Por Una Nueva Reforma.

Mario Bunge
por EspirituSakado | buenastareas.com

Escribe Mario Bunge
Por una nueva reforma
En 1918, los estudiantes universitarios cordobeses se levantaron contra la oligarquía
académica. Los reformistas exigían la representación de los estudiantes en sus
órganos de gobierno. "Afortunadamente –escribe Mario Bunge–, a los enfermos no se
les ocurrió exigir la dirección de los hospitales, ni a los pasajeros de tren la dirección
de los ferrocarriles." Filoso, Bunge reclama una nueva reforma que haga innecesarias
explosiones como las del '18. Una reforma permanente, que mantenga a la
Universidad al día con los avances de la ciencia, la técnica y las humanidades.
Por Mario Bunge

Gobierno propio. Los reformistas se arrogaban el derecho de gobernar ellos mismos la
Universidad.
Hace 90 años, los estudiantes universitarios cordobeses se levantaron contra la
oligarquía académica. Su rebelión se propagó no sólo a las demás universidades
argentinas, sino también a varios países andinos. ¿En qué consistió, qué logró y en
qué quedó?
El Manifiesto Liminar de la Reforma, presumiblemente escrito por Deodoro Roca, dice
claramente qué querían los primeros reformistas: exigían democratizar las
universidades y ponerlas al día con la ciencia, porque las juzgaban autoritarias y
anacrónicas. Se rebelaban contra "el arcaico y bárbaro concepto de autoridad que en
estas casas de estudio es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger
criminalmente la falsa dignidad y la falsa competencia".
Los dirigentes reformistas se quejaban justamente de que, para proteger su propia
ignorancia, la Universidad mediterránea de entonces había cerradolas puertas al
criminalista Enrico Ferri, el historiador y jurista Guglielmo Ferrero y el jurista y político
Alfredo Palacios. (Nótese la ausencia de científicos. Obsérvese también que Ferri,
yerno de Cesare Lombroso, compartía la hipótesis de éste de que la criminalidad es
innata.)

Para democratizar la Universidad, los reformistas exigían la representación de los
estudiantes y graduados en sus órganos de gobierno. De hecho, pedían más que
representación estudiantil: sostenían que "el derecho a darse el gobierno propio radica
principalmente en los estudiantes". Afortunadamente, a los enfermos no se les ocurrió
exigir la dirección de los hospitales, ni a los pasajeros de tren la dirección de los
ferrocarriles.
La reforma del '18 logró la democratización parcial de la Universidad argentina:
estudiantes y graduados enviaron sus delegados, libremente elegidos, a los consejos
directivos de las universidades y sus facultades. Pero el cuerpo docente no se
democratizó, porque siguió en manos de profesores pertenecientes a cliques o incluso
familias. El jusfilósofo argentino-germano Ernesto Garzón Valdés ha denunciado que
en su tiempo los profesores de la Universidad de Córdoba se llamaban
mayoritariamente Garzón o Valdés. (De los 15 firmantes del Manifiesto Liminar, dos se
apellidan Garzón y uno Valdés.)
Las conquistas de la reforma fueron recortadas por las dictaduras y dictablandas que
se sucedieron a partir del golpe militar de 1930. Durante la década del 30 y los
comienzos de los 40, los reformistas se movilizaron a veces contra malos profesores, y
salieron muchas veces a la calle paradefender las libertades democráticas que
quedaban.
Recuerdo un acto que en 1935 colmó un teatro de estudiantes de medicina, que
protestaban contra el profesor de Anatomía, quien exigía que sus alumnos comprasen
su propio texto, en tres tomos, plagiado del famoso tratado de Testut, y su propia
libreta de trabajos prácticos. Los muchachos habían compuesto una canción que
cantaban con la melodía de La cucaracha, y que decía: "Por la libreta, por los tres
tomos, ya la vas a pagar".
También recuerdo una manifestación en 1941 a favor del presidente anglófilo Roberto
Ortiz, contrario a su vice, Ramón Castillo, quien favorecía a los nazis. Nos atacaron los
"cosacos" a caballo. Algunos manifestantes regaron la calle con municiones que
hacían resbalar a los caballlos, y algunos fuimos golpeados. Naturalmente, nada de
eso sirvió. Los reformistas nada pudieron contra las Fuerzas Armadas, la Iglesia
Católica y la Embajada alemana.
Bajo el régimen peronista, el estudiantado se dividió en tres facciones: los reformistas,
"humanistas" (católicos) y peronistas. Hacia fines del régimen, los centros de
estudiantes dominados por los comunistas pactaron unas veces con los peronistas y
otras con los "humanistas". Ernesto Mario Bravo, el famoso dirigente comunista de
Química, llamó a la reconciliación con los peronistas a poco de ser torturado
brutalmente. El mismo centro rechazó una colaboración mía y en cambio publicó un
artículo de un "humanista". No cuesta imaginar cómo habrían juzgado esta falta de

