UN ANHELO DE PAZ

Vicent Mengual Oroval

PUBLICADO

http://www.levante-emv.com/opinion/2015/01/02/anhelo-paz/1207446.html

Un reciente anuncio de los supermercados Sainsbury’s, ampliamente celebrado en YouTube,
rememora un hecho sucedido hace 100 años. En las Navidades de 1914 las circunstancias
favorecieron un acontecimiento único, que ha llegado a ser calificado de mágico. No solamente
en su centenario, todos los días de cada año debería de guiar nuestras vidas y la de nuestros
gobernantes. Posiblemente muchos hombres insignes, Mozart, Faraday, Einstein, Gandhi…
cederían gustosos las celebraciones con que les conmemoramos en sus centenarios, para que el
canto de paz y amistad que sonó en la nochebuena de 2014 retumbase en todos los rincones. El
hecho trató de ser ocultado por los poderes y ha pasado a la historia como “Tregua de Navidad”.
Históricamente, las tropas profesionales han sido, y lo son hoy en día, el instrumento fundamental
de la guerra. Los ejércitos de mercenarios, antecesores de las modernas empresas militares
privadas han sido también muy comunes. La Primera Guerra Mundial, sin embargo, fue llevada a
cabo con ejércitos de reclutamiento, muy numerosos; las modernas armas de la época frustraron
las iniciales cargas frontales conocidas hasta entonces; un larguísimo frente se estabilizó: la
guerra de trincheras. Solamente dos flancos en el frente de occidente: los Alpes y el Mar del
Norte.
Benedicto XV había propuesto a los contendientes una tregua de Navidad que fue rechazada por
ambas partes. Durante la Nochebuena, en una zona del sector belga del frente, desde la trinchera
alemana se entona un “Noche de Paz” respondido con otros villancicos desde la trinchera aliada.
Todos juntos continúan con “Adeste fideles”. Algo impensable con tropas profesionales o
mercenarias, algo imposible durante una carga frontal o un bombardeo. En algún momento los
soldados salen de las trincheras inquietos y cautelosos; ninguna arma, ni tan solo un cuchillo;
apretones de manos, intercambios de comida, bebida, tabaco, deseos de amistad; enterraron a
los muertos, y hasta jugaron al futbol.
Se reconocieron unos a otros como hombres horrorizados por la guerra y a quienes obligaban a
matarse entre ellos. Los pájaros regresaron de todos lados y hasta pudieron dar de comer a los
gorriones. Estos hechos se extendieron a todo el frente, desde el Mar del Norte hasta Suiza. El
26 la guerra se reanudó. En ambos bandos el alto mando se aplicó en ello, y en eliminar los
rastros de lo que había sucedido. Hubo fusilamientos y traslados de tropas; se estableció una
rigurosa censura de la correspondencia y se secuestraron ediciones enteras de periódicos,
tratando de borrar cualquier testimonio.
En las guerras, el alto mando se reserva en exclusividad la facultad de pactar una tregua, pero
lo que sucedió en la Navidad de 1914 no fue una tregua, fue un anhelo de paz que hubiese
fácilmente conducido al fin de la guerra cinco meses tras su comienzo a no ser porque fue
reprimido por algunos. Ya apuntaba Mafalda: “por impresionante que resulte el progreso
tecnológico desde el arco y la flecha hasta el misil teledirigido, cuan deprimente es lo poco que
han cambiado las intenciones”. Y yo precisaría, con el permiso de Quino: “las intenciones de
algunos”