El profesor Higgins, a la salida de una representación en el Teatro de la
Ópera de Londres, toma nota de los acentos de un grupo de personas que
trabajan en el mercado y, con especial atención, de la manera de hablar de
una de las floristas, Elisa. El encuentro con un colega, el Coronel Pickering,
sellará una apuesta: ¿será capaz el profesor Higgins de convertir a Elisa, en
seis meses, en una verdadera lady?

El musical My Fair Lady está basado en esta obra.

www.lectulandia.com - Página 2

George Bernard Shaw

Pigmalión
ePUB v1.1
rykotxet 20.12.11

www.lectulandia.com - Página 3

Título: Pigmalión
Título original: Pygmalion
Autor: George Bernard Shaw
Fecha de la primera edición: 1913

www.lectulandia.com - Página 4

con una cabeza llamativa. Una vez. que he puesto en su debido lugar. el inglés no suena claro ni para oídos ingleses. el inventor del lenguaje visible.lectulandia. pero Alexander J. a fuerza de llevar adelante su manía. Cuando yo empecé a interesarme por el asunto. el protagonista de mi obra es el tal conocedor. siempre cubierto de un solideo de terciopelo. pedir perdón en las reuniones públicas. había llegado a alterar su apariencia personal hasta el punto de parecer una caricatura de protesta contra Oxford y todas sus tradiciones. entonces un joven. más adelante. Los ingleses no tienen respeto a su idioma y no quieren enseñar a sus hijos a hablarlo. vi con asombro mío que él. El alemán o el español suena claro para oídos extranjeros. Henry Sweet. Él y Tito Pagliardini. Pigmalión necesita. por lo que solía. en general. Cuando leyeron el artículo. después de muchos años.PREFACIO Como se verá más adelante. no un prefacio. Es imposible que un inglés abra la boca sin hacerse odiar y despreciar por otro inglés. Su gran aptitud como fonético (paréceme que de los tres era el que más valía profesionalmente) debiera haberle hecho merecedor de los favores oficiales. que había sido un joven muy presentable. de todas las personas que tienen en más estima el griego que la fonética. El trabajo hubo de ser rechazado. y tal vez haberle proporcionado los medios para popularizar sus métodos. Seguramente con todo el dolor de su www. eran hombres a quienes era imposible no querer. de un modo muy cortés. no participaba de su suavidad de carácter. basta con decir que era tan poco tolerante para con las personas convencionales como Ibsen o Samuel Butler. pero clamaban en el desierto. Lo pronuncian tan abominablemente que nadie puede aprender. Por esta razón. vieron que se reducía a un furibundo ataque contra un profesor de lenguas y literatura. Entusiastas por el estilo han existido en los tiempos pasados. El reformador que hoy le haría falta a Inglaterra es un enérgico y entusiástico conocedor de la fonética. yo induje al director de una principal revista mensual a solicitar un artículo de Sweet por la importancia que había de tener para la política imperante. cuya cátedra. el ilustre Alexander Melville Bell. había emigrado al Canadá. Cuando le encontré otra vez. pero lo impidió su satánico desprecio de todas las dignidades académicas y. y yo tuve que renunciar a realizar mi ensueño de poner en candelero a su autor. sino un apéndice. por sí solo. en los días en que el Instituto Imperial se había levantado en South Kensington y Joseph Chamberlain estaba atronando el país con su política imperialista. donde su hijo inventó el teléfono. según Sweet. a imitar sus sonidos. otro fonético veterano. no podía estar ocupada sino por un inteligente en ciencia fonética.com - Página 5 . Ellis seguía siendo un patriarca londinense.

corazón se había visto obligado a aceptar algo parecido a una cátedra de fonética en aquel centro. en su mayor parte litografiado y reproduciendo sus apuntes. y fundó escuelas en las que profesores expertos enseñaban de manera que los alumnos hacían rápidos progresos. si ha dejado algunos. Sweet no pudo organizar su mercado de este modo. pero no lo logró por haber despreciado el popular sistema Pitman de taquigrafía. su desgraciada determinación de hacer servir de signos taquigráficos ese notable y muy legible alfabeto lo redujo en su propia práctica al más inescrutable criptograma. a la que. p y q con la inclinación que más cómodo sea. Era como una sibila que abrió de par en par el templo de la profecía cuando nadie quería entrar.lectulandia. tal vez algún día sea recogido por un Sindicato y lanzado a la circulación como el Times ha lanzado la www. ya que todos creían firmemente en él. No me cabe duda de que sus papeles. lo mismo vocales que consonantes. El que mortales menos expertos que él necesitaran más explicaciones. Pitman publicó un periódico para convencer a todos de la necesidad de aprender su sistema. No fue. sino que obviamente era la palabra result. Quise descifrar un sonido que un londinense representaría por zerr y un francés por seu. Los que le conocieron se fijarán en la alusión que hago en mi tercer acto a la taquigrafía patentada que usaba para escribir tarjetas postales y que se puede adquirir comprando un manual de cuatro chelines y seis peniques publicado por la Prensa de Clarendon. n y u. El porvenir de la fonética queda a ciencia cierta en manos de sus discípulos. pero nada pudo convencer al hombre a que hiciera algunas concesiones a la Universidad.com - Página 6 . según creo. contienen sátiras que pudieran ser publicadas sin causar demasiados estragos… dentro de cincuenta años. no le cabía en la cabeza a Sweet. Su verdadero objeto era la creación de un alfabeto completo. con infinito desprecio por mi estupidez. Su manual de cuatro chelines y seis peniques. l. aunque el punto esencial de su taquigrafía corriente está en que puede expresar perfectamente cualquier sonido del idioma. El triunfo de Pitman fue debido a una buena organización del asunto. de una manera intensamente oxoniana. puesto que ninguna otra palabra conteniendo aquel sonido. contestó que no solamente significaba. sin embargo. Sweet. sino todo lo contrario. y que la mano del que escribe no tiene que hacer trazos que no sean los fáciles y corrientes con los que se escribe m. que nunca fue anunciado en la Prensa. y capaz de encajar en el sentido del contexto. y le escribí preguntando con cierta viveza qué demonios significaba. quedaba unido. persona de malos sentimientos. Publicó además libros de texto baratos. Las tarjetas postales que la señora Higgins describe son como las que he recibido de Sweet. por derecho divino. pero no le era posible aguantar con paciencia a los necios. exacto y legible para nuestro noble pero mal trajeado idioma. existía en idioma alguno hablado del mundo. ejercicios y transcripciones de discursos para ser copiados por alumnos. Por eso. en ningún modo.

Con toda su risa. temiendo que ésta les obstruya el camino a altos empleos. para animar a los que se apuran por su mala pronunciación. Me tomé el trabajo de aprender el método de Sweet. La hija del portero moderno. Pero hasta tanto. He comprado en mi vida tres ejemplares de dicho manual. Es tan intensa e intencionalmente didáctico. en el Théâtre Français. por mucho que sea su rencor y su desdén para con ellos no puede esperar que. le paguen sus desplantes con manifestaciones de cariño y de respeto. y.Enciclopedia Británica. seguramente no prevalecerá contra Pitman. que no puedo por menos de regocijarme ante tales éxitos. al mismo tiempo. es tan árido de por sí. porque creo que Oxford tiene perfecto derecho de exigir cierta amenidad social de su personal docente (¡Dios sabe cuán exigua es esa exigencia!). Sin embargo. no logró desbancar a su competidor. y su asunto. demostrándoselo a diario. porque aunque bien sé cuán difícil es para un hombre genial no apreciado en su valor mantener relaciones amables y serenas con los que le menosprecian. al que tal vez Higgins le deba sus simpatías miltonianas. no habrá sido escrita en vano. Y la razón de ello es que mi secretaria no sabe transcribir a Sweet por haber aprendido a la fuerza a Pitman en las escuelas.com - Página 7 . Puedo vanagloriarme de que Pigmalión ha tenido un extraordinario éxito en los teatros de Europa y de América. En ellos descuella el poeta laureado. Pero si mi obra contribuye a llevar al conocimiento del público que existen realmente personas dedicadas a la fonética y que pertenecen a las clases más ilustradas de Inglaterra en la actualidad. lo mismo que en Inglaterra. Aquí está la prueba de lo bien fundado de mi punto de vista. Tal como fue supo llamar la atención de los fonéticos de Europa lo suficiente para que su oscuridad personal y su fracaso en Oxford sean todavía objeto de asombro y los profesionales estén convencidos de sus grandes méritos. Por eso Sweet se rió de Pitman tan vanamente como Tersites se rió de Ayax. Finalmente.lectulandia. que no cesan de proclamar que el arte nunca debe ser didáctico. y los impresores me dicen que les queda un gran número de ellos. sin embargo. añadiré que el cambio maravilloso operado en la pobre florista por el profesor Higgins no es imposible ni descomunal. No censuro a Oxford. Pigmalión Higgins no es un retrato de Sweet. Con el físico y el temperamento de Higgins puede que Sweet hubiese hecho arder en llamas el Támesis. de todos modos. hay en el personaje rasgos que son de Sweet. es uno solo de los muchos miles de personas que se www. que llena su ambición haciendo la reina de España en Ruy Blas. para taquigrafiar las presentes líneas el método que empleo es el de Pitman. aunque también en esto debo hacer constar que no he retratado a Sweet ni a nadie. De las ulteriores generaciones de fonéticos sé poco. al pensar en los corifeos de la crítica. para quien la aventura con Luisa Doolitle hubiese sido imposible.

en los escenarios ingleses quedan todavía demasiados dejes y resabios viciosos. es más tolerable que los esfuerzos de una persona fonéticamente ineducada para imitar el vulgar dialecto de los deportistas aristocráticos. a pesar de la enseñanza de nuestra Academia de Arte Dramático. por malo que sea. www.com - Página 8 . Y duéleme tener que decir que.lectulandia.han despegado de su acento nativo y adquirido un nuevo modo de hablar. Pero la cosa debe hacerse científicamente para evitar que el remedio sea peor que la enfermedad. Un acento nativo franco y natural. y no florece bastante la noble dirección de Forbes Robertson.

PERSONAJES MADRE (SEÑORA EYNSFORD HILL). TRANSEÚNTES. MISTRESS PEARCE. Un CIRCUNSTANTE SARCÁSTICO. Un GOLFO. FREDDY. www. Una DONCELLA. Un DESCONOCIDO.lectulandia. EL DE LAS NOTAS (ENRIQUE HIGGINS). ALFREDO DOOLITLE.com - Página 9 . ESPECTADORES. MISTRESS HIGGINS. HIJA (SEÑORITA EYNSFORD HILL). CABALLERO (CORONEL PICKERING). Un GUASÓN. FLORISTA (ELISA DOOLITLE).

UN DESCONOCIDO.—El pobre chico habrá hecho lo posible. Si sigue lloviendo. Los transeúntes corren a cobijarse en los portales.—No tanto. ¿qué hay? Ya me lo figuro. En un reloj de torre vecino se oyen dar las doce y media. LA HIJA. en traje de sociedad. que casi nadie llevaba paraguas. en fin. cafés o en donde pueden. Lluvia torrencial. LA MADRE. LA MADRE. que chorrea abundantemente agua. Pero.—Tontería tuya. Y nada. ¿Por qué no puede él? Ahí viene el tonto.) LA HIJA. hija. excepto un caballero ocupado en tomar notas en un cuaderno. ¿Crees que debemos ir nosotras a buscarlo? FREDDY.ACTO PRIMERO Pórtico de la iglesia de San Pablo.—Pero esto no puede ser.—Si Freddy tuviese dos dedos de frente. y al entrar en el pórtico cierra su paraguas. (FREDDY viene corriendo desde una calle lateral. y tiene los pantalones hechos una lástima por el agua. no se encuentra un coche por toda la ciudad. entre ellas una señora distinguida y su hija. ya podía haber venido. La lluvia ha venido tan inesperadamente. después de las doce de la noche. no tendremos más remedio que esperar que vuelvan de sus carreras.) Nos vamos a calar hasta los huesos. En el pórtico hay varias personas. en traje de sociedad. FREDDY.—Otros saben encontrar coches. LA HIJA. de modo que todos los coches se han alquilado en el momento. y luego a Ludgate Circus.—(Malhumorada. www.—Pues no hay más que tener paciencia. Todos miran mohínos cómo cae el agua. ¡Vaya un chaparrón! ¡Quién lo hubiese esperado.) No se hagan ustedes ilusiones. Primero bajé a Charing Cross. Lleva lentes dorados. LA HIJA.—(Al lado de ellas. Por todas partes. que allí todavía no ha acabado la función.lectulandia.—Bueno. LA HIJA.—Lo que te digo es que están todos ocupados.—Nada. con truenos y relámpagos. habría ido al punto del circo. y sin nada. No podemos esperar tanto. a la salida de los teatros. Necesitamos un coche a todo trance. EL DESCONOCIDO. llamadas a los cocheros y chóferes de taxis.com - Página 10 . Es un joven de veinte años. no se encuentra un coche por ninguna parte… ni a tiros. Ahora. con una noche tan serena cuando salimos de casa! Pero ¿en qué estará pensando Freddy? Ya han pasado por lo menos veinte minutos desde que se fue en busca de un coche. LA MADRE. en Londres.

pero me calaré en tonto. en general. LA FLORISTA.—Seis peniques tirados… No vale un penique todo el canasto. no esté limpia y algo cuidada.—Allí no había ninguno. iré. Tiene unos dieciséis años. Su traje modesto está bastante ajado. (Escapa corriendo. Anda. LA HIJA.) ¡Vaya unas maneras que tienen algunos! ¡Moño. pero tengo prisa. haber tenido usted cuidado. LA HIJA. y que tenga usted mucha saluz. Supongo que no querrías que hubiese ido a Hammersmith. es que tú eres muy torpe.) LA FLORISTA. No es que.—Si os empeñáis. y cuyo canasto de flores se cae al suelo de modo lastimoso. ¡Ay.) LA FLORISTA. señora.) LA MADRE. pasmao! ¡Vaya con el señorito cegato! Nos ha amolao el cuatro ojos.—Bastante lo siento. Sin embargo. Toma. LA MADRE.com - Página 11 . LA HIJA. chica. no hables más. bueno.—Calla.—¡Anda. LA MADRE.—Tú no fuiste a ninguna parte.lectulandia. Freddy. (Abre su paraguas y sale corriendo.—¿No fuiste a Trafalgar Square? FREDDY.—Pero ¿tú fuiste allí? FREDDY. No es una muchacha muy hermosa. Su calzado se halla en mal estado.—No llevo más que una pieza de seis peniques. ¿Tienes dinero suelto? LA HIJA. Clara. al lado de la señora.—Fui hasta la estación de Charing Cross.—Anda.—Bueno. mujer.—Pues venga.—Muchísimas gracias. LA HIJA.—Ten juicio. A ti todo te sale por una friolera. qué leñe! FREDDY.—Como lo que eres. LA MADRE. Su tez atestigua el efecto continuo de la intemperie. pero tropieza con una florista que viene precipitadamente para resguardarse de la lluvia. por lo que te han estropeado. no vale la pena. pero.—¡Qué buena es la señora! ¡Si toas fuan así!… www. y sea lo que Dios quiera. No podemos pasar la noche aquí. mientras tanto… FREDDY. FREDDY. ¿conque es hijo de usted. señora? Bien.LA MADRE. Pues mire: podrá usted pagarme las flores estropeás. No se figure usted que a mí me las regalan.—(Recogiendo sus flores y volviendo a colocarlas en el canasto. LA HIJA. Un relámpago deslumbrador seguido de fuerte trueno ilumina el incidente. que la chica sale perjudicada. que mi hijo lo hizo sin querer. las tienen de…! ¡Y poco barro que hay! ¡Pues ya nos hemos ganao el jornal! (Se agacha y sigue arreglando sus flores lo mejor que puede.—No sea usted deslenguada. LA FLORISTA. LA FLORISTA.—La verdad. se ve que con un poco de cuidado sería una muchacha muy aceptable. el contraste es bastante grande. al lado de las señoras elegantes. vete otra vez y no vuelvas sin un coche.—¡Pagarle las flores! No faltaba más. LA MADRE.

Tome dos ramiyetes y los cinco dichos. Parecía que iba a aclarar.—¡Vaya un tiempecito! LA MADRE. que se ha retirado hacia adentro. ¡Cuando te digo que no llevo! (Buscando por sus bolsillos.) LA FLORISTA.—¿Un “soberano”? No llevo menos.—Por eso no lo deje.—(Al CABALLERO. en su mayoría expresando simpatía por la FLORISTA. y ya ve usted cómo cae ahora. ¡“La Nación”! (Se aleja a través de la lluvia. es que pronto se acaba. de unos doce años. LA FLORISTA. con fuerza.—¿A mí que me cuentas? Por lo que puá tronar. de aspecto jovial. mi general. ya. Me paece que… (Da un grito.) ¡Golfo.) Yo no he hecho naa malo. estaría yo ahora en un palco de la Ópera. que pa eso pago mi licencia.) ¿No lo he dicho?… ¡Calla! Aquí tengo seis peniques en plata. Sus pantalones están en el mismo estado que los de FREDDY.).) Ya. Mírese a ver si tiene medio penique. señores. LA FLORISTA. pues un vendedor de periódicos. EL CABALLERO.—Pues sueltos llevo cinco peniques. que allí detrás hay uno de la ronda. (Tumulto general.—¡Pues ni que fuás el Padre Santo! ¡Mira que anunciarse con cardenales! EL GOLFO. cabayero. pero no tengo cambio. EL CABALLERO.) EL CABALLERO. acaba de pellizcarla en el brazo.LA MADRE. al parecer militar retirado.—Ustedes.—Es lo que temo.—(Trata de entablar conversación con el CABALLERO. EL GOLFO. LA FLORISTA. hija. Le sale a medio penique ca ramiyete.) ¡Qué animal! EL GOLFO. y hazme caso a mí. LA FLORISTA. no molestes. A ver si vas a la Comi (Bajando la voz. pero www. después de haberse remangado los pantalones.—Lo siento.) Cuando cae así.) LA FLORISTA. LA FLORISTA. Ande. que yo puedo cambiarle. (Se acerca a la FLORISTA. que no me gusta naa.—¿No ha de gritar una cuando la pisan un callo? (Un caballero ya entrado en años. no crea usted. cómpreme un ramiyete. ándate con cuidao. viene corriendo a refugiarse en el pórtico. Su gabán chorrea agua. a ver si nos arreglamos.—Bueno.—(Muy asustada.—¡Anda la mar! Si tuviá yo un “soberano”. marrano! ¿Qué ties tú que pellizcarme? (Restregándose el brazo. EL CABALLERO. EL CABALLERO. Tengo derecho a vender flores. LA FLORISTA. son testigos… que yo no he hecho naa malo.—Vaya. Me paece que el poli aquel te está apuntando.com - Página 12 . y a ese cabayero sólo le dije que me comprase unos ramiyetes. Pero otra vez no hagas tantas alharacas. Ocupa el sitio de la izquierda dejado vacante por CLARA. Ya sabes lo que dice el bando…: que a las floristas os está prohibido molestar al público. pelucha. Yo soy una chica honraa.lectulandia.—Cállate.—Es pa anunciarme. me parece que hay para rato. Debajo del gabán lleva traje de sociedad.

—¡Cállate la boca. diga usté la verdá.) Juro por la saluz de mi madre.) Oiga usté. (El de las NOTAS abre su cuaderno y se lo pone debajo de las narices. no crea usté. si puedes.) “Cuando cae así. haciéndose creer al público que es el presunto imitador.) Vaya.—(Dándole un golpe en la mano que acercaba. S’ha figurao qu’era usté un guiri.) Aquí la gachí le ha tomao por otro.) LA MUCHEDUMBRE. malhumorados.protestando contra sus alharacas. que no se ha enterado de lo sucedido. que en paz descanse. quieren que se calle o se vaya con la música a otra parte.—(Que no tiene aptitudes para las definiciones. calma.) Servidorito no tiene inconveniente. Manos a la obra… LA FLORISTA. sí. (Lee reproduciendo exactamente la fonética.—(Cada vez más apurada. que nadie se mete contigo. Eso es. ¿Qué es lo que he hecho yo? Yo no he quitao naa a nadie.—(Arrimándose. que yo no he hecho naa. chica! ¡Pero qué pamemas son ésas! ¡Qué escandalosa es la criatura! ¡No le da poco fuerte a la niña! (Óyese decir por varios.) ¿Qué dice? Yo no sé leer eso. caramba! ¡Calma. calma. EL DE LAS NOTAS. y grita desaforadamente. Otros.—(Altanero.com - Página 13 .) Tóquese usted las narices… EL DE LAS NOTAS. entonces. de la muchacha. fuera de sí. la misma actriz puede hablar. vaya. que me pones nervioso. EL DE LAS NOTAS. Algunos hombres le dan golpecitos en los hombros de modo protector. cómpreme www. con fuerza. Habrá querido meter la mano en el bolsillo de alguien… Ya se sabe cómo las gastan esas chicuelas.—Es verdad. ¿a qué viene el tomar apuntes? ¡Yo qué sé lo que habrá escrito ahí! Enséñemelo a ver.) Cállate.) Pues le diré: un guiri es… un guiri. LA FLORISTA.) Pues. ¿Por quién me has tomado a mí? EL DESCONOCIDO. se precipita a través de los circunstantes hacia el CABALLERO de marras. pero de muy buen humor.—(Yendo hacia ella seguido de todos. por más que la presión de los que tratan de leer por encima de sus hombros daría en tierra con un hombre menos fuerte que él. ¿tengo yo facha de policía? LA FLORISTA. No hay más que ver su calzado. (Explicando al de las NOTAS.—(Muy nerviosa.) ¿Un guiri? ¿Qué es? EL DESCONOCIDO. Para que la ilusión sea completa. no es poli: es un caballero.—Yo. EL DE LAS NOTAS. ¿Qué demonios pasa? ¿Qué le sucede a la muchacha? ¿Dónde está él? ¿Un policía ha tomado notas? Ya se supone lo que habrá sido. tonta. cabayero. Un grupo. Que me registren. trata de acercarse y aumenta la confusión con sus empujones y preguntas). UN GUASÓN. LA FLORISTA. mi general. Ya comprendo.lectulandia. Ande. cabayero.—(Lejos de tranquilizarse. No lo sé decir d’otro modo.—(Con súbito interés. escucha. es que pronto se acaba.

Le he visto trabajar en el circo.—No saben ustedes distinguir. Ese señor no es policía.) Soy una muchacha honraa. (Empieza nuevamente a lamentarse. (La chica. dígame: ¿en qué calle me he criado yo? EL DE LAS NOTAS. (A la FLORISTA. Si no. (Alzando www. se engríe y mira retadora a su supuesto enemigo. ¡Qué hombre! ¡Lo sabe todo! LA FLORISTA. señores.—Nada.) En la de Hoxton.—(Sonriendo. Está en su perfecto derecho. que nadie se mete contigo.lectulandia. EL CIRCUNSTANTE SARCÁSTICO.com - Página 14 .) EL CIRCUNSTANTE SARCÁSTICO. A ver si resulta un policía “ful”. muchacha.—(Animados por esta apariencia de legalidad. LOS CIRCUNSTANTES. EL CABALLERO.—(Atónito.) Usté dirá. el adivinador de pensamientos. etcétera. le diré que la muchacha no ha faltado ni a mí ni a nadie. que enseñe la insignia.—(Juntándose en su poca simpatía por la Policía. (Sensación. mujer.—(Sin vacilar.—(Todavía quejumbrosa.—(Atónito. cabayero.—Si todo lo adivina. creo yo. no lo puedo negar. (Al de las NOTAS.) Eso es: que enseñe la insignia. LA FLORISTA.—¡Qué listo es usted! Bien se ve que ha nacido usted en Whitechapel. sí.—Anda.) EL DESCONOCIDO. ¡Caramba! EL CABALLERO. El interés por los conocimientos del tomador de notas aumenta. EL CIRCUNSTANTE SARCÁSTICO.un ramiyete…” LA FLORISTA. en voz baja.) ¿Cómo lo sabe usted? EL DE LAS NOTAS.—¡Qué voz pone! Pero vamos a ver: ¿es un crimen el que yo haya llamao general al señor cuando tal vez no sea más que coronel? (Dirigiéndose al CABALLERO.) EL DE LAS NOTAS. ALGUNOS. al tratar de vender sus flores.) Si es usted de la secreta. ¡Si creerá que con esas chinchorrerías se va a ganar el ascenso! Le digo a usted que ni en la Papuasia. Esto supongo que no es un crimen. Es Onofrof. ni con nadie que no haya cometido falta alguna. que no lo volveré a hacer. LA FLORISTA. EL DESCONOCIDO.—Sí. ¡si está visto que ese señor no es de la Policía! A mí me parece que es un guasón que quie tomarnos el pelo.—No es una razón para meterse conmigo.) Por un pajarito que me lo dice todo.—(Sonriendo.) Pues es verdad. EL DE LAS NOTAS.) Ahora vivo en Lisson Grove.) También tú eres de por allí. si me he propasao en algo. al ver que tantos toman su defensa. serénate. ¡Que se vaya a tomar el fresco!….—Claro que no.) ¡Claro! ¡Qué ganas de meterse donde nadie le llama! Esto no se ve más que en este país. en aquel barrio nací.—Pero. pero no me vaya usted a multar por ello…. pero cesa de gimotear.) Vive donde te dé la gana. (Risas. EL DESCONOCIDO.

