Creación de una comunidad de América del Norte

Declaración de los presidentes del Grupo de Trabajo independiente sobre el futuro de América de Norte

Patrocinado por el Council on Foreign Relations en asociación con el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y el Canadian Council of Chief Executives John P. Manley, Pedro Aspe y William F. Weld Presidentes Thomas P. d’Aquino, Andrés Rozental y Robert A. Pastor Vicepresidentes

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Fundado en 1921, el Council on Foreign Relations (CFR) es una organización independiente, de membresía nacional y un centro no partidista para académicos dedicados a producir y diseminar ideas de forma que los miembros individuales y corporativos, así como los trazadores de políticas, periodistas, estudiantes y ciudadanos interesados en Estados Unidos y otros países puedan identificar mejor el mundo y las opciones de política exterior que se plantean a Estados Unidos y otros gobiernos. El CFR realiza esta función convocando a reuniones, llevando a cabo un programa de estudios de largo alcance, publicando Foreign Affairs, la revista más importante en asuntos internacionales y en política exterior estadounidense, tutelando a un grupo diversificado de miembros, patrocinando equipos de trabajo independientes y ofreciendo información actualizada sobre el mundo y la política exterior estadounidense en el sitio web del CFR: www.cfr.org. El Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) es, desde su fundación en 2001 la única organización multidisciplinaria mexicana dedicada a promover el debate y análisis avanzados y ampliamente incluyentes sobre la naturaleza de la participación de México en la arena internacional y la influencia relativa de su orientación cada vez más global sobre las prioridades nacionales. El COMEXI es un foro independiente, no lucrativo y plural, sin nexos gubernamentales o institucionales, financiado exclusivamente con cuotas de sus miembros y el apoyo empresarial. Los principales objetivos del COMEXI son ofrecer información y análisis de interés a nuestros asociados, así como crear un sólido marco institucional para el intercambio de ideas referentes a temas mundiales acuciantes que afectan a nuestro país. Sus actividades, publicaciones y lista de asociados pueden consultarse en www.consejomexicano.org. Fundado en 1976, el Canadian Council of Chief Executives (Consejo Canadiense de Ejecutivos en Jefe) (CCCE, por sus siglas en inglés) es la asociación empresarial más importante de Canadá, con un destacado historial de logros en acoplar la iniciativa de las empresas con elecciones sólidas de política pública. Integrado por consejeros de 150 empresas líderes canadienses, el CCCE fue líder del sector privado en el desarrollo y promoción del Acuerdo de Libre Comercio Estados Unidos-Canadá durante la década de 1980 y el subsiguiente acuerdo trilateral: Tratado de Libre Comercio de América del Norte. EL COUNCIL ON FOREIGN RELATIONS NO ADOPTA NINGUNA POSTURA INSTITUCIONAL SOBRE TEMAS DE POLÍTICA NI TIENE AFILIACIÓN CON EL GOBIERNO ESTADOUNIDENSE. TODAS LAS DECLARACIONES DE HECHO Y EXPRESIONES DE OPINIÓN CONTENIDAS EN SUS PUBLICACIONES SON RESPONSABILIDAD ÚNICA DEL AUTOR O AUTORES. El consejo patrocinará a un comité de trabajo independiente cuando (1) surja un tema de importancia vital y vigente para la política exterior estadounidense, y (2) parezca que un grupo diverso en antecedentes y perspectivas pueda, sin embargo, llegar a un consenso significativo en cuestiones de política mediante deliberaciones privadas y no partidistas. Normalmente, un comité de trabajo se reúne entre dos y cinco veces en un periodo breve para garantizar la relevancia de su trabajo. Al llegar a una conclusión, el comité de trabajo emite un informe, y el CFR publica el texto y lo presenta en su sitio web. Los informes del comité de trabajo reflejan un consenso de política fuerte y significativo, y los miembros del comité avalan el sentido político general y los juicios alcanzados por el grupo, aunque no necesariamente todos los hallazgos y recomendaciones. Los miembros del comité que se adhirieron al consenso pueden presentar opiniones adicionales o disidentes, las cuales se incluyen en el informe final. La “declaración de un consejeros” es firmada sólo por los miembros del comité y, por lo general, van precedidas o seguidas por informes completos del comité. Al llegar a una conclusión, el comité también puede solicitar a individuos ajenos al comité que se solidaricen con el informe para reforzar su impacto. Todos los informes del comité “comparan” sus hallazgos con la política gubernamental vigente para volver explícitas zonas de acuerdo y desacuerdo. El comité de trabajo es el único responsable del informe. El CFR no adoptar ninguna postura institucional. Para mayor información sobre el CFR o comité, favor de escribir a: The Council on Foreign Relations, 58 East 68th Street, New York, NY 10021, o llamar al director de Comunicaciones al 212-434-9400. Visite nuestro sitio web en www.cfr.org. Copyright © 2005 Council on Foreign Relations®, Inc. Todos los derechos reservados Printed in the United States of America / Impreso en Estados Unidos. Este informe no puede ser reproducido en todo o en parte, en cualquier forma más allá de la reproducción permitida por las secciones 107 y 108 de la Ley del Copyright de Estados Unidos (17 U.S.C. Secciones 107 y

