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REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Marzo - Año 2008 No. 2
Legados institucionales, recursos y crecimiento económico Los teoremas de la economía Política La teoría jurídica de Friedrich A. Von Hayek. Sus antecedentes y aportes epistemológicos a la teoría jurídica ¿Para quién escriben los jueces? Algunas reflexiones sobre el lenguaje Judicial y sus consecuencias Dos tradiciones y un debate en torno a la neutralidad del dinero en el largo plazo Eficiencia y recepción de los transplantes legales. El caso del cramdown power El impuesto de suma fija como impuesto óptimo El socialismo librecambista en el congreso argentino entre 1912 y 1914 Reseña de libros

Roberto Cortés Conde Gabriel J. Zanotti

Eliana M. Santanatoglia

Ricardo Manuel Rojas Adrián Osvaldo Ravier Pablo A. Iannello Nicolás Cachanosky Ricardo López Göttig

Dos traDiciones y un Debate en torno a la neutraliDaD Del Dinero en el largo plazo
Adrián Osvaldo Ravier 1
“En la esfera económica, un acto, una costumbre, una institución, una ley no engendran un solo efecto, sino una serie de ellos. De estos efectos, el primero es sólo el más inmediato; se manifiesta simultáneamente con la causa, se ve. Los otros aparecen sucesivamente, no se ven; bastante es si los prevemos. Toda la diferencia entre un mal y un buen economista es ésta: uno se limita al efecto visible; el otro tiene en cuenta el efecto que se ve y los que hay que prever.” (la cursiva es del autor) Frédéric Bastiat, Lo que se ve y lo que no se ve

INTRODUCCIÓN En 1947 Friedrich A. von Hayek convoca a 36 intelectuales de todo el mundo, en general reconocidos científicos sociales de las Escuelas de Chicago y Viena, a una reunión de la cual derivó la fun-

1 El autor es Licenciado en Economía (UBA), Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), candidato al Doctorado en Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) de Madrid e investigador de la Fundación Friedrich A. von Hayek. Se agradecen los comentarios de Daniel Heyman, Roger Garrison, Ivo Sarjanovic, Nicolás Cachanosky, Gustavo Matta y Trejo y Federico Sosa Valle a las versiones preliminares del presente trabajo. Desde luego la responsabilidad por el contenido del trabajo es sólo del autor.

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dación de la Mont Pelerin Society. 2 Con el correr de los años los sucesivos encuentros fueron mostrando una convergencia en la mayor parte de las ideas: 1) la importancia de la propiedad privada como base del intercambio, la justicia y el progreso en la sociedad; 2) la apología del capitalismo, el laissez faire y la mano invisible de Adam Smith; 3) el rechazo al marxismo, al keynesianismo y a la planificación central socialista y totalitaria; 4) la defensa del libre comercio y de la libre entrada y salida de bienes, capitales y personas; 5) la oposición a los controles de cambio, de precios, de rentas y de salarios, incluyendo la legislación laboral; 6) la creencia de que siempre es favorable limitar al gobierno (aún cuando existen en ambos lados anarcocapitalistas: David Friedman en Chicago y Murray Rothbard en Viena); 7) el apoyo a la privatización, la desnacionalización y la desregulación; 8) el adherir a la creencia de que una natural desigualdad es inevitable y defender en consecuencia la igualdad ante la ley; 9) la oposición al déficit fiscal, los impuestos progresivos y el estado de bienestar favoreciendo políticas de libre mercado en lo que se refiere a la seguridad social, la medicina y la educación; 10) y finalmente la consideración a favor del mercado y los derechos de propiedad para encontrar soluciones a la problemática medioambiental. Con el ánimo de resaltar las similitudes y no hurgar en las diferencias Israel Kirzner, quizás el principal representante de la Escuela Austríaca moderna, afirma que “es importante no exagerar en las diferencias entre las dos corrientes… hay una coincidencia casi sorprendente en sus respuestas a las preguntas más importantes de la política económica… básicamente ambas poseen la misma comEl discurso inaugural fue pronunciado por Hayek el 1 de abril de 1947 y tuvo la presencia de los más importantes representantes de ambas escuelas. Sin ánimo de ser exhaustivo, del lado de Chicago, estaban presentes Maurice Allais, Aaron Director, Milton Friedman, Frank H. Knight y George Stigler. Por el lado de Viena, estaban presentes Henry Hazlitt, Ludwig von Mises, Leonard Read, Lionel Robbins y Karl R. Popper. Véase Friedrich A. von Hayek (2007) [1947], Discurso inaugural de una conferencia en Mont Pelerin, Estudios de Filosofía, Política y Economía, Unión Editorial, p. 217.
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prensión sobre cómo opera el mercado, y esto es fundamental para el respeto saludable entre ambos enfoques respecto de los objetivos comunes que persiguen.” 3 En este mismo sentido, Mark Skousen reduce a sólo cuatro los puntos de desacuerdo entre estas Escuelas: 1) la metodología; 2) el apropiado rol del gobierno en la economía de mercado; 3) la búsqueda del sistema monetario ideal; 4) los ciclos económicos, la teoría del capital y la macroeconomía. 4 Con este mismo espíritu el objetivo de este trabajo no es hurgar en las diferencias entre ambas Escuelas, sino tan solo introducirnos parcialmente en los citados puntos 3 y 4, esto es en el debate histórico de ambas tradiciones respecto de la macroeconomía y en particular “el efecto real de la política monetaria.” Podríamos calificar al presente como un trabajo de Macroeconomía Comparada, o bien, un estudio de historia del pensamiento económico en el que se intentará alcanzar una aproximación a la identificación de dos tradiciones opuestas en el tratamiento del efecto real de la política monetaria y en particular sobre la hipótesis de la neutralidad del dinero. De un lado, los representantes de la Escuela de Chicago encabezada por Irving Fisher y Milton Friedman, y basados en los ensayos originales de David Hume sobre el dinero y el interés, afirman que si bien la política monetaria genera una distorsión sobre los precios relativos, efectos sobre la tasa de interés, consecuencias sobre la actividad económica, el salario y el empleo, estos efectos son sólo “temporales”, de corto plazo, y aseguran que una vez que el ajuste sea completo, el proceso de mercado neutralizará los efectos sobre las variables reales y sólo se manifestará nominalmente en los precios. 5
3 Israel Kirzner (1967), Divergent Approaches in Libertarian Economic Thought, Intercollegiate Review, (January-Febrary), 101-08, p. 102. 4 Mark Skousen (2005), Vienna & Chicago: Friends or Foes?. A tale of two schools of free-market economics, Capital Press. 5 Es cierto que David Hume fue determinante en el moderno desarrollo de las ideas de la Escuela Austríaca, por ejemplo en lo que hace a la tradición del

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En pocas palabras, si bien los economistas de Chicago reconocen efectos reales en el corto plazo, pareciera ser que en su concepción, en el largo plazo, se alcanzará el mismo equilibrio que existía previo al incremento de la oferta monetaria. Del otro, los representantes de la Escuela Austríaca de Economía encabezada históricamente por Ludwig von Mises y Friedrich A. von Hayek, y siguiendo los estudios de Richard Cantillon y John E. Cairnes, sostienen que la política monetaria ejerce siempre un efecto no neutral sobre las variables reales, entendiéndolo como un efecto que nunca se neutraliza, ni en el corto, ni en el mediano, ni en el largo plazo. En una terminología mainstream, el equilibrio que se alcanza en el largo plazo necesariamente será distinto al que existía previo al incremento de la oferta monetaria. Aún suponiendo la posibilidad de que el nivel general de precios, el nivel de empleo, y hasta el nivel de producción pueda ser el mismo que existía antes de la expansión del dinero y del crédito, la estructura que los compone necesariamente se habrá modificado. El trabajo está constituido por cuatro partes. En la primera recorremos “el origen y los primeros antecedentes del debate” estudiando los aportes del economista irlandés Richard Cantillon, el filósofo escocés David Hume y una síntesis de los economistas Clásicos sobre el tópico monetario. En la segunda observamos “la consolidación del debate” bajo el análisis de tres pensadores: John Cairnes, Irving Fisher y Ludwig von Mises. En la tercera observamos “el estado actual del debate” bajo una síntesis de las contribuciones de Milton Friedman y Friedrich A. von Hayek. Y finalmente, en la cuarta parte del trabajo, además de unas breves reflexiones finales, presentamos un cuadro resumen de los contenidos expuestos. Desde luego no es el objeto de este trabajo agotar los aportes de estos intelectuales, sino tan solo limitarnos al tópico en cuestión,
orden espontáneo, pero en lo que al tópico monetario se refiere, intentaremos mostrar que el trabajo de este pensador escocés fue un claro preludio de la actual concepción que defienden los economistas de Chicago.

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el cual es el análisis de los efectos reales que se desencadenan de la política monetaria. A modo de guía lo que intentaremos demostrar es: (1) que desde Locke, Hume y los Clásicos hasta Fisher y Friedman se ha conformado una tradición que ha desarrollado un análisis económico agregado y basado en la teoría cuantitativa del dinero; (2) que desde Cantillon y Cairnes hasta Mises y Hayek se ha conformado otra tradición que desarrolla un análisis económico alternativo, desagregado, observando la secuencia microeconómica de eventos que ocurre luego del cambio en la oferta monetaria; (3) que si bien la conclusión última que se deduce de la teoría cuantitativa del dinero es cierta, esto es que existe una relación directa entre la cantidad de dinero y los precios, el método de análisis de esta segunda tradición es superior al primero en cuanto a su nivel explicativo; (4) en consecuencia, que es posible demostrar que la política monetaria genera efectos reales sobre la actividad económica y el empleo en el corto, en el mediano y en el largo plazo; (5) que no hay ninguna razón para esperar que los efectos reales producidos en el corto plazo, y que han sido reconocidos por la mayoría de los economistas, sean “neutralizados” en el largo plazo; (6) que pareciera ser incorrecta la afirmación del Dr. Humphrey de que Fisher habría anticipado gran parte de la teoría austríaca del ciclo económico que hoy se le reconoce a Mises y Hayek; (7) que la tendencia en el mundo académico es más de profundizar en la diferencia de estas dos tradiciones que de acercar las posiciones, y (8) que un cambio respecto de la comprensión de este fenómeno de la hipótesis de la neutralidad del dinero en el largo plazo implicaría significativas modificaciones en la recomendación de la política monetaria. PRIMERA PARTE: EL ORIGEN DEL DEBATE El origen de la teoría cuantitativa del dinero, o al menos sus primeros esbozos, constituye un debate en sí mismo. Comúnmente

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se la adjudica a David Hume en sus famosos ensayos Of Money y Of Interest (1752). Otras investigaciones retroceden un poco más y observan esta relación directa entre el cambio en la oferta monetaria y los precios en John Locke, o incluso un poco antes en William Petty. 6 Pero otros modernos estudios señalan que el mérito en descubrir esta teoría corresponde a la Escuela de Salamanca de los siglos XVI y XVII en los escritos de Martín de Azpilcueta y Tomás de Mercado: “Debe de notarse igualmente que cuando el padre Juan de Mariana explica los efectos de la inflación, lo hace utilizando los elementos básicos de la teoría cuantitativa del dinero, que previamente había sido expuesta con todo detalle por otro notable escolástico, Martín de Azpilcueta, también llamado Doctor Navarro, que había nacido en Navarra en el año 1493. Azpilcueta era primo de San Francisco Javier, vivió 94 años y es especialmente famoso por explicar en 1556 la teoría cuantitativa del dinero en su libro Comentario resolutorio de cambios. Así, Azpilcueta, observando los efectos que sobre los precios en España tuvo la llegada masiva de metales preciosos proveniente de América, concluye que «en las tierras do ay gran falta de dinero, todas las otras cosas vendibles, y aún las manos y trabajos de los hombres se dan por menos dinero que do ay abundancia del; como por la experiencia se vee que en Francia, do ay menos dinero que en España, valen mucho menos el pan, vino, paños, manos, y
Véase Raúl Cuello (2004), William Petty precursor de la economía clásica, Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, Instituto de Ética y Política Económica. Afirma Cuello (2004, p.19): “Aunque Petty no se ocupó de manera especial de la relación entre el dinero y los precios, si lo hizo respecto del efecto que producía el envilecimiento de la moneda. Si la moneda se devalúa, ello no puede afectar la cantidad de bienes que la gente está dispuesta a dar a cambio de ella, excepto entre ‘esos tontos que toman la moneda por su nombre y no por su peso y finura’. No por tener mayor cantidad de moneda devaluada es uno más rico. La conclusión a que arribara fue que los precios estaban determinados por la cantidad de dinero en circulación. Dejaba esbozada de esta manera la teoría cuantitativa del dinero, que luego retomarán a su muerte John Locke, Dudley North y David Hume.”
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trabajos; y aún en España, el tiempo, que avia menos dinero, por mucho menos se davan las cosas vendibles, las manos y trabajos de los hombres, que después que las Indias descubiertas la cubrieron de oro y plata. La causa de lo qual es, que el dinero vale más donde y quando ay falta del, que donde y quando ay abundancia.” 7 En esta primera parte del trabajo analizaremos el origen del debate ignorando estos aportes escolásticos y partiendo del economista irlandés Richard Cantillon, quien aparentemente ha generado ciertas influencias sobre el iluminismo escocés y en particular sobre la perspectiva monetaria de David Hume y Adam Smith. En el caso de este último es más sencillo encontrar una relación dado que los Essai de Cantillon han sido de las pocas investigaciones que el “padre de la economía” citó en su “Riqueza de las Naciones” (1776). 8 En el caso de Hume la relación es más difícil de encontrar. Algunos estudiosos del pensamiento económico conjeturan que David Hume debió haber tomado contacto con los escritos de Cantillon porque reconocen una fuerte similitud en por lo menos tres de sus contribuciones a la economía: el mecanismo de flujo de los precios, la distinción entre la economía normativa y la economía positiva, y fundamentalmente el efecto de corto plazo del incremento de la oferta monetaria sobre la producción y el empleo. 9 Independientemente de si esta conjetura es o no cierta, observaremos a continuación que los enfoques sobre la cuestión monetaria han sido diametralmente opuestos e incluso han dado lugar a dos tradiciones disímiles.

7 Jesús Huerta de Soto (2002), Juan de Mariana y los Escolásticos Españoles, en sus “Nuevos Estudios en Economía Política”, p. 255. 8 Véase Adam Smith (1997) [1776], Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Fondo de Cultura Económica/ Serie de Economía, décima reimpresión, pp. 25, 31, 66, 67, 78, 97, 100, 103, 203, 320, 341. 9 Véase Mark Thornton (2007), Cantillon, the Anti-mercantilist, Working Paper, Ludwig von Mises Institute, Auburn University.

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1.1. Richard Cantillon y el antecedente de la perspectiva austríaca
La historia del pensamiento económico ha destacado los aportes de Richard Cantillon en diversos tópicos como la metodología, la teoría de los precios, los procesos de mercado y su autorregulación, la función empresarial, la existencia de la incertidumbre, el dinero, las relaciones monetarias internacionales y hasta la teoría de los ciclos económicos. Algunos historiadores, considerando las citas que Cantillon recibe de Adam Smith en su “Riqueza de las Naciones” (1776) se han limitado a comentar que el primero ha inspirado en ciertas áreas al reconocido “padre de la economía”. Otros sin embargo, le conceden al mismo Cantillon el rol de “padre fundador de la economía moderna”. 10 En este sentido, podemos recordar las palabras de Friedrich A. von Hayek, quien lo destaca como aquel que “trató de organizar por sí solo, en forma sistemática, los fenómenos que le llamaban la atención con la mirada de un teórico nato. Así llegó a ser la primera persona que pudo penetrar y explorar casi todo el campo de lo que hoy llamamos la ciencia económica.” 11 O las palabras de W. Stanley Jevons, cuando afirma que el “Essai sur la nature du comerse en general”, escrito a principios de la década de 1730, pero publicado en 1755, es “el primer tratado de economía.”