—(Impaciente.—Me lo figuré.—Totalmente cierto.) ¡Vaya un cabayero. EL DE LAS NOTAS. Fue sin querer.más la voz.) Hágame usted el favor de guardar para sí las observaciones impertinentes. www.—¡Por Dios. (La lluvia cesó y las primeras filas comenzaron a alejarse.) Oiga usted. y eso que ya hace diez minutos que cesó la lluvia.—Habré pensado en voz alta.—(Para sí.) LA FLORISTA.) Earls-court.) ¿A usted qué le importa? LA MADRE. señorita. EL CABALLERO. Reacción a favor del tomador de NOTAS. ¡por Dios!. (Gran risa general. lo que quiere es un coche de punto. anotando aprisa. Estudió en Cambridge y ha vivido últimamente en la India. pero cuando yo tenía siete años se trasladaron a la vecina población de Epson. pero no digo que no lo sea algún día.—¡Buenos pulmones.) ¡Pues sí que lo entiende! ¡Hay que ver! ¡Parece mentira! Dispense la pregunta.—La gente sigue pasando con los paraguas abiertos. no seas así! Vaya un genio que se te ha puesto! (La HIJA la rechaza con un movimiento brusco y se retira altanera. señor. Su señora madre es de Epson. EL DE LAS NOTAS.) Dispénsela. LA MADRE. Perdone. Estuve dudando si era usted de Croydon.) ¡Qué cosa más curiosa! Es verdad que me crié en Lagerlady Park. LA MADRE.) Muchas gracias. caballero. ¿qué ha sido de Freddy? ¡Voy a coger una pulmonía en este maldito pórtico! EL DE LAS NOTAS. Exclamaciones de asombro. (El de las NOTAS da un silbido fuerte. (El de las NOTAS avanza hacia la calle y grita con voz estentórea: “¡Cocheroo!”) EL DESCONOCIDO. caramba! LA FLORISTA.com - Página 15 . ¿verdad? LA HIJA.—¡Yo lo que digo es que no tié derecho a molestarme! ¿Soy acaso una mendiga? EL DE LAS NOTAS.—De Croydon eras mis padres. que se aparta cortésmente. LA HIJA. caballero. acercándose a la entrada del pórtico.) Pero. no hay duda.—(Queriendo seguir haciéndose la interesante. que se mete con una pobre muchacha! ¿Si creerá que yo era gitana y le iba a hacer competencia? LA HIJA. Yo le agradecería a usted mucho que nos encontrara un coche.—No. musiú: díganos de dónde es aquel caballero al que llamó general la muchacha.—(Con aspereza.lectulandia.—(Con aspereza. empujando bruscamente al CABALLERO. (Dirigiéndose a la HIJA. EL DE LAS NOTAS.) Usted. caballero: ¿es usted artista de “varietés”? EL DE LAS NOTAS. EL DE LAS NOTAS. cerca de Epson.—Es de Cheltenham.—Me alegro de haber acertado. que está muy nerviosa. Clara.—(Acercándose.

—Pues es verdad. cualquier acento. viajan mucho y quieren estudiar idiomas extranjeros y. lo mismo las burguesas que las aristocráticas. Podemos ir a tomar un autobús.) EL DESCONOCIDO. lamentándose a media voz. a uno de Yorkshire. pronunciarlos bien. Clarita. LA FLORISTA. poseo grandes conocimientos lingüísticos y tengo el don de imitar cualquier voz. LA MADRE.UNO DE LOS CIRCUNSTANTES.—¡Vaya una vida perra la que tiene una! ¡Cuánto hay que sudar para ganarse un triste piri! Y encima la amuelan a una de todas las maneras.—Debiera denunciarle.) ¡Qué fastidio! (Todos se van. Pues yo todo esto lo apunto y lo guardo en la memoria. Como usted sabe.lectulandia.com - Página 16 . CLARA no tiene más remedio que apretar el paso detrás de ella.) LA HIJA. que está arreglando su canasto. con una diferencia local de seis millas. y hasta podría decirse que cada familia tiene dejos y expresiones que le son peculiares. en estas apreturas… (Se aleja. por coación.) Nada.—(Extendiendo la mano para ver si llueve. Pero mi especialidad es distinguir los miles de acentos que hay dentro de Inglaterra. etcétera. indicando la posición que hay que dar a la lengua. EL CABALLERO. como usted sabe. Hoy las personas de viso pronuncian el francés. ahora quiere hacerse pasar por ventríloco. sobre todo. tengo buen oído y buena memoria.—(Acercándose al de las NOTAS. vamos. mamá.—¿Y da para vivir esa habilidad? EL DE LAS NOTAS. Las clases ricas.—Pero. sí. pero a mí no hay quien me quite que es de la secreta. Además. a lo mejor. Pues bien: yo. de “snobismo”. Hasta distingo los acentos de los diferentes barrios de Londres. cualquier entonación.—Pues. También es fácil conocer el origen de los extranjeros que hablan inglés. sencillamente. mejor que los propios nacionales respectivos. con esos charlatanes que le entretienen a uno… (Se tienta de repente para cerciorarse de que no le han quitado el reloj. no ha pasado nada.—¡Ya lo creo! Estos tiempos son.) Me interesa mucho lo que acabo de oír. nada. menos el de las NOTAS. el coche de punto… (La MADRE ya está fuera del alcance de su voz. por bien que lo hablen. (Vase precipitadamente. el alemán. aunque no los entiendan. Porque ya se sabe. habiendo analizado exactamente los fenómenos de la fonética.—Ya escampó.—Sí. y luego me he dedicado al estudio de la fonética. ¡Dichoso el que tiene una profesión que coincide con su afición! Lo corriente es distinguir por el acento a un irlandés. (Se remanga las faldas y echa a andar. el CABALLERO y la FLORISTA. enseñar la pronunciación de www. cada población presenta en su vocabulario y en el modo de pronunciarlo matices característicos. EL CABALLERO. ¿Cómo hace usted? EL DE LAS NOTAS. Estamos aquí haciendo los tontos. los labios.) ¡Recontra! ¡Si ya no cae! Claro.) LA FLORISTA. Esto es mi profesión y mi afición. puedo fácilmente. Anda.) LA FLORISTA.

No doy lecciones a menos de dos libras por hora.—Cabayero. PICKERING.) A este hombre le falta un tornillo. para lo que se exigen mejores modos de expresarse.—Y yo pensaba marcharme a la India para verle a usted.) Mujer. creo haber dicho bastante. veintisiete. Con lo que me pagan prosigo mis trabajos científicos en fonética y lingüística.—¿Es posible? (Dándole la mano.cualquier idioma. si puedes. primero. HIGGINS. LA FLORISTA.—Déme usted sus señas.—(Sonriendo. ese lenguaje que no la dejará salir del arroyo en toda su vida? Pues bien: si fuese cosa de apuesta.) ¡Ay qué gracia! EL DE LAS NOTAS. y si no. Cállate. tan eurítmico! LA FLORISTA.—(Con voz aguda.) ¡Cielos.—Una mujer que chincha tanto como tú no tiene derecho a estar en ninguna parte.—¡Qué casualidad! Yo he venido de la India para verle a usted.lectulandia. Mis discípulos se quedan atónitos de sus propios progresos. tan sonoro.—(Perdiendo la paciencia.—¿Pa que quedrá que yo me vaya? ¡Pues no me sale del moño! ¡No faltaba más! También tengo yo mi diznidá y….) ¡Cuánto me alegro de conocerle personalmente! Soy Enrique Higgins. ¡Vaya con la chicuela! LA FLORISTA. Hago furor. como quien dice. Creo que tengo el mismo derecho a estar aquí que usté. a nuevos ricos. el autor del “Alfabeto fonético universal”. atónita: luego.—¿Ve usted a esa muchacha con su lenguaje canallesco y estropeado. PICKERING. HIGGINS. La FLORISTA. EL DE LAS NOTAS. vete con la música a otra parte. www. EL CABALLERO.—(Con vivacidad. qué sonidos! ¡Y éste dicen que es nuestro idioma.—Yo también me ocupo de lenguas. y tengo que rechazar discípulos. no cargues tanto. usted l’ha tomao conmigo.) ¡Ya lo creo que le conozco! ¡Como que soy yo el tal coronel! EL DE LAS NOTAS. yo me comprometería a hacerla pasar por una duquesa en la “soirée” o en la “garden-party” de una Embajada. He estudiado los dialectos de la India y… EL DE LAS NOTAS. tan hermoso. LA FLORISTA. Digo más: le podría proporcionar una colocación como dama de compañía o como de vendedora en una tienda elegante. y… tal. el autor de “El sánscrito hablado”? EL CABALLERO.—En Wimpole Street. me tiene usted a su disposición. que tendremos que hablar detenidamente. A. ¡Pa chasco! EL DE LAS NOTAS.) ¡Hombre! ¿Conoce usted al coronel Pickering.com - Página 17 . riéndose involuntariamente por la perfecta imitación. Con decirle a usted que me dedico a desbastar a millonarios advenedizos.—¡Y una siempre hecha la pascua! ¡Cuando se nace con mala pata…! EL DE LAS NOTAS. (El de las NOTAS repite estas palabras con la misma entonación.—(Sacando su cuaderno de apuntes.

—(A PICKERING. lo siento. HIGGINS. No tengo nada suelto. LA FLORISTA.—(Recogiendo una pieza de media corona.) No se apure por eso. de plata y de cobre.) ¡Aaayyy! (Recogiendo medio “soberano”.) Por fin logré uno… ¡Hola!… (A la chica.) Cómpreme una flor.) ¡Vaya. sin un cuarto en el bolsillo! LA FLORISTA. LA FLORISTA.) ¡Que siempre usted me ha de salir en contra! (Arrojando el canasto a sus pies.—¡Y me dejaron colgado con el taxi! ¡Estoy listo.—(Enfadado por la pedigüeñería de la chica. que todos somos de Dios! (Le tira un puñado de monedas en el canasto y se va con PICKERING. Recogiendo varias monedas más. toma. diciendo al chófer:) Drury Lane. No tengo donde dormir.lectulandia. ¡Arrea.) HIGGINS. por la mañana.) FREDDY.) HIGGINS.) ¿En dónde están las dos señoras que estaban aquí antes? LA FLORISTA. chica. (El reloj de la catedral da la media.—(Oyéndole como a una advertencia del Cielo que le reprocha su dureza para con la pobre chica.) ¡Aaaaayyyy! FREDDY.—Ahora. FREDDY.—De acuerdo. cenaremos y charlaremos.Vaya usted mañana mismo.) LA FLORISTA. al pasar éste delante de ella.) Tome usted todo el canasto por seis peniques. para acabarlo. PICKERING. (Se sube al coche.—¿Las dos señoras? Pues se marcharon a coger un autobús en cuanto dejó de llover.—(Con grandeza.com - Página 18 . ¡Me he divertido! TELÓN www. A mí precisamente me hace falta el taxi para ir a casa.) ¡Aaayyy! (Esta exclamación es una especie de hipo prolongado.—Hija. (Prosigue su camino. yo a patita a casa. Usted lo pase bien. que en ella es peculiar.—(Desesperada. esquina de la tienda de aceite de Micklejohn.—(Bajando de un taxi.—Yo estoy en el hotel Carlton. Véngase ahora conmigo. que habrá propi! (El taxi se aleja a todo correr. señorito. PICKERING.) ¡Embustera! Acabas de decir que tenías cambio de media corona.

en Wimpole Street. en su mayoría copias de retratos. www. una serie de tubitos de órgano con un fuelle. diferentes diapasones. sin mala intención. Sobre el piano se ve una bandeja de frutas y dulces. un velador para los periódicos. no es antipático. hacia el rincón. muy amplia. Y eso que no he examinado ni la mitad. mostrando en sección los órganos vocales. con buena salud. Al otro lado de la puerta. y una carbonera al otro. El centro de la habitación está desocupado. es de un hombre robusto.com - Página 19 . ordenando unas tarjetas y un diapasón que acaba de usar. contra la pared. a las once de la mañana. a la luz de la mañana. PICKERING. Hay un reloj encima de la chimenea. cerrando unas carpetas del estante que se hallaban abiertas. una chimenea con un cómodo sillón forrado de cuero junto al hogar. Además del sillón de cuero. Es una habitación exterior en el primer piso. del mismo lado. de dos hojas. el taburete del piano y dos sillas ante la mesa del fonógrafo. Es irónico y punzante cuando está de buen humor. En este rincón hay una mesa de escribir plana. aun en los momentos en que más se deja llevar por su temperamento.) Pues ya ha visto usted toda la colección. hay una silla de rejilla cerca de la chimenea. un piano de cola: tiene un taburete delante del teclado. PICKERING está sentado a la mesa.ACTO SEGUNDO Al día siguiente. de chocolate. comete travesuras. se halla un mueble de muchos cajoncitos. Más adelante. y una caja llena de cilindros de cera para el fonógrafo. a la izquierda del visitante. La puerta. que normalmente debiera ser la sala. y arrebatado cuando se halla ante una contrariedad. Gabinete de trabajo de HIGGINS. Encima de él penden un teléfono y una lista de abonados. De las paredes cuelgan varios grabados. Entre ésta y la mesa del fonógrafo. y sobre todo por aquellas en que se ocupa especialmente. HIGGINS. de espaldas a la puerta.—Es una cosa sorprendente. pulcramente vestido de color oscuro. Su aspecto. de unos cuarenta años.—(Cerrando la última carpeta. la mayor parte. se halla al foro. y las personas que entran encuentran en el rincón a su derecha. pero es francote y no tiene pizca de malicia de modo que. dos enormes estantes formando un ángulo recto. un laringoscopio. otra de tubos de quinqué con sus válvulas de gas para producir llamas sonoras. una figura de cartón representando la mitad de una cabeza humana en tamaño natural. es muy vivo y le hace olvidar muchas veces las cosas y las personas que le rodean.lectulandia. Su modo de ver es el de un niño impetuoso que. HIGGINS está en pie a su lado. Su interés por todas las cuestiones científicas. Contra la pared lateral. en la que están colocados un fonógrafo.

Al principio no se percibe la diferencia entre ciertas vocales afines. delante de la cual se coloca de espaldas. procede de una prendería. (Va a su mesa de trabajo y coge un cilindro para colocarlo en el fonógrafo. lo fijaremos en el fonógrafo.) ¿Se ha cansado de escuchar sonidos? PICKERING. pero luego.) No. a fuerza de aguzar el oído. por esta mañana ya tengo bastante. azul oscura y colorada. Lo que a mí me parece es que es una… cualquiera.) ¿Qué pasa? MISTRESS PEARCE. ¿tiene un acento interesante? MISTRESS PEARCE. haré funcionar el aparato Bell.) Ha venido una joven que desea verle a usted.—(Levantándose y acercándose a la chimenea. a veces no sabe una lo que debe hacer. Yo la hubiese despedido. asoma la cabeza por la puerta.—(Colocándose a su izquierda. señora.—¡Claro! Es un ejercicio muy absorbente.) La mandaremos pasar.—No se apure. mientras tanto. En muchos casos no percibo la más ligera diferencia entre ellas. HIGGINS. Espero que no habré cometido una falta. Su falda de percal. La haremos hablar y. finalmente.) ¡Oh! Eso viene con la práctica.—Pues es una feliz casualidad. cuidadosamente remendada. está casi limpia.HIGGINS. (MISTRESS PEARCE. Lleva una blusa de color chillón.—(Vacilante. PICKERING.—(Moviendo la cabeza. usted me dispensará.—(A PICKERING. Ahora le voy a mostrar a usted cómo registro las voces.—¡Una joven! ¿Qué quiere? MISTRESS PEARCE. que estaba orgulloso por saber pronunciar veinticuatro vocales distintas. el ama de llaves de HIGGINS. (Se retira. HIGGINS. evidentemente perpleja. llamado de sonidos visibles. MISTRESS PEARCE. HIGGINS. Su peinado está muy cuidado.) MISTRESS PEARCE.—Pues dice que usted se alegrará de verla cuando se entere del objeto de su visita. si gusta. Parece una muchachuela ordinaria. muy ordinaria. HIGGINS. pero pensé que tal vez la necesitase usted para impresionar algún cilindro. que revela a primera vista que más bien que de los talleres de alguna gran modista.) Dígale que pase.) Allá usted. luego ampliaré todo en el Romie y. de modo que podamos oír sus palabras siempre que se nos antoje. Sus botas apenas si tienen www.) Aquí tiene usted a la muchacha.—Siga usted.—(Volviendo.lectulandia. se las encuentra tan diferentes como la “a” y la “b”.—Yo de eso no entiendo. me considero vencido por las ciento treinta de usted. Yo.) HIGGINS. Yo me lavo las manos.com - Página 20 . Y esa joven. Lo que más llama la atención es su sombrero de paja con tres plumas de avestruz: amarilla. ¿no le parece? (A MISTRESS PEARCE. ¡Tiene unas expresiones!… ¡Bendito sea Dios! HIGGINS.—(Sonriéndole satisfecho y yendo hacia el piano a comer dulces. (La FLORISTA entra vestida de gala.

—(Acercándose al piano. La muchacha lanza gritos de terror y se refugia detrás del piano. que mi amigo no es tan fiero como parece. (A la muchacha.) HIGGINS.) Pero… ¡qué! ¡Si ésta es la muchacha cuya pronunciación transcribí anoche! No me sirve para nada. No quiero gastar un cilindro en ello.—Vamos. Creo que mi dinero vale tanto como el de otros. ¡Aaaayyyy! HIGGINS.—Pero. y si no. entra en materia sin más preámbulo. aaaaayyyyy!… No me pegue. con no disimulada desilusión. PICKERING le retiene. parece que se ablanda. MISTRESS PEARCE. muchacha.) ¡A esa pílfora la tiro por el balcón! (Avanza amenazador. (Llorando.) No haces falta.—¡Aaaaayyyyy…. puedes retirarte. cuando ofrezco pagar como una señora! PICKERING. da leciones de prenunciación. Vamos a ver: ¿qué es lo que desea usted? LA FLORISTA.) Señora. hija. Entéres’usté tan siquiera del ojezto de mi vesita. con su inocente presunción. Con ir a otro profesor.com - Página 21 .—El tonto será usted si desperdicia la ocasión. Hablando se entiende la gente.—Pero ¿qué está diciendo la tonta? LA FLORISTA.—(Con voz temblorosa.) ¡Y me ha llamado pílfora.—(Divertido. En cuanto a HIGGINS para quien las personas sólo tienen interés desde el punto de vista de sus estudios fonéticos. he venido a ver si nos entendíamos. Pues yo quiero aprender a prenunciar correztamente.lectulandia.) LA FLORISTA. LA FLORISTA. HIGGINS. así como suena. ¿eh? ¡Vaya.—(Brusco.—¡No se ponga tan bufo. tal como la ven. El señor aquí. según le oí decir anoche.tacón. ¿Qué s’habrán figurao? Pues sepan ustés que s’equivocan de medio a medio. al reconocerla. vaya! LA FLORISTA. y tan amigos como antes. ¿Qué le importa a un caballero como míster Higgins si usted ha venido en taxi o a pie? LA FLORISTA.) Pues mire usté: yo querría entrar de vendedora en una tienda elegante de flores. asunto acabao. pero que mi manera de hablar no era bastante fina. hombre! Un griyo sólo vale medio penique y se l’oye. (A MISTRESS PEARCE.) Sí. como quien dice. De modo que al trigo.—(Crispado.—No hable tonterías. tie con qué pagar. deplorablemente patética.) No se asuste. que no he hecho nada. ¿está usted loca? ¿Cómo va usted a pagar las lecciones? www. HIGGINS. que se ha quedado en la puerta esperando más órdenes. PICKERING queda conmovido ante aquella figura. Me han dicho que mi tipo no les disgustaba. Fíjese que estoy dispuesta a pagar las leciones. ¿l’ha dicho usté que he venío en taxi? MISTRESS PEARCE. Como el señor se dedica a enseñar a hablar.—¡Anda Dios! Aquí toos a una. Aquí menda. decirlo d’una vez. Con media docena de frases de su jerigonza me basta y me sobra.

se dirige a la muchacha.—(Altanera.—(Muy cortés.—Perfectamente… Pues dime ahora: ¿cuánto piensas pagarme por lección? ELISA. LA FLORISTA.—(Con voz de trueno. (Dúctil. vamos! Ya sabía yo que bajaría usté los humos al ver la probabilidad de recoger algo de lo que tiró anoche.—(Imperioso. amiga mía. hija mía. confiese: estaba algo alegre.) LA FLORISTA. Una muchacha. amigo Pickering: un chelín.) Siéntate.) ¿Quién le ha dicho que yo sólo…? HIGGINS.) ¡Sesenta libras! Pero ¿qué está usté diciendo? Yo nunca le he ofrecido sesenta libras. LA FLORISTA. verá usted: un millonario tiene un ingreso diario de ciento cincuenta libras.) HIGGINS.) Tome usted asiento. quiere contestar.—¡Nos ha amolao! Sé yo tan bien como usté lo que valen las leciones. ELISA. Supongo que usté no se atreverá a exigirme lo mismo para enseñarme mi propia lengua.—¿Cuánto pagarías? LA FLORISTA. en comparación con los ingresos de esa muchacha. Yo le ofrezco un chelín. Es un francés de Francia. (Le acerca la silla de rejilla. Haga lo que quiera. MISTRESS PEARCE. tiene un profesor de francés al que paga un chelín y medio por hora.—Ande.—Gracias.) PICKERING.LA FLORISTA. (Con confianza. Es la oferta mayor que me han hecho hasta ahora. equivale a sesenta o setenta guineas pagadas por un millonario. HIGGINS. caballero.lectulandia. vamos a ver.) Vamos. medio reacia.) HIGGINS.—¿Cómo? HIGGINS.—No haga usted cumplidos… Yo… HIGGINS.—¡Ah.—Elisa.) HIGGINS.—¿Cómo te llamas? LA FLORISTA. Es espléndido. no se crea usté. roja de indignación. PICKERING.—(Se pasea.—Elisa. (Se queda en pie.—(Prosiguiendo.) Siéntate. muchacha.—Pues Elisa Doolitle. pero a HIGGINS le ha hecho gracia la cosa.—(Espantada. te digo.) Ella me ofrece dos quintas partes de su ingreso diario. chúpate ésta. ¿qué más? LA FLORISTA.—Yo quiero irme. HIGGINS. ¿no? HIGGINS. (Se sienta y mira a PICKERING con gratitud. lanza una carcajada franca y levanta el brazo para imponer silencio al ama. haga lo que le mandan. bajando la voz. Ruperta! (MISTRESS PEARCE.—Pues sí. ¡Anda. es enorme. ¿Cómo podría yo…? www.com - Página 22 . haciendo sonar sus llaves en el bolsillo. ni un penique más. Ella cobra al día media corona. medio asustada. Dos quintas partes del ingreso de un millonario vienen a ser unas sesenta libras. ELISA. Estoy dispuesta a pagar lo que pidan en razón.—Pues mire: yo sé por dónde ando.) Sí.

Haré una duquesa de esa criatura sacada del arroyo.) ELISA. aunque sea en papel de estraza. No olvides. Mande usted al criado o al portero por ropas nuevas. para que te seques cualquier parte húmeda de tu cara. Mistress Pearce.—¡Oh.—No le hable usted así. Toma. pero… HIGGINS. pensativo. si puedes. No ahorre el jabón.—Hombre. PICKERING. MISTRESS PEARCE. (ELISA. si quieres llegar a ser una vendedora de categoría.—(Quejumbrosa. envuélvala.—¡Aaaaayyyyy…! Del arroyo ha dicho.) Nada de peros.) ¡Menuda faena! Si no fuera por el amor propio que pongo en estas cosas… Hay que ver sus modales y su facha.—(Arrebatándole el pañuelo. y mientras tanto. se me ocurre una idea.—(Protestando.) Sí.—(Entusiasmándose con la idea. ELISA. llévesela y límpiela. ¿Se acuerda usted de lo que dijo de la “garden-party” de la Embajada? Le proclamaré a usted el primer profesor del mundo si lo lleva a cabo. la presento en la buena sociedad y doy el timo. Siéntate. ELISA. Quítele todo lo que lleva encima y quémelo. Y cuidado con dar bien las lecciones. muchacha. completamente confusa.) Venga. míster Higgins. ¡caray! Si me lo dio a mí. HIGGINS.—Bien empleado le está. que el pañuelo le pertenece a ella. creo.) MISTRESS PEARCE. le mira con ojos extraviados. mistress Pearce.) Pero si no voy a poder… MISTRESS PEARCE. seré peor que “dos” padres. HIGGINS. No confundas una cosa con otra. ¿eh? Este es tu pañuelo.—Sí. Por lo demás. (Le ofrece su pañuelo de seda. que si no. Yo le apuesto todos los gastos del experimento y el precio de las lecciones encima.) ELISA. habrá azotes.—Una vez que yo sea tu profesor.—(Con el tono de quien no tolera objeciones. PICKERING. dentro de seis meses.) Sí. ELISA. www. mi general! Muchísimas gracias. ELISA.—Tranquilícese. Pero no importa.—(Obedeciendo despacio.—(Riendo.—No sé lo que usté querrá hacer conmigo. mujer. que no le entiende.—Cállate. cuando precisamente en donde me paso yo la vida es en las aceras. qué bueno es usté. míster Higgins. ¿Hay buena lumbre en la cocina? MISTRESS PEARCE. que nadie le quitará su dinero. tranquilízate y no te apures.HIGGINS.—¿Pa qué es eso? HIGGINS.) ¡Aaayyy…! Ni que fuá usté mi padre.—Para que te seques los ojos. mucho cuidado (Le quita el pañuelo. Yo soy una muchacha honrá.lectulandia. ¡Habrá simple! HIGGINS.com - Página 23 . HIGGINS. dentro de tres. y ésta es tu manga. Lograré mi empeño.) Es verdad. si tiene buen oído y lengua suelta.—(Mirándole. ELISA.

—Métala usted en la carbonera. las calles de Londres resultarán estrechas para la muchedumbre de hombres que se morirán por tus pedazos. MISTRESS PEARCE.—(Ofendido por el poco aprecio que se hace de su elocuencia. al año de casadas están ajadas como bestias que tiran de un carro? ELISA.—Señor. Mis intenciones son las mejores del mundo. señor. renuncio! Mistress Pearce. Higgins.—¿Quién s’había de casar conmigo? HIGGINS. que llamo a los guardias.—Claro que el caso ofrece sus dificultades. como recogería una piedra en la calle. vuelve a ocupar su silla.—Reflexione.—¡Casada! ¡Vamos! ¿No sabe usted que las mujeres de su clase. MISTRESS PEARCE. mistress Pearce. Llévesela. ¡Dios quiera que la empresa le salga bien! PICKERING. Tal vez esté casada.) Ten por seguro. ELISA.¿entiende? HIGGINS. Cuento con la colaboración de usted para moldearla y adaptarla a su nueva posición. ¡oh Elisa!. déle usted azotes. ELISA.) Tranquilícense ustedes. y si le da guerra. Tendrá padres. MISTRESS PEARCE.—(Levantándose precipitadamente y corriendo a colocarse entre PICKERING y MISTRESS PEARCE. HIGGINS.—(Con calma y dulzura. HIGGINS. Quiero tratarla con todos los miramientos posibles.) Yo salgo de aquí ahora mismo.—¡Aaaaayyyyy…! HIGGINS.) ¡Vaya. No quiero de profesor a un loco. Estas cosas no traen nada bueno.—(Levantándose y cuadrándose con decisión.—No necesitamos aquí tus remilgos de la calle de Lisson Grove. tranquilizada. HIGGINS. (ELISA.—¡Pero si no tengo sitio para ella! HIGGINS. Una racha de buen humor sucede a su excitación anterior.lectulandia. no hace falta mandar por ropa para ella. (HIGGINS se serena. ELISA. Que se vaya con viento fresco www. Éste señor está guillado.) HIGGINS.) MISTRESS PEARCE. como buscando protección.—¡Qué cosas tiene el señor! No tiene una más remedio que bajar la cabeza. Tienes que aprender a comportarte como una duquesa.—¿Por qué no? Pues porque no sabe usted quién es ella.com - Página 24 . chicuela. ELISA.—Pues que no puede usted recoger así a una muchacha. que antes que salgas de mis manos.—Oiga usted.—¡Aaaaayyyyy…! PICKERING.—(Volviendo a su tono amable.) A mí no me martiricen. no le llene la cabeza de viento a la chica.—Pero ¿qué quieren ustedes decir? MISTRESS PEARCE.—¿Por qué no? MISTRESS PEARCE.

