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l’africa romana 17

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Volume secondo

(prezzo dei quattro volumi indivisibili)

ISSN 1828-3004

D 115,90

l’africa
romana
Le ricchezze dell’Africa. Risorse, produzioni, scambi
A cura di Julián González, Paola Ruggeri,
Cinzia Vismara, Raimondo Zucca
Volume secondo

Progetto grafico: Jumblies (Giovanni Lussu)

ISBN 978-88-430-4833-5

In copertina: L’arco costruito nel 100 d.C. da Traiano a Thamugadi (foto di Attilio Mastino).

Questa XVII edizione dell’Africa romana, pubblicata per iniziativa del Dipartimento di Storia e del Centro di studi interdisciplinari sulle province romane dell’Università degli Studi di Sassari, della Consejería de Cultura de Andalucía e dell’Universidad de Sevilla, contiene i testi delle quasi 150 comunicazioni presentate a Sevilla tra il 14 ed il 17 dicembre 2006, in occasione del Convegno internazionale dedicato al tema «Le ricchezze dell’Africa, risorse, produzioni, scambi», cui hanno
partecipato oltre 300 studiosi da 16 paesi europei ed extra-europei, svoltosi sotto
l’alto patronato del Presidente della Repubblica italiana Giorgio Napolitano e con
il patrocinio dell’Association Internationale d’épigraphie grecque et latine. Delineati gli aspetti generali, una sessione del convegno è stata dedicata alle relazioni
tra Nord Africa e le altre province ed in particolare con le Hispaniae e una invece
alle nuove scoperte epigrafiche. Questa edizione sviluppa una varietà di temi che
certamente non potrà non sorprendere il lettore e si apre tra il lato iberico delle
Colonne d’Eracle e il Lixus flumen, sul Giardino delle Esperidi sull’Oceano dove
il dio aveva compiuto una delle sue più celebri fatiche.
In passato diversi modelli interpretativi sono stati di volta in volta applicati all’economia dell’Africa romana. A fronte della tesi di un sottosviluppo dell’Africa antica, si contrappone ora una più equilibrata visione dei modi e dei tempi di un’evoluzione dell’economia africana, inserita in un quadro mediterraneo ed atlantico.
Tale visione convince sulla necessità di analisi territoriali articolate in diacronia
onde cogliere la curva delle risorse, delle produzioni, degli scambi delle varie provinciae dell’Africa, fino alla straordinaria vitalità dell’età tardo antica.
«En fait, L’Africa Romana – scrive Jean-Paul Morel – est devenue {…} le rendezvous incontournable des chercheurs qui souhaitent, dans le cadre d’une réunion
scientifique, trouver aussi une occasion de contacts et d’échanges avec des collègues de tous horizons {…}. Les communications, bien sûr, mais aussi les présentations de nouvelles publications, la session expressément consacrée aux découvertes et études épigraphiques, les posters, les exposés concernant la sauvegarde et la
mise en valeur de monuments ou de sites, les excursions ciblées sont autant d’apports scientifiques, culturels et humains. Ces multiples facettes font de L’Africa romana un grand marché des informations et des idées, un lieu où se retrouver ou
faire connaissance entre gens qu’habite la passion de l’Afrique antique».
«Nel clima di tensione creatosi dopo l’11 settembre 2001 e l’11 marzo 2004 – scrive Attilio Mastino – questo incontro è stato un esempio di collaborazione internazionale, un modo per mobilitare amicizie ed intelligenze, per non rinunciare ad
essere uomini di buona volontà, impegnati per la pace, contro le guerre, il razzismo, l’integralismo, l’intolleranza. E insieme una grande impresa internazionale,
che nella sua complessità ha costituito e continuerà a costituire un’occasione irripetibile di crescita, di maturazione e di impegno per una nuova generazione di
studiosi, più aperti al confronto, più rispettosi degli altri e più consapevoli dei valori delle diverse identità».

