silicona
Un desatino señalado por la propia tumba que todos
veremos
La bestia suelta
Precisa preciosa
Las babas que de la flor alba del manzano
Depilan un polen entre los muchos fríos haciendo el
témpano conjunto
Un redivivo Apocalipsis sobre las hélices
sobrevaloradoras

Jack Farfán Cedrón

De cabezas socialistas Hydra | Green ° | Cortina
organizativa | Go
Desecándoos como ya estaba detritus
Durante esa ruptura de la hora reseca de cañerías y
probabilidades inundantes por los siglos de los silos
La coz arreciante del agua rebasa el lavabo
Un agua supura babeando flecos
Que babas númenes
Vigían
Regando el seco sobre el piso honrando treparse
Para que dunas y dunas de zapatos oreados
adquiridos a precio inflado por elefantinas
deposiciones conferenciantes reduciendo el poder
adquisitivo a meros gendarmes de una plusvalía
pegoteada en prendas (¡una ganga!) nuevas que
ociosamente sirven de esponja de cañón
De carne al exilio a los clase ―bueno bonito y
barato‖
Directrices o prostitutrices en absorber
La precariedad de las diferencias moradas alrededor
de la vecindad de la muerte
Ante la nube esparcida de polvo celeste
Ante el centímetro tridimensional
Que falazmente traduce la Era
Atrás

25

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Donde la mefistofélica nube desdeña máculas
deplorables a lo ardid de muros-lienzos, verdaderas
obras maestras de lo subjetivo pregonando la única
verdad
Que
Como consigna tiene
La oculta hecatombe que todos
Dentro padecemos
A triza de un horror irredimible
Que saltara hacia afuera
De un vomitarajo hasta afuera
El corazón que estéril
Estallará esta única guerra apocalíptica
Necesaria para otro despertar que el sol de todos los
días reescribe

Jack Farfán Cedrón

III
El hombre
Su destino es hiperbóreo tal y como lo descerraja
Nietzsche
Un verdadero cirujano hendiendo la moral
De un martillazo nihilista
El hombre
Tenía que ser él
Gravitante
Con destino que su perro imagina circular como el
de él
Pero apenas llega en la duda salvaje de su
procreación inmediata
Apenas
A una hipérbole mal trazada en el mundo
En la espera sobre el puente de las oportunidades
Que
Casualmente
Pasan
Para dejarlo esperando
Dime
Claridad
¿Es que acaso te doy asco?
¿Te conmuevo te hago temblar con mis lágrimas
piadosas?

26

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Eres la mujer embarrada por lo que se vislumbra
Y se cree ver mientras los ojos nos protegen
De esa luz que el dedo más dictador no opaca nunca
Ahora crees en el oleaje
En las clepsidras que antaño revoloteaban tus
huecos insondables
De las cuencas repletas de tierra de las tumbas de los
sueños imposibles de recordar
Porque ya no más nadie quiere despertar de los
sueños a sus muertos
Por miedo a no poder soportar enormemente el peso
Rutinario
Nauseabundo
Una fiesta que las larvas descreen morosamente
Cual vomitar en el sitio de los sueños más tristes
In- Posibles
De
Despertar
Ahora y en la hora del eterno retorno
Pequeño demente mostachudo al que rompió de
piedad un caballo apaleado
Su tajante moral corrompida de vicios inalcanzables
por quien sigue
Contrariamente sigue
Al camino del fiel pegado

Jack Farfán Cedrón

Perro
Un recto camino de justiprecios desvelados
En esta desazón zarandeada por las buenas acciones
Eleva acaso una plebe
El rezo común de los idiotas
―H i p e r b ó r e o s‖
Hasta la misma saciedad justificando las babas
piadosas
Del milagroso ángel de las huestes saciadas por
ancas de campesinas normandas
Jugosas
Débiles durante el sacrosanto fragor de las tropas
imposible de empolvar el pregón de fustigamiento
Los caros relojes autoexilio
Que el mundo declina mientras haya mitad oscura
/
Ruidosa
Ensordecedora acaso
De un mundo dividido por lo que puede sorprender
O crear
Un sol viejo en un instante abortado por el polvo
Que hallará bajo la tumba
El silencio necesario de los muertos
Jamás innecesarios

27

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Porque callarán las justas palabras que apropian el
espacio concedido a la pura verdad de música
incesante

Jack Farfán Cedrón

IV
Habité las ramas amarillas de tu vestidura
De tu cuento verde donde por última y necesaria vez
Te vi más hermosa que todas las flores de la tierra
Habité la gruta donde nace una virgen
La cuestión no tan santa que puede ser la excepción
al milagro
Que resucites
Sin saberlo
Yo
Bajo tu nombre hermoso pendiendo del Apocalipsis
En que el hombre maduro desciende a los bajos
dominios de
El campo de concentración de este mundo
Dormía liberado de lo negativo
Velaba el trazar meditabundo que a los fragores
metafísicos se requisa
Como dentro el espectro se ausculta saca el
escalpelo de chupador de millonésima diferencia que
haga el verdadero milagro en el vigía de rotos
corazones lamidos por el gato oscuro
Peregrino
Con derecho a una escudilla de arroz frío por las
tardes
Mísero

28

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Se da a coces a zarpas gimientes
Sobre la maraña espinosa del invierno de espinas
rugientes
Para que no lo acechen los tigres ciegos buscando
rubricar con su vergajo espinoso
Si cuerpo inmaculado que ha lamido
Por una infinitesimal diferencia entre las millones de
pelusas cósmicas
Flotantes
Algún contorno espectral
Que el corazón más puro esparce entre las sobras
rebañadas del plato felino

Jack Farfán Cedrón

V
No dictamines
Desatino
Otra ausencia más que no la soportaría
En este yermo cuerpo vaciado
En este escaparate de sinos culpables
Exclusivamente de la sombra expurga milagros
Sitúo como un hercúleo barredor
Las culpas inconscientes que no se remedian ni con
el autoflagelo
Porque el imbécil que reina no tenga más dudas de
que la regó
Porque el espía revolucionario no deje de volarse la
tapa del desagüe
Con el rojo dedo del culo revolucionario
En que se ha convertido el mundo
Desde que la traición simula una risita idiota
Cómplice
Por la que todos nos sabemos desarmados
De la pura revolución que empieza por largarlo todo
Para empezar eternamente otra desgracia
Hasta el hallazgo luminoso de una línea que no
alcanza
O que no la alcanzamos
A revelar el final que excita o gasifica todo hartazgo

29

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Cual un globo aerostático la llama devoradora del
oxígeno
Hasta que una hecatombe
Una llama invisible
Viertan sobre la verdad vislumbrada
Aquella matanza o la antesala
De que el oprobio es el impúdico amanecido más
temprano
A orar un suculento banquete que no hace más que
hacer pesada la carga
¡De la hez!

Jack Farfán Cedrón

REMEMBRAR A DO FUTURO
Quien, cavernario, halará la bestia prefigura; quien
vengue a setos estentóreos las arañas eléctricas de la
noche oscura, sin embargo; que el alma como estaba
aclama entre signos e ignominias que los lastres
contribuyen. Hasta el sino del lugar que abandona.
Hasta el perplejo estado donde el fluir se entromete
a la forma que atada yerra espectros aterrados a la
sombra.
Y el intento es prometido, el cerrado prado,
arboladura.
Donde no sitiábamos inventos.
Era más que soplar digitando ensoñaciones.
Por una oscura, ejemplar agonía en que la forma
plañe entresijos lunares, veniales precipicios, que
verán, no cual las formas aclaradas, sus intentos que
vanaglorien el paso enfermo del guerrero zaherido
por morada.
El morral al ristre, la flecha templada, ciertamente,
devanean el arco defendido, reincidente.
No seremos los contrarios amonedados que
diferencia el estertor, el asistido elemento plañido a
la cosecha.

30

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Y de destierros asistidos decrementan el muro
insondable, donde relojes desmoronados por
eternidad.
Y paradiso, obturan el telón de fondo tan sacralizado
que el sitio asistido es diezmado, malquerido por
razón y estupro espontáneo que la auscultada
concavidad de unas bocas representa.
El sitio anhelado del claror, el fuego vivo.
Hasta que el responso amanecido que lo representa.
Virará como si el trino.
Ante este rozado calamandour que el designado
campo extremeño aflora entre chanclas.
Entre sitiales que el cacareado confín los representa.
Intentemos,

Que el no-recuerdo acomete su andanada de
impoluto oferente que numen sacrificio asciende en
nombre de la sorna.
De la impura redada del talido.
Cuando por esa sola despojada.
Noche de los vientos.
Se asume que el regodeo es tratado como taurinos
espontáneos que el gemir nos representa.
De esa genciana piel que el roce poético entre una
calle a medio oscurecer, diezmada por tropas
policíacas apaleando, pateando, con bombas

Jack Farfán Cedrón

lacrimógenas, a la tibia musa que entre los golpes y
la sangre se alimenta de eso que echada recibe de su
buffo azul, de su ciego salvador que desde adentro la
besa.

31

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

MARA, LA DOMINATRIZ,
MUNDO EN QUE ESTOY

SOMETE

EL

Jack Farfán Cedrón

De donde ya no más podemos asomar
Sin la calma aterradora que nos trajina
individualmente despiertos a todo
Como abismados a un blando sumidero de luz
pendiente de una bombilla eléctrica
Donde todo
Hasta las polillas
Mueren en la mítica ronda nocturama
Alrededor de la cual se ensaya la muerte a unos
pasos
Próximos a los umbríos dientes
A partir de aquella sesión enfrascaba
La más fresca vasija
Pregonando nuestras pieles secretas recordándose
―El arte siempre ES más sabio que la persona real
que lo aparenta‖
Temo que calles
Por lo del fragmento M a r a
Que calles para posteridad del salto a lo desgarrador
Que calles ante el paso estruendoso dignificándote
Dominatriz
Gran sabedora de todo lo que a punta de lengua
dictamino
Pronunciado lo que siempre zaherirás oír en el
desgarro
Ante hombres hambrientos de tu halo castigador

«Hay que reconciliarse con la idea de que no amamos a
nadie por sus cualidades o sus defectos; por su belleza,
por ejemplo; y, por más extraño que parezca, ni
siquiera por su fealdad, su joroba o su pobreza;
simplemente lo amamos porque en el mundo rige una
voluntad en tal sentido, una voluntad cuyo contenido
exacto somos incapaces de descubrir, una voluntad que
quiere hacerse valer de manera espontánea, para que el
mundo pueda renovarse en su espiral eterna; una
voluntad que toca las almas y los corazones con una
fuerza terrible, que hace funcionar las glándulas y que
nubla hasta las mentes más brillantes».
[Sandor Márai, en La amante de Bolzano]

Cuando aún lo vieron despertar encontraron agua
en el basurero
Y por puro acto desgarrador
Doblaron en dos la lumínica del canto
Como diría la virgen del martillo
Había despertado en la persona calzándole la tumba
en los pies
El precipicio en ese oscuro fondo

32

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Revertiéndolos presenciados
A tu paso
Mara del mundo
Mirándote hasta el abismo en que cabe un dedo
Si no toca el objetivo hundiéndoles
La presencia misma que lo abarca
Dices del nuevo desafuero lírico:
―Es un impromptu masculino por ese continente
incognoscible llamado femineidad
Pero no es machista o agresivo
Es hermoso
Muy dulce
Borges decía que el amor nos hace ver a un ser tal
como lo debe ver Dios
No sé si es una cuestión así a nivel del ego
Quizá lo valoro porque el arte
Como el amor
Hace a los artistas ver a los seres tal como nadie los
ve
Porque nadie mira con atención
Ser artista es poner atención‖
Es que las cosas no son tal como es posible verlas
Creo que perciben algo que no se toca más que con
los ojos
Por ello de que los ojos son la ventana de la calma
Y a este fosco estruendoso paso dictaminas:

Jack Farfán Cedrón

―Mi teclado está muy deteriorado
La letra ―a‖ se acciona compulsivamente
Por eso a veces parece que estoy escribiendo todo el
tiempo
De todo
La a te lleva a escribir todo el tiempo
Por los caminos que siempre se encuentran
Pero felizmente no te llevaste esa impresión de este
tu inspirado
En tu mirada fuerte
Penetrante
Cual si pasaras hiriendo a los hombres
Ese tu sadismo caracteriza a alguien por quien dar
parte del arte
Se convierte en masoquismo
No es que seas sádica
Es que quizá lo llevas como una forma sublimada
dentro tuyo
Esa imagen de dominatriz que despiertas
Mara del mundo
Ha de ser también
Una herramienta contra la violencia del mundo
Despertar esa imagen dominatriz en las personas
Que inspires respeto
Y belleza

33

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

A la que siempre ha relegado el racismo a escala
mundial
Realmente es un problema algo mayor que el sida
―Los conquistadores siempre tuvieron entre sus
intereses despreciar y denigrar a los aborígenes
Necesitaban dominarlos‖
Ya que
Si no dices que eres sidoso
Pasas piola
Pero si apareces como cholo de mierda
No existes

El Prófugo no despierta
―Y su madre no se resigna a dejarlo morir
El mejor alumno de Spinetta y de Bowie también
Los tres tienen esa condición camaleónica
Esa vocación por nunca estancarse
Que el faso no me deja recordar su nombre‖
Tiempos etílicos aquellos
―El sabio es aquél capaz de disfrutar con lo mucho
que le es dado a cada instante
En cualquier edad‖
De pronto viene alguien y roza aquello que estaba
dormido en ti
Y no sabes por qué te hace dichoso aquello

Jack Farfán Cedrón

Si hasta te habías prometido no caer otra vez en esas
redes
Pero eso siempre sucede al levantarnos al mundo
El autoexilio adormece
―Y ese párrafo entra en el rango de la literatura que
siempre amé
Cuando me interesaba la literatura‖
No hay que exagerar la excentricidad ante gente no
excéntrica
La gente se asusta o se ofende de lo que no conoce
O malinterpretan la excentricidad con aberración
O esquizofrenia
Pero finalmente en las grandes ciudades creo que
está el hábitat perfecto de los diferentes
Acá sigo en un pueblo
Pero tiene sus ventajas
El paisaje
Los seres que miran todavía como gentes
En Lima todos son autómatas y racistas
―Sí
Las grandes ciudades tienen eso
Gente desarraigada
Diría Heidegger‖
Quizá vivir a salto de mata por el mundo nos evada
como excéntricos

34

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Ciudades donde nadie menos que uno pueda
apercibirnos
Los tildan de excéntricos
Pero son los verdaderos músicos
Creo que ha de nacer la forma alternativa de rescatar
formas alternativas que partan del arte que ve lo
primigenio como punto de origen
Quizá en un futuro casi inmediato exista esa
preferencia por lo diferente pero hasta que nos
machaquen el cerebro desde la casa el bar la calle
Habremos perdido por deceso
Por descerebramiento
Aun no sedimentan las verdaderas corrientes
No son digeribles
Las corrientes buenas son como los artistas buenos
No pasan de moda porque todavía no arriban
Ese arribo es el peligro
Todo lo alternativo es una bomba en medio del
anacronismo
―Es aventurarse en la contingencia
Por cuestiones prácticas
Para que la gente no viva en pánico‖
Las armas
No lo saben
Son ellos
―La misma contingencia‖

Jack Farfán Cedrón

Se trata de contraarmas
De contra sentidos que lejos de intimidarnos
Alimentan nuestra bestia anarcoide
Nuestra disquisición que los repulsa
Nos odian porque nuestra presencia les escupe la
verdad en la cara
No creo que piensen mucho en nosotros
Son ellos
Ellos de lo que unos pocos no estamos hechos
Ése es el estallido
El botón rojo a machucar
Hasta el estallido apostemado
―Que no piensen en nosotros‖
Pasamos piola pero enredamos lo suficiente
Pero no podemos pasar por descontado que haya
―Un mercado para que la gente gaste 10 mil euros
en una botella de champagne
Es innoble
Y bueno
A la vez
Así les está yendo:
Hacia el nazismo o el comunismo
O sus sucedáneos por crear‖
Así como del Cienfuegos® se decía era equivalente a
la absenta el Matusalén trae una modorra de polvo
entre las cañas

35

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Puro
Entra bien
Veo que es una ciudad en Cuba
Mira acá en mi ciudad de miércoles era una
imitación bravaza de ron
Creo que el firme era de Cuba
De ello deben dar cuenta esos héroes etílicos que
habitan el Larco Herrera (un manicomio limeño)
Se les ha aflojado el coco a todos
Por una musa
Adiós
Linda
Debo orar por mi perdición
O tu vanagloria compartida en el cadalso

Jack Farfán Cedrón

BARRIDAS PERGEÑAS,
DEL AS ESTUDIO
i
El grito desgarrador proveniente del descenso
Padeciendo los ojos
La inútil tierra del despojo
Antro a través del que elevamos a bajeza la
costumbre
Intermitente hasta simios fondos que el sepulcro de
las acciones eleva
A dentellada
Y por partir enervar la solidez de las venas
Adelantamos
Quizá un elucubrar una ciega pasión ante juicios
increados
Que el intento dictamina
Y
Como si no nos hubieran cagado a la innoble
existencia
Jamás desterraremos el comino
Cual si no encabalgáramos siquiera elucubraciones
mentales
Traduciendo el espasmódico proceso a redoble
encriptando escenas

(a Mara Pérez, en el mar o la inconsciencia. Porque parte de este poema y
mi ser lo teje ella)

36

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

¿Acaso mientes al cerrarme la fila?
Acaso esa endecha ese grupúsculo
Que el mar feminoide traiciona
Rodará cabezas al susurro perlado de lo que tu
propio onanismo en secreto
Acude a las huestes
Y la forma en que incubamos recuerdos
Tal vez traduzca la innoble esperanza de partir
Berreando incontinentes
Aquel cielo que moja el dedo filosófico
Mientras las ideas o los intentos malparidos de estos
llanos de las buenas intenciones
Discurren
Hasta dar el portazo final en natalicio a San Quintín
o San Pucta
Derogados cual menesterosos ángeles violados
poniendo el hemiciclo barrido
Asistir a la escena primordial
Nada temiéndole al espectro
Quizá la fiebre
Tal
Caer hacia delante
Mientras las formas energúmenas que aduce la
tristumbre
Rueden a espasmos la emisión del álgido comienzo

Jack Farfán Cedrón

Donde la novena Sinfonía es el génesis de todo acto
mental traslapado a guerras interiores
Y la sombra la inútil sombra enarbolará su cuestión
maléfica a gendarmes que el oficio equilibra en la
línea pasmosa
Que la mierda misma decanta al respiro
Por estas repugnantes fosas
Blandiendo órficos y despojados aditamentos a la
ruina en que creo
Mientras mi pájaro sale a alveolar a quicio de las
fiebres
El más desgranado instinto por los bajos fondos
Simientes mismas del mundo dictaminado por una
ronca voz que ha felado por su cuenta
Y brazo
El encono matricial hasta los suicidas encadenados
por sus propias e inermes babas mendaces
Conque las fieras desgarran las pieles y los controles
ultraterrenos calman oposiciones
Aullidos
Por cierto ocaso que rasga el año en que te elevas
hasta monje cagando el precipicio
Con un solo dedo húmido filosófico
Rompiente idea frontal con que mojas la noble
garganta
Y

37

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

A dentelladas
Joder al primer prolapsado hombre basado en las
ruinas adelante
Por oficioso que parezca
Por la puta y jodida hendedura del destajo
acariciando
El polvo asqueroso que habrá elucubrado por
innoble vez
El ritmo adelante que de los juicios diezmados
origina
El bello estertor de la sangre en reposo

Jack Farfán Cedrón

ii
La infecta hierba conjunta
El cielo espaciado que a los jodidos socialistas
repunta
Hasta el mismo aro enrojecido
Presea que la hoz resarce bajo dentelladas que el
capital mediocre origina
Hasta que te sepas pura inmolada ruina
Esparciendo por las duras
La inmundicia ideal menoscabando inútiles
presencias
Granjeados por molicies o lo que padeciera un pedo
gritando los dones del bienintencionado mariano
pasando la próxima pepa del rosario por las tardes
Mientras el deseo el caro deseo de una pepa celestial
Le rebaña con creces la fe pura rociada con el vino
Redentor
Por donde igual descienden a coces galopes inermes
de oraciones y abscesos de luz pura friccionada
durante la cúpula
Cual descensos que la forma de espíritu y desgarro
Fluida desciende
Hasta la pasmosa y ruin existencia que lo soñado
prefigura

38

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Misma forma aterrando genésicos cantos de haditas
violadas por el fauno esporádico
Dándole a duras penas a la elegía del proceso
Cuando las simientes designadas alaben hasta las
fuentes biliares
Lo que en verdad acaece inventado
Y la misma sorna el mismo astro barrido de bosta al
vacío
Reviente en dos la bola verde el destino a dos
cerinas repasado por
Una gitana en la que vuelan raposas
Que no viene a cuenco vaciarse de lágrimas ni de
fluyentes estampidos pregonando la fuente
En la que la enfermedad y el pergeño inútil del
designio
Eleve hasta el destierro la morada injusta fanal de
claridades
Desde el mismo lecho pregonando parabienes
Cuando los postes dictaminen el inicio cruzado de
las calles revirando el neón ensimismado de la culpa
Viendo por todos los ángulos la intención sobrada e
inmutable de la tumba convergida
Si viéramos destierros si aferráramos despacio
La ultimada fuente no tañida a estupro
Ni tiempo permitido por voladas claridades que el
férreo guerrero dirime

Jack Farfán Cedrón

A través borrado de historias
Despacio velando
La intención ensimismada
El vano intento por respirar dos veces antes del
último estallido pensante
Hasta los cielos inermes que derrama la desgracia
vívida
La podre existencia tallando su inánime presencia

39

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

Hasta la implume ruina adviniendo lo que nos era
dado merecer
Por
bastión
imperfectible
permaneciendo
incontrastable las arenas de lo jamás acaecido

iii
Tierra baldía
El cuerpo hurga la misma mano descendiendo
despacio
Por la suavidad adelante
La vida florecerá por tiempos reales
En mundo real
Aparente
Ciegos ante lo ruin que probablemente es de un
formato que normalizan los actos difusos en la
sangre
Discurrir a discurrir
Seguramente la forma que aterrados duplicamos si
la extensión de la mirada entroniza la cúpula
La multiplica
Acostumbra que la continuidad tosa
Ante las manos a lenguas sugiriendo una idea
posesa acerca de culebras durante el sueño
alardeando del abrazo viscoso
De la alimaña frente a la cual alabean sensaciones
O en su interregno defecto
Los ciegos doten hasta las nobles claridades
Al reino difiriendo las costumbres
Esa pasmada tabla de huellas en que los serviles
actos de una sociedad sirven para diezmar ejércitos

40

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

EVADE Y RELUMBRA HASTA QUE LO
TRASCURRIDO DESCONOZCA

Jack Farfán Cedrón

Partirá la pena, descoyunta lacrimales que la riña
acomete.
Ha tiempo que no nos volvíamos a ver al loco
cagado entre las manos. Tira la bosta, se relame la
risa harapienta entre crenchas y sudor. Sábelo, él es
el demente, no quien llevas hacia dentro, cal un
sueño, él sigue siendo el demente del alba a pasos
que el fílmico lente, con los ojos volteados hacia ti,
las fauces cosidas en una decapitación sagrada como
significante a los alabeos del asesinato, atracan la
forma que a nada disiente el grito aterrador
proferido por el mudo condenado a vida en relente
monetario, cubierto con la máscara del ahorcado
por ojos que no ven lo disentido.
Arco y blasón en un serrallo de gules que la agonía
sangrienta dirime ante los brazos justicieros de quien
a paso de fuego todavía no arribado entre brazos
clamorosos, el alba de los gallos aprestada a otro día
más que el mórbido recusa en la reseca hasta herida
garganta que todo lo anega como un claro vino
bandea hasta las mismas corrientes de algas dulces
serpeando la ruin comparecencia a oteo sobrevolado
por lacustre presencia de un horizonte derramado,
símbolo diseminado por prado levitado, como por
atravesada contienda a los bastiones encharcada por

Mientras las moradas silentes acallan esta noche
helada, las culpas serán ese otro costado que no
empieza.
Mientras el sol avanza, dextrógiro, por las sendas
del alba,
algo más nos necesita.
Serenos ante la albura mentida, apaciguamos trazas
de tapiales perversos bajo puerta y capitel que el pan
de oro nos persigue.
Acallando ningún solfeo aprestado a la suave
vociferina en que el todo por el todo lo acalla si el mal
tiempo se lo permite.
Mentirás cada tanto que entreveas tu mentira hacia
el reflejo rutinario.
La lluvia es despaciosa, el fragor envilece los
costados; retumban, crecen, chorros verticales.
Nada más por esta noche helada podrá ya rozar esta
noche a dentelladas avanzando hasta el fin de lo
jamás acometido por el transcurso alguno ni por
tiempo permisible serrado a dentelladas por la bestia
que en cada uno de los individuos permisiblemente
enredado cual las cruces no bastadas por el acto
reflejo desistiendo imposibles.

