Por Osías Segura

By Centro Cristiano de Apologética Bíblica - 2016

¿ES EL DIEZMO ESTÁFA O
MANDAMIENTO?
Osías Segura Th.M.
Seminario ESEPA
osiasegura@esepa.com

En realidad el diezmo no es una estafa, aunque hoy por
hoy algunos estafan con dicha práctica. Tampoco es un
mandamiento, aunque otros lo tomen así. Entonces, ¿Qué
es el diezmo? Lo difícil de desarrollar este tema es que toca
muy profundamente tradiciones que hemos considerado
como sacramentos a través de los siglos. Es decir, el diezmo
se ha considerado por siglos, desde la perspectiva
evangélica, como una práctica sagrada e incuestionable.
Otro problema es la pobreza formativa de algunos pastores
para entender la continuidad y discontinuidad que existen
entre el Antiguo y Nuevo Testamentos. ¿Qué debemos
desechar del Antiguo Testamento? ¿Qué es viejo, y qué es
nuevo? Esto demuestra la pobreza teológica y la pereza de
pensamiento crítico de algunos pastores, aún más aquellos
de bajo nivel educativo. Pero la iglesia de hoy debe
considerar el estudiar y discutir estos temas para responder
con obediencia a las Escrituras. Este tema del diezmo hace
unos años parecía innecesario de discutir. Hoy ante los
abusos de los chamanes NEO-apóstoles y predicadores
electrónicos, se ha tornado necesario discutir el tema y este
artículo es un intento teológico de iniciar la discusión, para
que está continúe en nuestras iglesias.
Dios es el centro de la vida comunitaria y personal de
todos los humanos. Dios nos dio lineamientos y
mandamientos
para
que
nuestro
vivir
tuviera
responsabilidades éticas. Es decir, que nuestro vivir fuera
prospero sin afectar negativamente a otros. Por tanto no
debería ser la ley el centro de nuestra vida comunitaria y
personal (como lo ha sido para los Judíos), sino Cristo
mismo. Por ello cuando nos encontramos con pasajes
difíciles en el Antiguo Testamento debemos pensar en el

propósito o principio detrás de esa ley, y no en la ley misma
tal y como la pudiéramos interpretar hoy en día. Por
ejemplo, en los libros del Pentateuco encontramos un sin
número y variedad de ofrendas. Sin embargo, un tipo muy
especial de ofrenda aparece como diezmo. La palabra
diezmo significa, como bien sabemos, una décima parte. La
ley Mosaica contextualizó el diezmo (Levíticos 27:30-33) de
una práctica que en Génesis aparece como voluntaria. Al
encontrarse Abraham y Melquisedec, el primero le otorga al
segundo una ofrenda del 10% del botín, ganancia de la
batalla (Génesis 14:18-20 ). Jacob también le promete a
Dios una décima parte de sus ingresos, en cierta forma de
trueque (Génesis 28:22 ). Por supuesto Jacob no tenía un
conocimiento de la gracia y provisión de Dios como el que
tenemos hoy. Consecuentemente, la práctica del diezmo
fue incorporada en la ley de Moisés con el propósito de
mantener la tribu de Leví, y los sacerdotes de la nación que
servían en el templo, quienes no poseían bienes materiales
de ningún tipo (pues cuando les fue repartida la
Tierra Prometida a las doce tribus de Israel los levitas no
recibieron parcela alguna). Está tribu moraba en toda la
tierra antigua de Israel como sacerdotes para Dios y no
tenían ninguna otra forma de sustento económico ya que
el trabajo de ellos era el de servir en el altar. Está tribu de
sacerdotes existía aparte de los sumos sacerdotes que eran
descendientes de Aarón, quienes también necesitan su
sustento. Así que el mantenimiento de esta tribu y de todo
el sacerdocio dependía de las contribuciones y los diezmos
del pueblo. Si el pueblo no diezmaba, o no lo hacía
correctamente, el sacerdocio y los servicios religiosos,
festivales, y otras expresiones y observancias a la ley de
Dios sufrían consecuencias negativas. Es decir, no fue sino
hasta que se instaura la institución del templo que se
legaliza la práctica del diezmo como ley para el pueblo de
Israel. Y vale la pena agregar que las otras culturas vecinas
a los Israelitas también diezmaban a sus dioses paganos,
pero con el propósito de apaciguar su furia y obtener
bendiciones de ellos.
De esta manera, los Israelitas debían por obligación y
mandato ofrendar y diezmar de todo lo que producían. Por
ejemplo, diezmar de los animales, la cosecha, los frutos,
etc., y los levitas que recibían el diezmo del pueblo debían
también ofrendar a Dios el diezmo de todo lo recibido.
Había varios diezmos a saber según diferentes pasajes,

