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Guía de tipos de mundo narrativo 8°

Estaban un chico un poco gamberro y sus amigotes pasando el día en un
parque de atracciones. Habían ido muy temprano y todo estaba vacío y limpio,
cuando vieron al barrandero del parque, cantando y bailando mientras barría.
Como todo estaba tan limpio, les hizo mucha gracia verle trabajar tan alegre
desde tan pronto, y no dejaron de contar chistes y gastarle bromas pesadas.
Pero él no se molestaba y seguía barriendo su limpia calle, así que comenzaron
a tirar papeles y bolsas al suelo, "para darle trabajo". Cuando llegaron más
visitantes, y vieron al chico y sus amigos tirando bolsas y basura al suelo,
pensaron que era uno de los juegos del parque, y lo mismo pensaron los
siguientes, y los siguientes, y antes de que nadie pudiera darse cuenta, el
parque estaba hasta arriba de basuras, y el buen barrendero no daba abasto.
A nadie parecía importarle, pero empezó a ocurrir algo extraño. Según pasaba
el tiempo, las atracciones del parque se iban vaciando, y cada vez había más
personas cabizbajas mirando el suelo, hasta que al final del día, nadie hacía
cola en los divertidos juegos del parque, y todo el mundo se dedicaba a mirar
al suelo. "Pero bueno", se decían los encargados del parque, "¿qué estará
pasando?"
Pues... ¡que todos estaban buscando algo!.
Resultó que a lo largo del día, a todo el mundo se le terminó cayando algo al
suelo, pero como estaba lleno de bolsas, papeles y suciedad, en cuanto algo
caía.. ¡era casi imposible encontrarlo!
Y como aquello no tenía remedio, tuvieron que ponerse de acuedo para limpiar
el parque entre todos y luego encontrar sus cosas. Pero animados por el
barrendero, lo hicieron cantando y bailando, y le pusieron tantas ganas y fue
tan divertido, que desde aquel día crearon un juego nuevo en el parque donde
todos, armados de escobas y bolsas, se dedicaban a limpiar un rato riendo y
bailando.
“Una noche hacia las once los despertó el ruido de un caballo que se paró justo
en la misma puerta. La muchacha abrió la claraboya del desván y habló un rato
con un hombre que estaba en la calle. Venía en busca del médico; traía una
carta. Anastasia bajó las escaleras tiritando y fue a abrir la cerradura y los
cerrojos uno tras otro. El hombre dejó su caballo y entró inmediatamente
detrás de ella. Sacó de su gorro de lana con borlas una carta envuelta en un
trapo y se la presentó cuidadosamente a Carlos, quien se apoyó sobre la
almohada para leerla. Anastasia, cerca de la cama, sostenía la luz. La señora,
por pudor, permanecía vuelta hacia la pared dando la espalda”
“Con la vaga esperanza de haberme equivocado de calle, de casa, continúo
errando por una ciudad fantasma. Doy vueltas y más vueltas. Quisiera seguir
buscando, pero ya ha anochecido y no distingo nada. Además ¿para qué
luchar? Era mi destino. La casa, y mi amor, y mi aventura, todos se ha
desvanecido en la niebla; algo así como una garra ardiente me toma, de
pronto, por la nuca; recuerdo que tengo fiebre”
"Se desperezó lentamente como acariciando el cielo con las manos, miró por la
ventana y el sol brillante le guiñó un ojo, las nubes le acariciaron el pelo
mientras la luna pegando la retirada le dio un beso en la mejilla.Se vistió en un
suspiro y bajó los escalones de dos en dos, el florista de la esquina le regalo
una rosa azul, el canillita le dio el periódico donde en titulares rezaba “SE
COMBATIO EL HAMBRE EN EL MUNDO, SE ENCONTRO LA VACUNA PARA EL
SIDA, EL FMI CANCELO LAS DEUDAS”
“Dijo a su mujer que no se levantase, que aprovechase un poco más de la
mañana, y se escurrió hacia el aire frío, hacia la humedad indefinible de las
paredes, de los picaportes de las puertas, de las toallas del cuarto de baño.
Fumó el primer cigarrillo mientras se afeitaba y el segundo con el café, que
entretanto se había enfriado. Tosió como todas las mañanas. Después se vistió
a oscuras, sin encender la luz de la habitación. No quería despertar a su mujer.
Un olor fresco a agua de colonia avivó la penumbra, y eso hizo que la mujer
suspirase de placer cuando el marido se inclinó sobre la cama para besarle los
ojos cerrados. Y susurró que no volvería a comer a casa”

