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Libre como en Libertad

(Free as in Freedom)
La cruzada de Richard Stallman en pos del Software libre.

Sam Williams
Alicia Sáenz de la Calzada Zuloaga
Jaime Freire Sáenz de la Calzada

11 de septiembre de 2006
ii
Prólogo

El trabajo de Richard M. Stallman habla, literalmente, por sı́ mismo. El


código fuente documentado, los textos que ha publicado o sus conferencias
grabadas; pocas personas han demostrado tanta buena voluntad arriesgando
sus ideas y trabajo. Tanta franqueza, si se me permite un momentáneo
adjetivo contrario a Stallman, resulta refrescante. Después de todo, vivimos
en una sociedad que considera a la información, especialmente a la de tipo
personal, como un artı́culo de consumo. La pregunta surge rápidamente:
¿Por qué querrı́a alguien enajenar tanta información sin aparentemente pedir
nada a cambio? Como veremos en capı́tulos posteriores, Stallman no enajena
sus palabras o su trabajo de manera altruista. Cada programa, discurso
u ocurrencia grabados trae consigo una retribución, aunque no el tipo de
retribución que la mayorı́a de la gente está acostumbrada a pagar. Avoco a
esto no como a una alerta, sino como a una introducción. Una persona que ha
pasado los ultimos años investigando en la historia personal de Stallman, es
más que una pequeña intentona de desprestigiar la obra de Stallman. Nunca
comiences una pelea contra un hombre que compra su tinta por barriles
referido a una disputa entre editores de periódicos norteamericanos, dice el
refrán de Mark Twain. En el caso de Stallman, nunca intentes realizar la
biografı́a definitiva de un hombre que confı́a cada una de sus ideas al dominio
público.
Para los lectores que han decidido confiar unas pocas horas de su tiempo
a explorar este libro, les puedo asegurar que aquı́ hay hechos y dichos que uno
no puede encontrar en ninguna historia de Slashdot o búsqueda de Google.
Acceder a estos hechos entraña en todo caso el pagar un precio. En el caso de
la versión en libro, puedes pagarlo usando los métodos tradicionales, es decir,
comprando el libro. En el caso de la edición electrónica, puedes pagarlo al
estilo del software libre. Gracias a la gente de O’Reilly y asociados, este libro
se distribuye bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU,
entendiéndose que uno puede ayudar a mejorar el trabajo o crear una versión
personalizada y lanzar esa versión con la misma licencia. Si está leyendo
una versión electrónica y prefiere acogerse a la segunda opción de pagar, es
decir, si quiere mejorar o difundir este libro para lectores futuros, agradezco
su inversión. Comenzando en junio de 2002, publicaré la versión HTML
en crudo del libro en la página Web, Faizfilla. Mi objetivo es actualizarlo

iii
iv PRÓLOGO

regularmente y extender ası́ la historia de ’Libre como en Libertad’ según


los acontecimientos lo vayan justificando. Si elige la segunda opción, por
favor, revise el Apéndice C del libro. Contiene una copia de sus derechos
bajo la licencia de documentación libre GNU (GFDL). Para aquellos que
sólo desean sentarse y leer, on-line o de otro modo, considero su intención
otra forma igualmente valiosa de retribución. No se sorprenda, si también
se encuentra buscando otros modos de recompensar la buena voluntad que
hizo posible este trabajo.
Una consideración final: este es un libro de periodismo, pero también un
trabajo de documentación técnica. En el proceso de escribir y editar el libro,
los editores y yo mismo hemos ponderado los comentarios y observaciones
objetivas de varios participantes en la historia, incluyendo los del propio
Richard Stallman. Nos damos cuenta de que hay muchos detalles técnicos
en esta historia que se pueden beneficiar de aclaraciones o de mayor infor-
mación. Como este libro está publicado bajo la licencia GFLD, aceptamos
correcciones tal y como lo harı́amos con cualquier programa de software li-
bre. Los cambios aceptados se publicarán electrónicamente y se incorporarán
finalmente a futuras versiones impresas de este trabajo. Si deseare contribuir
a la futura mejora de este libro, puede contactar conmigo en: sam@inow.com
Comentarios y Preguntas Por favor, envı́en comentarios y preguntas
sobre el libro al editor: O’Reilly & Associates, Inc
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Hay una página Web para este libro, que muestra erratas, ejemplos e
información adicional. La Web también incluye un enlace a un forum donde
puedes conversar sobre el libro con el autor y otros lectores. Puedes acceder
a esta página en:
http://www.oreilly.com/catalog/freedom/
Para comentar o preguntar cuestiones técnicas sobre el libro, envı́e un
email a:
bookquestions@oreilly.com
Para más información sobre libros, conferencias, centros de información
y la red O’Reilly, consulte la página Web en: http://www.oreilly.com
v

Agradecimientos
Gracias de manera especial a Henning Gutmann, por colaborar con es-
te libro. Gracias de manera especial a Aaron Oas por sugerir la idea de
Tracy en primer lugar. Gracias a Laurie Petrycki, Jeffrey Holcomb, y tods
los demás en óReilly & Associates. Gracias a Tim O’Reilly por respaldar
este libro. Gracias a todos los revisores del primer boceto: Bruce Pernees,
Eric Taymond, Eric Allman, Jon Orwant, Julie y Gerald Jay Sussman, Hal
Abelson y Guy Steele.
Espero que disfruten esta versión sin tipos. Gracias a Alice Lippman
por las entrevistas, galletas y fotografı́as. Gracias a mi familia, Steve, Jane,
Tish y Dave. Y finalmente, por último pero no menos importante, gracias a
Richard Stallman por tener las agallas de ’mostrarnos el código’.
vi PRÓLOGO
Indice

Prólogo III

1. Por una impresora 1

2. 2001: Una odisea Hacker 11

3. Retrato de un joven hacker. 21

vii
viii INDICE
Capı́tulo 1

Por una impresora

Temo a los griegos. Incluso cuando traen regalos. [1]


La nueva impresora estaba atascada, otra vez. Richard M. Stallman, un
programador de software empleado en el laboratorio de inteligencia artificial
del instituto de tecnologı́a de Massachussets, descubrió el error por las malas.
Una hora después de haber enviado un fichero de 50 páginas a la impresora
láser de la oficina, Stallman, de 27 años, abandonó una productiva sesión de
trabajo para recuperar sus documentos. Al llegar, descubrió únicamente 4
páginas en la bandeja de la impresora. Para empeorar las cosas, las cuatro
páginas pertenecı́an a otro usuario; esto significaba que el trabajo de impre-
sión de Stallman y la parte final inacabada del envı́o de otro usuario estaban
aún atrapadas en algún lugar dentro del cableado de la red de ordenadores
del laboratorio.
Esperar por las máquinas es una tarea que debes realizar de cuando
en cuando, si eres programador de software, ası́ que Stallman le añadió un
poco de escepticismo a su frustración. Pero la diferencia entre esperar por
una máquina y esperar a una máquina es grande. No era la primera vez que
se habı́a visto forzado a permanecer de pie al lado de la impresora, viendo
las páginas salir impresas una a una. Siendo una persona que se pasaba el
grueso de sus dı́as y noches mejorando la eficiencia de las computadoras y
los programas software que las controlaban, Stallman sintió una necesidad
natural de abrir la máquina, mirar sus entresijos y encontrar la raı́z del
problema.
Desafortunadamente, las habilidades de Stallman como programador no
se extendı́an al dominio de la ingenierı́a mecánica. Según empezaron a fluir
nuevos documentos recientemente imprimidos de la impresora, Stallman tu-
vo la oportunidad de reflexionar sobre otros modos de evitar el problema
del atasco de papel.
¿Hacı́a cuánto tiempo habı́an recibido (con los brazos abiertos) los em-
pleados miembros del laboratorio de IA a la nueva impresora? Pensó Stall-
man. La máquina habı́a sido una donación de la compañı́a Xerox. Un pro-

1
2 CAPÍTULO 1. POR UNA IMPRESORA

totipo de última tecnologı́a, era la versión modificada de la popular foto-


copiadora de Xerox. Sólo que en lugar de realizar copias, se ayudaba de
información electrónica canalizada a través de una red de ordenadores para
convertir esos datos en documentos de aspecto profesional. Creada por los
ingenieros del mundialmente famoso Centro de Investigación de Xerox en
Palo Alto, era simplemente, un pequeño avance de la revolución de las im-
presoras de escritorio que se apoderarı́a de la industria de la computación a
finales de la década.
Conducidos por una necesidad instintiva de jugar con el equipamiento
más puntero, los programadores en el laboratorio de IA, integraron la nueva
máquina en la sofisticada infraestructura de computación del laboratorio.
Los resultados habı́an sido inmediatamente alentadores. Contrariamente a
la vieja impresora del laboratorio, la nueva máquina de Xerox era rápida. Las
páginas salı́an a una velocidad de una por segundo, convirtiendo un trabajo
de impresión de veinte minutos en otro de sólo dos. La nueva máquina era
también más precisa. Los cı́rculos salı́an como cı́rculos, no como óvalos. Las
lı́neas rectas salı́an como lı́neas rectas, no como ondas sinusoidales de baja
amplitud.
Era, a todas luces, un regalo demasiado bueno para rechazarse.
No fue hasta unas semanas después de su llegada que los fallos de la
máquina comenzaron a mostrarse. De todos ellos, el peor era su inheren-
te facilidad para los atascos de papel. Los programadores, con mentalidad
de ingeniero, rápidamente entendieron el motivo del fallo. Al tratarse de
una fotocopiadora, la máquina generalmente requerı́a la supervisión directa
de un operador humano. Esperando que estos operadores humanos siempre
estarı́an a mano para arreglar un atasco de papel si éste ocurriese, los in-
genieros de Xerox habı́an dedicado su tiempo y energı́as a eliminar otros
incómodos problemas. Hablando en términos de ingenierı́a, la diligencia del
usuario se implementó en el sistema.
Al modificar la máquina para su utilización como impresora, los inge-
nieros de Xerox habı́an cambiado la relación usuario-máquina de un modo
sutil pero profundo. En lugar de subordinar la máquina a un único operador
humano, la hicieron subordinada a una entera red de operadores humanos.
En lugar de permanecer de pie al lado de la máquina, un usuario humano en
un extremo de la red, enviaba su orden de imprimir a través de una cadena
cooperativa de ordenadores, esperando que el contenido deseado llegase al
destino de manera correcta. Hasta que se iba a por el resultado final, uno
no se daba cuenta de lo poco que realmente se habı́a impreso.
El mismo Stallman habı́a sido de los primeros en identificar el problema
y en sugerir un remedio. Años antes, cuando el laboratorio aún utilizaba su
vieja impresora, Stallman habı́a solucionado un problema similar modifican-
do el programa software que regulaba la impresora en la máquina PDP-11 del
laboratorio. Stallman no pudo eliminar los atascos de papel, pero insertó un
comando software que hacı́a que la PDP-11 comprobase la impresora pe-
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riódicamente e informase de nuevo a la computadora central PDP-10 del


