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Peter Burke (ed.

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Formas de hacer
Historia
Alianza Universidad

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Alianza Universidad

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Peter Burke, Robert Darnton, Ivan Gaskell,
Giovanni Levi, Roy Porter, Gwyn Prins,
Joan Scott, Jim Sharpe, Richard Tuck
y Henk Wesselings

Farmas de hacer Historia

Versión española de
José Luis Gil Aristu

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Alianza

Editorial

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Título original: New Perspectives on Historica[ Writing. Esta obra ha sido
publicada en inglés por Poliry Press en 199] por acuerdo
con Basil Blackwell

ÍNDICE

Primera edición en "Alianza Universidad": J993
Segunda reimpresión en "Alianza Universidad" 1996

9

Colaboradores

Reservados rodos los derecho~. El contenido de esta obra está prolegido por la Ley, que
establece penas de prisi6n y/o multas, (\demá~ de las correspondientes indemnizaciones
por danos y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distrib\.lyeren o comuni­
caren públicamente. en todo o ~n parte, una obra literaria, artística o cienlífka, o su
rransformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o
comunicada a través de eualquier medio. sin la preceptiva autorización.

1.

Obertura: la nueva historia, su pasado y su futuro
Peter Burke

11

2.

Hiswria dLsde abajo
fim5harpe

38

Historia de las mu jeres .

59

3.

roan 5coll
4.
© This collection. Po)itv Press 1991
Capúulos 1 y 11 © Pcter Burke; capítulo 2 © Jim Sharpe; capítulo 3 © JO,1[1 Seon;
capítulo 4 © Henk Wesseling; capítulo 5 © GioValltli Levi; capítulo 6 © GWYl1
Prins; capítulo 7 © Australian Journal ofFreneh Studies 1986; capítulo R © {van
Gaskell; capítulo 9 © Rlchard Tuck; capítulo 10 © Roy Porter.
© Ed. casI.: Alianza Editorial, S. A, M¡ldrid, 1993, 1994, 1996
Calle Juan Ignacio Luca de Tena, 15; 28027 Madrid; teléf. 393 88 88

ISBN: 84-206-2765-8
Depósito legal: )\1. 30.686-1996
Compuesto en Fernálldez Ciudad, S. L.
Catalina Suárez, 19; 28007 Madnd
Impreso en Lave!. el Gran Canaria, 12
Printed in Spain

HUlllane~

(Madrid)

89

Historia de ultramar

Hcnk Wfesseling
5.

Sobre microhistoria
Giovanni Levi

119

6.

Historia oral
Gu)'n Prins

144

7.

Historia de la lectura
Robert Darnton

177
7

. Ivan Gaskell es Margaret S. Jim Sharpe es Senior Lectttrerde Historia en la Universidad de York. Historia del pensamiento político . COLABORADORES 209 ¡van Gaskell 9. 307 Peter Burke es Reader de Historia Cultural en la Universidad de Cambridge y Fellow del Emmanuel College. Historia de los acontecimientos y renacimiento de la na­ rración . 9 . Historia del cuerpo 255 Roy Porter 11. 240 Richmd Tuck 10. Robert Darnton es catedrático de Historia de la Universidad de Prin­ ce ton. 287 Peter Burke Índice temático. Giovanni Levi es catedrático de Historia de la Universidad de Venecia. Josn Scott es catedrática de Ciencias Sociales del Institute far Advan­ ced Stud y de Princeton. Richard Tuck es Lecttlrer de Historia de la Universidad de Cambrid­ ge y Fellow del Jesus Collegc. '" . Winthrop Ctlrator o/ Pa/¡¡tings del Museo de Arte de la Universidad de Harvard. Gwyn Prins es director de estudios de Historia y Fellow del Emma­ nuel College.8 Indice 8. Henk Wesseling es catedrático de Historia de la Universidad de Lei­ den y director del Institute far the History of European Expansion. Historia de las imágenes . Roy Porter es Senior Lecturer de Historia de la Medicina del Wellco­ me Institute de Londres.

También se ha producido un desplazamiento en el interés de los historiadores de la economía desde la producción al consumo. a Nilo Od~lia y a los interesados aventes de mis clases en la Universidad e Estadual de Sao Paulo en Araraguara. La economía cxclaVÚla en los EstadOJ Uwdo.. .l del trabajo. Fogel y S. hístoria urbana. si no provecta) es demasiado bien CO~ nacida como para que necesitemos examinarla aquí 2... en demograña histórica. Time un the Crrm (Bastan.·_ . etc. historia rural. .. el universo de los historiadores se ha expandido a un ritmo vertiginoso l. . 1981]. por ejemplo. 1987) hace una evaluación juiciosa de la posicíón de la historia económica en la actualidad. -< ·> ••n.. 2 Un ejemplo famoso (y discutible) en R._~~"'.. en 1989... . se independizó de la económica para acabar frag­ mentandose. cast. \'(j. más recientemente. 1')74) [hay ed. aproximadamente.. Hlstory an the ECOf1Ohúc' Pasl (Oxford. predominante en el siglo XIX.. para atraer la atención. con la historia mundial y la local (confiada en otros tiempos a anticuarios y aficionados).e.. como algunas nuevas naciones.r. A su vez. sostenidos a menudo por revistas especializadas. Madrid. La nueva historia de la economía de las décadas de 1950 y 1960 (ac­ tualmente de una edad adulta. Hay muchos campos nue­ vos. a Gwyn Prins y ü varias generaciones de estu­ diantes del Ernmanuel College de Cambridge y.. C. D.~..~. Tiempo en la cruz... Engerman. histori<. Coleman. SU PASADO Y SU FUTURO Peter Burke En la última generac100. desplazamiento que difi­ 1 Este ensayo tiene mucho que . 11 . la historia económica se escindió en antigua y nueva. ha de competir ahora. La historia nacional.. La historia so­ cial. ~ Capítulo 1 OBERTURA: LA NUEVA HISTORIA.1gradecer a las conversaciones mantenidas duran­ te muchos años con RaphaeJ Samuel. ..

). Barcelona. por el gran historiador alemán Leo­ pold von Ranke (1795-1886). por los mismos problemas fundamentales. el país de la nouvelle vague y le nouveau roman.). <<lluevas enfoques» y «nuevos objetos» 5. 1966). 1985]. etc. si bien él mismo estuvo menos constre­ ñido por ella que sus sucesores. su pasado y su futuro 13 ¿ Qué es la Nueva Historia? La expresión «la nueva historia) resulta más conocida en Francia que en cualquier otra parte. por no hablar de la nouvelle cuisine. The Formatron 01!he Britúh Liberal Party (Londres. París. se trata de la historia relacionada con la denominada école des AnnaleJ. . 3 4 J. quizá. tampoco Ranke fue rankeano.) También podríamos dar a este para­ digma el nombre de visión de sentido común de la historia. Convendría describir ese paradigma tradi~ cional como «historia rankeana».. cast. Los historiadores de la cultura se enfrentan a un problema similar al alejarse de la definición estrecha. Si la política está en todas partes. 2 vol. Le Goff ha contribuido también a editar una masiva colec~ ción de ensayos en tres volúmenes sobre el tema «nuevos proble­ mas). y acceder a una definición de su campo más antropológica. 1974) [hay ed. ¿Qué es esta nouvelle histoire? No es fácil dar una definición posi­ tiva.. La nouvelle hlS/oire (París. The Structure olScientific Revolutmns (Nueva York.. agrupada en torno a la publica­ ción Annales: éconumiej~ sociétés¡ civilisations. ¿Qué es eso que se ha llamado nueva historia? ¿Hasta qué punto es nueva? ¿Es una moda pasajera o una tendencia a largo plazo? ¿Sustituirá -por voluntad o por fuerza.a 12 Peter Burke culta cada vez más la separación entre historia económica e historia social y culturaL La historia de la gestión empresarial es objeto de un nuevo interés que desdibuja e incluso borra las fronteras entre histo­ ria económica y administrativa. 1990J. Hacer la Historia. (ed. la identidad misma de la historia de la economía se ve amenazada por los envites lanzados por un empeño joven pero ambicioso. Madrid. la familia. En estos casos está claro qué es la nueva historia: se trata de una historia «made in Ftan­ ce». de imitar a los teólogos me~ dievales cuando abordaban el ptoblema de la definición de Dios y optar por una vía negativa. de cultura en cuanto arte. difícil ofrecer algo más que una descripción va­ ga que caracterice la nueva historia como historia total (histoire totale) O estructuraL Así pues. Vincent. el movimiento recibe su unidad sólo de aquello a lo que se opo­ ne y las páginas siguientes demostrarán la diversidad de enfoques nuevos. El precio de semejante expansión es. Un repaso exhaustivo de las variedades de la historia contem­ poránea no habría permitido otra cosa que un análisis su perficial. sino también entre los historia­ dores preocupados por los centros de gobierno y los interesados por la política del hombre de la calle. Kuhn. literatura. ¿qué necesidad hay de historia política? . Le Gaff y P.. 6 T. una especie de cri­ sis de identidad. Por tal motivo se tomó la decisión de centrar la atención en unos pocos movimientos relativamente recientes ~. En J. aunque no para elogiarla sino para recalcar que a menudo -demasiado a menudo. Hoy en día. Los ensayos dedicados a ellos se interesan en la práctlca. conocida a ve­ ces con el nombre de ecohistoria. La nueva historia es una historia escrita como reacción delibera­ da contra el «paradigma» tradicional. La división afecta también a la historia política. J.a la historia tradicional o podrán coexistir en paz ambas rivales? El propósito del presente volumen es dar respuesta a estas cues­ tiones. La estructura de las revoluciones científicas. Más exactamente. puesto en circulación por Thomas Kuhn. Le GafE.. la historia de la publicidad. tiene un pie en la historia de la economía y otro en la de la comunicación. 1961) [hayed. escindida no sólo en las llamadas escuelas altas y bajas. el historiador americano de la ciencia 6. por tanto. (Así como Marx no fue marxista. aunque impreciso.. según el término útil. al menos de forma implícita.. pero preci­ sa. de definir la nueva histo­ ria en función de lo que no es o de aquello a lo que se oponen quie­ nes la practican. la historia del medio ambiente. S. en otras palabras. El territorio de lo político se ha ex­ pandido en el sentido de que (siguiendo a teóricos como Michel Foucault) los historiadores tienden cada vez más a analizar la lucha por el poder en el plano de la fábrica. Gardiner (ed. se trataría. cast.. Nora (eds. música. En este universo en expansión y fragmentación se da una progre­ siva necesidad de orientación. 1978). Otra especialización._ Obertura: la nueva historia. incluso.. . Quizá sea útil comenzar abor~ dando estos problemas y situándolos en el contexto de cambios a lar­ go plazo en historiografía. sin embargo. 1988) se contemplan otras varíantes.. Es.) Wha! lS HistoY)J Today? (Londres.se ha supuesto que era la manera de hacer historia y no se consideraba una forma más de abordar el pasado entre otras varias j J. Faue de l'hútoire (3 vals. La nouvelle histoire es el título de una colección de ensayos dirigida por el ilustre medievalista Jacques Le Goff. la escuela o.

en principio. todo tiene un pasado que.teresaba fundamentalmente por el Estado. el objeto esencial de :a bistoria es la polftica. la historia del arte o la de la ciencill~.flée et le monde meJiterraném J l'époque de Philippe Il. Sin embargo. la política es la historia del ptesente. la guerra. Cuando. 290. infra. La t\féditerrIJ. Le miasme ef la . De ahí la consigna de «historia total». De acuerdo con la concluyente frase victoriana ne sir ]ohn Sedey.fediterráneo. Pugachev. t:a~l. número especial. Nueva York 1971). era nacional e internacional. la locura. los historiadores tradicionales piensan fundamentalmente la historia como una narración de acontecimien­ lOS. tan cara a los historiadores de los Antiales. !()dorof d l'imaginúre socia¡. la lectura (estudiada por Ro­ bert lJarnton en el capítulo VII). Haldane. escribea en cier­ ta ocasión el científico J. generales y. Schmin (ed. B. Aunque recientemente se ha producido cierta reac­ ción concra este punto de vista (analizado en la pág. por ejemplo. HÚfoire de la leht" d l'áy. por ejemplo. 1976 [hay ed. Madrid. S.. es decir. Según Brau~ del. Le propre el te Jale: l'!Jnu:lle du. se desinteresa por la historia de los acontecimientos (histoire événementielle).. Aubier-Montaigne. 1982. En tercer lugar. P. 3. Bauman. En segundo lugar.0. J. Armand Colin. El1erything hds a History (Londres. Times olFamil1e (trad.:.." el mundo mediterrá. 1987J. 1a sudedad y la limpieza. Seuil.. un historiador británico escribió una tesis doctoral acerca de un movimiento popular en la Revolucíón francesa. G a 1limard. 1991]. 1951).. Una de las obras históricas más famosas de nuestro tiempo. la muerte. Let Your JX!ords he Few (C2mbrid e e. cast. VigarelJo.l"J .. El hecho de que muchos historiadores y antropólogos sociales compartan esta idea o hipótesis ayuda a explicar la reciente convergencia entre ambas dis~ ciplinas. Ttmes 01 Feas!. 1949 [h3Y ed. La existencia de esta regla se revela en las reacciones que genera su transgresión. Catecrático Regio de historia en Cambridge. los gustos. en otras pala­ bras. el comentario del zat Nico­ lás fue que «personas como ésa no tienen historia. La primera mitad de este siglo fue testigo de la aparición de la historia de las ideas. 2 vol. eclesiásticos. Aunque el paradigma tradicional no excluyera del todo otros tipos de historia ~como. i::lgl. «(Todo tiene una historia». 18'-2(/ ftecles. A. En los últimos treinta años hemos visto un número notable de historias sobre asuntos que anteriormente se consi­ deraban carentes de historia. El nilio y la lJtda famtliar en el antiguo régirnen. El i'l. L Homme devant lu mM!. cast. 7 8 ()bertura: la nueva hístoria. S.14 :?eter Burke posibles. México. el cuerpo (como muestra Roy Porter más adelante. La nueva historia. Fcu­ caulr..l y los acontecimientos no se despachan con la ligereza habitual hasta el momento. Hútnria de la Locura ¿'Il la época clásica.onqtlillt.e c!aSSlque. M3drid.-e. el habla y hasta el silencio' Aquello que antes se consideraba inmutable. P. Aries. G. Cesltlres. de ta que hablan más de una vez los capítulos que siguen (págs.zeo en la época d. de Fernand Braudel.. Según el paradigma tradicional. 1984). Este relativismo socava además la distinción tradi­ cional entre lo central y lo períférico en historia. en el capítulo Xl. 126 y 171). 2. B. da historia es la po­ lítica del pasado. El hombre ante la muerte. E. El fundamento filosófico de la nueva historia es la idea de que la realidad está social o culturalmente comtituida. 1.> Felipe 1J'. eran relegados en el sentido de con­ siderarlos periféricos a los intereses de los <<auténticos» hístoríadores. estadistas. su pasado y su futJro 15 Merece la pena recalcar el relativismo cultural implícito en todo dIo. considerándola simple­ mente la espuma sobre las olas del mar de la historia 9. History and Anthropology (1984). Aries. por su parte. el clima. Corbin. mientras que la nueva historia se dedica más al análisis de estruc­ turas. la feminidad (analizada por loan Scott en al capitulo 3. Madrid. ocasional­ mente. 1987]. Cuando el gran escritor ruso Alexander Pushkin trabajaba en el relato de una rebe­ lión campesina y su cabecilla.>. A:ii:lnza Editorial. lo que verdaderamente ímporta son los cambios eronómicos y sociales a largo plazo Ua longue durée) y los cambios geohistóricos a muy largo plazo. Le Roy Ladurie. M. también incluía la historia de la Iglesia en cuanto institución y Jo que el teórico militar Kar! van Clausewjtz definía como «la continuación de Ja política por otros medios».» Se suponía que la política se ir. la historia tradicional presenta una vista des· de arriba. j. corps dqmú le Moyen Age. Haldane. la gesticulación. Sevil. se ve ahora como una «Construc­ ción cultural» sometida a variaciones en el tiempo y el espacio. 1957 [hay ed. Al testo de la humanidad se le asignaba un pa­ pel menor en el drama de la historia. ha acabado interesándose por casi cualqcier actívidad humana. más que local. Por razones de sencillez y claridad podríamos resumir en siete puntos la opmición entre historía vieja y nueva. El Mediterráneo. en la dé­ cada de 1950. 197 (. la niñez. siguen lomándose muy en serio los diversos tipos de histo­ ria de las estructuras. Casto Lo limpio }' lo melo' la hZgleHe del cuerpo desde la Edad Medra.). R. uno de 9 F. 1979J. Mad:-id. L'EfJlant ct la vie f. en el sentido de que siempre se ha centrado en las grandes hazañas de los grandes hombres. 197J [hay (. es decir. cast. 1977 [hay ed.milliale saus l'ancl('n régÚ11tj Scuil. Braudel. puede reconstruírse y relacionarse con el reseo del pa­ sado 7.

págs. p:íg. Sin embargo. D. el movimien­ to de la «historia desde abajm> presentó. los historiadores del pensamiento han desviado su atención de los grandes libros o las grandes ideas -el equivalente a los grandes hombres-. etc. y en la falta de influencia del rey sobre la his­ toria de su tiempo 14.16 Pe ter Burke los examinadores le preguntó: «¿Por qué se preocupa Ud. Los registros oficiales expresan. JJ Braudel n949). las limitaciones de este tipo de documentación. Ke!1ey. 143-69. • 12 J G A. y «\X'h<lt is H<lppt:ning to ¡he History of Ideas?» Joumal 01 the Hir/ory ojIdeas. ¿por qué subieron los precios en ta Espa­ rra del siglo XVI? Los historiadores de la economía no coinciden en sus contestaciones a esta pregunta. En cuarto lugar. Los historiadores de la Iglesia co­ mienzan a examinar su historia tanto desde abaio como desde arri­ ba 1 J. Collingwood. por lo general.). TheIdea olHistory (Oxford.y su insisten cía en la necesidad de basar la his­ toria escrita en documentos oficiales procedentes de los gobiernos y conservados en archivos. capitulo IX.a) 12 4. como decía Ranke en una frase muy citada. Cfr. 5. R. Igualmente. también contra sus métodos. El apogeo de la historia cuantitativa se dio. Por poner un ejemplo. plantea cuestiones remotamente parecidas a la de Collingwood. e incluso allí el autor ofrece un tipo de respuestas muy díferente al hacer hincapié en las cortapisas a que estaba sometido su protagonista. si los historiadores se interesan por una diver­ sidad de actividades humanas mayor que la que ocupó a sus prede­ cesores. págs. Se ha producido una reacción contra estas pretensiones y. al len­ guaje del escolasticismo o del derecho consuetudinario (d. aparecido en 1949. Para reconstruir las actitudes de herejes y rebeldes. expuesto de forma memora­ bie por el historiador y filósofo R. por su parte. La tarea del historiador es ofrecer al lector los hechos o. En 1987 se fundó. de población. 6. es decir. orales (ver lo escrito por 10 El nombre dd examinador era Lewis Namier. tales registros requieren el complemento de otras clases de fuentes. crecimiento demográfico. . tanto por tendencias como por aconteci­ mientos. 11 E. por ejemplo. su pasado y su futuro 17 Ivan Gaskell y Gwyn Prins en los capítulos VIII y VI). dirigiéndola a la historia de las mentalidades colectivas o a la de los discursos o «lenguajes». habrán de examinar una variedad también mayor de prue­ bas. 51 (1990). pero sus divetsas respuestas (en función de las importaciones de plata. Según el paradigma tradicional. Pocock. De acuerdo con el paradigma tradicional. «Horizons of Intellectual His­ tory". contar «cómo ocurrió realmen­ j} R G. «cuando un histo­ riador pregunta "¿Por qué Bruto apuñaló a César?". Collingwood. cuando algunos entusiastas pretendieron que los únicos métodos fiables eran los cuantitativos. G. 1946). El periodo anterior a la invención de la escri­ tura quedó descartada como «prehistoria». 48 (1987). Existe tam­ bién [a prueba estadística: las cifras del comercio. pero el interés por una historia cuantitativa más modesta sigue aumentando.) The Latlgtla­ ge 01 Polífical Theory (Cambridge. según el paradigma tradicional la historia debería basarse en documentos. de votantes. probable­ mente. 3-25 Obertura: la nueva historia. interesados a menudo tanto por movimientos colectivos como por acciones individuales. The Police and the Peo­ pie (Oxford. En cualquier caso. Historia da Igreja no Brasil enmio de interpretapio a partir do povo (Petrópo]is. etc.) están muy lejos del modelo de Collingwood. la historia es obje­ tiva. HooITwert ~'I al. El precio de este logro fue el olvido de otros tipos de prueba. págs. dedicada a la historia de los acontecimientos. Algunas de éstas senin visuales. Cobb. inl. el punto de vista oficial. Padgen (ed. Felipe II. por ejemplo. en Gran Bretaña una Associafionlor History and Computing. ¡oumal 01 the History 01 Ideas. por [as opiniones de la gente corriente y su expe­ riencia del cambio sociaL La historia de la cultura popular ha sido objeto de considerable atención. 2135s. 1970). 1987). principalmente porque no consigue dar razón de la variedad de cuestiones planteadas por los historiado­ res. por esos bandidos?» 10 Por otra parte (según muestraJim Sharpe en el capitulo Il). Uno de los mayores logros de Ranke fue su exposición de las limitacíones de las fuentes narrativas -!la­ mérnoslas crónicas. 1977). En el famoso estudio de Fernand Braudel sobre el Mediterráneo en el siglo XVI. sólo la tercera y última parte. otras. cierto número de nuevos historiadores se interesan por la <~historia desde abajo». en cierta medida. «(The Concept of a Language. 81. en: A. el ensayo de Richard T uck. en las décadas de 1950 y 1960. quiere decir "¿En qué pensaba -Bruto para decidirse a apuñalar a César?"» u Este ~odelo de explicación histórica ha sido criticado por historiadores más recientes por varios motivos.

263. En la actualidad este ideal se considera. l. Cfr. El relativismo cul­ tural se aplica. como es obvio. pág. periodo en que la reacción contra el paradigma tradi­ cional se extendió a todo el mundo afectando a historiadores del Ja­ pón. Sin embargo. psicólogos. nuestra comprensión de los conflictos se ve aumentada por la presentación de puntos de vista opuestos. Lo mismo vale para algunas formas de his­ toria oral Unfra. Por más decididamente que luchemos por evitar los prejuicios aso­ ciados al color.rhop joumal. la nueva historia está asociada a Lucien Febvre y Marc Bloch. quimérico. la clase social o el sexo. En una famosa carta a su equipo internacio­ nal de colaboradores en la CambrIdge MoJern Hzitory. xix. V. En torno al año 1900. Nuestras mentes no reflejan la rea­ lidad de manera directa.. El movimiento de la historia desde abajo refleja también una nueva de­ cisión de adoptar los puntos de vista de la gente corriente sobre su propio pasado con más seriedad de lo que acostumbraban los histo­ riadores profesionales [7. a quien gustaba definirse como un «historiador dominguero». Stcrn (ed. En este sentido.w (trad. que fundaron en 1929 la revista Annales para promocio­ nar su enfoque. con sus de­ partamentos universitarios y sus publicaciones. como la Historische Zeitschrzji y la English Hútorleal Revzl?w. Nos hemos desplazado del ideal de la Voz de la Historia a la he­ teroglosia. págs. Era. sodal y cultural pueden estar a la altura Citado en F.. El siglo XIX fue un tiempo de la profesionalización de la hístoria. etc. y colaborar con ellos. Al mismo tiempo. 1986). en la generación siguiente. Minneapolis. en su Dialogic Imagtna­ fion (trad. La mayoría de los principales nuevos historiadores son también profesionales. 27. Austin. muy pertinente que el presente vo­ lumen tomara forma de obra colectiva y que sus colaboradores ha­ blaran distintas lenguas maternas. en el sentido de aprender de antropólogos sociales. Los historiadores del arte. publicada a partir de 1902. 1956).i l~ 19 de las exigentes pautas establecidas por Ranke para la historia po­ lítica. La historia rankeana fue el territorio de los profesionales. con la destacada ex­ cepción de! difunto Philippe Ariés. mantienen en la actualidad un contacto más habitual con ellos. en general. lord Acton. Percibimos el mundo sólo a través de una red de convenciones. su interés por toda la gama de la actividad hu­ mana les estimula a ser interdisciplinarios. Lewis Namier y R. pág. que solían atender a sus intereses aislándose en mayor o menor medida del grupo principal de los historiadores.18 Obertura: la nueva historia. M. América Latina y cualesquiera otros lugares. su pasado y su futuro Peter Burke te». la India. la heteroglosia es también esencial para [u nueva historia. de Certeau. sociólogos. H Tawney rechazaron la narración de sucesos en cualquier tipo de historia estructural. 49. 144). 249. alemanes y holandeses» y que los lectores no puedan decir dónde puso su pluma uno de los colaboradores y dónde la retiró otro 15. definida como un conjunto de «voces diversas y opuestas» (infra pág. ingl. por tanto. Kart Lamprecht se hizo impopular en Alemania 17 Ver casI cualquier número de Hutor)' Work. red que varía de una cultura a otra. esquemas y estereotipos. le pedia encare­ cidamente que «nuestro Waterloo satisfaga por igual a franceses e in­ gleses.). Tomo el término del famoso crítico ruso Mijail Bajtin. No obstante. es indudable que la mayoría de los cambios ocurridos en historiografía en ambos decenios forman parte de una tendencia más larga. Para muchos. Heterolo­ gies: Discourse Ort the Otl.¡rlt'lÍt'S IljHúfllry (Nueva York. economistas. como en el caso de Ac­ ton. Los ensa­ yos recogidos en este libro se centran en ese periodo particular. el credo. De hecho sería difícil negar la importancia del movimiento encabezado por estas personas en la renovación de la historia. 1981l. y a Fernand Braudel. ingl. tanto a la historiografía misma como a lo que se denominan sus objetos.3.la nueva historia? La expresión se utiliza a veces para aludir a procesos ocurridos en las décadas de 1970 y 1980. 296) 16. ¿Hasta qué punto es nueva la Nueva Historia? . . más que por el intento de expresar un acuerdo." ¿Quién inventó -o descubrió.. 55. e! director de la edición. En la Gran Breta­ ña de la década de 1930. no podemos evitar mirar al pasado desde una perspectiva particular. en su rebelión contra los rankeanos no estuvieron solos. la li· teratura y la ciencia. Su humilde rechazo de cualquier intención filosófica fue inter­ pretado por la posteridad como un orgulloso manifiesto en favor de una historia no sesgada. Una de las maneras de describir los lo~ gros del grupo de los Annales consiste en decir que han mostrado có­ mo las historias económica. En tal situación. críticos literarios.

Vico. En cuanto al método. En el primer caso. La misma expresión «nueva historia» tiene su propia historia. su pasado y su futuro 21 El empeño por escribir una historia que fuera más allá de los acontecimientos políticos se remonta también muy atrás. CulJure alld Hútor'y 5 (1989) págs. Orr. Gibbon (a pesar de la observación anteriormente cita­ da por mO. quien ciento cincuenta años antes del naci­ miento de Cristo denunció a algunos de sus colegas tachándolos de meros retóricos. más que narrar sucesos. reimpreso en: íd. la más antigua del término data de 1912. el comercio. Hannóver. Burke. la historia alternativa analízada en la presente obra tiene una alcurnia razonablemente antigua (por más que sus tatarabuelos no pudieran. Aquéllos. donde defendía la historia científica.. IS Obertura: la nueva historia. economistas. . que en el siglo XVII formuló nuevos métodos de crírica de las fuentes. Este movimiento en fa­ vor de una nueva historia no tuvo éxito en aquel momento en los Estados Unidos. el R Fruin. Por lo que yo sé.. págs. ¡q J. 271-98). Los contenidos estaban a la altura de su etiqueta. Alexander. Paths to the Amer¡(. J.). Robinson creía en la historia total. En el siglo XVlll se produjo un movimiento internacional favorable a un tipo de historiografía no limitada a los acontecimientos militares y políticos sino interesada por las leyes. sus hábitos y costumbres. (ahe Revenge of Literature». 1-22. las pretensiones de no­ vedad eran conscientes. «The New History and rhe Sense of Social Purpose in American Historical Writing» 0973. Lo nuevo no es tan­ to su existencia cuanto el hecho de que quienes la practican sean ahora extremadamente numerosos y rechacen ser marginados. una generación antes de la época de Braudel. New Literary Hútol'j' 18 (1986). 1990). P. The Htstol'Y ofWomen (Londres. pero el más reciente entusiasmo norteamericano por los Annales se entiende mejor si recordamos este trasfondo locaL No hay ninguna buena razón para detenernos en 1912. como Auguste Comte. a su vez. escri­ bía Robinson. Meiners. . de algunos predecesores suyos: los historiadores de la Ilustración. Verspmde Geschnftetl 9 (La Haya.:hle des Weiblichen Geschlechts (4 vals. quizá. últimamente se ha defendido que la sustitución de una historia vieja por otra nueva (más objetiva y menos literaria) es un motívo recurrente en la historia de la historiografía 20. la maniere de penser de una determinada so­ ciedad. ((World Histories befare DúmesticatiQlll'. 410-18. 1979. (~historia centrada en los aconte­ cimientos». ni tan si­ quiera en 1900. publicación que contribuyó a inspirar los Annales. el «espíritu de la época». al menos. «la Nueva Historia -cito otra vez a Robinson. aunque despreciaran a los historiadores profesionales. y por el histo­ riador griego Polibiu. publicaron estudios sobre historia de las mujeres 23. 1788-18001. describe tendencias. surgió un vivo interés por la historia universal 22.se valdrá de todos los descubrimientos sobre el género humano realizados por antropólo­ gos.se interesaron en extremo por la historia. son acreedores. «La historia». Geschú. Este tipo de exigencias fueron planteadas por la escuela de Ranke en el siglo XIX. profesor de la Universidad de Gotinga (centro de la nueva historia social de finales del síglo XVIII). Gran Bretaña y otras partes a finales dEl siglo XIX como alternativa a la historia del Estado. Harbsmeier. El escocés William Alexander y Christoph Meiners. La frase despectiva de histoire événementidle. En 1860 el erudito suizo Jacob Burckhardt publicó un estudio sobre La ci'f)tb'zaáón del Renacimiento en ltalia centrado en la historia cultural y que. La historia económica se asentó en Alemania.] L. 113. 1912). The Freneh Htstorlco! Revo!u1fotl (Cambridge. El objeto de su interés eran las estructuras y no los acontecimientos y la nueva historia tiene con ellos una deuda que frecuentemente no s~ reconoce. Cfr.20 Pe ter Burke entre la profesión por su desafío al paradigma tradicional. De niuwe hisroriographie. Bloch y Febvre 18 Expresa las ideas de un grupo de estu­ diosos en torno al gran sociólogo francés Émile Durkheim y su revis­ ta. «incluye todo rastro y vestigio de cualquier cosa hecha o pensada por el hombre desde su aparición en la tierra». En otras palabras. a menudo sin aceptarlos. psicólogos y sociólogos» [9. En Ale­ mania. The New History (Nueva York.otl Fost (Nueva York. se acuñó en ese tiempo. págs. reconocer a sus descendientes). cfr. rankeana 21. Los sociólogos del siglo XIX. l Problemas de definición El propósito de este volumen no es hacer el paneglrlco de la nueva historia (a pesar de que sus colaboradores coincidan en la vali­ n M. entre ellos Voltaire. reimpreso en: Id. págs.. 93-131. Herbert Spencer -por no mencio­ nar a Karl Marx. En 1987 el gran historiador holandés Robert Fruin publicó un ensayo titulado «La nueva historiografía». H Robinson. pág. 23 W.. por el gran estudioso benedictino Jean Mabillon. en especial. R Pole. Móser y otros. 1779)~ C. 1904). Así. cuando el aca­ démico James Harvey Robínson publicó una obra con este título. Robertson. el Année Sociologique.

De Decca. W. De hecho. ¿carece de educación o. la famosa monografía de Braudel sobe el Mediterrá­ neo llamó la atención por el espacio dedicado al entorno físico -tie­ rra y mar. cast. Se dan problemas de definición porque los nuevos historiadores se están introduciendo en un territorio desconocido. en E. una inHuencia creciente en la manera de escribir la historia. simplemente. ¿qué es la educación? ¿Es sólo la preparación proporcionada en ciertas instituciones oficia­ les.22 Peter Burke Ubertura: la nueva historia. lmperiaiúmo ecológico. de método y de exposición. 1983). 1986) [hay ed. Este sentimiento de inadecuación no se puede entender si no se mira. señalando la desaparición de castores y osos. como es obvio. Changes ill the Lalld (Nucv. a 10 largo de sus in­ vestigaciones. de Italia al Brasil. tiene una educación diferente. Oriel1talzsm (Lon­ dres. la historia desde abajo fue concebida en ori­ gen como la inversión de la historia desde arriba. por ejemplo. William Cronon ha escrito un excelente estudio de la Nueva In­ glaterra colonial centrado en los efectos de la llegada de los europeos sobre las comunidades vegetales y animales de la región. su pasado y su futuro 2) dez O. A su vel. eliminando diferenci<ls entre Oriente medio y lejano. probablemente. 1981). en 1949. una gran repercusión en la historiografía reciente. desde luego. el nuevo paradigma tiene también sus problemas: problemas de definición. por ejemplo. por eíemplo. de hecho. En el futuro. Estos problemas reaparecerán en los capítulos específicos.. 24 2' . ¿quién es el pueblo? ¿Lo son todos. A. Crosby. Sain. el movimiento ecologista tenor<i. los estudiosos se han ido dando cuenta más y más de los problemas inherentes a esta dicotomía. Sin embar­ go. En algunas partes del mundo. poniendo la cultura <~baj3» en el lugar de la alta cultura. los pobres. 1978).-sia y África. a las transformaciones producidas a lo ancho del mundo. La descoloniza­ ción y el feminismo. Como señala Henk Wesse1ing más aba­ jo (capitulo IV). corno escuelas o universidades? La gente corriente. ya ha inspirado cierto número de estudios. son dos procesos que han tenido. cedros y pinos de Weymouth y la creciente importancia de animales europeos de pasto. W. pero podría ser útil anali­ zarlos brevemente aquí. La historia de Oriente ha sido considerada por los historiadores occidentales COtno lo opuesto a la propia. Barcelona. Por razones tanto internas como externas. del hombre como destructor de bosques para construir las galeras que ocupan un lugar tan destacado en las páginas de El Mediterráneo. en la necesidad de al menos alguD<ls de sus formas). No obstante. sin embargo.. Algunos comentarios agudos sobre este problema. Asia y América. las diferencias entre estas experiencias requieren también un análisis. desde Nueva Inglaterra a Nueva Zelanda 2~. montañas e islas-o Hoy. y la importancia de distinguir la historia de las mujeres de la de los hombres queda subrayada por Joan Scott en el capitulo lII. ". el cuadro de Braudel resulta curiosamente estático. pues su autor no tuvo seria­ mente en cuenta la forma en que se modifica el medio ambiente por la presencia. la historia de la gente corriente se suele denominar <<1a his­ toria de los vencidos». etc. Sin embargo. de fuentes. Ecologtc<¡f Irnperialism (Cambridge. El movimiento en favor de un cambio ha nacido de un amplio sentimiento de lo inadecuado del pa­ radigma tradicional. Alfred Crosby ha analizado lo que él denomina «1a ex­ pansión biológica de Europa» entre el 900 y 1900 Y la influencia de las enfermedades europeas en abrir camino al éxito de la instalación de «Neoeuropas». Así. sino evaluar sus fuerzas y debilidades. más allá del gremio de los historiadores. Cronon. En una escala muy distinta. no es disparatado ha­ blar de la crisis del paradigma historiográfico tradicional. que todas las personas co­ rrientes tiene idénticas experiencias. etc. las «clases inferiores» como solía llamarlas el intelectual marxista Antonio Gratnsci? ¿Lo son los iletrados o las personas sin educación? Podemos dar por su­ puesto que las divisiones económicas.como el estudio de las relaciones entre Occidente y el resto del mundo. comienzan con Una especie de imagen en negativo de lo que buscan. 1988]. la historia universal ha sido vista -por los occiden­ tales. China y Japón. una cultu_ ra distinta de la de las elites? No deberíamos suponer. Al publi­ carse. Algunos escritores nos han ofrecido una ecohistoria más dinámi­ ca. 26 E. se­ gún dejan cumplidamente claro los capítulos escritos por Henk Wes­ seling y Joan Seott. 1930: O stiéllciodoJ vencidos (Sao Faulo.] '{ork. si la cultura popular es la cultura «del pueblo». po[íticas y culturales coinciden necesariamente en una sociedad dada. Pero. ignorando las interacciones entre -!. Como acostUm­ bran a hacer los exploradores de otras culturas. asimilando así las experiencias de las clases in­ feriores de Occidente con la de los colonizados H.

por ejemplo. ed. Historic¡JI AlltbropoIogy of Earl Modem Ita~y {Cam­ bridge. Cfr.. La expresión en sí no es nueva: la li Cfr. su pa50do y su futuw 25 uie quotzdienne era el título de una serie lanzada por la editorial fran­ cesa Hachette en la década de 1930. según la llaman los alemanes. está considerada ahora por algunos historiadores como la única historia auténticJ. o debería centrarse en la experiencia de la guerra de las per­ sonas civiles? 28 Una historia de la educación desde abajo. re­ chazada en otro tiempo por trivial. Lo nuevo aquí es la importancia dada a la vida cotidiana en la historiografía contemporánea. la historia social y cultural parecen disol­ verse la una en la otra. precisa. Algunos de quienes las practican se describen como <muevos) historiadores de la cultura. cast. Lo cotidiano se halla tam­ bién en la encrucijada de enfoques recientes en sociolog[a (desde Mi­ chel de Certau a Erving Goffman) y en filosofía (tanto marxista como fenomenológica) 32. o de las experiencias y diagnósticos de los pa­ cientes en relación con su enfermedad? 27 Una historia militar desde abajo. al igual que los antropólogos sociales. Lo común a estas formas de abordar la cuestión es su interés por el mundo de la experiencia ordinaria (más que por la sociedad en abstracto) en cuanto punto de partida.) era estrecha pero. 231-56. según ha señalado el sociólogo Norbert Ellas en un importante ensayo. intentan en la actualidad desvelar las reglas latentes de la vida cotidiana (1a «poética~) de cada día. otros. 1989). 1980-2). ¿habría de centrarse en el pequeño comerciante o en el pequeño consumidor? Una de las razones de la dificultad para definir la historia de la cultura popular es que la noción de «cultura)) es incluso más difícil de definir que la de «popular». ver J.malt Culture ed. Cfr. el impacto del relativismo cultural en la historiografía parece ineludible. etc. The Status ofEveryday Llfe (Londres. revisada: Les structures du quotidien (Parí~. ¿tendría que ocuparse de los curanderos. Geschicbte des AlltagJ des Delltscben Volkes (4 vals. El rostro de la batalla. F. pero genera sus propios problemas_ En contextos distintos. El Estado. 1979) [hay ed. como ha hecho de forma tan memorable John Keegan. BrouJel. Keegon. Alianza Edit. al menos. Kuczynski. Berlín. como historiadores ~<socioculturales» J4. Madrid. 1985). R. Ciertos historiado­ res. Mackie. 29 ].). The New Cultural H¡story (BerkeJey. de Certeau. La historia de la vida cotidiana. E. al menos. si utilizamos el término en un sentido amplio. En cualquier caso. págs. eCOItómlCrl y ca­ pItalismo. qué es lo que no cuenta como cultur:l.1. L¡!loen/ion du quaüdiell (París. 1976) [hay eJ.. en espe­ cial desde la publicación en 1967 del famoso estudio de Braudel so­ bre la «civilización materiah> 31. Lefebvre. CivIllzacióll material. . Hunt {ed. Un elemento fundamental de la nueva historia es su noción amplia de cultura 3D. 55S. En este punto. legislador o santo en una determinada cultura 33. Nous les maftres d'ém/t' (París. por oposición a los médicos profesionales. junto con un empeño por considerar problemática la vida diaria. Ozouf (eJ.). <tThe Poetics of Everydoy Behaviour in'Russian Eighteenth-Cenmry Culture. Una historia política desde abajo. )0 L. Hunt (ed. 1990J. H. Otro ejemplo de nuevo tratamiento que se ha topado con proble­ mas de definición es la historia de la vida cotidiana. la noción de lo cotidiano es menos precisa y más JI F. 1967). «The Patient's View: Doing Medical History from Below») Theory I1t'A SOCWf)' 14 (1985). 3 vol. Porter. )2 M. cn~t. el centro con el que debe relacionarse todo lo demás. en el sentido de mostrar que el comportamiento o valores dados por supuestos en una sociedad se descartan en otra como evidentemente absurdos. los gru­ pos sociales y hasta el sexo o la sociedad misma se consideran cons­ truidos culturalmente. ¿habría de tratar las hatallas de Agincourt o Waterloo de los soldados corrientes. l~ L. la gran literátura. 1989). No obstante. Goffman. 215S.se a los maestros corrientes. Tht! Face af Baftte (Londres. 175-98. 1984). Paris. A Uspenskii (Ann Ar­ bQr. págs. o presentar la escuela desde el punto de vista de los escolares? 29 Una historia económica desde abajo. Burke. 1%7) examina la experiencia de los maestros de escuela elemental c. como ha hecho Jacques Ozouf. Tbe Neu' Crdtural History (Berkeley. Obertura: lo nueva historia. ¿debería considerar la religión desde el punto de vista de [os laicos. ¿tendría que olvidar a los ministros y teóricos de la educación y volve.Jrial. 1946-81). en expresión del semiótico ruso J uri Lotman) y mostrar a sus lec­ tores cómo se es padre o hija..). fuera cual fuese su rango social? Una historia de la medicina desde abajo. J Lotman y B. su significado cambia. en~ The Semiotics ofRu. Ctvil'~'atlon m"lérid/e el capitl11isme (París. págs. CritIque de la vie quoüdit'lJIu' (3 wk. n Sobre los soldados rasos. 1980). Ll1tman. 1984].. J. ja Alltagsgeschl­ ehte. La definición de cultura calificada de «teatro de ópera~) (en el sentido del gran arte. habremos de preguntarnos. Tbe Presentalion of Setf tn Everyeidy Llft' (Nueva Yurk 1959). ¿debería debatir las opiniones y actos de cualquiera que esté exclui­ do del poder o habría de tratar de la política en un plano local o en el de la gente corriente? Una historia de la Iglesia desde abajo. Un debate más amplio sQbre el pwblemél de la historiografía de las reglas culturales. Sin embargo. 1914. 19871. en P. H J.24 Peter Burke La expresión «historia desde abajO}> parece ofrecer una salida a estas dificultades.

otros. analizada en el ca­ 35 N. otros. Hammerich y 11.26 Peter Burke complicada de Jo que parece.lichung. Obertura: la nueva histori. Los historiadores de la cultura popular procuran reconstruLr las ideas ordinarias y cotidianas partiendo de registros de sucesos que fueron extraordinarios en las vidas de los acusados: interrogatorios y juicios. los muertos) es un cometido que implica mayores riesgos que los habituales en la historia tradicional (si bien resulta necesaria como parte de la historia total). en especial de los interrogatorios de sospechosos. The .o con tendencias a largo plazo -como la occidentalización o el nacimiento del capita­ lismo. cuan­ do los historiadores comenzaron a plantear nuevas cuestiones sobre el pasado. por qué medíos y durante qué periodo la revol u­ ción francesa o la ruS<l imbuyeron (por así decirlo) la vida diaria de los distintos grupos sociales. de hecho. Sin embargo. por ejemplo en ciertos casos de historiadores de Africa como Jan Vansina. El reto planteado al historiador social es mostrar cómo el relacionar la vida cotidiana con los grandes suce­ sos -como la Reforma o la Revolución francesa. págs. hay que tener la honradez de admitir que la '~ Cfr. Dos famosos estudios de historia desde abajo se basan en actas in­ quisitoriales. sin duda. que podría utilizarse aquí: «rutinización» (Vera!!tti'p.l.S. «Zum Begriff des Alltags». los visitan­ tes forasteros advierten en la vida de toda sociedad ritos cotidianos -formas de comer. Visto desde dentro. R. En lo cotidiano entran acciones -Braudel lo define como el reino de la rutina. los principios en que se basa esta lectura no son siempre claros. Lo ritual. por ejemplo. Se ha debatido el problema de la inl1uencia del historiador-en­ trevistador y de la situación de entrevista en las declaraciones del tes­ tigo 37. Samuel y P. hacia las esradísticas. los de fuentes y métodos. por tanto. han hecho gran uso de los registros judiciales. como las de la historia de la cultura popular en el siglo XVI 36. etc. Los historia­ oores de la cultura popular. necesario leer los documentos entre lí­ neas. Este intento de lectura entre líne<ls es perfectamente correcto. parte de la historia. que podían formar un grupo no típico. Se ha sugerido ya que. P. Burke. un hito de las ocasiones especiales en la vida de individuos y comunidades. desde la vida privada hasta el mundo de la gente corrien­ te 35. las mujeres trabajadoras) o escuchar a quienes no se expresan (1a mayoría silenciosa. Igual dificultad entraña la descripción o el análisis de la relación entre estructuras de cada día y cambio cotidiano. El famoso sociólogo !vlax Weber acuñó un término. Intentan reconstruir lo que la gente corriente pensaba en función de lo que los acusados. por otro. Sin embargo. por poner un caso. de saludarse. analizado en el capítulo Il. y estructuras de la vida cotidiana. estaban dispuestos a decir en la situación inusual (por no decir terrorífica) en que se hallaban. 1978).J (Opladen. hubieron de bus­ car nuevos tipos de fuentes que complementaran los documentos ofi­ ciales.). Es justo admitir que retratar a los socialmente invisi­ bles (por ejemplo. hacia las pruebas hgurativas (capítulo VIII). Pero no siempre es así. Las pruebas orales han sido objeto de gran atención. hasta qué punto y con cuánto éxito se les opuso resistencia? Problemas de fuentes Sin embargo.e (1975).l1. literalmente «cotidianización»).vths W'é Lwe By (Londres. ¿Hasta dónde. A pesar de tojo. lII. K. 1978). Es. Klein (eds. los mayores problemas de los nuevos historiadores son. de Ginzburg (1986). Thompson (eds. La historia política de la época de Carlomagno. lo cotidiano parece intemporal. Podría incluir hasta lo ritual. y El queso y los gusanos. al me­ nos. a elegir nuevos objetos de investigación. También se ha demostrado posible releer cier­ tos tipos de documentos oficiales de una manera nueva. 1990).forma.ldú y su futuro 27 pirulo VI. Por otra parte. su P'lS. se defi­ ne a menudo por oposición a lo cotidiano. y en algunos otros de historiadores contemporáneos. . sobre todo cuando lo llevan a cabo historiadores de la sutileza de Ginzburg o Le Rov Laduric. U no de los focos de atenCÍón de los historiadores sociales podría ser el proceso de interacción entre acontecimientos y tendencias de ma­ yor importancia.que los habitantes locales no logran percibir en absoluto como rituales. Elii1. también famoso. cap.y también actitudes que podríamos llamar hábi­ tos mentales. Elías distingue ocho significados en el término. J7 Popular Clllturr: ¡n EJr<l' J\Iodern El/rope (Londres. preo­ cupados por la fiabilidad de las tradiciones orales mantenidas duran­ te siglos. por un lado. en: Matenellm :mr SozlfJ!Qgte des Al/tags. como Paul Thompson al reconstruir la experiencia vital en la era eduardia­ na. Algunos se volvieron hacia la historia oral. 22-9. se basa en fuentes tan escasas y poco fiables. el Montailloll de Le Roy Ladur.. todas estas fuentes susdtan problemas engorrosos.

l. 19842]. MisterIOS paganos de! Renacimiento. Los problemas de In iconografía se hacen más penosos cuando los historiadores de otras materias intentan utilizar la pintura 38 P.y I)/the ConsumerSociety (Londres. pág 101 [hay ed.. no ofrecen un reflejo de la realidad si­ no representaciones de la misma. con las convenciones pictóricas. Slud! medlevali 8 (1966). si no excavando el pa­ sado (Versalles y otros edificios importantes de la Edad Moderna no necesitan. i. cast. Wind. Represemafio!lS 9 (1985) págs. sino también su deuda. el territorio tradicional de los arqueólogos que estudian épocas carentes de documentos escri­ tos. 1977). la primera revolución industrial y¡ más recientemente. ca~t.comparando la primera edición del estudio de Vansina sobre la tradición oral. 1972]. Thr' J-h¡ton"a" and Film (Cambridge. EssaJ's in Icollv!og"" (Nut:va York.). Usv y abufO de' /11 historia. La cultura material es. Si algunas fotografías victorianas de la vida rural se parecen a los paisa­ jes holandeses del siglo XVrI. su pasado y su futuro 29 para sus propios proposltos como prueba de actitudes religiosas o políticas. arrojando así con una frase la arqueologL3 indus­ trial al cubo de la basura ~4. analizado mas abajo por Ivan Gaskell. haciendo hincapié no sólo en la selección realizada por el fotógrafo de acuerdo con sus intereses. Estudios so­ bre icvnología. Londres. por supuesto. Los debates en torno al nacimiento del in­ dividualismo y la privacidad en la Edad Moderna se basan actual­ mente no sólo en las pruebas suministradas por los diarios sino también en cambios como la aparición de vasos individuales (en lu­ gar de jarras comunes) y sillas (en lugar de bancos) y en el desarrollo de habitaciones especialmente destinadas a dormitorio 4~. 1983). 39 P. Es muy fácil caer en una argumentación circular. The Archaeolo:!. consciente o inconsciente. 1988) [hay ed. 101. The Use and Abuse 01 HlStOry (Londres.. 1-32. Panofsky. Alianza Editorial. The Burden ol Representa­ fion: Essays on Pholographies Imd Hrs!orieJ (Amherst. Los fotó­ grafos. págs. E. le ha sucedido un periodo de glaciación de relativo escepticismo. Trachtenberg. en su obra Symbolic Images (Londres. In época de virtuosos como Erwin Panofsky y Edgard Wind.. ser excavados).l Aby \X'al'burg a E. Vovelle (ed. .. Thompson. Su crítica merece una respuesta seria. u ]. ¿Puede aspirar a algo más la arqueología del periodo posterior a 1500 (al menos. Sobre la icono­ grafía par-J los historiadores de las mentalidades. HLJdson. Sin embargo no hay ninguna buena razón para restringir los mé­ todos arqueológicos a la prehistoria y los arqueólogos han comenza­ do de hecho a estudiar la Edad Media. sin embargo. 198. Pagan M)'s!eries in the Re­ nazssance (Londres. En el caso de las imágenes pictóricas. cast. al clima de entusiasmo de la decodificación de su ico­ nografía o iconología a mediados del siglo xx.. 1939) [hay ed. Gombrich. Los historiadores comienzan a emularlos. etc. es difícil no preguntarse si la cultura material no está siendo utilizada como mera confírmación de una hipó­ tesis fundada en primer lugar en pruebas literarias. ~2 K. Deetz. Gombrich».51. O:xford. H. Tagg. imáge­ nes y. J. J. un ámbito temporal más amplio. 1958) [hay ed. e ~I Ginzburg. Barcelona. págs. practicada por los historiadores desde hace siglos.. Madrid. «AI­ bnms of Wan>. a fin de producir. en Oc­ cidente)? El difunto sir Mases Finley insinuó en cierta ocasión que «ciertos tipos de documentación hacen de la arqueología algo más o menos innecesario». Oral Tradüion (trad. como los historiadores. prejuicios. Valencia. Su critica iba dirigidu t:n particular contra Fritz Saxl.. revisada. más en general. 1976). Madrid. ver M. casI. 1965) y Ora! Trad¡fion rlJ HistorJ O\Iadison. ingl. por suerte. Imágenes simbolfeas. Podemos hacernos cierta idea de la distancia recorrida en un cuarto de siglo --y del trecho que aún queda por andar. des­ de la América colonial hasta la actual sociedad de consumo 42. 1-22 [hay ed. 1988). 1990J]. 1988J. 1978 (ed. lhe Archaeology 01 Ear!y American Ltfe (Nueva York. In Small Things Forgotten. La situación es bastante similar en el caso de fotografías. The Vofee olthe Pas!. 1. pero todavía está por hacer una estimación a fondo del valor de las pruebas de la cultura material para la historia posterior a la Edad Media. Se han dado algunos importantes pasos hacia la crítica de fuentes de las imágenes fotográficas. Fin!e)'.28 Pecer Burke crítica de los testimonios orales no ha alcanzado la complejidad de la crírica documental. ~~ M. Barcelona. A.Aims and Limits of lconology». cast.D. lconographfe el histvire dr:J 1flt'IlIrllttés (Aix. creencias. Vansina. Obertura: la nueva historia. como decía Thomas Hardy en el subtítulo de Under the Greenwood Tree.5-65. leyendo (por poner un caso) una imagen de Alberto Durero como síntoma de crisis espiritual y presentando luego la imagen como una prueba de la existencia de la crisis --11. 198g e]. sí al menos prestando más aten­ ción a los objetos físicos. H. La vvz del pasado. (. podría ser muy bien porque los fotógra­ fos conocían esa pintura y situaban sus personajes en consonancia. Los criterios para la interpreta­ ción de significados concretos latentes son realmente difíciles de for­ mular 40. «un cuadro de la escuela holandesa». ~o E. Alianza Editorial. Un punto de vista más escéptico aparece expresado por E. 1972). valores. pero también aquí queda un largo trecho por recorrer 39. publicado por primera vez en 1961. 1979). 1975). con la versión completamente reescrita de 1985 J8. Smith (ed. En este caso. pruebas de la cultura materiaL Algunas obras recientes sobre fotografía (y cine) han puesto en evidencia la preten­ sión de que la cámara es un registro objetivo de la realidad.

la aparición y expan­ sión de los métodos cuantitativos. existe una <mueva historia política» cuyos cultivadores cuentan los votos emitidos en las elecciones o en la actividad parlamentaria 4(. La introducción en el discurso histórico de una gran profusión de ('stadísticas ha llevado a polarizar a los profesionales en incondicio­ ll:des y oponentes. el estu­ dioso benedictino. Los American National Archives. si ellas mismas están someti­ das a cambio. menos probabilidades habrá de que las unidades de las series -testamentos. las medidas de la diosa de la historía. En EE VV. o en los legados para celehrar funerales complica­ dos o misas de difuntos 4S. realizadas con ayuda de or­ denadores. por ejemplo.. por ejemplo. A Appadurai (ed. el de las mentalidades reli­ giosas o seculares 47. más exactamente. M. . «El ~Banco de datos" del Santo Oficio». los historiadores tienden más y más a conside­ r:lr los archivos antiguos. De re dip!nmlltica (París. (histoire sériette). 1983). las estadísticas.bbillon.confían en gran parte en pruebas como las descripciones de viajeros (que nos dicen mucho sobre la localización y funciones de objetos particulares) o inventarios de bienes. de la historia. requiere ser tratada como algo problemático.. es su extensión a otros tipos de historia en las déca­ das de 1960 y 1970. Es fácil malinterpretar las estadísticas. 547-70. pero lo mismo ocurre con {os textos. 17 P. ('llentan ahora con un «Departamento de datos de lectura mecánica» v los archiveros comienzan a lamentarse por la conservación y alma­ ~'l'namiento no sólo de manuscritos sino también de cintas perfora­ ¡I'ls. . Aydelotte. Tbr: S()Cldl Lrfe ofTbings (Cambridge. un campo que en los últimos años ha atraído un notable interés. se ha extendido gradualmente del estudio de los precios (en la década de 1930) al de la población (en la de 1950) y al denominado «tercer niveL. seguramente. Pifté bal'oque el déc!Jmúanúatiot! (París. lo que necesitamos es una nueva «diplomáti­ ca)) (como en el caso de las fotografías y demás nuevas fuentes ya analizadas).l<lnt¡fic¡Jtion in American PoJi/ieal Hútory (Bewrly Hills. Bogue. Lo que se necesitan son medios para discri­ minar. t-. Lo nuevo. investiga el cambio de actitudes ante la muerte según se revelan en tendencias expresadas en las fórmulas de 30. Hennigsen. Cuanto más largo sea el periodo. La noción de serie. W.. Naturalmente. Chaunu. como los de la Inquisición. este enfoque tiene UIla larga existencia entre los histo­ riadores de la economía y los demógrafos históricos. Un estudio famoso de la llamada «descristianiza­ ción» de la Francia moderna deduce el meollo de su demostración del descenso de las cifras de la comunión pascual. en qué medida y para qué fines. 1681). como «bancos dI: datos)) que pueden explotarse mediante métodos cuantitativos ~'J. le Bras. Quantifict1tion ¡n HIJ. ¡Quién será el Mabillon de la estadística. 1986). la historia de la cultura material. reimpreso en: íd Hú/OIre (lttantit¡Jlif. la fotografLa o la historia oral? 49 G. A.xactamente lo mismo con muchos manuscritos casi ilegibles o a punto de desintegrarse. para descubrir qué tipos de estadísticas son más de fiar. Boleiín de la Real ACllde­ rmadeHistoria 174 (1977). ¿cómo pueden utilizarse como medida de otros cam­ bios? En otras palabras. Otro.sean homogéneas. en­ tonces y ahora. C/io ¡¡ud [he Bitch GoJdess: Q. se basa menos en el estudio de los artefactos mismos que en fuentes literarias. SIl/des de SOClO!OgU: religieuse (2 vals. En Francia la «historia serial>. en espe­ dal cuando se estudian cambios a largo plazo." niveaw) (1973. Se pueden falsificar ras estadísticas. fundamental en la historia serial.000 testamentos.. pero sucede otro tanto con Jos textos. En consecuencia. es decir. En los últimos años.a G. en su guía para la utilización de documentos ofi­ ciales en un momento (finales del siglo XVII) en que el recurso a ese tipo de pruebas era novedoso y despertaba las sospechas de historia­ dores más tradicionales 50. suscepti­ bles de análisis por métodos cuantitativos 45. "(. Este fue el término empleado por Jean Mabillon. centrado en la Provenza del siglo XVIII. llamada así porque sus datos se disponen en series cronológicas. Mass. La maxima innovación metodológica -y la más controvertida­ en la última generacÍón ha sido.tury (Reading. VovelJe. Ahora bien. listas de cumplimiento pascual o cualesquíera otras. . 5U pasado y su fututo 31 kvana: los archivos. descritos a veces íronicamente como «Cliométrica». htstoire sirielle (París. por la vida social de grupoS" revelada por su uso de las cosas. observando la disminución de referencias a la «corte celestiah>. 1978). 1973'.30 Perer Burke Curiosamente. han penetrado incluso en la ciudadela de la historia ran­ 4. Ambas partes han tendido a exagerar la novedad de los problemas planteados por la utilización de cifras. París 1~)55-6). pero pasa t. \{] J.). 1971). p6gs. Los histo­ riadores interesados por lo que se ha llamado la vida social de las cosas -o.~Le quantitatif au 3. ( l!Jcrtura: la nueva hiscoria. Los datos de lectura mecánica no son de utilización grata.

32 Petc[ Burke Problemas de explicación Ya hemos insinuado que la expansión del terreno del que se ocu­ pan los historiadores implica repensar la explicación de la historia. 23-40. fundándose en que dichos modelos sobreestiman la importancia de la conciencia y la racionalidad. quieran que no. cios donde sobrevivir (cfr. pues los acontecimientos políticos pue­ den explicarse también de varias maneras. <dmention and Explanation». Th" Content of Social Explanatiol1 (Cam­ bridge. infraJ. Como Braudel. 1985). 287 SS. Explanation 171 Social IfHIUJ)' (Oxford. 52 E. 5~ Tomo la di~tinc¡ón entre «intencionalistas» y «funcionalistasl> de T. R Trevor-Roper y A. G. Se­ gún estos «funcionalistas». políti­ cas o culturales? ¿Son estas estructuras meras trabas de la libertad de acción o permiten a los agentes efectuar un mayor número de elec­ ciones? 51 En las décadas de J 950 Y 1960 los hIstoriadores de la economía y la sociedad se sintieron atraídos por modelos de explicación histó­ rica más o menos deterministas. Erikson. (donde el psicoanáli­ '. Waite. págs. en el sentido de tratar el problema de los motivos o tendencias de Hitler como algo relativamente marginal. Los historiadores que es­ tudian la Revolución francesa desde abajo. Shrinking History (N ueva York. de reducir las complejidades de un adulto (o de 1m contlicto entre adultos) a la relación de un niño con sus padres 52. Myth and Rw. 1984). los modelos más atrayentes son ¡os que hacen hincapié en la libertad de elección de la gente corriente. Hoy. Hay también historiadores que combinan los enfoques es­ I\'S. 1977). Lloyd. Para ilustrar las actuales controversias sobre la explicación histó­ rica podría ser útil tomar el ejemplo de Hitler. Incluso estos últimos es­ tudiosos divergen a veces de los modelos tradicionales de explica­ ción histórica al apelar a los motivos tanto conscientes como incons­ cientes de los dirigentes. sin embargo. el trauma de la muerte de su madre (después de ser tratada por un mé­ dico judío). como Robert Waite. Hirtschfeld y L. etc 53.( )rprenderá descubrir que su manera de abordar la cuestión haya provocado controversia y que se les haya acusado de «empequeñecer 1:1 historia). darán probablemente un tipo de explícaciones bastante diferente a las de quienes se centran en los actos e intenciones de los dirigentes.Iv los problemas de identidad del «joven Lutero». Estas personas van desde el psicoanalista Erik l:. pues las tendencias culturales y sociales no pueden analizarse de la misma maneta que los acontecimientos políticos y requieren una pre­ sentación más estructural. ¿Quiénes son los verda­ deros agentes de la historia. D. J P. su capacidad para sacar partido a las inconsecuencias e incoherencias de los sistemas sociales y políticos. ThePsychopathic God:AdolfHitler (Nueva York. Taylor acerca de la importancia relativa de los objetivos de Hitler a largo y corto plazo.rikson. La expansión del universo histórico ha tenido así mismo repercu siones en la histotia política. P. . para descubrir rendijas por donde introducirse o intersti.1(lr Peter Gay. 1980). su pasado y su futuro 33 Así. han ofrecido interpre­ taciones de Hitler en función de las intenciones inconscientes e. Masan. En primer lugar.rtura: la nueva historia.UU. hasta el historia­ . Agradezco a Jan Kershaw por ha­ berme llamado la atención sobre este artículo. Stannard. a la geografía. como los marxistas.i:-. subrayando su sexualidad anormal. unos pocos historiadores. L. que causó sensación en la década de 1950 con su estudio . ( lIH. un grupo de los denominados psicohistoriado~ la mayoría de los cuales residen en EE.. Los debates anteriores como el mantenido por H. Young Man Lu/her (Nueva York 1958). quien predica y practica la psicohistoria.. James. es decir. como se les ha denominado (o «historia­ dores estructurales».l (Stuttgart. Freud for Historians (Nueva York. Kettenacker (eds. 1981). Difícilmente '. por ejemplo. o a los movimientos demográficos (como en el caso del denominado «modelo malthusiano» de cambio social). Gay. Otro grupo de historIadores dejan por completo de lado lo que llaman «intencionalismo». como preferiría describirlos). en la maquinaria del gobierno y de los procesos de toma de decisiones y en el nazismo como movimiento social 5~. daban por supuesta la validez del modelo tradicIonal de expli­ cación histórica en función de la intención consciente. in­ cluso. 1986) ofrece una visión general. el debate se ha ampliado.íctica de la historia. Los historiadores. :) R. los individuos o los grupos? ¿Pueden oponerse con éxito a las presiones de las estructuras sociales. Sin embargo. tanto si daban prima<:ía a los facto­ res económicos. han de ocuparse en cuestiones que h<ln interesado desde mucho tiempo atrás a sociólogos y otros cLentLficos sociales. en: The Fuhrer State. de la psicopatología. las explicadones históricas de la política del Tercer Reich exigen centrarse en las per­ sonas que rodearon a Hitler. G. págs.lit)'. según sugiere GiovannÍ Levi en su capítulo dedicado a 1<3 micro historia. sus estrategias. Más accesible a los no filósofos es S. en fechas más recientes. ha impregnado la cultura más profundamente que en cualquier 11I ra parte) han intentado incorporar las intuiciones de Freud a la Ill'. 51 C.

su pasado y su futuro 15 Pierre Bourdieu. corren el riesgo de la superficialidad. y tam­ 1lién en mamemos de crisis. 813-36.¡l ReVléuJ 90 (1968). el de los filósofos. do. A diferencia del \ oncepto de (regla». Zeldin. lQ86). P. los díalcctos de sociólogos y antropólogos sociales. La mia propia puede resumirse en dos puntos opues­ tos. ¿Tendremos que soportar esta situación o existe alguna esperanza de síntesis? Es imposible ofrecer algo más que una opinión parcial y personal del problema. el hábito posee la gran ventaja Je permitir a q\lien lo utiliza reconocer el ámbito ue la libertad individual dentro (k. cast. bien recibidos. Si explican las dife­ rencias del comportamiento social en diversos periodos mediante discrepancias en las actitudes conscientes o las convenciones sociales. No obstante.1'10. Delumc:lU. estos procesos tienen su precio. 1989).úedo en occtden­ te: siglos XIV-XVIII. Madrid. T. I II. 1457·502. Pero a estos grupos de historiadores [es co­ mienza a result. BClUrdieu. están lejos de haber sido resueltos los problemas metodológicos que supone perseguir objetos de estudio tan esquivos como éstos 56. xibilidad de los agentes individuales en el pasado. La disciplina de la historia está ahora más fragmentada que nunca.\r cada vez más difícLl conversar entre sí. corren el riesgo de negar la libertad y la He. o es el carácter que adoptarán en el futuro los debates históricos? Si se ha de producir un acuerdo de ese tipo. «Emotionologv». ¿Se trata de una fase pasajera.. 1973· 7J. 56 J. Lowenberg. perturbador en el debate en torno a Hitler -como muchos otros debates históricos de los últi­ mos años. desde la geografía a la teoría litera­ ria. el orgullo. del medio físico y sus recursos. Culture tlrtd Class tí! A!/fh­ ropoloj!J'and His. El argumento es insólitarI1entc explicito en G Sider. y RasSlIrer et pmtJger (París. 1977). no han puesto muy en duda la importancia de los factores ma­ leriales. existe el peligro de caer en el extremo contrario y «desfamíliarizar» el pasado tan completamente que resulte ininteli­ gible.:e (trad. N. Este movi­ P. Arnenco1l1 Historló¡! RevU'w 76 {l971J. Todavía parece Iltil considerar que estos factores materiales determinan lo que se ha de hacer. La peur cn Ocn&nt (Paris. J'. Resulta estimulante observar un in­ terés progresivo en este terreno. los nuevos historiadores -desde EdwarJ Thompson a Roger Chartier. el amor.. a largo pLlzo. z_ yP. la hipocresía. C. j 978) [hay ed.han te" Ilido un amplio éxito en desvelar la inadecuación de las tradicionales ('xplicaciones materialista y determinista de la conducta individual y (()lectlva a corto plazo y en mostrar que en 18. EI. y los historiadores sociales. más complementarios que contradictorios. Los historiadores se enfrentan i1 un dilema.t'rtura: la nueva hii>toria. meU­ klricamente hablando.'ory (Cambridge y Parí. Oxford. págs. la angustia. Outlme ofa 'l'ht'oT)' o/ Pfrl(JI. Al intentar evitar el anacronismo psicológico o. la cólera. págs. 2. Se ha roto el consenso tradicional sobre lo que constituye una buena explicación histórica. 1989]. ciertos lImites impuestos por la cultura 'j7. los debates sobre la motivación consciente e inconsciente con tos de las explícaciones sobre lo individual y 10 colectivo. y C. la culpa.. la propensión de sus miembros para seleccionar Il'spuestas de entre un repertorio cultural particular de acuerdo con LIS demandas de una situación o campo concretos.\) I !lourdieu se refiere Problemas de síntesis Aunque la expansÍón del univen:o de los historiadores y el diálo­ go creciente con otras disciplinas. que será reemplazada por una nueva conformidad. France 1848-1945 (2 vals. Una posible manera de eludir esta dificultad es utilizar ia noción de «hábito» de un determinado grupo social expuesta por el sociólo­ ~5 P. los problemas a los que los individuos.:an Hút(lrl~:. ingl.. la hipótesis de que las personas del pasado pensaban y sentían lo mismo que nosotros. 1968). An<~er (Chicágo. el área de lo que po­ dría llamarse «psicología histórica» (psicología colectiva) llegará a ser de especial importancia al vincular. la proliferación de subdisciplinas es virtualmente inevltable. Lo interesante y. <iThe Psychohistoricai Origini> of the Nazi Youth Cohort». Por otro 1. Cambridge. al mismo tiempo. AJ'lerj. el mle. Z. En primer lugar. la seguridad y otras emociones.. deberán ser. los grupos y. viJa cotidiana. lo que cuenta es la cultura 58. n Stearns. Stcauls. ~I 5H .es que ya no se atiene a las reglas. probablemente. sin duda. Un puñado de recientes monografías se centra en la historia de la ambición. En mi opinión. en otras palabras. Los historiadores de la economía son capaces de hablar el lenguaje de los economistas.14 Peter Burkc tructurales con los psícohistóricos y se centran en explicar qué habia en los nazis para empujarlos hacia Hitler 55. Por otro lado. las culturas intentan adaptarse o responder. si explican las di­ ferencias del comportamíento por la diversidad de la estructura pro­ funda del carácter social.". los historiadores del pensamiento. Con el término (hábito» de un grupo social. A pesar de todo. los problemas subsisten.