cerro otra vez sus ojos. Metió la cabeza entre los hombros. aun así ambos se reconciliaron. y unos cuantos curiosos asomados al precipicio de la incertidumbre. La esencia misma de la vida. y sus voces siniestras desgarraban el aire. como un pollito. nuestros antepasados dicen que el primer Espíritu Mapuche vino desde el Azul. Escuchaba distante las voces de sus hermanos que jugaban por el patio. que sólo expresaban la voluntad y la malicia del amo tenebroso. y mientras orinaba trató de seguir pensando en el circo. solo había tomado un pequeño descanso antes de seguir estudiando. Vió a los payasos haciendo maromas en la cola del desfile. su cuerpo se dejó caer otra vez sobre las frazadas que cubrían la cama. Aun no se escuchaba las voces ruidosas de los hombres ni las canciones de los niños. abraso a su madre y luego corrió hacia al patio. Sus dulces y pequeñas pestañas abrasaban los sueños que surgían en su cabeza. y le vió otra vez la cara a su soledad miserable cuando todo acabó de pasar. Al llegar la princesa se encontró con el erizo quien estaba triste por lo sucedido. Isidora grito desesperadamente. y se quedó inmóvil con la frente apoyada en el tronco del castaño. se cargaron de maldad y de horror. se va hacia el Poniente a llamar al Balsero de la muerte para que lo ayude a cruzar el Río de las Lágrimas y llegar así a la isla -el País. corriendo detrás de la presumida pelota. tendida en su cama suave. intenso. El cielo estaba algo sofocado.Azul en la que habitan los espíritus de nuestros Antiguos. sino tan sólo en esconderse. Pero no de cualquier Azul sino del Azul del Oriente. pero siempre estaban presentes. tan único como la esencia de nuestras almas. tan divino como su creador. Se hizo el fuego." “Los Nazgül retornaron. Con él se dirigió hasta costa Marfil. Su padre aun dormía en los corales reales. pero ya no encontró el recuerdo.abandona al cuerpo."Vió una mujer vestida de oro en el cogote de un elefante. las armas se les caían de las manos temblorosas. Pero no podía dormir. la presión del examen matemático la tenía intranquila. pero esta vez para jugar en las nubes. sintió un desgarrador dolor que la irritaba por dentro. y morir. pensando en el circo. Luego su madre subió hacia su alcoba a despertarla de aquel sueño. Volaban fuera del alcance de la vista y de las armas. y no quedó sino el luminoso espacio en la calle.” "En el epew -relato. las voces de los siervos. y la mente invadida por las tinieblas ya no pensaba en la guerra. al abrir otra vez sus parpados rojizos. . pero como el calamar no era rencoroso ayudó a la muchachita para que llegara a costa Marfil y le pidiera disculpas a Shnapsi. como agua de manantial. El agua como pompas de jabón acariciaban los labios de la joven. o si permanecían de pie. Marte y Venus miraban la Tierra tan grande y sola en esa noche de eclipse. Vió un oso vestido de holandesa que marcaba el compás de la música con un cucharón y una cacerola. Hasta los más intrépidos terminaban arrojándose al suelo cuando la amenaza oculta volaba sobre ellos. montó al primer delfín que se encontraba contabilizando los pasajes del día. un erizo porfiado que se había peleado con la pequeña dama acuática el día de su cumpleaños. Realmente la princesita marina era muy olvidadiza y no se acordó de la fiesta que realizaba Don Pulpajo. dijeron que el Azul existe en el Oriente y en el espíritu y el corazón de cada uno de nosotros. como buitres que esperan su ración de carne de hombres condenados." Isidora descansaba en su cuarto. Desvanecida y asustada. allí se encontró con la sorpresa de verse jugando con los niños. un calamar que soñaba con ser algún día pulpo. en arrastrarse. comenzaba a brotar.del origen del Pueblo mapuche. un viento feroz y unas chispas cayeron al suelo. Y cada nuevo grito era más intolerable para los hombres. Don pulpajo regaño a Bárbara. Y que cuando el espíritu -en la brevedad de su paso por este mundo. recién perfumada con loción de Melliza. Al salir de su casa. Y como en nuestra Tierra no había nada que pintara ese Azul como el expresado en el cielo profundo. para buscar a don Shnapsi. y el aire lleno de hormigas voladoras. y como ya el Señor Oscuro empezaba a medrar y a desplegar fuerza. Entonces fué el castaño. Al levantarse de su cama. Giraban sin cesar sobre la ciudad. Vió un dromedario triste. Bárbara despertó muy temprano en la mañana. se vio jugando con sus hermanos.

con manos frágiles y un cuerpo fuerte. Es verdad lo quise y aun lo quiero. Bajo cada árbol y lluvia. comenzará la fiesta de su cuerpo. . Es su voz. Cuánto tiempo más al besar sus labios.El susurro del viento y el suave caminar de unos zapatos cafés estrechando las hojas. volvía a mi mente la imagen de ese hombre extraño. Aun lo espero en cada aeropuerto del destino infinito que nos besa. la que golpea mis noches de tanto frío.

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