¿qué están ustedes diciendo? La chica no depende de nadie.—(Quejumbrosa.) ¿Verdad. Higgins: ¿no se da cuenta de que también la muchacha tiene sentimientos? HIGGINS.) Ahí está la dificultad.) Yo quería decir… MISTRESS PEARCE. ¿Ha de cobrar algún salario? ¿Qué ha de ser de ella después que acabe su enseñanza? HIGGINS. MISTRESS PEARCE.) ¿Para qué demonios querrá dinero. Así me pagas por haberte ofrecido sacarte del arroyo y regalarte hermosos vestidos y hacer de ti una señora. ¡plin! Yo me las arreglo sin ellos.) Eres una desgraciada. MISTRESS PEARCE. ¿en qué calidad se va a quedar aquí? Habrá que señalarle un salario. Mistress Pearce. a PICKERING.—(Reflexivo. A mí me sirve para mis experimentos. La que me echó a la calle era mi tercera madrastra. ¿Dónde está su madre? ELISA.—Creo que mis sentimientos se merecen tanta consideración como los de cualquiera. tómelo del dinero de la compra.—Pero. HIGGINS. si aquí ha de tener todo lo que necesita: comida. (Tira el pañuelo. ELISA.—No tengo padres. Puedo comprarme lo que me hace falta. lo dicho: llévesela y aséela.) HIGGINS. Elisa? ELISA. y me echaron a la calle. ELISA. (De buen humor.—Pero.com - Página 25 . Quiero hablar como las señoras.—(Reprendiéndole con suavidad.—Ya ve usted lo que resulta de ser deslenguada. (Indicándole la puerta. HIGGINS.—(Recogiendo al vuelo el pañuelo y cortándole el paso.—(Impaciente.—Pero ¿qué s’ha figurao usté? Que soy alguna golfa borracha? Pues.—Hacerla hablar gramaticalmente. (Vuelve a su silla y se sienta con aire altanero.) Por aquí se sale. señor. ELISA. la pronunciación es bastante buena. ELISA. MISTRESS PEARCE. cama y ropa? Los cuartos no han de ser más que para vicios. es lo que faltaba.—Yo no necesito ropa de naide.—Bueno. PICKERING. entonces.—Déjela.—¿Cómo? ¿Qué dificultad? HIGGINS. muchacha. que vaya a casa de sus padres y les diga que la eduquen mejor. hijo.—(Mirándola con aire crítico.) Me parece que no tenemos que preocuparnos. En la casa donde me criaron me dijeron que ya tenía bastante edad para ganarme la vida.) Oiga. Pero a mí.—No nos apartemos de lo que importa. señor. Las cosas no se hacen así.ELISA. Yo deseo saber en calidad de qué ha de estar aquí la muchacha.) PICKERING.—No la he conocido.—Yo no quiero hablar gramaticalmente. MISTRESS PEARCE. (Impaciente.lectulandia. HIGGINS. mistress Pearce: ¿qué ha de ser de ella si www. pues me quedo con ella. páguele lo que le parezca a usted.) Dígame usted.

HIGGINS. no de usted.—(Deteniéndose. al freír será el reír. corta un bombón en dos. tentada. Y más adelante serás la virtuosa esposa de un oficial de la Guardia. ¿Qué te parece? MISTRESS PEARCE.—Pues cuando yo acabe con ella. Elisa. podrás atracarte de ellos todos los días. ELISA. bajo el maternal cuidado de mistress Pearce. (Se sienta con aire de dignidad. cuando ya ha pasado.) HIGGINS.) ¿Y qué sé yo lo que habrá dentro? Algún fieltro envenenado.la dejo en el arroyo? MISTRESS PEARCE. Higgins. De menos nos hizo Dios. En lo que debe ella pensar es en el porvenir. en bombones de chocolate. qué rico! HIGGINS.) ¡Gachó. pero luego se humanizará al ver tu hermosura y tu gracia… PICKERING. HIGGINS. Sólo piensa en sus negocios. www. mujer? Mira: de aquí en adelante tendrás tantos taxis como gustes. No darás un paso por Londres si no es en taxi. Soy una muchacha honrá.—Escucha.) Toma. Elisa. en taxis.—¿Quién lo duda. al que su padre desheredará por haberse casado contigo. como dicen en el “Tenorio”. yo no pienso en vestidos y alhajas. y ello es de su incumbencia y en paz. Tendrás montones de dulces si quieres.—Pues sí. Elisa: ¿no has dicho que has venido en taxi? ELISA. nunca en el tuyo. (HIGGINS saca su cortaplumas. él le mete el medio bombón entre los labios.—Pues no. unos bombones de chocolate de la bandeja.lectulandia.—¡A su edad! ¡Vamos! Tiempo hay para pensar en el porvenir…. con una sonrisa maliciosa. HIGGINS. unos bombones.—Dispense. ELISA. no enloquezca a la chica. puede volver al arroyo. (Masticando con visible satisfacción. Mejor prueba de mi buena fe… (Ella abre la boca.—Este es asunto de ella. dirigiéndose a la salida.—(Cogiendo. en vestidos y alhajas. ELISA. es preciso que sepa exactamente lo que ha de hacer.—¿Ves? Aquí no hay trampa ni engaño. ELISA.) Yo estoy ya harta de todo esto. esto pasa de la raya.—Señor. lo mastica. Elisa.com - Página 26 . el hijo de un marqués. para replicar. Haz lo que esta señora: piensa en el porvenir de los demás. No seas tonta.) HIGGINS.—No me gusta despreciar. (Se levanta resueltamente. y le ofrece la otra mitad. Doy la razón a mistress Pearce. ustés lo pasen bien. ¿y qué? ¿No tengo yo derecho a tomar un taxi como cualquiera? HIGGINS. Piensa en el presente.—Y seguirás siéndolo. Vaya. señor. mi digna ama de llaves. Luego. y a los demás que los parta un rayo. con unos hermosos bigotes.—Usté no tiene corazón.) No seas tonta. se mete una mitad en la boca. Si esta muchacha ha de estar en manos de usted para un experimento de seis meses.

lectulandia.—Como usted quiera.) Vamos.—Hombre. Yo no sé si podré admitirla aquí.—Muchacha. si das el timo. PICKERING va de la chimenea a la silla y se sienta en ella a horcajadas. Si el rey descubre que no eres una señora de verdad. No dudo de que las intenciones de ustedes sean buenas. bueno… Venga conmigo. Venga conmigo. donde serás decapitada. que le explicaré todo. ¿lo haríamos? PICKERING. tendrás un regalo de siete libras y seis peniques para que los gastes en lo que más te guste. francamente. Al cabo de seis meses irás en automóvil de lujo a palacio.com - Página 27 .—(Con paciencia.—Eso será muy agudo.—Muy bien. señora. coste… ¡Pa chasco! (Vase. Pickering. mejor.—Dispense usted la pregunta. por el contrario. ELISA. ¿es esto hablar como se debe? MISTRESS PEARCE.—Bastante mediana. cuantas menos complicaciones. HIGGINS. y punto concluido. ¿entiendes?.—Yo. (A ELISA.) Oiga usted. con cierta clase de personas. explíquese. Si te portas bien y haces lo que te mando. si he de decir la verdad. ¡Caramba! Como militar ya podía usted saberlo. pero a mí no me la dan. Que sepa lo que exijo. ELISA. donde te cortarán la cabeza. PICKERING.) Qué. Elisa: has de vivir aquí durante seis meses. aprenderás a hablar correctamente para luego poder ser vendedora en una tienda elegante de flores. pero creo que lo mejor será que me deje usted hablar a solas con la muchacha. En fin. tendrás un bonito dormitorio. no descubren tu verdadera condición. Higgins: ¿qué opinión tiene usted de las mujeres? HIGGINS. (Va hacia la puerta y la abre. Si.HIGGINS. comerás opíparamente y dispondrás de dinero abundante para comprarte dulces y pasearte en taxi. Elisa. ¿Qué s’han figurao? A mí nadie me da de palos. hombre. ¿pa qué voy a ir al cuarto de baño? Ya estoy yo escamá hasta las cachas. Si eres holgazana y reacia. Elisa. no sea tonta. Ande usted y llévela al cuarto de baño. www.) ELISA.—Usté dirá. MISTRESS PEARCE cierra la puerta y las quejas de ELISA ya no se oyen. en una palabra. ¿Hay alguien de nosotros que sepa lo que hace? Si lo supiéramos. ¿está usted satisfecho ahora? (A MISTRESS PEARCE.—Pero si es imposible. Usted nunca repara en pelillos cuando se encariña con alguna idea. (A PICKERING. ¿Qué tengo yo que hacer en Palacio? ¿Qué falta me hace a mí jugarme la cabeza? MISTRESS PEARCE. mandará apresarte y bajarte a una cueva.) Está bien. pero todos podemos incurrir en grandes responsabilidades.—Déjese usted de quijotismos. vestida a la última moda y adornada con muchas alhajas. HIGGINS.) PICKERING. apoyando los brazos cruzados en el respaldo. Fíjate. como escarmiento de floristas presumidas. no es de buen sentido. pero. dormirás en la despensa y te darán de palos.

) Así.—No importa. nos encontramos con que ellas tiran por un lado y nosotros por el otro. Para mí ha de ser sagrada. HIGGINS. No tergiversemos. nada más. Si permitimos que se inmiscuyan en nuestra vida.) Pero ¿qué es eso? ¡Su famoso sombrero! www. Las mujeres no valen más que para trastornarlo todo. Si me enamoro de ella. Sucede que cada uno tiene sus gustos y que éstos son incompatibles con los del otro. (Levantándose.—(Riéndose. me ve usted hecho un solterón y así he de morir. amigo mío. pues. como si hubiesen sido zoquetes de madera. Quedemos en nuestro símil. Higgins. Me cabe cierta responsabilidad en cuanto a la chica. y la yesca. pueden encenderse y echar llamas… por el simple roce. HIGGINS. PICKERING se retira al sillón de cuero cerca de la chimenea y dice a MISTRESS PEARCE:) ¿Ya se arregló aquello? MISTRESS PEARCE. PICKERING. Espero que por ningún estilo habrá de abusarse de ella. He dado lecciones a docenas de millonarias americanas.—No soy ningún muchacho. Estoy bien fogueado. No olvide. señor. y cada uno trata de imponer al otro los suyos.) Pues mire: siempre he visto que en trabando amistad con una mujer. Ya sabe usted que no hay peor cuña que la de la misma madera.—No exagere usted. PICKERING. emitió algunas interjecciones que no eran de las más correctas. pues. y el resultado es que ambos tienen que ir en dirección Este.—Sí. entonces todavía peor: se hace tiránica y egoísta. aunque con algún trabajo. PICKERING. HIGGINS. envidiosa. levantándose y andando con intranquilidad. (Vuelve a sentarse en el taburete.—(Levantándose y acercándose con aire serio.) Ella será mi discípula.—No comprendo. ésta se vuelve celosa. descuide usted. tan inflamable. Si he de ser copartícipe en este asunto.) ¡Qué adulador es usted. para mí.—(Sentándose en el taburete del piano.) Vamos. El ama lleva en la mano el sombrero de ELISA. aunque ambos aborrezcan el viento de Levante. y ya sabe usted que no se puede enseñar no respetando escrupulosamente a los discípulos.) Pues es bien sencillo. que tengo mis cuarenta años bien cumplidos. amigo Pickering! (La entrada de MISTRESS PEARCE interrumpe el coloquio. exigente. PICKERING. desconfiada y cargante por todos los estilos. Cuando los zoquetes son hombres y mujeres. Antes arde la leña seca que la verde. Pickering.—(Violento. Yo mismo soy un zoquete.lectulandia. Usted sabe lo que quiero decir. El uno quiere ir en dirección Norte y el otro en dirección Sur. Ha tomado su baño.HIGGINS. ¡hombre!. con qué sale usted ahora.—Pero. entre ellas mujeres de soberana hermosura. se cría en los troncos añejos… HIGGINS.—(Al reparar en que MISTRESS PEARCE trae entre las manos el sombrero de ELISA. no importa. Porque estaba demasiado caliente el agua.com - Página 28 . tengo que poner los puntos sobre las íes. HIGGINS.

—Hable usted. sus expresiones.—Es natural. he tenido que limpiarla. HIGGINS. creo. MISTRESS PEARCE. como tengo entendido que de más efecto es el ejemplo que el predicar. tengo que hacerle una pregunta. lo guardaremos como recuerdo. perdone la franqueza. Desembuche. de restregarlos en sus mangas… HIGGINS. bueno! ¿Qué más? MISTRESS PEARCE. señor. Así. y a ver si terminamos de una vez. ademanes y aseo personal.) A propósito: ¿cómo es eso que mi levita huele tanto a bencina? MISTRESS PEARCE.—(Se lo quita de las manos. sino también en cuanto al orden y método de la vida diaria. Como tiene usted la costumbre. de aquí en adelante me los pasaré por el pelo. Acuérdese de que ayer.—Quería preguntarle si le podía poner a la chica uno de aquellos www. ¿Es esto lo que usted quiere decir? MISTRESS PEARCE.) Bueno.—Ha hecho usted perfectamente. Perdone. señor.—Si el asunto es reservado.—Pues nada: me he permitido hacerle algunas advertencias. se encontró una cabeza de sardina en la mermelada. debiera procurar tener un poco más de orden y de compostura. (Brusco.—No haga usted caso. Para que la chica no se abandone. voy a tener más cuidado conmigo mismo. como a veces hace. MISTRESS PEARCE. Después de todo. HIGGINS.—Sí. que es usted un ama de llaves incomparable. no solamente respecto a sus modales. Además. Elisa aprenderá seguramente a ser hacendosa y amante del orden. HIGGINS. No lo quemaré. Le he dicho que procure dejar todas las cosas en el sitio que les corresponde y no tirarlas en cualquier lado. MISTRESS PEARCE. MISTRESS PEARCE. ¿Quién sabe…? HIGGINS.—(Gritando. Bajo la dirección de usted.—Sí.) Bueno.—Ande usted con cuidado.com - Página 29 . a su vez. míster Higgins.—(Conciliador. HIGGINS.—Señor.—Agradezco mucho el inmerecido elogio.) Nada. por ejemplo. bueno. cuando se mancha los dedos. Ya sé. cuando viene usted de la calle.—Pues. querida mistress Pearce. pero permítame una observación de carácter personal.) ¡Ah. debiera quitarse la levita y no echarse con ella a dormir la siesta. sin ir más lejos. mistress Pearce. HIGGINS. que usted.—¡Hombre! A veces estoy distraído. no quisiera haberle ofendido. nada. y no me lo tome a mal.MISTRESS PEARCE. HIGGINS. pero no es costumbre. porque no había cambiado el plato. Lo que hablamos mi excelente ama de llaves y yo puede decirse delante de todo el mundo. PICKERING. pero bueno será meterlo un rato en el horno. HIGGINS. puedo retirarme al gabinete.lectulandia.—(Lo pone precipitadamente sobre el piano. MISTRESS PEARCE. tiene usted mucha razón.—Hable. me suplicó que no lo quemara con el resto de la ropa. no debiera comer todo en el mismo plato.

Si se desboca. dudando de quién de los dos caballeros es el dueño de la casa.—(A PICKERING. HIGGINS. Dice que es el padre de la muchacha que tienen aquí secuestrada.trajes japoneses que trajo usted el año pasado de París.) DOOLITLE. PICKERING. (Se retira.—Está bien.com - Página 30 . Sus rasgos fisonómicos son enérgicos e interesantes. Vístala de japonesa. Pero tiene un concepto muy raro de mí.lectulandia.—(Señalándole una silla. (Vase.—No. Yo. Tiene una voz muy expresiva.) Mande pasar a ese sujeto. Ya verá usted cómo oiremos algo interesante. Es un trapero o basurero de cierta edad. como quien está acostumbrado a la vida al aire libre y a expresarse sin reservas. el disgusto se lo daré yo a él. ¿Nada más? MISTRESS PEARCE.—Nada más. débil. Ahí fuera hay un hombre de bastante mal aspecto.—(Abriendo la puerta.—¿Acerca de la chica? HIGGINS. PICKERING.—A ver si nos da un disgusto. La madre debió de ser del País de Gales. Nunca he podido ser enérgico. ¿Qué desea usted? DOOLITLE.—Claro. bonachón.—No tenga usted cuidado. Con su permiso me retiro.—(Vivamente. ya decía yo! HIGGINS. pero vigoroso y sano. que acaba de llamar.—Soy yo.) HIGGINS.—Con su permiso. HIGGINS. www. algo canoso.—¡Anda.) HIGGINS. Y sin embargo.—¡Ya! MISTRESS PEARCE. Su traje corresponde a su condición social.) PICKERING. Hace su entrada solemne ALFREDO DOOLITLE. Vengo por un asunto muy serio. en realidad.) ¿El profesor Higgins? HIGGINS. señor.) MISTRESS PEARCE. A DOOLITLE. anda. (Sale. soy un hombre tímido. señores.) Siéntese.—Buenos días. ella está persuadida de que soy un ogro que me como crudos a los niños.) Se ha criado en Hounslow.—(En la puerta. (Se sienta con alguna vacilación.) Pase usted. PICKERING. MISTRESS PEARCE. (DOOLITLE abre la boca atónito.—Pues quiero a mi hija. exigente y tiránico como otros. DOOLITLE. ya le dije que había que quemarlos.—¡Ay señor! Ya empieza el jaleo. (MISTRESS PEARCE vuelve. Su actitud presente es la del honor perdido y resolución enérgica.) Usted dirá qué es lo que quiere. y parece tan libre de escrúpulos como de remordimientos. No puedo ponerle la ropa que tenía… HIGGINS.—Es una excelente mujer esa mistress Pearce. me refiero al lenguaje típico. DOOLITLE.

HIGGINS.—Déjele acabar. supongo. Pues ahora traigo el equipaje. DOOLITLE. vendedor de periódicos. Esto ha sido un plan para sacarme dinero con amenazas. La chica me pertenece a mí. a que la acompañara.—Hombre. hombre. dígame. pues: ¿a qué ha venido usted? DOOLITLE. y.—Ya lo puede usted suponer. dos peniques. ni exijo. DOOLITLE. en la esquina de la calle de Long Acre y la de Endell. Su hija tuvo la osadía de presentarse en mi casa con la pretensión de que yo le enseñe a hablar correctamente para que se pueda colocar en una tienda de flores. Veo con gusto que no ha perdido usted el sentido de la familia.—Sí. Las cosas. Voy a telefonear a la Comisaría.—Bien sencillo. para que vea usted que soy servicial.) y mi ama de llaves lo han presenciado todo.” HIGGINS.) ¿Qué es lo que dice? HIGGINS. Es el hijo de la portera en cuya casa vive. pero le va a salir el tiro por la culata. DOOLITLE.—En una taberna. por casualidad. Le dije al chico: “Tráeme el equipaje aquí. claras.) ¿A qué viene usted ahora aquí? Usted la ha mandado a propósito para hacerme un chantaje. claro. HIGGINS. Eso es www. Yo no amenazo. Usted se la llevó.) DOOLITLE. ¿Puedo decir más? HIGGINS. claras. DOOLITLE. (Gritándole. ni pido. La chica tomó un taxi y convidó a un rapaz. Este caballero (Señalando a PICKERING. cómo ha sabido que la chica estaba aquí. vamos. Comprenderá usted mi dignidad y mi deber de padre. lo dejo a su voluntad.—Pero. las cosas.—Ante todo. señor. Pues nada. me costó para que el panoli del chico me lo dejara.lectulandia. usted es testigo: ¿he hablado yo de dinero? HIGGINS. Higgins.—Muy natural en un padre. ¿Qué voy yo ganando? HIGGINS. A lo que está uno.—Pues déjeme usted explicarme… HIGGINS. DOOLITLE.—(Volviendo a colgar el auricular. No debe usted ponerse así. PICKERING. es el club del pobre.—¡Anda!… ¿Usted cree que la portera me lo hubiera entregado a mí? Las mujeres son muy desconfiadas en general. sea usted razonable. Bastante trabajo.—¿Por qué no fue usted mismo por él? DOOLITLE. Yo me lo encontré. sin más rodeos. No querrá usted que me la guarde yo. Al saber que usted quería que se quedase aquí. pero las porteras lo son en particular. además.—Que se la lleve usted. no se apure.—Pues bien: llamé al chico y me lo contó todo. ¿le he pedido yo ni un penique? Caballero (A PICKERING. bajó y le dijo al chico que fuera por su equipaje.—La Policía se encargará de aclarar el asunto.) A ver. (Va resuelto hacia el teléfono y descuelga el aparato. DOOLITLE.).—La taberna.com - Página 31 . caballero.—(Como asustado. En seguida su hija estará aquí y se la podrá usted llevar.

En cuanto llegue.) DOOLITLE. un medallón.—Se la va usted a llevar ahora mismo. déjenos solos un momento. muy contrariado. Entréguele.lectulandia. si piensa llevársela? DOOLITLE. www. Llévesela.com - Página 32 . Me habré expresado mal.—Permítame. DOOLITLE.—Perfectamente.) DOOLITLE. (Sale digna y majestuosamente.—Tiene usted la palabra. se dirige a la puerta.—¡Ah. Hablemos como es debido.) La verdad es ésta. desde la primera vista.—¿Cómo entregarle ahora la chica. Vacila. HIGGINS. no se apure. pues. la chica.—Oiga usted. MISTRESS PEARCE. ¿Querrá usted que me la lleve en cueros vivos? HIGGINS. caballero: usted. señora: aquí está el padre de Elisa.—(Inclinando afirmativamente la cabeza y aliviado al verse tan bien comprendido. y en paz. señor Doolitle. caballero? Póngase usted en mi lugar como padre.) HIGGINS. y de cabeza. HIGGINS. Si no tiene ropas. podrá usted llevársela. Acabemos de una vez.todo. caballero: usted y yo somos hombres de mundo. óigame una palabra.) Justo. justo.—Soy el ama de llaves de míster Higgins. caballero.—Pues claro.—(Desesperado. (DOOLITLE. cinco postales ilustradas. Mientras tanto.—Pero ¿he dicho yo que voy a llevármela? Ni por pienso.—Pues en una guitarra. que se retira a sentarse en el taburete del piano. luego.—¿Y en qué consiste ese equipaje? DOOLITLE. bueno! Mistress Pearce. Dijo que no necesitaba ropa. que aquí hay una mala inteligencia. No soy yo hombre para ser obstáculo a que mi hija haga carrera. HIGGINS. HIGGINS.—Mire. que viene a llevársela.—Gracias. cómpreselas.—Pero dígame: ¿por qué ha traído usted su equipaje. una cadena de plata y una jaula con un pájaro. puede usted esperar en la cocina. Por lo demás. No tome las cosas así.—Caballero. su señora? MISTRESS PEARCE. ¡Dios me guarde! (MISTRESS PEARCE viene a tomar órdenes. ¿De modo que ha venido usted para salvarla de la ignominia? DOOLITLE. He mandado comprar ropa nueva para su hija. (Va hacia el botón del timbre y lo oprime. se vuelve hacia HIGGINS. (Va hacia el piano. como quien considera terminado el asunto.) DOOLITLE.) ¿Dónde están las ropas con que entró? ¿Las he quemado yo o las ha quemado aquí. pues. usted lo ha dicho.—Usted ha venido aquí diciendo que quería a su hija. HIGGINS.) PICKERING. MISTRESS PEARCE. de hombre a hombre. caballero. ¿Qué es lo que yo debo pensar de esto. DOOLITLE. cuando acabo de quemar sus ropas? DOOLITLE. en tono de confianza. (Dirigiéndose a HIGGINS. Hágase cargo.

Como hija. yo no soy intransigente y tirano. desde el punto de vista de la moral.—Naturalmente. Díganme. para no darme nada. tiene sus méritos.) PICKERING. Pues bien: me piden por cualquier cosa lo mismo que a los otros. ¿qué soy yo? Un pobre que no tiene la culpa de ser pobre. como muchos.) No sé qué hacer. que vendería a su hija por cincuenta libras? DOOLITLE. mis medios no me lo permiten! Tampoco tendría usted moralidad si fuese tan pobre como yo. ¿Y cuál es la moralidad de la clase pudiente? Escudarse en esta moralidad para negármelo todo. Doolitle. DOOLITLE. su miaja de canto. Pero. por otro lado.com - Página 33 . tampoco se puede negar que su petición encierra cierta justicia brutal. Ustedes no saben. Quedando en salvo mi dignidad. todos me quieren negar el derecho a ello.—¡Ay caballero.—Debe usted saber. La chica. DOOLITLE. Me hacen falta expansiones: su miaja de baile. por lo menos.—Diga usted que sí. PICKERING. Pero mis necesidades son. tan grandes como las de cualquier favorito y recomendado de los establecimientos de Beneficencia. como usted sabe perfectamente. infame. granuja. Necesito diversiones. es un crimen darle a este hombre un penique. darle de comer casi a diario.—(Confuso. y. Si hay algo en que disfrutar y yo trato de disfrutarlo. DOOLITLE. yo no tengo inconveniente en llegar a un arreglo. Hablando se entiende la gente. cuando estoy de buen humor. que no sigan conmigo el mismo sistema. Mire. hombre. que las intenciones de míster Higgins son absolutamente honestas. www. Lo único que yo reclamo son mis derechos de padre. Para usted. caballeros. Por las buenas se hace de mí lo que se quiere. usted no tiene moralidad. HIGGINS. caballeros. ¿qué es Elisa? (Vuelve a su silla y se sienta como un juez que ha pronunciado un fallo. no vale nada. pero vamos a ver: si a Elisa le ha tocado un premio gordo. No me regalan nada. en cambio.—(Indignado.—Pero. si no lo creyese yo así. amigo Pickering.—Por complacer a un caballero como usted. es guapita.me ha sido simpático. soy capaz de cualquier cosa. porque soy un hombre pensante. pediría por lo menos cincuenta libras. Por eso les suplico a ustedes. Es indudable que. Y no es que yo tenga malas intenciones. ¿qué es un billete de cinco libras? Y para mí. pues no supongo que considere usted justo que yo se la deje de balde. No quieran ustedes quitar a un padre el fruto de su trabajo. y no tengo inconveniente en confesarlo sin rodeos. ¿no es justo que tenga yo una pequeña participación? HIGGINS.lectulandia. tenga la seguridad.) ¿Quiere usted decir con eso. Esto supone un conflicto continuo con la moralidad de la clase media. lo que es criar a una hija. Es usted demasiado caballero para eso. Tenga usted en cuenta lo que es un padre. claro está. amparándose en hipócritas principios de moralidad. como tal. Necesito comer tanto como él y beber aún algo más.