1988). «la política del lenguaje~> o la manera en que el ritual puede expresar poder y hasta. Lo más importante de todo ello es. de la sociedad sin rostro humano. Gender and Htstory 1 (1989). Segalen. (trad. pero debemos hacer algo para mantener estos costos intelectuales lo más bajos posible.> preconizada por Braudel. La incomunicación entre disciplinas o subdisdplinas no es inevitable. 6} M. Cannadine y S. a los dirigentes.36 PeTer Burke miento no se limita a la historia. El historiador norteamericano Michael Kammen podría tener razón al proponer que el concepto de «(cultura» en su sentido amplio y antro­ pológico. pero se han dado algunos pasos más hacia éL él M.i' 1791-1815 (Oxford. un ejemplo entre muchos de la división creciente del trabajo en nuestra sociedad industrial (o postindustriaü tardía. Love ¡mJ POfl'i'f 111 [he Peasallt Family (trad. 1984). simple­ mente. págs. Knmmen. págs.). Cambridge. di' /. Trevelyan A Gurevich. crearlo <\2. su pasado y su futuro 37 "como historia al margen de la políticas» es rechazada en la actual1­ llnd casi por todos. La République au village: ks po!wiatiol1J du VaJ. De manera similar. iogl. 62 M. 198. Los historia­ dores de la cultura popular se interesan más y más pat· describir y analizar las relaciones cambiantes entre 10 alto y lo bajo. Srnith. La microhistoria y la historia de la vida cotidiana fueron reacciones contra el estudio de las gran­ des tendencias sociales. no sería realista creer que este objetivo pueda ser ¡llcanzado alguna vez. En cambio.. De hecho. 287 ss. sociedad y cultura se consideran ahora terreno de juego de las tomas de decisión y los historiadores debaten «la po~ lítica de la familia». «la intersec­ ción de la cultura popular con la de las personas instruidas» 59. descubrimos un interés por el com­ 11Dnente social en la política y por los elementos políticos en la socie­ ll. Editorial colectivo. Price (eds. la historia de los acontecimientos estuvo a punto de ser arrojada por la borda.3). 1"6. Actualmente es posible observar en todos los casos citados una reaccíón contra esta reacción. Se producen tanto costos como beneficios. a las elites. La oposición tradicional en­ tre acontecimientos y estructw'as está siendo sustituida por una preo" cupación por sus interrelaciones y algunos historiadores experimen­ tan con formas narrativas de análisis o formas analíticas de narración (ver inFa.(culturas políticas».1 RévoiuiwlI a la 2e République" Seuil. 1987). se trataron en ciertos casos como si fneran independientes de la historia de la cultut'a erudita y de la historia de los hombres (y hasta opuestos a ellas).ld. La co~ nacida definición de la historia social dada por G. hay signos estimulantes de acer­ camiento y hasta de síntesis. Americall Studies 29 (1984). Todavía estamos lejos de la «historia total. Los historiadores de las mujeres han extendido su interés hasta incluir las relaciones entre seXos en general y la construcción histórica tanto de la feminidad como de la masculinidad 60. Medreval Popular Culture. Es cierto que.). ingl. <iExtending the Reach of American Cultural History». en el primer arrebato de . Por un lado. ¡/ . una inversión del prejuicio de los historiadores políticos tradicio­ nales. Examinan las . Por otro lado. D. La profesión histórica ofrece. la eliminación final de la vieja oposición entre historiadores políticos y no políticos. los historiadores políticos no se limitan a la alta política.entusiasmo por la historia estructural. Cambridge. págs. 1979. 19-42. en algún sentido. el descubrimiento de la historia social se asoció a veces a un desprecio por la historia políti­ ca. La prolifera­ ción tiene sus ventajas: aumenta el conocimiento humano y fomenta métodos más rigurosos y niveles más profesionales. Analizan la geografía y la sociolo­ gl-a de las elecciones y la «república en la aldea» 61. Rituals (~(Rom/fv \Cambridge. Agulhon. 59 60 ( ¡hertura: la nueva historia. M. quizá. En el caso específico de la historia. una búsqueda del centro. «Why Gender . The Poli/ies of Lallgtlaf. como el de la historia de las mujeres y de la cultura popular.lod History?». las ideas sobre política que forman parte de la vi­ da cotidiana pero difieren ampliamente de un periodo o región a \ltra. Algunos nuevos campos. O. sirva de «posible base» para [a «(recombinación» de los di­ versos enfoques de la historia h5.

es­ cribió varias cartas a su mujer: Ln biltillJa de tres días ha eonclulJp. la historia se ha contemplado tradicionalmente como un relato de los hechos de las grandes personalidades. Zaragoza.. y en cualquier oportunidad. págs. ver Harvey J. el dinero saqueado al cadáver de un oficial de los húsares &anceses. págs. Durante las dos décadas pasadas. pondre por escrito los detalles del gnm acontecimien. países y tipos de histo­ ria se dieron cuenta de la posibilidad de explorar las nuevas perspec­ tivas del pasado que les ofrecía. 1984) [hay ed. el soldado raso William Whee1er. lo que me fue dado obsen. . entumecidos y tiritando de frío . to. probablemente Je la manera más directa hasta el día de hoy. es decir. Liddell Hart (ed. la destrucción de un cuerpo de.: coraceros enemigos por una descarga de su regimiento.Capítulo 2 11 j~{(lria desde abajo HISTORIA DESDE ABAJO fimSharpe El 18 de junio de 1815 se libró una batalla cerca del pueblo bel­ ga de Waterloo. Como sabrá cualquiera que h<. 7 abril 1966.1809-1828. A partir de ese momento el concepto de historia des­ de abajo se introdujo en la jerga común de los historiadores. En el siglo XIX se desarrolló cierto interés por una historia social y económica de ma­ yor alcance. Stud. Frederick Kantz (ed.. varios historiadores que traba­ jaban sobre una gran diversidad de periodos. el resultado de esta batalla fue que un ejército aliado a las órdenes del duque de Wellington. ar. cierto mÍme­ ro de individuos descontentos con esta situación y ya en 1936 Bertolt Brecht. 4 History Irom Below. Los libros de his­ loria nos dicen que Wellington ganó la batalla de Waterloo. Del Clasicismo e.lya estudiado la histo­ ria británica.lmaneció so­ bre no~Otros y nos eneontró calados de llovía. la necesidad de una perspectiva distinta de lo que podría califi­ carse de «historia de las personas principales» 2. caSL. derrotó al ejército francés mandado por Napoleón Bonaparte. 279·80... muerto por los disparos de un miembro del destacamento mandado por Wheeler. del 51 regimiento de infantería británico. decidiendo así la suerte de Europa. H. The Brilfsh Marxist HlStorians' an Introductory Ana~~'W (Cambridge. B.:n adelante.l de la posibilidad de convertir en reali­ dad esta opción no llegó hasta 1966. En los días que siguieron a la batalla. «History frum Below». Pero quizá sea justo decir que una afirmación seri<. l Wheeler continuaba ofreciendo a su mujer una descripción de la batalla de Waterloo desde una posición peligrosa: la experiencia de 1 The Letters o/Private Wheefe. del soldado raso y no del gran comandante en jefe. Hubo. Poemr. 1976).lar Ideolog\'. Pilra un análi~i~ del trasfondo de las ideas de Thompson. ~(lportar el fuego de la artillería francesa.) (Londres. declaraba. qu~ ya es bastante.p fuentes como la correspondencia del soldado Wheeler con su esposa y se han sentido atraídos por la idea de indagar la historia desde el punto de vista. habría muerto l. por así decirlo. uno de quie­ nes contribuyeron a determinar el destino del continente. En 1985 se publicó un volumen de ensayos titulado History }1-om Below 4. Aho­ ra. Estoy S<1no y salvo... Thompson. El año pasado me reñiste muchas vece~ por fumar en casa. mientras que en 1989 una nueva edición de un libro dedicado a la Bertolt Brecht. pero debo decirte que. con un apoyo tardío aunque decisivo de las fuerzas prusianas dirigidas por Blücher. La mañana del 18 de junio . por supuesto. 168-72. En cier­ lo sentido. William Wheeler y miles como él la ganaron igualmente. l E.) {Londres. 38 39 pág~. P. el espectá­ culo de montones de cadáveres de guardas británicos quemados en L1S ruinas del castillo de Hougoumont. 1951). 1988). Los hú/oriadorcs manmtas britámcos: 1m {Jnrílisú fnlfIJductorio.es ltI Popular Prolesl and Popu.) (O:dord. 252"3. The Times Lilr'rary Supplernent. Kaye. en su poema «Preguntas de un trabajador que lee». Se trata de ]a eJición inglesa de una colección publicada primeramente en Momreal en 1985. si no hubiera tenido nna buena provisión de tabaco esa noche. pero el principal tema de la historia siguió siendo la ex­ posición de la polLtica de las elites. 1989]. cuando Edward Thompson pu­ blicó en The Times Literary Supplemettt un artículo sobre «La historia desde abajo)) 3. John Willet y Ralph Manheím (eds.

tal vez. como ya he insinuado. C. Pero. Según veremos. una gran parte de la historia enseñada en Gran Bretana en cursos preuniversitarios y universidades (y sospecho que también en instituciones similares de otros países) contempia la expe­ riencia de la masa de la población del pasado como algo inaccesible o carente de import<lnóa o no consigue conside¡'¡ula como un pro­ blema histórico o. 1988). tanto más se reducirá el . al tejedor «anticuado» que trabaja con un telar m. El segundo es el de aislar algunas de las cuestiones referentes a pruebas.laL al . De este modo. se ha encontrado una etiqueta para esta perspectiva del pasado que nos ofrecen las cartas de William Whee­ ler. al margen de las críticas que se puedan plantear a su interpretación dd tema. Su hostilidad a la nueva incustrinlización fue. 5 R.ndres. como tratamiento de la historia des­ de abajo. el intento de estudiar la historia de esta mane~ ra implica ciertas dificultades. más o menos. El p['. pág. 279. se ha realizado un trabajo excelente con materiales como los que quedan de periodos antiguos. Al hacerlo así deberé tener en ('\Ienta dos temas diferentes. muy atractiva.1. págs.Tiro Sharpe historiografía de las guerras civiles inglesas y sus consecuencias titula­ ba un capítulo sobre los últimos trabajos dedicados a los radicales de esa época <iHi~toria desde abajo. abrir nuevas áreas de investigación y.lish Revo!lItioIJ R!?Vút"teJ (Lc. en términos amplios. En segundo lugar. explorar las experiencias históricas de [as personas cuya existencia tan a menudo se ignora. pero el problema es bien real: antes de los últimos años del siglo XVlU escasean los diarios. existen varios . cuanto más atrás se remonten los historiadores en la recons­ trucción de la experiencia de las clases bajas. sobre todo. Basta con leer el estudio de Thompson sobre los arios de formación de la clase trabajadora inglesa para darse cuenta de que. por tanto. La idea de abordar la historia de este modo resulta muy atrayente.killg o/ the English Workillg Class (Londres. corno suele ocu­ rrir.lema general de la reconstrucción de la experiencia de un conjunto de personas «co­ rrientes). Thompson. 1965). la complejidad de los problemas que implica el estudio del pa­ sado aumenta con más rápidez de lo que podria parecer a ~rimera vista. Sin embargo.. pues. refiriéndome en la medi­ de lo posible a lo que podría considerarse un conjunto de publi­ ('adones clave. se da por supuestLl o se menciona de pasadé1 en la corriente princip<ü de la historia.. X. memorias y manifiestos políticos a partir de los cuales poder reconstruir las vidas y aspiraciones de las clases bajas. En 1965 Edward Thompson planteó vigorosamente el punto de vista opuesto en el prólogo a una de las principales obras de la historia de IngL1tcrra: Intemo rescatar a la calcc:cra pobre. (History from BeJovl». comprendía la necesidad de intentar en­ tender a esta gente en el pasado. en los últimos veinte años. aunque en gran medida inextricables. lwsi. cap.) J. además. por lo general. sino que. 6 Thompson. 12-1) 11¡.ml.rari a desd~ abajo 41 El objeto de este ensayo será explorar. Tbe Debate on the En!!. P.. pero. en la medida en que el historiador moderno es capaz de llevar a cabo tal experiencia a la luz de la suya propia y de sus reacciones personales. cuyos recuerdos constituyen la materia prima de la historia oral.:iimpe"jnú ludita.)]ementc temet·¡lrias.lrtesano «utópico» y ha~t. no hay muchas duda.nsi. 7 E. en el mejor de los casos.40 . conceptos e ideología suscita­ das por el estudio de la historia desde abajo. Esta diversidad abarca desde la reconstrucción de las expe­ riencias de los pastores del Pirineo en la Edad Media a las de los an­ cianos que trabajaron en la industria. retrógrada. ve a la gente corriente como «lino de los problemas que el gobierno ha tenido que afron­ tan> e. Thompson. de rescatar las experiencias pasadas de la mayoría del olvido total por parte de los historiadores o de lo que Thompson denominaba «el aire de enorme condescendencia de la posteridad» es. algunas de las posibilidades y problemas inherentes a I~\ escritura de la historia desde abajo. The Ma. sus conspiraciones sediciosas. ámbito de las fuentes disponibies. con 1a excepción de unos pocos periodos (como las dé­ cadas de 1649 y 1650 en Inglaterra). ideales (:omunitaristas fueron qui­ zá pur¡l fanl. Sus oficios y tradiciones pueden haber sido agónieos. Dicha perspectiva ha resultado de inmediato atrayente para los historiadores ansiosos por ampliar [os límites de su disciplina.\ a lo~ seguidores burla­ dos de Joanna Southcott del aire de enorme condesr:endend~ con que los contempb la posteridad.s de que el material en que se basa constituye un cuerpo de fuentes masivamente amplLo y rico. Aún hoy. Su::. La primera se refiere a las pruebas. Richardson. «The T wentieth Century: "Hi5tNv from Below"). (1:1 La perspectiva de escribir la historia desde abajo. PelO ellos vi­ vieron en esas épocas de extrema inquietud socia! y nosotros no 7. no sólo discernía el proc.mero de ellos es el de introducir al lector en la absoluta diversi­ dad de asuntos expuestos por las obras dedicadas a lo que podría describirse. al l.

habría que señalar que n~ hay razón para que un enfoque marxista no genere una «historia desde arriba" auténticamente eficaz. debemos reconocer la deuda de los his­ toriadores sociales con las ideas de Marx y los historiadores marxis­ tas y.deas o/Karl Marx (Londres.. antes de que IIITOS autores que escribían desde rradiciones diferentes sugirieran la . 199 t]. <. Al analizar las. 23-64 [hay ed. . y Barry Reay. poco más o menos. podría parecer que. 1984). son. la cultura de sus ocupaciones y el sexo. La mltura popular en Id Eu­ sonas. 89. las considef<1ciones de Peter Burke. el punto de partida del ensayo publica­ do por Thompson en 1966 fue en gran medida éste mismo. no tengo la intención de unirme a la tendencia ac­ 1II<llmente en boga de execrar una de las tradiciones intelectuales más ricas del mundo. SCJCie(v and Culture in Early Modem Fran­ ideología autorizados.teenth Century England. Hoggart aconsejaba cautela a los lectores de la historia de los movimientos de la clase obrera. púg. Hobsbawm mantenía que la posibilidad de lo que él denomina (. Litleages 0. ese «abaÍo) y qué habría que hacer con la historia desde abajo. 1978). era «que sus autores exageran el lugar de la actividad política ropa modernd. la contribución de los historiadores marxistas ha sido enorme. 1975) y David S. 1983). J. por ejemplo. esta tendencia <dmpuso unas anteojeras bastante eficaces a los historiado­ res socialistas» 11. o más en general. Popular Cultl. la mejor manera de il ustrar estos problemas sea referírse a la obra de los historiadores que escriben desde la tradición marxista o la his­ toria de las clases trabajadoras en Gran Bretaña. . Aunque habría de ir más allá de estas limitaciones.historia de la gente corriente) no era una auténtica evidencia antes de 1789. Por otra parte. El tras­ londo histórico de esta corriente de pensamiento ha sido descrita más recientemente por Eric Hobsbawm. Power in the Blood: Popular Culture and Vdlage Dis­ course in Earl-. «IntroJuction: Popular en la vida de los trabajadores y no siempre tienen una idea adecuada Culture in Early Modern England". El estado absolutista. aunque también advertía que este proceso ten­ ce (Londres.¡History from Below-Some Reflections». escribía. 1985). ningún historiador ha logrado dar todavía una definición que abarque plenamente lo que era en realidad la cultura popular en ese periodo B. como en muchas otras per­ Modern Europe ¡Londres./ the Ahwlutut Sta/e (Londres. No obstante. En 1966 Thompson observa­ ~ Una manera de acometer el problema es examinar la experiencia de distintos ba un cambio de rumbo en los antiguos intereses de los historiadores sectores de las clases bajas.. Según continuaba señalando. cast.distintas maneras de abordar el estudio de la clase tra­ bajadora.' Modem Germany (Cambridge.42 Jim Sharpe 1I i~toria desde ab. incluso re­ montándonos al siglo XVI. 1I E. pág.ilTIplitud de temas que podría estudiar el historiador social. a veces mediante el estudio de casos aislados. Hobsbllwm. era algo más bien variado.. La razón fundamental de ello es que «el pueblo». 11 [hay ed./ Literacy: Aspecl./erenu lo Publications al". Qui­ zá. «comienza con la de los movimientos de masas en el siglo XVTIL. exactamen­ te. para el socialista. HÚ/0ry Irom Be­ 12 Richard Hoggart.. Por lo que yo sé. Para el marxista. los histo­ riadores marxistas habían tendido a restringir el estudio de la historia desde ahajo a los episodios y movimientos en los que las masas em­ prendían una actividad política abierta o se comprometían en terre­ nos de desarrollo económico muy conocidos. pág. Alianza Editorial. 1.ljo 43 problemas de conceptualización. ed. Madrid. cierto fílósofo marxista ha afir­ mado que cuantos escrÍben historia desde abajo lo hacen a la sombra de las ideas marxistas de la historia lO.La historia de la gente corrience en cuanto terreno específico de estu­ dio». Reay (ed.d Enterlainmenls (Harrnondsworth. B. 1989~]. Dos obras que recurren a este planteamiento y constituyen importantes eontribuciones a la his­ del mundo obrero por las instituciones trabajadoras y los dirigentes e toria desde ahajo. The R(!Vo¡utionri~' .Ir~)! estas obras históricas dejaban en Hoggart. tanto aquí como en otros países: de hecho. en Popular Culture itl Sev(:/. Krantz. púgs. Como es obvio. dividido por la es­ tratificación económica. ver los comentarios de Perry Anderson. ¿Dónde se ha de situar. ­ de lo que es corriente en esas vidas» 12. La impresión que gran parte de ~ Ver. Madrid. cast. pág. día a privar de una parte de su coherencia a la historia de los trabaja­ 10 Alex (~Il!Jinicos. Aunque tal pretensión pueda parecer un tanto exagerada.lbean. el in­ terés por la historia de la gente corriente se desarrolló al crecer el movimiento de los t1-abajadores». Natalie Zemon Davis. en !ow. 1979). una vez escrita? Las complicaciones inherentes a la cuestión de quiénes son aque­ llos cuya historia se hace desde abajo queda claramente ilustrada en uno de los terrenos de crecimiento de la historia social de los últimos años: el estudio de la cultura popular en la Europa de la Edad Moder­ na. desde luego.5.m'!tl E.í o/ Working-Class Ltj~ with ""pecial Re. Tales consideraciones invalidan cualquier noción simplista de lo que podría querer decir «abajo) en la mayoría de circunstancias históricas 4. [he [)ses 0. Igual importancia tiene la cuestión rdativa al significado o propó­ sitos más generales de un tratamiento de la historia desde abajo. 1958). de Richard Hoggart. A algo parecido a esas anteojeras aludía un libro publicado en 1957. 15. aparte de considerarla una especie de categoría re­ sidual. que muy bien podrLa haberse subtitulado <da irrupción de la clase obrera inglesa»: la obra The Uses of Literacy.) (Londres.

El problem a (según daba a entend er Hoggar t) era que los historia dores del movim iento obrero. de 1798. Barcelona. según hemos señalado. según señalaba Hobsba wm. obispo de Poitiers. Hobsbaw rn.ls de la comuni dad erudita y la metodo logía y tratami ento de las fuentes de Le Roy Ladurie han suscitad o ciertos interrog antes 17. declaraba. sino aque­ llas que podrían conside rarse antepas ados de dicho movimiento: no los trabajad ores en cuanto tales.. Montaillolt demost ró no sólo que la historia desde abajo podía resultar atractiva para los lectores en generaL sino también que cierto~ tipos de actas oficiale s podían utilizarse para explora r el mundo intelectual y material de ge­ neracio nes pasadas. A pesar de los inconve nientes . alderJ oCCItana de 1294 a 132~ (Madrid. V R. se ganó algunas críti­ l'<. Como es natural. pig. se dispone de muy poco material que pueda conside rarse testimo nio directo de los cam­ pesinos mismos» lll. Al escribir a la luz de la posterio r expans ión de la historia del mundo obrero. en: Pathways lo Medif"f)(]¡ Peasants. Hobsba wm citaba la acción de masas del pueblo y los ar­ chivos creados por una «vasta y laboriosa burocraci~» que docume n­ taron las acciones de la gente corrien te y posteri orment e se dedica­ ron a clasificar y arcbiva r sus informes ~<en provech o del historiador». 17 Ver. A pesar del esceptici smo perceptib le en tOrno ¡] la singulari dad de la contribuc ión de los hisroriadores de la Revoluci ón francesa. «Sorne Refleetions»). 1986]. está claro que las obras basadas en esre periodo han interveni do de manera sustancia l en la creación de! canon de la hjsloria desde abajo.r du Nord (París. «Hisrory frorn Be!ow. pág.. L. pero Montatllou surge como algo parecid o a un hito en la historiografía escrita desde esta perspectiva. desde estudios tan pioneros como el de Georges Ldebvre . disfrutó de mayor atenció n.es Armancl Colin. el impacto más amplio fue escrito por un estudio so francés y tiene como tema una comun idad rural pirenaica en la Edad Media.). 1981). a diferencia de los garrapa teados manusc ritos de los siglos XVI o XVII» 15. Al pregun tarse un poco más adelant e (.]. les foules révoltó14 11 [\Loria desde abajo 45 Sin embarg o. cast. pág. Marcus (ed. Hobsba wm pudo hacer coment arios más centra­ dos sobre este punto. 1986). ha­ bían estudia do «no cualqui er tipo de persona s corrientes. «aunqu e existen extensos estu­ dios históricos sobre comuni dades campesinas. Los historia dores que trabajan desde abajo deben. sino más bien.) (Berkeley. pensab a que el desarro llo de los movimientos de masas a finales del siglo XVIl! fue lo primero que puso sobre aviso a los estudio sos acerca de la posibi­ lidad de escribir historia desde abajo y afirmó a continu ación que «la Revolución francesa. los sindi­ calistas o los militantes obreros».:por qué han surgido modern amente tantas obras de historia sobre gente corrien te a partir del estudio de la Revolu ción francesa». pág. quizá. aunque el con­ n'pto de historia desde abajo fue desarro llado fundam entalm ente por historia dores marxistas ingleses que escribía n dentro de los lími~ [l'S cronoló gicos tradicio nales de la historia del movim iento obrero hritánico. fue el banco de pruebas de este tipo de historia». J. Bovie. «From Culture: tbe poetic. marxistas o no. 1988) [hay ed. me­ jor venta y un número de lectores más amplio que la mayoría de obras de historia medieval 1{. u Thornpson. por supuest o. 18 Le Roy Ladurie. especia lmente desde que el íacobin ismo fuera revitalizado por el socialismo y la Ilustrac ión por el marxismo. el libro que ha recurrid o a esta perspec tiva del pasado y ha I'roduc ido. Les Paysan. De hecho. De hecho. Montaillotó. durante su investigación de un caso de herejía en­ tre 1318 y 1325. Hobsba wm.. por ejemplo. 1924) y Le gmnde petó. los cartistas. 15.44 Jim Sharpe dores 1). 1~ ¡bid. ClifEord y G.. los historia dores económ icos y sociales se han ido acostum brando progres ivamen te a servirse de tipos de docume nta­ I'. 280.. Le Roy Ladurie resolvió este problem a basand o su libro en las actas inquisitoriales levanta das por ]acques Fournie r.f and Poli/ies o/ Ethnography. en: WritÚ'lg Rosalclo. no debería «sustitu ir a la historia de la gente corriente» 14. 16. vi. La historia del movim iento obrero y otros procesos institucionalizados. la historia desde abajo no tiene coma tema la histo­ política modern a más conocid a tratada por historia dores incapa­ ¡ l'S de afronta r los retos de la paleografía. Esta docume ntación resultó ser un rico filón para posterio res investi­ gaciones y fue también. La obra Montaillou. . (Toronto. publica da Ilor primera vez en Francia en 1975. Como señalab a su autor. Los lectores del primer ensayo de Thomp son y de la última aportac ión de Hobsba wm podrían quedars e fácilmente con la impre­ sión de que (a pesar de las intencio nes de ambos autores) la historia desde abajo sólo puede escribir se para periodo s posterio res a la Re­ volució n francesa. the Door oE his Tent: the Fieldworker and the Inquisitor». La Repolución francesa y (os Crirnpesmos.l tiol1ncJi. 16 Publicad o en castellan o como Montaillo ll. ser tan rigurosos en sus materias como cualqui er otro. A. de Emman uel Le Roy Ladurie . hasta la obra más reciente de Richard Cobb. Raftis (ed'). E. El gran pánico de 1789. «Montaillou Revisired»: Menlaliti and Metodology». Otra limitación que la tendenc ia princip al de la historia del mun­ do obrero impone a la historia desde abajo es la de restringirla a una época. «agradablemen ­ te legible. 1981).

permiten al historiador acercarse a las palabras del pueblo casi tanto como una grabación magneLOfúnica de un historiador oral. tam­ poco lo es un inventarío) no signifka que sea inútiL. según he indicado. Otra obra ce Ginzburg: 1'be Night battü'S: \(litchcraÍ! and Agradan CutIS in the Sixteenth and Seventeenth G:ntufin (Londres. 21 <.l~ jI).-20 [":1aY <'J. dis­ persa y Q3CUra) 77. un molinero Ila­ lJlado Domenico ScanJella (apodado Mcnocchio). sino indagar l'l mundo intelectual Y espjritua~ de un individuo.lS dI' im­ por fuegos no son los hi:::tori\.. 1983. Le Roy Ladurie se si:cvió de una de ellas: las actas de Jacques hmrier. Menocchio se indispuso nlil la Inquisición (fue finalmente ejecutado. 1981. nacido el 1532 Y que ViVlÓ en Friul. y el tipo de testimonio directo que le es posible obtener no e::>tá al alcance Je los historiadores de periodos JQ E. millonarios y obispos. Esta clase de pruebas puede ser un medio [lpropiado para indagar acdones e iJeils explícitas o suposiciones im­ plícitas y para sumínistr<1r un fondo cuantitativo a las experiencias del pasado. los materiales son muy variados. Barcelona. Imaginamos que muchos de estos compiladores se habrían sentido sorprendidos y... ver Abn !'.\dores de 1" trinutadón sino los de 1" demografía. que ha hecho un uso amplio de una de las grandes fuentes relegadas al olvido en la historia social de Inglaterra: las encuestas judiciales de muertes vio­ 21 Hay ed. Otra obra que muestra cómo pueJe utilir. Múeda de la leona. 1966). no existe un motívo evidente para 4ue el historiador oral no registre los recuerdos de duquesas. r~gs. por supuesto.arse este tipo de Il. Y en que el estudio de los individuos con tal profundidad es tan valioso como los tratamientos globales más co­ nocidos de la historia social. El libro mismo es una obra notable y el prólogo de Ginzburg ofrece 111l provechoso análisis de los problemas conceptuales y metodoló­ ¡.. 1981]. huscnndo no sólo nuevas pruebas SiDO nn di.il'1go ten . Las personas eran apnrCefúS con~uetudinarios o enlí¡eu­ tieos: sus arriendos se inscribí"n v pre~cntHh. '. hay fuentes que l'lTmiten a \os historiadores dt: esus perioJos aproximarse a las expe­ I il'ncías de las clases inferiores.g Le Imrnagie { verml 2J • El ubjetivo de Gillzburg no era reconstruir la !I1cntalidad Yforma de vida de una comunidad rural. a~rojar luz sobre las creencias pupulan:s.ireas lemáticas cubiertas por los historiadores orales.. inquietos an­ re el uso dado por los historiadores recientes a C(\SOs judiciales. cast. .Jim Snatpe '6 ción cuya verdadera utilidad como prueba histórica reside en el he­ cho de que sus compiladores no las registraban para la posteridad de forma deliberada y consciente. En concreto. La histo­ ria oral ha sido muy utilizada por los historiadores que intentan exa­ minar la experiencia de la gente común. The Pover:y o/ rheory and Olha Essavs (Londres. Según señalaba Edward Thompson: Se gravaba con impuesws a la población. Pero. En oca­ siones. ¡JJ\::SWS Según sugiere esta cita. El problema sigue siendo. P. ThompsoD.'gistro s legales para un tipo de historia desde abajo bastante di s­ nnll\ apareció en 1976. en cambio.m en los rC!J..:guiltas [j1Jt:Vi. insistía en que «el hecho de que una fuente no sea "objetiva" (puestos a ello. los historiadores se han servido de otros tipos de documentación oficial o semioficial distintos de una fuente única y rica. El queso'y los gusanos. regis­ tros parroquiales.­ tl1U!ltties !Cambridge. oi 11(~I(lria desde abajo 47 Ill<lS antiguos. Satah H¡¡rrison y Charles JMdine. 1977). Para un análisi5 mis J. como sucede con las fuentes en que se ha basado Montaillou. quizá. lectura de las (anticuas infurmaciones suminiStradas por la obra eE desarro­ llo contenida en Oral History' ¡he jOllrnat the Oral Hlstory Socicty.J. Hanawalt. testamentos y compraventas de fincas rústicas re­ gistradas por ellos. J que plaJ~tcan :ln. el historiador oral se en­ cuentra con problemas obvios al tnltar con personas que o bien mu­ rieron antes de recogerse sus palabras o cuya memoria no se ha transmitido a sus sucesores. esta clase de estudios de casOs puede resultar inmensamente ilustrativa.IJ'plio de los tipos d~ registros en que podría basar~e la hisLOria desde abajo para Inglaterra.>. y los registros son ucilÍziHlos como prucbn por los historiadores de la demogrnfía. por supues­ to. edición italiana.ico s planteados por la reconstrucción de la cultura de las clases inferiores en el mundo preindustrial.lad<lt!anc. si bien. y quienes so: apropian de las list. 197R). en el nordeste italiano. al publicarse la obra de Carla Ginzbur. En resumen: se puede dar buen uso incluso a una documentación escasa. Con todo. Keco1/stmdiIJg Histon"cal Com. si bien) tratados de ma­ nera apropi2da. El queso y ¡os gusanos. probablemente el 1600) Y la voluminosa documentación que trata de su caso permi­ lió a Ginzburg reconstruir gran parte de su sistema de creencias. n Gintburg. Barcelor. p<>rmite hacc:-se idea del tipo de . en sus esfuerzos por estudiar la historia desde aba­ jo. el de la tipicidad de dichos individuos. Un ejemplo de ello nos lo proporeíona Barbara A. 10 L:.\ estas fuentes fundamentales se d:rigcn los historiadores una y otra vez. utilizar las aeLas inquisitoriales par>'. muestril Lambién cómo se han d".[SIWS Jd trioun¡d scilmial. Se imponían diez:nos ~ las perSOnas. aparecida desde 1972. Sin embargo. tanto como las de mi­ neros y obreros industriales 20. (ast.

HlStorical Sociology (Shepton Mallet. 2~ Reflexiones de carácter general sobre las relaciones entre las dos disciplinas. Alianza Editorial. Evans-Pritschard. n~ 1 (primavera 1972). y Keith Th(lmas. el conocimiento de la tenden­ ('ía de los precios del grano en una sociedad dada en un determina­ tln periodo ayuda a suministrar el trasfondo fundamental para enten­ der la experiencia de los pobres. pero sigue estando claro que la aplicación de un concepto marxista tan básico incluso como el de clase es de problemática apli­ cación al mundo pteindustrial. Esta expansión del ámbito cronológico de la historia desde abajo y el movimiento hacia una ampliación del alcance de los intereses históricos más allá de las acciones y movimientos políticos de las ma­ sas ha llevado a buscar modelos diferentes de los suministrados por el marxismo tradicional o el viejo estilo de la historia del trabajo. sin embargo.Peasant FatJulies in Medieval England (Nueva York y Oxt'ord. no es probable que se falseen. 1976).48 Jim Sharpe lentas o sospechosas (coroner!. Thompson. M!dland Hi. 1982). 33-45. Por desgracia. la economía doméstica. Anlhropology and Histury (Manchester. Por otra parte. En cierto sentido. los beneficios han sido grandes. por tanto. 26 D(lS exposicLones clásicas sobre la importancia de los posibles lazos entre histo­ ria y antropología: E. ¡oumal of Medtéval HlstOry 14 (19881. ya que se hace difícil imaginar una orientación netamente marxista en un proceso por difamación en el Yorkshire del siglo XVI o en una cencerrada en el Wiltshire del siglo XVII. Podría aducirse que la sociología es de gran importan­ cia para los historiador~s de la sociedad industrial.. su trabajo demuestra una estrategia diversa de la seguida por Le Roy Ladurie y Ginzburg. en Peter Burke. en especial en la Europa 23 Barbara A. Una exposición más breve de los objetivos de Hana­ walr. Past and Presen! 24 (1963). 41·52. la forma en que los analistas han clarifÍca­ (lo el concepto de mentalité ha resultado de un valor inestimable para I( lS historiadores que han intentado reconstruir el mundo intelectual (k. . P. págs. Sociology and llistory (LonJres. ver E. El r~su¡tado final demuestra cómo es posibl~ utilizar otro tipo disrinto de documentación oficial para construir la historia desde abajo. si bien los resultados no han estado tampoco aquí exentos de proble­ mas 26. MadrId. pasar por el cedazo un amplio cuerpo documen­ tal. sÍn embargo. «Anthropology and the Discipline of Historical Comext». Suciología e hISto­ ria. 1961). French HlStorical Me/hod: the Annales Pal'adigm (Ithaca y Londres. También aquí. Otros han buscado modelos en la sociología y la antropología. La necesidad de mantener un diálogo con los estudiosos marxistas es esencial. Algunas de las cuestiones han quedado ilustradas en la obra 2'1 La mejor introducción a la obra de esta escuela es Traian Stoinavitch. se han producido algu­ nos desastres. The TleJ that Bound. las eta­ pas del ciclo vital. tocados por otras. IlhlDria desde abajo 49 I Illltinental. 3-24. cast. Por mi parte. La antropología ha atraído a un grupo de his­ Loriadores que trabajan en temas medÍevales y de la Edad :Nloderna. 1987] y Philip Abrams. Para una opinión má~ reticente. más que construir un estudio de caso basado en una fuente ex­ cepcionalmente rícJ. en tanto que algu­ nas de sus hipótesis no siempre han resultado demasiado directamente aplicables al tipo de microestudio preferido por quienes practican la historia desde abajo 25. E. se han inspirado en la escuela francesa de los Annales 24. en su articulo «Seeking the Flesh and Blood of Manorial Families». no puede reducirse llldo a este tipo de pruebas cuantificadas. HanawaIt utilizó las encuestas judiciales para tra­ zar un cuadro del entorno material. las clases inferiores. Como suele ocurrir cuaudo se manejan registros oficiales. págs. Hanawalt mantiene que estos registros están libres de la tendenciosidad que se da en las actas de los tribunales reales. «History and Arnhropology». 1980) [hay ed. mientras que. eclesiásticos o señoriales y destaca el hecho de que (volviendo a un tema anterior) los detalles de la vida material y actividades familiares registradas en ellas son accesorios para el propósito príncipal de las mismas actas y. No hay duda de que muchas de las diversas obras de escritores que 11':lhajan en la tradición de los Annales no sólo han ahondado nuestro ( (ll1ocimiento del pasado sino que nos han proporcionado además lllInensas perspectivas metodológÍcas tendentes a mostrar hasta qué Illtnto se puede hacer un uso Ínnovador de las formas de documenta­ ¡'¡(in conocidas y cómo es posible formular nuevas cuestiones acerca del pasado. Así. las pautas de educación infantil y otros aspectos de la vida cotidiana del campesinado medieval. inquests) para reconstruir la vida fami­ liar campesina 23. 1986).rtor)' 3. por ejemplo. Hanawalt. en manos hábiles y sensibles. si bien incluso en tales manos no han desaparecido ciertos problemas. su mayor utilidad se manifiesta cuando se emplean para fines en los que jamas soñaron sus compiladores. Muchos historiadores. creo poder afirmar qlle la máxima contribución del enfoque de los Annales ha consistido ('11 mostrar cómo construir el contexto en el que puede escribirse la Ilistoria desde abajo. la búsqueda de un modelo diferente (aunque es cierto que apenas se ha iniciado) ha conseguido por el momento un éxito muy escaso. págs.

Witchcra}t tn Tt. The Etlropean Witch-Cra . :<) Thompson. Esta hipótesis supone. 111'. Esta conclusión nos lleva. Parecería. este autor declaraba su falta de interés por la «mera fe en las brujas: esa credulidad elemen­ tal pueblerina que los antropólogos descubren en todo tiempo y lu­ gar) 28. posiblemente. su trabaío. y continuaba diciendo: «igualmente. la histo­ Iia militar. hacen de ella un tipo de historia diferente. o que en el desarrollo económico de Gran n Alan Madarlane. . dos ímportantes fundones. De ese modo. 280. trazar una división neta entre 1111 tipo de historia y la manera de abordar la disciplina en general: la Ilistaria económica... «History from Be!ow')o.. sus vidas. Sin embargo. obra de más alcance que toma un buen número d~ ideas de la antropología. en el pri­ Iller número de una publicación dedicada en gran p<ltte a este tipo de historia.I. Según nos recuerdan eSOS sentimientos. 1971). la historia intelectual. que en 1815 se hallaba en pleno apogeo. El resultado fue una profundización de nuestra visíón de la función de la brujería en la sociedad rural y de cómo las acusa­ ciones de brujería tenían su origen casi siempre en un conjunto de tensiones interpersonales perfectamente perfiladas. son mínimamente eficaces cuando se confinan en ca­ i:ls herméticamente selladas. Religion and the Decline o/ Mdgic: Studies in Popular Beltc1. la historia política. los problemas de su docu­ Illl'ntación y. Por otra parte.dor and 5tuart England' a Regionat a1ui Compara­ l/ve Study (Londres. la orientación política de muchos de '1IILenes la practÍcan. al problema de cómo se ha de encajar la historia desde abajo en las concepciones más amplias de la historia. (1971). 1%7). la historia desde abajo cumple.[" una hipótesis no comprobada» 29. La primera es la de servir de correctivo a la historia de las personas relevantes. En cuanto enfoque. R.(' enfoque diverso. que la historia desde abajo alcanza su maj"or l.lórico L1 posibilidad de una síntesis más rica. J 970). El tratamiento microhistórico propiciado por los modelos antropológicos puede oscurecer fácilmente el pro­ blema más general de la situación del poder en la sociedad en con­ junto y la naturaleza de su actuación. pág. el enfoque antropológico na ayudó mucho a los lectores a entender aquellos aspectos más amplios de la cuestión que se salían del ámbi­ to de la comunidad rural: el por qué en 1563 se aprobó en el parla~ mento un estatuto que permitía perseguir la brujería maléfica y por qué en 1736 se sancionó otra legislación que hacíll imposible la per­ secución legal de la misma. Anteriormente Hugh Trevor-Roper había acometido la interpretación de esta materia desde las personas encumbradas.".. en su estudio de la brujería en la Europa moderna.¡i. en cambio. En 1 Il'rto sentido es difícil. etc. el editorial colectivo de History Workshop Journal declara~ ha: «Nuestro socialismo determina nuestro interés por la gente co~ rriente del pasado. sin cuyo esfuerzo y capacidad no habría pasado de ". precisamente al tener en cuenta aspectos explícitamente políticos de su experiencia pasada. podría defenderse 'lUlo: los temas de la historia desde abajo. de una fusión de la 1'I~lorÍ'<1 de la experiencia cotidiana del pueblo con los temas de los IlpOS de historia más tradicionales. Uno de los elementos más Ibmativos de su proyecto fue la aplicación de estudios antropológicos al mate­ rial histórico. Ignorar este punto al tratar la historia des­ de abajo o cualquier otro tipo de historia social equivale a correr el riesgo de una intensa fragmentación de la historiografía e íncluso. pág. se sumergió en la «mera fe en las bru­ jas» y publicó un libro que ha constituido un avance decisivo para nuestra comprensión del tema.l desde abajo 51 I\ld:l11a. su pensamiento y su indivi­ dualidad. la historía de <<la gente corriente~> 110 puede divorciarse de la consideración más <lmplia de la estructura y el poder social.e of .f in Sixteenth and Seventeenth-Century England (Londres. determina 1. 30 "Editorial». 9. En el fondo de nuestro análisis acecha una cuestión fundamental: ¿es la historia desde abajo un enfoque de la historia o es un tipo dife­ renciado de historia? El asunto puede explicarse desde ambas direc­ ciones. Macfarlan. por su parte. Cualquier tipo de historia se heneficia \le la amplitud de pensamiento del historiador que la escribe. al ofrecer . la historia desde abajo -abre al entendimiento 11I'. 3. por supuesto. mostrar que (a ba­ talla de Waterloo comprometió tanto al soldado Wheeler como al duque de Wellington. pág. Macfarlane emprendió la tarea de escribir lo que podría definirse como una histotia de la brujería desde abajo. que. intervino lo que 1'11( 1ll1pSOn ha llamado <da pobre y sangrante infantería de L:t Revolu­ 'I(lll industrial. el término (. 28 H. probable­ mente.he Sixteenth and Set-'enteenth Centuries(Harmondsworth. a su vez. Trevor-Roper.50 Jim Sharpe de Alan !vlacfarlane sobre las acusaciones de brujería en Essex en la época de los Tudor y los Estuardo 27.1 atención que prestaremos al capitalismO}> 3D. así como por las circunstancias y causas formadoras de su L'xperieneia de clase». pues. La segunda es que.historia desde abajo» implica de hecho que hay por encima algo a lo que referirse.'rcctividad cuando se sitúa en un contextO. La obra de Madarlane se deberá leer a una con la de Keith Thomas. Htstory Workshop.

. proporcionando una ver­ . 279. según he insinuado antes.111 tenido éxito y la historia de los grandes personajes parece ser lo lile más agrada al público.ln amplio público profano en b materia. Pasl and Present 119 (l988). Un resultado paradójico de este periodo de expa:J. implican una nueva manera de abordar la historia nacional medían te la historia desde abajo. algo estrambótica) y que la mayoría de cllas padecía penurias mareriales y soportaba condiciones de escasez.979). Aun así. en efecto. por tanto. sobre todo los que trabajan desde una posición historiográ­ fica de carácter socialista u obrerista. rno[dear~e desde Itbajo y llegar It la comprensión del Estltdo». Ro~ tlerick Floud. persiste el peligro de caer en algo parecido a la frag­ Illcntación del conocimiento histórico y la despolitización de la histo­ 11.>ado a través de la historia desde abajo sigue resultando atrayente. «History from Below». el estilo del History Workshop ha bordeado el anticuarismo de izquierdas. Hob5bawm.\(ks polltícas dirigentcs'4. 197. El escrito de Cannadine provocó unos «(ComrnentsJ> de P. 13. His­ lory W'orkshop. necesita. \V'iIliam Lamonr y Neil bvans. El interés popubr por la historia desde . la historia social. Aunque no sea posible L . Ese pun­ III de vista es conscíente de que las personas actuaban en el pasado de forma distínta (y. Present-and FurureJ).dl. «Quantítative History and People's Hístory». que los historiadores más recientes no se encontraran en semejante situación 32.ljO. desde abajo 53 (Illll ampliando su público y. queda restringida a menudo a lo que podría calificarse de una \'isión elf' «señOff'S y criadOS» dp la mdedad dd pasado y d prohlf'­ lila se agudiza por cíertas características de 10 que en la actualidad IIOS hemos acostumbrado a describir como historia pública. Esta cuestión ha sido planteada recíentemente por David Cannadine. En su artículo de 1966 Thompson senalaba que Tawney y otros historiado­ res de su generación mantenían <moa relación participatíva desacos­ tumbradamente amplia con una audienda situada fuera del bosque de Academm> y lamentaba. la de permitír acceder a la historia a un grupo de nivel profesional más extenso que el com­ puesto por los colegas del mundo académico y sus estudiantes. sus esfuerzos 11. mien· 111'. In­ cluso quienes poseen una visión más evolucionada del pasado del pueblo no se han librado de las acusaciones de anticuarismo que los historiadores académicos lanzan con tanra complacencia contra sus l1ermanos conceptual o ideológicamente peor pertrechados. 177. Cannadinc comenta­ ba que gran parte de esta versión nueVa y profesional de la historia británica fue completa­ mente ajena a l. 87 Thompson.ig.> . si era posible. la idea de extender el acceso al conocimiento de nuestro Il. . 116. Así. p. pág. Coss. Al observar la expansión masiva de la historia como disciplina unÍ­ versitaria en la Gran Bretaña de postguerra.lparición lamentaba Cannadine.52 Jim Sharpe quíza.)5 Roderick Floud. El tipo de historia desde abajo plantea otra cuestión: la de am­ plíar la audiencia del historiador profesional. «(Sorne Reflections'~.:o se dio en la sociología de la que deriva. al críticar la postura de un grupo con ideas muy defini­ das sobre la importancia de la historia del pueblo. se ha transformado en una especie de antropología cultural retrospee·· tíva. pág. sobre todo las expresadas en las páginas 186-93.k~. como sabrá cualquiera que haya tenido que responder a pre­ ¡'. Los peligros fueron claramente expuestos por Tony Judt en 1979. FaJ-t and Fresent 116 (1987). "Britis!1 Hístory: Past.sión sin precedentes fue que un número cada vez mayor de ~istoria¿ores académicos escribieron histOrias más y más académicas leídas en r~alidad por un grupo de personas progresivamente menor n Uno de los principales objetívo:s de 4uíenes escriben historia des­ de abajo. la recogida y publicación de episodios dímeros de la vida de la clase trabajadora» 3'i.. Pero escasean los intentos de llevar las cosas más allá o abordar los problemas históricos en un pla­ !la m~y superior al de la anécdota o la experiencia local aislada. David Cannadíne.\ que tanto criticó Judt. como tampo<.I. págs. Hasta el momento. ?ág.l. No hace falta compartír por entero la postura de ]ucir para congeniar con su preo~ cupación por «la ausencía de una ideología política en la mayor parte de la historia social moderna. pág. . History Works­ hu!.. 3. 17 {1984\. afirma explícitamente que da historia británica. lo que nos permite comparar 10 ingrato del pasado con nuestras con­ lliciones actuales de mayor comodidad. podía afirmar que «a veces. «A Clown ín Regal Purple: Social His:ory and the Historiam). cuando en otras éPOCllS la satisfacción de su curiosidad por el pasado nacional había sido Ifl función primordial de la hí!'itoria. pág. 171-203 Las opiniones de Laffiont.1011 popular de esa nueva síntesis de nueStra historia nacional cuya . como es lógico.H. de cierto tipo de antícuarismo de última hora. que trabaja desde una posición iJeológica bastante distinta de la de Thompson.i<'rír. 32 33 tras que Evans. 0.III1LaS sobre estos temas en las asambleas de la IIistorical Associa­ Ilon. El mismo Hobsbawm confesaba su per­ I'Hidad ante el gran número de lectores de biografías de personali­ . fue intentar remediar esta situaII Toby Judt.. No obstante. R.

Por otra parte. la familia campesina. este proceso el trate. Thomp Edward ual. básico aborda do por a ralmen te difc~cntcs de nosotros y cómo traduci r una realidad social re­ composiciones académicas t:n forma de libros. artlculos o clases. la cultura popular. Otra respues ser '1ue los estuJio s de casos aislados ti otros similare s pueJeIl con­ ris­ ducir. Al I. Ha atraído la atenció n geográ­ pasJldo. sulta. hi. bestselle diferentes como el artículo técnico académ ico y el do el momen to de sacar algunas conclus iones generales sobre los tra­ vi­ h. diferent los docum entos y realizar con ellos COSJlS es. la religión n popular. El historia dor no apre­ paro Geertz Clifford como logos antropó cultura defend ido por a ciar la utilidad potencial de esta técnica.ljOS llevados a cabo en este fructífero y embrol lado rincón de la de Cho. el significado de la historia desde abajo es de una profun didad mayur Ljue la de proporc ionar simplemente a los histo­ in· riadore s una oportun idad de mostrar su capacidad imaginativa e so­ grupos ciertos Jl r novadora. idades comun las reconst ruir la vida de del orales. en un rimbito cronológico que cap. más quizá ta. un moliner propor­ para servir puede ntado) friulano concret o pero bien docume esa cionar un sendero que lleve a una compre nsión más profun da de de co semióti to concep el asumír necesita sociedad. han sido capaces mostrar cómo la imaginación puede coiabor ar con la práctica acadé­ de obra la parte. Ginzbu Carla son. por lo menos. tradicio nes intelect uales y posicio han buscad o ayuda dores historia dichos abajo.'S países. gimnasia.\mpliar su compre nsión de las clases inferiores en sociedades del de hazaña esa éxito con realizar ación continu a sado y han logrado uel Emman rg. 1988]. gue intenta dores historia los hasta rurales. \'e. podrían haberse contrar lo de: que. 1. Los historiadores sociales conoce rán. arranca ndo de diferentes puntos de partida de­ de apuntan do a objetivos históricos diversos.\ desde el . sin situar da. el problem cultu­ s persona a er entend cómo de el Geertz. que mien­ ir tras cierto «anticuarismo de izquierdas» no haya permiti do constitu re­ la te median incluso un conjun to sólido de materiales importantes. sin duda..siglo XIII al xx. que cierto número de historiadores han la conseguido superar los considerables obstáculos que obstaculizan ­ estudio Jllgunos o. a algo más significativo que el anticua Carla de estudio del ejemplo (el das apropia mo. no es posi­ ble dudar de que ha plantea do un problem a auténtico. Sin embargo. The II'/bpretatiol! o/ Cultures (Nueva York. como es obvio. )0 11 htOl'j¡l desde abajo 55 ­ \'. Pero. década s muchos historiadores habrían negado. se inveftir puede te descriptivo. se que la de d una vez lograda Una cumpre nsión de la socieda o acontec imiento social o individual aislado [por ejemplo.~t.storia la de zonas muchas nar visto conden adas a perman ecer en la oscuridad. Estos historia dores proced en de diferen escri­ nes ideológicas. Esperemos que las páginas anteriores hayan convencido. intelect y Lc Roy Ladurie y otros. Ofrece tambié n el medio de restitui ciJlles una historia que podría haberse dado por perdida o de cuya lla . de~ cogida y publicación de episodios efímeros. al menos. por supuesto.r Oi(torJ Gcertz. por razones evident asuntos ciertos sobre nte seriame la posibili dad de escribir historia que ahora resultan familiares: el crimen. t (73). Está claro. Barcelona. los ilumi­ la fuentes puede IT. Una respuesta posible a estas críticas es. el problem a intelectual plante<ldo por tales técnicas: cómo un acontec imiento social en su circuns tancia cultura l plena de modo n­ que pueda describirse en un pl'ano más bien analítico que merame y. a plantear preguntas nuevas tres o dos Hace es. la asistida por orJena dor vil formas tan variada s como la cuantif icación tan v la teoría antropo lógica y sus hallazgos han apareci do en formas llega­ Ha r. En circunstancias buen GiIl:l!JUrg sobre Domen ico Scandella parece suministrLlr un en iarse benefic puede abajo desde historia la de escritor ejemplo). mica en ampliar nUestra visión del pasado. no se pueden ahrigar vi­ una o madura síntesis una de masiadas esperanzas en el desarrollo podría válida. familiar a quien estudia la historia desde abajo. concret en Más abajo. JlIter_ ca. el gran medida de la utilización de lo que los antropó logos calificarían du­ de descrip ción densa '16.:. al leGar de que el proyecto de escribir historia desde abajo de ha demost rado ser insólitamente fructífero. Por otra a estos y otros historiadores ha mostrado que la imaginación históric de ciones concep puede aplicarse no sólo a la formación de nuevas a los temas de la historia sino. práctica de la historia desde de fin a tual concep salto un dar de ad necesid '>os han reconoc ido la pa­ . al contextualizarlos. e:ti. además..O la utilización imaginativa del material de io. [hay Cultme» of Theory ative Interpret an «(Thick Description: Toward pretaaO'n de las CUltUrdJ. historiadores que trabJljan en diversas sociedJldes del ficamente variadas y situadas. desde historia [. también. sión más amplia y razonable. Desde 1us meJievalistas. gue registran y describ en la vida de generaciones pasadas có­ do mostra han abajo desde trabajan que dores historia siglo xx.54 Jim Sharpe congen iar con la direcci ón general del alegato ue Fioud.

con la obra de Thompson sobre la clase trabajadora inglesa. por lo que respecta al obje­ lo de la historia. En el nivel superior nos encontrarÍa­ mos con el papel representado por la historia en la formación de una identidad nacional. innegablemente. como sucedió. la historia desde .I. Pero debería advertirse que el libro de Genovese lleva como subtítulo «El mundo que hicieron los esclavos». Según hemos observado. la idea de que uno de los resultados de haber abordado las cuestiones de ese modo ha sido demostrar que los miembros de las clases infe­ riores fueron agentes cuyas acciones afectaron al mundo (a veces li­ mitado) en que vívieron. Este aspecto tiene implicaciones ulteriores.56 Jim Shal'pe existencia no eran conscientes. De manera similar..lfi-d desde abajo 57 I"IH lmpson. Nuestra observación Hnal habrá de ser. la localiza-.. pero todavía sigue siendo cierto que los trabajos dedicados al estudio de las masas en el siglo xvm o a la clase trabajadora de! XIX constituye algunos de los ejemplos más vigorosos de cómo puede desvelarse la historia inesperada de sectores enteros de la población. Rol!· the Worfd the' Slal-'es MaJe (Londre~. Si se llega a escribir la obra que sustituya a la de Carr como tex­ to b~í. que. deberia salir del gueto (o de la al­ dea rural. las migraciones y la movilidad geográfica. Carr. pág.8 E. elli­ )11'0 de E. descubrirán que Carr no tuvo el aliento imagi­ Ilativo de otros historiadores posteriores. H.l'fvamos que los manuales introductorios a la historia tienen poco Iple decir sobre el tema.lh'ljO ha tenido hasta el momento comparativamente pocas repercu­ ·. 12. por ejemplo. sus problemas para aceptar como hecho histórico la muerte a patadas de un vendedor de pan de jengibre en Staylbridge Wakes en 1850 (sospecho que el vendedor en cuestión dehió de ha­ ber tenído una visión del asunto más ajustada) demuestra que no ha considerado la historia del crimen como asunto digno de tratamien­ to >Is. Para Genovese. su afirmación de que «el vadeo por César de esa insignifi­ cante corriente del Rubicón es un hecho histórico. 1961).sico de introducción a la historia. What is HzstOlY? (Harffil1ndsworth. el tugurio o el hloque de vi­ l . una idea de procedencia.. págs. Carr What is History? Allí encontrarán una visión más hien limitada de lo que debería ser la respuesta a esta intrigante cues­ lión. scubrir qué es la historia o cómo se ha de hacer se dirigen aún. por valio­ sa que pueda ser la historia desde abajo para ayudar a determinar la identidad de las clases inferiores. para quien la gente corriente no era <<uno de los proble­ III:IS que el gobierno ha tenido que afrontar». en términos generales. Eugene D. crearon historia.l<. 1975). y no un mero «problema» que contribuyó a que polí­ ticos y soldados blancos se vieran envueltos en una guerra civil y que los políticos blancos acabarían por «resolver». lamentablemente. La historia desde abajo puede desempeñar una función importante en este pro~ ceso recordándonos que nuestra identidad no ha sido formnda sim­ plemente por monarcas. fueron capaces de cons­ tituir un mundo por sí mismos: de ese modo fueron actores históricos. los seres humanos objeto de su estudio. es fundamental la utilización de la historia para ayudar a la propia identificación. La mayoría de los estudiantes que desean . 11. Una vez más. Más en concreto. estaba «abajo» (los esclavos negros de los Estados Unídos en el periodo anterior a la guerra civilJ. mientras que el paso del mismo río por millones de personas antes o después no in~ teresa a nadie en absoluto» hace pensar que para él no ha existido la nistoria del transporte.un dirigidos. a una obra que ha quedado ya bastante anticuada. al ser parte de la cultura de la nación.:nte. la calle de clase trabajadora. Contemplando el problema en uno de sus niveles básicos ob­ '. Así. En un libro dedicado a la historia de un grupo que.. a la luz de la historia desde abajo y del mayor desarrollo de la historia social en los últimos tiempos. por tanto. .Iunes en la corriente principal de la historia o en la modificación de LIS perspectiv~ls de los historiadores que se dejan llevar por dicha co­ Iril. primeros ministros y generales. o . xv. Gcnove~e. La mayoría de quienes han escrito historia desde abajo aceptarían. Volvemos a la afirmación de Edward JI Eugene D. pero uno de ellos consiste en proporcionar a quienes la escriben o leen un sentimiento de iden­ tidad.. H. Los propósitos de la historia son variados. Pero. aunque esta con('pción nos ha acompañado durante dos decenios.[que] ha acompañado" la historia afroamericana desde sus inicios coloniales» 17. hemos de admitir que. aunque eran sin duda socialmente inferiores. Genovese señalaba que su principal objetivo era indagar «la cues­ tión de la nacionalidad -de la "idenlidad". ción inicial de la historia desde abajo en la historia de la Revolución. Ilr·. es evidente que su autor deberá adoptar una perspectiva más vasta del pasado. francesa o del movimiento obrero británico causa aquí algunos pro­ blemas. establecido por Braudel y otros escritores de la primera tradición de los Annales ya antes de que Carr escribiera su lí­ hro. Roll fordan.

Laura Engdstein. 59 . de momento. Quienes escriben histuria Jesde abajo no sólo nos han brindado un conjunto de obras que nos permite conocer más del pasado. pág. sin duda.¡ conserv¡¡oora u subversiva. La. Habrá. La historia desde abajo nos ayuda a quienes no hemos nacido con una cuchara de plata en la boca a convencernos de que tenemos un pasado. Exis­ te un peligro lejano de que. sino que han dejado claro que en ese mis­ mo lugar hay muchas más cosas que poJrían llegarse a conocer y que gran parte de sus secretos está agazapada en pruebas aún no explora­ das. tendrá también un papel im­ portante en la corrección y expansión de esa historia política princi­ pal que sigue siendo el canon 3cepwdo en los estudios históricos en Gran Bretaña. de que venimos de alguna parte. que se las ingeniarán para escribir líbros que nie­ guen explícita o implícitamente la posibilidad de una re-creación his­ tórica significativa de las vidas de las masas. no exisre una interpretación neutra de la historia de los estudios de I:J. JIICQCES DLHRIDA. en el rango otorgado por universidades y asociaciones disciplinarias. Donald Seott me ayudó a articular muchos puntos fundamentales y Elizabeth Weed me propuso inestimables sugerencias críticas.. hisluriaJores. J984 La historia de las mujeres ha surgido como terreno déiníble.g.. no se trnta oe un metalenguaje y acwaní como una tcnJenci. Agradezco así mismo los comentarjos y consejos de Judith But­ ler. Iania Urum y Karin Wide~berg me plantearon retos difíciles que han mejorado y robustecido b argumentación. la historia desde abajo conserva su aura de subversión. tanto académicos como populares. todavia es capaz de hacerle un corte de mangas a la co­ rriente principal. 1 "Women in [he Bechive: A seminal' wich ]acques DerriJmJ. en la identificación con esta línea por parte de historiadoras que pueden encontrarse en conferencias inter­ nacionale:s y en la red informal que transmite las noticias del mundo " Quisiera agradec('r a Clifford Geertz por haber sido el primero en plantear al­ gun. 17. Pero. de las cuestiones que me Ilevuon a formular el presente artículo y po~ sus cla­ rificadores comentarios a una primera versión del mismo. / ". mujcr. Susan Hardir.'!"tu]o 3 IIISTORIA DE LAS MUJERES M te principal de la historia.58 ]im Sr. ASÍ.lrpe viendas) y ser utilizada para criticar.¡. Ruth Leys y !l. pero sus razones para ello serán cada vez más endebles.11 Scott * La po~ib[e hi~torla de los estuoios femeninos forma tam­ bién parte del movimiento. con el correr de los años.. La historia intervendrlÍ aquí de manen¡ configu­ radora 1. como suceJió con la escuela de los An­ na/es. en Su/. por el gra­ do en que la historia de las mujeres ha alcanzado una presencia visi­ bte e influyente en el ámbito académico.lary L~)uise Roberts. A pesar de las enormes di[en:ncias en los recursos invertidos en ella. pero. Les cstoy muy agradedda por ellos. hay también una evidencia data -en artículos y libros.jects/Ob­ jects (primavera 1984). redefinir y robustecer la corrieo . transcripcltÍn Jd Pembroke (enter for Teachlng ane Research Semin¡¡r with Derrida.. [ll'incipalmente en las dos últimas décadas. Mientras los EE UU podrían ser un caso singular. parece indiscutible que la hislori3 de las mujeres es una práctica asentada en muchas partes del mundo. en su representación jnstítucional y su posición en el currículum. llegue a convertirse en una nueva ortodoxia.¡ criticas de Hilda Romer.

