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Mi experiencia en el encuentro Verbum Dei 2016 – Gyor

:
Antes de viajar hacia el encuentro, decidí cargar mi maleta de ilusión en vez de
expectativas. Decidí dejar un espacio para todo lo que trajera de allí, y decidí
aventurarme a vivir la misericordia de Dios, pues
FELIZ EL QUE VIVE Y ANUNCIA LA MISERICORDIA.
A las pocas horas de situarme en el colegio donde estábamos alojados, ya sentía
que aquel encuentro iba a ser algo muy especial: todos nos saludábamos al
cruzarnos por los pasillos, entablábamos conversaciones con gente de países tan
alejados al nuestro en cuestiones culturales como lo están en distancia, la alegría
fluía, la música, también. Las canciones dirigidas a Dios, entonadas por cientos de
personas, me ponían la piel de gallina, ¡aquello era tan grande! Lo sentí como un
hilo de comunicación directo con Él
Una noche, pude ver en los ojos de un joven taiwanés a Dios. El joven miraba con
devoción al Santísimo el día de la vigilia. Allí, sentado en el suelo, se iba acercando
físicamente a Él, poco a poco; era como si sus pasos siguieran el ritmo de su
corazón y de su espíritu a medida que se iba fraguando ese acercamiento con Dios
Padre, misericordioso.
Sentí el amor del Padre en cada uno de los lazos que tendíamos a nuestros
hermanos de todo el mundo, durante las charlas en las comidas, en los momentos
de entretenimiento. Y es que, todos estábamos allí rodeados, abrazados, por un lazo
mayor que tenía (y tiene) su origen y final en Dios.
Porque por Él estábamos ahí.
Y abrimos nuestras puertas más íntimas a la misericordia de Dios. A su perdón, a su
amor. Y las sonrisas brillaban en nuestros rostros, a la vez que lágrimas perlaban
nuestras mejillas, de pura emoción.
Sabiendo que todo aquello era el inicio de algo grande.
Era Él mismo el que me decía que solo necesito confiar. Frente a una ventana que
se abre al mundo me decía, estando a mi lado:
“No tengas miedo de mis planes con tu hermosa vida; unos planes, unos sueños
que superan tus expectativas más grandes. No tengas miedo y lánzate a Mi
expectativa con tu vida.”
Y es que, queda mucho por hacer.
Porque las ilusiones vuelven renovadas, no queda sitio para el cansancio.
Tras ser testigos del Amor, de la misericordia de Dios, queda anunciarla. Y es el
momento.
Ana Fernández, estudiante de Medicina, 21 años.