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La educación pública en la mira del fusil

Artículo del Subcomandante Marcos


Publicado en GARA
11 de agosto de 1999.

La educación pública en la mira del fusil


Subcomandante insurgente Marcos.

Desde las montañas del sureste mexicano


La vida se libraba, ¡con qué gesto! De morir, ¡con qué arte!"
(Miguel Hernández).

En octubre de 1998, se realizó en París, en la sede de la UNESCO, la Conferencia Mundial


de Educación Superior. En esta reunión, el Banco Mundial fijó su posición respecto a lo que
debía ser la reorganización de la educación superior en el planeta. En forma apretada, ésta
es la propuesta de la globalización de la educación superior.

Para el Banco Mundial es necesaria una renovación "radical" de la educación superior, de


modo de transformar la universidad "clásica" o "tradicional" (cuyo fundamento es la
docencia y la investigación) para que responda a las demandas del mercado neoliberal, es
decir, define la educación superior como un bien privado, como cualquier bien o servicio de
los que ofrece el mercado. Conforme a esto hay que redefinir a los actores del proceso
educativo superior. Los "consumidores" son las empresas, los "proveedores" son los
administradores y profesores, y los "clientes" son los estudiantes. En este caso, dice el
Banco Mundial, los "proveedores" no saben qué es lo que conviene al mercado, los
"consumidores" saben mejor que nadie qué es lo que "vende", entre otras cosas porque
ellos son los "compradores".
Un primer paso es convertir la Universidad en una empresa autofinanciable.

Para esto, el Banco Mundial recomienda el aumento de colegiaturas, la eliminación de


becas totales o parciales, el cobro total de servicios y apoyos universitarios, préstamos y
cobro de éstos al interés bancario vigente a través de compañías privadas, impuesto a
graduados, reorientar la formación de profesores para convertirlos en empresarios, venta
de investigaciones y cursos, y aumento y promoción de las universidades privadas. La
toma de decisiones en la educación superior debe pasar, según el Banco Mundial, a los
consumidores.

El Banco Mundial asienta que los gobiernos y los universitarios no son sensibles a las
necesidades del mercado global. Por esto se propone cambiar la asignación de
presupuestos según criterios clásicos (matrícula y prestigio), a los criterios por rendimiento
según lo que indiquen los consumidores. Es decir, las universidades deberán reorientarse
(es decir, re-asignar presupuestos) según las necesidades de los "consumidores" (las
compañías privadas). El Banco Mundial ubica al profesorado como un elemento a
"reajustar" según este criterio mercantil. La libertad académica y la definitividad son un
estorbo, igual los sindicatos y asociaciones académicas. Es decir, se necesitan menos
académicos e investigadores, y "diferentes" académicos, investigadores, trabajadores
manuales y administrativos. En suma: readiestramiento y reestructuración. (Todo esto se
detalla en el Boletín de Canadian Association of University Teachers, traducción de Luis
Bueno Rodríguez, UAM-I).
Es obvia la coincidencia de este planteamiento con la ofensiva privatizadora y
reclasificadora que los gobiernos han dirigido en contra de las universidades publicas.

En grados diversos y con matices, estos instituciones de educación superior están


sufriendo los embates de una "modernización" que no pretende sino liquidar el concepto de
universidad pública.
El ataque privatizador que busca "refuncionalizar" la educación pública superior ha
encontrado firmes resistencias de parte del estudiantado, aunque es evidente que son los
sectores académico, investigador y administrativo los que son el objetivo principal.
El haber elegido a la universidad pública como blanco prioritario de sus disparos no es
inocente en los Gobiernos. Abatiendo este blanco, otros se presentan más a modo para ser
derribados: la historia, la electricidad, el petróleo.
Para privatizar el patrimonio cultural estás Iniciativas, cuyos objetivos es redefinir la política
cultural y extender la ola de privatizaciones a los monumentos y zonas arqueológicas,
artísticas e históricas. La iniciativa de ley en cuestión es un auténtico erizo: sus puntas no
sólo hieren al patrimonio cultural histórico, también atentan contra la investigación
antropológica e histórica, la docencia y, por supuesto, contra de los movimientos
estudiantiles más constantes y combativos.
Por eso el movimiento estudiantil, enfrenta tantas y tan variadas fuerzas que lo agreden. Y
el desconocimiento de lo que esconden las "reformas" que sus autoridades impulsan, es
una de las razones por las que se les ha, no sólo escatimado apoyo, sino atacado por parte
de sectores que serán los más afectados si esas "modernizaciones" tienen éxito.

Por eso hoy están...