laboratorio. Para asegurar que la negligencia de un usuario no atascase toda
una cola de trabajos de impresión, Stallman también insertó un coman-
do que hacı́a que la PDP-10 notificase a cada usuario con algún trabajo
pendiente en la cola de impresión de que la impresora estaba atascada. El
mensaje era simple, algo en la lı́nea de ’La impresora está atascada, por
favor arréglenla’, al dirigirse a la gente con la necesidad más fehaciente de
arreglar el problema, las posibilidades eran mayores de que el problema se
arreglase a tiempo.
Al tiempo que se realizaban modificaciones, la de Stallman resultó ser
sutil a la par que elegante. No reparó el carácter mecánico del problema,
pero realizó la segunda mejor opción al cerrar el bucle de información en-
tre usuario y máquina. Gracias a otras pocas lı́neas adicionales de código,
los empleados del laboratorio de IA pudieron eliminar los 10 o 15 minutos
malgastados cada semana en andar de un lado para otro para comprobar
la impresora. En términos de programación, la reparación de Stallman se
aprovechó de la inteligencia ampliada del conjunto de la red.
’Si recibı́as este mensaje, no podı́as asumir que alguien más lo arregları́a’,
dice Stallman, recordando la lógica. ’Tenı́as que ir a la impresora. Un minuto
o dos después de que la impresora dejaba de funcionar, dos o tres personas
de las que habı́ar recibido mensajes, llegaban para arreglar el problema. De
esas dos o tres personas, habitualmente al menos una de ellas sabrı́a cómo
arreglar el problema.
Este tipo de reparaciones inteligentes eran marca de la casa en el la-
boratorio de IA y su población de programadores. En efecto, los mejores
programadores en el laboratorio de IA esquivaban el término ’programa-
dor’, prefiriendo el de ’hacker’ perteneciente a la jerga ocupacional. El tı́tulo
cubrı́a una seria de actividades, cualquier cosa desde el gusto por la creati-
vidad a la mejora de software y sistemas de computación ya existentes. De
manera implı́cita con ese tı́tulo, de todos modos, venı́a la atrasada noción
de ingenuidad Yanki (connotación negativa). Para ser un hacker, uno debı́a
aceptar la filosofı́a de que escribir un programa software era sólo el comienzo.
Mejorarlo era la verdadera prueba de sus habilidades.
Esta filosofı́a era el motivo principal por el que compañı́as como Xerox
convirtieron en una polı́tica el donar sus máquinas y nuevos programas sof-
tware a lugares con habitual presencia de hackers. Si los hackers mejoraban
el software, las compañı́as cosecharı́an las mejoras, incorporándolas en futu-
ras versiones para el mercado de consumidores. En términos corporativos,
los hackers eran una comunidad de influencia activa, una división auxiliar
de investigación y desarrollo disponible a un coste mı́nimo.
Gracias a esta filosofı́a de dar y recibir, cuando Stallman descubrió el
defecto del atasco de papel en la impresora láser de Xerox, no se alarmó.
Simplemente buscó otra forma de actualizar el antiguo apaño o hackear el
nuevo sistema. Sin embargo, en el transcurso de la consulta del software de
4 CAPÍTULO 1. POR UNA IMPRESORA

la impresora láser de Xerox, Stallman hizo un descubrimiento problemático.


La impresora no tenı́a software, al menos nada que Stallman o un com-
pañero programador pudiera leer. Hasta entonces, la mayorı́a de las com-
pañı́as habı́an convertido en una forma de cortesı́a el revelar los archivos de
código fuente que documentaban los comandos de software que instruı́an a
una máquina sobre lo que debı́a hacer. Xerox, en este caso, habı́a provisto
esos archivos en forma precompilada o binaria. Los programadores eran li-
bres de consultar esos archivos si lo deseaban, pero a no ser que se fuese un
experto en descifrar una cadena infinita de unos y ceros, el texto resultante
era un galimatı́as.
Aunque Stallman sabı́a bastante sobre ordenadores, no era un experto
en traducir archivos binarios. De todas maneras, como hacker, tenı́a otros
recursos a su disposición. La noción de compartir información era tan impor-
tante para la cultura hacker que Stallman sabı́a que sólo hacı́a falta tiempo
para que algún hacker en algún laboratorio universitario o centro de cálculo
de alguna compañı́a ofreciera una versión del código fuente de la impresora
láser.
Después de los primeros atascos de papel, Stallman se consoló recordando
la situación similar, años atrás. El laboratorio habı́a necesitado un programa
distribuido para hacer que la PDP-11 se comunicase de manera más eficiente
con la PDP-10. Los hackers del laboratorio estaban más que en ello, pero
Stallman, un alumno de Harvard, recordó un programa similar escrito por
programadores del departamento de informática de Harvard. El laboratorio
de computadores de Harvard usaba el mismo modelo de computador, el
PDP-10, aunque con un sistema operativo diferente. La computadora del
laboratorio de Harvard también seguı́a la polı́tica de requerir que todos los
programas instalados en la PDP-10 tenı́an que venir con archivos con el
código fuente publicado.
Valiéndose de su acceso al laboratorio de computación de Harvard, Sta-
llman se introdujo en él, hizo una copia del código fuente para computación
distribuida, y lo trajo de vuelta al laboratorio de IA. Entonces reescribió el
código fuente para hacerlo más apropiado para el sistema operativo del la-
boratorio de IA.
Sin mayor problema, el laboratorio de IA arregló un fallo importante en
su infraestructura software. Stallman incluso añadió nuevas caracterı́sticas
que no se encontraban en el programa original de Harvard, haciéndolo incluso
más útil. ’Acabamos utilizándolo durante bastantes años’, dice Stallman.
Desde la perspectiva de un programador de la era de los 70, la transac-
ción era el equivalente software a un vecino deteniéndose a pedir un poco
de azúcar o una herramienta a un vecino. La única diferencia era que to-
mando prestada una copia de software para el laboratorio de IA, Stallman
no habı́a hecho nada que privase a los hackers de Harvard de la utilización
del programa original. Si acaso ellos ganaron en el proceso, porque Stallman
habı́a introducido sus propias funcionalidades al programa, funcionalidades
5

que dichos hackers eran perfectamente libres de tomar de vuelta. Aunque


nunca llegó nadie de Harvard a pedir una copia del nuevo programa, Stall-
man recuerda a un programador de la empresa privada de ingenierı́a Bolt,
Beranek & Newman, tomando una copia y agregándole unas pocas carac-
terı́sticas adicionales, las cuáles Stallman finalmente reintegró al archivo de
código fuente del laboratorio de IA.
’Un programa se desarrolları́a como lo hace una ciudad’ dice Stallman,
recordando la infraestructura software del laboratorio de IA. ’Las partes se
sustituyen y reconstruyen. Se agregan nuevas cosas. Pero siempre puedes
mirar cierta parte y decir, Hmm, por el estilo, veo que esta parte fue escrita
en los primeros años 60, y esta parte a mediados de los 70’.
A través de este simple sistema de crecimiento intelectual, los hackers
del laboratorio de IA y otros sitios elaboraron creaciones robustas. En la
costa oeste, los cientı́ficos de computación en la Universidad de Berkeley,
trabajando en cooperación con unos pocos ingenieros de reconocido pres-
tigio de AT&T, habı́an construido un sistema operativo completo usando
este sistema llamado Unix, una representación de un sistema más antiguo y
respetable académicamente llamado Multics, el sistema software estaba dis-
ponible para cualquier programador que quisiera pagar por el coste de copiar
el programa en una cinta magnética y enviarlo. No todos los programado-
res participantes en esta cultura se describı́an a sı́ mismo como un hacker,
pero la mayorı́a compartı́an los sentimientos de Richard M. Stallman. Si un
programa o parche de software era lo suficientemente bueno para resolver
tus problemas, era lo suficientemente bueno para resolver los problemas de
cualquier otra persona. ¿Por qué no compartirlo por el simple deseo de buen
karma?
El hecho de que Xerox hubiera rechazado compartir sus ficheros de código
fuente parecı́a un mal menor al comienzo. A la hora de encontrar una copia
de los archivos de código fuente, Stallman dice que ni siquiera se molestó en
contactar con Xerox. ’Ya nos habı́an dado la impresora láser’, dice Stallman
’ ¿Por qué deberı́a molestarles pidiéndoles más?
Tras no encontrar los archivos de código fuente, sin embargo, Stallman
comenzó a mosquearse.
El año anterior, Stallman habı́a tenido una discusión con un estudiante
de doctorado de la Universidad Carnegie Mellon. El estudiante, Brian Reid,
era el autor de un útil programa de procesamiento de textos llamado Scri-
be. Uno de los primeros que daba al usuario el poder de definir fuentes y
estilos de escritura cuando se enviaba un documento a través de una red
de computadores, el programa era un precursor de HTML, la lengua franca
en la World Wide Web. En 1979, Reid tomó la decisión de vender Scri-
be a una compañı́a de software de la zona de Pittsburg llamada Unilogic.
Fue su proyecto de fin de doctorado; Reid dice que simplemente buscaba
una manera de descargar el programa en una serie de desarrolladores que
se esmerarı́an en mantenerlo fuera del dominio público. Para dulcificar el
6 CAPÍTULO 1. POR UNA IMPRESORA