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108) y pasajes citados por reseñistas en la prensa pública, sin permiso escrito expreso del Council on Foreign Relations. Si se requiere información, escribir a: Publications Office, Council on Foreign Relations, 58 East 68th Street, New York, NY 10021.

DECLARACIÓN DE LOS PRESIDENTES
Introducción Cuando los líderes de Canadá, México y Estados Unidos se reúnan en Texas el 23 de marzo, estarán representando a tres países cuyos futuros son compartidos hoy como nunca antes. El comercio estadounidense con México y Canadá representa casi la tercera parte de su comercio total, y los intercambios de bienes y servicios con sus vecinos de América del Norte excede por mucho el que realiza con la Unión Europea, y con Japón y China juntos. En el sector energético, Canadá y México son hoy los dos principales exportadores de petróleo a Estados Unidos. Tan sólo Canadá provee a Estados Unidos alrededor del 95 por ciento de su gas natural importado y 100 por ciento de la electricidad que adquiere fuera de su territorio. En 2005, las fronteras entre México, Canadá y Estados Unidos se cruzarán 400 millones de veces. América del Norte se ha convertido en más que una zona de libre comercio o una expresión geográfica. Somos tres democracias liberales, comprometidas en proteger los derechos individuales, sostener el estado de derecho, garantizar la igualdad de oportunidades para nuestros ciudadanos y lograr un equilibrio razonable entre el mercado y el Estado. La integración de América del Norte se profundiza constantemente y promete grandes beneficios para sus ciudadanos, pero éstos no son inevitables ni irreversibles. El proceso de cambio debe manejarse adecuadamente. Cuando fuimos funcionarios de nuestros gobiernos, lidiamos cotidianamente con los desafíos que enfrenta América del Norte. Ahora, como ciudadanos privados, estamos en condiciones de reflexionar de manera más sistemática sobre estos desafíos y articular una visión de largo plazo sobre la mejor manera de enfrentarlos. Con esa finalidad, ofrecemos esta Declaración de los Presidentes en anticipación de la cumbre trinacional que se llevará a cabo en Texas el 23 de marzo, en una coyuntura decisiva de nuestra relación. La declaración refleja el consenso de los tres presidentes y

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de los tres vicepresidentes del grupo de trabajo (Task Force), el cual se integró de manera trinacional para contar con la experiencia y sabiduría de un conjunto de personalidades de nuestros tres países. El informe completo, que se dará a conocer esta primavera, tomará en cuenta los resultados de la cumbre de Texas y contará con el consenso general de los demás miembros, por lo que este texto no necesariamente representa los puntos de vista de todos los participantes en el ejercicio. El Grupo de Trabajo Independiente sobre el Futuro de América del Norte está patrocinado por el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, en asociación con el Council on Foreign Relations y el Canadian Council of Chief Executives. Hace once años el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) liberalizó el comercio y la inversión en una mayoría de sectores de intercambios entre nuestras tres naciones, brindó protección decisiva a la propiedad intelectual, creó mecanismos sin precedente para la solución de controversias y estableció nuevos procedimientos para aplicar normas laborales y ambientales. A partir de entonces el
TLCAN

