El poder de la mente

El creador de la teoría de los cerebros divididos, que propone que cada
hemisferio domina sus propias habilidades cognitivas, visitará Chile el 18
de noviembre, para explicar por qué las personas son capaces de recordar
algo que nunca ocurrió.
http://www.quepasa.cl/revista/1440/31.html
Por Carmen Gloria Ramos y Mónica Infante.
La prueba o examen diseñado por el
científico estadounidense George L. Wolford, de la Universidad de Dartmouth, es
bastante simple: las personas deben adivinar si la luz aparecerá en la parte superior o
inferior de la pantalla del computador, apretando el botón correspondiente. El
investigador que dirige la prueba, en tanto, hará que la luz se encienda el 80 % de las
veces en la parte superior, pero en una secuencia absolutamente casual. Tras observar
algunos momentos, los sujetos perciben dicha reiteración e inmediatamente establecen
una secuencia lógica que guía su reacción durante el experimento. Resultado: un máximo
de 68 % de respuestas correctas. Sometidas a la misma prueba, ratas de laboratorio optan
por apretar siempre el botón de arriba obteniendo el porcentaje más alto esperado; es
decir, un 80 %.
¿Qué lleva a los animales a lograr más aciertos que las personas en este tipo de pruebas?
Michael Gazzaniga, neurocientífico cognitivo de la Universidad de Dartmouth y quien
visitará Chile el 18 de noviembre próximo, para dictar un seminario organizado por la
empresa Automind, inició en la década de las 60s una serie de estudios sobre lo que
acontecía en pacientes con cerebro dividido. Se trata de personas que, por sufrir una
epilepsia grave, se les secciona una banda de aproximadamente 250 millones de fibras
nerviosas -cuerpo calloso- cuya tarea es conectar ambos hemisferios, haciendo de puente
entre las descargas eléctricas.
Una de las primeras observaciones fue que al proyectar una imagen en el campo visual
derecho, los pacientes podían especificar lo que veían. Si la imagen era colocada en el
izquierdo, eran incapaces de describir el objeto, pero sí lograban señalar uno similar. En
otras palabras, el hemisferio derecho (que controla el campo visual izquierdo) no podía
"verbalizar" lo que estaba viendo, pero sí movilizar una respuesta no verbal. Lo que, en
definitiva, se tradujo en que es el hemisferio izquierdo (que controla el campo visual
derecho) el que domina la función del lenguaje.
En estudios posteriores, similares a éste, Gazzaniga concluyó que existe un alto grado de
lateralización no sólo para el lenguaje, sino para todas las funciones cognitivas; es decir,
cada hemisferio cerebral posee un dominio sobre habilidades específicas (ver infografía).

Claro que la capacidad lingüística del hemisferio izquierdo llamó especialmente la
atención de este neurocientista y tras casi 20 años de investigación, formuló su más
reciente teoría: es en este hemisferio donde se aloja lo que él llama "el intérprete", un
módulo cerebral que otorga al ser humano esa capacidad inherente de buscar a toda costa
el significado de un evento y de encontrar el contexto lógico que lo explique. Es lo que
lleva a las personas sometidas al experimento de Wolford, por ejemplo, a tratar de
establecer una secuencia lógica para el encendido de la luz en la pantalla del computador.
El asunto es que, en esta necesidad de ordenar y explicarse los eventos, el ser humano
suele cometer errores. En un proceso absolutamente inconsciente para la persona, "el
intérprete" es capaz de inventar una explicación cuando ésta no existe y adaptarla a la
situación que está viviendo, basado en asociaciones de datos que sí conoce.
Un ejemplo clásico obtenido durante las investigaciones es el siguiente:
En un paciente con cerebro dividido, cada hemisferio es estimulado con una imagen
determinada -para el izquierdo una pata de pollo y para el derecho un auto enterrado en la
nieve-, la cual debía ser asociada con uno de los elementos dispuestos más abajo. La
respuesta fue inmediata. El hemisferio izquierdo asoció la pata de pollo a un pollo y el
derecho, el auto enterrado en la nieve a una pala. Pero al pedírsele que explicara su
elección, contestó: "La pata de pollo es parte del pollo y obviamente se necesita una pala
para remover sus excrementos". Es decir, el hemisferio izquierdo, al estar desconectado y
no saber lo que observaba el derecho, tampoco sabía por qué éste había escogido la pala.
Fue su "intérprete" el que resolvió el problema estructurando una respuesta coherente y
que para el sujeto era absolutamente correcta.
"Este tipo de procesos ocurre todo el tiempo en cualquier persona. Cuando tratamos de
describir eventos pasados, por ejemplo, solemos recordar sólo ciertos aspectos, pero
reconstruimos el resto y creemos firmemente en la veracidad de la historia que estamos
contando", explicó Gazzaniga a Qué Pasa. Es lo que hace tiempo algunos científicos
habían descrito como "memoria falsa", aunque todavía no existía una explicación al
respecto.
Se ha observado en innumerables casos de víctimas de supuestos abusos deshonestos
durante la niñez, quienes han llegado a relatar enormes atrocidades, de las cuales están
absolutamente convencidos, pero que luego probaron ser falsas.
Aunque para la ciencia aún es imposible establecer cuándo los recuerdos de una persona
son verdaderos o falsos, se sabe que la memoria puede ser inducida. "Se puede sugerir a
la gente algo en un momento en particular.
Más tarde, si le preguntamos sobre ello, un cierto porcentaje de las veces podremos
corroborar la historia basada en nuestra sugerencia y no en la realidad", explica
Gazzaniga. Existen casos dramáticos que resultan de una situación así (ver recuadro),
pero donde se aprecia más claramente es en los preescolares. Experimentos realizados en
Boston y presentados durante la última reunión de la Sociedad de Neurociencia
Cognitiva, demuestran que un 30 % de los niños de esta edad explica sus respuestas o