tema, Reid también aceptó insertar un conjunto de funciones dependientes


del tiempo, ’bombas lógicas’ en el argot de la programación de software, que
desactivaban las versiones copiadas libremente del programa tras un periodo
expiración de 90 dı́as. Para evitar la protección, los usuarios pagaban a la
compañı́a de software, quien entonces les enviaba un código que desactivaba
la funcionalidad interna de la bomba lógica.
Para Reid, el trato era un chollo. Scribe no cayó bajo el dominio público
y Unilogic recuperó su inversión. Para Stallman era una traición de la ética
del programador, pura y llánamente. En lugar de honrar el concepto de com-
partir, Reid habı́a introducido una vı́a para que las compañı́as impusieran
a los programadores el pagar por acceder a la información.
Según transcurrı́an las semanas, y sus intentos de localizar el código de
la impresora láser de Xerox se daban de bruces contra la pared, Stallman
comenzó a sentir el mismo escenario de dinero-por-código en su propio tra-
bajo. Sin embargo, Antes de que pudiera hacer o decir nada al respecto
oyó buenas noticias de sus compañeros programadores. Se hablaba de que
un cientı́fico del departamento de informática de la universidad Carnegie
Mellon acababa de dejar su trabajo en el centro de investigación de Xerox
de Palo Alto. No sólo trabajaba dicho cientı́fico en la impresora láser en
cuestión, pero de acuerdo con los rumores, aún trabajaba en él como parte
de sus labores de investigación en Carnegie Mellon.
Desechando sus sospechas iniciales, Stallman tomó la firme decisión de
encontrar a la persona en cuestión durante su siguiente visita al campus de
Carnegie Mellon.
No debió esperar mucho. Carnegie Mellon también tenı́a un laborato-
rio que se especializaba en investigación en inteligencia artificial, y en unos
meses, Stallman tuvo una razón relacionada con su trabajo para visitar el
campus de Carnegie Mellon. Durante esa visita, se aseguró de pasar por el
departamento de informática. Los empleados del departamento le dirigie-
ron a la oficina del miembro de la universidad lı́der del proyecto de Xerox.
Cuando Stallman llegó a la oficina, encontró al profesor trabajando allı́.
La conversación fue cordial, aunque brusca, en términos de ingeniero a
ingeniero. Después de introducirse brevemente como un visitante del MIT,
Stallman pidió una copia del código fuente de la impresora láser para que pu-
diese portarlo a la PDP-11. Para su sorpresa, el profesor rechazó condecerle
esa petición.
’Me dijo que habı́a prometido no darme una copia’, dice Stallman.
La memoria es algo divertido. Veinte años después del hecho, el circuito
mental de Stallman se encuentra notoriamente vacı́o en ciertas partes. No
sólo no recuerda la razón motivadora del viaje o incluso la época del año
en la que lo realizó, tampoco recuerda al profesor o estudiante de doctorado
en el otro extremo de la conversación. De acuerdo a Reid, la persona que
más probablemente pudo haber recogido la petición de Stallman es Robert
Sproull, un antiguo investigador de Xerox PARC (Palo Alto Research Cen-
7

ter) y actual director de Sun Laboratorios, una división de investigación del


conglomerado de tecnologı́as informáticas que es Sun Microsystems. Duran-
te los 70, Sproull habı́a sido el principal desarrollador del software de la
impresora láser en cuestión mientras estaba en Xerox. Alrededor de 1980,
Sproull obtuvo una posición de profesor investigador en Carnegie Mellon,
donde continuó su trabajo con la impresora láser entre otros proyectos.
’El código que Stallman pedı́a era tecnologı́a punta que Sproull habı́a
escrito en el año anterior de ir a Carnegie Mellon, ’recuerda Reid. ’Sospecho
que Sproull habı́a estado menos de un mes en ese cargo antes de escuchar
esta petición’.
Cuando se le pregunta directamente sobre esto, sin embargo, Sproull no
aclara las cosas’. ’No puedo dar una respuesta objetiva’, escribe Sproull vı́a
correo electrónico. ’No tengo absolutamente ningún recuerdo del incidente’.
Con ambos participantes en esta breve conversación intentando recor-
dar detalles clave incluyendo si la conversación incluso se produjo, es difı́cil
calibrar la brusqueza de la negativa de Sproull, al menos como lo recuerda
Stallman. En alguna conferencia, Stallman ha hecho repetidas referencias
al incidente, pero no que la negativa de Sproull a entregar el código fuente
venı́a del acuerdo de no divulgación, un acuerdo contractual entre Sproull y
la compañı́a Xerox que le daba a Sproull o cualquier otro firmante, acceso
al código fuente de los programas a cambio de la promesa de mantenerlo en
secreto. Ahora es un objeto habitual de negocio en la industria del software,
el acuerdo de no divulgación (NDA /en inglés)/, era un desarrollo novedo-
so en aquél tiempo, un reflejo de ambos el valor comercial de la impresora
láser para Xerox y la información necesaria para hacerla funcionar’, recuerda
Reid. ’Hubiera sido de locos revelar el código fuente’.
Para Stallman, sin embargo, el NDA era algo más. Era la negativa por
parte de Xerox y Sproull o quien hubiera realizado la petición de ese código
fuente, a participar en un sistema que, hasta entonces, habı́a animado a los
programadores a considerar los programas como recursos comunales. Como
un campesino cuyo caño de irrigación de siglos de antigüedad de repente
se seca, Stallman habı́a seguido el caño hasta su origen únicamente para
encontrar una nueva presa hidroeléctrica con el logotipo de Xerox.
Para Stallman, el convencimiento de que Xerox habı́a obligado a un
compañero programador a participar en este recién inventado sistema de
secreto obligado, tomó un tiempo hasta cuajar. Al comienzo todo en lo que
podı́a concentrarse era el convencimiento personal de la negativa. Como
persona sin maña para los encuentros cara a cara, pasando a ver a un colega
sin avisar Stallman intentaba mostrar consideración. Ahora que su petición
habı́a sido rechazada, sintió el mayor de los bochornos. ’Estaba tan enfadado
que no podı́a encontrar un modo de expresarlo. Sólo me di la vuelta y me fui
sin otra palabra’ Recuerda Stallman. ’Puede que diese un portazo al salir,
¿quién sabe? Todo lo que recuerdo es querer salir de allı́.’
Veinte años después de esto, el enfado aún persiste, tanto que Stallman
8 CAPÍTULO 1. POR UNA IMPRESORA

ha elevado el acontecimiento a un importante punto de inflexión. Durante


los meses siguientes, un conjunto de acontecimientos que le sucederı́an al
propio Stallman y a la comunidad de hackers del laboratorio de IA hicieron
que treinta segundos de tensión en la lejana oficina de Carnegie Mellon se
tornaran triviales en comparación. A pesar de todo, cuando llega el mo-
mento de analizarr los acontecimientos que convirtieron a Stallman de un
hacker solitario, instintivamente suspicaz de una autoridad centralizada, en
un activista cruzado que aplicaba los tradicionales conceptos de libertad,
igualdad y fraternidad al mundo del desarrollo del desarrollo del software,
Stallman subraya el encuentro en Carnegie Mellon.
Me animó a pensar acerca de algo a lo que ya le habı́a dado vueltas’,
dice Stallman. ’Ya tenı́a la idea de que el software deberı́a ser compartid,
pero no estaba seguro de cómo abordar el tema. Mis ideas no estaban claras
ni organizadas hasta el punto en el que pudiera expresarlas de una manera
concisa al resto del mundo’.
Aunque acontecimientos anteriores habı́an hecho ya enfadar a Stallman,
él afirma que no fue hasta el encuentro en Carnegie Mellon cuando se dio
cuenta de que los acontecimientos comenzaban a penetrar en una cultura que
él siempre habı́a considerado sacrosanta. Como programador de élite en un
de las instituciones más elitistas a nivel mundial, Stallman no habı́a tenido
ningún problema en ignorar los compromisos y convenios de sus compañeros
programadores mientras estos no interfiriesen en su propio trabajo. Hasta la
llegada de la impresora láser de Xerox, Stallman se habı́a conformado con-
sultando las máquinas y programas que otros usuarios toleraban de manera
desdeñosa. En la rara ocasión en que tal programa entró en el laboratorio
de IA, cuando el laboratorio remplazó su venerable sistema operativo, in-
compatible y de tiempo compartido, con una variable comercial, el TOPS
20, por ejemplo, Stallman y sus colegas hackers habı́an tenido libertad para
reescribir rediseñar y renombrar el software de acuerdo a su gusto personal.
Ahora que la impresora láser habı́a comenzado a dar la nota en la red
del laboratorio, sin embargo, algo habı́a cambiado. En realidad, la máquina
funcionaba bien, exceptuando el ocasional atasco de papel, pero la habi-
lidad para realizar modificaciones de acuerdo con el gusto personal habı́a
desaparecido. Desde el punto de vista de la toda la industria de software, la
impresora era una llamada de atención. El software se habı́a convertido en
un activo de tanto valor, que las compañı́as ya no sienten la necesidad de
publicar el código fuente, especialmente cuando la publicación significa dar
a los competidores potenciales la oportunidad de duplicar algo a bajo precio.
Desde el punto de vista de Stallman, la impresora era un caballo de Tro-
ya. Una década después de software con fallos y protegido por el copyright
(los hackers usarı́an el término ’propietario’). El software habı́a ganado una
posición dentro del departamento de IA mediante el método más furtivo.
Habı́a venido disfrazado de regalo.
También era irritante el hecho de que Xerox habı́a ofrecido el acceso a
9

