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Índice

Índice………………………………………………………………………………………………………

Dedicatoria…………………………………………………………………………………………………

Prólogo……………………………………………………………………………………………………

Agradecimiento……………………………………………………………………………………………

Introducción……………………………………………………………………………………………… Cuentos Asnos estúpidos Isaac Asimov……………………………………………………………………………………… Vista fija Alberto Chimal……………………………………………………………………………………… Apocalipsis Rubén Moreno……………………………………………………………………………………… Primer torneo interplanetario
Introducción………………………………………………………………………………………………
Cuentos
Asnos estúpidos
Isaac Asimov………………………………………………………………………………………
Vista fija
Alberto Chimal………………………………………………………………………………………
Apocalipsis
Rubén Moreno………………………………………………………………………………………
Primer torneo interplanetario de Pacman
Diego Cid……………………………………………………………………………………………
2 a.m.
Laura Andrea Morales………………………………………………………………………………
Un viaje maravilloso a la galaxia azul
María Luisa Zapata…………………………………………………………………………………
La pistola
Pavel Ignacio………………………………………………………………………………………
Thriller
Antonio Mora Vélez…………………………………………………………………………………
La dama de flores
Ulyses…………………………………………………………………………………………………
El fantasma en la máquina
Luis Bemer…………………………………………………………………………………………
3015
Arturo González……………………………………………………………………………………
Escaleras
Eduardo Abel Giménez………………………………………………………………………………
Primera ley
Isaac Asimov…………………………………………………………………………………………
El mejor amigo de un muchacho
Isaac Asimov…………………………………………………………………………………………
De químico a químico
Isaac Asimov…………………………………………………………………………………………
Referencia……………………………………………………………………………………………………

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Para todos nuestros lectores, los que se esmeran en conocer el mundo de la ciencia ficción.

Para todos nuestros lectores, los que se esmeran en conocer el mundo de la ciencia ficción.
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Prólogo

  • L a ciencia siempre ha sido considerada como una burla al raciocinio humano, pues describe ambientes, situaciones o personajes que no existen, y si existen, desafían la realidad.Las ganas de que tú lector conocieras el paralelo mundo de la sci-fi o ciencia ficción fue lo que nos motivó a compilar ésta

antología. Verdaderamente fue por ti, porque anhelamos que tú, al igual que nosotros disfrutes esta temática del subgénero literario: el cuento.

Prólogo L a ciencia siempre ha sido considerada como una burla al raciocinio humano, pues describe

Los cuentos aquí presentes tienen una gran importancia debido a los autores por los cuales fueron escritos. Todos ellos son del siglo XX, en el cual se dio la cúspide de la literatura de la ciencia ficción, impulsada por los eventos que sucedieron en esa época. Queremos que te des cuenta de la relevancia de estas historias, que no son locuras, sino, como su nombre lo dice, ciencia ficción, una realidad casi posible explotando los avances de la ciencia, la cual está plasmada en cuentos de casi todo el mundo, como México, Argentina y Rusia.

No queremos brindarte cualquier cosa, todo lo contrario, deseamos que degustes las mejores muestras de scifi del mundo. Por este motivo seleccionamos para ti lector, cuentos breves pero emocionantes, de escritores de América Latina y Europa.

Si recopilamos estos quince cuentos en esta antología es con el propósito de que las apasionantes historias te envuelvan a ti y a todos los que leerán la antología. Confiamos en que los cuentos te dejarán con ganas de más y terminarás toda la antología. De verdad deseamos que tu mente se dé cuenta de la posibilidad de un acontecimiento similar, y que descubras que la ciencia ficción está más cerca de la realidad de lo que imaginas.

La ciencia ficción es un universo paralelo, y en esta antología reunimosdoce universos que nos dan una probada de su imaginación. Latinoamérica está representada por Diego Cid y Eduardo Abel Giménez, ambos de Argentina; Alberto Chimal, un gran exponente de las letras mexicanas, que además, se dedica a la docencia; Antonio Mora Vélez, representante internacional de la ciencia ficción de Colombia. Además, se encuentra en nuestra antología el gran Isaac Asimov, la máxima referencia de la ciencia ficción en todo el mundo, ha escrito tanto cuentos como novelas, entre ellas Sueños de Robot.

La antología inicia dándote una probadita de Isaac Asimov, Asnos estúpidos. Enseguida de él, están todos los autores de nuestra América, por tanto en el corazón de nuestra antología hay una reunión de lo mejor de la ciencia ficción que han escrito nuestros hermanos hispanoamericanos, escritores tanto mexicanos como centro y sudamericanos. Para cerrar con broche de oro nuestra obra, elegimos tres cuentos de Asimov.

Te llevaremos a un sinnúmero de lugares, desde una simple ciudad, hasta la Federación Galáctica, pasando en el camino por una Galaxia Azul, Tepito, un centro comercial en medio del Apocalipsis, el exterior de la atmósfera, y un montón de planetas.

Te llevaremos a un sinnúmero de lugares, desde una simple ciudad, hasta la Federación Galáctica, pasando

Entre los cuentos hallarás historias sorprendentes: un par de científicos a punto de ser suegro y yerno, una mujer que descubre ser madre, un extraterrestre que descubre lo peligroso que somos los humanos, un hombre en el Armagedón, entre otras.

La mejor justificación que le podemos dar a esta antología eres tu quien lees, eres el motivo por el cual hacemos esta compilación.

Querido lector, con todo el corazón te doy las gracias por tener hoy en tus manos esta antología, porque te tomas el tiempo de leerla. Te recordamos que la antología es para ti, disfrútala, léela con esmero, no te arrepentirás, y cuando llegues al final desearas volver a empezar.

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Breve introducción del autor

En esta antología se encuentran reunidos 15 cuentos de ciencia ficción. Todos los cuentos aquí recopilados fueron obtenidos de Internet.

La antología incluye a los máximos exponentes de la ciencia ficción, especialmente, Isaac Asimov. Cuenta con 12 sorprendentes autores de todo el mundo: Alberto Chimal, de México; Diego Cid; de Argentina; Isaac Asimov, de Rusia; entre otros.

Breve introducción del autor En esta antología se encuentran reunidos 15 cuentos de ciencia ficción. Todos

Las historias son inmensamente variadas, las hay desde graciosas, hasta tenebrosas.Si quieres conocer un poco de las mentes de los grandes escritores de ciencia ficción debes leer esta antología.

El periodo de recopilación, organización y publicación fue de 3 semanas aproximadamente. Se realizó un trabajo conjunto entre Daniel Bello, Leslie Gutiérrez, Verania López y Oscar Sarmiento, todo para que la antología terminada llegara hasta tus manos.

Breve introducción del autor En esta antología se encuentran reunidos 15 cuentos de ciencia ficción. Todos
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Agradecemos a la profesora Sandra, por su motivación y asesoría; a nuestros padres que nos han apoyado hasta hoy, y a todos ustedes que se dieron el tiempo de leer esta antología, debido que nos damos cuenta que nuestro esfuerzo valió la pena. Esperamos que les gusten los cuentos y disfruten este maravilloso mundo: la ciencia ficción.

¡Gracias!

Agradecemos a la profesora Sandra, por su motivación y asesoría; a nuestros padres que nos han
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Cuentos cortos de ciencia

ficción
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Asnos estúpidos

Isaac Asimov, Rusia

N aron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales

galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados. En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero. -Naron -saludó el mensajero-. ¡Gran Señor! -Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias. -Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez. -Estupendo, estupendo. Hoy en día ascienden muy aprisa. Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son? El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del mundo en cuestión. -Ah, sí -dijo Naron- lo conozco. Y con buena letra cursiva anotó el dato en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo. Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes.

Escribió, pues: La Tierra. -Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord. Ningún otro grupo ha pasado tan rápidamente de la inteligencia a la madurez. No será una equivocación, espero. -De ningún modo, señor -respondió el mensajero. -Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto? -Sí, señor. -Bien, ese es el requisito -Naron soltó una risita-. Sus naves sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación. -En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los observadores nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio. Naron se quedó atónito. -¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial? -Todavía no, señor. -Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones? -En su propio planeta, señor. Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:

Asnos estúpidos Isaac Asimov, Rusia N aron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de

-¿En su propio planeta? -Sí, señor. Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable, como nadie, en la galaxia. -¡Asnos estúpidos! -murmuró.

Asnos estúpidos Isaac Asimov, Rusia N aron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de
Asnos estúpidos Isaac Asimov, Rusia N aron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de
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La vista fija

Alberto Chimal

É rase una niña pequeñita y muy bonita, con chapas rojas rojas cual flores de rubor, vestidito rosa y bonito cabello rizado. Jugaba

en un parque con su pelota y era muy feliz. Oyóse entonces un disparo, y la frente de la niña hizo ¡pop!, y una emisión hubo de sangre y sesos entremezclados que, flor también de rubor (aunque de otro, ¡ay, de otro rubor!), cayó en el pasto un segundo o dos antes que la propia niña. De la pelota no se supo más, y yo creo que alguien se la robó. Debe haber sido fácil porque hasta la

quedaron igualmente alrededor de la niña, igualmente con la vista fija en ella, arruinando con sus pies descuidados el pasto del parque, favoreciendo la huida del posible y desalmado ladrón de pelotas, presas todos de la misma atracción: del mismo embrujo, imperioso y extraño. Porque no se encontraban ante un televisor, no había reportero que comentara lo que veían, no se veía logotipo ni anuncio superpuesto ni nada entre ellos y las manchas rojas rojas en el pasto verde, los rizos manchados de rojo, los trozos de cráneo igualmente manchados de rojo, la expresión de sorpresa en la carita infantil, los bracitos y piernitas inertes, laxos, ya fríos. Y, por ende, todo, todo cuanto veían era de ellos solamente: su secreto, como son secretos el frío del velador, las pesadillas del enfermo, mi propia voz como se oye desde adentro. Así que allí estaban, llenos de un gozo nuevo, vivo y tembloroso, de esos que son inconfesables y agradabilísimos. Y cuando todos se encontraban a diez metros o menos, aun sin otro cuidado que el espanto ante sus ojos, la niña explotó y los mató.

