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Asociación Internacional de Parlamentarios por la Paz

Discurso de la Fundadora
Dra. Hak Ja Han Moon
11 de octubre de 2016, Asunción, Paraguay
Kwon Jin Moon lee el mensaje en lugar de la Madre Verdadera
Distinguidos parlamentarios y líderes de toda Sudamérica.
Es un honor estar frente a ustedes hoy.
Esta es mi primera visita a Paraguay, y estoy encantado de estar aquí y dar testimonio de la
abundante belleza de este país y la bondad de su pueblo. Estoy particularmente feliz de observar a
tan distinguido grupo de líderes reunidos hoy aquí.
Yo estuve en Corea para la reunión de ILC a nivel mundial que se celebró en febrero de este año, y
que incluía una sesión en la Asamblea Nacional para poner en marcha la Asociación Internacional
de Parlamentarios para la Paz. Desde entonces, la UPF ha convocado a una serie de ILC en todo el
mundo. Me inspira profundamente observar la respuesta entusiasta que está llegando de todos los
rincones del mundo.
Yo sé que mi difunto padre, el Rev. Dr. Sun Myung Moon, debe estar muy satisfecho. Y estoy
seguro que mi madre, la Dra. Hak Ja Han Moon, también lo está.
Mi madre tenía muchas ganas de estar con nosotros hoy. Ella ama a este país; y ambos, tanto ella
como mi padre, trabajaron sin descanso durante muchos años para desarrollar el trabajo de la UPF
en esta región.
Dado que no podía estar con nosotros hoy, ella me pidió que la representara y entregar su mensaje
de la Fundadora. Espero que le brinden toda su atención a estas palabras.
Ahora voy a leer el Discurso de la Fundadora, la Dra. Hak Ja Han Moon:
Discurso de la Fundadora de la UPF
Dra. Hak Ja Han Moon, Fundadora, UPF
Sus Excelencias. Distinguidos parlamentarios de toda América del Sur. Participantes de honor en
la Conferencia Internacional de Liderazgo de la Federación para la Paz Universal. Damas y
caballeros.
Tengo el agrado de dirigirme a ustedes hoy en Asunción, Paraguay.
Creo que es muy significativo que nos hayamos reunido aquí para esta sesión especial de la
Conferencia Internacional de Liderazgo de la UPF, y para el lanzamiento, en esta región, de la
Asociación Internacional de Parlamentarios para la Paz. Me alienta ver que los parlamentarios se
han unido no solo en desde Paraguay, sino también en muchos otros países de América del Sur.
Mi difunto esposo, el Rev. Dr. Sun Myung Moon, siempre me ha enseñado que los individuos en
todos los sectores de la sociedad, incluyendo el gobierno, la sociedad civil, la religión, la economía,
la ciencia, etc., tienen la responsabilidad de trabajar para construir un mundo de paz universal y
duradera. Esto es especialmente cierto para los parlamentarios.
El parlamento en cualquier nación es la casa del pueblo, un lugar donde se puede escuchar la voz
de las personas y el bien público propuesto por los representantes elegidos democráticamente, los
parlamentarios.
La democracia representativa es una noble tradición, con raíces que se remontan a muchos siglos,
y ahora la forma más ampliamente practicada de gobierno.
A pesar de que se han reunido aquí desde países de todo el mundo, comparten una visión común y
el respeto por servir como los representantes de las personas que los eligieron. Son servidores del
pueblo y, como tal, se espera que puedan servir al bien público, guiados por los principios básicos
de buen gobierno: la rendición de cuentas, la transparencia, la colegialidad, la inserción social y el
respeto de los derechos humanos y el estado de derecho.