aunque me parecen que son formulaciones del mismo
diezmo. Por ejemplo, aparece la décima parte de las
posesiones (Lev. 27:30-33 ) que se entregaban a los
levitas para el ministerio en el templo (Números 18:20-32
). El segundo diezmo se ahorraba y se entregaba cada
tres años, aunque no hay certeza si se dividía claramente
del primero. De esta forma, un diezmo tendía a beneficiar
a los Levitas, al templo y ciertos festivales, y también a los
huérfanos, viudas, y extranjeros, y tales diezmos tenían su
promesa de bendición divina (Deuteronomio. 14:28-29
; 26:12-15 ). Así que como podemos notar, aquellos que
poseían tierra y la hacían producir en la época del Israel
antiguo, no daban solamente el diez por ciento de su
producción sino hasta un poco más. Pues los sirvientes, y
los esclavos al no poseer tierras para producir no se les
requería diezmar. De esta práctica, podríamos decir en
términos modernos, que solo aquellos que poseían los
medios de producción en una sociedad, como en el caso de
los ricos, eran los que diezmaban. A los pobres no se les
requería diezmar.
¿Qué hacían los Levitas con el diezmo? El Templo de
Jerusalén representaba para los Israelitas y para los judíos
el centro del mundo. En su cosmovisión holística todo tenía
implicaciones religiosas. Para los Israelitas el templo era no
solo el lugar cultico sino también era el centro de
distribución y ayuda social. Los diezmos, como
anteriormente notamos, se daban en parte primeramente
para apoyar a lo que hoy podríamos llamar “ministros
religiosos” (Deuteronomio 12:19 ; 14:27 ). Pero
recordemos que estos “ministros” recibían el diezmo por
que no poseían bienes algunos para generar riqueza. Esos
diezmos, también servían para beneficiar a los extranjeros,
huérfanos, y viudas, aquellos más desposeídos de la
producción de riqueza. Así que podríamos concluir que el
diezmo lo daban los ricos para aquellos que no poseían
bienes algunos de producción. Es decir, el diezmo junto a
otras ofrendas se utilizaba como una manera de redistribuir
la riqueza de una nación.
Posteriormente, al aparecer los reyes de Israel, como
otra institución de gobierno paralela al templo, otros
impuestos empiezan a aparecer, e inclusive impuestos
esporádicos para el templo (2 Crónicas 24:4-16 ). La

codicia de algunos reyes parece dejar al templo y sus
sirvientes religiosos sin posibilidades de recoger sus
diezmos, y a los pobres si capacidad de recibir ayuda. El
diezmo parece instaurarse de nuevo en 2 Crónicas 31:1-12
. Luego aparecen los profetas hablando contra la codicia
y la injusticia social, como en el caso de Amos y Malaquías
entre otros, frente a una forma cruda de un pre-capitalismo
que explotaba a los pobres (Isaías 5:8-10 ) y a los
ministros religiosos de la época (Malaquías 3:6 ), y donde
Dios mismo los acusa de robo. Lo que parece demostrar
que durante el periodo de los reyes el diezmo sufrió de falta
de práctica.
Dios ve roto el pacto con su pueblo y los deja continuar
su camino por si solos. Estos son no solo invadidos sino
también en su mayoría desplazados hasta Babilonia, y el
templo de Salomón es destruido por Nabucodonosor en 587
a.C. Al tiempo regresan otros del exilio de vuelta a
Jerusalén con Nehemías y Esdras logrando reconstruir las
murallas de Jerusalén, un templo modesto (515 a.C.), e
instituir el diezmo de nuevo, el cual parece volver a
funcionar (Nehemías 10:37 ; 13:12 ). Sin embargo, no
parece quedar claro en la práctica si la institucionalización
del diezmo es exitosa, es decir, si el diezmo continuó
funcionando para los Judíos a partir de esta época,
principalmente con la invasión de otros imperios exigiendo
sus impuestos.
¿Es requerido el diezmo para los cristianos?
El segundo templo de Jerusalén se reconstruye por Herodes
el Grande (recordemos que el primer templo fue destruido
al tiempo que los judíos experimentan el exilio a Babilonia)
ahora bajo la ocupación del Imperio Romano. Para el
segundo templo se generan algunas nuevas clases de
personal religioso como los fariseos, saduceos, etc. En estos
tiempos se calcula que cerca de veinte mil personas servían
en el Templo. Estos tiempos nos parecen mostrar un templo
incapaz de cobrar una décima parte de la producción
nacional, pues el Imperio se llevaba toda la riqueza para
Roma. Por ello aparece cierta evidencia de un impuesto al
templo, que Jesús mismo es confrontado a pagar (Mateo
17:24-27 ). A Jesús no se le exige que diezme, sino que
pague el impuesto.