’regalos’ adicionales a cambio del secreto, pero Stallman se esmera en notar


que, si a él le hubieran ofrecido ese trato quid pro quo a una edad más joven,
puede que hubiera aceptado la oferta de Xerox. La desazón de la entrevista
de Carnegie Mellon, sin embargo, tuvo un efecto firme en la propia lasitud
moral de Stallman.
No sólo le dio el enfado necesario para ver desde ese momento los tratos
futuros con sospecha, sino que también le forzó a preguntar la incómoda
pregunta: ¿Y si un compañero hacker se dejase caer en la oficina de Stallman
y de repente Stallman tuviera que rechazar su petición de código fuente?
’Fue mi primer encuentro con un acuerdo de no divulgación, inmedia-
tamente me enseñó que los acuerdos de no divulgación producen vı́ctimas,
dice Stallman firmemente. ’En este caso yo era la vı́ctima. [Mi laboratorio y
yo] éramos las vı́ctimas’.
Fue una lección que Stallman llevarı́a consigo a través de los tumultuosos
años 80; una década durante la cuál muchos colegas suyos del MIT saldrı́an
del laboratorio de IA y firmarı́an sus propios NDA’s. Al tener la mayorı́a de
estos acuerdos, fechas de expiración, pocos hackers que firmasen este tipo
de acuerdos vio necesidad alguna de introspección personal. Más tarde o
más temprano, pensaban, el software pasarı́a a dominio público. Entretanto,
prometer mantener el secreto del software durante sus más tempranas etapas
de desarrollo era todo una parte del acuerdo de compromiso que les permitı́a
trabajar en los mejores proyectos. Sin embargo para Stallman era el primer
paso de un resbaladizo descenso.
Cuando alguien me invitaba a traicionar a mis colegas de ese modo,
recuerdo cuán enfadado estaba cuando otra persona habı́a hecho lo mismo
conmigo y con mi entero laboratorio’. Dice Stallman ’Ası́ que les decı́a,
muchas gracias por ofrecerme este buen paquete software, pero no puedo
aceptarlo en las condiciones que ustedes me solicitan, ası́ que me las voy a
apañar sin él’.
Como Stallman pronto aprenderı́a, rechazar este tipo de peticiones, com-
prometı́a más que únicamente sacrificio personal. Significaba disgregarse él
mismo de sus compañeros hackers, quienes aunque compartı́an la misma
aversión por el secreto, tendı́an a expresarlo de un modo más moralmente
flexible. No pasó mucho tiempo hasta que Stallman, cada vez más rechazado
incluso dentro del propio laboratorio de IA, comenzó a considerarse como
el ’último auténtico hacker’, aislándose más u más de un mercado domina-
do por el software propietario. Stallman decidió que rechazar la petición de
alguien del código fuente, era no sólo una traición de la misión cientı́fica
que habı́a alimentado el desarrollo del software desde el final de la segunda
guerra mundial, era una violación de la regla de oro, el dictado moral básico
de hacer a los demás lo que querrı́as que los demás te hicieran.
De ahı́ la importancia de la impresora láser y el encuentro que resultó de
ahı́. Sin él, Stallman dice, su vida pudiera haber seguido un camino más
ordinario, una que nivelase las riquezas de un programador comercial con
10 CAPÍTULO 1. POR UNA IMPRESORA

la frustración última de una vida escribiendo código software invisible. No


habrı́a habido sentido de claridad, ni urgencia en resolver un problema que
los demás no estuvieran tratando. Lo que es más importante, no habrı́a un
enfado justificado, una emoción que, como pronto veremos, ha propulsado
la carrera de Stallman de un modo tan seguro como lo pudiera haber hecho
una ideologı́a polı́tica o creencia ética.
’Desde ese dı́a en adelante, decidı́ que esto era algo en lo que nunca
podrı́a participar’, dice Stallman, aludiendo a la práctica de ceder la libertad
personal por la propia conveniencia. La descripción de Stallman del acuerdo
de no divulgación junto con la cultura global que le estimuló a sospechar de
la validez ética de ese tipo de acuerdos en un primer momento. ’Decidı́ no
convertir a otra gente en vı́ctimas tal y cómo yo lo habı́a sido’.
Capı́tulo 2

2001: Una odisea Hacker

El departamento de informática de la universidad de Nueva York se


encuentra en el interior del Hall Warren Weaver, un edificio similar a una
fortificación dos manzanas al este del parque Washington Square. Conductos
de ventilación de capacidad industrial crean una atmósfera de aire caliente
que desalienta a gamberros y demás. Los visitantes que rompen el mota
encuentran otra formidable barrera, un control de seguridad nada más entrar
por su única puerta de entrada.
Más allá del punto de control, la atmósfera se relaja de algún modo pero
aún aquı́ varios signos esparcidos a lo largo del primer piso advierten de los
peligros de puertas no securizadas y de salidas de incendios abiertas de la
manera adecuada. Si lo miras desde arriba, las señales te ofrecen una ad-
vertencia, incluso durante los relativamente relajados tiempos vividos antes
del 11 de septiembre en Nueva York, uno nunca puede volverse demasiado
suspicaz ni alerta.
Las señales ofrecen una contrapartida temática interesante al cada vez
mayor número de visitantes que se agolpan en el atrio del interior del salón.
Unos cuantos estudiantes con pinta ser de la universidad de Nueva York.
La mayorı́a llevan el pelo descuidado y parece que van a un concierto,
agolpándose a las afueras del auditorio esperando. Por un breve espacio
de tiempo, parece que la muchedumbre ha tomado el Hall Warren Weaver
dejando a los empleados de seguridad sin otra preocupación que ver a Ricky
Lake en televisión y encoger sus hombros en dirección al auditorio cada vez
que alguien le preguntaba por ’La charla’.
Una vez dentro del auditorio, el visitante encuentra a la persona que ha
motivado este cese temporal en las directives de seguridad del edificio. Esta
persona es Richard M. Stallman, fundador del proyecto GNU, presidente
fundador de la FSF (Fundación del Software Libre), ganador en 1990 de la
hermandad MacArthur, ganador del premio Murray Hopper por la asocia-
ción de maquinaria de computación Grace. Copremiado por la fundación
Takeda en 2001, premio Takeda, y antiguo hacker del laboratorio de Inte-

11
12 CAPÍTULO 2. 2001: UNA ODISEA HACKER

ligencia artificial. Como se ha comentado en varias webs relacionadas con


la cultura hacker, incluyendo la propia del proyecto GNU, Stallman está en
Manhattan, su Antigua ciudad, para ofrecer un discurso muy anticipado en
su pelea con la campaña de la compañı́a Microsoft en contra de la licencia
GPL (General Public License) GNU.
El tema de la charla de Stallman es la historia y futuro del movimiento
de software libre. El emplazamiento es significativo. Menos de un més antes,
el vicepresidente senior de Microsoft, Craig Mundie lanzó, desde la cercana
Escuela de negocios Stern, un discurso arremetiendo contra la GPL, un
artefacto legal concevido orginialmente por el propio Stallman 16 años antes.
Construido para actuar en contra de la creciente ola de software de código
cerrado que se hacı́a con la industria; una ola que Stallman intuyó ya en 1980
durante sus problemas con la impresora laser Xeros. La GPL ha evolucionado
para convertirse en la herramienta central de la comunidad del software libre.
De modo simple, la GPL encierra el software en un modo de propiedad
común que los entendidos llaman ’recursos digitales compartidos’, a través
del peso legal del copyright. Una vez asimilados, los programas no pueden
volver a ser propietarios. Las versiones subsiguientes deben llevar la misma
protección aunque no conserven más que una fracción del código original.
Por este motivo en la industria de software se ha dado en calificarla de
licencia ’vı́rica’ porque se difunde a través de todo el software que toca.
En una ’economı́a de la información’ cada vez más dependiente del sof-
tware y sometida a los estándares software, la GPL se ha convertido en el
gran palo proverbial. Hasta las compañı́as que al principio la ridiculizaban
llamándola ’socialismo software’ han acabado reconociendo sus beneficios.
Linux, el kernel de tipo Unix desarrollado por el estudiante universitario
finés Linux Torvalds en 1991, está licenciado GPL, como también lo están
muchas de las herramientas de programación más populares: GNU Emacs,
el depurador GNU (GDB), el compilador C GNU (GCC), etc. Juntas, estas
herramientas componen un sistema operativo desarrollado, criado y posei-
do por la comunidad hacker mundial. En lugar de ver a esta comunidad
como una amenaza, las compañı́as punteras como IBM, Hewlett Packard
(HP) y Sun Microsystems han acabado contando con ella, vendiendo pro-
gramas software y servicios hechos para funcionar sobre la cada vez mayor
infraestructura software.
También han acabado contando con ella como un arma estratégica en
la eterna guerra de la comunidad hacker contra Microsoft, la compañı́a de
Redmond que, para bien o para mal ha dominado el mercado del software
para PC’s desde final de los años 80. Como propietario del pouplar sistema
operativo Windows, Microsoft es quien más tiene que perder de producirse
un cambio a nivel global hacia la GPL. Casi cada linea de código fuente del
coloso Windows está protegida por copyrights, reafirmando la naturaleza
privada del código subyacente, o como poco reafirmando la habilidad legal
de Microsoft a tratarlo como tal. Desde el punto de vista de Microsoft,
13

el incorporar programas protegidos por la ’vı́rica’ GPL en Windows serı́a


el equivalente software a ver a Superman bebiéndose toda una botella de
pastillas de Kryptonita. Las compañı́as rivales podrı́an de repente copiar,
modificar y vender versiones mejoradas de Windows,
programs protected by the ’viral’ GPL into the Windows, volviendo al
momento vulnerable su posición indesbancable de primer proovedor de sof-
tware orientado al consumidor. De ahı́ la cada vez mayor preocupación de
la compañı́a por el grado de aceptación de la GPL y por el acercamiento del
’software libre’ al desarrollo de software y las ventas. Y de ahı́ la decisión de
Stallman de lanzar una refutación a esa charla en el mismo campos hoy.
20 años es un perı́odo largo en la industria software. Reflexiona un mo-
mento: En 1980, cuando Richard Stallman peleaba con el asunto de la im-
presora laser de Xerox, Microsoft, a quién hoy en dı́a los hackers ven como la
fuerza más poderosa en la industria software mundial, era aún un comienzo
llevado de forma privada. IBM, a quien los hackers veı́an como la fuerza
más poderosa en la industria software mundial, aún tenı́a que presentar su
primer computador personal, prendiendo la mecha del mercado actual de
pc’s de bajo coste. Muchas de las tecnologı́as que hoy damos por hechas, la
World Wide Web, la televisión por satélite o los juegos de consola de 32 bits
no existı́an aún. Lo mismo puede decirse de muchas de las compañı́as que
hoy llenan los primeros peldaños del ’establishment’ corporativo. Compañı́as
como AOL, Sun Microsystems, Amazon.com, Compaq, y Dell. La lista sigue
y sigue.
El hecho que el mercado de la alta tecnologı́a haya ido tan lejos en tan
poco tiempo es argumento de las dos caras del debate sobre la GPL. Quienes
están a favor apuntan al corto ciclo de vida de la mayorı́a de las platafor-
mas hardware. Al enfrentarse al riesgo de comprar un producto obsoleto, los
consumidores tienden a agruparse en torno a las compaı́as con productos de
mayor ciclo de vida. Como resultado, el mercado del software se ha conver-
tido en una competición en la que ’el ganador se lo lleva todo’. El entorno
actual de software propietario apoya al abuso de monopolio y el estanca-
miento. Las compañı́as fuertes dejan a sus competidores sin espacio para
lanzar iniciativas innovadoras. Quienes se oponen argumentan exactamante
lo contrario. Vender software es tan arriesgado, si no más, que comprarlo,.
Sin las garantı́as legales que proveen las licencias de software propietario
(sin mencionar las posibilidades económicas de una aplicación rompedora
que podrı́a, por ejemplo abrir un nuevo mercado), las compañı́as pierden el
incentivo. Una vez más, el mercado se estanca y cae la innovación. Como el
propio Mundie mencionó en su charla en el mismo campus el 3 de Mayo, la
naturaleza vı́rica del a GPL supone una amenaza para cualquier compañı́a
que considere la unicidad de su software un activo para competir. Añadı́o
que socaba el mercado del software comercial porque hace imposible el dis-
tribuir software según la base de que se paga por el producto en lugar de
sólo por el coste de distribución.
14 CAPÍTULO 2. 2001: UNA ODISEA HACKER