La vista fija Alberto Chimal É rase una niña pequeñita y muy bonita, con chapas rojas

niña, que no se movía y de cuya frente seguía manando ese caldo rojo y tremebundo, llegó una mujer que pants que se quedó con la vista fija en ella; un señor de traje barato que también se quedó con la vista fija en ella; un par de muchachos, con uniforme y peinados de escuela militarizada, que también se quedaron con la vista fija en ella. Y una anciana de coche con chofer, su chofer, un grupo de novicias, tres policías, un comerciante informal, un malabarista de crucero, un ejecutivo de exitosa empresa y otros muchos más, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que tras llegar se

La vista fija Alberto Chimal É rase una niña pequeñita y muy bonita, con chapas rojas
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Apocalipsis

Rubén Moreno

  • C uandoescuchamos las primeras explosiones, pensamos que se trataba de una celebración Pero cuando llegamos a la puerta grande del

centro comercial pudimos ver que no eran simples juegos artificiales, estos eventos que se producían a una gran distancia de donde mirábamos atónitos, eran tan fuertes que eran iguales a esas imágenes que tenemos todos de la bomba atómica, grandes hongos se divisaban a kilómetros de distancia, uno tras otro. Pero lo que más aterrorizaba era que cada vez se veían más cerca. Ahí fue cuando escuche la voz de una mujer la cual estaba cerca pero no podía ver, que dijo Sera este el tan anunciado fin del mundo. Un frio recorrió todos nuestros cuerpos, todos nuestros miedos se volvieron realidad. Eso de lo que tanto se había hablado pero nunca se le prestó atención en verdad estaba sucediendo ? ... Inmediatamente llegaron a mi mente las imágenes de Nostradamus de los mayas etc. etc. y lo más impactante eran las imágenes y eventos que se anunciaban en al apocalipsis, pero esto era una suposición de lo que estaba ocurriendo, pero el miedo era tan fuerte y no nos abandonaba. Curiosamente antes de llegar al centro comercial pudimos observar a centenares de estudiantes de una de las mejores universidades del país, la cual tenía su sede ahí cerca. Como hacían fila en varios stands para recibir un libro que llevaba por título el universitario, no aguantamos la curiosidad e hicimos la fila, ahí nos entregaron el ejemplar de un libro de pocas páginas, cuya portada era de color verde y su título en letras grandes… el universitario. Al abrirlo nos causó mucha gracias de ver que se trataba de un diccionario con la ilustración de cada palabra digno de un niño de jardín aprendiendo sus primeras letras. Sin comprender nos alejamos hacia nuestro destino que era el gran centro comercial, una estructura impresionante de color blanco con muchos niveles en los cuales se podía conseguir desde una aguja hasta un trasatlántico. Se escuchó entonces un gran barullo y a la distancia pudimos observar que una gran revuelta se había formado en la universidad, lo que sucedía era que los furiosos alumnos destrozaban todos los stands y enfurecidos linchaban a sus profesores con sus libros el universitario. Uno de mis acompañantes

dijo inocentemente. Esto parece el día de llegada refiriéndose al fin del mundo. Unos minutos antes de escuchar las primeras explosiones, departíamos en la cafetería del lugar con el comandante de la policía, el cual estaba disfrutando de su día libre. El con guitarra en mano y vestido de jean y buzo nos deleitaba con partes de algunas canciones, a la vez que intercambiamos conocimientos sobre este instrumento musical, recuerdo su cara de asombro y de miedo cuando comenzó todo este Armagedón. El como cabeza de la autoridad debía hacerse cargo de la situación la cual para ser francos se le salía totalmente de las manos, mas sin embargo salió raudo por las escaleras pidiéndole a sus subalternos su uniforme de capitán. Para tranquilidad de todos las explosiones cesaron y a pesar de que el miedo no nos abandonaba se dibujó en todos una sonrisa nerviosa, ya había pasado, el mundo no se había acabado. Pensamos entonces que tanta gente había muerto en los sitios exactos donde ocurrieron y quedo la pregunta en el aire de que realmente había pasado. Comenzamos a subir de nuevo las escaleras para ingresar de nuevo al centro comercial y llegar hasta la terraza de donde observaríamos mejor las zonas devastadas, fue ahí cuando escuchamos unos sonidos que no distinguíamos pero al acercarse determinamos que se trataba del chillido de un animal, pero lo aterrador era que parecían que pertenecía a miles de animales que venían en desbandada, justo hacia donde nosotros avanzábamos. La duda fue despejada cuando por encima de nuestras cabezas comenzaron a saltar ratas que amenazaban con morder, eran miles de ellas de diferentes tamaños. Cuando llegamos al último escalón, vimos un tapete por el gran salón de entrada, era un tapete de estos animales los cuales estaban huyendo de algo, de algo muy malo. Como eran tantas pasaban muy cerca a nuestros cuerpos, ahí fue cuando le encontramos utilidad al libro del universitario ya que nos servía de arma y de escudo para que estas alimañas no nos mordieran. Los utilizamos como bates de beisbol y acertábamos cada golpe.

Apocalipsis Rubén Moreno C uandoescuchamos las primeras explosiones, pensamos que se trataba de una celebración Pero
Apocalipsis Rubén Moreno C uandoescuchamos las primeras explosiones, pensamos que se trataba de una celebración Pero
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Fue entonces cuando toda la algarabía que se había causado se silenció, a nuestro alrededor no habían roedores solo gente tirada en el piso blanco del salón, unos maltrechos por la mordeduras y otros por los cuales ya no había nada que hacer. De frente a nosotros había un resplandor que se acercaba a gran velocidad, la primera reacción que tuvimos fue

correr en sentido contrario. Pero todo se ilumino, no hubo dolor no hubo miedo. Ahora solo trato de recordar que más paso esa tarde en el centro comercial pero por mucho que me esfuerzo solo llegan a mi mente estos episodios, quisiera saber realmente si esa tarde fue en verdad el tan anunciado fin del mundo.

Fue entonces cuando toda la algarabía que se había causado se silenció, a nuestro alrededor no
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Primer torneo interplanetario de Pacman

Diego Cid

S ería erróneo pensar que todo empezó con el primer Torneo Interplanetario de Pacman. En realidad, la locura comenzó cuando los Elrogs

vieron el juego por primera vez. Uno de ellos dicen que fue el mismísimo Embajador, aunque es poco probable que haya sido asíse acercó a la máquina lentamente y envolvió la palanca de control con sus tentáculos azules. Pasó toda la mañana esquivando fantasmas y comiendo píldoras blancas, hasta que las autoridades terranas le pidieron formalmente que abandonara el juego. Luego del episodio, el Secretario de Comercio Espacial intuyó que los humanos finalmente habíamos encontrado algo para exportar a Elrog, que hasta el momento no había parecido necesitar nada de estos lares. El primer envío se agotó a la semana terrestre. Con el segundo y tercer envío, redujimos la enorme deuda que nuestro viejo planeta mantenía con los Elrogs. Cuando llegó la orden para el cuarto pedido, las autoridades terranas entraron en pánico. ¡Querían una máquina para cada habitante del planeta! La mayoría de las fábricas terrestres comenzaron a producir Pacmans por millones; todo el mundo conocía alguien que estuviera en el negocio. En casi todas las ciudades del mundo se levantaron monumentos al personaje amarillo que nos había salvado de la bancarrota. Pero nadie lograba entender la fascinación de los Elrogs por el juego; eran una raza antigua y brillante, que había logrado el viaje en el tiempo, la generación de energía ex nihilo, el viaje intergaláctico rápido y seguro y la inmortalidad, entre otras cosas. No faltaron oportunistas que intentaron venderles otros juegos antiguos como el Tetris, el Memotest o el Mario Bros, pero nada más parecía interesarles.

Elrog había enroscado sus tentáculos en la palanquita naranja. Unos meses después del cuarto envío (que había saldado la vieja deuda con el planeta de los pulpos), el Embajador Elrog informó sobre lo que sería el acontecimiento más importante (y bizarro, desde mi punto de vista) de todos los tiempos: el Primer Torneo Interplanetario de Pacman. La Tierra formó una selección de lunáticos que, impulsados quizás por la curiosidad, habían dedicado sus vidas al juego. Tuve la suerte de ser elegido para formar parte del equipo de periodistas que cubrirían el evento, a desarrollarse en una luna de Phires, el segundo gigante gaseoso que orbitaba Próxima Centauro. Allí conocí a Ras, un pulpo gigantesco y amistoso a quien, junto con varios colegas, Elrog había destacado para informar sobre el evento. Me ayudó a registrarme en una de las pocas habitaciones secas del hotel y me llevó hasta la única cantina que había en el lugar, a la que tuve que ingresar con traje de baño y esnórquel. Hablamos durante horas; realmente no había nada que hacer hasta el otro día, cuando empezaran las primeras partidas. Me contó sobre su vida y sobre la historia del planeta. Al parecer, habían pasado muchos malos ratos:

Primer torneo interplanetario de Pacman Diego Cid S ería erróneo pensar que todo empezó con el

guerras, epidemias, sequías, hambrunas y todo ese tipo de cosas. Me habló de su familia. Tenía una esposa en Errgus, el gigantesco lago capital de Elrog. Unas semanas más tarde anunciaron al ganador. Para mi sorpresa, era un humano: un adolescente de apenas dieciséis años que había pasado el último de ellos sentado frente a una máquina Pacman, y que había arrasado con sus oponentes, pulpos y humanos por igual. El Embajador Elrog lo condecoró en una ceremonia hermosa, que se llevó a cabo en un estanque lujosamente adornado y con vistas al espacio. El joven, de apellido Guzmán, casi no podía hablar de la emoción. Cuando los pulpos anunciaron el premio en dinero, el joven dejó caer el esnórquel y se desmayó. El Embajador comenzó a hablar nuevamente y dijo que habría un premio extra, por tratarse del primer torneo de este tipo:

entregarían una luna agrícola al país de origen de Guzman. Los pulpos aplaudieron suavemente con sus tentáculos, pero los humanos tuvimos que

