Este relato me lo dedico a mi mismo, dado que

no alcanzaron los personajes para incluirme en
la historia :,(

«1»
Ir a aquella fábrica abandonada a mitad de la
noche fue una de las peores ideas que Lucas
pudo haber tenido en su corta vida, si nos
hubiéramos quedado en mi casa jugando
videojuegos y ahogándonos en cerveza todo
estaría bien. Sanos y salvos, en la calidez de mi
hogar.
Nunca imagine hasta ese día que alguien estaría
acechando en un lugar tan lúgubre y oscuro
como ese, ni en mis peores pesadillas, ni en las
mejores. Podría lamentarme todo el rato hasta el
hartazgo pero algo era seguro, Lucas ya no
estaba conmigo y dudaba mucho de volver a ver
su tonta cara de nuevo, se lo había llevado el
extraño a quien sabe dónde. Tenía que escapar
de ese maldito lugar como sea y pedir ayuda a la
policía.
Luego de la persecución logre esconderme por
los pelos en una habitación de la planta alta,

parecía haber funcionado como un cuarto de
limpieza en sus mejores días, me senté a
descansar detrás de un mueble mientras
pensaba en cómo reaccionar a la situación.
Pasados unos minutos pude juntar el coraje
necesario para poner mis pensamientos en regla,
mis ojos estaban fijos mirando hacia la entrada.
El polvo de la habitación se dejaba ver gracias a
la escasa luz que lograba filtrarse por debajo de
la puerta, generando algunas sombras ilusorias
que alimentaban mi pánico.
Mis pensamientos se vieron perturbados
violentamente por el sonido de un objeto
metálico arrastrándose por el suelo oxidado de
la antigua fábrica. No estaba seguro si provenía
del piso superior o del pasillo contiguo, no pude
distinguirlo en ese momento. Pero sabía
claramente que producía aquél sonido, una gran
hacha de leñador. Antes de perder de vista a mi
desafortunado compañero pude ver al extraño
surgiendo desde las sombras, agitando su
enorme hacha de un lado a otro.

«2»
Me tome cinco minutos para trazar un mapa
mental del extenso pasillo que me había traído
hacia ese lugar y decidí salir a echar un vistazo,
abrí la puerta lentamente con mucha cautela
evitando llamar la atención.
La energía eléctrica no funcionaba en la fábrica,
lo habíamos comprobado con Lucas al tratar de
encender una antigua cafetera. Los pasillos eran
tan oscuros a falta de ventanas y luces
artificiales, que el sentido de la vista era
completamente inútil en ese lugar.
Las paredes estaban totalmente corroídas por el
tiempo dejando bien claro la antigüedad del
edificio. No se lograban distinguir los detalles
decorativos, incluso las maquinas y
herramientas esparcidas por el suelo se había
asimilado con la estructura. Mis conocimientos
sobre ese tipo de lugares industriales eran y
siguen siendo casi nulos, ignoraba por completo

que fabricaban ahí en aquellos tiempos, pero
saberlo no era prioridad.
Necesitaba encontrar algo que sirviera como
arma en caso de que apareciera el extraño, por
primera vez sentí la necesidad de defenderme
seriamente de un agresor desconocido, y no
tenía ni idea de cómo hacerlo. Todas las
habitaciones del pasillo parecían estar cerradas
con llave, hasta que finalmente la última puerta
cedió un poco hacia dentro, mire a través de la
cerradura y pude notar la llave metida del otro
lado.

«3»
Decidí entrar a revisar la habitación, la puerta se
había adherido al suelo debido al oxido por lo
que tuve que forzarla un poco para abrirla del
todo, el polvo de las lámparas que colgaban del
pasillo comenzó a caer como torrente debido a
la vibración que produjo la puerta al despegarse.
No estaba tan oscuro en su interior, un poco de
la luz reflejaba por la luna entraba desde unas
pequeñas ventanas industriales cercanas al
techo. Cerré la puerta para evitar sorpresas y
abrí los ojos bien grandes en busca de objetos,
mis ojos todavía no se habían acostumbrado al
cambio de luz. Una llave inglesa se veía a simple
vista sobre una mesa de aluminio, era muy
grande y pesada, intente blandirla en el aire
pero mis movimientos fueron torpes y lentos,
descarté la idea de irme con ella. Necesitaba algo
más ligero y con filo para poder defenderme del
agresor.