El éxito mútuo de GNU/Linux, el sistema operativo amalgamado cons-


truido alrededor del kernel Linux, protegido por la GPL, y el de Windows
en estos últimos 10 años, revela lo acertado de ambas perspectivas. De to-
dos modos la lucha for momentum es importante en la industria software.
Hasta los fabricantes más poderosos como Microsoft confı́an en el soporte de
empresas de desarrollo externas cuyas herramientas, progrmas y juegos de
ordenador hacen a la plataforma subyacente Windows mucho más atractiva
para el consumidor general. Citando la rápida evolución del mercado de la
tecnologı́a durante los últimos 20 años, sin mencionar el registro de hitos de
su propia compañı́a durante ese perı́odo, Mundie aconsejó a los oyentes que
no se dejasen llevar por el impulso del software libre.
Dos décadas de experiencia han mostrado que un modelo económico
que protege la propiedad intelectual y un modelo de negocio que recupere
los costes de investigación y desarrollo, puede crear beneficios económicos
impresionantes y distribuirlos de manera muy amplia.
Estos cargos le sirven a Stallman para basar su discurso de hoy. Menos
de un més después de sus palabras, Stallman está de pie apoyado sobre una
de las pizarras al frente de la habitación, con ganas de empezar.
Si las dos últimas décadas han traido cambios dramáticos al mercado del
software, también han operado cambios dramáticos en el propio Stallman.
Ya no queda rastro del delgaducho hacer afeitado que pasaba sus dı́as en
comunión con su adorado PDP-10. En su lugar encontramos a un hombre de
complexión fuerte y mediana edad con pelo largo y barba de rabino que pasa
la mayor parte de su tiempo escribiendo y contestando e-mails, arengando
a sus compañeros programadores y dando charlas como la de hoy. Vestido
con una camiseta aquacolored y pantalones de poliester marrones, parece
un ermitaño del desierto recién salido de un vestidor de la armada de la
salvación.
El público lo componen visitantes que comparten el estilo en la ropa y
peinado de Stallman. Muchos llevan teléfonos móviles y ordenadores portáti-
les, todo lo posible para grabar y transmitir las palabras de Stallman a una
audiencia internauta expectante.
El radio de géneros es de alrededor de 15 hombres por cada mujer, y 1
de las 7 u 8 mujeres trae un pinguino de peluche, mientras que la otra lleva
un osito también de peluche.
Agitado, Stallman deja su puesto en el frente de la habitación y se sienta
en la primera fila y escribe unas cuantas instrucciones en un ordenador ya
abierto. Durante los siguientes 10 minutos Stallman ignora al cada vez mayor
número de estudiantes, profesores y fans que circulan alrededor de él a los
piés del escenario del auditorio.
Antes de que pueda comenzar el discurso, los barrocos rituales de la
formalidad académica deben ser tenidos en cuenta. La asistencia de Stallman
merece no una sino dos introducciones. Mike Uretsky, codirector del centro
para las tecnologı́as avanzadas de la universidad de Stern ofrece el primero.
15

’El papél de una universidad es el impulsar el debate y el tener discusiones


interesantes,’ dice Uretsky. ’Esta presentación This particular presentation,
this seminar falls right into that mold encuentro el debate sobre el software
libre particularmente interesante’.
Antes de que Uretsky pueda decir nada más, Stallman se ha levantado
y saluda como un stranded motorista.
’Hago software libre’, dice Stallman a una audiencia sonriente. ’El Sof-
tware Libre es un movimiento diferente’.
La risa da paso al aplauso. La sala está llena de ’partisanos’ de Stallman,
gente que conoce su reputación por la exactitud verbal, sin mencionar su
famosa riña con varios ’creyentes’ del software libre. La mayorı́a esperan esas
salidas de tono del mismo modo que los aficionados a la radio esperaban por
la frase de Jack Benny ’Now, cut that out!’ (Corta el rollo!) en cada programa
de radio.
Uretsky acaba su introducción y le cede el escenario a Edmond Schon-
berg, profesor en el departamento de Informática de la Universidad de Nueva
York. Como programador y colaborador con el proyecto GNU, Schonberg
sabes qué peligros linguı́sticos evitar. Resume habilmente la carrera de Sta-
llman desde la perspectiva de un programador moderno.
Richard es el ejemplo perfecto de alguien quien, actuando localmente,
eomenzó a pensar globalmente sobre los problemas que conlleva la no dispo-
nibilidad del código fuente’, dice Schonberg. ’Ha desarrollado una filosofı́a
coherente que nos ha obligado a reexaminar nuestras convicciones sobre
cómo se produce el software o qué significa la propiedad intelectual, y lo
que realmente representa la comunidad de software. Schonberg da paso a
Stallman y a más aplausos. Stallman se toma un momento para cerrar su
portatil, se levanta de la silla y ’toma’ el escenario.
Al comienzo las maneras de Stallman parecen más las los del club de la
comedia que los de un discurso polı́tico. ’Me gustarı́a agradecer a Microsoft
la oportunidad de estar aquı́ hoy’, bromea. ’Estas últimas semanas me he
sentido como un escritor cuyo libro es prohibido’. Para los no iniciados,
Stallman se sumerge en una breve introducción al software libre. Compara
un programa con una receta de cocina. Ambos dan informaión útil sobre
cómo completar una tarea y pueden ser modificados si se da el caso. Se
pueden eliminar ingredientes. Añadir champiñones, porque te gustan los
champiñones. Poner menos sal, porque el médico te ha dicho que no debes
tomar mucha’.
De forma más grave, Stallman añade que los programadores software y
las recetas son ambas fáciles de compartir. Al darle una receta a un invita-
do, un cocinero no pieree más que un poco de tiempo y el valor del papél
en el que la receta fue escrita. Los programadores software requieren incluso
menos, usualmente unos pocos clicks y un mı́nimo de electricidad. En ambos
casos, de todos modos, la persona que da la infomación gana dos cosas: Más
amistad y la habilidad de tomar otras recetas en compensación. ’Imagina
16 CAPÍTULO 2. 2001: UNA ODISEA HACKER

qué pasarı́a si las recetas vinieran dentro de cajas negras, ’ dice cambiando
el tono. ’No podrı́as ver qué ingredientes se usan, y menos cambiarlos, e
imagina si hiciste una copia para un amigo. Te llamarı́an pirata y te inten-
tarı́an encarcelar durante años. Eso generarı́a una rabia tremenda entre la
gente que está acostumbrada a compartir recetas. Pero ası́ es exactamante
el mundo del software propietario. Un mundo en el que la decencia común
hacia otras personas está prohibida o prevenida.
Con esta analogı́a introductoria, Stallman se lanza a contar de nuevo el
episodio de la impresora laser. Como la analogı́a de la receta, el episodio de
la impresora laser es un artefacto retórico útil. Con su estructura de tipo
parábola, dramatiza sobre lo rápidamente que las cosas pueden cambiar en
el mundo del software. Llevando a los oyentes a un tiempo muy anterior a
la compra con un click de Amazon.com Microsoft Windows y las bases de
datos de Oracle; le pide al oyente que examine la noción de propiedad del
software libre de todos los logos corporativos.
Stallman conduce la historia con toda la práctica y buen hacer de un
abogado que conduce una argumentación final.
Cuando llega a la parte del profesor de Carnegie Mellon que no querı́a
dejarle una copia del código fuente de la impresora, se detiene.
’Nos habı́a traicionado’, dice Stallman. ’Pero no nos lo hizo sólo a noso-
tros. Es posible que también te hubiera traicionado a ti.’
Al decir ’a ti’ Stallman apunta con su ı́ndice acusadoramente a un miem-
bro de la audiencia cuyas cejas se arquean un poco, pero los ojos de Stallman
ya se han movido. Lenta y deliberadamente, Stallman selecciona a otro oyen-
te quien se rı́e nerviosamente. ’Y, creo que lo más probable, es que también
te lo hiciese a ti’. Dice señalando ahora a otro miembro de la audiencia tres
filas detrás del primero.
Cuando ha escogido al tercer miembro del público los nervios han dado
paso a la risa generalizada. Este gesto parece un poco interpretado, porque
lo es. Aunque cuando llega la hora de concluir su historia de la impresora,
lo hace con tintes de showman. ’Probablemente se lo hizo a la mayorı́a de
la gente de esta habitación excepto a unos pocos, quizá, quienes no habı́an
nacido aún en 1980’. Dice Stallman sacando más sonrisas del público. ’Suce-
dió porque habı́a promeetido cooperar nada más que con toda la población
mundial’.
Stallman deja reposar este comentario medio paso. ’Habı́a firmado un
acuerdo de no divulgación’, añade Stallman. La ascensión de Richard Matt-
hew Stallman de académico frustrado a lider polı́tico en los últimos 20 años
nos dice muchas cosas. Nos cuenta la naturaleza testadura y voluntad por-
tentosa. Nos cuenta su visión claramente articulada y valores del movimiento
de software libre que Stallman ayudó a construir. Habla de la alta calidad
de los programas que Stallman ha desarrollado, programas que han cemen-
tado su reputación como leyenda de la programación. Habla del creciente
impulso de la GPL, una innovación legal que muchos conocedores de su obra
17