1.1.1. Los aportes de Cantillon al tópico monetario
Las investigaciones de Cantillon posiblemente merezcan un trabajo aparte, pero a los fines de cumplir el objetivo arriba planteado
Véase Murray Rothbard (1999) [1995], Historia del Pensamiento Económico, vol. I., El pensamiento económico hasta Adam Smith, Edgard Elgar Publishing Limited, 1995. Traducido al español por Federico Basáñez y Ramón Imaz y editado por Unión Editorial SA, Madrid, 1999, pp.385-404. 11 Friedrich A. von Hayek (1995) [1931], Introduction to a German translation of Cantillon´s Essai, Jena: Gustav Fischer, 1931. Véase ahora el texto en F. A. Hayek, La tendencia del pensamiento económico, vol. III de Obras Completas de F. A. Hayek, Madrid, Unión Editorial, 1995, p. 277.
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nos basta con recorrer algunos de sus conceptos en materia monetaria. Al respecto nuevamente Hayek concluye que la teoría monetaria “constituye indudablemente el mayor logro de Cantillon. Por lo menos en este campo, Cantillon fue sin duda la más grande de las figuras pre-clásicas, y en muchos sentidos los autores clásicos no sólo no pudieron superarle, sino que ni siquiera le igualaron.” 12 En la segunda parte de su Essai Cantillon emprende su estudio sobre el dinero. Comienza por analizar en el primer capítulo una economía de trueque, para luego sí desarrollar en los capítulos subsiguientes lo que consideramos hoy la economía monetaria. Cantillon señala el origen del dinero como medio de intercambio y muestra cómo el dinero se introduce en un modelo de flujo circular de la economía, destacando el rol de la velocidad de circulación del dinero. Cantillon concuerda con parte de la teoría cuantitativa del dinero de John Locke, cuando reconoce que el incremento en la oferta monetaria tiende a generar una suba en los precios mientras que una reducción de la oferta monetaria, tiende a generar una baja de los mismos. Pero decimos “con parte” de esta teoría, porque también ha sido Cantillon el primero en formular una certera crítica sobre la misma. Anticipándose al ataque teórico de Mises sobre la hipótesis del helicóptero de Friedman concluye que “by doubling the quantity of Money in a state the prices of products and merchandise are not always doubled. A River which runs and winds about in its bed will not flow with double the speed when the amount of its water is doubled.” 13 Y luego agrega algunos comentarios que nos pueden ayudar a comprender el error del famoso ejemplo del helicóptero:
“Mr. Locke lays it down as a fundamental maxim that the quantity of produce and merchandise in proportion to

Hayek, Op. Cit., p. 276. Richard Cantillon, Essai sur la nature du comerse en general. Traduit de L´Anglois, Part II, Chapter VII: “Continuation of the same subject”.
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the quantity of money serves as the regulator of market price. I have tried to elucidate his idea in the preceding chapters: he has clearly seen that the abundance of money makes everything dear, but he has not considered how it does so. The great difficulty of this question consists in knowing in what way and in what proportion the increase of money raises prices.” 14

Es en esta última oración que Cantillon sintetiza el debate que en este artículo estudiamos. “La gran dificultad de esta pregunta consiste en saber de qué manera y en qué proporción el incremento de la oferta monetaria sube los precios.” Y se anima a dar una respuesta:
“I conclude that an increase of money circulating in a state always causes there an increase of consumption and a higher standard of expense. But the dearness caused by this money does not affect equally all the kinds of products and merchandise, proportionably to the quantity of money, unless what is added continues in the same circulation as the money before, that is to say unless those who offer in the market one ounce of silver be the same and only ones who now offer two ounces when the amount of money in circulation is doubled in quantity, and that is hardly ever the case. I conceive that when a large surplus of money is brought into a state the new money gives a new turn to consumption and even a new speed to circulation. But it is not possible to say exactly to what extent.” 15

Cantillon profundizó de esta forma en la simple teoría cuantitativa del dinero para mostrar el error de la hipótesis del dinero neutral, afirmando que el incremento de la oferta monetaria resulta en beneficios para algunos, pero que eventualmente —vía el incremenCantillon, Op. Cit. Part II, Chapter VI: “Of the increase and decrease in the quantity of hard money in a State” (La cursiva es nuestra). 15 Cantillon, Op. Cit. Part II, Chapter VII: “Continuation of the same subject” (La cursiva es nuestra).
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to en el consumo y los altos precios— aparecería el incremento de costos y las pérdidas. Cantillon ya explicaba en 1755, o incluso dos décadas antes, que el dinero creado genera un efecto redistributivo.

1.1.2. La no neutralidad del dinero en Cantillon
Pero Cantillon no sólo fue uno de los primeros en advertir el comentado efecto redistributivo. También fue el primero en explicar las causas microeconómicas que llevan al aumento de precios. Sintéticamente lo que hoy conocemos como el Efecto Cantillon 16 no es otra cosa que el intento por explicar que los cambios en la cantidad de dinero pueden generar diferentes tipos de efectos reales sobre la producción, la inversión, el consumo y el comercio, dependiendo de quién es el primero que recibe el dinero creado. Entre varios ejemplos Cantillon muestra que la mayor oferta de oro o plata obtenido de las minas, generará un incremento en la demanda de productos por parte de los mineros, que en definitiva provocarán un aumento en los precios de esos bienes (ej. carne y bienes de lujo). Los empresarios ajustarán su producción de tal forma de satisfacer esta creciente demanda, lo que implica que cambiará la estructura de la producción. La gente que no esté asociada a esta industria minera enfrentará precios más altos y menos bienes de consumo lo que provocará también un cambio en la distribución del ingreso. Mientras los precios continúan su escalada, la gente comenzará a exportar oro para importar bienes más baratos, lo que puede motivar un desplazamiento de ciertas personas que no formen parte de la industria minera en búsqueda de áreas donde los salarios reales sean mayores. Cantillon demostraba así el error mercantilista; acumular metales podía provocar problemas en la economía y causar distorsiones

16 El término lo empleó por primera vez Mark Blaug en su conocido trabajo Economic Theory in Retrospect, London: Heinemann, 1964.

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en la estructura de la producción y en los salarios, como ocurrió en los casos de España y Portugal. Más precisamente:
“This is approximately what has happened to Spain since the discovery of the Indies. As to the Portuguese, since the discovery of the gold mines of Brazil, they have nearly always made use of foreign articles and manufactures; and it seems that they work at the mines only for the account and advantage of foreigners. All the gold and silver which these two states extract from the mines does not supply them in circulation with more precious metal than others. England and France have even more as a rule.” 17

Y para concluir este primer apartado, podemos tomar unas palabras del historiador del pensamiento económico, Mark Thornton:
“Cantillon showed that money was not neutral and had several types of real effects on the economy depending on how and where the new money was injected into the economy. The pattern of prices in the economy—including land rents, wages, and prices—changes according to the new monetary realities. Income distribution changes, but more importantly, the structure of production changes and these real changes have subsequently been dubbed Cantillon effects. For Cantillon such monetary processes were ultimately self-reversing, but not back to a safe equilibrium. Usually the result he depicted involved excessive luxury, bankruptcy, impoverishment, emigration of labor, and the ruination of the state. In contrast to the Mercantilists, Cantillon generally found that when government was involved in the change in the money supply that it was very bad for the economy, but when it resulted from

17 Cantillon, Op. Cit. Part II, Chapter VI: “Of the increase and decrease in the quantity of hard money in a State.”

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the actions of entrepreneurs, it was potentially good for the economy.” 18

En pocas palabras, Cantillon afirmaba que los efectos reales provocados por la política monetaria podían ser reversibles, pero que nunca la economía volvía a su estado de equilibrio inicial, esto es a la estructura de precios relativos existente antes de que la oferta monetaria se vea incrementada. Siendo más explícito, en Cantillon el dinero no sólo no es neutral en el corto plazo, sino tampoco en el largo plazo.

1.2. David Hume y el antecedente a la perspectiva monetarista
Como filósofo, economista e historiador David Hume (17111776) se ha convertido en una de las figuras centrales del iluminismo escocés. Como economista se destacan, entre otros, sus aportes en el marco de la tradición del orden espontáneo (que influenció tanto a pensadores Austríacos como Monetaristas), 19 su crítica al mercantilismo y también sus contribuciones respecto “del dinero” y “del interés”, área esta última sobre la que se conjetura que Hume recibió alguna influencia de parte del citado Richard Cantillon. 20

Mark Thornton (2006), Cantillon on the Cause of the Business Cycle, The Quarterly Journal of Austrian Economics, Vol. 9, No. 3, pp. 45-60 (Fall 2006), p. 52. 19 En otro lugar he estudiado justamente las contribuciones de David Hume a la tradición del orden espontáneo. Véase Adrián O. Ravier (2006), El proceso de globalización bajo una perspectiva hayekiana, Libertas No. 45, Edición Semestral de ESEADE, octubre de 2006, año XIII. 20 Afirma Hayek que la exposición de Hume en sus Political Discurses “se parece tanto al texto de Cantillon que es difícil creer que no haya visto algunos de los manuscritos del Essai que se sabe circularon privadamente en la época en que se escribieron los Discursos.” Véase Friedrich A. von Hayek (1931), Prices and Production, Routledge and Sons, Londres, 1931. Existe una traducción de Carlos Rodriguez Braun bajo el título Precios y Producción. Una explicación de las crisis de las economías capitalistas. Edición española al cuidado de José Antonio de Aguirre.
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1.2.1. Los aportes de Hume al tópico monetario
Respecto del tercero de estos aportes debemos destacar las palabras de Murray Rothbard cuando afirma que “la más importante contribución de Hume gira en torno a la teoría monetaria, en particular su clara exposición del mecanismo de libre circulación de metal precioso y divisas que equilibra las balanzas de pago nacionales y los niveles de los precios internacionales. En teoría monetaria propiamente dicha, Hume revive con maravillosa claridad la teoría cuantitativa lockeana sobre el dinero, iluminando el hecho de que no importa cuál pueda ser la cantidad de dinero en un país dado: cualquier cantidad, menor o mayor, bastará para desempeñar la función del dinero consistente en facilitar el intercambio.” 21 Hume apuntaba esta importante verdad anticipándose a la ilustración del helicóptero de Friedman, imaginando qué sucedería si cada individuo, durante la noche, hallara que las existencias de dinero en su poder se hubiesen duplicado milagrosamente. En sus propias palabras: “Supongamos que por milagro, en un minuto se deslicen cinco libras en el bolsillo de cada persona. Esto hará más que duplicar la cantidad de dinero presente actualmente en el reino. Sin embargo, al día siguiente, no habría ni más prestamistas ni se produciría ninguna variación en el interés.” 22 Hume, siguiendo a Locke, intentaba demostrar que doblar la cantidad de dinero no modifica a largo plazo, ni la actividad, ni la

Véase Lección 1: Teorías acerca de la influencia del dinero sobre los precios, Unión Editorial, p. 30. 21 Murray N. Rothbard (1999) [1995], Historia del pensamiento económico, volumen I: El pensamiento económico hasta Adam Smith, Unión Editorial S.A., p. 467. 22 Cabe destacar que las parábolas no se terminan en Hume o Friedman. Don Patinkin analiza un ejemplo similar donde el dinero se introduce en la economía cayendo como maná del cielo; o en el caso de la mayoría de los modelos neoclásicos el dinero hace su irrupción como una dotación inicial, esto es, como una asignación igualitaria y ahistórica que lleva a cabo el gobierno entre los individuos en una sociedad imaginaria.

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velocidad de circulación del dinero, sino que únicamente dobla el nivel general de precios. Pero como señala Humphrey sería incorrecto afirmar que Hume y los Clásicos se limitaron sólo a observar este efecto de largo plazo. Hume explicaba que previo al efecto sobre los precios, se producía un efecto de corto plazo sobre las variables reales. 23 En palabras de Hume:
“To account, then, for this phenomenon, we must consider, that though the high price of commodities be a necessary consequence of the encrease of gold and silver, yet it follows not immediately upon that encrease; but some time is required before the money circulates through the whole state, and makes its effect be felt on all ranks of people. At first, no alteration is perceived; be degrees the price rises, first of one commodity, then of another; till the whole at last reaches a just proportion with the new quantity of specie which is in the kingdom. In my opinion, it is only in this interval or intermediate situation, between the acquisition of money and rise of prices, that the encreasing quantity of gold and silver is favourable to industry.” 24

De esta manera Hume daba inicio a una tradición que distinguiría entre ciertos efectos temporales, y ciertos efectos permanentes. Temporales serían los efectos de corto plazo que hoy los economistas de Chicago advierten sobre el empleo y la producción. Permanentes serían los efectos de largo plazo que estos economistas sólo reconocen en la alteración de los precios.

Thomas M. Humphrey (1991), Nonneutrality of Money in Classical Monetary Thought, Economic Review, March/April, Federal Reserve of Richmond, 1991. 24 David Hume (1970) [1752], On Money and Of Interest. In D. Hume, Writings on Economics, ed. E. Rotwein, Madison: University of Wisconsin Press, 1970, pp. 37-38.
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1.2.2. La influencia de Hume sobre los Clásicos
La tesis de Hume fue ampliamente aceptada por los Clásicos con puntuales críticas como la de James Mill, David Ricardo y John Wheatley, sobre el efecto supuestamente animador de la inflación sobre la actividad económica que comentaremos más adelante. 25 Pero no sólo la aceptaron. Algunos Clásicos también introdujeron sus importantes aportes. Henry Thornton (1760-1815) por ejemplo, fue el primero en advertir que la política monetaria sólo tendría efectos reales sobre el empleo y la producción (en el corto plazo) en la medida que no sean anticipados por los agentes económicos. También fue Thornton el primero en advertir que los contratos laborales son por plazos prolongados, lo que creaba cierta inflexibilidad para los ajustes en el mercado de trabajo. 26 Robert Torrens por su parte, agregaba a este análisis la importancia de este efecto sobre los resultados de las empresas y la producción: Que los contratos de trabajo no se ajusten a la cantidad de dinero, permite a las empresas obtener mayores beneficios y al mismo tiempo generar un estímulo a la producción. 27 Jeremy Bentham a su vez, rescata en la política monetaria el efecto conocido como “ahorro forzoso”, sobre el que más tarde

25 “Hume´s theory of the inflation mechanism was inherited by the other classical economists. Of these, only James Mill, David Ricardo, and John Wheatley rejected it in its entirety: Ricardo, whose skepticism of monetary policy´s ability to influence real activity rivals that of modern new classicals, simply called Hume´s theory ‘an erroneus view’. (Works, V, 524) and remarked that ‘money cannot called forth goods’ (Works, III, 301). Mill likewise dismissed Hume´s mechanism with the assertion that money cannot exert even the briefest stimulus to output since prices instantly rise to absorb all the stimulus. Wheatley was equally adamant, holding that ‘an increase of money has no other effect that to cause its own depression’ in value (1803, p. 17, as quoted in Fetter 1942, p. 370).” Citados por Humphrey (1991), Op. Cit. p. 6. 26 Henry Thornton (1802), An Enquiry into the Nature and Effects of the Paper Credit of Great Britain, Ed. F. A. v. Hayek. London: Allen & Unwin, 1939. 27 Robert Torrens (1812), Essay on Money and Paper Currency.