No se trata sólo de una lealtad política. es una equi­ vocada presentación de la historia de la historia de las mujeres y de '>llS relaciones tanto con la política como con disciplina de la historia. sin duda. «Que se transforma en estudio de las mujeres: ni más ni IIILnos que otra disciplina académica.howalter. además. Indudablemente. como si ésa fuera. Muchas de quienes escriben historia de las mujeres se consideran implicadas en un esfuerzo.¡viJad en las mujeres. una evolución desde el feminismo a las mujeres. esta exposición tiene variantes importantes. aunque hayan cambiado las circunsrancias de su organización y existencia. Muchas de quienes emplean el término «género» se califican. pruebas de la actividad de las mujeres. en los EE UU de hoy en día. dirigido a desafiar a las autoridades imperanres en la profesíón y en la universidad y a cambiar la manera de escribir la historia. En una de las explicaciones convencionales 50. «¿Qué le ocurre al feminismo cuando muere el IIIovimiento de las mujeres?~>.' tinguir el fenómeno actual de otros intentos anteriores de escribir so­ bre mujeres del pasado realizados por algunas personas de manera dispersa. desprovisto de propósitos ideológicos inmediatos.» 2 Sin embargo. en los prime­ ros tiempos hubo un nexo directo entre política y actividad académica. legitimado. .lnria de las mujeres 61 I loll se considera favorable.de la participación internacional en el movimiento ¿. sin discusión.k una política de inrereses estrechos.(1 historia de este campo exige una exposición que no sea simple­ mente lineal sino más compleja. centrada con demasiada exclu­ '. En algunas versiones. Me gustaría aducir que la exposición requiere cierta reflexión crí­ tiUl pues no sólo es demasiado simple sino que. Empleo el término «movimiento» de manera deliberada para dis~. aunque opere con conceptos de género. como si se hubiera rescatado la historia . Según . The Chronicle o/ Higher Educa/ion. La vinculación entre historia de las mujeres y política es a la vez.' se dice. pues el género es aparentemente un término neutro.' la historia de las mujeres. explicaciones de la opresión y móviles para la aCCÍón. Finalmente (continúa la cró­ nica). se preguntaba recíenremente Elaine >'. éste no ha desaparecido ni del mundo académico ni de la sociedad en general. 1. para insinuar algo de la cualidad dinámica propia de los in.la historia de las mujeres se alejó de la política. hay tantos motivos para mantener que la evolución de la 2 Citado en Karen Winkler. Y gran parte de la actual historia de las mujeres. así mismo. Estas versiones sinian el origen de dicho campo en la década de 1960. New Directians far Research». en gran medida po­ lítico.1 bre los orígenes de este campo. «Wamen's Studies After Two Decades: Debates over Politics. La creación de la historia de las mujeres como mareria académica impli­ ca.: tercambios entre historiadoras de las mujeres en el plano internacio~ nal e interdisciplinario y para evocar asociaciones con lo político.. según esta explicación. sino de una perspectiva tcórica que les lleva a ver el género como una mejor manera de con­ ceptualizar la política. al parecer. A6. al género. continúa dicha explica­ ción. a la aparición del fe­ minismo. dando así a este campo la posibili­ dad de centrarse en sí mismo. de la disciplina de la historia. de la política a la historia especializada. a sí mismas de historiadoras feminis las. Aunque la historía de las mujeres está asociada. Amplió su campo de interrogantes documentando todos los aspectos de la vida de las mujeres en el pasado y adquirió así un impulso propio. al análisis. septíembre 28 de 1988. evidente y compleja. la evolu­ 111'. en parte por su mis­ mo distanciamiento de la lucha polírica. el cuidado de los niños y el derecho al aborto) En efecto.11 otras. La acu­ mulación de monografías y artículos. la formación de dehates inter­ nacionales y constantes diálogos interpretativos y la aparición de au­ toridades académicas reconocidas fueron los hitos familiares de un nuevo campo de estudio. o de ciertos supuestos filosóficos ingenuos. la crónica en sí es compartida por muchas fe­ IIIinÍstas y críticos suyos. pág. de hecho. cuando las activistas feministas solicitaron una historia que proporcionara heroínas. la política feminista aparece como el punto de arranque. la manera 1'11 que sucedieron las cosas. a pesar de las diferentes valoraciones. Posreriormenre -en algún momento a mediados de los últimos años de la década de los setenta. la seguridad social. las feministas del mundo académico respondieron a la de. la interpretación es desfavorable y la «retirada~) al ámbito II1 adémico (por no hablar del género y de la teoría) se ve como signo lit' despolirización.60 universirario. que tenga en cuenta la posición cam­ hiante de la historia de las mujeres pero también del movimiento fe­ minista y. se dirige hacia las preocupaciones contemporá­ neas de la política feminista (entre ellas. de­ pendiendo de quién sea el narrador. es decir.' manda de «historia femenina» dirigiendo sus conocimientos especia­ lizados hacia un programa de actividades más político. 1'. la vuelta al género femenino en la década de 1980 supuso una ruptura definitiva con la política.

normativas o evident es de por sí 5. «\Xlomen on ¡he Move: Roots of Revolt».. en'. Illcluyendo a las profesionales del mundo académico. es siempre una historia de la política.~[)~'!opments: nI' Ideological Work o/ Gl'llder in mid.'lentado en 1963. En segund o lugar. puede significar la activi­ dad llevada J cabo por los gobiern os u otras autorid ades con poder o en el seno de los mismos. Mit­ cheIl.) se aplica.". al l'stablecerse bajo la ley de Derech os Civiles la Comisi ón para la Igualdad de Oportu nidade s en el Empico (EEOC). Rossi y Ann 1973). áI­ gunos delegad os a la tercera asamblea de la Confere ncia Nacion al de las Comisi ones del Estado sobre lu Situaci ón de las Mujetes! rechaza ­ ron con su voto en contra una resoluc ión que urgía a la EEOC a aplicar la prohibi ción contra la discrim inación por razones de sexO con la misma serieda d con que lo hacía contra la discrim inación ra­ ciaL Las mujeres que habían present ado la enmien da denota da se reunier on a continu ación para tomar decisio nes sobre la siguiente ac­ ción y formaro n la Organiz ación Nacion al de !vlujeres 6.llpuesta y creó una identid ad colectiva en las mujeres. Mary Poovey. Estas definici ones co­ rrespon den a distinto s tipos de acción y diferen tes ámbito s de activi­ dad.para hacer algunas observa ciones ((. (trad. 1976 [na)' ed. l'elipse e impoten cia.1 de las mujeres 63 . C~lderwood (eds. la discrim inación flor razones de sexo cayó bajo su jurisdic ción lañadid a por un legisla­ dor hostil en vistas a desacre ditar el título VII de la ley). HiJIQtrr! dr: la SeXlI. 111 . T. En este proceso . el preside nte Kenned y institu­ vú una Comisión para la Situació n de las Mujeres. La historia de la historia de las mujeres que quisiera expone r depend e de esas resonan cias múltipl es. M. Chieago. Unl7)CIJ D. Esto hizo que '. En ter­ cer lugar. Gallímar J. AcaJemic WomeJl on the Mol'{' (Nueva York. «Social Critieism Withou¡ Philosop hy». 1-37. Ve!' también Míche1 Foucault .l. pago 2 l \ ~ "Política en sentido profundo . 19¡jHJ. esIllllulado en parte por el movim iento en favor de los Derech os Civi­ I(. Profesionalismm~ frente a «política)~ El feminismo ha sido en las últimaS década s un mOVimiento in­ nacional. pero posee características especíales regionales y nacío­ lI. 347-66. Más que postula r una simple correlac ión. Ver ramhien los enst1yos de Aliee Rossi y Kay Klotzbur ger en ese mismo volumen.. 1957). p~g.62 Toan Scott historia de las mujeres está intensa mente relacion ada con «la fuerza y legitimación crecien tes del feminismo en cuanto movim iento políti-" CO» 3 como para insistir en el distanc iamient o cada vez mayor entre trabajo académ ico y püUtica. generan do igualda d y adquiri endo el control de <"llS cuerpos y vidas. Londres. el feminísmo dio por >. en su definición más típica. cast. Pero conside rar la historia de las muje­ res corno un mero reflejo del desarro llo de la política feminista en la esfera extraac adémic a es errar los tiros. HlslOl'ia d~· la sexuahda d 1 La IiO/untad de sabel. 230.Fictorian Ejnglana. interesa do en otorgar poder a las 11Illjeres en 1~1 socieda d en vistólS a la expans ión económ ica prevista . en su capacida d pam construir el mundo» Rllland Barthes.J. . necesitamos pensar en este campo como estudio dinámi­ co de la política de la produc ción de conocim iento. cálculo estratég i­ co y maniob ras tácticas. Su informe. a ciertas prácticas que reprodu cen o critican lo que a veces se tacha de <ddeologia». a demand a de Esther Peterso n. En Jos EE UU el feminismo reapareciLi en la década de 1960.dl's. j N¡Jncy Fraser y Linda Nicholso n. En 1966. Reading Capital. págs.1'lI'i. pago 314.t I interés y justifica ción asumie ran la forma de la retórica de igual­ (Lid. MaJrid. «The Politks of Interpret ation».mas se les negaba ]a igualda d de derecho s y oportun idades y recome ndó la creació n de cincuen ta comisio nes esratales. docum entaba el hecho de que a las mujeres ameri­ . persona s fe­ Illcninas que compar tían un interés en poner fin a su subordi nación. el término (\politica» se utiliza también en referencia a las relacion es de podcr más en general y a las estrategias propue stas para manten erlo o disputa rlo 4. pero la utilización que yo hago de la palabra «politica~> para ca­ racterizad. En 1964. aún (on mayor amplitu d.~ y por la política del gobierno.ls a todas ellas sugiere una difumin ación de las frontera s definitorias y espaciales y que cualqui er empleo del término tendrá. págs. 1987. como el conjunto de re1aciones humanas cll ~u estructur a real y social. 1989~]. organiz ación de los recursos. :Más o me­ (. J. aquellos sistemas de creenci as o prácticas que determ i­ nan identid ades individ uales o colectivas que forman las relacion es entre individ uos y colectiv idades y su mundo y que se conside ran naturales. directo ra del ~'omen's I~ureau del Depart amento de Trabajo. Aliec S. 1'983..J­ lité 1. (Chicago . entonceS predom inante.thologies (pllris. múltipl es resonancias. Ver t. Jo Freeman . Me parece útil centrar me en los detalles del casa que mejor 1 11IJOZCO --los EstadO s Unido s. 1979). la palabra (Ipolíticm. sin remedio .lmbién <ddeology» en d glosario de Louis Althusse r y Etienne Balibar. En primer lugat. Ingl. en: W.! 1~(·lll'rales. 5 Gayatri Chakra\'o rty Spivalc. Dicha activida d implica una invocac ión a la identid ad colecLlva. The Polilles o/Interprf'tation. pre­ . La palabra «política» se emplea actualm ente en varios sentido s. ma­ nuscrito no publicad o. la !!OlonM de salioir. En 1961.

págs. dos resultados: logró arrancar concesiones a la AHA en forma de un comité ad hoc que examinara las cuestiones suscitadas (comité que emitió un infor­ me en 1970).c. por tanto. su sensación de estar asediadas y su pretensión de representar una enti­ dad colectiva cuyos derechos se negaban sistemáticamente. eran atribui­ bIes a diferencias de opinión. pág. 1977).lotia de la~ mujeres 65 I¡leas profesorales. 1979). tras ofreciéndoles puestos de profesoras en los colleges y mucho apo­ yo verbal. por lo menos. Jessie Bernard. en cuanto agentes racio­ nales y libres en su elección. Al sugerir que las historiadoras etan diferen­ les de los bistoriadores y que el sexo influía en sus oportunidades \lrofesionales. El ataq ue a las trincheras del poder tuvo. ibid. entre e[las la creación de una comisión permanente sobre las mujeres) y tachó de no profesional la tutela ejercida sobre las mujeres. Se les pedía que. convicciones políticas individuales. 1966). Las desavenencias. la exclusión siste­ mática (por razones de sexo y raza) de profesionales cualificadas. perpetuaba. cuando se producían. solicitando el reconoci­ miento de las mujeres como participantes activos (e iguales) en los movimientos políticos que propugnaban un cambio social 7. Estas reuniones. comentaba cierto autor. en cuanto grupo. «Es evidente~>.1ujeres Profesionales de la Historia ofreció un conjunto de resoluciones destinadas a mejorar la situación de las mujeres en la reunión de asuntos a tratar de la Asociación His­ tórica Americana lAHA). pues ignoraba y. rreno de la política tradicional. algunas mujeres jóvenes de Estudiantes para una Sociedad Democrática y el ?viovimiento por los Derechos Civiles comenzaron a dar expresión a sus quejas. Ver en particular. De hecho. Las mujeres. cenían necesidades e ill[ereses particulares que no podían englobarse en la categoría gene­ ral de los historiadores. «que las mujeres constituyen una fuente importante y no alumbrada todavía para cole­ gios y universidades que buscan huenos profesores e investigado­ res» B. pág. las feministas criticaban los términos unitarios y uni­ versales que habitualmente designaban a los profesionales y fueron . También durante la década de 1960. 8-9. En el te. Personal POtitlCJ (Nueva York. a finales del siglo pasado).(j4 Joan Scott I nos por aquellas fechas. En las asociaciones de disciplinas académicas. En el espacio abierto por el reclutamiento femenino apareció pronto el feminismo solicitando más recursos para las mujeres y de­ nunciando la persistencia de desigualdades. lanzaron la acusación de que ese seguir como siempre era de por s[ una forma de política. a prioridades institucionales o regionales. pero ninguna de ellas era fundamental ni constituía la plataforma de un «interés» identificable en pugna con el conjunto. En 1969.solían ser un modelo de camaradería y buenas formas. las universidades y funda­ ciones comenzaron a animar a las mujeres a que se doctoraran en le. 11ientras autores tan diversos como presidentes de collegeJ y feministas del mundo académico reconocían la existencia de «prejui­ cios contra las mujeres entre las profesiones intelectuales». Es interesante advertir (a la luz de los posteriores debates teóricos) que ele este modo se aceptaba la in­ tervención de las mujeres.\cusadas de haber ~<politizado» organizaciones anteriormente apolí­ Ilcas. presidente de la Brown University. Pembroke Alu"111/Je 27:4 (octubre 1962).. dieron al traste con los procedimientos y se opusieron a que se diera por des~ contado que «todo seguiría como siempre». aun cuando estuvieran en posesión de títulos académicos o profesionales. 1. dedicadas habitualmente fl debatir la política estatutaria y organizativa -los asuntos (pero no la política) de la asociación. y se organizaron para pedir toda una se­ rie de derechos que su titulación les permitía en principio reivindi­ car. tendían a estar de acuerdo en que los obstáculos se eliminarían si las mujeres realizaran estudios superiores 9. Lu­ cille Addison Pollard. el recién forma­ do Comité de Coordinación de l\. ocuparan profesiones de las que ante­ riormente se las había excluido o en las que estaban infrautilizadas. 296. ¡ 6 111. las mujeres se han convertido en un grupo identificable (por primera vez desde el movimiento sufragista. Cita de Barnaby Keeney. en una atmósfera tensa y tempestuosa. por su tono. incluso. Academic WoftJen (Cleveland. (Entre éstas se hallaba una mayor representación en asociaciones y asam­ Sara Evans. donde se reconocía el rango inferior de las mujeres y se recomendaba cierto número de medidas correctoras. Women on College tlnd University Faculties_' A Hlstoric<11 Survey and a Study oftheir present Academic Status (Nueva York. una atenClOn a las diferencias de salario entre Jlllmbres y mujeres y el fin de la discriminación en los contratos teffi­ 1l(lrales y fijos y en el acceso a la promoción. las mujeres forma­ ron grupos para imponer el cumplimiento de sus demandas. y Keeney. . Las feministas del mun­ do académico mantenían que los prejuicios contra las mujeres no ha­ bían desaparecido. gusto o.) La nueva identidad co­ j(Ttiva de las mujeres en el mundo académico postulaba una expe­ ril'ncia compartida de discriminación basada en la diferencia sexual y "lipa nía que las historiadoras.

La custodia y la competencia son. Dietz. negros. ­ . mantenían que la política no tenía cabida en ella. sino que forma parte de la definición que una profesión se da a sí misma Como práctica adiestrada y fundada en la posesión compartida de conocimientos extensos adquiridos mediante educación. That Noble Dream: The "Objectt'vity Questiom> and the Amcrtcan Historia! ProfesslOn (Nueva York. and Gendw). en este caso. que deberían ser sustituidas por medidas cuantitativas de acción eficaz. de hecho. Por tanto. mujeres de la AHA (y de otras asociaciones profesionalesi vincuLuon sus luchas locales por el reconocimiento y la representa­ ción a las campañas nacionales de las mujeres. 11 Sobre la cuestión del acceso. Ivlujeres.ados a partir de 1969. Rechazaron la insinuación de que la ERA careciese de importancia para los asuntos de la AHA basándose en que el si­ lencio no significaba neutralidad sino complicidad con la discrimina­ ción. por supuesto. y que sólo 1<J acción colectiva podría cambiar las relacIOnes de poder imperantes. 93-118. . en la posesión de lo que se supone ser evidente para quienes ya son profe­ sionales y que sólo ellos pueden juzgar. su actividad. pago 235. 1-24. Jill K Conway. pl'fO los términos y el estilo de la protesta eran diferentes de los utili­ I. según su opinión. Esta si­ 111. si es que en realidad pueden separar­ se. la base de la autonomía y del poder de deter­ minar qué se considera conocimiento y quién lo posee. Al aceptar la concepción de lo que debía ser una profesión. 137-52. En la de­ finición de una profesión hay dos aspectos distintos pero habitual­ mente inseparables. Las pautas profesionales de imparcialidad y ecuanimidad fueron echadas por tie­ 12 Howard K Beale. 1988). 111~lor¡a 1 Ion de [as mujeres entre «política» y «profesionalism(») ha contribuido 67 a enturbiar Ll cuestión epistemológica. «Politics. las actitudes y normas contribuyen a acepwr a unos y excluir a otros como miem­ bros del grupo. La oposi­ 10 Peter Nobick. en especial la dirigida el introducir en la Constitución la Enmienda por la Igualdad de De­ rechos (Equal Rights Amendment). las profesiones y las organizaciones profesionales están. y Joan W. En épocas anteriores. lo que se considera historia. que establecen e imponen las pautas mantenidas por los miembros de la profesión. es una cuestión no sólo estratégica sino epistemológica. e insistieron en que las asociacio­ nes profesionales adoptaran una postura conjunta sobre estas cuestio­ nes nacionales. judíos. la historia es ese conocimiento del pasado al que se ha llegado a través de una investigación desinteresada e imparcial (el interés y la parcialidad son la antítesis de [a profesionalidad) y que está universalmente al alcan­ ce de cualquiera que haya dominado los procedímientos cientificos requeridos 10. los histo­ riadores. "Contexr is All: Feminism and Theorics 01' Gtienship). ciertas nociones como la de «relevancia académica» y «calidad intelectual» fueron atacadas al igual que muchas tapaderas del trato discriminatorio. «Tbe Professional Historian: His Theorv aod His Practice». lo que presuponían las protestas de 1969 y posteriores era c¡ue las profesiones .66 J030 Seatt La oposición entre «profesionalismo» y «política» no es natural.History and Difference». la etnia o el sexo impedían el reconocimiento de historiadores particulares. El «dominio de la materia» y la «competencia» pue­ den ser tanto juicios explícitos de capacidad como excusas implícitas de la parcialidad. y sin embargo. los historiadores críti­ l'OS. Uno implica la naturaleza del conocimiento ge­ nerado. en este caso. Scott. Vér Mary G.1CLón se señalaba y criticaba periódicamente y algunos historiado­ les hicieron esfuerzos concertados para corregir la discriminación. católicos y «personas no distinguidas» tu­ vieron durante años una escasa representación en la AHA 12. La competencia no puede ser cuestión de estrategia o poder. re. el acceso se funda en la competencia. 1953). En el seno de las organizaciones. la religión. El otro. págs. estructuradas jerárquicamente. Pedagogy. que se convierten en guardianes de ese conocimiento que constituye su territorio peculiar. sostenían que la discriminación basada en Lt raza. pues. La manera de separar ambos juicios.ron org<Jnizaciones políticas (en los múltiples sen~ 1idos de la palabra «política»).. En cambio. todos ellos en Daedalus (otoño 1987). Panji(: HÚl0flcal Rf:V¿(:W 22 (agosto. por más respetable que fuera el com­ portamiento de sus miembros.~pectivamente. Para los historiadores profesionales del siglo xx. renunciando a asistir <] una reunión celebrada en algún hotel se­ Iccto o insistiendo en que las mujeres debían ser incluidas en los l"ncuentros profesionales. los juicios sobre la capacidad están im­ bricados a menudo con valoraciones de la identidad social del indivi­ duo que nada tienen que ver con [a competencia profesional 11. sino sólo de educación y entrena­ miento. por lo demás muy cualificados. iba Jirigida al cumplimiento de ideales auténtíc<Jmente profesionales. La calidad de miembro de la profesi6n histórica confiere res­ ponsabilidad a los individuos. las funciones de control del acceso. Durante la década de 1970 la.

). pues la presencia de mujeres organizadas ponía en tela de jui~ cio la idea de que la profesión de historiador constituía un cuerpo. las historiadoras feministas insistían en la inexistencia tic oposición entre «(profesionalismo» y «política~> proponiendo un l'onjunto de cuestiones profundamente inquietantes respecto a las je­ rarquías. Smith.J' 22:1 (otoño. continuaban de­ fendiendo la necesidad de educación y juicios de calidad (estable­ ciendo. en: Scotr.36). Sin embargo. Liberatmg Womens History (Urbana. 419. ver también Ruth Milkman. incluso. Texas Lau) Review. págs. Mari]o Buhle y Nancy Schrom Dye. «(Women's History and the Sears Case). El proyecto de la historia de las mujeres comporta. History and Theory (Chicago. Femmlst Stl/dies . unitario. 375-400. 1981). llegado el caso. Sobre el caso Sean. Cad Degler. Al insistir en la existencia de una identidad colectiva de las. concursos para premiar obras destacadas sobre historia de las mujeres).: mujeres historiadoras contrapuesta a la de los hombres (sugiriendo al mismo tiempo que la raza dividía a los historiadores blancos de los negros). Su 11resencia puso en tela de juicio la naturaleza y efectos de un cuerpo lIniforme e inviolable de pautas profesionales y de una figura única (hlanco y varón) como representación del historiador. loan Kelly. simplemente historia? «Historia~) frente a «ideología» La aparición de la historia de las mujeres como campo de estu­ dio acompañó a las campañas feministas en favor de la mejora de su condición profesional y supuso la ampliación de los límites de la his­ toria. No rechazaban los criterios profesionales y. buscaron y consiguieron un alto nivel como profe­ <'Ionales en el terreno de la historia. testjficaron por cada una de las panes contrarias. mientras que Rosenberg defendió valicntemente la (werdad». Scott. una ambigüedad perturbadora pues es al mismo tiempo un complemento inofensivo de la historia instituida y una sustitución radical de la misma. «(Theorizing the Writing of History or. 149-61. Pero no fue una operación lisa y llana. entre otras cosas. en: Berenice Carroll (cd. do~ historiadoras de la mujer. for a great deal of it mus! be inventiom). i\vsafiaron y trastocaron esas reglas criticando la constitución de la Ilisciplina y las condiciones de su producción de conocimiento 15. No obstante.Harris. las pruebas y la in­ I'vstigación que hacen posible la comunicación entre historiadores 14. al tiempo que les permite encubrir todas las dificultades epistemológicas suscitadas por el caso (y a las que aluden cn la nota a pie de página 1. . Natalie Zemon Davis. 1984).ideología¡> e «historia» cstructura su ensayo (y le morga su tono aparentemente objctivo y desapasionado). últimamente en rela­ ción con el caso Sears. 1 can't think why it should be so duB.3-10. «(Women's History in Transition: The European Case. dando por sobreentendido que se trataba de un simple gesto hegemónico de un punto de vista interesado. aceptaban las leyes del mundo académico y procurahan ser reconocidas como intelectuales. «The Sears Case». Gender and the PO/itICS o/Hillory (Nueva York. El caso fue motivo de una tremenda controversia emre historiado­ res sobre las implicaciones políticas dc la historia de las mujercs y los compromisos políticos de las historjadora~ feministas.Jour­ ¡¡al o/Social Hrsto. 167-177. University of Chicago Press.). págs. 8. en cambio. 1988). fundamentos y supuestos que dominaban la tarea del histo­ riador: ¿Quién es dueño de las pautas y definiciones de «profesionali­ dad» imperantes? ¿Entre quiénes se ha dado el acuerdo que éstas representan? ¿Cómo se llegó a tal acuerdo? ¿Qué otros puntos de vista quedaron excluidos o eliminados? ¿A quién pertenece la pers­ pectiva que determina qué se considera una buena historia o. y loan w. las tendenciosas no abogaban por un fal­ seamiento deliherado de los hechos o la supresión de información en favor de la «causa~~ 13. Rosalind Rosenberg y Alice Kcssler. (. Aunque sin duda se pueden citar prue­ bas de tendenciosidad ente las historiadoras de la mujer que no ca­ racterizaron al conjunto de ellas. no se trató simplemente de añadir algo anteriormente olvidado. de hecho. Soundtngs 64 (invierno. págs. o al menos así se lo pareció a quienes. «The Problems of Women's His­ tory). 111\toria de las mujeres 69 I\l'currían a las reglas del lenguaje. 66:7 (Octubre. Women. 15 Sobre la capacidad de la historia de las mujeres para transformar la historia. pero los cargos más recientes (y los más rencorosos. .What the Women's Movement has done to Ame­ rican Hisrory). Femintst Studies 12 (verano 1986).3. Se lanzaron acusaciones de mala fe por am­ bas partes. E. págs. De hecho. ra­ zón última de cualquier profesión. En cl curso de un juicio contra la cadena comerci<11 Scars Roebuck and Company por discriminación por razoncs de sexo. esta actitud no era (ni es) exclusiva de las feministas. La mayoría de las historiadoras de las mujeres no rechazaban los esfuerzos por lograr maestría y conocimientos. pág. I~ Ellen Somckawa y Elizabeth A. prescnta­ dos por Sanford Levinson y Thomas Haskell en defensa de Rosenberg.68 loan Scotl rra por intereses particularistas. 1976). (. las feministas se preguntaban si era posible el reconocimien­ to imparcial de magisterio.301-31. La oposición entre «(PO­ lítica» y «(verdad). insisten en que Kessler-Harrls distorsionó deliberadameme la hisroria en interés de la política.3 (1976). al mismo tiempo. págs. )) Esta cuestión se ha planteado de muy distÍntas maneras. y cn este proceso. mantenían la opinión normativa. 1988). Ver «(Academic Freedom and Expert Witnessing: Historians and the Sears Case). con mucho). otra manera de contemplar el asunto consiste en tratar el reto de las mujeres como una cuestión de redefinicián profe~' sional. la exactitud. ver Ann Gordon.. 1988). En efecto. .

70

Joan Scott

Este doble filo se advierte en muchas de las declaraciones realiza~
das por quienes abogaban por el nuevo l:ampo a comienzos de la déca­
da de 1970, pero nadie lo expresó mejor que Virginia Wüolf en 1929.
En Ulla habitación propia, Virginia \X!oolf trató la cuestión de la historia
de las mujeres, como lo estaban haciendo muchas de sus contemporá­
neas en el periodo siguiente a la emaocLpación femenina en Inglaterra y
Estados Unidos lb, La autora reflexiona sobre las deficiencias de la his­
toria existente, una historia que, según ella, requiere ser escrita de nue­
vo, pues «a menudo parece algo sesgada en su actual e:stado, una tanto
irreal y desequilibrada), es decir, deficiente, insuficiente, incompleta.
Apartándose, en apariencia, de la idea de escribir de nuevo la historia,
propone lo que parece una solución distinta: «¿Por qué.., no añadir un
suplemento a la historia, bautizándola, por supuesto, con un nombre
poco llamativo, de modo que las mujeres puedan figurar en ella deco"
rosamente?~~ Al solicitar Vitginia Woolf un suplemento parece ofrecer
una solución de eompromiso, pero no es cierto. El delicado sarcasmo
de sus comentarios sobre un «nombre poco llamativo» y la necesidad
de decoro sugiere un proyecto complicado (10 califica de «ambicioso
más allá de mis fuerzas») que, en el momento en que intenta delimitar
sus dificultades, evoca sugerencias contradictorias 17. Las mujeres son
añadidas a la historia y, además, dan pie a que sea escrita de nuevo;
proporcionan algo adicional y son necesarias para que llegue a su ple­
nitud, son superfluas e indispensables.
El empleo de Virginia Woolf del término suplemento trae a la
memoria el análisis de Jacques Derrida, que me ayudará a analizar la
relación entre la historia de las mujeres y la historia. En su proyecto
de deconstrucción de la metafísica occidental, Derrida ha indicado
ciertos «hitos» que repugnan y desorganizan las oposiciones binarifls
«sin llegar a constituir un tercer término» o resolución dialéctica. Son
destructivos por su falta de resolutividad: implican simultáneamente
sentidos contradictorios no susceptibles de ser siquiera clasificados
por separado. El suplemento es uno de esos elementos <árresoluti­
vos~>. En español y en inglés significa tanto una adición como una
sustitución. Es algo añadido, adicional, superfluo, por encima y más
Entre ellas estuvieron Ivy Pinchbeck, Wornen Workers mtd the Industrial Reuolu­
tion 1750-1850 {Londres, 1930), y Mary Beard, On Underst.wding Women (Nueva York,
1931) y Atr¡erica ThrouRh Women~r Eyes (Nueva York, 193'-l).
Ji Virginia Woolf, A Room 010nó OUm (Nueva l' ork, 1929), pág. 47 [hay ed. cast.,
Uw hJbrtaárin propia, R:¡rce!'1na. 1989"].
16

Ili.~toria de

las mujeres

71

:dlá de lo que ya está plenamente presente; pero también es un susti­
I utivo de lo ausente, de lo olvidado, de 10 que falta, por lo cual resul­
la necesaria para llegar a una consumación o integridad, «El suple­
mento no es ni un más ni un menos, ni un afuera ni el complemento
de algo interior, ni accidente ni esencia.~> 18 Es (en palabtas de Barba­
ra Johnson) «superfluo y necesario, peligroso y redentor». «En el pla­
no tanto del significante como del significado no es posible delimitar
[¡l distinción entre exceso y carencia, compensación y corrupción» 19.
Quisiera exponcr cómo, al pensar en función de la lógica contra­
dictoria del suplemento, podemos analizar la ambigüedad de la histo­
ria de las mujeres y su fuerza polítíca potencialmente crítica, una
fuerza que desafía y desestabíliza los principios disciplinarios institui­
dos, pero sin ofrecer una síntesis o una resolución fáciL El malestar
que acompaña a esta desest<lbilización ha provocado no sólo la opo­
sición por parte de los historiadores «tradicionales~>, sino también
que las histori<1doras de las mujeres deseen una resolución. Sin em­
bargo, no existe una resolución simple sino sólo la posibilidad de
una atención constante a las circunstancias y significados en cuyo se­
no se formulan estrategias polLticas subversivas. Sólo dentro de esta
especie de marco analítico podremos entender mejor las disputas por
el poder y el conocimiento que caracterizan la aparición del campo
al que nos referimos.
La mayor parte de la historia de la:'i mujeres ha buscado de algu­
na manera incluirlas como objetos de estudio, como sujetos de la his­
raria. Se ha tomado como axioma la idea de que el sujeto humano
universal podria incluir a las mujeres, ofreciendo pruebas e interpre­
taciones sobre las diversas acciones y experiencias de éstas en el pa­
sado. Sin embargo, dado que el sujeto de la moderna historiografía
occidental suele encarnarse la mayoría de las veces en un varón blan­
co, la historia de las mujeres se enFrenta inevitablemente al «dilema
de la diferencia) (como lo llama la norteamericana :Nlartha Minow,
teórica del derecho) JO. Este dilema surge por la construcción de dife­
rencias «por medio de la estructura misma de nuestro lenguaje, que
1~ Jacgues Derrida, POSttioflJ, Minuit, 1972 [hav ed. casto, Posiciones, Barcelona,
1976]. Ver también Derrida, De la grarnmatoloJ!,ie. J\Jinuit, 1967.
IY Barbara Johnson, introducción a su traducción de la obra de Derrida Dissemi­
nalions (Chicago, 1981), pág. xiii.
20 Martha Minow, «The Supreme Court 1986 Term: ForeworJ: Justice Engende­
red», Harvard Lau_! ReiJIew 10 L, n" 1 (noviembre 1987), págs. 9-95.

72

Joan Scott

inserta... puntos de comparación no expresos en el seno de categorías
que ciegan su perspectiva e implican erróneamente una conformidad
natural con el mundo» 21. «UniversaL> implica comparación con lo
específico o lo particular; varón blanco, con otros que no son blancos
o varones; hombre, con mujer. Pero estas comparaciones se expresan
y entienden así siempre como categorías naturales, entidades aparte y
no como términos relacionales. Por tanto, reivindicar la importancia
de las mujeres en la historia equivale necesariamente a manifestarse
contra las definiciones de la historia y sus agentes establecidas ya
como «verdaderas» 0, al menos, como reflexiones precisas de lo que
sucedió (o de lo que fue importante) en el pasado. Y equivale tam­
bién a luchar contra normas fijadas por comparaciones nunca mani­
fiestas, por puntos de vista que jamás se han expresado como tales 22.
La historia de las mujeres, que implica realmente una modifica­
ción de la historia, indaga la forma en que se ha establecido el signifi­
cado de este término general. Critica la prioridad relativa concedida
a la historia masculina (<<his-story») frente a la historia. femenina (<<her­
story)), exponiendo la jerarquía implícita en muchos relatos históri­
cos. Y, 10 que es aún más fundamental, pone en duda tanto la sufi­
ciencia de cualquier pretensión de la historia de contar la totalidad
de lo sucedido, como la integridad y ohviedad del sujeto de la histo­
ria: el Hombre universal. Aunque no todas las historiadoras de las
mujeres planteen directamente estas cuestiones, están implícitas en
su obra: ¿Cuiles son los procesos que han llevado a considerar las ac­
ciones de los hombres como norma representativa de la historia hu­
mana en general y que las acciones de las mujeres se hayan pasado
por alto, se hayan dado por supuestas o se las haya relegado a un te­
rreno menos importante y particularizado? ¿Qué comparaciones no
expresas están implícitas en términos como «historia» o «historia­
dor»? ¿De quién son los puntos de vísta que sitúan a los hombres
como principales agentes históricos? ¿Qué efecto tiene en las prácri­
cas establecidas de la historia considerar los acontecimientos y accio­
nes desde otraS posiciones, por ejemplo, las de las mujeres? ¿Cuál es
la relación del historiador/a con los temas sobre los que escribe?
Michel de Certeau plantea el problema de la siguiente manera:
Ibid, pág. 13.
Sobre la cuestión de las representaciones de la historia, ver Gayatri Chakra­
vurty Spivak «Can the Subaltern Speak?,>, en: Cary Nelson y Lawence Grossberg,
Mandwl and !he Interpfetacion o/Culture (Urbana, 1988), págs. 271-313.
21

22

Historia de las mujeres

7J

Como es natural, e! hechú de que la particolaridad del lugar donde se produce el
dis¡:urso sea pel"tinente se advertirá mejor alli donde el discurso historiográfico trata
:lsuntos que cuestionan al sujeto-productor de la histuria: la historia de las mujeres,
de lus negros, de los judíos, de las minorías culturales, etc. En estos terrenos se pue·
de mantener, por supuesto, que la condióón personal del autar es una cucstión indi­
ferente 'en relación con el objetivu de su obra) o bien que el historiador o la historia­
dora confiere autoridad o invalidez al discurso (según que él o ella estén o no
implicadus). Pero, este debate tiene como requisiw algo que ha quedado oculto por
cierta epistemología: el impacto de las relaciones de sujeto a sujero (mujeres y hom·
bres, negros y blancos, etc.) sobre el uso de técnicas aparentemente «neutras>~ y sobre
la urganización de discursos que son, quizá, igualmente científicos. Por ejemplo: del
hecho de la diferenciación de sexOs, ¿habría que concluir que una mujer produce
una historiografía diferente de la de un hombre? Naturalmenre, no responderé a esta
pregLtnta, pero afirmo que el interrogante cuestiona la pusición de! sujeto y requiere
ser u'atada de manera distinta a como lo ha hecho la epistemologia que ha construi­
do la «verdad» de la obra sohre los cimientos de la no pertinencia de quién sea e! ha­
blante 23.

Lo importante de las palabras de De Certau no es que sólo las
muieres pueden escrihir historia de las mujeres, sino que esta historia
abre de golpe todas las cuestiones sobre la competencia en la materia
y la objetividad en que se basa la construcción de las normas discipli­
narias. La demanda, aparentemente modesta, de suplementar la histo­
ria con información sobre las mujeres sugiere no sólo que la historia
es incompleta en su escado actual, sino también que el dominio del
pasado por los historiadores es necesariamente parcial. Y, lo que es
aún más inquietante, deja abierta al examen crítico la naturaleza mis­
ma de la historia en cuanto epistemología centrada en un sujeto 24.
La discusión de estas inquietantes cuestiones Hlosóficas se ha
desplazado, en su mayor parte, a otro terreno. Los historiadores lla­
mados «tradicionales» han defendido su poder como guardianes de
la disciplina (e, implícitamente, su dominio de la historia) invocando
una oposición entre «historia» (conocimiento obtenido mediante una
investigación neutral) e «ideología» (conocimiento falseado por consi­
deraciones interesadas). Según su descripción, la «ideología» corrom­
pe por su propia naturaleza y, por tanto, descalifica la labor intelec­
tual. La etiqueta de «ideológico» asocia a las opiniones divergentes

23

Michel de Certau, ,\History: Science and FictioOl>, en: Helerologies. Dúcourse on

Ihe OthedMinneapolh, 1986j, págs. 217-18.

14 Mary Hawkesworth, «Knower, Knowing, Known...)), Sfgns (primavera 1989),
págs, 533-557.

75

74

.loan Seau

cierta noción de inaceptables y da a las ideas dominantes el rango de
ley inatacahle o «verdad) 25.
Norman Hampson nunca admitiría que su despectiva caracteriza­
ción como «historia uterina» de un libro sobre las mujeres fran,f'sas
del siglo XIX implicara en su caso una oposición a historia fálica; para
él el polo opuesto era historia «auténtica». Y el ataque gratuito de Ri­
chard Cobb a Simone de Beauvoir en una reseña del mismo libro im­
plicaba que las feministas nO podían ser buenas historiadoras. Los
diez mandamientos de Lawrence Stone para la historia de las muje­
res aceptaban mucho mejor este campo en conjunto, pero insistían
en los peligros de «falsear las pruebasi> o (apoyar UDa ideología femi­
nista moderna», como si el significado de prueba fuera unívoco y,
por otra parte, nu planteara problemas sobre la posición, punto de
vista e interpretaciones de los historiadore5. Con un rechazo similar
de estas cuestiones, Roben finlay ha acusado a Natalie Davis de pa­
sar por alto la «soberanía de las fuentes» y transgredir «el tribunal de
los documento,,)} con el propósito de fomentar una lectura feminista
de la historia de Martin Guerte 26. Casi no hace falta decir que los in­
tentos de las femínistas por exponer d «sesgo masculinu» O la «ideo­
logía masculinista}} inherentes a la historiografía han topado a menu­
do con la ridiculi7.3ción o el rechazo por considerarlos expresión de
una <ádeología» 27.
Las desiguales relaciones de poder dentro de la disciplina hacen
peligrosas las acusaciones de «ideología» para quienes buscan una ca­
tegor{a profesional y una legitimidad rlisdplinaria. Este hecho (y las
reglas de la formación disciplinar) disuadieron inicialmente a muchas
historiadoras de las mujeres de encarar las implicaciones epistemoló­
2' (,El éx.ito ideológico se consigue cuando sólo se consideran ideologüls los opi­
niones contrarias; la que prevalezca será la verdad». Martha Minow, ~<.Jusdcc Engen.
dered», Harilard LaliJ RelJiew 101 (noviem:,rc, 19&7), pá~ 67.
26 Norman Hampson, «(The Big StorC», Lundon ReHew 01 Books (21 enero-} febrc­
ro 1982), pUl!,. 18: Rlchard Cobb, <~The D~screet Charro of the BourgeiosJe¡" New 'ler­
ker Review of Book! {diciembre 17, 1981.1, pág. 59; Lawrence Stone, ~(On¡y Women».
New Yorker Rwieu..' of Books (abril 11, 19851, págs. 21-27; Robert Finlay, <iThe Refas·
bioning oE Martín Guerre», y Natalie Zemon Davis, <~On the Lamc», ambos en Ame­
rican Hlstorical Review 93:3 (junio: 988), págs. 553-71 y 572-60} respectivamente.
27 (,Las dificultade5 del1iberalismo occidental para ;¡cflhar ron las lucha;: por raZ0­
nes de sexo v raza... muestra algo que las feministas han reconocido muy bien: las re·
ticencias de :os individuos libcra16 -los hombres- ante las insinuaciones de incapaci­
dad, sobre todo cumdo raJes insinuaciones están expresadas a través del género».
Elizabeth Weed. introducción a Coming to Terms: Femlnism, Theo11'. PolilIes (Nueva
York, 1988), pág. 6 (de la transcripción mecanográfica).
.

Hi'itoria de las m:Jjeres

gica s más radicales de su obra; en vez de ello, insistieron en el papel
de la mujer como materia histórica adicional olvidando su desafío a
los supuestos metodológicos de la disciplina. (En ese momento pro­
curamos aparecer como ciudadanas observantes de la ley, y no como
agentes subversivas.) Así, por ejemplo) al defender la instauración de
cursos nuevos sobre la mujer ante un comité de currículum universi­
tario en 1975, mantuve que la historia de las mujeres era un terreno
reciente de investigación en cuanto área de estudio o de relaciones
internacionales 211. En cierto modo se trataba de un recunm láctico
(una estratagema política) que intentaba separar, en unas circunstan­
cias espedfícas, los estudios sobre las mujeres de una asociación de­
masiado estrecha con el movírniento feminista. y en parte nacía de la
creencia en que. b acumulación de suficiente información sobre las
mujeres en el pasado lograría de manera inevitable su integración en
la historia normativa, Este último motivo se VlO estimulado 'Por la
Jparición de la historia social, centrada en las identidades colectivas
de una amplia gama de grupos sociales.
La existencia del campo relativamente nucvo de la historia social
proporcionaba un vehículo importante a la historia ele las mujeres; la
asociación de un nuevo tema de estudio J. un conjunto de enfoques
distinto conohoraha la afirmación de la importancia o, al menos, le­
gitimidad del estudio de las mujeres. Aunque apelaba a ciertos pre­
juicios rlisciplinarios sobre el an-.ílisis cientlfico desinteresado, plurali­
zaba, no obstante, '.os objetos de la investigación histórica, otorgando
a grupos como los campesinos, los trabajadores, los maestros y los es­
clavos el r,<lngo dc sujetos históricos. En este contexto, las historiado­
ras de las mujeres pudieron referirse a la realidad de la experiencia
vivida por éstas y dar por supuesto su interés e impottancia inheren­
tes. Situaron a las mujeres en las organizaciones polítícas y los pues­
tos de trabajo y propusieron nuevoS terrenoS de acción e institucio­
nes -familias y hogares- como temas dignos de estudio. Una parte
de la historia de las mujeres intentó demostrar la similitud de la acti­
vidad de mujeres y hombres, otra subrayó la diferencia femenina;
ambos planteamientos tomaron a las «mujeres» cornu una categoría
social fija, una entidad aparte, un fenómeno conocido: se trataba de
petsonas biológicamente femeninas LJ.ue ocupaLan o abandonaban

2~ Testimonio de Joan Scatt a la universidad dc Carolina de: Norte-Chapel Hill
Currlcubm Comittee, ~ayo 1975, citado cn Pamela Dean, Women on tÚ" Hit/: A fiis­
tory ofWomen al the Univer.íity ofNurth Ctl/'Ollntl (Chapel Hill, 1987). pág. 23.

29. al margen de su relación conceptual e históricamenle situada con la categoría «hom­ bres» 32. las historiadoras social~s (yo entre ellas) documentaron los efectos de la indu:slrialización en las mu. en el curso de la industrialización. Se prestó menos atención a los fundamentos conceptuales del «patriar­ cado}).) J0 Otras se volvieron hacia la cul­ tura de la mujer en cuanto producto tangible de la experiencia social e histórica de las mujeres y tendieron. obre­ ras. desprenderse de anteojeras. (lSep1i. sus necesiclades. la categoría <~mujeres») adquirió existencia como entidad social. 26-64.er~>. pacientes. la designación de «mujeres trabajadoras» en cuanto categoría distinta de «trabajadores») supuso una nueva comprensión de 10 que se significaba ser mujer. el simposio sobre «Cultura de la mujen> y polltic:l en: nist Srudies 6(1980).Fomen.t La aparición de la historía de las mujeres estaba. El movimiento de las mujeres en­ trañaba la existencia de las mujeres como categoría social aparte y definible cuyos miembros sólo necesitaban set movilizados (más que considerarlos coma un conjunto dispar de personas biológicamente similares cuya identidad estaría en trance de ser creada por el movi­ miento). Julict Mitche!! '! ArlO Oakley (eds.-. con los "hombres». Arne­ rifan Histor¡cal Keview 91:5 (diciembre 1986). aun­ que no cambiase su ser esencial -en cuanto mujeres. además. Ti1Jy y Jmlll W.I~ lIlujeres hubo/hay considerables divergencias entre feministas marxist. págs. Al igual que las «mujeres)}. Once a Cigar Maker: Men. hijas. En otro \ngilT he hecho un examen de tsa diversidad. «Am 1 lhat name?» Femi'"ltsm dnd the Calegory 01 «women» itl Hirtor-y (Lon. conseguir autonomía. '«lomen. subrayaba el denominador co­ múr. por ejemplo.'úentt:s postUI¡\S inrcrpn:tarivas y tcórieas adoptadas En d "eno de la bs­ tClria Je ¡. t:on la identidad de las mujeres-.'ls. l-_abituail11t:nte. 1053-75. Pas! atld Presenl 101 (1983). La historia de las mujeres confirmaba así la realidad de la categoría «mujeres». Woman's Place. The Rheto­ rie of Women's History». M. págs. fijó la oposición hombre/mujer. un grupo cuya común identidad dá­ bamos por supuesta. por ejemplo. n Esto no quiere decir que las historiadoras de la mujer no escriban sobre las mujeres en reb. Patricia A CDoper. a suponer que la categoría «mujeres) era homogénea ll. Feml~ . individua­ lidad y. ver Louise A. 141~57j y «Gender: A Useful Category of Historienl AnalysiSll. La atención prestada a la diver:si­ dad) la c1a5e) la raza Y la cultura produjo v¡:¡riaciones sobre el tema del patriarcado pero. 1987): Aliee Kessler-Harris. S<111y Alcxandcr. que han tendido a no tener en cuenta h cuestión con­ ceptu~1 de que b "mujer') no tjcne una definición intrínseca.rate Spheres. La documentación de la realidad hístórica de las mujeres se hizo eCO del discurso de identidad colectiv~ que posibilitó el movlmiento de las mujeres en la década de 1970 y contribuyó a él Esee discurso mostró una experiencia femenina compartida que. Tho· mas Dublin. igualmente. (En aquellos tiempos nus preguntábamos bas~ raote menos por la variabilidad histórica de la misma palabra «mu­ . La toma de conciencia supuso descubrir la «verdadera}) identidad de las mujeres. "Wumen\ Work in Nine­ reenth-Century London: A Study of thc Years 1829-50)). Culture in American Cigar Facwries 1900­ 1919 (Urbana. a!fd 'XIor!. 1987).. amantes. no obstante. journal 01American IIiJtor-/ 75:1 (junio 1988. como. En consecucncia. Women 11/ WQrk: The Tram/orma/ion 01 Work and Comttlutlity in Lowetl. The Rights and Wmngs 01 Womcn (LondIes. 1976). a la manera como la diferencia sexual se introdujo en el cono­ cimiento culturaL que a los efectos de sistemas de dominio masculi­ nO sobre las mujeres y a la oposLción de las mujeres al mismo. Scott. sólo puede ehhorarse por t"ontrastc. feministas liberales. No me interesa aqui dar un repaso a la diversidad silla indicar algo del fondo 20mún existente ertre todas ellas -la preocupación por las mujel'es en cuamo telTIa. las que recurren a las concepciones de dive~as e~cl1ela~ psicounu­ líticas. Sobre este punto. intereses Ycaracterísticas intrínsecas) dándole un a hístorh. imbricada con la de la categoría (-(mujeres» en cuanto identidad política y ello lba acompañado de un análisis que atribuía la opresión de las muje­ res y su falta de visibilidad histórica a un desviación masculina.¡sJachuseits 1826-6U(Nueva York. sino ú:1icanente con­ tex:ual (criticada siempre en su idealización y concreción) y que. }I) Como historias del trabajo de las muieres. emancip::tción. I Ii~luria de las :nujcrc8 Lar la victimlzación de las mujeres y más a aHrmar la distintívídad de la «cultura feroerlina)'. 1982. asi como la relación de teda el campo en conjunto con la disciplina de la historin. págs.:d S!atcs (Nueva York. dres y Millneupolis. 1978. 1979). su existencia anterior al movimiento contempo­ ráneo. por tanto. de la sexualidad y las necesidades e intereses ligados a él. La historia de las mujeres dedicó menos tiempo a documcn­ 29 No pretellJü ~ube~timar I¡\s diversas formas de abordar la historia de las moje­ res y las di. pues.77 76 Joan Scott distintas situaciones y funciones y cuya experiencia cambiaba. 9-39. se consideró a los «hombres) un grupo de interés homogéneo cuya oposición a las demandas de igualdad se atribuían a un deseo premeditado de salvaguardar el poder y los re­ cursos que su dominio les otorgaba. Out to U/'ork: A HlSfOry 01 \. JI Linda Kerber. págs.). en. Así. Pero sí.Fage-Earlllng WfJmNI in !he Unit. creando así una tradición histórica a la que las teministas podrían recurrir al buscar ejemplos de la actividad de las mujeres y pruebas de su capacidad para hacer historia 33. ete.ción con los hombres -cumu mujeres. Work al1d FattJI~Y (Nueva York. eh. Female Worlds.eres. El antagonismo entre hombres y mujeres fue un foco cenlral de la políJ} Ver. l(88).. madres. Ver Jaan Scot~ «Women's Hiswry: The Modern PcrioJ». ver Denise Riley. cómo había cambiado. \. al tiempo que te­ nía en cu~nta las diferencias sociales.

Siglls 12:2 (invierno 1987)... La integración. sino la ne­ cesidad de su presencia para la corrección de la historia. CÍan que mereciera la pena tolerarla) por algunos pluraJistas liberales deseosos de conceder credibilidad al interés histórico de muchos le­ mas. El objetivo de las historiadoras de las mujeres era integrar a éstas en la historia. re­ sultó difícil de lograr. «Trying Tnlnsformations: Curriculurn Integration and (he Problem ofResist¡¡nCel>. a que la presión de historiadoras feministas y estudiantes ha. Aquí entra­ ban en acción las connotaciones contradictorias de ia condición su­ plementaria de la historia de las mujeres. sino también por la luz que los estudios históricos podrían arrojar sobre la política con­ temporánea con las mujeres. indudablemente. (Ello ocu­ rrió.evocaba una insuficiencia fundamental: el sujeto de la historia no era una figura universal y los historiadores que escri­ bían como si lo fuera no podían pretender estar contando toda la historia. Las mismas historiadoras de las mujeres encontraron más bien difícil introducir a las mujeres en la historia y la tarea de escribirla de nuevo exigía un cambio de conceptos para el que en un principio no estaban preparadas o entrenadas. «Changíng the Currículum in Higher EducatioOlI. Todas ellas concurrieron para amenazar la viabilidad de la categoría «mujeres» y presentaron la «di­ ferencia» como un problema que había que analizar. sacó a la palestra ciertas cuestiones sobre los Hi~toria de !¡¡s muí eres 79 lazos entre poder y conocimiento y demostró la conexiones entre teoría y política. al tiempo que afirmaba implí­ citamente la naturaleza esencial de la oposición binaria entre macho y hembra. 222-254. al tiempo que fijaba su identidad separada. Esto tuvo el doble efecto de garantizar un Jugar a la historia de las mujeres en la disciplina y afirmar su diFerencia frente a la «his­ toria». «Polítiea~) frente a «teoria~> El ostensible bloqueo y segregación de la historia de las mujeres nunca fueron completos. la experiencia aparte de las mujeres. La situación parecía deberse más a la resisten­ cia de los historiadores que a una simple tendenciosidad o prejuicio. sus pruebas de que las mu­ jeres influyeron en los acontecimientos y tomaron parte en la vida pública y su insistencia en que la vida privada poseía aspectos públi­ cos y políticos..Iargaret L. resultó aceptable como caracterización de la historia.) La integración daba por supuesto no sólo el engarce de las mujeres en historias ya establecidas. cuando consolidó la identidad colectiva de las mujeres. Y el impul­ so para la integración provino de fondos del gobierno y fundaciones privadas en la década de 1970 y primeros años de la de 1980. (Estos organismos se interesaban no sólo por la historia. Se requería una manera de pensar la diferencia y el modo en que su construcción definía relaciones en­ tre individuos y grupos sociales. En EE UD la palabra se tornó prestada tanto de la gramática. aunque. al menos en parte.) De hecho. Ver también en el mismo número r. porque el campo mismo estaba en proceso de cambio. Además. Anderson. pero en los últimos años de la década de 1970 comenzaron a verse socavados de forma evidente por un con­ junto de tensiones. recluido en un<1 esfera aparte.78 JOllO Scott tica y la historia. págs. algunas de las cuales procedían de [a disciplina misma y otras del movimiento político. podría decirse que la historia de las mujeres logró cierta legitimidad como tarea histórica al afirmar la naturaleza diversa. o lo que es lo mismo. su insis­ tencia en que las periodizaciones admitidas no funcionaban cuando se tomaba en consideración a las mujeres. al menos en parte. La ambigüedad de la historia de las mujeres pareció que­ dar resuelta por su franca oposición entre dos grupos de interés constituidos separadamente y enfrentados. cosa que tuvo varios efectos: hizo posible una movi­ lizaciórl política influyente y extendida. El término utilizado para teorizar la cuestión de la diferencia se­ xual fue el de «génerm>. La historia de las mujeres -con sus compilaciones de datos sobre mujeres del pasado. La atención fijada en la diferencia puso de manifiesto una parte de la ambigüe_ dad que siempre había estado ímplícita en la historia de las mujeres al señalar el significado consusrancialmente relacional de las catego­ rias de género. Paradójicamente. al parecer. aunque este tipo de cootHeto era un anatema para quienes concebían las profesiones como comunidades unifica­ das. esto formaba también parte del proble­ ma 34. con sus supuestos sobre convenciones o reglas de H Sus¡¡n Hardy Aikem. acometida con gran entusiasmo y optimismo. . 255·75. El proyecto de integración hizo explícitas estas suposiciones. el al. La historia de las mujeres fue tolerada (debido. SUs enfoques modificaban el rumbo y las ortodoxias im­ perantes eran criticadas y relegadas. pero siguió estando Fuera de los intereses dominantes de la dis­ ciplina y su reto subversivo quedó. págs.

con la suficiencia de cualquier historia general de las mujeres y con la capacidad de cualquier historiadora de las mujeres para cubrir la totalidad del terreno. Supone así mismo una correlación directa entre tas catego­ rías soci. págs. 1975. mujeres lesbianas. Deborah E. 1983).In Anthropulogy 01 ')lomen (Nueva York. 36 Teresa de Lauretís. 7. julio 28. 191-212. todos ellos en Elaine Showalter (ed. págs. en: Rayna R Rdler kJ. .). Why ERA FiJiü. Patricia BelJ Scott y Barbara Smith (eds. 1989). ahora en relación con la catego­ r. y Donna Haraway. 9805'. al aducir que la diferencia fun­ damental de experiencia hacía imposible pretender una identidad única 36. 127-41. clase o etnia.80 Joan Scon uso lingüístico (hechas por el hombre). n L2 fragmentación se prociujn. ERA . en p2tte. La política de identidaJ de la década de 1980 dio origen a múltiples alianzas que amenazaron el significa­ do unitario de la categoría «mujeres». Gente: Sexualpoli:ik eines Wortes». mujeres trabajadoras pobres. págs.a universal de mujer. 1986). es difícil emplear el término «mujeres» sin alguIw modificadon: mujeres de color. 1·19. sino un asunto controvertido y debatido.)ori::¡ T Bull. Teresa de Lau­ retis. McDowell. . «A Rack Feminist Statemenn>. en: G. muje­ res judías. Nancy Hoffman. Terms. Ver t¡. clase y sexualidad se sumaban importantes diferen­ cias políticas dentro del movimiento de las mujeres sobre cuestiones que abarC<.lles de macho y hembra y las identidades subjetivas de hom­ bre y mujer y atribuye SLlS variantes a otras características sociales instituidas. 1986). Sobre la campaña en favor de la ERA ver.on~ for Rlack Feminist Criti cism». y a 1m hombres diferenciándolos de las mujeres. 22-41. A la fragmentación de una noción universal de «mujer» se­ J5 Ver. existía la posihilíclad de ren­ sar en función de diferentes sistemas de género y de las relaciones entre éstos y otras categorías. York. «What ~as Neve Been. Una de estas articulacio­ nes se apoya en el trabajo de las ciencias sociales en torno a los sÍste­ nas o ~structuras de género.). Ver también. Bonnie Zirnmerman.'X'hite Women. Donald G. 173-190. «From a Long Une (lf Vendidas: Chicanas and fCTli­ nism». «New Direct. parte de la hipótesis de una oposición Eja entre hombres y mujeres e identidades separadas (o roles) para los sexos que actua de manera coherente en todas las esferas de la vi­ da social.. pág. campaña que dio lugar a un frente común entre diferentes grupos de feministas.md the Politicj' of Cultural Conjlict: l'lorth Clrolina (Nueva York. págs. Namralmeme. But Seme 01 Us are Brave: Black Wo­ mens Studles (Nueva York. t 987). como las de clase o raza. 1986). 21-4: Michele Wállace. Mathews and June Sherron de Hart. «Feminíst Studies / Critica] Studíes: Issues. «A Black Fcminist'~ Seareh for SisterhooJ». Aun­ que los usos del término «género» en sociología pueden tener ecos funcionalistas o esencialistas. «The 'fraHjc in Women: Notes on thc Political Economy of Scx».mptions nOs 3/4 (1988). Black Women: Inveming an Adequate Pedagogy~>. Ver tambÍén Barbara 5mith. Cherrie . dado que el genero se definía como algo relaciona­ do con contextos sociales y culturales. Kornelia Hauscr (ed. etnia. Theo. todos ellos en Teresa de Lauretis (ed.d (Bloomington. The Combahee River Collective. Todas ellas constituían una amenaza para la hegemonía de la clase media blanca heterosexual en el término «mujer».. Gail Rubin. Feminút Studu:J" / Critlcal Studies (Bloomington. la misma cl1mpaña de la ERA mostró lo profundas que eran las diferencias entre feminisLas yantifemi­ nistas y puso f?n tclfl de juicio cualquier idea del canícrer inherenk de la solidarid[ld femenina.y {Nueva York. Why \+fe Los! ¡he ERA ~Chicago. «Ges­ chlecht.). Studies Newsletter 5 (primavera 1977). Gender. 1985l. así como tener en cuenta los cambios. 'Se extendió a la cuestión de las diferen­ cias en el seno de la diferencia. De hecho. Joan W.). las demandas de reconocimien­ to de las experiencias e historias de diversos tipos de mujeres agota­ ban la lógica de la suplementariedad.lban desde Palestina a la pornografía 37. 1982). AmericiJn húturli:al RC'view 9J:5 (JÍeienbre. respectivamente. 1986). An Overvíew of Lesbian Femi­ ¡ listoria de las mujeres 81 gún raza. las feministas decidieron insistir en las CUIlIlUtaciones sociales del mismo por oposición a las connotaciones físicas de la palabra «(sexo» j). Vt/lage Vo/ce. Algunas de las diferencias se atribuyeron a una «conciencia falsml. Mary Frances Berry.m­ bién. Scott. El problema de las dlfcrcncias en el seno de la diferenda dio pie a un debate acerca de cómo se debía articular el género en cuanto categoría de análisis y ~i había que hacerlo. (Feminist Politics: \X'hat's Home Got to Do with lt?».). Subrayaron tambien el aspecto relacio­ nal de género: sólo era posible concebir a las mujeres definiéndolas en relación con los hombres.tvforaga. Biddy Martín y Chandra Talpade 11ohanty. utilizada por primera vez para analizar las diferencias entre los sexos. Towards . madres solteras son sólo algunas de las categorías expuestas. Jant: Mansbrídge. «Displacing Hegemonic Discourses: Rellections on Feminist Theory in the 1. Litt'ratur:!. págs. La categoría de género. En efecto. Las diferencias ca­ da vez más visibles y vehementes entre las mujeres ponían en cues­ tión la posibilidad de una política unificada y sugerían que los intere­ ses de las mujeres no eran evidentes de por sí. ::¡ raíz d" la d"rr()ta de la Enmie-nda a b Constitución de EH llU por la Igualdad de D~rechos. The New Feminis! Literar)' Criticúm: Euays m: Wnmen. In.. 1975). 168-224. Amplía el objetivo de las muje­ feS prestando atención a las relaciones masculino/femenino y a cier­ tas cuestiones sobre cómo se percibe el género y cuáles son los pro­ nist CriticislM. Además. aunque :lO por entero. «Gender: A Useful Category of Hístnrícal Analy­ sis». Bárbara Srníth (ed. lX/nmen:. Home Girh: A Black Womens Antholo!fY tNuev¡. como de los estudios socioló­ gicos sobre los papeles sociaks asigllaJu5 a mujeres y hombres. «TDward a Black Ferni­ nist Críticism». and Contcxts». como raza.) (Berlín. en: VICie Orte iibera/!? FerttimJ­ mus iN BWJewmg (Fesrschrift fur Frigga Haug).

etnia y sexualidad. la clase.82 loan Scott cesos que establecen las instituciones genencas y a las diferencias que la raza. El tratamiento del género en sociolo­ gía ha pluralizado la categoría de «mujen> y producido un conjunto abigarrado de historias e identidades colectivas. pautas y supuestos de lo que en el pasado se consideraba historia objeriva. Este análisis considera la significación como su objeto propio y exa­ mina las prácticas y contextos en los que se producen los significados de la diferencia sexual. Su obra insiste en la variabilidad histórica y en una especificidad contextual mayor para los significados mismos de género y lo hace de muchas maneras y con más insistencia que los trabajos de quienes . por contraste u oposición. no circunscritas necesariamente a los machos o hembras biológicos 3)). La diferencia reside en el corazón de las teorías lingüísticas del significado. a pe­ sar de su diversidad. neutral y universal porque tal noción de historia incluía en su misma definición la exclusión de las mujeres. entre los que parece darse una proliferación infinita de diferen­ tes historias (de mujeres)? (Ambos problemas están ligados: ¿tienen las mujeres una identidad común y una historia común que podamos escribir?) Algunas feministas han intentado abordar estas cuestiones anali­ zando el género con procedimientos literarios y filosóficos que. Se dice que toda significación se produce de forma dife­ rencial. se legitima y difun­ de la diferencia de conocimiento? ¿Cómo se construyen identidades y en función de qué? Las historiadoras feministas encuentran res­ puestas a estas cuestiones en casos particulares y definidos. las feministas que recurren a análisis postestructuralistas han ofrecido interpretaciones dinámicas del género que hacen hincapié en la controversia. ¿Cómo se produce. y jerárquica. Es impor­ tante tener en cuenta la interconexión de la relación asimétrica pues sugiere que el cambio es algo más que una cnestión de ajuste de los recursos sociales para un grupo subordinado. el enfoque postestructuralista relativiza la identidad y la despo­ ja de su base en una «experiencim> esencializada. que dan por supuesta la identidad y experiencia de las mu­ jeres. Se silve a menudo de la teoría psicoanalítica (en especial. raza. Al problematizar los conceptos de identidad y experiencia. la lectura lacaniana de Freud) para debatir la compleji~ dad e inestabilidad de cualquier identificación del sujeto. la contradicción ideológica y las complejidades de las relaciones cambiantes de poder. las mujeres no pueden simplemente añadirse sin que se produzca un replantea­ miento fundamental de los términos. Quienes se apoyan en las doctrinas postestructuralistas mantie­ nen que el poder puede cntenderse en función de procesos discursi· vos que producen diferencias. el dominio o la marginalidad derivados de los sistemas de dife­ rencIación. mediante la asigna­ 38 Ver ]udith Butler. El terreno común político y académico tiene más bien la propiedad de que en él las feministas exponen análisis diferenciales y organizan la resistencia a la exclu­ sión. En este caso se pasa de hacer hincapié en la comprobación de la oposición binaria masculino frenre a femenino a preguntarse cómo se ha establecido dicha oposición. se agrupan conjuntamente bajo la rúbrica de postestructuralismo. pero no se limitan a presentar historias separadas. Masculini~ dad y feminidad se consideran posiciones subjetivas. de suponer una identidad preexistente en las «mujeres» a investigar los procesos de su construcción. la etnia y la sexualidad han generado en la expe­ riencia histórica de las mujeres. más que una cuestión de justicia distributiva. ¿qué constituye el fondo común sobre el que las feministas pueden organi­ zar una actividad colectiva coherente? ¿Cuál es el nexo conceptual de la historia de las mujeres o de los cursos de estudios sobre las mu­ jeres. Historia dé' las mujeres 83 ción de la primacía a un término y la subordinación a otro. con­ secuencia del reconocimiento de las diferencias entre las mujeres. Al contrario de lo que ocurre con el tratamiento de las ciencias sociales. pero también ha de­ sembocado en una serie de problemas aparentemente insoluble. cualquier cambio en la situación de la Mu­ jer requiere (y produce) un cambio en nuestro entendimiento del Hombre (un pluralismo simplemente acumulativo no funcionaría). Si existen tantas diferencias de clase. Gende¡' Trollble: Femmism I1nd the Subversion ofIdentrty (Nue­ va York. Si la definición del Hombre se basa en la su­ bordinación de la Mujer. Especialmente importantes han sido los modos en que las feminis­ tas se han apropiado del postestructuralismo para pensar la diferen­ cia. 1989). La amenaza radical planteada por la historia de las mujeres consiste pre­ cisamente en este tipo de desafío a la historia establecida. de atribuir un significado inherente a categorías como «hombre» y «mujer» a analizar cómo se afianza su significado. dos elementos fun­ damentales en la mayoría de las definiciones corrientes de política para la activación de los movimientos políticos.