II. "Pero la cicatriz más dura y vieja reverdece en herida al menor golpe". (Miguel
Hernández)
En los últimos días, alguna prensa de todo el espectro político se ha unido en la afirmación
de que los "ultras" (así los llaman) tienen la culpa de los incidentes de estudiantes por la
salud publica de calidad para la clase popular. Los llamados "moderados", en ese
apresurado repartir etiquetas con el que la inteligentzia oculta su ignorancia y su falta de
análisis serios, claman justicia. Se quejan de hostigamientos (les gritan, pues) y de
amenazas (les dicen "vendidos"), y llaman a todos a una santa cruzada en contra del
principal enemigo del movimiento universitario. ¿El Banco Mundial? ¿La política? No, la
"ultra".
El clamor demandando justicia ha encontrado rápido eco en personas con clara vocación
democrática, justiciera y libertaria: Ernesto Zedillo Ponce de León, Francisco Barnés,
Diódoro Carrasco, Francisco Labastida, Guillermo Ortega, Abraham Zabludovsky, Ricardo
Salinas Pliego, Javier Alatorre, Sergio Sarmiento, y otros venerables y venerados
"defensores" de la universidad pública y gratuita.
Incapaces de ganar para sus posiciones a las bases estudiantiles (que son las que
estallaron y se mantienen), los neo-desplazados de las asambleas se refugian en algunos
medios de comunicación para tratar de conseguir ahí lo que perdieron en el movimiento
estudiantil, es decir, autoridad moral, legitimidad, credibilidad. Los medios que
"redescubrieron" en el caso Stanley el aumento en ventas que los escándalos producen, se
han unido en este absurdo frente amplio en contra de los universitarios en huelga,
presentando el movimiento en su conjunto bajo la imagen y semejanza, trabajada
especialmente para su ridículo, de algunos estudiantes de las corrientes más radicales que
se encuentran, junto a muchas otras, en el seno del movimiento. (...)

De pronto, los estudiantes huelguistas son sufridas ovejas conducidas por un perverso
pastor (que enseña la barriga, ¡horror!), y sólo esperan ser rescatadas por la clara
inteligencia que entiende que "no-es-el-momento-para-radicalismos". Vueltas que da el
mundo, los argumentos que ayer las autoridades usaron en contra de ellos (cuando
encabezaban los movimientos), son ahora esgrimidos frente a estos enemigos "ultras" que
son, es innegable, muy cómodos, dan la coartada perfecta que justifica la falta de
argumentos para las posiciones propias y la falta de ascendencia moral en un movimiento
que, ¿no se dan cuenta?, es nuevo en su fondo y en su forma. (...)
En este caso, ni siquiera la "ultra" dirige (y ellos lo saben) y una nueva generación está en
la universidad planteando no sólo la renovación del liderazgo estudiantil, sino también la
concepción misma de ese liderazgo.
¿Los estudiantes se gritan en las asambleas y se amenazan? ¿Y en el Congreso de la
Unión? ¿No son los diputados y senadores el máximo poder de la federación? ¿No han
llegado hasta los golpes?

¿Los estudiantes se pasan horas y horas en asambleas, discutiendo sin llegar a acuerdos?
¿Era diferente cuando los "moderados" lidereaban el movimiento?
(...) Algunos hechos reales y "olvidados" por los medios de comunicación: la "ultra" no ha
violado, ni golpeado ni encarcelado a ningún estudiante, no ha tratado de imponer un
reglamento de pagos a espaldas de la comunidad universitaria, no ha levantado actas
policiacas en contra de universitarios, no ha promovido las clases extramuros y no (es
evidente) ha orquestado una campaña de medios en contra del movimiento. (...)
Será la práctica y no el discurso la que, al paso del tiempo, defina radicalidades y
consecuencias. Entonces veremos dónde están los "claudicantes", "dialoguistas",
"entreguistas" y algún otro "istas" que se me escapa pero que no han cambiado mucho de
ayer a hoy. (...)
Por lo pronto, en manifiesto del 22 de junio.
"Hemos sostenido todo el tiempo nuestra disposición e interés en que se abra el diálogo,
reivindicando una bandera que el movimiento estudiantil ha reivindicado por años, que es el
diálogo público y abierto. (...) Porque no tenemos nada que esconder, porque queremos
que todos nos vean y nos escuchen, porque queremos que todos sepan cuáles son
nuestros argumentos y cuáles los de las autoridades.
¿De qué se asombran? ¿De que sostengamos con firmeza las características de este
diálogo, de que queremos hacer honor a las mejores enseñanzas del movimiento
estudiantil? ¿De que se sorprenden que se planteen condiciones elementales para el
diálogo, si lo que se pide es que se deje de reprimir, que se paren las actas, que le paren a
la labor de sus corruptas clases extramuros contra la huelga? Esto es lo planteado".
Parece que está claro.

Los zapatistas apoyamos si deciden seguir huelgas y lo apoyamos si decide levantarla. Lo


apoyamos porque ellas y ellos representan legítimamente al movimiento universitario.
Tienen el respeto y la legitimidad que se han ganado trabajando con su gente. Son, pues,
representativos.
Por otra parte, si ahora quienes se mantienen en constante lucha son "ultras" a los que hay
que exorcizar, ¿en dónde estarán los "ultras" de mañana?, ¿en el movimiento urbano
popular?, ¿en el magisterio democrático?, ¿en el Sindicato Mexicano de Electricistas?, ¿o
en las montañas del sureste mexicano? Estas son preguntas que, quienes aspiran por
futuro, deben responder.