Primer torneo interplanetario de Pacman Diego Cid S ería erróneo pensar que todo empezó con el

En los programas terranos de televisión abundaban los filósofos que elogiaban la estructura del juego. Era, decían algunos, una genial metáfora arcade del conflicto de lucha de clases. El gordo consumista acechado por el fantasma de la pobreza. Muchos farsantes decían jugarlo en sus casas desde pequeños y hablaban del Pacman con familiaridad, como si se tratase de un viejo amigo. Nadie les creía: el juego había sido abandonado siglos atrás, y nadie lo había mencionado hasta que el primer

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aferrarnos los unos a los otros para no caer al agua. ¡Una luna agrícola! ¡Sería el fin del hambre en la Tierra, el fin de la economía y las finanzas opresoras! ¡El fin de las guerras, probablemente! Porque el país de origen de Guzmán era la Tierra entera, desde que los Estados Nacionales se habían fusionado en una enorme confederación. Unas horas más tarde, me hallaba sentado en la cantina frente a Ras, que me miraba sonriente, esperando algún comentario de mi parte. Yo casi no podía hablar, y se lo dije. Comenzó a reír a carcajadas, junto con todos los pulpos a su alrededor, que me miraban con interés. Era el único humano en el lugar. Rió tanto que soltó una nubecilla de tinta por detrás y se disculpó por ello, sonrojándose.

Ras dije , ¿por qué les gusta tanto el Pacman? No nos gusta el Pacman, es un juego estúpido dijo recobrando la compostura. No supe qué otra cosa preguntarle, me hallaba demasiado confundido. Tranquilo agregó; en el caso de ustedes fue el Pacman, con los Huich fue algo parecido a lo que ustedes llaman balero. En ese caso, ni siquiera tuvimos que dejarnos vencer en el torneo; apenas podíamos sostenerlos. Entendí. Me puse de pie lentamente y pensé en pagar la cuenta de la cantina, pero luego comprendí que era ridículo.

aferrarnos los unos a los otros para no caer al agua. ¡Una luna agrícola! ¡Sería el
aferrarnos los unos a los otros para no caer al agua. ¡Una luna agrícola! ¡Sería el
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2 a.m.

Laura Andrea Morales

H a… una vez más atrapado entre fotógrafos

y sus cámaras… una vida de personas sin

sentimientos ni emociones, pensar que

muchas de ellas pensaban lo mismo que yo me da

todos los problemas se van de tu mente, cuando los

hechas al vacío para poder ser tú y no lo que en todo el día pretendes.

Una amenaza en la disquera para la que trabajo “si

terror, nunca hubiera imaginado que tal concurso sería tan importante para la vida que yo había

no compones un sencillo rápido serás una historia

tan antigua como los Beatles” …

2 a.m. Laura Andrea Morales H a… una vez más atrapado entre fotógrafos y sus cámaras…

soñado, si la había deseado la “había” esperado pero

nunca pensé que fuera así de dura.

-¿cómo que no tienes ninguna canción?-decía mi manager angélica- te asignamos al mejor productor que tenemos, si no quieres acabar mal ve y escribe un sencillo. Correr, correr debo correr y no parar, el corazón latiéndome a 1000 por hora, al final de cuentas no se sentía fácil morir. Serénate Gustavo- me dije a mí mismo. 1…2…3… la caída fue rápida, la verdad lamento que algunos coches hayan quedado llenos de sangre la muerte al fin y al cabo era fácil, un poco de dolor y todo acaba.

-¡¡Ya metete en la limosina llegaras tarde!!-Las mismas palabras vacías de todo el tiempo desde que

gane el concurso de talentos; “llegaras tarde” “acabaras sin trabajo” “esta entrevista es importante”; casi me daban ganas de agarrar la

pistola del fortachón de la entrada y tirarme un balazo. Por fin de noche el único momento donde puedo ser capaz de escribir las canciones que con tanto anhelo compongo, en el momento a eso de las 2 am donde lo único que importa eres tú y nadie más. Cuando

2 a.m. Laura Andrea Morales H a… una vez más atrapado entre fotógrafos y sus cámaras…
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Un viaje maravilloso a la galaxia azul

María Luisa Zapata

un setiembre, sobre mi ventana de mi habitación se posó una luz fosforescente sobre ella se

ran

dibujó el rostro de un ser muy raro ; me dijo

me llamo

Ardur ,

vengo en

paz

y quiero

las

dos

de

la

mañana de

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de

Al regresar de tan maravilloso viaje me sentí que mi rostro había cambiado y podía sonreír y al mirar a mis semejantes comprendí que una sonrisa puede cambiar los corazones de muchas personas, las experiencias que tuve en la galaxia fueron formidables y pienso y debo cambiar a la humanidad con mis acciones a partir de hoy. Los viajeros partieron dejándome un ejemplo de amor.

E

dejarte el azul de mi galaxia Muy temerosa me acerqué al personaje azul, él me presentó muchos extraños seres los que me invitaron a subir a su nave: allí pude experimentar la mejor tranquilidad que jamás ha tenido ningún humano.

Un viaje maravilloso a la galaxia azul María Luisa Zapata un setiembre, sobre mi ventana de
Un viaje maravilloso a la galaxia azul María Luisa Zapata un setiembre, sobre mi ventana de
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La pistola

Pavel Ignacio

U n día caminaba por Tepito comiendo unas garnachas, al enchilarme voltee al cielo y vi un objeto caer tan rápido que apenas la

pude ver, me asuste pensé que iba a impactar otro meteoro de hielo en mi casa asustado reaccione de tal forma que las garnachas me las trague sin darme cuenta me limpie con mis calzoncillos y fui tras ella. Me largo pero calcule la inclinación y velocidad y deduje que caería en colima específicamente en su volcán a las 5 pm, fui por mi carro y lo encontré con las llantas ponchadas carajo pensé entonces no me

gracias a estos y aún más relevante eran radioactivos. Pero no eran los míos ese salió de Bogotá. Que raro investigue con mi celular que pasaba descubrí que 80 pistolas cayeron en el planeta y una raza exterior loas encontraría con sus nuevos dueños y la iba a reclutar levante la mirada y estaba en una nave c-c- como llegue escuche por todos lados había 79 personas en esa nave que raro imagine pero no solo lo imagine también lo dije sin abrir la boca caray me llegó a la mente y también se escuchó porque hablaba sin abrir la boca. Todos los reclutados pensamos en escapar pero no todos se podían comunicar ya que hablaban en diferentes idiomas. Si tan solo lo hubiese evitado tenía enfrente de mi cara un campo de entrenamiento salimos a entrenar disparo solo disparo y también disparo doble. Pasaron 2 años de entrenamiento ya estaba listo y en esos 2 años olvidé mi familia mi todo y me mandaron a la batalla nuestra posición era artillero en la misma nave peleaba contra otra nave. Observé había pantalla mucho espectáculo gente en tarimas observándonos en la pelea contra otra nave igual con la misma potencia de disparo, esto no era una guerra era un espectáculo. Nos derrotaron en 20 minutos gracias a nuestra mala comunicación y las pistolas las mandaron a otro planeta si todos estuviéramos unidos se pudieran evitar batallas salir de problemas incluso la unificación del planeta. Derechos reservados para Pavel Ignacio Amezcua Camarena.

La pistola Pavel Ignacio U n día caminaba por Tepito comiendo unas garnachas, al enchilarme voltee

quedo más que subirme a mi patineta voladora e inyectarme adrenalina. Llegue en 5 días y el domo del volcán desapareció por lo que atrajo a más turistas de la región gracias a eso tuve la oportunidad de pedir unos bocados de comida para armarme de valor y subir. Por fin llegue, que bien grite ahí estaba pero tenía que llegar rápido a la capsula los gases calientes me estaban asfixiando, lo logre la tenía en mis manos el problema ahora era abrirla tenía unos códigos, pulse al azar, se abrió, que era, una pistola, dios odio las pistolas. Pistola divina. Me defeco en (respiro profundo) contrólate expresé a la persona ubicada a mi izquierda esa persona la empecé a ver cuando tuve una loquera con mis compas empezó a aparecer en momentos de riesgo. Entonces deduje santas patatas algo malo pasará la agarre y dispare al cielo, al día siguiente me entere que unos balazos calibre .50 impactaron en un Boeing que cayo en Tamaulipas

La pistola Pavel Ignacio U n día caminaba por Tepito comiendo unas garnachas, al enchilarme voltee
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Thriller

Antonio Mora Vélez

A quella noche lluviosa de mayo, el poblado agrícola de Mocarí era apenas una fogata desde las alturas. En la garita de su

cementerio, el celador y un amigo jugaban una partida de dominó, desentendidos de la apacible estancia de los muertos. Mataban el frío y el tedio con el delicioso aguardiente anisado y el juego. Hacía apenas un par de semanas que el cielo había asperjado sobre las sementeras una lluvia de partículas luminosas que hacían aumentar el brillo de las hojas mañaneras y que habían generado entre los pobladores toda clase de comentarios, a cuales más fantasiosos. "Es el abono de las estrellas", había dicho el padre Anselmo para aclarar las cosas y evitar mayores desmadres de la imaginación. Y el pueblo le creyó. Esa noche, la lluvia de partículas se hizo visible sobre la extensa zona del campo santo. Juan y Martín, los silenciosos jugadores, no se dieron cuenta sino al rato, cuando un rayo de luz que salía del torbellino celeste bañaba todas las tumbas. ¡Carajo, parece como si fuera de día! dijo Juan. Parece no, que es le contestó Martín, impresionado. Ambos se pusieron de pie y salieron de la caseta para ver lo que ocurría. Un brisón barría el polvo de los caminos y mecía los arbustos de ornamentación en esos instantes. ¡Miércoles! exclamó Martín. Estas son vainas del Maligno. ¡Qué Maligno ni qué carajo ! le contestó el celador. Es como un sol chiquito ¡Mira! Martín miró hacia el cielo brillante y pudo observar en todo su esplendor de jaspe el disco desde el cual

salía el misterioso rayo. Ambos quedaron absortos en la contemplación y por eso no notaron lo que ocurría en el suelo. Martín fue el primero en percatarse de la anormalidad. ¡Las tumbas se están abriendo! gritó, visiblemente alterado. Y así era, en efecto. Las tapias fueron, una a una, saltando en pedazos. Las lápidas caían hacia atrás, removidas por el borbollón del suelo. Y los muertos salían de sus féretros y se dirigían hacia ellos en procesión macabra y amenazante, con los brazos extendidos hacia adelante y los rostros aún cubiertos de barro. ¡Vienen hacia nosotros! advirtió Martín. ¡Corramos!