41

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

el cieno celestial ante la quietud que pisas mientras
miras lo celeste acampado en tierra volátil.
Menguando guirnaldas del ensueño.
Aperturas, sí; el ciclo lo permita.
Vadea los frentes. Aterra a flancos aprestándose a la
precipitación maligna de una espuma yendo de recto
por las sendas paradisíacas de lo rutinario.
Hasta lo asilado para desvanecimiento.
A ascuas demorado, a rimbombantes riadas que lo
cloacal de una interiorización (Dios no lo permita)
redima a paso firme, en rectitud ritual de los
muertos irguiéndose la vida, durante todas las guías
biliares que el muro, entre lo umbrío de un clásico
estigma de la hiedra, en este caso, lo derrumbe,
hasta el ósculo a náuseas, dador del mismo traspié,
sorna disimulada en menguante,
tanto más humanoide,
barres con lo implume antropoide rodando hasta los
tiempos espasmódicos de lo no fluido por gota
renovada si no por eterna sucesión de arengas
barridas por la tempestad eólica de lo amonedado
por la arena.
Un puto cobre que al bolsico resta abrigo.
Un sombrero cubriendo, no la línea helicoidal que lo
iluminado descascara hasta lo penumbroso del
disparo propulsado por la grieta encharcada,

Jack Farfán Cedrón

bastión que a nadie reemprende si la chispa de la
lucidez terminal o el inerme desacato así lo
permitan.
Caminando las quenas aherrumbran su perseguido
solfeo.
Tratando del vuelo la gota aún no cesada, sabida
permanece entre las cuencas que el astro
amordazado a nubes esparce, como quien procrea
de un sólido costado el castillo sangriento de una
piedra que la gluma en su costado borbotea,
a buchadas reencontradas por la permisible hasta
aterrada dimisión de lo alentado,
¡En la amargura!
¡En la amargura!
Y para los que no osen continuar su bastión a dedo
plenipotenciario, no está en oprimir precisamente
enterrada hasta las lanzas que la moteadura de los
bosques claros en que el alma se regodea,
ni sol que se desista,
sino que se holga en atrapar cósmicos charcos
desglosando dedo alguno aminorado en su
velocidad dimitiendo los actos más difusos por asa
aceptada del buen té de lo trajinado al final de la
tarde, para bien de lo motor, de lo a buen estrés
consumido, renovando las causas redescubiertas por
un acto reflejo, amordaza en azadón, no dando pie

42

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

al continuo anegado entre campánulas a claror
descifradas por un baño resinoso y transparente,
vitrificado, que otro día gozado entre el hálito fresco
lo permita.
Y para esto que será esa puesta de mano, ese leve
acariciar que los despojos, entre vivas hojarascas de
lo intuitivo, viajan ante el marino resplandor a cuya
verticalidad el cernícalo se cierne.
Entre lo perpendicular del alabeo y la cruzada
estentórea y falaz de lo improvisado, cierran islas
difusas hacia el vórtice, punto medio alcanzado
hasta el mismo horizonte; recuesta y desgasta lo
sucesivo que las patas expiando lo posible, merman
la forma de los goces secretos por dedo reptando
hasta el mismo avance imposible que la vociferina,
como digo, desluce,
entre la garra y la forma que no comprende ni
disiente de lo lúdico hasta la espasmódica cruzada,
disiente como lo renovado por aspereza de los actos
difusos,
o como blandura de lo inmutable hasta secreto,
de lo encomiable hasta discernimiento de lo falaz
acometido.
Entrañado por la imposibilidad del hombre para
rodar ante las formas inevitables que el hálito
desentiende, cual desmoronar hasta mismas

Jack Farfán Cedrón

ataduras de lo manifiesto entre palabras que el
tartamudeo combando metas imposibles.
Predice,
como el suceso dictaminado ante huestes que el
flameado comparece.
Exclusiva forma que la razón de lo apenas intentado
degenera, a lo ardid imposibilitado por los actos,
una vez más, difusos, entre lo visto y lo
aparentemente recatado para desvelamiento del gran
retrato inmundo a lo ovalado como naciente bastión
a cruzadas cacareado.
Escándalo mediante lo permita.
Y si me lo tracen, heredaré de las sobras la guadaña,
la implume mortuoria que no da pie a nada, de ser
obviado por una malicia pertinaz hasta lo
recalcitrante que el ánimo del amaine lo dé por
sentado.
Las huestes perseguidas, la tempestad que ha
embarrado toda forma sucesiva a los extintos, única,
diría, exclusivista moción ante la preciosista atadura
que a los costados de lo hacinado se remite,
y,
numen mediante, regodea los espasmódicos tules a
oriente situado entre la frente lanzada, tripa así buen
deseo maldecido por las buenas intenciones llegadas
hasta el confín de lo transido por la buena veta del

43

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

grillo mendaz hasta el hostigamiento que las
oraciones de lo sudado para amonedamiento así lo
deseen.
Silentemente acompañará algún solo brindando para
acaecimiento de lo por suerte concatenado entre
ataduras, que, sabe bien, el demoñuelo nuestro de
cada día, precipitará gaznate abajo hasta el fatal
desglose de lo inevitable que traducen las nacientes
hasta lo indecible que arar sobre los latifundios
contendosos, a charco y surco,
hendiendo secretamente lo ganado al sudor que te
parte y no te estrella en Eureka disfumado por una
pólvora ruin disparada a discernimiento del
descreído por defecto.
Su posible luz.
Su haz que lo acompañe.
Su acto permisivo como desacato por los cauces
oscuros de lo ansiado para perecimiento.
Hasta que el arrastrar perpetuando desposorio se
arengue obrado en cuitas que el intento desconoce.
Ardidos cual más lo permaneciéramos, pétreos
como si nada hubiera que nos alcance sobrepasar la
altura silente de unos brazos caídos.

Jack Farfán Cedrón

EL HALO DEL QUE TOCA, SALVARLO
Hacia el gallo adormilado nube de apostar al
precipicio.
Cual lo asestado para próximos advenimientos.
En lo que compone un revirado arremeter contra las
Cícladas espasmódicas de quien viaja olvidando su
estado en movimiento.
Nadie hasta este despojado nubarrón, que yo sepa,
ha denigrado el polvo rasante a días anteriores, en
los cuales uno devuelve el sacro movimiento.
Si la nube decantada esparciendo está, su agua, en
forma de paletadas de tierra hacia los ojos.
Y la pira abismada a nuevos recomienzos.
Preste dar una zoología de insectívoros zombies
enarbolando su miga desterrada sobre la nuca a la
cual afligen sus manos consumistas,
el impúdico temblor tratando de erigir a campo
traviesa,
la asonada contra los relojes de patas y cruces
apegadas ante lo enervante que seduce acariciar,
alguna procaz singladura.
Más ―y esto se nirvana apenas dando pie a lo
perdido― nadie cuesta lo que vívido, remeciendo
está, a órbita y encanto pregonados.

44

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

De quien a cuestas poco abarca en salvado cuerpo
erigiendo el poniente que toca.

Jack Farfán Cedrón

NUNCA ES TRASTANTA LA TRISTUMBRE
Pero si tan pronto como me cueste desandar lo
taimado, a puros trotes enerve mi costado, dándoos
el zumo acre al que nos cueste renunciar, un poco
exhumados de viga y polvo, del abismo personal
halándonos aviesos.
Conceptuando la batalla ganada anteladamente,
valga redundar en lo proferido, sí, ese brotado
advenimiento de cuernos tiernos por los que evade
retro la bestia, hasta el cobrado vigía a cuya
aparición espectral se aduerme entre babas y verdes
lumínicas del canto.
Propender así reculen acémilas despotricadas contra
peñas & baldíos hasta desgarradores temblando la
asonada galopante de las pesadillas infernales,
qué duda quepa,
si hasta los anales de extraños entierros,
uno en verdad sumerge la pléyade dimitida a lo que
por poco
inasible se contrae,
se pasma ante la esponja a su costado errada,
espumante, marina,
adviene serena,
luego deseca sobre algún peñasco trayendo
degeneraciones de marsopas al instante calcificadas

45

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

por un cuerno instantáneo
de luz de luna en los arrullos.
Que restará si la duende a migas desmoronada
Evadiendo está su corrido de feria.
Acaso andará en plenas verdades o a lo sumo la
reúna de un viernes tabernario, ponga en remojo las
barbas vikingas. Tratan en lo posible, acebollar sus
malas andadas,
vertido el estofado sobre la mesa, rebañados todos
los trozos de mendrugo,
que oblicuamente sesgaron el bodegón donde en
antes angurriaban pelos que atravesaron informes
promesas.
Lo antedicho, lo zumo, lo que suspendido retuerce
su cristal aun siendo sílice abrillantado por la
ausencia de su vidrio.
De manera tal es cáustico que la tela disfume hasta
encantados ventanales,
una especie seducida, trifulca que nada vale su
forma, de algún modo, queda, de un hilo suspendida
hasta el vano comienzo.
Siguiente a los días desoídos por grietas que más las
alargan.

Jack Farfán Cedrón

ZUMBIDO A LO CUAL ME RETUMBO
Borroneada, espasmo, buscará su nido sabiéndolo
encontrar, por silo que el destinado se ahogue a
chapuzón
bajo el argento resplandor del ojo que todo lo
descree.
Cual asumir de las redes sus mismos espacios donde
atrapa el pescador sus inasibles ansias asoleadas por
la salina o la puesta.
Sumirá para ese entonces.
La cuesta que alimenta.
Por duros filones a traspié avanzando el corpóreo
intento por la carne atravesada.
En el Sur de este ayer viajado que a nada envidia,
ni a la vía cerosa que desmiente la feria en
avanzada.
Dura.
Heredará la procesión impersonal una gluma
progresiva que la forma precipitada de ocaso delinea
en gorjeos acompasando el inútil cansancio,
varado en la playa.
Hasta el pedrón que te fuiste,
de rodillas al viento,
la vieja que guardó ovilladas historietas,
desmentirá la nariz de la vela aproximada.

46

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Pace que la lámpara a kerosene dure lo que estalla
entre la lágrima,
que no es tibio y líquido elemento.
Abrir cuencas entre barras ilusorias que las pestañas
intentadas sonrían,
Simuladas,
para bien del sobrado remiendo.
Una como culpada agonía emergida a baba latiente,
del mismo caracol que tocas
para posteridad del otro aguardándote la forma
lenitiva donde los sorgos a osciladas cerinas
entrevén el esmirriado escoltar de corrientes
inaugurales,
en lo que va, descritas, inframundo abajo, y sin
percibirse,
esta corriente traslúcida condenando a vivos y tercos
despertar de aquellas tentaciones saciando
hedónicas,
su fango carnal y su goce.

Jack Farfán Cedrón

EL RETORNO DEL HOMBRE
A Hans “Rewolver” Seminario, con la dura vara que no mide, sino que
apalea

El hombre de la trenza soñó que recorría
nuevamente su pueblo.
Una inútil vez más, Lord Lagarto, y cederé al encanto de
encontrarme con los míos, como en aquella colina
amaneciendo entre el humo de la niebla abrigando,
irremisible a los agaves y eucaliptos.
Se irguió en la encrucijada, abordó la nave, que
velozmente lo depositó frente a la gruta de la virgen.
Las voces en la ciudad que pisaba como una primera
segunda vez, continuaban, heladas, a lo largo de esa
callecita tan alta entre las tejas marrones pegoteadas
de musgo y gorriones serranos enfriando algún
espíritu antiguo.
El hombre determinado usaba una trenza que
seguramente antes, ha muchos años de recorrer los
caminos mundanales, había conformado alguna
alfombra enmarañada a drebs, arrollados en su
cabeza, hoy pelada por cuestas y viajes.
Duramente por el tiempo.

47

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

El hombre blando, de rostro surcado y ojos
desalmados, descendió, escalinatas abajo, movido
por la corriente vespertina del rayo que lo dividía;
mitad humano, mitad extraterrestre, en esta Tierra
de Espinas.
Miró a los cuatro lados. Nadie en las cuatro
esquinas. Cerinas, sí; apocalípticamente rodando
desde sus ultimadas cuencas, el difuso espasmo de
los días finales.
Una tela alegorizaba la hacinación estrellada de un
ramo de cartuchos recién vueltos a la fresca
eternidad de los días infragantes, cogidos por una
campesina de pómulos salientes, donde el brillo y la
fiebre coincidían enfermar al sol que nuevamente
encontraba el hombre anclado a su ciudad y su norte
rehecho.
El móvil estrellado avanza entre la bruma hirviente
del sol que ya ahoga su primera llovizna en treinta
años de exiliado en Douxeteres, su ciudad de
errante.
Los ojos difusos lo despiden; esta vez entre
parpadeos y alguna presunción de lenguaje anterior
a gestos, a gemidos; entre la danza de manos
bípedas machucando botones rojos y verdes.
La pantalla del conmutador en la nave que lo trajo,
arremolina una galaxia latiente hace un instante,

Jack Farfán Cedrón

donde el paso todavía indeciso en el hombre, de
carnes seco, pugnaba a la vez por avanzar o diferir
hacia otra galaxia, su Norte encontrado, esta vez, en
la ciudad dormida, de gentes dormidas y ciertas
insumisiones cociéndose a la hoguera familiar que lo
acogía de nuevo.
La nave despega, entre circular, entrevista por el
impúdico
vagido
procaz
hasta
meteoros
inexplicables por el durmiente acunados, entre los
asientos vaciados de más extranjeros que también
volvían a otros precipicios; sabe desde qué
irrealidad, desde qué estertor sangriento, donde los
volcanes supuran diamantes de agua, y los ríos
verticales erigen la cara agonía de quien los capta en
una línea apenas volcada con la débil presunción de
un aeda doliente entre los cráteres de la pura
maravilla, tomada al vuelo en la palabra menos
estéril y falta de oxígeno.
Toda suposición antagónica a espectros delimitada,
caería chata hasta este espacio colegido; donde la
pluma cede a su peso, y la piedra besando los
confines golpeados de la superficie de los rápidos,
pace la catarata que era la quietud vertida hasta ese
entonces.
El hombre cincuentón ha descendido. Nadie lo
llama. La calle es una boca negra, estruendosa,

48

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

como durante esa pesadilla de infante, como a lo
largo estancado a zancadillas, de esa boca del
desasosiego llamando al poeta Fernando Pessoa,
desde otro efímero heterónimo.
Sus pasos rompen el asfalto.
La dura vestal cacareada por un par de ancianitas
velando su llegada al hogar, delimita entre vidrios
empañados, el vacío cosiéndose, para que estrellas
dormidas deparen la bruma ahí adentro de la
covacha.
―Hogar, dulce alfalfar.‖
—Desdice ahora el hombre retornado―.
El reloj de caleidoscopio mueve todos sus recuerdos;
mientras más, su ojo de toro, resignado, se
aproxima.
Afuera, entre calaminas y el frío reventando en sus
narices peludas, los goterones de una lluvia
impenitente no detienen su transcurrido ciclo
angular a las razones vertidas al llegado.
Él depone seguir mirando hacia sí, la esfera que le
hubo de corresponder antes de la partida.
Él, como todo artista, fue sordo a la sincronía con el
mundo que no dejaba de viajar hasta perderlo.
Detuvo al metro en la estación número Alfa de New
York, estando descamisado, sudoroso, hambriento y

Jack Farfán Cedrón

malherido, congregando a muchedumbres; en tanto
su pecho tembló por espacio de un mundo detenido.
Los hombres llegaron a rodearlo.
Uno de ellos le dio una botella de agua; otro le
alcanzó una hamburguesa; algún niño, la pluma
olvidada en El libro en blanco.
Hacia la llegada promisoria, el hombre tira en su
recuerdo abstraído, el grito de la sirena. Bebe
despacio el agua del escarnio.
Todo transcurrir huele sangre hallada por el hombre,
en procaz movimiento.
La muchedumbre a ladridos se retira.
Los despojos, los hálitos, llegan a acariciarlo.
Sobre el diván del sillón de Abuela y Madre, el
hombre se aduerme; repasa la partitura, desoye de la
esfera a la par que bebe un té que decrépitas manos
le alcanzan.
La esfera ha dejado de brillar.
La nave comienza abriéndose paso, traspasando una
atmósfera; un torreón a llamaradas sangriento, que
precipitan el encantado fluir de la ceniza volcada por
la arena transcurrida.
Aquellas cataratas que hablas.
―Hombre al fin‖. Retornado.
La sirena ha dejado de orbitar sobre los ojos de
muchedumbres, que esta vez perdieron el metro en

49

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

la estación Alfa, en Nueva York, mientras un
respirar agitado acompasaba sus brillados
corazones.

Jack Farfán Cedrón

LIMA LA HORRIBLE
en una ciudad de pura mierda
en una gris cúpula donde el más servil
vale un puro pincho
gangrenado
en
una lima la hórrida
hedionda santa cachucha cabeza de burdel
con anticuchos de cerdo podrido del pulmón y la
bestia espiral maloliente
desde lejos
con sus maricas de guallaga con tetas uno ochenta y
la sorpresa para cuando
vuelvan a otro congénere
a voltearlo
una lima motómana autómata mierda otra vez sucia
frívola
los robots no responden no hablan trabajan ríen para
sus adentros con un sabor
hediondo sabor a dentífrico y lavanda plástica
que no asimilan los buses de gente cascando
palabras incompreNsibles
una lima donde la inquina poderosa
la diarrea en pequeñas bolitas de nafta
sirven a las narices

50

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

ya no tienen la suficiente capacidad
ni los cojones de convertirse
en real y pura santa mierda junta
para sobrevivir con el nombre bajo el izquierdo
sobaco
y la pelambre golpeada a cabezadas
antes de penetrar las puertas concisas y veloces
como un pedo
de los buses más viejos
este es el burdel metropolitano
el puente a “Tres metros sobre el cielo” cagado de tu
amor
en deceso
este el burdel del mundo
apenas a una vía alterna de la siniestra
que persigues
tan largo el tiempo
no
quiero por nada del hundido
ser
nada
o la hundida cabeza
responsorial
que busca sola
entre braceos
e incomprensibles datos pareando la corriente

Jack Farfán Cedrón

y el bello el elegido amigo que no bebe más que de
las ansias
que lo convierten
nada menos que en mísero designio
y fraternal
a cabezadas vuelvo
la estación
a brazadas durando lo que dura el acaso
ante la próxima estafa esputada sobre el asfalto

51

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

Por un líquido cáustico que brevemente dejo manar
desde la pesadilla a recorrer mi cabeza en pos de
agua imaginaria
Peor haber jugado al pulgar mientras el dedo más
gordo señala
La obturada ciudadela cardada por el estercolero de
sardinas posadas por manos indígenas
Hasta el regodeo de un río que insufle la aorta
principal de la Tierra
Por la que heridos esguinces
Y míticos reinos falaces de lo contrariado
Viran a la altura intermitente del destierro
Por los que moraré el camuflaje violento sérpico
De la salamandra de coral y amianto encadenado
A la viva sangre recorriendo mundos sumergidos

PARA UN ESTERCOLERO DE ENVOLTURAS

i
Dentro de lo ardido
Programa el desfasado linimento
Opúsculo delante
Presa de emanaciones desde asbestos suspendidos
Que aguardan la caída meteórica del miedo
Y el falaz volumen de fosas rugientes
Cohabita lo permitido a los desgarros
Al vilo tratan suavizantes hasta largadas
Extremidades simulando la altura farsante de un
actor esbelto
Insurgente a los precisos
Y cóncavos hasta estériles
Laberintos reptados subterráneamente por el agua
recorriéndolos
Inaugurados
Pero ya he basado los tratamientos estériles
Hacia incólumes despojos
Que los gritos arden y arden
Aun los labios resecos
Por una banda recorrida

52

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

Merecedor de cabezas compactas con las cuales
henchían a los grandes osos de mapuche
A golpe de combo resurrecto
Hasta que sangre y dientes de una calavera
manándole puedan al osezno
Estos berridos deleznables
Hipócritas
Hasta el desfalco decretado
Doblaban intermitentes deseos alturados
Por un alero del meteoro
Fúlgidamente cimbreando el cañón despertado de lo
certeramente avistado
Pero los cerros
Esas innobles presunciones cadavéricas
Flotando en paralelo con la geometría invisible de
los volúmenes flotados
Ledda hiende lenta
Suavemente
Hasta cerrar lo presuntuoso del desgarro
Porque las adoloridas vestales aditamentadas por el
guerrero zureando calabras
Abstiene sagazmente de endebles renunciamientos
De el todo por el todo permitido
Hasta la núbil forma del mundo
Que comprenden las contrariedades
Posiblemente únicas sucesoras

ii
La que podría ser mi princesa Inca
Cruentamente desfallecida por falaces y combados
Rincones en el ángulo mudo
Dentelladamente separados de la horma calada por
la arenga
De cal y canto
Barriendo falazmente las manos por fuertes
deleznablemente penumbrosos de chozas celestes
Que los errantes vivientes dictaminan
Por la aspereza gentil proseguida a desfalcos
Que los humanos podrían rodar en diabólicos suidos
Del año aguando la serpiente de agua
Y lo que de rastro queda
Si inclinadamente anduvimos
Por una especie de pasado aquí sabido
En el brillo de labios
A la mujer de grana elemento
La vil enjundiosa cacareadora del silbido feroz
A guerra con pomada de paño apenumbrado
Alabeada al estertor musical
Posible
Música de las afueras ignotas
De los cóncavos hasta ilusorios sonidos del maullido
decreto

53

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Del perdón resurrecto

Jack Farfán Cedrón

iii
Tascar lo insuflado en desagravio
Del efecto que tomas
Como por aire de élitros desrramados
De las mismas fuentes atajadas del níspero
De donde caes inocente inmaculado
Con la frente atada al pensamiento
Pregonando el mito que las alturas de un alarife del
ridículo adscribe
Así el morral fantasma atizado a fosas invernales
Por donde se aspira
Acremente
El deceso de los muertos resucitados
Abiertos a fisura longitudinal
Por la invernal escisión de la necropsia de gay
Sin más lineamiento ante la ruta escapista
Que pasar a mejor y helada fosa
Donde nada tiene que ver
Con obrar por la ruta vecina de lo cantado por falaz
pronunciamiento
Ni la garra a la cual te aferras
Aun latiente por los espasmos
Que efectúan los últimos estertores de tu amable
vida compuesta de reposo materia muerte
A las prelaciones indivisibles del sonido

54

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Que sulfura la frente amatista
Desgarradoramente alimentada por el vano de la
tuerta veloz
Cardando en el balcón de la calle Quinta Aurora
La bella conmoción de ángeles paridos del aceituno
Por el que muere lamiendo hasta un amanecer
reconocido
Por el baño de estrellas de grisú pobladas por
cenicienta elevación ventanal
A trifulcas
Del alcohólico decretado por guarra costumbre
haciéndole a la cabra expiatoria
Hasta serla amo de ciudades inermes
Donde el término oscurece hasta el fin primordial
La tarumba claroscura de un orquestal pragmático
Donde la sangre divina descree de los contrarios
enemigos
Que más envidian que se dejan perdonar
Y el rabo la traza de líquida hez les repta el
espiráculo doblemente aperturado por la inútil
aspereza de su único enemigo
Donde sol y tal el cielo de blanco más leve que el
peso
De la misma piedra que abandona
Merece una cortadora de cruz una bestezuela volátil
Esto es los reinos abandonados de seráficos señores

Jack Farfán Cedrón

Que ha desgarrado
El ostión que justamente han acosado los vecinos
De otros góticos milagros
Para que la gotosa y perra suerte surta efectista
deceso
Ante inermes emanaciones que el azufre nos manda
Desde reinos y huecos vecinos que un cosmorama
precede a la memoria maldita

55

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

El rastro de un caracol volatilizado por su huella
abandonada
Hasta recorrer ardiente [mente] las criptas que la
canción del oscuro ha soltado en ramos naranjas
Hasta el mismo cielo blandiendo espejos recorridos
Por el reflejo que ya reconoces proyectado en la
hidropausa desoída

iv
Sed intento incalculable
Ante la sed que el polvo de oportunidades
Desliza cual bestias predecesoras
Gente que desconoce a su atacante
El corazón el delator hombre solazado por deslices de
puertas entramadas por el milagro de recorrer
Las vías de la puerta contraria el jaculatorio
Máster Ludens
A la entrada crucial helando el estado rarificado
Del viajero con la cabeza estallante
Sobriamente hasta merecer el dilatado contratiempo
de la gente
Oteada por frentes bélicos
Y sombras difusas que en nombre de un insecto
maligno
Entra a tallar la rama espinada de la Mantis athea
Decreciendo su proyectada figura puesta en el sacro
Que la puerta calcula
Y lo otro pueda ser que vengamos a acaecer lo
contrario de lo supuestamente maliciado
Por lo oscuro que decreta lo ya proyectado
La idea o parte de ella como antípoda del punto
Del atómico resuello que deja

56

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

HEREDÓ LA SUMA ANHELANTE DE SUS
BRAZOS

Jack Farfán Cedrón

A las difusas intermitencias mortuoriamente
cubriendo zapatos deslustrados a los cuales cubre
una carpa delimitadora de conservas para abrir a
gatas
Que las calles pregonadas despuntan
Entre maullidos feraces después de la colisión
fatalista de la piedra que mata a los gatos en ratos de
ocio degenerativo tendiente al angular proceso de
trabazón cerebral
A lo cual uno se aferra podado de hiel
Y agonía
Vecinos del monstruoso allegar muro de lo
prefigurado
Tira hasta fleje
Ciegamente hasta el deslustre afonal de la cuerda
loca ataduras por delante en el niño todo un
¡demonio--demonio! al cual sibilinas lágrimas
derrumban
Si la risa puede taladrar al menoscabo de las
lágrimas que ni a hoyo amargurado han llegado
Todos los huecos cósmicos
Ante la comedia más perpetua en ciernes
Para que la duda no sea otra vez más
El despertar del resplandor
Ni el oscuro límite de castas constelaciones
imantadas por la mirada

La causa ciega la del placer personal inventa los
desacatos de las normas impuestas
Frente a los vicios merecedores de riesgos que
nombra el grajo oficiado violento
Elucubrador
La carne en pos del acto alevoso
Exculparse so pretexto de que las culpas desmerecen
Frente al nombre del horror
Esquinas cuéntanse con espinas encendidas por un
fósforo blanco pastoso pegoteado en el piso
Esquinas que se cuentan al impávido roce de ningún
deshacer violento de todo lo erigido en detrimento
de las culpas expurgadas
Cual la zurra más violentista acaecida por ingrávido
secretar lo válido agónico
Ante la no más que estultez
Ante lo no más que impávido comienzo
Y la duda insomne hasta el mismísimo reflejo
desesperado que sutilmente merman los actos
repulsivos mientras va pasando el reflejo incinerado
de la pálida duda carcomiendo visceralmente las
entrañas hasta poseer una especie de agónico
entreacto

57

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Tomando el astro que posa
En la mirada
La mirada de flujo y podredumbre interior
La mirada resurrecta ante la duda eterna y eterna
Para que el enemigo personificado asuma
Los restos de lo que borrado muere
Si el fracaso rubrica la estación tan sutil del porvenir
Que es el engaño
Que es el escaño saltado con un pie dado en el falso
de las certidumbres estacionando su antro de
insomne abandono
En el animal de las fieras costumbres secretas

Jack Farfán Cedrón

BLANCO ESTERTOR PRECEA A PELAMBRE
GATUNA
Pregonar hacia los aires el secreto a voces entrañado
Por las cuitas del alma que el cuerpo no perdona
Y si el intento por cegarlas
Más nos abisme
Tomaremos de las astas
Hasta que los reinos más oscuros de las mismas
Aspas veloces taraceadas en albo aperturar del
cortinaje
Y cerradas maneras
Enfrentarse
Por los castos actos a que el hombre se ve limitado
Por toda una vida de migas
Detalles a pajarillos se nos vuelan picoteando las
migas
Extraños momentos ante los cuales uno cree que no
Jamás no
Habrá de aletargarse
Hasta que la forma ilusa o ventanales inconscientes
Aperturen por una sagrada vez
El dominio secreto de los ojos mirando hacia atrás
El porvenir despabilando su explosión de hórridos
lamentos

58

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Y por lo que pueda tocar a ti que imantadamente
tocas tu parte y te vas ajeno a la otra persona

Jack Farfán Cedrón

LÁNGUIDA ADORMECE EL AGUA CAÍDA
EN LA METRÓPOLI
Los ojos de la ciudad llovida disparan la luz que
desconoces
Esa luz entremezclada a los puros actos retumbando
de claror
En los cirros
Y se posa agónico el frente
El repulsivo encontrón que la muerta figura santa
promete
Propendemos a berrear mientras sabemos bien que
el puro movimiento ha desistido de los actos
Y que la maníaca filosofal se apresta a reinos más
ruines que posa el extraño a quien se le va la cabeza
Por una dentellada
O bracear en remolino arenado movimiento
Así lo estólido aprestado está
A las carabelas del mal viaje o jet-lag
Lo bajo lo penumbra
Nunca más nada
Nunca más todo
Nunca más esto
Aquello
Hasta cruel

59

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Reflejado en la sombra resurrecta que nos mira
desde una perspectiva surreal
Al dentelleo mortífero de un diente lunar que no es
de lobo ni ente vampiresco únicamente arrugado del
asteroide ahí abajo
Sobre el cual posa
La blanda suposición del mar como la sabiduría
existen
O nombran a milenios de certeza
El sabio improbable aferrado a la fémina entrañada
En la espuma argenta de un océano doloroso
Sobre el cual poner los mitos
Y sobre el cual creeremos hastiados
Que la inercia de un sol bermejo no es más que la
grata apariencia
De que la luz
Para las intermitencias oscuras por las que el animal
salvaje de los ojos se ausculta invisible

LO
QUE
RESTA
CUENTAGOTAS

Jack Farfán Cedrón

DESCIENDE

Verterá sobre la edad inservible
Una filigrana carnal que el poseso
Disiente parir hexagonalmente
A los arilos veloces
Cal la ahumada boca del otro
Que se abre
Una loa invisible para discernimiento
De que la imagen vale por mil vicios
Y de que no desiste jamás tuerto que la desista

60

A

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

ODA A LA NEGRA MONA QUE SE DESVIVÍA
LAS CHULETAS POR DOS MANCHADOS
MANGUITOS

Jack Farfán Cedrón

Ni por los aullidos que a nada decretan el estallido
informe
Aquella bestialidad procreando aristas al medio
celular de tu innoble abandono
Y ni posar la guerra
Ni atarear apasionados el ronquido la trata de
negras
El invento más púlpito saliendo de todos menos uno
Los gemidos más falsos que la mona aunque se vista
de zorra

Para una substancia el aura velada por el rito
friolento
Y lunar
Que lo trajinado desmerece
Para las sombras y el descorrido velar
De un espejo tan azul cual demorado
Asolando tanto las manos apenas alcanzadas
Por una pregonera gritando las albas resurrectas de
los pueblos dormidos
Tal errar de cadenas que la suida marrana
gigantesca arrastra
Ante el alveolar decreto enmendado que la riada de
la bruja apestada con los pechos desparramados
ahoja en el ciclo barroco
De un balcón para solteras venteando la grieta
inservible a destajo
Mas lo permisible va de que la voz así usurpada así
palpada
Cálidamente en un berrido instantáneo del perro
más desgañitado
Por los ladridos que no se poseen

61

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

ANTE EL PIÉLAGO DECRECE

Jack Farfán Cedrón

Que sin embargo,
de los labriegos,
de largo la osamenta.
Precede.
Así unas horas, unos pocos puentes.
Predice.
Como hasta el morral cuenta contigo.
Y lo que cansa.
Y lo que pone.
Excomulga.
La tentación de las arengas,
por las que mantener silentes las ventanas,
mantiene,
la más cercana distancia,
a bordo de la cual asomarse no basta.
A la más indeclinable certeza.