¡adiós alegrías. HIGGINS.) DOOLITLE. no habría inconveniente.—Cabal. La vida es corta y hay que aprovecharla. ¡Que te quiero. y tal vez yo tampoco.—¡Quiten ustedes! He oído muchos discursos parlamentarios y muchos sermones. todo porque no soy su marido legal. me da usted lo que he pedido. y “pax Christi”… HIGGINS. caballero. Pero dígame usted: ¿por qué no se casa con su compañera? DOOLITLE. morena!… Usted.—Bien. El lunes tendré que ir al trabajo. no lo economizaré. No me servirá para entregarme a la holgazanería. Mi socia no tendría el alma de gastarse en un día diez libras. si seguimos escuchando a ese hombre.) Pickering. dígaselo a ella. Créame. Tengo que mantenerla. ni un penique más ni un penique menos. Yo no tengo más que una palabra. HIGGINS. va a acabar con todas nuestras convicciones. No tengo autoridad sobre ella. PICKERING. (Le ofrece dos billetes. (A DOOLITLE. tengo que llevarla a diversiones y ser su esclavo. HIGGINS. En serio. Ella bien lo sabe. Una juerga en grande el domingo para mí y la parienta. www. Es mucho dinero. No estamos más que amontonados.—Me temo que haga mal uso de ese dinero. así como cualquier otra diversión.lectulandia.vestirla desde la cuna hasta que ya se puede ella ganar la vida. Tanto. ya le inspira a uno ideas formales. que en vez de cinco libras le voy a dar diez.—Por Dios. he visto mucho… HIGGINS. Lo dejo a su criterio. Ya lo dije: soy un hombre pensante y me gustan los discursos sobre la política. caballero. Y de ahí vienen todos mis sufrimientos.—Creo que se le puede dar el billete para acabar.—(Levantándose y acercándose a PICKERING.—¿Qué opina usted de esto. como quien dice. DOOLITLE. Si no lo hace así. pero no vale la pena de que yo me moleste en hacer un papel activo.) PICKERING. como si nunca hubiese tenido tal billete. por eso no hemos de reñir.) ¿Cinco libras ha dicho usted? DOOLITLE. la religión y las reformas sociales. El lunes próximo no quedará ni un penique en mi poder.—Dios me guarde. (Mirando a PICKERING y sacando la cartera. no lo sustraeré a la circulación. de no gastar. No tenga el más pequeño cuidado: no lo guardaré. Díganlo ustedes mismos. ideas de ahorro. podría ocupar un sitio en el Parlamento o distinguirse como predicador. Doolitle? DOOLITLE. siga mi consejo: cásese con Elisa mientras es joven y no cae en la cuenta. hombre. Cinco libras es una ganga.—Me ha convencido usted. luego le pesará a usted.—¡Ah! Sí.—Pickering. si nos empeñáramos en darle lecciones a este hombre durante tres meses.com - Página 34 . y entonces. caballero. Por mí. Mal me conoce usted. pierda cuidado. no. Una suma así. Así es que ni a tiros se casa conmigo. tengo que vestirla. adiós felicidad! Nada.

A mí no me echen la culpa de nada. Menos mal que lo he tapado con una toalla.—(Entregándole un billete de cinco libras. Él se aparta respetuosamente y murmura excusas.—(Con orgullo paterno.) HIGGINS.—(Concienzudo.—¡Vamos! Oiga usted. (Se precipita hacia la puerta. ¿verdad? HIGGINS. HIGGINS. ELISA. y agua de Colonia. lo digo como lo pienso.—Muchísimas gracias.—(Sonriendo. ELISA.—Míster Higgins. De cuando en cuando.—Porque a mí no me parece decente eso. Ya verían si tuvieran que lavarse como una. no diga cosas que la hagan presumida a la chica. cuidado.HIGGINS.) Pero ¿a qué se refiere? MISTRESS PEARCE. Más tarde. el lavarse es un placer.) ¿Es posible? ¡Elisa! ¿Qué es esto? ¡Hola! ELISA. ansioso de escaparse con su botín. y esponjas.—Me alegro que te haya gustado el cuarto de baño. (Recoge su sombrero. mi padre! DOOLITLE.—¡Caramba.lectulandia. www.—¡Yo! Si no la he criado de ningún modo.—(Exclamación simultánea. LA JAPONESA. DOOLITLE.) Pues ahí tiene usted. Hay agua caliente y fría a discreción. y cepillos.—Pues no m’ha gustao del todo. DOOLITLE. DOOLITLE.) Está preciosa la condenada. ELISA.) Estás hecha una facha. (A ELISA.—Pues ¿por qué? ELISA. no. HIGGINS. caballeros.—Es fácil tener limpieza así.—¡Anda la mar. que echa espuma como la cerveza. y jabón líquido.) Dispense. Pero ya verá usted qué pronto se acostumbra a todo. HIGGINS. Ella es como Dios la hizo. Ahora comprendo cómo las señoras ricas van tan limpias. HIGGINS. se lo pone y atraviesa la habitación con aire de presunción. Doolitle: a esta niña la ha criado usted con ideas algo ñoñas. estaría mejor.—Estoy hecha una facha. vistiendo un quimono de seda azul con flores blancas de jazmín. una nueva moda! Y el caso es que no le sienta mal. Para ellas. HIGGINS. y toallas afelpadas. Ustedes lo pasen bien. HIGGINS. mistress Pearce. ¡quién sabe! HIGGINS.—Ahora.—¿Una facha? MISTRESS PEARCE. y pare usted de contar. algún lapo.—Si me pusiera el sombrero.) Al espejo.com - Página 35 . señorita. PICKERING. Detrás de ella viene MISTRESS PEARCE. Parece mentira lo que hace la limpieza.) Tiene usted razón. Ahora le diré: la falta de costumbre es la causa.—(Volviéndose hacia MISTRESS PEARCE.—¿Está usted seguro de que no aceptaría diez? DOOLITLE. Al abrir tropieza con una señorita japonesa lindísima y guapa.

) Sí. caballero. Adiós. no hace falta que cortes tus relaciones con tus antiguas amistades. señora. ¡Ojalá no vuelva a aparecer! ¡Cómo me luzco tanto con él!… Es un perdido. (Sale. es tomarlo ahora mismo y darme una vueltecita por ahí para que me vean mis antiguas compañeras y rabien un poquito. si no? No. Lo que quisiera yo ahora. ¿Y a ti? ELISA.—Menos. porque entonces sí que sabrás quién soy yo. Allá ella. bien. se interpone entre ambos. ¡Qué cosas se oyen! ELISA. nada. ¡menuda cogorza la que se prepara!… DOOLITLE. Conmigo te va a salir mal. huye espantado. DOOLITLE. No muy pronto.com - Página 36 . Yo no quiero acostumbrarme a na… Yo soy una chica honrá… HIGGINS.—Creo que nada más natural. no se fíen ustedes de él. Usted verá cómo se las maneja. Es natural. No ha de venir tan pronto. señores.—Bueno.—Pero es su padre. (Hace con la mano el ademán de azotar. HIGGINS.—Oye.—(Temiendo algún exceso.—¡Eh! Oiga. pero vendré alguna vez. es a ver si aquí sacaba algo para luego correrla.—(Evasivamente. no debe usted hablar así de él. si quiere usted hacerme caso.—No diga usté eso. ¿tiene usted algún consejo más que darle a su hija? DOOLITLE.) Y no digo más.—A mí no me hace falta.—¡Miau! (Le saca la lengua para burlarse. me callaré si le molesto. La ve usted reacia. que iba a echarlos al cepillo de la iglesia. Puede usted venir con regularidad a visitar a su hija.) ELISA.—Yo. ¡Qué mal le conoce! Él.—Más valdría esperar a tener otro traje para salir a la calle. www. acompañado de MISTRESS PEARCE. tu padre te va a llevar a su casa.—Viejo embustero. además. Ahora. no la permita que se le suba a la parra. pues un cachete sin duelo. Elisa. Si usté l’ha dao algo. es su padre. caballero. si vuelves a decir que eres una chica honrada.—Bien. DOOLITLE. adiós. Y que no sepa yo que hayas faltado a estos caballeros.) PICKERING. Cuando ha oído lo del clérigo. ELISA. Yo ni les dirigiré la palabra. ¿eh?.) Vamos. HIGGINS. PICKERING. vendré con mucho gusto.—Y. (Se retira.) HIGGINS.—Si. Mi hermano es clérigo y puede ayudarle a educarla. porque tengo un trabajo en el otro extremo de la ciudad. Elisa. señores. tú. a lo que ha venido. me paece.—¡Qué amistades ni qué ocho cuartos! Yo no me trato con esas chicas. HIGGINS. sí. ELISA. ya que me dijeron que podría tomar un taxi cuando se me antojase. PICKERING. no seas desvergonzada.—Elisa.ELISA. pasarlo bien. como si lo viera….lectulandia. ELISA. le conozco como si le hubiera parido…. ¿Para qué quería yo los cuartos.

muchacha. en invierno.) HIGGINS.—Pickering. cualquiera se muda de ropa para ir a la cama. no corra así.) Elisa. (Sale. En primer lugar.—(Siguiéndola. ¡Cuánto me gustan a mí los vestidos bonitos y cuántas veces he deseado tenerlos! Mistress Pearce me ha dicho que tendré para dormir prendas diferentes de las del día. esperaré.) Eso mismo pienso yo.—(Volviendo. Esto lo encuentro yo una tontería y un gasto inútil. De todos modos.—¡Aaaayyyyy!… (Se precipita afuera. si van a traerme un traje elegante para ir a la calle. ya han traído la ropa: ¿quiere usted venir a probársela? ELISA. cuando hace frío. Ahora me toca a mí.lectulandia.) Pero. PICKERING.) MISTRESS PEARCE. TELÓN www. muy elegantes. cerrando la puerta.—(Con convicción.com - Página 37 . menuda faena la que nos espera. y luego. MISTRESS PEARCE.Bastantes veces me han mirado de arriba abajo cuando les iba bien. de noche no se pueden lucir las prendas.

) Seré bueno. una puerta de dos hojas.—(Se acerca para besarla.) Vamos. por ser hoy mi día de recepción. mamá. En medio de la pieza hay un soberbio sofá forrado de brocado. Ante éste está ahora sentada MISTRESS HIGGINS. HIGGINS. Las ventanas están abiertas y dan a sendos balcones. hombre! Me habías prometido no venir. vestida sobria. www.—Ya sé lo que me vas a decir: que soy un Adán. pero ahora se trata de un asunto de interés científico. veladores. y por eso prefiero que cuando recibo no estés tú. En el rincón. HIGGINS. y de la misma rica tela son las cortinas y el portier. El rincón entre la chimenea y el balcón está ocupado por un sofá-arcón forrado de terciopelo de Génova de color verde. espantas a mis visitas.com - Página 38 . no espantaré a nadie. parece que te estorbo. en el primer término. Son entre las cinco y las seis de la tarde. lo mismo que sus cojines. entre ellos un buen retrato pintado al óleo. rinconera. Enrique: déjate de bromas.lectulandia. MISTRESS HIGGINS. Es una señora de más de sesenta años. un monumental sillón gótico. A la izquierda del espectador está la chimenea. Como eres tan particular. se ve un elegante y sencillo escritorio. sonrientes. de cuando MISTRESS HIGGINS era joven y hermosa. y otras chucherías que se ven en otros salones. y a la derecha. Entre ella y el balcón más próximo. que mis maneras son de cuartel. En el suelo hay una mullida alfombra de lana. El salón.ACTO TERCERO Hoy es el día en que se queda en casa MISTRESS HIGGINS.—No digas tonterías. La puerta se abre estrepitosamente y entra ENRIQUE HIGGINS. diagonalmente opuesto a la puerta. Enrique! ¡Vamos. que no sé llevar una conversación. Del mismo lado se ve un piano muy hermoso. de pelo blanco. MISTRESS HIGGINS.—(Besándola. convenientemente dispuestas. Faltan los mueblecitos. En las paredes se ven algunos cuadros de los mejores autores modernos.—¡Eres tú. algo maliciosos. Ya sabes que ante todo quiero mi tranquilidad. mamá. una silla pompeyana. lo mismo que una docena de sillas más. Al otro lado de la habitación. Todavía no ha llegado nadie. tez sonrosada y sana y ojos claros. la madre del conocido profesor de fonética. he venido con un fin particular.—Mira. No te creas. HIGGINS. con un timbre al alcance de la mano de quien se siente a dicho escritorio. MISTRESS HIGGINS. Ya sabes lo que pasa. en los que hay macetas de flores. tiene tres ventanas que miran al río. Todo es verdad. situado en un piso de la ribera de Chelsea. pero elegantemente.

haciendo sonar unas monedas y un manojo de llaves. Ya sabes que estoy demasiado ocupado para pensar en amoríos. quita. La gente teme más eso que tus exabruptos. Pickering está conmigo en el complot. como se suele hablar en sociedad. La cuestión es dar con ella.) No tienen juicio. Parece mentira que seas así. pero las prefiero un poco entradas en años. www. Buena la has hecho. HIGGINS. dentro de cuatro meses.com - Página 39 . y no tiene nada de particular.—¿Cómo? ¿Quién es? HIGGINS. mamá. Enrique. Con las muchachas no se puede tener una conversación sensata.MISTRESS HIGGINS. las habrá. Es una vulgar florista que recogí en el arroyo. según la cual. por Dios! Ya te veo venir con tus vocales y tus diptongos.—¡Jesús.—Hombre. tiene que ser ahora mismo. MISTRESS HIGGINS. y tus cuerdas vocales y tus dentales y sibilantes.—O una muchacha te ha pescado a ti. Tengo con él una apuesta. y etcétera. ya verás como no hace ningún estropicio.—¡Lástima! HIGGINS. HIGGINS. tengo que hacerla pasar por una aristócrata. y no puedes figurarte lo que va adelantando. La recogí hace ya dos meses. Mis estudios. (Se pasea con las manos en los bolsillos.—Tú estás loco. HIGGINS. HIGGINS. cuando hay tantas muchachas guapas por ahí.—¿Lástima? ¿Por qué? MISTRESS HIGGINS. MISTRESS HIGGINS. No soy enemigo de las mujeres. Yo le he enseñado a hablar con propiedad y a portarse correctamente. Le he recomendado que no hable más que de dos cosas: del tiempo que está haciendo y de la salud de cada uno. como si no. pero a mí.—Alguna habrá lista. MISTRESS HIGGINS. Escucha: he pescado a una muchacha… MISTRESS HIGGINS.) No te asustes. Ahora habla el inglés tan bien como tú el francés.—Pues que va a venir a verte. por la sencilla razón de que ha tenido que aprender un léxico completamente nuevo. cuéntame: ¿qué pasa con esa muchacha? HIGGINS. Verás qué bien sale del empeño. Tiene un oído excelente y un órgano vocal muy flexible. mamaíta. y la mandas venir aquí en día de recepción! Tú no estás en tus cabales. porque sí.—Sí. MISTRESS HIGGINS. y que no se lance a generalidades por nada del mundo. Me gustaría que pensaras en casarte. Mira: vienes luego a comer y te escucharé todo lo que quieras. HIGGINS.—No la conoces. Olvídate siquiera hoy de esas cosas.—Imposible. No quisiera morir sin haber visto a algunos nietos.lectulandia.—Ya verás. Más fácil me ha sido enseñarle a hablar inglés que a la generalidad de mis discípulos de la burguesía. y me darás la razón.—¡Quita. Pero vamos. MISTRESS HIGGINS.—Nada de eso.—(Se acerca zalamero. antes que todo.

(Se inclina. no importa.—El gusto es mío. MISTRESS HIGGINS.—¡La señora y la señorita de Eynsford! (Vase.—Tanto gusto en verle. HIGGINS. tomen asiento.) MISTRESS HIGGINS.) MISTRESS HIGGINS. SEÑORA EYNSFORD.lectulandia.—Bien. Importa fijarse en cómo pronuncia.) ¡Qué cosas tienes.) Mi hijo Enrique. hasta ahora.—¡Mistress Higgins! ¡Qué bien la encuentro! (Se besan. pasen ustedes. La madre es una señora muy bien educada.) Pero me parece que nos hemos visto ya en alguna parte.—¿Cómo? HIGGINS. pero su madre le coge del brazo y. SEÑORITA EYNSFORD. y eso es lo que… (Son interrumpidos por una doncella. como si fuera la primera vez que contemplara tal panorama. Creo que ustedes no se conocen. La SEÑORA y la SEÑORITA DE EYNSFORD HILL son la madre e hija que hemos conocido en el primer acto. quiera o no quiera. pero eso no basta. Me gustan los caracteres originales.—(Presentando a su hijo. no habíamos tenido el gusto de verle. al entrar las visitas. ¿y ustedes? SEÑORITA EYNSFORD. Conozco su voz. calmosa. (Mirándola de repente con sorpresa.) SEÑORA EYNSFORD. (Se ríe y se sienta en el sillón gótico.—¡Vamos! Pues te felicito.MISTRESS HIGGINS.—¡Atiza! (Recoge su sombrero del sofá y trata de escapar sin ser visto. HIGGINS va hacia un balcón y admira las lejanías del paisaje.—Queridas amigas.com - Página 40 . que aparta el portier anunciando:) DONCELLA. coronel. SEÑORA EYNSFORD. no hay duda. y tiene la natural timidez del que vive en la estrechez.) PICKERING.—¿Cómo está usted? (Se dan la mano.—(Un poco confusa.) Señorita. Estas señoras. pero también en lo que pronuncia. En fin.—(A MISTRESS HIGGINS.) HIGGINS.—Pues claro. pero. ¿y usted? (Da la mano también a la hija. mistress Higgins? MISTRESS HIGGINS.) MISTRESS HIGGINS. hija! (Se sienta en el sofá.—Yo no hago caso. todavía. He logrado reformar su vocabulario y darle una pronunciación perfecta.—¿Cómo está usted? (Se besan. y MISTRESS HIGGINS en la silla del escritorio. www. HIGGINS.—No hay de qué. La hija afecta un aire de estar muy acostumbrada a frecuentar la buena sociedad y a no reparar en gastos. No se lo tomen en cuenta.—Bien. volviéndola hacia la reunión. MISTRESS HIGGINS. amigas mías. La doncella vuelve a entrar anunciando al CORONEL PICKERING.—Mi hijo Enrique tiene un carácter un poco brusco.) ¿Cómo está usted. le presenta.) SEÑORITA EYNSFORD.) HIGGINS.—Hemos oído hablar mucho de usted.

—(De repente. convencido. no faltaba más! Precisamente estaba esperándolas. HIGGINS.—(Riéndose.—¡Cínico! ¡Yo no he dicho semejante cosa! ¡Lo que digo es que haría poco gracia! SEÑORA EYNSFORD.—¡Dios no quiera! SEÑORA EYNSFORD.—Creo que usted exagera.) Ahora digo yo: ¿de qué vamos a hablar hasta que venga Elisa? SEÑORITA EYNSFORD. es verdad.) El coronel Pickering.) Mucho gusto. HIGGINS. ¿Cree usted que sería agradable oír.) Juraría que ésta no es la primera vez que nos vemos. (Vuelve la doncella para anunciar a FREDDY.—(Levantándose y haciéndola sentarse otra vez. lo que yo realmente pienso? SEÑORITA EYNSFORD. al lado de la SEÑORA EYNSFORD. pues no me cuido de la conversación.—Pero. entender de poesía y filosofía.—Lo que creen que debieran pensar. Creemos ser hombres civilizados y cultos. señora.—(Semilevantándose. Dios sabe.) ¡Ah. ¿y usted? (Presenta a los demás. mira lo que dices.son las señoras de Eynsford Hill.) Si es que estorbamos… MISTRESS HIGGINS.) HIGGINS. somos unos salvajes.—(Inclinándose. si las personas fueran francas y dijeran lo que realmente piensan! HIGGINS. FREDDY. SEÑORA EYNSFORD.—Conmigo no cuente.) ¿Cómo está usted. FREDDY.—¿Le ha contado Enrique lo que tramamos? HIGGINS. Quiero presentarlas a una amiga.—Bueno. tome asiento. señora? MISTRESS HIGGINS.com - Página 41 .—(Terciando en el asunto para ayudar a su hija. (Da la mano a FREDDY y casi le hace caer de un empujón sobre el sofá.) Sí.—No recuerdo. pero lo que realmente piensan es aún peor. sí.—(Mirándole como si fuese un carterista.) ¡Otro Eynsford Hill. y en voz baja. Luego da la vuelta y se sienta en el otro extremo del sofá.) Nos han interrumpido. Para mi experimento hace falta que haya una reunión. ya es bastante malo de por sí. vaya! FREDDY. (Saludos mutuos.—Desengáñese. MISTRESS HIGGINS. FREDDY. www.—Bien.—(Con inclinación pedantesca.) ¿Por qué? HIGGINS.) ¡Por Dios.—(Inclinándose.) ¿Tan cínico es? HIGGINS. no importa. el que más y el que menos.—(Inclinándose hacia él. todos.—(Casi en voz alta.) Mucho gusto. por ejemplo.lectulandia. El CORONEL acerca la silla pompeyana y se sienta en ella.—Mi hijo Enrique. Enrique.) PICKERING. (Mirando a HIGGINS a ver si le hace impresión. ¡Qué le vamos a hacer! MISTRESS HIGGINS. HIGGINS. HIGGINS.

para reanudar la conversación. MISTRESS HIGGINS. y la mira con atención suma desde los pies a la cabeza. caballero? Creo que no he dicho ningún disparate. Enrique.) Vamos a ver: ¿qué sabe usted de poesía? (A la SEÑORA EYNSFORD. pero se reprime y guarda silencio. Su madre le mira con severidad.lectulandia. Guiada por la mirada de HIGGINS. Elisa? ELISA. ja. CLARA se sienta al lado de ELISA. (A la SEÑORITA EYNSFORD.arte y ciencia.—(Finalmente. después de rondar solícito a ELISA.—¡Vamos.—(Con corrección pedantesca y hermosa cadencia de voz. que todos se levantan como cohibidos. gracias. etcétera. HIGGINS. ja! ¡Qué gracia! ELISA. Enrique.) Tengo una verdadera satisfacción en conocerla. y. pero la mayoría no sabemos ni la primera palabra de ello. concluye su desastroso trayecto dejándose caer en el sofá con tanta fuerza que lo hace crujir alarmantemente.) ¡Maldita casualidad! MISTRESS HIGGINS. el estado barométrico es bastante fijo.) En el pórtico de San Pablo… (En son de lamento. ja. tropezando con el pico de la alfombra. así es que me he permitido… MISTRESS HIGGINS. ELISA. repórtate! (Él está a punto de sentarse en el escritorio. Su hija Clara… Su hijo Freddy. de trato de gentes. se acerca a la señora de la casa.—Me hace la mar de gracia.) Parece que el tiempo va a cambiar. quitando un pequeño centro de perturbación por el Norte. FREDDY.—(Presentando.) ¡Calla.) Esta señora es mistress Eynsford Hill.—¿Cómo está usted.) ¿Cómo está usted.) MISTRESS HIGGINS. (Va hacia el sofá.—Bien. ja. Sigue una larga y penosa pausa. ELISA.—Dispensa. No me chocaría que tuviésemos lluvia. mamá. en el sofá. ahora recuerdo! (Todos le miran con sorpresa. que lo vas a romper. desahogándose con sordas imprecaciones. FREDDY. con gracia estudiada.—Las bajas presiones que predominan en las islas por toda la parte del Oeste y el canal. de ciencia. coronel? PICKERING.—Y sobre todo. PICKERING.) ¿Qué sabe usted de ciencia? (Señalando a FREDDY. Por lo demás. www. de lo que sea? ¿Qué creen ustedes que yo sé de filosofía? MISTRESS HIGGINS. (La doncella aparece de nuevo y anuncia a la señorita ELISA DOOLITLE. Es un contraste enorme con la florista estrafalaria de antes.) ELISA.—¡Ja.—(De repente.) Cuidado.—Bien. deliciosamente trajeada.—(Cordial. parece que tienen tendencia a correr hacia el Este. FREDDY.—¿Qué le pasa a usted.com - Página 42 . se sienta con aire de suficiencia en el sillón gótico. ¿y usted. hombre. produce al entrar tal impresión de hermosura y distinción. no te sientes en mi escritorio.) HIGGINS. (Saludos mutuos. señora? Su señor hijo me dijo que usted me haría el honor de recibirme.) ¿Qué sabe ese joven de arte.

y al momento ella volvió en sí. Hay que ver cuánta gente hay enferma a causa de esta sequía tan prolongada. que a mí me hubiese tocado. no apareció.) Pero ¿cree usted que mataron a su pobre tía? ELISA. ¡Por Dios.SEÑORA EYNSFORD.—(Espantada.com - Página 43 . no queda ni gota. Parecía que estaba dando las boqueadas. Hace falta más para que la diñe. SEÑORA EYNSFORD. y si la dejan. Le daba por tener contento a todo el mundo. porque convendría un poco de lluvia. lo que digo.—(Sombría.) ¿Es cierto? ¡Pobrecilla!… ELISA. pero a mí no me la dan con queso. así como así.—(Horrorizada.) No comprendo… ELISA. Sencillamente. ELISA. que en paz descanse. el cólico miserere.—Yo no creo que llueva. Y es lástima.) Sí.) Nada. qué sé yo.—¡Quia. por una peina.—(Recalcando y cuidando cada vez más de su pronunciación. ¡Luego. de la gripe. El cielo está muy limpio de nubes. que cuando ella le www. SEÑORA EYNSFORD. como también él estaba acostumbrado a la bala rasa! SEÑORA EYNSFORD.—¡La pascua! No entiendo nada. No apareció nada.—¡Ay mamá. Por lo menos.—No lo crea. SEÑORA EYNSFORD. tenía mucha correa. Para mí que cuando la estaban cuidando a la pobre. A ella bien le gustaba: más que la teta de su madre. HIGGINS. Su peina de concha.—(Con extrañeza.) Quiere decir que precipitaron su muerte.” Cuando lo del cólico sí creíamos que la diñaba. ELISA. que se cree usted eso! Estando así era un alma de Dios. Había pasado por muchas enfermedades: malos partos. señora.—¡Qué cosa más terrible para usted! ELISA. Con mi madre se ponía la mar de amable. A los chicos nos daba los cuartos que le habían quedado.—¿Que si lo creo? ¡Cuando le digo que los que vivían con ella la hubiesen despachado para el otro mundo por un alfiler de sombrero! No digamos. metieron la pata hasta el corvejón… SEÑORA EYNSFORD.—(Moviendo la cabeza y chascando la lengua en son de lástima.) Una tía mía se murió de la gripe.) ¡Jesús! ¡Jesús! ELISA. así dijeron.—De todos modos.—Sí. una pulmonía. como hay Dios. Tanto es así. SEÑORA EYNSFORD. y pidió más.—Pero ¿su padre bebía? ELISA. que si bebía! Agarraba cada melopea que Dios tiritaba. lo que no me parece bien es que su padre de usted le diese aguardiente. Una mujer con esa fibra no se muere. Mi tía. pues. SEÑORA EYNSFORD. SEÑORA EYNSFORD. pero mi padre le acercó una botella de aguardiente.lectulandia.—(Interviniendo.—(Con pronunciación muy pura y cadencia armoniosa. a una mujer gravemente enferma eso era matarla! ELISA. que le hicieron la pascua en grande.—Luego arramblaron con todo. así dijeron. Y tan tiesa. Mi padre siempre decía: “A ésta no la matan ni a tiros. señora.