—¡Espera No es nada del otro mundo. Mira
—¡Espera
No es nada del otro mundo. Mira

esta escena yo la he visto antes!

... Martín se quedó mirando a Juan con extrañeza y luego emprendió veloz carrera hacia la puerta del cementerio. ¡Espera, Martín. Ya sé de qué se trata! le gritó Juan, quien seguía en actitud de expectación no obstante el peligro. Martín no lo escuchó y siguió en su fuga. Entretanto un hombre con rostro de lobo y vestido de lentejuelas hacía su aparición, rítmicamente, en medio de los muertos. ¡No te vayas, espera! insistió el celador a su

amigo. Este se detuvo un instante y miró a Juan en la distancia de la garita. ¡Ya sé dónde he visto la escena le gritó Juan.

son los seres de

... ultratumba de Michael Jackson!

Thriller Antonio Mora Vélez A quella noche lluviosa de mayo, el poblado agrícola de Mocarí era
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La dama de flores

Ulyses

Capítulo 1: DESCUBRIMIENTO

E l contacto de algo frío en el pie desnudo me

sobresaltó. Aún amodorrada, me toqué instintivamente los dedos, notando una

sensación desconocida al percibirme a mí misma. No conocía el concepto de humedad cuando aprecié el agua escurriéndose de mi mano. Al tacto estaba fría y no podía cogerla, pues se deshacía al intentar

Hoy brillaba también, y mientras jugaba a encontrar un reflejo en la negra superficie del prisma, sintió una punzada en el abdomen. Algo humedeció sus muslos en el instante en el que la punzada se hacía más y más intensa. Gritó de dolor y, estupefacta, percibió cómo algo indefinible se escurría entre sus piernas. Mientras contemplaba moverse a aquella forma, una nueva contracción le advirtió de la inmediata repetición del dolor. De nuevo, un ser semejante al anterior brotó de su cuerpo. Las dos formas emitieron al unísono un agudo sonido. Durante un nanosegundo, el monolito brilló y un terabyte de información contenida en un pulso laser partió hacia las estrellas. La señal estaba enviada.

Capítulo 2: GENESIS mí. Los miré
Capítulo 2: GENESIS
mí. Los miré

atraparla Iba y venía con un rumor constante, un poco más allá, generando un límite difuso a la extensión que representaba el mar, abarcando todo el horizonte.

  • - Me sentía bien, quizá con un hormigueo en el estómago que aún no sabía identificar como de

hambre. El sol me calentaba y disfruté un rato más de aquella sensación -.

  • - Cerré los ojos y en un instante, el caleidoscopio multicolor desfiló de nuevo ante mis ojos. No entendía su significado pero ante él, me sentía comoda y acompañada -.

    • D os seres, iguales pero distintos, salieron de había visto desde el día de mi llegada. todo

y no se parecían a los que

  • - Sin ser consciente, retrocedí al instante en el que

en ellos me era familiar, pero su tamaño me desconcertaba. Algo hacía de mí más que una mera observadora, me atraía hacia ellos, a pesar del estridente sonido que emitían. Tomé a uno en mis brazos, y para mi espanto, inmediatamente dejó de sonar. Asustada, lo dejé caer, y de nuevo emitió su chirriante ruido. Dos veces repetí el gesto hasta percibir el efecto producido por mí sobre aquellas criaturas. - Con su contacto, se acentuó más aquella sensación, que fue indescriptible cuando uno de ellos, con un gesto de ansiedad, apretó su cara contra uno de los bultos que habían crecido en mi cuerpo. En ese momento, un espasmo en el abdomen, parecido a los que antes tuviera,

era un embrión. En mi retroceso, contemplé la hecatombe que había fulminado a aquel planeta. Experimenté de nuevo, como entonces lo hiciera, una infinita sensación de soledad. Retrocedí más aún, al instante anterior a la explosión, y ví la esfera azul, algo achatada por los polos, que antaño fuera mi hogar y el de 6.000 millones de seres que se habían parecido a mí, aunque ahora yo era diferente. Seguí retrocediendo, y alcancé el estado primigenio de mi nueva esencia. ¿Qué había sido antes de eso?. Yo no lo sabía -. Tampoco David Bowman conoció qué fue después, tras dormirse sobre la cama de aquella imposible habitación de hotel, surgida de la nada en mitad de las estrellas. El tránsito se había producido, mientras la nave Descubrimiento, abandonada a su suerte, se precipitaba en la atmósfera Joviana. Desde el día en que se despertó en la playa junto al monolito, en ocho ocasiones había visto redonda la luz que brillaba en el cielo cuando la oscuridad la rodeaba.

La dama de flores Ulyses Capítulo 1: DESCUBRIMIENTO E l contacto de algo frío en el

acompañó al calor que invadió todo mi cuerpo. El mismo gesto, repetido por el otro, llenó mi cuerpo de paz, vinculándome a ellos para siempre.

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El fantasma en la máquina

Luis Bermer

Recuerdo… recuerdo cómo llegaste hasta aquí.

Resulta difícil recomponer el cuadro con

fragmentos… tan pequeños. Frágil como el cristal,

mi mente rota. Cuando menos lo esperas, de entre

las manos confiadas, cae al suelo. La confianza es ceguera, negar la oscuridad que nos sostiene. Ya no quedaba nadie a mi lado. Olvidé los nombres, las palabras, replegado sobre mí mismo para protegerme del frío. La humanidad eran esos seres lejanos, extraños. A nadie le importaba que viviera o muriera; dudo que tampoco me importara mucho a mí. Se puede estar muerto mientras se respira.

sacude, torturante. Pero podría llorar de felicidad. He tenido que saltar al infinito para que mis hermanos, los hombres, quisieran volver a mi lado. Recuerdo… que despertaba y dormía, una y otra vez, siempre en un lecho de dolor. Me hablaban y yo respondía, como en sueños; no recuerdo nada de lo que dije, salvo una cosa: que volvería a saltar,

El fantasma en la máquina Luis Bermer Recuerdo… recuerdo cómo llegaste hasta aquí. Resulta difícil recomponer

una y mil veces, hasta fundirme con la verdad de lo que nos oculta el universo. Luego, dormía… Recuerdo… que un día, al despertar, el dolor había desaparecido por completo… Tampoco sentía

ninguna emoción en especial, como si me las hubiesen estirpado todas, dejando por restos un ánimo neutralizado. Por eso creo que no me sorprendió ver que mi cuerpo había desaparecido. Estaba integrado en la torreta de un vehículo de combate, una especie de helicóptero, según me pareció; y sentía su blindaje azulado de la misma

Recuerdo… haber matado, como radical forma de

llamar la atención. Sólo para sentir de nuevo el calor humano, la sangre, los golpes. Sentirme vivo otra vez. Pero el alma se fue desvaneciendo por el camino, perdiéndose en hilachos de niebla. El pozo, tan profundo, de la oscuridad. Nunca se llega al fondo; sólo se puede flotar y hundirse, un poco más, en la negrura. Hasta que no se distingue el propio

forma que antes sentía mi piel. Igual que sentía de nuevo las ganas de matar, de disparar sobre cualquier objetivo que tuviese delante. Como si hubiese nacido justo para eso, y ninguna otra acción en el mundo me pudiese brindar mayor satisfacción.

cuerpo, y se forma parte de ella. ¿Fue así el origen? Y a él volvemos, como a una memoria escondida.

Recuerdo… haber subido a la azotea. La brisa de la

noche, como un milagro para los sentidos. Cerrar los ojos, y fundir mi oscuridad con la de afuera. Y mi voz hablando, preguntando con palabras sin sonido, dibujadas en la mente. ¿Quién habla en verdad, a quién, para qué? Como un eco en el abismo nocturno de las montañas. Hablar conmigo mismo, ese desconocido para darle sentido a lo que ya no lo tiene. Con el corazón muerto, bailo sobre un pie, luego sobre el otro; justo al borde. Y me carcajeo, como si hubiese descubierto de repente que la vida es justo este juego suicida. ¿Es valentía, o cobardía saltar? Qué importa. Sólo sé que es el único lugar que jamás he pisado. Y avanzo hacia el

noche, como un milagro para los sentidos. Cerrar los ojos, y fundir mi oscuridad con la

infinito… Recuerdo… el dolor. Ah, tan inmenso, abrumador… que gritar resulta imposible. ¿Es esto

morir? ¿Nacer? No puedo moverme, pero cada nervio es como un hilo incandescente que me recorre, el éxtasis de la carne abierta, bañada en sangre. Escucho voces, ruidos, como a través de un mar revuelto. Siento que me elevan; el dolor me

Recuerdo… mis últimos momentos sobre la Tierra,

mientras nos cargaban en el crucero de batalla que nos conduciría a las estrellas. El cerebro principal del vehículo me transmitía datos, por miles, acerca de la naturaleza de las misiones que íbamos a emprender. Todas relacionadas con la exterminación de formas de vida nativas, allí donde las sondas exploradoras indicaron siglos atrásque los hombres podrían asentarse, como en un nuevo renacer. Es curioso pensar cómo fui salvado por la humanidad, transformado y reutilizado por ella para sus fines que ahora son los míos, como el cordero que escapó del redil. Han sabido aprovechar mi esencia homicida para el bien común y el mío propio; así fuera un organismo gigantesco que no desdeña ni a la más defectuosa de sus células. Doy gracias cada día por pertenecer a esta masa biológica depredadora, que nada a conseguido detener aún. Estoy deseando matar bajo la luz de otros soles.