ha acelerado el intercambio comercial en América del Norte, ayudando a

maximizar el potencial económico de la región y demostrando que naciones con diferentes niveles de desarrollo pueden negociar acuerdos comerciales mutuamente benéficos. Para construir sobre los progresos de la década pasada y trazar una agenda para el futuro, proponemos la creación, antes del 2010, de una nueva comunidad que aumente la seguridad, la prosperidad y las oportunidades para todos los ciudadanos de América del Norte. Con ese fin, proponemos una comunidad con una zona económica y arancel externo común, así como un perímetro externo de seguridad, que permita a nuestra región enfrentar mejor los retos y las oportunidades continentales. Dentro de esta zona, el movimiento de personas y productos sería legal, ordenado y seguro. El objetivo global es garantizar una América del Norte libre, segura, justa y próspera.

Los retos que enfrentamos

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Hoy nuestras naciones enfrentan tres desafíos comunes. 1. Amenazas a la seguridad. En la década pasada, la actividad terrorista y criminal puso de relieve la vulnerabilidad de América del Norte. En el caso del 9/11, los terroristas lograron entrar a Estados Unidos directamente desde fuera de América del Norte, pero el arresto en 1999 de una persona que trataba de cruzar la frontera entre Canadá y Estados Unidos como parte de un complot de detonar una bomba en el aeropuerto de Los Ángeles muestra que estos criminales podrían también tener acceso a Estados Unidos vía Canadá o México. Cientos de miles de personas cruzan ilegalmente a los Estados Unidos cada año y tanto México como Canadá también deben lidiar con flujos persistentes de migrantes indocumentados. Si no aseguramos las fronteras externas de América del Norte se inhibirá en nuestro detrimento colectivo el movimiento legítimo de personas y bienes entre nuestros tres países. Después del 11 de septiembre, las demoras en las fronteras ocasionaron una escasez imprevista de insumos para la industria manufacturera en los tres países, la cual costó millones de dólares por hora. Estas consecuencias demuestran que, aparte de cualquier otra consideración, las tres economías tienen un interés comercial sobresaliente en incrementar la seguridad de la región. Además, cualquier ataque terrorista en el futuro podría tener como objetivo blancos en cualquiera de los tres países. Asimismo aunque hubiera un ataque dirigido exclusivamente a una ciudad o instalación estadounidense, éste podría extender sus efectos hacia México o Canadá. La realidad de la interdependencia en América del Norte radica en que los tres países deben trabajar juntos para garantizar la seguridad del continente. Más allá del terrorismo, la actividad criminal internacional representa una amenaza contínua a la seguridad pública en la región. Tal vez lo más notorio en este aspecto sea la violencia relacionada con el narcotráfico y las bandas organizadas en la frontera entre México y Estados Unidos. Como estas amenazas cruzan fronteras, un solo gobierno no puede enfrentarlas aisladamente. A final de cuentas, el no atender los temas de seguridad mermará las ganancias que hemos logrado en otros frentes. En el contexto de América del Norte, la falta de

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una colaboración eficaz para atender asuntos de seguridad impacta directamente las relaciones comerciales, así como nuestras libertades y calidad de vida. 2. Retos compartidos para elevar nuestra competitividad. Durante la década pasada, naciones en todo el mundo—desde China e India, hasta América Latina y la Unión Europea ampliada—se han ido integrando cada vez más al mercado global. Si bien el
TLCAN

aceleró profundamente el ritmo de la integración económica en América del

Norte, necesitamos atender temas que actualmente imponen severas limitaciones a nuestra capacidad de competir. Reglas de origen ineficaces, congestión cada vez mayor en puertos de entrada, y proliferación de diferencias reglamentarias y normativas entre los tres países incrementan costos en vez de reducirlos. El comercio en recursos naturales, alimentos y otras áreas claves —incluyendo el sector energético—aún dista mucho de ser libre. Por último, los socios del
TLCAN

han sido

incapaces de resolver ciertas una serie importante de disputas comerciales y de inversión, lo cual ha creado tensión en nuestras relaciones económicas. 3. Interés compartido en el desarrollo de la región. Si bien los flujos de comercio e inversión entre los tres países se han incrementado de manera importante, la brecha de desarrollo entre México y sus dos vecinos del norte se ha ensanchado. Estas disparidades socavan la cooperación en áreas de interés común y propician el surgimiento de problemas regionales. Los bajos salarios y la falta de oportunidades económicas en partes de México estimulan la migración indocumentada y contribuyen al sufrimiento humano que a veces se traduce en criminalidad y violencia. Como asunto de su propio interés nacional los tres países deben hacer más para promover el amplio desarrollo económico de México. Estos retos requieren atención urgente. Si bien América del Norte sigue siendo el motor económico del mundo, a largo plazo la creciente competencia global podría minar su prosperidad futura. Si bien Estados Unidos sigue siendo la superpotencia mundial, nuevas amenazas de terroristas y criminales ponen en jaque la seguridad pública en las tres naciones.