—Gracias.) ELISA. hombre.) Lo que digo yo siempre es… HIGGINS. no sé a qué viene el reírse tanto. He estado fuera de mi país muchos años. (Se dan la mano. tendría mucho placer en seguir tan agradable compañía. ¿No le parece a usted.) SEÑORA EYNSFORD. señora.) ¿Qué le pasa a usted.—Yo seré muy anticuada. Ahora. miss Doolitle. vamos. SEÑORA EYNSFORD.lectulandia. a www. (Va hacia MISTRESS HIGGINS y luego a los demás. ELISA. Hasta el punto de que. ELISA. vete a tomar unas copas a ver si te pones de mejor genio.—(Interviniendo. FREDDY va al balcón para seguir a ELISA con la vista. MISTRESS HIGGINS. permítame que la acompañé un trecho.com - Página 44 . hija mía.) Tanto gusto… Reconózcame como a una verdadera amiga. digan lo que quieran. ELISA. pero espero que tú no uses ese lenguaje. señores. pero. nunca creí que una persona de la categoría de usted lo pudiese imitar tan perfectamente.—(Escandalizada. (Sale.—(Mirando el reloj y levantándose. las maneras han cambiado mucho. ¡qué cosas tienes! Van a creer que nunca nos tratamos con la gente bien si te muestras tan anticuada. FREDDY. (Expansiva. señora. Había oído decir que en la alta sociedad se usa ahora el lenguaje de las clases populares como diversión. ¡Qué bien lo hace usted! ELISA. señor Pickering? PICKERING. mamá. y mientras tanto.” ¡Cuánta más felicidad habría en los hogares si todas las señoras siguiesen ese método y tratasen de emborrachar a sus maridos! (A FREDDY.—Me hace mucha gracia.) Pero.) ¡Ejem! ELISA.) Adiós. se sienta. hija mía. PICKERING.—Si lo hago bien.veía de mal humor. no me gustan.—¡Pa chasco! ¡Nipis! (Sensación. pero no tengo más remedio que despedirme.) Yo voy a agarrar un taxi.) Señores.—Ya sabe dónde me tiene a su disposición. esto ya pasa de la raya.) Si va usted a tomar por el parque.—Favor que usted me hace.) Pero ¿en qué estoy pensando? Señores.—Adiós. ¡Qué barbaridad! ¡Jesús! Concedo que las jóvenes de hoy no sean tan remilgadas como lo hemos sido las de mi tiempo. Adiós. coronel Pickering.—(Inclinándose hacia los demás. miss Doolitle.—(Abriéndole la puerta. joven? Parece que me está usted tomando la melena. FREDDY.) Nada. (A HIGGINS.—(Mirándole de repente y comprendiendo la indicación.—(Sentándose bruscamente en el sofá.) ¿He dicho algo que no sea conveniente? MISTRESS HIGGINS. señora. ha estado usted muy bien. estos modales de ahora no me gustan.—A mí no me pregunte. SEÑORITA EYNSFORD. que lucha desesperadamente por no soltar carcajadas estrepitosas. PICKERING estupefacto. señoras. le daba un chelín y le decía: “Anda.

SEÑORA EYNSFORD. ¿qué tal le ha parecido? FREDDY. ya se sabe. Y esa señorita.—¡Vaya al cuerno la ñoñez de la gente antigua! Hay que ser de su tiempo. joven. La juventud de hoy. convencida de estar a la última.—No haga usted caso. SEÑORITA EYNSFORD. SEÑORA EYNSFORD. mil gracias por su amable recepción. Clara se está poniendo el sombrero. Freddy. Ya sabe usted el día que recibo.) Lo sé de sobra. (Saliendo.—(Sonriendo.—A mí. estando en una reunión. vamos ya. encantadora. Yo diquelo. ja! (Sale radiante.—Adiós.) Señora.) Yo les digo a ustedes… (No prosigue por temor a cometer una incorrección. con sonrisa socarrona. yo creo que ya es tiempo de que nos despidamos de estos señores.veces. señorita.—(Levantándose. No faltaré.—(Acompañándola hasta la puerta. me pregunto si estoy entre personas bien educadas o en un cuerpo de guardia. SEÑORA EYNSFORD.) Vaya. Yo creo que no hay nada chocante en ese modo de hablar… Luego. Cuando usted guste… FREDDY. tan pintoresco… Por mi parte. ¡caray! SEÑORA EYNSFORD.—Adiós. y se la oye cómo se aleja lanzando carcajadas y voces escandalosas. SEÑORITA EYNSFORD. Adiós. HIGGINS.) FREDDY.) Caballeros.) ¡Por Dios. Freddy. me encanta.—Todo es acostumbrarse.) Mamá. MISTRESS HIGGINS.) Señora. vamos. Úselo en todas sus visitas y tendrá un éxito seguro: dará usted el golpe. (HIGGINS y PICKERING se levantan. graciosísima.) Es verdad.—Ya lo sé. Pero. Usted no haga caso. joven.lectulandia. MISTRESS HIGGINS. (A MISTRESS HIGGINS. ¡Qué loca es! Ustedes perdonen. resaladísima.—Y que lo diga. MISTRESS HIGGINS. ja. HIGGINS. hija! SEÑORITA EYNSFORD. HIGGINS. MISTRESS HIGGINS. bien. ¡Anda la vértiga! SEÑORITA EYNSFORD. señora. todavía tenemos que hacer tres visitas más.) Adiós. muchas gracias por su amable recepción. he tenido tanto gusto. que tengo mucho gusto en verle por aquí.—Bien. mucho quinqué.) SEÑORITA EYNSFORD.—Ya sabe usted. es tan expresivo.—Señores.—(Entusiasmadísimo.com - Página 45 . Se acerca a la SEÑORA HIGGINS para despedirse. Clara me está esperando.—¡Ja. he tenido una verdadera satisfacción. yo no puedo acostumbrarme a ese www. (A HIGGINS y PICKERING.—(Levantándose.—(Sumamente abochornada.—Un millón de gracias. no es como la de nuestro tiempo. Yo tengo mucho pesquis. No lo dude usted: aquel lenguaje es lo más “chic” y lo más “smart” que se usa ahora.

adonde la acompaña MISTRESS HIGGINS. si no? MISTRESS HIGGINS. mis libros.—(Con voz algo cohibida. vuelve a entrar.—Eso sí. y con observar sus labios. Ésta. Pero dejemos eso. pero ¿en calidad de qué? ¿De sirvienta. Clara siempre me está reconviniendo… (Se la oye continuar hablando en el pasillo. de empleada. Se pasa el día diciendo: “¡Lo que es esa chica.—¿Elisa? Con nosotros. No cesa de cantar sus alabanzas. tu ama de llaves? HIGGINS.—Pues yo. señor!” HIGGINS. MISTRESS HIGGINS. lleva. claro está. no seas tonto.) HIGGINS. lo que es más complicado….—Ya sabe usted que me he instalado en casa de Enrique. señora. además. la chica es útil. HIGGINS la coge del talle riendo y la obliga a sentarse a su lado en el sofá. una vez más se puede decir que los extremos se tocan. como tal vez diría aquella muchacha.modo de ser.) Creo que adivino lo que quiere usted decir. HIGGINS.—Lo sé. PICKERING. Estudiamos juntos los dialectos de la India y la fonética. di la verdad: ¿es presentable o no es presentable Elisa? MISTRESS HIGGINS.—Divinamente. Enrique.—La verdad es que parecen ustedes un par de chiquillos www. Está chiflada por Elisa. pero dice cada cosa… ¡Vamos! PICKERING.—Vamos. su lenguaje se resiente todavía algo del ambiente en que se ha criado.—Por cierto que no necesita recordarme a la tal chica. Me tiene la casa muy arreglada. MISTRESS HIGGINS.lectulandia. Y. es más cómodo que… MISTRESS HIGGINS. con ella cada cosa está en su sitio. ¡Qué ha de ser presentable! Confieso que gracias a tus lecciones y gracias al arte del modista puede pasar. ¡Menuda tarea la mía con dedicarme a reformar sus vocales y consonantes.—En fin. Está visto que esas exquisiteces no se han hecho para los que no somos “ni chicha ni limoná”.com - Página 46 . ésta es su fórmula: “¡Lo que es esa chica. ¿En dónde había de vivir. su lengua y…. sus dientes. su alma! MISTRESS HIGGINS. HIGGINS. Cuéntenme algo de su vida y de lo que hacen. o de qué? PICKERING. En cuanto reaparece. como dice. señor!” PICKERING.—Bien.—Enrique. ¡maldito! El caso es bien claro. lo sé… Pero ¿dónde vive la muchacha? HIGGINS. Su lenguaje es el que ahora priva en la así llamada buena sociedad.—Pues están ustedes equivocados. mamaíta. Yo he tenido que trabajar a diario durante algunos meses con esa muchacha para hacer de ella lo que es hoy. ¡Poco contenta que está la buena señora de haber hallado tan valiente ayuda! Ya no tiene que romperse la cabeza para tener en orden mis cilindros y mis apuntes.—Sí.—¿Y cómo se lleva con mistress Pearce. luego.

ustedes todo se lo dicen y todo se lo contestan. PICKERING.—Todo el día estamos hablando de Elisa.jugando con una muñeca.—Pero si estoy callado. impresionamos centenares de cilindros… HIGGINS. Equivale a rellenar el abismo más profundo que separa unas de otras a las diferentes clases de la sociedad y a las diferentes almas. es increíble… Sonidos que otra persona tardaría años en aprender… Lo mismo le da Beethoven y Mozart que Lehar y Strauss… Vaya un órgano fonético el suyo… Aunque hace tres meses no sabía lo que era un piano… MISTRESS HIGGINS.—(Asaltándola por el otro oído. PICKERING.—(Tapándose los oídos con las manos.—(Acercando su silla a la de MISTRESS HIGGINS y prosiguiendo con gran animación. no hay medio de meter baza. Cada semana.—¡Jugando! No lo creas. Puede decirse que no hacemos otra cosa que ocuparnos de Elisa.—Pero.—La verdad es que.—Vistiendo a Elisa. MISTRESS HIGGINS.) HIGGINS.—Transformando a Elisa. creando para él un nuevo modo de expresarse. zulúes.) Sí. HIGGINS. Es la tarea más difícil que he emprendido en mi vida. se observa en ella algún cambio. HIGGINS. mamá. Hay que resolver un problema. es enormemente interesante. PICKERING. No puedes figurarte lo interesante que es tomar a un ser humano y transformarlo en otro ser. cuando se entusiasma Pickering.) Tiene un oído maravilloso… Te aseguro que esa chica… Lo mismo que un loro… Parece mentira.—¡¡Qué!! HIGGINS.) Vamos registrando exactamente todos los progresos. hotentotes.) ¡Por Dios! ¡Por Dios! ¡Me van a volver loca! (Los dos se interrumpen de pronto. mamá. es un genio… La hemos enseñado a pronunciar cuantos sonidos existen en la lengua humana… La hemos llevado a los conciertos clásicos… En los dialectos africanos. señores. (Acercándose todavía más. HIGGINS.—No hay que preocuparse. señora. Ya lo tengo resuelto.—Enseñando a Elisa. y todo se le fija en la memoria.com - Página 47 .lectulandia. PICKERING e HIGGINS. estoy por decir cada día. PICKERING. HIGGINS.—Corrigiendo a Elisa.—Ya sé. Hable lo que quiera. tomamos docenas de fotografías. cafre… A la opereta.) Sí. es el experimento más absorbente que te puedes imaginar.—Escúchenme un momento. No confundas. PICKERING. Le aseguro que es muy seria nuestra ocupación con Elisa. www. MISTRESS HIGGINS.—Perfeccionando a Elisa.—(Hablando atropelladamente y a la vez. El de cómo se la ha de presentar como aristócrata. MISTRESS HIGGINS. PICKERING.

A lo que me refiero es a un problema completamente distinto. (Salen riendo a carcajadas.com - Página 48 . HIGGINS. MISTRESS HIGGINS.—Ya lo creo. y consérvate buena.—Ya se encontrará el medio de proporcionarle alguna colocación. mamá. en Earls Court. MISTRESS HIGGINS. HIGGINS. hombre. no digas disparates.—El problema está en saber qué se hará con esa muchacha una vez terminado vuestro experimento. ¿Qué ventajas son ésas? En el momento que tenga que ganarse la vida. no te preocupes. imitará a todos los conferenciantes. nos vamos a despedir. luego.—Pero.lectulandia.—(Se queda moviendo la cabeza. HIGGINS.—Conforme. señora. Nos harán gracia sus críticas. PICKERING. los hombres… TELÓN www.—¿Qué tenemos que ver con eso? Hará lo que le parezca. ¿de qué le servirán las maneras y el modo de expresarse que le hayas enseñado? PICKERING. y luego exclama:) ¡Ah! Los hombres.—Adiós.—Tú dirás. HIGGINS. Pickering: vamos a llevarla a la Exposición de Shakespeare.) MISTRESS HIGGINS. Disfrutará las ventajas que le he proporcionado. mamá. HIGGINS.—Adiós. con tu permiso.—En casa. Oiga usted. Ahora. PICKERING. sí.

) Algún sablazo. abanico. vienen HIGGINS y PICKERING. (Tira la carta a la chimenea. Se acerca a la chimenea y enciende los candelabros eléctricos. HIGGINS. etc. como quien viene de la ópera. (Recoge la ropa y la lleva a la antesala. le da la carta a HIGGINS y se coloca de espaldas a la chimenea. Se quita el abrigo. PICKERING. Es medianoche.com - Página 49 .) HIGGINS. ya he echado el cerrojo. Se oye que. coge una chaqueta de encima de un sillón y se la pone.—No. ¿O la necesita para algo? HIGGINS. PICKERING vuelve con el contenido del buzón. pero se abstiene. después de bostezar ampliamente. amigo Higgins. callada y pensativa.) PICKERING. en el banco de la antesala. ya no saldremos. entra y se quita el gabán.—(Tarareando un aria de “La Fanciulla del Oeste dorado”. nada. Creo que.—Cierre la puerta. (ELISA abre la puerta de la habitación y hace su aparición en traje de noche.—(Bostezando nuevamente. PICKERING. PICKERING entra también.) ¿Dónde están mis zapatillas? (ELISA le mira sombría.) ¡Dios mío. Pensará que estuvimos algo bebidos. Pickering. Está cansada. El reloj de la chimenea da las doce. se quita el sombrero y el gabán y está a punto de amontonarlos sobre la ropa de HIGGINS. No hay nadie en la habitación. por esta noche. en traje de etiqueta y con sombrero de copa. HIGGINS.—Sólo hay circulares y esta esquelita amorosa para usted. el sombrero y el frac. las coloca en la alfombra delante de HIGGINS y se vuelve a sentar silenciosa. Su palidez contrasta fuertemente con sus ojos y sus cabellos negros. qué noche! ¡Cuánta gente! ¡Y www. Voy a ver si hay cartas en el buzón. coloca sus flores y su abanico sobre el piano y se sienta en un sillón.—Y lo estamos un poco.lectulandia.—Mistress Pearce se va a enfadar si dejamos la ropa tirada en el salón. con joyas. flores. Me parece que mistress Pearce puede acostarse. (Tira las circulares dentro de la chimenea. luego se levanta de repente y sale de la habitación.) HIGGINS.—Déjela ahí fuera.) HIGGINS. y su expresión es casi trágica. tirando sin cuidado la ropa sobre los muebles. Luego se deja caer en un sillón delante de la chimenea. por la escalera. HIGGINS vuelve a tararear. que se acueste.) PICKERING. Se interrumpe bruscamente. ELISA vuelve con un par de enormes zapatillas.—(Mirando la carta. Es una noche de primavera.—Bien.ACTO CUARTO El laboratorio de HIGGINS y PICKERING. como si lo viera. HIGGINS.. Mañana la encontrará y la guardará.

hay que confesarlo.—En la “garden-party”. y por eso la llevé adelante. finalmente. Pero usted ha ganado la apuesta. Lo dicho: de no haber sido por el empeño. que no me vuelven a coger en otra. pero sólo durante los tres primeros minutos. pero ellos no lo notan. Primero la “garden-party”. (Vase.—(Yendo detrás de él. Ha sido una jornada de prueba. no me disgusta asomarme de cuando en cuando a la vida del así llamado gran mundo. HIGGINS. ha sido un gran éxito.) PICKERING. (La expresión de ELISA se hace más sombría aún. Una vez y no más. No haré más duquesas postizas. Elisa. confieso que yo no las tenía todas conmigo.—Pues yo voy a hacer otro tanto.—La “garden-party”. Parece que me rejuvenece. me había empeñado en ello. por mi parte. Elisa.com - Página 50 .) A mí. PICKERING. hay pocos que saben ser lo que son.—Tiene usted razón. parecía muy tranquila. en cambio. la cena. que se figura que el “chic”. la cosa me interesó. Hay que acostumbrarse a todo. fue una prueba emocionante. Pero. en todo lo que se hace verdaderamente bien. estaba muy segura de sí misma.cuánta idiotez! (Levanta el pie para desatarse el calzado y ve con sorpresa las zapatillas.—Sí. ya se acabó. Pickering. casi me empecé a aburrir. no llevo la broma hasta el final.) Apaga. que ustedes descansen. Buenas noches.) PICKERING. Cuando vi que llevábamos las de ganar con toda seguridad. si no es por la negra honrilla.) ¡Gracias a Dios que se acabó! (ELISA se estremece violentamente. luego.) HIGGINS. la ópera. lo hubiese abandonado todo a los dos meses de empezar.—(Estirándose. Dos o tres veces casi me asusté al ver que Elisa lo hacía tan bien. no está hecho a la vida de sociedad. La verdad.—Yo también. A mí me revientan sobre manera esas cosas. Tenga usted en cuenta que mucha gente aristocrática no sabe conducirse en sociedad. es innato. volviendo un poco la cabeza.—(Fervoroso. Estése usted ahí tragando durante más de una hora. mientras estuvimos en la parte fonética. digamos el estilo. y ella recobra la calma y su aparente impasibilidad. De todos modos.) En fin. PICKERING.) Buenas noches. Durante el banquete sí que me aburrí de verdad. y dile a mistress Pearce que no haga café www. sin más remedio que oír sandeces a diestro y siniestro. son muchas cosas. Yo temblé… HIGGINS. HIGGINS. pero luego me fue pesando lo indecible. Hay que desengañarse. un poco. Al principio. HIGGINS.) ¡Caramba! Estoy algo cansado. con tanta gente de la alta aristocracia.—Usted. hay algo de profesional. sí. un inmenso éxito. (En la puerta. Le aseguro a usted. y así nunca aprende. en fin. es tan necia. Pickering. y ahora me puedo ir a la cama sin temer el mañana.) Pero ¿qué es eso? ¿Mis zapatillas están aquí? PICKERING. amigo mío. Elisa se presentó perfectamente y ha dado el timo a todos.lectulandia. (Yendo hacia el piano. (Levantándose.

—(Malhumorado.—No. HIGGINS. en el arroyo? Ahora se alegra usted de que ya se acabó el experimento y me puede volver a arrojar al arroyo.) ¡Dios mío!… ¡Dios mío! ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué va a ser de mí? HIGGINS. no importa nada.—(Lo más suave que puede. Cuidado con lo que se hace. Tome. mistress Pearce.lectulandia.) Vamos. e instintivamente blande las uñas hacia su cara. ¡Maldita sea! HIGGINS.—(Sumisa.) HIGGINS. porque me ponen fuera de mí su brutalidad y su egoísmo… ¿Por qué no me dejó donde estaba. De mí. algo incómodo. fuera. HIGGINS. con la cara hundida sobre el pecho. claro está. HIGGINS. dice:) Vamos. habrá desfachatez! Pero habla: ¿a qué viene eso de tirarme las zapatillas? ELISA. no seas tonta.—(Aniquilada. se incorpora y se las tira.) ELISA. ninguna.) ¿Qué es eso? ELISA.—(Mirándola con fría extrañeza.—¿A mí qué me preguntas? ¿Qué tengo yo que ver con lo que va a ser de ti? ELISA.) Ahí tiene usted sus zapatillas.) Pero ¿qué demonios he hecho yo de mis zapatillas? (Vuelve a entrar. nadie. arriba! (La levanta.—¿Te ha faltado alguien? ¿Pickering. una tras otra. ELISA. No le importo yo un ápice. sin poder resistir más. HIGGINS se sienta. porque le aborrezco. ELISA se esfuerza por contenerse y aparentar indiferencia al levantarse y acercarse a la chimenea para apagar las luces. ya lo sé. donde se revuelve furiosamente. Finalmente.) HIGGINS. dejándose caer en el suelo.) Ya estará usted satisfecho. HIGGINS. (Sus dedos se crispan.) ELISA.—Porque sí. con toda su fuerza. www. tome.—Ya lo sé. Le he hecho ganar la apuesta.com - Página 51 . Está a punto de gritar.) Pero ¿qué te pasa? ¡Vamos.) “Para” usted.) Parece que la niña está nerviosa. (Vase.—¡Que me has hecho ganar la apuesta! ¡Vamos. ¡eh! ¡A sentarse y a estarse quieta! (La tira brutalmente al sillón.—No. Se sienta en el sillón y agarra con manos crispadas los brazos del mismo.—(Estupefacto. (ELISA lanza un rugido sofocado. Habla con franqueza ¿Tienes alguna queja del trato que se te da aquí? ELISA.) Para usted. esto basta. No le importaría ni verme morir. tomaré té. frenéticos. silenciosa. (Pausa.—(Jadeante. se abandona a la mayor desesperación. cogiéndola de las muñecas. alguien de la servidumbre? ELISA. mujer. Soy yo menos que esas zapatillas “pa” usted. ahora quiere arañar la gata rabiosa.) HIGGINS.—(Con voz de trueno.—(Coge las zapatillas.para mí mañana. porque quisiera matarle. Creí que ya daba lo mismo. ELISA.

te casarás. da gusto mirarte algunas veces…. (Da un mordisco a la manzana y mastica ruidosamente.com - Página 52 . aunque.) Pero ¿qué dices? ¡Muerta! ¿Por qué? (Acercándose a ella. ELISA.) ¡Dios mío. Nadie te ha dado motivos de queja. seguramente te encontrará algún buen partido. ELISA. con tono dogmático. ELISA. ELISA. No sé para lo que voy a valer. (Ella levanta bruscamente la cabeza para mirarle. HIGGINS.HIGGINS. reza tus oraciones y duerme…. lo dicho: vete a la cama. HIGGINS.) Pero yo no sé lo que voy a hacer. va hacia el piano y se sienta en el taburete.) Ya no hay que apurarse.—No entiendo. Nerviosidad. (Dándole golpecitos cariñosos en el hombro. (Se levanta de repente y.) ELISA. quisiera estar muerta! HIGGINS.—No.—No. que estás muy fea llorando y rabiando. y mañana te miras en el espejo.) ¿No estas bien en mi casa?… Luego tú. HIGGINS. y mañana será otro día. descansa y tranquilízate. soy demasiado ignorante.—Vamos. parece mentira.—(Otra vez de buen humor. con las manos en los bolsillos. come su manzana con fruición. sin pronunciar una palabra y sin moverse. niña. y haciendo sonar sus llaves y monedas. creo que esto no corre prisa. y verás cómo tengo razón. atravesando rápidamente la habitación. lo de la “garden-party”. ELISA. Sobre todo. pues él. ¿Quieres un poco de champaña? (Va hacia la puerta. que se pirra por concertar matrimonios. (Con desesperación. (Modifica su tono. Ha sido una faena muy dura. Así. Casi todos se casan. Pero ya pasó.—Sí. (ELISA le mira nuevamente.) Se lo agradezco. creyendo tener una feliz ocurrencia dice:) Mi madre. como quien no se preocupa de nada. ya pasó para usted.lectulandia. que a ella la hacen estremecer. vamos. como Pickering y yo. hija del cansancio. menos mal. él no la mira y se fija en una manzana del plato de fruta y la coge para comerla.) Se comprende. (Luego.) No creas que todos los hombres son solterones empedernidos. abstraído.—(Queriendo comprender ya. La mirada es inútil.) No tienes que preocuparte.—(Con sincera sorpresa. en su manera habitual. pues.) ¿Eso es lo que te apura? Vamos. No ha pasado nada. claro. ¡desgraciados! Tú no eres fea. otro día.—Supongo que no dirás que yo me he portado mal contigo. Ya te colocarás de un modo u otro. caramba. cuando pasamos por la calle de www. HIGGINS.—Sí.—Eso ya me lo dijo usted en el coche. con más cortesía. hundiendo la cara en las manos.) Pero ya veo: lo que a ti te pasa es que estás cansada después de los trabajos del día. (Se pasea por la habitación. Elisa: toda esa excitación es puramente subjetiva. Ahora vas a la cama y duermes bien. HIGGINS.) Mira. ahora no.—Quiero decir que obedece a figuraciones tuyas.

con mil demonios.—Pero esto no me dice qué podré hacer. de la sorpresa. HIGGINS. HIGGINS. Al entrar yo aquí. tiene una barbaridad de dinero.—Tengo que saber lo que puedo llevarme y lo que no.—(Muy enfadado. caer las zapatillas. Lo que quiero saber es si algo de lo que llevo encima es mío.—Tal vez para la próxima muchacha que recojan ustedes para sus experimentos.—Antes que se vaya.—Lo siento. pero no tengo más remedio que dejar las cosas perfectamente claras. (Las recoge y hace ademán de salir. Yo me voy a la cama.—(Muy ofendido y dolorido. Vamos. como eso de venderse a sí misma. cada vez más sorprendido. tengo un sueño que me caigo. HIGGINS.) ELISA.—Sus zapatillas.) Llévate. no está bien. si quieres. pues. ¿Para qué he entrado yo? Algo se me había olvidado. No me hago ilusiones. Con el alquiler de las joyas. hija. HIGGINS. No quiero que luego me llamen ladrona.—Pero vamos a ver: ¿tú qué opinas? ELISA.) ¡Ladrona! Mujer. alégrate y deja de preocuparte. www. ya no soy capaz de vender cosa alguna. Ya ves: hace seis meses ni soñabas con que podías tener una tienda de flores tuya. Dígame. ¡Ojalá me hubiese usted dejado donde yo estaba! HIGGINS. te quedas soltera y punto concluido. lo que me puedo llevar y lo que no. HIGGINS. ELISA.—(Nuevamente muy dolorido. (Riéndose.—… Deseo saber si mi ropa me pertenece o es del coronel Pickering. Ahora que usted me ha hecho una señorita. Si no te gusta casarte.—La mar de cosas.lectulandia. chica. HIGGINS. y que no puede haber nada común entre una persona como usted y una muchacha vulgar e ignorante como yo.—Yo vendía flores.) ¡Así es como piensas de nosotros! ELISA.) ¿Para qué demonios puede hacerle falta al coronel tu ropa? ELISA.) ¡Caballero! ELISA.—(Tragando el último pedazo de manzana. es verdad! Me las tiraste a la cabeza.—¡Ah.—(Dejando.) Menuda cuenta tendrá que abonar por todo lo que has llevado encima de tu personita hoy. no hables así. HIGGINS. sí. ELISA. no bajará de doscientas libras. cuando ella se levanta con aire solemne. HIGGINS.—Pero ¿qué importa? ¿A qué viene fastidiar con eso a estas horas? ELISA.) No digas vulgaridades. toda la casa. sé que no soy nadie. caballero… HIGGINS. Son cosas de novelas de folletín.Tottenham Court. mi ropa fue quemada.com - Página 53 .—(Volviendo a entrar del todo. pero no me vendo a mí misma.—Dejémonos de conversaciones. A propósito: ¿y tu antigua idea de estar al frente de una tienda de flores? Pickering te puede establecer. ELISA.