1
Buscas respuestas donde sólo hay variables y
posibilidades.
Para la euritmia sempiterna caótica.
Donde la confusión gana reino al estropicio.
Anduve por el borroneado asfalto.
Alterando confusiones.
Y por lo que resta rebullente,
enarbolando el desquicio al rayar el alba subsumido,
una línea famélica.
Y resquicio,
En lo que venga atronar.
El fiel estropicio renunciado.
Lar hasta arengas si hinca nuncio apostólico la
duda.
Pero viras,
disientes bruma.
Es la rodeada aproximación que nada precia.
Alteridad la equívoca presencia.
No recalando su ciclo.
Hasta que malformaciones núbiles transgredan
excrecencias.
De lo que avienta su corriente ante la espiga.

62

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

2

Jack Farfán Cedrón

conviene doblar lo convenido.
Al velamen a zonas esparciendo,
do menguan sitios al pausante a ciclos revirado.
Para que fuentes ocluidas permanezcan,
mermando amanecidas.
Aforada vez si la impronta al filón desmoronando
se desliza,
por aquel albur a plenas dualidades dimitiendo la
zona,
en donde más columpie del blasón,
serenamente,
el devaneo al pausal delimitado,
por más que curta asomo,
cual plegado ante pareadas estatuillas,
si inmerso defiendes cuanto calas,
Ande o rezumada,
ladera proclive hasta los trinos,
o cabida pero ilesa componenda que a tu atracción
objetado brinda,
serena,
pero ciega,
inerme apaciguada,
fiesta virtual de Cícladas luces oferida.
Por el mal que el trabajo deslíe,
yerto ante el viento a la esencia.

Regresar a las fuentes primigenias en que la primera
apariencia alude a los desgarros.
Esa compresión idearia columbrando a los espíritus.
Virando decesos.
Al fuego traslapado,
falazmente a los vientos trucado.
Comprenderá entonces alguna granizada.
A su propia figura que el dolmen ya cura.
La popa en rosa de los vientos.
Para que así como que vuelves.
Y divinamente
Trasiegas apartado a tu figura.
Y deshagas inclemente la hiel a tu filósofo
De plena conmoción pincelando,
ése Paracelso donde no avienen por más.
Fosas plétoras al espacio aparente truncando.
A pocos tozuda,
anterior moción a la figura equidistante.
A bordo de los fuegos.
Dilatada.
Si no descuece topacios el llano mendigo en la
figura,
anterior si compete directriz, lumpen trasegado,
que por títere ante pausas alveolares,

63

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Por una palabra que el susurro en el redoble ha
resistido.
Tan como tal sereno.
La pausa del amor ha permitido.

Jack Farfán Cedrón

3
Lóbrega cierra un diente sepulcral su sólido baldío.
Donde aquel magma se cuece.
Acariciante,
plenamente despertado.
Pero quien trata de entablarle más de tres pies al
nicho maullado.
Querrá buscar no reconocido
El piélago reflejo.
Al ser anteponiendo el aproximado trino líquido.
Cual purga respuesta,
por la copiosa hasta veraz vocinglera de los
deshacimientos.
Tuve que pregonar arracimadas estaciones,
anclado al magno varadero,
que asiladas cuentas.
del más estólido.
Calar lo ya arado
que pueda repuntar lo olido.
Ante huestes que azulean,
a cálidas batientes,
como palmados y compuestos,
a la altura del pragmático,
a lo vaticinado,
que hasta campánula estalla.

64

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Poda ser un nicho necrológico,
férreo,
a los fosos esclareciendo tanteados,
ruindad aparte,
a la testamentaria a la plisada caverna de la lucidez
ofrecida.
Por los santos que a la beldad depone,
errado atestará,
aquí nuncio,
alto sitiado atarear hasta osamentas.
Declinado.

4
Ciudad,
Portal de espinas
Recorriendo las vías de lo desarrapado
Que permite
La sana conclusión esquizoide
Ante el piélago despertar inmemorial.

65

Jack Farfán Cedrón

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

5

7

Para cegar de un tajo todo lo olvidable
He acallado en la frente de una extraña pasión
reconocible
Al mirarme
Transfigurado hasta el espejo de mi agua
responsorial
Por la tarea varada a genésicos cantos discernible
He acallado sin formas
Si blandamente piensas
Si atraes tu pérfida persona
Hasta las ondas
Sumen a oración lo irrecordable

Ése era el mundo, con sus límites, sus diferencias, su
fanal y su faro, su ciudad.
Emprendieron la marcha entonces.
Al cinto, machetes, huellas laceradas en el cuerpo en
avanzada.
La ciudad entonces, enarboló sus banderas dentro
del mar; incluso, se aduce que las tribus extinguidas
no lo son hasta el retorno.
Blando, cual imprecaciones monstruosas que la
neurosis precede,
antes del suceso inexplicable,
luego de todo,
no tan significativo como sus posibles asunciones
fenoménicas, enlazando el ejercicio material de los
hechos contradictorios.
Era el mundo, con sus cruces, sus pasiones
inexplicables, sus procaces sufrimientos.
De la edad de oro el mundo,
del tráfico,
de las insignes manchas que los muertos dejan para
posteridad de inadaptados vivos henchidos en las
plazas,
con el esmalte pasado sobre la cadaverina distancia,

66

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

entre fricción y fricción de sus fobias infrahumanas
desvanecidas al tocar con la nariz la lágrima, que
nombra.
Dolores más, dolores menos.
Por una pluma diferencia regada en el traspatio y la
puerta.

Jack Farfán Cedrón

8
Para que estallen las estaciones que guardabas
Entre lágrimas que mi pesado cuerpo abandona
entre tus hombros
Fue necesario
Débil
Escanciar unas copas de vino
Y desglosar la distancia de cartas
Y obleas donde las más miserables contradicciones
se dan cita
Como las hondas palabras haciendo de las gentes
firmas simples en los anaqueles fantasmas de casas
derruidas
Para que estallen tus hondos silencios y la amargura
inexplicable en los ojos que revelan
La sangre interior que no cesa
He declarado la guerra a llama vacía de los sentidos
Que nada
Ni los más fríos pensamientos desgranan
Otra será la ramificada consciencia
Otra la miel agonía
Si de pronto despiertas
Al caer los dos en la cuenta mortal
Equilibrando puentes en posición vertical
Y la flor que guardas

El mundo asomado al cubículo cero de distancia de
un huevo más que atrapa el alma entre sus redes de
humo,
a la distancia.

67

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Y el rencor que asomas
No bastan
Amarga mía lacerada por cuevas aterradoras de
gentes materiales
Donde yo nado a contracorriente
Y donde todo ello desvanece la conciencia
Y los datos perdidos de un cuerpo aceptado
Respondiendo en llamaradas por todos los aullidos
de un cuerpo encendido por su llama que no vuelve

Jack Farfán Cedrón

VISIONES ATERRADORAS FRENTE A LA
PECERA DEL INSOMNIO
Una luz blanca filtrándose por la cortina permaneció
algunos segundos imperecederos.
Hasta que el tacto o siquiera la intención de saberse
palpando la memoria cárdena de lo que por
intencionado que parezca,
más ya ni desiste.
En mi cabeza, en toda mi locura,
habían muchas revelaciones.
Alguien se iba a ahorcar. Alguien que topó con su
miedo bandido al verdadero culpable obsequioso de
algunas ideas y pesquisas cerrando sobre el
planisferio heredado a cortaplumas encima de la
guerra de tierras baldías.
Hubo de amanecer tan gris,
tan pálido, tan sido.
Cual la misma furia antecedida a los álgidos desfases
que la lunar intención había validado como
obsequiosas mitomanías hasta el sepulcro de una
mente a toda máquina.
Colegidas por la descarada noria que a todos instiga
a preformarnos.
Había antecedido el negro vómito de luz sepulcral
en la locura.

68

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Había desgarrado al primer y viviente fantasma a
descerrajadas y destazaduras que el hachazo final es
el único,
mítico en conseguir,
mientras dure la toz de lo posible.
Luego tenía una revelación.
O el tentado fue a deparar los imposibles aletazos de
la gallina mitad pata de mujer dormida que
fluidamente secretea con su charco despótico de
alcohol
ascendente en las ruinas.
Una última cosa, no cuentes a nadie más estas
revelaciones.
Que el olvido las sepulte y las desmienta.
Le dijo el alarife y mentor de todas las alucinaciones
posibles.
Que aplaude al sentirlo como brujo.
Aquí frente.
Aquí dudando de las guerras comerciadas a la suerte
de los precios herederos de infaustos exterminios.
La frente de la piedra que entra por donde desluce el
primer rodeo a la progresión circular de pálidos
frentes a lo que se ha arrinconado la amargura aquí
clavada,
daga de piedra aherrojada en el gaznate.
Y la luz desliendo al desconocer el corrillo,

Jack Farfán Cedrón

el tascar de blandos martillos maleables al azogue
sepulcral de algunos días que la máquina jamás
consigue perecer.
Si las luces que aproximan tentadoras las ánimas en
degradé.
Blanca luz de mis aspiraciones.
Que por blasón nadie cambia.
Ni enfrenta ante las guerras de míticos esguinces
victoriosos.
Por los que se permite empoderarnos,
para que nada de lo imaginado trate o propenda
emerger del acto mismo de imaginar imposibles.
Tu paso por este sólido comercio te había tendido
las redes emocionadas de lo que apenas entre las
narices congestionadas inserta una débil capa de lo
que por cierto se presenta.
Ante el eclipse de plenos movimientos enarbolando
el poderío mental,
por obsesión desmintiendo todo lo tocado.
Que no sea sucumbir a la locura,
Que no sea explayar supuestos hasta una lírica del
desgarro, hasta un desfasado alentar ideas lascivas,
miradas risibles y frasecillas o monólogos
desternillantes de gentes tan simples que me caigo
con todo y petacas enrojecidas de la pléyade en que

69

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

consisten las ordenanzas católicas hasta construir un
fuerte inderrocable
donde me valen una tripa de las suerteras,
las imposibilidades aviesas,
las inútiles comparecencias ante el juicioso desacato
hasta las cloacas encendidas de lo ya fenecido,
de lo ya inservible recuerdo.
Ya que quienes se hacen llamar cuerdos sufrirán tu
partida
A esa comarca donde las aflicciones más ya no
aspiran.
No ha de ser el recuerdo
Al miedo o siquiera su imperceptible hálito lo que te
arrincone
Viejo guiñapo.
Por si acaso no dejes de tomar tu medicina,
leed los Salmos todos los días.
Y la asistencia a la pálida emoción encadenada
A la Grandmá que la gracia y alma en pena;
me deje su espíritu
y se lleve su pena
hasta que sucumba.
Hasta que la muerte misma me tienda su redada de
uñas invisibles,
y las zarpas despierten el pálido comienzo.

Jack Farfán Cedrón

OTRA VANA PARADOJA
Quien imaginó un mundo cordial fue baleado por
un hombre violento.
Quien a su Santidad San Juan Pablo II trató de
aniquilar mereció el perdón tras los barrotes.
Los gobernantes afamados por salir ilesos de las
leyes vuelven a reelecciones pasadas por la ruin
ventura del olvido público,
del álgido memorial de tristes masas hambrientas de
salvador democrático.
Instan los niños como cabos de puchos.
A los adultos,
dejar el hábito de fumadores con mosquitos que
sirven para liar un porro en un banco del parque.
El huayco sirve para donar miradas y tactos tardíos
junto a los damnificados de olvido.
Ramalazos traslapados vigías de la próxima crecida.
Algún oscuro viaje a los fondos de la tanteada
paradoja.
Los cristos del heredado sacrificio abrazan a sus
enemigos en nombre de alguna tara o estigma de
que ya se viven agónicos tiempos.
Quienes vencen.
Predicadores.
Cualquier insolación.

70

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Temporal.
O portazo en el alma.
Sin rendirse.
Al menos otra piel lozana irradian.
Será que el quicio o la sorpresa nos muerden la cola.
Será que la encrucijada de dos cabezas se fagocita.
Infinidad de señales.
Si la vasija que contiene al cabo de vela ya no
quema.
Sobrepasar los límites mayores venga en gana.
Lo mío.
Lo tuyo.
El sutil abandono corporal compendiando las
intermitencias celestes de la muerte más saltarina
que pollo degollado en Jueves Santo.
Y a la firma que disuelve el contrato de náufrago.
A quien se le revocó la sed de espera.
Cura para él fue encontrar sus reliquias personales.
Porque antes de barbudo y harapiento.
Su oficio de doctor Amor le valió esa isla
recompensa.
Cual lo obtenido por buen zamarro.

Jack Farfán Cedrón

RUEDAPIEDRAS
Sigo la furia responsable del claror desértico
Sobre terrazas flotantes que la lenta memoria
programa ahilar
Plántulas Cannabis
Y heredaré el rojo punto la cama Amapola de
ventanas sepulcrales
A la mítica transformación del hombre en mono
flotante
Una inyección de cara al filón tornasol que infinito
reclama
En la impura línea púrpura cabalgada hasta la
atrocidad permanente
Que levanta la membrana irreal del líder de la banda
de agua
Como el deseo que crece
Será una arenga para Cerati
El iluso comienzo de las aproximaciones
El meridiano de la forma que al espejo embarrado
de bosta se remite
La forma que masas hambrientas de su propia
ansiedad
Paralelamente
Reclaman como el pan de piedra transformado

71

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Cual la voz en Stereo de la dimensión estallada
alrededor del rito funerario
Que va
Tigre en la sombra
Contra los sonidos caimanes a berridos ladrados por
insomnio
Hasta las babas relapsas de una vil agonía
Al tiempo delectado por carca o Gólem de barro
Al que aludía como era en un desquicio
Por los litros de los litros de ron barato ingeridos
Amamantados desde la plaza a la cabaña en
Guitarrero
Donde armas hambrientas cobraron el fluido
sangriento
De miles de hombres aforándose las venas cerradas
Esa inexplicable búsqueda
Que les valió la entrada a un callejón sin salida
Donde el vigía Sampedro obraba sus raíles
despóticos
Hasta reventar piedras hendiendo la cárcava ilesa de
los templos
Inaugurados por un Pietro de lo desalmado
Que lloró la presencia de un cambio de piel flotada en
la neblina del canto
Y se iban los otros minando el verde brebaje a sus
gaznates resecos y la renegrida bruma del mentido

Jack Farfán Cedrón

Por la vida que soñó las veces que la ciega locura
obra
Lúcidamente hasta levantar el polvo de miles de
gigantescos caballos pateando las montañas
coloradas en el sueño numerado de las
aproximaciones
A cuidar del remanente de gigantón que erigía su
desatinado destino
Lo erigía
Mientras el sol era diezmo era pepa de cochinilla
pintando al diestro guerrero de la melena
desgreñada
Que obraría con la espina dorsal de la penca
El hollar plausible de sus venas puercamente
cimentadas de ron
Tabaco
Y cieno psicotrópico
Al arder en la bruma de la musa palidecida al filo de
la hoguera
Un salto al bosquejo reído por unos pétreos
viandantes
Representando el logrado complejo del pedrero de
cola
Hasta el tronco rodando en una terca salvación de
dos cuerpos librando una dura batalla por la cuesta

72

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Donde los ofrecidos y míticos eucaliptos llamaban a
sus seres
Espectrales
Al río que era una sierpe de oro esa arenga matinal y
oro infinito
Tendida al valle donde la normalidad crecía como
pólvora de flores de retama
Y el cuerpo aún podía incorporarse haciéndose al
día siguiente
Como a sus harapos desvelados que procrearon
Al genio del próximo destino

Jack Farfán Cedrón

CORRIÓ CON EL CORAZÓN
A Inés Melchor, cercada por su fragilidad, que me venció

Esa mañana candente corría con el corazón.
Alejado del cuerpo, este atadillo de sorpresas
reminiscentes que sólo la memoria viva y chorreante
se inventa,
desliendo la blanca luz de los lagos helados.
Éste corazón paralelo a geografías, a lugares
desprotegidos, a verdes conmociones llevadas de la
mano de una campana de oreja,
de un cencerro de cola
y un pastel que la vida endulzada nos aletarga,
silentes,
a poseer el vagido, el invento estentóreo de jaurías
eclipsadas hasta el confín gigante de sus patas
alargando el mundo contraído.
A trillones de galaxias, a vasijas planas,

73

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

como quien recibe la brillante pesadumbre de una
esfera redondeando la superficie hídrica en las
palmas recogida,
en el centro de una corriente renovada con los
silentes fluidos cósmicos de un Heráclito
resurgimiento,
mientras atrapa el pez más vivo sus ondas
incontrastables
en pos del efecto moviente atravesado sólo,
únicamente,
a zancadas,
por la plena velocidad alcanzada por los corredores
de lo hondo,
que con el corazón en las manos
y los dos soles negros por ojos
lideran la flecha trascendente de la dirección de los
logros puestos en pista;
por una herradura roja liderados,
la del corazón en picada rompiente,
cual accesos latiendo entre montañas de chispas
y cálidas metas que son tocadas por avizorantes
hurras de las gentes que los recorren y los reconocen
en las pistas,
con los ojos revelados,
chisporroteantes,
hasta volverlos parte de sus metas,

Jack Farfán Cedrón

de sus sueños,
allá en esos ecos acogedores,
rojos,
a sístoles y diástoles
todavía disparando
desde sus cuerpos entusiastas,
un sueño de oro en los ignotos corazones.
Las ilusiones de los atletas que soñadas
antes de acaecer en la realidad,
cumplen la hospiciosa meta de voltear el sol de su
cintura,
hasta tocar el nadir mismo de la plenitud
de espadas sangrantes aquí dentro,
que de los sueños a las metas alcanzadas parte.
Y es que toda velocidad se bifurca desde los móviles
secretos,
o los cuerpos que de ella parten,
para así eternizarla en los confines de la médula
y pista
de lo que viniendo porque lo perseguimos,
finalmente
¡viene!
hasta gastarle la dirección que del viento a las
flechas consigue

74

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

y redirige por acto contagiante
en todos los hombres de la tierra levantando al
cadáver,
en un sólo parpadeo sincronizado con el saliente
foco del sol
hasta la cintura del maquinador de fondo,
batiendo las cucharas del banquete negado
del que tan sólo toman una millonésima parte,
la suficiente de esta red argentada de exilios
y formidables apariciones
a la sed de las estrellas debidos.

Jack Farfán Cedrón

declinando el cuerpo,
hacia oscuras cañadas sin retorno.
Abril 14, 2013

Un chasqui peruano revelado entre los caminos que
fungen los incansables viajeros
de eternidades que el nombre alado de legiones
amarillas posee
sobre los guijarros,
llevados por el agua de los ríos selváticos
y las cuencas de Marte arrancando de los mismos
pensamientos,
durante esa búsqueda inexplicable por plañir las
puestas de corazón,
diseminándose por las rutas levemente abrillantadas
por pasos
persiguiendo,
a enormes zancadas,

75

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

APUNTES BÁRBAROS

Jack Farfán Cedrón

aclarada en los oficios de ser quien repite la innoble
apariencia de lo que azoga el invento rutilado en la
escena próxima al galope furtivo.
De las perlas.
No bastan inquiridas por la otrora que alguna
trifulca ennoblezca.
Si estos designados avanzan a zancadas repitiendo
sus huestes fantasmas venidas desde otra innoble
maravilla que el pesar dobla hasta imperceptibles
parpadeos que la impudicia o desmemoria blandan
Hasta el socorro o la denigración de la fatalidad
elucubrada como exilio.
Por mí que traiciones nobles realidades.
Por mí que se eleve, se coacte, se estupre, se
dimensione.
El mundo en que estás que compete a los hemiciclos
que la razón elucubra hasta la forma.
El puro elemento traza que químicamente ladeado.
Estrella la nebulosa de todo origen estrellado.
Hasta saber nunca por una oligarca paridad
entumecida a lo ardid asfaltado que la rueda del
coche trasunta hasta chispa de barro.
Logro polvoroso que la misma dualidad asumirá
como sepulturero contumaz asonando el errar
posible de los esguinces del alma.

El claror irisando la aureola no basta.
Negad la apariencia para ver desde adentro.
La inútil realidad que desiste de nuestros sueños
desvelados.
Sumergirse en el charco podrido, asimilarse en las
perlas decrépitas de un pueblo de olvido.
Segregará el oficio de diatribas calladas una segura
pero serena certeza descollante a los confines.
Que eleven a desmán lo ya evitable por razones
eclécticas de lo prefigurado por nadie asomado a la
ventana de intentos totalmente fundida con todos
los soles del mundo.
A ver si hallas en el rasgueo del cello, en el arte de
rezongar a trompetadas que el blues de la esquina
dimensiona en los más escuálidos perros repitiendo
la poesía azul de los confines.
Para obrar has de nacer, ni tonto que desmerezcas,
la lucha perseguida de la gran cola prehistórica del
animal que has sido desde antes de la procreación
mental de tus duplicadores incesantes.
Bastará que el ruego bestial en las cenizas aluda una
especie de escarceo elemental arrogado a quienes
desmientan el disonante pasivo por aquellas masas
libertinas encandilando unánime pesadumbre

76

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Por lo que a toda máquina traiciona el puro
corolario de las sombras.

Jack Farfán Cedrón

ESCENA DE JUEGO
Para Cristina y Kevin, un sueño que escuché desvanecerse en la memoria

Durante las horas de la siesta
apago mis extremidades cansadas
para ponerme a jugar con mis dos sobrinos
separados;
pero los juego de muy lejos.
En realidad, únicamente los veo jugar
mientras la nostalgia de blandos caballos de hule
se apodera de mi mente en descanso.
Los veo tan jugados que no les hace falta un vaso de
fruta,
un Sahara de suerte rociada en el gaznate agitado
por las carreras consistentes en atraparse,
danzantes,
en sus corazones,
contentos,
jugando para que nada transcurra tan largo.

77

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Cristina juega en el piso bajo a las escondidas
con su hermano mayor;
éste se deja atrapar por su hermanita,
por dos siestas seguidas en que los desvanezco,
felices por algunos minutos reposados.

Jack Farfán Cedrón

porque ella deberá aturdirse en sus planas
con su madre que la hostiga
para alcanzar un puesto en la adultez
y no dejar de reírse a las escondidas con su hermano
mayor
que más ya no está con ella,
pero que juega cada tarde a que él se deja atrapar,
mientras dure el lapso de mi siesta,
donde otra vez ríen juntos
para mí tan juntos,
hasta que el sueño acaba
y también el juego,
y la siesta termina de enredarse en la nostalgia
de los seres yendo de distancia,
quedos de presencia,
en aquel juego.

En tanto mi vida transcurre por las tibias tardes
a lo largo de lo cual ocurre algo extraño
con los ojos volviendo a cerrarse.
Y la quimera dice:
―El juego acabó, Cristina‖,
y ambos se vuelven a desacostumbrar a estar bien,
como antes en casa,
antes en casa,
atrapando rincones secretos,
ávidamente escondiendo los días
perseguidos aguando la contienda familiar
y la gallina con aretes no deja de cloquear,
turuleca,
en tanto sus alas se bañan de ceniza
al fondo de la casa que todavía los junta de sombra
al menos.

Abordando las escalas de la espera,
donde cada cuerpo vale su espacio reflexivo
ausentando el dormido presente
que los crea para ser extrañados,
mientras permanecen persiguiéndose
en esa sublimidad del juego que aleja a las personas
más vivas
hasta donde están,
inmemoriales,

Porque el hermano mayor tiene que atender algunos
trabajos de la universidad,

78

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

latiendo el juego que los junta,
otra vez.