Los únicos pasajes que dan testimonio de la práctica del
diezmo en el Nuevo Testamento se presentan como
ejemplos ingratos. Jesús aparece exhortando a los fariseos
a ver más allá de los detalles y ver la injusticia social que
reinaba en ese entonces. Recordemos que los fariseos
ponían la ley y no a Dios como el centro de su devoción,
por ello su perspectiva carecía de una visión más
macrosocial de la justicia. Estos diezmaban de sus hierbas
y hortalizas y se jactaban de ello, pero en su legalismo
habían descuidado lo macrosocial (Mateo 23:23 ; Lucas
18:10-14 ). De esta manera podríamos concluir que el
Nuevo Testamento no proporciona evidencia alguna de la
práctica del diezmo ni para los judíos, ni para los cristianos
judíos ni gentiles de la época.
Hay mucha evidencia de ofrendas, pero nada de
diezmos. Por tanto no existe algún mandato para diezmar
en el Nuevo Testamento. No encontramos en el Nuevo
Testamento instrucción u orden alguna para dar el diezmo
a la congregación o iglesia. La razón por la cual no se indica
en el Nuevo Testamento a que se diezme, puede ser porque
Dios espera que los cristianos den todo lo que tienen de
manera voluntaria en gratitud de corazón (1 Timoteo 6:18
) para los que le sirven y no poseen bienes, y para los
más necesitados. El apóstol Pablo presenta los principios
del dar en la segunda carta a los Corintios, en cuanto a una
ofrenda dada con gozo que es enviada a una congregación
en Jerusalén que estaba experimentando tiempos difíciles
(2 Corintios 8:7-15 , 9:6 ). Las ofrendas son práctica
común en las iglesias primitivas cristianas, pero el diezmo
no se menciona como práctica alguna.
El Caso de Hoy en las Iglesias
Una conclusión errónea y simplista sería decir que como el
diezmo según el Nuevo Testamento no es una práctica
instituida, entonces debería eliminarse. ¿Si Dios instauro
dicha práctica para suplir las necesidades de los
desposeídos de riqueza, como los pobres y los grupos
religiosos que servían en el templo, por qué no practicar el
espíritu de dicha (ley) práctica hoy, en vez de su legalismo?
Veamos que podemos considerar hoy para contextualizar
está práctica en nuestras iglesias:

Primeramente,
las
iglesias
evangélicas
están
experimentando un materialismo y un endeudamiento
entre las generaciones más jóvenes. Hoy estos jóvenes
profesionales dan menos y menos a sus iglesias, y no solo
a iglesias sino también a organizaciones de caridad. Es de
suma importancia ayudar a nuestras nuevas generaciones
a generar una mayordomía más sana de sus recursos
financieros y humanos. Si no les ayudamos a salir de sus
deudas y enseñarles a vivir de lo que ganan, la iglesia
pronto empezará a sufrir las consecuencias.
Segundo, desde una perspectiva del Nuevo Testamento
el creyente no está bajo la ley de Moisés sino bajo el espíritu
de su ley. Decir que no se debe obligar a nadie a dar
ofrendas ó diezmos, no es absolutamente cierto.
Recordemos que toda persona en el Antiguo Testamento
era llamada a ofrendar, pero no todos eran llamados a
diezmar. ¿Qué tal si algunos desean contextualizar el
diezmo como una práctica para hoy, algo que en la tradición
evangélica ya se ha dado en los últimos 200 años? Veamos
el caso de Abraham, quien no estaba bajo la ley de Moisés,
y diezmó a Melquisedec (figura tipo Cristo). Podríamos
adaptar este caso y contextualizarlo como un buen ejemplo
de sumisión y mayordomía hacia Cristo, pues el Señor nos
ha bendecido, y no damos para que nos bendiga más.
Tercero, tristemente hay que reconocer que usualmente
las iglesias que más reciben diezmo son aquellas en las que
se enseña a hacer trueque con Dios. “Siembre hoy y el
Señor le prosperará más mañana.” Esta Teología de la
Prosperidad es una herejía, pues enseña que Dios está
obligado a bendecir a aquellos que le tuercen el brazo.
Recordemos que Dios es soberano y puede bendecir a
quien quiera, cuando quiera, y como quiera, sin necesidad
de intercambio de dinero u obras. Las bendiciones de Dios
no son solo financieras, ni solo para los que dan con fines
de obtener más lucro. Sumisión a la voluntad de Dios, y no
manipulación de las bendiciones de Dios es lo que marca la
diferencia para recibir y dar bendición.
Cuarto, el enseñar a nuestra congregación a dar un diez
por ciento podría convertirse en una terrible herejía. Dios
es nuestro Señor, y dueño de toda la creación. Nosotros,
sus mayordomos, le debemos dar y consagrar a Dios el
100% de lo que somos y producimos. Así el 10% podría

