Veo el vaso, pequeñas gotas condensadas resbalan hacia la servilleta, juego

en el borde con la punta de los dedos y los introduzco lentamente, la visión
de mis dedos aumentados, las pequeñas burbujas atoradas en las heridas
me recuerdan tu muerte, el día que te encontraron a la orilla de la playa,
atracado en las redes del muelle, tieso, casi morado, a punto de hincharte si
pasabas otro día sin que te encontrásemos; derribo el vaso, la mesera se
queda parada frente a mi mesa, viéndome con cara de “no me jodan,
¿Ahora esto?”, el hilo de agua que discurre por la mesa se empoza entre la
pared y el piso, salgo de mi estupor, sonrío y hago el intento de irme sin
pagar la cuenta…

La imagen de los dedos en el vaso con agua me recordó una noticia de una
ministra coreana que intentaron callarla desapareciendo a su esposo, que
fue encontrado ahogado en el mar y un poema de Tess Gallagh, Viuda de
Raymond Carver que decía algo asi como: “¡Quieres que esté de duelo?
¿Quieres que guarde luto? ¿O como la luz de la luna en la arena
blanquísima, quieres que use tu luz para brillar, para relucir? Brillo, estoy de
duelo”.