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ENSAYO DE CHISPA EN LOS
ACEROS

ROBERTO HUGO PACINI
FORMADOR

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ENSAYO DE CHISPA EN LOS ACEROS
Entre los numerosos ensayos y procedimientos que existen para diferenciar
aceros y conocer sus características o composiciones, el ensayo de chispa es
uno de los más interesantes, sobre todo, teniendo en cuenta que se efectúa con
gran sencillez y no exige ni costosas instalaciones ni personal con
conocimientos especiales.
Sirve para clasificar algunas clases de aceros por su composición, examinando
las chispas que saltan al poner el material en contacto con una muela de esmeril
que gire a gran velocidad.
Conviene destacar que con este ensayo no se determina la composición o
análisis del acero. Se trata sólo de un ensayo complementario que tiene especial
aplicación en las operaciones de control, cuando se quiere comprobar la calidad
de un material, se temen equivocaciones o se necesita separar piezas que por
error se han fabricado con aceros de clases diferentes. En estos casos su
utilización es muy recomendable, pues el efectuar un análisis químico de cada
una de las piezas o barras es casi siempre prohibitivo, unas veces por su
lentitud, otras por su elevado precio, que en algunos casos resultaría más caro
que las mismas piezas, y otras por estropearse éstas al sacar la viruta; en
cambio, la clasificación por la chispa se efectúa, generalmente, con gran
facilidad sin ninguno de los inconvenientes citados.
Entre las chispas idénticas que dan todas las barras de una misma clase, suele
ser relativamente fácil distinguir alguna o algunas que corresponden a otro
material.
Como hemos dicho anteriormente, este ensayo, como otros que se emplean en
la industria (dureza, aptitud al temple, tenacidad, etc.), tiene carácter
complementario y no siempre reemplaza a otros métodos, pues sólo nos marca
o indica el porcentaje aproximado de carbono, la presencia de determinados
elementos, la ausencia de otros, etc. Como frecuentemente estos datos son
suficientes para conocer un acero o determinar su calidad, se comprende la
importancia del mismo. Precisamente por su economía y sencillez su uso se ha
extendido extraordinariamente en todas las industrias.
Formación de las chispas.
Al ser atacada una pieza de acero por una muela de esmeril girando a gran
velocidad, ésta arranca partículas de acero que son proyectadas en una
dirección tangencial a la periferia de la muela. Al efectuarse ese brusco arranque
se origina un fuerte calentamiento local, llegando a alcanzar las partículas que
se desprenden temperaturas de incandescencia dibujando en el espacio las
trayectorias que nosotros observamos. Además de esas líneas o rayos,
aparecen en las chispas explosiones, estrellas o arborescencias luminosas que
son debidas a la oxidación por el oxígeno del aire de algunos elementos que
contiene el metal. El carbono que se transforma en anhídrido carbónico C02, es
el que más influencia ejerce en el carácter de las explosiones. Estas
oxidaciones, en algunas de las cuales hay paso de estado sólido a gaseoso, van
acompañadas de aumento de volumen y por esto se originan en el interior de las
partículas presiones suficientes para romper la envoltura superficial, poco
resistente a esas altas temperaturas originándose entonces las explosiones
características que observamos.

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Examen de las chispas.
Al estudiar las chispas hay que observar con gran detalle su figura y color. Una
chispa puede dividirse en tres partes principales (fig. 1). La primera es la más
cercana a la muela de esmeril, formada por rayos rectilíneos y en los que se
observa con bastante claridad el color característico.