Jack Farfán Cedrón

EL ALIENTO FÉTIDO DE LOS MUERTOS
A los que se atribuyen que Dios les perdona sus
deudas, su credo los maldice.
Vayan a creer, fantasmas, en la vida dilapidada por
seña y santo de un despojo, que hurgan cada
instante para que el telón de fondo suba y descubra
los secretos inermes de la muerte.
Asciende, como un esqueleto de arreglo floral chino,
vaciado de su funérea seriedad, ahora adosada del
manto kitsch que revelan instancias mundanas.
Haber perseguido el coro, el gasto superfluo de
energía que eleva la distancia por escalar, al trote,
entre tanta irreverencia junta achacándole a la
ceguera esto que contra la voluntad mana guarecerse
en la idea más ofuscada defendida hasta entierros de
viejas amistades con el tributo amical ausente de la
peor basura que se hiciera llamar amigo.
Y lo que pende, recrudece, está en llamas por la
corriente devuelta desde el aire o el soplido
acariciado de las fosas que reclaman la ruta vestal de
gentíos en hambruna
bendecidos por el ir inacabable hacia el avernario al
que no se nos antojó reclamarnos nacidos.
Estaríamos aquí, ofreceríamos el lunar calmado
paciendo la distancia,

79

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

ante fuertes derruyendo la cuota cineraria del
plantón supurante en el taco virando a la comarca
irredenta
donde ―el aliento fétido de los muertos‖ inscribe su
redada en la atmósfera que pierde,
y se estila que el flujo vital es aparente,
que lodazales aceptados transcriben incólume senda
por la cual habremos de parirnos en baldada
compañía
que el ser proclive colige
hasta aguardar su plantilla esclarecedora a enormes
intentos,
seguramente los vahos galopantes que preceden
una idea espacial del porqué a los sueños se los
aprende a encauzar en un erial violento,
donde las demás sombras fungen,
espectrales,
sumidas variaciones que el sepulcro nos conmina,
distantes,
por esa sola presunción devolviendo a los reflejos.
Aquel demorado muñeco de cera en que clavar las
agujas envenenadas parea la distancia
y se centra
ingrávidamente
promoviendo la sombra espacial de los extintos.

Jack Farfán Cedrón

LA PALABRA A LOA TRAVIESA DESIGNADA
La palabra me designa mientras lee la pupila
transcurrida en tus ojos; me descree de alguna feria
fantasmal con rueda verde y neón desarmándome el
viaje carnal que destapa mi aura silente, de sábana
tarda, de lirón de fondo.
Me echa en careta lo poco actor que he sido respecto
de mis tonterías por las que he pasado de largo un
saludo, un precioso e irrepetible signo de amistad
que necesitaba de mi compañía.
Recriminado estoy en este rayo a mansalva; aquí,
culpable, proferido por un suplantador que va
difamándome conforme yo más lo aprecio.
Esa cadena musical por la que he elegido
subscribirme, no aletea más alas que las del
estómago cerrado.
Y creo en lo que no desiste, en la frase hindú de un
monje decrépito que no dice: ―estoy cansado‖, sino:
―todavía no he vencido‖.
Ver en la forma que aterriza estratificados destellos
cundiendo una pararrealidad a la que no deponemos
ni aliento, por esa singular afonía que nos seduce a
mirar desde ese lado encharcado, y a un solo rabillo
del ojo sumergido, el arco iris del revelado que por
fin desiste de volver y quedarse en el mismo paraíso

80

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

a través del cual, ni una de las veces, respira un ogro
arruinando los prados y las higueras inservibles
sobre verde.
La palabra me toca, me devuelve las opacidades y
disquisiciones por las que perdí enemigos, lo más
pesado que sepa apreciar en las postrimerías de una
loca juventud que veo en cada muchacha y mancebo
que recién entre a través del cuadro de media
mañana y taza de la cual acogerse para beber el café
Van Gogh, depara renacerse por un acto de
contrición más que por un acoso reflejo, de todas
nuestras niñas interiores.
A lo que voy, con mi Yo, pasadas las horas de la
soga, a descubrirme en un espantoso relato de un
muchacho que no descubrió al interior del espejo su
bello reflejo, sino su oculto relato de héroe a campo
atravesado; pues él, como todos, no se atrevió o no
quiso ver que habían otras ventanas llamándolo con
la voz de Madre, lo increpaban con la honda
preocupación de la hermana que lo aprecia, que las
calles supuraban destazamientos.
Pero henos, aquí, muchacho, torpe doble que no
curtirás por más que haya pasado el espectro
fantasmal del terror, y todo lo advertido haya
cobrado resquemores de crónico miedo.

Jack Farfán Cedrón

Y la experiencia no cifra menos de lo que en verdad
podría ocurrir sin escándalo alguno, como todas las
cosas intensas que no se sienten cual cimitarra que
decapita al resto del cuerpo que aguantará toda la
carroña agusanada que su propio detritus cadaverino
le depare.
Y por si la suerte otra vez ose desacompañarme,
abriré un estío más, aunque ahumado.
Encandilar deberé otras tierras poco holladas por
helada, llovizna o tormenta de arena, tras esa sosa
pero significativa búsqueda inexplicable por la cual
uno se cierra donde otros cactus florecen lo imberbe.
Tierra de la cual se enorgullecen los que todavía no
han enterrado todo el pico; y cantan, cantan
mientras la danza del descendido que elige, todavía
no vence, hasta retornar otra vez al mismo charco
lacrimoso.
¡Hasta la última vez!

81

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

y no pone un aleluya sobre el mesón de fieras que
bebe,
muy solo,
durante la fase exterminada de un hogar de pollitos
muy sedientos,
cogidos de su prenda de padre cada uno,
esperándolo mientras pican con una aguja la talega
con dulces,
que rompe Madre en añicos de sal y de abandono,
en tanto cose ya sin verdes esmeraldas para la luz
crepuscular que le destina;
qué sabes tú, una saya, un tunante dictando cursos a
técnicos agrícolas en algún bosque neblinoso,
si el reloj superpone manecillas a los tabuados de
corazón y de leche,
que,
fría,
sola,
acaricia unos bigotes pueriles de un Crismín que no
ve la hora de acabar con el plato de arroz,
en donde nacen las sobras de otra porción al aire
vergonzante,
ese lugar de los pequeños castigados que Padre
mandaba a reírse a un rincón, por malcriados;
dónde más no estarás, padre mío,
andando una peña ya agrimensurada,

MI PADRE
Jesús, buen padre, acércate en la mañana vespertina,
a través de la cerca nocturna y el manto negro que,
estrellas floridas ahí hasta la cumbre,
depone sincronía.
Lloraré mi castigo,
por imaginario que me truene en las sienes,
mereceré mis tormentos cada vez que equiparo un
día como muchos, portándome como un canalla,
y que nada ni a nadie tengo que quejarme,
porque el gusano es destino de su propio hombre
bizarro,
y no hay más qué decir respecto de las culpas,
ya que así lo designan las Sagradas Escrituras
y así lo tendremos que poner sobre la mesa de
noche,
avistando,
entre murmullos,
un juego floral que en vaivén se aleja o merece
guardarse aquí adentro,
cual la vista muy extrema o regalada de imagen y
talle,
por decir, de un padre que viaja mucho

82

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

avistando el espino milenario de veranos floridos en
Huaquillas, de esta parte de la ―tierra del rayo‖,
que perfuman con su copa alfombrada,
en sonido supersónico, autos, buses y camiones
que te daban una jaladita al silbido estival de la
fresca,
¡OH, Padre florido en la tumba de la ausencia que
elegiste!

Jack Farfán Cedrón

LA CIUDAD
La ciudad se vislumbra como un desagradecido
hospicio de rateros prostitutas psicópatas enfermos
mentales mendigos desgranando bajeles angustiosos
La ciudad con su inquina más dulce que una retama
desangrándome dentro
Como una puerca flor de retama violada condenada
por el terror a mansalva
La ciudad se repliega ante huestes barbadas
galopando en el miedo termal de la tierra del rayo
Ese cuartel de cobardes que murieron espantados
por las bestias cuadrúpedas
A los que hoy se desdice hombres intactos
Y no por la decisión inmutable azotando todas las
fuerzas malignas
Ésa rutina fantasmal que a veces te mira
Te sonríe con cierta desconfianza de ciudad
malhechora de fantoches con orden para azotar y
bailar alrededor del fuego y las llantas
La mísera ciudad cagada por la pereza y el
descontento
Y a veces volteando con gentes opacas pequeñas
desgraciadas
Como ateos que no existen
Uno lo sabe si no imita por acto reflejo

83

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Parándote en la esquina más próxima a escarmenar
Una luna en el agua
La ciudad sin detentar el horror que desvencijado
desde un principio humano
Al hado más cercano envidia
Próximo a revertir en desgracia personal
No caza plenarios fantasmales
Por cuya hecatombe se saben ensopados
Por una interior presencia
Los revierte lepra
Si hay algo menos que merecen
Procaz hundimiento
Todo lo que excrementicios redobles de gentuzas
sois
La perra ciudad que ha limitado
El serpear conminado a las huestes
La horca
El bruto incinerado
Calando en la bestia partida en dos
Por el lomo peinando cuerpos y sus huestes
Por sobrados caminos de piedra
Donde el chirriar de un ave maligna nos procrea
Apenas el sentido irreal de sadismo
Suscrito a las aves negros huanchacos de mierda
burlada como sus habitantes que ello buscaron
Danzando hormas clavadas

Jack Farfán Cedrón

Durando sentido
Y normas augurales por verter en lo que consta
Esa rarificada niebla adelantando su presencia
Viral
Delicuescente
Por un ramo vergeleándose amargado
Alrededor de las mesas humildes
Friegan trifulca moteado andar
Por el horno convidado a las presencias
A la ciudad otra vez
‗Quella inquina
Envidiosa
Poquita cosa
Ciudad de gente sin sentido
Inerme ha volcado su dureza aclarada
Su loable sentencia
Por donde me parto o te parto
El mismo hastío que te arde el verde hospicio
pintado de un caldo verde
Ciudad enclaustrada en los meados amodorrados
Y volcánicos
De la justa maldición buscada entre esófagos
podridos
De envidia
Me niego a crucificar
Otra vez

84

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

La ciudad
La envidia frecuente donde repiten sus cenizas
Volcanes ociosos de la tierra que descansa
Durada por lo que transcurre una láctea florida
Forzado por las cabezas difuntas de gentiles
quemando
A los réprobos que trajinados son por una media
tierra incinerada
Allá donde la sombra marina de una bestia gris
sobreviene
Y el monstruo de ser uno mismo
A nadie más le pertenece

Jack Farfán Cedrón

PLACEMIA
I
Hacia huestes purpurinas
Donde nadie se respira
Yace el siguiente ahogado
Que reclamaba ante todos los hospicios gritados
La continuidad de sus alucinaciones predictas
A una comunión orgasmada
Por el núbil silente de hinojos en la rama del chaco
Reclama en ese instantáneo demorado
Mientras tengamos una sola vida para esperar la
suficiencia
No esperada en el impaciente que de ese mal
Hasta saberse solo
Padece
El holocausto de pálidas excumuniones
Valiendo por la hiena
O su predicha verdad velando presa contraria
Compendiando fuego despistado por el dedo
Recuzador del miedo aparente subvertido en lo que
A suerte de repetirlo sucede

85

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

II

Jack Farfán Cedrón

La palanca tendiente a crucificar zonas malignas
En pos de una cabaña inmediata
Hacia las furias cercenadas del cuajo biliar
Donde irascibles decapitadas sueñan por los
insomnes barriendo con todas las cabezas capitales
No serán de este reino
Ni creer que lo pesquemos
Hasta que la viva orquídea merezca el pleno
renunciamiento
Hasta sombras expurgadas
Que no remecen la impunidad despótica de
recurrentes delictivos
Asilándose en la forma resguardando pétreas
cabezas
A morar asilados en el reino del solo
Siendo a la vez una nada
Un regodeo chascando los dedos
Entre uno que otro parpadeante
Que ha parido la bandada de ángeles murciélagos
Ellos detestan el efecto Placemia a una forma
sangrienta
Anémica heredando sus raíces
Del franco pesimismo
Denigrando por alabeo osario o destripados feraces
La sombra entrevista

Ante la fosca imprecación atracando heredades
desaguadas
Vence una membrana pútridamente colada por la
tragadera
De la ciudad eviscerando pescados desde un lecho
de periódicos muertos
Donde nace la grandeza en un moviente feto
reptado hasta
Esa civilización dieciochezca remeciendo la cuenta
borrada
Será insulso pendido de una angurria por demás
sagrada
El holocausto en que se sodomizan los chismosos y
maledicentes
Amparados por los fuertes de un templo que
atribuye la culpa su panacea cristiana
Y en verdad lo que con el mazo daban era su ethos
que no podía trocarse con una miga del verdadero
dar
Que alivia las huestes hambrientas y codiciosas
Que siempre han caracterizado a los plantados
Por despojo siquiera de tropiezo alguno
Que se sabe
O sabrá Dios si es el taco

86

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

La firma voraz que al vuelo serpean los actos
denigrados
En aclarada posesión cavernaria
Subterránea
Por donde corre
Por donde correrá el hado infrecuente desliendo las
luces del exilio

Jack Farfán Cedrón

III
Arrojada la curda oscurantista que aguar merece la
suerte intentada del exceso
Alcanzado es el reino mísero hasta desmoronar toda
la piel gangrenada
Y en la pena solaz de los temerosos
Barre el pitido infernal detentado por el abrigo
De un averno floreciendo abscisas oscuras cuanto
venga
La suerte otra vez
Supurando sal abyecta al ramear cáncer inevitable
Una poción social que con sólo una gota para la
cepa exclusivista
Dándose mal por bien como merece al comedido
samaritano
Que recibirá el ciento por ciento
Pero al revés
De lo que merece por blando
En las reinantes verbenas de lata y sobriedad
Disolutos merman cantos de ahogadas meretrices
Llamando a la última forma
Su color obsesivo
Disuelva en dar un llano delicuescente de lo cáustico
rebullendo entre sombras

87

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Y al doblar la espuria gota que al vaso de gula
rebalsado
Asistiremos al intento resguardado que al usufructo
de erogarle un clon para cada mediocre ha parido el
desigual
E informe entretenido por la sobriedad colocada en
el sentido
Que para ti resguardará la piel
Los ojos vueltos atrás
Mismo hito sangrante
Vuelto a tregua de islote por su costra asesina
Holoturia sifilítica
Silente
Donde cabe el mito supurando designios
De la sabia mar
Que serena estará luego de haber vaciado reinos
furiosos
Frente a la locura llamándote
No importándole después
Vararte en las arenas del naufragio
Que dará seguramente la sangre en reposo por
cuidar
No sea desposa que los amagues entre cueros y
cuerpos totalmente rígidos por un teje y maneje
sado-masoquista

Jack Farfán Cedrón

Se enerven a lo ardido de reposados
desplazamientos
En la metrópoli
Que reclama el tercer sexo de esas inmundicias
enfermas
Andróginas
Con cartel entre los brazos tatuados y rosas de su
manía aberrante que ellos llaman ―tercer sexo‖
Que no salvarán más que a su abusado y pueril
comienzo
Porque nada teme tanto que el caído en débiles
sustentaciones
Apropiándoseles el canto del loro
Las formas delicuescentes
Borrarnos debemos con la niebla
Y el smog
Del eretismo sagrado conducente a una afonía por
ningunearse entre planas muchedumbres ahogando
la necia verba del adiós secular
Bajo los puentes de la masacre
Que daremos por seguro y descontado si a lo largo y
ancho de este mundo ofician
Los llanos gendarmes heráldicamente recurrentes
A la Santa Muerte que es déspota con todos

88

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

La demócrata Santa Muerte que se lleva con todo y
clavos a un calvo como a un tratante de negras
abisinias
Así como en la ciudad cloacal de vísceras y puertas
con sensores y jacuzzis repletos de víctimas que no
han dado en debutar más que por lo que llenan de su
sangre y menudos órganos abiertos para pizza
Y la carne reposada abrirá las venas de una sanción
crepuscular rendida a una franja
Reza por dentro
La paciencia en blanco
El reino despotricado que sugiere calar a más
reponer
La crasa consciencia elongando muchedumbres
asomadas
Al tacto que el cancerígeno más próximo toca
Cual serrar arenas desmoronadas para el precio
inasible de un tiento amonedado
Virtual si el volumen terráqueo se da por zonas
lacustres inflamadas en el poder musical
Ofrecido por la mísera diferencia que crápulas nos
evaden
Rodeando el llano requerido a pesadilla
Asistidos estaremos por lo que resta dividir opinión
detonante
Silente

Jack Farfán Cedrón

Dueño es de nuestra rendida cobardía
Dando la efigie a otra ofensa más
O
En el caso de poner el hombro se recueste el
enemigo
Para pasearlo en andas hasta el despeñadero de
sierpes infinitamente empalándolo de la boca al
espiráculo
Hasta que de la pura y hedionda suerte que le toque
Supure el matricial sangriento de su maníaca sexual
Que candente lo esclavice
Por herético de su propia y demente sevicia al gusto
de repasársela a sí mismo
Emulando viejos tiempos de predador que hoy
expone las vísceras del ciego
A las que el llano de la luz no llega

89

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

ASNO GRIAL

Jack Farfán Cedrón

encender las máscaras oscuras de una luz padecida
por resguardo.

Quisieron estropearlo, criticarlo, cambiarle
de ruta, maldecirlo.

Tal la crónica anunciando redobles etéreos
de la muerte ya vivida muchas veces, la cual, todos
advierten e insinúan, enrostrándolos; pero que
solamente anunciada es por el punto cero, por ese
estado afligido a uno absolviéndolo en la lectura
sagrada.

Él, como todos los elegidos por el Dios, se
plantaba firme. Ídolo soñado. Elige las ruinas del
carácter para probar levantarse tres veces antes de
persignarse una séptima lucha.
Se cae, se levanta, se vanagloria del suceso.
En la risa que todo, trabajado aun minuto a
minuto, se toma por descontado que sucedió porque
así se confabulan las cosas que fueron.

Con
desesperación
uno
pasa
cuidadosamente las hojas de la Biblia, cree en la luz
a lo largo de sus folios respirada.
Y sin embargo nadie más podría anunciar
que todos saben de las muertes sucesivas de que
adolece el cadáver embebido en el vicio, el reino del
letargo más sucio a que ser humano o piltrafa
animal se puede subsumir sin siquiera arder por
levantarse,
suido en ruinas.

Nada revierte acaecer más de lo que se
quiere.
Todo está por suceder, mas nada en verdad
sucede, seduce, sedice.
Es un delineado o embauco del trazador de
dibujos que regaló el tunante egoísta en tabernas
cloacales con máscaras mirándolo sin que él se diese
cuenta de que los ojos se han hecho para mirar, para

Es el renacimiento que se anuncia.
Los
violines
oscurantistas,
féretros
mendaces que adscriben la firma del cardumen

90

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

heráldico plañendo a espejeos instantáneos la
peristáltica atronadora de catástrofes,
trombas invisibles por ese pecho culposo
que por fin da cuenta de caídas inacatables,
desfondo.

en la cual podría adivinarse la memoria mundana
gesticulando una persona emergente de esa cama
distendida por las tardes,
donde todo supuesto persigue las bondades
que pueden sustituir
cambio de hiel,
de costumbres explosivas
por la faz de un carácter sobrio,
basado en lo que está,
en lo que se puede tocar,
bajo la forma del perdón aperturando
signos,
nuevamente
el
perdón
entre
las
desternillantes honduras del carácter.

Poblar los prados de giros y extremas
variaciones vindicando al oído aquel campo
magnetizado donde el sueño pertenece a un
concierto de música clásica rodeado por pobladores
de una aldea ordenada,
pasa una manivela para que todos escuchen
la hermosa composición onírica a través de la cual
se basan todas las experiencias útiles y por perseguir,
la llamada
a

r

m

o

n

í

Jack Farfán Cedrón

Todo lo podremos mirando el común a
zancadas perseguido.

a

cuenta necesaria del collar a ti perseguido
una sucesión volatilizada
en el fin
durante el fin
imanta esos bellos campos
donde giran benévolos muertos
hasta poner fin a dudas y zoomórficas
creaturas que no mienten más que su delineada cara

Hasta las bestias veloces detienen sus ojos
luminosos mientras alertan el miedo en sus venas.
Ardiendo sobre campos encendidos o
praderas desconocidas donde anida la frescura bajo
setos florecientes.

91

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Entenderemos que la calma no se hace,
siempre la calma estuvo ahí sin que podamos
advertirla.

Jack Farfán Cedrón

No existieron las dolencias jamás de los
jamases.
No estuvo allí la mente desfallecida, no
hubo contusiones, ni golpes.

Sólo toma entre tus temblorosos dedos todo
lo que había que tomar.

No
sumergido.

No tienes por más, sólo toma la senda que
siempre estuvo allí.

hubo

únicamente

más

del

doble

¡Es lo que es!,
causa fanal brillando la inerte oscuridad en
que la razón ensopa su charco de culpas que
tampoco son ni tienen por qué serlo.

La guitarra titánica de Kurt Cobain dice:
―arrasa con todo lo que haya que enfrentar‖.
Tira los fajos de papel.

Únicamente la obligación de levantarse; la
advocación ultra terrena persiguiéndote renovado,
terrateniente de tu propio erigirse.
Nuevamente.

¡Creed en la hermana esperanza que se
brinda por el agua renovada,
vino floral que poseo,
que abrigo borboteándome el pecho,
cual si olvidara todas las dolencias ardiendo
en una pluma sosegada,
¡De abandono!
¡De abandono!

Dioses del fin o del comienzo.
Porque todos somos lo que podríamos
aparentar
o bien todos somos lo que bien somos
realmente.

¿Acaso las dolencias alguna vez existieron?

92

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Sé quién quieres ser sin permanecerlo un
milisegundo.

Jack Farfán Cedrón

¡Elevad tus intenciones con una sagacidad
que exclusivamente nace donde mecen las floras
paroxísticas del exilio en la pena estrangulado!

Pero arremete contra la realidad, molino de
los inventos,
Puede que su reflejo sea adscripción al lecho
lacustre que no cesa.

A un cabo de vela despellejando párpados y
tejidos extrañamente brillantes en el muerto que
deja, cambiada la piel, la cáscara pilífera del kiwi,
alguna agridulce rodaja en la crema del fruto
prohibido resbalado a la lengua en una apacible
parsimonia que la saliva vuelve veneno dulce lo que
toca.

Y desde su propia saliva él cree derrocar los
mundos
erigiéndose sobre díscolos planetarios
sobrenadando tortugas cósmicas, eléctricas, apenas
insinuadas, de una zoología recurrente a lo largo de
espejos desesperadamente siendo las bailarinas de
reflejos contrarios.

Asoma el extraño, el negado por sombras
ilusas que mirándolo desvanecer como dedos
bailando su propia penumbra.

Arrástrate a vados inescrutables que el
subconsciente limita a terrible sonajera
terrible silenciando los rumores del mundo.

Con un retén desbarrancado a su fin mismo.
Y el ritmo apenas dictado por una ventana
aflorada en retroceso, para tomar bríos del mar
ordenado por Dios,
a detener su borboteo sagrado.

Es alba, es tenacidad, este diablo mundo.
Eres férreo,
eres invencible.

Heredas en las postrimerías absueltas del
arrepentimiento,
el hombre nuevo que eres.

93

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

RUEDA
DE
LOS
CRISTOS
O
TRIBULACIONES
DE
UNA
DESMORONADA

Porque así lo quieres,
porque tuyo es el ídolo que miras
y viertes sobre otra de las palmas lunares,
sobre otra desfalleciente luna viva sin
estrellas.

LAS
FE

Creo que a los cristos uno los reconoce
mientras la paciencia interior se magnifica a
milagro.
La fe no radica en cuántas imágenes santas
veneremos o adoremos.
La fe es andar a cuestas con el único
monstruo domado por nosotros mismos: la certeza.
Nos flagelamos a diario.
Y de cierto es que lo compadecido muchas
veces no tiene por qué inspirar lástima en nosotros.
Muy por el contrario, nuestro enemigo es
quien de tanta lástima que le inspiramos termina por
asquearnos, por detestarnos con la sabiduría de un
líder dentro de una manada de locos.
Los perros vagos lo único que hacen es
mirar a quien descuida la noradrenalina y flaquea.
Ahí surge el miedo,
y se nos toma el alma de papel,
no somos los amos,
las orejas nos arden con la tierra de las
heladas cercana al perdido paraíso.

94

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Somos los esclavos paralizados frente a la
bestia inocente que no hizo más que rastrear de
continuo,
sin más que dar signo,
pupila vidriosa,
amarilla,
el cielo caótico y de vicio ovárico,
de caídas avernarias con el testículo
pendiendo de un hilo genésico, pero multiplicado a
hernia.
Todo quedó atrás.
Sortea a zancadas el ángulo que la
carnalidad arrastra.
Somos de una rocosa debilidad muchas
veces plástica a las aberraciones;
muchas
veces
tan
recurrente
que
quisiéramos seguir el sueño de los dopados,
por injusto que se nos presente la tentación
o la virtuosa palomita del exilio.
Pero nadie cuelga los chimpunes por
nosotros.
Habrá sido hora de mirar a uno, o dos
kilómetros a la distancia, donde ni haz, ni garras, ni
zumbidos se perciben para que no seamos pretexto
de inanidad alguna,

Jack Farfán Cedrón

de lagunera historia con que nos viene a
viento degradar nuevamente un chato comienzo.
Habremos de partir, habremos de reanudar
la carrera.
Nada evanesce, como el juicioso sueño de
la cajita de componer recuerdo tras recuerdo, en lo
que supone un angustiado vómito negro, por el cual
se desbandan hasta grado ternura, algunas ansias,
varándose en desértico sentido.
Transformaciones etéreas, profetizando el
blondo resurgimiento.
¡Id como una garza apocalíptica! ¡A la
aberración, al sonido!
Babearás un petróleo lunar, magnetizado
hasta tomarnos un día enclaustrado, mantenidos
alerta el ultrasónico zumbido.
Del punto en que viras o mantienes el
rítmico asonar de costas silenciadas.
Donde los trofeos eligen al viejo ganador
por desuellos, laceraciones y fracturas,
que por etéreos autobombos elegidos como
centro de trabajo literario.
Inmanual de cómo odiar al escribano mediocre se
titulará el espurio infolio que rige ser un escritor con
nacionalidad y míseros principios.