El sonido del hacha arrastrándose se hizo
escuchar nuevamente, esta vez fue más intenso
que antes. Era seguro que estaba en el pasillo. El
maldito estaba ahí, buscándome. Me escondí
debajo de unas tuberías que venían de la
habitación contigua y continuaban hacia afuera,
que lejos de ser un lugar seguro proyectaban
una sombra casi absoluta sobre el suelo. La
puerta se abrió bruscamente y pude ver sus
enormes pies, pasó junto a mí arrastrando el
hacha que provocaba unas ligeras chispas en el
suelo. Su respiración sonaba agitada y con
dificultad, parecía ser un hombre de avanzada
edad.
El extraño reviso la habitación sin prestar
atención a los lugares bajos. Estaba casi seguro
que podría haberme escondido debajo de la
mesa de aluminio y no me hubiera hallado. El
susto era tal que ignore por completo que el
hombre ya no se encontraba en la habitación,
estaba afuera observando desde la puerta.
Luego de un minuto inmóvil cerro la puerto con

llave y se marcho por las escaleras. Sabía que
debía haber tomado la llave cuando pude.
Estaba completamente atrapado.

«4»
Durante un momento pensé en quedarme
debajo de las tuberías y esperar hasta que
amanezca, pero quedaría totalmente expuesto a
la luz del día, debía aprovechar la oscuridad e
irme sigilosamente de ese horrible lugar. Tome
la llave inglesa nuevamente y golpee la manija
unas tres veces hasta que pude romperla.
Sabía sin ninguna duda que el extraño había
oído aquél sonido y no podía escapar por la
escalera del pasillo, él vendría desde esa
dirección. Claramente no tenía muchas opciones,
volví a la habitación de limpieza y espere
mientras pensaba en como escaparme por
detrás de él, en caso de que me descubriera.
Había un ducto de ventilación que sobresalía en
una de las esquinas, no lo había notado hasta ese
momento, parecía haber salido simplemente de
mis pensamientos. El lugar no fue pensado como
una fabrica moderna en sí, los cuarto de

limpieza debían estar ventilados y éste no
contaba con ventanas hacia el exterior.
Quite las tuercas con la llave inglesa que me
había traído y saque la tapa del ducto con
cuidado. Apenas cabía dentro de él, pero podía
moverme con facilidad, y dado el caso de no
poder seguir avanzando me serviría como
refugio mientras pensaba en otra salida, el
extraño parecía no ser un buen observador y eso
era una enorme ventaja para alguien de baja
estatura como yo.
Apoye la tapa en su lugar con las puntas de mis
dedos y seguí por el ducto de ventilación hasta
que perder de vista la entrada. Escuche apenas
el sonido del hacha pero lo ignore por completo,
necesitaba seguir adelante y buscar una salida
segura.
El ducto parecía no tener final e incluso mis
rodillas comenzaban a dormirse mientras
avanzaba más y más. Las uniones entre los

módulos de aluminio hacían un pequeño ruido
cuando cruzaba sobre ellas, trataba de evitarlas
con algunas dificultades. Los roedores muertos y
sus excrementos comenzaron a ser moneda
corriente en el ducto a medida que me abría
paso por él, tenía miedo que el extraño estuviera
siguiendo mis pasos por debajo del mismo, y
terminar luego como uno de esos
desafortunados roedores.
Al avanzar varios metros pude ver una sección
que conducía hacia el piso inferior. Me arroje
sujetándome de las paredes del ducto con las
manos y lentamente pude bajar sin hacer mucho
escándalo. Halle una rejilla que daba a una de las
habitaciones, parecía estar limpia y amueblada
recientemente, siendo iluminada por una
pequeña estufa de gas. Pegue mi oído al metal
helado del ducto tratando de distinguir la
melodía proveniente de una vieja radio a
baterías que se asomaba apenas en mi campo de
visión, sonaba a Jazz o a Blues pero no estaba del
todo seguro. El cuarto no daba la impresión de

pertenecer a un asesino despiadado, siendo
indiferente a los hechos que experimente
anteriormente, se veía cálida y reconfortante.