C

Carocci

Collana del Dipartimento di Storia
dell’Università degli Studi di Sassari
Nuova serie fondata da Mario Da Passano, Attilio Mastino,
Antonello Mattone, Giuseppe Meloni
Pubblicazioni del Centro di Studi Interdisciplinari
sulle Province Romane
dell’Università degli Studi di Sassari
35**

Pedro A. Carretero Poblete

Arqueología toponímica: traslación de algunos
topónimos norteafricanos a Turdetania

1
Introducción
Los investigadores nos hemos interesado más por identificar el significado que los nombres de las ciudades o pueblos poseían cuando
todavía significaban algo, es decir, cuando describían una realidad
en la lengua que los empezó a utilizar. No obstante se trata de un
trabajo extremadamente complicado, ya que tras el paso de tantos
´
pueblos diferentes por el Sur Peninsular y Norte de Africa,
los topónimos se irían deformando y adaptando a las lenguas llegadas y
más aún teniendo en cuenta que en la composición de un topónimo
puede estar presente cualquier elemento léxico de una lengua.
Para el caso de nuestro estudio, la posible procedencia de nu´
merosos topónimos surpeninsulares del Norte de Africa,
uno de los
principales problemas que tenemos es que no sabemos el significado
o la realidad que identificaban para esos pueblos dichos topónimos.
Este es el mayor problema que nos encontramos para el sur Peninsular con los topónimos formados con oba/uba, ipo, tuci o igi, de
los que desconocemos claramente su origen pero que, como indica
F. Villar 1, no serían ni de origen indoeuropeo, ni íbero, ni vasco.
El rastreo de estos topónimos, como procedentes de otras zonas,
nos estaría indicando, de algún modo, un proceso colonizador, que
no tiene por qué ser mediante la invasión, sino mediante meros
traslados poblacionales por diferentes motivos. Para intentar identificar esos traslados poblacionales, que nos puedan indicar una presencia colonizadora, vamos a señalar una serie de topónimos formados con los mismos componentes coincidentes entre el Sur Peninsu-

* Pedro A. Carretero Poblete, Centro de Arqueologia, Universidade de Lisboa.
1. VILLAR (2000).
L’Africa romana

XVII,

Sevilla 2006, Roma 2008, pp. 1333-1340.

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Pedro A. Carretero Poblete

´
lar y el Norte de Africa.
Debemos tener en cuenta que esta coincidencia puede ser casual, solamente por el hecho, difícil pero posible, de haber confluido en el mismo significante palabras que en su
origen eran distintas. También es posible que se de la poligénesis, es
decir, que por mera coincidencia un mismo topónimo surja en zonas con lenguas independientes. Pero lo más probable, y en lo que
se basa nuestra hipótesis de partida, es que entre dos topónimos repetidos exista una relación de dependencia genética.
Mediante el método comparativo empleado para este estudio,
en el caso de la localización de una serie de topónimos idénticos
´
en diferentes zonas del Sur Peninsular y el Norte de Africa,
podemos insinuar que estamos ante el trasplante de una nueva realidad
para el pueblo que llega y este tipo de trasplantes suelen ser motivados por una colonización. Aunque podríamos cometer con este
método alguna irregularidad, los numerosos estudios lingüísticos
sobre toponimia señalan que éstos son trasladados de unos lugares
a otros, de forma que las coincidencias que vamos a ver entre el
´
Sur Peninsular y el Norte de Africa
pueden corresponder perfectamente a esos traslados. A esto hay que añadir, que en el caso de
que se produjeran traslados de población que se asentaran en los
cursos bajos de los ríos Guadiana y Guadalquivir, está claro que
en caso de ser del ámbito púnico, no se encontrarían con una cultura muy diferente, ya que se trata de zonas pobladas con antiguas
colonias fenicias. Al tratarse de pueblos con una cultura no muy
diferente y con lenguas de la misma familia, no eliminarían los
nombres autóctonos por completo, sino que los transformarían o
adaptarían al nuevo dialecto predominante.
En definitiva, este estudio se va a centrar en una idea fundamental: cuando un topónimo posee un rasgo dialectal diferente de los de
la zona donde se sitúa, pero curiosamente coincide con una serie de
topónimos de otro territorio con los mismos rasgos dialectales, significa que es muy posible que aquel sea debido a un traslado. Para
ello vamos a emplear el método de series toponímicas, recogiendo
´
todos los elementos en los topónimos similares del Norte de Africa
y sur de Península Ibérica para los que no suponemos un origen indoeuropeo, íbero o vasco. Debemos tener en cuenta que casi todas
las ciudades del Sur Peninsular que vamos a citar no son de nueva
fundación, sino que son de tradición fenicio-tartésica o fenicioturdetana. Lo normal en centros receptores de poblaciones sería que
adoptaran un nombre preexistente, casi siempre describiendo un aspecto orográfico del lugar en lengua autóctona y con otra de lengua