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3015

Arturo González

Ya hacía más de una semana que había empezado a mirar aquel video libro y cada vez le tenía más atrapado. Después de varios años trabajando de minero nunca había estado tan entretenido. La tarea de todo minero supone un trabajo tedioso para cualquiera y más en una atmósfera donde no queda más remedio que hacerlo a través de una máquina. Lo que le llamo la atención sobre el video libro fue su título este coincidía con el año en que se encontraban. Una vez lo empezó se dedicó a buscar las similitudes de las que hablaba con su mundo. No entendía porque aquel se encontraba dentro de la sección de ciencia ficción. Aquel video libro hablaba de cómo se comportaba la sociedad a la que pertenecía. De cómo la humanidad había ido abandonado la tierra para conocer otros mundos, como había explotado estos en busca de recursos, como nada había sido freno a su afán de conquista y como cada vez ansiaba más. En el video libro se hablaba de un pequeño planeta donde los humanos habían perdido el contacto con sus compañeros durante un periodo de varias generaciones y habían tenido que sobrevivir con los pocos recursos a los que tenían acceso. Este grupo al volver a entrar en contacto con la sociedad descubrió que tenían una visión más espiritual y que no llegaban a comprender aquel anhelo por poseer más y más cosas. Por lo que decidieron hacer un pequeño estudio del comportamiento de sus congéneres para una vez finalizado explicarles que estaban equivocados y que se estaban perdiendo las cosas más importantes que les podían aportar la vida en un entorno tan grande. Comenzaron a explicar que si en un planeta hay grandes, verdes y hermosas praderas casi sin fauna no es bueno inundar el planeta con ganado ya que a lo mejor con el paso de los años este planeta podría convertirse en un gran desierto. En este punto Fonso no pudo más que echarse a reír ya que enseguida le vino a la cabeza el planeta Foxis que ahora era un desierto con altas concentraciones de abono animal donde ya no iba nadie más que para recoger parte del gas producido por la continua descomposición. Explicaban que por muy bonitas que fueran las vistas de un planeta y sus bosques no se podía

3015 Arturo González Ya hacía más de una semana que había empezado a mirar aquel video

superpoblar con turistas pues estos no siempre son conscientes del daño que pueden llegar a producir. Otra similitud, el planeta Ictor, antiguamente era el

centro del turismo de la clase alta pero al levantar

3015 Arturo González Ya hacía más de una semana que había empezado a mirar aquel video

tantos hoteles, spas, muelles de amarres,… habían

superpoblado y cambiado tanto la faz de este que ya no era diferente al resto de complejos hoteleros de otros planetas y dejo de ser ni interesante ni elitista. Entonces llego la avalancha de las clases medias y con ellas el declive del planeta fue tal que pasados varios años acabo convirtiéndose en un planeta prisión casi olvidado por todos. Seguían explicando que tampoco era bueno una explotación constante de los recursos minerales ya que el cambio de ecosistemas puede generar que la vida animal y vegetal puede llegar a verse alterada. Aquí le fue realmente sencillo entender las razones y encontrar la similitud. Había estado trabajando en varios planetas, los exprimían hasta que no quedaba nada que fuese de valor y después los habían abandonado semihuecos y casi vacíos de vida. No fue el momento más agradable del video libro pues recordó cosas que tenía muy escondidas, recordó el mal sabor de boca cada vez que sentía cada vez que tenía que talar un bosque completo para iniciar la extracción del metal. El frió en el corazón cuando veía a los animales que vivían en el abandonarlo para siempre, aunque ellos no fueran conscientes de ello. Y por último, la sensación de vacío y suciedad, que no le abandonaba durante un largo periodo, cuando se iba del planeta expoliado y con su vida agonizante. De un manotazo paso por los capítulos que hacían referencia a este tema ya que le disgustaba y lo olvidó rápidamente recordando la frase que la compañía le había enseñado a repetir una y otra vez. La empresa te quiere y te cuida. Cuida y quiere tu a la empresa porque siempre sabe lo que hace. Y lo que hace lo hace por ella y sobre todo por TI. De esta manera llego antes de lo que esperaba al final del video libro, donde solo se dejaban reflejadas estas explicaciones. Esto hizo que tuviese curiosidad por saber quiénes eran estos seres que lo habían escrito para poder hablar con ellos y hacerle preguntas que ahora le habían venido a la cabeza.

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Cosas sobre si estábamos haciendo lo correcto, si en realidad éramos tan destructivos como parecíamos, si las cosas podían mejorar, etc. Como no sabía por donde empezar fue al sitio donde lo cogió. El encargado le dijo que ese era un video libro que rara vez se leía y que el archivo que poseía la información era tan antiguo que el programa que lo leía ya no existía. Empeñado en conocer la historia del video libro busco en todas las redes de información conocida pero no encontraba nada. Así que después de varios meses sin conseguir nada decidió volver a leerlo hasta el final. Al menos si lo releía al menos podría entender alguna cosa mejor o esperaba que no se le pasara ninguna cosa por alto como pasa cuando uno lee rápido.

Lo terminó por segunda vez pero esta vez en vez de pararlo llegado el punto final lo dejó encendido ya que nada había cambiado y se sentía tan frustrado que no tenía ni fuerzas para apagarlo. Lo que no contaba es que en los video libros antiguos al final de estos pone más información sobre estos como es la editorial que lo edita y la fecha de edición. La fecha de edición supuso un duro golpe pues era el 2518 lo cual ya era sorprendente. Pero el impacto más fuerte fue cuando descubrió que era una reedición de lo que antiguamente se llamaba libros. De golpe comprendió porque estaba en ciencia

2010…
2010…

ficción aquel “libro” se había escrito en el año

Cosas sobre si estábamos haciendo lo correcto, si en realidad éramos tan destructivos como parecíamos, si
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Escaleras

Eduardo abel

S e había cortado la luz y yo tenía que subir hasta el décimo piso. Las escaleras parecían poco amistosas: cada tramo un semicírculo

estrecho de dieciséis escalones negros encerrados entre dos paredes, muy angostos a la derecha, un poco más anchos a la izquierda, con una lucecita de emergencia de esas que parecen lunas cilíndricas, pálidas, tuberculosas. El primer tramo sirvió para ir tanteando el terreno, y más que nada los músculos de mis piernas, aquellos que normalmente reconozco y también los que sólo anuncian su presencia en casos como este. Adopté un ritmo lento, tranquilo, sabiendo que las cosas se iban a complicar progresivamente. En el segundo tramo me crucé con dos embarazadas, panzas enormes en primer plano, que bajaban con muchas precauciones mientras mantenían una charla que sólo dos embarazadas podrían tener:

exasperante avanzaban hacia arriba, mientras el sudor descendía. No hice una pausa en el cuarto piso. Seguramente fue un error. Ya un poco apunado, me detuve en el quinto, al pie del tramo de escaleras que llevaba aún más alto. Ese era el momento oportuno para que apareciera alguien más en dirección contraria, alguien que me diera la excusa para esperar otro segundo, alguien que me distrajera del aliento dificultoso, las piernas en actitud de protesta, la angustia que asomaba su lengua asquerosa. Y sin embargo no aparecía nadie. Era lógico: a mayor altura, menor probabilidad de encontrar vida. El sexto piso era un páramo. En el extremo del largo pasillo, donde no tendría que ir porque la escalera seguía enroscándose sobre sí misma, allá donde la falta de luz era más evidente, había una vela encendida, apoyada en el suelo. Parecía la última estrella en ponerse, preparando una noche negra e interminable; en el aire quieto y escaso, no titilaba. Las luces de emergencia de las escaleras estaban más pálidas, más distantes a pesar de que las paredes parecían haberse estrechado. Sí, sin duda el próximo tramo era más angosto que los otros, mientras mis pulmones requerían espacios mayores, y se creaba la ilusión de una mayor altura. El mundo, o lo que quedaba del mundo por encima de mí, se estiraba hacia arriba para hacer las cosas más difíciles. Entre el séptimo y el octavo el aire era decididamente tenue. Pensé en sentarme en uno de los escalones, pero me disuadió el temor a no poder levantarme otra vez. Había rumores en alguna parte, no de voces sino de cosas, entidades que se arrastraban con un lamento grave, extendido. Algo como el canto de las ballenas pero seis octavas más bajo y desesperado. El calor iba en aumento. La única forma de conseguir un poco de brisa era moverme con más rapidez, y eso estaba fuera de cuestión. Subí un escalón y me detuve. Miré hacia arriba, más allá de la mirada sin párpados de la luz de emergencia, al agujero negro que me esperaba: había un reflejo rojizo, tal vez otra vela en el suelo más allá de la próxima curva. O tal vez un signo de que en aquella dirección, en las alturas, estaba el infierno.