!J¡tcmafúJI1. más bien critiea la teoría individual liberal que supone que los individuos son agentes plcnar. tojos los aspectos teóricos referentes al feminismu an sido rebautizados COmo «política» debido a que (según una ex­ osición reciente) sus observaciones provienen «directamente de la Ireflexión sobre nosotras mismas. haciendo que sólo una teoría sea acepta~ ble como «política). ~n e~ta oposición.ivet~al de «mu· jer» a la ya existcute de «hombre») y de competencia {dando por sentado que Jos his· toriadores pueden lograr un conoeimiento desinteresado y eompleto del pasado). ver . ¿cuáles serán las razones para una movilización política? 'Cómo escribir historia de las mujeres de forma coherente sin una ación fija y compartida de lo que ellas son? Riley responJe.. raeior. origen de iden­ tidad y acción colectivas. 4¡ La ironía es llamativa. La euestión no es la actividad per se. al oponer «teoría» y «política» excluyen la «experiencim> de una indaga­ ción crítica y la protegen como la base fundamental y no problemali­ zada de la explicación política e histórica 42. 1987). como ha mantenido De­ Inise Riley. la identidad y experiencia de las mujeres. Sin embargo) el concepto de experiencia se ha hecho problemáti­ co para los historiadores y requiere ser discutidu críticamente. Pero los trabajos 'nfluenciados por el postestructuralismo acaban encontrándose con os mismos problemas planteados a quienes prefieren abordar esta ateria desde los puntos de vista de las dencias sociales. su postnra de «(política» -término que indica su relación subversiva eon la disciplina-o Pienso que estamos ante un ejemplo más de la lógiea del suplemento y que las historiadoras de las mujeres (sea cual sea su posición episte· molóBica) no esnin ni del todo dentro ni del todo fuera de la profesión de la hiscoria. pero la anera exacta de hacerlo requiere ser discutida. quienes recurren a esta oposi­ ción (en un proceso inverso a la reacción de la historia ante la historia de las mujeres) hacen de la «política» una posición normativa que sería para algunas la comprobación ética de la validez del femi­ nismo y de la historia de las mujeres. así como la posibili­ ad de concebir teoría y politica como elementos ínextricablemente inculados. es "nestable debido a su variabilidad histórica.Toan Scott. Creo que la oposición entre «teoría. Historia de las =nujeres 85 silenciar los debates que debemos plantearnos sobre qué teoría es la mas útil para el feminismo. Y las historiadoras de las muje­ res que rechazan la «teoría» en nombre de la «política» están. ICultural ültique. en lfl que insisten mucho los actua­ les historíadores. correc­ amente en mi opinión. curio­ samente.184 Toan Seatt Ise apoyan en los conceptos de las ciencias sociales. Sin embargo. Ll oposición entre «teoría" y «politica» se refiere también de manera tangeneial a la de la aetiviciad humana. i 1 1 Ili l I I I ! . han insistido en que su posición s concreta. aliadas con los historiadores tradicionales que consideran el postestructuralismo (y la historia de las mujeres) antitéticu cün los principios de su disciplina 41. «Intelleetua: History After Ihe Linguistic Turn: The Auto­ nomy of Meaning and the Irredudbility of Experience'. Las his:oriadoras de las mujeres que han acepcado las nociones de lllliversalidad de la disciplino (añadiendo la categoría \Ir. El postestructuralismo ha cuestionado si la experiencia posee un rango ~o La oposición entre ('[l'l)ria» y «polítiea>~ :..o tiempo hemos experimenta­ o en nuestra situación. págs. 1987). esta formulación excluye la posibi­ llidad de tener en cuenta las ventajas de diferentes planteamientos teóricos de la historia y la política feministas. estos historiadores de­ fienden el concepto de «experiencim) rehusando problematizar1a. que es posible pensar y organizar una política 00 categorías inestables y que. y. En cambio. 93. elitista y mascuJinista. . 39·45. ca­ racterizan.alcs y autocrea· dores.¡ente autónomos. En efecto. «(A Reply to Criticism». de las contradicciones que sentimos entre los diferentes mo­ as en que nos vemos representadas incluso ante nosotras mismas.d Labor attd Workmg C/ass History 32 (otoño. en realidad. sino los :imjtes Je la teoría liberal de lu actuación. así se ha hecho. 879·907. Si la catego~ ía «mujer». En ambos casos.) La «buena) teoría considera a las «mu­ jeres» y su «experiencia» hechos evidentes de por sí. Las feministas contrarias al postestructuralísmo han generalizado u crítica como denuncia de la «teoría» y la han motejado de abstrac­ a. práctica y feminista y. «History as Usual?: Feminism and the ~New Historicísm"». pág. no obstanre.ugiere también una oposición entre idt:alisrno y matcrialísmo que representa falsamente los probl:::rnas filosóficos debati­ dos Ilctualrnt::lte.1 Ver John Toews. dile­ Imas cuyo origen se halla en nuestra necesidad de pensar en política 'un nuevos planteamientos. de la experiencia de las :lujeres. American HisforiraI Rn'ieu 92 {octubre. 9 (I988). (En el lenguaje utilizado por quienes recurren a esa dicotomía. La tcoria postestrueturalista no niega. políticamente correcta. curio­ amente) en vez de reconocer la semejanza de los dilemas con que se nfremaron las historiadoras feministas en la década de 1980. Sobre la no vfllidez de la oposiei6n idealismo/materialismo. págs. que la~ personas aetúe:1 o ten· gan cierto comrol sobre sus acciones. «política» significa en realidad buena teoría y «teoría» quiere decir mala política 40.»l'l Al considerar el problema en función de una oposición binaria irresoluble. debate lIe se contempla como un conflicto entre «tcoría» y «politica~).) y «política» es falsa e intenta 39 ]udith Newton. e las desigualdades que durante mucr. se ha desarrollaJo un debate polarizado obre la utilidad del postestructuralismo para el feminismo. por tanto. es decir. por tanto.

además. En este punto encontraron aliados entre los historiadores y otros estudiosos del campo de las humanidades y las ciencias sociales que discutían en su propio ámbito las cuestiones de la causalidad y la explicación. también se oponen a razonamientos que descalifican lo que ha­ cen considerándolo tan díferente que no serviría como historia. Requiere una atención cons­ tante a las relaciones de poder..del conocimiento y los "3 Se puede encontrar un ejemplo de este olvido de las contribuciones feministas a los debates historiográficos en el foro especial sobre historia y reQrla crítica presen· tado por la American Historrca{ Re¡"úlw 94 (junio 1989). como la de clase o la de <dos oprimidos. and Narrative in Historiography».) y a las definiciones de las necesidades e intereses femeninos en torno a los cuales podemos organizarnos o sobre los que escribimos? ¿Cómo podemos determinar qué es esta «(experiencia» o qué fue en el pasado? Sin un pensamiento teórico sobre el pasJdo. exponerla con autoridad y convicción. có­ mo incorporar la fantasía y el ínconsciente a los estudios del comportamiento social. i 1~1 1 fuera de la convenclOO lingüística (o de la construcción cultura1). la mayoria de las feminbtas no han sido consideradas parti­ cipantes de pleno derecho en estos debates 43. sin desem­ bocar ni en exposiciones múltiples e inconexas ni en categorías exce­ sivamente generalizadoras. necesariamente polí­ ticas.86 Joan Seott 87 ría) o declarándola antitética de la «política»: más bien requieren un debate continuo y simultáneo (dehate que será al mismo tiempo teó­ rico y político). por su parte.~. Estos problemas no se resuelven descalificando la «teo­ Historia de las mujeres " 11. sistemas de creencia y práctica. Como siempre ha ocurrido. ~(The Returo of the Prodigal: The Petsistence of Historical Knowing. págs. cómo reconocer las diferencias y hacer de los procesos de diferenciación el centro del análisis político. sea cual sea su manera de abordarla. «Intellectual History and the Return of Literature. y AJan Megill. cómo reconocer la parcialidad de la propia narración (en realidad.ex­ periencia» sin sostener implícitamente conceptos esencialistas. la manera en que los historiadores han apelado convencionalmente a la experiencia.' 1II 11 . cómo describir la movilización política sin apelar a identidades esendaliza­ das y ahistóricas. David Hollinger. 610-21 y 627-53. Por otra parte. y ello es de la máxima importancia para mi argumentación. a pesar de ello. El postestructuralísmo no está libre de dilemas para las historia~ doras feministas. Ver David Harlan. por tal razón. el variado mundo del movimiento político feminista de la década de 1980 ha hecho imposible una definición única de la experiencia de las muje­ res. 581-609. pusieron por necesidad en tela de juicio la inadecuación no sólo de la sustancia de la hístoria existente sino también de sus fundamentos conceptuales y premisas epistemológicas. En definitiva. 1 111 1 I¡ . La posi­ ción suplementaria está caracterizada por una indeterminación recu­ rrente y una potencial desestabilización. Las historia­ doras de las mujeres se ven constantemente a sí mismas protestando contra los intentos por relegarlas a posiciones meramente irrelevan­ tes. Sus vidas y su obra profesionales son. Su posición sigue sien­ do suplementaria incluso en estos discursos críticos: un ejemplo con­ creto de un fenómeno general y. «Recounting the Past: ~(Description. Cuando las historiadoras feministas em­ prendieron la tarea de generar nuevos conocimientos. pues en definitiva se trata del problema de todas cuantas escriben historia de las mujeres. sin alguna manera de pensar teóricamente sohre la relación entre historia de las muíeres e historia. cierta vigilancia frente a los intentos de aplicar una u otra de sus posiciones contradictorias. las cuestiones planteadas para la teo­ ría son cuestiones relacionadas con la política: ¿Existe alguna expe­ riencia femenina que trascienda las fronteras de clase y raza? ¿Cómo afectan las diferencias raciales o étnicas a la «experiencia de las muje­ res. los historia~ dores no pueden dar respuesta a estas preguntas. Explanation.>. cómo representar la actividad humana reconocien­ do al mismo tiempo sus determinismos lingüísticos y culturales. Creo que quienes insisten en que el postestructura­ lismo no es capaz de tratar la realidad o que su polarización en los textos excluye las estructuras sociales olvidan la importancia de la teoría.>. Ninguno de los articulos reco­ noce el impacto que la historia feminista (o la historia afroamericana o la gayo lesbia· na) h. el trabajo de las historiadoras de la mujer ha pluraliza­ do y complicado. los efectos potencialmente críticos y desestabilizadore~ del feminismo se perderán con demasiadi'! facilidad y renundaremos a la oportunidad de transformar radicalmente el conocimiento constituti­ vo de la historia y política que practicamos. al mismo tiempo) una ilustración radical de la (in)suficiencia de sus formulaciones y prácticas. Son problemas comunes) pues derivan de la lógica de la suple­ mentariedad que caracteriza la historia de las mujeres y le ha propor­ cionado su fuerza crítica.l tenido en las cuestiones epistemológicas con que se enfrenta la disciplina. no hay modo de separar la política -relacíones de poder. la actividad y la determinación. de todas las narraciones) y. pero. Pero también creo que nos ofrece a los historiadores respues­ tas expeditas a algunos problemas que plantea: cómo apelar a la (. No obstante. respectivamente.

La publicación francesa Rc"'Vue franraise d1Jistoire d'outre-mer. del mismo modo como las Académies des sciences d'outremer francesa y belga solían conocerse como Académies des sciences colomales.und Oberseegeschichte combina ambos términos. No tiene nada de llamativo. por ejemplo. la historia de las mujeres es por tal razón un campo inevitablemente político. lo que hay depende de la posición de cada cual. una 89 '11 1 . es en sustancia una publicación dedicada a la historia de la expansión colonial europea y. ¿qué es la historia de ultramar? Estrictamente hablando. editada por la sociedad del mismo nombre. pues su nombre original era el de Revue d!histoire des colonies. Parafraseando una conocida expresión francesa: la historia de todos es historia de ultramar para algún otro. más bien. entonces? Podemos hallar una solución práctica a este problema examinando los contenidos de publicaciones que llevan esta expresión en su título. prácticamente toda la historia es historia de ultramar e incluye parte de la historia del mismo Reino Unido.I 88 Joan Seatt procesos que lo producen. un tema interesante y en absoluto fácil. Desde la perspectiva británica. Los británicos tiene la suerte de contar con su Commonwealth. Naturalmente. en especíal. no existe una definición apropiada de ella o. Capítulo 4 HISTORIA DE ULTRAMAR Henk Wesseling 1 1 Esta colaboración está dedicada a la historia ultramar. En efecto. colonial y ultramar. razón de la existencia de un ¡ournal 01 Impertal and Commonwealth Hútory. ¿Qué es. no es esto lo que pensamos al utilizar el término. francesa y de las antiguas posesiones francesas. para concluir diría que esa «teoría» es la que puede darnos luz sobre la política de nuestra práctica. En esta colaboración he recurrido a las operaciones de la lógica del suplemento con el fin de ayudarme a entender y analizar la naturaleza consustancialmente política del campo de la historia de las mujeres. La serie en lengua alemana de los Betfráge zur Kolonial.

el historia dor ultramarino mane­ ja normal mente dos tipos de fuentes. La mayor parte del mundo de ultrama r pertene ció anterio rmente al mundo colonia l y abara se supone que forma parte del Tercer Mundo . precisamente. es necesarlo el auxilio de otras disciplinas. M. Debido a la falta de fllentes tradicionales. el historia dor de ultrama r debe familiarizarse con civilizaciones diferentes de la suya. tendrán que colabor ar con otras disciplinas p~ra al­ canzar una compre nsión mejor de esa civilización o sociedad particu­ lar.> 1. antropólogos o historiadores del arte. europeas.j. de ahí la función en la historia de ultrama r de disciplinas como la ar­ queología. no Se trataba sim· plemen te de rebautizarlos. En Holand a. política y cultural de los pueblo s no euro­ peos. sobre todo habida cuenta de que la historia de EE UU se incluye en la historia de ultrama r y hasta en la colonia l. Las nuevas naciones reivindicaron su propio pasado naciona l. Puede plantearse la cuestió n de si la historia de ultramar. Antes de analizar este punto debe­ ríamos trazar un breve esbozo de la historia del tema. por un lado. Pero también han de manten erse en contact o con otros historiadores a fin de entend er lo que sucede en su propia discipli na. La (Igente sin historia» acabó encontr ando una y el resultado de este proceso fue impresionante.00 Henk Wesseling combin ación mucho más elegante que la de <Jmperial and Overse as History». Esta es la razón de que Jos historiadores ultramarinos se encuen tren a menud o en los departa mentos orientalistas o africanistas. normal mente. una buena idea. Pero la idea misma de (ITercer I'vlundo» se halla actualm ente en trance de desintegración y no refleja ya la realidad . Thc HiJtol)' o/ tht· Thtrd World in Nordic Research (Goteborg. pero no se aceptó nada parecid oa una «historia tropicah>. En primer lugar. más neutros). estos historiadores sienten la necesid ad de colabor ar con otros especialistas de las mismas áreas. no escritas. al menos en Europa (la si­ tuación es diferente en EE UU). en un departa mento de estudios franceses ni sentirá la necesidad de asistir a conferencias sobre tales estudios. por tan­ to. a la reacción contra la anterio r historia colonial. hay algunos elemen tos que dan cicrta cohesió n al campo. pues la historia de ultramar se ha desarrollado. Esta es la razón de que en ciertos círculos se emplee la expresi ón de «historia del Tercer Mundo. Hay otra raZón por la que. Aquí es. Para sobrevivir. relativamente pobres. 1986). escritas o. donde surgen los problemas. No ocurre así con los historia ­ dores de Europa . E incluso cuando son contrat ados en departa mentos de hístoria. no europeas. al su­ ponerse que compre nde la historia de todo el mundo excepto Euro­ pa (u «Occidente»). la historia de ultrama r necesita algún nuevo tipo de conceptualización. La historia de ultramar se desarrolló hasta conver­ tirse en una campo mucho más amplio de 10 que solía serIo la historia colonial.. Había que solucio nar muchas cuestiones pendien tes y se dio un gran salto ade­ lante. pero no pertene ce a la del Tercer Mundo . en cierta medida. Equipa rar la historia de ultrama r con la del Tercer Mundo no parece ser. I Ver. en la actualidad. Así pues. sino también de la his­ toda económlca. Al ser carac- 1I i~toria de ultramar 1 1I i 91 lerístico de los historiadores de ultrama r estudia r civilizaciones dis­ tintas de la suya. la lingüística y la antropología. La tensión entre el tratami ento de su área y el disciplinario es un fe­ nómeno bien conocido. históricamente habland o. Esto supone en gene tal una educac ión más amplia que lo norma] -y algo distint a-. Svensson (eds. como suce­ de a menud o en la historia de África. No es difícil compre nder qué ocurría con todo esto. Este problem a es consecu encia del éxito de la historia de ultrama r tras la Segund a Guerra Mundial. Un especialista en historia francesa no trabaja ri. Además de esto. Mórner y T. por ejemplo. es en realidad un tema de estudio. lingüist as. . Eviden tement e. la historia de ul­ tramar tiende a ser interdisciplinaria. así como una mayor exigencia de conocim ientos lingüísticos. A partir de 1945 el término «coIoniah> resultó cada vez más odioso y los institu­ tos que deseaba n continu ar existiendo debiero n encontr ar nombre s distintos (a poder ser. el Real Institut o Colonial cambió su nombre por el de Real Institut o Tropical. cuando el auge de dicha historia se debió. y por otro. hasta convertirse en un asunto de tal vasteda d que resulta inidentificable. Trata no sólo ele los sistemas coloniales y el encuen ­ tro entre europeo s y no europeo s en general. La historia de ultrama r ha alcanzado tal amplitu d y variedad que no puede ya consider'arse un campo históri­ co específlco. Para una mirada retrospectiva parece incluso extraño haber conside ­ rado que países como la India e Indone sia formaban un mundo con Sudán y Ivlal1 por la mera razón de que todos habían sido antigua s colonias y son. Sin embargo. Tambié n se produjo un cambio de orien­ tación e intereses. existe cierta unidad en el campo de la historia ultramarina. no sólo en teoría sino en la práctica. en su mayoría archivísticas. social.

aunque también ellos redactan sólo crónicas de acontecimientos. miento. 1825en: W. otros pueblos de ultramar se convirtieron en objeto de estudio. al tiempo que se centraban sobre todo en el punto de vista europeo.nd Empire: University and Colonial Office.'ul". por el «peligro amarillo». por razones en parte externas y en parte internas. cambios en la manera de estudiar la historia. algunos de los conceptos históricos más famosos son conocidos aún sobre todo en su forma germánica: Historismus. la noción de desarrollo y sucesión en el tiempo pero también la de que cada periodo po~ see un carácter específico con sus propios valores y normas. la historia europea no fue tan distinta. la Biblia y. es decir. Aera f. tema muy de moda en el siglo XIX. de estas materias derivaron departamentos dedicados al Oriente Medio y/o a estudios árabes. y otro mucho mayor dedicado con más propiedad a la enseñanza de la historia. Pero. Vr::rstebr:n. por otro. el hombre corriente. en su forma científica moderna. [a decadencia de Europa. ]. Romein. 1956). Es interesante observar que ya en 1897 una comisión de examen para una cátedra de historia de las Indias holandesas dio preferencia a un candidato por ser capaz de tener también en cuenta «el punto de vista indígena» 2. La decadencia de Europa se convirtió en un tema de estudio tan importante como su auge. Aparte de los mismos súbditos coloniales. estimuló el estudio del sánscrito. Fassl. En este sentido. pues existía en forma de lo que se conoce como estudios orientales. Más tarde. Las razones externas son obvias: la descolonización. Se los consideró pueblos sin historia (Hegel) o pueblos eternamente paralizados (Ranke). la aparición de nuevas superpotencias. Se caracteriza por el denominado «método histórico» (cronología. y Deeeuw van Azze'(Leiden. La interpretación histórica resultante fue extremadamente eutocéntrica. por ejemplo. ambos grupos colaboraban en contadas ocasiones. que estudiaba civilizaciones ajenas por ellas mismas. además de las razones políticas e ideológicas. La \Vdtgescbicbte se redujo a la historia de Europa. hermenéu tíca). 1925)~> 3 . que a su vez dio origen a la aparición de cátedras e institutos para el estudio de la civilización india. «Leiden -a. La fuerza impulsora de estos estudios era. 1954). Estas carreras. pues en el marco de la historia general los pueblos no europeos no desempeñaban función alguna. En Indonesia. a los japoneses. La es~ cuela histórica alemana dsempeñó un papel importante en este proceso y. En Japón y China se practicó una historiografía comparable a la historia europea tradicional que. los hindúes sintieron poco interés por la historia. Son característicos del mismo la conciencia de la singularidad de los sucesos. 1850-1940. filología. 2 Ver C. hubo también procesos internos. Aunque residieran en la misma universidad. la vida cotidiana. a la historia de Europa y sus colonias. Zeitgeist. crítica textual. Un estímulo aún más importante provino del colonialismo. por tal motivo. sólo aparecían en escena en el momento en que se sometían a los europeos y eran conquistados por ellos. A excepción de las civilizaciones antiguas tradicionales. muchas universidades europeas crearon cátedras no sólo de griego y latín sino también de hebreo y árabe. el colonialismo. así como por un tipo especial de pensamiento histórico. por un lado. y al Islam. La situación cambió de forma drástica a partir de 1945. se estudió a los chinos debido a la importancia de la comunidad china en las Indias Orientales. Esto no significa que no hubiera interés alguno por civilizaciones distintas a la occidental. etc. Los historiadores se interesaron menos por la historia política militar y más por temas como el de la civilización material. En las carreras de historia imperial o colonial podían encontrarse cursos de lenguas y administración colonial. El resultado de todo ello fue el nacimiento de dos grupos de historiadores: uno pequeño en departamentos de estudios orientales. Olterpseer (edl Ldden OrientalConnections. al menos hasta el siglo XVIII. Tras el Renaci. prestaban también cierta atención a los pueblos de ulttamar. En Holanda. Todo ello condujo a pensar de nuevo el papel de Europa en la historia mundial y a cuestionar los planteamientos eurocéntrkos. El historiador holandés Jan Romein proclamó el fin de la Era europea y el inicio del Siglo asiático 3. por las amenazas del «fanatismo musulmán». En el Historia de ultramar 93 siglo XIX la preparación de funcionarios civiles coloniales pasó a formar parte de la educación universitaria. sólo se desarrolló en Occidente en el siglo XIX. La lingüística histórica y comparativa. las crónicas o babads se remontan hasta muy atrás. las menta1ités. El periodo de postguerra fue testigo del auge de la historia social y económica.92 Henk "X'esse/ing Historia de la historia de ultramar: visión de conjunto La historia se ha practicado de una u otra manera en la mayoría de las civilizaciones. En la India. mientras que los musulmanes se interesaron mucho más y con un sentido más fuerte de la cronología.'lm Europa (Leiden.

Reapprú wú in Ot:meas HislOry (Leiden. las antiguas coloni. Además.)s en su propia civilización.}. Las elites indígenas se interesa ban por campos distinto s del de la historia. La crítica neomarxista del colonialismo se hizo muy influyente en el mismo mundo occidental. Esto quitó hierro al antagonismo entre el enfoqu e colonia lista y el nacionalista y se produje ron también cambio s prácticos. C.. menos «liberal». regiones y grupos sociales. 1976). ciudades. El resultad o fue una situación curiosa. jaban en archivos occidentales y recurría n a modelo s occiden tales para aprend er cómo se debía estudia r y escribir historia. En este plantea miento el Estado nacional dejó de ser la unidad central del análisis histórico y por tal motivo la oposici ón entre metróp oli y colonia perdió importancia. La mayoría de los historiadores están de acuerdo en que dehería mos intenta r hacer algo más y estudia r cómo. 5 Ver T. domina ndo el terreno por largo tiempo rues estaban mejor formados y tenían acceso fácil a fondos importa ntes conserv ados en archivos europeos. su interpre tación era. y «.).). dio un nuevo impulso a este debate. la oposici ón entre Europa (cambio) y Asia (continuidad) se hizo menos pertinente. Por un lado. «]apdnes c Hístoriog raphy and European Sources» . Fyfe (ed. El Mediterrám:o . En primer lugar.)provechable» quería decir naciona lista y anticolonial 5. estas diversas civilizaciones se han interco nectado . . De este modo.. necesitamos historiadores ambiciosos 7. El optimis mo originario ante un futuro nuevo y brillant e al conclui r el colonialismo se difumin ó cuando se vio con clarida d que los problem as económ icos y sociales de I<\s antiguas colonia s eran perman entes (o estructurales) más que temporales. 17-29. F. La continu idad pasó a ser tan importa nte como el cambio y.) impresi onante eclosión de investigaciones y trabajo s históricos en Asia y África. Emmer y H L. Afncan Studies SÚIt"e 1945: a Trlhule fa Baúl Davldson (Londres . por tanto. G. Hoy en día.94 Henk Wesseling de la no europea. Los historiadores de Asia y África acudían a menud o a Europa para estudia r historia o. La cuestió n.. Ranger. Blussé. la cuestió n no era sólo el enfrent amiento entre historiografía colonialista y nacionalista. en: Emmer y Wesselin g. La estructu ra sustituy óa la evoluci ón en cuanto interés predom inante." el mundo mediterráneo {'I/ f. Por otra parte. pues sus departa mentos de historia siempre habían ~ido menos provincianos que los europeo s y desemp eñaron un papel cada vez más importa nte en la historia de Asia y África. se produjo un movimiento de emanci pación en la historiografía no occidental que desemboc ó en un. «Eul'Ope an Expansiu n into \X/es( Africa: 11 Historiog raphicaJ Survey of English Language Publicati ons sincc 1945». en: C.)s desarro llaron sus propios departa mentos de historia. pág. El auténtic o reto de la historia de ultramar está en ofrecer una forma modern a de historia mundial. cómo ha nacido la actual situació n mundia l. como ocurrió a los japoneses tras la revolución Meiji. Su primer esbozo lo podríam os encontr ar. sin duda.:¡ época de Fefipe JI (México. en~ P. Los historia dores norteam ericano s ejercieron una crecien te influenc ia. Traba. Afectaba tam4 1. surgida de la decepción provoc ada por el cambio poscolonial. Los mismos historia dores europeo s ponían también en tela de juício el plantea miento eurocén trico de la historia de ultramar. Reappraúaú. sin embargo. el optimismo liberal fue sustitui do por un pesimismo radical ('. Así. por supuest o. 7 F. G.que la de escribir historia. para conclui r su educac ión. 19791. aprend ían historia de Occide nte 4 y no encontr aban referenci. «Tow:ud s a Usable Afrícan Past.udel. El nuevo plantea miento se expresa ba más desde el punto de vista de pueblos. Bajo el impacto de la escuela de los Anttales la historia fue menos teleológica. Las naciones jóvenes necesita ban un «pasado aprovechable». Br. Los historiadore s occidentales siguieron. el impacto de Europa en el concep to mismo de historia fue aún más fuerte que antes.. es saber si podemo s detener nos aquí y conside rar simplem ente la historia mundia l como la suma de un gran número de historias regionales autónomas. al menos. como ha dicho Fernan d Braudel. el desarrollo de la historia de ultrama r a partir de 1945 fue un proceso dülécti co. 56.l. O.. Hopkins. Es un objetivo ambicio so pero. págs. Ahora la oposici ón no se daba entre colonialismo y nacionalismo. Parafraseando la feliz formulación de A. Historia de ultramar : ! 1 95 bién al lugar ocupad o por Occide nte en la historia mundia l en general. tan interesa nte Y rica como la de Europa . Los paLses no europe os descub rieron su propio pasado y ofrecie ron su interpre tación del mismo. 193-222. muy diferen te ya veces fuertem ente antioccidental. quizá. en la nueva historia de la expansi ón europe a desarrollada más o menos en 6 Ver A. pág~. todos aceptan que africanos y asiáticos tienen su propia historia. sino entre izquier da y derecha. \X/eseJing (eds. de una u otra manera. De este modo. Hopkins. La discusión sobre los orígenes del subdesarrollo. pero fue precisamente entonce s cuando el problem a de la historia de ultrama r se manifestó en forma nueva. 1976 2'). La tarea de desarro llar la econom ía y constru ir la nación era más urgente -y más gratific anre.

]oumal of Contemporary History 2 (1967). El traspaso de poderes estimuló así mismo los trabajos históricos y hubo una demanda de libros populares y textos escolares.]. Ray. Majumdar. En Indonesia el proceso fue algo distinto. C. muerto muy joven. la India e Indonesia ~ ]. 1900-1980 (Leidw. Asi pues. antes de la independencia no hubo en la práctica historiadores profesionales indonesios. de modo que para las décadas de 1920 y 1930 existia un notable grupo de historiadores profesionales. Historia de Asia y Africa La historia en su forma científica moderna fue introducida tanto en la India como en Indonesia por el poder coloniaL En la India. El desenmascaramiento del mito nacionalista fue una 8 Por motivos tanto teóricos como prácticos dejaremos de lado la historia de América y el Caribe. Nehru. sí no el papel. Van Leur. publicó su interpretación. 12 ]. «India: After Independence». Por lo que respecta a Asia. los historiadores indios desplegaron su propia historiografía y a finales del siglo XIX el auge del movimiento nacionalista le dio un fuerte impulso. C. En 1952. que presta una especial atencÍón a la historia rural 11. se celehró el primer congreso nacional de historiadores. 1934). Así. no obstante. Ver también. Son testimonio de ello los nombres bien conocidos de estudiosos como R. pág. inspirada en las ciencias sociales. Van Leur. pero. pero la cuestión en sí había sido planteada mucho antes. 11 H. una preparacÍón para esta consumación divina. La historiografia oficial de la India fue considerablemente anglocéntríca. al llegar la independencia en 1947. The Study ofi\1odem Southeast Asian History (Kuala Lumpur. De ontwlkkeling van de IndoneJ'ische geschiedbeoefening in theol'le en praktijk. la importancia de los historiadores indios ha ido en aumento. La figura principal en este terreno fue Sartono Kartodirdjo. En 1975. pero a partir de entonces ha ido progresando la historia como disciplina académica. 28. C. en la batalla del Mar de Java. I 1 u . Se puede encontrar traducción al inglés de este y otros esritos suyos en]. págs. todo lo anterior es. Indonesian Trade alld Society: Essays rn Asian Social and Economic History (La Haya/Bandung. Las conclusiones de Majumdar fueron muy diferentes de las que el gobierno había esperado. en particular. pero desde una perspectiva claramente política (las presiones ideológicas fueron fuertes). como reacción contra el tono más bien condescendiente de los historiadores coloniales. la hisroriografia profesional india se hallaba ya en una posición sólida. El gobierno de la República estimuló el estudio del pasado. habria de ejercer una perdurable I1 c. The Westem Element in i\1odem Southeast Asian History (Kuala Lumpur. Klooster. Bastín.! 97 señal clara del airo nivel de profesionalidad alcanzado por los historiadores indios 10. K. La Cambridge Econonllc HiStory o/ India asi como la New Cambridge HiSlory o/India son demostraciones convincentes de este hecho. 1963). 125-42. Había sido expuesta por J. en cierto sentido místico. Ittdonesiérs J"Chl'1jven hun geschiedenis. Según observaba en cierta ocasÍón Nehru refiriéndose a los ingleses: «La historia auténtica comienza para ellos con la llegada del hombre inglés a la India. en 1784. En él se vio claramente la escasez de investigaciones realizadas. I 11 ]. El gobierno estimuló el estudio del pasado reciente y. quien introdujo una forma nueva de historia.96 Hístoria de ultramar Henk Wesselíng las tres últimas décadas. 10 Ver S. 1959). {d. Aunque los historiadores británicos siguen interpretando un papel. protagonista en la historia de la India. 1955). I I I . Majumdar fue nombrado director del proyecto. nos ceuiremos a las dos antiguas colonias europeas donde la emancipación de una histol'Íografía nacional ha sido más impresionante. Van Leur. A mediados del siglo XIX. el pnnto de partida puede considerarse la fundación de la Sociedad Asiática de Bengala. Mookerji y R. las historia indonesia ha encabezado un debate interesante sobre un nuevo enfoque asiocéntrico de la historia de Asia. van Leur en 1934 13. pronto comenzó a desarrollarse el interés por los estudios históricos entre los nuevos intelectuales indios. el ministerio de Educación ordenó la compilación de una historia del movimiento de liberación de la India y R. a la edad de treinta y cuatro años.» 9 Sin embargo. 1985). John Bastín estimuló considerablemente el debate [2. En comparación con la India hubo allí en general menos personas con formación universitaria y no hubo en la práctíca ni un solo historiador profesional durante el período coloniaL El movimiento nacionalista era también más débil que en la India y los intelectuales nacionalistas expresaban sus sentimientos más en obras literarias que académicas. Eenige beschouwingen belre[fende den ouden Azzatischen handel (Midde1burg. The Dúcovery oflndra (Londres. A. En su lección inaugural en Kuala Lumpur en 1959 dedicada al «Estudio de la historia moderna de Asia surorientab. Mientras tanto. C. 1956). del movimiento nacionalista. Antes de examinar este punto habremos de considerar el espectacular desarrollo de la historia de Asía y África en el mismo período 8. es decir..

Hegel. La formulación más famosa de esta opinión puede encontr arse en las leccion es de . parte de Asia J5. natural mente. lógícam ente habland o. se pueden distingu ir dos escuelas. <'Asian History and ¡he \\?estern His[orian . Como veremo s más adelant e.lena dadas por Hegel en 1830-18 31 Y publica das con el titulo de Pilosofía de la historj". una gran influencia sobre Karl tv'1arx y los escritos clásicos del marxism o reflejan esa misma línea de pensamiento. era un fenóme no muy reciente. son todavía intensa mente discutid as hoy en día y se entiende que lo sean. 149-60. <. Historia de ultramar 99 pueden encontr arse en la obra de un estudio so (por ejemplo. por tanto. pues los historia dores europeo s habían mostrad o tradicio nalmen te un gran respeto por las antiguas civilizaciones asiáticas. Panikkar) 16. Esta actitud era muy diferen te de la adoptad a por los europeo s hacia África. Van Leur. La escuela minimalista minimiza la importa ncia del factor occiden tal en la historia de Asia y la declara virtualm ente inexiste nte.. pero con sus características propias. sometid o a las condici ones de la mera m1turaleza que aquí deberem os present ar únicam ente en el umbral de la historia universal. La cuestió n del papel de Europa en la historia de Asia fue. Aunque .. mientra s que la escuela sentime ntalista maximiza los crímen es}' fechorías de Occide nte. «estados patrimo niales burocráticos». así como para nuestra comprc nsión del presente. pág~. Alguol1s vivh-lD en aislamiento completo o casi completo . en efecto. Panikkar.. Pero esas dos cuestiones: «¿Fue la influen cia occiden tal buena o mala? ¿Fue su ímpacto grande o pequeño?». 1989 5. la crÍCica de Van Leur es al mismo tiempo más general y más fundamentaL Cuestio na la periodi zación de la historia y el lugar atribuid o en ella a Asia. la mayoría de Jo~ puehlos afriClnos Uevaba lod. no obstant e. La origina lidad de su obra reside en dos aspecto s: el abando no de! punto de vista eurocén trico y la aplicación de categorías sociológicas. en J~ K. En un artículo muy conocid o. simplem ente. M. A SurvL'Y (J/lndian HútOl)' (Llmdres.lvía una vida primitiva. Land-. a veces I~ ]. que siempre se había conside rado un continente ahistórico y el pueblo africano un pueblo sin civilización y. En este sentido . Ind()IIcslan T. historia dor húngar o marxista de África. examina. • Esto nos lleva a la segund a gran caracte rística del plantea miento históric o de Van Leur. quien en 1966 escribia: Ames de su encuentr o con lo~ europeos . Hegel tuvo. los dos puntos de vista parecen contrad ictorios . Sirvién dose de la nocíón weberiana de tipo ideal -por ejemplo. por e. 162 Ib:d. «ven el mundo asiátíco con los ojos del gobern ante holandé s: desde la cuhiert a del buque. sin historia. y muchos de ellos se hallaban en el nivel más bajo de la harbarie. en realidad ..) 17. en Volkcnktmde 119 {1%31. 1') C. Búdrag en 101 . los de «cultur a campesina>). Wertheim . De este modo es posible hacer justicia a las peculia ridades de distintas cultura s sin englob arbs por entero en una eonjun to demasi ado abstrac to y general de categor ías ni analizarlas como merame nte exóticas e incomp rensible s. por qué se aplican a la historia indones ia rúbrica s de periodi zación como (el siglo XVIII» y llega a la conclus ión de que carecen de significado. por supuest o. li G. Lecciones sobreftlosu//a de fa historia 111I1/:f'rs. La minímalista y la sentimentaUsta..98 Henk Wesse1ing influencia en la historia indones ia }'. En el siglo XIX. «comercio ambul ante». resultan de vital importancia para nuestra interpre tación del pasado. ei sociólogo holandé s W. M. W. Madrid.le Taaf-.emplo. F. De este modo. En ellas escribía : «En este punto dejarnos África para no mencio narla más. 110 muestra movim iento ni desarrollo.intenta describ ir la historia de Asia como parte de la historia univers al. Un eco t8. el muro de la fortaleza o la galería alta del centro comercial» 14. de importa ncía vital para la historiografía posteri or a la independ encia. escribía. págs. 286-89. en especial de Max Weber. Sin embargo. F Werthe im o el historia dor indio K. el debate no fue en absolut o claro y los mismos concep tos resultar on ambíguos. pues en el pasado de Indone sia no puede rastrearse ningun o de los grandes cambios que caracte rizaron la historitl europe a de esta época.1. F. la manera europe a dc ¡lbordar la historia de Asia estuvo cada vez más domina da por sentimi entos de superio ridad de Europa y la convicc ión de un atraso de Asia.:La mayoría de los historia dores). \'jJ. bárbara. Rejoínde r to Professo r Bastin». Van Leur reaccío nó contra los plantea miento s exclusiva mente coloniales que constitu ían una perspec tiva distorsi onada e ignorab an extensa s áreas de la realidad histórica. Esto. pág. Alianza Editorial . Hasta 1800 Indone sia es. • . no forma partc históric a del mundo. 1947). la aplicación de concep tos tomado s de la sociología.<1Ji'<1JJd Sode/y. Lo que entende mos propiam ente por África es el Espíritu Ahistór ico y No Desarro llado. pues.rdío de esta actitud puede encontn use en la obra de Endre Sik. en la historia de Asia en general.

1961). Mantenía Vansina que la tradición oral no debería aceptarse según se presentaba y que sólo habría de utilizarse tras un análisis crítico que prestase atención al impacto del significado social. ambos existían pero sólo en embrión. La técnica más famosa desarrollada para proporcionar nuevas fuentes a la historia de África fue. The Rlse ofClmstiatl Eurape (Londres. S. como los de los Annales y otros. Vuelve a ser aquí pertinente la comparación con los Annales y su nouvelle histoire. ¡ 101 La misma escasez de las fuentes ha dado un enorme estímulo al desarrollo de nuevas técnicas y métodos. en absoluto. 9. la lingüística y la onomástica. Podríamos asegurar que el Journal o/ Ajrú:an Húto. para la que los documentos son también muy escasos. parece imposible una historiografía de África comparable lH 19 Vansina. De la traditlOrJ orate. no pasaban de ser escaramuzas dispersas con los pueblos vecinos. O más bien. y que por tanto. El desarrollo de la historia de África ha sido espectacular. The Hzstory ofBlack Africa (2 vuls. En ambos casos se ha recurrido a la arqueología. por ejemplo hallazgos arqueológicos o documentos escritos. En cualquier caso. pág. con los debidos respetos hacia Vansina. En algunas de sus últimas obras. Salman. pero es innegable que su obra y sus ideas han tenido una gran influencia en la historia de África 22. La misma situación se da en el caso de la historia de África. El Estado. tomado en el sentido auténtico de la palabra. en la historiografía seria. Ver P. la publicación en 1961 de la obra de Jean Vansina De la tradi/ion orale. No hay duda de que este tipo de opiniones no era. escasean. E. la cartografía.. Justamente un año antes de la aparición del libro de Sik. 21 ]. pues. causó un tremendo impacto en la historia de África 21. a la Australia anterior a Cook. que tal afirmación se aplica también a ciertos periodos de la historia europea. H. bien sean viajeros griegos. romanos o árabes. 22 . 1965). por tanto. la distinción entre el antropólogo y el historiador no es en modo alguno muy neta. el mismo Vansina parece ser más esceptico que antes. traducido rápidamente al inglés (Oral tradüion. ete. el catedrático regio de Historia Moderna en Oxford. Las fuentes. Técnicamente hablando. No es. La antropología ha cumplido también una función importante en la historia de África. como a veces se la ha llamado) 20. «Un faux probleme: ['ethnahistoire». El libro. H. comparaba las historias de Gran Bretaña y África describiendo a esta última como poco más que das evoluciones infructuosas de tribus bárbaras en rincones del globo pintorescos pero carentes de importancia» 19. 1965). pág. Algunos historiadores (y antropólogos) fueron más escépticos con la tradición oral y creyeron. Provienen de extranjeros. Vansina desarrolló un método para utilizar la tradición oral de forma crítica y emplearla. A medias entre la ingenuidad y el escepticismo. los valores culturales y la personalidad de los escritores. que había sobrevalorado sus posibilidades. Brunschwig. desde luego. 17. naturalmente. Aquí. 1966).. la inexistencia de la historia de África. Es cierto. . cada una de ellas con varias subdivisiones. Budapest. el hecho es que África carece en buena medida de documentos escritos. comerciantes o administradores europeos. Es necesario interrogar al pasado con otros medios. ni siquiera en Oxford. el estudio de la tradición oral. De hecho. los dos procesos son comparables en cierta medida. 291-300. al menos las tradicionales. Intraductian d l'histaire de l'Afrique (Bruselas. Sean cuales sean las posibilidades ofrecidas por la tradición oral y otras fuentes heterodoxas. cuentos y comentarios). Essat de méthode historique (Tervueren. Atmales E. vol. l.antes de la aparición de los invasores europeos 18. con otras fuentes. los contactos. también. geógrafos. listas. monopolio de los historiadores marxistas. si existían. dinámico e innovador desde la aparición de la nueva historia social y económica en las décadas de 1920 y 1930. 1986).y ha sido la publicación más renovadora desde la fundación de los Annales. era una noción desconocida para la mayoría de los pueblos de África Ji tampoco existían las clases. realista hablar de su «historja» -en el sentido científico de la palabra. De hecho. En la medida de lo posible habría de confrontarse. Sik. Trevar-Roper. Quizá se trata del terreno de la historia más vivo. págs. e 20 (1965). gran parte de la historia de África es prehistoria o protohistoria (o etnohistoria. poesía. 2(l H. 12655. Essai de rnéthode hútorique hizo época. así como a la América precolombina. Los historiadores sociales. Por razones culturales los africanos han producido menos material escrito sobre la historia de África que los europeos y por razones de clima es poco lo que ha llegado hasta nosotros. Dividió la tradición oral en cinco categorías (fórmulas. pero no única. Esto significa que la mayoría de las fuentes son exógenas. R.100 Henk Wesseling Historia de ultramar cuanto a los demás. Era necesario descubrir fuentes nuevas y desarrollar nuevas técnicas para reexaminar las antiguas fuentes bajo una luz distinta. la historia de África es excepcional. Trevor-Roper. comenzaron a hacerse preguntas no planteadas anteriormente y a las que no se aludía en las fuentes tradicionales. ¡Cuánto han cambiado las cosas en veinte años! Nadie en su sano juicio mantendría ya.

5. documentos y otros materiales relativos al mundo de ultramar ha sido trasladado a Europa y actualmente se halla disponible en archivos y bibliotecas europeas. 84-97. fue importante.102 Henk Wesseling a la de Europa. 1972). además. No estamos seducidos por ella síno condenados a ella 23. Los historiadores franceses han tenido rambien una gran importancia. Zaire). la región o el grupo Étnico. «una combinación de manifiesto. Samon:' une Révolution dyu/a (.del (2 vals. «(Une hiscoire de l'Afrique naire est-elle passible?». pero a menudo es imposible una historia estrictamente factual o événemenlieL En este momento. La historia económica opera con unidades amplias como el océano Indico o Asia suroriental o. 2968. para estudiar su propio pasado los historiadores no europeos tendrán que seguir acudiendo a Europa. no existen en la práctica historiadores africanos o asiáticos que estu- . una gran cantidad de libros. ¿Significa esto el fin del impacto del colonialismo en la historia de ultramar y que las actitudes tanto occidentales como no occidentales han encontrado un equilibrio completo? No necesariamente. 1988). Person. De todos modos. Otras universidades (Aix. En 1961 Henri Brunschwig.(w History -cuyo primer número se publicó en 1960. una larga tradición se ha cimentado en el mundo occidental en el campo de los estudios no occidentales y sigue desempeñando en él una función importante. 26 C. gran parte del debate sobre las posibilidades e imposibilidad de la historia de África y Asia parece más bien fútil. Taulollse. s. 2' The B/ackwe!l Dlcfionary ofHistorlans (Oxford. "Usable Past». Esto quiere decir que. El antagonismo entre colonialistas y nacionalistas cobra sentido en el marco de la historia política. incluso. El periodo del predominio europeo está claramente superado. La historia cultural se analiza a una escala muy superior que la de la del Estado nacionaL Aquí son pertinentes conceptos como civilización hindú o javanesa o «mundo del Islam». En las últimas décadas han aparecído en los foros internacionales cierto número de historiadores africanos y su papel es cada vez más destacado. Brunschwig. VeLA y. autor de una historia monumental e innovadora de Samori. Oliver. hay que reconocer que el gran salto adelante en la historia de Áfríca se debió sobre todo a historiadores europeos y norteamericanos. como resultado de la expansión colonial. introdujeron la materia en la universidad de París 26.1 Ver H. credencial) programa y escaparate para el campo de estudio» 24. Dakar. Y.3 \'(>1.3). fue invitado por Fernand Braudel para exponer la historia de África en la École des Hautes Études. Yves Person. Burdeos) ofrecieron también cursos y seminarios de his- 2. págs. como ha dicho Terence Ranger.fue. pero esto es una cuestión de elección. Por otro lado. Le Congo au temps des grandes con'lpagnies concesúonnaires (París.v. en: Emmcr y Weselingm ReappraisaIJ. En segundo lugar. no sólo por la atenuación del sentimiento europeo de superioridad sino también por los cambios en el estudio mismo de la historia. El ]ournaL o/ A/riL. Se pueden estudiar procesos a largo plazo. En este momento existen también importantes escuelas históricas en diversas universidades de la misma África (Nigeria. pues existe aún predominio occidental en dos aspectos. sobre todo. Su seminario se convirtió en lugar de encuentro para los estudiosos franceses y africanos. en: Milanges en l'honneurde Femand Brat. en especial la de las tres grandes escuelas de Yale. La Short History o/ A/rú:a de Oliver y Fage se vendió en más de un millón de ejemplares y fue prohablemente el libro suelto más influyente sobre la historia de África. aunque más modesta. pág. El seminario de Roland Olivier en la London School of Oriental and African Studies ha sido denominado «el primer marco del mundo para la exposÍcÍón de nuevos trabajos sobre el pasado de África» 25. La historia social se estudia en el nivel del pueblo. R. y Catheríne CoqueryVidrovitch no sólo escribieron Iíbros importantes sino que. pero en otros terrenos encontramos un planteamiento diferente. 1970. . 1976). 197. En primer lugar. La contribución de las universidades norteamericanas.308. 2~ Ver T Ranger. los planteamientos estructurales o a largo plazo están también en boga en la historia europea. (IFrench Historiography Sínce 1945 Concerning Black Africa». voL 1. Historia de ultramar 103 toria de África y un gran número de estudiantes africanos presentó tesis doctorales en universidades francesas.. 17. En África la historia estructural no es una opción sino la única posibilidad. Los historiadores norteamericanos con un papel protagonista en la segunda y tercera generación de historiadores africanistas fueron en su mayoría antiguos alumnos de Curtin y Vansina en Madison. en especíal a los británicos. 75-87. la oposición de colonial frente a anticolonial no tiene mucho sentido. y también en gran medida a consecuencia del colonialismo. En este tipo de tratamiento. Mirando hacia atrás. Madison (Wisconsin). Coquery-Vidrovitch. antiguo alumno de Marc Bloch y Lucien Febvre en Estrasburgo. pág. págs. Kenia. Sobre este punto ver también: H Brunschwig. con la de economía mundial.

un impetio sin colonias.! India Camp(my. 1980). Aunque en el plano teórico se puso en tela de juicio la distinción tradicional entre primera y segunda fase de expansión. GIJmann. La historia universal no puede considerarse idéntica a la historia europea u occidental ni tampoco concebirse como una serie de procesos aislados. Una síntesh reciente en G. y H Chaunu. SéviUe el l'Atlartl!que. . 1978). se planteaban cuestiones nuevas y se aplicaban nuevaS técnicas. la emigración. el Historia de ultramar 105 oro y la plata.. La empresa principal de la historia de la expansión europea tal como se ba desarrollado en el periodo poscolonial consiste en acometer este problema. '[he Atlrmtic Sla~'e Trade: (1 (.104 Henk Wesseling dien la historia y la sociedad europeas. a plantear nuevas preguntas sobre las diferendas entre la expansión china y la europea en sus primeros momentos.Computcr Applications in Expansion History: A Survey». 1989). H. Gran parte de las cuestiones analizadas aquí están estrechamente re27 Un informe útil sobre este terna. V. Chaunu. llevó a cuestionar su aparente estabilidad anterior. ciertos factores internos cambian además la naturaleza de los estudios de la expansión y en este terreno se manifestó igualmente la tendencia genera! favorable a la historia social y económica. The Fmt Imperial Age: European Overseas Expansion. en la práctica real sigue siendo patente la división de trabajo entre los estudiosos de la historia moderna y la contemporánea. 1987). y aún podríamos mencionar a muchos más 29. La consecuencia de ello es el «moderno sistema mundial» (\Y!a!!erstein) y la «civilización de la modernidad» (Eisenstadt) que hoy tenemos. etc. The Tradmg World olAJia l/mi the Engtish Ea. B. Expansión y reacción El estudio de la expansión europea estuvo también influido por factores tanto externos como internos. 150'¡-1650 02 vols. H Parry. los sistemas de plantación y las sociedades esclavistas.ensus (Madison. la urbanización y las menta!ités. Suplemento a Itmerarw 12 (198B). la opinión pública. por ejemplo. El auge del imperio norteamericano. No puede entenderse este proceso considerando sólo partes aisladas de la historia pues ello sería pasar por alto el tema central de [a moderna historia universal. The Asrarf Trade Ref'o(utio1l althe 17th Century The East India Compmlies and th(. pero tampoco puede aislarse por entero de la historia europea. Bailyn.R Bower. The :'Jpaú. las relaciones raciales. sobre el mundo atlántico. Curtin escribió una obra precursora acerca del comercio de esclavos. La colección publicada en !\. 1660-1760 (Cambridge. e 1400-1715 (Londres. Si bien es cierto que la historia africana y asiática es en gran medida autónoma.linnesota sobre historia de «Europa y el mundo en la época de la expansión» (Europe and Ihe World il1 Ihe Age o/ Expansion) ofreció así mismo una serie de libros de texto sobre estas materias.. la función de grupos de interés particulares. El principal proceso de la historia moderna es la creciente interconexión e imbricación de diversas civilizaciones y economías antes aisladas. P. Dedine of (he C¡f<lt'!Jn Trade (Chicago/Londres. Dutch-Asiatlc Trade 1620-1740 2" ed. P. desde aproximadamente el año 1500. N. Chaudhuri. los beneficios del imperio. <. The Dutch Seaborne Empire. Las cuestiones acerca de la monetarización. 1956-60). Voyagers lo Ihe We. Second But/dm ollhe ESf-Ndwork on Lhe History olEuropeaN Expansion. Lo social pasó a ser un tema de moda. es también verdad que. Por otra parte. C. Parry escribieron con éxito libros dedicados a presentar una visión de conjunto de los imperios marítimos 2!l. The Portuguesc: Seaborne Emplre. 1969). Glamann. J. Steensgaard y Chaudhuri publicaron estudios pioneros sobre las compañías de la India. Scammell. etc. ¡'l K. el comercio de esclavos. París. E n conclusión. Cur· tin. la navegación. 1969). en T. (La Haya. Charles Boxer y J. Lindblad. K N. Baylin. Steensgald. ](iOO-1800 (Londres. podemos decir que el desarrollo de la historia de África y Asia fue un fenómeno natural y necesario.· Emigration Imm Bri/rlirf to Amer¡ca on the Eve 01 the RevoluLwl1 (Londres. se plantearon de forma nueva y a menudo encontraron respuestas con la ayuda del ordenador 27. La aparición de China condujo a una revaloración de las posibilidades científicas y navales del país y. 2-61. 1965). las compañías y el comercio. En muchos de esoS campos se ofrecían nuevos enfoques. Wis. Mientras Occidente tenga sus orientalistas y el Este no disponga de «occidentalistas» no puede haber auténtico equilibrio.l't. 1974).. Tradicionalmente.h Seaborne ernpire (Nueva York 1966). 2H C. La rápida caída de los imperios coloniales. págs. animó a pensar de nuevo las técnicas inrormales y formales del imperialismo. la flota y la navegación. La historia de Asia es mucho más que la prolongación de la de Europa. R Boxer. 1418-1825 (Nueva York. Las ciencias políticas influyeron en la historia política sugiriendo el estudio de materias como la toma de decisiones. estimulando el estudio de la emigración. sobre la emigración. Pero al mismo tiempo nos plantea un problema. la historia de África y Asia ha estado conectada con la de Europa. en la expansión de la Edad Moderna se insiste en los grandes descubrimientos. por tanto.

Floud y D.'. 87-92. La obra de Wallerstein fue bien recibida por los sociólogos pero de {arma más crítica por los historiadores.ztmal. El trabajo histórico que le resulta más próximo es el del grupo de los Annales. la historia de la constante integración en este sistema mundial de un número de partes del mundo cada vez mayor. Los beneficios del comercio internacional hicieron posible la revolución industrial. McCloskey (eds. 1987'. )) Ver R. considerado como un juego de todo o nada: los beneficios de una parte equivalen a las pérdidas de la otra. etc. De hecho hay una fuerte semejanza ente las ideas de Wallerstein y el marco conceptual del tercer volumen de la obra de Braudel sobre Civilización material. El capital acumulado en Gran Bretaña a consecuenda del comercio en ultramar no 32 Ver J de Vries. cast. Algunos mantuvieron que las economías preindustriales no eran capaces de producir unos excedentes tan significativos como para posibilitar un comercio internacional de importancia. Madrid. El moderno srstema mundial 1. la revolución industrial. Consta de un núcleo. Esta situación está generada por el comercio internacional. Ctvz1is. Madrid. east.grtcultura eapitalista. Madrid. explotando así a la periferia.]. ss. The Economir H1StOry o{ Britam sillce 1700 (2 \'ols. r. la depresión general del siglo XVII. . las «fases 1 y I1». La historia moderna es. \'ol. Mientras en la historia de la expansión de los siglos XIX y XX los debates estuvieron dominados por el concepto de imperialismo. aparecido en 1974. La . fue el primero en estudiar la descolonización de África y los problemas del desarrollo.. 1/ 1.]. Lo t. economía y eapl/. ocurrida aproximadamente entre 1450 y 1550. 192-3 [hay ed. \X'aIler~tejn. en los estudios sobre la primera expansión no se dio nada semejante. Antes del barco de vapor. Catedra. écot/omique el capitalisme. págs. En el periodo de 1550-1650 existían ya todos los mecanismos básicos del sistema mundial capitalista..tmbridge.]. el comercio de exportación representaba un porcentaje muy pequeño del PNB (y la exportación a la periferia. la revolución de los precios. El ~<momento decisivo» JO F. Alianza Ediroríal. 1974) [hay ed. págs. 1600-1750 (Cambridge. Wallerstein recurrió a la historia pues creía que los problemas del subdesarrollo sólo pueden entenderse plenamente en su contexto global y en una perspectiva histórica. El primer volumen. en especial el de Fernand Braude!. Sin embargo. en torno a Jos años 1760 a 1830. Wallerstein mantiene que la economía mundial actual se remonta a finales del siglo xv. El sistema mundial se caracteriza. como Gran Bretaña y la República de Holanda. que a su vez ~e limitó a confirmar las relaciones desiguales existentes y reforzó el desarrollo del subdesarrollo. The Econamy a{ Europe in an Age ol Crisrs. en realidad. 1976). 19842].ztirmo. Su forma de pensar estos temas se vio intluida por las teorías de la dependencia y el subdesarrollo. No obstante. El sistema mundial de Wallerstein Immanuel Wallerstein. Allí encontramos los inicios de un sistema mundial que se desarrolló plenamente en los siglos XVI y XVII Y estaba ya maduro antes de la revolución industrial. por un orden económico internacional y una división internacional del trabajo. ofrecía el marco analítico del proyecto 31. al menos basta qu~ IrnmanueI Wallerstein expuso su teoría sobre el sistema del mundo moderno. una semiperíferia y una periferia cuya situación cambia con el tiempo (unas regiones pueden ascender al núcleo o descender a la periferia). En torno a 1600.106 Henk Wesseling lacionadas con los temas principales de debate en la historia europea. quienes le reprocharon la gran importancia concedida en el modelo al comercio internacional. Braudel. como las teorías acerca de los orígenes del capitalismo. según Wallerstein. C:.n World-Econorny in the Sixleemh Century ¡Nueva York. hemos de reconocer que no se expuso ningu na teoría general de la expansión europea. no puede seguir considerándose un punto crítico en la historia de la economía mundial capitalista. únicamente un reducido porcentaje del total del comercio ultramarino) J3. cast.. lncluso en las naciones comerciales por excelencia.tia17 matérielle. economía y capitalúmo JO.. La principal publicación de Wallerstein hasta el momento es un estudio (progmmado) en cuatro volúmenes de lo que él denomina El sir/ema del mundo moderno (The Modern World Syslem). Historia de ultramar 107 puede situarse en la resolución de la crisis del feudalismo.).YVe-XVIIIe slec/e (Paris. sociólogo de la universidad de Columbia. 1981). El sistema mundial actúa de modo que el centro reciba los beneficios. el total de las Hotas mercantes de los Estados europeos sumaban sólo el tonelaje de uno o dos superpetroleros actuales (en torno a 1800. . Civilizacrán m. las posibilidades de transporte eran muy limitadas. XV-XVIII. 16001750.'cOtJOmÚ1 de Europa en un período de crisis. el de siete u ocho) 32. Fue una fuente de inspiración para muchos otros estudiosos y llevó a un interesante debate sobre los orígenes de la expansión europea y el capitalismo. En vista de ello. The Modern World System: Capzt<llrJt Agrú:ulture and lhe Origins 01 ¡he Europt. 1984]. 1979) [hay ej.

como Karl Hilferding y Rosa Luxemburg. finalmente. Gallagher (con A. Hobson Imperialúm: a Study. los capitalistas «buscaban mercados externos e inversiones en el extranjero para obtener bienes y capital que no podÍan vender o utilizar en el país» }6. Esto significaba que el excedente de capital no podía ¡nvenirse con beneficios en la misma Inglaterra. adaptada y refinada )4 Ver P. pero no necesaria. El impacto de la expansión europea fue máximo en América y el Caribe. holandés. Tanto en India (tejidos) como en Indonesia (cultivos para el consumo en fresco) las regiones afectadas por la demanda europea fueron reducidas. Robinson publicaron un libro que habría de ser la revisión más inf1uyente del imperialismo británico: A/rica and the Victorians 37. No obstante. A. a con~ secuencia del sistema capitalista. portugués y. págs. Ecollomt'c History Revieu' 35 (1982).108 Henk Wesseling puede haber representado más del 15 por ciento de los gastos brutos generados durante la revolución industrial 34. Es evidente que la descolonización y el auge del imperio económico americano tuvieron mucho que ver en todo ello. Así nació la teoría del imperialismo capitalista. Le siguieron nuevas interpretaciones del imperialismo belga. 35 J. continuando las líneas desarrolladas en su artículo «The Imperialism of Free Trade» 39. investigaciones recientes tienden a minimizar sus consecuencias demográficas a largo plazo. quien en 1916 denominó al imperialísmo «la fase superior del capitalismo». <. Mientras que para Hobson la huida de capital era una consecuencia típica. J6 IUd. Imperialismo Aunque la palabra imperialismo existe desde la década de 1860. }B H. M)'lher et réalités de HtNperzalisme colonial franraH. 187. R Robinsan.(Eurapean Ecanamic Develapment: The Cantributian oí the Periphery". el comercio de productos fue muy limitada. del capitalismo. Gallagher y Robinson.ais. Brunschwig. «The Imperialism af Free Tradej). 1871-1914 (Pa- rís. mantenían que el denominado periodo imperialista (1880·1914) sólo se diferenció del ante· rior periodo de libre comercio supuestamente antiimperialista. J. En Asia el impacto del comercio ultramarino fue sólo regional. Por lo que respecta a África. A/nú and the V. Al hacerlo asi. Gallaghet. Podríamos hablar de una revolución historiográfica cuyas conclusiones pueden resumirse aquí muy brevemente en lo que respecta a las dos mayores potencias implicadas. Para explicar el imperialismo. 1902). J. En términos generales. pág 9. Economir History Revieu. En 1961 los bistoriadores británicos J. que de hecho se convirtió en explicación normal del imperialismo europeo durante las décadas de 1920 y 1930. Henri Brunschwig habia publicado Mythes et réalités de /'imperlalrsme colonial jrdnt. El año anterior. Aunque las diferencias entre Hobson y Lenín son evidentes. Gallagber y R. La teoría de Hobson fue enseguida aceptada. para los marxistas el imperialismo se convirtió en algo inevitable. 109 Historia de ultramar \ por los pensadores marxistas) sobre todo por los alemanes. pág.l-1914. A Hobson. no tanto por el comercio cuanto por el declive demográfico de la población autóctona. a mediados de la época victoriana. según sus famosas palabras. Hobson mantenía que. O'Brien. 39 . los efectos de la expansión europea en las regiones de ultramar no fue muy importante. 1-15. La fórmula más famosa se encuentra en Lenin. 85. los victorianos tardíos debieron formalizar su imperio. estos autores modificaron también la argumentación de Hobson. 1960). Imperia!úm <1 Study (Londres. 1%1). Así pues. Esta formalización fue provocada por crisis locales y situaciones frontetizas que crearon vacíos políticos que debían ser llenados por los británi37 R. Denny). el imperialismo como concepto histórico no apareció hasta la publicación de la obra de ]. italiano. Robinsan. . pronto fue un tópico referirse a la «tesis de Hobson-Lenim>. por sus medios y no por sus fines: los ingleses de la época victoriana media podían actuar sin medidas políticas. la economía británica sufrió una reducción en eJ consumo. Mucho más importante fue la trata de esclavos en la región del Atlántico. ensayo que marcó la pama a todos los estudios posteríores sobre el imperialismo francés 38. publicada cn 1902 J). Un aspecto interesante de la teoría de Wallerstein es su cuestionamiemo de la ¡dea misma de tevolución industrial y) por tanto. alemán. El debate sobre el imperialismo no se reanudó hasta la década de 1960.' 6 (953).ctorians: the Official Mind oflmpenabsm (Landres.. de la distinción entre colonialísmo preindustrial e industrial. Esta distinción era el argumento fundamental en la teoría c1ásíca del imperialismo que ha dominado la historiogtafía de la expansión europea a finales del siglo XIX y en el siglo xx.

110

Henk 'Y/esseling

cos. Sus accione s tenían un trasfond o estrateglCo y no económ
lCO y
su política es esencialmente defensiva y desganada. En resume n,
GaIlagher y Robins on echaron abajo el concep to de un periodo imperia
lista así como la explicación económ ica tradicio nalmen te ligada a él.
Aunqu e sus conclus iones eran similares en ciertos aspectos, la revisión de Brunsc hwig del imperialismo francés fue bastant e diferent
e.
Brunsc hwig aceptab a que en el caso de Francia hubo un periodo
imperialista bien definido, aproxim adamen te entre 1880 y 1914, [o cual,
en realidad, apenas puede negarse. Pero, mientra s el autor era tradi~
cional en este aspecto, fue revoluc ionario en la interpre tación del
fenómeno . Tras un cuidado so examen de los intereses económ icos
de
los colonialistas franceses así como del balance económ ico del imperialismo francés, llegó a la conclus ión de que sería un mito explica
rlo
en función de la econom{a. El imperio no era rentabl e, no había
vinculos entre protecc ionismo e imperialismo y los imperialístas franceses no tenían intereses ni motivos económicos. En consecuencia, la
explica ción debía ser distinta. Según Brunschwig, la explica ción se
ha
de encontr ar en el auge del nacionalismo en la Tercera Repúbl
ic'l,
profund amente herido por la derrota de 1870. De este modo, al igual
que Gallagh er y Robins on, su libro es fundam entalm ente una refutación de la teoría económ ica del imperialismo.
Los libros mencio nados más arriba dieron el adiós a la explicación tradicional simple del imperialismo en función de necesid ades
económicas, aunque no ofrecie ron un anilisis de sus aspectos económicos. Para aborda r esta inmens a cuestió n es necesario no sólo resolver un gran número de problem as teórico s y metodológicos, sino,
también , recabar y analiz'Jr una enorme cantida d de datos. Una
vez
más, la informática lo ha hecho posible. Dos historia dores norteam
ericanos, L. Davis y R. Huuen back, muy oportun amente relacion ados
con el Institut o de Tecnolo gía de California. lo llevaro n a efecto
en
10 que respecta al imperialismo británico. Ambos autores reunier on
una enorme cantida d de datos y los analizaron con método s muy
complejos. Su libro Mammon and the Pursttit 0./ Emp;re ~u parece ofrecer la respues ta definitiva a la vieja y famosa cuestión: ¿merec ió la
pena el imperio ? La respuesta, un tanto decepc ionante e~: ¡No! A partir
de 1880 las tasas de beneficio, inicialmente muy elevadas. obtenid
as
40 L. A. Davis y R. A. Huttenba ck, Mammon
and tbe Pumlil o/ Emptre: tbe Political
Ecot/ottly o/Brrtúh Impcrtd!t.lttl, 1860-1912 (Cambridge, 1986).

Historill de ultramar

111

de las inversiones en las colonias, cayeron por debajo de los ingreso
s
compar ables proven ientes de otros destino s en ultrama r e incluso
en
Gran Bretaña. Así, Hobson y Lenin se equivo caban en cuamo a la
relación entre excede nte de capital y necesid ad de expans ión colonia
l.
Las colonias depend ientes no fueron los principales destina tarios
del
capital de la Cüy. Induda blemen te, esta respues ta no es comple
ta,
pues Davis y Hutten back mantien en también que para algunos capitalistas esas inversiones estuvie ron muy lejos de ser marginales .H.
En Francia, bajo la inHuencia de los argume ntos de Brunschwig.
hasta los autores marxistas han aceptad o su interpre tación de que
los
aspectos económ icos del imperialismo francés fueron insignificantes.
En un intento por rescata r la interpre tación marxista han manten
ido
que el imperialismo francés podía encontr arse en otras partes, en
Rusia, en el imperio otoman o, etc. Este ejercicio dialéctico concluí a
que
el colonialismo francés no fue imperialista ni el imperialismo francés
colonial -12. Para encont rar una respues ta más empíric a a la cuestió
n
de la econom ía y el imperio , [a profeso ra Catheri ne Coquery-Vidro
vitch tomó la iniciativa de estable cer un banco de datos del comerc
io
colonial francés (1880-1960). Su colega en Paris, ]acque s Marseil
le,
fue el primero en hacer un uso amplio de esta rica docume ntación
en su tesis doctora l Empire colonial el capitalúme fran,m's: hislaire
d'un
divorce ~J. La conclus ión de !vlarseille es que se dio una ruptura en la
relación entre capitalismo y colonialismo. En el período inicial, 18801930, la industr ia francesa necesit aba la salida del mercad o colonia
l
protegi do y el matrim onio entre colonialismo y capitalismo fue feliz.
En el segundo periodo , 1930-1960, el protecc ionismo se convirtió
en
un obstácu lo para la modern ización industrial, urgente mente necesitada. El divorci o fue inevitable. Pero la descolonización estaba ya
en
marcha . El fin del imperio fue una bendici ón par el capitalismo.
Esto, por lo que se refiere a Europa . Pero, <,,'Cuál fue el impacto
del imperialismo en el mundo de ultramar? Se-trata de un asunto
compli cado sobre el que se ha manten ido un debate apasion ado
desde el mismo momen to en que se planteó la cuestión. Son pocos
los
41 Ver ['ambién los lIrticulo5 de P.]. Cain
y A. G. Hopkim sobre este temll en
Ecol/omic HútoJ)' Review 33 (980); págs. ·163-90; 39 (986), págs.
501-525 y 40 (1987)
págs. 1·26.
~2 Ver]. Bouvier y R. Girault (eds.), Llrnpérialtsme /ran~aiJ d'úvant 1914 (París/La
Haya, 1976).
43 ]. Marseilk Ernpire colonial el capitalism
e jrall[ais: hútoirt, d'un divorce (París,
1984).