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se apoyaría Hayek. Bentham mismo lo explica en su manuscrito “Institute of Political Economy” (1804):
“All hands being employed, and employed in the most advantageous manner,... the effect of every increase of money... is to impose an unprofitable income tax on the income of all fixed incomists. If... the additional money have come into hands by which it has been employed in the shape of capital, the suffering by the income tax is partly reduced and partly compensated. It is reduced by the mass of things vendible produced by means of it... It is in a certain degree, though in a very inadequate degree compensated for by the same means; viz. by the amount of the addition made to the quantity of sensible wealth —of wealth possessing a value in the way of use. Here... in the... case of forced frugality, national wealth is increased at the expense of national comfort and national justice.” 28

En este mismo sentido argumentaba Malthus para quien el ahorro forzoso era tan poderoso en sus efectos potenciales sobre la producción que podía elevarlo equiproporcionalmente con el stock de dinero dejando los precios inalterados. En términos de la teoría cuantitativa, expresada en la moderna ecuación MV = PQ, era como suponer que, siendo V y P constantes, un cambio en M necesariamente resultará en cambios en Q. 29

Véase Jeremy Bentham (1801), The Institute of Political Economy, in Vol. III of Jeremy Bentham´s Economic Writing, Ed. W. Stark, London: George Allen & Unwin, 1954. Citado por Friedrich A. von Hayek (1932), A Note on the Development of the Doctrine of ‘Forced Saving’, Quarterly Journal of Economics, 47, November, 123-133, p. 125. 29 T. R. Malthus (1963) [1811], Depreciation of Paper Currency, Edinburgh Review 17, February, 340-72. In Occasional Papers of T. R. Malthus, ed. B. Semmel, New York: Burt Franklin, 1963, 71-104.
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Ricardo no compartía esta opinión de Malthus y siguiendo con la idea de Cantillon sobre el efecto redistributivo explicaba que mediante la política monetaria “habría una transferencia de propiedad, pero no una creación de capital” (Works, VI, 16). 30 En oposición a la mayoría de los Clásicos, Ricardo era escéptico respecto de la idea del ahorro forzoso. En oposición John Ramsay Mc Culloch (1789-1864) se refería con precisión sobre los ganadores y perdedores. Los ganadores incluyen a la comunidad en su conjunto, que se benefician del incremento en la producción, el empleo y la formación de capital. Los perdedores están representados sólo por un pequeño grupo de rentistas, pero excluyendo a los asalariados, ya que los salarios, afirmaba, tendían a elevarse junto con los precios. Mc Culloch creía que los efectos negativos de la política monetaria expansiva no provenían de la política inflacionaria en sí, sino de la eventual necesidad de contraer la oferta monetaria, para proteger las reservas de oro de la nación. Y agregaba que el daño que resultaba de la consecuente deflación excedería en mucho las ganancias de la previa inflación. Mc Culloch concluía que abolir la contracción monetaria sería más importante que promover la expansión monetaria. Su énfasis sobre el daño de la deflación era típico de los Clásicos que creían en los efectos reales, no neutrales, de corto plazo. 31 Y finalmente llegamos a la obra de John Stuart Mill, que analizada en retrospectiva, nos permite encontrar puntos consistentes con la tradición de la hipótesis de la neutralidad del dinero y la teoría cuantitativa, y puntos contrarios a ésta. A favor, podemos sintetizar que Mill no creía en la no neutralidad del dinero de largo plazo: Insistía (1) en que el estímulo que la inflación generaba sobre el empleo y la producción es temporal; (2) que duraba sólo mientras los agentes
Vease David Ricardo (1951-1973), The Works and Correspondence of David Ricardo, ed. P. Sraffa, 11 Vols. Cambridge. Citado por Humphrey (1991), Op. Cit. p. 10. 31 Véase Thomas Humphrey (1991), Op. Cit., p. 8.
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económicos no sospechen y no se anticipen a la depreciación de la moneda (1844, p. 275), (3) y que concluía sólo cuando desaparecía el engaño y se descubría la verdad (1844, p. 275). 32 En contra de esta tradición, y quizás anticipándose a la tradición opuesta que aquí estudiamos, Mill advertía los errores de inversión que resultaban de tal política monetaria y su efecto sobre los precios. Mill explicaba que cada productor mal interpreta la subida general de precios como una señal de los precios relativos para expandir sus operaciones. Así, la expansión monetaria y la resultante inflación, podían, en palabras de Mill “create a false opinion of an increase of demand, which false opinion leads, as the reality would do, to an increase of production...” (p. 191). 33 Como veremos más adelante, este elemento resulta ser central en el desarrollo de la teoría austríaca del ciclo económico. 34

1.2.3. Una crítica austríaca a la concepción de Hume y los Clásicos respecto del tópico monetario
Si bien hasta aquí podemos afirmar que el estudio de Hume y los Clásicos es lúcido y atractivo, Rothbard afirma que “supone un deterioro considerable respecto al de Richard Cantillon.” Sin ser
32 Véase, John Stuart Mill (1967) [1844], Of the influence of consumption on production, In Essays on Some Unsettled Questions of Political Economy, London. As reprinted in Vol. IV of The Collected Works of John Stuart Mill, ed. J. M. Robson, Toronto: University of Toronto Press, 1967, 262-279. Citado por Humphrey (1991), Op. Cit. p. 12. 33 Véase John Stuart Mill (1967) [1833], The currency juggle, Tait´s Edinburgh Magazine 2, January, 461-467. As reprinted in Vol. IV of The Collected Works of John Stuart Mill, ed. J. M. Robson, Toronto: University of Toronto Press, 1967, 181-192. Citado por Humphrey (1991), Op. Cit. p. 11. 34 Si bien hemos repasado brevemente los aportes de los clásicos en la materia, hemos ignorado aquí el tratamiento fundamental de las Escuelas Monetaria y Bancaria durante la primera mitad del siglo XIX. Sobre los aciertos y errores, que en retrospectiva, incurrieron estos teóricos véase el Capítulo VIII del libro de Jesús Huerta de Soto (1998) titulado “Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos”, editado por Unión Editorial.

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exhaustivo, Rothbard señala que “Cantillon no creía en la proporcionalidad agregada del dinero y en los cambios del nivel de precios, afrontando en cambio un fino análisis del microproceso del dinero que pasa de una persona a otra. Como consecuencia, el dinero y los precios, no crecerán en proporción, incluso en una nueva situación de equilibrio.” 35 Luego, Rothbard agrega que si bien es cierto que Hume advierte el efecto de la inyección monetaria sobre los precios ya descrito por Cantillon, también debemos reconocer que Hume (y quizás el resto de los Clásicos con la excepción de John Stuart Mill) ignora “el punto crucial” que es que todos esos cambios perturbadores distorsionan la actividad del mercado y la distribución de los recursos. Además, David Hume, adelantándose a Keynes, alentaba los efectos supuestamente animadores del aumento de la cantidad de dinero y solicitaba al gobierno que asegurase que la oferta de dinero fuese siempre en aumento, aunque fuera en forma moderada, tal como en tiempos modernos se sostiene bajo la regla monetaria de Milton Friedman. En palabras de Hume:
“From the whole of this reasoning we may conclude, that it is of no manner of consequence, with regard to the domestic happiness of a state, whether money be in a greater or less quantity. The good policy of the magistrate consists only in keeping it, if possible, still encreasing; because, by that means, he keeps alive a spirit of industry in the nation, and encreases the stock of labour, in which consists all real power and riches. A nation, whose money decreases, is actually, at that time, weaker and more miserable than another nation, which possesses no more money, but is on the encreasing hand.” 36

Murray Rothbard, Op. Cit., p. 468. David Hume (1752), On Money and Of Interest. In D. Hume, Writings on Economics, ed. E. Rotwein, Madison: University of Wisconsin Press, 1970, pp. 39-40.
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Vemos de esta manera que Hume, además de introducir una primera noción de la política anti-deflacionista, reconoce su interés en explotar la no neutralidad del dinero en el corto plazo. Finalmente, y este no es un caso menor, Rothbard señala un último defecto notorio del análisis del dinero de Hume. Se trata de “su tendencia recogida y magnificada por Smith y Ricardo y por la escuela clásica, a brincar de un estado de equilibrio a largo plazo a otro, sin preocuparse por el proceso dinámico a lo largo del tiempo a través del cual el mundo real pasa verdaderamente de un estado a otro. Es este grave descuido (o ‘estática comparativa’) lo que lleva a Hume a omitir el análisis cantilliano de los micro-cambios en los saldos de caja y en la renta, y lo que hace que pase por alto los efectos de la renta en el mecanismo de ajuste monetario internacional por el libre movimiento de metal y divisas.” 37 Como señala Rothbard “al no considerar los ‘efectos de distribución’ de los activos y rentas variables durante el proceso, Hume —al igual que innumerables economistas después de él— distorsiona lo que sucede en el propio equilibrio. Pues en tal caso no perciben que el nuevo equilibrio será muy diferente del viejo. Así, cuando varía la oferta de dinero, no por ello se da un incremento equivalentemente proporcionado en los precios de todo género.” Lo que está señalando Rothbard en este caso, es que aún en la perspectiva del equilibrio, la hipótesis del dinero neutral en el largo plazo no se cumple. A modo de conclusión de esta primera parte el profesor Salerno nos presenta un excelente análisis en su tesis doctoral:
“[…] hay algo de verdad en la afirmación de Keynes de que […] ‘Hume inició entre los economistas la práctica de subrayar la importancia de la situación de equilibrio frente a la siempre mutable transición hacia el mismo’. Porque, al leer a Hume, uno se queda con el inequívoco regusto, si no con todo el sabor, de la idea de que es en los estados de equilibrio
37

Rothbard, Op. Cit. pp. 470-471.

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a largo plazo donde la economía reside la mayor parte del tiempo. La transición entre esos estados los concibe Hume como si pasaran rápidamente y concluyendo antes de que intervenga otro cambio en los datos económicos que impulse a la economía hacia un nuevo equilibrio. Esta idea hace que Hume trunque por momentos un análisis completo y paso por paso de un cambio en los datos, menospreciando de este modo o saltando por encima de sus efectos a corto plazo para centrarse en un análisis comparativo y estático de sus consecuencias últimas.” 38

Analizando estas palabras en retrospectiva, la tradición austríaca enseña que la situación es precisamente la contraria a la presentada por Hume y los clásicos británicos. No es que la situación de equilibrio a largo plazo no sea la realidad fundamental, es que tal situación no se da en absoluto. El equilibrio a largo plazo aporta el punto hacia el que siempre tiende el mercado, pero es un punto que jamás se alcanza, porque los datos subyacentes de la oferta y la demanda —y, por lo tanto, el punto de equilibrio final— siempre cambian. De ahí que sea precisamente un análisis completo paso a paso de un determinado cambio en los datos lo que se necesita para explicar el proceso de sucesivos estados a corto plazo que tienden hacia un equilibrio que nunca alcanzan. En el mundo real, el “largo plazo” no es en modo alguno el equilibrio, sino una serie de esos estados a corto plazo, que cambiarán de dirección según se alteren los datos subyacentes. 39 Intentaremos mostrar a continuación que es a partir de estas diferentes concepciones de Cantillon y Hume, de cómo el dinero
38 Joseph Salerno (1980), The Doctrinal Antecedents of the Monetary Approach to the Balance of Payments, tesis doctoral, Rutgers University, nota 6, pp. 165-166. 39 Sobre esta diferenciación entre el análisis de la tendencia al equilibrio vs. el estudio del equilibrio mismo, véase Ivo Sarjanovic (1989), El mercado como proceso: dos visiones alternativas, Libertas No. 11, Edición semestral de ESEADE, octubre de 1989, Buenos Aires, pp. 169-203.

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se introduce en la economía y genera efectos desagregados en el primer caso, y agregados en el segundo, que las posteriores y modernas Escuelas “Austríaca” y “de Chicago” terminan por presentar enfoques diametralmente opuestos en lo que al tópico monetario se refieren. Intentaremos mostrar a continuación que Cairnes por un lado, continuando con el análisis desagregado de Cantillon, llega a conclusiones certeras en cuanto al efecto que se desencadena del descubrimiento de metales preciosos en las tierras lejanas, mientras que Fisher por su parte, siguiendo el análisis agregado de Hume falla en comprender las consecuencias reales de tal descubrimiento. SEGUNDA PARTE: LA CONSOLIDACIÓN DEL DEBATE Explica Hayek que “los clásicos no pensaron que esta línea de razonamiento [presentada en la primera parte] podía ser susceptible de mejora alguna. Aún cuando con frecuencia se cita a Hume, su método de análisis no se modificó durante más de un siglo. Sólo se registró un impulso renovador hacia esta clase de análisis a partir del incremento en la oferta de oro debido a los descubrimientos en California y Australia. El Essay on the Austrialian Gold Discoveries de J. E. Cairnes 40 contiene probablemente el refinamiento más notable de la argumentación de Cantillon y Hume.” 41 La segunda parte de este trabajo tiene dos objetivos: por un lado, ahondar justamente sobre el análisis desagregado que el citado John E. Cairnes (quizás el último de los economistas clásicos), siguiendo a Cantillon, desarrolla sobre el descubrimiento de oro en Australia.
40 J. E. Cairnes, Essays towards a Solution to the Gold Question, en Essay in Political Economy, Theoretical and Applied, Londres 1873, en especial el Ensayo II: “The Course of Depreciation”. Señala Hayek que “puede ser interesante mencionar aquí que Carl Menger, que ha influido decisivamente en el desarrollo moderno de este campo, conocía bien la exposición de Cairnes.” 41 Hayek, Op. Cit. pp. 30-31.

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Por otro, sintetizar los aportes que Irving Fisher (quizás el mentor de la economía mainstream moderna) 42 ha realizado sobre el tópico en cuestión y compararlos con las contribuciones en la materia de Ludwig von Mises. Este último estudio como veremos es un intento de respuesta a Thomas Humphrey cuando afirma que la explicación de las causas de las fluctuaciones económicas de Fisher es un claro antecedente de la teoría austríaca del ciclo económico de Mises y Hayek.

2.1. John Cairnes y el análisis desagregado
Los repentinos hallazgos de oro que tuvieron lugar en California a finales de la década de 1840, seguidos inmediatamente por los de Australia en 1851, así como el consiguiente incremento de la producción de oro, hicieron que en Gran Bretaña se plantearan importantes preguntas sobre sus consecuencias, y sobre si la libra de oro se depreciaría en términos de bienes. Explica Rothbard que “en el ámbito político, los anti-inflacionistas trataron de minimizar el impacto de este incremento de la oferta en los precios, mientras que los inflacionistas manifestaron con alborozo que, cuando menos, los precios subirían considerablemente. Entre los economistas, hombres como Mill y Torrens, antes en la vanguardia de las controversias entre las escuelas monetaria y bancaria, mostraron muy poco interés por todo este proceso. La mayoría de los economistas que se interesaron adoptaron la primitiva posición proto-keynesiana de que el nuevo dinero de oro tendría un efecto mínimo sobre los precios ¡Como si jamás se hubiere descubierto la teoría monetaria!” 43
42 Véase los dos trabajos de James Tobin: Neoclassical Economics in America, American Economic Review 75, No. 6, diciembre de 1985, pp. 28-38; e Irving Fisher, The New Palgrave: A Dictionary of Economics, Edited by John Eatwell, Murray Milgate, and Peter Newman, New York, NY, Stockton Press, Vol. 2, pp. 369-376. 43 Rothbard, Op. Cit. p. 324.

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2.1.1. Cairnes y su micro análisis del descubrimiento de oro
La explicación más importante de este proceso correspondió a John Cairnes en una serie de artículos publicados entre 1857 y 1863. Cairnes puso de manifiesto que el país que cuente con nuevas minas de oro será el primero en sentir sus perniciosos efectos —subidas de precios y despilfarro de recursos—, tras lo cual, a medida que el nuevo oro salga del país a cambio de bienes, dichos efectos se exportarán gradualmente al resto del mundo. Frente al entusiasmo de los inflacionistas, Cairnes mostró que el primer país en padecer el despilfarro de recursos por el nuevo oro era Australia, donde la floreciente agricultura anterior había quedado prácticamente arruinada. Más precisamente Cairnes, con un análisis microeconómico similar al comentado más arriba de Cantillon, estudió la secuencia de eventos que siguieron al descubrimiento de oro en Australia. Explicó Cairnes que la mayor cantidad de oro que resultó de tal descubrimiento tuvo un primer impacto sobre los precios en las ciudades de la costa de Australia, donde los mineros comenzaban gastando su nueva oferta de oro como dinero. La mayor oferta de dinero demandó entonces bienes y servicios, estimulando la importación de productos desde el exterior. Los comerciantes australianos pagaron por estos mayores stocks de bienes con el nuevo oro que adquirían de aquellos mineros. A medida que el oro ingresaba en Europa y se gastaba en la compra de otros bienes y servicios, los precios por los bienes y servicios comenzaron a subir también en esta región. Las manufacturas en Europa, además, incrementaban su demanda de recursos y materias primas desde Asia y Africa, pagando por ellos con parte del nuevo oro que habían recibido. Los precios entonces, comenzaron a incrementarse en esos otros lugares del mundo. La mayor oferta de oro trajo un incremento generalizado de los precios en varias partes del mundo. Pero esta suba, como recién comentamos, no fue instantánea. La suba de precios se fue dando gradualmente, siguiendo un patrón particular, en la medida en que

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el nuevo oro se fue introduciendo secuencialmente en las distintas regiones.

2.1.2. La influencia de Cairnes en el análisis desagregado de la Escuela Austríaca
Como vemos, para estudiar la influencia del dinero sobre los precios y la producción Cairnes desarrolló un análisis “desagregado”, en cuanto que explica el impacto monetario sobre la economía a través del patrón particular al que aludimos anteriormente, en el que la oferta monetaria se introduce en la economía provocando una secuencia de eventos a través del tiempo y en la que los cambios en la oferta monetaria pasan desde un individuo a otro y de un sector de la economía a otro. Este “método” de análisis es el que siguieron los economistas de la Escuela Austríaca liderada por Ludwig von Mises y Friedrich A. von Hayek. Afirman los austríacos que si la suba o baja en la cantidad de dinero trajera aparejados, como sostenía Hume, subas y bajas simultáneas y proporcionales en los precios, entonces los cambios en la oferta monetaria serían neutrales en cuanto a sus efectos en la economía. Esto es, ni la estructura de precios relativos, ni los patrones de ingresos relativos de individuos y empresas en la sociedad serían afectados por los cambios en la oferta monetaria. Los efectos de la moneda sobre la economía serían nominales y no reales. Pero como se ha demostrado, éste nunca es el caso.