) TELÓN www. (HIGGINS tira la sortija con violencia a la chimenea y se vuelve hacia ella tan amenazador. HIGGINS.) Que vaya al demonio mistress Pearce.) Me alegro. me sacaste de mis casillas.—(Desvergonzada.—(Con concentrada rabia. (Ella se las pone en la mano.—(Con alegría contenida. que son alquiladas.—(Con calma y dignidad. sin saberlo.) Muchacha.—(Furioso. (Vase. deslenguada y sin corazón. es la que compró usted en Brighton.) ELISA. y maldita tú. me voy a la cama. ELISA sonríe por primera vez. tapándose la cara con las manos y gritando:) ¡No me pegue. me alegro.) ELISA. ELISA.) Bien. al encontrarla. cosa que hasta ahora nunca me había sucedido. en la que la salida de HIGGINS se confunde con su propio triunfo. con las cadenas que cuelgan por fuera.—¡Pegarte! Infame criatura. te las hacía tragar todas.—(Quitándose una sortija.) Pues vengan. No quiero que luego falte algo y se me eche la culpa a mí.) Esta sortija no es del joyero.) Si fueran mías en vez de ser del joyero. no me pegue! HIGGINS. porque yo no le hablaré. y maldito yo por haberme distraído de mis estudios ocupándome con una chicuela del arroyo. Luego expresa sus sentimientos con una viva pantomima. HIGGINS. que ella se deja caer sobre el piano. dando un portazo tremendo.Excepto las joyas. y maldito sea el desayuno. (Se quita las joyas. se tira de rodillas delante de la chimenea para buscar su sortija. ¿Estás satisfecha ahora? (Le vuelve la espalda y se marcha lleno de ira. Ya basta. adornándose. No prosigamos.com - Página 54 . (Se mete descuidadamente las joyas en los bolsillos. Tome.) Dispense un momento. y. lanza una exclamación de alegría y la guarda en el pecho. ¿cómo te atreves a creerme capaz de semejante acción? Tú eres la que me ha herido a mí en lo más profundo.—(Complaciéndose en irritarle cada vez más. ELISA. pero no estará de más dejar una nota para mistress Pearce tocante al desayuno.) Lleve esto a su cuarto y guárdelo. bastante me ha hecho sufrir a mí… HIGGINS.lectulandia. y finalmente.

MISTRESS HIGGINS. DONCELLA. HIGGINS.com - Página 55 . que suban.—Están telefoneando.—Pues nada. señora.—¡Cómo! y bajando la voz.) Buenos días.—Bien. a la Jefatura de Policía. Tiene un genio imposible. como antes.) Míster Harry está muy excitado. quien está sentada ante su escritorio. mistress Higgins. buenos días. pero en vez de ir a la cama. en un coche de punto.) Señora. como dijo la DONCELLA. esto es un fastidio. sin avisarme. DONCELLA. La muchacha tiene derecho a vivir donde le parezca.—La habrás asustado. No encuentro mis notas y apuntes. MISTRESS HIGGINS.—Bien. abajo está míster Harry con el señor Pickering. mamá.—(Entrando www. Supongo que se le habrá perdido algo. Vamos. mientras la DONCELLA sale. (Él reprime su impaciencia y la besa.—Pero a mí me trastorna eso horriblemente.—¡Asustarla yo! ¡Qué cosas tienes! Anoche la dejé encargada de apagar las luces y de otras menudencias. (HIGGINS entra precipitadamente. MISTRESS HIGGINS.) PICKERING. Está.) Oiga: vaya usted a mi gabinete y dígale a miss Doolitle que míster Harry y míster Pickering están aquí y que no entre hasta que yo le mande aviso.) HIGGINS. Yo no sé… (PICKERING entra.—No me choca en él. hijo. como yo creía.) MISTRESS HIGGINS.ACTO QUINTO Salón en casa de MISTRESS HIGGINS. (Vase. Luego se presentó en mi casa. MISTRESS HIGGINS.) Cuéntame: ¿qué pasa? HIGGINS. MISTRESS HIGGINS. DONCELLA. HIGGINS. Dígales que suban cuando concluyan de telefonear. Por eso me he permitido entrar para advertírselo. si no estoy equivocada. Su cama está intacta.—Pues que Elisa ha desaparecido. se mudó de ropa y se fue de casa.—Mira. DONCELLA.—Sí.—(Antes que la DONCELLA haya salido. a las siete de la mañana. muy excitado. para recoger sus cosas.—(Dándole la mano. y la idiota de mistress Pearce la dejó hacer. ¿Qué tengo yo que hacer ahora? MISTRESS HIGGINS.—(En la puerta. señora. Entra una DONCELLA. MISTRESS HIGGINS deja la pluma sobre la mesa y se vuelve de espaldas al escritorio.—Bien.lectulandia. ¿Cómo está DONCELLA. ni nada. señora.

—Pero necesitamos encontrarla. DONCELLA. ¿Qué derecho tienen ustedes a dar a la Policía el nombre de la chica. (A la DONCELLA.) Mire usted aquí.—Dijo que era míster Doolitle. dirigiéndose a él con vehemente acento. voy. señores.) DONCELLA. HIGGINS. un chaleco blanco conmovedor y pantalones color avellana.com - Página 56 . a cuya casa habrá ido.—No me extraña. (Se vuelve a sentar. como si se tratase de una ladrona o de un paraguas perdido o cosa por el estilo? Vamos. es un caballero. (Se sienta en un sillón.—Míster Harry. MISTRESS HIGGINS.—Ahora no estoy para nadie. que no repara en MISTRESS HIGGINS y va derecho a MÍSTER HIGGINS.—Claro que sí.) Míster Doolitle. (Se retira. señora.—¡Hombre! Parecen ustedes dos criaturas. HIGGINS.) MISTRESS HIGGINS. ¿Para qué sirve la Policía. aquel tipo del que te he hablado. señor.—Comprenda usted.—Voy. DONCELLA. En el ojal.—¿Conoces a alguien de su familia? HIGGINS. PICKERING. HIGGINS.) ¡Por Dios! Enrique. algún desconocido para nosotros.—(Acercándose a su madre. muy contrariada.) PICKERING. con amplio ademán. (Vase.—(Señalándose. que ustedes no lo han pensado bien.) ¡Vaya con la parentela! A ver si ahora sabemos algo.—(Anunciando.usted? Ya le habrá contado Enrique lo que pasa.) HIGGINS. Pickering: me da el corazón que será algún pariente de ella. un sombrero hongo flamante y botas de charol relucientes. (Se sienta en el sofá.—No. Está tan preocupado con el asunto que le trae. Porque… (Entra la DONCELLA e interrumpe la conversación. en seguida.—¡Míster Doolitle! ¿Es acaso un trapero? DONCELLA. Dice que viene de su casa. Entra DOOLITLE muy bien trajeado.lectulandia. Se me figura que nos atribuye propósitos algo equívocos. MISTRESS HIGGINS. una flor. ¿Ve usted esto? www. HIGGINS—Oiga usted.) DOOLITLE.) HIGGINS. si no? No veo otro medio. ¿No ha dicho cómo se llama? DONCELLA.—El comisario puso una infinidad de dificultades. ahí hay un caballero que desea hablarle para un asunto particular. que no podemos consentir que se vaya de esta manera. supongo que no se te habrá ocurrido lanzar a la Policía en busca de Elisa.) Dígale que pase.—¿Qué dice ese animal de comisario? Le habrá ofrecido usted una gratificación. Lleva un elegantísimo chaqué negro.—(Levantándose muy asustada. ¿Qué habíamos de hacer? MISTRESS HIGGINS.) HIGGINS. (Se sienta en el sofá.—Sólo a su padre.

—¡Otra! Pero ¿es que se ha perdido? MISTRESS HIGGINS.—(Cohibido. Ahora recuerdo que después de la última conversación que sostuvimos usted y yo me permití gastarle a ese señor esa bromita. chiflado. (Se sienta en el sofá. DOOLITLE.—¿Es verdad o no es verdad que un día le escribió usted a ese buen señor que el moralista más original que existía actualmente en Inglaterra.—Sí. y le había encargado a usted inventar un lenguaje universal? HIGGINS. DOOLITLE. se murió y a mí me mató.—Yo no estoy loco ni borracho.—Díganos: ¿de qué tiene mi hijo la culpa? DOOLITLE.—¿Qué Elisa ni qué ocho cuartos? ¿Por qué había ella de comprarme ropa? MISTRESS HIGGINS. DOOLITLE. HIGGINS. hombre. por cuanto sabía usted. DOOLITLE.com - Página 57 . el señor Ezra Wannafeller! Pues murió. señora. y son las tres únicas veces que le eché la vista encima. al ver que ha cometido una indiscreción. no puedo negarlo.Pues el autor de ello es usted.—Ya veo.—Calle. ¡Pero esto. (Se vuelve a sentar. A ver: ¿no se carteaba usted con un viejo americano. vamos! Y usted tiene la culpa de todo.—Sí. este chaqué… HIGGINS.lectulandia. pues yo le llamo una broma www. míster Doolitle.) Estoy loco con lo que me ha pasado. y sé lo que me digo. ¿Quiere usted tomar asiento? DOOLITLE.—No comprendo.—¿Ve usted? Este chaleco.—¿Cómo es eso? HIGGINS. no es para menos.) Dispense usted.—¡Ah! Llama usted a eso una bromita. como suena. este calzado. esto. un simple barrendero? HIGGINS.—Pero ¿qué demonios le ha pasado a usted? DOOLITLE. MISTRESS HIGGINS. calle. HIGGINS. estaba tan distraído que no reparé en usted. estas sortijas.—Buenos días.—Usted está chiflado… o borracho. esta cadena. Luego me pegó usted otros dos sablazos de a libra.—¿El autor de qué? DOOLITLE. Que le toque a uno la lotería o le coja a uno un tranvía. era Alfredo Doolitle. ¿Cómo sigue usted y la familia? Con su permiso. señora. ¿Es que ha encontrado usted a Elisa? DOOLITLE.—Pero desembuche de una vez. HIGGINS. despreocupado. Le di a usted cinco libras para que se divirtiera. HIGGINS. no tiene mayormente nada de particular. es verdad. Tiene la culpa de la pérdida de mi felicidad.—¡Ah. que daba cinco millones de libras esterlinas para fundar sociedades de reforma moral. hombre de Dios.—Hombre.) DOOLITLE. Elisa le habrá comprado ropa.

com - Página 58 .) Diga usted que le han cazado con liga. tiene gracia la cosa. cuando más? Si yo. Si no es por la maldita carta que se le ocurrió escribir… MISTRESS HIGGINS. señora. míster Higgins. DOOLITLE. Hay que escoger entre fastidiarse como rico o fastidiarse www. ¿no es así. Están acechándome para quitarme cualquier trabajo. porque. ¿Quién de nosotros la tendría? El dinero a todos avasalla. Puede usted renunciar a él. parece mentira! Y todo por culpa de usted. en fin. claro que con su cuenta y razón. total. por humildes que sean. míster Doolitle. en su testamento me dejó una manda que representa una renta de tres mil libras. como le sableé a usted. HIGGINS. y dispense usted. sableaba a cualquiera. Ahora tengo parientes por docenas. claro está.—(Riéndose. tengo que aprender la lengua de la gente fina. si tanto le pesa ese legado. ¡zas!. No creí nunca que había tantos gorrones en el mundo. ¿qué me espera en la vejez sino el hospital. Si rechazo el legado. Y. con la condición de que yo funde aquí una liga de reformas morales y pronuncie seis veces al año discursos de propaganda.—Eso se dice fácilmente. Cuando me hacía falta dinero. Antes. claro que ahora podría permitirme el lujo de rechazar esta herencia… Pero entonces tampoco lo haría. señora. Desde que se sabe lo que me aconteció. cuando estaba enfermo. ¡Ay. Ahora soy yo el sableado. Yo a lo que he venido es a ver si me enseña a hablar correctamente. Pero. Los lazos de la familia. los médicos se daban prisa en darme de alta y echarme del hospital. y saben reconocer y premiar el mérito en todas las clases sociales. apostaría a que a estas horas está llamando en mi casa a ver si su querido padre hace algo por ella. con excepción de dos o tres lejanos. Hace poco no tenía ni un solo pariente en el mundo. ¡A mis años. Le digo a usted que me ha reventado. que no querían trato alguno conmigo. lo que supone eso! Antes yo era libre y dichoso.lectulandia.—Pero. vamos al grano. no me necesitaba para nada. En mi casa ya no me dejan poner la mano en nada. está uno hecho la pascua. todos muy amables y muy cariñosos… y muy necesitados. De todos modos.—Pues a mí me hace muy poca. nadie puede obligarle a aceptarlo. un millonario no es más desgraciado que un pobre que ahorra y se priva de todo.—¡Quién lo duda! DOOLITLE. Ahora dicen que no puedo disfrutar de buena salud si no me examinan a diario. de todos modos. Lo que me horroriza es haber llegado a ser un caballero. pero yo no tengo la suficiente energía. que en mi caso creo que hablaría usted lo mismo. hubiese sido un hombre ahorrador.pesada. Pickering? PICKERING. tengo probabilidades muy grandes de tratarlo con gran elocuencia. Como no entiendo una jota del asunto. Ahora que soy un caballero. El caso es que. todo el mundo me viene con peticiones. ¡qué dulces son! A propósito: ¿no dijo usted antes que se le había perdido Elisa? No se apure. ¡Cómo cambian los tiempos! Antes. Aquel caballero vio en ello una magnífica ocasión para demostrar que los del Nuevo Mundo no son como nosotros. durante mi vida. No es que me asuste el pronunciar discursos.

vinieron a mi cara antes de soltar yo una palabra. con la cara vuelta hacia la ventana. Según pude colegir.) ¡Aquí. con violencia. pasó parte de la noche andando por ahí. Me contó de qué modo brutal la tratan ustedes.—No seas absurdo. Se me figura que la muchacha tiene un carácter cariñoso. HIGGINS. está aquí.—Usted recibió el dinero por la chica y perdió sus derechos.—Me llego a temer. ¿es usted un hombre honrado o un granuja? DOOLITLE. ¿No es así. bueno. No le pertenece. les ha tomado afecto.) Supongo que después de acostarme yo no la regañaría usted. nada. la verdad. Ya la haré yo venir. Míster Doolitle. Siempre hemos tenido para con ella toda clase de miramientos.lectulandia. nada. MISTRESS HIGGINS.como pobre. y el resto en el hotel Carlton. Tiene usted una hija. HIGGINS.—(Poniéndose otra vez en pie. y me dará envidia. no debe. hazme el favor. presa de rabia y desesperación. PICKERING. En eso ha salido a mí. HIGGINS. señora. y pensando arrojarse al río. ¡cataplum!. (Se tira displicente en el sofá.—(Atónito. Trabajó mucho por ti.) Pero ¿cómo es eso? ¿Qué le hemos hecho? MISTRESS HIGGINS.—Sí señora. dispénseme. Enrique. Las zapatillas. HIGGINS. que en medio de su tribulaciones no conserve su sano juicio ni piense en el porvenir. MISTRESS HIGGINS.—Yo. míster Doolitle? DOOLITLE.—Yo creo adivinarlo. Ustedes no se dan cuenta del trabajo que supone una transformación tan www. (Dirigiéndose a HIGGINS. ya procurará ella que yo procure. en casa! ¡En tu gabinete! Haberlo dicho antes. en mi gabinete.—Pues. Estoy avasallado. y cogerá mi puesto de barrendero.—Sí.com - Página 59 . Buena es la nena para descuidarse.—Hombre.—Pues bien: Elisa vino aquí esta mañana. En cambio. Nunca le hemos dicho una palabra brusca.) Enrique. DOOLITLE. ¡Qué le vamos a hacer! MISTRESS HIGGINS. HIGGINS. Otro vendrá. Yo. más feliz que yo. Si quieres saber dónde está Elisa. HIGGINS. mitad y mitad… Como todo el mundo.) Yo creo que podías haberme dicho eso hace media hora. me dejo llevar.—(Atónito.—(Levantándose bruscamente. en casa. tiene el corazón muy tierno. y echó por su boca toda clase de improperios. y ahora puede usted procurar por ella. Enrique.) Está usted diciendo tonterías… No tiene usted que procurar por ella. MISTRESS HIGGINS. No la tratamos brutalmente.) ¿Qué? PICKERING. digo: el hospicio no me atrae.—(Levantándose también. ella me tiró mis zapatillas. Doolitle.—Bueno.) Señora.) MISTRESS HIGGINS. se puso como una furia. Yo pagué por ella cinco libras.—(Siguiéndole con presteza. a usted la ha engañado. siéntate y estate quieto. (Va resueltamente hacia la puerta.

(Entra en el balcón. ¿Para qué largos discursos? PICKERING.lectulandia. MISTRESS HIGGINS. hombre. Pickering.—(Furioso.) ¡Habrase visto! ¡Vamos! MISTRESS HIGGINS.—(Irónica. y me prometes guardarle todos los debidos respetos. Pickering? PICKERING. que míster Doolitle está en una posición que le permite darle el lujo a que la han acostumbrado ustedes.—Dígale a miss Doolitle que haga el favor de bajar.) DOOLITLE. ¿Está muy enfadada? MISTRESS HIGGINS.—Con mucho gusto. Si no.) Hombre. Enrique.—No dijimos más que estábamos cansados y que deseábamos ir a la cama. Y luego te sorprende que te tirara las zapatillas. Yo les hubiera tirado las tenazas y los morillos. www.—Si te reportas.—Nada más.—Eso ya lo sabía ella. señora. lo mejor será que no se vuelvan a ver. La DONCELLA acude a la llamada del timbre. Eso del lodo me parece un poco fuerte. MISTRESS HIGGINS.—Voy. Haré todo lo que se quiera con tal de quitarme de encima a la niña. no tanto. señora. HIGGINS.) En realidad. HIGGINS.—(Reconviniéndole. le mandaré recado para que se presente.—Cuidado con las palabras que se dicen.) Míster Doolitle.—(Volviendo a su silla del escritorio. no se les ocurrió dirigirle la más ligera alabanza. estuvimos algo desconsiderados. No olvide que ahora pertenezco a la clase pudiente.) MISTRESS HIGGINS.) ¿Nada más? PICKERING.—(Encogiéndose de hombros. PICKERING se sienta en la silla dejada vacante por DOOLITLE. ¿No es verdad. (Se deja caer enfadado en una silla. DOOLITLE. señora. MISTRESS HIGGINS. HIGGINS. muy bien. Sobre todo ahora.—¿No le dijeron que lo había hecho bien? ¿No le expresaron su admiración? HIGGINS.—¡Oh! Muy bien. sino que en su presencia dijeron lo mucho que les había aburrido el experimento y lo contentos que estaban de que ya se hubiera acabado. Repórtese y trate con el mayor respeto a esa pindonga que hemos recogido en el lodo. (Oprime el timbre eléctrico del escritorio. dice que está dispuesta a perdonarlos y a tratarlos amistosamente cuando los encuentre. hombre.—(Con algún remordimiento. Sin embargo.com - Página 60 . Enrique.completa como la que se efectuó con esa chica. Después de pasar por la prueba definitiva con tan extraordinario éxito. DONCELLA.) ¿Que si está? Me temo que no vuelva a pisar la casa de ustedes. Dispense. ¿quiere usted hacer el favor de retirarse al balcón un momento? No quisiera que Elisa experimentara la sorpresa que le ha de producir su metamorfosis antes que se haya explicado con estos dos caballeros.) Claro.

—(Tragando saliva. mamá. Lo he dicho para hacerte hablar.—Pues porque no puedes silbar cuando hablas.—¿Dónde. míster Higgins! ¿Cómo está usted? ¿Ha pasado buena noche? HIGGINS.—¡Hola.—Creo.) HIGGINS. sin moverse de su silla. ahora que se terminó el experimento? PICKERING. HIGGINS. la mira con la boca abierta. (ELISA saca de su canastilla una labor y empieza a bordar como si no hubiese oído estas últimas palabras. como ahogándose. ELISA. HIGGINS. Enrique. HIGGINS.) HIGGINS. de verle por aquí! (Él se levanta apresuradamente y se dan la mano.—¡Por Dios. yo no tengo empeño en parecerle amable. Ninguna mujer podrá negarse a tan fina invitación.) Vaya un calorcito que está haciendo.) ¿Tampoco usted. (Una pausa. ¡Cuánto me alegro.—Bueno. no tienes aspecto de persona muy agradable en esa actitud. (HIGGINS gruñe.) Mamá. Vente con nosotros a casa y no te metas en más músicas. alegre. míster Pickering. que no llegará la sangre al río. HIGGINS se echa para atrás. MISTRESS HIGGINS. con aplomo extraordinario. caramba.—No comprendo.—Me portaré muy bien. señora. MISTRESS HIGGINS. sé bueno.—Ahora. Elisa.lectulandia.com - Página 61 .—Querido. que hable por sí sola.) MISTRESS HIGGINS. Enrique.—Claro.—Tú déjala. con las manos en los bolsillos y las piernas extendidas.—(Sentándose correctamente. ¿verdad? (Se sienta en el sofá junto al sitio que él ocupara. HIGGINS. no importa.—Guárdate para otra ocasión todas esas lecciones que has aprendido de mí. www. usted siempre duerme perfectamente.—(Trabajando con ahínco y aparentando no hacer caso de lo que dice HIGGINS.) MISTRESS HIGGINS. Trae entre manos una canastilla de labores y está como en su casa. Él se sienta nuevamente. Otra pausa. PICKERING se queda tan sorprendido.) ELISA. en el respaldo. Ya verás si tiene una sola idea que no haya metido yo en su cabeza o si dice una palabra que no haya puesto yo en su boca. Cuando te digo que soy yo el autor de esto que ves ahora. señor Pickering. y empieza a silbar. no hable usted así! Me ofende el que lo llame experimento.—Muy bien dicho. está esa mequetrefe? ¿Vamos a esperarla todo el día? (Entra ELISA. PICKERING. descuida. querrá ya trato conmigo. y antes era una partícula de hez de Covent Garden… Lo que me hace gracia es que ahora quiere dársela de gran señora delante de mí. que.MISTRESS HIGGINS. dueña de sí misma.) Que si he pasado… ELISA.