simbolizar esa entrega, siempre y cuando el espíritu de la
ley, y el propósito de la ley del Antiguo Testamento se
mantenga fiel. Es decir, si Ud. desea contextualizar la
práctica del diezmo en su iglesia, considere los siguientes
principios:

Si su iglesia diezma, y parte de esos diezmos no
se distribuyen hacia los más necesitados tanto
fuera como dentro de la congregación, su iglesia
le está robando al Señor.
Si los pastores de su iglesia tienen otras fuentes
de ingreso, y en vez de recibir un salario extra, se
llevan el diezmo como pago a sus servicios, sus
pastores le están robando a Dios.
Si en su iglesia es el pastor y su familia los únicos
que a discreción hacen uso del diezmo, tenga
cuidado. Ud. podría estar permitiendo que se den
abusos con el dinero del Señor. Toda iglesia debe
presentarse como un libro abierto al mundo. Todo
pastor y líder eclesial debe dar cuentas abiertas,
en cualquier momento que se le pida, de la
mayordomía a la que se le ha encargado. Siempre
es sano tener a dos personas sin relación de
parentesco entre sí ni con el pastor supervisando
los fondos de la iglesia (entre ellos no debe haber
ningún pastor ni ninguno de sus familiares).
Si su pastor dice que los diezmos son para él o
ella, su pastor le está robando al Señor, y al Estado
al no pagar impuestos. En nuestra sociedad
capitalista todo pastor debe gozar de un salario,
pagar impuestos, y otros aportes de ley. Tal y
como hemos visto, el diezmo no es para el pastor
ni los pastores solamente.
Si algún medio de difusión masiva como canales
de televisión, emisoras de radio, o prensa escrita
solicita de un diezmo, primicias, u ofrenda, a
cambio de una bendición particular, ellos están
practicando una estafa. Una ofrenda o diezmo no
se da para recibir. Se da porque hemos recibido,
pero no con la intención de recibir más. Nadie
puede asegurarle a nadie una bendición de Dios.
Dios es soberano y a su tiempo dará buenas
dadivas a los fieles de su pueblo.

Si en su iglesia le hacen, indirecta o directamente,
sentir culpable si no diezma. Si en su iglesia es
obligatorio diezmar. O si en su iglesia
constantemente se explica que los que no diezman
le están robando a Dios, y por tanto no reciben
bendición financiera. Su iglesia está practicando
una estafa. El diezmo era una práctica obligatoria
en el Antiguo Testamento, no así en el Nuevo
Testamento. Si se desea contextualizar esta
práctica del diezmo, recordemos que en el Antiguo
Testamento solo los que poseían los medios de
producción (los ricos) se les solicitaba diezmar
(aunque si el ofrendar era para todos).
Si su iglesia ha contextualizado (o desea
contextualizar) la práctica del diezmo sin
considerar el espíritu y propósito de esta práctica
de la ley en el Antiguo Testamento, su iglesia
entonces, no está diezmando. Su iglesia está
haciendo algo que no debería llamarse diezmo, y
hasta podría estar estafando a su membresía, todo
por ignorancia teológica.

Finalmente, recordemos que el diezmo (además de las
múltiples ofrendas) se daba al templo para cuidado de la
infraestructura, y su personal que no poseía tierras ni
herencias, y para los más necesitados (viuda, huérfano,
extranjero, etc.). Si su iglesia local no cumple el rol de los
antiguos templos en la distribución según los principios del
diezmo, Ud. no está en la obligación de diezmar, y aún
menos si Ud. no produce riqueza alguna.

Acerca del Autor

Osías Segura Profesor adjunto en Fuller Theological Seminary