El buen gobierno se asegura no solo por las políticas y leyes del sistema político. También es
necesario que los que tienen posiciones de poder sean personas de buen carácter, guiados por su
conciencia y principios morales universales. El buen gobierno también depende de una ciudadanía
bien educada y moralmente responsable.
Es por esta razón que a lo largo de la historia la religión ha sido un factor importante en la
contribución al desarrollo moral y espiritual, tanto de los líderes políticos como de los ciudadanos.
Es imprescindible que, dentro de los sistemas democráticos modernos, no perdamos de vista a Dios,
nuestro creador y Padre Celestial, ni los principios y leyes espirituales que se han enseñado a lo
largo de los siglos.
Mi esposo y yo hemos dedicado nuestras vidas exclusivamente a la construcción de un mundo de
paz duradera. Esta ha sido la misión de nuestras vidas.
Siempre hemos enseñado que la paz no es simplemente la ausencia de conflictos violentos. La paz
llega a ser realidad cada vez que las relaciones se caracterizan por la armonía, el equilibrio y el
respeto mutuo. Tales relaciones se crean cuando practicamos la generosidad y vivimos por el bien
de los demás. Esta es la esencia del amor verdadero.
El amor verdadero es la esencia de Dios, quien creó todas las cosas como nuestro Padre Celestial.
Todos tenemos una naturaleza que deriva de nuestro origen común. Es por eso que somos capaces
de practicar el amor verdadero, uno hacia el otro, y hacia todas las cosas en el mundo que nos rodea.
Nuestro propósito y responsabilidad como hijos e hijas de Dios, nuestro Padre Celestial, es llegar
a ser individuos de amor verdadero, con la mente y el cuerpo unidos; sobre esta base podremos
construir matrimonios y familias de amor verdadero, como la base de la sociedad y la nación; y, a su
vez, hay que cuidar el planeta y todas las formas de vida que componen nuestro entorno. Si
cumplimos esta responsabilidad, podremos establecer un mundo de paz.
Mi esposo y yo hemos aplicado este ideal, y el principio de vivir por el bien de los demás, en
todos los sectores de la sociedad.
Siempre hemos honrado a los individuos que aplicaron estos principios en sus esferas de la vida
profesional, designándolos como Embajadores para la Paz. Muchos parlamentarios de todo el
mundo han sido nombrados como Embajadores para la Paz y trabajan en estrecha colaboración con
la UPF y otras organizaciones afiliadas de nuestro movimiento.
Además, recientemente inauguré el Premio Sunhak de la Paz en honor a las personas y
organizaciones que se han dedicado a servir al bienestar de los demás y las generaciones futuras. El
primer premio Sunhak de la Paz se presentó en agosto de 2015, y el segundo premio será otorgado
en febrero de 2017.
Cuando hablé en las Naciones Unidas en Viena en mayo del año pasado, 2015, hice un llamado
para un despertar espiritual. Los estados miembros de las Naciones Unidas no deberían limitarse a
seguir sus intereses nacionales. Cada Estado miembro debe tratar de servir al propósito de la
mayoría, el propósito más grande, mirando más allá del interés nacional. Cuando observamos el
mundo desde el punto de vista de Dios, vemos el mundo desde una perspectiva más amplia. No
importa cual sea nuestro campo de acción: religioso, parlamentario o profesor, debemos estar
comprometidos y guiados por los principios morales y espirituales universales. Ya sea que seamos

el alcalde de una pequeña ciudad, el pastor de una pequeña iglesia, el presidente de una nación o el
secretario general de la ONU, esta es nuestra responsabilidad eterna. Esta es la responsabilidad de
cada parlamentario reunido hoy aquí.
En el año 2ooo, mi marido y yo hablamos en las Naciones Unidas en Nueva York, pidiendo a las
Naciones Unidas y los Estados Miembros que consideren una propuesta innovadora; a saber, que las
Naciones Unidas establezcan dentro de su sistema un consejo interreligioso que conste de
religiosos, líderes espirituales y morales que pudieran asesorar, colaborar y deliberar con los
representantes de los estados miembros. Un consejo de este tipo podría servir como la voz de los
valores y principios universales.
La ONU surgió en la época de la Segunda Guerra Mundial, hace más de 7o años. Considerando
que existen oficinas de la Sede de la ONU en Nueva York, Ginebra, Viena y Nairobi, no hay una
oficina en Asia, a pesar de que estamos viviendo en una época cada vez más de Asia Pacífico. En
muchos sentidos, el centro de gravedad geopolítico, económico y social de nuestro mundo se está
desplazando hacia Asia. Con esto en mente, la UPF y otras organizaciones afiliadas de nuestro
movimiento abogan por la consideración de una quinta oficina de las Naciones Unidas a
establecerse en Corea.
Espero que reflexionen sobre esta propuesta. Creo que una quinta oficina de las Naciones Unidas
en la península de Corea, tal vez en la zona desmilitarizada, con el apoyo de las dos Coreas, recorra
un largo camino hacia el establecimiento de la paz en esta península y hacia la paz en la región de
Asia Pacífico.
Para terminar, quiero hacer hincapié en la importancia del papel de los parlamentarios. Ustedes
representan a las personas. Se les ha confiado una gran responsabilidad en nombre del pueblo. Si los
parlamentarios del mundo se unen en armonía y cooperación por el bien de la paz, entonces
podremos transformar la realidad actual de nuestro mundo, la creación de un mundo de alegría,
armonía y paz duradera. Con esto en mente, los animo, en este día, a formar la Asociación
Internacional de Parlamentarios por la Paz, centrada en el principio de vivir por el bien de los
demás, y centrado en Dios, nuestro Padre Celestial. Ustedes son los representantes de los 7 mil
millones de personas del mundo. Si se unen de esta manera, no hay nada que no podamos lograr.
Trabajemos juntos para crear un mundo de paz duradera.
Gracias por permitirme compartir estas palabras con ustedes hoy. Que Dios los bendiga a cada uno
de ustedes, a sus familias y a su nación.
Traducción al español:
Ricardo Gómez
Argentina