«5»
Mi impresión por aquel cuarto fue tal que ignore
completamente la rejilla que se hallaba metros
más adelante. Tome la decisión de seguir
avanzando y ver a través de ella.
El olor que desprendía aquella rejilla era brutal.
La escena que vi luego me costó bastante
asimilar hasta el día de hoy, en definitiva el olor
que había sentido provenía de un cuerpo
descomponiéndose, era el olor a la muerte.
Cinco segundos observe de aquel horror antes
de apartar la vista. Comencé a vomitar de los
nervios, mi estomago y mi cabeza se pusieron de
acuerdo para provocarme un verdadero
pandemonio de sensaciones. Luego de
recomponerme al fin, volví a ver para confirmar
lo que había visto, y afirmativamente se trataba
mi amigo Lucas, cortado violentamente por la
mitad. Su torso colgaba desde los brazos
mediante dos cadenas al techo. La otra mitad de

su cuerpo, de la cintura para abajo, no se hallaba.
Comencé a llorar y mis codos hacían mucho
ruido contra el metal. Había olvidado que estaba
en medio de una persecución por unos
momentos. No podía dejarme atrapar por ese
monstruo porque ya sabía lo que me pasaría,
terminaría como Lucas, muerto y sin piernas.
Mirar la situación con otros ojos me salvaría la
vida luego, olvidarme de los sentimientos que
me unían a mi amigo, se había convertido en un
pedazo de carne sin vida y tenía que
convencerme de ello. Para salir de esa situación
con vida debía pensar como el extraño y dejar
de ser humano.

«6»
Utilizando la llave inglesa que me había sujetado
en la espalda con el cinturón de mi pantalón,
logre doblar ligeramente la rejilla del ducto
hasta que cayó al suelo. Debía haber algo en esa
habitación que me sirviera luego, alguna
herramienta de corte o similar. Era bastante
arriesgado abandonar el ducto, pero tenía que
dejar atrás los miedos y enfrentar al extraño
frente a frente.
Pase mi cuerpo por la rejilla con cuidado,
quedando con mis pies suspendidos en el aire
por unos metros al suelo. Me arroje y caí sobre
unas mantas amontonadas ahí, estaban
manchadas con sangre seca, era la sangre de
Lucas evidentemente. Me contuve las ganas de
llorar y me puse de pie con rapidez.
La puerta de la habitación estaba abierta pero
no del todo y eso me daba mala espina, muy
mala espina. Revise todos los cajones de un

escritorio que había junto a la entrada, el único
mueble del lugar, pero no encontré nada. Una
gran pila de ropa se hallaba bajo el escritorio.
Vestimenta de aquellos hombres, mujeres y
niños que ignorantes del peligro como nosotros
decidieron dar un paseo por la fábrica. Incluso la
correa de un perro llamado Terry había entre las
pertenencias. Para el extraño no había límite de
edad, asesinaba y mutilaba todo lo que se
moviera.
Los ojos de Lucas estaban muy abiertos, a pesar
de estar muerto su rostro demostraba mucho
dolor. El extraño lo había cortado al medio con
una especie de sierra irregular mientras todavía
estaba con vida. Debajo de él había un recipiente
de plástico donde habían caído sus órganos
internos y la mayor parte de su sangre. Era
difícil saber dónde estaban los demás cuerpos o
desde cuando el extraño llevaba haciendo
aquellas atrocidades.

Bajar a ese lugar fue una pérdida de tiempo y
esfuerzo. Tampoco tenía forma de volver al
ducto, estaba demasiado alto.

«7»
Sin más remedio me asome por el pasillo y pude
ver que la puerta de la habitación iluminada
estaba abierta. Lentamente me fui abriendo
paso por él, la música proveniente de la radio a
baterías se hacía oír cada vez más.
Sobre la marcha entre ambas habitaciones algo
llamo mi atención, era una gran puerta de color
rojo que se diferenciaba de las demás, estaba
ligeramente adornada con pequeñas cruces de
color negro, en su momento supuse que eran
cristianas pero no lo tenía muy claro. Intente
abrirla pero estaba cerrada con llave. Eche un
vistazo por la cerradura pero no se veía
absolutamente nada, solo oscuridad. Un olor
muy fuerte provenía del interior. El solo hecho
de pensar sobre lo que podía haber adentro me
hizo poner la piel de gallina.
Me concentre en la habitación iluminada, que
para mi suerte el extraño no se encontraba ahí.