2.2. Irving Fisher y su enfoque agregado
La historia del pensamiento económico muestra que los escritos de Hume lograron generar una influencia comparativamente mayor que los de Cantillon. Así, la teoría cuantitativa del dinero se convirtió dentro del mainstream en la herramienta central para comprender los efectos que la política monetaria generaba sobre los precios.

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Si el análisis agregado de Hume tuvo mayores repercusiones que el estudio desagregado de Cantillon, podemos argumentar que se debe en mucho a Irving Fisher. En este sentido argumenta Robert Formaini que “la economía moderna estaba pasando por un tremendo cambio durante los años en que Fisher estudiaba, y él ayudó para que tome la dirección que produjo el estado actual sobre las matemáticas, el equilibrio general y los datos agregados para el cálculo de los índices de varios precios. En esta transformación, debería ser homenajeado junto a Leon Walras, Stanley Jevons y Francis Edgeworth. Su trabajo teórico tocó prácticamente casi todas las áreas principales de la macroeconomía y es todavía hoy consultado y citado, no sólo por los historiadores del pensamiento económico, sino también por economistas prácticos. Esto, en sí mismo, es lo que lo separa de la gran mayoría de sus contemporáneos.” 44 Pero Fisher no se limitó a tomar la teoría cuantitativa del dinero como venía, sino que avanzó sobre ella. Como hemos visto, la idea básica de esta teoría cuantitativa —que hay una relación directa entre la cantidad de dinero por un lado y los precios por el otro— seguramente es una de las ideas más viejas de la economía. Pero una cosa es expresar esta idea en términos generales y otra cosa es sistematizar la relación entre el dinero por un lado y los precios y otras magnitudes por el otro. La contribución de Fisher fue justamente analizar la relación en aún mayor detalle de lo que se había hecho hasta allí. Elaboró y popularizó lo que ha llegado a ser conocido como la ecuación cuantitativa: MV = PT, es decir que el dinero (M), multiplicado por su velocidad de circulación (V) es igual a los precios (P) multiplicados por el volumen de transacciones (T). En pocas palabras Fisher interpretó que la velocidad podía considerarse altamente estable, que podía tomarse como determinada en forma independiente de los otros términos de la ecuación, y que

44 Robert L. Formaini (2005), Irving Fisher: Origins of Modern Central Bank Policy, Economic Insights 10, No. 1, Dallas TX: Federal Reserve Bank of Dallas.

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como resultado de esto los cambios en la cantidad de dinero se reflejarían en los precios o en la producción.

2.2.1. Fisher y la no neutralidad del dinero en el corto plazo
Pero éste (el aporte de la teoría cuantitativa) no fue el único legado de los clásicos que recibió Fisher. También recibió influencias en lo que se refiere a la hipótesis de la no neutralidad del dinero en el corto plazo. En otras palabras, Fisher reconoce que puede ocurrir un impacto temporal sobre las variables reales. En palabras de Thomas M. Humphrey (1991):
“The classicals bequeathed their theory of non-neutrality to later generations of economists who used it to account for money´s temporary impact on real variables. Thus quantity theorists from Irving Fisher to Milton Friedman introduced Hume´s price lag into the equation of exchange MV = PQ to show that, with velocity V constant, a change in the money stock M produces temporary change in output Q before fully changing prices P.” 45

De esta manera, podemos afirmar que Humphrey (1984) no se equivoca al afirmar que “una cuidadosa lectura de los trabajos de Fisher revelan que éste no negaba el efecto de la política monetaria sobre los precios relativos y sobre la asignación de los recursos. Al contrario, afirmaba que esos efectos siempre ocurrían durante períodos de ajuste temporales, períodos en los cuales los precios individuales nunca se mueven en perfecta armonía con los otros o con el stock de dinero.” 46
45 Humphrey (1991), Op. Cit. Sobre este punto en especial Humphrey invita al lector a revisar el trabajo de Don Patinkin (1972), On the Short-Run NonNeutrality of Money in the Quantity Theory, Banca Nazionale del Lavoro Quarterly Review 100, March, 3-22. 46 Thomas M. Humphrey (1984), On Nonneutral Relative Price Effects in Monetarist Thought: Some Austrian Misconceptions, Economic Review, May/June,

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De hecho, en su The Purchasing Power of Money (1911), Fisher dedica un capítulo a discutir sobre “la dispersión de los precios”. Argumenta allí que la existencia de algunos factores inhibidores como las restricciones contractuales y las prohibiciones legales, producen cierta inflexibilidad que hacen que el shock monetario sobre los precios individuales se ajuste a diferente velocidad. El resultado, notaba Fisher, es que primero se altera la estructura de precios relativos, con ellos el patrón de la producción real y sólo en el largo plazo el nivel general de precios. A continuación vemos como Fisher distinguía entre la neutralidad de largo plazo y la no neutralidad de corto plazo:
“The chief conclusion of our previous study is that an increase of money, other things equal, causes a proportional increase in the level of prices. In other words, the p’s in the sum EpQ tend to rise in proportion to the increase in money. It was noted, however, that the adjustment is not necessarily uniform, and that if some p’s do not rise as much as in this proportion, others must rise more. In this connection, we observe that some prices cannot adjust themselves at once, and some not at all. This latter is true, for instance, of prices fixed by contract. A price so fixed cannot be affected by any change coming into operation between the date of the contract and that of its fulfillment. Even in the absence of explicit contracts, prices may be kept from adjustment by implied understandings and by the mere inertia of custom. Besides these restrictions on the free movement of prices, there are often legal restrictions; as, for example, when railroads are prohibited from charging over two cents per passenger per

Federal Reserve of Richmond, 1984, p.15. Este artículo fue presentado en el Mises Colloquium sobre Economía Austríaca, Ludwig von Mises Institute, Auburn, Alabama, Marzo 9, 1984.

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mile, or when street railways are limited to five-cent or threecent fares. Whatever the causes of nonadjustment, the result is that the prices which do change will have to change in a greater ratio than would be the case were there no prices which do not change. Just as an obstruction put across one half of a stream causes an increase in current in the other half, so any deficiency in the movement of some prices must cause an excess in the movement of others.” 47

Observamos entonces que Fisher acepta que los cambios resultantes en los precios relativos alteran la composición de la estructura productiva generando efectos reales en el corto plazo.

2.2.2. Fisher y su teoría del ciclo económico
Más precisamente, para Fisher la suba transitoria en los márgenes de ganancia (dada por los precios de los recursos y las materias primas fijados por contrato) actuaron como un estímulo para incrementar la oferta de estos productos. Pero cuando estos contratos se actualizaban y se revisaban hacia arriba, los márgenes de ganancia volvían a ser “normales” y la fase de “boom” del ciclo económico terminaba. Seguiría a aquel un período de corrección, en que los planes de los hombres de negocios eran insostenibles reflejando la fase de depresión del ciclo económico. Fisher concluía que la causa de los ciclos económicos debíamos buscarla en el incremento de la oferta monetaria no anticipada por los agentes económicos, que hacían que los precios de venta aumenten en relación con los costos. 48 Su prescripción de política moneIrving Fisher (1963) [1911], The Purchasing Power of Money, Reprint of the second revised edition (1922). New York: Augustus M. Kelley, 1963, pp. 184185. 48 Quizás el primero de los pensadores en advertir que la política monetaria sólo tiene efectos reales mientras no sean anticipados por los agentes económicos
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taria era mantener el índice de precios estable. Si esto se cumplía, Fisher argumentaba, la relación precio-costo se mantendría constante, al menos en lo que hace a la influencia de las fuerzas monetarias. Y esto, en definitiva, mitigaría, sino eliminaría, la causa primaria que está detrás del ciclo económico. A modo de ejemplo, en su artículo “A statistical relation between unemployment and price changes” (1926), trabajo reconocido como el primer antecedente a la Curva de Phillips que estudia la relación entre el desempleo y la inflación, Fisher demuestra que los cambios en la oferta monetaria producen efectos sobre el salario real y el empleo. En palabras de Humphrey (1984),
“He noted first that nominal wages (‘which are fixed sometimes either by contract or custom, for at least a number of months’) tend to adjust to monetary changes less rapidly than do product prices. Thus real wages fall when money and prices are increasing and rise when money and prices are falling. Assuming that employers’ demand for labor (hiring) varies inversely with real wages, it follows that monetary expansion temporarily stimulates employment and monetary contraction temporarily depresses it. In other words, according to Fisher, ‘the ups and downs of employment are the effects, in large measure, of the rises and falls of prices, due in turn to the inflation and deflation of money and credit.’ 49 Here is Fisher’s recognition of one important non-neutrality (namely the employment effect) of money. This emphasis on the short-run nonneutrality of money is even more pronounced in his treatment of the real interest rate effects

fue Henry Thornton. En este sentido explica Humphrey: “He blames economic distress on unexpected contractions of the money stock. In so doing, he anticipates today´s new classicals who argue that only unanticipated money matters for real variables.” Véase Thomas Humphrey (1991), Op. Cit., p. 7. 49 Fisher, Op. Cit. p. 502.

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of monetary changes, effects which constitute the core of his theory of the business cycle.” 50

Pero en este mismo trabajo Humphrey da un paso más y concluye que el análisis desarrollado por Fisher en 1911 puede ser entendido como el presagio de la Teoría Austríaca del Ciclo Económico, reconocida actualmente como una de las principales contribuciones de Ludwig von Mises. Explica Humphrey que tal como lo hacen los Austríacos, Fisher observa: 1) desequilibrios monetarios como causa dominante de los ciclos económicos; 2) fluctuaciones económicas como el resultado de las reacciones reales de los shocks monetarios puros; 3) que los cambios en la oferta monetaria generan efectos sobre los precios relativos y sobre la producción real; 4) que esa misma inyección de dinero produce un desequilibrio real sobre la tasa de interés, distorsionando el transmisor de información y des-coordinando la producción; 5) que incluso utiliza las mismas palabras que los Austríacos al hablar de “mal-adjustments” de la tasa de interés, lo que genera mayor demanda de préstamos de parte de los emprendedores y en consecuencia “over-invest” (sobreinversión); 6) que la distorsión en la tasa de interés altera la “estructura intertemporal de la producción” y la composición de la producción; 7) y finalmente que, tal como lo hacen los Austríacos, Fisher reconoce que no tiene sentido hablar de “estados de equilibrio”, sino de la tendencia hasta llegar a él. En sus propias palabras: “Since periods of transition are the rule and those of equilibrium the exception, the [monetary] mechanism... is almost always in a dynamic rather than a static condition.” 51 Más adelante sin embargo, intentaremos demostrar que esta conclusión de Humphrey es más aparente que real, y que el enfoque de Fisher contiene importantes carencias respecto del enfoque austríaco en lo que refiere a la explicación de los ciclos económicos.

50 51

Humphrey (1984), Op. Cit. p. 16. Fisher, Op. Cit. p. 71.

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2.3. Ludwig von Mises, la no neutralidad del dinero y su teoría del ciclo
Uno de los más destacados defensores de la hipótesis de la noneutralidad del dinero ha sido Ludwig von Mises. Para Mises, así como para los pensadores de la Escuela Austríaca de Economía en general, el impacto que produce la política monetaria es siempre noneutral en sus efectos. El primer tratamiento que Mises desarrolla sobre este debate data de 1912, en su “Teoría del dinero y del crédito”. Entonces podríamos afirmar que se produce justamente el corte entre dos importantes etapas de la historia monetaria. Antes de esa fecha quienes creaban medios fiduciarios eran, en forma limitada, los banqueros, “quienes, al ver que sus recibos por cantidades depositadas a la vista solían emplearse como sustitutos monetarios, se lanzaron a prestar a terceros una parte de los fondos que tenían en custodia, buscando con ello su propio beneficio. No creían que encerraba peligro alguno que ese no mantener en sus cajas el total equivalente a los resguardos de depósitos por ellos librados. Estaban convencidos de que nunca les faltaría el numerario líquido necesario para atender sus obligaciones y poder abonar a la vista los billetes que les fueran presentados. El propio funcionamiento del mercado libre e inadulterado transformó los billetes de banco en moneda fiduciaria. La expansión crediticia fue obra de la Banca, no de la autoridad pública.” 52 Pero con posterioridad a esa fecha y hasta la actualidad la expansión crediticia es exclusivamente obra del gobierno (a través de las autoridades monetarias), y de forma ilimitada. “La intervención que en las aventuras expansivas del gobierno tienen los bancos y banqueros privados es meramente técnica y de colaboración. El po-

52 Véase Ludwig von Mises (2001) [1966], La Acción Humana. Tratado de Economía, Unión Editorial SA, 6ta edición, Traducción de Joaquín Reig Albiol, p. 936.

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der público, en la actualidad, regula, ordena, y dirige toda la actividad bancaria. Las autoridades determinan sin apelación la cuantía y circunstancias todas de las operaciones crediticias. Mientras la Banca privada, bajo el signo del mercado no intervenido, tiene rigurosamente limitada su capacidad expansiva, los gobernantes pueden provocar, y efectivamente provocan, una continua y grave expansión del crédito. Esa expansión crediticia es el arma principal con que cuentan en su lucha contra la economía de mercado. Les permite conjurar aparentemente la escasez de capital, reducir el interés y, teóricamente, incluso podrían llegar a suprimirlo totalmente. Sobre esta base financian con la máxima prodigalidad el gasto público, expropian a los capitalistas, alimentan euforias alcistas aparentemente inacabables y, según dicen, hacen próspero a todo el mundo.” 53 Esta situación histórica es la que ubica a Mises en el centro de un escenario monetario internacional jamás visto hasta entonces. Por lo dicho, no es casual que haya sido el mismo Mises, a través de este tratado monetario, el primero en anticipar los efectos que la política monetaria y crediticia expansiva necesariamente provocarían a largo plazo, y que históricamente se traslucieron en la gran depresión de los años 1930. 54 Como correctamente concluye Mises “las inexorables consecuencias de la expansión crediticia son las que la teoría del ciclo económico prevé” y que comentaremos más adelante.

2.3.1. Los tres argumentos de Mises sobre la No Neutralidad del dinero
Pero veamos primero los tres argumentos expuestos por Mises en 1912 a favor de la no neutralidad del dinero en el largo plazo. En

Mises, La Acción Humana , Op. Cit. p. 936-937. Véase Mark Skousen (1993), Who predicted the 1929 Crash?, The Meaning of Ludwig von Mises, Jeffrey M. Herbener (ed.), Kluwer Academic Publishers, Amsterdam 1993, pp. 247-284.
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el primero vemos que para Mises el dinero nunca puede ser neutral por definición:
“I wish to emphasize that in a living and changing world, in a world of action, there is no room left for a neutral money. Money is non-neutral or it does not exist.” 55

El segundo ya ha sido expuesto con anterioridad cuando nos introdujimos en las contribuciones de Cantillon y Cairnes en la materia:
“Como el aumento de la cantidad de dinero se recibe en primer lugar únicamente por un limitado número de agentes económicos, y no por todos, el aumento de los precios afecta al principio solamente a aquellos bienes que demandan estas personas; más aún: afecta a estos bienes en mayor medida que posteriormente a cualquier otro bien. Cuando el aumento de los precios se extienda ulteriormente, si el aumento en la cantidad de dinero es sólo un fenómeno transitorio, el aumento diferencial de los precios de estos bienes no podrá mantenerse totalmente: tendrá lugar un cierto grado de reajuste. Pero este reajuste en el aumento de los precios no será tan completo como para que todos los precios aumenten en la misma proporción. Los precios de las mercancías después de un alza de precios no guardarán entre sí la misma relación que tenían con anterioridad; la disminución en el poder adquisitivo del dinero no será uniforme con relación a los diferentes bienes económicos.” 56

55 Ludwig von Mises (1990), Money, Method and Market Process, Selected by Margit von Mises and edited with an introduction by Richard M. Ebeling, Auburn, Alabama: The Ludwig von Mises Institute, Norwell, Mass.: Kluwer Academic Publishers, 1990. See chapter 5: “The Non-neutrality of Money” (1938). 56 Véase Ludwig von Mises (1997) [1912], La Teoría del Dinero y del Crédito, Unión Editorial SA, Traducción de Juan Marcos de la Fuente, p. 114-115.