112

Henk \X'esseling

puntos en que los contend ientes están de acuerdo , pero es innegab
le
un hecho: el impacto real de Occide nte sobre los territorios ultrama
rinos tuvo lugar despué s de la revolución industrial. ¿Cuáles fueron
sus efectos? Como es natural, el colonialismo estaba organizado para
foment ar los intereses de la potenci a colonial. Esto, por supuest o,
implicaba cargas de varios tipos para los pueblos colonizados. Sin
embargo, más allá del ámbito de verdade s básicas como ésta, hay
una
amplia zona de problem as a los que no se puede dar una respues
ta
simple. Es el caso del fenóme no bien compro bado de la des industri
alización (sobre todo en la industr ia textil india). También, el problema de la especialización en produc tos agrícolas de consum o en fresco. Por otra parte, se dan procesos a largo plazo, consecu encia
de
inversiones en infraest ructura (minería, carreteras, puertos), reforma
de la administración, educaci ón, salud. Es extraor dinaria mente difícil
realizar un balance económ ico del colonialismo, no sólo por la falta
de datos sino también por los problem as teóricos.
Si, según ha demost rado convin centem ente la investigación moderna, no es aceptab le la simple explicación de que el imperialismo
fue el resultad o del capitalismo, sigue en pie la pregunt a: ¿Cuál fue
la
razón? ¿Por qué hubo «una época del imperialismm>? Por lo' que
respecra a Gran Bretaña, la respues ta a este interrog ante fue dada también por Gallagh er y Robins on, quienes mantuv ieron que no la
hubo, El concep to mismo de época del imperialismo (1880-1914) es
una
falacia. Consid erar este periodo como el cénit del imperia lismo británico es no entend er su auténti ca naturaleza. El número crecien te
de
zonas bajo dominio británic o en el mapa durante las década s
de
1880 y 1890 podría parecer sugerir un aument o progresivo del poder
de Gran Bretaña. Sin embargo, en realidad aquello no era una señal
de fuerza sino de debilid ad. Gran Bretaña fue más podero sa en
los
primeros años del siglo XIX, cuando impera ba con medios informa
les,
que en los últimos, de domini o político formal -l-l.
El concep to de imperio informa l es muy atractiv o y sugerente,
pues explica un gran número de fenóme nos importa ntes. Dtl además
un sentido mucho más amplio al término imperialismo. En este
tipo
de análisis, el imperialismo existe en periodo s y formas diferentes.
La
tarea del historia dor consiste en explica r la transición de una forma
a
otra. En la argume ntación de Gallagh er y Robins on, las razones no
se
~~

R. Robinso n,]. Gallagher, «(The Imperia¡¡sm ofFree Trade», (ver nota 39).

Historia de ultramar

113

han de encontr ar en los políticos europe os -que prefería n en cualquier caso un imperio inform al- sino en los cambios de situación
en
ultramar. El imperialismo se conside ra un sistema de colabor ación
entre fuerzas europea s y no europea s. Las formas cambia ntes de
imperialismo son el resultad o de modificaciones en las formas de colaboració n 4'. Es obvio que en este tipo de análisis la descolo nizació
n
pierde también gran parte de su importa ncia corno momen to crítíco.
Si existe un imperialismo informal antes del imperio, lógicam
ente
puede también haber un imperialismo informal despué s de aquél
46.
Aquí, el debate sobre el imperia lismo está vincula do a [os de la
descoloniz ación y el subdesarrollo.

La descolonización yel periodo posterior

La descolonización no ha sido terna de análisis y debate histórico
hasta fechas recientes. Es cierto que ya se había escrito mucho sobre
ella, pero todo tenía un carácte r événelne1"ltiel y la perspec tiva adoptada era clarame nte ideológica. Por todas partes se interpre taba la
misma música. Los pueblo s colonizados deseaba n indepen dizarse . Acabada la Segund a Guerra Mundia l combat ieron a sus opresor es Y
se
sacudie ron el yugo del imperio colonial. Durant e mucho tiempo
parecía que no hubiese nada más que decir. Recien temente se han
publicado varios estudio s colectivos y comparativos que ofrecen interpretaci ones nuevas y plantea n nuevas cuestiones. La descolo nizació
n
surge finalmente como un tema de análisis histótíco más que como
un acto divino o el resultad o de las leyes de la natural eza 4;.
Las cuestio nes debatid as son básicam ente muy simples. ¿Por qué
se produc e la descolo nizació n en el momen to en que se produc
e y
por qué adoptó las difeten tes formas en que se dio? La descolonización no se describe ya como la historia de los actos de líderes políticos en un lapso de tiempo corto (1947-62). Tambié n se presta aten·
eión a sus aspectos estructu rales y coyuntu rales a largo plazo.
El
"' R. Robinson, «Non-Eu ropean Foundati ons of Europea n Imperiali
for a Theory of Col1fiboration», en: R. Owen y B. Sutcliffe (eds.), Studies sm. Sketch
i1/ lh!': Theory
o/Irnperialtsm (Londres, 1972), págs. 117-40.
46 Ver W. ]. Mommse n y Osterham me! (eds.),
lmpl':n"alism and A/tr::r: Conttmuties
and Dismntinuzties (Londres. 1986).
"-1 Ver H. L. Weseling, «Towards a History
of Decolonization», Itinerario 11
(1987), págs. 94-106.

\
11<

Henk Wesseling

análisis de las diferentes formas de descolonización se centra en las
tres fuerzas operantes: la potencia colonial, la situación en la colonia
y el factor internacional. La interacción de estas fuerzas decidió las
formas pero no el resultado del proceso pues, fueran cuales fuesen
las diferencias, el resultado era siempre el mismo: la independencia.
Pero también aquí vuelve a plantearse una pregunta. ¿Qué significó
realmente la independencia? El final del imperio, ¿fue también el del
imperialismo o su continuación por medios distintos? Aquí el tema
de la descolonización está vinculado a otfO asunto: la teoría de la dependencia.
La teoría de la «dependencia» fue expuesta por primera vez
por el economista argentino Raúl Prebish en 1947 y desarrollada
más tarde en la década de 1960 por los estudiosos latinoamericanos y norteamericanos interesados por la América Latina. La teoría
nació de la observación de la persistencia de los problemas de Latinoamérica: pobreza, desigualdad, barrios de chabolas, deuda externa, predominio del capital extranjero, en una palabra, dependencia.
La teoría de la dependencia sostiene que esta situación no es resultado de la falta de desarrollo sino del subdesarrollo. La teoría, naci.
da de los estudios sobre América Latina, fue elaborada y refinada
para adquirir carácter universal y aplicable no sólo a Latinoamérica
sino a todo el Tercer Mundo. El Tercer Mundo se contempla
como la periferia de un sistema económico mundial cuyo centro, es
decir, Occidente, acumula los beneficios y mantiene la periferia en
una situación de dependencia permanente. Así, el subdesarrollo no
es una situación sino un proceso. El Tercer Mundo no está subdesarrollado, sino que es subdesarrollado por Occidente. André Gunder Frank propuso su formulación más pegadiza: «el desarrollo del
su bdesarrollo» .:J¡J.
La teoría de la dependencia se aplicó pronto a diversas partes del
Tercer Mundo, en especial a África. Samir Amin escribió extensamente sobre el tema y Walter Rodney publicó su libro de éxito acerca del mismo con el llamativo título de Cómo Europa subdesarrofló a
Afrú'a (How Etlrope Underdeveloped Africa) ". El problema de la teoria
48 A G. Frank. «The Developmem of Underdevelopment», en; R I. Rhodes led.),
Imperialzsm and Underdevelopment: a Readt'y (Nueva York y Londres, 1960), págs. 5-16.
Sobre este punto ver L. Blussé, H. L. Wesseling y G. D. Winius (eds.), Hisloryand
Underdevelopment (Leiden y París, 1980).
49 W, Rodney, HoU! Europe Uttderdevelepc'd A/rica (Londres, 1972).

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Historia de ultramar

115

es que para explicar el particular (sub)desarrollo de Áfríca tiene que
hacer depender al continente de influencias foráneas durante la mayor parte de su historia. Esta línea de pensamiento contradecía un
tanto la tendencia principal elaborada para la historia de África por
las mismas fechas, que insistía en la autonomía de la historia africana.
Los africanos no se consideraban ya meras víctimas de la expansión
europea, sino dueños, en gran medida, de su propio destino. !\'1ien·
tras los neo marxistas acogían la teoría de la dependencia, 10s historiadores y antropólogos marxistas clásicos insistían en la autonomía de
la historia de África e intent.aban incluso descubrir un «modo de producción africano» 'in.
Tanto la teoría de la dependencia como el concepto de imperio
informal fueron de gran valor heurístico, pues cuestionaron algunas
de las hipótesis básicas de la historia de ultramar, cambiando así
nuestra interpretación. El concepto mismo de época del imperialismo, con un comienzo y un final bien delimitados puede ser objeto
de debate, al menos por 10 que respecta a Gran Bretana. El cénit del
imperio británico se sitúa ahora a veces en el siglo XVIII, y su decadencia comenzaría en el XIX. No es sorprendente que se haya llegado
a plantear la pregunta de (,Por qué duró tanto el imperio británico» 51. El peligro de este tipo de conceptos y teorías es que su significado se sobrestima y se convierten en una nueva ortodoxia. Un correctivo útil para las interpretaciones existentes es relativizar la
importancia de momentos críticos como el de comienzo del imperialismo o el de transferencia de poderes, pero no debemos tampoco infravalorar su importancia histórica. La pérdida y recuperación final
de la independencia política son cesuras históricas de suficiente importancia y no es conveniente dejar que su significación histórica
concreta se desvanezca en una concepción más bien abstracta de dependencia. Con conceptos como éste, nos enfrentamos aquí a otro
problema: están formulados de manera tan abstracta que se aplican a
cualquier tipo de dominación. La reciente contribución de Ronald
Robinson a la teoría del imperialismo, la teoría «excéntrica», con o
sin imperio, padece de este defecto. En este modelo, el último exjO Sobre este tema hay una amplia literatura. Una introducción breve, en A. G.
Hopkins, «(C¡io·Antics: A Horoscope for African Economic HisTOI)"}, en: Fyfe, Afncan
Studies, págs. J 1·'-18.
H p, M. Kennedy, «Why Did rhe Brítísh Empire Last So Long?», en: P. M. Kennedy, Strategy and D¡plomaev. 1870-1945' Eight Studies (Londres, 198J), págs. 197-218.

I
,,1

metropolitanas y locales deciden su necesidad y utilidad» 52. pero también una descripción bastante abstracta del imperialismo. hay. no hay razón para meterlas todas ellas en un cesto por la sola razón de no ser europeas. esta situación no es satisfactoria. por tanto. en: hIommsen \' Osterhammel. Somer. With or Without Empire». Pero hay también otra faceta. ((\X. \X. 267-89. o. políticos y culturales de los no europeos» 53. como un campo de interés particular. y lo analiza en situaciones históricas diversas. con la histotia de África y Asia.rtory tuvimos que plantearnos también la pregunta «¿Qué es la historia de ultramar?» Entonces sostuvimos que era un concepto mucho más amplío que la historia de la expansión de Europa. Esto es lo que ocurre.116 Henk Wesseling puesto por él. La historia de ultramar ha conseguido bajo esta forma un lugar definido en el campo de la historia moderna. pág. por cuanto intenta distinguir ciertos modelos en el desarrollo de la historia moder54 Ver T. como también hemos observado. en un periodo anterior. etc. En este momento hay. y darles el nombre de «historia de ultraman> El motivo de que esto ocurriera fue que después de 1945 la historia de ultramar tuvo que buscar un nuevo foco de interés y los historiadores coloniales y sus estudiantes se aplicaron a la historia de Asia y Africa. La afirmación es probablemente correcta.¡/iJmarld Aftet. El propósito del juego es aprender más sobre [os procesos sociales en general 54.'esseJing. Estos campos habían demostrado su derecho a la existencia algún tiempo antes. esta rama particular de la historia de ultramar está abocada a díluirse en la historia de Africa. 3. sino también de los sistemas económicos. el objeto cambia de carácter. pero para el público mayoritario se convierte en parte de la historia «generah>. en: Emmer y Wesseling. como un movimiento emancipatorio. del mismo modo que la historia de Europa o América. 1. en 1979. Skocpol y M. De ese modo podemos distinguir similitudes y desemejanzas entre. al parecer. Asia. De la misma manera que una parte de la historía de Europa. Este tipo de historia se caracteriza por una orientación sociológica. sociales. El otro planteamiento es más tradicional. Este es el otro tema de la historia de ultramar y la importancia de este aspecto de la historia moderna se comprende cada vez mayor. el imperialismo se concibe en «función del juego de mercados internacionales económicos y políticos en los que ciertos grados de monopolio y competitividad en las relaciones mundiales.). Quizá sea de mayor utilidad situarse algo más cerca de los procesos bistóricos concretos y prestar plena atenCÍón a los aspectos específi. Pero. Emmer y H. la expresión «historia de ul'Z R Robinson. Desde el punto de vista del historiador profesional continuará existiendo como especialización.'hat Is Overseas History?. etc. Si existen historias autónomas de Africa. Han demostrado su derecho a la existencia. t • • f ~ j 117 tramar» sirvió de cobertura neutral y. e Emmer y yo publicamos un volumen de ensayos titulado ReappraiJals in OverJeaJ Hi. págs. la evolución o la dictadura. . Conclusión Cuando.. Tal como hemos visto en esta colaboración. 174-97. C. etc. dos planteamientos. los campesinos. pero no toda. sin duda. «¿Qué será en el futuro?» Historia de ultramar . págs. o mejor. América. Impm. puede entenderse como historia autónoma. Entre tanto. así sucede también con el mundo de ultramar. Esto nos retrotrae a la cuestión inicial: «¿Qué es la historia de ultramar?». 22 (1980). «The Uses of Comparative History in Macrosocial Inquiry». En cuanto la emancipación concluye. Comparative Studies tn Society and History. «(The Excentrie Idea of Imperialism. Asia. las historias de las diversas partes del mundo han quedado interconectadas y las distintas civilizaciones han ejercido una influencia mutua. R('appmrs'l!s. a la de las clases trabajadoras. sino como una forma particular de la historia universal. de hecho. p. dos modos de tratar el problema de la historia mundiaL Uno de ellos podría calificarse quizá de macrosociolog[a. no como una disciplina o subdisciplina especial. conveniente a sus actividades. Sin duda es asÍ. pues. aptoximadamente. A 10 largo de la historia encontramos asimetría de poder y cambios en las formas de colaboracíón. H P. dos formas diferentes y claramente distintas de historia de ultramar: la historia autónoma de Asia y Africa y la historia de la expansión europea. como la formación del Estado. Destaca un fenómeno o un tema social específico. cos y singulares de la expansión europea. En los cinco últimos siglos. por ejemplo. Esta forma de historia ultramarina puede considerarse. pues «trata no sólo de los encuentros entre europeos y no europeos. acontecimientos de la Europa del siglo XVI y de la China del xx. Así. Australia. Podría comparase a la aparición de la historia de las mujeres o de los negros.

El mar. pero dentro del marco de procesos cronológicos. no obstante. . además de \"'al1ersteio. 1. se interesa ante todo y sobre todo por los procedimientos concretos y detallados que constituyen la obra del historiador. pág. The Rúe oj'tI. eclécticas. TodavIa hoy nos enfrentamos al reto de extraer las consecuencias derivadas de ellas.A Definition of the Cancept of History». esos pocos elementos comunes existentes en microhistoria son decisivos y constituyen el objeto que intentaré examinar aquí. u Sobre este punto son importantes.1vIcNeill. Se dan en rnicrohistoria ciertas características distintivas que nacen en el periodo de su aparícíón en la década de 1970 a partir 119 . 8. de hecho. muchos historiadores que practican la micro historia han mantenido constantes intercambios con las ciencias sociales y han establecido teorías historiográficas sin haber sentido. los puntos de vista Iocalistas y las parcialidades nacionalistas. Ambos planteamientos se caracterizan por un fuerte deseo de superar las fronteras tradicionales.118 Henk Wesseíing na y considera la historiografía como descripción de procesos y acontecimientos históricos concretos. Curtin. PhtlO~iQphy (lnd History (Oxford. Capítulo 5 ~ Giovalllli Levi Una duda sin fm no es siquiera una duda. (. Pata n (eds. El lector de este artículo se verá quizá sorprendido por su naturaleza un tanto teórica. Huizinga. 1982) y P. La mícrohistoria no posee un cuerpo de ortodoxia establecida en el que apoyarse al igual que cualquier otro trabajo experimentaL La amplia diversidad de materiales generados demuestra claramente lo reducido del ámbito de elementos comunes. 1985). 5('. De hecho. 1936). Eric R. en cierto sentido.'t: West: (1 h'istory o/Ihe Human Communit'l' IChicaga. La microhistoria es por esencia una práctica historiográfica. en mi opinión. por lo que la microhistoria no es susceptible de definirse por relación con las microdimensiones de sus temas.» Estas palabras fueron escritas por Huizinga hace más de medio siglo. En última instancia persiguen el mismo objetivo: hacer aplicable a la historia del mundo la disciplina específicamente occidental de la historia. Hay más interés por las diferencias entre diversos procesos y la unicidad de ciertos acontecimientos que por sus semejanzas. Esto es necesario porque «nuestra civilización es la primera en tener como pasado propio el pasado del mundo y nuestra historia la primera en ser historia universal. SOBRE MICROHISTORIA WI'lTGEN:iTEIN. La historia se estudia también según el modo comparativo. J. No es casual que el debate sobre de la microhistoria no se haya basado en textos o manifiestos teórkos.). 1969. 56. Cron C"ltula! Traje ir¡ Worfd History (Cambridge. Sin embargo. 1963). El método. así cama W. en: R Kiblansky y H. .J. ninguna necesidad de referirse a algún sistema coherente de principios propios. mientras que sus referencias teóricas son múltiples y. Wolf. ca conceptual es el de la unificación del mundo como consecuencia de la expansión de Europa y del auge de Occidente". Europe {Jnd The Peopfe Wahout History (BerkeJey.

. «Una duda sin fin no es siquiera una duda». en parte. l . 2 L. No se trataba simplemente de corregir aquellos aspectos de la historiografía académica que al parecer ya no funcionaban. la elección y la decisión frente a la realidad normativa que. hacia un neoidealismo o. una índa~ gación de hasta dónde llega la naturaleza de la voluntad libre en la estructura general de la sociedad humana. El problema reside en encontrar una manera de reconocer los J La obra se centra en dos publicaciones: las Micro'i!Orie. una posición muy específica en la denominada nueva historia. Por más trivial y simplista que pueda parecer tal afirmación.120 Sobre microhistoria Giov¡¡nni Levi de un debate político y cultural más general. Barcelona. inadecuadas frente a las consecuencias impredecibles de los acontecimientos políticos y las realidades sociales -acontecimientos y realidades que estaban muy lejos de ajustarse a los modelos optimistas propuestos por los grandes sistemas marxistas o funcionalistas-. muchas de las esperanzas y mitologías que habían guiado anteriormente la mayor parte de los debates culturales. según Wittgens~ tein 2. las posibles reacciones a la crisis eran varias y la misma microhistoria no pasa de ser una fracción de hipotéticas respuestas que insiste en redefinir conceptos y analizar en profundidad las herramientas y métodos existentes.de la libertad garantizada al individuo por los intersticios y contradicciones existentes en los sistemas normativos que 10 rigen. no obstante. incluso. El aparato conceptual con que fos sociólogos de todo tipo de orientación interpretaban los cambio actuales o del pasado estaba lastrado por la herencia de una pesada carga de positivismo. en otras palabras. en cierto sentido. el irracionalismo y la reducción de la obra del historiador a una actividad puramente retórica que interpreta los textos y los acontecimientos mIsmos. Más en concreto: lo que se ha puesto en duda ha sido la idea del progreso constante a través de una sl:rie uniforme y predecible de etapas en las que. la pluralidad de interpretaciones posíbles del mismo y la lucha entablada por los recursos tanto simbólicos como ma~ teriales. toda acción social se considera resultado de una transacción constante del individuo. los agentes sociales se ordenaban de acuerdo con solidaridJdes y conHictos que. que a menudo viraban hacia un relativismo desesperado. . más bien. aunque no al margen. ha quedado socavada la hipótesis del automatismo del cambio. de la manipulación. Ante todo. mucho rmís drásticas. La cuestión que se plantea es. serie publicada en Tudn dsde 1981. Wittgenstein. la de definir los limites -por más estrechos que puedan ser. cteo que sirvieron para confirmar a dichos historiadores en la idea de que la investigación histórica no es una actividad puramente retórica y estética. recurriendo a un modelo de la conducta humana en el mundo basado en la acción y el conflicto y que reconoce su -rclativa. En este tipo de investigación. 1987. pues las décadas de los setenta y los ochenta fueron casi de manera universal años de crisis para la creencia optimista predominante según la cual el mundo se transformaría con rapidez y ele forma radical de acuerdo con una orientación revolucionaria. Su obra se centró siempre en buscar una descripción más realista del comportamiento humano. incluido el campo de la historiogtafía. por tanto. A pesar de que estas características se manifestaran en formas muy diversas. En ese tiempo. según se pensaba. estaban dCldos y eran inevitables. el historiador no se interesa sólo por la interpretación de las opiniones sino. de las trabas de los sistemas prescriptivos y opresivamente normativos. No hay en ello nada especialmente raro. Así. Todavía estamos viviendo plenamente las impresionantes fases iniciales de este proceso y [os historiadores se han visto forzados a plantearse nuevas cuestiones acerca de sus propias metodologías e interpretaciones. publicada por 11 Mulino de Bolonia. Aún más importante era refutar el relativismo.libertad más allá. hacia la vuelta a una filosoña trufada de irracionalidad. Las predicciones del comportamiento social resultaron ser probadamente erróneas y este fracaso de los sistemas y paradigmas existentes requirió no tanto la construcción de una nueva teoría social general. Simultáneamente se propusieron otrJS soluciones. por la definición de las ambigüedades del m undo simbólico. pues. permite. 0. y. la revista QuaderniStoriet. Sobre la certeza. aunque sea omnipresente. poco proclive a la metafísica. muchas posibilidades de interpretación y libertades personales. cuanto llna revisión completa de los instrumentos de investigación utilizados. La microhistoria ocupa. este sentimiento de crisis es tan general que debería bastar con recordarla de la manera más elementaL No obstante. demostraron ser más que inválidas.~ 121 Los hístoriadores que tomaron panido por la microhistoria 1 solían hundir sus raíces en el marxismo y tenían una orientación poUtica de izquierda y una profanidad radical.

nos permite observar una perspectíva de este tipo 5. 1978).. es evidente de por sí. Bergen. los pemadores de la Ilustración.. SC<J!e ¡Jnd Social Or. ~cuál es b respuesta a las «preguntas creativas. 691"2). Este problema ha sido ampliamente debatido entre antropólogos. 22 Ihay eJ. «Lumi di Venecia).l (Nu""v. Sólo por una contradictoria e importante deformación de perspectiva se podría proponer que la vida comercial de un pueblo carece de interés más allá de su sentido en la escala local. ete. Geertl. pero que para revelar nexos entre comunidades dentro de una región. Venturi. afirmar que los aspectos particulares del objeto de análisis no reflejan necesariamente la escala distintiva del problema propuesto. pág.. la reducción de escala es un procedimiento analítico aplicable en cualquier lugar. 6 . con independencia de las dimensiones del objeto analizado.. Esta defínicián da pie ya a posibles ambigüedades: no se trata simplemente de atender a las causas y efectos de que en todo sistema social coexistan aspectos diferentes. en un análisis microscópico y en un estudio intensivo del material documental. 3 No estoy. más bien.mre. Quisiera examinar por un momento más de cerca este problema. Tromso. por ejemplo. 27 de enero 1990). east. que han expuesto el concepto de escala precisamente desde esta perspectiva: la escala como objeto de análi~is que sirve para medir los distintos aspectos en el campo de las relaciones. lTlOdernH. La interpretación de las culturas. La Stampa ([mín. por ejemplo.122 Giovanni Levi límites del conocimiento y la razón. para medir el cometido que desempeñan en los diferentes sectores de las vidas que configuran) "'. vecindarios. J\lc hasta con citar un ejemplo: se h. conceptualizar la idea de escala en cuanto factor inherente a todos los sistemas sociales y como característica importante de los contextos de interacción social que incluyen aspectos cuantitativos y espaciales diversos. Sólo se puede responder a estns cuestiones si accpurnos la idea de que la historia es en sí misma una disciplinH eambiante» (págs. nna manem de pensar el pasndo coherente y sistemáticHmente? ./ Cu/ture. En realidad es obvio.. 273. 1988]. entre regiones en el seno de un país. La idea de que la escala tiene su existencia propia en la realidad es aceptada incluso por quienes consideran que el microanálisis opera meramente por ejemplos. ¿existe. Para Fredrik Barth. A menudo se da por supuesto. no obst. estudian en ellos» 6. La microhistoria en cuanto práctica se bas<:l en esencia en la reducción de la escala de observación. pág. (Quién inventó el mercado? Los hombres del siglo XVJ[1. La cuestión no es. al tiempo que se construye una historiografía capaz de organizar y explícar el mundo del pasado.Ranization (Oslo. en particular. por supuesto. localiJaJes. por tanto. por tanto. Su artículo concluye pidiendo una fase de renovación sin uiguna perspectiva pHfticular: «Si las múlriples historias diferentes dd pasado. aunque coherentes.·lbb mueho boyen dia de b necesidad de volver nI mercado. ¿quienes se interesaron por él? Genovesi y Verri.. quien considera provechosa cualquier obra histórica de van· guardia.¡n nuestra!> vidas. Barcelona.} York. que organizó sobre este tema un seminario fundamental. Nadie duda de la importancia de describir en los fenómenos sociales combinaciones de escala diferentes.). contra la mi· cwhistoria. Tbe Interpretation 0. son de hecho irreconciliables. El deher del historiador es estudiar los origenes de las ideas qLH: eonform. Pero. Es importante situar firmemente en el centro de nuestros estudios las rHÍces de nuestra vidJ.. Para la microhistoria. de acuerdo con la postura adoptada por Joan Seatt ("History in Crisis? The Others' Side of the Story». Por tanto. Y en Italia. por tanto. el principal conflicto no se da entre la historia nueva y la tradiciona! sino. en otras palabras. que las comunidades locales se pueden estudiar adecuadamente como objetos pertenecientes a sistemas de pequeña escala.. Sobre microhistoria 123 pues la idea de que la escala es un objeto de estudio es para muchos fuente de malentendidos en los debates sobre microhistoria. El estudio de las erónkHS de un puehlo l.:l'mo suele haeerse demasi.] menudo en nuestros tiempos c. Podríamos replicar a Venturi parafraseando a Geertz: «Los historiadores no estudian pueblos. que hasta la acción más nimia -el que alguien compre una rebanada de pan. 680-92). deberían utilizarse escalas mayores. no escrihir novebs.]cll1 . págs. 1973). Una divertida diatriba de Franco Venturi contra los estudios de comunidades y. basadas en distintHs experiencias históricas. en el sentido de la historia considerada como práctica interpretativa J.implica de hecho al sistema mucho más amplio del conjunto de los mercados mundiales de cereales. como un proceso analítico simplificado -la selec') F. estudian en los pueblos).]rece por completo de sentido. es decir. al problema de describir estructuras sociales de gran complejidad sin perder de vista la escala del espacio social de cada individuo y. si bien sólo como medio para asignar aspectos internos al objeto de análisis. el problema reside en nuestra «capacídad para describir diferentes combinaciones de escala en distintas organizaciones sociales empíricas.? ~ F Barth (ed. El texto completo dice: «(Los antropólogos no estudian pueblos (tribus.). Sin embargo. e incluso una trivialidad. Ver C. en American Iltstorica! ReL'ié'w 94 (1989). de las personas y su situación en la vida.

Por tanto. 8 P. Examinemos brevemente este último ejemplo.. 1981). incluso teniendo en cuenta las diferentes calidades de la tierra. los historiadores ha sido inducidos a error por su propia mentalidad mercantil moderna que les condujo a interpretar las cantidades masivas de las transacciones monetarias de tierra descubiertas en escrituras notariales contemporáneas como prueba de la existencia de un mercado autorregulado. Es curioso que nadie haya advertido ni valorado el hecho de que los precios en cuestión eran extremadamente variables. 1984·1. La herenáa inmatel'ial.¡fe (Turín. Barcelono. sus ritmos y efectos 11. los precios de ésta y el mercado general se relacionaron habitualmente con la hipótesis no cuestionada de la impersonalidad de las fuerzas del mercado. cast. la función de las contradicciones sociales en la génesis del cambio social 0. a partir del cual se ejemplificarían conceptos generales-. muchas inrerpreraciones se han hasado en datos heterogéneos y esto ha hecho imposible examinar [os hechos concretos de las compraventas mismas. Levi. 19811. Madrid. insistir en el valor explicativo tanto de las discrepancias enrre las trabas impuestas por los diversos sisremas normativos (entre. 1985) [hay ed. Sólo la reducción de la escala de observación a un área extremadamente localizada permitió ver que el precio de la tierra variaba según la relación de parentesco entre las partes contratantes. 1990]. Lo que demuestran los aspectos de los mundos sociales de diferentes categorías de personas y campos de relaciones diversamente estructurados es la naturaleza precisa de la escala que actúa en la realidad. pienso que deberíamos analizar el problema de escala no sólo como la de la realidad observada. págs. centrarse en un cuadro particular e identificar lo que representa.e Jtretto. Madrid. y no como punto de partida de un movimiento más amplio hacia la generalización. 12 G. . 1983) [hay ed. Terra e te/ai: s!stemi di parentela e mamfatttmz fJeL Biellese dellOttocento (Turín. Redondí. 10 R. por decirlo de arra manera. para explicar el asunto general de la innovación. por ejemplo.124 Giovanni Levi ción de un pumo específico de la vida real. Sobre mierohistoria 125 vesrigar el mundo cultuml de Piero della Francesca 9.. Alianza. Algunos ejemplos de esre procedimiento intensivo son los siguientes: reinterpretar el proceso contra Galileo como una defensa de las ideas aristotélicas de sustancia y de la Eucaristía contra un atomismo que habría hecho imposible la transformación del vino y el pan en sangre y carne 8. Galileo ere/ico (Turín. sí que es un factor tangencial 7. «(UO problema di seala». Il pae. las normas estatales y las familiares) como del hecho de que. estudiar las estrategias matrimoniales entre consanguíneos en una aldea de la región de Como a fin de revelar el universo mental de los campesinos del siglo XVII 10. También fue posible mostrar que para tierras de dimensiones y cualidades iguales se pedían precios variables. en Died interuenti di Storia Son. Levi. el auténtico problema reside en la decisión de reducir la escala de observación con fines experimentales. JI F. Así. Editorial. Se ha debatido considerablemente la comercialización de la tierra y es opinión ampliamente mantenida que la precocidad y frecuencia de las compraventas llevadas a caho en muchos países de Europa occidental y de la América colonial indican la presencia temprana del capitalismo y el individualismo. Il CIclo di Arezzo. coorra un funcionalismo ultrasimplisra. sino como una escala variable de observación dirigida a fines experimentales. tal como la observamos en una pequeño pueblo dedicado a la actividad texril. no sea un elemento extraño en el debare sobre la microhistoria.. Pesquisa Jobre Piero. L 'ereditd immatertale: carriera d! un !':Sorásta tlel P!emonte del Seicento (Tur¡n. En segundo lugar. una generalización basada meramente en la analog[a. 1981j [h¡lY ed. Indagini su Piero: JI batlesimo. En otras palabras. en efecto. se pudo ~ C. Así. como medio de in7 G. además. pero este enfoque es sólo capaz de construir una generalización más metafórica que lo que se ha defendido. Es importante resalrar.. En primer lugar. 1990]. Aunque la escala. en cuanto característica inherente de la realidad. strategtl': miltrimoniali nelta diocesi di Como Jecoli XVIXVIIIITurín. Es natural y justo que la irreductibilidad de [os individuos a las reglas de los sistemas de gran escala haya situado el problema de la escala en el centro del debate. en este sentido la segmentación de sociedades complejas se efectúa sin recurrír a hipótesis y marcos apriorísticos. La jlagellazione di Urbmo (Turín. cast. analizar la introducción del telar mecánico. investigar las compraventas de tierra en un pueblo para descubrir en acción las reglas sociales del intercambio comercial en un mercado que tenía que estar ya despersonalizado 12. Dos elementos han impedido una valoración correcta de este fenómeno. east. todo individuo mantiene un conjunto diferente de relaciones que determinan sus reacciones y elecciones respecro de la estructura normariva. Ramclla. Gizoburg. Merzado. El principio unificador de toda investigación microhistórica es la creencia de que la observación microscópica revelará factores anteriormenre no observados. 75-8!. 1984]. Galileo herético.

pues. 24). 122-39. más que minimiza. según Geertz. inexistentes. Es inevitable que aparezcan aspectos difíciles de evaluar racionalmente y que van desde una especie de fría simpatía hasta una habilidad com unicativa de carácter literario. págs. las teorías son legítimas pero poco útiles. mucha~ de las características de la microhistoria demuestran los lazos íntimos que ligan la historia con la antropología -en especial esa «descripción densa~) que Clifford Geertz considera la perspectiva propia del trabajo antropológico. Ambiciosos en el sentido de que la autoridad del etnólogo para interpretar el material es prácticamente ilimitada y la mayoría de las interpretaciones constituyen la esencia del trabajo etnográfico. no en generalizar más allá de los casos sino en hacerlo en el seno de los mismos» (pág. es decir. más bien. Así. págs. en Geertz. separadas de éstas. los vencimientos temporales y las formas en que la tierra pasaba de unas manos a otras. añade de inmediato. A pesar de hundir sus raíces en el terreno de la invesrigación hisrórica. el peligro del relativismo. se adoptan de otros es14 J Clifford.. la función de la teoría? Geertz niega que el enfoque interpretativo haya de renunciar a formulaciones expresamente teóricas. Los escritos de los antropólogos son obras imaginativas en las que las dotes del autor se miden por su capacidad para ponernos en 1) C. La descripción densa sirve. Para Geertz es inútil buscar leyes y conceptos generales. si no del todo. Interpretd/ION o/Cultures.. inconmensurable. para registrar por escrito una serie de sucesos o hechos significativos que. Sin embargo. Este procedimiento logra con éxito utilizar el análisis microscópico de los acontecimientos más nimios como medio para llegar a conclusiones de mucho mayor alcance. 26). entonces. el procedimiento adoptado por los etnólogos. 3-31. son actos simbólicos.. Se da aquí algo parecido a la inferencia médica: no se trata de amoldar casos observados a una ley sino. El poder del intérprete resulta así infinito.126 Giovanni Levi determinar que el objeto de observación era un mercado complejo en el que las relaciones sociales y personales tenían una importancia determinante para establecer el nivel de precios. no tienen mucho sentido ni interés» (pág. Este punto de vista.13. «Las formulaciones teóricas planean tan bajo sobre las interpretaciones regidas por ellas que.. más que partir de una serie de observaciones e intentar imponer una teoría a modo de ley. N o se trata. En primer lugar está «la neccsidad de que la teoría esté más pegada a la realidad de lo que suele ocurrir con las ciencias con mayor capacidad para entregarse a la abstracción imaginativa~) (pág. En ese momenro es posible utilizClf estos resultados para extraer generalizaciones mucho más amplias.). (dos términos en que pueden plantearse tales formulaciones son casi. se revisten de significados completamente nUevos al alterar la escala de observación. arranca de un conjunro de signos significativos y procura encajarlos en una estructura inteligible. Esre es. de el<lborar instrumentos teóricos capaces de gcnerar predicciones sino de establecer una esrructura teórica «capaz dc continuar produciendo interpretaciones defendibles a medida que los fenómenos sociales aparecen a la vista. «ün Ethnographic Authority». pero que son susceptibles de interpretación al insertarse en un contexto. 24).. «pues la tarea esencial de la construcción de teorías no consiste en codificar regularidades abstractas sino en posibilitar descripciones densas. . pues la cultura está constituida por un tejido de significantes cuyo análisis no es una ciencia experimental que busque a tientas leyes universales. Sobre mic:rohistoria 127 contacto con las vidas de personas extrañas y fijar sucesos o discursos sociales de tal modo que podamos examinarlos con claridad. Las ideas teóricas no se crean como algo completamente nuevo en cada estudio. en caso contrario.organlzados «dentro de un marco inteligible» a fin de permitir al análisis del discurso social «entresacar la importancia no evidente de las cosas». cuyos objetivos son a un tiempo extremadamente ambiciosos y muy modestos. pues. Geertz. Repn!Jentdtwns 1 (1983). El escaso lugar concedido a la teoría acentúa. Ciertos fenómenos que anteríormente se consideraban suficientemente descritos y entendidos. de trahajar a partir de signos significativos -que. 25). en el caso de la etnologúl. La interpretación cultural posee un conjunto de Gltacterísticas que dificultan más de lo habitual su desarrollo teórico» (pág. Este ejemplo me parece especialmente revelador de la manera como procede generalmente la microhisloria. no susceptible de falsificación 14. aunque las observaciones generales se hubieran hecho en el marco de dimensiones relativamente red ucidas y a manera más bien de experimento que de ejemplo. en el flujo del discurso social. sino una ciencia interpretativa a la búsqueda de significado. ¿Cuál es.. «Thick Description: Toward an Interpretive Theory of Culture.. resultarían evanescentes.

la de formar parte de la construcción de un repertorio de material densamente descrito y en continua expansión que resultará inteligible al ser contextualizado y servirá para ampliar el universo del discurso humano. Estas dos diferencias atañen a la manera de actuar de la racionalidad humana en la práctica y a la legitimidad de la generalización en las ciencias sociales. de investigaciones intensivas a pequeña escala. del comportamiento humano visto como una acción significativa y simbólica o de la interpretación. en especial el rechazo de la posibilidad de una explicitación total y el intento de construir una hermenéutica de la escucha. ({The Gro\vth úf Culture and the Evolution of Mind». descu bre esos modelos simbólicos en el lenguaje quintaesenciado de la poesía. La única importancia de la teoría general es. presente en el pensamiento de Geertz. Según la l~ !'. lo "dicho" en el discurso social.. Los sistemas de conceptos generales pertenecientes al lenguaje académico se insettan en el cuerpo vivo de la descripción densa con la esperanza de dar expresión científica a sucesos simples y no con el fin de crear conceptos nuevos y sistemas teóricos abstractos. estos modelos simbólicos no se pueden encontrar en cualquier lenguaje humano. y construir un sistema de análisis en función del cual 10 genérico en estas estructuras. 28). el cometido de la teoría es suministrar un vocabulario en el que se pueda expresar aquello que la acción simbólica haya de decLr acerca de sí -o sea. la teoría es «un repertorio de conceptos y sistemas de conceptos de corte académico muy generales. De hecho. G. La teoría sólo tiene un pequeño papel ancilar respecto del papel mucho más amplio del intérprete. 26-7). y otra derivada de un aspecto que intentaré explicar más adelante y que definiría como cierto tipo de limitación autoimpuesta. de manera que tales modelos son elementos esenciales utilizados para dar sentido al mundo. Vattimo. de la escucha del lenguaje poético. Geertz deduce de estas reflexiones unas conclusiones extremas. lo que pertenece a ellas por ser lo que son. que representa la expresión más acendrada de la experiencia bu mana de [a realidad. en vez de ser valoradas por la pauta de alguna concepción dcfinida de la racionalidad humana. Al negar la posibilidad de un análisis específico de los procesos cognitivos. Geertz se refiere específicamente al lenguaje del mito. pero sólo en esta función adquieten tealidad y especificidad concreta. destacará sobre el fondo de otros determinantes de la conducta humana. Podríamos ir más allá y afirmar que las ideas de Geertz se manifiestan en ciertas características tomadas de Heidegger 15. Lo único que podemos hacer es intentar captar y explicitar a continuación. quiero subrayar aquí dos importantes diferencias: una derivada de la utilización. como algo imposible de describir fuera de la acción humana. En mi opinión la antropología interpretativa y la microhistoria tienen tanto en común como la historia y la antropología en general. y para saber qué sentimos de las cosas necesitamos las imágenes públicas del sentimiento que sólo el rito. entretejidos en el cuerpo de la etnografía de descripciones densas. o. Barcelona. Los partidarios de este enfoque no creen necesario cuestionar las limitaciones. tradicionalmente más enérgica en antropología. la antropología interpretativa acepta la racionalidad como un dato. pues éste ha degenerado en general hasta convertirse en mero medio de comunicación. 1986]. Scher . 17 C. Además. [(. los conceptos son instrumentos fríos tomados del bagaje de la ciencia académica: son útiles para la interpretación. Hasta aquí podemos estar de acuerdo. Así pues. Suponen más bien que cualquier limitación o cortapisa así inherente está impuesta por el jucgo infinito de interpretaciones esencialmente imposibles de evaluar y que oscilan entre el idealismo y el relativismo. con la esperanza de convertir los meros sucesos en algo científicamente elocuente» (pág. En etnografía. Geertz. mediante una descripción densa.. ItJtmJm. cast. al igual que Heidegger. los probables significados de las acciones. (~Nuestra doble tarea consiste en descubrir las estructuras conceptuales que informan los actos de nuestros sujetos. Las teorías no surgen de la interpretación.t Heidegger. en otras palabra::>.. es imposible formular si::>temas intelectuales sin recurrir a la guía de modelos de emoción públicos y simbólicos. No obstante. Examinemos en primer lugar la distinta manera como se contem- 5C'bre microhistoria 129 pla la racionalidad. el mito y el arte pueden proporcionarnos» 17. posibilidades y mensurabilidad de la racionalidad misma. 1985) [hay ed.128 GiC'vanni Levi tudias correlacionados y se refinan al aplicarse a problemas interpretativos nuevos) (págs. por tanto. 1950). acerca de la función de la cultura en L1 vida humana-o» De este modo. según Geertz.lOllt' tl HáJegger mari. Sin embargo. del lenguaje empeñado en el esfuerzo de forjar nuevos significados j(. Hoizwcgt' (Fránefort. en J. el r[to y el arte: «Para formar nuestras mentes debemos saber qué sentimos de las cosas.. Geertz. Introducción a Heidegger.

En un artículo revelador publicado en 1984 11\. Pien~ so que este nexo con Heidegger es esencial para comprender tanto el rigor y sutileza de las interpretaciones del mundo en la antropología interpretativa de Geettz como su relativa debilidad en las explicaciones del mismo. Esta insistencia en la cultura permite evitar cualquier teoría de la superioridad del hombre civilizado sobre el primitivo. Esta opinión concuerda con la teoría antihegeliana de Heidegger según Ll cual el sujeto cognoscente no disolvería la existencia de los otros en sí mismo sino que.ld instituida y subyacente. págs. Gccrtz defiende la función del relativismo cultural para la destrucción del etnocentrismo. El proceso.no puede resolverse y ni siquiera debería plantearse. También evita la idea de que la cultura surgió en determinados puntos según fases evolutivas. lo que aquí se da no es sólo una recogida de información sino la organización emotiva de la misma. a la hipótesis de una jerarquía de creencias y formas de conducta ordenadas según diferentes niveles de racionalidad. en otras palabras. En esta idea de la diversidad superficial superpuesta a una homogeneid<. la afirmación neorracionalista que admite la posibilidad de identificar. Sin embargo. Geenz. InteJpreo/CultureJ. seleccione) los necesarios estímulos ambientales -para cualquier fin-. la diversidad cultural equivale a una serie de expresiones. pcig5. «Anti Anti-Relativism. por tanto. Theories o/Ihe Mind (Glencoe. más bien. «Anti anti-relativism». Geertz se limita a definir la función de la inteligencia como una «búsqueda de información»: una elaboración emotiva que utiliza los materiales comunes a los miembros dc una cultura específica. el problema de evitar un relativismo cultural «absoluto» -para poder así establecer comparaciones entre cultUr<lS. pues una investigación más específica del funcionamiento de la razón implicaría inevitables amenazas de jerarquización cultural. La cultura. comunicables cntre los miembros de un grupo pequcño o grande: en primera instancia el pensamiento se organiza de acuerdo con las estructuras simbólicas públicas disponibles y sólo después adquierc privacidad. De hecho.. reimpreso en Geertz.130 Giovanni Levi postura clara y lúcida de Geertz el repertorio infinito de posibilídades simbólicas de bs mentes humanas nos permite abordar la realidad mediante una serie de pasos infinitamente pequeños. no es individual. llega a identificar el relativismo cultural con el relativismo en general y considera el antirrelativismo como una peligrosa propensión a creer que algunas culturas son jerárquicamente superiores a otras. constancias formales (universales cognitivos). en el sentido específico de razonamiento direccional. En vista dc csto podría parecer que el etnólogo debería quizá darse por satisfecho con detener su investigación en el nivel de las descripciones de sentido. La diferencia es la existente entre el «pensamiento auténtico» y el pensamiento regido por el principio de «razón suficiente». esos estímulos requieren un continuo control cultural que los organiza cn un orden con sentido e inteligible. sin embargo. Geertz. ASÍ. la función propia del pensamiento en cuanto «clasificador hermenéutico» consistiría en permitir a los demás que sigan siendo otros. «En resumen. según Geertz. 1%2). la naturaleza esencial del homhre». No obstante. los seres humanos necesitan const<1ntes estímulos afectivos e intelectuales pero..1d fundamental Gccrtz observa una confianza en ciertas (eorías acerca de la mente y la naturaleza humanas que él rechaza y que en su opinión llevarían inevitablemente a restablecer conceptos erróneos de «pensamiento primitivo» y «aberración socia!». de una recogida selectiva de información. Geertz consigue así evitar el problema de la racionalidad y sus límites que se definen por mucho más que una simple posibilidad de acceder a la información de manera diversificada. págs. no es un complemento sino un componente intrínseco del pensamiento humano. aunque sin l1eg<lf nunca al final del trayecto. el intelecto humano. al mismo tiempo. 79) y. ((¡(roll ~obre microhistoria 131 el organismo produzca (descubra. Geertz identifica cualquier antirrelativismo con la «postura según la cual. no es capaz de ir más allá de estas reflexiones. actitud con la que no podemos menos de estar dc acucrdo. por tanto. se trata de una búsqueda de información» (pág. Arnertcan Anthropologist 86 (198--11. No hay duda de que debemos aceptar que desde un punto de vista biológico todas las personas poseen inteligencias sustancialmente iguales pero que para su funcionamiento la inteligencia depende por completo de los recursos culturales. 2h3- 78. forma parte de la misma naturaleza humana. 713-40. cons18 C. Por tanto. . 55-85. pues el significado de los símbolos se funda en cl hecho de ser compartidos y. definida como la capacidad para el pensamiento simbólico. depende de manipular ciertos tipos de recursos culturales para conseguir que (ed). más allá del espacio y el tiempo. de alguna manera. de una realid<. no obstante.

mientras que la microhistoria intenta definirlos y medirlos por referencia a la multiplicidad de representaciones sociales que generan. pues el marco de las estrucruras públicas y simbólicas es una abstracción. «Sería una gran lástima que. según I'J M. Pienso. Esto nos lleva tambíén al problema de definir las diferentes formas de funcionamiento de la racionalidad humana en el contexto de situaciones específicas. habrían de aparecer como obstáculos para una descripción no jerárquica de la cultura? ¿Por qué la formalización y la generalización. como exponentes de un ordenamiento jerárquico de las culturas. el problema principal es siempre el que Foucault planteó de forma extraordinariamente clarificadora 19: el de la selección entre la gama de posibles significados alternativos que deberá imponer un sistema dominante de clasificación. Foucault. mucho más amplias y complejas en las sociedades contemporáneas que en las sociedades sencillas o en las del pasado. Geertz no se declara relativista. (Por qué los procesos o los universales cognitivos habrían de desembocar tan sólo en el etnocentrismo? ¿Por qué una descripción de procesos racionales en términos formales. en un contexto de condiciones sociales diversas. Sobre microhistoria 133 Hay también un peligro en perder de vista la naturaleza socialmente diferenciada de los significados simbólicos y. probablemente. como resultado de mecanismos protectores utilizados frente al exceso de información. en los procesos de simplificación de causas y en el recurso a consignas simplificadas en las opciones políticas. ahora que comienzan a hacer mella en nosotros un distanciamiento constatado y unas diferencias espaciales localizadas y a cambiar nuestro sentido del sentido y nuestra percepción de la percepción. que permiten la comparación entre culturas. 276). por tanto. de hecho. implicarían necesariamente la destrucción de la otreidad? Ese peligro existe. a quienes se refiere Geertz. por ejemplo. Needham. de su cualídad ambígua en parte. Les Mots et les choses: archéologiedes sciences humaineJ (Parls. Esta pluralidad existe.132 Giovanni Levi tancias evolutivas (estados cognitivos) y constancias operativas (procesos cognitivos) no hace otra cosa que restar valor al poder de determinados conceptos que subrayan acertadamente la diversidad cultura! y la otreidad. al tiempo que rechazamos el relativismo absoluto de quienes limitan nuestras posibilidades de conocer la realidad. quizá transitorio. por tanto. que sea sostenible su reducción de cualquier argumento racionalista a un posible resurgir de conceciones jerárquicas acerca de la cultura. 1966). por supuesto. pero. La cantídad y cualidad de tal información no es. sino más bien anti-antirrelativista. no es simplemente el funcionamiento de la inteligencia. es difícil consíderar a Gellner. Este es. ¿serta realmente su solución aceptar la paralizante amenaza irracionalista del relativismo como precio para eludir el etnocentrismo. el problema que se ha de afrontar. espectro que. Je todos modos. o una idea de las limitaciones de la racionalidad. por esa razón. Tanto la cantldad de ínformacíón disponible como las posíbilidades de observación empírica son. que no basta con establecer un debate general sobre el funcionamiento simbólico partiendo de la base de una definición de cultura en cuanto búsqueda infinita de información. Pienso que una de las principales diferencias de perspectiva entre la microhistoria y la antropología interpretativa es que ésta ve un significado homogéneo en los signos y símbolos públicos. quedó conjurado hace ya tiempo? Creo. No me parece. en los sistemas etiológicos utilizados en la medicina popular o en las técnicas de persuasión utilizadas por la índustría de la publicidad. No obstante. El problema. entre otras cosas. Lévi-Strauss. Hartan y Sperber. . es necesario examinar la pluralidad de formas de la limitada racionalidad que opera en la realidad particular objeto de nuestra observación. Pensemos. con el resultado de enredarnos en el juego sin fin y gratuito de interpretar las interpretaciones. en consecuencia. en el sentido de un estadio. estas estructuras simbólicas producen una multiplicidad fragmentada y diferenciada de representaciones y ellas habrán de ser el objeto de nuestro estudio. sin embargo. por tanto. socialmente uniforme y. más bien que 10 que nos permite aceptar la relatividad cultural es el reconocimiento mismo de la existencia de procesos cognitivos uniformes. por no mencionar aquella selección de información que podríamos llamar de autoprotección y que nos permite dar sentido al mundo y funcíanar con efectivídad. sin embargo. Winch. en el que sólo son posibles la descripción densa y la elaboración de un repertorio de significados. mecanismos que nos permiten eludir la mera cantidad de información a fin de poder tomar decisiones. En efecto. hayamos de volver a la antigua copla» (pág. Tanto la cantidad de información necesaria para organizar y definir una cultura como para actuar son históricamente cambiantes y socialmente variables.

' e Geertz. (11 pericoli del Geenzismo». cuya ambición es determinar leyes. no obstante.134 Giovanni Levi Sobre microhistoria propone Geertz. La cualidad un tanto alusiva del sistema de Geertz. Levi.¡l K.34. 218-. Geertz propone recurrir a modo de intento a la conceptualización académica general con el único fin de revitalizar los conceptos en los ejemplos concretos de las descripciones densas. Se trata de un punto fundament<:ll descuidado cn un artículo muy conocido de P. roles y relaciones. Creo que es necesario intentar medir y formalizar los mecanismos de una racionalidad limitada -con unos Iímítes cuya localización varía según las diversas formas de acceso a la información. La microhistoria ha abordado específicamente el problema de la comunicación y ha tenido una conciencia clara de que (a investigación histórica no coincide sólo con la comunicación de resultados en un libro. D"edalus 101 (1972). 1-. 1984). no pueden ser asumidas a priori sino que derivan de la dinámica que constituye el objeto del análisis. 269-277. págs.':: Further Essays In Interpretative Anthropologj' (Nueva York 19831. aunque las costumbres y la utilización de símbolos son siempre polisémicos. derivado de una historia cultural investigada de forma intensiva. las peleas de gallos se presentan como si tuvieran una importancia única y universal para toda la sociedad. La microhistoria. estructuras sociales. Intel'pertatwr! o/Cultures. no ha renunciado a tener en cuenta la diferenciación social como lo ha hecho la antropología interpretativa. el carisma y el simbolismo del poder en las ceremonias de coronación parece hablar un mismo lenguaje a todos los miembros de una sodedad socialmente indiferenciada 22 0.. and Frenchness». la interpretación ha seguido siendo a menudo una posibilidad abierta. de la densidad de hechos simples se puedan sacar conclusiones de largo alcance. R. 412-54. 1977). por ejemplo.Toumal o/ Mode-m Hislm'Y 58 (1986). En otras palabras. En sus conclusiones. 20 21 22 e Geerrl. jetivo. Ciertos ejemplos de esta imponderabilidad se dan más en los seguidores de Gecrtz que en él mismo. págs.!wwleJf!. Una demostración más de lo mismo es el hecho de que el repertorio de descripciones densas no tiene un propósíto comparativo sino que se queda en simple repertorio del que extraer casos ilustrativos según reglas no especificadas. el prohlema de la comunicación con el lecrol' -el problema del relato-o No deberíamos ver el renacimiento del relato como una mera opción entre historia cualitativa. y R. Rabinow. U n segundo aspecto que ya hemos mencionado es la renuncia a cualquier intento de construir modelos y establecer las reglas formales del juego de la interpretación y la comunicación.35 como resultado una historia cultural sin análisis social o un análisis social cxtremadamente estereotipado. sino que la considera esencial para llegar a hacer una lectura lo más formal posible de acciones. Ver también su artículo (IIhe Symbolic Element in History». . connotaciones más precisas a partir de diferenciaciones sociales móviles y dinámicas.Toumu! o( MoJem HútOl)' 57 (1985). imponderable y limitada. e historia cuantitativa. Chanier. ReflectlOl1S on Fteldwork in Morocco (Berkeley y Los Angeles. por poner otro ejemplo. asumen. rejmpreso en Geertz. «Text. En consecuenda. aunque las formas de las apuestas sean socialmente diversas 23. regularidades y un comportamiento colectivo formal. págs. Así. 682-95. Lot. De este modo se entreteje un repertorio de conceptos con otro de sucesos interpretados.a fin de permitir una comprensión de las diferencias existentes en las culturas de los individuos. págs. págs. Quaderni Slori" 20 (1985). los grupos y las sociedades en distintos tiempos y lugares. La acción se examina en profundidad. Los individuos crean constantemente su propia identidad y los grupos se definen de acuerdo con conflictos y solidaridades que. por 10 que el análisis se queda corto y no va más allá del umbral mismo de la historia social. importante pero incompleto. pero sin una reconceptualización compleja y formal de los mecanismos sociales que intervienen en ella. por otra parte. por otra parte. Un ejemplo clásico de esta situación es para mí la Great Cat Ma55acre de Robert Darnton 21. Darnron. 121-~6. disfrazados de antropología interpretativa (la obra de Rabinow Re/lecliom. así como G. Symbols. pasa por alto este ob- 1. conductas. . individualizada. Este método tiene a menudo Quisiera ahora contemplar otra caractenstlca común al mundo de los microhístoríadores. l.on Fieldwork in Morocco 20 me parece un ejemplo excelente).. t' . The Great Ca! Massacre and other Episodes ir! French Cultural History (Nueva York. págs. sin embargo. en la esperanza de que actúen en combinación de manera que los sucesos simples puedan convertirse en científicamente elocuentes y que. La prueba de su improcedencia aparece ejemplific<:ld<:l en la abundancia de relativismos autobiográficos ap<:lreciJos en la escena científica en estos últimos años. «Deep Pldy: Notes on the Balinese Cockfight». como si tuviera miedo de hacerlo.37.

un<1 especie de extraordinaria metáfora del trabajo del historiador. un problema de recepción 25. una relación Íntima con las técnicas de exposición. La primera es el intento de demostrar. El modelo durkheimiano de contextualización insiste en la naturaleza vinculante de algunos de nuestros conceptos generales. El proceso de investigación se describe de manera explícita y las limitaciones de [a evidencia documental. Es un procedimiento que toma lo particular como punto de partida (particular que es a menudo altamente específico e individual y sería imposible calificar de caso típico) y procede a identificar su significado a la luz de su contexto específico. Pienso que la función concreta del relato se puede resumir en dos características. las técnicas de convencimiento y las construcciones interpretativas. Gellner. en Momigliano. t El enfoque microhistórico aborda el problema de cómo acceder al conocimiento del pasado mediante diversos indicios. pero la contextualización es un elemento funcionalist<1. 1975). GlOch/ d. Los problemas de prueba y demostración en historia mediante el recuento de ejemplos concretos tienen. aunque se limite a subrayar el ajuste entre una institución. En microhistoria. Sin embargo. R Wilson (ed. Sobre microhistoria 137 es el libro de Ginzburg y Prosperi) 26. los problemas dc la teoría argument<ltiv. el punto de vista del investigador se convierte en parte intrínseca del relato. 1984). James describe todo el proceso de interpretación de la realidad construida por una telegrafista en su retirado puesto de trabajo en un distrito londinense. Sui fondomen!i della storia anttca (Tudn. del discurso adoptado por los historiadores. 1970). en especial pág. Ginzburg y A. en cambio. el de centrarse en el contexto para explicar la conducta social. 1973)). 464-476) y H. sus funciones y su modo de actuar. por tanto. en general. 28 E. se muestra una relación entre los sistemas normativos y esa libertad de acción que proporcionan al individuo los intersticios siempre existentes y las incongruencias internas que son parte constitutiva de cualquier sistema de normas y de todos los sistemas normativos. en la fragmentación. quienes presentan la realidad como objetiva. White (Metahútory (Baltimore. el objeto del análisis no son tanto las causas de las conductas en sí cuanto la normalización de una forma de comportamiento en el seno de un sistema coherente que explica dicho comportamiento. 24. Quisiera destacar que. la formulación de hipótesis y las líneas de pensamiento seguidas no se ocultan ya a la vista de los no iniciados. quizá. No se trata de una mera cuestión de retórica. Su materia prima es la documentación escasa y fragment<1ria presentada por el texto de los telegramas diarios interc<1mbiados por sus clientes de la aristocracia. autoritaria. Este método rompe claramente con [a forma tradicional impositiva. sin embargo. In the Ca~~e [Londres. págs. una forma de conducta o un concepto y ese sistema del que son parte. Pas! and Presen! 85 (1979). el mismo Wittgenstein era «seguidor y sucesor» de Durkheim por el hecho de «suponer (que) las categorías adquieren validez por ser parte de una "forma de vida"». págs. quien nunca es una tabula rasa y siempre plantea.¡fity (Oxford. Momigliano insiste demasiado en la oposición entre verdad y retórica.l tienen importancia en la historiografía práctica y no son incompatibles. En ·su relato.). pues el significado de la obra histórica no puede reducirse a ella. La teoría más coherente del contexto es la funcionalista. 21 Recuerdo la polémica entre A. donde. sino de un problema específico de comunicación con el lector. Momigliano «(La retorica delIa sotria e la storia della retorica: sui tropi di Hayden Whitel). Como sostengo en el texto. contextualización puede querer decir muchas cosas. contradicciones y pluralidad de puntos de vista que 2(. mediante una relación de hechos consistentes. Stone. cuyo aspecto más característico es. con una referencia realista a hechos históricos.¡lion. En otras palabras. Para el funcion<11ismo. a diferencia de la insistencia del funcionalismo en la coherencia social. las limitaciones documentales. pazienza: un seminario JU! «Bmefiáo di Cris~ to» (Turín. El lector entra en una especie de diálogo y partícipa en la totalidad del proceso de construcción del razonamiento histórico. por tanto. «Concepts and Society». los microhistoriadores se han centrado en las contradicciones de los sistemas normativos y. R. en B. págs. 1898). como afirma White. Prosperi. 28-49.136 Giovl1nni Levi Stone 24. 3-24. 27 H James. C. signos y síntomas. La segunda característica es la de incorporar al cuerpo principal del relato los procedimientos de la misma investigación. (Un ejemplo iJustrativo de este proceso 24 L. Henry James adoptó un enfo· que similar en su relato In lhe Cage 27. Según señala GeI1ner 28. el verdadero funcionamiento de ciertos aspectos de la socíedad que resultarían distorsionados por la utilización independiente de la generalización y la formalización cuantitativa. «(The Revival of Narrative: Retlections on a New üld Historp>. ya que tales operaciones acentuarían de manera funcionalista el papel de los sistemas de reglas y los procesos mecánicos del cambio social. .

32 R. Esta teoría considera que el contexto está dictado por c11enguaje y las hablas disponibles y utilizadas por un grupo particular de personas en una situación concreta para organizar. diferente. o descubriendo el contexto sodal en el que un hecho aparentemente anómalo o carente de significación cobra sentido al revelarse las incoherencias ocultas de un sistema social aparentemente unificado. en el ámbito donde la similitud perfecta se da. más que entre las cosas mismas. Esta clarificación puede también darse incidentalmente. la perspectiva de la microhistoria es. págs. 1978). La contextualización puede tener un tercer significado consistente en situar formal y comparativamente un suceso. Reconnalssances (Taronto. Los cambios se producen meditmte estrategias y elecciones mínimas e infinitesimales que actúan en los intersticios de sistemas normativos contradictorios. pero no sólo se interesa por agrupar los elementos individua[es caracterizados por uno o más aspectos comunes. Skinner. (Me refiero aquí en particular a la postura de Needham J'. consecuentemente. pues acentúa las acciones más nimias y locales para mostrar las brechas y espacios abiertos por las complejas incoherencias de todo sistema. como ha observado correctamente Jacques Revel·Hl.. 1989). aunque puedan hallarse separados en el tiempo y el espacio. «(Hermeneutic:~ and the Role of History»-. volviendo al ejemplo anteriormente mencionado. Aquí el contexto implica no sólo la identificación de un conjunto de cosas que comparten ciertas características. levj. Estamos ante un auténtico giro de perspectiva. una identificación de parecidos de familia. sus luchas por el poder. Pienso aquí. La reducción de escala es una operación experimental debido precisamente a este hecho de suponer que el perfil del contexto y su coherencia son aparentes y saca a la luz esas contradicciones que sólo aparecen al alterar la escala de referencia. sino también por la clasificación basada en similitudes «indirectas» por medio de la analogía. chrt17y in the E. una vez más.138 GiO\'llllllí Levi hacen a todos los sistemas fluidos y abiertos. The Alm:húwelliall Mometlt Flor<!ntillc Politica! Thought atlJ ¡he Atlantu.xxiii.Jliotl. formas de comportamiento e instituciones que proporcionan el marco en el que las hablas particulares pueden entenderse adecuadamente y permiten un debate significativo de aquellos conceptos y creencias que. dos posibles maneras de leer un contexto social: viéndolo como un lugar que atribuye significado a casos particulares «extraños» o «anómalos». (. Es. frente a la cual era la única direceíón experimental posible que podía tornarse. Esta contextualización presupone la posibilidad de comparar estructuras formalizadas y explícitas. Pocock. Coml1""Je"ú~ atld Hútory: EsJays on Pohtical Tbought anJ Hútory. aunque pensemos en un repertorio de culturas locales incomparables entre sí y del que sólo de forma puramente arbitraria pueden deducirse reglas generales más o menos abstractas l sigue siendo aún posible que este enfoque dé pie a una interpretación muy funcionalista si se piensa que la cultura local es un todo coherente homogéneo y sistemático. Con todo. permanecerían herméticamente cerrados en sí mismos sin la adecuada referencia a la sociedad -aunque el discurso se conceptualice como acción más que como reflexión. 1975) y l/trlue. G. . Revel. con todas sus inconsecuencias 29. Needham. «Deep Play». Neu' Lit<!tdry Histor).L'histoire au ras du sol)" introducción a G. Londres. En definitiva. revelando su significado oculto y. págs. Esta escuela de pensamiento ha tenido una gran influencia en la teoría social misma y ha dado pie a tantos debates que me parece superfluo 'volver a exponer sus razonamientos.ghteen~h Centtl1) (Cambridge. sino que también puede operar en el plano de la analogía -es decir. pues da una importancia primordial a las actividades. y el libro de Skinner The FounJ. A. es más funcionalista considerar el significado de la pelea de gallos en el contexto de un sistema coherente de cultura balinesa que considerar los múltiples signífieados socialmente fragmentados de la pelea de gallos en sí mLSma como medio para ínterpretar la cultura balinesa en general.) La microhistoria ha demostrado la falibilidad e inconsecuencia JI Ver J. La elección de mícrodimensiones surgió como resultado directo de la preponderancia tradicional de la interpretación macrocontextual. 209-32. de 10 contrario. 1980). 1985). Ver también Q. De hecho. t l J ----29 Geenz. forma de conducw o concepto en una serie de otros similares. por decirlo así. ver nota 23 )O ]. en la historia intelectual de los contextualistas ingleses 31. por ejeml . su ajuste a un sistema. aumentando la escala. i-x.\" o/ MoJern Polt"ltÓ¡! Thought: tbe Rt'ml(1úatlce (Cambridge. Sobre microhistoria 139 plo. BuffaJo. . Le Pouw¡r au vil/age (París. pongamos por caso. Otro concepto de contextualización es el que entiende el contexto cultural como un proceso de situación de una idea dentro de los límites fijados por los lenguajes disponibles. 7 (1975-6). HaYl por tanto. entre las relaciones que vinculan las cosas-o La similitud se da entre sistemas de relaciones que abarcan diferentes elementos. que pueden ser muy diversas.' RepttbLican TraJ¡lion (Princetoo.