Todo parecía estar minuciosamente ordenado y
limpio, desde los variados tipos de calzado junto
a la cama del extraño hasta los adornos sobre las
vitrinas. Una gran lámpara de hierro colgaba del
techo y reclamaba el dominio sobre las sombras
nocturnas. Sí, me di el lujo de dar un toque
dramático aunque sea una vez.
Había pequeños cajones debajo de la cama que
formaban parte de ella, todos estaban cerrados
con llave al igual que los grandes estantes
vidriados. Al parecer al extraño le gustaba
mucho su privacidad, debía tener un gran
manojo de llaves consigo. El aroma a lavanda era
agradable y reconfortante, me recordaba
extrañamente al baño de mi abuela. No encontré
ningún rastro de sangre que vinculara aquel
cuarto con el extraño del hacha. Todo el lugar
contractaba totalmente con la habitación
contigua, donde se había producido aquella
carnicería sin sentido.

En una de las esquinas había una estantería
repleta de libros coloridos de todos los tamaños
posibles. Con solo observar un poco los títulos
pude darme cuenta de su fascinación por los
clásicos infantiles. Nunca había visto libros
encuadernados de esa forma, estaban envueltos
en una capa fina de plástico. Quizás el extraño
temía que se arruinaran por la humedad del
lugar, realmente eran valiosos para él. Me limite
a abrir un ejemplar de Alicia a través del Espejo
y algunas marañas de dudas comenzaron a
responderse por sí solas en mi cabeza. Al
principio solo vi páginas en blanco, pero al tocar
la superficie de sus hojas pude entender el
porqué, los libros estaban en braille. El extraño
del hacha era totalmente ciego.
Acomode el libro en su lugar, minimizando las
evidencias de mi curiosa intromisión. Tome un
pequeño libro de los hermanos Grimm que
parecía destacar de entre los demás, lo pensé
demasiado y no encontré ningún motivo para no
llevármelo conmigo en ese momento, parecía

una edición especial que rejuntaba varios
clásicos y desprendía un sugerente perfume con
aroma a rosas. Quizás resultaría tan valioso para
el extraño al punto de que pueda chantajearlo,
puede ser incluso ser más peligroso que su
misma hacha.
El destino no dio tiempo de relajarme ni en lo
más mínimo. Luego de guardar el pequeño libro
en mi bolsillo un fuerte sonido se escucho justo
detrás de mí. El corazón dejo de latirme por
algunos segundos. Gire la cabeza rápidamente y
ahí estaba el extraño, volviendo de hacer lo que
estuviera haciendo. Al dejar su filosa hacha
sobre una mesa de madera la tensión que ejercía
sobre mis piernas se fue levemente. Me quede
inmóvil frente a la colección de libros mientras
aguantaba la respiración. Le rogaba a un posible
Dios misericordioso que el extraño no se diera
cuenta de mi presencia. Desafortunadamente no
fue así, luego de sentarse con mucha dificultad
sobre su cama miro hacia donde me encontraba.
Su mirada se mostraba perdida, mirando de

reojo hacia los lados una y otra vez. Apoyo sus
manos sobre su regazo y gentilmente me
pregunto.
— ¿Cómo te llamas niño?

«8»
Su voz sonaba rasposa y gastada, eran típicos
rasgos de un fumador desquiciado pero su
apariencia no lo demostraba del todo. Su rostro
era pálido, con mucho vello facial saliendo de
sus orejas y nariz. En ese momento una gran
cantidad de adrenalina comenzó a fluir por mi
cuerpo preparándome para una posible huida.
El tratar de escapar no era desde luego lo más
lógico, su cama estaba muy cerca de la única
salida. Me cerraría el paso y me cortaría la
cabeza sin apenas darme cuenta. Decidí
mantener la calma y responder su pregunta con
la misma e indiferente amabilidad.
— Mi nombre es Erick ¿Y el suyo?
El extraño ignoro completamente mi pregunta y
solo se limitó a asentir con la cabeza. Comenzó a
contarme sobre la supuesta familia que había
perdido. No sé porque estaba hablando conmigo,
no sé porque aún yo seguía con vida en ese lugar,