Arqueología toponímica: traslación de algunos topónimos norteafricanos

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púnica que podría estar describiendo incluso la misma característica
orográfica u otro elemento. En el presente estudio vamos a intentar
mostrar las semejanzas toponímicas de la serie oba/uba entre ambos
lados del Estrecho, zona en la que es muy numerosa esta serie, lo
que no puede deberse al azar. Al tratarse de una serie sistemática estaríamos ante una prueba de parentesco genético entre las lenguas
de ambas orillas en la Edad del Hierro II.
2
El posible origen libio-púnico de las formas oba/uba
Somos conscientes en nuestro estudio que la nuestra es una hipótesis arriesgada, no obstante, el estudio detallado de los topónimos
que contienen dichas formas nos indican su gran abundancia en la
órbita norteafricana de Cartago, con un número que incluso supera a los de la Península Ibérica, lo que nos ha llevado al atrevimiento, aún a costa de estar confundidos, de dar un origen
púnico-libio a dichas formas.
2.1. Topónimos con la forma oba/uba del Sur Peninsular
La relación que presentamos a continuación se refiere a los nombres
tanto de asentamientos como de accidentes geográficos recogidos de
las fuentes clásicas escritas y la numismática: oba se trata de un topónimo de forma simple recogido de una serie de monedas debería estar en los alrededores de Jimena de la Frontera (Cádiz). Colobana/
Colobona es una ciudad citada por Plinio (nat., III, 11); Conobaria
aparece en una inscripción de Volubilis; CVNBARIA aparece en una
serie de monedas en grafía latina. Estaría situada en la actual Cabezas
de San Juan (Sevilla); Calduba citada por Ptolomeo (geogr., II, 4, 13),
situada en el interior de Cádiz; Conoba aparece en una inscripción latina (CIL II, 1294: ex consensu populi Conoba...) que Tovar completa
como Conobaria, de forma que tenemos la primera identificación
idéntica entre un topónimo surpeninsular y otro norteafricano;
CORDVBA ciudad que también emite moneda con leyenda latina. Es
la actual Córdoba. Iponuba aparece en una inscripción (CIL II, 166:
5465) y estaríamos ante un dato curioso, ya que es un compuesto entre la serie meridional no indoeuropea ipo y el topónimo tan abundante en la zona Onuba. La ciudad estaría situada entre el Guadalquivir y el Genil, en territorio ibero. Maenuba referido por Plinio
(nat., III, 8), se trata de un hidrónimo que parece identificar al actual

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Pedro A. Carretero Poblete

río Vélez (Málaga); Maenuba se trata de otro hidrónimo, idéntico al
anterior, pero en esta ocasión se trata de un río afluente del Guadalquivir por su orilla izquierda (puede ser el Guadiamar). Lo cita Plinio (III, 2); Mainoba mencionado por Hecateo de Mileto (finales siglo
VI a.C.) como la ciudad de Mainobora; Onoba citada por Ptolomeo
(II, 4, 9) en la costa malagueña, en pleno territorio Bastetano; Onoba
citada entre otros muchos por Ptolomeo (II, 4, 11) que la menciona
como Onuba Aestuaria (Huelva); Onuba es un topónimo conocido
gracias a la cita que hace Plinio (III, 10) y a la aparición de una serie
de monedas con la leyenda en latín ONVBA. La cita de Plinio se está refiriendo a una ciudad en pleno campo Cordobés, posiblemente
en El Carpio. Ossonoba es la actual Faro (Algarve), mencionada por
Plinio (IV, 16) y Mela (III, 7). Aparece con el mismo nombre en alguna inscripción latina (CIL II, 5141) y una serie de monedas; Osunba
conocida por la existencia de acuñaciones donde aparece esta leyenda,
se trataría de la misma ciudad de Faro y por tanto una posible variante del topónimo Ossonoba; Salduba situada en El Torreón (Málaga), es citada por Ptolomeo (II, 4, 7) al referirse a un río que existe
entre Suel y Málaga; Uduba mencionado por Plinio (III, 20) y situado
en la costa de Alicante; Obanae aparece recogido en una inscripción
(CIL II, 5849) procedente del valle del Ebro.
2.2. Topónimos con la forma oba/uba norteafricanos
Dentro de este grupo también hemos dividido en los claros de formación y los dudosos que no hemos incluido en el estudio. Como
veremos es el grupo que vamos a usar como clave para intentar
dar una explicación al origen de esta serie. Lo que tenemos claro
es que las formas norteafricanas se van a presentar como las más
puras de la serie junto a las meridionales peninsulares.
Aunque Villar cita numerosos topónimos con la forma oba/uba de
Europa Occidental 2, hemos de señalar que la mayoría de ellos corresponden a variables de la serie que no están del todo claros, mientras
que los africanos que veremos, mucho más numerosos que los que él
propone, responde más a la tipología formal de los hispanos que los
europeos: Abathouba, según Ptolomeo (IV, 5, 3) es una ciudad libia
situada al suroeste de Masoukhis; Autoba, situada esta ciudad en la
Etiopía subegipcia por Ptolomeo (IV, 7, 15); Banioubae es el nombre
dado a una tribu por Ptolomeo (IV, 1, 5) que se situaría según este
2. VILLAR (2000), p. 144.