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Y el tercero sirve para esclarecer aún más la cuestión:
“Incluso suponiendo que, de una u otra forma […] aumentara la cantidad de dinero de cada individuo de tal modo que su posición relativa con respecto a los demás propietarios permaneciera inalterada, no es difícil probar que las variaciones subsiguientes en el valor de cambio objetivo del dinero no serían proporcionales a las variaciones en su cantidad. […] Si el poseedor de a unidades de dinero recibe b unidades adicionales, no se puede decir que valorará la cantidad total a + b exactamente en la misma medida en que había valorado con anterioridad la cantidad a solamente. Porque teniendo ahora a su disposición una cantidad mayor, valorará cada unidad en menos que lo hizo antes; pero en cuánto menos dependerá de una serie de circunstancias individuales, de valoraciones subjetivas, que serán diferentes para cada individuo.” 57

Resumiendo, en Mises “nada justifica la extendida creencia de que las variaciones en la cantidad de dinero producen variaciones inversamente proporcionales en el valor de cambio objetivo del dinero, esto es, que una duplicación de la cantidad de dinero se traduce en una reducción a la mitad en el poder adquisitivo del mismo.” 58 Varias años después, en su Tratado de Economía, escribía:

Mises, La Teoría del Dinero y del Crédito, Op. Cit. p. 116. Y no se refiere Mises únicamente al análisis de Hume. “Mill supone, no menos artificiosamente que Hume, que ‘a cada libra, a cada chelín, o penique en posesión de un individuo, se añaden de repente otra libra, chelín o penique.’ Mill no advierte que incluso en este caso no se producirá un aumento uniforme de los precios, aún suponiendo que permanezca constante para cada miembro de la comunidad la proporción entre la cantidad de dinero y la riqueza total, de tal forma que la adición de una cantidad de dinero suplementaria no tenga como resultado una alteración de la riqueza relativa de los individuos. Porque, aún en este caso totalmente imposible, todo aumento en la cantidad de dinero produciría necesariamente una alteración en las condiciones de la demanda cuyo resultado sería un aumento desigual en los precios de los bienes económicos individuales. No todas las mercancías serían demandadas con mayor intensidad, ni las más
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“¿Se puede pensar en una situación en que las variaciones del poder adquisitivo del dinero afecten al mismo tiempo y en el mismo grado a todas las mercancías y servicios proporcionalmente a los cambios registrados en la demanda o la oferta dineraria? En otras palabra, ¿es posible que el dinero sea neutro en un sistema económico que no sea el de la imaginaria construcción de la economía de giro uniforme? Esta interesante cuestión podemos calificarla como el problema de Hume y Mill. [...] Es claro que el interrogante debe resolverse negativamente.” 59

2.3.2. Mises y la Teoría Austríaca del Ciclo Económico
Mises introducía así el primer elemento de su “teoría del ciclo económico” 60, una teoría que desarrolló sobre la base del aporte mencionado, esto es la forma “desagregada” de cómo el dinero se introduce en la economía y los efectos reales y “no neutrales” que genera, además de las contribuciones de su maestro Eugen Böhm Bawerk sobre la “Teoría del Capital” y de Knut Wicksell sobre la “tasa de interés natural”. Sintéticamente, esta “teoría del ciclo” nos enseña que el origen de las fluctuaciones debemos buscarlo en la inyección monetaria y crediticia practicada por la autoridad monetaria. 61
intensamente demandadas serían afectadas en el mismo grado.” Véase Mises, La Teoría del Dinero y del Crédito, Op. Cit. p. 115. 59 Mises, La Acción Humana, Op. Cit. p. 500 (La cursiva es nuestra). 60 En otro lugar he desarrollado ampliamente la Teoría Austríaca del Ciclo Económico tanto bajo el desarrollo verbal de las contribuciones de Mises, Hayek y Rothbard, como a través del moderno desarrollo gráfico de Roger Garrison. Véase Adrián O. Ravier, (2005), Formación de Capital y Ciclos Económicos. Una introducción al análisis macroeconómico, Revista Académica Libertas No. 43, Edición semestral de ESEADE, Buenos Aires. 61 En este sentido, concluye Mises: “Las continuas alzas y bajas de la actividad económica, la inevitable secuencia de auges y depresiones, son los insoslayables efectos provocados por los reiterados intentos de rebajar el interés bruto de mer-

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Para demostrarlo Mises tomaba de su maestro la teoría del capital, esto es el énfasis de que todo proceso de producción tiene lugar en un marco de tiempo y que cualquier proyecto de inversión debía llevarse adelante a través de los empresarios (en sentido general), quienes guiados por ciertas señales del mercado como el sistema de precios y la tasa de interés bruta, asignaban los recursos lo más eficientemente posible en diversas etapas del proceso productivo. Asimismo Mises también se apoyó sobre el aporte de Wicksell al diferenciar entre una tasa de interés natural y una tasa de interés monetaria. La inyección de medios fiduciarios produciría entonces una distorsión en estas señales, lo que daría lugar a una mala inversión. Para decirlos más claramente, sin una reducción “artificial” de la tasa de interés (que la llevará por debajo de su nivel natural) y sin la distorsión de los precios (no del nivel general de precios, sino de los precios relativos), ambos provocados por la inyección de medios fiduciarios, algunos de los proyectos de inversión que ahora se encaran jamás hubieran sido emprendidos. Nótese también que la tasa de interés relativamente más baja permite a los empresarios aumentar sus expectativas de ganancia emprendiendo proyectos de inversión temporalmente más prolongados, como puede ser la producción de bienes de capital, en detrimento de la producción de los bienes de consumo, alargando “artificialmente” la estructura productiva. Estos proyectos de inversión a su vez han creado puestos de trabajo en el sector de bienes de capital que sólo pueden perdurar en el tiempo en la medida en que la inyección monetaria y crediticia siga su curso y la tasa de interés mantenga su nivel artificial.

cado mediante la expansión crediticia. No hay forma de evitar el colapso final de todo auge desatado a base de expansión crediticia. Tan sólo cabe optar entre provocar más pronto la crisis poniendo fin voluntariamente a la expansión crediticia o dejar que, por sí solos, el desastre y la ruina total del sistema monetario se produzcan algo más tarde.” Véase Ludwig von Mises, La Acción Humana, Op. Cit. p. 678.

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Sin embargo, tarde o temprano esta situación se hace insostenible cuando aparece el “riesgo inflacionario”, y el sistema monetario se ve imposibilitado de mantener en el tiempo la “artificialmente” baja tasa de interés. Mises señala que “ciertamente, los bancos pueden aplazar el colapso del mercado; pero, como ya hemos dicho, llegará un momento en que ya no será posible seguir aumentando la circulación de medios fiduciarios. Entonces se producirá la catástrofe, con las peores consecuencias, y la reacción contra la tendencia alcista del mercado será tanto más fuerte cuanto más largo haya sido el período durante el cual el tipo de interés de los préstamos estuvo por debajo del tipo natural de interés y cuanto mayor haya sido el alargamiento de los procesos indirectos de producción no justificados por la situación del mercado de capital.” 62 Cuando cesa la expansión de medios fiduciarios, comienza la segunda etapa del ciclo, donde las consecuencias de la primera etapa se invierten, mutatis mutandis. Recordemos también que una de las lecciones más reconocidas a esta teoría es el hecho de que uno no puede evitar los efectos que sobrevendrán en esta segunda etapa del ciclo. Aquí sólo cabe prevenir la crisis, evitando emprender aquel proceso de expansión monetaria y crediticia.

2.3.3. Mises y sus críticas a Fisher
Debemos dedicar una sección aparte para tratar los debates entre Fisher y Mises sobre los puntos hasta aquí presentados. De esta manera, intentaremos demostrar que lo que parecen ser importantes semejanzas entre ambos autores, en realidad son diferencias irreconciliables. Por un lado, haremos una breve referencia de Mises sobre la teoría cuantitativa de Fisher y sus intentos por demostrar el efecto neutral de la expansión de la oferta monetaria. Por otro, en un intento de respuesta a la conjetura de Thomas Humphrey citada más
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Mises, La Teoría del Dinero y del Crédito, Op. Cit. p. 338.

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arriba, repasaremos las diferencias sustanciales entre lo que podríamos denominar la teoría del ciclo económico de Fisher, y la teoría austríaca del ciclo económico que recién repasamos. En este punto también haremos una breve referencia a la “teoría anti-deflacionista” de Fisher que, como veremos, lleva a la recomendación de políticas monetarias diametralmente opuestas a las que propusiera Mises.

2.3.3.1. Mises vs. la teoría cuantitativa de Fisher
Ya hemos introducido algunas críticas de Mises a las nociones de neutralidad del dinero de Hume y Mill. Sin embargo, en su Teoría del Dinero y del Crédito de 1912, Mises introduce también una crítica a un trabajo de Fisher y Brown 63 respecto de tres ejemplos que estos dos autores presentan a favor de la hipótesis de la neutralidad del dinero. En el primer caso Fisher y Brown parten del supuesto de que el gobierno cambia la denominación del dinero, esto es, que lo que antes se llamaba medio dólar se llama ahora un dólar. Es evidente, dicen, que esto producirá un aumento en el número de dólares en circulación y que los precios con relación a los nuevos dólares habrán de ser dos veces superiores a los anteriores. Pero afirma Mises: “Fisher y Brown pueden llevar razón en esto, pero no en las conclusiones que quieren deducir de ello. Lo que su ejemplo efectivamente supone no es un aumento en la cantidad de dinero, sino simplemente una alteración en su nombre. ¿En qué consiste realmente el ‘dinero’ a que este ejemplo se refiere? ¿Al material de que está hecho el dólar, al título que lleva aparejado el dólar, al material usado como dinero divisionario, o a la palabra dólar?” El segundo caso es indiferente del primero. Aquí se supone que el gobierno divide cada dólar en dos acuñando un nuevo dólar de

63 Véase Fisher y Brown, The Purchasing Power of Money, Nueva York, 1911, pp. 28ss, 157ss.

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cada mitad. También aquí lo único que se produce es un cambio de nombre. El tercer caso sin embargo, trata al menos un verdadero aumento de la cantidad de dinero. Suponen que el gobierno da a todos los individuos un dólar extra por cada dólar que poseían. Pero afirma Mises, que “este ejemplo es tan artificioso y confuso como el de Hume y Mill, de los cuales nos hemos ocupado ya con algún detenimiento […] Ya demostramos en otro lugar que, aún en este caso, no puede producirse un cambio proporcional en el valor de cambio objetivo del dinero.”

2.3.3.2. Mises vs. la teoría de los ciclos económicos de Fisher
Existen al menos tres puntos que diferencian la teoría del ciclo de Mises de la de Fisher. En primer lugar, como hemos visto, Mises desarrolló su teoría del ciclo sobre la base de los aportes de su maestro Eugen von Böhm Bawerk en lo que a la teoría del capital se refiere. Si bien José Antonio de Aguirre, en la introducción a la edición española de la “Teoría del dinero y del crédito” afirma que “se han exagerado las discrepancias entre Fisher y Böhm Bawerk” 64 creo que un estudio detallado de las obras de ambos intelectuales nos llevará a la conclusión de que una de las principales discrepancias entre la macroeconomía de Chicago (sucesora de los trabajos de Fisher) y de la macroeconomía de Viena (sucesora de los trabajo de Böhm Bawerk) obedece en gran parte a las diferencias sustanciales de la concepción de la teoría del capital que guardaban estos dos economistas. Mientras que Mises continuó con fidelidad y consistencia el trabajo de su maestro, Fisher fue un fiel seguidor de la teoría del capital defendida por John Bates Clark (1847-1938), profesor de Economía en la Universidad de Columbia en Nueva York, “cuya enérgica reacción antisubjetivista en el campo de la teoría del capital

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Mises, La teoría del dinero y del crédito, Op. Cit. p. lxi, nota al pie 28.

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y del interés aún hoy en día sigue siendo la base sobre la que se apoya todo el edificio neoclásico-monetarista”. 65 “En efecto”, afirma Huerta de Soto, “la producción y el consumo son simultáneas, sin que existan etapas en el proceso productivo ni la necesidad de esperar tiempo alguno para obtener los correspondientes resultados de los procesos de producción. Clark considera que el capital es un fondo permanente que de manera ‘automática’ genera rendimientos en forma de interés. Para Clark, cuanto mayor sea este fondo social que constituye el capital, más bajo será el interés, sin que éste se vea afectado para nada por el fenómeno de la preferencia temporal.” 66 Fruto de la concepción de Clark, y también de Fisher 67 sobre el capital y el interés, es que en la actualidad algunos economistas sostienen que el interés viene determinado por la “productividad marginal”, concepción ya refutada por el mismo Böhm Bawerk en su obra “Capital e Interés”. Böhm Bawerk señaló con acierto que las teorías basadas en la productividad no son sino un resto de la concepción objetivista del valor, de acuerdo con la cual éste vendría determinado por el coste histórico incurrido en el proceso productivo de los diferentes bienes y servicios. En segundo lugar, y como hemos presentado arriba, Mises defendió sin reparos la no neutralidad del dinero, esto es defendió la hipótesis no sólo para el corto plazo, sino también para el mediano y el largo plazo. Es cierto sin embargo que Fisher aceptó cierto efecto
65 Véase Jesús Huerta de Soto (1998), Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos, Unión Editorial SA, Madrid, España, Cap. VII: “Críticas a la teoría monetarista y keynesiana”, p. 400. 66 Huerta de Soto, Op. Cit. pp. 400-401. 67 Fisher también defendió la tesis de que el capital es un “fondo”, de la misma manera que la renta es un “flujo”, dando con ello respaldo al punto de vista marcadamente “macroeconómico” y de equilibrio general que había iniciado Clark. Véase Irving Fisher (1906), The Nature of Capital and Income, Macmillan, Nueva York, 1906 y también What is Capital, publicado en el Economic Journal, No. 6, diciembre de 1896, pp. 509-534. Ambos trabajos son citados por Huerta de Soto (1998), Op. Cit. p. 403.

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real sobre la actividad económica y el empleo, e incluso hizo alguna referencia a la distorsión de los precios relativos, pero también debemos reconocer que Fisher no logró integrar en su teoría del ciclo la distorsión sobre los precios relativos como sí lo hizo Mises. Por otra parte, si bien las conclusiones a las que llegan ambos en el corto plazo son similares, debemos afirmar que lo son más por “casualidad” que por “causalidad”. Fisher argumenta que la no neutralidad del dinero obedece sólo al hecho de que los cambios en la oferta monetaria son sólo parcialmente anticipados, y como resultado, los contratos de insumos y mano de obra no terminan de incorporar por completo la tasa promedio de los cambios en los precios de los insumos y en la negociación de salarios. En consecuencia, los costos se retrasan respecto de los precios de venta, creando temporalmente diferencias reales en los beneficios económicos. Los austríacos por su parte, y en particular Mises, insistieron en que el dinero no sería neutral en sus efectos incluso si los precios de los insumos y los salarios fueran tan flexibles como los precios de venta e incluso si los participantes del mercado pudieran anticipar completamente los cambios en la tasa promedio del nivel general de precios como lo mide el índice de precios. Y en tercer lugar, debemos señalar que la creencia de Fisher de que “la deflación es dañina” lo ha llevado a recomendar políticas diametralmente opuestas a las que Mises ha presentado en general, y que se desencadenan justamente de la mencionada Teoría Austríaca del Ciclo Económico. Mientras que Mises, a lo largo de toda su obra, ha defendido distintas políticas encaminadas a abolir el sistema de banca central sea mediante un patrón oro, la completa libertad bancaria o incluso la aplicación de un coeficiente de caja del 100 por cien 68, Fisher
Afirmaba Mises en su Teoría del Dinero y del Crédito de 1912: “Es evidente que la única manera de eliminar la influencia humana sobre el sistema crediticio es suprimir toda ulterior emisión de medios fiduciarios. La idea básica de la ley de Peel mantiene su vigencia, debiéndose incluir la emisión de crédito en forma de saldos
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defendió la capacidad de la política monetaria para estimular la economía. Tal como sostenían los Clásicos, la gran mayoría de los economistas en la actualidad, como los economistas de Chicago, la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal de Estados Unidos, la plana mayor del Banco Central Europeo y casi todos los colegas japoneses, temen la deflación. De Long afirma que esto se debe a que “se retrotraen mentalmente al pensamiento económico de más de medio siglo atrás, cuando los economistas infirieron que la única táctica contra la deflación era evitarla como a la peste.” 69 Quizás debamos retrotraernos aun más, hasta la obra de David Hume, cuando anticipándose a la Regla Monetaria de Friedman “solicita al gobierno asegurarse que la oferta de dinero fuese siempre en aumento, aunque fuera en forma moderada”. Al margen de este debate, el primero en formular este “miedo a la deflación” fue Irving Fisher, tras observar los sucesos históricos de la Gran Depresión, y en particular “la gran deflación” ocurrida entre 1929 y 1933. Fue el mismo Fisher en su The Purchasing Power of Money (1911) quien convirtió la clásica observación de la teoría cuantitativa de una teoría a un mecanismo que podía y debía ser manipulado para estabilizar el valor del dinero. En esta teoría Fisher proponía la existencia de un sistema de banca central que a través de la política monetaria estabilice un “índice de precios”. A su vez, en su “debt-deflation theory” de 1933, Fisher afirma que los gobiernos podían prevenir las depresiones profundas evitando la deflación, es decir, la declinación constante de los precios. La deflación proporcionaba a empresas y consumidores fuertes incentibancarios en la prohibición legislativa de una manera aún más completa que en la Inglaterra de su tiempo.” Y añade Mises: “Sería un error suponer que la moderna organización del cambio tendrá que seguir existiendo. Lleva en sí misma el germen de su propia destrucción; el desarrollo de los medios fiduciarios la llevará infaliblemente a la quiebra.” Véase Huerta de Soto (1998), Op. Cit. p. 558. 69 J. Bradford De Long (2003), Los espectros de las economías pretéritas, La Nación, 6 de enero de 2003.

