Fundación:

Es una escuela fundada por el estadounidense Martín Seligman que, tras 25 años de estudiar los
síntomas de la depresión, comenzó a preguntarse por qué, en lugar de deprimirse, muchas personas
lograban adoptar una actitud más o menos optimista ante la vida.
El gran descubrimiento de Seligman no fue empeñarse en definir o curar “enfermedades” conocidas
obviamente como tales, como podrían ser depresiones o trastornos en sí de ansiedad, sino en
investigar qué hacen y sienten las personas que, en sí mismas, se consideran como personas
felices. Posteriormente, trató de enseñar esos pensamientos y actitudes.
En su libro, “La auténtica felicidad”, encontramos una definición tripartita de felicidad, compuesta
por la vida placentera (placeres sensoriales), el compromiso (el grado de compenetración con la
familia, el trabajo, la pareja, los hobbies) y una vida con sentido (sensación de trascendencia,
vinculación con algo mayor que uno).
En él, resalta que la mayoría de la gente construye sus vidas en torno al primero, aunque los dos que
pueden brindar una felicidad duradera son los segundos. Y es que la psicología positiva representa
un nuevo punto de vista desde el que entender la psicología y la salud mental, que viene a
complementar y apoyar al ya existente.

Campos de aplicación:

En el nivel clínico, uno de los objetivos de la psicología positiva es cambiar el marco de intervención
hacia el desarrollo de estrategias terapéuticas que favorezcan la experiencia emocional positiva, lo
cual está orientado hacia la prevención y tratamiento de los problemas derivados por la presencia de
emociones negativas como la ansiedad, la depresión, la agresión y el estrés, entre otros.
en el ámbito clínico y de la salud, es estudiar las fortalezas y las virtudes humanas, así como los
efectos que éstas tienen sobre los individuos y la sociedad considera que este tipo de aproximación
constituye también una valiosa estrategia para la prevención, en cuanto actúan como barrera contra
los trastornos psicológicos y pueden contribuir de manera importante con la capacidad de
recuperación
La psicología educativa desde una perspectiva positiva centra su atención en las fortalezas o
atributos específicos positivos de las personas y grupos en ambientes pedagógicos. Al respecto,
Seligman & Csikszentmihalyi (2000) sostienen que promover competencias en los niños es más que
arreglar lo que está mal en ellos; es identificar y fortalecer sus cualidades predominantes, y
ayudarles a encontrar los espacios en los que puedan expresarlas. Promover las fortalezas de los
niños y jóvenes puede incrementar cambios que favorecen el manejo exitoso de las dificultades
actuales y las que deberán afrontar en el futuro

Conclusión:

No debemos confundir la psicología positiva con el “pensamiento positivo” como corriente de
autoayuda que ha dado lugar a numerosos libros. La psicología positiva es una rama de la
psicología y, por tanto, es una ciencia cuyas conclusiones están basadas en estudios e
investigaciones realizadas por psicólogos y no defiende que haya que pensar en positivo en todo

momento, ni negar la realidad. Hay momentos en los que conviene tener un pensamiento algo más
negativo o realista o no ser demasiado optimista. Por ejemplo, si entras en un casino tal vez no te
convenga ser demasiado optimista respecto a tu suerte, porque puedes acabar sin dinero. Y si eres
controlador de vuelo, más vale que tampoco seas optimista en exceso o podrías perder algún avión
durante una tormenta.