Arqueología toponímica: traslación de algunos topónimos norteafricanos

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Fig. 1: Situación de los topónimos peninsulares con la forma oba/uba.

autor en la moderna Bahirt el Hamra (entre el oued Tensift y el Atlas, en la Mauritania Tingitana); Banubaroi, citada por Ptolomeo (VI,
7, 4) como ciudad de Etiopía subegipcia; Bulluba es una ciudad mencionada por Plinio (V, 37); Choba sería la actual ciudad de Ziama, conocida desde la antigüedad y que estaría situada en la ruta entre las
ciudades costeras de Djidjelli (Igilgili) y Bejaïa (Saldae); Colluba también aparece recogida como Cilliba, la cita Plinio (V, 35) situándola
bajo la pequeña Syrte; Hobas, ciudad líbica mencionada en la Tabula
Peutingeriana 3; Iobakkhi son los miembros de una tribu situada por
Ptolomeo (IV, 5, 12) al sur de Libia; Iubalena, tribu a la que hace
mención Amiano Marcelino (XXIX, 5, 44) situada en Mauritania Caesariensis; Nobades/Nobatae/Noubades, en los diferentes nombres con que
aparece esta tribu africana vemos las dos formas más puras de la serie oba/uba, de forma indiferente. Los conocemos por Esteban de Bizancio que, citando a Apolodoro, dice que es un pueblo líbico que
habita a lo largo del Nilo. Nouba es el nombre de un lago situado
en Libia interior, Ptolomeo (IV, 6, 5); Noubae es el nombre de otra
tribu africana, que Estrabón (XVII, 1, 2) sitúa en Etiopía subegipcia,
3. LÓPEZ PARDO, SUÁREZ PADILLA (2002), p. 136.

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Pedro A. Carretero Poblete

pero cercanos a Libia interior, en la región de Napata; Novar estaría
situada en Mauritania Caesariensis y se trata de la moderna Sillègue;
Nuba es el topónimo actual que reciben unos montes de Libia interior, situados al norte del lago Nouba y dentro de los límites de la
tribu de los Noubae; Obba, nombre de ciudad situada en territorio
libio-púnico y que parece un claro cognato de la oba gaditana (Jimena de la Frontera, Cádiz), es citada por Livio (30, 7); Subafrenses es
el nombre de una tribu de dudosa localización, aparece citada en un
decreto del 20 de julio de 399; Talaubath, es el nombre de una ciudad de Libia interior citada por Ptolomeo (IV, 6, 25); Thubba, como
nos indica López Pardo, es muy posible un cognato de las formas
Obba con la partícula líbica Th- delante; Thunuba es el nombre de
una ciudad citada por Ptolomeo (IV, 3, 33), como en el caso anterior,
es muy posible que se trate de un cognato del topónimo Onuba peninsular anteponiendo la partícula líbica Th-; Tonobari es el nombre
de una tribu que Plinio sitúa cerca del Nilo en la Etiopía subegipcia
(VI, 192); Tubactis, ciudad situada en la costa entre Leptis Magna y
Macomades, según Di Vita-Evrard 4; Ubaba sería una ciudad de la
Mauritania Caesariensis, según el Anónimo de Rávena (III, 7) y la Tabula Peutingeriana (IV, 3); Ubata es una ciudad identificada por Ptolomeo (IV, 3, 38); Ubaza es otra ciudad, muy parecida a la anterior,
pero esta vez localizada por la Tabula Peutingeriana (IV, 5).
2.3. Otros topónimos de la serie oba/uba extrapeninsulares
Nos vamos a referir en este apartado a los topónimos que puedan
pertenecer a esta serie y que se encuentran fuera de la Península Ibérica, exceptuando los norteafricanos, mencionados más arriba. No haremos una análisis lingüístico de estos topónimos, orónimos e hidrónimos localizados, ya que entendemos que es un trabajo que se escapa de nuestras posibilidades, sino que teniendo en cuenta las fuentes
antiguas y los diversos estudios al respecto, sobre todo la obra de Villar 5, donde aparecen recogidas las formas más numerosas y claras;
citaremos aquellos que parezcan tener relación con los de la serie hispana, sobre todo con la meridional.
En Anatolia, Villar 6 recoge topónimos como Alube (la tan dis´
4. Según indican LÓPEZ PARDO, SUAREZ
PADILLA (2002), p. 136, citando a DI
VITA-EVRARD (1991), pp. 426-44.
5. VILLAR (2000), pp. 141-5.
6. VILLAR (2000), p. 143.