140

Sobre microhistoria

Giavanni Levi

de los contextos sociales en su definición convenciooJ:ll: fijémonos
por ejemplo en las criticas planteadas por M. Gribaudi J} acerca de la
delimitación social de los vecindarios de cLl.se trabajadora. Gribaudí
muestra que las solidaridJ:ldes pueden basarse no tanto en la similitud
de la posición social cuanto en la semejanza que se da en el interior
de sistemas de relaciones. Otro ejemplo es el análisis de las reglas de
matrimonio y los efectos de la consanguinidad en la región de Como
en el siglo XVII ;\ en este análisis, una fuerte contextualización social
y una reducción de escala revelan la importancia de las reglas abstractas formales de matrimonio como base de categorizaciones sociales. Otro ejemplo podría ser el estudio dedicado por Ago 3 la investigación de un feudo 35.
Estas observaciones plantean nuevos problemas que será necesario examinar brevemente. En primer lugar. el problema de la contraposición entre conocimiento individualizantc y generalizador -un
debate recurrente entre historiadores sociales--. Bástenos recordar la
polémica sobre historia cualitativa o cuantitativa de la familia o, en
un contexto más amplio, la crisis que en la década de los sesenta sacudió la creencia muy extendida en la posibilidad de cuantificar los
casos sociales y formular leyes rigurosas de conducta social. Quiero
centrarme aquí sólo en un aspecto que, aunque sea quizá único, sirve
para ilustrar un problema importante. Quisiera examinar qué se pretende decir al hablar de historiJ:l cuantitativa o, más bien, las características de la cuantificación implícitas en el concepto mecanicista de
realidad social.
La microhistoria intenta no sacrificar el conocimiento de los elementos individuales a una generalización más amplia y, de hecho, insiste en las vidas y acontecimientos de los individuos. Pero, al mismo
tiempo, intenta no rechazar todas las formJ:ls de abstracción, pues los
hechos mínimos y los casos individuales pueden servir para revelar
fenómenos más generales. En una ciencia débil en la que, si bien no
es imposible la experimentación, sí queda excluida aquella faceta del
experimento que implica la capacidad de reproducir causas, las diso'J M. Gribaudi, Mondo operaio e mito operaio: spl1zi e pereors! JOáJli a Torino lIel primo Novecento (Turin, 1987).
JO; Merzario, II pae.re streUo, 1981.
35 R Ago, Un feudo esernplare: Immobtlismo padrollale e asfuzia eontadina nel Lazio
del700 ¡Roma, 1988).

t

[41

nancias más nimias apJltecen como indicadores de sentido que pueden tener carácter general. Edoardo Grendi ha definido esta perspectiva como la atención prestada a lo «excepcionalmente normal,> 36. La
alternativa de sacrificar lo particular a lo general o centrarse sólo en
la unicidad de 10 particular es, por tanto, una distineíón inapropiada.
El problema reside más hien en cÓmo podríamos elaborar un paradigma que gire sobre el conocimiento de lo particular sin renuneíar a
la descripción formal y al conocimiento científico de ese mismo particular 37. No obstante, las comparaciones entre cuantitativo y cualitativo, entre suceso y serie, entre particular y general, han llevado a
una idea equivocada sobre cuáles son las herramientas adecuadas
para la formalización. La historia social se ha considerado tradicionalmente capaz de aplicar modelos rígidos a la historia y a servirse de
un tipo de formalización cuantitativa en la que el concepto de causalidad no quedmía debilitado por prestar atención a las elecciones
personales, a las incertidumbres, a las estrategias individuales Y de
grupo que recuerdan supuestamente una perspectiva menos mecanicista. Debido a que esta tendencia a identificar fotmalizaCÍón con
cuantificación ha prevalecido durante largo tiempo, la historia ha
quedado paradójicamente rezagada tras las demás ciencias sociales.
En mi opinión, la microhistoria avanza con más firmeza hacia las ramas no cuantitativas de la matemática a fin de suministrar representaciones más realistas y menos mecanicistas. ampliando así el campo
de indeterminación sin rechazar necesariamente elaboraciones formalizadas. Resulta increíble que en el debate sobre la denominada historia cuantitativa se hayan pasado por alto ciertos problemas como
los relacionados con los gráficos de redes relacionales, las decisiones
en situaciones de incertidumbre, el cálculo de probabilidades y los
juegos y las estrategias. Si deseamos trabajar con una representación
diferente, más compleja y realista, de la racionalidad de los actores
sociales y consideramos la naturaleza fundamentalmente interconexa
de los fenómenos sociales, nos resultará inmediatamente necesario
desarrollar y utilizar nuevos instrumentos formales de abstracción. El

36 E. Grendi, <,Microanalisi e :;toria sociale", Quaderni Swnci 7 (1972), págs. 50620, Y Polanyi: dal!(mtropo{ogia economica alia miCl'Oanalisistoffca (t'1I1ilán, 1978).
JI C. Ginzburg, <<Spie: radicl di vn paradigma índiziarim), en A. Gargani (ed.) Cmi
della ragione (Tvrín,19791, págs. 59-106, reimpreso en el libro de Ginzburg Miti Emblernt Spie: mor/ologia e storia (Tnrín, 1986), págs. 158-209.

Sobre microhiswria

Giovanni Levi

142

terreno sigue estando ampliamente abierto a la exploración de los
historiadores.
Estas son, pues, las cuestiones y posiciones comunes que caracterizan la microhistoria: la reducción de escala, el debate sobre la racionalidad, el pequeño indicio como paradigma cientifico, el papel de 10
particular (sin oponerse, sin embargo, a lo social), la atención a la recepción y al relato, una definición específica de contexto y el rechazo
del relativismo. Estos elementos característicos son similares, de muchas maneras, a los señalados por Jacques Revel en un reciente artículo sobre micro historia que es, quizá, el intento más coherente
hasta la fecha de interpretar este trabajo experimental 3~. Revel 39 define la microhistoria como el intento de estudiar lo social no como
obíeto dotado de propiedades inherentes, sino como conjunto de interrelaciones cambiantes existentes entre configuraciones en constante adaptación. La micro historia es para él una respuesta a las limitaciones obvias de ciertas interpretaciones de la historia social que eo
su búsqueda de la regularidad dan preeminencia a indicadores excesivamente simples. La mkrohistoria ha intentado construir una cooceptualizacíón más Huida, una clasificación menos períudicial de lo
que constituye lo social y lo cultural y un marco de análisis que rechaza las simplificaciones, las hipótesis dualistas, las polarizaciones,
las tipologías rígidas y la búsqueda de características típicas. «(¿Por
qué hacer que las cosas sean simples si podemos complicarlash> (pág.
xxiv), es el lema que propone Reve1 para la microhistoría. Con él
quiere decir que el verdadero problema de los historiadores es con~
seguir expresar la complejidad de la realidad, aunque esto implique
utilizar técnicas descriptivas y formas de razonamiento mucho más
intrínsecamente críticas consigo mismas y menos imperiosas que las
anteriores. El problema consiste, pues, en seleccionar áreas de examen importantes: la idea de ver a los sujetos de la historia tradicional
en una de sus variantes locales es análoga a la de leer entre líneas un
documento concreto u observar por entre los personajes de un cuadro con el fin de discernir significados que anteriormente eludieron

e

)~ C. Gínzburg y
Poni, «JI nome e il cume: sCRmbio ineguale e mercato sroriografico», Quadrrni Slorici 14 (1979), págs. 181-90: un breve manifiesto jnicial que, al
leerlo hoy, parece haber quedado superadu en gran medida por los posteriores traoajos en el terreno práctico de la microhistoria.
39 Reve1) <,L'hi~toire au fa:'> du sol», en Levi, Le Pouvotrau nlloge, 1989.

I

,

14}

cualquier explicación; o a la de descubrir la verdadera importancia
de lo que anteriormente parecía haber surgido meramente de las circunstancias a de la necesidad, o el papd activo del individuo que an~
tes parecía simplemente pasivo o indiferente.
Refiriéndome a [a definición de Revel, he intentado subrayar más
claramente la tendencia antirrelatívista de la microhistoria y las aspiraciones de formalización que caracterizan, o según creo deberían caracterizar, la obra del microhistoriador. Esto tiene su importancia,
porque los conceptos que utilizamos en historia y ciencias sociales
son a menudo imprecisos y se utilizan metafóricamente. El concepto
mismo de configuración, por ejemplo, la fórmula oportuna e intuitiva
de Elias, me parece algo tí pico, en el sentido de que es poderosamente expresiva pero sigue siendo alusiva y no se encamina hacia un
obíetivo que, según he intentado mostrar en este artículo, creo posible expresar en términos más formales.
No sé si esta exposición de la microhistoria eS digna de confianza. He pretendido presentar en términos caracterizados con relativo
vigor un grupo de personas que se han visto envueltas realmente en
muchos y mú~tiples debates dentro de la historia social italiana en las
décadas de 1970 y 1980. Quizá debería haber explicado más plenamente las diversas opiniones en cuestión y las referencias a un debate histórico que iba mucho más allá del marco italiano. Debo, pues,
aclarar este punto informando al lector de que los principios que me
han guiado son decididamente personales; se trata más bien de un
autorretrato que de un retrato de grupo. No podría habet obrado de
otra manera y aprovecho la ocasión para advertír a ese mismo lector
de que las cosas son como son.

Capítulo 6

Historia Nal

HISTORIA ORAL
GwynPrins

l
Los historiadores de las sociedades industriales modernas, y con
alto índice de alfabetización (es decir, la mayoría de los historiadores
profesionales) suelen mostrarse en general bastante escépticos sobre
el valor de las fuentes orales en la reconstrucción del pasado. «Sobre
este tema, soy un escéptico casi total», comentó A..J. P. Taylar sarcásticamente. «¿Vejestorios que recuerdan embobados su juventud?
¡No!» Puede que actualmente muchos se mostraran un poco más generosos, y admitieran a la historia oral (la historia escrita a panir de
la evidencia recogida de una persona viva, en vez de a partir de documentos escritos) como agradables y útiles casos ¡¡ust~ativos, pero
pocos estarían dispuestos a aceptar que tales materiales puedan llegar
a ser fundamentales para el estudio de sociedades modernas y docu«historias del pueblo» de Studs Terkel somentadas. Piensan que
bre la Depresión y la Segunda Guerra Mundial no podrán nunca originar grandes hipótesis históricas sobre aquellos acontecimientos.
Los criterios convencionales se muestran pesimistas ante la posibilidad de una historia válida para aquellas sociedades que no posean documentación escrita, ya que se considera implícitamente que
la debilidad de las fuentes orales es un fenómeno universal e irreparable. En un extremo, Arthur Marwick en The Natl/re o/ H,stOry admi·
te que: (<la historia basada exclusivamente en fuentes no documentadas, como, por ejemplo, la historia de una comunidad africana,

las

144

1

t

145

puede ser una historia más rudimentaria, menos satisfactoria que
aquella obrenida a partir de documentos, pero, de todas formas, es
historia». En el otro, hasta que no haya documentación, no existe la
historia como taL Desde el principio de la historia (es decir, historia
escrita según el método de Ranke), se ha considerado a Africa como
el continente ahistórico por excelencia. Esta visión se ha mantenido,
empezando por el juicio de Hegel en 1831 de que «no constituye
parte histórica del mundm>, y terminando por la notoria observación
de Hugh Trevor-Roper en 1965 de que África no poseía historia, sino simplemente las poco gratificantes andanzas de tribus bárbaras],
obervación que ha venido levantando ampollas durante una generación entre los clanes de africanistas anticolonialistas, en rápida proliferación por aquel entonces. Y esta visión no se limitaba únicamente
a África, ni era exclusivamente de la derecha. Las aldeas hindúes,
ejemplos del modo de producción asiático, se limitaban a achicharrarse bajo el sol, reproduciéndose de forma improductiva, «sin que
las tocaran los nubarrones de tormenta del cielo político», según la
famosa frase de Marx. Los simpatizantes marxistas de los movimientos anricolonialistas se han venido estrujando el cerebro desde entonces, tratando de explicar que el Viejo no quiso realmente decir lo
que evidentemente dijo.
Pero, tanto en los casos favorables, como en los hostiles, se utiliza
la prueba básica según el criterio de Ranke. Siguiendo la jerarquía establecida por él, se han de preferir las fuentes oficiales escritas, de hallarse disponibles. En caso de que no lo estén, habrá que conformarse con lo que haya, e ir a llenar nuestro cubo con agua procedenre
de sitios mjs alejados del manantial cristalino que es el texto oficial.
En estos términos, la. información oral representa, sin ninguna duda,
la segunda o tercera opción, por tanto, su papel se limita a facilitar
historias de segunda catergoría sobre comunidades con pobres fuentes de información. De acuerdo con estos criterios, Hegel, TrevorRoper y Marx meramente se limitaron a ser escrupulosos.
Ha habido dos tipos de respuesta a este escepticismo, una de
ellas quisquillosa y la otra algo menos. La primera corresponde a
Paul Thompson, figura señera en el «movimiento» de la historia oral
(autodescripción que ya de por sí tiene una resonancia mílitante),
1 Para una visión de lIn camino diferente, pero que empieza en este mismo punto, Ve'JSe Henk Wesseling, What is OVerseas History, págs. 67-92.

la comunicación a través del lenguaje escrito simbólico representa una maravillosa conquista. completó la primera edición del Nuevo Testamento en maorí. J. cuando la escritura no existe. pero que. se acude a la tradición.» 2 Por tanto. En 1849 el gobernador George Gray creía que la proporción de población alfabetizada era superior a la de cualquier parte de Europa. después de un gran período de tiempo dedicado a la investigación. 147 cuando la estrella no puede cantar se le concede una oportunidad a ésta. preocupación poco corriente en un «pakeha» (blanco) de la época. de un hecho corriente durante la expansión europea. Esto es una concepción errónea. págs. como correspondía a nobles salvajes. Esto puede ser cierto. cuando por el Tratado del Waitangi los jefes maoríes perdieron sus tierras (u obtuvieron el beneficio de la anexión británica. Los maoríes de Nueva Zelanda proporcionan un ejemplo triste. pero tengo mis sospechas de que existen razones más profundas y menos llamativas. al año ya eran 10. y para 1845. si no se cuenta con fuentes independientes para contrastar. 199. En vez de dedicarse a la acrividad fisica. como muchos de sus habitantes. más convincente. Pero no lo harán de la misma forma que las fuentes escritas. pero esclarecedor. Vansina. de hecho. Oral Traditioll as History. ¿Cuál era el poder de la escritura que los maoríes vieron y trataron de conseguir con tanto ahínco? . o prácticamente no se halla presente. el punto principal de su argumentación se vuelve. misioneros protestantes ya habían distribuido un número de Nuevos Testamentos en maorí correspondiente a la mitad de la población. 83-84. Los historiadores viven en sociedades que cuentan con la palabra escrita. 1985. ¿Y por qué no? Como ha señalado Vansina. el impresor William Calenso. Thompson escribió airadamente en su manifiesto La voz del pasado: «La realidad es que la oposición a la evidencia oral se basa tanto en apreciaciones personales como en principios. En 1840. En 1837. Valencia. roda depende del punto de vista). y. La escritura es un milagro tecnológico. tienden a considerar inconscientemente la palabra hablada con desprecio.» ¿Por qué ha de ser tan polémica la utilización de las fuentes orales? Paul Thompson ha sugerido que a los viejos profesores no les gusta aprender nuevas técnicas y que se resisten a lo que para ellos constituye una depreciación del status especial del método de Ranke. fracasó en lograr su controL Los hechos en sí mismos son en extremo interesantes. se habían vuelto sedentarios. Los historiadores de la vieja generación que ocupan la cátedra y tienen las llaves en sus manos son instintivamente reacios a la introducción de nuevos méto~ dos.. Las fuentes orales ayudan a corregir otras perspectivas. «habiendo adquirido el hábiro de la lecrura». Pero. Jan Vansina. En 1833 quizás sólo 500 maoríes podían leer. La relación entre las fuentes escritas y las orales no es «semejante a la de la diva y su suplente en la ópera: 2 J P. Wiscomin. perteneciente a una famosa familia misionera. reconoció de buena gana en su manifiesto Oral TraditirJtl as History. es decir. el lenguaje visceral revela que nos hallamos ante pasiones profundas por ambas partes. págs. La voz del pasado. De aquí los comentarios despectivos acerca de los jóvenes que patean la calle con grabadoras. 1988. un pueblo ágrafo que observó e hizo suy este instrumento de poder. Es el corolarío de nuestro orgullo por la escritura y de nuestro respeto por la palabra escrita. no obstante. l ~. de la misma forma que las otras perspectivas la corrigen a ella. . cosa que los pueblos con lenguaje escrito tienden a olvidar. el más distinguido exponente de la historia oral en África. Thompson.» 3 Fijémonos que el acuerdo se limita a aquellas circunstancias en que las fuentes orales son las únicas disponibles. en la batalla sobre las fuentes orales en la historia contemporánea. La reconstrucción a partir de las fuentes orales puede muy bien poseer un grado bajo de fiabilidad. el argumento de Marwick: «Cuando no existe la escritura. que éste no suele ser el caso.146 Gwyn Prins Hiswria oral movimiento que reivindica el valor de las fuentes orales en la moderna historia social como forma de proporcionar presencia histórica a aquellos cuyos puntos de vista y valores han sido oscurecidos por «la historia desde arriba~>.. Historia oral. al hablar del papel de las fuentes orales para la historia de las sociedades ágrafas. Lo cual implica que ya no controlan todas las técnicas de su profesión. se obtiene únicamente una reconstrucción que aún no es muy detallada. las tradiciones orales han de llevar el peso de la reconstrucción histórica.000. un viajero expresó sus temores por la salud de los maoríes. Hay que comprender plenamente las limitaciones que tiene la tradición oral para evitar la decepción que se puede producir cuando. como Vansina muestra (en ese libro y en sus muchas monografías).Madison.

el anuncio de la revolución neolítica.e. cuando en realidad eran incapaces de manipular con éxito la palabra escrita ~. «The Sociology of a Text: Oral Culture. no lograron captar el significado legal. base de todas las civilizaciones siguientes. Estas pueden muy bien ser los ejemplos más tempranos de comunicación simbólica: comunicación que hace el individuo. donde el lenguaje posee únicamente una forma puramente oral. porque su forma oral se ha extinguido. Mirando retrospectivamente podemos distinguir tres modos de comunicación. pero todavía era tosca. 4 [Iiswria oral 149 gran divisoria en la historia humana. los animales y el hierro 5. relativamente pocas. La escritura simbólica era de importancia fundamental para permitir al hombre trascender la impermanencia del habla. La primera faceta del poder de la escritura era totémica. el hombre sabio. distinguir entre dos partes dentro del modo de comunicación: los medios y las relaciones de comunicación. Bertrand Russell dijo que el auge de [a civilización en Grecia era el fenó meno más dificil de explicar. no podían y. los maoríes únícamente lograron apropiarse de una pequeña parte de ella. Era un intento. Los puntos de Lascaux pueden ser. o se introducían hojas escritas en los lóbulos de las orejas. Don McKenzie argumenta que los maoríes sufrieron una derrota más contundente y de mayor duración en su batalla por el control de la tierra. Culturas orales. donde los lenguajes asumen tanto formas orales como escritas para toda o sólo una parte de la poblaN l 5 El hierro también fue domesticado en Tailandia de forma independiente. ni merecedor de tan caluroso aplauso. También fue allí donde tuvo lugar la principal invención que iba a posibilitar la escritura. 10 que ha tenido consecuencias más revolucionarias. en P. pero. y desde hace mucho tiempo. Cambridge.. en Francia. 2. Además apma que siempre deben considerarse conjuntamente. La tercera facetd del poder es formal y activa. En la negociación previa. 1. ni tampoco compartían el concepto intrínseco de propiedad ni podían comprender las consecuencias de la firma. El mismo Colenso (utilizando los mismos caracteres que para el Nuevo Testamento) imprimió en 1840 el texto del Tratado de Waitangi. son en la actualidad. Están tipificadas por lenguajes locales. que iba a tlorecer por primera vez en Grecia durante el siglo VII a. La segunda faceta era manipuladora. Nos encontramos ante una sociedad de alfabetización masiva. En Oriente Medio se domesticaron el trigo. en todas las comunidddes. McKenzie. En estos términos. cuyos lenguajes poseen únicamente forma escrita. La habilidad para hacer esto es el criterio principal para distinguir a Horno Sapiens. entre las imágenes de animales se pueden ver series de parejas de puntos. y el más sorprendente en toda la histo~ na. precisamente porque su grado de alfabetización en la década precedente daba la impresión de que aceptaban las reglas del juego que establecían los tratados. que para tratar de entender el poder de la palabra escrita. a la iglesia. probablemente. y. The Socia! History o/ Language.Gwyn Prins 148 Era un triple poder. y algunos leer. resulta útil. Grecia puede colocarse en un contexto. las dimensiones físicas y las socioculturales respec· tivamente. tanto como las hachas de piedra pulimentada. entre ser la víctima de la palabra escrita o su dueño. pero a la vez ha resultado más difícil de conseguir. quizás no tan significativo corno había sido la revolución neolítica. es decir. de hecho. Culturas de tipo mixto. Constituye la pura esencia del milagro de la escritura y. Ciertamente era otro momento decisivo. Jack Goody dice. de acumular y fijar el conocimiento. pero que existe independientemente de él en el tiempo y en el espacio. adaptando la terminología de Marx. 3. 161·197. en The Domestication o/Ihe Savage Mind. Los maoríes analfabetos llevaban libros. Es el poder de exteriorizar. de sus predecesores biológicos. la primera D. de obtener poder mediante la asociación. las palabras traducidas del borrador inglés. . La importancia de su descubrimiento en el Cercano Oriente radica en su combinación con los cerea· les y el caballo. Los maoríes no lo adquirirían a escala políticamente significativa hasta la siguiente generación. aunque los maoríes podían escuchar. 1987. págs. En las increíbles pinturas de la cueva de Lascaux. Están tipificados por las lenguas clásicas. Literacy and Prinr in Early New Zealand». Fue la creación de un sistema alfabético lo que facilitó el desarrollo posterior de una sociedad caracterizada por un alto índice de utilización de la palabra escrita. F. que posee un sistema alfabético de escritura. de cualquier tipo. Culturas escritas. ha sido el poder cruzar el umbral entre pasividad y actividad. muy observado en las primeras etapas del encuentro colonütl. no logró persuadir al gobernador de que. Burke y R Porter eds. como muchos pueblos recién conquistados y recién y parcialmente llegados a la escritura. en la zona de los Grandes Lagos en África Central.

Pero. También puede comprobarse de varias maneras: físicamente (otra vez). es que la historia oral se ocupa. La objetividad que reivindican los miembros más tradicionales de la profesión histórica descan~ sa en gran parte sobre la fuerza de deducción extraída de un estudio meticuloso de la lógica narrativa. Los documentos pueden proporcionar detalles escrupulosos en esta dimensión y. De hecho. testis nullus. se acredita pobremente. como los maoríes del siglo XIX. la televisión y el teléfono. Nos vemos obligados a categorizar aún más y a distinguir entre «culturas de alfabetización universab>. En tercer lugar. la comunicación se encuentra muchas veces sin otras fuentes de referencia. Un documento es un objeto. y existen otras cosas que explicar. Pero. Para aquellos historiadores a los que no les gusta la historia oral. Los rustoriadores tradicionales. Uno. o el registro especial de la Biblia del Rey Jaime (su correspondiente en español fue la Biblia de Casiodoro de la Reina y Cipriano de Valera) o del Libro Común de Rezos. las personas son individualmente analfabetas o semianalfabetas. es uno de los ejemplos más antiguos y mejor conocidos de cómo los lenguajes especiales del registro oral y escrito se entremezclan en una cultura. con frecuencia. Ernest Gellner ha mostrado cómo la baraka o autoridad carismática de los hombres santos de las montañas del Atlas marroquí procede. La forma no se encuentra fijada. pero se hallan bajo el dominio del libro. con el fin de poder considerar el testimonio oral como poseedor de la misma complejidad potencial que el escrito. Los historiadores piensan de acuerdo con el tiempo cronológico. el hadith. Podemos tener una percepción muy completa de muchos lenguajes escritos especiales y complejos. debemos realizar un esfuerzo consciente para tratar de aminorar nuestra velocidad de percepción. en el nuevo mundo de la comunícación electrónica masiva. textual. que para ellos es primordial. la precisión cronológica. una vez que se alcanza la etapa de la escritura. según quien sea su interlocutor. Pero además. como podremos ver muy pronto. es. pero bajo su dominio. tal como lo mide el calendario y el reloj. obsesionados por la documentación. Establece sus criterios de valor y sus métodos. el inglés. además del cambio. hoy en día rodos los grandes idiomas universales existen dentro de culturas de tipo mixto. a la que se considera utilitaria y vulgar en comparación con el significado concentrado de un texto. No se contemplan los diversos tipos ni las variaciones sutiles de significado de la información oraL Una de las consecuencias de vivir en una cultura dominada por la palabra escríta es el proceso de cauterización contra la palabra hablada. a través de su menosprecio. y estos hombres santos pueden incluso ser analfabetos. todos los cuales perviven. el tiempo cronológico no es la única clase de tiempo que utilizan los hombres. físicamente. como las que solemos con demasiada facilidad considerar como obvias. que tienen que ver con los objetos de su estudio. vivimos inmersos en un océano de mensajes escritos. ya mencionado al principio de este artículo. Resulta importan te ver la naturaleza estable de la evidencia. de su exposición oral de la shada. al considerar una cultura oral o mixta. N o obstante. por ejemplo. la evidencia oral. fa cronología. o. es imprecisa.150 Gwyn Prius cíón. se podrían añadir otros dos motivos. las personas se hallan en una nueva esfera más allá de la palabra escrita: bajo el dominio de la radio. al mundo de la palabra escrita. de forma autocomplaciente. y «culturas de alfabetización restringídm>. de la misma forma que Thomas Hardy hace a su heroína Tess cambiar del dialecto de Dorset al inglés culto. se interesan en sus fuentes por tres cualidades que no posee la información oraL Insisten en la precisión formal. Hemos de saber reconocer las distinciones entre el habla importante y la meramente intrascendente. esto le proporciona la segunda cualidad buscada. En gran parte del mundo islámico. a través del tiempo. de temas . éstas constituyen razones suficientes para desdeñada. ete. No existen dudas sobre lo que el testimonio. como deja huellas fijas. La tradición coránica oral. en especial. su carisma deriva de su asociación con el poder de la palabra del libro.. ésta resulta fácil y. posee las formas de Chaucer y de Shakespeare. Pero los historiadores pertenecen.>: un solo testigo no es testigo. En su magnífico l:Ustoría oral 151 estudio. sin otros apoyos. ya que la forma se encuentra fijada. se pueden extraer sutiles argumentaciones. pero también comparativa. donde la mayoría de la población vive en los bordes de la palabra escrita. Subestima a la palabra hablada. pero que en realidad son históricamente poco corrientes. Bajo cualquiera de estos tres aspectos. para sus oyentes iletrados. Pensamos que entenderemos el mensaje de un texto gracias a la lectura de textos adicionales. Pero la shari'a es una ley escrita. por tanto. Demostramos mediante la multiplicación. «Testis unus. o los rastafaris del Caribe reservan un sonsonete especial para sus cantos religiosos. estructuralmente.

según me contó mi madre. Existe la tradi- Historia oral 153 cíón oral. y cosas importantes sobre gente trivial (y esto según su propio criterio de importancia). En resumen. la historia oral se limitaría a decirnos cosas triviales sobre gente importante. Hacia 1870. como. cuatro formas distintas de información oral. y antes de entrar en más consideraciones. Cosa comprensible. debemos ser ptecisos a la hora de definir los términos. por causa de este hombre dejó esa casa para ir a trabajar en una mina de estaño. siguiendo a Vansina. Otros autores opinan que tiene propósitos cognitivos más amplios y autónomos. a partir de ptemisas metodológicas sobre la precisión. y dentro de uno de ellos. La tradición oral se distingue del recuerdo también de otra manera. en Daedrdus. pero ya no es una definición suficientemente precisa. Jan Vansina la definió como (el testimonio oral transmitido verbalmente de una generación a la siguiente. y en algunos casos. o a más de una generación» (las cursivas son mías). el libro que más que ningún otro ha revolucionado nuestra concepción sobre ella. sea incapaz de extrapolar eficientemente. Se han de aplicar otros criterios diferentes a los utilizados por Ranke." 2 (Primavera 1971). ¿Resulta esta crítica correcta? Desde luego. especialmente en sociedades ágrafas o en un estado intermedio. Pero. Para poder calibrar el peso de estas acusaciones. como la información oral se presenta en la escala de las percepciones del individuo. posiblemente extraviado y. independientemente de esto. si es que queremos evitar los errores de categorización. y no suele pasar de generación en generación excepto en formas muy abreviadas. paso inmediatamente a distinguir dos tipos. La crítica sobre la autocomplaceneia refleja o un prejuicio contra la historia desde abajo o el miedo de que. aunque una parte puede persistir en un entorno mayoritariamcnte alfabetizado. nos limitaríamos a encontrarnos en un embrollo de informaciones sin ninguna utilidad práctica. ¿Qué se entiende exactamente por evidencia oral? Al principio. . Este materíal es la parte fundamental con la que contamos para reconstruir el pasado de una sociedad con una cultura oral. y más diUcil de explicar. Es decir. pero las cuestiones en disputa son reales y se hallan estrechamente relacionadas con [as funciones de la memoria y los fines de la historia en sociedades con modos diferentes de comunicación. El otro tipo de fuente oral es el recuerdo personal. en contraposición a aquélla obtenida a partir de fuentes inanimadas. La transmisión de grandes cantidades y formas específicas de información oral de generación en generación requiere tiempo y un esfuerzo mental considerable. En De la Tradition Ora/e. el historiador se quede atrapado en esa pequeña escala. incluso. la definí como aquella evidencia que se obtiene de personas vivas. «Once upon a Time: Oral Traditions as History in Africa». en el caso de las anécdotas privadas de una familia.. por tanto. n. Pienso que la crítica general.152 Gv. mi abuelo no olvidó nunca esta conducta. la continuidad es un fenómeno mucho más interesante. por lo tanto debe tener un propósito. que el eambio. Por 10 tanto. consiste en que la información oral no puede explicar el cambio. hemos de distinguir cuatro tipos de tradición oral 6. ~ He recogido este esquema de J. Pero esto no resulta completamente cierto. como Durkheim. fue para combatir este tipo de juicios despectivos que se trajo al campo de batalla a la artillería pesada de «movimiento de la historia oral».ryn Prins tangenciales. consideran que el propósito en la creación y transmisión de la ttadición oral se halla sistemática y de~ penJientemente relacionado con la reproducción de ta estructura social. Algunos teóricos. La tradición oral se vuelve cada vez menos pronunciada a medida que una cultura evoluciona hacia la alfabetización masiva. Tenemos que estar preparados para encontrar diferentes argumentos sobre cada uno de ellos en diferentes tipos de sociedades. Generalmente se piensa que este propósito es de carácter estructural. y el cambio es el objetivo principal de estudio de los historiadores. Los recuerdos personales directos forman la inmensa mayoría de la evidencia utilizada por Paul Thompson y el movimiento de historia oral. El mayordomo era un sádico que acostumbraba a encerrar gatitos en el horno caliente de la cocina para disfrutar contemplando su agonía. El otro motivo se halla implícito en la poca importancia de la pequeña escala. y ver quiénes están colando de rondón exactamente qué tipo de presunciones sobre los fines del historiador. Puede que en las primeras escaramuzas los cañones se hubieran disparado alegremente. mi abuelo materno ttabajaba como aprendiz de jardinero en una gran casa de Cornualles. Se trata del una evidencia oral específica basada en las experiencias propias del informante. 451. png. e. V::msina. por ejemplo.

Con frecuencia. Coro: Itumuke1a mwa npda! Así que aquí tenemos dos variantes. agitado. El siguiente es un extracto de un poema de alabanza lozi. Por tanto. también relacionado con los reyes lozi de Zambia. Está en luyana: Nmgo minyil. Si prospera. el IH1ÍS se sentirá orgulloso de ti y te aclamará. las blancas arenels de los bajíos traicionan su presenóa. refranes. Coro: Itumukeb mwa ngala! (¡Saje a [a superficie en medio del río!) Sanador: Musheke ni mu konga (La arena traiciona su presencia). corno un 11¡. Este ejemplo muestra claramente cómo algunos núcleos de palabras permanecen inalterables en un caleidoscopio cambiante de estructuras adaptadas a propósitos concretos. el idioma arcaico. Mezcla el moderno siLozi con el arcaíco luyana. (El hipopótamo [Rey] mueve las aguas más rrofundas del río. de los que los mejor conocidos son los «isibongo» zulús. Procederé a explicar cada categoría. Como la mayoría de las otras sociedrldes. al principio simplemente por curiosidad. Está en luyana.. convertido en un canto antifonal que formaba parte de un culto con Hnes curativos. tanto para el presente como para el pasado de una cultura oral o de tipo mixto. por analogía. a la realeza. Yo vengo de una línea de parentesco que está ligada contigo. Frecuentemente un estudio de los refranes resulta una forma eficaz de L'mpezar a realizar un estudio semejante. si encontramos elementos que han permant:cido constantes. Pero no me preocupa.Ieú mwa nuka ki lapelo! (¡El agua del río es una oruólÍn!l Sanador (canta): Kubu. como un búfalo en el bosque espeso. Los poemas africanos de alabanza. Doy otro ejemplo. »Cuando el Rey está en la corte. mwana li[olo (Hipopótamo. y solía recoger refranes en una libreta. que se halla tan alejado de la lengua cotidiana. porque sé de dónde procede mi parentela. tú serás el responsable. Esto se explica porque no resulta fácil alterar las palabras. a pesar de tales presiones. se ha de tratar de casos particularmente interesantes. como en este ejemplo. o 10 observaríamos claramente si hubieran sufrido una alteración. son buenos ejemplos del género. entonces sus palabras pertenecen a la tradición. y ambas pertenecientes a la época postcolonial. Uno corriente se refiere. mushl:ke ni mu ku onga. Palabras. Cada canción tiene su origen. que recogí en el oeste de Zambia. los poemas de alabanza describen las relaciones entre gobernantes)' gobernados: sitven de enlace en una relación que no podría llevarse a cabo en el lenguaje coloquial. el siLozi. la de los 10zi se ha visto afectada por grandes fuerzas de cambio.:! remolino). él es como un elefante entre la maleza espinosa. que comparten el mismo tema principal.154 Gwyn Prins Aprendido No aprendido de memoria de memoria ESTILO congelada Congelado Libre POESÍA (INCLUYENDO CANCIONES) Y LISTAS ÉPICA FORMA y libre FORMULAS NARRATIVA (nombres.. Es posible identificar las reglas de forma y lenguaie. Por tanto. como el anglosajón del inglés moderno: «Aunque estoy cerca de ti. Los materiales aprendidos de memoria y cuya forma se halla congelada o prefijada son los que en realidad presentan al historiador los menores problemas para su comprobación. ¡Gobierna hien al país! Si muere el país. hijo de.[Oria oral 155 huerto de maíz en un altozano de la llanura del Zambeze. Si LJ forma de la actuación se halla prefijada.) Lo encontré otra vez algunos años más tarde pero en un contexto diferente. El siglo del colonianismo en África ha sido. Sanador (en sonsonete): J\. . entonces la estructura pertenece a la tradición. no puedo hablar contigo.) Sí un relato se aprende de memoria. forma y entonación se hallan estrictamente definidos.. con independencia de todo lo demás. ete. ya que un estudio crítico riguroso de distintas versiones nos dará el núcleo Común de forma y palabras. mflJoJo wa fulanga. En 1974 me encontraba viviendo en Bulozi. su estructura refleja su propósito.) El material del tipo «fórmula» es especialmente útil cuando inlentamos descubrir las dimensiones de una cultura popular.

pero la estructura es lo i Para una exposición m¡ís amplia de lo visíble y 10 oculto en la hiswría !ozi.lSelIS.156 Gwyn Prins Se puede observar la fuerza del material de tipo formular si colo. la isla de Itaca se encuentra siempre «rodeada por el mar». ni si esto ocurrió en el momento de su escritura o después. una rapsodia. tanto para d bardo como para el público. La mente <~salvaje) se «domestica>. Aquiles es el «saqueador de ciudades». aunque los fragmentos aislados puedan ser viejos y conocidos por todos. y por la capacidad limitada de la memoria humana. Un ejemplo tan claro de persistencia de una forma en una fuente oral es testigo de su reproducción continuada en la cultura popular. musheke ni mu kong'a» y «Mbu ku mwan'a lilolo. el bardo elabora una nueva obra. Príns. el mar es «de color de vino». 588-589. Coh en y E. de la que hablaremos a continuación. el escepticismo. las épicas y narrativas. 1980 2. incluso cuando se ve ayudada por recursos nemotécnicos: por tanto. 1980.. S. «Proverbs and SOCílll History». las CUltUf¡lS orales son incapaces de innovar y deben olvidar. Y por tanto. Por tanto. Atenea es la de «ojos de lechuza". Desde luego.ogy 01 an Afncan LrJndstape. n. 1962. y no podemos saber hasta qué punto se vieron alterados. Los ptincipales problemas sobre los riesgos que puede implicar la utilización de la tradición oral están relacíonados con las tradiciones que no se han aprendido de memoria. posibilitaron el análisis del discurso de una forma diferente. 1988. The Soeta! HlStOry ofLanguagt: pigs. camos estas versiones modernas al lado del mismo refrán.) M. wa twe1anga matungu. the Hútoricat Atilhropol.ro de comunicación posibilitan el cambio de modo: «La escritura. La fórmula fijada de épica implica que la mayoría de la épica africana es narrativa bajo este esquema.. a su vez l nos indica que debe poseer alguna función cultural persistente 8. el paisaje geográfico en torno al hogar que describe un migrante puede demostrar. en Burke y Porrer eds. 34 [hay ed. y la méis famosa. Cambridge. y esto. uf an Afdean Landseape muestra brillantemente este aserto. literalmente (Kosida junta» (del verbo griego ). Casi un tercio de la Ilíada consiste en versos o bloques de versos que se repiten más de una vez. Por ejemplo. págs. escogidos y empleados siguiendo reglas establecidas 10. The Hidden Hippopotamur Reappraisa! in A/rican Hútory: (he Earty Co!oma! Expc-'1ience in Wertern Zambia. la aurora se describe casi siempre como «la de rosados dedos». de la racionalidad. y la lógica.. al darle a la comunicación oral una forma semipermanente: este análisis favoreció la ampliación del ámbito de la actividad crítica. y especialmente su forma alfabética. Este es el punto de vista que subyace a la argumentación del profesor Jack Goody en The Domestication o/ the Savage Afiud. Finley. es decir. ¿No nos encontramos ante una limitación agobiante? Incluso con una gama de alternativas. de acuerdo a ciertas reglas. Pero esta categoría y este método vuelven a suscitar cuesúones obvias sobre la limitación en cuanto a la cantidad de conocimiento que la tradición oral es capaz de contener o transimitir. cast. pero bajo formas recogidas por un misionero francés al principio de la experiencia colonial. 1. Por tanto. Algunos materiales de tipo forrn"ular son menos propicios para la memoria selectiva. Lo mismo ocurre con la Odisea. Un estudio africano de caso. y. Madrid. los poemas fueron escritos posteriormente. 43-72. a partir de este material. especialmente el de tipo abstrac¡. Ell los primeros 25 versos de la IHada aparecen 25 expresiones prefijadas. Slyaya. e~te tipo de composición oral no puede contener más que un cierto grado de conocímiento o precisión. Es una colcha de retales. . de forma muy viva. una vez que se haya procedido a su decodificación. The 'Y/ortd of OdY. aparece la cuestión de la memoria selectiva en las fuentes orales. 9 David W. y UOll resena en Ajncan Affairs. Siyaya: the Hlsturieal Antbrupolog. [listoría oral 157 hastante fuerte para sobrevivir a este proceso. 8 Para UO<\ díscusión más detallada de la importaneia y utjlidad de los refranes.O 188 (ocrubre 1989). por tanto. Obe1kevich. véase G. Pero no se trata de una repetición monótona. Londres. cuando los medio. es decir. Se encuentra limitado por el carácter no permanente de la palabra hablada. Así que la repetición de una fórmula juega un papel en la formación de ia obra. musheke ni mu k'ooga» 7. la identidad personal dentro de nuestra propia cultura viene dada con frecuencia por medio de una descripción semiótica de fronteras físicas. Penguin ed. Por ejemplo. Aumentó la potencialidad de la crítica porque la ~scritura colocó el discurso delante de nueStros ojos de una forma diferente. al mismo tiempo incrementó la potencialidad para el conocimiento acumulativo. El r'/unJo de OdiJeo. al realizar esta decodificación y usarla para desafiar la presunción convencional de que ]a migración lleva a la ruptura de relacíones 9. Se dan 36 epítetos diferentes para describir a Aquiles.. Atieno Odhíambo. Enüendo por «épica» la homérica: poesía heroica compuesta oralmente. hada 1890: «\Vo1 fulanga meyi matungu. pág. véase J. la reproducción cultural.

escribió un ensayo fundamental describiendo lo que llamó <((iempo oecológíca». 'Madison.» II Pocos hostoriadores orales estarían en desacuerdo con Goody cuando habla de la liberación intelectual que supuso la escritura. pero muchos. págs. 4174jj. Oxford. Essays in Social Htstory. es decir. «Time. Es mny conocida la técnica de la comparación interna de textos como medio de derrotar a la horneóstasis. Cambridge. E. PathJ in the Rain-forest. que se olvida lo que no resulta conveniente o lo que deja de tener significación funcionaL Sugiere que las culturas orales sufren una amnesia estructural. Goodv. Los eruditos islámicos evalúan las distintas versiones de la hadzth. las historias dinásticas y los re11 J. 1990. Vansina. El problema del almacenamiento de la memoria dejó de obsesionar la vida intelectual del hombre. 198'5J 12 ]. para alcanzar así el manto de la respetabilidad. el par de Credos en el Chile católico del XVII) para asumir la dis ciplina general del reloj. 40-41. estudiar un texto estático en vez de encontrarse limitada por la participación en el dinamismo del habla. la media hora que cuesta hervir el arroz en Madagascar. Vansina.. Madrid. En éste. el gran antropólogo que estudíó al pueblo nuer del sur del Sudán antes de la II Guerra Mundial. cultural mente autónoma y con un propósito determinado. en M. De hecho. en pos de la precisión erono u E. 1':::140. 37 [h'lY t:J.. Path5 in the Rain-rores! 12. Oxford. W. de forma razonablemente completa. Work discipline and Industríal Capi[aJism . al verse obligadas a ser selectivas por las limitaciones de la memoria. Salta inmediatamente a la vista. o muy nuevas. La categoría narrativa contiene frecuentemente tres clases de transmisión: las tradiciones del origen. E. 1960. Evans-Prítchard. C. en Armale~.salvaje. en muchos de sus primeros trabajos. ese tipo de amnesia estructural llega a ser total en muy pocos casos.Gwyn 158 Pr¡n~ to . según el contexto y los objetivos actuales Pero los historiadores exploradores. The NUl'r. y especialmente Vansina en Oral Tradition as History. \. Por ejemplo. discutirían su afirmación de que las tradiciones orales también deben ser homeostáticas: es decir. Smout eds. La dumeJticacióI1 del pensam¡ento'. Thompson.. adujo que el abandono de un concepto de tiempo que venía medido por la realización de una lavor específica (por ejemplo. se puede decir que cosas importantes son muy viejas. muestra cómo se puecIen desenredar y decodificar los div~rsos hilos de la madeja de la tradición. estas tres clases no existen dentro de los mismos conceptos de tiempo. que culminan en su obra maestra sobre la historia precolonial del Africa Ecuatorial Central. cast. siendo simultáneamente condición básica para su desarrollo y producto de ella l3. si se busca la precisión en la forma. Flinn y T. 1974. como Jos diferentes tipos de carne que se encuentran en un embutido.'¿aJ·~· también Jacques Le Goff. Los casos más graves de utilización incorrecta de la información oral han ocurrido al intentar cumplir este requisito. El historiador social E. fue parte de la aparición de la conciencia social carac~ terística de la sociedad índustrial. ¿cómo podremos resolver el problema de la datacLón? La segunda de las tres cualidades que buscan los historiadores obsesionados por la documentacíón es la precisión cronológica. Thompson. Wisconsin. The Domesttcation o/ the Savage Mimi. . el tiempo cíclico que se puede observar en la sucesión de las estaciones y no en el paso de los años. y no aceptan ninguna tradición para la que no exista información. presentes en el último eslabón de la cadena transmisora. págs.. \ 159 1listoria oral latos sobre la organización sociaL Ahora bien. para complicar aún más las cosas. la información puede venir toda revuelta. P. pág. sopesando el valor de cada uno de los eslabones de la cadena (isnád). esto es. n. por tanto. La mente humana quedó libre p2nl. P..O 15. El problema es fácilmente ilustrable. por lo que las tradiciones no pueden proporcionar una información histórica sólida.. «Au Moyen Age: Temps de l'Eglise et Temps du i\1archand». la importancia pasada o presente de un tema puede afectar su ubicación. ampliando este punto. los abusos cometidos con la información oral: los historiadores partidarios de lo escrito han tratado de extraer cronologías del tíempo sincrónico a partir de tradiciones exístentes en el tiempo «tradicional». 1977. Hay que comparar diversas varL~ntes y contrastar las fuentcs orales con otros de diversa procedencia. TrEMPO NO ESTRUCTURADO Tradiciones del origen TIEMPO <~TRADICIONAL¡¡ (con secucncüs pcro no sincrónico) Historias dinásticas Relatos de la estructura de! estado TIEMPO SINCRONICO Edward Evans-Pritchard. Pero incluso si se puede vencer a la homeóstasis y llegar a establecer qué tradiciones se hallan presentes en un testimonio. los 15 minutos para asar el maLZ en el oeste de Nigeria.

Multiplicaban una cosa por la otra parte y ¡he aquÍ. . Podemos tomar. en muchas de las cuales aparece la mítica Radio Armenia. que sigue cambiando» 17 Desde los tiempos de la glasnosl en la URSS. «A Cry for He1p . por ejemplo. una leyenda sobre reyes. Respuesta: «Sí. puede que la mísma secuencia temporal se haya distorsionado. Henige titula «La historia como política del presente" a uno de los capítulos más interesantes de su libro. es uno de los más impresionantes testimonios sobre la naturaleza de la vida y el funcionamiento sicológico de los campos de extermino. 1 de abril de 1990 (acerca del suicidio de Bruno Bettelheim e/12 de marzo de 1990). Los hundidos)' tos saf!}¡¡doJ.160 Gwyn Prins I listaría oral 161 lógica. se suicidaron. no se podía ni re inventar ni comunicar el pasado. O. Por ejemplo. El historiador de la experiencia soviética. por DíJvid Cannadine para reexaminar los mitos de la monarquía británica) ha sido una aportación metodológica importante que la historiografía europea ha tomado de la historia no europea. Una medida r~su¡ta más importante que las otras. Ninguno había logrado regresar. «The Context. Cambridge. The Chronology of Oral Tradifion. medidas defensivas. Geoffrey Hosking. ambos. del consiguiente carácter imperfecto de su interpretación. Como indica su título. y fue promovido por el académico Andrei Sajarov. El reconocimiento de la invención de la tradición ha sido una de las innovaciones más creativas y demoledoras de la última generación de académicos. The Chrrm%gy of Orat TraditlOn: Questfor (J ehimera. en T. en Observer. la carga de la supervivencia fue excesiva. sobreviviente de Auschwitz. la batalla por el control de la memoria ha sido muy dura. en relación al genocidio jlidio. como para Bruno Bettelheim. l' D.5. le preguntan a Radio Armenia: «¿Se puede predecir el futuro?). Esro es lo que sostiene el escritor italiano Primo Levi. otro. no se paraban a tomar este hecho en consideración. el gran sicoanalista freudiano. 1989. Un grupo incluso se llama Pamyat (Memoria). por tanto. 198. Su último libro. que fue lino de los pocos que lo consiguieron. además de una dosis de iconoclastia y escepticismo. eso no es un problema. 33 años.3. Recuerda a la autodefensa del prisionero que se hace pasar por tonto o mudo y que Alexander Solzhenitsyn describe tan vívidamente en Un Día e~l la Vida de Iván Demsovitch. Hay ciertos tipos de memoria que no podrán jamás recuperarse. debido a la forma misma en que se han perdido. pág. en cierta manera. 17 Geoffrey A. Performance and Meaning of Ritual: the British Monarchy and rhe "inventian of tmuition">. «Memory in a Totalitarian Society. 1974. excepto Levi. La recuperación de la memoria popular. y.. Los htmdtdos y los salvad05. 101-164.or of Re1easel>. the Case of [he Soviet Uniom> en Thomas Butler ed. Creemos que la utilización de este concepto (por ejemplo. Era literalmente impronunciable 16. en situaciones totalitarias. fechas para las culturas orales! Un historiador en particular. 115. Hobsbawm eds. perdida en la Siberia de la mente. Las situaciones coloniales presentan características similares.. The Invention of Trdditton. Levi hace hincapié en la índole personal de sus recuerdos y. En ciertas circunstancias especiales puede darse la imposibilidad de la recuperación. Quizás. Hosking. Ranger y E. Cogían. La invención de la tradición no es un fenómeno ni sorprendente ni deshonesto. subtitulada significativamente Quest for a Chimera (En Busca de una Quimera). con el fin de rescatar del olvido a las víctimas de Stalin. se diría que para él. Con el ardor y la dedicación de aquellos caballeros coleccionistas del X¡X. La reconstrucción de los hechos se encuentra un paso más Cerca de nosotros que el silencio. ha hecho saltar por los aires estas simplezas. Al final. para ellos. ya ancianos. David Henige. Oxford. tiene por nombre Memorial. Wesseling utiliza el mismo argumento en la pág. se sentía incapaz de recuperar la memoria sumida en las profundidades donde la mayoría de sus compañeros se había ahogado. los relatos de la estructura social y de la tradición doméstica generalmente se reinventan. nos trae también cierta esperanza J-l. Cannadine. Contaban el número de reyes mencionados. págs. Barcelona. digamos. I~ Primo Levi. especialmente en aquellas culturas en las que no exis~ te un único criterio para la verdad. podemos entender qué clase de tiempo tenemos entre manos y qué tipo de fines han sido los que han servido para conservar la tradición y la memoria. Sabemos exactamente cómo será el futuro. Por una vez. 1988. en contextos coloniales. 76. ha ilustrado la vida bajo el totaJitarismo con anécdotas orales. Calculaban que pot cada generación transcurría un espacio de. como por arte de birlibirloque. Un conocimiento de este tipo es casi siempre contextua!. Heníge. en la que requisitos interdisciplinarios y lingüísticos más severos han impulsado grandes avances en los últimos años 1. abarca desde reinm' africanos h8sta listas de reyes asirios. totalmente opuesto al ferviente nacionalismo eslavo y antisemitismo del primero. Nuestro problema es el pasado. Mkhael Ignatieff. No obstante. Oxford. se ha conver- 14 D.. al estar marcadas también por extremos de poder e impotencia. Memory.

se vestían como los hausas. Consideraba a In sociedad acéfala descrira por Forhes Gordon en términos relativamente jerarquizados. 19 History in the Prímary and Sccond. claro está. Presidente de ~a Cumisión :11 Segundo Congreso de Diputados del Pueblo (23 de diciembre de 1989). A principios de siglo luchaban contra los soldados blancos que tendían las líneas del telégrafo a través de sus tierras. El Grupo de Trabajo informó en términos similares a como lo había hecho la Inspección en 1985.¡ttle of Histoqm. los profesores y el Libro Azul. en 1989. incluyendo la oral. ellos se hicieron abande2. En 1930-31. a poner en cuestíón todas las verdades recibidas y a sentirse solida~ ríos con las vicisitudes de la gente del pasado como estímulo esencial para la imaginación histórica I'!. I listaría oral 163 <Siat» ministerial cuando el Sr. la ad~ ministración hritánica en Nigeria. ganándose así" la reputación de ser forajidos y traicioneros y. Le siguió un intento violento. los jefes tiv asumieron un ({disfraz) hausa ante los ojos coloniales: hablaban hallsa. La escala de tales invenciones puede ser grande. y lo que aún era peor. la Inspección de Su !v1ajestad publicó su visión de lo que consideraba que los ninos deberían aprender. Estas anécdotas intentan resllltar dos ?untos. En el momento de escribir. que informó al pleno del Congreso de [os Diputados del Pueblo. que enseñaban a los niños entre los 11 y los 14 años a discriminar entre la evidencia huena y la mala. a recOnocer la legitimidad de muchas clases de fuentes. el pacto entre Hitler y Stalin 18. «The Gre:1t B. Londres. El pueblo tiv de Nigeria Central no estaba compuesto por caballeros. describiendo un nuevO conjunto de consejos a diferentes niveles. 4 de "bril de 1990. 1985. impuso los puntos de vista que habían sido rechazados por el Grupo de Trabajo. . por lo que colocaron en la contraportada del libro las siguientes palahras de Nikita Kruschev: «Los historiadores son gente peligrosa. además de mostrar una animadversión a la imaginación histórica. Las fuerzas reformistas impulsaron la creación de una comi~ sión. profundamente paganos. Thatcher abolió el Consejo de Escuelas. encontró conveniente dejar de considerar a los tiv como un pueblo y los englobó con sus vecinos más numerosos. recién estrenado el cargo. Al igual que los modernos revolucionarios en la URSS. durante la 1 Guerra !\. Abraham. pág. O. tales corno el proyecto de Historia del Consejo de Escuelas. Downes. de los tiv sin acceso a un futuro patronazgo político. GUilrJlan. dejó constancia del carácter segmentado de sus clanes. el Residente hritánico. queda patente la fragilidad y maleabilidad del pasado ante las presiones del presente. A su vez.¡l Assessment oE tbe Soviet-Germ. lY<. Pero. publicado después de un largo retraso el 3 de abril de 1990). y por R. de ellos se desprendía un tufi110 de anarquía. oficial de distrito. El «Libro Azul» sintetizó muchas de las mejores innovaciones de los últimos 20 años.. Moscu. Son capaces de (rastornar todo. etc. largo y sin éxito por parte de ella y de la derecha radlcal para conseguir en 1990 que el Grupo de Trabajo Saunders Watson. También en Gran Bretaña se ha desarrollado una feroz controversia sobre la naturaleza de la historia. El informe Abraham-Downes ofrecía una nueva visión de los tiv. yn que no contaban con una jerarquía clara de jefes. un antropólogo del gobierno.lll Noo-AggressiDo Treaty of 1939)" Informe de Alexander Yakov!ev.Gwyn Prins 162 tido en una actividad política destacada en la segunda Revolución Rusa. Charles Forbes Gardon describió por primera vez esta sociedad. En 1985.. en sus recomendaciones al Departamento de Educación y Ciencia sobre el Curriculum Nacional. obsesionado por la documentación. los tiv fueron visitados y estudiados por R.» El gobierno de [a sra. La Siberia de la mente no es únicamente la tierra del silencio muerto sino también la de la negación viviente de la legitimidad. 23 (repasando la tormenta política sobre el Historv '\('orkíng Group Report. pero se vio rechazado por el l~ «On tbc PoliticaJ and Leg. que hiciera énfasis en el aprendizaje memorístico de fechas y «hechos».1 Martin Kettl~. C. sobre el rescate y reinterpretación de un hecho crucial. existe confusión y resentimiento entre los profesores de historia ante esta acción 2(\. los hausas.Jü. este artícuLo (febrero de 1991).lundiat. Cuando en 1907. Kenneth Clarke. En segundo lugar. ya que deja inermes a los sin voz frente a la esterilizadora condescendencia y la hegemonía excluyente de los gobíernos actuales. También se negaba la legitimidad de la historia oral. Por esto. escasa de recursos para controlar un país trIO grande.¡ry Ye3rs: an HJ\U View. el debate británico nos trae los ecos helados del caso soviético. se dejaba a la joven generación. alfabetizada. los Inspectores entendían perfectamente la importancia política del estudio de la historia. De forma muy servicial. Al legitimar a estos consejos y a sus jefes. triunfalista y localista. se centrara exclusivamente en un programa de historia política y constítucional hritánica de ínspiración whig.

la interpretacíón nacionalista de Ranger ha penetrado en el registro oral de las personas analfabetas. ]ol/rnal 01 Alrican Hútor}'. págs. las historias de familia de la gente corriente. también de África. de la «historia utilizable}) 23. 1974. ídern. O.ltds a Usable African Past~>. 29. alguna aldea tiv. ayuda a conceder sus proporcíones correct<ls al temor a la mala utilízación de la información oral en la búsqueda de una cronología. 607-631. tal como había sido descrita la primera vez. y.¡/ o/ A/ricall Hisf()')~ núm. En ambos casos. por curiosa coincidencia.5: A TribU!f:lo B¡J. en C. ]oumal 01 Africall HisI01"J'. la solución consiste en la utilización de fuentes múltiples. los eclipses de solo de luna. Otra investigación antropológica. 487-519. decidió que. a no ser que hayan dado muestras de ser conscientes del problema. convirtiéndose en la respuesta que se suele dar a las preguntas sobre estos hechos. ídem. a fines de los años 40. los tiv estaban gobernados por patriarcas que constituían una pirámide jerárquica. no debe servír de excusa la necesidad que de ella pueda tener unll comunidad de este tipo. 17-30. una secuencia histórica (10 que no implica necesariamente una historia con fechas muy precisas) a partir de las tradiciones orales formales. págs. Londres. págs. nos confirma la objeción que hace Vansina a la metáfora de la diva de ópera y su suplente. las historias dinástícas. Fyfe ed. en realidad. Aunque Ranger habla. 457- 477. El reconocer que los historiadores obsesionados por la documentación escrita también pueden caer en naufragios semejantes. n. y. pero también es triste perder toda posibilidad de construir una versión fidedigna de hechos ímportantes. reinventaba cortésmente su pasado. Esta es precisamente la vía de defensa contra la tradición inventada: no hay que confiar ni en la fiabilídad del testimonio oral que no cuente con otros apoyos. los alzamientos de 1836 como el antecedente directo del nacionalismo de Zimbabwe. Finalmente. y. la poesía laudatoria. Resulta interesante comprender los motívus pur los que se inventa la tradición. preconizado por los funcionarios británicos de la escuela de gobierno indirecto de Lord Lugard. y porque sabía que existía la posibilidad de la invención de la tradición 21. Mediante la aplicación de la duda sistemática. se dio cuenta de que los investigadores habean sido parte de la interacción histórica. ]úurn. T. Los mitos del origen. ]ouma! 01 Ajiican HirtorJ\ n. Londres 1L)7L) Ranger. Muestra cómo una creencia demasiado confiada en fuentes escritas que no cuenten con otros apoyos. '. 1977. Historia oral 165 riador obsesionado por la documentación escrita). convergentes e independíentes. 61-84. aquella técnica que Vansina ofreció como alternativ<cj al rechazar la metáfora de la diva. <.'lbolornp0>l. aparecieron dos antropólogos más. núm. "The Mfeeane as Alibi: Thoughts on Dirh<lkong and t\. y que. 1976. T. Para mayor precisión. a consecuencia de técnicas historiográficas incorrectas. En cuanto a la cronología es posible extraer. los refranes. Conocemos esta historia sólo p. '0. African Stud!es sir/ce 194. 1988.Hlger. unida a un respecto excesivo por los historiadores. Dorward. ni en la de nUestroS predecesores en la investigación. cada vez que aparecían extraños con una nueva imagen.<The Evolution of the NJebele Amabutholl. Rel'o/t in Rhodesl4. desde luego. {(The Absem Priesthood: Another Look ar [he Rhodesian Risings of 1896-97». «Tow. que veía alguna posibilidad de provecho. la épíca y la narrativa nos pueden proporcíonar acceso al interíor de un tiempo y cultura determinados.fil Davidson. 15. correspondía al modelo «normah> de autoridad nativa. Otra ejemplo. las calamidades naturales. los Bohannan. ¿Quizás~ después de todo..orque un historiador. 1974. existía un jefe nativo supremo? En el transcurso de 40 años. la del Tor Tív. todavía sigue vigente.~ 18. es decir.. Los restos arqueológícos. en 1940. puede resultar una combinación igualmente engañosa. O.O 1 '5. págs. no se trata de un problema que sea exclusivo de la historia otal. un jefe supremo por encima de los consejos. resulta necesario huscar la correlación con fuentes externas. en detrimento de otras tradiciones. . la concepcÍón existente sobre la estructura social de los tiv se había trastornado por completo. Ranger. la importancia e incluso la misma existencia de la «Mfecane}). Dorward. por último.164 Gwyn Prins rados de una nUeva causa. etc" pueden servir como puntos comunes de referencia. en otra de sus obras. mediante el análisis interno. histo- e ~l D. R. la dispersión de pueblos que se creía había sido consecuencia de la destrucción del estado zulú a mitad del siglo XIX n En el casO de los alzamientos. D. Julian Cobbing há puesto en cuestión tres cuestiones fundamentales de la historia sudafricana: la imagen popular de los matábele de Zimbabwe como cultura guerrera. 1896-97. Si utilizamos las fuentes 22 J Cobbing. págs. <~Ethnography and administration: the Smdy of Anglo-Tiv "Working Misunderstanding~>~. mito principal del nacionalismo del país (con raíces importantes en los estudios del británico T. Cada investigador europeo buscó a los «verdaderos» tiv. C. como el moderno Zimbabwe es una cultura de tipo mixto. y su estudio clásico de los tív como una sociedad de linaje segmentado.

North. ya sea de forma deliberada o por una símple selección errónea. Este cálculo nos recuerda con fuerza que la continuidad. en los años cincuenta. Por ejemplo. en el sentido que acabamos de comentar. Un ejemplo muy interesante 10 constituye el contraste entre la política c<lda vez más secretista y arhitraria de los ministerios británicos y la disponíbilidad de los documentos relativos a los asuntos británicos en los archivos de Estados Unidos. apoyada en la energía de una renovación continua. El matrimonio Opie logró todavía encontrar. Aquellos días en que el quinto conde de Rosehery podía confiar sus secretos más íntimos a su dindo. escondidos en sus botas y ropa interior. 19. nos podremos defender de la tradición in~ ventada. han acabado hace un siglo. Un tribunal boquiabierto escuchó el relato sobre las sesiones de destrucción de papeles a altas horas de la noche. El primer argumento eS muy convincente. en el caso de personas famosas. ria. y de este modo. y de los intentos de North para no dejar .Muchas de las críticas de los historiadores obsesionados por la documentación escrita dicen que los recuerdos personales son muy dados. d volumen de papeles oficiales se ha desbordado. perdura. había logrado copiar a lápiz este informe. gracias a la Freedom of Infarmarion Act. nos proporciona un sensacionn] ejemplo del colapso de la concepción que tienen los historiadores tradicionales sobre la documentación escrita. nos proporciona un ejemplo clásico. podremos reconstruir este tipo de pasado. que ponía en duda la solidez legal de la soberanía británica. lo que es equivalente a un período de más de 500 años entre adultos 24. La he colocado deliberadamente en una categoría por sí misma. el recuerdo personal se halla también presente en las sociedades ágrafas. sacaba de contrabando del Pentágono los documentos incriminatorios. La tradición formal. con gran cólera de la sra. se retiraron súbitamente de consulta ciertos documentos con discusiones antiguas sobre las islas. en 1982. que fue n continuación entregado a la prensa. Los autores demuestran cómo una adivinanza infantil puede conservarse intacta a través de una larga cadena de transmisión. con razonable seguridad. los Opie pueden mostrar versiones que remontarl su núcleo principal hasta 1725. The Lore and Language o/Schoolchtldren. la secretaria de increíble nombre del sr. confiar en encontrar y leer estos documentos. El recuerdo personal puede ser la prindpal fuente de información oral. requiere mayor explicación que el cambio. Desde entonces. obtener algunas fechas del tiempo cronológico.lSchoo!children.~" o. En el caso de unos versos sobre un granadero. La obra de lona y Peter Opie. Y P. y creer que podía creer en ellos. pero no es la única posible en sociedades con dominio de la escritura. de cómo la seductora Fawn (Cervatilla) Hall.J Iistoria oral 167 Gwyn Prins 166 externas para contrastar. cuando las deliberaciones del gobierno se reflejaban en las notas manuscricas de un grupo reducido y perfectamente identificable de personas. Opie. el segundo no lo es tanto. y. Se ha tenido que seleccionar para proceder a la conservación. entre In gente poco importante. cuando el historíador podía. pág. como iba a resultar. durante la Guerra de las Malvinas. Thatcher. a lapsus de memoH 1. inmutables al paso de los años. Oxford. porque las fuentes documentales escritas na se nos han legado de manera tan inocente como podríamos creer. The Lore and Laftg1la. El juicio de Oliver North. y. como podemos ver en las estanterías llenas de autobiografías políticas. puede inducir al error tanto como pudiera hacerlo cualquier otra fuente. se acusa a la memoria de poca fiabilidad. de ser un archivo que na admite comparación con los montones de documentos escritos. A la inversa.59. Debido a que una generación de niños es más corta que la de Jos recitadores lozí de proverbios reales que ya hemos mencionado. ¿Consisten los recuerdos personales en mera cháchara de viejos sobre los buenos tiempos pasados? Sí y no. Este tipo de recuerdos personales constituye la principal fuente de información utilizada por aquellos historiadores orales que estudian sociedades bajo el dominio de la palabra escrita. En ambos casos. Queda una clase de narrativa a considerar. Pero un historiador vigilante. acertadamente suspicaz. especialmente una opinión expresada por el Foreign Offic~ en los años treinta. Su alcance se extiende desde el umbral de la posibilidad biológica (aproximadamente unos 80 años) en adelante. el contenido de ¡os archivos. 108 de las 137 cancioncillas inhmtiles recopiladas en 1916 por Norman Douglas en London Street Games. 8. una adivinanza transmitida durante 130 años habrá pasado por 20 generaciones de niños. a autojustificaciones muy útiles a posteríori. pero es su rol en las sociedades que sí poseen el dominio de la escritura lo que constituye nuestro interés principal. digamos unos 300 individuos. el ayudante del presidente Reagan y artífice del turbio asunto del Irangate. . por lo que los expurgadores han puesto manos a la obra. porque se preocupa del individuo aislado y de sus experiencias.

entre las canciones nuevas y las tradicíonales. el testimonio oral. es muy conocido hasta qué punto el testimonio del gran guerrero de la guerm fría y secretario de Estado. Este es el caso de las deliberaciones de un comité británico sobre finanzas durante la Gran Depresión. estructurado por lo que él mismo considera de importancia. fácil de evitar. tanto al público como a los músicos. Se podría alegar que. se halla más cercano al manantial.mtología. en un bar de Kerry o Galloway. El recuerdo genera! de la vida de un informante. Percy Graingcr y Benjamin Britten son sólo unos pocos de los muchos compositores que. ya sea recogido en magnetofón (sin lagunas nixonianas) o mediante un trabajo de campo entre tribus de almirantes y secretarios de Estado. no obstante. se ha producido un regreso al mensaje oral. para la toma de decisiones fundamentales. Este fenómeno suele ocurrir con mayor frecuencia en contextos con una gran carga emotiva. Po/iticiow t1/ld ihe Slump. con un poco de cuidado. Cuando. incluso antes de brotar del manantial. por ejemplo. El primero es la influencia inconsciente de lo escrito en las culturas de tipo mixto. Montagu Norman. como su respuesta al Appropriatlons Committee: «todos los frnnceses tenían amantes y vendían postales pornográficns» pero que. a través de la tecnología informática. In encontró por azar. Existe también un segundo aspecto de esta influencia. sobreviven documentos.\[ 169 las fuentes documentales modernas. que reelaboraban las canciones originales en el momento mismo de su extinción. se lograron recuperar los mensajes que habían sido borrados de los bancos de datos. En los Estados Unidos. como Ewan McCol1. preveer fácilmente estos problemas. pero la versión pública de su testimonio no corresponde a 10 que. de hecho. de hecho. Además de la mala utilización. Sencillamente. lo que puede ser más complicado en el caso de fuentes documentales escrítas. que encontramos cuando e! predominio de lo l:scrito erosiona y finalmente borra las formas orales de recuerdo. Los mejores ejemplos son musicales. ampliamente cítadas en todos los trabajos clásicos sobre la época. utilizando redes informáticas para enviar sus mensajes. que sus palabras sufrieron muchos retoques. A veces. pero éstos son diferentes. Foster Dulles. Ambos tienen en común que pueden verse afectados por la invención de la tradición (como lo demostró la retirada de! informe sobre las Malvinas Jel Public Record Office). resulta difícil distinguir. Una técnica crítica puede. a principios de siglo. otro ejemplar se conservó en los archivos del Banco. era un testigo particularmente importante nnte el comité. «Francia era una útil propiedad inmobiliaria». Polit¡CzimI and ¡he 5lump. surge a la luz por casualidad. lo que actualmente se puede escuchar. gobernador del Banco de Inglaterrn. dijo. la diferencia entre el original oral y el texto oficiaL escrito posteriormente. pero posiblemente los problemas que conlleva la mala utilización de la información oral son más fáciles de localizar y resolver. tuvo que ser retocado por los funcionarios de su departamento. Así que. ¡he Labour Gobernment 0/1929-31. donde se puede producir la reinserción hermenéutica de una opinión escrita en e! testimonio oral de una persona analfabeta. constituye quizás el tipo de documentacLón más puro que podemos encontrar.168 GWYE Prins ningún indicio. La bioquímica de la memoria se encuentra todavía muy poco . Desgraciadamente para él. existen dos problemas que afectan a Lt fuentes de testimonio oral y que no se pueden soslayar. por puro accidente. Londres. Ralph Vaughan Williams. se refieren frecuentemente a decisiones tomadas en el transcurso de conversaciones telefónicas. 1967. Evidentemente es susceptible de presentar problemas tan graves como los que afectan a 25 R. Aunque la copia literal que existía en el Puhlic Record Office fue destruida. y. Algunos de los recopíladores modernos más conocídos. hoy en dia. como en un encuentro coloniaL Ya hemos mencionado la reinserción de la interpretación de Ranger en la cultura oral de Zimbabwe. de hecho. recogieron y/o utilizaron canciones folklóricas en sus propias composiciones.) Vernos así cómo el argumento sobre la fiabilidad se puede convertir en un arma arrojadiza. Skidelsky. que ha salvado y dado nuevo vigor a un gran número de canciones de trabajo y baladas de obreros y campesínos del norte de Inglaterra y Escocia. de Robert Skidelsky 2". eran también compositores. No se consideraha diplomáti~ co que el Congressional Record recogiera comentarios sabrosos sobre los aliados. que buscaba otra cosa. donde un historiador económico. y se pueden leer. cuyos informes desdeñaba. seguramente habrá pasado por el ciclo de la re inserción hermenéutica. Se ha sabido. pernicioso de diferente manl'ra. El río de Ranke queda contaminado por la invención de la tradición. (Sus obi/('1' dicta sobre Alemania y Gran Bretaña también son dignos de una . Hi~tor¡a or.