95

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Estamos durante el desliz que la memoria
traduce, tiovivo en la sandez elevada a milagro,
Martín pescador rarificado en su espacio de piedra
flotando sobre las aguas desgarrándose
límite de la encrucijada.
Estar de estultez, pregona a estallidos
impredecibles.
El verdadero dios augur y hechicero.
Nada significa posar sobre el ábaco en
ruinas,
sobre el druida a puntapiés desliendo humo
celeste.
¡Sonad o abandonéis como mejor os plazca!
Tal que no somos los efectistas
rimbombantes de esa neodepresión que comportan
las redes sociales,
Las magnificadas reuniones de estercolera y
leontina bajo el sobaco perfumado.
Como dices, sabio de los tontos:
¡Me cagaré en cierto método existencial o
técnica para ganar decursos literarios!
¡Seré lo que la preceptiva del resurgimiento
blanda!
¡Lo que el azar me dicte mientras avive una
llama estruendosa opacando al mismo sonido!
La ―A‖ no es lo primero que babeaste.

Jack Farfán Cedrón

Es tu fe que te hunde en el anonimato de
quien cree en la misma basura surgida por un
mundo estornudado.
No es la dignidad que se aferra; es el
dechado o su reflejo, por demás, y fuere es lo que
fuere.
Dichosa dignidad haber aflorado una nueva
certeza entre los indicios de unos dedos.
Afloran señales imaginarias de un rostro
deslizándose.
Mientras te sueña entre escalas que el reloj
en su reverso gravita.
Y para haber llagado a la neta comprensión
de la reina de Montparnasse, Kiki, la que bordeó
con cierta curiosidad incestuosa los inevitables
avernos de la musología, se está uno honesto de
purezas e impuro del espesor a que aspira el alma
tratada en la sucesión convaleciente de los días,
como el lobo entre las aguas apenas
mentado.
Números... haz... bajo la hilera celeste
anuncia el fin su mundo trisado.
A pesar del dolor que causa el rodarse
mundanos, sabemos que no hay encierro más
lacerante que vivir mucho tiempo circundando el
desquicio rutinario lacerando el espíritu.

96

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Nadie es libre que se piense levantándose
con esa apagada sobriedad planeada en los libros
que habrá de erigir, el diario que ha de confesar,
mientras apenas su vida pasa despierto.
Cierta carencia de juicio evocando una
materialidad por las riquezas cerradas se erige en
nosotros como una joroba irrenunciable.
Monstruos de nuestro desatino, tragamos
esa primera pesadilla que ya nos barnizaba
diferentes, abortados.
Rito demente al que no aguzamos se nos
trajera, pero que sin embargo desvivimos por no
perdernos un solo segundo.
Es el destino del hombre, al que, atribulado
el mismo, asiste como tratándose de cierta
bipolaridad, de algunas huestes afiebradas a lo largo
del nombre de las pesadumbres ilesas a doblones
contadas.
Asiste a tu dolor, anega etéreos
estancamientos bajo una casa donde goteaba, parte
de la crecida que imaginábamos pintada de negro.
Qué sucede.
Qué estar cuya imprecisión rodea la pupila
hasta el grado de un satélite anodino; donde más lo
ya baldado se aluniza verde fiesta a la que pie

Jack Farfán Cedrón

indeciso resbaló sin mayor premura que darle sobre
los tornillos a lo ya machacado.
Ir bien durante la serenidad nos deshace
caminantes flotando la ensopada tibieza.
Elige por estertor, por ahogo premeditado.
El cieno entre redobles comporta la idea
sepulcral en su lecho vaporizada; a como se dan tul,
caja donde lo apenas enarbolado por idea difusa,
nunca más despega zumbido; a como se da un
planeta recurrente, a como se iridisce el rodeado
comienzo.
“Plañe entre algodones” aquella lúdica
premonición.
Entre frondas te las traes.
Erguidas, las ramas desgajadas de unos
sauces enrostran apaciguado abrigo, por más
innecesario.
Apenas calma.
Ciertos somos.
Lo comprensible frisa los vientos que la
duda aflige hasta dar por cierto.
Cierto.
Lapso es el reconocernos culpables.
Y desde ahí empieza la cuenta regresiva.
La conciencia, pues, se reglamenta como el
prurito, el ají tostado sobre un tiesto, para que

97

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

ardamos en los hedores picantes de esa viuda
acongojada:
¡La conciencia, la conciencia!
Cierto día Inmanuel Pacato Kant disertaba
en el aula, acerca de la sublimidad que atrapó al
discípulo atribulado.
Su santidad radicaba en el redoble
alucinado que emergía de una cajita rectangular,
parda, con escasas teclas para subscribir los eventos
que
únicamente
habían
impresionado
al
maquinador de esos sueños.
La música que emergía de esta cajita
combinaba el humo celeste y suspendido de la
pérdida de consciencia, que una mujer de carnes
llenas dejaba escapar, para liberar su conciencia.
Uno de los alumnos atribuía su pérdida en
blanco, al espacio cerebral que ocupaba un graderío.
La idea se perdió entre aceptada, de una dolida
sobriedad que se adjudica en los maestros, el
acalorado discurso de la vida rodando un gran peso.
Por el efectista tronar de una rueda, por el
ablandado molino que nos da la terquedad, más no
las aspas que aferran.
Cierto día el maestro descubre que el
milagro hurga en nosotros; esa todavía no
descubierta sobriedad que mantiene aun la fe por

Jack Farfán Cedrón

una multitud cerrada de cristos, de amuletos
habitados con que la serenidad reina en nosotros.
La despótica premonición inmortal del que
cree.
Y elige.

98

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

CIUDAD DE INVIERNO

Jack Farfán Cedrón

tan inocentes, que nos oloreábamos los sobacos y
nos talqueábamos los huevos
en pensiones donde servían sopita negra para los
días de resaca
más claros que una mano caritativa alcanzándote
una taza de café en pleno aguacero.
Días maleados de trancazas con cañazo que
únicamente los llenadores de techo se tiraban,
hasta ser meados por los perros.

En la ciudad donde vivía,
y por añadidura, estudiaba,
habitaban chicas muy, muy hermosas;
resplandecían de lo lindas que eran,
pero con uno de los muchos inconvenientes tan
sutiles:
no se hacían la patiquiur.

Era una ciudad, aunque dormida, limpia
y con la celeste sobriedad que dan los climas más
amigables del mundo;
con un sol resplandeciente,
un nay club para superintendentes mineros;
todavía dormida ciudad que acunaba niños bonitos
frecuentadores de cantinitas
de a veinte céntimos el vasito de muerte alcohólica;
a quienes sus padres mantenían parados
o filosóficamente reflexivos
aplanando las calles,
ensombreciendo las esquinas,
esquizoides,
gordos y jediondos algunos,
pero con el corazón de un horno de pan vespertino,
muy en el fondo de su haraganería.

Mas,
su poder de supervivencia y garra académica
las convertía en resplandecientes bestias rastreras,
persistentes universitarias,
con las que había que ir con sumo cuidado.
Igual,
tanta belleza junta había que pagarla con creces.
Uno ignoraba si lo suyo era destrozarte el bobo,
a pausas despedazadas,
o lo suyo sería extenderte con piedad
una delicada garrita de fiera cachera.
Ellas sabían bien de qué rechinido desentonábamos
los machos;

99

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

un día se pobló demasiado.
Perros rastreros y salvajes en jaurías basureras,
Putas nay, verracos mil,
gente cuyo vicio era acumular dinero
y meterte como verga el carro mientras ibas
corriendo por la carretera o la ciclovía deteriorada
por los atletas
o los sueños revelados de las frustraciones,
en ese pueblo muy comunes.

Un pueblo donde las calles eran barridas
con escobones de retama,
a eso de las cinco de la maraca,
tan grises,
ríos de brea poderosa.
A esa hora nublada en que
el rey gallo cantaba la hora negada del asfalto
de mierdecita embadurnado;
pueblo al que,
como decía algún broder,
le tenía buen camote.

Gente a la que le parecía normal sacar
a correr a un pitbull sin cadena ni bozal;
gente borracha insultando a los corredores
o a las nenas lindas en chorcito comelón;
gentes asustadas y asustadizas
que para clamar su única ebriedad interior
tragaban todo el alcohol de las despensas de los
bares
y las discotecas peperas;
gente con las orejas gachas,
con el cuerpo hinchado de tanta comida chatarra y
lujo dilapidado en una camioneta cerrada;
que amanecía inflamada de lágrimas en los ojos de
rana reventada,
por el dolor soportado,
toda la insomne noche de cuentas imaginarias

Ahí me suelo enamorar diariamente,
despabilando mi sueño de luna diamantina
en el rostro de la mujer más universal
que el amor haya parido.
Comarca norteña que respiro graciosamente,
como si se tratara, mi endeble existencia,
de un espectral viejecito madurón
que quiere vivir otra vida igual,
pero haciendo todo, menos ―pero‖.
La vida solariega que antes se respiraba,

100

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

y pesares donados al cura del barrio,
para salvarse del espejo.

Jack Farfán Cedrón

te puede salir un sérpico huevo de basilisco,
para el caldo de huevos y papas y paico y chicher,
para levantar un aliento más,
y sucumbir a una cama imaginaria,
donde moríamos cada viernes sangriento los
universitarios,
los fuertes,
los invencibles y enamorados de muchachas con
garras,
para darnos un poco de positivismo
cada lunes de excremento.

La acidez,
el espanto,
la mujer,
los hijos,
la Internet de fagocitos delincuenciales,
toda la mierda junta.
Todo esto sucedía en mi ciudad
de tristes academias de seis pisos con pasillos
y lobos rastreros aguardando la salida de las
jovencitas
y la neurosis de los rebeldes nerds,
amos de la envidiosa indiferencia.
Gentes ratunas y corrientes,
ensombreciéndose en la inhabitable y sardónica
estultez de los domingos,
más tranquila que panteón a las dos de la tarde,
hambriento,
sin vicios por el momento.
Ciudad de invierno en que si metes
una moneda a la máquina tragaperras,

101

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

EL RUEDO SERENO

que te mantiene despierto.

Como si algo flotara en el rastrojo del maíz,
representa la miseria una escondida presencia de
carencias;
lo que por gratuidad nos vuelve
seres que no respiran lo realizado.

Nunca.
Nada.
Yo quiero algo,
un espantajo desgarrado por el viento,
que trae las plagas,
que trae los pájaros
a alimentar la sobriedad sobre las eras
que a todos alimentan.

El aprendizaje sereno:
tener miedo,
ansiar los riesgos
a suerte de levantarse entre tambaleos
y recorrer los mismos caminos
que con más entusiasmo se recorrían
otros días de gloria;
como si algo oscuro flotara
en la inmensidad de los signos duros en la oreja
malsonada.

Jack Farfán Cedrón

El maíz,
el esfuerzo muscular hasta morir que hace al
verdadero entrenamiento.
Arar sobre las pozas de arroz viendo la testa firme e
iracunda firme del buey que no ceja el ánimo hasta
el baño en el río amarillo, oscuro y rugiente para
empezar otro día piajeno.

Permaneces
inerme,
cual las ventanas decrépitas y apolilladas
barridas por el polvo de los últimos días
de un año ya olvidado;
aguardando la plena infelicidad
que al menos es el aguijón

Las carreteras imantadas de brea riéndose de tu
furia,
de tu cuerpo pesado que no se habitúa a los
intrépidos, ¡tercos 40!,
donde toda campánula del árbol de la felicidad se
vuelve gelatina dulzona si la pisas,

102

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

sin verla demasiado,
poco demasiado,
por donde la real felicidad pasó inadvertida como un
mefistofélico culo magnético,
enigmáticamente,
de chuletosas proporciones desnudo.

Jack Farfán Cedrón

AGALIARETH
La heredad
Letal
De ver todo
Como lo hacen ver los pensamientos
Es todo cuanto ve el reflejo de lo que posas
Una a una
Ramillas de romero
O de espanto sobre el surtidor de ese país
conmocionado de las lágrimas
El destello del ojo cerrado por el manto negro
A la hora en que todo
Hasta el desliz
Se hace innecesario
Tomarás en la siniestra unas cuantas estrellas
Y en la diestra el poder de pensar lo que vuelve
Y se revierte
Según tus predilecciones suicidas
Que alistan guerras o sanaciones
Con la sobria intrepidez de un opúsculo roto
Habitando el corsario intrépido que por arma tomas
Hasta preceder lo que ocurre
Ahora que la impronta de los padecimientos termina
Y los ciegos baluartes del mal se ensombrecen en su
puño cerrado

103

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Ahora que Salmos de auscultación ennoblecen lo
recorrido
La suerte volátil encandila estas praderas en que
todo es lo que pienso

Jack Farfán Cedrón

EL MONJE DESHONROSO
Nació por susto, heredó el resuello de las bestias
ateridas en cada ominosa muchedumbre.
Al destazar el mendrugo, al tragar la leche recién
salida de la teta de la vaca, al eructar como un soez
sochantre de tierras elegidas, se bastaba con él solo,
con un susto pertinaz y maloliente en la tufarada de
la boca.
Creía en la inmanencia de las cosas apenas
mencionadas.
Por eterno, por inmortal y animal que fuera,
No le venían sino con gustosísimo desagrado al
hablarle de mandrágoras paupérrimas que la cita y el
engendro lo habían cagado a este mundo.
El renegado, el ocioso, el lunar, el poeta, el artista
incomprendido, el paria inconcluso.
No le bastaba –si es que por accidente alguien se lo
comentaría- blasfemar sobre el lago inconcluso.
Para él, 891.00 trillones de pretextos lo aferraban a
su ―siempre habrá un mañana mejor‖, para
emprender lo que se había regado en el camino.
Cuando le llegó la hora de proferir la frase
despistada,
lo único a lo que se limitó a decir fue:

104

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Aquí estuve, y aquí yaceré, por una suerte volátil y hasta
deshonrosa, de que he trajinado lo poco que en una vida
resume, el calor de sernos demasiado.
Para él, como para tantos demasiado vivos, el
secreto de disfrutar consistió siempre en ponerse del
lado de los ojos cerrados,
de los despojos descritos, cuando el ardor se declara
un sólido reflejo,
de la brutalidad, del estado primigenio y desnudo,
que habrá de alabar el santo de río de luz despojado,
hasta la luz verdadera de palabras descritas.

Jack Farfán Cedrón

ANTROS DE LAVANDA
La primera cuestión es dónde pasarla bien
Y si tú estás un poco solitario
Y encima picado
Pues te conviene
Caer en algún antro
Donde van a dar los quemados
Los locos
Los alcohólicos y fumetas
Podrías pasarla bien si bailas hasta caer exánime
O si bebes sin ninguna razón por lo que resta de la
noche
Con fragancia a lavanda
Hasta que el cuerpo no dé más
Y veas que en la ventana del celular algo clarea
Será la mañana
Que entra a los antros de lavanda
Donde la fiesta continuará
Después del final
Después del eterno desmadre
Y la locura con los marcianos más libres del mundo
Y de la noche
Virgen
Aún

105

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

CUANDO LA RISA ES UNA TRISTE CLOACA

Jack Farfán Cedrón

cigarrillo todavía tenía una calada para permanecer
despiertos.

Más de lo que puedas soportar, es menos de
lo que te pueden hacer, si le tiendes la mano al otro.
La agonía de la vida lleva un pedestal de
asombro.
Cual sonreír para nadie que entre las flamas
te refleja.
Un superhéroe trasnochado que le dijo
algunas cosas bellas al oído a la chica sin nombre.
Y luego se fue de negro, alargando la calle o
la cita advenida.
Mucho más de lo soportado es lo que
puedes dar entre las cloacas de la muerte que vale un
trago o una aspirada de tabaco.
La religión vale un pucho cuando un orate
tiene frío y su ángel de la guarda se acuesta a su
costado para cuidarle las espaldas.
Y tú miras y te desvaneces.
Ese espejo que debes también cuidar como a
tu doble, como si viéndote respiraras para que otro
destino permanezca.
Como si viéndote trastabillara el aguacero,
mar de buenas ideas cabalgando en la pantalla
mientras el estrépito veloz de todo aguara la fiesta,
de la que es bueno irse sin comprender que el

106

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

VERTED HACIA LOS GRUMOS ANDANTES

Jack Farfán Cedrón

Jamás volví a saber de mi existencia.
Era que me extendía a rumbos borrascosos.
Donde la pradera hunde al precipicio.
Su nota más dual a repecho.
El ogro silba, el ogro a uniojo blanquea la ventanita
por donde ha parido la mujer desesperada, una dote
de muñecas rusas, pariéndose a su vez ellas mismas,
cual si se tratara de un cigoto de cucaracha,
moviendo las antenas a quien parte sediento,
dosificado por la premura laboral, con un cremor de
suciedades herrumbrosas apuradas de un trago.
La pista de polvo rociará de hilos sangrados la
desidia sagrada, hematítica parada enrumbo, roca
erigida.
Y preciosa.
Del agua desfasando un bastión de mierda andante.

Ese fue mi mundo; el que es; el que será por infinitas
progresiones, que ni aun al término volátil llegan.
Elevo mis venas hinchadas de furia, mis agallas
marchitas por fuego corroído, bestial, a cuya
incineración me sé dirigir desordenado, maltrecho.
No doy tregua al colirio, ni a vicios que tornan a los
necios rebeldes. Ni a nada.
Quiero erogar mis restos, quiero esparcir mi polvo
justo. A cada persona en el medio.
Nadie dijo que podría devastar mi conciencia, pero
sin embargo me degradé por guariques sin rumbo,
por inmemoriales.
Pasé rompiendo filas por esos hombres de negro.
Hasta que me atraganté en mi bilis, a las oficiosas
cadenas en vuelo.
Afloraban argamasas temerosas, canillas empinadas,
garzas enfermas cuyas posadas a la sombra de ramas
trozadas, en blancas cagantinas, blandían sin
regreso.
El hito que hube de merecer.
Para cobrar vuelo al ras infernal, una carrera
inacabable, inundando y todo, cadenas rameando el
exilio, del despavorido, del que no fue ni la
minúscula parte por jirones desprovistos de rumbo.

107

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

SALMO DE LA MAÑANA
Recorreré bajo la lluvia purificando mi cuerpo,
naceré con la lluvia que cae en su momento
irrepetible y volveré a entrar a mi hogar con la
energía más fresca que los sueños alimentados por el
placer de lo frío.

Alabada la mañana que despunta mojada.
Por el día fresco recorrerán a sus nidos las aves.
Por el día tibio y húmedo recorrerá en su breve viaje
de dos días iguales la mariposa y su magia de un
solo parpadeo.

Consecuente en mis actos, derramaré unas lágrimas
que de por sí no quise derramar, pero que esa
necesidad satisfecha de derramarlas me ha armado
de valor para seguir en mi camino precioso con
orquídeas blancas perfumando el viento que llega,
que nunca me abandona.

Las personas tomarán un baño y bendecirán su
estómago con la leche que es todo amor, toda
superación que el alimento prodiga en los hombres
con fe y solícito paso que sigue.

Alabado el cielo que abre parte de su ternura y se
derrama en las plantas y los seres vivos
refrescándose en su bendición, corre como los
mismos recuerdos levantados por la mente. La vida
misma será un recuerdo; habrá otra instancia donde
sólo recordemos el momento en que echemos de
menos la lucidez de estar, la lucidez de ser
verdaderamente sin mayor presunción que la
sonrisa.

Benditas las manos derramando la transparencia en
el agua de lluvia precediendo a la agonía de los
momentos de pesar.
Todo acaba con el soplo, todo se une al soplo, como
una medalla cíclica convergiendo todos los rezos en
su magnetismo que siempre se lleva consigo el Uno
que no declina jamás ante las adversidades que
significa habitar el mundo, y la tarea de hacerlo
respirable al costo de la persistencia de la que somos
capaces.

Abrirá la fuente de un bienestar fresco.

108

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Negado el pesar, la agonía, los malos recuerdos,
para dar paso a la frescura que significa despertar
bendecido por la lluvia.

Jack Farfán Cedrón

ORACIÓN PARA EL CAMINO BENDITO
Llora por las dichas aguardando colmarte de un ser
aburrido
Y para las penas esporádicas guarda un cuadro de
honor para encenderlas
Con la vela que de a pocos te hace graduado en
desilusiones
Guarda para ti una parte de tus errores para cuando
te sirvan triunfar más que ellos
A costa de ellos
Que todos los pensamientos sean derramados
mientras hayan océanos de furia
Que cada oportunidad de enfrentar eso que no nos
gusta sea la senda del amor por donde todos los
gustosos bienhechores o labriegos de un espíritu
abriendo trocha por la selva de este mundo de sudor
y trabajo
Sea contravenir precipicios mundanales
Los pechos sin fondo de los mártires vacíos
De mujer
De lloro
De polvo revirtiendo en horizontes argentos y
traslúcidos
Donde todas las cosas valen la mirada que los
bendice

Con los sueños se alimenta el porvenir y la vida
parece más venidera,
de una consecuente trama de luces y colores
despertando a los ojos emprendiendo vuelo hacia su
primera mariposa instantánea.

109

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Cierta fresca mañana
Que la esperanza permanezca
Que los años en que miramos el fruto de los anhelos
inalcanzables
Sea el acto venial de guardar
En silencio
Como pocas cosas suceden porque uno más las
quiere que solamente deseándolas
Porque las sendas o los rápidos de la risa y de la
dicha en deshielo por este estío de la vida
De pronto permanece en los espíritus reconstruidos
o nuevos
Que ya no recordarán congojas por resanar en el
suceso esplendoroso de una bella mañana sin nadie
Ahítos de felicidad y encuentro
Cierto claro de solo irrecordable
En nosotros que jamás sucedemos
Sino que somos recordados por alguien jubiloso que
nos crea como individuos para ser lo que él desea ser
en nosotros:
Dios en la paz ―de una sola línea‖

Jack Farfán Cedrón

CÉSAR MORO
Dunas sobre el mar
Qué lento esparce sus tortugas amargas sobre la piel
del pequeño
Querubín encendido
Que salda cadenas
Y prosigue
Como vanos estertores sangrientos
Aguas errantes vuelan al dominio serpenteante
De los colores
A esta sinfonía tramados
En el vuelo
Contra él
Para que posiblemente
Aten ante él jadeos desvaídos
El hecho estrangulador
Emite un aleteo un pétalo frío
El pacto sangriento con la ahogada en azules
precipicios
Andan por si vanagloriarse durante el suceso
completo
Quién más que caiga los dedos
Hacia un agua que ahoga
Apestada
La errada mención de almas sin penurias

110

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Terminará
Si esto sigue
Pradera encaminada
Evadiendo los cinco ritos mendaces
Por los que vienes aclarando lámparas desposeídas
Tal así que si te incorporaras
Cabe ladrar el cieno irrecordable
Para humos posteriores
Siendo los menos compartidos por los tules
ensoñados
Por los ladridos de caballos trotando como perros
veloces

Jack Farfán Cedrón

EL CIELO QUE ACARICIA
Es una bendición la semilla de tu vientre;
Por él las congojas se hacen llevaderas,
Los escarpados una escala que sortear
Para los ajustes del destino,
Contrariamente a desfallecernos,
Nos fortalece,
Acunados por la risa transparente
O el llanto revelador del carácter del niño,
Hasta el porvenir de la muerte que unifica.
La dicha de proteger, amar, criar, enseñar,
Reprender,
juntos al cielo que nos moja y comprende
se perenniza necesaria.
Por lo que nos reste de vida para ellos.
Y las dichas y besos y caricias
Que siempre forjan el pedernal
Hasta el próximo diamante que la nueva semilla
trasluzca.
Por las venturas a raudos vendavales.
Por aquél pendón flameando del jardinero que poda
Sus rosales hasta brotar el escarlata

111

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Que el ruiseñor os mande o la congoja
Que no es más que un círculo sorteando
Evolución y crecimiento
Hasta que la divinidad perpetuamente nos depare.

Jack Farfán Cedrón

DIOS
Habiendo superado el temor a los difuntos, a los
vivos y malvados,
a los que acechan con la risa ansiosa de la viuda
negra
tendiendo su redada
que chamuscará en el fuego eterno de la envidia;
heme aquí, libre de todo mal y todo maligno deseo.
Lo que digan de mí, como Wayne Dyer dijo, no es
asunto mío;
sino más bien mi tesoro de logros,
por esa suerte de fijación de los contrarios y las
fuerzas del mal y del bien
compenetrándose para favorecerse
en lo más detestado en sus esencias superadas
por un gozoso acercamiento pueril,
o el resuello de un cachorro en la cara del fiel
compañero.
Dios que a lo largo del camino,
como en los confines del charco
aleja los destinos de los que más se acercan un
instante;

112

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

donde los otros temían separarse por no ser la exacta
coincidencia tanto esperada,
pero los que por un solo instante
se vieron con la mirada frente a sí
negando la aparición de cualquier sagrado
movimiento,
fueron los iluminados ese vasto instante
que existe al más fulgido movimiento.

Jack Farfán Cedrón

cada chispa voluntariosa aflorándonos,
velas de una oscuridad elegida
mora el Magnificat orado a imagen y semejanza
de lo que jamás flota en nosotros;
porque seguro, inerme, bucea,
como una culpa perdiéndose al sosegado
hundimiento
de los flancos en las aguas flotados,
bajo corrientes extenuantes,
que hallan el dominio divino hacia la sombra o haz
crepuscular de los designios recibidos
desde el gran milagro de los hombres
que trotando muy temprano
amanecen al vuelo levitado de los seres de luz,
de semilla;
ellos, como ellos o átomos,
apuran el elixir milagroso de una dicha irrenunciable
apagando todo lo que roza su flujo inamovible entre
las frondas librado,
vago destello cuyo insigne movimiento se toca.