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Lo que podemos hacer La colaboración trinacional es esencial para garantizar la prosperidad y seguridad en la región. Si bien hay temas en los que la cooperación bilateral ha sido históricamente mucho más intensa—por ejemplo en la colaboración militar entre Estados Unidos y Canadá—existen muchos otras áreas en las que un enfoque trilateral sería benéfico. Los intereses comunes van desde la competitividad económica regional, hasta la aplicación de la ley; desde la seguridad energética, hasta políticas regulatorias; y desde la solución de controversias, hasta la defensa continental. Como América del Norte es muy diferente de otras regiones del mundo, debe encontrar su propia ruta de cooperación hacia el futuro. Una nueva comunidad de América del Norte no seguirá el modelo de la Unión europea, ni de la Comisión europea, ni tenderá a la creación de grandes burocracias supranacionales. Una comunidad existe cuando cada parte sabe que se beneficia del éxito de su vecino. Nuestra visión para América del Norte es la de tres Estados soberanos cuya colaboración formal refleje su interdependencia mutua y el respeto a sus diferencias. Concentramos nuestras recomendaciones en crear un solo espacio económico que amplíe las oportunidades para todos los habitantes de la región, y establezca una zona de seguridad que la proteja de amenazas externas, a la vez que facilite el tránsito legítimo de bienes, personas y capital. Hacemos seis recomendaciones claves: 1. Crear las instituciones necesarias para sostener una comunidad de América del Norte. Proponemos que las cumbres entre las tres naciones de América del Norte se conviertan en anuales, con lo cual se demostrará la importancia estratégica de nuestra comunidad. Proponemos además establecer un Consejo Asesor de América del Norte que prepare las cumbres y asegure el seguimiento de sus decisiones a fin de ponerlas en práctica.

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2. Crear de inmediato un Plan de Acción Único para las Fronteras de América del Norte. Si bien la amenaza del terrorismo internacional se origina hasta ahora fuera de América del Norte, nuestras fronteras externas constituyen una crítica línea de defensa contra toda amenaza. Cualquier debilidad en vigilar desde el extranjero el acceso a América del Norte reduce la seguridad del continente en su conjunto y exacerba las presiones para intensificar controles sobre el movimiento y el tráfico entre los tres países que la componen. Ello incrementa los costos de transacción asociados al comercio y dificulta el viajar dentro de América del Norte. Como objetivo de más largo plazo, los gobiernos de Canadá, México y Estados Unidos deben crear un perímetro externo de seguridad para América del Norte. En especial, los tres gobiernos deben poner su mejor esfuerzo en asegurar que un terrorista que intente ingresar en nuestra región enfrente las mismas dificultades en cualquiera de los tres países al que pretenda ingresar primero. Como sucedió hace más de una década con el libre comercio, un perímetro común de seguridad para América del Norte constituye un logro ambicioso pero asequible, que requerirá cambios políticos, normativos y de procedimiento en las tres naciones. Entre ellos hemos identificado los siguientes: • • Armonizar políticas de visa y asilo, y ponernos de acuerdo en la lista de países cuyos nacionales no requieren visa para América del Norte. Armonizar los procedimientos de identificación y rastreo de personas, bienes y vehículos, incluyendo el desarrollo de listas de individuos identificados por nombre y características biométricas; • • • Armonizar procedimientos de monitoreo de importaciones y exportaciones; Compartir plenamente datos sobre salidas y entradas de ciudadanos extranjeros; Inspección conjunta por los tres países de contenedores que ingresen por puertos norteamericanos, ampliando la actual Iniciativa de Seguridad de Contenedores que existe entre Estados Unidos y Canadá; y

