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LA SOCIEDAD EXCLUYENTE La Argentina bajo el signo del neoliberalismo Maristella Svampa hizaciones no gubernamentales y movimlenton «am deben ser desarticulaci6n de los sistemas productivos locales, sun si esto se ha realizado en favor del desarrollo de formas organizacio- rales con escasas relaciones con el contexto local (entre las cua- les se incluyen Tos pools de siembra y los fondos de inversién). Como aparece citado en el trabajo de Eduardo Trigo et al. (2002, p.99): segiin un estudio de Manuel Mora y Araujo, entre 1992 y 1009, el ntimero de explotaciones se redujo un 32%, de 176.000 116,000, con un ineremento en la superficie media, que pas6 ce 243 a 357 hectireas, Asimismo, las técnicas de siembra directa han disminuido entre un 28 y un 37% el uso de mano de obra (ceR:2003), lo cual gener no sélo una poblacién de supuestos “rentistas", sino también un fuerte éxodo 0 desplazamientos vo- luntarios det campo. A esto hay que aiadir, como hemos consig- mado en otro capitulo, la ola de desalojos en ciertas provincias si- tuadas en la llamada “nueva frontera agricola” (las areas marginales), como Santiago del Estero y Salta, entre los casos ids Conocidos. En esas regiones, el aumento de la rentabilidad nel cultivo de transgénicos parece ir de la mano del avance de ladeforestacién y la tendencia al monocultivo intensivo, con el consiguiente peligro en términos de degradacién de la biodi- versidad. Asimismo, no hay que olvidar que el control de 10s lla- mados “paquetes agrotecnolégicos” estd en manos de unas po- cas empresas multinacionales. Por tiltimo, los datos acercade laconcentracién de la produccién son mas que elocuenttes: asf, en la Argentina, tan s6lo cinco grandes compaitias exportan el 78% del trigo, 79% del maiz, 71% de harina de soja, 95% de aceite de soja y 99% de girasol (Pengue:2004). En restimen, es demasiado pronto para establecer cudn fuertes o vulnerables son los diferentes actores presentes en la nueva trama productiva; sin embargo, no es menos cierto que 1b expansién del modelo —y su alta rentabilidad actual— esta estrechamente vinculada con cuestiones de orden coyuntural (entre otras, los precios favorables en el mercado interpacio- nal). En los proximos afios habré que ver qué dindmicas se estar blecen entre los distintos actores econémicas y qué rol asume el jar un nuevo saldo de (pocos) rosos) perdedores. LAS MARCAS DEL MIMETISMO CULTURAL, igunos elementos que den cuenta de las trans: 1s culturales de los sectores dominantes, en especial, iertos cambios ligados a las fracciones mas tradicionales de la c. No son tos vinicos ni son, quizd, los aspectos mas relevan- argo, son los que, por distintas razones, se hicieron tes, jologia. 's dominantes argentinos se han caracterizado por el lo de una sociabilicad de tipo comunitario, En realidad, que suscriben un discurso individualista, centrado en la petencia, las clases dominantes —como afirman Monique y 1 Pinon (2000)—, se han caracterizado por desarrollar ‘ctivismo prictico”: pricticas y estrategias sociales enca- naclas a la conservaciGn de las posiciones y la reproduccién social dentro del espacio social. En la Argentina, desde los orf- cnes de la repablica moderna, dichas pricticas fueron definien- os diferentes circulos de pertenencia, que abarcaban los de- ortes “exclusives”, realizados colectivamente (como el polo y olf), los lugares de sociabilidad y “de encierro” que permi- la prictica del “ostracismo social” (los clubes selectos, como. ey Club, Club del Progreso; mas adelante, ciertos coun- como el Tortugas), en fin, que incluian también Ja elec- On de las instituciones educativas, esto es, las escuelas d ”. El eorolario inevitable de este estilo de vida seria, sin duda, te. tuna sociabilidad homogénea, intensa, de caricter mundano, comigidad © les, (e oligrquica encontré un limite tangible "soci mente abierto” (Sabato:1988) de la sociedad argenti pese a que la novela