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vos para reducir los gastos y atesorar el efectivo. Reducía la capacidad de compañías y bancos de atender a sus deudas y podría desencadenar una serie de grandes bancarrotas que, al destruir la confianza en el sistema financiero, incitarían aún más a guardarse el dinero. Semejantes incentivos a acumular billetes, en vez de gastarlos, pueden mantener una demanda baja y descendente, y una desocupación alta y ascendente, por un lapso mucho mayor que el que osó imaginar el político o economista más partidario del laissez faire. En palabras del mismo Fisher:
“Debt deflation leads to distress selling and to Contraction of deposit currency, as bank loans are paid off (…). This (…) causes A fall in the level of prices, in other words a swelling of the dollar. Assuming (…) that this fall of prices is not interfered with by reflation or otherwise, there must be A still greater fall in the net worth of business, precipitating bankruptcies and A like fall in profits, which in a ‘capitalistic’ that is, a privateprofit society, leads the concerns which are running at a loss to make A reduction in output, in trade and in employment of labor.” 70

De esta teoría se desprende la solución activa y discrecional de Keynes aplicando, en el marco del modelo IS-LM, políticas monetarias y fiscales expansivas, o bien la solución activa de Friedman, basada en “reglas monetarias”. El objetivo común entre keynesianos y monetaristas es evitar la deflación. Mises en particular, y seguramente la gran mayoría de los austríacos en general, en el marco del debate “reglas vs. discrecionalidad” entiendo que adoptarán una posición de “ni reglas, ni discrecionalidad”, debido a que representan la única Escuela que no apoya la existencia de una “autoridad monetaria”. Aun así, como veremos más adelante, Hayek era sumamente claro en cuanto a las
70 Irving Fisher (1933), The Debt-Deflation Theory of Great Depressions, Econometrica, 1, pp. 337-357, October 1933, pp. 341-342.

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alternativas que la autoridad monetaria podía tomar, una vez que la economía se veía inmersa en un proceso de continua expansión. En su “campaña contra la inflación keynesiana” (y podríamos decir también en su “campaña contra la anti-deflación de Fisher”) Hayek afirma que:
“Tenemos un solo camino para elegir entre tres posibilidades: (1) permitir que una inflación sin límites y rápidamente acelerada continúe hasta originar una completa desorganización en toda la actividad económica; (2) imponer un control de salarios y precios que durante un tiempo oculte los efectos de una continua inflación pero que, inevitablemente, conducirá a un sistema económico centralista y totalitario; (3) y finalmente, la conclusión categórica del aumento de la cantidad de dinero, que pronto, en virtud de la aparición del desempleo, pondrá de manifiesto todos los errores de la conducción laboral que la inflación de años anteriores hubiese determinado y que los otros dos procedimientos, mencionados anteriormente, habrían contribuido a aumentar.” 71

Friedrich A. von Hayek (1981) [1978], Nuevos estudios en filosofía, política, economía e historia de las ideas, Editorial Universitaria de Buenos Aires, EUDEBA. Traducción de “New studies in Philosophy, Politics, Economics and the History of Ideas” (1978) por María Isabel Alves y Denise Rivero, p. 171. Cabe aclarar sin embargo, que el mismo Hayek ha defendido en alguna ocasión la política de reinflación, pero a nuestro juicio, lo hizo siempre por una cuestión política y nunca económica. La siguiente cita puede ser ilustrativa al respecto: “Puede haber situaciones desesperadas en las que resulte necesario aumentar el empleo a toda costa aun cuando sólo sea por un corto período. Trances como el que el doctor Brüning hubo de afrontar en Alemania en 1932, justifican medidas desesperadas. Pero el economista debe dejar bien sentado que buscar el máximo de empleo obtenible a corto plazo mediante la política monetaria no es sino el arbitraje del desesperado que nada tiene que perder y sólo pretende conseguir un respiro”. Véase la conferencia titulada “internacional Money”, pronunciada el 25 de septiembre de 1975 en Lausana (Suiza) ante el Geneva Gold and Monetary Conference. En Friedrich A. von Hayek (1975), ¿Desempleo o Inflación?, Unión Editorial, p. 79.
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Creo que debemos distinguir entre dos diferentes tipos de deflación. 72 El primero es el que surge “naturalmente” del proceso de mercado y que ocurre cuando hay aumentos de productividad sea porque los empresarios encuentran nuevas formas de hacer su trabajo, descubren nuevas tecnologías o hacen más eficientes sus procesos de producción. Esto necesariamente lleva los precios hacia abajo dando lugar a un proceso deflacionario que en última instancia incrementa el salario real de todos los individuos. Éste es un proceso sano, positivo, contra el que desde luego no debemos luchar. El segundo, es el proceso que surge en la etapa final de la teoría austríaca del ciclo económico. Aquí la deflación podemos denominarla como un “ajuste de mercado” que viene a corregir los errores previamente provocados por un proceso de expansión monetaria y crediticia. En pocas palabras, este segundo caso de deflación viene a ajustar la “sobreinversión” que emergió cuando tuvo lugar la política monetaria expansiva con su consecuente distorsión de los precios relativos. Este punto que Fisher advierte, pero que no es central en su teoría del ciclo, es el que en definitiva le impide observar que la deflación es siempre un proceso favorable para la economía. Como destacamos en otra oportunidad: “Ambos procesos son favorables para la actividad económica, pero mientras el primero es bien recibido ya que implica un aumento del salario real, el segundo, es acompañado por el sufrimiento de la población. En este último caso, lo que se produce es el re-ajuste de precios y la reasignación de recursos necesaria para acomodar la economía a lo que realmente representan las variables económicas subyacentes. Aquí no cabe otra salida. Una vez que el gobierno incurrió en una política monetaria expansiva los resultados serán inevitables.” 73

Véase Joseph Salerno (2002), An Austrian Taxonomy of Deflation with Applications to the U.S., Quarterly Journal of Austrian Economics 6 (4): 81-109. 73 Krause, Zanotti, Ravier (2007), Elementos de Economía Política, Editorial LA LEY, Buenos Aires, agosto de 2007, p. 517.
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Y para terminar esta segunda parte debemos decir algo sobre la Gran Depresión de los años ´30. Si Fisher finalmente hubiera anticipado, al menos parcialmente, lo que hoy conocemos como la teoría austríaca del ciclo económico: ¿por qué falló en comprender que lo que estaba ocurriendo inevitablemente tendría como desenlace esta gran crisis? ¿Por qué Mises anticipó la crisis y Fisher perdió una gran fortuna invirtiendo en la Bolsa? Estas son preguntas que pueden ayudarnos a resolver la cuestión. TERCERA PARTE: EL ESTADO ACTUAL DEL DEBATE Si bien Friedrich A. von Hayek y Milton Friedman nunca tuvieron una relación de amistad, en varias oportunidades se han preocupado por demostrar la admiración mutua que se tenían. Por un lado, en su obra Capitalism and Freedom (1962) Friedman escribió que debe “la filosofía expresada en este libro y gran parte de sus detalles a sus maestros, colegas, y amigos de la Universidad de Chicago: Frank H. Knight, Henry C. Simons, Lloyd W. Mints, Aaron Director, Friedrich A. Hayek, George J. Stigler.” Sobre Hayek en particular, se consideraba “un enorme admirador”, pero no por su análisis económico, sino por su filosofía política. Friedman rechazaba la teoría del capital que defendía Hayek, así como los ensayos publicados en “Precios y Producción” (1931), y sin embargo consideraba “Camino de Servidumbre” (1944) uno de los mejores libros de todos los tiempos. Hayek por su parte, afirmaba que “Milton y él estaban de acuerdo en casi todo, con la excepción de la política monetaria.” Explicaba que “Milton piensa en términos de estadísticas, agregados y del nivel general de precios, no advirtiendo que en realidad la inflación [entendida como inyección de medios fiduciarios] produce una distorsión de la estructura de los precios relativos, lo que finalmente lleva al desempleo.”

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En esta tercera parte del trabajo ahondaremos justamente en la concepción de ambos economistas sobre los dos únicos tópicos que los separa: la política monetaria y la metodología de análisis. Estudiar las posiciones de estos dos economistas nos permitirá visualizar el estado actual del debate.

3.1. Milton Friedman
Así como la Escuela Austríaca de Economía ha sido la responsable a través de los escritos de Ludwig von Mises y Friedrich A. von Hayek de remarcar la “imposibilidad del cálculo económico en el socialismo” y con ello rescatar el liberalismo clásico, la Escuela de Chicago ha sido la responsable de terminar con el predominio que por unos treinta años, desde 1945, tuvo el keynesianismo. Si debemos ungir a un líder de esta reacción teórica y empírica anti-keynesiana éste fue sin dudas Milton Friedman. Richard Ebeling destaca, entre muchos otros, que “Milton Friedman, con coraje, determinación e integridad intelectual fue contra la marea y, junto con sólo unos pocos, tuvo éxito en detener el avance creciente del gobierno sobre el control de la sociedad.” 74

3.1.1. La contrarrevolución monetarista
Este ataque dio como resultado un suceso que en la historia del pensamiento económico será recordado como la “contrarrevolución monetarista.” El mismo Milton Friedman se ocupa de explicarlo:
“Una contrarrevolución debe ser precedida por dos etapas: una posición inicial desde la que se dio una revolución, y la revolución. […] Llamaré a la posición inicial la teoría cuantitativa del dinero a la que asociaré en gran medida con
74 Richard Ebeling (2006), Milton Friedman and the Chicago School of Economics, The Freeman, Foundation for Economic Education, diciembre de 2006, p. 3.

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el nombre de un economista norteamericano, Irving Fisher, aunque es una doctrina a la que hicieron también aportes muchos importantes economistas británicos. La revolución, como todos ustedes saben, la hizo Keynes en la década de 1930. Keynes mismo era un teórico cuantitativista, de modo que su revolución se dio, de hecho, desde dentro del sistema dominante. […] La contrarrevolución también necesita un nombre y quizás el que más se utiliza para referirse a la misma sea el de ‘la Escuela de Chicago’.” 75

Hasta los años 1930 el análisis de Fisher sobre la teoría cuantitativa del dinero era ampliamente aceptado, y no se dudaba que la política monetaria era el instrumento primordial para estabilizar la economía. Pero la Gran Depresión destruyó la credibilidad en la teoría cuantitativa del dinero, porque se interpretó que demostraba que la política monetaria era ineficaz, al menos para enfrentar una caída en la actividad económica. Sostiene Friedman sin embargo que:
“Keynes no negó la ecuación cuantitativa de Irving Fisher. Dijo otra cosa. Dijo que, aunque por supuesto MV es igual a PT, la velocidad, en vez de ser altamente estable, es muy adaptable. Si aumenta la cantidad de dinero, lo que sucederá simplemente, según dijo Keynes, es que disminuirá la velocidad de circulación del dinero y no sucederá nada con los precios o la producción en el otro término de la ecuación. Correspondientemente, si algo modifica hacia arriba el término a la derecha de la ecuación, PT o los ingresos, sin un

Milton Friedman (1970), La contrarrevolución en la teoría monetaria, Primera conferencia del ciclo Wincott, pronunciada en la Senate House de la Universidad de Londres el 16 de septiembre de 1970, publicada originalmente como IEA Occasional Paper No. 33. Versión en español publicada en el libro “La Economía Monetarista”, de Milton Friedman, Editorial Gedisa, p. 13.
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incremento en la cantidad de dinero, todo lo que sucederá es que aumentará la velocidad. En otras palabras, según dijo, la velocidad va donde la lleva el viento. Se mueve en una u otra dirección respondiendo a los cambios en la cantidad de dinero o en los ingresos. La cantidad de dinero, por tanto, es de importancia menor. […] Lo que importa, según Keynes, no es la cantidad de dinero. Lo que importa es la parte del gasto total que es independiente de los ingresos corrientes, lo que se ha dado en llamar gasto autónomo y que en la práctica se identifica en gran medida con las inversiones de las empresas y los gastos del Estado.” 76

Keynes por tanto, desvió la atención del papel que cumple el dinero y su relación con el flujo de ingresos, y la dirigió hacia la relación entre dos flujos de ingreso, el que corresponde al gasto autónomo y el que corresponde al gasto inducido. Emergía así el keynesianismo con importantes implicancias para la política económica. Su única función era ahora mantener bajas las tasas de interés, tanto para reducir la presión sobre el presupuesto estatal en lo referido al pago de intereses por sus deudas, como por el hecho de que podía tener un efecto de estímulo sobre las inversiones. De esta implicancia de la doctrina vino la política de dinero fácil que se aplicó en un país tras otro luego de la Segunda Guerra Mundial. Una segunda implicancia de la doctrina era que la estabilidad económica no podía depender fundamentalmente de la política monetaria, como pensaban los teóricos cuantitativos, sino de la política fiscal, es decir, de la variación de las tasas de gasto e impuesto del gobierno. Pero como ocurre muchas veces, más o menos para el momento en que las ideas de Keynes triunfaban en la práctica, estaban perdiendo su influencia en las mentes de los estudiosos en las universidades. Por un lado, a la Segunda Guerra Mundial le siguió el problema de
76

Friedman, Op. Cit. pp. 18-19.

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una inflación creciente. Por otro, Friedman desarrollaba un estudio empírico junto a Anna Schwartz sobre lo que entendían realmente ocurrió en la Gran Depresión. No había sido la política monetaria en sí la causante de la crisis, sino la “mala” política monetaria la que causó la Gran Depresión. Explica Friedman que entre 1929 y 1933 se redujo la cantidad de dinero en un tercio, lo que hizo que la depresión sea mucho más prolongada y seria de lo que hubiera sido de otro modo. “De 1930 a 1933, se dejó que siguieran su curso una serie de corridas y quiebras bancarias porque la Reserva Federal no aportó liquidez al sistema bancario, que era una de las principales funciones que los diseñadores del sistema de la Reserva Federal querían que cumpliera. Quebraron bancos porque el público, temiendo por la seguridad de sus depósitos, buscó convertirlos en moneda corriente. Es literalmente imposible que todos los depositantes hagan eso en un sistema de encaje, a menos que haya alguna fuente adicional de dinero. El sistema de la Reserva Federal fue creado en 1913 en respuesta al pánico bancario de 1907, primordialmente para aportar liquidez adicional en momentos de presión sobre los bancos. En 1930-33 el sistema no lo hizo, y no lo hizo pese al hecho de que había mucha gente dentro del sistema que le reclamaba que lo hiciera y que reconocía que ésta era su función correcta.” Concluye Friedman que si Keynes “hubiese conocido los hechos de la Gran Depresión como los conocemos ahora, no podría haber interpretado ese episodio como lo hizo.” 77

3.1.2. Proposiciones claves de Friedman y el monetarismo
A modo de síntesis presentamos a continuación diez proposiciones que consideramos claves o centrales en esta contrarrevolución y que se desprenden de la obra completa de Friedman:

77

Op. Cit. pp. 22-23.

