Rediseñando la web: Construcciones en Red y Constructores de Redes

Por Julieta Colacito

¿Qué tienen en común las herramientas de la llamada web 2.0, el proyecto Creative Commons y la ética hacker? Para comenzar, las tres son configuraciones de arquitectura de la red que tienen consecuencias innovadoras tanto dentro como fuera de ella. Estos fenómenos se incluyen en una propuesta que sirve como contrapunto a las visiones más apocalípticas sobre la concentración de la información y el conocimiento en pocas y muy poderosas manos. Estas variantes, que en cambio son una serie de prácticas y de formas de pensar la web basadas en la generación cooperativa de conocimiento, el intercambio par a par y la redefinición de las licencias de propiedad intelectual, se presentarían como equilibrio o como alternativa de aquella otra tendencia. Las herramientas de la denominada web 2.0 son, probablemente, las más visibles para el usuario “común” de internet: Wikipedia, los blogs, los Flash Mobs, los modelos de intercambio de información para-par (como Napster, Emule, Kazaa, Gnutella, entre otros), etc. Se trata de instrumentos de uso sencillo, gratuitas, con las que miles de no expertos pueden publicar sus opiniones, criticar las de otros, intercambiar información y compartir conocimiento de manera eficaz en la web. Lawrence Lessig es un abogado norteamericano que considera que debería repensarse la legislación tradicional sobre derechos de autor y propiedad intelectual, en vista de la lógica de las nuevas tecnologías, tanto como del interés de los grandes grupos económicos de la industria cultural de no perder poder a manos de ellas. Es uno de los impulsores del proyecto Creative Commons -“comunes creativos”-, una alternativa que se propone liberar a las creaciones del corsé del copyright, mediante licencias que permitan al autor decidir qué usos quiere que hagan los demás con sus obras. En esta misma línea trabaja el filósofo Pekka Himanen cuando describe la lógica de la ética hacker: una comunidad donde se genera conocimiento y se trabaja cooperativamente para perfeccionar proyectos, por el placer de hacerlo, junto a iguales. Este modelo de desarrollo del saber se apoya en una estructura sin jerarquías donde el material de cada participante queda sometido al juicio y al mejoramiento por parte de los demás miembros de la comunidad.

Todo esto bajo la filosofía de que la innovación y la creatividad son bienes comunes, que no deben ser coartadas por los intereses de algunos grupos. ¿Qué tiene de nuevo todo esto? El término que designa al proyecto de los “comunes creativos” remite no casualmente a los common lands inglesas. Los sistemas de intercambio de archivos (p2p) y de elaboraciones en colectividad se reapropian de las arquitecturas de participación que dieron lugar al surgimiento de internet. Las ciencias vienen utilizando el método de desarrollo de conocimientos que propone Himanen porque ha resultado ser el más eficaz. Y aquí, a su vez se recupera la tradición del modelo académico abierto para reconfigurarlo como Academia Red. Es interesante resaltar, entonces, que todas estas innovaciones en las formas de pensar y de utilizar la web son, paradójicamente, una vuelta a los orígenes. El filósofo alemán Boris Groys1 considera una cuestión relevante acerca de lo nuevo, que se aplica muy bien a estos casos. Dice que privilegiar algo antiguo sobre lo nuevo – o reformularlo, como en estos ejemplos- es un gesto que se inscribe en la única exigencia de la modernidad: la imposibilidad de escapar de lo nuevo. Lo nuevo aquí se trata de una adaptación negativa a las leyes que regían la dinámica de la internet comercial de los últimos tiempos (la relación lineal usuario / servidor es reemplazada por la novedad que es la distribución de la información par –a –par). Se le otorga valor a un fenómeno que recupera una tradición antigua, y en ese movimiento, se construye algo nuevo, disruptivo con el paradigma dominante del momento y que, en consecuencia, se presenta como un hecho innovador. ¿Qué significan las redes? Finalmente, todos los fenómenos de los que dimos cuenta son atravesados por el concepto de redes, en más de una acepción del término. En un primer nivel, se puede comprender a la red como modelo de intercambio, producción y consumo de conocimiento e información, de manera no centralizada, voluntaria y no jerárquica; una estructura de nodos equilibrados que están en permanente crecimiento e interacción. En otro nivel, estas disposiciones se deben comprender como redes en el sentido que desarrolla Bruno Latour2: híbridos de naturaleza y cultura, de tecnología y política, de importancia simbólica y social. Los acontecimientos del tipo de la web 2.0, o las bases de las propuestas de autores como Lessig o Himanen (que involucran leyes,
1

Groys, Boris “Introducción”, “Lo Nuevo, entre el pasado y el futuro”, “Lo nuevo no es simplemente lo otro”. En Sobre lo nuevo. Ensayo de una economía cultural. Valencia, Pretextos, 2005. 2 Latour, Bruno “Crisis” y “Constitución”, Caps 1 y 2 en Nunca fuimos modernos. Buenos Aires, Siglo XXI, 2004.

democracia, tecnología, conocimiento, poder) son excelentes ejemplos de colectivos de tecnología, cultura y sociedad. Categorías, que como desarrolla este autor, fueron forzadas a pensarse por los modernos en compartimentos separados, pero que conforman un tejido sin costuras, en el que es imposible – e inútil- dar cuenta de sus límites. El poder y el conocimiento (la política y la ciencia) que los modernos estructuraban en ámbitos separados, vuelven a surgir como indivisibles en estos ejemplos. Es que la importancia de los acontecimientos tecno – sociales de los que se dieron cuenta en estas líneas se halla, sin duda en su concepción como híbridos de política y tecnología. Por un lado nos acercan a la alternativa de equilibrio y mejoramiento frente a la creciente concentración de tecnología, acceso a los recursos y conocimiento en el mundo digital: “(…) son necesarias para permitir que la innovación progrese sin el permiso de personas interesadas que buscarían restringir la vía de la innovación de forma que esta se ajustase a sus propios planes de negocio en lo que se refiere al futuro de la tecnología”3. Por otro lado, los más optimistas incluso plantean su extensión más allá de la matriz tecnológica que posibilita su existencia, como modelos sociales de distribución y acceso a los recursos que, aún más idílicamente pudieran tener su correlato en la vida de aquellos que son afectados por estos cambios pero que aún están demasiado lejos de protagonizarlos.

3

Benkler, Yochai, citando a Lawrence Lessig en La economía política del procomún (http://biblioweb.sindominio.net/telematica/yochai.pdf)