ven como su mayor logro. De manera más importante, habla de la natura-


leza cambiante del poder polı́tico en un mundo cada vez más sometido a la
tecnologı́a y a los programas software que potencian esa tecnologı́a.
A lo mejor es el motivo por el que incluso las mayores estrellas de la alta
tecnologı́a han decaido, la de Stallman ha crecido.
Desde que se lanzó el proyecto GNU en 1984, Stallman ha sido ignora-
do, satirizado, ridiculizado, vilipendiado y atacado desde dentro y fuera del
movimiento. Pasando por todo eso, el proyecto GNU ha conseguido superar
sus hitos, aunque con algunos retrasos importantes, y mantenerse relevante
en el mercado del software varias veces más complejo que en el que entró 18
años atrás.
También lo ha hecho la ideologı́a del software libre, una tal que ha sido
meticulosamente germinada por el propio Stallman.
Para entender las razones detrás de esto ayuda el examinar sus palabras
y las de la gente que ha colaborado y luchado con él durante el camino. La
personalidad de Richard Stallman no es compleja. Si hay un ejemplo del
dicho ’lo que ves es lo que hay’ eso define a Stallman. ’Creo que si preten-
des comprender a la persona, necesitas realmente ver todas las parted como
un todo’. Advierte Eben Moglen, consejero legal de la FSF y profesor de
derecho en la Universidad de Columbia. ’todas estas escentricidades perso-
nales que mucha gente ve como obstáculos para conocer al Stallman real
son realmente Stallman. Su fuerte sentimiento de frustración personal, su
enorme sentido del compromiso ético, su inhabilidad para comprometerse,
especialmente en asuntos que considera fundamentales. Estas son las razo-
nes por las que Richard hizo lo que hizo y cuando lo hizo.’ Explicar cómo un
viaje que comenzó con una impresora laser se convertirı́a finalmente en un
combate con la mayor compañı́a del mundo no es tarea fácil. Requiere un
exámen profundo de las fuerzas que han heco de la propiedad del software un
asunto tan importante en la sociedad de hoy. También requiere un profun-
do exámen de un hombre quién, como muchos lı́deres polı́ticos antes que él,
comprende la manejabilidad de la memoria humana. Requiere una habilidad
para interpretar los mitos y palabras cargadas de significado polı́tico que se
han construido alrededor de Stallman con el tiempo. Por último, requiere la
comprensión del genio programador de Stallman y su fracaso al trasladarlo
a otros retos.
Cuando llega la hora de ofrecer su propio resúmen de viaje, Stallman
reconoce la mezcla de personalidad y principios que Moglen observa. ’La
terquedad es mi punto fuerte’, dice. ’La mayorı́a de la gente que intenta hacer
algo con gran dificultad finalmente se desaniman y se dan por vencidos. Yo
nunca me di por vencido’.
También agradece la oportunidad. Si no fuera por su cruzada por la
impresora laser ni por los problemas polı́ticos y personales ni por otra docena
de factores, Stallman encuentra muy facil describir su vida siguiendo otro
camino diferente. Dejando claro eso, Stallman agradece las circunstancias y
18 CAPÍTULO 2. 2001: UNA ODISEA HACKER

las fuerzas que le pusieron en la posición para marcar la diferencia.


’Sólo tuve las aptitudes necesarias’, dice Stallman resumiendo su decisión
de lanzar el proyecto GNU al público. ’Nadie excepto yo estaba allı́, ası́ que
me sentı́ como si hubiera sido elegido’. ’Tengo que trabajar en esto, si no lo
hago yo, quién lo hará’ ?

Notas finales
Actualmente los poderes de la GPL no son tan fuertes. De acuerdo
a la sección 10 de la licencia GPL, versión 2 (1991), la naturaleza
vı́rica de la licencia depende fuertemente de la voluntad de la fundación
del software libre a ver un programa como un trabajo derivado, sin
mencionar la licencia que reemplazarı́a la GPL.
’Si quieres incorporar parted de un programa en otros programas libres
cuyas condiciones de distribución son diferentes, escribe al autor para
pedirle permiso’.
A veces hacemos distinción de esto. Nuestra decisión estará guiada por
las dos metas de preservar el estatus de libre sobre todos los derivados
de nuestro software libre y el promover el compartir y reutilizar el
software, generalmente.
’Comparar algo a un virus es muy duro’, dice Stallman. ’Una enredera
es una comparación más acorde; va a otro lugar si la cortas’.
Para más información sobre la licencia GPL de GNU, visita http:
//www.gnu.org/copyleft/gpl.html

Ver Shubha Ghosh, ’Revelando el código fuente de Microsoft Win-


dows’ http://gigalaw.com/ (Enero, 2000). http://www.gigalaw.
com/articles/ghosh-2000-01-p1.html

Las aplicaciones rompedoras no tienen por qué ser propietarias. Por


ejemplo el legendario navegador Mosair, un programa cuyo copyright
permite derivados no comerciales con ciertas restricciones. Aún, creo
que el lector entiende: El mercado del software es como la loterı́a, a más
premio, más gente quiere participar. Un buen resúmen del fenómeno
’aplicación rompedora’, es el de Philip Ben-David, ’Qué le pasó a la
aplicación rompedora? e-Commerce News (7 de Diciembre, 2000).
http://www.ecommercetimes.com/perl/story/5893.html

Ver Craig Mundie, ’El modelo de Software comercial’, vicepresidente


senior, Microsoft co. Estraido de una transcripción on-line de la confe-
rencia de Mundie el 3 de Mayo de 2001 a la escuela de negocios Stern
de la Universidad de Nueva York.
19

http://www.microsoft.com/presspass/exec/craig/
05-03sharedsource.asp

El acrónimo GNU significa ’GNU no es Unix’. En otra parte del discur-


so del 29 de mayo de 2001 en la Universidad de Nueva York, Stallman
resume el orı́gen del acrónimo: Nosotros los hackers siempre buscamos
un nombre divertido o guarrete para un programa, porque nombrar un
programa es la mitad de la diversión de escribirlo. También tenı́amos
la costumbre de utilizar algoritmos recursivos, es decir que el programa
que escribes es similar a otro programa existente.Busqué un acrónimo
recursivoo para ’Algo no es UNIX. E intenté todas las 26 letras descu-
briendo que ninguna formaba una palabra (*NIX). Decidı́ hacerlo una
contracción. Ası́ podrı́a tener un algoritmo de tres letras para ’Algo
no es Unix’, y topé con la palabra ’GNU’. Eso fue.
A pesar de ser un aficionado a los chistes, Stallman recomienda que
los usuarios de software pronuncien la ’G’ al comienzo del acrónimo.
No sólo porque ası́ se evita la confusión con el ’gnu’ (ñu), el antı́lo-
pe africano, /Connochaetes gnou/, también evita la confusión con el
adjetivo ’new’. (nuevo) ’Hemos estado trabajando con ello durante 17
años, ası́ que ya no es exactamente nuevo’, dice Stallman.

Notas: Propias del autor y la transcripción de la conferencia: ’Software:


Libertad y cooperación’, de Richard Stallman en la Universidad de
Nueva York el 29 de Mayo de 2001. http://www.gnu.org/events/
rms-nyu-2001-transcript.txt
20 CAPÍTULO 2. 2001: UNA ODISEA HACKER
Capı́tulo 3

Retrato de un joven hacker.

La madre de Richard Stallman, Alice Lippman, aún recuerda el momento


en el que se dió cuenta de que su hijo tenı́a un don especial.
’Creo que fue cuando él tenı́a 8 años’, recuerda Lippman. Fue en el año
1961, Lippman era un reciente madre divorciada, quien estaba wiling away
una tarde en la pequeña habitación de un dormitorio de la parte alta del oes-
te de Manhattan. Hojeando una copia de ’Cientı́fico Americano’, Lippman
llegó a su sección favorita, la columna de Marting Gardner llamada ’Juegos
Matemáticos’. Lippman, un profesor suplente de arte, siempre disfrutaba la
columna de Gardner por los acertijos que traı́a. Con su hijo, que ya estaba
acomodado leyendo un libro en el sofá de al lado, Lippman decidió intentar
resolver el puzzle de esa semana. ’No fui nunca la mejor reolviendo puzz-
les,’, admite. ’Pero como artista, pienso que me ayudan a eliminar barreras
conceptuales’.
Lippman dice que en su intento por resolver el puzzle topó con un ’muro
de ladrillos’. A punto de tirar la revista enfadada, Lippman se sorpren-
dió cuando la daban un pequeño tirón en su camisa.
’Era Richard’, recuerda, ’Querı́a saber si necesitaba ayuda’.
Atrapada entre dos fuegos, el puzzle y su hijo, Lipmann al principio
dudó y se tomó la oferta con escepticismo.’Le pregunté a Richard si habı́a
leı́do l revista’,dice.’Me dijo que si y que además ya habı́a resuelto el puzzle.A
continuación me empieza a explicar cómo resolverlo.’
Al ver la lógica del enfoque de su hijo, el escepticismo de Lippman dio
paso a la incredulidad.’Sabı́a que era un chico intelligente, pero esta era la
primera vez que me daba cuenta de que era realmente genial’.
Treinta años después, Lippman se rie:’A decir verdad, nunca conseguı́ re-
solver el puzzle; sólo recuerdo que quedé asombrada de que él pudiera.’
Sentda en su comedor del apartamento de Manhatan a donde ella y su
hijo se mudaron después de su matrimonio en 1967 con Maurice Lippman (ya
fallecido),Alice Lippman rebosa de orgullo cuando recuerda los años de la
infancia de su hijo.En la sala contigua una enorme foto de Stallman vestido

21
22 CAPÍTULO 3. RETRATO DE UN JOVEN HACKER.

con traje de doctor lo llena todo.