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1. Hay una relación coherente, aunque no precisa, entre la tasa de crecimiento de la cantidad de dinero y la tasa de crecimiento del ingreso nominal. 2. Esta relación no se hace evidente a simple vista porque los cambios en el crecimiento monetario tardan en afectar el ingreso. 3. En promedio, un cambio en la tasa de crecimiento monetario produce un cambio en la tasa de crecimiento nominal entre los 6 y 9 meses más tarde. Friedman analizó los casos de Japón, India, Israel, Los Estados Unidos. Algunos estudiantes han investigado los casos de Canadá y de una cantidad de países sudamericanos. No importa qué país se estudie, generalmente hay una demora de 6 a 9 meses. 4. Los cambios en la tasa de crecimiento del ingreso nominal típicamente se reflejan antes en la producción y casi nada en los precios. 5. En promedio, el efecto sobre los precios viene entre 6 y 9 meses después del efecto sobre el ingreso y la producción, así que la demora total entre un cambio en el crecimiento monetario y un cambio en la tasa de inflación (entendida como suba sostenida y generalizada de los precios) es en promedio de 12 a 18 meses. De aquí Friedman deduce que la escalada de precios no se puede detener de la noche a la mañana. 6. Incluso tomando en cuenta la demora en el efecto del crecimiento monetario, la relación está lejos de ser perfecta. Los cambios en el corto plazo no son “proporcionales”. 7. En el corto plazo, que puede ser cinco o diez años, los cambios monetarios afectan primordialmente la producción. Por el otro lado, midiendo por décadas, la tasa de crecimiento monetario afecta primordialmente a los precios. 8. De las proposiciones que presentamos hasta aquí se deduce que la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario en el sentido de que es y sólo puede ser producida por un aumento más rápido de la cantidad de dinero que de la producción.

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9. El gasto gubernamental puede o no ser inflacionario. Lo será en la medida en que sea financiado con la creación de dinero, es decir imprimiendo moneda o creando depósitos bancarios. De otra forma, no tendrá relación. 10. Los cambios en la cantidad de dinero afectan las tasas de interés en una dirección al principio, pero más tarde en la dirección opuesta. El crecimiento monetario más rápido al principio tiende a bajar las tasas de interés. Pero más tarde, a medida que aumenta el gasto y estimula la subida inflacionaria de precios, también produce un aumento en la demanda de préstamos, lo que tenderá a aumentar las tasas de interés. Esa es la razón por la cual a nivel mundial las tasas de interés son más bajas en los países que han tenido la tasa de crecimiento más lenta en la cantidad de dinero —países como Suiza y Alemania—.

3.1.3. Regla Monetaria vs. Discrecionalidad
Sobre la base de las proposiciones presentadas Friedman concluye que “las variaciones amplias en la tasa de cambio de la cantidad de dinero son desestabilizadoras y deben evitarse.” 78 Algunos monetaristas concluyen que los cambios deliberados que las autoridades ejercen en la tasa de crecimiento monetario pueden ser útiles para contrarrestar otras fuerzas que llevan a la inestabilidad, siempre que sean graduales y tomen en cuenta los retrasos que se producen. Estos partidarios de la “discrecionalidad” defienden el ajuste fino y están a favor de utilizar cambios en la cantidad de dinero como instrumento político. Otros monetaristas, como Friedman, concluyen que la actual comprensión de la relación entre el dinero, los precios y la producción es tan pobre, que hay un margen tan amplio en estas relaciones, que tales cambios discrecionales hacen más daño que bien.

78

Friedman, Op. Cit. p. 31.

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“Creemos” explica Friedman “que una política automática bajo la cual la cantidad de dinero crezca a una tasa estable —mes tras mes, año tras año—, provee un marco monetario estable para el crecimiento económico, sin ser en sí misma una fuente de inestabilidad y perturbación. […] Si realmente creyera en una conexión precisa, rígida, mecánica, entre el dinero y el ingreso, si también pensara que sé cuál es esa conexión, y si pensara que el banco central comparte este conocimiento, que es un ‘si’ aun más grande, entonces diría que deberíamos utilizar ese conocimiento para contrarrestar otras fuerzas que crean inestabilidad. Sin embargo, no creo que ninguno de estos ‘si’ sea cierto. ” 79 Así, Friedman concluye que “una tasa de crecimiento monetario estable a un nivel moderado puede proveer el marco dentro del cual un país puede tener poca inflación y mucho crecimiento. No producirá la estabilidad perfecta; no producirá el cielo en la tierra; pero puede hacer una contribución importante para una sociedad económica estable.” 80

3.1.4. Curva de Phillips Monetarista
Sería incompleto el tratamiento del efecto de la política monetaria y la hipótesis de la neutralidad del dinero en este autor, si no incluyéramos en el estudio, su concepción sobre la Curva de Phillips. A la revolución keynesiana y la consecuente formulación de una curva que reflejaba una relación inversa entre el desempleo y la inflación, Friedman contraatacó apoyándose sobre el ya citado trabajo de Fisher de 1926. Tanto Phillips en 1958, como Fisher en 1926 quedaron impresionados con la observación de que la inflación ven-

Friedman, Op. Cit. p. 32. Friedman, Op. Cit. p. 33. Vale aclarar que Friedman hasta los años cuarenta abogaba por una postura discrecional y anticíclica muy al estilo keynesiano. Recién en los años ´50 comienza a criticar al keynesianismo y a defender diversas “reglas monetarias”.
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dría a asociarse con niveles bajos de desempleo y la deflación con niveles altos. Sin embargo, había una diferencia sustancial entre el análisis de Fisher y el de Phillips, “entre la verdad de 1926 y el error de 1958”, como lo calificó Friedman. Mientras que Phillips analizó la oferta y la demanda de empleo en función de la tasa de cambio de los salarios nominales, Fisher lo hizo en función de la tasa de cambio de los salarios reales. Pero Friedman no se quedó en la crítica a la Curva de Phillips, sino que formuló una curva alternativa. Para ello se apoyó sobre tres puntos centrales de su obra: 1. Las expectativas adaptativas: Hemos visto más arriba que en Fisher la política monetaria genera efectos sobre los precios con cierto rezago debido a la inflexibilidad de los contratos laborales. Esto obligaba a las empresas y trabajadores a adivinar cuál será la tendencia futura de los precios. Friedman desarrolló entonces su concepción de cómo se forman estas expectativas, afirmando que las mismas son revisadas sobre la base de la diferencia entre la actual tasa de inflación y la tasa esperada. 2. La hipótesis de la neutralidad del dinero: Lo dicho llevaba implícito también la concepción comentada de Fisher de que la hipótesis se cumplía en el largo plazo, pero no así en el corto plazo. 3. La tasa natural de desempleo: Es un término que introduce Friedman en paralelo con la “tasa natural de interés” de Knut Wicksell. No es una constante numérica sino que depende de factores “reales” por oposición a factores monetarios: la efectividad del mercado de trabajo, el nivel de competencia o de monopolización, las barreras o los elementos que favorecen tener varios trabajos, etc. Es sobre la base de estas tres herramientas comentadas que Friedman formula su propia Curva de Phillips ajustada por expectativas. Si los hacedores de políticas públicas decidieran reducir el nivel de desempleo por debajo de su nivel natural (como proponía la teoría keynesiana), esto sólo podrá ser efectivo en el corto plazo.

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Friedman demuestra mediante las herramientas mencionadas que esto es insostenible. Transcurrido cierto tiempo los agentes económicos modificarán sus expectativas de precios, guiados por la inflación observada, y el efecto sobre el empleo y la actividad económica se neutralizará. La Curva de Phillips en el largo plazo sería ahora vertical.

3.2. Friedrich A. von Hayek
Es sabido que Hayek siempre lamentó no haber escrito un review de La Teoría General (1936) de John Maynard Keynes. Pero no es tan conocido el lamento de Hayek por no haber escrito un review del trabajo de Friedman Essays in Positive Economics (1953), el cual fue calificado por Hayek como “un libro bastante peligroso.” 81 Si bien Hayek y Friedman adherían a los mismos principios del liberalismo clásico, el enfoque económico, y en particular en el tópico monetario, siempre los dividió. Repitiendo la crítica que Cantillon señalaba en Locke, y que Mises puntualizó en Fisher, Hayek criticaba a Friedman por concentrarse demasiado en las relaciones estadísticas (entre la cantidad de dinero y el nivel de precios), argumentando que el problema no era tan sencillo y que la observación debía ser desagregada y trasladarse a los precios relativos. 82

Friedrich A. von Hayek (1994), Hayek on Hayek: An Autobiographical Dialogue, S. Kresge and L. Wenar (eds) Chicago: University of Chicago Press. 82 Aun así, aislando la cuestión del método (agregado en Friedman y desagregado en Hayek) entendemos que la única observación que Hayek haría a las 10 proposiciones de Friedman es a la número 7. Y no a la proposición número 7 completa, sino sólo a la segunda parte de la misma. Hayek y Friedman coincidirían en los efectos de corto plazo sobre la producción. Como hemos sostenido a lo largo de este trabajo, el punto de disidencia es sólo sobre los efectos reales de la política monetaria en el largo plazo.
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3.2.1. El joven Hayek de los años treinta
El primer tratamiento que Hayek hace sobre “las teorías de la influencia del dinero sobre los precios” data de 1931, y fue una de aquellas conferencias que siendo aún muy joven y por invitación de Lionel Robbins, presentó en la London School of Economics. Estas conferencias le brindaron a Hayek una fama considerable entre economistas angloparlantes, y finalmente fueron recopiladas en una de las obras centrales de Hayek: Precios y Producción (1931). Este sin duda ha sido un libro polémico. Por un lado, Joseph Schumpeter afirmaba que:
“Tuvo un éxito arrollador entre los economistas norteamericanos, éxito jamás igualado por un libro estrictamente teórico [...] El éxito de la Teoría General de Keynes, si bien fue mayor, no es comparable, porque, por grandes que sean sus méritos analíticos, no hay duda que debe primordialmente su victoriosa carrera a que su argumentación apoyaba algunas de las preferencias políticas más acusadas de gran número de economistas. Hayek, en cambio, nadaba contra corriente. [...] Al éxito del libro de Hayek sucedió una reacción crítica muy violenta que no sirvió, al principio, más que para subrayar el valor de la teoría, pero al final terminó dirigiendo a los profesionales hacia otros autores y hacia otros intereses. La sociopsicología de este episodio merecería un estudio detenido”. 83

Pero por otro, Friedman ponía en duda la importancia de este libro:
“I am an enormous admirer of Hayek, but not for his economics. I think Prices and Production (1931) is a flawed book. I think his capital theory book [1941] is unreadable.
83 Joseph Alois Schumpeter (1971) [1954], Historia del Análisis Económico, Ariel, Barcelona, p. 1215.

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On the other hand, The Road to Serfdom (1944) is one of the great books of our time.” 84

Y no sorprende que Friedman rechazara este trabajo. Es en el primero de los ensayos de este libro donde Hayek adelantaba y sintetizaba con toda claridad las críticas que posteriormente señalaría sobre los trabajos de Friedman. Veamos: 1. Rescata el análisis desagregado de Richard Cantillon por sobre el análisis agregado de John Locke y David Hume y sobre la base del esbozo de la teoría cuantitativa del dinero. Incluso afirma que a su juicio el Essai de Cantillon es “el primer intento de rastrear la cadena efectiva de causa y efecto entre la cantidad de dinero y los precios.” 2. En el prólogo de la segunda edición inglesa remarca su deuda intelectual para con Ludwig von Mises, y en particular destaca su trabajo “La teoría del dinero y del crédito” (1912), libro en el que Mises claramente critica la concepción de Fisher sobre la hipótesis de la neutralidad del dinero. 85 3. Considera que el debate sobre los efectos reales de la política monetaria está estancado. “Si alguien preguntara si la comprensión de la conexión entre dinero y precios ha progresado mucho durante estos años, al menos hasta muy recientemente, o si las doctrinas generalmente aceptadas sobre este punto han avanzado mucho más de lo que se sabía hace un siglo, me inclinaría por dar una respuesta negativa.” Estas conclusiones posiblemente le quitaban valor al trabajo de Fisher en el ámbito monetario, trabajo enormemente admirado por Friedman.
Alan Ebenstein (2001), Friedrich Hayek: A Biography, New York: Palgrave/ St. Martin´s Press, 2001, p. 81. 85 Friedrich A. von Hayek (1996) [1931], Precios y Producción. Una explicación de las crisis de las economías capitalistas, Unión Editorial, p. 23. En el Prólogo a la segunda edición inglesa decía Hayek: “Pero acaso pueda añadir que en lo relativo a la teoría del dinero, la obra que proporciona el marco en el que he procurado elaborar un punto especial es la del profesor Mises, mucho más que la de Knut Wicksell.”
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4. Crítica a la teoría cuantitativa del valor del dinero de Fisher: Si bien aceptaba que la conclusión de la hipótesis era verdadera, y que no pretendía rebatir allí el contenido positivo de la teoría, Hayek pensaba que la “ecuación de intercambio” aislaba la teoría del dinero de la teoría económica general. 5. Y daba más precisiones en su siguiente crítica a los agregados monetarios: Si la teoría monetaria continúa intentando establecer relaciones causales entre agregados o promedios globales, ello significa que está retrasada con relación al desarrollo de la economía general. De hecho, ni los agregados ni los promedios actúan recíprocamente entre sí, y nunca será posible establecer conexiones necesarias de causa y efecto entre ellos como podemos establecerlas entre fenómenos individuales. 6. Critica también la tendencia a observar que los precios cambian todos por igual, al mismo tiempo y en la misma dirección. Y sólo después de haber establecido así la presunta relación causal entre los cambios en la cantidad de dinero y los precios medios es cuando se consideran los efectos sobre los precios relativos. Pero como el supuesto generalmente es que los cambios en la cantidad de dinero afecta sólo el nivel general de precios, y que los cambios en los precios relativos se deben a “factores perturbadores” o “fricciones”, los cambios en los precios relativos no forman parte de esta explicación de los cambios en el nivel general de precios. Son meramente circunstanciales acompañantes que la experiencia nos ha enseñado que están conectados regularmente con los cambios en el nivel de precios y no son, como podría pensarse, consecuencias necesarias de las mismas causas. “Esto queda muy claro”, agrega Hayek, “por la forma de la exposición y los conceptos empleados. Se descubren ciertos ‘retrasos’ entre los cambios en los distintos precios. Se dice que los precios de los diferentes bienes son afectados en una secuencia definida, y siempre se supone que nada de esto ocurriría nunca si el nivel general de precios no cambiara.” 86
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Hayek (1996) [1931], Precios y Producción, Op. Cit., p. 28.

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7. Afirma que el dinero nunca es neutral: “Tan pronto comienza uno a pensar sobre el tema parece evidente que virtualmente cualquier cambio en la cantidad de dinero, sea que influya sobre el nivel de precios o no, debe siempre influir sobre los precios relativos. Y como no puede dudarse de que los precios relativos son los que determinan el volumen y la dirección de la producción, virtualmente cualquier cambio en la cantidad de dinero debe necesariamente afectar también a la producción.” 87 “La historia de esta obra es”, según una expresión utilizada por José Luis Feito en la introducción a la edición española de Precios y Producción, “la historia de un ‘fracaso triunfal’,[…] porque si bien es verdad que Hayek no consiguió lo que se proponía con este pequeño gran libro en los años treinta, no es menos cierto que sus reflexiones en Precios y Producción han servido para mantener encendida una llama que ha iluminado desarrollos teóricos y visiones del fenómeno económico que hoy tienen plena validez.” 88 El joven Hayek no pudo detener la revolución keynesiana que sobrevendría en los años siguientes. Lentamente la Escuela Austríaca, y la tradición que mantenía aquel estudio desagregado de la economía, empezó a perder terreno en el mundo de las ideas. “Abandoné el debate”, decía Hayek, “cuando descubrí que la mayoría de mis colegas comenzaban a hablar un idioma y a discutir problemas que para mí carecían de interés.” 89 El Hayek de los años cincuenta y sesenta se dedicó a otras disciplinas sociales como la filosofía política, el derecho e incluso la psicología, relegando sus estudios sobre el análisis económico o sobre el área que hoy podríamos denominar macroeconomía. “Durante el verano de 1974 sin embargo, el problema de la inflación adquirió
87 Esto podría representar una inconsistencia en los “Precios y producción” (1931) de este joven Hayek, dado que en sus famosos triángulos, en el largo plazo y luego de una expansión de la oferta monetaria vuelven a su posición de equilibrio inicial. 88 Hayek, Op. Cit. p. 9. 89 Hayek (1981), Nuevos Estudios... Op. Cit. p. 165.

