1) En el tercer capítulo de Formas lógicas, realidad y significado Simpson aborda el problema

ontológico definido por la cuestión de los tipos de propiedades que pueblan el universo y se pregunta
si basta con que una expresión sea el sujeto gramatical de una frase significativa para que nos veamos
obligados a admitir la existencia de un objeto designado por dicha expresión.
Si nuestra respuesta es afirmativa nos veremos obligados a aceptar tanto la existencia de entidades
correspondientes a los sujetos de cualquier afirmación como la falsedad de todas las proposiciones
existenciales negativas, ya que ambas cuestiones son, para Simpson, dos caras del mismo problema.
En el primer caso, si decimos que “el rey actual de la Argentina es narigudo” expresa un juicio,
entonces es un juicio acerca de algo. Ese algo debe ser algo que existe, porque un juicio acerca de lo
que no existe sería un juicio acerca de la nada y por lo tanto no sería un juicio en modo alguno y en
consecuencia la oración “el rey de la Argentina es narigudo” carecería de sentido. Pero si la oración
tiene sentido, entonces debe existir el rey de la Argentina.
De este modo, aceptamos que si “el rey de la Argentina” es el sujeto gramatical de “el rey de la
Argentina es narigudo” y dicha oración es significativa, nos vemos obligados a admitir la existencia
de “el rey de la Argentina”.
Como contracara de esta cuestión, llegamos al segundo caso: si los juicios son imposibles a menos
que sean sobre algo, todas las proposiciones existenciales negativas son falsas porque si “el rey de la
Argentina” es el sujeto gramatical de “el rey de la Argentina no existe” y dicha oración es
significativa, nos vemos obligados a admitir la existencia de “el rey de la Argentina” y por lo tanto la
falsedad de la afirmación de que “el rey de la Argentina no existe”.
Ambos casos son dos caras de un mismo problema: se derivan conclusiones ontológicas a partir de
supuestos semántico-gramaticales, se salta de un sujeto gramatical a una entidad que corresponda a
dicho sujeto y nos vemos obligados a aceptar la existencia de entidades correspondientes a cualquier
afirmación. Por el otro lado del problema, cualquier proposición existencial pasa a implicar una
entidad que corresponde a su sujeto gramatical y por lo tanto cualquier proposición existencial
negativa es falsa porque implica la existencia de la misma referencia que niega.
Como no se distingue entre sentido y referencia, pareciera que la única escapatoria es negar la
significatividad de la oración “el rey de la Argentina es narigudo” y “el rey de la Argentina no
existe” en base a que el sujeto gramatical “el rey de la Argentina” no tiene referencia.
2) En “Acerca de lo que hay” Quine construye un personaje llamado McX que tiene justamente el
problema planteado por Simpson en la respuesta anterior: es un filósofo que se ve obligado a postular
ser en casos en que podría permitirse reconocer que no hay nada: el no ser, tiene que ser
necesariamente de alguna manera para que alguien pueda decir que no es, de otro modo ¿qué es lo

no estaríamos hablando de nada cuando usamos la palabra Pegaso. cuando analizamos un enunciado de ser o no ser con la teoría russelliana de las descripciones. pareciera que la única escapatoria es negar la significatividad de “el rey de la Argentina es narigudo” o en este caso. Pero esta posición. por lo que sería un sinsentido decir que Pegaso no es. Este enunciado contiene una parte “el autor de Waverley” de la que McX supone erróneamente que exige una referencia objetiva para tener significación. para que Pegaso palabra.que no es? McX se ve obligado a decir que Pegaso es: si no hubiera Pegaso. Como vimos en la pregunta anterior. con la significación de la palabra Pegaso. Los nombres a los que se aplica la teoría de Russell son nombres descriptivos complejos. Quine muestra que podemos utilizar . Pero bajo la traducción de Russell “algo escribió Waverley y fue un poeta y ninguna otra cosa escribió Waverley”. Estas palabras cuantificacionales son una parte básica del lenguaje y su significatividad no puede ser discutida. McX. Tomando en cuenta esta confusión entre las significaciones y los nombres. Apela a la teoría de las descripciones singulares de Russell para mostrar cómo podemos usar nombres aparentes sin la necesidad de suponer las entidades supuestamente nombradas por ellos. pero la misma no presupone que haya un autor de Waverley. de modo que no puede seguir pensándose que la significatividad del enunciado presuponga el ser de aquella entidad. tenga significación. este enunciado deja de contener toda expresión que pretenda nombrar la entidad aducida y cuyo ser se discute. utiliza como sinónimos significar y nombrar y por eso no puede negar a Pegaso sin caer en un sinsentido. la carga de la referencia objetiva impuesta anteriormente a la frase descriptiva se desplaza ahora sobre las variables ligadas o cuantificacionales. pero la misma puede adaptarse a un nombre singular como Pegaso. simplemente traduciendo esta palabra a una descripción. infiriendo que Pegaso objeto tiene que ser. Tomemos el ejemplo del enunciado “el autor de Waverley fue un poeta”. es. Esta propuesta se encuentra en estrecha relación con el criterio de compromiso ontológico de Quine porque al analizar la teoría de las descripciones de Russell. y por lo tanto Pegaso. depende de una confusión: McX supone que la significatividad de un enunciado que contiene un término singular presupone que existe una entidad nombrada por el término en cuestión. en base a que el sujeto gramatical “el rey de la Argentina” o “Pegaso” no tiene referencia. según Quine. entonces. Quine sostiene otra propuesta para hacer frente al problema presente en Simpson. Pegaso. sin negar la significatividad de sujetos gramaticales sin referencia. Entonces. el invocado “objeto” nombrado Pegaso. McX confunde.