También hay otras fotos de los nietos y sobrinos de Alice,mucho más
pequeñas,pero antes de que se pueda hacer un comentario,Lippman expli-
ca:’Richard insistió en regalármela después de su Doctorado Honoris Causa
por la Univ. De Glasgow’, dice.’Me dijo: Es la primera graduación a la que
he asistido’.Tales comentarios ilustran la dificultad de educar a un niño pro-
digio. Por cada comentario sobre el comportamiento algo excéntrico de su
hijo, Lippman puede añadir una docena.’El era muy conservador, solı́amos
tener cantidad de discusiones aquı́ en esta mesa.Yo formaba parte del primer
grupo de escuelas del estado que se unió para formar un sindicato y esto le
pareció muy mal a Richard. Pensaba que los sindicatos eran corruptos,y tam-
bién se oponı́a a la seguridad social. Pensaba que la gente podı́a hacer mucho
más dinero invirtiendo por su cuenta.¿Quién iba a pensar que en 10 años se
iba a hacer tan idealista? Recuerdo a su hermanastra comentando’ ¿Qué va
a ser cuando crezca? Fascista?’ Como madre de familia monoparental du-
rante casi una década, Lippman puede atestiguar la aversión de su hijo a
la autoridad ,ası́ como su ansia de conocimiento. En los momentos en los
que las dos fuerzas se mezclaban, ella y su hijo solı́an tener sus mayores
discusiones.’Era como si no quisiera comer,’ recuerda.’Le tenı́a que llamar
10 o 12 veces para que me atendiera; estaba totalmente inmerso’.
Stallman,por su parte recuerda las cosas de forma similar aunque con
un sesgo polı́tico.’Me gustaba leer’,dice.’Si querı́a leer, no veı́a razón algu-
na para no hacerlo.Esencialmente libros sobe la democracia y las libertad
individual,temas sobre los que no veı́a porqué excluir a los niños.’
La creencia en la libertad individual sobre la autoridad arbitraria se
extendı́a también a la escuela. Dos años por delante de sus compañeros
a la edad de 11, Stallman soportó todas las frustraciones normales de un
muchacho fuera de serie.
’Se negó a hacer exámenes’, dice Lippman recordando una temprana
controversia.Creo que el último examen que hizo fue sobre la historia del
sistema numérico a un nivel de cuarto grado’.
Dotado para el pensamiento analitico, Stallman gravitaba hacia la cien-
cia y las matemáticas a expensas de sus otros estudios.
La creencia en la libertad individual sobre cualquier formade autoridad
se extendı́a también a la escuela. Dos años por encima de sus compañeros
a la edad de 11 años,Stallman soportó las frustraciones normales de un
estudiante fuera de serie.Poco después del incidente del puzzle su madre
empezó a asistir a una serie de conferencias tutoriales.’El se negó a hacer
exámenes’,recuerda.Creo que el ultimo que hizo fue sobre la historia del
sistema numérico a un nivel de cuarto curso’.
Dotado para cualquier cosa que requiriera pensamiento analı́ti-
co,Stallman gravitaba entre las matemáticas y las ciencias a expensas de sus
otros estudios.Lo que otros profesores veı́an como obsesión era para Lipman
impaciencia. Las matemáticas y las ciencias ofrecı́an demasiada oprtunidad
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de aprender, especialmente en comparación con asignaturas para las que su


hijo parecı́a menos inclinado. Hacia la edad de 10 u 11 años, cuando los
chicos de la clase de Stallman empezaron a jugar en un equipo de futbol ella
recuerda a su hijo volviendo a casa furioso.’Le apetecı́a muchı́simo jugar,
pero no tenı́a ténicas de coordinación y eso le hacı́a enfadar muchı́simo.’
Esta furia fue lo que le hizo enfocarse cada vez más hacia las matemáticas
y las ciencias.Pero incluso en la. Cima de la ciencia la impaciencia de su hijo
podı́a ser problemática. En un momento dado en sus años de la escuela
Lippman buscó un estudiante de más edad para que ayudara a su hijo;éste
marchó de la casa después de la primera clase y nunca volvió.’Creo que
enloqueció con las cosas que le decı́a Richard’,especula su madre.
Otra anécdota maternal favorita data de los años 1960,poco después del
incidente del puzzle.A los 7 años o ası́, dos después del divorcio y el cambio
de vivienda, Richard se aficionó a lanzar cohetes de juguete en el parque
cercano; lo que empezó como u juego divertido se convirtió en algo más
serio cuando empezó a grabar los datos de cada lanzamiento.Hasta que un
dı́a, justo antes de de un importante lanzamiento de la NASA, Lippman le
consultó que si querı́a verlo.
’Se puso como un loco y me dijo que todavı́a no habı́a publicado nada;por
supuesto pensaba que tenı́a algo que enseñar a la NASA’
Estas anécdotas son evidencia temprana de la intensidad que serı́a la im-
pronta de Stallman durante su vida.Cuando los otros niños venı́an a comer,
Stallman se quedaba leyendo en su habitación. Cuando los otros jugaban a
Spiderman, el jugaba a Superman.’Yo era raro’,dice Stallman resumiendo,
’después de una edad los únicos amigos que tenı́a eran profesores’.
Aunque tuvo problemas con la escuela, Lippman decidió complacer a
su hijo.A los 12 años Richard empezó a asistir a campamentos de ciencias
durante el verano y a una escuela privada durante el curso.Más tarde un
profesor le recomendó que se matriculase en el programa de la U. de Colum-
bia, diseñado para alumnos brillantes de la ciudad de Nueva York y pronto
se le vió viajando al campus de Columbia los sábados.
Chess, ahora profesor en el Hunter College le recuerda como algo extraño
entre los otros estudiantes.’Eramos todos bastante rarillos pero él si que tenı́a
problemas de adaptación; sin embargo, era más listo que el hambre, creo que
la persona más lista que he conocido’
Seth Breidbart, un alumno del programa de Ciencias de la Universidad de
Columbia,ofrece importante testimonio; como programador se ha mantenido
en contacto con Stallman gracias a una pasión compartida por la ciencia
ficción y recuerda al joven quinceañero Stallman, poco amigo de chismorreos,
como ’ que daba miedo.
’Es difı́cil de explicar, no era que uno no se le pudiese acercar,era sim-
plemente muy serio; además era muy erudito y muy testarudo para algunas
cosas’.
Tales descripciones alimentan la especulación: ¿podrı́an adjetivos como
24 CAPÍTULO 3. RETRATO DE UN JOVEN HACKER.

’muy serio’ y ’testarudo’ describir rasgos de desorden juvenil de comporta-


miento?
Un artı́culo de la revista Wired de Diciembre de 2001 retrata a varios
niños muy inteligentes diagnosticados de autismo o sı́ndrome de Asperger.En
muchos sentidos los recuerdos parentales aportados en el artı́culo son ex-
trañamente similares a los que ofrece Lippman. Incluso Stallman se ha dado
el gusto de pasar por un psiquiatra de vez en cuando. Durante una en-
trevista para el Toronto Star en el 2000 Stallman se describió a sı́ mismo
como’un caso dudoso de autismo’, descripción que explica su tendencia vital
al aislamiento social y emocional y asimismo sus esfuerzos para vencerla.
Esta especulación se basa en la inexacta naturaleza de la mayorı́a de los
llamados ’desórdenes del comportamiento’.Como explica Steve Silberman,
autor de ’The Geek Syndrome’,los psiquiatras americanos han llegado a
aceptar el Sı́ndrome de Asperger como un término paraguas que engloba
una amplia gama de rasgos de comportamiento; estos van desde dificultades
motóricas y baja socialización hasta gran inteligencia y una casi obsesiva
afinidad por los números, ordenadores y sistemas ordenados.
Reflexionando en la amplia naturaleza del paraguas, Stallman dice que
,de haber nacido 40 años más tarde,hubiera merecido tal diagnóstico, igual
que sus colegas del mundo de la informática.
’Es posible que hubiera tenido algo ası́’,comenta’,ya que uno de los as-
pectos del sı́ndrome es la dificultad en seguir los ritmos. Yo se bailar, de
hecho me encanta seguir los ritmos más complicados.’
Chess rechaza este diagnóstico:’nunca pensé que él tuviera ese tipo de
cosa; sólo era muy poco sociable, pero todos lo éramos.’
Lippman si que juega con esa posibilidad; recuerda unas anécdotas de la
infancia de su hijo que alimentan la especulación. Un importante sı́ntoma
de autismo es una sensibilidad exagerada a los ruidos y colores y Lippman
recuerda dos ocasiones que la demuestran.
’Cuando Richard era pequeño le llevábamos a la playa y empezaba a
llorar cuando estábamos a dos manzanas de la costa, hasta que me di cuenta
que lo que le molestaba era el ruido de las olas’ También recuerda una
reacción similar en relación con el color:’Mi madre tenı́a el pelo rojo fuerte
y cada vez que le cogı́a en brazos empezaba a llorar’.
Ultimamante Lipman se ha aficionado a leer libros sobre el autismo y cree
que estos episodios fueron más que coincidencias:’Creo que Richard tenı́a
algunas caracterı́sticas de niño autista y lamento que entonces se supiera
tan poco del autismo’.
Al pasar el tiempo, sin embargo, dice que su hijo se ha acabado ajustan-
do. A la edad de 7 su hijo se habı́a aficionado a mirar los trenes del metro,
memorizando el laberı́ntico sistema de vı́as; era un hobby que se basaba en la
habilidad de soportar los fuertes ruidos que acompañaban a cada viaje.’Sólo
parecı́a enervarle el ruido inicial, luego sus nervios se ajustaban al sonido’.
Por otra parte, Lippman recuerda a su hijo con el entusiamo y la energı́a
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de cualquier niño normal: sólo después de una serie de acontecimientos