actos apelando a una historia ficticia, a la cual se afierran fieramente y que pueden ser
inducidos a éstas con sugerencias triviales.
Uno de los ejemplos citados durante el encuentro fue el de Billy: ante la pregunta del
investigador sobre si alguna vez se había atrapado los dedos en una trampa de ratones,
respondió que no. Que nunca había estado siquiera en el hospital. Una semana después,
ante la misma interrogante, el niño respondió que sí y que, además, había llorado. Al cabo
de tres semanas, Billy agregó a su relato que su mamá lo había acompañado al hospital y,
después de 11 semanas, ya estaba describiendo el viaje al hospital con su familia, dando
la localización exacta dentro de la casa de la trampa para ratones que lo había herido (al
lado de una caldera en el sótano) y culpando a su hermano del accidente. Cuando sus
padres lo enfrentaron, diciéndole que su casa no tenía caldera, Billy contestó que el
accidente había pasado en la casa antigua y nadie pudo convencerlo de lo contrario. En
efecto, el hogar anterior de los padres de Billy tenía una caldera, pero el pequeño ni
siquiera había nacido cuando vivieron allí. Fueron las reiteradas preguntas del
investigador las que armaron el relato de Billy.

El caso de Sibil
Probablemente, uno de los ejemplos más dramáticos de lo que significa la memoria falsa
y de cómo puede ser inducida, sea el caso de Sibil, quien ingresó en los anales de la
psiquiatría al ser uno de los primeros diagnósticos del Desorden de Personalidad Múltiple
(MPS). Su historia se plasmó en un best seller publicado en 1973 y, posteriormente, en
una película protagonizada por la actriz Sally Field, en 1976. El éxito de la cinta
cinematográfica fue tal que, en menos de 14 años, la psiquiatría estadounidense ya había
diagnosticado más de 20 mil nuevos casos de MPS.
Eran 16 los "yo" que vivía dentro de Sibil: Peggy tenía un gran aplomo; Marcia era un
tanto depresiva; Vanessa, muy impulsiva; mientras que Victoria Antoinette Scarleau era
una elegante amante de las artes, que visitaba con frecuencia museos y salas de
conciertos. Además, estaban Mike y Sid, dos adolescentes. El verdadero nombre de esta
mujer, una artista procedente de Willow Corners en Wisconsin (Estados Unidos), era
Isabel Dorsell y solía alcanzar 170 puntos en las pruebas de Coeficiente Intelectual. Sus
múltiples personalidades fueron descubiertas por la sicoanalista estadounidense Cornelia
Wilbur, en los 11 años (y 2. 354 sesiones) que Sibil estuvo en tratamiento. Un cuarto de
siglo después, sin embargo, la ciencia descubre que el "trabajo psicológico del siglo" no
es más que "la gran farsa sicológica del siglo".
Fue hace dos meses, durante el aniversario de la Asociación Americana de Sicología en
San Francisco, cuando el psicólogo Robert Rieber (66) dejó al descubierto la situación.
Según relató, en 1972 la periodista Flora Rheta le envió una docena de casetes, en las que
aparecían conversaciones entre la terapeuta y Sibil para ser usadas en los trabajos que él
efectuaba en ese momento. Hacía tiempo que Flora intentaba publicar el caso en una
revista especializada sin resultados. Pero al tratar de escucharlas, consideró que la calidad
de grabación era tan mala, que las desechó de inmediato. Las guardó en un armario y allí
las olvidó.
Recién el año pasado, durante una discusión de expertos sobre el caso Sibil, le vinieron a
la mente las cintas. "Comencé a revolver hasta que las encontré y las escuché con

detención", dijo. Aunque Rieber sostiene que Sibil seguramente tenía desórdenes del
comportamiento, nunca se trató de un caso de personalidad múltiple. Lo fue sólo gracias
a la terapeuta. Tras analizar las grabaciones, descubrió cómo Cornelia Wilbur iba
colocando en la mente de Sibil cada escena clave, haciéndole preguntas sugerentes que
llevaban a la mujer a recordar cosas que nunca habían sucedido. Por ejemplo, como se
escucha en las casetes, la paciente terminó creyendo firmemente que de niña durmió con
sus padres y los observó tener sexo. O aún peor, que su madre le había puesto hielo en la
vejiga y la había dejado de pie en ese estado mientras la escuchaba tocar el piano.
"Las dos (Flora Rheta y Wilbur) creyeron que las entrevistas me iban a fascinar de tal
modo que las publicaría. Pero un análisis exhaustivo permite darse cuenta cómo Cornelia
manipula a su paciente y le sonsaca verdades parciales que correspondían supuestamente
a personalidades aisladas. Fue la terapeuta y no Sibil, la que dio nombres a esas
personalidades y la que comenzó a interactuar con ellas", concluye.