Arqueología toponímica: traslación de algunos topónimos norteafricanos

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Fig. 2: Situación de los topónimos norteafricanos con la forma oba/uba.

cutida ciudad a la que se refiere la Ilíada y que Estrabón sitúa en
Capadocia); Canduba (Ptolomeo V, 3, 4), que según la traducción
de Müller estaría en Lidia; Chalubes, que parece un cognato del
hispano Chalybe, y que es localizado por Estrabón (470, 30) y por
Plinio (VI, 11) en Asia; Chordube, que nos recuerda a nuestro topónimo Corduba (Córdoba) incluido en esta serie, es situado por Ptolomeo (V, 6, 6) en Capadocia; Colobatos, localizada en Pisidia por
Polibio (22, 18); Costoboci la sitúa Plinio (VI, 19) a orillas del río
Tanais; Hubanda fue identificada por Tischler 7 en Caria; Soroba,
localizada en Capadocia por Ptolomeo (V, 6, 15).
En Oriente Medio y Arabia localiza otro buen número: Obana,
en territorio asirio, mencionada por Ptolomeo (VI, 1, 4); Obareis,
en la misma zona también citada por Ptolomeo (VI, 17, 3); Oroba
es el topónimo de dos ciudades diferentes localizadas por Ptolomeo también en Asiria (VI, 1, 3; 1, 4); mientras que Theggubis 8 la
sitúa algo más al interior de Mesopotamia (V, 18, 11); Coloba está
situada según Mela en Arabia (III, 80); y Obaira está situada en la
misma zona por Ptolomeo (V, 19, 7).
En la zona de Sarmatia sitúa a Suruba, según Ptolomeo (V, 9,
28); y en la región de la India cita Cacobai, referida por Ptolomeo
7. TISCHLER (1977), p. 64.
8. Aún a riesgo de equivocarnos, incluimos esta ciudad en el grupo al considerar que son numerosos los nombres de localidades y ríos líbicos que incluyen como
sufijo o prefijo la partícula Th-: ibid. nota 3, p. 136.

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(VII, 2, 19); Corcoba, citada también por Ptolomeo (VII, 4, 5) y
Modubae, mencionada por Plinio (VI, 67).
En Europa oriental, identifica algunos claros topónimos que
pueden pertenecer a esta serie y otros muchos que no hemos incluido porque no estamos de acuerdo en su adscripción, ya que se
trata de variables de la serie que no vemos como nombres seguros
de pertenencia a la misma. Así tendríamos: Rhocobae par Plinio
(IV, 44) en Tracia; y ya en Grecia, Cercoba, situada en el Peloponeso por Ptolomeo (III, 16, 15).
Con respecto al grupo de Europa Occidental, Villar recoge una
serie de topónimos que para él pertenecen sin ninguna duda a este
grupo, de los que también hemos suprimido muchos porque entendemos que no pertenecen a él, y con respecto a otros de los
que incluimos tenemos muchas reservas, ya que pueden ser de
época romana: en Germania recoge Abnoba, mencionada por Ptolomeo (II, 11, 7) y Gelduba, citada por Plinio (XIX, 90); en las Galias solo reconocemos Saruba, que es mencionada por el Anónimo
de Rávena (235, 14). Por su parte, en Italia solamente existen Rutuba, que la sitúa Plinio en Liguria (III, 48), y Ubartum; mientras
que en Sicilia tenemos Tardoba (Anónimo de Rávena, 470, 9). En
la región de Hibernia solo tenemos Ausoba, mencionada por Ptolomeo (II, 2, 4).
Bibliografía
DI VITA-EVRARD G. (1991), Gasr Duib: construit ou reconstruit sous les Philippes, en IV Colloque International d’Histoire et d’Archéologie de l’Afrique du Nord (Strasbourg 1988), Paris, pp. 426-44.
LÓPEZ PARDO F., SUÁREZ PADILLA J. (2002), Traslados de población entre el
´
Norte de Africa
y el sur de la Península Ibérica en los contextos coloniales fenicio y púnico, «Gerión», 20, pp. 113-52.
TISCHLER J. (1977), Kleinasiatische Hydronymie, Wiesbaden.
VILLAR F. (2000), Indoeuropeos y no indoeuropeos en la Hispania prerromana.
Las poblaciones y las lenguas prerromanas de Andalucía, Cataluña y Aragón
según la información que nos proporciona la toponimia, Salamanca.