Fig. 1 – Detalles generales a observar en el ensayo por chispas
La segunda es una zona intermedia donde aún se conservan las líneas
primitivas, pero aparecen bifurcaciones de rayos y hay ya algunas explosiones.
Por fin, la tercera y última zona, es donde aparecen la mayor parte de las
explosiones.
En el examen de las chispas deben observarse los menores detalles; hay rayos
cuya figura y forma son iguales y en cambio tienen coloraciones distintas y
diferente intensidad luminosa. Otros se diferencian por su longitud y por la clase
de trazo, que puede ser continuo, punteado, abultado, etc. La extremidad de los
rayos es uno de los caracteres más importantes de las chispas. Pueden ser
chatos, sin punta, con explosiones o sin ellas. Hay que observar también la
forma de las explosiones y el lugar donde se producen, pues unas veces
aparecen en la punta del rayo, otras en las bifurcaciones, etc.
Las explosiones toman figuras diversas y características. Las formas que
frecuentemente aparecen son las que se señalan a continuación: estrellas,
gotas, lenguas, flores, etc.
En la fig. 1 están representadas las características más importantes que
aparecen en las chispas y cuya presencia o formación hay que observar con
gran cuidado.
A pesar de que el personal especializado, después de alguna práctica, es capaz
de distinguir rápidamente las diferentes chispas de los aceros, es siempre
conveniente el empleo de barras de control. Para ello, debe disponerse de una
colección de barritas de composición conocida, señaladas con sus marcas
correspondientes, y siempre al efectuarse un ensayo comparar las chispas de
los aceros conocidos con el que se quiere estudiar.

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Conviene operar siempre en un departamento oscuro o con muy poca
iluminación, pues de esta forma se aprecian mucho mejor las coloraciones y
detalles particulares de cada ensayo.
Debe utilizarse una muela de dureza y grano medio bien centrada y limpia,
girando a 1.500 revoluciones por minuto, procurando efectuar siempre igual
presión sobre la muela para que puedan compararse entre sí los resultados.
Aceros al carbono.
La chispa más sencilla es la del acero al carbono dulce con menos de 0,15% de
C. Está formada por rayos lisos de color amarillo oscuro, que en la punta
aumentan ligeramente de volumen y de luminosidad fig. 2.
En los aceros de 0,25 a 0,30 % de C, los rayos en la primera zona son iguales,
pero ya aparecen algunas explosiones en forma de lanzas y flores en las
bifurcaciones y extremos sin ningún orden y el color de la chispa es un poco
más vivo fig. 3.

Fig. 2

C = 0,15%

Fig. 3

C = 0,30%

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Al seguir aumentando el porcentaje de carbono, también aumentan las
explosiones, siendo el acero de 0,45% de C el de chispa más brillante y laminosa
con abundantes explosiones figura 4.

Fig. 4

C = 0,40%

En los aceros de herramientas con 0,7 / 0,9 / 1 y 1,3% de C, los rayos se hacen
más cortos, aumentando en cambio la cantidad de arborescencias de las
chispas Fig.5 .-

Fig. 5

C = 1,05%

En general, se puede observar que, a medida que crece el contenido en carbono
aumenta ligeramente el grueso de los rayos, su luminosidad y la profusión de
las explosiones.
Aceros con molibdeno. Los aceros que contienen molibdeno tienen una
característica distintiva que hace relativamente fácil su identificación.

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Fig. 6

C = 0,30; Mo = 0,50%

Cr,Ni,Mo

En la extremidad de los rayos aparece una prolongación incandescente
completamente separada «spear point» muy característica de color rojo
anaranjado figuras 6 y 7.

Fig. 7

C = 0,30;Mo = 0,20%

Cr,Mo

Aceros con wolframio. La presencia del wolframio también se señala con
facilidad. Da una chispa con rayos de color rojo oscuro, mucho menos
luminosos que las de todas las demás clases de aceros y que en locales
iluminados son a menudo difíciles de apreciar.
Cuando se trata de un acero rápido con alta proporción de wolframio (18 %), los
rayos son punteados, de color oscuro y muy poco luminosos y en la extremidad
aparecen alguna vez ligeras explosiones, también de color rojo oscuro fig. 8.

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Fig. 8

W 18% ; Co 5%

El acero de 4 % de W y 1,25 % de C tiene también los rayos rojos muy poco
visibles, algunos con la punta gruesa y con explosiones violentas en forma de
flores fig. 8.

Fig.9

W 4%

Por fin, el clásico acero de brocas con 1,20 % de C y 1 % de W, tiene también los
rayos de color rojo, pero más visibles que los anteriores y las explosiones son
brillantes y blancos fig. 10.

Fig. 10

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C 1,20%; W 1%
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El acero para trabajos de choque que se utiliza en la fabricación de buterolas,
buriles, etc., de 0,55 % de C, 2 % de W y 1 % de Cr, tiene rayos de color rojo
claro, con una zona gruesa y más clara en la punta, con explosiones en forma de
lanzas que ocurren donde el rayo comienza a hacerse grueso fig. 11.

