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Homo Sapiens (Esquire)

Un pacto con la adolescencia tardía
Publicado por javierstaines ⋅ 17 de agosto de 2012 ⋅ Deja un comentario
Archivado bajo adolescencia, Feeling good, Muse, yoga

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A últimas fechas, quizá por efecto de un modus vivendi que incluye una interesante galería
de excesos, algunos amigos me han acusado de haber vuelto a la adolescencia.
Agradezco el elogio. Sobre todo porque, entrado en los 40s, uno debe resistirse a los
constantes llamados de la cordura, la sensatez y el convencionalismo, bajo riesgo de
convertirse en uno de esos adultos de vida ordenada.
No es que descalifique el orden. Es que simplemente no va conmigo. Si así no funciona mi
cabeza, tampoco quiero que mi vida completa sea secuestrada por la agenda de las
imposiciones del reloj, la familia y otros menesteres. Mientras mantenga el mínimo
indispensable de sensatez, esa que me impide consumir sustancias ilegales, no pretendo
privarme de las dosis exactas de mezcal, café, tabaco y música para toda ocasión, en
consonancia con un ADN noctámbulo, bohemio y dicharachero. Y sé que estoy
acompañado en este trajín. Créanmelo.
A fin de cuentas, si uno profundiza en el tema, como bien dice el valenciano Juan Ballester,
autor de la novela El Efecto Star Lux, cuando somos adolescentes firmamos un contrato
con la vida en el que pactamos como será la nuestra, pero a medida que el mundo nos va
decepcionando consentimos rebajar las prestaciones en una transacción constante que nos

escucho a Muse en un memorable cover de la sesentera rola Feeling Good. sino a cualquier ocasión especial. segundo. Gracias a los buenos oficios de mi pareja (quizá más adolescente que yo. Ahora bien. he encontrado en la yoga caliente una fabulosa terapia de shock que funciona como cámara de compensación que mantiene un saludable y efectivo equilibrio del yin de mis excesos con el yang de la desintoxicación. it’s a new day. maduré demasiado pronto. se la tendré que dirigir a quienes miran hacia la adolescencia como un punto lejano del pasado que les acongoja con inmisericorde nostalgia. el saldo de activos y pasivos me arroja cero. aquí necesito acotar tres temas: primero.lleva a conformarnos. no me espero a mi cumpleaños para beber demasiado. la recomendación de esta novela. Y yo me temo que la gente bebe demasiado en los aniversarios porque esos días señalados sabes que en la almohada te está esperando el idealista que lo sucribió para pedirte explicaciones por los recortes aceptados…”. it’s a new life for me and I am feeling good. en su propio estilo). “Lo llaman madurar. para estimular la alegría. Es decir. por lo que me di por vencido durante mis 30s y decidí volver a los 18 o 19 desde entonces. Bella manera de plasmar el brutal drama que vivimos al abandonar nuestras banderas ideológicas. ahora el cuerpo cobra la factura cuando uno se entrega a los excesos. sin ningún afán de evadir ningún conflicto con la almohada (duermo como lirón todas las noches). Nada más terapéutico para el alma y reivindicador de la adolescencia tardía (mejor llamémosle permanente) que cuando un músico de esta década reinterpreta y renueva los acordes de quien escribió una canción de 30 o 40 años atrás. It’s a new dawn. Compártelo: . como debe ocurrir en toda buena balanza de pagos. Por supuesto. abandoné ciertas banderas ideológicas por culpa del hedonismo y no por rebajas de prestaciones. en todo caso. tercero. Creo que no queda nada por agregar. a diferencia de lo que ocurre en el amanecer de la tercera década de vida. Al final. Mientras escribo.