Cual ser dos veces el mismo amador,
cual ascender la duplicada ensoñación de los espejos
que se saben hacia el flujo del muro confluidos
para ya no más regresar la mueca amoldada
de los otros soñados,
que silentes se advierten
y se ofician báculos en nombre de una fiera
desconocida
para ellos arada sobre un mar
que ilusamente se distiende cerca,
donde flotan las esporas de la fructificación
y la multiplicación de los verbos estelares
avanzando a un sordo estallido entre los flujos
que lo sagrado en llamas relumbra;
mientras nacemos bajo el agua nítida el vuelo,
rozando el milagro que nos donas,
Dios,

113

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

NACE EL GENIO PARA HACERSE

Jack Farfán Cedrón

Cual Venus imperfecta del maestro Apeles que dejó
inacabada
Protógenes su discípulo se dice terminó su cuadro de
Yáliso en el justipreciado espacio de siete años de
deslumbramientos y asociaciones convergidas en la
fertilidad imaginérica como en su constancia
En los que a punta de trabajo minucioso como
innovador recién dio justas palmas a los rústicos
pinceles de ese entonces
Protógenes al mostrársela a Apeles el primer elogio
que recibió fue el alumbramiento dichoso de un
maestro orgulloso de su aprendiz sesudo
Pero luego de la impresión inicial el maestro objetó
que tanto el artista como su trabajo lo superaban
incluso pero que carecían de la gracia aquella que si
ese hombre la habría encontrado
Habría tocado el justo cielo
La buscada esencia en la Musa Fatal en quien tanto
hurga el artista en su estro atribulado de líneas
falaces
Habría de encallar en la obra maestra
Y como bien lo dice Alexander Gerard en Un ensayo
sobre el genio
que por su exquisitez como por sus nobles figuras

Se dice que la primera expresión pictórica aclaró
una línea pura
Que delineó una curva luego
Una seña volátil
Las primeras expresiones ensayadas en el dibujo
trazado de los Corintios nada deben a los posteriores
pintores romanos
Mirón
Incluso
A cuya rigidez no pertenecía aún la plasticidad de
las esculturas del Renacimiento no heredó de
singular y anterior rusticidad nada de lo que era
diestro en ofrecer en su arte escultórico carente aún
de movimiento
Recién fueron los colores rústicos a base de arcillas
secas los que rellenaron las vagas formas de lo
contemplado en trazos groseros
Perfiles que fueron dando línea y forma a escenas de
batalla y justas deportivas en las que se cantaban
homéricas pasacalles con gentes representando
versículos con actores embadurnados de heces en la
faz
Y el viento incólume de su montaraz paso como
entusiasta

114

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Cuyas lecciones sobre el genio sirvieron al mismo
Kant para urdir la naturaleza del gusto como las del
genio
Da en la crema de todo lector que las bien
aprovecha
Nada deben las antiquísimas imperfecciones
estéticas de los maestros
A los genios
Por muy genuinas y primero descubiertas que estas
sean
A los reveladores genios muchas veces prematuros
Quienes superan en genio e invectiva a sus maestros
de perfección como de rigidez creativa llenos
Así
Aristóteles ignoraba que la perfección homérica se
debía a sus descubrimientos filosóficos
Como Milton superó en genialidad en buena cuenta
a la Eneida de Virgilio sin que por ello el Paraíso
perdido no haya seguido las coordenadas del antiguo
vate universal de los poetae novi de épicos versos
Amén de cantar en la cuarta Égloga la llegada de un
crío que acarrearía nueva edad dorada a Roma
Postrera cultura halla aquí un vaticinio del
nacimiento Redentor
La suma de imperfecciones como la unión de
admirables cualidades en la invención

Jack Farfán Cedrón

Hacen al genio
Y no hay predecesor maestro que se lo deba
Por mucho que los chinos hayan de avejentar la
pólvora en un haiku milenario
Nace el genio para hacerse
Halando si en dicha empresa hace falta
De las mismas constelaciones condenadas
A una eternidad relumbrante de destrezas con las
que el genio creará
Las maravillas que le han sido dadas en don divino
por
El Creador de Todo
Como aquel sueño de conocerse al que atribuyen
dos personas que despertadas se ignoran
La una distante de la otra
Así la cara del Jano que desconoce los gestos de su
faz siniestra tras suyo
Tal la invención de los enigmas encontrados

115

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

LA CARRERA VICTORIOSA

Jack Farfán Cedrón

Alberga energía, que mientras sobre los músculos y
las articulaciones más ejerzas durante la carrera,
más potente te arrastrará con la fuerza que a más
kilómetros recorridos, se multiplica.

No se tiende a variar los objetos que pasan por
nuestra memoria, si no ejercemos la omnipresencia
mental en todos los lugares, a todas horas y
barriendo todos los espacios.

Ejerce la mente.

El alma sincroniza con nuestras extremidades
durante la vigilia, pero ésta revela inquietas visitas,
descubre, recrea, mientras dormimos.

Recorre con los ojos cerrados los trechos que sólo
alas o nubes alcanzan.
Los charcos, las calles, perros hambrientos y
vagabundos te dirán que pares.
Y tú no los mirarás.
Y tú erguirás la flecha que perpendicular al sol, en ti
se yergue a la victoria.

La fuente helada, el risco pedregoso, la peña con
ventarrones, el chapuzón intempestivo con sol, la
niebla descendente, mientras tus músculos ejercen la
plena voluntad del espíritu que recorre el aire de
agua a través de las estrellas.

Témpano veloz, rayo multiplicado que la velocidad
imanta como unas zapatillas petrificadas por la
inmovilidad del hielo repitiendo las distancias,
transformándolas, multiplicándolas.

Todo por la mente que vence aquella voz mísera que
te dice: ―detente‖; si la obedeces, te pierdes en la
pereza y la resignación; si la desobedeces, habrás
llegado a la cima; y ella ya no está cuando te
convences de cuánta distancia eras capaz de correr;
todo, partiendo de una gran decisión que trazaba
una distancia incalculable a tus blandas
suposiciones.

El acontecimiento más sublime, incluso durante el
cansancio más feroz, es que un solo respiro de los
muchos que tirado sobre la pista de llegada
acontece, es que tu alma que venía paralela a tu
cuerpo, ha tenido que alcanzarte, como los

116

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

corredores de atrás, o los de adelante, que te han
tomado parte de tu espíritu.

Jack Farfán Cedrón

EL SOL DE LA MARAÑA
Remo por los siglos de los siglos
En donde tu origen líquido fluye
Cual esa noche danzando la permanencia de unos
ojos que encontrarán lo perseguido
El reino elige
Los dobleces de un alma ya arrugada de tanta espera
Permanecen
Alado como siempre
Entrometo en la corriente donde estás
Esa alma que la salvación alabea con la mirada
ignota del símbolo de una buena muerta
Moviendo los hilos que ella quiere que sucedan
Así
Nada hay tan justo como posar los dedos en la
frente
Y echarse varadero adentro
En el cósmico desgarro de un poema gótico que sólo
el cuervo extrae de las tierras tinieblas
Donde ahora se ha instalado el amor
Y así está bien
Que ahí se quede
El mejor lugar para estar solo

La carrera de todos los hombres, la única carrera es
a la sincronización de todos los lectores planetarios
repitiendo al unísono un verso resonando en los
sueños para que no los cuerpos, sino los espectros,
etéreos se converjan.
Al despertar.
Como el eterno oleaje perla inmaterial de las
sombras tibias en la mañana resonando en los pasos
dados en las playas.
El afónica algazara universal de todas las fuerzas
sabias del mar juntas.
Entrechocando el destierro de todos los genios
convergidos en un punto sabio de la tierra.

117

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

LA MAREA DE LAS SIETE ORACIONES
FLUYENTES

Jack Farfán Cedrón

dejar lo que estás haciendo,
soltar el acelerador al infierno.
Hubiese enloquecido,
no me hubiera graduado;
perdido en infaustas noches
por las calles,
negro,
greñudo, desdentado.

Y cómo aparenta que los dotados para el arte de
gavillar hetairas pasaran por esas fiebres.
Pero a mujeriegos e ilusos, a todos nos pasa:
rozar la extrañeza de las diosas enloquecedoras.
Una de esas veces,
cuando algo sentimos detenerse como el mundo
que nos lleva el flujo delante,
me veo atontado,
yéndome sonámbulo,
sin rumbo
después de encontrarla.

El peligro inminente en una Señora Mujer
que pasa y te deja,
pero a medias:
El rumor silencioso del agua incesante en su tacto
que posa.

Princesa de Las Nueve Arcas de Luz y de
Equinoccio.

Aquella mujer creciendo en un río silencioso
me enloqueció,
por no decir,
totalmente.

Hablamos un par de veces,
una vez en la disco Saint Michel,
otra vez en el microbús.

En verdad,
sientes que pierdes la razón,
que estallas,
que te comes a la tierra.

Dos encuentros con la montaña luminosa.
Es como para enloquecer,

118

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

El peligro
cabellera.

inminente

traduciendo

una

negra

Jack Farfán Cedrón

y que ahí todo se detenga.
―Por favor, no me hagas esto‖.

El inicio,
el fin
de aquel río con el habla sagrada de los muertos
luminosos.
Un peligro fatal
gozosamente.

con

el

que

La primera vez que me le acerqué
estaba dispuesto a conducirla
por el extraño pantano de oquedades rumorosas,
aquí en el temblor tectónico
de rojo clamor
e invento,
donde las palabras
desmoronan la intentona producida
por la sugerencia.

desaparecer

A veces quisiera volver a aquel momento de euforia
resplandeciente,
y que ahí todo se detenga.

Palabras,
que no se oyen,
que se estrellan,
rocío cósmico,
contra la berma de insólitos hombres
que los actos manumitan,
y que en obsesiones calenturientas se quedan.

Me regalas, Cousigno Capuleto,
un peligro fatal con el que desaparecer gozosamente,
una hoja cuadrando grietas consteladas
de un llano errabundo,
girando en su proceso,
para dárselo a la diosa,
en una lírica crispación de angustia que la calma te
deja.

Hablábamos a oscuras en una caverna donde
sobraba el aire,
y deletreaban conceptuales formas de apenas una
idea persiguiendo crasas intenciones,

A veces quisiera volver a aquel momento en que
despiertan las luces,

119

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

de lo que podría funcionar
como un evento entre dos palmos acuosos
pegando el alma hasta el rincón no hollado
por la mira posada a las excusas.

Jack Farfán Cedrón

No pude más encontrarte.
Los momentos se dan o se dan,
no hay tregua que sea capaz de negar el no hecho
por pasado que se cruza en la alternancia.

No hablas.
Sonríes.
No paras de estrellarte contra mis ojos corrientes,
Inmaculada agua luminosa.

No sé cómo me importó que alguien más anduviera
tentándote al vicio sacrificado de mirarme tras un
hombro.
A veces uno se cierra en cosas que no debieran
significar más que su acaecer de máquina de trote.

Alguien te conduce por el salón de baile,
te pierde de mi vista,
inhallable te torna,
hasta ese estado demente en que las alucinaciones
valen
su objeto por la amable locura transitado.

Son tiempos que no hay que borrar,
pero tampoco repetir,
no muy seguido al menos;
digamos, en un par de años.

La primera vez que me le acerqué estaba dispuesto a
emprender viaje sin retorno.
Hablábamos a oscuras en la nave transitando
el vehículo clamoroso,
la no hablada sombra momentánea.
Sonreía,
no paraba de estrellarse contra mis ojos,
agua luminosa;
y yo, rebotando contra las paredes espantosas.

Es mejor aferrarse al arte
y soltar el acelerador del infierno.
Mejor así,
viniendo el río que no tiene principio ni fin;
el río decolorado que atraes al cestillo luminoso,
el agua desde tus ojos discurrida,
para que se quede intacta en mi memoria borrada,

120

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

transitar nuevamente ese momento de día renovado,
pleno,
donde ya nada es pretexto para quedarse ahí,
petrificado para siempre con la cabellera argenta
traduciendo una planta que te acerca,
Eva de la Negra Cabellera y el Rostro Constelado,
el gran rumor infernal de la Diosa Discurrida
enloqueciendo.

Jack Farfán Cedrón

ENERVADO, RUMIADO, PÁLIDO, PIENSO
Quien evade un mal recuerdo,
un opúsculo sangriento,
va del lado permanente en la niebla;
quien detiene el oído, el dolor, la rocalla, el badajo.
Hacia el ladrido desertor del sueño interrumpido.
Quien de lejos desoye lamentaciones redoblantes.
El que puede comprender el estado entorpecido.
Derramando fértiles huestes. Entretiempo.
Quien escupe de la fuente misma algún barbasco
letal para la noche fueguina,
al viento.
Pero que retenemos entornando los ojos.
Ellos, los comprimidos, por una luz pantanosa
acurrucando a beldad desnuda,
pronto renace.
Quien a un mal recuerdo se aferra.
Será la decisión fatal, el paso a punto de ser dado,
el indeciso como arenoso mordisco.
De la trufa, de la grieta prohibida.
Porque borrarlo todo de una patada voladora,
es negar lo que pasó
por un error execrable tragado,
por una columnata latón precipitando línea
despuntada

121

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

a las virtudes pantanosas del riego galopado,
irredento,
por reptantes,
se deshagan,
girados,
trístidos cuervos pensados
una tarde a la mesa
tendida,
la ciega madre adivinará el adulterio,
cual única aldaba oscilante de viva sal precipitando
a lo lejos,
donde las visiones apestan a beso asqueroso:
dos ancianos torpemente buscándose,
mirando la estatua que llora,
la carne de su pleno movimiento.

Jack Farfán Cedrón

LOS APACIBLES INDIOS TARAHUMARA
Hay un límite superado por el hombre en que llega a
convertirse bestia predadora, tragalímites, devorador
de distancias; una raza de hombres asimilados por la
brutalidad veloz: vencer los retos, pasarse por alto
contrariedades agrestes, breñas y collados a limpia
zancada.
Dejaron su mundo civilizado para correr tras sus
presas; cansándolas a lo largo de caminos extensos,
dábanse banquete caníbal, fruto de su vencedor paso
de resistencia, tragándose alcores polvorientos.
Una raza de corredores guarecidos entre mitos
cavernarios. Aquellos fantasmas galopantes, que
como todo volador cabalgando, no deja huella en su
paso estremecedor por el planeta; cuyos rugidos
celestes, de cruz en el redentor sufrimiento.
Prenden lamparines construidos con jirones de sus
rasgadas vestiduras; dan lumbre a sus leyendas
veloces, por contadas horas, en que, permanecidos
en sus cuevas, toman pausada tregua, lanzando
buen pie a próximas carreras.

122

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Vidas en pleno movimiento, alimentadas por el
placebo a dentelladas sudorosas destazado, entre
claros de aire, agua florida del flujo inamovible.
Aspiran, secretos discípulos olímpicos de una tea
asombrosa entre el ocaso sangre de toro del
crepúsculo alcanzado por el que va detenido en la
distancia.

Jack Farfán Cedrón

ENFANGA SE LÚMEN POSESO
Abdomen mísero, atacas por instinto; te tragas todo
lo que a tu paso se muestra susceptible; luego,
invernas hasta la posesión de la hoja del cardo
inhollable.
Mísero, doble haz, traicionero, eludiendo
espasmódicas propuestas que transgreden la
deglución mamífera.

Para que la velocidad surja su curso, para que el
cansancio de un planeta agostado, llameante entre
las ramas del flujo, repase redundante su energía
rediviva, en Sierra Madre o patria levantada entre
desánimos, derrotas; metafórico aliciente para
sobrepasar los límites, y así erigir el descollante fluir
a zancadas veloces.

Más aun, comprende una omnívora costumbre,
remoler al más débil, ventrudo, fláccido,
omnipresente ante pasmos efervesciendo la gruta de
lo descollado a zancadas por la tierra de las tocadas
heladas.
Ante eventos designados rituales tesitura, yo me
adentré de un modo parapléjico al insomne
proscrito, me relaté a mí mismo si se basta
anteponer el legado de una lengua bífida chasqueada
ante el genésico canto, descabezaba la pesadilla
helada como justa, del estercolero andante,
musicalizado por la demonológica del canto.

123

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Al puro surtir de la memoria en arilo
resplandeciente por el solo de una estrella designada
entre llameantes observatorios desaparecer por el
primer panóptico objeto recurre entre los otros
designios rompiendo en las costas de un mar
vigilado por el faro.

Jack Farfán Cedrón

PLEGARIA
Quiero, Señor, que me concedas la esencia misma
del espíritu que he sido, soy y seré, para vencer las
adversidades tosiendo en la morada que la ciudad
invisible cierne, ceniza árida, sobre las tropas
rodeadas de espectros maniáticos buscando retorcer
lo designado, sin ninguna intención maligna.
Adviérteme el paso andado, aléjame de los vicios
que ofrece el estado de escarbar sobre lo ya arado.
Que los logros, sin cansancio, sirvan de base para
posteriores emprendimientos con la cruz desvelada a
las espaldas.
Que si invierto una sesma de tiempo en detenerme
en cuestionamientos ociosos, la palmada o el azote
me avive la llama del trabajo; plegado como estoy
en asuntos que provienen de lo externo, y van a la
piedra adormilada, pero jamás opaca, de la esencia
que no desvela ni ceja mayor abrigo que el creer que
existe un mañana; que luego de todas las malas
energías absorbidas durante el día, siempre habrá un
solaz vertiendo calma.

124

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Porque, esclavo de los siempres, me duele más
cuando divago en aspirantes apariciones, se
entrometen; algunas sonríen revelando de la forma
que entendemos, que lo inamovible se cierne de
energía durante la vaga conmoción de lo soñado.

Jack Farfán Cedrón

el origen no mienta, y se surja; sea fe, demore en el
prostíbulo corrupto, y caiga nuevamente a ser lo que
ha sido, un muchacho cargando con las ilusiones,
dando fe de que nada podrá vencer lo resoluto, lo
que tiembla, y guarece cual una deidad a los pies del
gran luchador de versos fulgentes.

Bajo el agua que las ilusiones revelan del mismo
amo de lo que somos por una variación bifurcada
durante la voluntad que puede volar los polvorines
pesimistas, y las compuertas que se vienen, para que
nosotros los dueños de nuestros dones recojamos a
redes abiertas una indecible claridad que no
apagaremos ni los rodeados, mientras no
evoquemos cierto hálito distante en el monstruo de
la pereza que se asoma, y esparce su calumnia
mendaz, revertida duplicándose; para que esa
auspiciosa agónica tiente el barro estático durado en
la Plenaria Sesión que los inventos acercan, la
fortuna que no se busca sino por repliegues de una
sencillez opacando cualquier ofuscación o sereno
recato de todo dominarlo, con ese pacato orgullo
que la tentación significa. Me asusta, andante,
despechado por la ajena tentación que no es mía,
pero que la rozo, mujer perlina con la lluvia
azabache en la cola del pelo. Se fija, negro pasado,
acuoso, temblando estrafalarias corrientes para que

Se intenta y se decreta que todo lo pronunciado
ejerce el poder de barrer con las enfermedades y la
pacatería que convierte en patética la amistad,
incluso de años, de manera que el arrobado en su
montaña de logros no ose tocar retirada, ni tiente la
extensión que se lleva hasta las atrocidades que todo
lo catapultan.
Esa baba dinamitando la misma fragata viscosa de
un averno en la locura y para con la locura, límite
inexacto que tensa las afirmaciones dislocadas, en lo
que se convierte ritual conversión al cansado por
agua, fláccido en los tiempos en que nombra y
extiende el mito en rito, y la sonrisa un poco
descolgada de una ciudad, de por sí, amanecida
quieta, en su locura que no mueve ni las montañas
de lo crecido por ríos iridiscentes, hasta encender las
Millonésimas Furias que encalaveran al arriesgado
por encender de una vez y hasta el fin el carácter

125

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

barriendo con los pedantes remolinos y las
intermitentes fabulaciones que la moral poco ha
advertido, hasta que se rodeen las brujas lascivias,
llamas avivan.

Jack Farfán Cedrón

FLORECE DONDE NACES
Cuando acaricio todas las cosas, despierta con la
mirada el que realmente ve lo descubierto por él en
la mano del corazón habitado.

Tú, parado en las esquinas con la paciencia que ni se
aclama ni se sospecha, estallarás en cualquier golpe
del dedo arrobador y del deudo apilador de los
pilares angustiosos en que se es posible y probo,
regodearse con huestes poblando de una miel
mirada a la bibliotecaria. Se detiene. Mira con el
asombro del que en la víspera se volverá inmortal
fuera de la carne y columpiado con su peso lujurioso
que lo asoma y lo retrae a ese efecto refractario
tentando a mayores desatinos.

Cuando acaricio, sienta una mala grama que es una
alfombra levitando en el confín celeste, que sueño.
Cuando acaricio todo lo que nace del vagido
desfalleciente oscureciendo movimientos.
Ante Dios y el tono menor que cada momento se
escucha irrepetible.
Don, voluntad, chispa encendida desde ella.

Mientras dure la moral tensándose hasta el otro día
que empieza con las formas que la duende vindicada
asume como teletransportador de una verde salina
entrometida estruendosamente en el cielo ilimitado
del roce preexistiendo antes del novo ángelus
adelantado en su paso que el ubicuo perdón procrea.

La maravilla, la soltura y el aire perfumado de todos
los elementos sosteniendo los plenos goces del
mundo, mientras fulgen, luz desconocida, mientras
sella el oscuro panorama que ha dejado la lección de
que alejarse consiste en crear otras puertas ante
enigmas imposibles con los que ya nada se puede
hacer, sino más enredarlos.

126

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Que la consistencia mundanal sonríe si va dando
tumbos en la rimbombante unidad habitada, que
dejamos de leer mientras perdemos la memoria para
dar paso a los recuerdos.

Jack Farfán Cedrón

MUSE
Musa suave,
musa fanal,
agonía;
donde un talante incriminatorio muere,
nace tu aparición de ojos,
dos capas superficiales,
nocturnas,
donde mana un signo brillado la esperanza.

La demora, la pausa florida, la tumba sentada con
un manojo de flores nuevas. Las reconoces, y
serenamente recoges, saludando al fantasma que
fuiste.
Detendrá el soplo, la angelical mirada de lo no
detentado, asido a la sobriedad de amar lo efímero
buscándose sin un mapa de mano y el oído del
corazón más sabio.

Nos topamos en una nave inmóvil,
mientras creíamos que era otro mundo el habitado
por nosotros.

¡Pegad a la música rugida del mar que no conoces!,
que adviertes mientras la locura sirena te canta o te
pierde, de un salto sin dirección a la libertad que
reclamó tus pasos desde el magro nacimiento de la
nada.

Y las bellas formas de la metrópoli circulaban,
apariciones,
acaso exactas al mundo edificado
en nombre de la soledad compartida.
La decencia,
el habitat cerrando sus blasones angustiosos
nada te traen de ti,
de tu hilaridad naciendo instantánea,
durada en el vilo sangriento de la carne,
que persigue vanos ideales,

¡Que el ahora absuelve de un salto!

127

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

mientras se esfuman los sueños postergados
que la venganza elige,
craso infierno personal
regodeando a su puerco desgraciado,
en humano perpetuando una caduca vida
hasta la parca de sus días.

Jack Farfán Cedrón

para que juntos detractemos de lo que allá pudo
pasar
si despertábamos
de un silo juntos abrevándolo,
hasta que aparezca el sol de las presencias,
el retrato cantado de la dama almibarada
que nos hace el bien.

Veremos el sol encima de un prado de margaritas
amarillas,
el lecho vidriado de musgo violando el agua que
besa,
bella aparición del cielo,
colorea de esa forma,
al ruedo impenitente y noble del estío.

De pronto, llegar a los vahos penumbrosos
que prontamente recogemos
hasta que el saludo se preste necesario,
únicamente para que se tome la mano débilmente
levantada
y tiemble en nosotros
el retrato interior velado justamente
para deslizarse sobre un mar erigiendo la pared
iridiscente
de los gritos,
de las dudas;
pecan de ilusas,
tanto las asunciones amonedadas,
sucesivamente en cada uno de los cuerpos
se yergan sobriamente,
para procrear el gorjeo más sitiado en la última alba
dichosa
adormilando el sueño de un noble vagabundo

Precede nuestros pasos,
muchacha de un hilo nocturno pregonando lo
cósmico
de lágrimas en redada con la sangre negra del sueño
reposado,
donde se origina la esbeltez,
Musa,
que los acerca hasta la vida cerrando nuestros
cauces,
designándolos todos,
vaga presunción de lo obrado por ensueño,

128

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

sobrevolando el llano fantasioso donde posa.

Jack Farfán Cedrón

SOCARRÓN Y LUNES NUEVO
Vio los rostros deseosos de quienes querían salir por
las ventanas de sus camionetas.
Avivarlo a fuego cruzado sería su pálida respuesta.
Las casas derruyéndose hacia dentro.
La helada sumiéndolo en trance hipnótico,
en el cual las palabras caben lo que significan:
nadie más que el oscilar sereno de los páucos
angustiosos
enhebrándose a un límite dormido.
Tras la espera,
apretadas lágrimas de polvo acaecen
la forma tambaleante de una escoba
que se quedó varada entre la grieta
de una casa abandonada y la grey
designada de lo no oficiado entre
los restos.
Saber que la carne enjuta de los muertos va al cieno.
Jóvenes parejas en los parques,

129

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

símbolo de que admitiéndose
los unos a los otros
la forma que imaginan los otorga,
al puro evidenciar de la memoria
que parte
tras quedarse en el viaje de las ramas
estallando su polen nocturno,
su tarde estival rodeando gentes
extraviadas.

Jack Farfán Cedrón

que a uno lo dejan con la magra preocupación del
estallido.
Aquella aurora lloviznaba
sustrayendo precipicios.

la

línea

avanzada

Era eso que ni conocemos,
que nos cierra la preocupación,
emprendidos como estábamos en poblar el monte
bajo,
el cieno pelado,
el jurar abstruso delimitado a los confines,
que a uno lo crean,
que a los más lúcidos los resguardan,
por componer la moción cacareada del espanto,
tronado de bondades,
hasta descerrajar vientos tricornados
una blandura por las ramas fosos persiguiendo.

Repasará las rutas
por donde miraba acontecer
el riego auroral
presenciando un clarín desposeído
del cabello matricial de un río que ronca.
Y me retengo,
me conmuevo,
me veo venir como asistiéndome a mi
propio gentil
que ha adormilado un poco,
que ha escuchado la voz que le susurra:
Levántate al vivir sin siesta de preocupaciones.

Y las máquinas de perlar aguas
se comban hacia uno,
que no es más el cero,
que en el blando recorrer de las arengas
muestra su dedo destinado
por el riego atravesado que el grito recorre al obrar
el cuasi modo que la culpa asomada vierte

Tan cortos los caminos,
tan loables los hechos

130

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

mientras se entrevé hacia el siglo
una poderosa agonía salida de la misma lengua,
del cieno desluciendo las ofensas,
ante la guía dejada por la estela de su paso,
ante el reloj que apenas respiraciones araña,
tras reconocer paredes habitándola.

Jack Farfán Cedrón

SALMO DEL NUEVO COMIENZO
Los errores se pagan con creces durante
La resta de muertes sucesivas erigiéndose vívidas
Desgastando las pistas
Doliendo las plantas de los pies
Cansados de asistir al resplandor moteado por
frondas
Enfrenta las frondas
Hasta ludir sereno
Transita con la certeza
E impasibilidad
Hazte a la suerte volátil regada en el asfalto
Y lo que seguirá rodando
Cual una fruta encendida por el dulce
Que todos paladeamos dentro
Algo me dice que todo saldrá viento en popa
La ciudad entre alfombras tupidas
Que el pasto desteje mientras se abre paso
Una zenia crecida
Haciendo votos
Blancos
Para que dejes la costumbre
De zaherirte las sienes con el paso inevitable
Nada se puede contra lo que deja de pasar o pasó
Cerrar el viento

Yerto de la dupla secundando
el habitado confín de alas apaciguando al sol
lloviznado
sobre las copas,
su lánguido sorbo de té catapultando al cadáver
resurgido por las tardes.