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dimensiones tan alarmantes, que sentí que mi deber era dar mi opinión una vez más.” 90

3.2.2. Hayek en los años setenta y el resurgimiento de la Escuela Austríaca
La crisis del keynesianismo, el desempleo y la inflación creciente, y la recepción del premio Nobel de Economía en 1974 representaron una excelente combinación de elementos para el resurgimiento de la Escuela Austríaca y para reposicionar a Hayek en lo más alto de la academia, quien le reconoció “sus pioneros trabajos en teoría monetaria y de ciclos económicos así como su penetrante análisis de la interdependencia de la economía y los fenómenos sociales e institucionales.” En aquellos años Hayek brindó una serie de conferencias donde señaló que él había advertido cuarenta años antes que la política monetaria tendría las consecuencias que en ese momento se observaban en el mundo moderno. Explicaba Hayek que “fue por consejo e incluso instancia de los discípulos de Keynes por lo que los gobiernos financiaron una parte cada vez mayor de sus gastos mediante la creación de moneda a una escala que cualquier economista solvente anterior a Keynes habría predicho que causaría exactamente el tipo de inflación en el que hemos venido a caer. Y lo hicieron así en la creencia errónea de que se trataba de un método tan inexcusable como efectivo a largo plazo para conseguir el pleno empleo.” 91 Tuvo que aclarar Hayek que “las medidas supuestamente encaminadas a combatir la inflación —como si la inflación fuera algo

Hayek (1981), Nuevos Estudios... Op. Cit. p. 165. Friedrich A. von Hayek (1974), La inflación, camino hacia el paro, The Daily Telegraph, 15-16 de octubre de 1974. Traducido al español en “¿Inflación o Pleno Empleo?”, Editorial Diana S.A., México, 1979 (edición autorizada por Unión Editorial SA), p. 101.
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que nos ataca y no algo que nosotros mismos creamos— amenazan destruir la libertad económica en un futuro próximo”. 92 Y no sólo atacó Hayek a su amigo Keynes y sus seguidores. A pesar de coincidir con los monetaristas en las causas de aquel estado de cosas, también volvió contra la tradición de la teoría cuantitativa del dinero, resurgiendo así los siete argumentos presentados en la sección anterior. En una conferencia que Hayek brindó en Estados Unidos, en abril de 1975, bajo el título “El paro es la inexorable consecuencia de la inflación”, explicaba que su “principal objeción a la [teoría cuantitativa del dinero] estriba en que, dada su índole macroeconómica, se fija solamente en el nivel general de precios y adolece de una consustancial incapacidad para descubrir los efectos que sobre la relativa estructura de los precios produce una expansión de los medios de pago disponibles. No contempla, por ello, las consecuencias más graves del proceso inflacionario: la malinversión de recursos y la generación del correspondiente paro laboral.” A lo dicho en los años treinta, Hayek agregaba ahora un análisis más fino sobre la política económica, y en particular sobre la política monetaria. En clara alusión a la Regla Monetaria de Friedman decía Hayek:
“Ojalá pudiera compartir la confianza de mi amigo Milton Friedman que piensa que es posible privar a las autoridades monetarias de todos sus poderes discrecionales con sólo fijarles la cantidad del incremento dinerario que deben y pueden añadir a la circulación cada año, y que con eso se cortaría el abuso de sus facultades con fines políticos.” 93
Friedrich A. von Hayek (1973), Libertad económica y gobierno representativo, publicado por el Institute of Economic Affairs, Londres, Occasional Paper, núm. 39, 1974. Traducido al español en “¿Inflación o Pleno Empleo?”, Editorial Diana S.A., México, 1979 (edición autorizada por Unión Editorial SA), p. 171. 93 Friedrich A. von Hayek (1975), La inflación, el erróneo empleo del factor trabajo y el paro, Versión revisada de un discurso pronunciado el 8 de febrero de 1975 en Roma con motivo del “Congreso Internazionale: II Problema Della Moneta Oggi”, organizado por la Academia Nazionale dei Liceo para conmemorar el 100
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Hayek también aludía al impacto que la política monetaria estaba ejerciendo sobre el empleo: “En conclusión puedo decir que la inflación tiene, por supuesto, otros efectos deficientes, mucho más penosos de lo que la mayoría de la gente comprende cuando no ha pasado por ella, pero que el más serio y, a la vez, el menos comprensible, es que a la larga inevitablemente produce la desocupación extendida.” 94 Esto necesariamente chocaba contra la Curva de Phillips vertical de Friedman, ya que el efecto de la política monetaria en el largo plazo, necesariamente tenía algún efecto real sobre el empleo. En otras palabras, en Hayek, la Curva de Phillips necesariamente tendría una pendiente positiva. REFLEXIONES FINALES Si bien el cuadro expuesto al cierre del trabajo sintetiza los puntos centrales presentados bajo las dos tradiciones, a modo de reflexión final queremos puntualizar que la tendencia que se observa en la actualidad es más de profundizar estas diferencias, que de acotarlas. Desde los años 1970 dos economistas, Robert Lucas de la Universidad de Chicago y Thomas Sargent del Instituto Hoover, han encabezado un grupo de investigadores que son críticos de algunas de las ideas presentadas en la tradición de Chicago. Afirman que la noción de expectativas adaptativas es débil por ser mecánica y arbitraria, y dado que los errores de expectativas son costosos, las firmas y trabajadores harán un esfuerzo por encontrar los mejores medios para anticiparse a la inflación. Así, a través de
aniversario del nacimiento de Luigi Einaudi. Traducido al español en “¿Inflación o Pleno Empleo?”, Editorial Diana S.A., México, 1979 (edición autorizada por Unión Editorial SA), p. 33. 94 Friedrich A. von Hayek (1981), Nuevos estudios en filosofía, política, economía e historia de las ideas, EUDEBA, Cap. XIII: La campaña contra la inflación keynesiana, p. 187.

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ciertos modelos de “expectativas racionales”, llegan a la conclusión de que los agentes económicos pueden evitar los efectos no neutrales de corto plazo descritos anteriormente. Dicho en pocas palabras, bajo estos modelos, los agentes económicos cuentan ahora con toda la información relevante, lo que les permitirá no cometer errores sistemáticos. Como afirmara John Muth, quien dio nacimiento a esta concepción de las expectativas en los años sesenta, “debemos suponer que la gente forma sus expectativas sobre la base de una teoría económica correcta; no que aciertan en cada caso individual, sino que en cualquier período prolongado, en promedio acertarán. En ocasiones particulares, esto llevará a la formación de expectativas sobre la base de expectativas adaptativas, pero de ningún modo será siempre así.” 95 El mismo Friedman pareciera adherir a esta nueva concepción cuando afirma que las personas “no son imbéciles”. No van a persistir en el error. Y más en general no van a basar sus expectativas exclusivamente en la historia pasada de los precios. Y se pregunta: “¿Hay alguien que en esta sala cuyas expectativas sobre la inflación para el año que viene sean independientes de los resultados de las próximas elecciones británicas? Eso no aparece en los registros del pasado. ¿Serán independientes de las políticas anunciadas por los partidos que lleguen al poder?” 96 Sintetizando, bajo estos modelos, “el valor futuro que los agentes económicos esperan que asuma una variable determinada es exactamente el mismo que predice la teoría económica relevante para dicha variable”, lo cual tiene importantes implicancias para los efectos reales de la política monetaria. La Escuela de las expectativas
95 John Muth (1961), Racional expectations and the theory of prices movements, Econometrica 29. 96 Milton Friedman, Unemployment versus inflation, IEA Occasional paper No. 44, Lecture No. 2, Londres. Existe una versión en español bajo el título “¿Desempleo versus inflación? Evaluación de la curva Phillips”, en “La Economía Monetarista”, editado por Editorial Gedisa S.A., Barcelona, España, noviembre de 1992, p. 96.

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racionales, continuadora de la tradición de la teoría cuantitativa del dinero y adepta a ésta, plantea ahora la imposibilidad que, bajo condiciones de información perfecta, las políticas activas puedan lograr reducciones del desempleo por debajo de la tasa natural. Si hasta antes de esta nueva concepción de las expectativas afirmábamos que la única forma de generar efectos reales era sorprendiendo a los agentes económicos, ahora esto se hace imposible. Cualquier regla sistemática de política económica que intente reducir el desempleo será información tomada en cuenta y utilizada eficientemente por los agentes económicos que, al formar “racionalmente” sus expectativas, ajustarán su comportamiento esterilizando la efectividad de la medida. En otras palabras, aquí el efecto será entonces siempre neutral, incluso en el corto plazo. Estas investigaciones han generado una nueva reacción por parte de la tradición del estudio de los micro procesos, señalando que esta nueva concepción también es falaz. No sólo es falaz suponer que los agentes económicos cuentan con toda la “información relevante” para tomar decisiones y anticiparse a los efectos de la política monetaria, sino que incluso en el caso en que esto fuera así, estos efectos tampoco serían neutrales. “Esto es así”, explica Huerta de Soto, “porque, aún disponiendo de un conocimiento ‘perfecto’ de lo que va a suceder, los empresarios no pueden inhibirse a los efectos de una expansión crediticia, pues su propio ánimo de obtener beneficios les llevará, ineludiblemente, a aprovecharse del nuevo dinero creado. En efecto, aunque entiendan los peligros que supone el alargar la estructura productiva sin base de ahorro real, pueden perfectamente obtener importantes beneficios aceptando los préstamos de nueva creación e invirtiéndolos en nuevos proyectos si es que son capaces de retirarse a tiempo del proceso, vendiendo los nuevos bienes de capital producidos a precios altos antes de que se produzca la caída en el precio de mercado de los mismos que caracteriza la llegada de la crisis.” 97
97

Huerta de Soto (1998), Op. Cit. pp. 417-418. (la cursiva es nuestra).

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En otras palabras, estos empresarios no encuentran razón alguna para dejar pasar esta oportunidad de beneficios temporales obtenidos gracias a créditos a tasas de interés bajas, aún cuando estimen que la política monetaria ejecutada por la banca central llevará a ciclos de auge y depresión en la economía. Además, debemos notar que el desarrollo de expectativas adecuadas lo único que hace es acelerar los procesos desencadenantes que dan lugar a la crisis y exigir, para que la política de creación de dinero y créditos pueda continuar teniendo su efecto expansivo, la adopción de un ritmo progresivamente creciente de concesión de nuevos créditos. “En estas circunstancias”, agrega Huerta de Soto, “no es de extrañar que los teóricos de la nueva macroeconomía carezcan, al igual que sus antecesores monetaristas, de una adecuada teoría del ciclo, y que sólo sean capaces de explicar ésta en base a impredecibles y misteriosos shocks de tipo real, cuya regular reiteración y aparición con las mismas características típicas no son, en última instancia, capaces de explicar.” 98 Y para terminar debemos señalar que no es que la teoría cuantitativa del dinero sea incorrecta en su conclusión final, puesto que es cierta la relación directa que mantienen la cantidad de dinero y los precios. Pero ignorar el efecto sobre los precios relativos y su consecuente micro proceso ha enceguecido a la tradición de Chicago respecto del efecto no neutral del dinero en el largo plazo. Como ha sostenido Bastiat, el buen economista debe aprender a “ver lo que no se ve”, y creemos que la teoría cuantitativa no ha sido útil en este sentido.

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Huerta de Soto (1998), Op. Cit. p. 421.

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CUADRO COMPARATIVO
La Escuela de Chicago y La Escuela Austríaca y la la Tradición de la Teoría Tradición del Estudio del Cuantitativa del Dinero Microproceso Principales Precursores Principales representantes Causa de la inflación (entendida como suba sostenida y generalizada del nivel general de precios) Metodología de análisis John Locke David Hume La mayoría de los Clásicos Irving Fisher Milton Friedman Causa Monetaria. Argumentación fundamentada sobre la base de la teoría cuantitativa del dinero (MV = PQ) Agregado. Si bien reconocen cierto efecto de corto plazo sobre las variables reales, se concentran fundamentalmente en el equilibrio de largo plazo, donde el efecto sobre las variables reales se neutraliza. Efecto real sobre los precios relativos, el consumo, la tasa de interés, la inversión, la estructura productiva, la actividad económica y el empleo. Richard Cantillon John Cairnes Ludwig von Mises Friedrich A. von Hayek Causa Monetaria. Argumentación fundamentada sobre el estudio microeconómico del proceso de expansión de la oferta monetaria. Desagregado. No importa tanto el equilibrio de largo plazo al que se tiende, sino el micro proceso que se desarrolla para llegar a él. El análisis es desagregado, en el sentido que da mayor relevancia a los efectos individuales. Efecto real sobre los precios relativos, el consumo, la tasa de interés, la inversión, la estructura productiva, la actividad económica y el empleo.

Efectos de la política monetaria en el corto plazo

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Causa de estos efectos a corto plazo

La política monetaria sólo genera efectos reales cuando sorprende a los agentes económicos. Con el tiempo los trabajadores advierten el efecto de la política monetaria sobre sus salarios reales y solicitan un ajuste. Pero dada la existencia de la inflexibilidad en estos contratos, el ajuste completo requiere de tiempo.

El efecto nunca es neutral, aún cuando los contratos de trabajo fueran tan flexibles como los demás precios. La política monetaria siempre sorprende a los agentes económicos porque estos no pueden advertir exactamente la secuencia de eventos que ocurre tras ella. Aun después de completarse el ajuste es inconcebible pensar que la economía vuelva al equilibrio inicial, previo a la expansión de la oferta monetaria. No No Inestabilidad. Se distorsionan los precios relativos y la estructura productiva. Se deprecia la moneda. Efecto redistributivo. Caída del salario real. Ciclos económicos. Destrucción del empleo.

Efecto de la política Una vez completado el ajuste monetaria en el se observa que el único efecto largo plazo de la política monetaria en el largo plazo fue una variación en el nivel general de precios. Neutralidad del dinero en el corto plazo Neutralidad del dinero en el largo plazo Consecuencias de la inflación No Si Inestabilidad en el corto plazo. En el largo plazo el efecto sólo se traduce en un aumento del nivel general de precios.

Noción de equilibrio Deflación (entendida como la baja sostenida del nivel general de precios)

Salvo Fisher, desde Hume esta Tendencia al equilibrio que tradición se concentra en el nunca se alcanza. salto de un equilibrio a otro. La caída de precios trae aparejados efectos negativos en la actividad económica y el empleo. La deflación debe evitarse mediante una política monetaria expansiva. Dos causas. Si se produce por aumentos de productividad, la deflación es positiva porque incrementa el salario real. Si sobreviene luego de un previo incremento de la oferta monetaria se la debe dejar operar para re-ajustar los errores de inversión cometidos. La deflación no debe evitarse en ningún caso.

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¿Regla Monetaria o Regla Monetaria: La oferta Discrecionalidad? monetaria debe ir siempre en aumento a una tasa baja y estable. ¿Debe el gobierno explotar la no neutralidad del dinero en el corto plazo mediante la política monetaria? Si. Alientan los efectos supuestamente animadores del aumento de la cantidad de dinero y recomienda al gobierno que garantice que la oferta monetaria vaya siempre en aumento.

Ni regla monetaria, ni discrecionalidad. En esta tradición las propuestas han sido diversas, pero con el factor común de quitar la moneda de manos del estado. No. Rechaza la posibilidad de todo efecto positivo de la política monetaria sobre la actividad económica.

Teoría de los Ciclos Carecen de una teoría del Económicos ciclo económico. Explican las fluctuaciones a través de misteriosos e impredecibles shocks de tipo real.

La Teoría Austríaca del Ciclo Económico explica que las fluctuaciones son siempre originadas en el intento de la autoridad monetaria por rebajar el interés bruto de mercado mediante la expansión monetaria y crediticia.

Curva de Phillips de Largo Plazo

Vertical. Efecto neutral en el Pendiente positiva. Efecto largo plazo sobre el empleo. no neutral en el largo plazo sobre el empleo. En última instancia la creación de medios fiduciarios genera la desocupación extendida.

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