La meta en la evaluación inicial del paciente con cifras elevadas

de TA es diferenciar ante qué situación nos encontramos para llegar al
diagnóstico (urgencia hipertensiva, emergencia hipertensiva o pseudocrisis).
Pseudocrisis: Las seudocrisis o falsas CH, también conocidas como seudoUH,
son elevaciones de la PA reactivas y transitorias a estimulación del sistema
nervioso simpático (estrés, dolor agudo, frío ambiental, fármacos, ingesta
reciente de café, retención urinaria, ejercicio físico, etc.) o por defectos en la
técnica de medición (toma única, brazal y/o postura inadecuadas, etc.).
Esto se logra mediante el objetivo de identificar las supuestas causas y
valorar el posible daño de los órganos diana por el cuadro clínico que
presenta el paciente. Para ello, el médico dispone de la anamnesis, la
exploración física y las pruebas auxiliares oportunas.
Anamnesis
1) Antecedentes de HTA, crisis hipertensivas previas.
2) Presencia de otros factores de riesgo cardiovascular: diabetes mellitus,
obesisdad, dislipidemia, glomerulopatias y tabaquismo.
3) Uso de fármacos: Debe interrogarse acerca de los fármacos que
habitualmente toma el paciente para cualquier dolencia, buscando el
posible causante de la crisis (vasoconstrictores nasales, anticonceptivos
orales, corticoides, AINES, antidepresivos (IMAO), simpaticomiméticos,
drogas ilegales etc.); Si el paciente es hipertenso preguntar por su
medicación antihipertensiva: su cumplimiento (si los ha retirado
bruscamente) y cifras habituales de TA.
4) Sintomatología asociada: Debemos centrarnos, sobre todo, en buscar la
afección de los órganos diana, es decir, los síntomas más graves
corresponden a las emergencias en las que subyace un daño orgánico
severo; por tanto, incidiremos, fundamentalmente, sobre los síntomas
neurológicos (molestias visuales, cefaleas, mareos, alteración del nivel de
conciencia, paresias, convulsiones o cualquier signo de focalidad
neurológica), cardíacos (disnea, ortopnea, dolor de tipo coronario, dolor
torácico de otro tipo, edemas, etc.) y renales (oliguria, hematuria, etc.).
Toma de presión arterial. Debemos realizarla con el paciente en reposo, en
ambos miembros con un manguito apropiado al diámetro del brazo, el cual
debe situarse a la altura del corazón, 2 cm por encima de la flexura del
codo.
Auscultación cardiopulmonar: Buscar, sobre todo, signos de insuficiencia
cardíaca (soplos, arritmias, crepitantes pulmonares, etc.) y de disección
aórtica.
Extremidades. Valoraremos la presencia de edemas y la existencia o no de
simetría en los pulsos periféricos.
Exploración neurológica. Debe ser lo más completa posible, incluyendo
fondo de ojo para comprobar la afección retiniana de la HTA (clasificación de
Wegener; suelen ser pacientes grados II-IV, por lo que encontraremos
hemorragias, exudado y edema de papila).

Por tanto. Su objetivo es conseguir cifras tensionales diastólicas entre 100 y 110 mmHg en un plazo de 24 h. Si no fuera suficiente. El tratamiento debe pretender reducir la PA de una forma gradual a cifras seguras. volvamos a tomar de nuevo la PA. TRATAMIENTO La aproximación terapéutica apropiada va a depender de la clínica de presentación del paciente. – Valoración periódica del nivel de conciencia y las constantes neurológicas. Tratamiento farmacológico de la urgencia hipertensiva En un primer paso se emplean fármacos por vía sublingual. siguiendo las . – Canalizar una vía venosa periférica con suero glucosado al 5% a 7 gotas/min. no existe un riesgo vital inmediato. sino en una sala de observación o en la unidad de cuidados intensivos. aunque no siempre hasta cifras normales. tanto aquella que acompaña a la CH como otras afecciones crónicas que coincidan en un determinado paciente. en el que se emplean fármacos como el labetalol o el urapidil intravenosos. llegamos al tercer paso. Si éstos no son eficaces. que consiste en el uso de furosemida intravenosa. En principio. – Monitorización de la PA y de la frecuencia cardíaca. ya que ello puede conducir a una hipoperfusión de los órganos diana. Recordemos que en esta situación no existe ninguna lesión orgánica aguda ni de órganos diana de forma mantenida. siendo necesario reducir la PA de forma inmediata. 1. como el nifedipino y el captopril. ya que pueden normalizarse las cifras tensionales tras la relajación del paciente. normalizando estos valores en los días siguientes. La mayoría de las UH se controlan con fármacos por VO. nuestro objetivo ha de ser reducir la PA diastólica en un 20-25% (o hasta 100-110 mmHg) en minutos u horas según el tipo de emergencia hipertensiva. – Sondaje vesical para medición horaria de diuresis. y una vez tranquilizado el paciente. sobre todo en ancianos y en pacientes con arteriosclerosis. pasamos a la segunda fase. Pacientes que no reciben habitualmente tratamiento antihipertensivo: bastará con iniciar dicho tratamiento por VO. Para ello se utilizan fármacos por vía intravenosa que dependen del tipo de emergencia al que nos enfrentamos. el tipo de fármaco que se debe utilizar en las UH dependerá de la enfermedad asociada. Hay que evitar un descenso rápido de las cifras tensionales. Estos tratamientos nunca se realizarán en las salas normales de urgencias. por tanto. Tratamiento farmacológico de la emergencia hipertensiva En estas situaciones existe un daño orgánico agudo con un riesgo vital inmediato.Es importante que tras una cuidadosa exploración.

después de comprobar el grado de cumplimiento del mismo y que las dosis e intervalos de administración son los correctos. se aumentará la dosis diaria o se asociará otro fármaco. antagonistas del calcio y bloqueadores del sistema renina-angiotensina).recomendaciones de las últimas guías internacionales de manejo de la HTA. para el tratamiento de esta situación clínica. bloqueadores beta. 2. . tanto en monoterapia como en combinación. Los fármacos actuales se agrupan en 4 grandes familias (diuréticos. cualquiera de ellos puede ser utilizado a sus dosis habituales. Pacientes que reciben tratamiento crónico antihipertensivo: en estos casos.