Escaleras Eduardo abel S e había cortado la luz y yo tenía que subir hasta el

Las zapatillas pesan como medio kilo. Sí, la ropa es liviana, no te das cuenta. Pero las zapatillas ... Sí, como medio kilo pesan. Las voces se perdieron en la distancia cuando encaré el tercer tramo. Hacía calor. Y estaba húmedo, con ese tipo de humedad que ablanda los pocos billetes que uno lleva en el bolsillo y los deja aún menos valiosos de lo que suelen ser. En el piso tres había, con esas deliciosas simetrías de la realidad, exactamente tres personas. Un niño, su madre y otra mujer de mayor edad. La madre decía:

¿Pero cómo no vas a poder subir? Si hasta la abuela Amalia subió. No sé, hija, no sé respondía la mayor. Era un ejercicio de previsión del futuro, el deporte

— ¿Pero cómo no vas a poder subir? Si hasta la abuela Amalia subió. — No

favorito de los humanos, sobre todo de los que bajan escaleras sabiendo que el camino de regreso será mucho peor. Porque estaban bajando, aunque de momento no lo noté. El chico llevaba una linterna, y se mantenía callado mientras apuntaba hacia mí: durante un segundo mis ojos fueron el blanco, antes de que decidiera que los escalones eran más interesantes. Entre el tercer piso y el cuarto me empecé a sentir solo. No había otras voces. No había movimiento salvo el de mis piernas que con paciencia

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No recuerdo nada del tramo entre el octavo piso y el noveno. Nada. Se borró de mi memoria. Tal vez levité sin darme cuenta, porque tampoco sentí el trabajo extra de piernas, pulmones y otros centros de dolor distribuidos por todo el cuerpo. En el noveno casi no se podía respirar. El calor venía de más arriba, estaba seguro, pero también de mi interior. Dos infiernos, contando el mío propio. Y nadie con quien compartirlos. Apoyé una mano en la pared y conté mentalmente los dieciséis escalones que faltaban para llegar al décimo. Iba a ser tan poco el premio si los trepaba, si sufría lo necesario para avanzar uno por uno, piedra negra tras piedra negra; iba a resultar tan poco satisfactorio cumplir con la obligación de llegar al décimo piso, que tal vez fuera mejor abandonar, bajar otra vez a regiones más amistosas. Subir hasta el noveno había sido como estirar un elástico cada vez más tenso, y ahora la tensión parecía haber llegado al límite. El elástico tiraba hacia abajo, y yo

me había quedado sin fuerzas. Pero rendirme en ese momento sería una derrota. No tenía derecho a hacerlo. Nadie me lo perdonaría, empezando por mí mismo, el menos perdonador de mis críticos. De manera que ahí me quedé, aspirando hondo, con los billetes humedecidos en un bolsillo pegado al cuerpo, mirando la próxima luz de emergencia, con un pie en el primer escalón y la frente apoyada en el antebrazo, tratando de ya no pensar, sudando, tembloroso, esperando una decisión que tal vez nunca pudiera ser tomada. Eduardo Abel Gimenez es argentino y nació en 1954. Escritor, músico y especialista en juegos de ingenio, desde junio de 1999 es codirector de Imaginaria, un portal literario dedicado a niños y adolescentes. Eduardo vive en Buenos Aires con su esposa Susanne y su hijo Gabriel. Sus novelas El fondo del pozo y Un paseo por Camarjali

1985.

aparecieron en
aparecieron
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No recuerdo nada del tramo entre el octavo piso y el noveno. Nada. Se borró de
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Primera ley

Isaac Asimov

  • M ike Donovan contempló su vacía jarra de cerveza, se sintió aburrido, y decidió que ya había escuchado lo suficiente. Dijo en

voz alta:

-Si tenemos que hablar acerca de robots poco habituales, yo conocí una vez a uno que desobedeció la Primera Ley. Y, puesto que aquello era algo completamente imposible, todo el mundo dejó de hablar y se volvió para mirar a Donovan. Donovan maldijo inmediatamente su bocaza y cambió de tema. -Ayer me contaron uno muy bueno -dijo en tono conversacional- acerca de ... MacFarlane, en la silla contigua a la de Donovan, dijo:

las tormentas, que dura el ochenta por ciento del

período de revolución de Titán en torno a Saturno. Durante las terribles nevadas, no puedes encontrar la base ni siquiera aunque estés tan solo a cien metros de ella. Las brújulas no sirven para nada, puesto que Titán no posee campo magnético.

Primera ley Isaac Asimov M ike Donovan contempló su vacía jarra de cerveza, se sintió aburrido,

“La virtud de esos robots MA, sin embargo, era que

estaban equipados con vibrodetectores de un nuevo diseño, de modo que podían trazar una línea recta hasta la base a través de cualquier cosa, y eso significaba que los trabajos de minería podían proseguir durante todo el período de revolución. Y no digas una palabra, Mac. Los vibrodetectores fueron retirados también del mercado, y es por eso por lo que ninguno de ustedes ha oído hablar de ellos -Donovan tosió-. Secreto militar, ya saben." Hizo una breve pausa y prosiguió:

-¿Quieres decir que sabes de un robot que causó daño a un ser humano? Eso era lo que significaba la desobediencia a la Primera Ley, por supuesto. -En cierto sentido -dijo Donovan-. Digo que me contaron uno acerca de ... -Cuéntanos eso del robot -ordenó MacFarlane. Algunos de los otros hicieron resonar sus jarras sobre la mesa. Donovan intentó sacarle el mejor partido al asunto. -Ocurrió en Titán, hará unos diez años -dijo, pensando rápidamente-. Sí, fue en el veinticinco. Acabábamos de recibir cargamento de tres nuevos modelos de robots, diseñados especialmente para Titán. Eran los primeros de los modelos MA. Los llamados Emma Uno, Dos y Tres -hizo chasquear los dedos pidiendo otra cerveza, y miró intensamente al camarero-. Veamos, ¿qué viene a continuación? -He estado metido en robótica toda mi vida, Mike - dijo MacFarlane-. Nunca he oído hablar de ninguna serie MA. -Eso se debe a que retiraron todos los MA de las cadenas de montaje inmediatamente después ... inmediatamente después de lo que voy a contarles. ¿No lo recuerdan? -No. Apresuradamente, Donovan continuó:

Primera ley Isaac Asimov M ike Donovan contempló su vacía jarra de cerveza, se sintió aburrido,

-Pusimos inmediatamente a los robots a trabajar. Entiéndanlo, hasta entonces, la base era completamente inutilizable durante la estación de

-Los robots trabajaron estupendamente durante la primera estación de las tormentas. Luego, al inicio de la estación de las calmas, Emma Dos empezó a comportarse mal. No dejaba de huronear por los rincones y bajo los fardos, y tenía que ser sacada constantemente de allí. Finalmente, salió de la base y no regresó. Decidimos que debía de haber algún fallo de fabricación en ella, y seguimos con los otros dos. Sin embargo, eso significaba que andábamos constantemente cortos de manos, o cortos de robots al menos, de modo que cuando a finales de la estación de las calmas alguien tuvo que ir a Kornsk, yo me presenté voluntario para efectuar el viaje sin ningún robot. Parecía bastante seguro; no esperábamos ninguna tormenta en dos días, y en el término de veinte horas estaría de vuelta. “Estaba ya en mi camino de vuelta, a unos buenos quince kilómetros de distancia de la base, cuando el viento empezó a soplar y el aire a espesarse. Hice

aterrizar inmediatamente mi vehículo aéreo antes de que el viento pudiera destrozarlo, me orienté hacia

la base y eché a correr. Podía correr una buena distancia sin dificultad en aquella baja gravedad, pero ¿cómo correr en línea recta? Esa era la cuestión. Mi reserva de aire era amplia y los calefactores de mi traje satisfactorios, pero quince kilómetros en medio de una tormenta titaniana son el infinito.

“Entonces, mientras las cortinas de nieve lo

oscurecían todo, convirtiendo el paisaje en un

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lóbrego atardecer, haciendo que desapareciera incluso Saturno y el sol se convirtiera apenas en una mota pálida, me detuve en seco, inclinándome contra el viento. Había un pequeño objeto oscuro directamente frente a mí. Apenas podía verlo, pero sabía lo que era. Era un cachorro de las tormentas, la única cosa viva capaz de resistir una tormenta titaniana, y la cosa viva más maligna con la que puedas encontrarte en ningún lado. Sabía que mi traje espacial no iba a protegerme una vez viniera por mí, y con aquella mala luz tenía que esperar a asegurarme un blanco perfecto o no atreverme a disparar. Un solo fallo, y saltaría sobre mí. “Retrocedí lentamente, y la sombra me siguió. Se iba acercando, y yo empecé a sacar mi lanzarrayos con una plegaria, cuando una sombra mayor gravitó de pronto sobre mí, y lancé una exclamación de alivio. Era Emma Dos, el robot MA desaparecido. No me detuve ni un momento en preguntarme qué podía haberle pasado o preocuparme por sus dificultades. Simplemente aullé:

por inacción, permitir que un ser humano sufra daño. Bien, pues Emma Dos simplemente se marchó con aquel cachorro de las tormentas, dejándome atrás para que muriera. Quebrantó la Primera Ley.

“Afortunadamente, conseguí ponerme a salvo.

Media hora más tarde, la tormenta amainó. Había sido una racha prematura y temporal. Es algo que ocurre a veces. Corrí apresuradamente a la base, donde llegué con los pies hechos polvo, y las tormentas empezaron realmente al día siguiente. Emma Dos regresó dos horas más tarde que yo, y el misterio se aclaró entonces finalmente, y los modelos MA fueron retirados inmediatamente del

lóbrego atardecer, haciendo que desapareciera incluso Saturno y el sol se convirtiera apenas en una mota

mercado." -¿Y cuál era exactamente la explicación? -quiso saber MacFarlane. Donovan lo miró seriamente. -Es cierto que yo era un ser humano en peligro de muerte, Mac, pero para ese robot había algo más que pasaba por delante de eso, que pasaba por delante de mí, que pasaba por delante de la Primera Ley. No olvides que esos robots pertenecían a la serie MA, y que ese robot MA en particular había estado buscando escondites durante algún tiempo antes de desaparecer. Es como si estuviera esperando que algo especial y muy íntimo le ocurriera. Aparentemente, ese algo había ocurrido. Donovan alzó reverentemente los ojos y su voz tembló. -Ese cachorro de las tormentas no era ningún cachorro de las tormentas. Lo llamamos Emma júnior cuando Emma Dos lo trajo consigo al volver. Emma Dos tenía que protegerlo de mi arma. ¿Qué es la Primera Ley, comparada con los sagrados lazos del amor materno?