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Comprometerse

a

un

enfoque

común

frente

a

negociaciones

internacionales relativas al movimiento global de personas, carga y transporte marítimo. Ampliar la cooperación en la aplicación de la ley. La cooperación entre los tres países en temas de seguridad se debe extender también a la cooperación para la aplicación de la ley y contra el terrorismo, y podría comprender el establecimiento de un centro trinacional de inteligencia sobre amenazas, el desarrollo de un registro trinacional de balística y explosivos, y el adiestramiento conjunto de fuerzas policíacas de los tres países, entre otras. Adelantos significativos en la cooperación trinacional para la aplicación de leyes serán posibles en tanto los respectivos gobiernos protejan la integridad de sus instituciones públicas y erradiquen cualquier corrupción sistémica que pueda existir. Ampliar la cooperación en temas de defensa. Además de fortalecer la cooperación entre agencias contraterroristas y fuerzas policíacas en los tres países, hay que seguir construyendo sobre el sólido cimiento de los acuerdos militares existentes en el continente. El paso más importante sería ampliar el Comando Estadounidense de Defensa Aeroespacial (NORAD, por sus siglas en inglés) para crear un comando bilateral Canadá-Estados Unidos de fuerzas conjuntas que tenga el mandato de proteger todas las vías de acceso marítimas y aéreas a América del Norte. Además, Canadá y Estados Unidos deberían invitar a México a compartir más extensamente la información y la planeación entre organizaciones militares, como medida para construir una confianza mutua y preparar el camino para una mayor cooperación en el futuro. 3. Adoptar un arancel externo común. Recomendamos que los tres gobiernos comiencen por armonizar sus aranceles externos, sobre una base sectorial, a la tasa vigente más baja que sea consistente con nuestras obligaciones multilaterales. Se comenzar con bienes en cuyas diferencias en aranceles externos vigentes sean ean mínimas, y paulatinamente ir eliminando diferencias mayores con el objetivo de llegar en el tiempo a un arancel externo común que elimine la necesidad de complejas y costosas reglas de origen. Recomendamos que las tres naciones inicien

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negociaciones en un esfuerzo por encontrar un enfoque común hacia prácticas desleales de comercio y conductas anticompetitivas, incluido el dumping. Para mejorar la consistencia, la previsibilidad y la eficiencia, sugerimos la creación de un grupo permanente de árbitros para los paneles ad hoc para la solución de controversias comerciales bajo el TLCAN. Para facilitar el tránsito y el comercio dentro de América del Norte, los tres países deben acelerar y ampliar la aplicación de los actuales acuerdos bilaterales de fronteras inteligentes. Deben desarrollar un documento seguro para el cruce de fronteras de América del Norte, con identificadores biométricos que permitirá a sus titulares el paso expedito por aduanas, migración y seguridad aeroportuaria en toda la región. A más largo plazo, debemos repensar los sistemas nacionales de control de tránsito y comercio intracontinentales. Esto podrá ocurrir sobre todo si los tres países hacen progresos genuinos hacia el establecimiento del perímetro común de seguridad. Si bien América del Norte es diferente de Europa, vale la pena ver cómo los miembros de la Unión Europea han logrado en gran medida eliminar sus controles físicos fronterizos. Creemos que los gobiernos de Canadá, México y Estados Unidos deben comprometerse con el objetivo de largo plazo de disminuir en forma importante la necesidad de tantos controles físicos gubernamentales del tráfico, los viajes y el comercio dentro de América del Norte. 4. Estimular el crecimiento económico de México. Para hacer realidad los beneficios plenos de la integración económica, y garantizar que se distribuyan con equidad, México debe incrementar y sostener una tasa de crecimiento acorde con sus objetivos de desarrollo. A este respecto, debe poner en práctica un conjunto de políticas que cuente amplio apoyo general, así como decidir por sí mismo los pasos que dará para atraer más inversión y estimular su crecimiento. Estados Unidos y Canadá juntos deben apoyar a México en este objetivo mediante el establecimiento de un Fondo de Inversión para América del Norte, diseñado para crear la infraestructura necesaria que conecte a las partes más pobres del país con los mercados del norte, así como para apoyar la educación y la capacitación técnica para entidades estatales mexicanas comprometidas con la transparencia y el desarrollo. El fondo debe concebirse como