Milan. al final se encuentra atrapada en la pequeña escala. Triulzi eds. Se halla circunscrito por el contexto social. cuando Dios estaba en el cielo y todo estaba bien en un mundo a punto de ser destrozado en pedazos por la guerra. 263-268. como la obra maestra de Oscar Lewis. la información oral en la sociedad contemporánea ha sido muy utilizada por historiadores con un propósito ra~ dical. pero J 27 28 29 Osear Lewis.. especialmente en individuos que han entrado en la fase llamada por los sicólogos de «revisión de vida». . Thompson. Y de la obra de Seebohm Rowntree acerca de la pobreza en York en 1901. G. Una buena prueba de esta afirmación la tenemos en la monografía de Paul Thompson. The Edwardiam:' the Remaking ofBrrhsh Socrety. Los hz/os de Sánchez pero. incluso que sea históricamente liberadora. Londan. es que solamente era así para unos pocos. desde los más ricos a los más pobres. puede ser increíblemente precisa. escogidas para representar a todos los niveles de la sociedad. 209"224. D. Scaraffini. The Edwardúms ". Se encuentran estrechamente ligadas a la documentación de archivo debido a la técnica de muestreo utilizada en la selección de los individuos. lo que esperamos ver 26. Lowenthal. págs.170 Gwyn Príos comprendida. Passerini y 1. Posibilita historias en pequeña escala. C. forma obviamente la identidad personal y posee una notable estabilidad. como el trabajo de Williams sobre los judíos de Manchester. y no es ahí donde se encuentran las fuerzas formadoras de las teorías de los historiadores 2iJ. y no. incluso si la historia oral se muestra en toda su utilidad en el campo de la historia social. págs. Pero los estudios sobre sus diferentes tipos tienden a coincidir en que la memoria a largo plazo. ambos en B. Bergonzini. que dejó constancia de las vidas de los pobres de Londres hacia 1850. cuando vemos y recordamos lo que tenemos delante de nuestros ojos. 1978. 1. Precisamente ha sido la utilización de este tipo de recuerdos lo que ha constituido la mayor contribución de historiadores como Paul Thompson. de Charles Booth. y la historia oral reconstruye minuciosamente los detalles de las vidas de la gente común. 1985. El núcleo principal del libro lo constituye una serie de cinco viñetas formadas por recuerdos de infancias eduardianas. The Past is a Foretgn Country. los escépticos se siguen formulando. P. Pero. que estudió la vida y trabajos de los londinenses entre 1889 y 1903. págs. cuando el reloj de la torre de la iglesia de Grantchester todavia estaba parado a la tres menos diez. de todas formas. Son historiadores sociales y utilizan la información oral para dar voz a los sin voz. 1964. cuando todavia se tomaba mie! con el té. esto es especialmente cierto en los recuerdos intensos e involuntarios de la niñez. Los relatos resultan muy vivos. pero ¿es capaz de ofrecer una explicación? El testimonio oral permite una evocación descriptiva tan conmovedora sobre lo que representa ser un mejicano pobre. «Vita Quotidiana in un Quartiere Opemio di Torino fra le Due Guerre l'Opporto della Swria Orale». Este propósito ha figurado de forma destacada en la práctica de la historia oral. «Le Fonti Orale come Verifica della Testimonianze Scritte in una Ricerca sulla Antifascismo e la Resistenza Bo[ognese». El fragmento que he citado anteriormente sobre las vivencias de mi abuelo en la gran casa de Cornualles es uno de ellos. que constituye un intento de recrear la vida en la Inglaterra de los años inmediatamente anteriores a la Gran Guerra. dejando aparte la afinidad ideológica y el potencial para e! análisis estructural. lo que Thompson nos quiere recordar. puede que sea ilustrativa. Aunque no se trata de un instrumento radicalizador en sí mismo. Pero. como en el caso de los adultos. 1. Se trata de un periodo que en la memoria popular se encuentra rodeado de un romanticismo rosa. Los hIjos de Sánchez. de todas formas. Puede que sirva de ayuda. México. 202·203. La revisión de vida es el producto terminal de toda una vida de recuerdos. Las personas adquieren un «depósito de información» que rellenan con las relaciones personales. Pone en manos de los historiadores los medios para realizar lo que Clifford Geertz ha llamado «descripción sustanciosa»: relatos con la profundidad y los matices necesarios para permitir un análisis antropológico serio. Bernardi. ya sean de grupos. Según observa David Lowenthal. Una narrativa estable de revisión de vida en el depósito de información es el comienzo de la tradición oral a largo plazo. Levi. Fontt Orale: Antropologia e Storia. ya que. 26 I[iMoria oral 171 Los recuerdos personales permiten aportar una frescura y una riqueza de detalles que no podemos encontrar de otra forma. 1975. Poni y A. Sigue la tradición de Mayhew. como lo demuestra también el uso de los recuerdos personales en la historia italiana moderna 27. como señala el mismo Thompson en las primeras líneas de La voz del pasado: «Toda Historia depende en última instancia de su propósito sociab>. Cambridge. ya sean de orden geográfico: historias locales de aldea o de barrio. la pregunta que he mencionado al principio de artículo.

obsesionada por la documentación escrita. con los recursos electrónicos de tipo oral y visual de que dispone. plazo que puede ampliarse a discreción del gobierno. su opinión acerca de las causas principales de la crisis y toda la informción a gran escala sobre la que se apoya este nivel de su libro. Donald Regan. pudiendo así servir de estrmulo e inducir al historiador a analizar otras informaciones bajo una nueva luz. no sea que se dé auxilio y consuelo al enemigo. En primer lugar.\sesores del presidente Reagan en la Casa Blanca. leer e interpretar el «primer archivo» se basa decísivamente en su posesión de un «segundo archivo» muy específico y poco usual JO. en una fuente documental de importancia primordial. La capacidad de Lee para rastrear. que la intervención del astrólogo personal de la primera dama fue decisíca para fijar la fecha de la firma del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Limitado. . Los muchos años de Lee como encargado de los temas de defensa en la BBC le permiten conocer y tener la confianza de sus informantes. Ningún historiador de la política moderna. Las transcripciones de sus entrevistas con los principales actores de la obra se convertirán. Tanto en el pasado como en el presente. próximo a aparecer. Esta fuerza procede de la diversidad de las fuentes consultadas y de la inteligencia con que se han utilizado. los archivos oficiales británicos siguen cerrados. las reivindicaciones exageradas se derrumban. de la misma forma que éstas son su garantLa. el trabajo de campo es un ayudante invaluable del trabajo en los archivos. la información oral sirve para comprobar la fiabilidad de otras fuentes. publicó su relato justificatorio al dejar el cargo. Este hecho no le convierte en un nuevo tipo de historiador. La posesión de un «segundo archivo)) rico y variado (por ejemplo. El relato de sus enfrentamientos con la sra. próximo a aparecer. Nancy Reagan reveló. Thatcher opina que no se debe publicar nada relativo a las actividades de intelígencia de agentes británicos en la Rusia zarista. deshace la autoestima profesional de la historiografía tradicional. En este tema. Ya he señalado anteriormente que la evolución actual hacía una cultura más allá de la palabra escrita. Como ha señalado Vansina. Dará una visión diferente del periodo en que Gran Bretaña dejó de ser una superpotencia. a los que considera como los de la crisis eduardiana: la de las clases conservadoras sobre la cuestión de Irlanda y de malestar laboral profundo y extendido entre 1911 y 1914. En segundo lugar se da el efecto contrario. acepto los puntos de vista de los 'ctíticoso The Edwmdicms no constituye una justificación de las reivindicaciones más exageradas hechas a favor de la historia oral a partir de los recuerdos personales. en este sentido. v. jefe de los llj~toría oral 173 . reforzaron el cerrojazo. La fuerza de la historia oral es la de cualquier historia que tenga una seriedad metodológica. procede de la utilización inteligente de las fuentes escritas. por sí mismas. fuentes fotográficas y cinematográficas).172 Gwyn Prins no llevan el peso de la teoría de Thompson sobre estos años. según la regla que fija un plazo de . Muchos historiadores del siglo XIX eran «amateurs». Y esto es lo que está ocurriendo en el estudio. en el sentido de que escribían y vivían fuera del mundo académico. considerados como personas que practican un arte menor. Esto es lo que sucedió cuando el Sr. R Lee.JO años para la consulta de documentación oficial. de Christopher Lee sobre la política británica de defensa desde 1945. entre otras cosas. al igual que [e podría ocurrir <l. en lo que el profesor Hexter denomina «(el segundo archivm>. hecho que no se encuentra en {os papeles oficiales. Pero aunque las vifietas proporcionan ejemplos espléndidos. puede esperar fiabilidad si no emplea las fuentes orales (e incluso podríamos añadir. Ella y las enmiendas que hizo aprobar a la Official Secrets Act. Se dice que (a sra. algo que resulta obvio: ser un historiador completo. los temas de defensa. No se trata de una obligación a exigir únicamente a los historiadores orales. de forma más inmediata que otras fuentes. La documentación oral entra. corno por ejemplo. El recuerdo personal permite al historiador dos cosas. sumergido en la documentación oficial. el análisis que hace Thompson sobre las desigualdades sociales. capaz de utilizar las fuentes adecuadas para estudiar las diversas problemáticas de la historia contemporánea. También nos pueden proporcionar detalles minuciosos que de otro modo serían inaccesibles. más bien 10 contrario.'hitehalL Wamórs: Posfwar Defence Policy DeciswfI-making.. nueva y global. Todos los historiadores nos encontramos ante este mismo desafío. si considera que se trata de asuntos de índole confidencial. Este es el caso del análisis de las clases sociales que hace Thompson en The Edwardiatls. Así que. un historiador social interesado en el mundo gitano. a través de la expe30 C. ~n la cumbre de diciembre de 1987. en 1989. Un libro así no podía ser escrito por un historiador academicista. Igual que en el caso de la tradición oral.

Twilight eran fruto de sus recuerdos. sorprendentemente. fue despedido en varias ocasiones. los maestros artesanos que le enseñaron. el historiador debe también revelar lo que se hubiera sentido de haber estado allí: un bardo en la Grecia homérica. La profesión de historiador exige otras dos caracterlsticas esenciales. Jictaban las órdenes. especialmente en las culturas orales. Es efervescentemente vital. {dem Isambard Kingdom Brunel. fue testigo del estrangulamiento de las formas antiguas de trabajo y del desprecio por las antiguas destrezas artesanales. 1981. En un episodio notable. La tradición es un proceso que solamente está vivo mientras se reproduzca continuamente. En su apasionado libro. Para mostrarse consciente de los peligros de la tradición inventada. hasta que. de Londres al oeste de Inglaterra. 1983. que J IIistoria oral 175 había sido no sólo el contratista principal sino también el artesano más cualificado. y para ello se requiere más atención que para d cambio. Algunos historiadores creen que su tarea consiste en describir y quizás explicar por qué ocurrieron las cosas en el pasado. nos revela cómo la división del trabajo no era entonces la de ahora. Pero. Villard de Honnecourt (el constructor medieval de catedrales. Coleman empezó una larga investigación sobre la relación existente entre el mundo del arte y el del trabajo. The Art 01 Work: an Epitaph lo Ski/!. The Art o/V?ork: An Epitaph to Skill. a esto. Ambos en una edición conjunta. un cansado maquinista en un \1 A. y que nunca se molestaron en hacer uso de su experiencia. cuyos cuadernos de trabajos son. y. Su respuesta. como conclusión. a la que ha enriquecido su propia experiencia ferroviaria 31. a pesar de su apareme inmovilidad. Los historiadores del ferrocarril constituyen un excelente ejemplo. próximo a aparecer. Signalman ~\. y Signaf manj Tw¡/¡ghl. Aforning y Signalman!. la tarea del historiador es inspirar al lector confianza en su capacidad metodológica.174 Gwyn Prins riencía personal en lugar de las entrevistas) puede convertir a personas corrientes en historiadores. aunque útil. pasaje escrito gracias a su formación artesanal tradicional y que concluye con una exposición (de un tipo que jamás había encontrado cn un libro) de sus propias destrezas. Jl R. 1988. Las técnicas de ensamblaje unen en una misma fraternidad a Williams de Sens. de las explicaciones ofrecidas. Describe el proceso práctico de fabricación de una ventana. decidió dejar constancia de un mundo que se estaba perdiendo. que trabajaron para Vanbrugh y]ohn \XTood el Joven (anónimos a no ser que sepamos buscar las marcas que dejaron escondidas cn sus obras). lo constituye un asombroso libro sobre arquitectura. Otro ejemplo. se sintió indignado ante la arrogancia e incompetencia técnica de los arquitectos en cuyas obras trabajó. los precursores directos de Coleman). se pregunta por qué William de Sens había resultado el único berido en el accidente que ocurrió durante la restauración de la catedral de Canterbury. porque se hallan infravalorados 32. Londres. los fragmentos más significativos no podían haber sido fruto únicamente de los libros. La continuidad histórica ha de ser explicada. en cierta manera. a medida que iba adquiriendo el dominio de sus nuevas herramientas como historiador. de formación teórica y sin callos en sus manos. Signalman's Mornin!9 Londres. Ro~ ger Coleman procede de una familia de expertos artesanos de norte de Londres. Se convirtió en maestro carpintero en el momento que el proceso de descualificación laboral llegaba al mundo de la construcción. ¿Había sido siempre así? Empujado por su «segundo archivo». Londres. en el que el artesano simulaba ignorancia y los arquitectos. La descripción de cómo se hace una ventana en la actualidad sitúa histórica y analíticamente todos los aspectos de trabajos que generalmente resultan invisibles. su capacidad de análisis se profundizaba y escribía una interesante biografía sobre Brunel. Así comenzó un enfrentamiento sordo. también originado por la cólera ante la destrucción del mundo artesanal. Puede parecer vulgar. Sus primeras obras. . Este incidente aparece en un pasaje que muestra cómo Coleman recupera la cultura sumergida de los ensambladores. Coleman. por tanto. Esto es necesario pero no suficiente. London. En segundo lugar. trazada por Brunel. mientras adquiría por el camino las destrezas convencionales de la crítíca y la historia del arte. un aldeano en África antes de la llegada del hombre blanco. finalmente. y la nueva ventana en cuestión. los carpinteros anónimos del siglo XVIII. escrito por un carpintero ensamblador. Pero su relato no se limita. Adrian Vaughan trabajó como guardavía en la histórica línea. Vivió el período de crisis de los años sesenta. 1984. Vaughan. que nos enteremos de cómo se marcan y emplean los travesaños de madera con que el ensamblador traslada las medidas exactas del agujero de la pared a la estructura de la ventana. similar a las polémicas coloniales sobre la tradición inventada.

El poeta romano podría ser uno de nosotros. 177 . Léelo cun atención y. al leerlo.. Ovidio continúa recomendando técnicas para comunicarse con un amante a espaldas del marido: Que la casada tema al marido. la voz suena extraña. Habla de un problema que podría darse en cualquier época. su humanidad. Al leer sobre la lectura en El arte de amar nos parece oír una voz que nos habla directamente a una distancia de dos mil años. languideceran encerrados en su propia cultura. de pie bajo la parpadeante luz de un farol.176 Gwyn Prins tren victoriano. que la vigiLIncía de la casada sea segura: eso es 10 decente yeso mandan las leyes. Pero. en el tibio seno. que tu cómplice ofreznJ 5U espalda a tus escritos y lleve tus palabras en su cuerpo 1. en una oscura calle barrida por el viento. los historíadores en las modernas sociedades industriales de alfabetización masiva. Reagan. y cuando una cómplice puede llevarse las tablillas escritas ocultándolas bajo el ancho corsé. como amantes abandonados. la mayoría de los historiadores profesionales. 1 Ovidiú. y siempre con su escepticismo sobre el quehacer hístórico. La historia oraL con su riqueza de detalles. Verás. un jefe de los asesores del sr. es decir. averigua por sus términos si miente o si te corteja de corazón y enamorado. Capítulo 7 HISTORIA DE LA LECTURA Robert Darnton Ovidio da consejos sobre cómo (eer una carta de amor: «Unas palabras escritas en tablillas de abeto sondearán el vado. se encuentra mejor preparada para estos componentes vitales de la tarea del historiador: la tradición y el recuerdo.~) Resulta extraordinario. que parece existir fuera del tiempo.rs Ama/orla. Sin acceso a estos recursos. libro III. y cuando puede esconder el mensaje sujetándolo a su pantorrila y llevar las dulces palabras bajo su pie calzado? Si el guardián se precaviese contra estos sIstemas. aunqu<: te vigilen tantos como ojos tenf<l Argos. con sólo tener una firme voluntad.. versos 469-72 y 613-26. ¿te podrá el guardián impedir que escribas cuando dispongas del tiempo del aseo. Pero si escuchamos más adelante. que una sirvienta de confianza escriba el mensaje. el pasado y el presente. si esto no es posible. [os burlarás. su emoción frecuente. hay que decirlo y explicar el porqué. A.

'lIl1\11 motivos centrales. Carla Ginzburg encontro a uno. sin duda. Se cree que Las penas del joven Werther provocaron una oleada de suicidios en Alemania.1{'J o[ French Culturu/ Hútm}'(. sus respuestas se ajustaban a las solicitadas por Rousseau en los dos prólogos a su novela.!\Jueva York. ¿cómo podemos recuperarla? Podríamos comenzar investigando la lista de lectores. muy lejos del alcance de los oídos romanos." En mi investigación sobre el siglo XVIII en Francia tropt"n' 11111 1111 sólido lector de clase media. cuando sea posible. llistoria de la lectunJ 1. ¿No sería la Werthe~fieber un fruto maduro para el análisis? Los prerrafaelistas de Inglaterra ofrecen ejemplos similares de la imitación del arte por la vida.178 Robert Darnton Se espera del amante que desnude a la sirvienta y lea su cuerpo -lo cual no es exactamente el tipo de comunicación que asociamos hoya la correspondencia epistolar-o A pesar de su aire de fascinante contemporaneidad.1. Los ejemplos de Menocchio y Ranson nos hacen pensar que leer y vivir. En el interrogatorio por sospechas de herejía.lje debemos conocer algo sobre mitología romana. Rouss~'HII había recibido un torrente de cartas de lectores como Ranson. Tras la publicación de La Nouvelle Héloise. Leer a Ovidio es enfrentarse al misterio de la lectura misma.. Al comparar los textos y los comentarios. Lectura y vida corrían paralchu'!. habida cuenta de la evolución de su redacción material y de los libros en cuanto objetos físicos-. como pretende Ginzburg. crónicas y libros de viaje del tipo de los que existían en muchas bibliotecas patricias. <ldemás. un te3 Robert Darmon. Deberíamos poder imaginarnos a nosotros mismos como la esposa o el patricio romano y apreciar el contraste entre moralidad formal y comportamientos de un mundo entregado a la exquisitez y al cinismo en un momento en que se predicaba el Sermón de la Montaña en una lengua bárbara. nuestra relación con ellos no puede ser la misma que la de los lectores del pasado. a una antigua tradición popular. Ginzburg descubrió que Menocchio había leído una gran cantidad de relatos bíblicos. Ningún lector moderno es capaz de Horar sin consuelo a lo largo de los seis voltimenes de La Nouvelle Heloüe como 10 hicieron sus antecesores dos siglos atrás. técnicas de escritura y vida doméstica. Tbe Crea! Ca! . un humilde molinero fríulano del siglo XVI. aunque sus tex[Os hayan llegado hast<l nosotros inalterados -cosa virtualmente imposihle. Pero en su tiempo. en los papeles de la Inquisición. hll'. Había enseñado a sus lectores cómo leerlo. págS". Actualmente esta sensibilidad está agotada. 215-56. Menocchio no se limitaba a recibir los mensajes transmitidos a traves del orden social. Rousseau cautivó a toda una generación de lectores revolucionando la lectura misma .llir fuera del tiempo para establecer contacto con autores que vivieron hace siglos. La nueva manera de leer funcionó tan bien que La Nouvelle }feloiSt: se convirtió en el mayor éxito de ventas del siglo. comparar los informes de las experiencias de los lectores con las relaciones de lecturas que aparecen en sus libros y.udcre and other Episo. Se trataba de un comerciant!. di' IZousseau al edificio de su vida cuando moneó un negocio. Podemos disfrutar de la ilusión de s. C. Leía con beligerancia. Pero. Se discute si esta visión puede remontarse. the Fabrieation of Romantic Sensitivitv». se t"11I1II1l1 ró. 1984). transformando los contenidos del material que tenía a su disposición en una visión del mundo radicalmente no cristiana. crear textos y dar sentido a la vida estaban mucho más reJa· cionados en la Edad Moderna que lo que lo están en la actualidad. en una abundante serie de cartas escritas 1'01' !(wll son entre 1774 Y 1785 que muestran cómo el rousseaunismo fu~' &lit sorbido por las formas de vida de la burguesía provincial bajo el 1\11 tiguo Régimen.. 1981). en mi opinión. con su conducta. El arte de amar nos catapulta a un mundo que apenas somos capaces de imaginar.M ¡tll chelle llamado Jean Ranson. en: Darnton. Se trata de una actividad a la vez familiar y extrana que compartimos con nuestros antepasados.MtJ. la posibilidad de estudiar la lectura como una actividad practicada por la gente común hace cuatro siglos 2. la fuente individual más importante de la sensibilidad ro· mántica. sino que incorporó las ¡tlt'". .Readers Respond to Rousseau. Pero antes de saltar a las conclusiones. 2 Carla Gínzburg. Para comprender su mens. aunque Richardson hubiera levantado ya algunas olas considerables en Inglaterra. Les había asignado funciones y [es había ofrecido una estrategia para entender su novela. El queso y los gusanos (Barcelona. El correo revela que los lectores respondían por toda Francia como lo hacLa Ranson y que. La lectura tiene su historia. pero Ginzburg demuestra. Menocchio respondió con una tirada de títulos y comentarios detallados sobre cada uno de ellos. .: dt" I. necesitamos revisar más archi· vos. Pero. 1(11". aunque nunca sea la misma que ellos experimentaron. el inquisidor preguntó a su víctima sobre sus lecturas. se casó y educó a sus hijos. la primera marea de correspondencia de admiradorl's en la historia de la literatura."11 110 sólo leía a Rousseau y lloraba. un rousseauniano apasionado.

El mundo de la lec· tura en Inglaterra no dispone de una fuente comparable.. BookJ ami SOClf'iy Úl HiJtory. 2 vals. in [he Eighteenth Century». para el periodo posterior a 1557. Robert Estívals y Frédéric Barbier han seguido el rastro de la evolución de los hábitos de iectura desde el siglo XVI hasta el presente. YJames Smith AlIen. Der deutsch-letemische Büchermarkt nach den Leipt. Pero los historiadores del libro han sacado ya a la luz una gran cantidad de información sobre la historia externa de la lectura. que data del 1594. Bennett. Studles on Vo/ta/fe and the . Existen docenas de cartas en la correspondencia publicada de Voltaire y Rousseau y centenares en los papeles no publicados de Balzac y Zola 4. 19831. 1980 Basteon. 1770 und 1800 In reiner Gliederung und Wa. 1886-1913. ofrecen en términos generales un índice de la lectura en Alemania desde el Renacimiento.. en Francia.). Pocos de ellos son lo suficientemente ricos como para proporcionarnos incluso acceso indirecto a los elementos cognitivos y afectivos de la lectura y algunos casos excepcionales no pueden ser suficientes para reconstruir los aspectos internos de esa experiencia.000 entradas para el periodo de 1638-1783. ~ Como ejemplos de esta litewtura.diung (Leipzig.Jean Marón. puede ser suplementado para el período posterior a 1797 por los Hinrichsche Verzeichnisse. 233-52. Greg y otros abundante material que les permite rastrear la evolución del mercado del libro inglés. citados en la bibliografía pero nunca publicados) ~.!ary y Miss Lonelyhearts. pero no fácil. existe una gran masa de información cuantitativa en los catálogos de títulos abreviados que arrancan de 1475. gracias a una fuente de especiai riqueza: los catálogos de las ferias de libros de Fráncfort y Leipzig. 19691. S. Aunque la tradieíón británica de la bibliografía no favorece la creación de estadísticas. H S. Posible. una población indeterminada de «fantasmas». Johann Wo¿jgang Goetht': Die Leiden des Jungen Werthers. los documentos no suelen mostrarnos a los lectores en plena actividad. W. cuando Londres comenzó a dominar la industria de la impresión. Johan Goldfríedrich. En cualquiera de esos casos la ficción podría cobrar vida y ser comparada con documentos -suicidios reales. Bennett. W. 1974). 1965). Papers of the Association of College and Research Libraries Rare I300ks and Manuscripts Preconference. que se extienden desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XIX. En las curvas de sus gráficos pueden observarse muchos fenómenos enigmáticos como la decadencia del latín. han sido explotados por una serie de historiadores del libro alemanes a partir de la publicaeíón por Johann Goldfriedrich de su monumental Gesehiehle des deuIsehen Buehhandels en 1908 y 1909.igp Ostermesskatalogcn L'on 1740. en: Kenneth E. 1970'. El macroanálisis ha florecido. y. 4 vols)~ RudolE Jenmch. además. ver Kurt Rothmann. Los alemanes han construido una serie estadística aún más amplia. Giles Barber. 24-28 June. \ listada de h lectura 181 garon por el público cultivado entre la época de Descartes y la de Bouganville. el «dónde» y el «cuándQ) que pueden ser de gran ayuda para atacar los más difíciles <~porqués» y «(cómos). Geschichte des deutschen Bw. En efecto. sería posible desarrollar una historia y una teoría de la respuesta del lector. Massachusetts (Nueva York y Londres. Bennett. sobre todo. English Books & Readt'rs 1558 to 1603 (Cambridge. 1912). págs. En resumen. Thomas TanseHe han calculado las cifras de lectura en las primeras épocas de Norteamérica reelaborando la enorme Americtln Bibliography de Charles Evans (18. pero. 199-230. Fran~ois Furet. la fascinación general por el mundo inmediato de la naturaleza y los remotos de países exóticos que se propa~ ~ Como ejemplos de estos temas. Giles Barber ha trazado algunas gráficas al estilo de las francesas a partir de los informes de clientes y Robert Winans y G. que incluye.hhandels (Letpzig. amoldando sus mentes a los textos. Carpenter (ed. Los estudios dedicados a saber quién leyó qué en distintos momentos son de dos tipos. y los documentos son también ellos textos que requieren así mismo interpreración. Englzsh Books & Readen 1603 ro 1640 (Cambridge. Tras haberla estudiado como un fenómeno social. el «qué».) Aunque los catálogos tienen sus inconvenientes. La Statistique hibliograph!<fue de la France 50115 la munarchte au XVIll" 5iéde (París Ji La Haya. (Suagart.]80 Robert Darnlon ma cuyas huellas pueden seguirse desde Don Qutjote hasta Madame BOl. diarios y cartas al editor-o La correspondencia de los autores y los documentos de los editores son fuentes de información ideales acerca de los lectores reales. págs. (El catálogo de Fráncfort se publicó sin interrupción desde 1564 hasta 1749 Y el de Leiplig. Frédéric Barbier. Henri-Jean Martín. ver Henrí. registros de privilegios de libros y la publicación anual de la Bibliographie de la Franee. ~(History and the Novel: Mentalité in Modern Popular Fiction». 1965). Robert Estivals. por desgracia. demasiado amplia para poderla citar aquí en deralle. el auge de la novela. sirviéndose de series a largo plazo construidas a partir del dép61 légal. HiJtory andTheOlY 22 (1983). Jos documentos de la London Stationers' Company han proporcionado a H. pou/wirs et soát'té ti Paris au XVll' sikle (159817(11) (Ginebra. Livre. «Boob frum the Old World and for che New: che British International TrJde in Books. macroanalíticos y mieroanalíticos. Erlauterungen und Dokumente. donde se nutre de la tradición vigorosa de la historia social cuantitativa. «The Publisning Industry aod Printed Output io Nineteenth-Century France». son capaces de dm respuesta a muchas de las cuestiones sobre el «quién».

Daniel Rache y Michel Marion señalan una tendencia similar al analizar los archivos notariales parisinos. a pesar de sus deficiencias.000 en 1800. Confirman. pero las generalizaciones parecen a veces demasiado generales para resultar satisfactorias. Por ejemplo. HalL Richard D.600 títulos en 1770. y los estudios de las ordenaciones de clérigos y las prácticas de enseñanza realizados por Dominique]ulia 7. 185-224.que. como los libros clasificados bajo el epígrafe de «sciences et arts). La novela. págs. Joyce. págs. Livre el société datlJ la france dtl XVlIIe siecle (París. inadecuadas pata identificar fenómenos particulares como el Debate Sucesorio.'Buchproduktian und Lesepublikum in Deutschland 1770-1780». las cifras indican un gran salto adelante en la producción literaria alemana tras un siglo de predominio francés. Paul Raabe. Una publicación similar francesa. Pero en los siguientes cincuenta años. que. cuando las cifras alemanas remontaron. 174-85. Daniel Rache. <óo01e Statistics on American Priming. La Slatistiqtle bibllOgraph. en: Willia01 L. las solicitudes de autorización para publicar nuevos libros (privtle'ges y pemlissions tadtes) llegaEzghteenlh Cenfury 151 (19761. como la burguesía. Mientras Voltaire y Rousseau entraban en la vejez. «Noblesse et culture dans la France du XVIII": les Jec[ures de la noblesse».315-64. pág. «BibliDgraphy and the Cultural HistorÍan: Note8 on the Eighteenth Centun' Novel». a los 2. y G. lB} ron a 729 en 1764. más vigor08a de lo que podría creerse si se tiene en cuenta únicamente las historias de la literatura convencionales 6. . . las investigaciones cuantitativas en otras áreas de la historia social -por ejemplo.200 títulos de novedades publicadas. luego. y los nuevos tí~ tulos presentados en e! dépót légale en 1800 sumaron la cifra de 700. Según Robert Estivals.000 autores vivos en 1772 y 4.309. BtDwn y John B.Imd Graphlksammler 21 (1977). A partir de 1750 se impusieron géneros nuevos. The Press& the Amertcatl Revolution (Boston. Hench. Philoblblm: úne Vtáte&ahrsschrzft fiir Buch. «La "librairie" du Royaume de France auIS sÍecle».182 Robert Datnton Ilistaría de la lectura Todas estas compilaciones y cálculos han proporcionado ciertas guías para llegar a los hábitos de lectura. Winans. Todos los estudios indican una caída importante en la literatura religiosa durante el siglo XVIII. en: Furet et al. 198.-' casi eptdémica de lectura. Las novelas.(eds.187 autores en 1757 y 2. No obstante. Robert B.3-. el crecimiento francés resulta relativa mente modesto. Un almanaque literario alemán. desde Corneille a la Encyclopédic. los libros de viajes y las obras de historia natural tendieron a imponerse masivamente sobre los clásicos en las bibliotecas de nobles y burgueses ricos. Alemania contaba también con un nÚmero mayor de escritores. cuando incluyó 1. parece estar siempre en ascenso.. La mayoría de los cuantificadores distribuyen sus estadísticas en categorías vagas como la de «artes y ciencias~) y «be/les-Iettre. El catálogo de Lcipzig no alcanzó el nivel logrado antes de la Guerra de los Treinta Años hasta 1764. Con el arranque de! Sturm und Drang llegó a los 1. págs. según las estadísticas de Henti-]ean Martin. Tho mas Tansc11e. aunque la población de las áreas de lengua francesa y alemana fuera más o menos la misma. Pero. 2-16. los cuantificadores han descubierto algunos modelos estadísticos significativos y sus logros podrían parecer aún más impresionantes si incrementaran sus esfuerzos por establecer comparaciones entre un país y otto. págs.:ois Furet. . La producción de libros creció de forma constante durante un siglo a partir de la Paz de Westfalia (1648) -un siglo de gran litera· tura. Goethe y Schiller vivían en plena creatividad literaria.ois Furet descubrió un decllve del mercado en las antiguas ramas del saber. págs. 6 EstÍval8. tinta. No hay duda de que diversos tipos de documentos y modelos de medición pueden producir resultados diferentes y que las fuentes oficlales excluyen la enorme producción ilegal de libros en Francia. Das ge¡ehrte Teutsch!<md. . especialmente la literatura humanista y el latín clásico.300 en 1776. Hench leds.).32.ng atld Society In Early America (Worcester.3). Los franceses siguieron una pauta dis. las estadisticas sugieren que el renacimiento cultural de Alemania en los últimos años del siglo XV]]I estuvo vinculado a la fiebr<.l.367 en 1769. Las comparaciones estadísticas proporcionan también ayudas para trazar el mapa de las corrientes culturales. que coincidió con la decadencia en Alemania-. David D. las de Miche1 Vovelle sobre ritos fu· nerarios. habían Horecido un siglo antes. listaba 3. 1981). la Ilustración o el renacimiento gótico -Jos ternas que más han atraído la atención de los estudiosos de la literatura y los historiadores de la cultura-o La historia cuantitativa de1libro tendrá que afinar sus categorías y precisar su enfoque antes de poder producir un impacto mayor en tas tendencias del mundo académico. 1764-178_h. L<lS estadísticas campararivas entre escritores se basan en mis propios cálculos. Fan¡. en: Bernard Bailyn y John B. y las gráficas caen en tos puntos esperados -sobre todo durante la Guerra de los Siete Años en Leipzig y durante la Primera Guerra Mundial en Francia--. e ¡ Fram. Tras presentar en taHas los privileglos de impresión en todo el siglo XVIII. el llamado Lesewut o Lesesucht. 896 en 1770 y sólo 527 en 1780. Prln/. el Jansenismo. además. 1965).600 en 1789 y a los 5. en: Buch .N. La France Littéraire. incluía 1.

wria de la lectura 185 I. págs.» 8 ASÍ. ellO por ciento eran historia. [a mayoría cstaríamos de acuerdo en que un catálogo de una biblioteca particular tltld Sammter. académicos. and tbe German Readzng Pub/!¿" 1740-1800 (Oxford. Y el estudio de las bibliotecas Il. magistrados. inglesas y norteamerícanas cayeron en unas pautas llamativamente similares: del setenta al ochenta por ciento de los libros pertenecen a la categoría de ficción recreativa (novelas en su mayoría). ver Arthur Pierce Middletun. los tipos de préstamos en las bibliotecas alemanas.. la obra de Mornet sigue resultando aún impresionante. 19'52). September 1977 (Heidelberg. Production. 1-:1 ensayo de Daniel Momet publicado en 1910. «Les enseignements 1les bibliothegues privées» demostró que el estudio de los catálogos lle biblioteca puede generar conclusiones que desafían los lugares coll1unes Je la historia literaria. Según Eduard Reyer y Rudolf Schenda. Studten zur Sozw/gescbichh' dl'r populri"ren Lesestoffe 1700-1910 (Frándorr. Les aft/ludes de~'t1r¡t 1. más de 10 que uno sería capaz de leer. Pero el ojo del notario abarcaba en Francia un considerable campo. Los investigadores franceses han estudiado la lectura en los estratos sociales de diversas ciudades -el Caen de ]ean-Claude Perrot. Disponemos de cientos de listas de libros de bibliotecas desde la Edad Media hasta e! presente. 1970). sacerdotes. Suena demasiado cósmico como para tranquilizarnos. registros notariales de libros de los legados de personas difuntas. donde Rudolf Schenda considera los inventarios lamentablemente inadecuados como guía pata los hábitos de lectura de la gente corriente. En su mayoría. por tanto. por ejemplo) con ciertas clases de lectores (1a burguesía). Los franceses han tomado la delantera también en este terreno. . se basan en inventaires apres déce's. si bien éste suele caer en el extremo opuesto: un detalle excesivo.. Sin embargo. los años de la Wertherjieber. Rechenhes sur les blMlOtbeques ¡mvées d Paris au milteu du XVIII' sréde (]750"1759) (París. Private und iJjfentlicbe Bibho/beken im 18. Quienes prefieran la precisión pueden recurrit al microanálisis.] mort d'apre's tes clauses des testaments (París. Rudolf ]entzsch y Albert Ward descubrieron un fuerte descenso de libros en latín y un correspondiente incremento . el Languedoc de Madeleine Ventre-.. con el «quién» de la lecIllra.·"tálogos Je bibliotecas del siglo XVllJ. 467. criados domésticos.>. 197. Son..uede servir de perfil de un lector. Setenta años después. Vo/k obne Bucb.¡ry (Williamsburg. Examinar el catálogo de b biblioteca ele ~Jonticello equivale a inspeccionar cómo estaba 1'I>11stituida la mente de Jefferson 9. Las librerías rebosaban de obras de autores completamente olvidados y no ofrecían un fundamento para vincular ciertos tipos de literatura (1a obra de los filósofos. algo parecido a la «eliminación de lo misterioso en el mundo». El auge de la novela compensó un declive de la literatura religiosa y el momento crítico puede situarse. con toda su variedad y contradicciones ocasionales.i\lichel Vú vellc. . 1974): Rudolf Se henda. artesanos e. El mundo de la lectura se habia transformado en poco más de dos siglos. El estudio más completo del área alemana es probablemente el análisis de inventarios de Fráncfort del Meno a finales del siglo XVIII realizado por Walter Wittmann. No lo acompaño ningún clérigo). fabrbundert Gesamihoschschule V('"Uppr. especialmente en la década de 1770. Indica que e! 100 por cien de oficiales de aIra qllC ? Sobre el modelo ele ]efferson de una biblioteca mlnima para un caballero educado peru no e~pecia[mente estudioso. FictiOtl.184 Rllbert Darnton Los análisis tematlcos sobre la lectura en Alemania complementan a los franceses. mucho más que en Alemania. el Paris de Miche! Marion. víctimas de las tendencias sesgadas introducidas en esos documentos. Las tres novelas marcaron el triunfo de una nueva sensibilidad literaria y las últimas frases del Werther parecían anunciar el advenimiento de un nuevo público lector junto con la muerte de la cultura cristiana tradicional: «Handwerker trugen ihn. burgueses. casi en todos los casos. 8 ]entzsch. descubrió sólo un ejemplar [le] libro que seria la Biblia de la revolución francesa. el Contrato so(jal de Rousseau. los estudios microana-líticos sugieren ciertas conclusiones generales. '1·27: Michel Marjon. Albert Ward. aunque nadie lea todos los libros posee y si mucbos que nunca adquirió.lrticulares tiene la ventaja de unir el «qué. Piété baroque el décbristianisalion en Prr. A ViI'ginia Genttetrtalts Libr.'rta(Universttiü MÚnS!N /)mn 26. 19781. Der deutscb-lateittiscbe Biú:hel'm<1rkt. Tras relacionar los títulos de quinientos . Las penas del joven Werther provocaron en Alemania una respuesta aún más espectacular que la de La nueva Heloísa en Francia o Pamela cn Inglaterra. 111'. Tahrhultdm Co/!oqui¡¡m dn Arbeüsstelle 18. pág. Book. 19791. y menos de un uno pot cien entraban en la categoría de religión.J!'ence au XVIII' silcü. en la segunda mitad del siglo XVIII. Kein Geistlicher hat ihn begleitet (Artesanos llevaron su cuerpo. Actualmente disponemos de estadísticas sobre las bibliotecas de nobles.' de las novelas en los catálogos de las ferias de Leipzig y Fráncfort. incluso. que por lo general des" precian libros de poco valor comercial o se limitan a afirmaciones vagas como «una pila de libros.-28. a finales de! siglo XIX. biografía y viajes. Pero en torno a ella ha proliferado una extensa bibliografía.3)..y regiones completas -la Normandia de lean Quéniart.

Revue d1Jistoire littérrure de la France 17 (1910). al igual que las demás. mucstnm una notable (. El estudio de Walter Wittmann y otras obras relacionadas se discuten en Schenda. de las novedades publicadas en Alemania entre 1770 y 1810 lo fueron por suscripción. La obra de Wallace Kirsop sugiere que estas investigaciones podrían tener más éxito en Francia. Volk Dime: Bwh. Los microanalistas han presentado otros descubrimientos -tantos. pues. que se enfrentan a los mismos problemas que los II ReinharJ Wittmann. 12 John A. las listas de suscripción no nos proporcionan una perspectiva precisa de los lectores. catteles. . muchos libros se publicaron por suscripción y contenían listas de suscriptores. págs.democratización» de la lectura en la década de 1760: el número de libros prestados se duplicó. págs. según cíertas críticas devastadoras que Reinhard Wittmann ha dirigido contra los estudios de listas de suscripción. Una visÍón general de la literatura francesa con referencias bibliog:Hicas. incluyen otros que . 1984). Así. McCarthy. donde la edición por suscripción floreció también a finales del siglo XVIH. IJstoria de la lectura 187 1)ejan de lado nombres de muchos suscriptores.e extienden de 1666 a 1928. los prestatarios provenL<1n de bs capas sociales inferiores (entre ellos algunos porteros. Los investigadores del Proyecto de Bibliografía Histórica de Newcaste! upon Tync han utilizado estas listas para trabajar en una sociología histórica de la lectura. Beitrágf zum Ide1'a1'lSchel1 Lebert 1750-1880 (Tubinga. "Le mecanismes éditoriaux». Buchmm'kt utld Lektiire im 18. Según Wolfgang Milde. de la cual han apatecido los dos primeros volúmenes que cubren el periodo hasta 1830. el 35 por cien de maestros artesanos y el 26 por cien de jornaleros poseían libros_ Daniel Rache halló un modelo similar entre la gente corriente de París: sólo el 35 por ciento de los trabajadores asalariados y criados domésticos que aparecen en los archivos notariales en torno a 1780 poseían algún libro. 204-41. desde finales de! siglo XVII hasta principios del XIX. Sobre el lector común parisino. pero la lectura no tomaba la forma de los libros mostrados en los inventarios. en París. cartas personales e. Las más notables son los registros de préstamo de la librerLa ducal de Wolfenhüttel. 1982). pero son pocas las que han sobrevivido. fahrhundert. «Lektüre und Lesertypologle im 18. muestran un número de usuarios similar en ese momento -unos cincuenta por año. Hoy en día. Pero Rache descubre muchos indicios de familiaridad con la palabra escrita. en: Htstoire de l'éditlOtI franraise (París. 1982-). pero disfrutaban de la hospitalidad de unos tiempos de mayor sosiego. Una gran mayoría poseía escritorios perfectamente equipados con material de escribir y rebosantes de papeles familiares. Estaba constituida por libtos de rezos. Las listas de suscripciones han sido una de las favoritas. págs. en realidad. 1981). dan preferencia a los lectores más ricos y los libros mas selectos 11. y. En Gran Bretaña. En 1789 casi todos los criados podían firmar en los inventarios con su propio nombre. una por cada 1. Le Peuple de Pans. Wallace Kirsop.. en Henri-Jean Martin y Roger Chartier (eJs. «Les Ensignements des bibliotheques privées (1750-1780J». incluidas personas como Denis Diderot-. represenI<ln la actividad de compra de unos pocos intetmediados más bien que los hábitos de lectura del público instruido. 46"68. Esfuerzos similares se llevan a cabo en Alemania. Los parisinos no podían llevarse los libros a casa. en particular entre estudiosos de Klopstock y Wieland. und 19. Los parisinos leian a lo largo de la ciudad y de sus vidas.). 461-7. Los registros de las bibliotecas de préstamo ofrecen una oportuIlidad mejor para establecer relaciones ente [os géneros literarios y las clases sociales. ver Daniel Roche. incluso. pliegos de coro del. les ofrecía una comida antes de despacharlos. Una sexta parte. Antes de 1789 París contaba con 500 escuelas primarias. bcayos y suboficiales del ejército).186 Robert Darnton graduación. InternatlOllales Arcbiv/ur Sozialgeschichte del' deutschell Literatur 8 (1983). llegando de los tomos eruditos a las novelas sentimentales (bs imit<lciones del Robinson Cmsoc caían especialmente bien).000 habitantes. Los bibliotecarios han tenido que aceptar una ley básica de la economía: ya no existe nada parecido a la comida gratis 12. Essai sur la Cltlture populaire au XVIII" JiJck. Jahrhundert (17301770). II. Curiosamente. págs. Histoire de ledition frartraise (París. Aunque el bibliotecario les abría sus puertas sólo dos mañanas por semana. pero sus modos de lectura no dejaron pruebas suficientes en los archivos como para que el historiador pueda seguir de cerca su rastro lIJ. La mayoria de los artesanos y tenderos pasaban varios años de su infancia en la escuela. lO Daniel Mornet. Pero las listas francesas.lmpliaron. quizá. páginas 31"2. Ein Beitrag zur Lesergeschichre am Bei5pid Wolfenbütte!s». deberá buscar otras fuentes. . en general. págs. todas ellas más o menos libres. el 51 por cien de comerciantes. 35-82. si bien por lo general sólo representan a lectores más bien adinerados. los parisinos leían. las condiciones en la Bibliotheque Nationale son diferentes. (París. Pero incluso durante su Bliitezeit. y los temas de lectura se J. y no como lectores. los registros de la Bibliotheque du Roi. [Jaul Raabe y John McCarthy. que . vol. 449-96. en este momento fue cuando esa práctica alcanzó su punto culminante. Según la conclusión de Rache. las señales de las calles.!Ctuaban como patronos.

si se observa ¡ I¡. De hecho. ArcIJiv Jiu GescIJicIJte di!s Buchwesens 10 (1%'. Ya en 1800 [as personas leían «extensivamentt». ros. Según Engelsing. Sólo poseían unos pocos libros -la Biblia.WHescas en el siglo XIX con el desarrollo de la producción mecánica llvI papel. desde la Edad Media hasta poco después de 1750. registros de bibliotecas. seducir a sus amados y amadas. ha sido lo suficientemente osado como para proponer un modelo general. Hasta el momento. Antes de IKOO. l bvid Hall.50». debo confesar cierto escepticismo sobre la «revolución {'11 la lectura». Todos estos cambios abrieron nuevas pod hilidades no disminuyendo la intensidad sino aumentando la vaI ivdad 13. encadenados a altos estantes que sobresalen de las paredes en una serie determinada por las epígrafes de la bibliografía clásica: Jurisconsultt~ MediCl~ Historia. la litera~ tuta de viajes parece ser popular entre algunos grupos en alguno~ lugares e impopular en otros. la mayor parte de su estudio se refiere sólo a unos pocos ejemplos de ciudadanos de Bremen. descubrieron un modelo similar en dos áreas muy diferentes del mundo occidental. simplemente. Dcr Búrger ah Lescr. etc. l~ David Hall. sino que asumió muchas formas diferentes entre los distintos grupos sociales en épocas diversas. para divertirse. Lesergeschlelote In Deutschland 1500-1800 (Suttgart. Aunque Hall y Engelsing nunca habían tenido noticia mutua. variedades recientes y entretenidas de literatura para niños. tas de suscripción. Engelsing no presenta muchas pruebas de su hipótesis. sobre todo entre el público de Riehardson. es su carácter lineal. "Die PerioJen der Lesergeschichte in der Neuzeit. en: Printing and SoeiC'ty in Early America..y los hahitantes de Nueva· Inglaterra las leían con voracidad. la gente leía «intensamente».le los habitantes de Nueva Inglaterra entre 1600 y 1850 en términos I". cok 944-1002. el New England Primer. tener noticia de sucesos de actualidad y. almanaques. El «dónde» de la lectura es más importante de lo que podría creerse. Johann Arndt y John Bunyam 14. Sus lecturas estaban constituidas por todo tipo de material.l1ta. no menos. las leían una sola vez y corrian al siguiente objeto. periódicos.('neral del analfabetismo. de modo que un. sólo un historiador. habitualmente en voz alta y en grupo. págs. registros notariales. Su principal inconveniente.]7. un alma_ naque. Los hombres y las mujeres han leído para salvar sus almas. ha descrito una transformación en los hábítos de lectura . creo yo. un tiempo en que se puso a disposición de un público más amplio más material de lectura.y su lectura se repetLa una y otra vez. La disparidal de la documentacÍón -catálogos de subastas. de las prensas a vapor. En muchos casos. arreglar sus máquinas. Una comparación sistemática de géne. Tal vez no fuera una revolución. 13 RolE Engelsing. la lectura se hizo más intensiva. Sin embargo. . «The Uses of Literacy in New England. dejando a un lado un objeto en cuanto lograban encontrar otro.. pero marcó el final del Antiguo Régimen. un historiador norteamericano d~llibro. y Enge1sing. Quizá. autor de un único libro. en especial publicaciones periódicas y noticiosas. 1974). más que al comportamiento de los lectores. La lectura no evolucionó en una dirección: la extensión. Pero posee la atrayente simplicidad de un antes y un después y ofrece una fórmula manejable para contrastar modos de lectura en la historia europea muy temo prana y muy tardía. lis.»). Y las m()~ nografías suelen a menudo anularse unas a otras: los artesanos apare.lsi exactamente iguales a los utilizados por Engelsing. A partir de 1800 se vieron inundados por nuevas clases de libros -novelas. a finales del siglo XVIII. La diferencias en las conclusiones pueden atribuirse a las peculiaridadei de tas fuentes. 1600-18. las linotipias y la erradicación casi ". tiempos y lugares se asemejaría a una conspiración de" excepciones que intentaran demostrar la invalidez de las reglas. pesados infolíos. Por tanto. se dio un cambio de rumbo fundamental en la naturaleza de la lectura.188 Rabert Darnto macrocuantificadores: ¿cómo coordinarlos todos?-. Das statistische AusmaB und die soziokulturelle BeJeutllng der Lektüre».no facilita la tarea. el reino de Tomás de Kempis. Pero los últimos años del siglo XVIII parecen representar un momento crítico. Muestra los líbros. mejorar sus modales. I\úe alld Progre55 o/Re/igioll de Philip Doddridge.¡orla de la lectura 189 LI :lparición de una masa de lectores que alcanzaría proporciones gi. una o dos obras de devoción. en Nueva Inglaterra se leía un pequeño corpus de venerables «artículos estables» -la Biblia. En la universidad de Leyden cuelga un impreso de la biblioteca de la universidad fechado en 1610. en grupos y con excepcional intensidad. 1-.y los leían y releían una y otra vez. en voz . Cal! lo Ihe Unconverred de Richard Baxter. cen en una como alfabetizados y en otra como analfabetos'. medios. Rousseau y Goethe. Rolf Engelsing ha mantenido que a finales del siglo XVIII se produjo una «revolución de la lectura» (Leserevolutton). pues la situación del lector en su escenario puede darnos indicios sobre la naturaleza de su experiencia.l serie reducida de obras tradicionales se grababa profundamente en sus conciencias.

465 y su traducción dice. .). donde. con el nombre de "Adolf Noelle. puede entrar en comunión con la naturaleza. la lectura era una actividad social. Y cuando cae la tarde. Volk ohne Buch. A me· nudo son mujeres que llevan faldas amplías conocidas en su época como !úeuses. De la culture populam: IlU. conocida en Francia como la veillée y en Alemania como la Spinnslube. uno del grupo capaz de descifrar un texto regalaría sus oídos con LIS aventuras de Les quatre jils Aymon.2 vals. sobre todo cigarreros y sastres. voL Ir. El elemento humano del escenario debió de haber influido en la comprensión de los textos. Uno de los libros más preciosos de mi pequeña colección particular es una edición de los Jiymnen an die Ideale Men. El lector transporta los libros al campo ya las cimas de las montañas. Suelen sostener entre sus dedos un delicado volumen en doceavo y sus ojos muestran una mirada soñadora. en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. En la época del humanismo clásico. a pesar de todo su sentimenI:dismo. mes enfants. Tenía lugar en talleres. la lectura se traslada del tocador afuera del domicilio. 17 Sobre la literatura de cordel y su utilización pública en Francia.. nord-Frankreich» -un regalo de un amigo alemán que intentaba explicar Alemania-.) Pero.aise. donde los jóvenes tenientes de Gotinga y Oxford encontraban como podían un espacio para unos pocos delgados tomos de poesía. En los cuadros pintados un siglo y medio más tarde.."x. Casi siempre era oral.le la taberna de pueblo descrito por Christian Schubart en 1786 con ciertos tintes de color rosa: Und bricht die Abendzeit herein. 1949. págs. muchas personas se enteran de las noticias oyéndolas leer a un locutor de televisión. Es el caso del campesino . Ottawa. como Rousscau y Heine. avec quelle attention cette lecture était écoutée. en: Histoire de l'édttion fram. Algunas generaciones más tarde. la lectura no debió de haber sido una actividad confortable. El poema de Schubatt se cita en Schenda. / me bebo mi cuartillo de vino / y el señor maestro me lee en voz alta / alguna novedad del periódico. No hay duda de que Greuze dio un toque sentimental al carácter colectivo de la lectura en su cuadro Un peYe de famtIle qui lti 14 Btble a' ses enfants. págs. Leen de pie. c'est l'Esprit Saint qui va parler". Restif de la Bretonne hizo probablemente lo mismo con las lecturas de la Biblia en familia descritas en La vie de mon pete. los libros han tenido más oyentes que lectores. l\tIás que verse. ALgunos de estos primitivos libros en rústica indicaban que estaban concebidos para ser captados por los oídos.rchheit de Holderlin. mediante el recurso de comenzar con frases como «Lo que ahora vais a oír. se oían 17. se turnaban en la lectura o contrataban a un lector para entretenerse mientras trabajaban. 216-17. las personas lectoras aparecen reclinadas en tumbonas o sillones bien acolchados con las piernas apoyadas en escabeles. Januar 1916.uc de Troyes (París.. So trink ieh halt mein Schópple Wein. pero no necesariamente edificante. la natu raleza debió de parecer haberse dislocado. De Fragonard a Monet. Mientras los niños jugaban. La Lectul'e y La ¡¿reuse de Fragonard. sans attendrissement. piig. Aún no estoy seguro de haber entendido. Till Eulenspiegel o alguna otra obra favorita del repertorio común de libros baratos y populares.:ait toujours par ces mots: "Recueillons-nous. quien también pintó una Lúeuse. establos y tabernas. 16 Restif de la Bretonne. Da liest der Herr Schulmeister mir Was Neues aus der Zeitung für 16. «(Les pratiques urbaines de l'imprim¿>. incluidos el mobiliario y la vestimenta 15. protegidos del frío por gruesas capas y sombreros. ver Charles Nisard. 1854. para la mayoría de las personas a lo largo de la mayor parte de la historia. edirada por Daniel Rache y publicada por Editions Montalba. En cualquier caso.190 Rabert Darnton Los estudiantes aparecen desperdigados por la sala leyendo los libros en mostradores construidos a la altura de los hombros debajo de las estanterías.. La televisión es quizá una ruptura con el pasado menor de lo que generalmente se supone. 403-29. comme elle comuniquait a toute la nombreuse famille un ton de bonhomie et de fraternité (dans la famille je comprend les domestiques). Aún hoy. Mon pere 15 Ohservaciones similares sobre el escenario de la lectura en Roger Chartier y Daniel Rache. IIlstoria de la lectura 191 ("ommen<. 1964). pero creo que la comprensión general de la lectura habría avanzado si pensáramos más intensamente sobre su iconografía y sus requisitos. las mujeres cosían y los hombres reparaban las herramientas. 17" dlS" si¿cles: la bibliatheque bit."_ En el síglo XIX ciertos grupos de artesanos. <<}e ne saurais me rappeler. La institución más importante de la lectura popular en el Antiguo Régimen era una reunión en torno al hogar. por ejemplo. Rohen Mandrou. estas descripciones nacían de una suposición generalizada: para la gente común de la Europa moderna. otros ejemplos de estudios académicos más recientes en la serie ~Bibliotheque bleue". Histoire des hvres populaires ou de la littérature du colportage (París. La vie de /non pere. con un pie posado sobre un apoyo para alivíar la presión del cuerpo.

donde podían leer casi todo cuanto deseaban en un ambiente de compañía. pero se remontan hasta muy atrás en el siglo XVIII. cafés. ¿Es diferente el proceso cognitivo en los chinos. 1925). que leen I)ictogramas~ y en los occidentales. el club contaba con 200 miembros. An AUlobiography tNu<. a pesar de los esfuerzos de psicólogos y neurólogos 11<\1' seguir los movimientos de los ojos y cartografiar los hemisferios cerebrales. 1981). Según Otto Dann. Consideremos. Sabemos ya bastante sobre las bases institucionales de la lectura. extendidas por toda Alemania desde finales del siglo XVII.000 libros.oise Parent-Lardeur ha seguido las huellas de la proliferación de estos clubes en París bajo la Restauración 18. 1982). Quisiera proponer cinco maneras de abordar el problema. 111~loria de la lectura 193 h1:0.' existencias en biblioteca y cobraban por el derecho a frecuentarla. ¿para el devoto en presencia de la Palabra y para el consumidor que estudia las etiquetas en un supermercado? Las diferencias parecen no tener fin. algunas sillas cómodas.n 1760. revistas e infinitas ocasiones de debate político. Al parecer eran más bien una versión seria de La mejor exposición sobre literatura popular en Alemania sigue siendo la de Schenda. Buena luz. Un ejemplo de lectura en público entre trabaj. un pequeño lihrero Je Lunéville: <~Une maison commode. Seventy Years af L¡fe and Labor. Los libreros de provincias solían convertir sus . págs. grande. gui serait ouverte tous les jours.va York. que leen palabras sin vocales de Jerecha a izquierda y para los ciegos. que transmiten estímulos al cerebro a través de los deJos. Aún no hemos vislumbrado una estrategia para l'ntender los procesos internos por los que los lectores dan sentido a LlS palabras.192 Robert Darnton La lectura era más bien una experiencia privada de la minoría de personas instruidas que podían permitirse comprar libros. Por la modesta suma de tres libras por año. 1978). junto con otras investigaciones interesantes. Franc. tenían acceso a 5. están recogidos en Qtto Dann red. 80-1.ldores. sobre todo la de Reinhart Siegert. aunque su interpretación haya sido puesta en duda por algunas obas recientes. Aufklárung unJ Volksleklüre exemplamch dargestellt an Rudolph Zacharias Becker r.:oise Parent-Lardeur. trece revis. bien éclairée et chauffée. Podríamos estudiar cómo retratan la lectura las obras de ficción. por una pequeña cuota mensual. unos pocos cuadros colgando de las paredes y suscripciones a media docena de periódicos bastaban para convertir casi cualquier lihrería en un club. Pero se nos escapan los «porqués» y los «cómos». cuando se desarrollaron a un ritmo sorprendente. Madies Prüsener ha conseguido identificar más de 400 clubs y hacerse una idea de sus materias de lectura.(icos. como la historia y la política. Martin Welke calcula que quizá uno de cada 500 alemanes adultos pertenecía a una Lesegeseilschaft en 1800. I:. pienso que sería posible conocer más cosas acerca de los ideales y supuestos que dan razón de la lectura en el pasado. La !ecfure publique d Paris sous la Rr:stauration (París. tas y habitaciones especiales para conversar y escribir (ver apéndice). que analizan líneas? ¿Es distinto para los israelLes. Volk ohne Buch.. Welke y Prüsener. escritos polémicos. Así era el cabt"net littéraire anuncíado por P. offrirait des cet instant aux amateurs : deux mille volumes qui seraint augmentés de quatre cents par année. Todos ellos contaban con una provisión básica de publicaciones periódicas complementadas por una serie desigual de libros. que a su vez fueron también instituciones importantes para 1. Les cabinets de leettlre.<quién». cabinets littéraires o Lesegesellschaften. )isponemos de algunas respuestas para las cuestiones sobre el . autobiografías. Ni siquiera comprendemos la manera como nosotros mismos leemos. En primer lugar. J. por J j~ Los estudios de Dann. pues la lectura no es una simple habilidad sino una manera de elaborar significado. habitualmente de temas de gran peso. la mayoría de ellos oficiales de la gendarmerie local. sobre todo en las ciudades del norte.). en Samuel Gompers. Bernard. cuyas lenguas carecen Je tiempos verbales y ordenan la realidad espacialmente. los clubs de lectura alemanes suministraron las bases sociales de una variada cultura burguesa en el siglo XVIII. .1 lectura.» En noviembre de 1779. «dónde» y ~{cuándo». «qué». cuyas lenguas no han sido puestas por escrito hasta épocas recientes gracias a los esfuerzos de eruditos extranjeros?. para los habitantes del Asia suroriental. cartas. )H Fran¡. Pero mu~ chos de ellos se hacían socios de clubs de lectura. depuis neuf heures du matin jusqu'a midi et " depuis une heure jusqu'ii dix. tal como ocuI ría en Londres y Amsterdam desde hacía más de un siglo 19.m seinem ''Noth. que deberá variar entre culturas. . Viena tenía al menos sesenta cafés que suministraban perió. y para los indios americanos. Lesegt'wllschaften und bú"rgerliche EmanZlpatJrJn: ein europáischer Vergleich (Múnich. Pero habría de ser posible desarrollar una manera de estudiar los cambios en la lectura dentro de nuestra propia cultura. pinturas y obras impresas contemporáneas a fin de descubrir algunas nociones básicas de 10 que las personas creían que ocurría al leer..un Hiilfsbiichlem» (Francfort. Sería extravagante esperar hallar una fórmula capaz de dar razón de todas estas variantes.