lo único que podía hacer era seguirle la
corriente y ver a donde quería llegar. Era
inconcebible que aquel monstruo hubiera tenido
una esposa llamada Guadalupe y una hija
llamada Verónica, y que al parecer vivieron
felizmente en algún lugar, a las afueras de la
ciudad. Un sujeto muy hablador como pude
notar luego, se agitaba bastante al hablar
tomando grandes bocanadas de aire cada treinta
segundos. En ningún momento me dijo su
nombre y no quería volver a preguntárselo,
porque temía activar algo en su cabeza que no
debiera.
La colección de cuentos clásicos perteneció a su
hija que padecía la misma ceguera que él, era
algo genético sin remedio. El motivo de la
pérdida de su esposa y su hija era algo que no
quiso mencionar, tampoco me interesaba del
todo, era obvio que él había tenido algo que ver
con eso. Hablar algunos minutos me tranquilizo
del algún modo, había olvidado esa sensación de
sentirme perseguido y asechado como una rata.

No parecía un mal tipo, pero era sabido que los
peores asesinos son siempre los que no lo
aparentan.
Me acerque para observar el retrato de la pared
del que me había estado hablando todo el rato,
la típica escena de una familia feliz viviendo en
el campo, podía verse un perro con un collar que
me resultaba familiar. En el borde inferior
derecho había escrito algo con bolígrafo de color
dorado, pero no alcance a leer nada. La sombra
del extraño se había proyectado detrás de mí de
repente y un escalofrió recorrió mi cuello. Lo
único que pensé en ese momento fue en
agacharme esperando lo peor, lo próximo que vi
fue el hacha rozar mi cabellera y quedar
estancada en la pared. Me había salvado por los
pelos, literalmente.

«9»
Aproveche la situación para correr hacia la
puerta, correr como nunca lo había hecho en la
vida. El arma del extraño había quedado
inutilizada por unos segundos, usaría las
escaleras para llegar a la planta baja y buscar la
salida del edificio. Era casi seguro que estaría
cerrada con llave, pero ya pensaría en eso luego.
Lo importante era seguir con vida.
Luego de bajar dos pisos se me hizo difícil hallar
la última escalera, no me alcanzaban los dedos
para contar las veces que había tropezado con
los distintos objetos adheridos al suelo. Mis
rodillas estaban devastadas debido al cansancio
y el dolor de las rotundas caídas.
Cuando por fin pude hallar la escalera no preste
atención a un pequeño hilado que había a
centímetros del suelo entre una pared y otra.
Era una trampa que accionaba una pequeña
campana hallada en el mismo lugar. Era un buen

truco tenía que admitirlo, si eres ciego debes
tener tus otros sentidos bien agudizados. El
extraño corría a toda marcha entre las escaleras,
debía darme prisa y hacer un último esfuerzo
para salir de ahí.
Llegue finalmente al piso inferior, que parecía
haber funcionado antiguamente como una
recepción. La puerta por donde nos habíamos
colado Lucas y yo esa noche estaba cerrada con
llave como no podía ser de otra manera. Se me
ocurrieron varias ideas locas sobre qué hacer en
ese momento pero descarte la mayoría, dejando
solamente la más desquiciada. Tome una vieja
lámpara de aceite y un mechero que había al
costado de la escalera. Luego me oculte detrás
de un escritorio y espere que el extraño llegase a
por mí.
Había bajado el ritmo de su marcha, sus pasos
eran más lentos y denotaban total seguridad,
sabía que me había bloqueado la única salida,
por lo que decidió demorar mi captura y

disfrutar del momento. La espera se me hizo
eterna, la lámpara se resbalaba de mis manos
por el sudor de mi frente que goteaba sin parar
sobre ella. Finalmente vi llegar al extraño
encandilándome con la hoja de su hacha.
Observe todos sus movimientos, él parecía saber
muy bien donde buscar, conocía la fabrica como
la palma de su mano. El escondite más lógico era
sin dudas el escritorio de la recepción, pero por
algún motivo lo dejo para el final, parecía
divertirse con la situación.
Tome el libro que le había robado de su
colección y comencé a rociarlo con el aceite de la
lámpara, aun así todavía desprendía un
exagerado aroma a rosas. Cuando llego a unos
metros de mí me puse de pie rápidamente y
amenace con quemar su preciado libro. El
extraño comenzó a retroceder y su rostro
cambio totalmente. Del asesino despiadado que
había mutilado a todas aquellas personas, al
hombre amable con el recuerdo de su familia
perdida. Siguió retrocediendo hasta pegar su
espalda contra la pared, observe mi entorno

mientras continuaba amenazándolo con el
mechero, trataba de encontrar una forma de
escapar pero estaba totalmente atrapado.