131

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

A cuerpo volátil bajo la tierra firmamento
La rendición moral es una fresca estrella
Que no acaba su obra celeste en el día asomado

Jack Farfán Cedrón

AGNUS DEI
Allá, donde se deslíen las líneas de la mano, bajo un
arco de asombrosa luz ámbar y de miel necesaria,
las carreteras de agua hirviente borran sus improntas
de oscuridad luminosa reflejando el charco inmortal
de lágrimas cósmicas.
Aquí, en la ceguera que de un tajo da la muerte
intempestiva, comienza el silencio de las horas
secretas en que respira la sangre sus aguas de crecida
y precipicio.
Doy, paso a paso, lentamente, una frontera
estrellada para el cosmos vacío; las palabras que lo
ocupan emanan música de su interior celeste.
Siempre estuvo ahí esa armonía de caja de música,
de clepsidra o caleidoscopio compactando los
colores del amanecer, del noble comienzo. Con su
respiración de agua prístina, me espera donde tácito
es verter los galopes lejanos del rocío en el alba que
ya ha comenzado a tejer los estertores inmortales,
que ―vana paradoja―, parten de la asfixia, del
ahogo, de la contusión cerebral, de la afasia en el día
de la gracia más próxima a un cálido cuerpo, limpio,

132

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

sin sentido; de la capitular decapitación de las
cabezas culpables:

verdad en donde embarrar el pie se hace al
descubrimiento de los elementos.

¡Otra insigne vez, la muerte!

Un gorrión de barro cae estrepitosamente ante la
atónita mirada de unos niños volando a su
encuentro.

Creo en la víspera de mi deceso nocturno:
La cadena diurna siguiente, erigida sobre una
almohada pétrea borrando toda duda o buen sueño.

La señal, la indigna señal de las caras pueblerinas
condenándome a que mi figura desaparezca entre la
luz viciada del inicio.

¡Ah! Recorrer límpidamente, si miras desde la
primera vez, un mundo soñado con la vergüenza
más pesada aquí en el gaznate, en la mano ya sin
líneas que borra el agua compartida por la sed y el
desierto cruzado del inmenso sacrificio.

¡Deus Inmortal! ¡Deus Sacrus! ¡Agnus de Dios del
Alba! Señalo la invención terrorífica, la
desesperanza, el mediolecho, el cielo compartido.

Vagamente entretener sobre mi brazo, como un
pedestal a una tuja, al cirro columpiándose, rosáceo;
a la piedra pómez; a una aguamarina, como vaga y
dichosa exaltación de las invenciones descollantes,
que, quieran o no, vacilan disgregadas ante la lluvia
amarilla y extraña haciendo reír a los hombres
alistados en un venerable y Segundo Mundo
Compartido.

Padre de las caricias subcelestes, de la energía
volátil, del gran foco y su rodaje mercurial y viento
aquí en la energía destapando recuerdos.
Padre de los engaños tutelares, sabrás un día que la
verdad se acuna entre las quimeras que reflejan la
bella paradoja del mar enfurecido y a la vez perla
con que castran las mujeres a sus pescadores
ocasionales, enloquecidos por la furia mental de su
sirena, que los lleva al sabio consejo de enterrarlos

Después, ante la pequeña y lejana luz recorriendo el
recinto de quincha, la casa de barro, una pequeña

133

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

como hombres libres de libertad o movimiento,
vencidos de puro y gozoso orgasmo.

Jack Farfán Cedrón

AGNUS DEI MATER
Padre nuestro que anegas los charcos de pesadumbre
y de dolor
Calma a la fiera
A la madre del Cordero
Haz que ensombrezcan sus tormentos
Durante las lomas de su juventud llovidas por asalto
De piedras y frutos con las condenas del carácter
alterado
Durante una bebida de ajenjo que apura cada día de
jornada como maestra rural
Desvívela en sus intenciones de fregar conciencias
De galopar a ultramar la esperanza
Ante barreras salvables con un ―por favor‖
mereciendo lo que busca
Una calma que en ella misma como un magma
sabio olea y olea
Pero que no controla cual la esencia pura del amor a
los hombres
Y la claridad de las ideas
Y los fortines veloces
Creándola con garras hasta el asalto del mundo
Derruido por el templo de renunciamientos
Dolor otra vez

134

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Y sueños desperdigados por asfaltos de nuevas
avenidas
Cuando explora el eterno cieno que compone la
afonía
Con la que luego de una jornada de gritos queda
exhausta
De fregar conciencias
De acabar por fin con los hijos timoratos expuestos
a bullying eterno
Que no los destruirá porque son esas higuerillas
Que soportan todo impasse de la naturaleza
Y porque la diaria jornada a que se vieron
atormentados
Les dará siglos de resistencia
Porque toda contrariedad es nada al lado de sus
rugidos
Espárcela
Señor nuestro
Dale la luz esencial de sus condenas apagadas
Y revierte sus maldiciones por instantáneas que
parezcan
Hasta enturbiar con dignidad unas lágrimas de
cocodrilo
Y romper con la farsa de todo intento por derramar
Dentro de un lago ajenjo
Lagartos exhaustos del sol que todo lo oscurece

Jack Farfán Cedrón

Como los mismos rezos avocados
A su noble presencia de fiera de los reinos
Que se evade el carácter
Que se ciñe al invento de la mítica ciudad
permanecida
En el encierro y por lo nombres
Que el revuelo de un canto volado exhala
Entre las máquinas madrugadoras de trabajadores
A dos jornadas sitiadas por las bombardas
Anegando el hálito de aceite en que fluye la
máquina de despertar
A las horas mentidas
A un estropicio trabado por la memoria en sornas
juntas
Frente a descargas irascibles
Por las que felinos golosos de lujuria evaden azoteas
Con la misma ansiedad aparcando
La ilusa marea taimada
Cuyo río recién comienza
Y cuya llegada es la demencia
El imparable rito de todo desfalco de dineros
Caídos del averno en bolsas blancas
Que la comarca del todo por el lodo retumba
Sobre fosas narigadas respirando humo de soldadura
Polvo inventado por las civilizaciones que nos
pudren de agonía

135

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Un arracimado comienzo
Donde penden oficiados contrarios
Su alta montaña calibrada a los padecimientos
Y las formas entradas en el llano
Pareciendo entornar los ojos
Al lodo de mangles pisados por entes permeables
A las furias arrolladas cual un agua orillada a
condena
Llorando la bestia arrepentida en la senectud
Y son vanas y de piedras esas lágrimas
Y tus buenas intenciones
Señor nuestro
Por salvarla de la condena del mar carácter
Retumban mismos sones oros
Y campanadas alertando la llegada de la inservible
pesadumbre
O el mendaz arrepentimiento
Que será en adelante
Una forma de renacer
Una siniestra forma de caer
Mientras las extremidades
A flote permanecen
Gastando las pistas anteriores al planeta de puentes
volados

Jack Farfán Cedrón

EN TORNO A LA HIRIENTE PLEGARIA
La faz del presentimiento elige ser el día alumbrado,
el charco que todo lo embarra. Tú eliges. Ser la hoja
que revive hasta en su más reseca estructura,
embarcada sobre las aguas armoniosas de lo vivido
plenamente según el flujo de los seres y cosas
acunado hasta la más secreta batalla, que aun, hoja
de otoño, navega erigida de oro e inmutable certeza
su castillo más frágil que la caída estrepitosa que su
esqueleto representa, en la vida o valle de álgidas
razones, que la vida jamás se detiene por la necedad
de un solo objeto o ser vivo, expirado.
Nosotros, entonces, cubriremos por los inánimes,
por los desanimados, por los faltos del hálito
moviendo montañas, y que sin la fortaleza de la
maldad es responsable del movimiento de los
caracteres encaminados a la armonía persiguiendo a
buenos y malos.
Cubriremos los sabios movimientos de los
desfallecientes, por una justa armonía que al ras de
las almas ignotas concentra las vibraciones enteras
hacia el círculo volátil de armonías proscritas, a

136

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

eterna consumación del bien que superará todos los
confines abismales.

Jack Farfán Cedrón

PLEGARIA
Dame, Señor, paciencia, para sobrellevar con juicio
crítico mis creaciones obsesivas basadas en derrotas
constantes, maldiciones al prójimo, caídas sin fondo
y la megalomanía inseparable de mi ego.
Para levantarme, fuerzas dame, Señor; así crea que
lo contrario me lleva ventaja, y creer en lo que hago
sin recostarme unos días en la pereza que obnubila
fuerzas y empuje a la rueda del suceso.
Ni ser un poeta incendiario ni explosivo.
Paciencia dame, para con el más minúsculo de los
seres esperando una sola palabra de bondad en la
ruta.
Mi carácter detonante debo templar, como Ulises,
cuando llegue la hora de vengarse. Señor, que esta
venganza lleve en la dulzura que ello significa, la
templanza del espíritu y lo justo; que para eso sea
capaz de ir hacia la montaña sin tener que renunciar
al trabajo.

137

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Mi carácter domaré con brida de constancia y
paciencia.

Jack Farfán Cedrón

Soportaré a las personas necias y burlonas.

He podido respirar como un humano que yerra
encontrando el paraje de oscilaciones de copas y
hojas de fresno despertando suavemente al
reconcilio.

La risa muy en el fondo de sus envenenados
corazones jamás me hará pensar mal de los
demonios.

Religare, reunión, religión de uno mismo viéndose en
ti, Señor compasivo ante un espejo que no existe,
como el reflejo que somos.

Dame un aliento de Sol, una ráfaga de agua, un
soplo fresco traído de tierras cálidas, donde respiran
flores y la armonía de una voz preciosa arrulla la
atmósfera de Buenas Nuevas.

Templaré mis ríos metafísicos para entrar en tu cielo.

¡Quiero, quiero, quiero! doblegarme ante tu fuerza.
Que si la locura y la ira conmigo mismo me
persiguen, sé que tú serás mi hombro compasivo, mi
ala derecha para el descanso de mi izquierda.
Dame amor en la mañana esplendente con prados y
cerros por recorrer, y personas que aparecen, Señor
que todo lo puedes.
He recogido los dedos por días anteriores para
salvarme de la rutina.

138

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

VIRGEN DE FÁTIMA
Porque mirar hacia las colinas y las invernas
despertando con el sol del valle,
mojados en tus lágrimas,
hacinados en la fe perecedera,
en tu bendito nombre,
Virgen de Fátima,
viene,
viento imperceptible únicamente secado
por las memorias de los muertos etéreos;
ellos nos protegen, para jamás callar la dicha que no
cesa.

Apareces para llorar en nombre de los afligidos, de
los ensimismados en sus vidas detenidas para
resurgir nuevamente, flujo poderoso, agua que no
cesa.
El corazón busca la entrega absoluta del amor, la
desnudez eterna del espíritu, partiendo de la familia,
y hacia todos los demás hombres de la tierra se
dirige.
La certeza, la fuerza, la decisión más fuerte que
todos los relámpagos de tempestades pasadas y
crecidas dándoos fuerza;
hacedora de los vientos y los flujos sempiternos que
nos das,
para vencer todos los obstáculos, dudas y tormentos.
Reside en la oración, en la confianza que los demás
esparcen con tan sólo mirar piadosamente;
reclama el justo amor que nos pertenece y se
comparte.
Ejercen los milagros una líquida luz rodando el
interior de los hombres justos, tocados.

139

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

LA CADENA INFINITA

MAR EN LA RAMADA

No busques, déjalo que llegue.
No llores los amores pasados,
de ellos te alimentas.

Sabe que la escoba perla del oleaje
lame los pies,
esparce la arena,
mientras un callado viajero
en vaivén desde la hamaca
tendido se queda
entre la línea del agua y lo celeste.

El abra al lugar de la piedra abierta,
el suplicio de la espera,
cae como el contaminado y plomo manto
que el cielo permite en tus ensoñaciones,
fiel desilusionador de perversos augures
donde place conminar por las formas
de lo taimado entre sombras
que urde la ventana.

Jack Farfán Cedrón

Sabe que el amor de las alas
o el flujo rodando la vieja barcaza
diluye sus improntas en breve borradas
por blancas dentelladas de sal y marea,
chirriantes dientes de espuma
recorriendo el infinito final entre nosotros,
que estamos,
teas de asombro;
tanto en las casas próximas de cañas y palmeras
secas
un olor a pescado frito nos derrite la boca
y las redes verde transparente se deslizan por las
manos diestras
de los pescadores curtidos por el sol y la brisa,
hasta hundirse en esa celeste espesura de agua
que no contiene ningún mundo completo.

Llegará la dicha por esa conmoción de fuerzas
prestadas,
esa dicha que elude y acompaña a los seres
cuya búsqueda horizontal se sabe minada por las
aguas
que a otro mundo se contemplan,
entre la inconsciencia y el caos siempre tendiente
al orden sepulcral de las cosas
que por mal destino se encadenan,
al mal que ciegos años dura.

140

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

ÁNGELUS COSECHA
La sal sonríe,
la sal y los rompientes vidriados erigidos en las
crestas
de las olas,
ni a los peces reflejando
el gris firmamento del mar entre nosotros.

En las trincheras dolorosas como en los collados
cardónicos el caminante se elige.
Su tabla horadada de pruebas lacerantes muestra
una pulcra Sábana Santa, vital.
Abrir y cerrar del libro de plenitudes hacia Dios
lleno.
Borboteante de la dicha que lo hace despertar
en la lucidez que en la razón aflora
en los más cuerdos y justos.
Seré en las tentaciones como en las ofensas
y también encajonado en las tretas y burlas
que para los débiles el enemigo se reserva.
También romperé viejos paradigmas
siendo lo que hasta ahora no han podido ser mis
antiguos amigos,
razón por la que los he perdido,
o tal vez me he encontrado renovado
en las trincheras dolorosas como en los collados
que la piel crucifica con sus cardos
y las mieses a punto de silbar
el vano del viento que las limpia
de la paja dándoles el oro vespertino

141

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

y la huella de la espiga cegada
en rastrojo donde,
como última y calcinada morada,
velan frutos de las huellas cosechadas,
cuando el cielo calcinado reposa.

Jack Farfán Cedrón

SALMOS DE GRACIAS
I
Señor, acoge mis deseos esta y todas las mañanas.
Tu grandeza mantiene paciencia para conmigo,
aceptando mis humildes salmos de tristeza, como
toques de puerta recordándonos la siesta.
Seré agradecido al creer en tu Reino, que muy vasto,
y aunque no lo pueda creer de dicha, me pertenece.
Gracias, Señor, por el mundo y sus claros cabellos
deslizando los movimientos del día.
Gracias por la batalla emprendida de existir para la
dicha y para sus frutos, sonrisas en el éter de todo
pámpano dormido; en la cual, como en la arena, en
el vado precipicio o erial, porque las espinas de tus
campos secos, como las parras, de tus fructíferos
viñedos son materia de las gracias que esta tarde en
que acojo tus líricos regalos, me levanto y renuevo
en la dicha, sobre tus manos posadas en el dichoso
corazón destilando un estío que no lloro y que bebo,
para postrer mañana bendito.

142

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

II

Jack Farfán Cedrón

que acoge al águila vieja y la transfigura en ave de
rapiña con nuevas garras y pico inhollable.

Como en las ciénagas que acunan lobos de río
adormilado,
Como en los manglares en que se dibuja el estriado
amanecer entre las atribuladas aguas que alimentan
el alma a destellos,
Así acogeré tu espíritu sin color ni forma y con
apenas una fragancia que me arrulla hasta alcanzar
sosegada quietud en la Gracia Divina.

Así en el eterno descanso como en el flujo que resta
por partir desde las buenas intenciones.
Porque el sol habrá vencido, para entonces, a los
tumbos que el inicio del mar embravecido levanta,
cuando el tino se va tentando al egoísmo.
Porque nada triunfará sino creemos en tus señales o
las catástrofes que son una prueba del salto al estío.

El vaivén de los salobres ojos avanza conforme los
movimientos de un cuerpo que en la mañana holla
las dificultades con un verbo divino entre los dientes,
que se desliza al estertor dichoso de partir la chirapa
en fresco verano.

Un porvenir que habremos de acoger, como antes la
esperanza en los Pliegos Sagrados.

Como tu misma energía y los tiempos en que se
dignifica la moral presurosa; como en los mismos
estados atribulados en donde la razón no va más y la
dicha estalla en un gesto de entrega volátil hacia los
ojos desvelados.
Así te asientas cuando más te necesito, Señor mío, y
así en los gritos como en la sólida y silente cumbre

143

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS

Jack Farfán Cedrón

desde el mismo centro de flejes arrancados
elevando la maquinaria de bofe, carne y mente
volátil,
un bocado caníbal que aguarda por ti morderse,
excretarse, palanca adentro
donde las cloacas de la ciudad angustiosa
expelen hedor a mortandad,
vela en popa de soluciones trasnochadas,
pegadas en el libro en blanco sobre la mesita de
polvo para noctambular
la lámpara que mira la luz al opúsculo maldita
del impacto fatal extintamente maculado;
luz que, hierática, en torno al sepulcro que embebe
un índice,
un arco podrido elevando los colores a extraños
firmamentos,
expira.

Todo está bien, un indicador de que la bomba de
tiempo transcurre a una precisión ensordecedora.
Tanta calma no podría hacernos pensar
sino en el ático sosegado que predice el estallido,
la voladura en pedazos del cuerpo calcinante.
Aquellos suicidas que anuncian su caída
con la pinta de duelo en las ojeras
no lo volverán a hacer.
Una vívida ocasión descorre el teatrín.
El resto compone escena, parafernalia,
solemne de negro levita.
Atar a una duda corroyendo el vicio,
la broma pesada que despide una nota
deslizada por el retrovisor de la puerta
en su vano interfecto impenetrable,
al vaivén segundero
comprende la estampida final,
acaso la burla repetida frente a la palma reflejada:
el angustioso espejo desde el lago turbio torcido,

O, el poco tino para contar con un puchero abjurado
a la dicha que compone la insensata sinfonía de los
sordos,
que aun calmados miran un punto oscurecer, de
frente,
donde cabe el más liviano de los recuerdos
que en nosotros se queda,

144

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

oscilando unos viejos zapatos llenando el aire de
gotas,
simiente apocalíptica de los ahorcados
que al polvo rociado oran sus preguntas,
el foco de acabar con su astado ventrílocuo
que ya no eructará más sentencias.

Jack Farfán Cedrón

LAS PUERTAS DEL SOL
En la línea del mar que nada lo pierde
Guiña el buen oro del ocaso su cíclico ojo.
Resplandecerá en la sombra,
En el equilibrio de las aguas
Cuya bendición toma de los jirones de púrpuras
nubes
El alveolo del viento en las aguas.
He hallado en el seno de la playa
Un hipocampo abierto al sol de rayos tenues
Que en el amanecer bendicen como con alas
Los objetos del mundo.
Los albatros rozan el paso del oleaje
Flotando al agua como patos.
Entre las rocas perecerá el hombre
Que revienta a la orilla sus dientes de velos
desesperados,
De sueltos nombres espirituales.
La canción apaciguada que envejecerá
Al girar la rueda de oro del verano
En un guiño fantasma que sumerge

145

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

El espectro de quien mira los colores
Y cobra forma su espíritu
Alargará el gran guiño bañando donde hunde
El buen oro del verano sus cenizas
Hasta el próximo infinito.

El amor es ciego
Como un burro que anda
Sin ver el abismo que lo salvará

146

Jack Farfán Cedrón

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

PROVERBIOS DEL AMOR

Jack Farfán Cedrón

Mientras más sexo, más sacrificio.
Mientras nos mantengamos al borde del pecado,
será más duradero el amor.
La santidad y la pureza matan al amor.
En el infierno encontraremos al verdadero amor, un
amor que nos apuñale y nos haga sangrar, un amor
que nos brinde la muerte de estar felices en la Tierra,
donde no falta alguien estúpido que sueña y hace
soñar, y mira, pero no toca; y come, pero no vomita.
En tiempo de abundancia, escupe al amor; en
tiempo de sequía, defeca sobre él, para que produzca
hierbajos de lujuria.
Ya sabes que para los justos no se hizo el amor.
La sabiduría es engendrada por una práctica
desmedida del amor.
El amor no cansa, fortalece; mientras más besos
sean dados, habrá más energía en el mundo.
La cópula es la llave que abre la puerta del
conocimiento.
El estado más sublime del hombre es el orgasmo.
Ensucia al ser amado, alimenta sutilmente de odio al
que no amas, porque el amor produce odio cuando
es sutil.
El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría.
Si amas, hiere; si odias, has creer que amas.

―El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría‖.
William Blake, Proverbios del infierno

Mientras más sucio, más intenso; mientras más
egoísta, más único.
El amor vence al amor.
Y cuánto nos cuesta soltarnos.
Se aman los hombres, se aman las mujeres:
el tercer sexo es una alternativa frente a la
monotonía del amor.
Odia, pega, hiere, miente en exceso; así, el camino
de la sabiduría te será develado.
Los ojos ven más allá del mundo cuando la
megalomanía del sadomasoquismo nos vence.
Goza el que aguanta, goza el que azota.
El cuerpo es un museo de cruces de todas las
religiones.
El dolor tiene sus variantes y sus formas de
provocarlo.
Todo nos conduce a matarnos suavemente.
La muerte es bella cuando sufrimos en el monte del
goce.

147

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

La suma de todos los actos no merece al amor; basta
un solo acto, aunque sea el último, para despertar
una fuerza volcánica, estremecedora, la única hecha
en el amor.

Jack Farfán Cedrón

QUÉ SUAVE ME DECÍAS ―AMOR‖ EN
AQUEL SUEÑO
para m

Qué suave me decías “amor” en aquel sueño.
En la oscura soledad de mi cuarto tanteo mi
viejo cuaderno universitario para, a tientas,
sellar el beso amado en estas líneas, amor
suave, amor mío.
Sentada en tu trono, reina, me mirabas con
una ternura que hacía temblar mis bríos.
El alcohol reptaba y nuestros ojos seguían
creciendo su filiación con las extremidades
atrayendo su calor entre sí, desde lejos.
Recia guerrera de ojos rasgados, blanca,
turgente, con dos alas de cuervo a cada
costado de la línea media que separaba los
dos hemisferios de tus ojos vivaces y mudos,
pendiendo, aretes cósmicos, del manto oscuro
de tu pelo, bajo el que duermen los hombres,
rendidos bajo su noche, las dos alas de cuervo
de tu pelo.

148

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Cómo, despacio, me arrastras y me hablas
confundida, diciéndome un retazo de tu vida
en lo alto de una colina con un lago que
irradia luz a nuestros rostros amados.

Jack Farfán Cedrón

FIEBRE CERO
I
Un grado latido para una especie sangrante.
Un claror perlado de mar para quien no amanece.
Una hamaca, un libro sagrado, para el que no
reconoce que el estar sólo es una idea de quien antes
no lo estuvo.
Las ideas que nos permanecen o nos hacen creer que
ello existe.
Para qué la permanencia.
El muro bonito que vadear para alcanzar la manga
flotante de mamá que espera atribulada.
La casa de espinas, de gritos, de vagos rumores que
al ensordecer nos acompañan como una balada
sangrante.
El sonido relumbrante de un corazón durmiendo
entre tus brazos sagrados.

Estoy cerca tuyo, llovido recuerdo.
Te respiro muy cerca, confundiendo
mis dulces palabras con tu pequeña sonrisa.
Cerca tus labios, cerca la respiración
contenida de tu boca, el rojo estribor
dentro del pecho ardiendo, ardiendo.
Me despiertas un hambre incestuoso,
Diosa del bosque, a un toque de tu aliento
llego al milagro de tu corazón de fiesta.
Sucedida una tarde en que repentinamente
un ala negra de tu pelo cubrió mi enjambre
enamorado, y fría, salvajemente una esquina
nos separó del bosque encantado del amor,
cuando tú decías que hay personas que muy
tarde aperciben ser queridas. A otro sol con
esas declaraciones tardías, a otro sol, amor,
—me decías, y me dejaste en esa banca de
traquita, contigo aquí, amor mío, contigo
y con la incestuosa impresión de tus labios
turgiendo su última palabra, cerca de los míos.

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EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

II

III

Quien curte su piel y luego elige sentir, es el que
elige la caída.
No importa que tus brazos te culpen.
No importa que el hielo de los seres se repita.
Sangras y es lo que cuenta.
Por las uñas, por las costras dolorosas.
Por el velo de la negrura que devela.
Habrá un día en que la tristeza se seque.
Habrá un día en que la risa se prenda.
No por cielo confundas tu hundimiento.
En un saco de culpas los sosos sonríen.
Quien lava sus acciones repasa las huecas heridas.
Por donde se aprende a socorrer al herido.
Tú el herido.
El sordo.
El terco amador de lo que ya no está
Y lacera con recuerdos.
La nómina de los desesperados ha surtido su efecto
llovizna.
El hueco insondable adonde metiste tu corazón.
Por fin.
Se ha cerrado.
El alma de nadie danzando en la infinita
madrugada.

Camino del paisaje incendiado de carbón y de grises
arboledas.
Duerme para un sueño que no recordarás.
Duerme.
Mientras paseas tus ilusos cantos quizá alguien te
detenga para cantarlos juntos.
O quizá tropieces con la bosta que suele arruinar el
avance de los zonzos.
Mira.
Los zorzales ya no descienden al llano a enterrar el
pico amarillo a por bichos.
Mira que necesitas que alguien te abata el cuerpo
pesado, que te componga una almohada de carne;
que sea abrigo, consuelo, Ángel de la luz destapada.
Los ilusos ya no vuelven.
Las novias timoratas a derretir van en su vida de
cinco minutos.
Otra vez.

150

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

IV

V

Esta vez no supe quién eras.
Una sombra, un traje flameante, un maniquí, una
frondosa cabellera.
Quién.
No busqué entre mis libretas de apuntes alguna
lúcida anotación para locos que me haga
despertarte.
No me despedí.
No te pedí tu número.
Esta vez iba a lo seguro.
Pero ya es tiempo de que despiertes y veas que no
soy un espectro.
Y si tú puedes reconocerme.
Serás Ella.
Serás tú quien me vea huir entre los humos
frondosos de las casas humildes.
La noche ha entrado a los dormitorios oscuros.
La mañana es preciosa con un sol que vale oro.
Tú podrías dormir si yo te esperara que despiertes.
Pero prefiero encender el cabo de los alucinados.
A la espera de un infierno sangrante.