del siglo XIX, desde Miguel Cané a Eugenio Cambaceres, se encargaria de mostrar las consecuencias “dege- nerativas” de este fenémeno (el “arribismo” de los inmigran- tes), el caracter aluvional de la sociedad argentina impedia tal xrre, lo cual no tardaria en manifestarse en Ia composicién misma de la elite, nutrida de nuevos Ticos, muchos de ellos de sonoros apellidos inmigrantes. Aun asi, durante mucho tiem- po, la elite logré conservar Ia exclusividad de ciertos espacios de sociabilidad, dosificando la entrada de nuevos ricos. ‘Ahora bien, en el marco de los nuevos procesos de articula- cidn entre lo local yo global, ¢! establecimiento de una alianza con cl peronismo triunfante produjo en las elites argentinas, tradicionalmente liberales y profundamente antiperonistas, una importante recomposicién. Desde el punto de vista politico y cultural, lo mis notorio de los 90 es que las clases altas forta- lecieron su seguridad ontoligica, esto €s, su confianza de clase, al encontrar én su adversario historico, el peronismo, un ines- perado aliado. Al mismo tiempo, este encuentro con el peronis- mo se dio en un contexto de modernizacién de la elite y de gene- racién de nuevos espacios de sociabilidad, asociados al avance de la privatizacién de lo social. Asi, en un contexto de alta rentabilidad econémica y de fuerte afirmacién politica, [a elite tuvo, sin embargo, que resig- nar ciertos criterios de afirmacién del nivel social, para aceptar Ja entrada de “nuevos ricos", que el régimen menemista, del cual ella era socia fundamental, iba generando, Pero, contraria- mente a otros periodos sacudidos por grandes cambios, yen vir tud de la alianza de poder establecida, dicho pasaje estuvo mu- cho mas marcado por la busqueda por momentos euforica de fas afinidades, antes que por una arrogante afirmacton de lasdife- rencias, como habia sucedido en otras épocas. El resultado de esta experiencia fue una suerte de ampliacién de tos espacios de sociabilidad y socializaci6n, que posibilitaron el contacto y vinculacién con la clase politica y los “nuevos ricos” emergentes. 718 ‘xhibicionismo mas desenfrenado. anpranamente, en 1989, la empresaria Amalia Lacro: bal, quien seria nombrada embajadora itinerant dh nenemismo, afirmaba: “Ahora todos los de la clase ali samios peronistas” (citado en Mirta Palomino:2003), Hasta la SP Rural Argentina, cuyo peso gravitacional en la economia, na era cada vez menor, se incorporarfa al clima de fiesta y trivolidad que atraves6 la época, resignando gran parte del con- irismo que, junto con el liberalismo ¥ el antiperonismo tc, habjanse constituido en tos pilares de su identidad we. Ademis, los gestos del menemismo para con los secto- radicionales de la elite fueron ostensibles, abarcando desde iscurso de la conciliacién (el abrazo con e] almirante Isaac s) hasta el reconocimiento de las reivindicaciones de la ska, idas la liberacisn de controles y precios, la supresin del im- io de Palermo a svociacién, para el conjunto de sus miembros resultaba claro que se hallaban frente a un gobierno al cual efectivamente “no po- no apoyar” (Heredia:2003) E] producto fue asi lo que Silvina Walger denominé en su 1ro Pizza con champin, publicado en 1994, una “cultura del nsformismo”, a saber, un estilo de vida mareado por el con- mo ostentoso, la frivolidad, los gestos excesivos, que abraz6 el unto de la clase dominante argentina, en el cual coincidieron slo empresarios exitosos y representantes de la clase politi- ino también gran parte de la elite mds tradicional in embargo, es necesario destacar una diferencia esencial que se retiere a la transformacién cultural de la clase poli- peronista y la de fas fracciones mas tradicionales de los secto- res dominantes, Para una parte de la clase politica, esta reconfi- .cién cultural supuso un gran quiebre ideol6gico, a partir del abandono del ideario tradicionalmente peronista y la con- versidn al neoliberalismo. No pocos de ellos, hasta ayer irreve- on