La única manera de abordar la cuestión ontológica es a través de aquello sobre lo que una teoría cuantifica. Para demostrar que la existencia de un objeto es requerida en una teoría. será a partir de criterios plenamente pragmáticos.nombres sin necesidad de suponer entidades nombradas por ellos y es claro que la utilización de términos singulares y nombres no puede conllevar un compromiso ontológico. tenemos cuestiones externas sobre la existencia del sistema de entidades como un todo. las respuestas podrán ser encontradas por métodos analíticos o por métodos empíricos. el único criterio para decidir si algo es real. . estas variables son una parte básica de nuestro lenguaje y su significatividad es indiscutible. será preguntarse si se lo puede incorporar al sistema de reglas en el que resolvió trabajar. Si nos situamos en la cuestión externa acerca de la existencia del marco lingüístico. Creo que esta teoría de Carnap es plenamente compatible con el criterio de compromiso ontológico de Quine elaborado a partir de consideraciones puramente semánticas. Para decidir cuestiones internas. se decide de manera práctica. Para decidir cuestiones externas. debemos demostrar que la verdad de la teoría depende de que ese objeto esté entre los valores que constituyen el rango de las variables ligadas porque. son los valores de las variables ligadas. tenemos cuestiones internas acerca de la existencia de entidades específicas dentro del marco lingüístico construido y por otro lado. La única vía por la cual podemos contraer compromisos ontológicos es nuestro uso de variables ligadas. Podemos ver que el concepto de realidad en Carnap es interno al marco lingüístico. La significatividad de los enunciados es independiente de que se suponga el ser de una entidad porque la carga de la referencia objetiva se desplaza a las variables ligadas y según Quine. 3) Carnap establece una distinción entre dos tipos de cuestiones referentes a la existencia de entidades: por un lado. con lo cual son las teorías las que determinan las entidades que aceptamos como existentes y el modo de decidirnos entre teorías. Quine tampoco acepta que la utilización de términos generales nos comprometa con entidades abstractas. como hemos visto a través de la teoría de Russell. que en Quine. En ambos casos el compromiso existencial es relativo a un lenguaje que nos dice lo que hay. tanto en Carnap como en Quine. ellas son las que tienen la carga referencial objetiva. evaluamos la aceptación o la negación del marco lingüístico en sí mismo y esta cuestión nunca es cognitiva. en relación a los objetivos con los que se pretende utilizar el lenguaje. se reduce la cuestión a un problema práctico porque no hay relación entre aceptar un marco lingüístico y tener un compromiso ontológico con la realidad de las entidades asumidas por ese marco. la pregunta ontológica sólo se puede contestar desde un lenguaje que se compromete con cierto tipo de entidades.

La pregunta ontológica no tiene una respuesta única ni en Quine ni en Carnap porque son los marcos lingüísticos los que responden a esta pregunta de una manera relativa a sus lineamientos. asumiendo sus propios compromisos ontológicos. .

Ariel. W. Alianza. en J. Murguerza (comp. Formas lógicas.  Simpson. semántica y ontología”. Madrid. Barcelona. R.BIBLIOGRAFÍA  Carnap. realidad y significado. Eudeba. Buenos Aires. T. 1962. . 1971.V.  Quine. “Empirismo. 1964.O.) La concepción analítica de la filosofía. “Acerca de lo que hay” en Desde un punto de vista lógico.