Fig. 11

C 0,55%; W 2%

Aceros para troqueles. Para diferenciar los aceros de troquelería la aplicación
del ensayo de chispa es muy ventajosa. Los tres aceros más utilizados para la
fabricación de troqueles son: el acero al C de 0,9 % de C y los aceros
indeformables con 12 % de Cr uno y con 1 % de Mn y 0,50 % de Cr y de W el otro.
Es sencillo determinar en troqueles antiguos y muy usados la clase de que
fueron fabricados, empleando esta clase de ensayo fig. 12 y 13. La chispa del
acero de 0,9% de C es casi igual a la de la fig. 5.
Aceros con silicio. La presencia de silicio en porcentajes de 1 a 2% en los aceros
para muelles da lugar a chispas con rayos y gotas muy brillantes, casi blancas,
en las puntas, desapareciendo en gran parte las explosiones de los aceros al
carbono.

Fig. 12

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C 2,2%; Cr 12%

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Fig. 13

Mn 1%; C 1%

El estado del material tiene relativamente poca influencia en el ensayo, pues aun
cuando las chispas saltan con mayor facilidad en una pieza templada que en una
recocida, y las de aquéllas son algo más claras y brillantes, la figura no se
modifica.
Hay que tener cuidado, al hacer el ensayo, con el estado superficial del material,
pues estando un acero cementado o descarburado, el contenido en carbono de
la periferia es diferente del que tiene el resto del material, y es fácil equivocar los
resultados.
Se han hecho muchos ensayos para obtener fotográficamente la figura de las
chispas, pero como hasta ahora los resultados obtenidos no representan con
fidelidad las figuras que observa el ojo humano, se prefiere utilizar dibujos para
representarlas con la mayor exactitud. Aunque en estos dibujos se procura
reflejar todos los detalles, no hay que pretender que sólo con comparar la tabla
de figuras con las chispas, se puede ya determinar la clase de material. Es muy
difícil representar en un dibujo una imagen móvil que constantemente va
renovándose y que, además, posee luces propias, y por ello, no es extraño que
un observador exigente encuentre alguna vez diferencias entre ambos.
Como el número de aceros especiales es muy grande, recomendamos, en el
caso de adoptar este procedimiento de ensayo, estudiar las chispas siguiendo
una clasificación que agrupe los diferentes tipos en grupos que por su
composición o utilización tengan alguna relación. Para ello, recomendamos la
siguiente, que es la adoptada por nosotros para clasificar nuestros aceros.

Aceros de construcción
Gran fatiga
Cementación
Nitruración
Inoxidables
Resistentes al calor
Para muelles
Al carbono

Aceros de herramientas
Rápidos
De corte no rápido
Inoxidable
Indeformables
Para trabajos de choque
Para trabajos en caliente
Al carbono

El ensayo de chispa ayuda a resolver en los talleres y almacenes muchos
problemas sobre la calidad de los aceros. Permite evitar muchas equivocaciones, y al utilizarlo se economiza el tiempo y dinero que exigiría un análisis
químico.
Frecuentemente la diferenciación entre diversas calidades es muy fácil y rápida,
pero no siempre permite determinar la clase o composición de los materiales.

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La determinación aproximada del contenido en carbono, de la presencia del
tungsteno, del molibdeno y la separación de las piezas o barras de diferentes
calidades, son los casos en que este ensayo tiene mayor utilidad.
Chispas de las fundiciones.
Considerando interesante conocer también las chispas de las fundiciones, en
las figuras 14, 15 y 16 se puede observar sus características más importantes.