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A cura di Julián González, Paola Ruggeri,
Cinzia Vismara, Raimondo Zucca
Volume secondo

Progetto grafico: Jumblies (Giovanni Lussu)

ISBN 978-88-430-4833-5

In copertina: L’arco costruito nel 100 d.C. da Traiano a Thamugadi (foto di Attilio Mastino).

Questa XVII edizione dell’Africa romana, pubblicata per iniziativa del Dipartimento di Storia e del Centro di studi interdisciplinari sulle province romane dell’Università degli Studi di Sassari, della Consejería de Cultura de Andalucía e dell’Universidad de Sevilla, contiene i testi delle quasi 150 comunicazioni presentate a Sevilla tra il 14 ed il 17 dicembre 2006, in occasione del Convegno internazionale dedicato al tema «Le ricchezze dell’Africa, risorse, produzioni, scambi», cui hanno
partecipato oltre 300 studiosi da 16 paesi europei ed extra-europei, svoltosi sotto
l’alto patronato del Presidente della Repubblica italiana Giorgio Napolitano e con
il patrocinio dell’Association Internationale d’épigraphie grecque et latine. Delineati gli aspetti generali, una sessione del convegno è stata dedicata alle relazioni
tra Nord Africa e le altre province ed in particolare con le Hispaniae e una invece
alle nuove scoperte epigrafiche. Questa edizione sviluppa una varietà di temi che
certamente non potrà non sorprendere il lettore e si apre tra il lato iberico delle
Colonne d’Eracle e il Lixus flumen, sul Giardino delle Esperidi sull’Oceano dove
il dio aveva compiuto una delle sue più celebri fatiche.
In passato diversi modelli interpretativi sono stati di volta in volta applicati all’economia dell’Africa romana. A fronte della tesi di un sottosviluppo dell’Africa antica, si contrappone ora una più equilibrata visione dei modi e dei tempi di un’evoluzione dell’economia africana, inserita in un quadro mediterraneo ed atlantico.
Tale visione convince sulla necessità di analisi territoriali articolate in diacronia
onde cogliere la curva delle risorse, delle produzioni, degli scambi delle varie provinciae dell’Africa, fino alla straordinaria vitalità dell’età tardo antica.
«En fait, L’Africa Romana – scrive Jean-Paul Morel – est devenue {…} le rendezvous incontournable des chercheurs qui souhaitent, dans le cadre d’une réunion
scientifique, trouver aussi une occasion de contacts et d’échanges avec des collègues de tous horizons {…}. Les communications, bien sûr, mais aussi les présentations de nouvelles publications, la session expressément consacrée aux découvertes et études épigraphiques, les posters, les exposés concernant la sauvegarde et la
mise en valeur de monuments ou de sites, les excursions ciblées sont autant d’apports scientifiques, culturels et humains. Ces multiples facettes font de L’Africa romana un grand marché des informations et des idées, un lieu où se retrouver ou
faire connaissance entre gens qu’habite la passion de l’Afrique antique».
«Nel clima di tensione creatosi dopo l’11 settembre 2001 e l’11 marzo 2004 – scrive Attilio Mastino – questo incontro è stato un esempio di collaborazione internazionale, un modo per mobilitare amicizie ed intelligenze, per non rinunciare ad
essere uomini di buona volontà, impegnati per la pace, contro le guerre, il razzismo, l’integralismo, l’intolleranza. E insieme una grande impresa internazionale,
che nella sua complessità ha costituito e continuerà a costituire un’occasione irripetibile di crescita, di maturazione e di impegno per una nuova generazione di
studiosi, più aperti al confronto, più rispettosi degli altri e più consapevoli dei valori delle diverse identità».

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