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LOS GUIÑOS DEL POSMODERNISMO

Por Pablo Vázquez y Jaume Aurell

A finales de los setenta, Europa era el contexto ideal desde donde
formular la esencia del posmodernismo. Un término sofisticado con
repercusiones en la cultura, en la sociedad, en la política..., porque
¿Quién no ha oído hablar de él?
En 2004 se celebró el veinticinco aniversario de la publicación de La
condition posmoderne, de Jean-François Lyotard, un librito editado –
¡cómo no!– en París. En aquellos años, efectivamente, todo salía de
París: el posestructuralismo, el deconstruccionismo, la neohermenéutica,
la antropología cultural, los estudios simbólicos, la historia de las
mentalidades. A finales de los setenta, París era aún –su bello y dorado
canto del cisne– la multinacional de lo nuevo desde el punto de vista
intelectual. En aquel breviario, Lyotard supo sintetizar los principales
rasgos de las nuevas tendencias que habían surgido en el pensamiento
europeo durante las décadas de los sesenta y setenta, fruto maduro y
consecuencia retardada del bullicioso laboratorio de ideas que había sido
la Europa de entreguerras. Y lo hizo de modo admirable, no sólo por el
hecho de ser capaz de realizar esa síntesis, sino también por la cercanía
con que parecía dar un certero diagnóstico de los cambios teóricos que
estaba analizando, muchos de los cuales eran contemporáneos a él.

Jean-François Lyotard (1924-1998) ha sido uno de los máximos
exponentes del postestructuralismo o antihumanismo francés.
Lyotard describe en su libro, de modo frío y desapasionado, las
principales tendencias que estaban cuajando en los estudios sociales y
filosóficos durante aquellos años. Por “posmodernidad” entendía
cualquier revisión crítica del legado del racionalismo ilustrado
comúnmente etiquetado como modernidad. Una posición más a favor del
no, de un rechazo, que una propuesta nueva a los problemas que se
habían encontrado. La modernidad venía a ser identificada
consecuentemente con los valores de progreso, evolución, razón y
ciencia. Una modernidad que se desentendía del individuo y el yo para
abrazar lo social y lo colectivo. Interesaba lo material por encima de lo
espiritual, y lo uniforme a la disonancia. Existían modelos hacia los que
había que tender. El mundo estaba ordenado y sólo había que ir
colocando las piezas del puzzle que era el mundo en esa enorme
estantería que era la modernidad. Sus alentadores y creadores se
señalaban a sí mismos como modelos, con una más que hinchada
autosatisfacción y autocomplacencia.

La posmodernidad apareció, entonces, como una manifestación natural
del malestar de la modernidad, generando a su vez una nueva
orientación en el entero campo de las ciencias sociales, del arte y de las
comunicaciones. Las piezas no encajaban. La sociedad no se podía
uniformizar como pretendía la modernidad. Las minorías preguntaban
qué quedaba de ellas en un mundo tan programado. Un nuevo contexto
–el que surge en los años sesenta, fruto del hastío de las jóvenes

junto con la antropología. por lo sistemático y aséptico. padecía ahora una definitiva embestida que empezaba a cuajar en los ambientes intelectuales más inquietos. > UNAV . El mundo no marchaba. la crisis energética y el recrudecimiento de la guerra fría– no hacían otra cosa que darles la razón. El altivo universo ilustrado y racionalista. un escalofriante. etiquetado como modernidad > La lingüística se convirtió. Lyotard entendía por posmodernidad cualquier revisión crítica del legado del racionalismo ilustrado. ya no sólo de nuestras vidas. monstruo –el Holocausto–.generaciones que lideraron el 68– propició un nuevo texto –los nuevos experimentos posmodernos. que ya había sido terriblemente cuestionado con las dos guerras mundiales. aún sin quererlo. en la ciencia social “estrella” del nuevo panorama epistemológico de los setenta > La sacralización de lo banal es otra de las formas identificadoras que sirven para tomarle el pulso a la sociedad posmoderna > La posmodernidad nos ha convertido a todos en protagonistas. en un conglomerado de tendencias que Lyotard sintetizó con la expresión de la condición posmoderna. Los dramáticos acontecimientos de los años setenta –sobre todo. sino de las de los demás > La alianza de la conciencia y la identidad está permitiendo asumir buena parte de los retos de futuro que se nos están planteando. y que había generado.