principios los padres de la reforma del '18, quienes en su Manifiesto Liminar habían
sostenido ingenuamente que"la juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es
desinteresada, es pura".
Las universidades de entonces no fabricaban conocimientos sino diplomas
profesionales. Los pocos matemáticos, físicos, químicos y biólogos que había estaban
dedicados casi exclusivamente a enseñar a futuros profesionales. Inevitablemente, los
líderes reformistas habían sido formados en esas universidades: casi todos ellos
estudiaban Derecho o Medicina. En resumen, la reforma del '18 fue política, no
académica.
La reforma académica de las universidades argentinas empezó recién en 1955,
cuando las universidades argentinas se libraron de los profesores y decanos
incompetentes ("flor de ceibo") que habían sido designados por su obsecuencia para
con el régimen peronista, y cuando todas las cátedras fueron sometidas a concurso.
Curiosamente, no todos los reformistas del '55 compartían las aspiraciones
académicas de los reformistas del '18. En efecto, mientras los centros de estudiantes
de ciencias apoyaron la renovación académica, no sucedió lo mismo con todos los
centros de estudiantes de humanidades.
Yo fui protagonista de esta reforma académica, en tanto que profesor de Física en las
facultades de Ciencias de la UBA y de la Universidad Nacional de La Plata, y de
Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras. Mantuve excelentes relaciones con los
reformistas de Ciencias, pero pésima con los de Filosofía. Estos últimos me hicieron la
huelga durante los dos primeros meses, porque defendían a mi predecesor, una
persona sin antecedentes académicos. Este individuo, que ni siquiera tenía un
doctorado, había publicadoun manual sobre cómo redactar tesis doctorales (publicado
por la Universidad Nacional del Litoral) y había enseñado un seminario sobre
demonografía en la cátedra de Filosofía de la Ciencia.
Un año después, los representantes reformistas en el Consejo Directivo de la misma
Facultad de Humanidades de la UBA se opusieron a casi todas mis propuestas de
reforma. (Algunas de ellas fueron aprobadas gracias al voto de la delegada
"humanista" de los egresados.) Se decían reformistas pero se comportaban como
conservadores.
La reforma del '18 no logró la reforma académica, que a mi juicio era y es aún más
necesaria que la política. (¿Qué es la política sino herramienta? ¿Qué debería ser la
política universitaria sino una herramienta para elevar el nivel académico?) Con la sola
excepción de la Universidad Nacional de La Plata, el núcleo de las universidades
argentinas siguió constituido por facultades profesionales: las de Derecho, Medicina e
Ingeniería. Y las elecciones estudiantiles empapelaron las casas de estudios con

consignas de politiquería, no de políticas culturales. A lo sumo, hubo declamaciones
contra el cientificismo. Nunca contra el existencialismo, el intuicionismo, el
psicoanálisis, el economismo ni otras estafas intelectuales.
Hace falta una tercera reforma universitaria después de las logradas en 1918 y 1955.
¿Qué digo? Hace falta una reforma académica que haga innecesarias explosiones
como la del '18: se necesita la permanente reforma de fondo, que mantenga las
universidades al día con los avances de la ciencia, la técnica y las humanidades. ¡Viva
la reforma universitaria permanente!