) Y luego fueron cien cosas pequeñas en que usted no se fijaba porque le eran naturales. HIGGINS.) Fue el llamarme usted señorita el primer día que me instalé en casa de ustedes.—¡Por Dios! Eso es natural. Nunca hubiera sabido que la gente bien educada no se porta así. PICKERING. pero no tiene mal fondo. Higgins se quita las botas en cualquier sitio. no negará usted que Higgins le enseñó a usted a hablar con propiedad.—Naturalmente. Pero. que sentiría mucho que usted me olvidara del todo.—(Impulsivo. como que es la profesión de míster Higgins. Si sólo hubiera tenido delante los ejemplos del señor Higgins.lectulandia.—(Interrumpiendo su labor por un momento. claro.—¿Qué? ELISA. Esto fue el principio del respeto a mí misma. Lo que quiero decir es que de usted fue de quien aprendí modales finos y a ser señora. cosas que demostraban que usted me consideraba un poco más que a una fregona. ELISA. pero.—¡Vamos! PICKERING.) Pero tantos favores le debo. Nunca. Me crié para haber tenido modales iguales a los suyos. no! ELISA. ELISA.—En fin. Sé que usted es generoso con todo el mundo. era incapaz de dominarme a mí misma y soltaba palabras feas a troche y moche. No hubo más. No me quejo de ello.—Como no soy más que una partícula de la hez… PICKERING. saludar al entrar y dejarme la derecha al cruzarse conmigo en el pasillo. estando yo presente. ELISA. se quitó usted las botas en el comedor. (Reanudando su labor. señor coronel.—No haga usted caso.com - Página 62 .—No lo digo porque usted haya pagado mis trajes.—¿Yo olvidarla? Nunca. ELISA. no sé lo que hubiese resultado. PICKERING. de no haberlos visto.) ¡Demonios! ELISA. para mí.—(Tascando el freno. Pero las decía. mire usted: fuera de las cosas que cualquiera pueda aprender en un periquete. como el quitarse el sombrero en la habitación.—Bueno. el www. Pero ¿sabe usted lo que inició mi verdadera educación? PICKERING. de todos modos. ELISA. dice las cosas sin intención. La verdad. aunque creo que usted se hubiera portado lo mismo con una fregona desde el momento que a ésta la hubiera admitido en el salón. es así su manera de ser. PICKERING. Es su manera de ser.ELISA.—No haga usted caso.—(Prosiguiendo con calma.—Ya lo sé. y es lo que hace la diferencia entre una persona bien educada y otra mal educada. PICKERING. HIGGINS. cosa que yo no podría haber hecho.—¡Oh! Yo tampoco decía las cosas con intención cuando era florista ambulante.—Es lo mismo que enseñar los bailes de moda.) ¡Eso. el vestir. constituía una diferencia muy grande el que usted no lo hiciera.

He aprendido demasiado bien su lección.—¡Por Dios.—(Muy alarmado. no advierte su presencia. PICKERING.—(Levantándose. Enrique.—Me gustaría que usted me llamara Elisa. pues no me fue posible. aaaayyyyy! HIGGINS. vamos! Ya me va a mí jorobando este asunto.modo de hablar. PICKERING. MISTRESS HIGGINS. vuelta de espaldas. Creo que me sería imposible emitir una sola voz de las del arroyo.—Como usted quiera.) Pero. Perdonará usted a Higgins. cuando a un niño se le traslada a un país extranjero. Él mismo sabe que no es verdad lo que dice.) ¡Perdonarme ella. Déjela usted que se vaya con viento fresco. y sólo hablo ya el de ustedes.—¡Como no te untes! MISTRESS HIGGINS. Usted me dijo una vez que. (DOOLITLE aparece saliendo del balcón del centro.—Y que el señor Higgins me llamara señorita.—Favor que usted me hace. sino en cómo es tratada. ELISA. yo siempre seré una mujer de la calle. la diferencia entre una dama y una mujer del arroyo no está tanto en cómo se porta….—(Riendo. (DOOLITLE la toca en el hombro. ya! (Imitando perfectamente. Ella se queda parada y pierde todo el dominio al ver el esplendor de su padre.—No desprecie usted a la chica. se acerca despacio y silenciosamente a su hija. no acierto ya. (A ELISA. No es culpa mía si he venido a más.—No.) No me rompas la silla.—(Con un suspiro de triunfo. etcétera. la que.) ¡Anda Dios. ELISA. no seas incorregible! PICKERING. Con una mirada de orgulloso reproche a HIGGINS. Elisa.—No puedo. Para mí el país extranjero fue mi nuevo ambiente. ELISA.) No me mires así. pero para usted podré ser una dama. Para el señor Higgins.) DOOLITLE.lectulandia. que hace crujir la silla por su modo de impacientarse. que vale más que otras. Elisa.) ¡Ah.—No haga usted caso. Pues a mí me ha pasado algo de eso. Olvidé mi antiguo lenguaje. Tal vez al poco de dejarlos… PICKERING.) ¡Anda Dios. no he de volver al arroyo. Parece mentira. y traté de hablarle en la lengua del arroyo.—(A su hijo. Que vuelva al arroyo.com - Página 63 . porque siempre me ha tratado y me tratará como a una dama. en pocas semanas aprende la lengua de dicho país y olvida la suya. www. aaaayyyyy!… Lo dicho: la cabra siempre tira al monte. La noche pasada tropecé con una muchacha.) PICKERING. señorita. Se quedó con la boca abierta. HIGGINS. del que jamás debiera haber salido. supongo que volverá con nosotros a casa. Enrique. ¡cómo!. ELISA. (Se sienta sonriendo sardónicamente. antigua conocida. HIGGINS.) ¿Por qué no le contesta usted en el mismo lenguaje? Le estará bien empleado. sin comprenderme.

Dentro de una hora estaré en la iglesia de San Pablo para unirme en matrimonio con tu madrastra.—Pues mal creído. Esas son costumbres burguesas.com - Página 64 .—No tengas cuidado. PICKERING. También mi pobrecita mujer se alegrará mucho. Pero no diga nada a Elisa. aunque milagro será que no tenga que oír algo desagradable. ELISA. las uniones se hacen con menos complicaciones.—(Enfadada. (En www. a pesar de la molestia que le causa el asunto. Elisa.lectulandia.—Es su deber. me tienen ustedes aquí. MISTRESS HIGGINS.) Pues voy a pedir el coche y a vestirme. ¡Ah! La moralidad de la clase pudiente pide sus víctimas.—Por lo visto.) ¿De modo que la señora ha cambiado de ideas? ¿También se ha dejado avasallar? DOOLITLE. has de saber que éste es mi traje de boda.) DOOLITLE. vente conmigo si quieres presenciar el sacrificio. Elisa. y yo siempre he tenido algún reparo en decírselo. señora. debo confesar que esa ceremonia me inspira un miedo cerval.—(Oprimiendo suavemente el codo de ELISA. Ella lo ignora.) Señor coronel.—(Sentándose al lado de PICKERING. menos HIGGINS. Se casó usted con la madre de Elisa.—Nadie. iré y me aguantaré.ELISA. (Los hombres se levantan. que será lo mejor. Además. Elisa. DOOLITLE. DOOLITLE.—Está bien. PICKERING.—Tendré el gusto… en cuanto cabe en un solterón. En la clase baja. hombre. DOOLITLE. no es la primera vez. Ya no suelta palabrotas la pobre mujer. ELISA. para que vean que no soy rencorosa. En cuanto termine la ceremonia. ELISA.—Yo también iré. DOOLITLE.—Para mí será un honor muy grande. descuide. (Vase. desde que ha ingresado en la escuela burguesa se le han quitado los bríos. me daría ánimo. PICKERING. señor coronel. has sableado a un millonario. pero yo creí… DOOLITLE. míster Doolitle. Si usted fuera tan amable de acompañarme.—Si el señor coronel cree que es mi obligación. Está tan abatida pensando en que ya se acabaron los buenos tiempos… MISTRESS HIGGINS.—También se ha dejado avasallar. DOOLITLE.) Sea usted amable con ellos. digámoslo así.) Pero ¿es verdad? ¿Te vas a rebajar hasta casarte con esa mujer ordinariota? PICKERING.—¿Y me hará usted el favor de asistir a la bendición de mi matrimonio? PICKERING.—¿Quién se lo ha dicho a usted? PICKERING. (A DOOLITLE.—Pero.) Bien.) En menos de un cuarto de hora estaré lista. Ponte el sombrero.—(Levantándose.—Cierto.—(Sonriendo.

ya es otra cosa.) PICKERING.el momento de salir ella entra ELISA.—¿Que no? Pues entonces. HIGGINS. en www. pero él le coge la delantera y le cierra el paso. Pero dos. En cambio.—(Insistiendo. a mí me enganchó una hembra tras otra. que ya es hora. En fin. Elisa. HIGGINS.com - Página 65 .—Si yo no he dicho que vuelvas a mi casa. Mis maneras son exactamente las mismas que las del coronel Pickering. (Coge su sombrero y va hacia la puerta.) HIGGINS.) PICKERING. Yo me lavo las manos.) DOOLITLE. Él se levanta y la sigue. han andado muy listos contigo.—Como papá. no hay duda. ELISA.lectulandia. te trataré lo mismo que siempre. pero magnánimo. Elisa. Si vuelves a mi casa. Ella inmediatamente vuelve adentro de la habitación y se dirige a la puerta.) El gran secreto.) Esos dos caballeros. ELISA avanza hacia el centro de la habitación y se acerca al sofá.—Vamos.—Usted quiere que yo vuelva a su casa para tener usted quien le presente las zapatillas y le tenga las cosas arregladas. HIGGINS. sino en tratar del mismo modo a todas las almas hermanas. no de mí. no puedo negar que tu padre no es un hombre vulgar. Elisa.) Lo mismo a todo el mundo.) No seas tonta.—Exactamente.) Elisa.—Antes que me vaya. ustedes verán cómo se las arreglan con la chica. con una sonrisa forzada. con el sombrero puesto y abrochando sus guantes.—Estamos hablando de ti.—Yo trato a una duquesa como si fuera una florista. ELISA. Elisa. (MISTRESS HIGGINS sale. (Vase. y vuelve con nosotros. ¿Qué dices. Vámonos. El uno preservó al otro.—¡El novio! ¡Qué palabra! Pero me recuerda mi situación.) Ustedes lo entendieron. Si es uno solo. PICKERING se acerca a ella.—Ya lo creo. (Serio.—(Melancólico. Elisa. no consiste en tener buenos o malos modales o cualquier clase particular de modales. No puedo cambiar mi naturaleza y no pienso enmendar mis maneras. ELISA. ELISA.—¡Eso sí que no! Él trata a una florista como si fuera una duquesa. voy yo también a la iglesia para presenciar la boda de su padre. (Se vuelve de espaldas con altanería y se sienta en el sofá. Supongo que ya basta y vas a tener juicio. ELISA sale al balcón con objeto de evitar estar a solas con HIGGINS. le enganchas. mujer. El señor Pickering podrá tomar otro para acompañar al novio. HIGGINS. Podrá usted ir conmigo en mi coche. y que sabrá manejárselas perfectamente en cualquier posición que se encuentre. de frente al balcón. papá? DOOLITLE. (Sale detrás de DOOLITLE. ELISA. de lo que me alegraré. no dirás que no te han dado satisfacción.—(Algo cohibido. (A PICKERING.—No creo que mi padre me lo permita. ¿de qué estamos hablando? HIGGINS. perdónale y vuelve a nuestra casa. ELISA.) Sin admitir la comparación en todos sus extremos.

) No perdamos el tiempo en palabras inútiles. HIGGINS. (Se sienta en el sofá.—(Seria. yo mismo te lo dije. y en donde un alma es tanto como la otra. HIGGINS. pero (Levantándose y encarándose con él.—(Con súbita sinceridad. pero no podré evocar tu alma.—Pues yo no puedo querer a quien no me quiere. Y me he ido acostumbrando a tu voz y a tu presencia… Y las dos me agradan. donde no hay vagones de tercera ni reservados. HIGGINS.lectulandia. HIGGINS.una palabra: hay que portarse como si uno estuviese en el cielo. lo mejor será que nos separemos. Lo que usted quiere es deshacerse de mí cuanto antes.—No hay nada que sea de balde. Faltará tu aliento… ELISA. HIGGINS. HIGGINS. ¿Qué más puedes pedir? ELISA. Estoy curada de espantos. pero (Con súbita humildad.) no quiero ser un cero a la izquierda. Puede estrujar el corazón de una mujer como si fuera un trapo.—No lo dudo. Usted ha nacido para predicador. porque yo no quiero hacer una excepción con nadie. ¿Es eso? ELISA. No le importa nada ni nadie. y procuro que la ventaja sea para mí. yendo hacia el otro extremo del sofá. Tú te indignas porque no te concedo algún derecho sobre mí por traerme las zapatillas y encontrar mis www. A la fuerza tendrá que pasarse sin mí. oiga.—(Arrogante. ELISA. Elisa.) ELISA.—Pues yo no quiero comerciar en cosas del cariño.—Pues yo también puedo pasarme sin usted perfectamente. HIGGINS. sino si me has visto alguna vez tratar a otra persona de distinto modo. Doy tanto para recibir tanto.) te echaré de menos. y tú eres una parte de ella.—A mí me importa la vida universal. ¿Qué soy yo para usted? HIGGINS. (Cogiéndole una mano.) Pues las dos las tiene usted en su gramófono y en sus placas fotográficas.com - Página 66 . muy junto a ella. hija mía.—(Irritado.—Amén.) Ya me lo figuraba.—(Violento. no me importa nada su trato ni me importan sus palabrotas y sus maneras.—(Retirando la mano.—Entonces. (Se sonríe con cierta satisfacción. con la cara vuelta hacia la chimenea. ELISA.) La cuestión no es si te trato así o asá. Tengo mi alma propia y me basto a mí mismo. HIGGINS.—Supongo que nunca te habrás preguntado si yo puedo pasarme sin ti. ELISA.) Algo de tus ideas simples se me ha pegado. lo confieso. que la suerte ha traído a mi casa.—¡Oh! Usted es un demonio.—Esos son principios comerciales. Cuando me eche de menos. ELISA. ELISA. la Humanidad.) Pues.) HIGGINS. pone usted la máquina en movimiento y abre usted su álbum.—Gracias.) Yo puedo pasarme sin cualquiera.—(Ofendida.) ¡Mentira! ELISA.—Sí.

Eres una imbécil.—(Volviendo la cara al otro lado. no creo que Pickering quisiera.—¡Claro! Y si no.—¡Ay hija! El mundo no hubiera sido creado si su Hacedor hubiese temido causar trastornos.—(Reflexivo.—(Perdiendo la paciencia y levantándose.—Y tendré que ir a vivir con mi madrastra. ELISA. eres una simple.—¿Por qué había yo de volver? HIGGINS. Subiste bastante en mi estimación cuando me las tiraste a la cara. ELISA. Sólo hay un medio de evitar trastornos. si yo no le importo nada? HIGGINS. y consiste en matar lo que estorba. como tu padre y tu madrastra.—Yo no entiendo de eso.—(Poniéndose bruscamente de rodillas en el sofá e inclinándose sobre ELISA.—¡Ojalá pudiese volver a mis flores! Sería independiente de los dos. HIGGINS. HIGGINS.) ¿Casarme yo con Pickering? ¡Ni que me hubiese vuelto demente! HIGGINS. No estoy avasallado. HIGGINS.) ¿Demente? ELISA. de usted y de mi padre. HIGGINS. pues. irte al demonio. y podrás marcharte si yo no hago lo que tú quieras. ELISA. www. He malgastado los tesoros de mi ingenio olímpico al derramarlos sobre ti.) Elisa. hazlo por nuestra buena amistad. Es inútil ser mi esclava y luego aspirar a mi aprecio. si quieres. hija. tú puedes volver a mi casa. HIGGINS. ELISA. ELISA. podrás volver a vender flores. y de todo el mundo.) Hablo como me da la gana. Es un solterón empedernido como yo.) … Y luego. ¿Quién da importancia a una esclava? Si vuelves a mi casa.) Además.—(Brusco e intolerante. sin preocuparme un ápice por lo que pueda acontecer ni a ti ni a mí.lentes. Ya no es usted mi profesor. ¿O preferirías casarte con Pickering? ELISA.—Nada de eso. ¿Por qué me quitó usted mi independencia? ¿Por qué me la dejaría yo? Ahora soy una esclava bonitamente vestida. me echará a la calle.—¿Y no le preocupa el trastorno que ello podrá causarme a mí? HIGGINS. ELISA.lectulandia.) Porque sí… porque a mí me hace gracia. y si no.—(Mirándole fieramente. Así. paseándose.—(Con suavidad. ELISA. Si quieres. te adoptaré como hija y te adoraré.—¿Que más da.—Sí. Sólo los cobardes se asustan de remover obstáculos.com - Página 67 . Elisa.) No quiero que nadie estropee mi obra maestra. yo no sé predicar ni me fijo en las cosas de esa manera… Yo sólo me doy cuenta de que usted no repara en mí. Una mujer trayendo las zapatillas a un hombre no tiene nada de airosa. y no quieras echar a perder mi creación de una duquesita. Entiende una vez para siempre que yo sigo mi camino y trabajo en mi obra.—(Cordial. si no hago todo lo que quiere usted.

HIGGINS. (Se deja caer en la silla. Por lo demás.—En resumidas cuentas: quisieras que yo estuviese tan encaprichado de ti como Freddy. HIGGINS. si quieres hacerte una señora de verdad.—Tiene perfecto derecho a ello el pobre muchacho. HIGGINS. lo cálido. Eso es lo real. un par de gruesos labios para besarte y un par de buenos puños para vapulearte. aunque yo no tuviese a mi padre.—Sigue la tontería. ELISA. No falta quien quiera casarse conmigo. está de cuclillas.—¿Podrá hacer algo por ti? Esta es la cuestión.—(Desagradablemente sorprendido. si te mata la frialdad de mi alma. ¿verdad? Pues bien: busca quien sea como a ti te gusta. lo vibrante: penetra hasta por las epidermis más espesas y lo puedes disfrutar y saborear sin educación especial ni esfuerzo. es mejor que tengas lo que puedes apreciar.) No debes darle esperanzas. tienes que dejar de sentirte postergada si los hombres que conoces no pasan la mitad del tiempo en verter lágrimas amorosas sobre ti y la otra mitad en darte bofetadas. y resulta que. delante del escritorio.—Tal vez pueda yo hacer algo de él.—Toda mujer tiene derecho de ser amada. HIGGINS. Es débil y pobre y me necesita. A mí me encuentras frío.ELISA. algo de cariño. Sin ir más lejos. y estalla en llanto.—Freddy no es un mamarracho. ¿No es eso? ELISA. en vez de estar sentado en el sofá. Cásate con algún memo sentimental.—Esa no es contestación. y entonces ama y riñe y emborráchate hasta quedarte dormida. lo que yo llamo una señora. HIGGINS. Elisa.—¡Pero no por un mamarracho! ELISA. Freddy Eynsford está muerto por mí y me lo escribe dos o tres veces al día.lectulandia. HIGGINS.—¡Para qué voy a discutir con usted! Siempre salgo perdiendo.—Eso es natural. Bien sabe que no puedo volver al arroyo. anda y vuelve al arroyo. sin sentimiento. Y me quiere de verdad. como usted lo llama. ELISA. y usted no piensa en otra cosa.) ELISA. ELISA.—No es así como yo desearía verle a usted. egoísta. Pero yo nunca he pensado en hacer algo de alguien.com - Página 68 . o con uno que tenga mucho dinero. Mira: en verdad te digo que. Yo soy como Dios me hizo. eres una tonta. y aunque www.—Me tiene sin cuidado.) ¡El mamarracho aquel! (Retrocede. Pero (Muy turbada. Pero bien sabe que no tiene razón y habla por hablar. y seguramente me hará más feliz que uno que sea más que yo y me trate con dureza porque no me necesita.) no lo he de negar… Sí me gustaría un poco de consideración. Si no puedes apreciar el fondo de mi carácter. ELISA. apático. Trabaja hasta que te parezcas más a una bestia de carga que a un ser humano. Bien sabe que yo no podría acostumbrarme a vivir con un hombre ordinario y brutal. Ese cariño ya se te tiene.—(Levantándose.) HIGGINS. Si no puedes apreciar lo que tienes. si le parezco bien.

y que. a su vez.—(Sentándose a su lado.—(Levantándose furioso. (Levantándose. al menos. yo sé enseñar.) ¿Oyes lo que digo? ELISA.lectulandia. Podré casarme con Freddy en cuanto él tenga un destino. o con el gobernador de la India o el virrey de Irlanda. sin oponer resistencia. Ya verá cómo me manejo. por no desairarle… www. chiquilla. Me dedicaré a enseñar. (HIGGINS la suelta. Tú y yo… y Pickering seremos en adelante tres solterones amigos en vez de dos hombres y una niña boba. pateando de rabia por haberse dejado llevar de su carácter.—¿Y qué enseñarás. ELISA.—¡Independencia!… ¡Ay hija mía!… ¿Qué ilusiones son ésas? Todos dependemos los unos de los otros. Pierde el tiempo. ya me lo había figurado. Confiesa que tengo un oído más fino que el suyo. quiero al menos tener independencia. HIGGINS. pero a mí no se me olvida lo que ha dicho un momento antes.—Tú vente a casa y no te preocupes más.no pudiese ya contar con el apoyo de usted y del señor Pickering. ja. no tengo que depender de usted. sin excepción. mirándole. con cualquiera que necesite una diplomática y una reina.) ¡Vaya con la niña! ¡Bravo! Esto vale más que lloriquear y traer zapatillas.—(Levantándose resuelta. voy a anunciar en la Prensa que aquella duquesita presentada por usted en la alta sociedad no es sino una florista enseñada por su método.—(Desafiándole. HIGGINS. Elisa: ahora eres una señora. Tú debes casarte con un embajador. a aquel charlatán.—(Admirándola.—Me ofreceré como auxiliar al profesor Nepean. ya sé cómo habérmelas con usted! ¡Qué tonta he sido en no caer en ello antes! Usted no me puede quitar lo enseñado. Estoy segura de que con poco trabajo me crearé una posición independiente y brillante.) En verdad. ELISA. Pero no con Freddy. HIGGINS. a aquel ignorante? ¿Quieres revelarle mis métodos. Además.) En fin. todos. y usted. y se echa hacia atrás en su asiento. Me trata usted como si fuera una criatura. Ya sabía yo que algún día llegaría a pegarme.—(Se sonríe. en nombre del cielo? ELISA. HIGGINS. mis descubrimientos? Atrévete a repetirlo y te retuerzo el pescuezo.) Adelante.) Yo. HIGGINS.—Lo que usted me enseñó.—Es que yo no tengo vocación para solterona. ella enseña a cualquier muchacha a presentarse del mismo modo.—¿A…? ¡Qué gracia! ¡Ja. ELISA. Fonética.) ¿Qué dices? ¿A aquel impostor.—Ahora quiere usted halagarme. Ahora es cuando te suplico que vuelvas a mi casa y no discutamos más. (Le pone la mano alrededor del cuello. HIGGINS. ja! ELISA.) ¡Ah. no. yo sé tratar con la gente. ¡No faltaba más! ELISA. Por de pronto. Si usted sabe predicar.com - Página 69 . Si no puedo encontrar cariño.) No digas sandeces. Así me gustas. HIGGINS. no tendría que volver a ser florista.

haciendo sonar llaves y monedas en sus bolsillos. hasta después de la boda. ELISA.com - Página 70 .lectulandia. (Mirándole maliciosamente.) TELÓN www.MISTRESS HIGGINS.—(Saliendo.—(Asomando a la puerta.) Elisa. señora.) Voy en seguida. (HIGGINS se pasea muy satisfecho y triunfante. míster Higgins. Adiós. el coche nos espera.) Hasta….

se echa a perder. Tales transfiguraciones se han realizado en centenares de mujeres jóvenes. domina y enseña a una soltera. No obstante. sobre todo si él tiene tan poco interés por el casamiento. si tiene bastante carácter para ser capaz de ello. pese a la lógica y al sentido común. si se funda en tan necio supuesto. y llega a ser importante para ella. al decir a Higgins que no se casaría con él si la pretendiera. Esto es intolerable. se casará con él. no solamente porque su pequeño drama. No le dice que se separe de él. que a la juventud parece tan grande. por lo mismo que fue la heroína de una novela. desde que Nell Gwynne les dio el ejemplo haciendo papeles de reina y fascinando a reyes en el teatro en el que había empezado de vendedora de naranjas. como Higgins para Elisa. ambiciosas y resueltas. dependerá de la edad y los ingresos de ella. Como nuestros propios instintos no están interesados en lo que ella decida. vamos www. Pues bien: la historia de Elisa Doolitle. considera siempre con mucha seriedad si le conviene manejárselas para llegar a ser su esposa. Pero. Pero como se siente muy segura en cuanto a este último punto. no duda tampoco en cuanto a lo que le conviene hacer. ella. No. es bastante común. Le dolería mucho si alguna mujer llegase a suplantarla en el cariño de él. a la edad de Elisa. aunque sea una novela porque la transfiguración que en ella se efectúa parece extremadamente inverosímil.com - Página 71 . que nos han acostumbrado a que todo tiene que acabar bien. Elisa. La decisión de ella dependerá en gran parte de si está realmente libre de escoger entre casarse con él o no. no estuvo coqueteando. y casi no tendría que ser contado si nuestras imaginaciones no estuvieran extraviadas por tantas obras románticas neciamente sentimentales. una muchacha guapa no siente esa premura. ni tendría esa seguridad aunque no existiese entre las edades de ellos una diferencia de veinte años. Cuando un soltero interesa. porque tiene que casarse con cualquiera que la mantenga. el que la guía. Si está al final de su juventud y no tiene asegurada la subsistencia. A Elisa le dice su instinto que no se case con Higgins. debiera haberse casado con el protagonista. expresó una decisión firme y bien reflexionada. no es la razón.EPÍLOGO El resto de la historia no necesita representarse en escena. todo el mundo se ha figurado que Elisa. sino el instinto. luego. que cualquier mujer determinada y empeñada en ello podrá capturarle. No duda en modo alguno que él será siempre una de las personas más interesantes que haya conocido en su vida. y esto.lectulandia. Por tanto. sino porque lo que ha de seguir es evidente para todo el que tenga el sentimiento de la naturaleza humana en general y del instinto femenino en particular. sino que es libre de tomarlo o de dejarlo.