-¡Emma, muchacha, encárgate de ese cachorro de las tormentas, y luego llévame a la base!

“Ella se me quedó mirando como si no me hubiera

oído y dijo:

-Amo no dispare. No dispare. “Echó a correr a toda velocidad hacia aquel

cachorro de las tormentas. -¡Encárgate de ese maldito cachorro, Emma! -grité. "Y, efectivamente, se encargó de él. Lo cogió en sus brazos y siguió caminando. Le grité hasta que me quedé afónico, pero no regresó. Me dejó para que muriera en medio de la tormenta." Donovan hizo una dramática pausa. -Naturalmente, todos ustedes conocen la Primera Ley: Un robot no puede dañar a un ser humano o,

lóbrego atardecer, haciendo que desapareciera incluso Saturno y el sol se convirtiera apenas en una mota
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El mejor amigo de un muchacho

Isaac Asimov

-Q uerida, ¿dónde está Jimmy? -preguntó el señor Anderson. -Afuera, en el cráter -dijo la señora

Anderson-. No te preocupes por él. Está con

de Jimmy, dio una voltereta y terminó posándose casi debajo de sus pies. -No hagas tonterías, Robutt, y quédate allí donde pueda verte -le ordenó Jimmy.

Robutt

¿Ha llegado ya?

... -Sí. Está pasando las pruebas en la estación de cohetes. Te juro que me ha costado mucho contenerme y no ir a verlo. No he visto ninguno desde que abandoné la Tierra hace ya quinceaños ... dejando aparte los de las películas, claro. -Jimmy nunca ha visto uno -dijo la señora Anderson. -Porque nació en la Luna y no puede visitar la Tierra. Por eso hice traer uno aquí. Creo que es el primero que viene a la Luna. -Sí, su precio lo demuestra -dijo la señora Anderson lanzando un suave suspiro. -Mantener a Robutt tampoco resulta barato, querida -dijo el señor Anderson. Jimmy estaba en el cráter, tal y como había dicho su madre. En la Tierra le habrían considerado delgado, pero estaba bastante alto para sus diez años de edad. Sus brazos y piernas eran largos y ágiles. El traje espacial que llevaba hacía que pareciese más robusto y pesado, pero Jimmy sabía arreglárselas en la débil gravedad lunar como ningún terrestre podía hacerlo nunca. Cuando Jimmy tensaba las piernas y daba su salto de canguro su padre siempre acababa quedándose atrás. El lado exterior del cráter iba bajando en dirección sur y la Tierra -que se hallaba bastante baja en el cielo meridional, el lugar desde donde siempre podía ver desde Ciudad Lunar-, ya casi había entrado en la fase de llena, por lo que toda la ladera del cráter quedaba bañada por su claridad. La pendiente no era muy empinada, y ni tan siquiera el peso del traje espacial podía impedir que Jimmy se moviera con gráciles saltos que le hacían flotar y creaban la impresión de que no había ninguna gravedad contra la que luchar. -¡Vamos, Robutt! -gritó Jimmy. Robutt le oyó a través de la radio, ladró y echó a correr detrás de él. Jimmy era un experto, pero ni tan siquiera él podía competir con las cuatro patas y los tendones de Robutt, que además no necesitaba traje espacial. Robutt saltó por encima de la cabeza

El mejor amigo de un muchacho Isaac Asimov -Q uerida, ¿dónde está Jimmy? -preguntó el señor
que significaba “Sí”.
que significaba “Sí”.

Robutt volvió a ladrar, ahora con el ladrido especial

-No confío en ti, farsante -exclamó Jimmy. Dio un último salto que lo llevó por encima del curvado borde superior de la pared del cráter y le hizo descender hacia la ladera inferior. La Tierra se hundió detrás del borde de la pared del cráter, y la oscuridad cegadora y amistosa que eliminaba toda diferencia entre el suelo y el espacio envolvió a Jimmy. La única claridad visible era la emitida por las estrellas. En realidad Jimmy no tenía permitido jugar en el lado oscuro de la pared del cráter. Los adultos decían que era peligroso, pero lo decían porque nunca habían estado allí. El suelo era liso y crujiente, y Jimmy conocía la situación exacta de cada una de las escasas piedras que había en él. Y, además, ¿qué podía haber de peligroso en correr a través de la oscuridad cuando la silueta resplandeciente de Robutt le acompañaba ladrando y saltando a su alrededor? El radar de Robutt podía decirle dónde estaba y dónde estaba Jimmy aunque no hubiera luz. Mientras Robutt estuviera con él para advertirle cuando se acercaba demasiado a una roca, saltar sobre él demostrándole lo mucho que le quería o gemir en voz baja y asustada cuando Jimmy se ocultaba detrás de una roca aunque Robutt supiera todo el tiempo dónde estaba Jimmy, jamás podría sufrir ningún daño. En una ocasión Jimmy se acostó sobre el suelo, se puso muy rígido y fingió estar herido, y Robutt activó la alarma de la

radio haciendo acudir a un grupo de rescate de Ciudad Lunar. El padre de Jimmy castigó la pequeña travesura con una buena reprimenda, y Jimmy nunca había vuelto a hacer algo semejante. La voz de su padre le llegó por la frecuencia privada justo cuando estaba recordando aquello. -Jimmy, vuelve a casa. Tengo que decirte algo. Jimmy se había quitado el traje espacial y se había lavado concienzudamente después de entrar en casa; e incluso Robutt había sido meticulosamente rociado, lo cual le encantaba. Robutt estaba inmóvil

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sobre sus cuatro patas con su pequeño cuerpo de no más de treinta centímetros de longitud estremeciéndose y lanzando algún que otro destello metálico, y su cabecita desprovista de boca con dos ojos enormes que parecían cuentas de cristal y la diminuta protuberancia donde se hallaba alojado el cerebro no dejó de lanzar débiles ladridos hasta que el señor Anderson abrió la boca.

él ...

Y cuando esté en la ciudad no lo necesitará,

claro. Cuando lo tengamos en casa enseguida notarás la diferencia. Jimmy miró a Robutt. El perro robot había empezado a lanzar unos gemidos muy débiles, como si estuviera asustado. Jimmy extendió los brazos hacia él y Robutt salvó la distancia que le separaba de ellos de un solo salto. -¿Y qué diferencia hay entre Robutt y el perro? - preguntó Jimmy. -Es difícil de explicar -dijo el señor Anderson-, pero lo comprenderás en cuanto lo veas. El perro te querrá de verdad, Jimmy. Robutt sólo está programado para actuar como si te quisiera,

¿entiendes? -Pero papi Ya no necesitarás más a Robutt no es más ... ni cuáles son
¿entiendes?
-Pero papi
Ya no necesitarás más a
Robutt no es más
...
ni cuáles son sus sentimientos. Puede que también
finja.
El señor Anderson frunció el ceño.
-Jimmy, te aseguro que en cuanto hayas
experimentado el amor de una criatura viva notarás
la diferencia.
Jimmy estrechó a Robutt en sus brazos. El niño
también tenía el ceño fruncido, y la expresión
desesperada de su rostro indicaba que no estaba
dispuesto a cambiar de opinión.
-Pero si los dos se portan igual conmigo, entonces
No sabemos qué hay dentro del perro
tanto da que sea un perro de verdad o un perro robot
-dijo Jimmy-. ¿Y lo que yo siento? Quiero a Robutt,
y eso es lo que importa.
Y el pequeño robot, que nunca se había sentido
abrazado con tanta fuerza en toda su existencia,
lanzó una serie de ladridos estridentes
pura felicidad.
...
ladridos de

-Tranquilo, Robutt -dijo el señor Anderson, y sonrió-. Bien, Jimmy, tenemos algo para ti. Ahora se encuentra en la estación de cohetes, pero mañana ya habrá pasado todas las pruebas y lo tendremos en casa. Creo que ya puedo decírtelo. -¿Algo de la Tierra, papi?

-Es un perro de la Tierra, hijo, un perro de verdad ... un cachorro terrier escocés para ser exactos. El

primer perro de la Luna

... Robutt. No podemos tenerlos a los dos, ¿sabes? Se

lo regalaremos a algún niño. -El señor Anderson parecía estar esperando que

Jimmy dijera algo, pero al ver que no abría la boca siguió hablando-. Ya sabes lo que es un perro,

Jimmy. Es de verdad, está vivo

... que una imitación mecánica, una copia de robot. Jimmy frunció el ceño. -Robutt no es una imitación, papi. Es mi perro. -No es un perro de verdad, Jimmy. Robutt tiene un cerebro positrónico muy sencillo y está hecho de acero y circuitos. No está vivo. -Hace todo lo que yo quiero que haga, papi. Me entiende. Te aseguro que está vivo. -No, hijo. Robutt no es más que una máquina. Está programado para que actúe de esa forma. Un perro es algo vivo. En cuanto tengas al perro ya no querrás a Robutt. -El perro necesitará un traje espacial, ¿verdad? -Sí, naturalmente, pero creo que será dinero bien invertido y muy pronto se habrá acostumbrado a

sobre sus cuatro patas con su pequeño cuerpo de no más de treinta centímetros de longitud
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De químico a químico

Isaac Asimov

E l profesor Neddring contempló benévolamente a su estudiante graduado y no vio en él el menor nerviosismo. El joven

estaba tranquilamente sentado; su cabello era un poco rojizo y sus ojos ávidos, pero atemperados; llevaba las manos en los bolsillos de su bata de

barbas adoptadas por los miembros jóvenes de su Departamento), y murmuró:

Bien, Hal, si deseas saber cuál es mi decisión, tendré que basarla en algo, y la única forma en que yo puedo juzgar a la gente es por medio de sus poderes de razonar. Mi hija te juzga a su manera, pero yo he de juzgarte a la mía. Es justo aprobó Hal. Entonces te lo explicaré el profesor se inclinó hacia delante y garabateó algo en un papel. Dime qué significa esto y te daré mi bendición. Hal cogió el papel. Lo que había escrito el profesor era una serie de números: 69663717263376833047. ¿Un criptograma? se extrañó el joven. Puedes llamarlo así. Quiere que resuelva un criptograma dijo Hal frunciendo el ceño levemente, y si lo consigo, aprobará mi matrimonio, ¿eh? Sí. Y en caso contrario, no aprobará el matrimonio. Reconozco que parece trivial, pero por este criterio pienso juzgarte. Claro que siempre podrás casarte sin mi aprobación. Jamce es mayor de edad. Prefiero casarme con su aprobación. ¿Cuanto tiempo tengo?. Ninguno. ¡La solución ahora mismo! Razónala. ¿Ahora? Claro. Hal Nord cambió de postura en su silla, que crujió en respuesta. Luego, miró fijamente los números del papel. ¿He de hacerlo de memoria o puedo usar papel y lápiz' Dé memoria. Quiero oír cómo piensas. ¿Quién sabe? Si me gusta tu forma de pensar, tal vez te dé mi aprobación aunque no resuelvas el enigma. De acuerdo -conformóse Hal. En primer lugar, haré una suposición: supongo que usted es un hombre honrado y que no me propondría un problema que supiese por anticipado que yo soy incapaz de solucionarlo. Por tanto, este criptograma yo puedo solucionarlo, según cree usted. Lo que a su vez significa que se refiere a algo que yo conozco bien. Bien razonado admitió el profesor. Pero Hall no le escuchaba y continuó con lentitud.

Conseguir mi aprobación. ¿Por qué?
Conseguir mi aprobación. ¿Por qué?

laboratorio. "Un espécimen prometedor", pensó el profesor. Hacía tiempo que sabía que el joven estaba interesado por su hija. Más aún, hacía algún tiempo que sabía que su hija estaba interesada por el joven. Hablemos claro, Hal dijo el profesor. Has

venido a verme para obtener mi aprobación antes de declararte a mi hija, ¿verdad? Verdad, señor asintió Hal. Concedo que no soy uno de esos padres anticuados, ni tampoco demasiado moderno, pero estoy seguro de que no se trata de una novedad el profesor metió las manos en los bolsillos de su bata y se retrepó en su sillón. La juventud, hoy día, no suele pedir permiso. Y no me irás a decir que renunciarás a mi hija si te niego ese permiso. No, si ella todavía quiere casarse conmigo, como supongo. Pero me gustaría ...

... Por diversos motivos prácticos. Aún no tengo el grado de doctor y no quiero que se murmure que salgo con su hija para que usted me ayude a obtenerlo. Si usted piensa esto, dígalo con claridad, y tal vez aguardaré hasta que me haya graduado. O tal vez no aguardaré, y correré el albur de que su desaprobación haga más difícil para mí conseguir el diploma. O sea que, en beneficio de tu doctorado, opinas que sería mejor que tú y yo fuésemos amigos. Honradamente, sí, profesor.

De químico a químico Isaac Asimov E l profesor Neddring contempló benévolamente a su estudiante graduado

Hubo un silencio entre ambos. El profesor Neddring meditaba en el asunto con cierta vacilación. Su labor investigadora se refería actualmente a la compleja coordinación del cromo, y existía una dificultad bien definida en reflexionar con precisión respecto a algo tan impreciso como el afecto, el matrimonio, y el futuro probable de cada uno de los implicados en el asunto. Se frotó su suave mejilla (a la edad de cincuenta años era demasiado viejo para lucir alguna de las

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Naturalmente, conozco bien el alfabeto, de manera que estos números podrían ser una

Yo no consulté nada para preparar este criptograma.

sustitución de algunas letras. Presumiblemente debería de existir, en este caso, alguna sutileza, si no, sena demasiado fácil. Pero soy un aficionado a la solución de criptogramas y a menos que pueda adivinar rápidamente cierta pauta en los números aquí escritos, estaré perdido. Bien, aquí hay cinco

seises y cinco treses, pero ni un solo cinco

De acuerdo. Veamos

murmuró Hal

... lentamente. Algunos son claros. Sé que el 17 es el cloro, el 26 el hierro, el 83 el bismuto, el 30 el cinc.

En cuanto al 76, es algo cercano al oro, que es el 79,

lo que significa platino, osmio, iridio

...

podría ser el

...

Ah, sí,

osmio. Dos de ellos son elementos raros y jamás he

lo cual logrado memorizarlos. Veamos ... creo que ya los tengo. Escribió algo con rapidez y
lo cual
logrado memorizarlos. Veamos ...
creo que ya los tengo.
Escribió algo con rapidez y prosiguió:
Estudió la lista pensativamente.
químicos es
de cada símbolo por orden
...
y
el

... no significa nada para mí. Por tanto, abandono la posibilidad de un cifrado generalizado y paso al campo de nuestra especialización. Meditó unos momentos y reanudó sus deducciones. Usted está especializado en química inorgánica que, ciertamente, también será mi especialización. Para cualquier químico los números se refieren a números atómicos. Todos los elementos quimicos poseen su número característico y se conocen ciento cuatro elementos, o sea que los números relacionados con los átomos van del 1 al 104. "Usted no indica cómo han de separarse los números. Los números dígitos, dentro de los atómicos, van del 1 al 9; los pares dígitos, del 10 al 99, y los tríos de dígitos del 100 al 104. Esto es obvio, profesor, pero usted quería oírme razonar y es lo que estoy haciendo. "Podemos olvidarnos de los números atómicos de tres dígitos, puesto que en ellos el 1 va siempre seguido de un cero, y el único 1 del criptograma va seguido del 7. Como hay pues, veinte números dígitos, es posible que sólo se trate aquí de diez números atómicos de dos dígitos: diez de ellos. Podría tratarse de nueve pares de dígitos y dos de uno, aunque lo dudo. Incluso dos números atómicos de un dígito podrían estar presentes en centenares de combinaciones diferentes en la lista de elementos, pero sería una solución demasiado difícil para encontrarla ahora. Yo creo, por consiguiente, que estoy tratando con diez dígitos de dos plazas, y que el criptograma puede convertirse en: 69, 66, 37, 17, 26, 33, 76, 83, 30, 47. Estos números no significan nada en sí mismos, pero si se trata de números atómicos ¿por qué no transformar cada uno en el nombre del elemento que representan? Los nombres sí serían significativos. Lo cual no es muy fácil porque no sé de memoria toda la lista de elementos por el orden atómico. ¿Puedo consultar una tabla? El profesor le escuchaba con interés.

— Naturalmente, conozco bien el alfabeto, de manera que estos números podrían ser una — Yo

veamos

La lista de diez elementos es: tulio, disprosio, rubidio, cloro, hierro, arsénico, osmio, bismuto, cinc y plata. ¿No es así? No, no conteste.

No veo ninguna relación entre esos elementos. Aunque supongo que son una pista. Bien, pasemos esto por alto y me pregunto si hay algo, aparte del número atómico, que sea tan característico de esos elementos que cualquier químico lo vea interesante. Obviamente, debe tratarse del símbolo químico, la abreviatura con una o dos letras para cada elemento, que para el químico es como la segunda naturaleza del elemento. En este caso, la lista de símbolos

volvió a escribir. Tm, Di, Rb, Cl,

... Fe, As, Os, Bi, Zn, Ag. "Esto podría formar una frase, mas no es así; o sea

que se trata de algo más sutil. Si con esto se hace un acróstico y se lee sólo la primera letra de cada símbolo, tampoco sirve de nada. Por tanto, hay que probar de otro modo, o sea leyendo la segunda letra

total dice: "mi

bendición ". Supongo que ésta es la solución. Exacto asintió el profesor con gravedad. Has razonado con precisión y te concedo mi permiso para que le propongas a mi hija el casamiento. Hal se puso de pie, vaciló y se acercó de nuevo a la mesa.

Por otra parte, no me gusta alabarme de algo que no merezco. Es posible que el razonamiento que he efectuado sea preciso, pero solamente lo hice porque quería que usted me oyese razonar con lógica. En realidad, conocía la respuesta antes de empezar, de modo que en cierto modo le engañé y lo admito sinceramente. ¿Cómo es eso? Bueno, usted me aprecia y supongo que deseaba que encontrase la solución, cosa que jamás podría hacer sin su ayuda. Cuando me entregó el papel, me

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dijo: "Dime qué significa esto

y

te

daré

mi

logré añadir los símbolos que no recordaba de acuerdo con las letras que faltaban para formar la frase "mi bendición". ¿Está enfadado conmigo? El profesor Neddring sonrió. Ahora es cuando has razonado bien, muchacho dijoCualquier científico competente puede pensar con lógica. Los grandes se sirven de la intuición.

bendición". Supuse, pues, que debía tomar sus palabras al pie de la letra. "Mi bendición" tiene diez letras y usted me entregó veinte dígitos. Naturalmente, yo los separé por parejas. "Luego, le dije que no recordaba de memoria la lista de los elementos. Bien, los pocos elementos que recordaba eran suficientes para mostrarme que, juntando las segundas letras de cada símbolo, la frase resultante era "mi bendición", de manera que

dijo: "Dime qué significa esto y te daré mi logré añadir los símbolos que no recordaba
dijo: "Dime qué significa esto y te daré mi logré añadir los símbolos que no recordaba
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Referencia

Anónimo (s.f.)

 

Asnos

estúpidos

Isaac

Asimov

 

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Ficcticia

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de

mayo

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