traumáticos que asolaron el hogar de los Stallman se convirtió en una per-
sona introvertida y emocionalmente distante.
El primer acontecimiento traumático fue el divorcio de Alice y Daniel
Stallman. Aunque ambos trataron de preparar a su hijo para el golpe, fue
devastador.
’Al principio no nos hizo caso al decirle lo que estaba ocurrien-
do’,recuerda Lippman.’Pero se le abrieron los ojos cuando nos mudamos
a un nuevo apartamento; lo primero que dijo fue:¿Dónde están los muebles
de papá?’
Durante la década siguiente Stallman pasaba la semana con su madre en
Manhattan y los fines de semana con su padre en Queens.Este ir y venir le
dio la oprtunidad de comparar dos estilos de educar que a esta fecha le hace
ser totalmente opuesto a la idea de educar a sus propios hijos.Hablando de
su padre, un veterano de la 2a Guerra Mundial, que murió en 2001,muestra
a la vez respeto y rabia. Por una parte está el hombre cuya lealtad le hizo
aprender francés sólo para ser más util a los aliados. Por otra, está el padre
que siempre sabı́a molestarle con algún comentario malintencionado. ’Mi
padre tenı́a un genio horrible’,dice. Nunca gritaba, pero siempre encontraba
la manera de criticar con dureza.’
En cuanto a la vida en el apartamento de su madre, Stallman es menos
ambiguo.’Eso era la guerra; yo solı́a decir con tristeza, ’quiero ir a casa’,
aludiendo a ese lugar que nunca tendré’.
Durante los primeros años después del divorcio Stallman encontró la
tranquilidad que se le escapaba en el hogar de sus abuelos paternos. Después
alrededor de los 10 años los dos murieron en rápida sucesión.Para Stallman
la pérdida fue irreparable.’Cuando iba a visitarles me sentı́a amado y acom-
pañado;era el único sitio en que lo era hasta que me fui a la universidad’.
Lippman alude a la muerte de los abuelos de Richard como el se-
gundo acontecimiento trumático.’De verdad le afectó; estaba muy unido a
ellos.Antes de que murieran era muy animado,casi un tipo lider con los otros
chicos; después de su muerte se volvió mucho más reservado.’
Desde la perspectiva de Stallman, la reserva emocional era simplemente
un intento de superar la angustia de la adolescencia. Etiquetando sus años
adolescentes de ’horror total’, Stallman dice que se sentı́a como un sordo
entre oyentes de música. ’Tenı́a la sensación de que no entendı́a lo que otras
personas me decı́an; entendı́a las palabras, pero habı́a algo por debajo que
no comprendı́a’.
Por la angustia que le producı́a, la adolescencia agudizó el sentido indi-
vidulista de Stallman. En una época en la que la mayorı́a de sus compañros
se dejaban el pelo largo,Stallman lo preferı́a corto. En una época en la que
todos los adolescentes escuchaban rock and roll, Stallman preferı́a la música
clásica. Como aficionado a la ciencia ficción, la revista /Mad/ y la T.V. en
programa nocturno, Stallman cultivaba una personalidad excéntrica que era
26 CAPÍTULO 3. RETRATO DE UN JOVEN HACKER.

denostada por padres y compañeros a la vez.


’Los juegos de palabras eran constantes’,dice Lippman;’no se podı́a decir
una cosa en la mesa a la que no pudiera responder con uno.
Fuera de casa Stallman se ahorraba los chistes para los adultos que apre-
ciaban su ingenio. Uno de ellos fue un asesor de un campamento de verano
que le entregó a Stallman un manual para el ordenador IBM 7094 cuan-
do tenı́a 12 años.Para un preadolescente fascinado por los números y las
ciencias el regalo fue un regalo del cielo.Para el final del verano Stallman es-
taba escribiendo programas de acuerdo con las especificaciones internas del
7094, anticipándose con ilusión a la idea de tener su propia máquina. Pero
todavı́a tendrı́a que esperar unos pocos años para esto. Su primera opor-
tunidad llegó finalmente durante su primer año de instituto.Empleado por
el Centro cientı́fico de la IBM en Nueva York, ya extinto, Stallman pasó el
verano después de graduarse escribiendo su primer programa, un preproce-
sador para el 7094 escrito en el lenguaje PL/I.’Primero lo escribı́ en PL/I,
después lo volvı́ a empezar en lenguaje binario cuando el programa PL/I
resultó demasiado grande para adaptarlo al ordenador’,recuerda.
Después de ese trabajo en el Centro Cientı́fico de la IBM, Stallman habı́a
desempeñado un puesto como ayudante de laboratorio en el Departamento
de Biologı́a en la Universidad de Rockefeller. Aunque ya se estaba decan-
tando hacia una carrera de matemáticas o fı́sicas, la mente analı́tica de
Stallman impresionó de tal modo al director que unos años más tarde Sta-
llman partió hacia la universidad. Lippman recibió una inesperada llamada
telefónica.’Era el profesor de la Rockefeller,que querı́a saber cómo le iba a
Richard; se sorprendió de que estuviera trabajando en ordenadores.Siempre
pensó que Richard tenı́a un gran futuro como biólogo’.
Las aptitudes analı́ticas de Stallman impresionaron a los miembros de
la Columbia también, incluso cundo Stallman se convirtió en el blanco de
su ira.’Como promedio una o dos veces por hora Stallman descubrı́a un
error en la clase,’dice Breidbart.’Y no sentı́a ninguna timidez por decı́rseo
inmediatamente a los profesores; lo cual le grangeó gran respeto, pero no
mucha popularidad’.
Al volver a oir esta anécdota Stallman sonrı́e con ironı́a.’He podido ser
un imbécil a veces’,admite,’pero he encontrado espı́ritus similares entre los
profesores, porque a ellos también les gusta aprender, lo que no vi entre los
chicos.’
Pasar el tiempo con los chicos inteligentes le animó, sin embargo, a re-
flexionar más sobre las ventajas de la socialización. Al acercarse la época
de la universidad Stallman habı́a estrechado su lista de sitios preferidos a
dos: Harvard y MIT. Al enterarse de la ilusión de su hijo por entrar en la
/Ivy League/, (grupo de 8 universidades americanas de mejor reputación)
su madre empezó a preocuparse. A los 15 años Stallman todavı́a tenı́a discu-
siones con profesores y administradores. Justo el año anterior habı́a sacado
sobresaliente en Historia Americana, Quı́mica, Francés y Algebra, pero un
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suspenso manifiesto en Inglés reflejaba el boicot a los deberes escritos. Tales


informes podrı́an producir risa en MIT, pero en Harvard eran bandera roja.
Durante el primer año de instituto Lippman dice que le apuntó a un
tratamiento con un psicólogo y éste expresó su preocupación por la negativa
de Stallman a hacer exámenes y por sus discusiones con los profesores. Su
hijo tenı́a por supuesto la sustancia intelectual para triunfar en Harvard,
pero ¿ tenı́a la paciencia que requerı́a el permanecer sentado en las clases
durante un trimestre ¿ El psicólogo sugirió un perı́odo de prueba ;si Stallmn
resistı́a un año completo en un instituto de Nueva Cork, incluyendo exáme-
nes, podrı́a tener éxito en Harvard. Para terminar su primer año,Stallman
se matriculó en una escuela de verano, la Louis D.Brandeis que estaba en la
calle 84 y empezó a trabajar en las clases de arte que tanto habı́a despreciado
antes.
Para el verano Stallman estaba ya dentro de la corriente de los estu-
diantes de instituto de N.York. No era fácil asistir a clases que parecı́an de
recuperación en comparación con sus estudios de los sábados en la Columbia,
pero Lippman recuerda con orgullo la habilidad de su hijo para atenerse a las
instrucciones.’Tenı́a que doblegarse hasta cierto punto, pero lo hacı́a. Sólo
me llamaron dos veces, lo cual fue un milagro, y era el profesor de cálculo
quejándose de que Richard le interrumpı́a la clase. Le pregunté que cómo y
me dijo que Richard le acusaba de usar una prueba falsa. Le pregunté que
si era verdad. Dijo que si, pero que no podı́a decı́rselo a la clase’
Para finales de su primer semestre en Brandeis las cosas se iban ponien-
do en su lugar.Un sobresaliente en inglés le quitó la espina del suspenso
de dos años antes; además lo acompañó con otros en Historia americana,
Cálculo avanzado y Microbiologı́a. En Fı́sica sacó matrı́cula. Aunque seguı́a
siendo muy retraı́do,Stallman terminó su curso en Brandeis con el puesto
número 4 en una clase de 789.Fuera del instituto Stallman proseguı́a sus
estudios con igual diligencia, apresurándose para cumplir con sus deberes de
sistente de laboratorio en la Universidad de Rockefeller durante la semana
y tropezando con los manifestantes de la Guerra de Vietnam cuando iba a
Columbia.Allı́ fue donde finalmente encontró el momento de participar en
discusiones informales antes de las clases con sus compañeros de programa.
Breidbart recuerda que ’la mayorı́a de los estudiantes iban a Harvard y
MIT, desde luego, pero también habı́a unos pocos que iban a otros colegios
de la Ivy League.Según se iba ampliando la conversación se hizo aparente
que Stallman no habı́a dicho nada todavı́a, y entonces alguien tuvo el valor
de preguntarle qué iba a hacer.’
Tan proto como Stallman contestó que también iba a Harvard en otoño,
un extraño silencio llenó la habitación; al mismo tiempo Stallman sonrió con
satisfacción. Según Breidbart fue su forma de decir ’Todavı́a no vais a des-
haceros de mi’.
28 CAPÍTULO 3. RETRATO DE UN JOVEN HACKER.

Notas
See Michael Gross, ’Richard Stallman: High School Misfit, Symbol of
Free Software, MacArthurcertified Genius’ (1999). ESta entrevista es
una de las más francas de Stallman y la recomiendo en grado sumo.
http://www.mgross.com/interviews/stallman1.html

See Judy Steed, Toronto Star, BUSINESS, (Octubre 9, 2000): C03.


Su vision del software libre y de la cooperación se muestran en fuerte
contraste con la soledad de su vida privada.Stallman se considera afec-
tado en algún grado de autismo, una condición que dificulta la relación
con otras personas.

Ver Steve Silberman, ’The Geek Syndrome,’ Wired


(Diciembre, 2001).
http://www.wired.com/wired/archive/9.12/aspergers_pr.html

Lamentablemente no tuve oportunidad de entrevistar a Daniel Sta-


llman para este libro.Durante las primeras investigaciones para este
libro Stallman me informó que su padre sufrı́a de Alzheimer. Cuando
continué mi investigación a finales de 2001, me enteré de que habı́a
muerto hacı́a poco.

Stallman, ateo, probablemente objetarı́a a esta descripción.Es suficien-


te decir que Stallman lo acogió con gran placer.’Tan pronto como me
enteré de que existı́an los ordenadores, me apeteció jugar con uno.’

Madrid, 11 de septiembre de 2006


Bibliografı́a

[1] Virgilio La Eneida, Dominio público, (VIII ac.).

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