a tratar de descubrir alguna razón en pro o en contra de ello. Cuando Higgins excusó
su indiferencia para con las mujeres jóvenes fundándose en el hecho de que tenían en
la persona de su madre una rival irresistible, indicó la verdadera razón de su arraigada
soltería. El caso es extraordinario sólo por cuanto son extraordinarias las madres
notables.
Si un muchacho dotado de mucha imaginación tiene una madre pudiente que
tiene inteligencia, gracia personal, dignidad de carácter sin aspereza y cultura artística
que la capacita para adornar su casa de un modo exquisito, representa para él un tipo
de mujer con el que pocas mujeres podrán rivalizar. Acostumbrado a la delicadeza de
tal madre, a su sentimiento de belleza, al idealismo en que está impregnado todo su
ser, luego encuentran insoportables las personas incultas que se han criado en hogares
sin gusto, con padres ordinarios y desagradables, y para las que, por consiguiente, la
literatura, la pintura, la escultura, la música y las relaciones personales cariñosas se
presentan, si es que se presentan, como modalidades del sexo.
La palabra pasión no significa para ellas nada más, y el que Higgins pudiera tener
una pasión por la fonética e idealizar a su madre en vez de a Elisa, les parecerá
absurdo y antinatural. Sin embargo, si miramos a nuestro alrededor y vemos que casi
nadie es bastante feo o desagradable para no encontrar con quién casarse si lo desea,
mientras muchos solteros y solteras están por encima del término medio de las
personas en cuanto a cultura y educación, no podemos dejar de sospechar que el
desapego a los atractivos sexuales, un desapego por puro análisis intelectual, sea
debido algunas veces por la admiración que los padres merecen a los hijos.
Ahora bien: aunque Elisa era incapaz de comprender todo eso ante el hecho de
que Higgins resistía perfectamente a sus encantos, que a Freddy le tenían subyugado,
instintivamente se daba cuenta de que nunca llegaría a dominarle ni a interponerse
entre su madre y él (la primera necesidad de toda mujer casada). Para decirlo en
pocas palabras: ella sabía que por alguna razón misteriosa él no había nacido para
casado, según el concepto que ella tenía de un esposo: un hombre para el que ella lo
fuera todo.
Aun de no haber existido la madre-rival, ella se hubiese negado a unirse con un
hombre para quien ella era una figura secundaria, puesto que anteponía a todo sus
intereses filosóficos. Si la madre de Higgins hubiese muerto, de todos modos le
hubiesen quedado a éste Milton y el alfabeto universal. La observación de Landor de
que los que tienen mayor potencia erótica son aquellos para quienes el amor es una
cosa secundaria, no le hubiese hecho mucha gracia a Elisa. Añadid todo eso a su
resentimiento contra los aires de superioridad dominante de Higgins y la poca
confianza que le inspiraban sus carantoñas y finezas chistosas para aplacarla después
de haberse excedido en sus brusquedades, y quedaréis convencidos de que el instinto
de Elisa no se equivocaba al disuadirla de casarse con su Pigmalión.

www.lectulandia.com - Página 72

Y ahora, ¿con quién se casó Elisa? Porque si Higgins era un solterón
predestinado, ella seguramente no era una solterona predestinada. Pues esto puede
contarse en pocas palabras a los que no lo han adivinado por las indicaciones que ella
misma les ha dado.
Casi inmediatamente después que Elisa airadamente declara su firme decisión de
no casarse con Higgins, revela el hecho de que el joven míster Frederick Eynsford
Hill le escribe diariamente declarándole su amor vehemente. El caso es que Freddy es
joven; tiene veinte años menos que Higgins. Es un caballero, un “pollo bien”, como
diría Elisa, y se expresa como tal. Va muy bien vestido, es tratado por el coronel
como un igual, la quiere sinceramente y no es el superior de ella ni trata de
dominarla, ni mucho menos, en razón de las ventajas de su posición social. Elisa no
está nada influida por la necia tradición romántica, según la cual todas las mujeres
gustan de ser dominadas, cuando no maltratadas de palabra y de obra. “Cuando vayas
a ver a una mujer, llévate tu látigo”, dice Nietzsche.
Los déspotas inteligentes nunca han limitado esa precaución a las mujeres: se han
llevado su látigo cuando tenían que tratar con hombres y han sido servilmente
idealizados por los hombres, mucho más que por las mujeres. Claro está que hay
mujeres serviles, como hay hombres serviles; y las mujeres, en general, lo mismo que
los hombres, admiran a los que son más fuertes que ellas. Pero admirar a una persona
fuerte y vivir enteramente oprimida por ella, son dos cosas diferentes.
Los débiles tal vez no quieran ser admirados ni considerados como héroes; pero
no por eso dejan de ser amados y mimados, y nunca tienen la más pequeña dificultad
para casarse con personas que valen más que ellos. Tendrán sus fracasos a veces, pero
la vida no es una cadena ininterrumpida de fracasos: es, las más de las veces, un nudo
de situaciones para las que no hacen falta capacidades excepcionales, y que cualquier
persona débil puede superar si otra más fuerte le presta ayuda. Por consiguiente, es
una verdad a todas luces evidente el que las personas fuertes, hombres o mujeres, no
solamente no se casan con otras personas fuertes, sino que ni siquiera traban amistad
con ellas.
Cuando un león se encuentra a otro y éste lanza un rugido fuerte, el rugido le hace
poca gracia. El hombre o la mujer que se siente bastante fuerte para dos, busca en su
pareja cualquier calidad que no sea precisamente la fuerza. Lo contrario también es
verdad. Las personas débiles gustan casarse con personas fuertes que no las asusten
demasiado, y esto muchas veces las lleva a cometer la falta que definimos
metafóricamente como “tomar en la boca más de lo que se puede masticar”. Piden
demasiado por lo que se puede pagar; cuando el trato resulta insufriblemente
irrazonable, la unión se hace imposible: acaba con la parte débil, o es abandonada, o
es soportada como una cruz, lo que es aún peor. Las personas que no solamente son
débiles, sino también tontas u obtusas, se encuentran muchas veces en estas

www.lectulandia.com - Página 73

dificultades.
Siendo éste el estado de las cosas humanas, ¿qué va a hacer buenamente Elisa,
colocada entre Freddy e Higgins? ¿Querrá pasarse la vida buscando las zapatillas a
Higgins, o preferirá que Freddy le busque a ella las suyas? La contestación no es
dudosa. A menos que Freddy le sea biológicamente repulsivo e Higgins
biológicamente atractivo, hasta el punto de subvertir los demás instintos, ella, si es
que se casa, se casará con Freddy.
Y es precisamente lo que hizo Elisa. Tuvieron complicaciones, pero fueron
económicas, no románticas. Freddy no tenía dinero ni empleo. La pequeña fortuna de
su madre, la última reliquia de la opulencia de Lagerlady Park, le había permitido
seguir viviendo en Earlscourt con cierto aire de distinción, pero no procurar una
instrucción superior secundaria seria a sus hijos, y mucho menos permitir al
muchacho estudiar una carrera. Una colocación de escribiente a treinta chelines por
semana estaba por debajo de la dignidad de Freddy, y era además muy poco de su
gusto. Sus esperanzas eran que, conservando las apariencias, alguien haría algo por
él. Ese algo se dibujaba vagamente en su imaginación, como una secretaría particular
u otra sinecura por el estilo.
Para su madre era tal vez su casamiento con alguna señora de posición que no
había podido resistir la apostura de su hijo. Imaginad el efecto que le produjo la boda
de Freddy con una florista que estaba déclassée en extraordinarias circunstancias, que
todo el mundo conocía.
Claro está que la situación de Elisa no era del todo despreciable.
Su padre, aunque había sido barrendero, había heredado una fortuna considerable
y se había hecho sumamente popular en la sociedad más distinguida, por un talento
social que poseía y que triunfaba sobre todo prejuicio y toda desventaja. Rechazado
por la clase media, a la que odiaba, había ascendido de golpe y porrazo hasta los
círculos más altos por su gracia y su cinismo de barrendero y su nietzscheana
posición de más allá del bien y del mal. En las comidas íntimas de los palacios
ducales se sentaba a la derecha de la duquesa, y en las quintas aristocráticas fumaba
en el cuarto de los criados, y el mozo de comedor le trataba con mucha consideración
cuando no comía en el comedor de los señores, donde le consultaban hasta ministros
de la corona.
Pero todo eso le parecía tan difícil de hacer a razón de cuatro mil libras al año,
como a la señora Eynsford Hill vivir en Earlscourt a razón de unos ingresos tan
míseros que no tengo el valor de revelar su cifra exacta. Se negó en absoluto añadir a
su carga lo más insignificante, contribuyendo a la manutención de Elisa.
Así, pues, Freddy y Elisa, ahora los señores de Eynsford Hill, hubiesen pasado la
luna de miel sin un penique, de no haber sido por un regalo de boda de quinientas
libras hecho a Elisa por el coronel. Esa suma duró mucho tiempo, porque Freddy no

www.lectulandia.com - Página 74

entendía de gastar dinero, por no haberlo tenido nunca, y Elisa, socialmente educada
por un par de solterones, llevaba los trajes mientras duraban y tenían buena
apariencia, sin preocuparse de si ya habían dejado de estar de moda.
A pesar de todo, quinientas libras no son eternas, y llegó un momento en que
vieron que tenían que hacer algo por sí mismos. Elisa sabía que podría haber ido a
vivir en Wimpole Street, puesto que aquella casa había llegado a ser su hogar; pero
bien sentía que no podía ir allí con Freddy, ya que esto era imposible para el bien
parecer.
Y no es que se hubiesen opuesto los solterones. Cuando ella los consultó, Higgins
dijo que no había que molestarle con cuestiones domésticas, cuando la solución era
tan sencilla.
El deseo de Elisa de tener a su lado a Freddy no tenía para Higgins más
importancia que si hubiese pedido cualquier mueble suplementario para su cuarto. No
se le ocurría ni en sueños que había de tener en cuenta la posición delicada de Freddy,
y que éste tenía la obligación moral de ganarse la vida. Negó que Freddy contase para
algo en el mundo, y dijo que si intentara hacer algo útil, alguna persona competente
tendría que tomarse la molestia de deshacerla, de modo que saldría perjudicada la
sociedad y desgraciado el mismo Freddy, que, por lo visto, estaba destinado por la
Naturaleza a un trabajo fácil, como el de divertir a Elisa; lo cual, según declaró
Higgins, era una ocupación mucho más útil y honrosa que un empleo cualquiera en la
City.
Cuando volvió Elisa a mencionar su proyecto de enseñar la fonética, Higgins
expresó su oposición con la misma violencia que cuando oyó hablar de ello la
primera vez. Dijo que ni en diez años sería ella capaz de meterse en tales honduras; y
como era evidente que el coronel estaba conforme con él, ella vio que no podía en
este particular luchar contra los dos, y que, además, no tenía derecho a explotar, sin el
consentimiento de Higgins, los conocimientos que él le había dado, pues su saber
tanto le parecía ser de su propiedad particular como su reloj de bolsillo. Elisa no era
comunista. Luego, les era supersticiosamente afecta a ambos, más entera y
francamente después de su casamiento que antes.
Fue el coronel el que finalmente resolvió el problema después de mucho
reflexionar. Un día le preguntó a Elisa, con cierta timidez, si había renunciado
completamente a su idea de poner una tienda de flores. Ella contestó que había
pensado en ello, pero luego se lo había quitado de la cabeza, porque el coronel, aquel
día, en casa de mistress Higgins, había dicho que nunca daría resultado.
El coronel confesó que cuando tal dijo estaba todavía bajo la impresión aplastante
del día anterior. Por la noche hablaron del asunto a Higgins. Lo único que dijo fue
una cosa que a poco enfadó seriamente a Elisa; que Freddy sería un botones ideal
para hacer los recados de la tienda.

www.lectulandia.com - Página 75

En tales circunstancias era difícil que tuviera algo de los aires de Largelady Park. La dificultad desapareció a consecuencia de un acontecimiento nada esperado por la madre de Freddy. y le impidió ir a un colegio. descubrió que su conversación era una especie de reflejo de las ideas expuestas en las novelas de míster H. que se presentó a los ojos de Higgins y su madre como una persona desagradable y ridícula. el hecho de que su madre era lo que los tenderos de Epson llamaban una señora de carruaje. en vista de los pocos recursos de que disponían. En el fondo era una desgraciada. La pobre Clara. Clara. Un moderno relato de los Actos de los Apóstoles llenaría cincuenta biblias compuestas si alguien fuese capaz de escribirlo. una tiendecita en la que Elisa por un lado podría vender tabaco. y se las tragó todas en un espacio de dos meses. sin darse cuenta de que ella misma no sabía lo que quería. por el otro. Y. Wells. Buscó la sociedad de la clase a que pertenecía su madre. en el curso de sus incursiones a los círculos artísticos. lejos de poder tener una doncella. y a los de su propia madre como un en cierto modo inexplicable fracaso social. su tradición le hacía mirar un casamiento con cualquier joven de posición modesta como una humillación insoportable. y él. Añadió que siempre le había asustado el proponer cualquier cosa por el estilo. y tenía que arreglárselas con una asistenta de pocas horas diarias. Corría detrás de pintores y novelistas. hasta cierto grado ridiculizada y parodiada en West Kensington. Los hombres pertenecientes al comercio o a una carrera profesional modesta. como lo es allí todo bicho viviente. Pero confesó que sería extraordinariamente bonito ir todos los días temprano con Elisa a Covent Garden y vender flores en el sitio donde se habían encontrado la primera vez: un sentimiento que le valió muchos besos de su mujer. no tenía valor mercantil. y. la llamaban ambiciosa. Su desesperación iba creciendo con el transcurso del tiempo. Cuando más. sin embargo. pero a éstos no les encantaba. pues el único colegio que podría haber frecuentado era uno en que se hubiese educado con las hijas de los verduleros de Earlscourt.com - Página 76 . porque Clara armaría un escándalo de mil demonios ante un paso que perjudicaría sus probabilidades matrimoniales. hasta inevitable. Como esto le proporcionó cierto éxito. Éste dijo que también él había pensado en una tienda. por lo visto. periódicos. G. le eran odiosos. y a su madre tampoco le había de gustar por considerarlo un descenso en la escala social. no podía tener siquiera una criada para todo. porque. que eran los más altos a su alcance. Su único título. y su manía de emplear términos www. El resultado fue una de esas conversaciones como no son raras hoy día. y esta sociedad sencillamente la rechazó porque ella era mucho más pobre que una verdulera. era aceptada como una especie de ser humano racional y normal…. no se había visto nunca bajo luz alguna. pidió prestadas dichas novelas a todos sus conocidos.Luego hablaron de ello al mismo Freddy.lectulandia.

El snobismo de Clara se hizo añicos. Cuál no fue su sorpresa cuando descubrió que esa joven tan superior venía del arroyo. incompetente. se perdonan y hasta hacen gracia. Otras personas a las que había creído profundamente religiosas y con las que nunca había logrado tener relaciones amistosas. excepto en caracteres completamente desesperados. en cambio. Le chocó tan violentamente. Algunos de los conocidos. y tuvo que defenderse y que luchar lo mejor que pudo. eran precisamente aquellos por los cuales únicamente había logrado ponerse en contacto sincero con el resto de la Humanidad. se hicieron más cariñosos. otros. empezó a circular en ella. Le hicieron leer a Galsworthy. y Galsworthy le explicó la vanidad de Largelady Park y acabó de convencerla. La vida. Clara no perdió amistades por sus tonterías.com - Página 77 . empezó a hacerse amigos y enemigos. pretenciosa. Wells la levantó sobre la punta de su potente pluma y la colocó en el ángulo visual desde el cual la vida que estaba llevando y la sociedad a la que se pegaba aparecían en su verdadera relación con las necesidades humanas y la verdadera estructura social. Pero nadie odia a un niño por sus torpezas naturales. fingiéndose religiosa. Porque la recién nacida wellsiana hubo de adquirir nuevos modales y expresiones casi tan ridículamente como un niño que empieza a andar y a hablar. que los impulsos con los que había luchado con tanto cuidado y que había reprimido con el solo fin de quedar bien con la sociedad. Cuando Freddy fue a Earlscourt (lo que nunca hacía cuando podía evitarlo) para www. Con gran extrañeza suya fue viendo que algunas personas “muy simpáticas” eran asiduos lectores de Wells. efectuó una conversión y una convicción de pecado comparables a las hazañas más sensacionales del general Booth o de Gipsy Smith. Sin saber cómo ni por qué. y fue una muchacha que despertó su entusiasmo y admiración y suscitó en ella un vehemente deseo de tomarla por modelo y ganarse su amistad. G. La exasperó el pensar que la mazmorra en la que había gemido tantos años había estado sin cerrar durante todo el tiempo. sentía sus efectos con demasiada frecuencia para estar satisfecha de su posición. se le hicieron de repente muy amigas y revelaron una hostilidad a la religión convencional como nunca la hubiese creído posible. Se rieron de ella en su cara. como cuando en el salón de la señora Higgins excitaron su admiración los desplantes de Elisa. y que en la admiración de esas ideas estribaba el secreto de sus simpatías. rompieron sus relaciones con ella. de repente. En el entusiasmo de estos descubrimientos y en el tumulto de su reacción hizo el ridículo con tanta evidencia.lectulandia. que cuando míster H. cursi y sin un cuarto. y aunque no admitía tales descalificaciones (porque nadie se quiere confesar a sí mismo tan desagradables verdades). desde el que había sabido elevarse a su actual altura en un espacio de pocos meses. En resumidas cuentas: era una completa fracasada.artísticos y literarios y ejercer la crítica los irritaba. ignorante. Hubo quien abrió los ojos a Clara de un modo sorprendente. para los que había sido una pelmaza ridícula o indiferente.

de que también ella se había colocado en una tienda de muebles antiguos situada en Dover Street. y haber adquirido cierta familiaridad con el lenguaje de Milton. La tienda de flores está en los soportales de una estación de ferrocarril. por lo que había trabajado con objeto de hacerle a Higgins ganar su apuesta. Ahora aquí se ofrece una última oportunidad para una novela: ¿No os gustaría saber que la tienda de flores fue un éxito inmenso. y esa señora también deseaba más que nada conocer a míster Wells y venderle cachivaches bonitos.lectulandia. era de las más variadas y agradables. conocía los nombres y los precios de las flores baratas. derramaban sobre su personalidad un encanto irresistible. no era capaz de escribir una factura sin desacreditar el establecimiento. y si vivís por aquellos alrededores. gracias a los encantos de Elisa y a su experiencia adquirida anteriormente en Covent Garden? Desgraciadamente.com - Página 78 . La erudición de Freddy. La tienda dio resultados económicos deplorables.hacer la desolada comunicación de que Elisa y él estaban pensando deshonrar el escudo de Largelady por abrir una tienda. y facilitarle el conocimiento de la nomenclatura botánica. Este empleo Clara lo debía. Era muy poco. su accesibilidad. encontró el exiguo hogar totalmente revuelto por una anterior comunicación de Clara. poco más o menos. sus manos finas. y la esperada oposición a su proyecto se desvaneció. y se puso indeciblemente orgullosa al encontrarse con que Freddy. Quedó encantada de su entrevista con él. que le permitía decir de carretilla en latín que Balbus construyó un muro y que Galia estaba dividida en tres partes. El coronel Pickering tuvo que explicarle lo que era un www. a pesar de saber contar el dinero hasta dieciocho chelines. a sus antiguas aficiones a rozarse con gente literaria. con su miaja de instrucción secundaria. no le servía para nada en cuanto a la contabilidad. Su modo de expresarse. pero suficiente para hacerle aparecer a los ojos de ella como un Porsón o un Bentley. tal vez algún día entréis allí y compréis de manos de Elisa una flor para el ojal. sus dichos agudos y sugestivos. La edad no le había desecado. conciso y elegante. Desgraciadamente. que duró media hora. Es verdad que Elisa no tuvo que empezar desde el principio. sencillamente porque Elisa y su Freddy no entendían el negocio. le ofreció a Clara un empleo de vendedora con el fin de lograr su deseo por intermedio de ella. sabía un poco de latín. y su conversación. después de todo. Clara no habló de otra cosa durante largas semanas después. sus pies pequeños. Y así sucedió que la suerte de Elisa se consolidó. su cortesía sin rastro de afectación. no sabía más. y la suerte quiso que en una garden-party tuviera ocasión de acercarse a él. Se había empeñado en conocer personalmente a míster Wells. y Elisa. que había abierto una amiga wellsiana. Y como por casualidad habló de ello con la dueña de la tienda de antigüedades antes aludida. la verdad es la verdad. no muy lejos del Victoria and Albert Museum.

aceptó el consejo con entera seriedad. Como aquel señor era un humorista. y al punto se lanzó a la tarea de enseñarle con una combinación de impetuosa intensidad. dejaron dichos estudios por inútiles y renunciaron para siempre a la taquigrafía. No podía siquiera escribir un sobre del modo usual. lo mismo que la fonética. Les propuso que combinaran los cursos de su escuela con los paseos por los jardines de Kew. Fueron también a la Escuela de Economía de Londres y se dirigieron humildemente al director de ella solicitando cursos especiales para aprender el negocio de la venta de flores. aprendiendo teneduría de libros y mecanografía con personas mucho más jóvenes que ellos y hasta con chiquillos de uno y otro sexo. que no cesaba de ayudarlos con subvenciones. la augusta misión y finalidad de la escritura manual. se dio por fin cuenta de que el comercio. Finalmente. Pero el esfuerzo que le costó la mayor humillación fue una petición a Higgins.lectulandia. y gastando tres veces más de lo necesario en material de escritorio. la www. comprimida paciencia y ocasionales arranques de interesante disquisición sobre la hermosura y nobleza. después de los versos de Milton. que era una positiva prolongación de su hermosura personal. del que cuenta Dickens haber sido escrito por un caballero que primero leyó un artículo sobre China y luego otro sobre metafísica y combinó la información. Sus estudios comerciales fueron para la joven pareja una época de desgracia y desesperación. tiene que aprenderse metódicamente.com - Página 79 . cuando sin hacerlo no podían salir de apuros? Pero el coronel. Les parecía que no aprendían nada de la venta de flores. cuya afición principal. para que él le enseñara a escribir. y excitada por las carcajadas de Higgins al pensar que Freddy no podía tener éxito en cosa alguna. por fin se empeñó en que tomasen el contable.talonario de cheques y una cuenta corriente. Declaró que ella era congénitamente incapaz de formar una sola letra digna de la más ínfima de las palabras de Milton. y que tenía una hermosísima letra italiana. a la que el procedimiento del caballero ensayista pareció perfectamente correcto (como en realidad fue) y nada raro (la pobre era tan ignorante). Ni uno ni otro comprendían que podrían haber ahorrado dinero tomando un contable con algún conocimiento de los negocios. Permitidme que no insista en el lamentable espectáculo de la pareja pasándose las primeras horas de la noche en escuelas de taquigrafía y clases politécnicas. Y a la pareja no había medio de enseñarle otras cosas. porque no le cabían en él las señas dado el tamaño de su letra. ¿Cómo era posible ahorrar haciendo un gasto extraordinario. Elisa. les explicó el método del famoso ensayo sobre la metafísica china. porque ciertas calidades y tamaños de papel se le habían hecho indispensables. humillada hasta lo indecible por tener que acudir tantas veces a la generosidad del coronel. y Elisa. Elisa terminó teniendo una letra absolutamente nada comercial. era la caligrafía. pero ella insistió.

Y es de ver. Se interesa inmensamente por él. que durante algunos años les había tenido una cuenta corriente abierta en su Banco para cubrir el déficit.lectulandia. y ésas son las únicas veces en que ella le pone ceño al coronel. adquirida aquella noche fatal en que le hizo ganar su apuesta. Es extraño lo mucho que Elisa trata de intervenir en casa de los solterones de Wimpole Street. Chilla y patea y dice palabras gruesas. La brutal franqueza con la que le dijo aquel día que se había acostumbrado a tenerla cerca y dispuesta para toda clase de pequeños servicios y que la echaría de menos si se marchara (ni a Freddy ni al coronel se les hubiera jamás ocurrido decir cosas por el estilo). Míster F. entonces. empezó a marchar por sí solo.mecanografía y demás materias de la Escuela de Artes y Oficios. cómo no puede perder la costumbre. podrá cambiar esto. Éste ya no se atreve a hacerla rabiar. Hill. Bien es verdad que tenían ciertas ventajas de que no disfrutaban sus competidores.com - Página 80 . Ella sabe que Higgins no la necesita. rebajando a Freddy y echando en cara su inutilidad. de un modo algo misterioso. hasta el punto de que a veces el coronel tiene que rogarle ser menos brusca con Higgins. El caso es que el negocio. Hasta tiene ciertos momentos perversos en los que desea poder estar a solas con él en una isla desierta. Sus week-ends en el campo no les costaban nada y les ahorraban las comidas del domingo. El coronel. fuera de Elisa. a pesar de lo que la ocupan su tienda y su propia casa. era en el mercado y en la tienda el industrial clásico. Cualquier pretexto le sirve para armar una gresca contra éste. pero ella se las tiene tiesas. la convence cada vez más de que ella no tiene más importancia para él que un par de zapatillas. Elisa misma parecía haberlo olvidado. pues nadie. pues las excursiones se hacían en el automóvil del coronel. de reñir acaloradamente con Higgins. y éste e Higgins pagaban las cuentas de los hoteles. Concluyeron por convencerse de que tenían un talento notable para el comercio. lo mismo que no la necesita su padre. ella se da cuenta de que su indiferencia tiene un fondo más prócer que la ofuscación de las almas ordinarias. se encontró un día con que la precaución era innecesaria. florista y verdulero (pronto descubrieron que se ganaba dinero vendiendo espárragos y otras verduras). le tomaban por un aristócrata. Con todo. pues la joven pareja iba prosperando. Así termina la historia. sabía que su verdadero nombre era sencillamente Federico Challoner. Nada. Todos. pero en la vida particular y los días de asueto volvía a ser el señor Eynsford Hill. aunque nunca regaña con su marido y sinceramente quiere al coronel como si ella fuera su hija favorita. Se habían olvidado de su anterior aversión y emplearon servicios ajenos. Eso es todo. excepto algún acontecimiento o alguna desgracia bastante grande para hacer desaparecer todos los quereres y todas las antipatías —y Dios quiera que nunca haya semejante cosa—. lejos de todas las conveniencias sociales y con nadie más en el mundo a www.

ama a Freddy y quiere al coronel. Todos tenemos secretas imaginaciones de esta clase.lectulandia. las relaciones que existen entre ellos son de esencia demasiado supraterrestres para ser en su conjunto agradables. Galatea nunca quiere de veras a Pigmalión. FIN www. para verle bajar de su pedestal y hacerle el amor como cualquier otro hombre.quien considerar.com - Página 81 . Pero cuando Elisa vuelve a la realidad y huyen los ensueños y fantasías. no quiere a Higgins ni a míster Doolitle.