«10»
Finalmente los nervios me dieron el impulso que
necesitaba. Encendí el mechero y los ojos del
extraño brillaron de una forma muy peculiar.
Sabía que si el libro comenzaba a arder el
extraño tal vez se abalanzaría sobre mí. De igual
manera lo encendí y lo arroje lejos de mí,
enseguida el aceite comenzó a desprender una
enorme llamarada.
Sin pensarlo dos veces el extraño fue a por el
libro, se quito la camisa y comenzó a ventilarlo
tratando de extinguir la llama con desesperación.
Aproveche la ocasión para tomar un bidón de
aceite del armario, algo que no había visto antes.
Junto al bidón halle un pequeño recipiente con
algunos caramelos viejos. Rápidamente vertí
aceite dentro del recipiente hasta llenarlo por
completo.
El extraño había conseguido extinguir el fuego
pero se limito a quedarse sobre sus rodillas en el

lugar. Se aferraba a lo poco que quedaba de su
preciado libro mientras lloraba desconsolado.
Me provoco pena verlo lamentándose, sus
lagrimas eran reales, pero era un monstruo
bipolar que podía atacar en cualquier momento,
asique debía acabar con él mientras estaba
distraído. Corrí hacia él dando algunos pasos
largos, le arroje aceite sobre su espalda
descubierta y encendí el mechero nuevamente.
Espere unos segundos esperando que me
suplicara pero no lo hizo. Le arrojé el mechero y
las llamas lo cubrieron con rapidez.
En su desesperación se quito el pantalón
ardiendo en llamas y lo arrojo con fuerza hacia
un estante, levantando una gran nube de polvo y
humo a su alrededor. El manojo de llaves que
suponía que tenía se hizo evidente cayendo de
sus bolsillos, sin dudarlo lo tomé y corrí hacia la
salida. Mientras observaba al extraño de reojo
comencé a probar las llaves una por una hasta
que finalmente la puerta abrió de un tirón
brusco.

Corrí desesperado por el jardín delantero
salteando todos los obstáculos con excelente
precisión, crucé el alambrado de púas que
protegía el lugar lastimándome levemente las
manos, pero la sensación de ser libre de esa
prisión oxidada opaco el dolor de las cortaduras
en su totalidad. Mire hacia la puerta de la fábrica
durante unos minutos y el extraño nunca salió.
Supuse que podría haber muerto por las
quemaduras pero era difícil saberlo.
Al día siguiente la policía se hizo presente en mi
casa para escuchar la historia de mi huída. Mis
palabras salían con total naturalidad y en ese
momento caí en la cuenta de todo lo que había
vivido esa noche.
Los oficiales encontraron el cuerpo de Lucas tal
cual como les había dicho, no fue fácil contarle a
su madre lo que paso, estaba devastada pero de
alguna forma no me culpo por lo ocurrido,
simplemente me abrazo muy fuerte y me

agradeció por ser sincero con ella. Meses
después me enteraría de algo que no me dejaría
dormir por semanas. La policía de homicidios
había encontrado una especie de tótem hecho
con los restos de las victimas en una de las
habitaciones, de inmediato se me vino la imagen
de aquella gran la puerta roja. El olor que se
filtraba por esa cerradura no era algo normal y
me alegre de no poder haber visto lo que se
alzaba detrás.
Finalmente hallaron el cuerpo del extraño en la
habitación amueblada, a los oficiales les costó
mucho quitar el retrato de su familia que tenía
en sus manos al que se había aferrado con
mucha fuerza, a pesar de estar agonizando. Se
determino que su sufrimiento se prolongo
durante unas dos horas antes de morir debido a
las quemaduras. Nunca se descubrió realmente
quien era aquél extraño, ni cuál era su nombre.
Su familia y el motivo de su desaparición siguen
siendo un misterio hasta el día de hoy.

Fin.