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una inversión productiva de los tres países en la competitividad de la zona económica de América del Norte. 5. Desarrollar una estrategia conjunta de seguridad energética y de recursos naturales. Una oferta confiable de recursos naturales es esencial para la prosperidad y seguridad de la región, respetando al mismo tiempo las políticas y prioridades individuales de cada nación. Con ese fin, los tres gobiernos deben desarrollar un amplio plan conjunto para expandir y proteger la infraestructura energética, desarrollar reservas continentales, conservar los combustibles fósiles y reducir las emisiones contaminantes. En última instancia, la colaboración regional sobre conservación y emisiones podría formar la base para una alternativa de la región de América del Norte al protocolo de Kyoto. 6. Profundizar vínculos educativos. Dados sus vínculos históricos, culturales, políticos y económicos, América del Norte debería tener la red de intercambio educativo más grande del mundo. Recomendamos la expansión de los programas de becas e intercambio para estudiantes en los niveles de secundaria y universidad; el desarrollo de una red de Centros de Estudios sobre América del Norte en los tres países, así como programas transfronterizos de capacitación para maestros de primaria, secundaria y preparatoria

PRESIDENTES DEL EQUIPO DE TRABAJO

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JOHN P. MANLEY es consejero senior de McCarthy Tétrault LLP. Ha ocupado varias carteras de primer nivel en el gobierno canadiense durante 15 años de servicio público, entre ellas la de Industria, la de Asuntos Exteriores y la de Finanzas, y además fue viceprimer ministro. Después del 9 de septiembre de 2001, fue nombrado presidente del Comité del Gabinete de Seguridad Pública y Antiterrorismo, y en esa calidad negoció el Acuerdo de Frontera Inteligente con el secretario estadounidense del Departamento de Seguridad Interior, Tom Ridge. PEDRO ASPE es presidente y director ejecutivo de Protego, empresa líder de asesoría en inversiones y banca en México. Fue titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (1988–94). Ha sido profesor de economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y ha ocupado una serie de cargos en el gobierno mexicano. WILLIAM F. WELD es director en Leeds Weld & Co., empresa privada neoyorquina de inversión en valores. En dos ocasiones anteriores fue electo gobernador de Massachussets (1991–97), fue subprocurador general a cargo de la División Criminal del Departamento de Justicia de Estados Unidos, en Washington, DC (1986–88), y procurador general de Estados Unidos en Massachussets durante el gobierno de Ronald Reagan (1981–86). THOMAS P. D’AQUINO es ejecutivo en jefe del Consejo Canadiense de Ejecutivos en Jefe (CCCE, por sus siglas en inglés), compuesto por 150 ejecutivos en jefe de empresas importantes de Canadá. Abogado, empresario y estratega de negocios, ha sido asistente especial del primer ministro de Canadá, y profesor adjunto de enseñanza de derecho mercantil internacional. Es presidente de la Iniciativa sobre la Seguridad y Prosperidad de Norte América del CCCE, lanzada en 2003. ANDRÉS ROZENTAL es presidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. Fue diplomático de carrera durante más de 30 años, y sirvió a su país como embajador ante el Reino Unido (1995–97), subsecretario de Relaciones Exteriores (1988–94), embajador en Suecia (1983–88) y representante permanente ante la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra (1982–83). Durante 2001 fue embajador plenipotenciario y enviado especial del presidente Vicente Fox.

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ROBERT A. PASTOR es el director del Centro para Estudios Norteamericanos, vicepresidente de Asuntos Internacionales y profesor de la American University. Del 1977 al 1981, fue director de Asuntos Latinoamericanos del Consejo de Seguridad Nacional. Tiene un doctorado en ciencias políticas por la Universidad Harvard y es autor o compilador de 16 libros, entre ellos Toward a North American Community: Lessons from the Old World for the New. CHAPPELL H. LAWSON, director de este Grupo de Trabajo independiente, es profesor asociado de ciencias políticas en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, por sus siglas en inglés), donde preside la cátedra de desarrollo de carrera Generación 1954. Antes de formar parte del profesorado del del Consejo de Seguridad Nacional.
MIT

fue director de Asuntos Interamericanos

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