Dichosa, marmórea estatua que la nieve y la brisa
borran como una diosa sangrante.
Heredera de un bello inicio.
Plegada a la pura ignominia, al Universo plañendo
entre mis dedos su ruta preclara.
De una luz ámbar te habitas, de un sol deletéreo te
alimentas.
Luz crepuscular de llanos entre mis dedos
derramando un sudor elegido de estrellas.
Una conmoción perlada bastando para la sutil
agonía de un dragón furioso estallando en tus
latidos.

151

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

VI

VII

El cabo de oscuridad en la siniestra
El vaso repleto en la diestra
La luz entre las grietas que sé te duelen ahora
Estrella de hecatombe florida
De noche de perla y exterminio incendiado de astros
He vuelto por ti esta noche
Adonde lo tenebroso reconoce todo lo minado
Para una bendita estrella que eres y que te vas
Para que yo te encienda de vacío
Dará en relumbrar mi rostro descompuesto
Solo en la arena
Adonde mi negro sobretodo me abrigue
Para que tu borrasca germinal me lleve contigo
Y tu voz me relate la agonía plañida
Durante la pulsación de las clepsidras sangrantes
Mientras el latido es un hueco insondable
Mientras el dolor se reconoce
Sólo por la vida que nos soplará varias veces la vela
Hasta comprender la oscuridad que más nos
pertenece

Mujer de ojos de ónix deslumbrante desatada en el
viento que encadena y a ti me aferra
Mujer de labios de campánulas carnosas de un
violeta breve pero inconcluso hasta saberme sobre el
prado inclemente rezando por los dementes
alucinados
Mujer de breves pero hondas sentencias que me
aclaran la muerte de estar la penosa y larga travesía
de ser contigo como en el mar como en el exilio
Si la brevedad de una pausa en que el orgasmo se
basta para retenerse abolido de la carne
Remar en la ruta mientras vas rodeada por un
antifaz que te hunde transparente en la mirada que
me disloca del espacio en que la tarea de despertar
me advierte que en la siesta como en la vigilia los
rezos eclosionan
Para dar forma amante a la idea de pertenecerte
hasta el alba a lo largo de la cual recrudeces para
lanzarme al vacío

152

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

LA CANCIÓN DE LAS ÁNIMAS

Jack Farfán Cedrón

Será como la pálida inmortalidad del vampiro,
como su misma fiesta sangrienta cada día,
como vivir de lo matado,
socorrer con caricias metálicas
a la mirada más amarga entre los vivos.

Amor mío, prende las velas;
amor, decanta entre tus dedos el agua que acaricia.
Sabemos que ningún cielo alumbrado por el faro
deslíe entre sus sales oleaje alguno
con alas demorado.

La sucesión, amor, el eterno ajuste de puercos,
desvanece hojarascas,
el discurrir de vías alternas y transcripciones
que los laberínticos mapas ofrecen
hasta nunca.

Los vuelos,
los irredimibles pasos que da alguien
retrocediendo al caminar sus ofensas,
nos mienten de instante, de vagido,
de canción y la ruta esclarecida,
amor mío.

Siendo el caballero que soy me remito a deslindadas
contradicciones,
en tanto el viejo retrato crece su horror en cubículos
paganos.

Para qué mantenernos a flote en un mar
embravecido
de réprobos, de sodomitas,
a la vuelta del destino,
si nada sirve más que los broches maduros
de un cósmico génesis que los puentes levantados
emiten
como catástrofes más grandes que su vana confusión
entre las garras enquistadas en la presa
multiplicando sus células falaces.

Prender como llegar a todo maliciarlo,
arder entre témpanos o trufas de oro,
que el polvo hasta los despojos asienta.
Será ésa mi venganza,
dejar absuelta la conciencia
de fieles pecadillos que terminan,
cual la innoble caricia reptada
hasta el vórtice anhelante ardiente en el cerebro

153

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

si no despertamos a tiempo;
arder como si hubiera emitido
los primeros rayos de la aproximación virginal de la
cálida caricia
que guarda lumbre hasta posar
el verde milagro en nosotros.

Mi único ángel mi pálido refugio
Esta noche estrellada
Con todas mis congojas sepultadas
En nombre de tu grata felicidad
O la mía esperanza tan santa

Nada estaba proscrito.

154

Jack Farfán Cedrón

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

ANTE EL ÁQUEA PRESENCIA DEL QUE
HABITA

Jack Farfán Cedrón

Y nuestras lenguas irascibles maldiciendo la hora
dichosa
La duda de si el paso es certero o si cae el desfondo
Como cae el aterrado caminante
A su podrida guayaba despertándole la cara
Toda la frescura tropical
Y la catarata en umbrellas amarillas
Aquellas mariposas conminando
A una vitrificada agua tan nuestra
Así al hundir una pierna fuera
La continua profundidad del río transparente
Desde donde te cantan o te miran
Energías hasta enloquecer
Un cardumen subceleste
Adonde te asomas
A morir contrito del leve hilo de lo que ha pasado
Que no es más de lo tentado
Ni menos de lo que pasa por lastre cerrado
Hacia estas pestañas hiriendo el umbrío cortinaje
auscultado o el desvelo
A ciegas
Contigo
A ciegas

Frente a la opacidad amatista
Donde un cardumen de guijarros atrae la luz desde
el fondo del hoyo
Y concita el centro de fuego por las noches
Seremos el son de los contrarios
Para que simientes recurran alaridos destazando el
transcurso
De todo aguarlo mientras dure la mortaja
esclarecida
Y donde todo sea el viento ajeno destrozando en
jirones el bendito transcurso
De sempiternas y melódicas ensoñaciones
Clareando lo imposible
Lejos
Muy lejos de un vórtice extraño sobreponiendo
cardúmenes
Al agua clareada
Desleída por un añil procedente de la tibieza de los
brazos de agua calentados por un sol calcinante
Al cenit mediodía
Al polvo de la pista transitando a través de nuestros
ojos irritados

155

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Raya el oro bendito del sol
Enjuga su gran ojo incandescente
Las cenizas de un porvenir que no se hunde
Ni moja todas las lágrimas necesarias

Jack Farfán Cedrón

Qué imagen ocupa tus nobles pensamientos,
claro mundo reinante
donde el ser empequeñece
más sus ruinas.
Diré que el simple aullido,
el llanto
sangrientamente corre dentro.
Diré que mientras bailo,
Tus párpados calarán la ruina del sueño
entre mis hombros a ti asidos.

156

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

El gran fin del cielo
Es
Reconocerse

Jack Farfán Cedrón

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS
La mano que roza el firmamento esclarecido
El vuelo celeste del agua celeste
Enciende el motor del cauce traquítico
Hasta el Centro hasta el desenlace final de los
designios
De todos los fragores del alma
Vaciado por los efectos desangrados del espíritu
mojado
Evidencio Los Tres Reinos del Centro
El Cielo La Tierra El Inframundo
Hacia aquí la espiral pegada a la contienda rocallosa
De heredar el registro de manos encallecidas
Por más de tres milenios conservadas
Con una precisión que asciende estados de gracia
La convergencia de la estrella de cuatro lados con
destellos fulgentes
Por una tetracorriente emergiendo
El ritmo de los designios
Con los que pega fuente riega el cauce hacia diestra
y siniestra vertiente
Que recorrer los caminos a paso eólico de sedimento
Que ser en fin
Crece hasta el equilibrio de los símbolos

157

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

Los dos pares de huellas de sandalias en el mandhala
de la Piedra de los sacrificios
Que apaciguaba la nariz por brújula al paso de
viandante con la tabla graduada medidora de
caudales en que el lenguaje del viento lanzará la red
de canales musicantes viciosos de un sonido perecer
del viento pétreo de palabras zaheridas a zumo de
sudor y amatista
Cuando los bordes los disparos argentados del agua
que roza estados psicotrópicos que exclusivamente
el lenguaje del agua deja arrastrar a través de eólica
pregunta
Enquistados hacia las ofensas referentes al desgarro
y premura
Los insomnes vadeaban los ciclos perlados por una
ostra pegada como pago al Apu como al cuerpo
desollado de placer y mítico orgasmo entre placer y
dolor que hereda el correr de las aguas guiadas por
feraces
Extraterrestre ofrenda
Punto de fuga gualdo corro de pututos en tromba
invisible augurando la afrenta rencorosa del mar
revengando la irascible humillación del mal
enquistado por milenios
Desde el alfa al desenlace final del relato

Conviviendo en el punto de quiebre pausado por el
tiempo pre Inca
La imagen del clarín forjado en pata a fragua viva
Conservará de la bellísima muchacha
Impúdicamente
Categóricamente
Su tenor de lágrimas
Hasta que esa cocha esa andanada a la piedra
Descubrirá el abra sangrante que la lava del suceso
regará por los sufridos
La Cruz del Sur tenía que ver con la constelada
promesa de la Cruz Cuadrada confiriéndole un aire
de parir insomne a la cara celeste argentada de
vicios y toda la extensión solar que pare del cielo
cicladas imperfectas capaces de obrar en el ángulo
de la piedra en ascenso por un estado espacial
descubriendo galerías infernales hasta volar de un
tumbo empolvado el sílex
De pronto
Para descubrir los mitos surreales materia de
petroglifos que erigieron el lenguaje de diamante de
la piedra
―Piedra madre‖ anhelante cual convivio sin detener un
parpadeo el movimiento real de los seres veloces
Para no rezagar la mítica ofrenda

158

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Rezagados por los ponientes traslapando con
asombro inaudito
Aquellos desafueros de reses a cuyas cabezas el
cieno del lugar talado en piedra viva los canales
incluyendo el inframundo terreno el estado de cielo
prestado al levantar procazmente una horneada
tragedia que parió desde el horno crematorio el roce
de picos de la pareja más voladora de todas las
piruetas venciendo la real apariencia
Grávida
Gravedad del amor
O el viento enlistado cual precioso vaivén
inmemorial
Aplasta vuelve a erigir el fatídico curso en red de
galerías vertidas repletas de ese lenguaje mitad
guijarros / mitad piel milenaria del agua
Cruzando el enigma de los designios
El estertor crucial por el que valió una nómina de
ahorcados eclipsarse en el punto fugado
El hórreo sacrificio vierte relatos asombrosamente
amargos que sopla un clarín como pago a una
insigne frustración cuya enmienda se torna vana se
descorre cual preciosa asidua enfermedad terminal
obcecando el cáncer mundano aún no ofrecido por
las dilucidadas
Amargas

Jack Farfán Cedrón

Contiendas
Por esa afrenta que había que honrar
Al costo padecido de una dignidad sangrante
Cáustica
De flor naranja carnívora cactácea indiferente al sol
calcinante
Esa energía plasmada por un tira y afloja de las
ramificaciones pacienciosas exactas por las cuales
cada recodo cada milímetro sagraron para siempre
al espíritu del Centro
Coda y refugio para todas las religiones del alma

FIN DE “EL RITMO DE LOS DESIGNIOS”
Cajamarca, 9 de Junio de 2014

159

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

maraña mezclaron su sangre interior con la savia Sampedro, para así
revivir de la misma cáscara fundida en la sierpe veloz que trazó un
precipicio de luz, hendiéndose desde la cumbre hacia el canal de luz
bendita nascido | ―En aquel juego‖ (pág. 78) se dolían, porque soñados
pervivían hasta el reventar incierto de burbuja: la realidad como una
trompada en el hocico | ―El aliento fétido de los muertos‖ (pág. 79) lo
despertó hacia el agua subterránea, abrió los oídos dentro del agua; pudo
escuchar el sonido de las almas aullando de melancolía, conectadas por esa
membrana ultramar que descascaraba el niño en la playa, mientras un coro
de un solo caracol desvanecía el mar el deceso. El alba desvanecía | Un
hombre de carne y hueso no alimenta el espíritu, sino que por el contrario,
lo desvanece con la frase: ―estoy cansado‖; sino que un hombre de carne y
espíritu multiplica sus fuerzas diciendo: ―todavía no he vencido‖ (pág. 80)
| ―Una luna en el agua‖ [Julio Cortázar; Rayuela, Cap. 7] (pág. 84) el
ostión prematuro que aquí echa raíces de luz transparentando el ave señera
que no cesa | ―Arrasa con todo lo que haya que enfrentar‖ (pág. 92).
Cierto, Kurt, incluso con el suicidio, que arrasó contigo | ―¡Es lo que es!‖
(pág. 92) y no será lo sido, porque lo sido no ha sido [reflexiones ovinas] |
Diablo mundo (pág. 93), de don José de Esprónceda, taeta español que
angúrriamente vislumbró las ofensas a los hombres de retirada vida
dotados | Resurgimiento (pág. 95), anota esta fecha 25-12-2013, volarás un
día, cual partiste andando. Resurgimiento. | Montparnasse, Kiki (pág. 96),
Alice Prin, (Châtillon-sur-Seine,Borgoña, 2 de octubre de 1901 - Sanarysur-Mer, 29 de abril de 1953). También conocida como Kiki de
Montparnasse. Fue una modelo, cantante y actriz francesa que se convirtió
en musa de varios artistas europeos y de todo el mundo: Chaïm Soutine,
Francis Picabia, Jean Cocteau, Alexander Calder, Per Krohg, Hermine
David, Pablo Gargallo, Toño Salazar, Moïse Kisling, Man Ray. Animó la
escena artística de Montparnasse en los años de entreguerras, de 1921 a
1939. http://es.wikipedia.org/wiki/Alice_Prin| ―Plañe entre algodones‖
(pág. 97), del aedo cetrino, tristón y universal, que en Trilce descubrió el
sonido que hace la miseria al tintinear al aire un centavo la uña del pulgar
y el índice | ―Ciudad de invierno‖ (pág. 99), húmeda tierra de cementerio‖
retirando las huestes moribundas de los hombres pilpados por la lluvia a las
seis de la mañana; esa ciudad donde puede llover en verano y solear en
invierno… ―húmeda tierra de cementerio‖, donde Vallejo encontraría su
esquina | ―De una sola línea‖ (pág. 110) será la paz convergida, en nosotros,

PARA UN ESTERCOLERO DE MORTANDADES
La rama dorada (pág.10), libro de magia y religión. Considerado el
despuntar de las ciencias antropológicas tocadas por la magia | Ofrenda
lírica (jiitanjalí). Rabindranath Tagore. (pág. 18), Elegante florilegio de
versos amorosos a una amada debidos. | La comedia inútil (pág. 19). Frase
de La peste, novela existencial de Albert Camus, ateo por praxis, quien un
día, un viaje, desistió, convirtiéndose, en medio de tribulaciones y
padecimientos ajenos que no puso cargar, al catolicismo. | ―Saló o los 120
días de Sodoma‖ (1975), (pág. ) film de Pier Paolo Pasolini, por demás,
blasfemo y ostentosamente enérgico para cualquier mente débil. Lleva
inserto un aleccionador antinazismo, que pagó caro, aparte de su
cacareada apología al sexo sangriento. | Paradiso (pág. 31), donde José el
Cemi granaba su pilífera acnelria; hes una sobra de José Lezama Lima,
tábano nueta y prorosista (pág. 31) | Tierra baldía, T.S. Eliot (pág. 40) |
Boca del desasosiego (pág. 49), es la llamada al libro de cuyo hartazgo da
cuenta Pessoa; pesar andante, música en holgorio, la palabra en su plomo
esperar que a los dotes se ha acabado| El libro en blanco (pág. 49); un libelo,
muy a su parecer, mío, danzando las órficas peladas de las álgidas en
blanco. Saldrá. | ―Lima la horrible‖ (pág. 50), sentencia acuñada por César
Moro, y luego por Augusto Salazar Bondy, para referirse, panza de burro,
a ese hórrido y plúmbeo inicio de cada día, en limail | ―Tres metros sobre
el cielo‖ (pág. 51), (en italiano: Tre metri sopra il cielo) es la primera novela
del escritor italiano Federico Moccia, la primera parte de la saga que
componen este libro, junto con su segunda parte. Es una comedia
romántica y un retrato de la efímera adolescencia. Publicada por primera
vez en 1992, en una edición mínima pagada por el propio autor, y que se
agotó inmediatamente. Fue fotocopiada una y otra vez, y circuló de mano
en mano hasta que fue reeditada en 2004, convirtiéndose en un
espectacular éxito de ventas. La película basada en el libro (2010), llora por sí
sola,
pero
no
se
cae
de
las
pupilas.
http://es.wikipedia.org/wiki/Tres_metros_sobre_el_cielo_%28libro%29|
Corazón el delator (pág. 56), turnarás mi noche acometida. Descansa, rey,
poeta de la música brillando opacidades celestes, Cerati | Mantis Athea
(pág. 56) draga a su mal que bien, comido; luego lo llora, y una vez
eructado, lo olea y sacramenta con los estertores batientes del amor a dos
leznas ñam (La mariquita, su amiga) | Cambio de piel (pág. 72). En la tóxica

160

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │
si un solo ser nos representa, en el duro silencio de las palabras que se
quedan mordidas. ¡―Allá ellos‖, Vallejo! | Alexander Gerard; Un ensayo
sobre el genio (pág. 114 ), cuyas lecciones sobre el genio sirvieron al mismo
Kant para urdir la naturaleza del gusto como las del genio | La Eneida, de
Virgilio y el Paraíso perdido, de Milton (pág. 115) se compenetran como el
bronco oleaje que nada le debe al hado intermitente que la suerte acecha en
la eternidad de la mar vigía, verde moco, fémina estallante | ―El estruendo
mudo‖(pág. 116); Trilce (1922) no es sonado que haya sonido en el no
crepitar de las distancias; mas sí es disonante que haya crepitación en las
asonancias | ―Ríos metafísicos‖ (pág. 138) para desesperados. El Cronopio
se levanta, huele sincronía sumergido, es tres caras reflexivas, es doble
juego con la película de agua. Aquella sangre ritmando con el mundo su
pálido comienzo | El monte del goce (pág. 147), montaraz, duplo fauno que
te muestras ante pálidas ninfas, sorprendidas entre el agua y lo etéreo,
dueño de las rosas sueltas, sumergidas, secretas (léase también Monte de
goce (1991), de Enrique Verástegui, poeta peruano| ―El camino del exceso
conduce al palacio de la sabiduría‖, de William Blake (pág. 147) representa lo
dionisíaco que adjudica en un cuerpo los goces paladeados de un cuerpo
suido, gozoso, pleno, de cara a la perfección espiritual perpetuada en lo
celeste, esas ramas bajo y sobre un cielo en llamas que no parpadea | Casas
humildes (pág. 151) te llevará a un verso limpio y tranquilo que gusta
cuando te amo | ―Gravedad del amor” (Enigma), [pág. 159]| ―Piedra
madre‖ (pág. 158), como cristal moreno, como cauda detenida en tus ojos
vitrificados por el ascenso y descenso fluyente, lunar, donde hecatombes
juntas de color y movimiento enternecen un Bach andante en lo inmóvil
[EL RITMO DE LOS DESIGNIOS está dedicado a César Moro (Lima,
Perú, 19 de agosto de 1903 - 10 de enero de 1956). Poeta y pintor
surrealista peruano. Tras una formación autodidacta firma su primer
trabajo, un dibujo modernista, en 1921 como ―César Moro‖, nombre
escogido por él (al parecer, encontrado en una novela de Ramón Gómez de
la Serna), y con el cual, a partir de ese momento, se movería por el mundo.
Gran parte de su poesía está escrita en francés, durante su largo período de
estancia en París. En ella se relacionará con la plana mayor del surrealismo
francés,
como
André
Breton
y
Paul
Éluard:
http://es.wikipedia.org/wiki/César_Moro. De El castillo de grisú, el poema
―Piedra madre‖: Tú como yo tenemos el ojo apagado piedra / Igual que yo
tú sueñas con un cataclismo / Entre la humedad la sequedad y el tiempo

Jack Farfán Cedrón

indiferente / La misma sed nos agobia / Igual destino: la tierra el hastío //
De haberte mirado tanto oh piedra / Acá me tienes en el exilio / Hablando
un lenguaje de piedra / A los oídos del viento // En el tiempo infinito / Se
han secado las lágrimas / Pero qué llaga / Entraña nuestro mundo // Sólo
la noche nos ama / En su frescor descansas / Este es el momento en que
puedo unirme / A ti y abandonar mi vida y lo que de ella queda / A todas
las condenaciones eternas (traducción de Ricardo Silva Santisteban)]

161

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

Jack Farfán Cedrón

i………………………………………………………………….....52
ii………………………………………………………………..…..53
iii…………………………………………………………………...54
iv…………………………………………………………………...56
HEREDÓ LA SUMA ANHELANTE DE SUS BRAZOS…....57
BLANCO
ESTERTOR
PRECEA
A
PELAMBRE
GATUNA………………………………………………………....58
LÁNGUIDA ADORMECE EL AGUA CAÍDA EN LA
METRÓPOLI……………………………………………………..59
LO QUE RESTA DESCIENDE A CUENTAGOTAS………..60
ODA A LA NEGRA MONA QUE SE DESVIVÍA LAS
CHULETAS POR DOS MANCHADOS MANGUITOS…….61
ANTE EL PIÉLAGO DECRECE
1…………………………………………………………………….62
2…………………………………………………………………….63
3…………………………………………………………………….64
4…………………………………………………………………….65
5…………………………………………………………………….66
7…………………………………………………………………….66
8…………………………………………………………………….67
VISIONES ATERRADORAS FRENTE A LA PECERA DEL
INSOMNIO……………………………………………………….68
OTRA VANA PARADOJA……………………..………………70
R U E D A P I E D R A S………………….…………………….71
CORRIÓ CON EL CORAZÓN…………………..…………….73
APUNTES BÁRBAROS………..……………………………….76
ESCENA DE JUEGO………………………..………………….77
EL ALIENTO FÉTIDO DE LOS MUERTOS……….………..79
LA PALABRA A LOA TRAVIESA DESIGNADA…………..80
MI PADRE…………………………..……………………………82
LA CIUDAD…...…………………………………………………83
PLACEMIA
I………………………………………………………………...…..85

ÍNDICE
Pág.
EL HIELO DE LA DESESPERANZA…………………………..3
HELIO POR LOS TAIMADOS……...………………………..…7
CARRO VISILLO CONTEMPLANDO ACABAMIENTO…..8
NECRITUD INCONMOVIBLE DEL ESPASMO, RUGIDO.12
LA FARSA QUE SERÁN Y SIEMPRE HAN SIDO…………15
LA CASA DEL SOL PARIENTE…………………...………….18
EL CABRO TEMIDO……………...…………………………….21
PATTE DE ATTA
I…………………………...………………………………………..23
II…………………………………………………………………....24
III………………………………………………………………..…26
IV………………………………………………………………..…28
V…………………………………………………………………....29
REMEMBRAR A DO FUTURO………………………...……..30
MARA, LA DOMINATRIZ, SOMETE EL MUNDO EN QUE
ESTOY…………………………………………………………….32
BARRIDAS PERGEÑAS,
DEL AS ESTUDIO
i……………………………………………………………………..36
ii…………………………………………………………………….38
iii……………………………………………………………..…….40
EVADE Y RELUMBRA HASTA QUE LO TRASCURRIDO
DESCONOZCA…………………………………………………..41
EL HALO DEL QUE TOCA, SALVARLO…………………...44
NUNCA ES TRASTANTA LA TRISTUMBRE……………....45
ZUMBIDO A LO CUAL ME RETUMBO…………………….46
EL RETORNO DEL HOMBRE………………………...………47
LIMA LA HORRIBLE……………..……………………………50
PARA UN ESTERCOLERO DE ENVOLTURAS

162

EL RITMO DE LOS DESIGNIOS │

II…………………………………………………………………....86
III………………………………………………………………..…87
ASNO GRIAL …………………………………………………...90
RUEDA DE LOS CRISTOS O LAS TRIBULACIONES DE
UNA FE DESMORONADA……………………………………94
CIUDAD DE INVIERNO……………………..………………..99
EL RUEDO SERENO………..………………………………...102
AGALIARETH…..……………………………………………..103
EL MONJE DESHONROSO……………..…………………...104
ANTROS DE LAVANDA…………………..…………………105
CUANDO LA RISA ES UNA TRISTE CLOACA……..……106
VERTED HACIA LOS GRUMOS ANDANTES……………107
SALMO DE LA MAÑANA……………………..…………….108
ORACIÓN PARA EL CAMINO BENDITO………..……….109
CÉSAR MORO…………………...……………………………..110
EL CIELO QUE ACARICIA………..…………………………111
DIOS…………………………………………………………...…112
NACE EL GENIO PARA HACERSE…………………..……114
LA CARRERA VICTORIOSA……………..………………….116
EL SOL DE LA MARAÑA………………………..…………..117
LA MAREA DE LAS SIETE ORACIONES FLUYENTES..118
ENERVADO, RUMIADO, PÁLIDO, PIENSO……..………121
LOS APACIBLES INDIOS TARAHUMARA……..………..122
ENFANGA SE LÚMEN POSESO………………..….……….123
PLEGARIA…………………………………………….………..124
FLORECE DONDE NACES…………………………………..126
MUSE…………………………………………………………….127
SOCARRÓN Y LUNES NUEVO…………………………..…129
SALMO DEL NUEVO COMIENZO………………..………..131
AGNUS DEI……………………..……………………………...132
AGNUS DEI MATER…………………...……………………..134
EN TORNO A LA HIRIENTE PLEGARIA…………..……..136
PLEGARIA……………..……………………………………….137

Jack Farfán Cedrón

VIRGEN DE FÁTIMA………………………………………....139
LA CADENA INFINITA………………..…………………….140
MAR EN LA RAMADA………..……………………………..140
ÁNGELUS
COSECHA…………………………………………………….…141
SALMOS DE GRACIAS
I…………………………………………………………………...142
II…………………………………………………………………..143
LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS……………………….…...145
LAS PUERTAS DEL SOL………………………..……………145
El amor es ciego………………..………………………………..146
PROVERBIOS
DEL
AMOR…………………………………..……………………….147
QUÉ SUAVE ME DECÍAS ―AMOR‖ EN
AQUEL SUEÑO………………………………………………..148
FIEBRE CERO
I……………………………………………………………………149
II…………………………………………………………………..150
III………………………………………………………………….150
IV………………………………………………………………….151
V…………………………………………………………………..151
VI………………………………………………………………….152
VII………………………………………………………………...152
LA CANCIÓN DE LAS ÁNIMAS………………………..…..153
Mi único ángel mi pálido refugio………………………..……...154
ANTE EL ÁQUEA PRESENCIA DEL QUE HABITA….…155
Raya el oro bendito del sol…………………………….………..156
Qué imagen ocupa tus nobles pensamientos,…………..………156
El
gran
fin
del
cielo……………………………………………………………….157
EL RITMO DE LOS DESIGNIOS…………………..………..157
PARA UN ESTERCOLERO DE MORTANDADES……….160
ÍNDICE…………………………………………………………..162

163