Fig. 14

Chispa de la fundición blanca

Fig. 15

Chispa de la fundición gris

Fig. 16

Chispa de la fundición maleable

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La fundición blanca se distingue por dar cerca de la muela de esmeril un haz
bastante cerrado de rayos rojos que luego se rompen en abundantes
explosiones amarillas de forma estrellada muy variada.
La fundición gris da junto a la muela rayos rojos, pero son más cortos que los de
la fundición blanca. Esos rayos se transforman luego en rayos amarillos
apareciendo también al final algunas explosiones.
La fundición maleable tiene una chispa muy parecida a la del hierro dulce. Los
rayos son de más longitud que los de la fundición gris y al final de ellos casi no
se producen explosiones.
Determinación rápida de la presencia del níquel en los aceros.
Frecuentemente interesa conocer si una muestra, barra o trozo de acero
contiene níquel. Unas veces para asegurarse sobre la calidad de un material,
otras por haber mezclado aceros de diferentes composiciones, y otras para
efectuar una primera valoración de chatarras de aceros especiales. El ensayo de
chispa que anteriormente hemos descrito falla precisamente en esta
determinación, y la presencia del níquel no se manifiesta por ningún detalle
particular de coloración, figura, etc. Como este elemento es uno de los más
empleados en la fabricación de los aceros especiales de construcción y su
aprovechamiento en las chatarras es casi total, pues no se oxida en la primera
fase de la fabricación de aceros en el horno eléctrico, se comprende la
importancia y utilidad del método que a continuación detallamos para la
selección o clasificación de aceros.
Su fundamento tiene gran analogía con el empleado para la determinación de
este elemento por análisis químico.
Consiste en atacar el acero por medio de un ácido y observar posteriormente la
coloración roja característica del níquel al atacar luego con una solución de
Dymetil glioxima.
Se comienza limpiando cuidadosamente la superficie del metal con papel de lija
o piedra de esmeril. Debe quedar bien limpia y seca, pues cualquier mancha de
aceite o grasa da lugar a una reacción igual que la del níquel. La cascarilla
superficial debe también eliminarse, pues frecuentemente su porcentaje en
níquel es diferente del que contiene el acero y la intensidad de la coloración roja
que produce puede ser falsa.
El ensayo se realiza en la siguiente forma:
Se coloca una gota del ácido para ataque sobre la superficie del acero ya
preparada. Al cabo de dos minutos de ataque se recoge la gota con una tira de
papel reactivo, cuya preparación se explica más adelante, presionando un poco
éste con el dedo sobre el acero, a fin de recoger bien la parte atacada.
Con aceros al níquel, aun con solamente 0,80%, aparece una mancha roja o
rosada en el papel al final del ensayo.
A continuación se coloca la tira de papel reactivo en la boca del frasco que
contiene amoníaco hasta que la mancha tome color oscuro.
Luego se baña la tira de papel en una solución extractora de las sales de hierro,
que se tiene en una pequeña cápsula. Al cabo de un par de minutos desaparecen
las sales de hierro quedando únicamente las manchas debidas al níquel, si el
acero lo tuviese.

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Se lava con un poco de agua, mejor templada. La presencia de Ni se pone de
manifiesto por una mancha rosada o roja según el menor o mayor contenido de
este elemento en el acero.
El tiempo invertido no excede los cinco minutos. Las manchas, una vez seca la
tira, se conservan bien durante meses.
Con tres patrones de aproximadamente 0,2%-1% y 3% de Ni cuyo ensayo a la
gota se haya realizado simultáneamente, puede tenerse una idea bastante
aproximada del porcentaje de níquel que tiene el acero.
Con los aceros inoxidables debe verificarse el ensayo atacando con ácido
clorhídrico. No resulta ni tan limpio, ni tan seguro, aunque siempre
suficientemente bueno.
Soluciones y papel reactivo:
1.—Para el ataque:
ácido nítrico (1-5), es decir, un volumen de nítrico y cinco volúmenes de agua.
2.—Papel reactivo:
Bañar papel de filtro en una solución formada por 25 g de acetato amónico en
100 ce de agua que contienen 2,5 ce de ácido sulfúrico concentrado.
Secar los papeles suavemente en la estufa (no exceder de 50 °C)
Bañarlos a continuación en solución alcohólica de dimetilglioxima al 1 % y secar
de nuevo con cuidado. Cortar en tiras rectangulares de 1,5 x 4 cm
aproximadamente.
3.—Para neutralizar:
Amoníaco concentrado (hidróxido amónico).
4.—Solución extractora:
Disolver 20 g de ácido cítrico (o tartárico) en 40 ce de agua. Añadir después 20
ce de amoníaco concentrado (hidróxido amónico) evitando que la solución
quede amoniacal, lo cual se reconocería por el olor característico del amoníaco.
Si sucediese esto, añadir un poco de cítrico hasta que desaparezca tal olor.
Las soluciones pueden guardarse en frascos cuentagotas de 60 u 80 cc,
sirviendo para centenares de ensayos.

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