» 21 Actualmente ningún editor soñaría con mencionar el papel y el tipo de letra al anunciar un libro jurídico. de la lectura 195 leer seguía siendo una actividad sagrada. mi. 1722). caja Wing Z 45. artritis. la Biblia se abordaba con temor reverencial. El libro «ma11 ual de usm> no sólo es más escaso y el religioso más común. Contiene una multitud de cosas curiosas. se puede seguir el rastro de las ideas sobre la lectura a través de los anuncios y prospectos de libros. Castiglione. los anunciantes daban por supuesto que sus clientes se preocupaban por la calidad física de los libros. Y. mania del siglo XVIII. de J. Los libros de la biblioteca de Samuel Johnson. En la época de Lutero y e Ignacio ¡le Loyola daba acceso a la verdad absoluta. nada es tan útil para los viajeros. simplemente. Nouveau voyap. apoplejía. buena su lectura: «Sentí un gran placer leyéndolo.-B. Colocaba al lector en presencia de la Palabra y resolvía misterios santos. . Cervantes y Rabelais dieron pie a otro uso del conocimiento de las letras entre las elites. como si Johnson hubiera luchado con ellos a brazo partido 20. cuando la censura estaba altamente desarrollada. así como concentración y me. se podía transformar la lectura en una fuerza benéfica.» Los censores no se limitaban a acosar here11:IS. actualmente en posesión de Mrs. I II~LOri8. El «arte del leer» exigía lavarse la cara con agua fría y pasear al aire Ubre. Otro recomienda el libro por su <~estilo simple y conciso». gota. Oktúber 1975 (Heidelberg. 1799). na 31. aunque no fuera demasiado eficaz.s de Bcrgk están diseminadas a 10 largo de su tratado. además de por su utilidad: «En mi opinión. trastornos nerviosos. enfermedades pulmonares. Dona Id F. grañas. . 1977). Pero. ditación.e aux úles de l'Amerique (París. ].» Y un tercero encontraba. ]ahrhundert ColtoquiuffJ der Ar~ beitssfelle Achfuhntes ]tJhrhundert GestJmrhúchJchl. La lectura de la Biblia familiar tenía lugar en ambos bandos de la gran división religiosa. A lo largo de la mayor parte de la historia de Occidente. incluso por parte de algunos campesinos católicos. dolores de cabeza.). Los lectores del siglo XVIII intentaban «digerir» los libros. Pero para la mayoría de las perso111 Las observaciones de Heinzmann se duo en Helmut Kreuzer. el gran debate en torno a la mania de la ¡ectura en la Ale. al menos en el caso de los libros franceses en la Edad Moderna. asma. Temían además que dañara la salud pública. hipocondría y melancolía». La fisicidad del proceso aparece a veces en las páginas escritas. indigestión. los habitantes de ese país. Rainer Gruenter (ed. lanto por su tipografía como por su contenido: «El texto de la Coutume está impreso en gros-romrún. Nadie discutía la idea de que en la lectura se daba un com~ ponente físico. contiene cuatro «aprobaciones» impresas en todo su texto al lado del privilegio. ¿cómo se llevaba a cabo? Podríamos buscar una guía en [os manuales de los jesuitas y en los tratados hermenéuticos de los ptotestantes. por ejemplo) con algunas observaciones típicas de un prospecto del siglo XVIII tomado al azar de la rica colección de la bihlioteca de Newberry: un librero ofrece una edición en cuarto de los Commentaires sur la coutume d'Angoumois. Labat. los comerciantes y quienes estudian historia natural. I1 Newberry Library. Como hipótesis de 11'. Hyde. en cuerpo y alma. Leser und Lesen 1m 18.Tohano Aclam Bergk aceptaba las premisas de sus oponentes pero disentía de sus conclusiones. en. y en especia! en los siglos XVI y XVU. los resúmenes que preceden a los comentarios están impresos en cicho y los comentarios mismos en Saint-Augustin. la lectura se consideraba sobre todo un ejercicio espiritual. En el siglo XVII. epilepsia. En un plano mucho más trivial. hemorroides. más nos alejamos de la lectura instrumental. como indica el ejemplo de Restif de la Bretonne.194 Robert Darnton ejemplo. están abarquillados y baqueteados. una obra excelente. En el lado favorable del debate. «(Gefahrlichge Lcsesucht? Bemerkungen zu politischer Lekúirekritik irn ausgehenden 18. que contiene también algunas reflexiones tfpicas sobre la irnponancia de «digerim los libros: ver su portada y pág. Un censor explica que el manuscrito le picó la curiosidad: «(Es difícil comenzar a leerlo sin sentir esa curiosidad benigna pero ávida que nos impulsa a seguir leyendo». Bocaccio. Quienes se lamentaban de la Lesewu/ no Se limi~ taban a condenar sus efectos sobre la moral y la política. asevera.!e Wupperfa4 14-16. Toda la obra está realizada en un papel muy hermoso fabricado en Angouleme. Consideraba probado que nunca se debía leer inmediatamente después de comer o estando de pie. 302.18 seda. sino que la misma lectura es diferente. debilidad ocular) calenturas. Las obsen:acione. En un panfleto de 1795. ab. sorberlos en la plenitud de su ser. Pero con una disposición correcta del cuerpo. También pueden ser reveladores los informes de los censores. Un libro de viajes típico. parece válido afirmar que cuanto más nos remontamos en el I icmpo. G. Compradores y vendedores compartían por igual una conciencia tipográfica actualmente casi extinguida. pues nadie distinguía claramente entre mundo físico y moral.lbajo. oclusión intestinal. Die Kunsf Bucha zu Lesen (lena. Heinzmann enumeraba las consecuencias físicas de leer en exceso: «Propensión a los enfriamientos. Así sucede. Jahrhundert~>.

Pero las letras tienen sonidos distintos. como las tarjetas ilustradas del abbé Berthaud y el bureau typographique de Louis Dumas. «First Steps in Literacy: The Reading and Witing Experiences of .continuaban en la escuela el [-iempo suficiente como para aprender a leer en francés. Daban el cuño de apro'. y Spllfford. En vez de abrir perspectivas ilimitadas de ideas nuevas. Pero la mayorí~ de los niños aprendían todavía a leer colocándose ante el maestro y recitando pasajes de cualquier texto que pudieran tener en sus manos. la participat'ión en sus ritos--. en vez de adquirir las dos aptitudes a la par al inicio de su educación como hacen hoy. Los manuales más comunes en el Antiguo Régimen -libros de las primeras letras como la Croix de ]ésus y la Croó: de par Dieu. al comenzar su instrucción en la escritura. Habian adquiI ido suficiente dominio de la palabra impresa como para cumpIír con I:\S funciones que de ellos esperaba la Iglesia -es decir. Algunos de estos (~libros escolares» reaparecerían al anochecer en la veillée. quizá. Casi todas las escuelas estaban regentadas por la Iglesia y casi todos los libros escolares eran religiosos. el Ave Maria. según se hace hoy. suministraban al lector clave. de ]acques de Batencour. las tres disciplinas básicas se aprendían sucesivamente -primero la lectura. Sobre las lecturas populares en Inglaterra en los sigLos XIX y xx. El alumno pronunciaba una vocal ante cada consonante y así la p se emitía como «ep» y no como «pe». Pero. The E'1glrsb COmm01! Reader: A Social HIstory o/ the Mass Readillg Pub/ie 1800-1900 (Chicago. Tras haber reconocido estas oraciones comunes. incluso entonces. para su lectura. Al decirlas en voz aIra. muchos de los niños dejaban la escuela. Sin embargo. Pero nunca habían leído un texto en una lengua inteligible para ellos. Pasaban directamente del alfabeto a las "lbbas simples y. como tendemos a suponer al echar una mirad retrospectiva a 13 Inquisición y la Ilustración. las cifras de alfabetización basadas en la capacidad para escribir son. los Hermanos de las Escuelas Cristianas comenzaron a proporcionar el mismo texto a varios alumnos y enseñarles en grupo -un primer paso hacia la instrucción normalizada que se convertiría en regla cien años más tarde-o Al mismo tiempo. Al 1('S . Tbe Bl'itish Workmg C/ass Re. i\lllegar aquí. mientras sus compañeros de clase batallaban con un abigarrado conjunto de libritos en los bancos traseros. Desarrollaron técnicas fonéticas y ayudas audiovisuales. baeión real a una obra y. las letras no se ligaban fonéticamente en combinaciones reconocibles por el oído como sllabas de una palabra. la lectura solía reducirse a reconocer algo ya conocido. quizá una minoría en el siglo XVII y una mayoría en el XVIIl. No obstante. al parecer. la confusión fonética no importaba pues las letras se consideraban un estímulo visual para activar el recuerdo de un texto aprendido ya an22 Margaret Spufford. demasiado bajas y entre las personas lectoras podría incluirse mucha gente incapaz de escribir su firma 22. algunos tutores de hogares aristocráticos comenzaron a enseñar a leer directamente en francés. Sus valores constituían una pauta oficial por la que se ha de medir la lectura normal. Mar. «probablemente:» es la palabra clave en esta frase. en todos los demás países occidentales. A comienzos del siglo XVIU.(stema se basaba en la premisa de que los niños franceses no debían ( (lmenzar leyendo en francés.comenzaban como los manuales modernos. exactamente allí donde la Iglesia pos tridentina deseaba confinarla. S"'JtJ!! IJooks and Pleasant Httories.35. igual que en Inglaterra y que. En la Francia de la Edad Moderna.he HumbJest seventeenth-century Autobiographers». a continuación. 1955). Pero para estas personas «leer» quería decir. en realidad. se mantenía probablemente en un circuito cerrado. Socia! Hislory -+ (1979). probablemente) algo muy distinto a lo que signiflca hoy. 407-. pues eran éxitos populares de la bibliothl!que bleue. A menudo pasaban a engrosar la fuerza de trabajo antes de los siete años. y no a un proceso de adquisición de nuevos conocimientos. en pater. la lectura en torno al hogar tenía algo en común con la del aula: era una recitación de un texto que todos conocían previamente. Así. Así p-a-t. Al estudiar la alfabetización en la Inglaterta del siglo XVII. y Richard Altick. el Cre)() y el Benedicite.196 Robert Darmo:' jes y revolucionarios. págs.der (Londres. Georgia.'loria de la lectura 197 de memoria -además. Algunos niños -no sabemos cuántos. trabajaban con las respuestas litúrgicas impresas en líbros corrientes. ¿cómo leían los lectores normales? Mi segunda hipótesis para abordar este problema se refiere a la forma en que se aprendía a. garet Spufford descubrió que una gran parte del aprendizaje tenía Iu. Popular Fldton anJ tts Readerships in Seventeenth-eentury E1Ig/(Jlld (Athens. sonaba como «ep-a-enr». Dentro de la escuela. 1981). los niños ingleses aprendían a leer aotes de aprender a escribir. el texto estaba siempre en latín-o Todo el '. donde los trabajadores se enseñaban unos a otros. ver R K Webb. gar fuera de la sala de clase. en los talleres y los campos. 1957). Pero. leer. Así.. con el alfabeto. luego la escritura y después la aritmética-. al hacerlo. 111. por lo general catecismos y libros piadosos como la Escale paroisslale. En 1789 su ejemplo se había extendido a algunas escuelas primarias progresistas. al Pater Nosta.

n. Rousseau y Stendhal. Aunque no transportaba muchos libros en el saco que colgaba a sus espaldas. con su afectación de singularidad. dispuso su narración en forma picaresca. 1982). ¡Qué sagacidad tan asombrosa tiene Mr.198 Roben Darntoo . Valentin Jamerey-Duval. este petimetre elocuente. el bibliófilo de Leyden en el siglo XVIII. Cuando contó la historia de su vida. Otros estudiosos han perfilado las corrientes de la historia de las letras intentando releer grandes libros tal como los leyeron grandes escritores. de una manera que se nos escapa por com. 15-30. estos garabatos públicos daban el tono de II':ln . 1~ Tean-Marie Goulemot (ed. A diferencia de otros autores plebeyos -Restif.y avanzar hacia fuentes menos conocidas. Pero la investigación no tenía por qué limitarse a los grandes libros. Ver rambién Jean Hébrard. ¿Cómo \L'guía el lector el juego entre texto y paratexto debajo o a un lado de Ll página? Gibhon creó un distanciamiento irónico desarrollando maI. Pero mostró que éstas tenían un lugar en la cultura del hombre común 2-1. torias de aventuras. Mercier. que leía mientras recorría de forma característica toda Francia. Cuando aparecen garabateados en la puerta de un enemigo. Journa{de ma v/e Jacques-Louls Métlétra compagnoll v/trier aul/f siJcle (París. pero los mismos márgenes suminisclaves para comprender la experiencia de los lectores corrientes. Y Adams escribe al margen: «Sorpresa sobre sorpresa. I':n el XVIII las glosas dieron paso a las notas a pie de página. santa Teresa de Ávila.-M. Paradoja sobre paradoja. convienc suspender el íuicio sobre su situación.).. Goulemot se ha servido de la autobiografia de Jamerey-Duval para mostrarnos cómo un campesino podía leer y escribir a su modo en el Antiguo Régimen. utilizando las anotaciones en objetos de coleccionista.istralmente notas al pie de página. pleto n Si la experiencia de la gran masa de lectores queda fuera del alcance de la investigación histórica. Massachussetts. «Didactique de hJ. No sabemos lo que realmente ocurría en el aula. ]ohn Adams cubrió sus lihros de garabatos. así como sus his. Diderot y Marmontel. Siguiéndolo a través de su ejemplar del Dúcurso I"Obre el origen de la desigualdad. Rousseau. EtIfance el édtlcation d'UtI paysan au XVIII" si¿cldParís. Un estudio cuidadoso de los "jemplares anotados del siglo XVIll de The Decline and Fa!! ollhe Roman Empire podría revelarnos la manera como los contemporáneos de Gibbon percibían ese distanciamiento. Y fuera lo que fuese. en especial en su colaboración «Livres de classe et usages pédagogiques».). suelen funcionar como insultos rituales que delimitaban las líneas de conflicto social que dividían vecindarios y clanes.Ménétra nunca tuvo un lugar en la República de las Letras. los historiadores deberían ser capaces. de Rousseau. no podían ser ni buenos ni malos y no tenían ni vicios ni virtudes. los lectores-oyentes campesinos pudieron haberse construido su propio catecismo. ]acques-Louis Ménétra. como el ejemplar de Oiderot de la Encyc!opédie o el de los ensayos de Emerson propiedad de Melville. Rousseau! Sin embargo. págs. J. vol. Montaigne. 486"97. lettre et soumission au sens. Ménétra intercambiaba continuamente correspondencia con sus compaileros de viaje y sus amantes. por ejemplo. derrochaba unos pocos céntimos en pliegos de cordel en las ejecuciones públicas y hasta llegó a componer ripios para ceremonias y farsas que representó con otros trabajadores. MémoireJ. de captar algo de lo que significaba la lectura para las pocas personas que dejaron algún informe sobre ello.» Christiane Berkvens-Stevelinck ha encontrado un lugar excelente para cartografiar la República de las Letras en las acotaciones marginales de Prosper Marchand. en Roma. I':n el siglo XVI las notas marginales aparecían impresas en forma de ¡"losas que guiaban al lector a través de los textos de los humanistas. combinando la tradición oral (cuentos populares y fanfarronadas estilizadas propías de las charlas entre hombres) con géneros de la literatura popular (las novelillas de la bilzótheque bleue). y Daniel Rache descubrió a un vi~ driero del siglo XVIII.' leer los pocos manuales y las aún más escasas memorias de esta épo~ ca que han sobrevivido no podemos ir más allá de conjeturar la naturaleza de la primitiva pedagogía. En el texto de Rousseau leemos: «En este estado [el estado de naturaleza] no había ningún tipo de relación moral entre los hombres. Peter Burke estudia actualmente los graffiti de la Italia renacentista. Un tercer enfoque podría comenzar con los relatos autobiográficos mejor conocidos -los de san Agustín. Daniel Rache (ed. en: Histoire de [edit/un frallr aise . ha provocado el disgusto de los hombres contra la superstición y la tiranía. Note sur l'histoire des pédagogies de la lecture» en: Les textes du Centre A{fl'ed Bmet: L 'enfant el !eCf/t 3 (1983). págs. puede apreciarse qué ()pinaba de la filosofía radical de la Ilustración un revolucionario retirado en la austera atmósfera de Quincy. hasta que hayamos examinado si entre los hombres civilizados hay más virtudes o vicios». Por tanto. Si se colgaban de la famosa estatua de Pasquino.. en cambio. ni siquiera a los libros. 1981). 111~lOria de la lectura 199 Este lugar podía ser marginal. n Este análisis se basa en las investigaciones de Dominique Julia.

"trait d'union" entre auteur et éditeur». .1.The Marginal Gloss¡" Crr"tical ltlqutry 3 (1977).. 90 (1975). de Moliére a Rousseau y de Rousseau a Robespierre 25. págs. 54·62. Geoffrey Hartmann. Tompkins (cd. la respuesta del lector se ha convertido en el punto clave en torno al cual gira el análisis literario. Jonathan Culler. <. toda esta accividad crítica apunta hacia una nueva textología y todos los crítícos comparten un mismo modo de trabajo al interpretar textos específicos 26. «The Wtiter's Audience Is Always a Fiction». hermenéutica. ver los dos artículos de Christian Berkvens-Stevetinck. pregunta Ong. pégs 9-21. deconstrucción.:7 Walter J. 21-63 y 65-99. Se presenta arropada en etiquetas imponentes -estructuralismo. Suponía que ellectot no sabía nada acerca del relato y necesitaba ser orientado por pasajes abundantemente descriptivos u observaciones introductorias. sin embargo. págs. semiótica. da a entender que el lec ter no necesita una descripción detallada de la escena.The Art of (he Footnote¡" Tbe Amenám Sebolar 53 (1983-8'1. 85. y Jane P. Una historia de la lectura debería poder avanzar a grandes pasos desde la pasquinada y la Commedia dell'Arte hasta Moliére. Tzvetan Todorov y Georges Poulet. Insisten en que el significado de un libro no está fijado en sus páginas sino que es construido por sus lectores. Una de las obras más influyentes desde esta corriente de la crítica literaria es 'l. Estoy de acuerdo en que puede parecer desalentadora. esta verdad está tan bien fijada en las mentes de las familias que 10 rodean que se le considcf13. su yo de ficción logrará alcanzar las dimensiones del héroe de Hemingway y scrá capaz de avanzar a través del relato como su compañero de armas 27.. Mi cuarta sugerencia se refiere a la teoría literaria.). los críticos han tratado la literatura de forma creciente como una actividad más que como un cuerpo establecido de textos. especialmente para el no iniciado. ca!ltos rodados que el sol secaba y blanqueaba. Th(' Reader in ¡he Texi: E. Bastará con una alusión.Ll Yazuleaba en los conales. (. por ejemplo. ver Susan R. Suleiman e rnge Crosman (eds. más allá del río y la Ilonura. 1980). W. Pero todas ellas están recorridas. Ong. 1952). En los EE UU se encuentra aún en estadio de formación. De ese modo. No obstante. La antigua retórica funcionaba habitualmente de la manera contraria. ver lawrenee Lipking. R('aJer-Response Cni/mm: lrom Formalum (o POs(-Strueturaltsm (Baltimore. pues las modas se desplazan una a otra con una rapidez desconcertante.200 Robert Darnton una cultura política callejera cica e intensa.Hays 011. Sobre glosas y notas a pie de página. ¿Qué úío? ¿Qué tío?.no podtá «captar» el libro. Wayne Booth. 11 j. el gusto áspero del vino y el hedor de los muertos en la Italia de la Primera Gucrra Mundial. propiedad legítima de algu na de sus hijas. Hemingway no lo dice.31 y G. En Alemania este planteamiento ha conducido a un renacimiento de la historia literaria como Rezeptionsdsthetik bajo la dirección de Hans Robett Jauss y Wolfgang Iser. en: De gulden PaSJer 56 (1978). por un interés que podría llevar a establecer cierta colaboración emee la crítica literaria y la historia del libro: el interés por la lectura. Attdiertce and Interprelcu:ion (Princeton. 2" Para una visión general y bibliografías de estudios de crítica litemria sobre la respuesta de! lector. Pero si acepta el papel que le impone la retórica. Tanto cuando desentierran estructuras profundas como cuando descomponen sistemas de signos. Tbe Implted Reader: Pa!terns o/ Communiealion in Pmse Fielion /rom Bunyam 10 Beekett (Baltimore. y el agua eta clara y se movía rápi. 1980). Mass.-. John AJa. págs. el análisis que hace Walter Ong de las primera frases de Adiós a las armas: Al aeabar el verano de aquel año viviamos en una casa situadn en un pueblo que Illiraba a las mlmtañas. Hillis Mille. Así. En Francia ha adquirido un rumbo filosófico en la obra de Roland Barthes. Bowersock. Si el lector pone alguna objeción -y podemos imaginar muchas respuestas como <~soy una abuela de sesenta años y no sé nada sobre ríos italianos». Por muy poco que se conozcan los sentimientos u opiniones de un hombre así cuando entra ¡¡ formar parte de un vecindario. Es una verdad universn!mente reconocida que un soltero poseedor de una buena fortuna deberá busc¡¡r mujer. el comienzo de Pride and Prejudice. «l'Appott de Prosper MarchanJ au ~systeme des libfílries de París"». en vez de «un río». y «Prosper Marchand. Paul Ricoeur.Xrolfgang Iser./u ['" the Propbets 01 Progress (Cambridge. 1974). Al emplear el artículo defínido de forma heterodoxa -«el río». PML4. fenomenología_ y se va tan pronto como ha venido.).. pág. ]. pues Se considera que el lector ya ha estado allí. Paul de Man. pero de sus debates no ha surgido acuerdo alguno. :J Las nOfn$ 01 margen de Adam aparecen citadas en Zoltan Hnraz~ti.toria de la lectura 201 Consideremos. por ejemplo. Sobre los manuscritos de Prosper Marchand. En el lecho del río había guijarros . 62ll-. y Stanley Fish han suministrado los ingredientes para una teoría general. El autor se dirige a él como si fuera un confidente y un compañero de viaje a quien le basta con un simple recuerdo para rememorar el fuerte destello del sol. .y no menudear los adjetivos.

La teoría puede revelar los limites de las posibles respuestas a un texto -es decir. dijo a éste su esposa cierto día. a las limitaciones retóricas que dirigen la lectura sin determinarla-o La historia puede mostrar qué lecturas se dieron de hecho -es decir. Si. En un estudio notable de Congreve. De este modo sería posible comparar a los lectores implícitos de los textos con los lectores 11 [qorja de la lecturll 203 I'cales del pas<:ldo y. No fue necesario unirlos por me. Siendo así. 81-126. Como sucede con la novela de Hemingway. la lectura ha reaparecido como el hecho central de la literatura. El paso de volúmenes en cuarto a libros en octavo supone tnlsladarse de la Inglaterra isabelina a la georgiana 28. al margen de lo que cada cual haga de ella. que carecía de posibilidades y tiempo para abarcar grandes tiradas de la narración. el crítico literario podría evitar el peligro del anacronismo.202 Roben D:lrnton «Querido Mr. McKenzie ha mostrado que el procaz dramaturgo neoisabejina. Pero a mediados del siglo XVIl los editores Oudot y Garnier de Troyes comenzaron a publicar una serie de ediciones baratas en rústica que hicieron de ella durante doscientos años el principal producto de la literatura popular conocida como la bibliotheque bleue. F. sobre todo. Pero cualquier narración presupone un lector y toda lectura comienza a partir de un protocolo inscrito en el texto. los bibliógrafos han demostrado que la disposil. donde se publicó en una traducción elegante en 1633. o la de Kierkegaard del GéneSl~ 22-· Pero. dentro de los límites de un cuerpo de pruebas imperfecto-o Al prestar atención a la historia. fundándonos en estas comparaciones. de la respuesta del lector. los historiadores podrán encontrar claves de conducta que. Este tipo de historia se reforzaría por medio de un quinto modo de análisis basado en la bibliografía analítica. a veces. . t. en caso contrario. El texto puede recortarse a sí mismo y el lector actuar. además de una teoría. La nueva estructura tipográfica supuso una nueva forma de leer y un nuevo público: la gente sencilla. «Typography ilnd Mellning: The Case of William Congreve». Los episodios cortos adquirieron autonomía. Quisiera. tanto en Espana. Fracturaron el relato en unidades simples. lo que Chartier llama la «mise en ¡Lvre~>. agrupando los personajes.lli D. el1 efecto. pero el papel es completamente diferente. subdividiendo párrafos y multiplicando el número de capítulos. da por sentado que los ingreses del siglo XVIl leían a Miltol1 }' Bunyan como si fueran compañeros suyos en la docencia universitaria. como por ejemplo las pasiones suscitadas por obras que van de ClarriJa a La Nouvelle HéloiSe y de Werther aRené. Bennet).~cntido y la forma en que era leído. pero una modificación en el diseño de los libros dio a sus obras teatrales un aire totalmente nuevo.ión tipográfica de un texto puede determinar en buena medida su . La novela iba dirigida originalmente a un público selecto. experimentó un renacimiento tipográfico en su vejez y reapareció como el autor digno y neoclásico de las Obras completas en tres volúmenes en ocwvo publicadas en 17lO. Pero siempre lo mantiene a distancia. defender una doble estrategia que combinaría el análisiS textual con la investigación empírica. abreviando frases. ha llegado el momento de que confluyan la teoria !iteraria y la historia de los libros. conocido por nosotros por las ediciones en cuarCO de finales del siglo XVII. resultarían quiza incomprensibles. la lectura que hacía Rousseau de El JVfirántropo. quizá contra el carácter de la obra o extraer sentidos nuevos de palabras comunes: de ahí las infinitas posibilidades de interpretación propuestas por los deconstructivistas y las originales lecturas que han configllrad o la historia de la cultura -como. Los escritores han ideado muchos otros modos de iniciar a los lectores en sus relatos. de la oración de Milton para ayudar a «justificar la acción de Dios en los hombres». págs.lcKenzie. (<¿ha oído que por fin hay lln inCJuilino en Netherfield Park?) Este tipo de narración progresa de lo generar a 10 particular. donde apareció por primera vez en 1626. para que la retórica funcione habrá de desempeñar su papel. Fueron escasas los cambios de palabras de una a otra edición. F. Al tener en cuenta la retórica. por ejemplo. su diversión o algún propósito elevado. trastocando algunas líneas y presentando liaisons des scenes. Raga Chartier ha encontrado consecuencias más sociológicas en la metamorfosis de un clásico español. de MelviIle. por tanto. desarrollar ¡¡na historia. Buch ¡¿nd Buchhandel in Europa am achtzeh¡¡ten ]ahrhllltdert (Hamburgo.). Una vasta distancia separa «CaI1 me Ishmaeh>. la Historia de la vzda del Buscón de Francisco de Quevedo. Aquellos editores populares no dudaron en remendar el texto pero. Congreve ajustó sus viejos textos al nuevo modelo clásico derivado del teatro francés. Añadiendo divisiones escénicas. pues se supone que entra en la hiscoria como un extraño y que lee para su instrucción. D. túa fll principio el artículo indefinido y ayuda al lector a orientarse gradualmente. en: Giles Barber y Bernhard Fabian (eds. como en Francia. Al estudiar los libros l'Omo objetos físicos. 1981). se centraron en el diseño del libro.

la lectura siguió siendo una experiencia oral realizada en público. 1981). en sus tiempos de impresor joven. Con todo.ondillac estudiaron la mente como tabula rasa y FrankHn escribiÓ un epitafio para su tumba: 31 El cuerpu Je B. ulla adaptación intelectual mayor que 2q Rogt::. sino que proporcionaba un modo de en tender. Mantienen que los lectores responden ma~ directamente a la organiznció:1 física de los textos que a las circunstancias sociales Jel entorno. La tendencia hacia la lectura silenciosa supuso. 109-11.) (New Have . Gracias a los libros. el mapa y el cartel llegaron a nuevos tipos de lectores y estimularon forma~ de lectura distintas. Rt'vut' jranpúse dJhiJtoire du lil're. e11ibro impreso siguio siendo una imitación del manuscrito y.>bert Daroton dio de complejos temas secundarios y desarrollo de personajes. \ll p¡¡Ul Saenger. El ep~tafi(1 de Franklin no aparecc. podernos suponer que. la forma en que la tipografía se abre a la sociología. 1\0 sólo suministraba más información. publicado en las actas del eolloque de Saint-Maximin. Muestra. Viator 13 (1982). el libro mismo pasó a ~er una colección de fragmentos más que un relato continuo y pudo ser recompue~to por cada lector-oyente a su manera. 1982). pues Chartier limita su análisis al libro en cuanto objeto físico. y Sat:tlger. descendiendo en la escala social del Antiguo Régimen y penetrando en el mundo LJ.lSOS excepcionales ¿e tndivicuos que leian para si muóO antes dd ¡. «1hnieres de tire Médié'ialcs».Charrier.o 16 (1977). por supuesto. Alir:1ento de Gosanos. La.ld.t·elle possible? D. Así. Blumenberg.xSJI: el más famusu Jo:: dio:> es san Ambrosio. Durante el siglo XVII comenzó a decodificar el «libro de la naturaleza).¿á en algunos monasterio~ del siglo VIl y. sin duda. era leído por el mismo público y de manera idéntica. pp_ 13t . 1. el panfleto. sigue siendo un misterio la manera como se produjo e~ta «apropiación». paginación y editores que producían copias múltiples en sus escritorios para un públicu lectur amplio antes de la invenci6n de los tipos m6viles_ En el primer medio siglo de su existencia. Locke v c. desde luego. L¡is frases difieten ligeramente en cada U:10 de los ues textos autógrafos. En un momento no precisado. Histoire de t'édltlon ¡rartraist~ vol r. ver The Púpen 01 Benjamin Frrmktm. c. As. págs.tOrla de la lectura la del paso al texto impreso. sin duda. Al· gunos libros tenían portadas. Podemos encontrar. transformó el mundo. índices de contenidos y alfabéticos. La pigina misma en cuanto unidad del libro no se remonta más allá del siglo III o IV. Y en el XVIII apreIlJió a leerse a sí mismo. Anteriormenre.lid. practicando una especie de arqueología textual. pata leer un libro había que desenrollarlo. d!ne Hstoire de la ¡e. Sin embargo. I ¡\:.tute e. . palabras y líneas.bll. como muchas inscripciones romanas. págs. octubre 1982. Aunque no nos es posible saber con precbión cómo leían los romanos a Ovidio. Un análisis más extenso de [a lecrura y la historia primiti'il1 del libro. El nuevo libro. pues hizo de la lectura una experiencia ndividual e interior 30. «POU! une hisroire de la lecture¡l.de la página jmpresa. una metáfora básica para dar sentido a la vida. Las uniJHJes de sonido y sentido se acercaban probablemente más a los ritmos del habla que a las unidadi:s tipográficas -cíceros. pero fue probahlemente menos revolucionaria de lo que habitualmente se cree.. Como la cubierta de un Libro viejo. lal como aparece descrito en las Conjesiom'J de sm Agustín. párrafos o espacios entre pnlabras. sin embargo. una diferencia. flue'-ia serie.a. Pigun's de lú gueuserj¿ (París.ue en el siglo XIX se reconocería como «le grand publio> 29. quizá. qui.59-). durante el siglo XVI el hombre tomó posesión de la Palabra..iglo . se comenzó a leer en silencio y a solas. ver Han. Sólo cuando las páginas unidas (el codex) sustituyeron al ruJio (volumen) pudieron los lectores trasladarse atrás y adelante con facilidad a lo largo del libro y los textos se dividieron en segmentos que podían ser marcados e indexados. Así. cómo el lector implícito del autor se transforma en el lector implícito del editor. La imprenta supuso. Sobre la historia a largo plazo de la idea del mundo como libro de lectura. cada vez más normalizado en su di~eño. Franklin. vol. «Prom Oml Rcading to Silcnt Reading». Pero a partir del 1500 el libro impresu. todavía mucho después de que los libws hubieran adquirido su forma moderna. sobre su l3pida sepulcraL Probablemente lo escrihió en 1728. en reo.205 20~ R. Con su contenido desencajado. en la~ universidades del XlIl. podría quizá aprenderse algo sobre la historia remota de la lectura. Die LeJbarkeif der 'XIelt (Francfort. pags 367-414. y despojado de Inscripciones y Dorados yace aqoí. Algunos aventurados bibliógrafos e historiadores del lihro han comenzado a especular sobre las tendendas a largo plazo en su evolución. n. pue~ ofrecían el material preciso para llenar una veillée.}t 583-610.. cuando era lln agudo interloC'JIOr del club n l . el verso no tenía puntuación. Leonad 'l/J.:ee (ed. el pliego de cordel. uilLO 19. má~ barato de precio y ampliamente distribuido.J livJC au lire: quelque$ hypotheses». Ver tam-:Jíén las reflexiones generales de Charrier en su ensayo. Impresor. en Henri-Jean Martb.

seríamos capaces de satisfacer algo de nuestro propio anhelo de sentido. Pues.C. pues ya Franklin la forzó hasta la muerte. Fue enviada por P. que los cinco pasos propuestos aquí podrían llevarnos en direcciones dispares o hacernos dar vueltas indefinidamente en torno al problema sin penetrar en su núcleo. pues la lectura no es algo diferenciado. Les jivres seroint á la disposition de Messieurs les Gendarmes. una manera histórica. Los esquemas interpretativos pertenecen a las configuraciones culturales. depuís neuf heme:> du matin jusqu'il midi & depuis une heure jusqu'iI dix. Bernard deseaba convencer a [os gendarmes de que se hicieran miembros de su cabinet.ble. 11 voudroil qu'au mayeo d'uu abonnement certain & invari'J. debieron de haber leído de manera distinta y la historia de la lectura podría ser tan compleja como la historia del pensamiento. qui seroit ouverte tous le jours. militaires.SILUHS LES Gn\DARMES Messicurs.: volumes qui seroit augmentés de quatre ceos par année. Marx y su lectura de Hegel. por 10 que insistía en su utilidad para los oficiales militares. jI désireroit fonder un établissement plus étendu et plus utile. Volverá a aparecer En una Edición nueva y más elegante Corregida y mejouda Por el Autor No quisiera excederme en la metáfora. Le Sr. Suiza. I [istoria de b lectura 207 Apéndice: un Cabinet littéraire de provincias en 1779 La siguiente drcular nos ofrece una visión poco frecuente de un (ubinet littéraire. de hecho. les ordonnance¡. sino volver más bien a un punto tan simple que podría pasársenos por alto. podríamos aproximarnos a la comprensión de cómo daba sentido a la vida. como una constitución o un orden social. Bernard. Bernard s'en~age a se procurer par chaque ordinaire: Deux Journaux de Linguet Deux Mercutes Deux Journaux militaires Deux Journaux des affaires de l'Amerique & de l'Anglarerre Deux Esprit:> des journaux Deux Courriers de l'Europe Deux Gazettes de France Deux Gazettes de Leyde Deux Gazetres de La Haye Deux Gazettes de Bruxelles Deux Courriers du Bas Rhin Oeux Courriets de Oeux-Ponts Deux Bulletins Auxquels seton! ioints les ouvragcs & instruments de mathématiques.]. les cartes géogtaphiques. tal como él creyó. Podemos pensar en ella como un proceso lineal consistente en extraer información de una página. A ME. es probable que se pareciera a otros establecimientos similares esparcidos por toda la Francia de provincias. Si pudiéramos entender cómo ha leído. el lector. aux amateurs. La lectura tiene una historia. librero de Lunéville. por otra. bien ecJairée & chaufféc. propriétaire du Cabinet LiUl:raire de la Gendarmerie. Tan compleja. Estos puntos destacan en un proceso más profundo y amplio: el esfuerzo interminable del hombre por encontrar sentido en el mundo circundante e interior. La circular proviene del expediente de Bernard conservado en los documentos de la Société typographique de Neuchatel. en la Bibliothéque publique et universitaire de Neuchatel. No fue siempre y en todas partes la misma. autorisé par Monsieur le Ml1rquis d'Amichamp. Y de esa manera. offriroit. No hemos modernizado ni corregido su ortografía.206 Robert Darnton Pero la Obra no se perderá. deux miilt. Bcrnard. Sin emhargo. Se trata de una actividad que implica una relación peculiar -por una parte. Le Sr.~ représenter gu'encouragé par le suffrage de ses abannes. No ha)' rutas directas ni atajos. Une maison commade. Pensemos cuántas veces el leer ha cambiado el curso de la historia: Lutero y su lectura de Pablo. Messieurs [es Gendarmes trouvassent chés lui tous les secours Jittéraires qu'ils peuvent désirer. pero. . Habría de ir más allá y abordar el elemento relacional en el mismo corazón del asunto: ¿cómo construyen los lectores cambiantes textos mudables? La cuestión parece abstrusa. que han sufrido enormes cambios con el paso del tiempo. Dado que nUestros antepasados vivían en mundos intelectuales diferentes. clasificarse e interpretarse. pero es mucho lo que de ella depende. des cet inst:mt. a los oficiales de la gendarmerie local en septiembre de 1779. a j'honneur de vo. grande. que pueda rastrearSe a través del tiempo. & et tout ce qui concerne un officier. o club de lectura. qui cepenJant ne pOUrront les surtir de la bibliotheque. si lo examinamos más en detalle. la historia de la lectura no debería reducirse a una cronología de tales variaciones. estaremos de acuerdo en que la información puede cribarse. Mao y su lectura de !vlarx. el texto-o Aunque lectores y textos han variado según las circunstancias sociales y tecnológicas. de la Francia anterior a la Revolución.

Bernard aussi sensible 3U plaisir d'etre utile gu'a son imérét particulier. Es lo que espero hacer en el presente capítulo analizando una selección de obras recientes dedicadas a un campo de investigación tremendamente amplio. Esto no tiene por qué seguir as[ si se pone a los historiadores al corriente de algunos de los intereses que rigen el pensamiento y la práctica de quienes manejan material visual.208 Robert Darnton Le Sr. por lo general. erc. B. No obstante. n oe sera question d'aucun jeu queIeonque. no siempre es así. el punto de vista del historiador apenas se tiene en cuenta cuando se analizan imágenes en un contexto más amplio. N. Capítulo 8 HISTORIA DE LAS IMÁGENES Ivan Gaskell Material visual Aunque el material de fuentes utilizado por los historiadores es de muchos tipos. Le Sr. <lim.::order leur signature. Por arte. suelen estar mal adaptados para tratar el material visual y muchos de ellos utilizan las imágenes de forma meramente ilustrativa. Antes de seguir adelante. Por historia entiendo el discurso elaborado por los historiadores y no «(el pasado». sous tel prétexte que ce 50it. des ouvrages de littérature. aquellos 209 . Il se flare que Messieurs les Gendarmes voudront bien jetrer sur son projer un coup d'oeil favorable & le mettte a portée d'ajouter aux obligatioJ1s lju'i¡ leur a Jeja l'hommage d'une éternclle reconnaissance. Naturalmente. su preparación les lleva. triviales o ignorantes a los profesionales que se ocupan de cuestiones visuales. Bernard a vouée a la Gendarmerie. definiré cómo empleo los términos. Algunos historiadores han hecho aportaciones valiosas a nuestra idea del pasado -y al lugar que ocupa en ella el material visuaJ. & les auttes seront abandonnées aux lecteurs des gazettes.j qu'une chambre au premier étage.utilizando imágenes de forma sutil y específicamente histórica. se bornera pour chaque abonuement il trois Jivres par ano Voila quel sera l'ordre de sa maison: Un salle au rais de chaussée seta destinée pour la conversation. Bernard príe ceux de ces Messieurs les Gendarmes gUl lui seront favorables de vouJoir bien luí ac. En consecuencia. y para evitar posibles malentendidos. a sentirse mucho más cómodos con los documentos escritos. luí fait saisir tOllS les moyt:ns de lui etre agéable. La reconnaissance que le Sr. pudiendo parecer ingenuos.

Fuera de esta tríada centraL y con una influencia limitada sobre ella. los dos primeros son claramente interdependientes (por ejemplo. Tales instituciones son: en primer lugnr. en tercero. ejerce una influencia limitada en el debate sobre las cuestiones planteadas en la actualidad.210 Ivan Gaskell artefactos y. Este capítulo se titula «Historia de las imágenes». si no más. a veces. De hecho. (En el presente ámbito.con la expresión de «material visuab>. generados por quienes han sido calificados de artistas. Los autores . Es difícil formular un análisis de la opinión común sobre la que se fundamenta la constitución jerárquica del «material visual» debido a la complejidad del material mismo y a la falta de un auténtico acuerdo. aquellos constituyentes del entorno visual producido por el hombre que poseen un carácter primariamente comunicativo. el personal de museos y galerías públicas y. Aunque algunos miembros de cada grupo particular pretenderán mantenerse a distancia de los demás. bien por sus contemporáneos 0. bien por sí mismos. la distinción entre arte y ottos materiales visuales evoca no sólo problemas de terminología. se puede situar a los artistas y profesores de escuelas de arte. y no «Historia del arte» debido. Su práctica casi no tiene efectos inmediatos en el análisis del material visual premoderno que se da en el seno de la tríada y. historiadores del arte del mundo académico. las páginas siguientes podrían servir a modo de esbozo orientativo general. en segundo lugar. los funcionarios que trabajan en fondos públicos. En el seno de este amplio cuerpo de material. Son i¡. aunque no conozco una palabra única que describa la amplia gama de material visual al que deseo re· ferirme.:ualmente importantes. personal de las salas de subastas y coleccionistas. y en cierta medida son tratados. si bien este aspecto discriminatorio de la disciplina ha sido cada vez más criticado por algunos especialistas en los últimos años. hay en la cultura occidental tres instituciones de fundamenlal importancia ligadas entre sí. si bien no lo analizaremos aquí.. existe un intercambio considerable entre los tres en muchos planos. desde el de las ideas e hipótesis al del dinero. la presentación e interpretación implícita de tal material por parte de museos y galerías. conceptos asociados con ellos. Sin embargo.de sus fronteras y jerarquías internas. Quisiera bautizar esta masa un tanto nebulosa -que incluye el arte. los marchantes. se ha de hacer una primera distinción entre «arte~> y «otros»). pues trabajan. La historia del arte se ocupa en gran medida únicamente del arte y de la percepción de jerarquías cualitativas dentro de él. tras ellos. De hecho. los constituyentes del entorno visual producido por el hombre que son o han sido objeto de estima por razones distintas a las de su fin práctico evidente (si es que lo tienen). tanto la historia del arte como otras formas de estudio del material visual son en gran parte y legítimamente ahistóricas. sino también [a condición relativa o privilegio de los distintos tipos de material. La actividad de los artistas puede ser olvidada muy fácilmente y no les es posible contar con una voz eficaz e independiente. el promotor de una exposición podría oscilar entre ambos). Dentro del <~arteJ> se da una distinción basada en criterios humanistas renacentistas de origen clásico entre ~~bellas artes~> (como expresión de la invención individual humana) y llrtes decorativas o aplicadas.) Por otra parte. en exposiciones y en el mismo arte. e11 segundo. términos que han sido sustituidos en pllrte por el de «diseño» cuando nos referimos a la edad contemporánea. muchas de las personas más profundamente interesadas por el análisis del material visual desconfían del discurso académico o incluso lo rechazan. editores y (como miembros subalternos) críticos. (Habrá que incluir también los medios desarrollados por los artistas para· eludir el arte en cuanto artefacto. precisamente. Sin embargo. Aparte de lo anterior aparece una actividad cuya condición ha cambiado algo hasta hacerse ambigua: la arquitectura. Para la definición en la práctica de lo que constituye el material visual y -cosa igualmente importante. en primer lugar. De hecho. revestido de un nuevo significado intencional). mi exposición no se limita al arte. retrospectivamente. como propiedad de los miembros de la tríada. la silla no diseñada simplemente para servir de asiento) o bien retrospectivamente (el «objeto hallado» o «coleccionable». incluido el diseño gráfico y la fotografía. en cierto sentido. a mi deseo de tratar cuestiones relati· vas al material visual más allá de los límites del arte y también dentro de ellos. bien intencionadamente y desde un principio (por ejemplo.) No obstante. Este material incluye el arte como acabo de definirlo pero también. muchas de las obras interpretativas dedicadas al arte y otros materiales visuales no adoptan forma escrita o toman además alguna otra forma. entre los que aparecería sobre todo el arte representado. por otras personas. creo que merece la pena señalar que la historia del arte no es una subdiscipllna de la historia. junto con la pre- I rl~tNia de la~ imágenes 211 Il'nsión de precedencia interpretativa que a menudo se le otorga.

En muchos análisis históricos posterio.lrte. arqueología e historia natural que caracterizaban los museos locales fundados en Gran Bretafla en los años que siguieron a la Ley de Museos de 1845. la práctica actual de la arquitectura se ve generalmente como el ámbito de una profesión aparte cuyos miembros y críticos tienden a considerar ambigua la definición de la relación entre apreciaciones prácticas y expresivas. II.' res se insiste menos en la función práctica o social de los edificios que en la invención al tratar las estructuras y planteamientos relacionados con ellas casi exclusivamente comO vehículos para la expresión artística del individuo. Hay allí vitrinas que contienen útiles agrícolas o herramient'as artesanales que muestran las variantes regionales y el valor de la artesanía anónima. sin def¡nir~e. Las pr¡ncipale~ casas de subastas han realizado incluso esfuerzos considerables por desarrollar el campo conocido como "'coleccionables~ (tapaderas de potes de strass. Por otro lado. hábitos y hasta relaciones sociales pasadas. Sin embargo. radical y directamente la disciplina de la historia del arte y la práctica de todos los miembros de la tríada definida más arriba. al margen de si sus objetos de interés fueron creados antes o después de su invención. definido por la participación académica en debates sobre la significación cultural de tales objetos. sin duda. derivada de ella. su ámbito de importancia cultural es considerable. estampillas de cajetillas de cigarros. relacionado estrechamente con ciertos procesos actuales en historiografía expuestos en Gran Bretaña por la obra de Peter Burke Popular Culture in Earlr Modan Europe (1978). apela a cierto sentido del orden y sirve de equivalente recreativo de técnicas co- . de orientación más estrictamente histórica. en la pródiga construcción del Musée National des Arts et des Traditions Populaires. debido a su combinación de constituyentes funcionales y abstractos que daban pie a la inventiva individual. La categoría inadecuadamente designada como «otros» está definida en buena medida en la práctica por los museos y la actividad comercial. sino como un diseño a gran escala. El impacto cultural de la fotografía en los últimos ciento cincuenta años.. Casi todos la utilizamos a diario en forma de ilustraciones. El nuevo rango concedido al estudio de los restos materiales de sectores no elitistas de las sociedades anteriores se resume. como Lean Battista Alberti y Gíorgío Vasari. curiosamente. por un lado. por otro. El interés por el pasado local ha convertido desde hace mucho los museos en depósitos de objetos. recursos mnemotécnicos o sustitutos de los objetos representados por su medio. Además de las obras de . La participación del comercio en esta amplia variedad del «otro» material visual no está. planteamiento que en última instancia deriva también de Vitrubio (De architectura. aun manteniendo algunos rastros del prestigio de su anterior asociación. como un medio artístico opaco.212 Ivan Gaskell del Renacimiento italiano. También entre «arte») y «otroS». Todo este campo fue promovido desde la periferia de los estudios folclóricos hasta darles un lugar en el estudio revitalizado de la cultura popular. muy grande. el impacto del comercio en este terreno del entorno visual y la idea que la personas se hacen del pasado es probablemente más considerable que el de los trabajos eruditos del equipo de los museos y los historiadores sociales. Un interés mayor por la «cultura popular» desde la década de 1970 ha otorgado a estos artefactos un significado realzado. cuando Miguel Angel esculpía. por lo que respecta a su exhibición. De becho. se halla la fotograHa. tanto en sí misma como en forma de imágenes visuales en movimiento.etcJ En este terreno se observa la colusión de distintos intereses. ha sido inmenso y ha alterado por completo el entorno visual y los medios de intercambio e información de una gran parte de la población del mundo. ii). Hay cierta tendencia a tratar la prictica actual de la ar~ quitectura no como una de las bellas artes (como pudo ser concebida. en parte gracias al trabajo de los historiadores del arte que escriben sobre arquitectura. en cierto sentido. Aunque la gama de imágenes que su técnica es capaz de generar no sea. como recurso transparente para tnmsmitir información y. la mayoría de los miembros de esas ptofesiones han evitado explícitamente tener en cuenta las consecuencias de la foto- Ilisroria de las imágenes 213 grafía tanto en lo que afecta a su propia obra como en una escala mayor. si bien de manera muy distinta de la arquitectura. mientras que la sala de la imprenta es un almacén de pliegos de cordel e impresos de baratillo publicados para el consumo popular desde el siglo XVI en adelante. en una posición cuyo rango sigue. debido a los cambios en las lécnicas de exhibición. siguieron al arquitecto y teórico romano Vitrubio y concibieron '1 la arquitectura como la cumbre de las artes visuales. pintaba y diseñaba edifidos a un mismo tiempo). La fotografia ha transformado sutil. al ser tratada. juguetes. En primer lugar. de Paris. han acabado exponiéndose artículos domésticos anticuados que recuerdan prácticas.

según lo formuló Gary Schwartz en una crítica reciente l. En 1985 la casa de subastas Sotheby de Londres y el museo Fitzwilliam de la universidad de Cambridge colaboraron para presentar la «Ptimera 1 «Connoisseurship. Intentaré explorar sólo tres de los varios aspectos teóricos. la autoría de materiales visuales no considerados arte (productos artesanales o industriales) se considera en general como algo de poca repercusión. elementos de rango no definido. una infancia en la década de 1950) y la supuesta adherencia de una cualidad inmutable debida al contacto per~ sonal con un individuo o índividuos famosos o respetados (un par de botas propiedad de Elvis Presley o del primer duque de Wellington. y lo «otro». sino simplemente de una cuestión de conveniencia. diferentes todas ellas' entre sí. En tercer lugar. pongamos por caso. págs. El conocimiento pericial -la técnica que sirve en general para proponer la autoría de obras individuales de arte. pero tenían los suelos completamente cubiertos de teteras. a pesat de que el desarrollo del «diseño» como estrategia para incorporar los elementos inmediatamente explotables del «arte» para propósitos directamente comerciales esté llevando a una transferencia parcial de la prerrogativa del artista al diseñador. patrocinio).214 Ivan Gaskell merciales de análisis e intercambio. En cierta ocasión visité una casa de campo paladiana muchas de cuyas habitaciones estaban vacías de mobiliario y decoración. por ejemplo). Tras haber hecho algunas incursiones en la extensa masa de material visual (el «arte». refiriéndome a publicaciones recientes escogidas: la autoría. En segundo lugar. podríamos preguntarnos si es posible esta· blecer una distinción entre. como la arquitectura y la fotografía. Wellington. enriquecimiento y relación entre el presente yel pasado). Autoría El intento de establecer una autoría no es simplemente consecuencia de los valores del mercado del arte. pero. sobre todo en el subgrupo de la pintura y dibujo anteriores a la modernidad (los llamados «antiguos maestros»). como mantienen ciertos escépticos (es decir. De hecho. como «el rey». aparecían apretadas una contra otra en los pasillos y algunas partes de las escaleras impidiendo el paso. Los apologistas del conocimiento pericial no consiguen ocultar sus contradicciones internas. Muchos historiadores del arte cuyas opiniones están muy lejos del radicalismo. Las colecciones de sellos son su paradigma. Las teteras. En cuarto lugar -y esto es [o más importante para el historiador-. a diferencia de los intereses comerciales de los coleccionistas. difícilmente será éste el terreno de debate en el campo del arte. propaganda. Más bien es una consecuencia de la concepción del artista y de la relación de éste (y muy raramente de ésta) con el arte. el coleccionismo está postulado por la idea ímplícita de que el conocimiento de los objetos es evidentemente finito: la posibilidad de interpretación no forma parte del panorama intelectual. reconocen la inseguridad intelectual de las bases del conocimiento pericial y se centran en otros terrenos de la investigación (iconografía. . cuando se institucionaliza esta actitud con resabios de magia simpútíca. Como corolario. la llegada al lugar de encuentro de todos estos fenómenos en la presentación institucionalizada del héroe (Presley. incluidas ciertas categorías de artefactos y «coleccionables»). tal como ocurre en realidad de forma cada vez más extendida. tal como la percibe la tradición occidental. como el «duque de hierro») puede ser el punto al que referir el problema de cómo puede insti- 1iiscoria de las imágenes 215 luirse el conocimiento del material visual de modo que se aplique a diversos fines (entretenimiento. promete un resultado final completo y cerrado. el hecho de que una pintura de Van Gogh valdrá incomparablemente más que otra que parezca ser de Van Gogh pero no lo sea). Sin embargo. Dos de sus componentes son la nostalgia basada en las cualidades de sinécdoque percibidas en un objeto (un juguete con cajas de cerillas que evoca. Graceland y Apsley House. 261-8. los «coleccionables~> apelan a otro impulso comercial: el incre· mento del valor por la consecución de series completas definidas y la expectativa de una recuperación de la inversión. the penalty of ahistoricism». !n/t'fnational ¡oumal of Museum MatTagr:mw( aflJ Curatorship 7 (1988). este tipo de coleccionismo implica una relación particuLlr con el pasado. por ejemplo. pues ambas suponen una actitud profundamente antianalítica respecto de un pasado dominado por grandes hombres cuya esencia puede conocerse por el examen atento de los objetos de los que se rodearon. la canonicidad y la interpretación. Para el propietario no se trataba de una disposición que expresara algo o invitase a la interpre~ tación.es «el ello del ego en histotia del arte».

Jos criterios 1. demostrar la "correggiosidad~ del n. numero Jos criterios propuestos por Gere. Si se acepta que el conocimiento del perito constituye una activi· dad necesaria (como lo acepto yo mismo. este último. está indisolublemente unida al autoritarismo. constituye el fundamento mismo de la pericia. Se encuentra l. concisión y exactitud de expresión. Gere revela las pautas curiosamente dobles del experto. [5] capacidad para valotar las pruebas y (6] cierta facultad de empatra con el proceso creativo de cada artista en particular y [7] una idea favorable dd mismo como personalidad artística in· dividual. tación personal. tal como está planteado. atención a los matices del pensamiento. Muchos encuentran difícil aceptar la pura afirmación como conocimiento académico. una mera ficción.. «una cosa es hacer una atribución satisfactoria y otra muy distinta ex. (Para facilitar una posterior referencÍa. sigue siendo inolvidable su manera de."¡ Phi/ip Poultcey. Phtlip Potmcey. seria básico para el conocimiento del periro tal como se concibe en general. por tanto. Su tema era Los logros de un perito.) mUseos como en el mercado del arte y se ha interesado ante todo por los dibujos del Renacimiento italiano.» Para muchos historiadores del arte.·r. Sin embargo.. Podría pensarse que el número 4 elude varias cuestiones capitales.!' Ilición excelente del concepto tradicional de pericia que merece la pena citar por entero. pero. El número 3. a mi entender. (No niego. Italitm Old Master Dfl1wings. Los problemas reales se encuentran en los números 6 y 7. argumentación racional y apela a la repu. 1 The Achievement 0/11 CoftnOÚSeUf. en la página siguiente. 1985) (sin números de págs. pues. John Gere hablaba de la «claridad. en esencia. Podemos imaginar que los parámetros estilísticos que delimitan la obra de un artista particular pueden ser considerablemente más amplios . curría a los ademanes para responder a este problema. do y el desacuerdo en términos graduados)) en Pouncey. A su vez.. En la introducción citada más arriba. renuncia a la. dentro de lo racionalmente posible en sus dos primeros crÍterios. de un sistema cerrado y autoprobatorio y." 19 de la presente exposición adoptando la pose del San Sebastián del dibujo. La idea de que todo artista individual se revela de una manera única por rasgos estilísticos inconscientes que el perito es capaz de reconocer.2 Y5 parecen fuera de discusión. plicarla satisfactoriamente».) 217 El concimiento pericial. que una ficción pueda expresar una verdad. «Después in. [4] sentido de la calidad artística. afirmando que. [2] un conocimiento exnaustivo de la escuda (l periodo en cuestión. quien durante su larga carrera ha trabajado tanto en.) Por otra parte. según puede demostrarse.. no es exactamente una ciencia en el sentido de sistema racional de dellucción a partir de datos verjf'ícables. una polarización ideológica. la exactitud no es una virtud sino un deber. cluso de treinta años. ' núa: «j\-fr Pouncey es un estudioso.. no obstante. es un imposible racional. esmero.. algunas más científicas que artísticas y otras más artisticas que científicas: 11] una memoria visual pata [as composiciones y detalles compositivos. sin embargo. cuyas reflexiones se interesan por asuntos distintos del de la autoría. Al describir la obra de Pouncey en la introducción al catálogo de la exposición 2. Gere da una defi. res y teóricos radicales del arte descalifican abiertamente el conocimiento pericial como una actividad intrínsecamente conservadora y provista de anteojeras que se limita a reforzar el mercado del arte y a eludir los problemas importantes centrándose en minucias particulares e insignificantes. [3] la consideración de todas las respuestas posibles. Gere admite que «el conocimiento pericial de los dibujos italianos se basa casl por entero en evidencias estilísticas internas). El conocimiento pericial merece ser analizado más de cerca y no descalificado. sin embar· go. la afirmación que esconden los números 6 y 7 no es demostrable en sí misma. al interesado sólo le queda la sutilización y el análisis de incongruencias percibidas dentro de un conjunto de argumentos definidos de forma circular. en el sentido técnico de identificación de los autores de "bras de arte. por ]nlien Stock y David Scrasc (Fitzwilliam Museum. distinción entre hipótesis y hechos y lo que es pertinente e inoportuno y la expresión del acuer. Gere conrt.«hreves anotaciones en los soportes de los dibujos» sean el principal modo de expresión del perito (descrita por Gere como <íel monumento tangible de la ohra más notable de su vida [de PounceyJ»).. muchos peritos muestran escasa consideración por los historiadores del arte.216 Ilistoria de las imágenes exposición Sotheby Fitzwilliam». para quien. algún punto entre ambos y requiere una combinación especial de calidades intelectuale~. tampoco es exactamente un arte. Se da. la incapacidad de expresión que permite que la pantomima y -10 que es más serio.>. sería aceptable en las circunstancias presentes. más adelante describe cómo Pouncey re. Se trata. si bien en calidad de medio para una multiplicidad de fines y no en cuanto fin en sí misma). así pues. Cambridge. varios historiado. En consecuencia. en particular. y espero no perjudicar a Gere al sugerir que la calidad propuesta por él queda comprendida.

el Rembrandt Project es uno de los destacados. que cualquier pretensión respecto a su relación con el mundo se examine con cuí. dadas la~ limitaciones de las técnicas de peritación que en este caso sólo pueden apoyarse en pruebas estilísticas y técnicas internas? Sin emba. sus abreviaturas personales. como la fecha aproXimada o el probable lugar de producción. ayudantes. to pericial basado en la diferenciación ostensible entre nimiedades inexplicables. Es interesante observar qt. Esta experiel1Cia podría hacernos pensar que la práctica secular del examen y certificación o rechazo posterior de supuestas reliquias por parte de fi.. han hecho posible esta actitud. dado en casos individuales. en especial los óleos. Al guardar silencio acerca del mito del ((ojO!> refinado y sutil que funciona de una manera reconocida explídtamente como algo muy próximo a la intuición. H:Hl. parece cada vez más cuestionable. Todas las técnicas disponibles. intentar identificar las pinturas exclusivas de" Rembrandt.aria ni suficiente para atribuir al mismo ar. un pequeño grupo de estudiosos holandt:ses ha examinado. Por ejemplo.m~ cionarius eclesiásticos podría muy bien considerarse el antecedente intelectual del trabajo pericial de nuestros tiempos. Si se parte de la base de semejanzas y diferencias ob~ servadas. en un trabajo de colaboración. pueden establecerse diversas agrupaciones de obras.3 16341639 (1989). Hacerlo así equivale a aceptar un sistema arbilrariu nu reconocido y que no corresponde necesariamente a la realidad. En la actualidad se están haciendo grandes esfuerzos por eludir este problema evitando reconocer explícitamente su existencia. somos culturalmente reticentes a abandonar 0. El análisis comparativo puede establecer pautas de prácticas de taller. la premisa básica de todo el proyecto. distlmas de las de sus discípulos. En 1988 se analizaron simultáneamente algunos fragmentos de la misma en tres laboratorios de Suiza. en realidad. lo cual se de\:.-.e tanto ese deseo como su viabilidaJ parecen ahora notablemente menos seguros que lo que debieron de parecer a los iniciadores del Proyec:o. propungo que quienes practican este sistema reconOZcan su tango. que se tengan en cuenta las investigaciones recientes relativas a la percepción y d cünuci. amasando Hi:. B. . y 7 ne Gere citanos más arriba).1Ídas a Rembrandt van Rijn. y.218 Ivan Gaskel: de lu que permitiría el mantenimiento de un sistema de conocimien. pero.11 menos. vol. . Bruyn.. los resultados suelen confirmar más bien las aseveraciones negativas que las positivas (. vol. ma6zar. los criterios (. Gran parte del examen técnico consiste. 2 1631-1634 (1986). Quizá esta aceptación sea inevitable. La evolución de las prácticas de la conservación y la aplicación de técnicas científicas al análisis de los componentes de las obras de arte. van Thiel y E. J. miento.es 219 una considerable c:. V~n de Wrterine. los nUevos peritos depositan su fe en el examen técnico y científico. La cuestión planteada ahora es: si el «relllbrandt~~ es producto de un taller que incluía un número de miembros fluctuante y donde la única constante es la persona de Rembrandt. en una bús~ queda intensificada de las huellas singulares del artista: su toque. S.].. 1 1625-1631 ':19821. la noción del artista como un creador esencialmente in~ dividual cuya única actividad ((<el proceso creativm>) y carácter (<<la personalidad artística)) podría discernir el observador empátÍCo (cfr.k.rgo.e en buena medida y de forma irn~ premeditada el trabaio del equipo mismo. pero ello no parece causa nece. Levie. el que prohahlemente ha attaído más la atención del público en los últimos años se refiere no a un objeto de arte en cuanco tal. en tercer lugar. Dentro de este tipo de problemas. H.mtidad de información técnica.roria de las imágeo. en primer lugar. seguidores e imítaJures contemporáneos. vol . la hipótesis de que es deseable y POS1Sle definir un corpus de obras producidas por el mismo Rembrandt. en segundo lugar. Aunque el lugar de la obra dentro de categorías más amplias. las pinturas atríb:. Gran Bretaña y EE UU mediante técnicas de datación por carbono y los resultados sugieren que el material es más bien de origen tardomedieval que paleocristiano. es improbable que en el taller de Rembrandt se preparara un lienzo sin una clara doble base discernible en las secciones transversales de la cap<l de pintura realizadas para el examen microscópico.el análisis ha mostrado que no se han empleado materiales anacrónicos para una pintura del siglo XVIl»). Sin embargo. ¿es convcnientc l incluso. P. tista aquellas que mUestren características similares. suponiendo que tal cosa sea POSIble. 11 C:orpus 01" Rembrundt Pairlti"gs. sino a un elemento de material vi~ sual cuya categoría incierta como reliquia auténtica o imagen humana ha suscitado un amplio interés: la Sábana de Turio. desde la autorradiograíía hasta el análisis de difracción de rayos J J. pueden establecerse con provecho. Se halla en curso de publicación un catálogo cronológico de obras aceptadas (que tiene en cuenta otras dudosas y algunas rechazadas por el equipo y aceptadas en un primer momento) 3. es decir. Durante más de veinte años. Entre los proyectus actuales de peritación.

4 Art m the . el museo. Según ello. la falta de conocimiento se compensa habitualmente presentando en forma de conocimiento seguro una opinión reforzada por la reputación y la autoridad. Aquellos cuyo principal medio de 'cambio son las ideas y no los dólares cuentan con una considerable desventaja.. por David Bonford. Un examen similar de los cuadros de la Na~ tional Gallery. Actualmente. Sin embargo. ¿dónde hay que detenerse y en qué punto pueden tomarse decisiones? La autorradiografía por activación de neutrones (que revela.y emprender a conrinuación todo el proyecto de especulación atributiva partiendo de una nueva base en la que las hipótesis se reconozcan como tales y la opinión no se presente como conocimiento seguro? El problema de la condición epistemológica del conocimiento derivado de la actividad pericial se agudiza cuando esa información. por su misma naturaleza. prestigio (tanto individual como institucional) y. ahora bien.) Los implicados se juegan demasiado: rango. Londres. deducciones derivadas de fuentes que se corroboran mutuamente). El proceso de toma de decisiones periciales se mantiene fundamentalmente sin cambios y la única diferencia es que el perito dispone de más datos. El hecho de reconocerlo no desembocaría en el rechazo o exclusión de las pruebas del perito sino. Runbrandt. nificado de este hecho raras veces es lo bastante preciso para sus re. se utiliza para construir argumentaciones complejas en historia del arte ligadas al conocimiento establecido por procesos más dignos de confianza (por ejemplo. la disposición de los constituyentes del cuadro en una serie de imágenes radiografiadas) es una técnica de la que no dispuso el equipo de la Nationa1 Gallery. el reconocimiento de las limitaciones epistemológicas de la pericia serían difícílmente provechosas para los intereses creados del mundo del arte.220 Ivan Gaskell X. pueden utilizarse y de hecho se utilizan para establecer paráme.faking. También es improbable que se cargue el acento en otros aspectos.. pues las obras de arte funcionan como objetos individuales (y no como componentes indeterminados) en el contexto que las determina: el mercado y su asociado subordinado. más bien. vacilarán las estructuras mismas. más bien. Si se atribuye a la prueba del examen pericial una importancia igual a la que se apoya en pruebas establecidas de forma más segura en esas estructuras.. Historia de las imágenes 221 incierta por necesidad. zar el corpus de un artista concreto. tros dentro de los cuales poder analizar las obras mediante proceS05 legítimos de comparación y exclusión. Las cuestiones sobre el peso relativo de los distintos tipos de pruebas no se plantean del mismo modo al considerar aquellas formas de argumentación donde sólo entra en juego el conocimiento pericial. bastantes como para proporcionar material comparativo. (Sólo aquellos a quienes se atribuye una gran autoridad pueden hacer declaraciones ocasionales de ignorancia: su juiciosa proclamación confirma esa posición de gran autoridad.' National Gallery de Londres: se trata del examen más exhaustivo llevado a cabo hasta el momento de un conjunto de obras asociadas al taller de Rembrandt 4. Christopher Brown y Ashok Roy (N:Hionai Gallery. en su utilización adecuada y circunspecta. No obstante. han sido analizadrls de este modo. Siendo así. la pmeba pericial no puede ser. el sig. Admitir ignorancil\ se considera demasiado a menudo un fallo culposo. actitud que tiñe las prácticas en este terreno.". tan persuasiva como algunas otras formas de prueba. el propósito " principal de la interpretación de tales resultados por historiadores del arte y directores de museos sigue siendo determinar o desautori. Como en cualquier otro mercado capitalista. varias pinturas atribuidas a Rembrandt. No obstante. ¿echaría por tierra las htpótesis de atribución recientemente publicadas por ella? ¿No deberían examinarse. sobre todo. las limitaciones del conocimiento pericial -por más amplios que sean los datos técnicos de que dispone el perito.~ querimientos. dinero. corno para reconocer este estado de cosas. habremos de señalar que la definición de las prácticas de otros tiempos establecida únicamente por el conoci- . De él se deduce que la información técnica extensa y detallada utilizada por el Rembrandt Research Project resulta inadecuada en el momento actual. efectivamente. Desde el punto de vista de quienes se interesan por la relación entre presente y pasado. Se ha de tener más en cuenta la caliJad de la naturaleza de la prueba que la calidad de una prueba en circunstancias particulares. 1988·9). la confianza y la credulidad marchan a la par. Dentro de este contexto resulta muy deseable que no se ponga en duda la condición de cada objeto individual.. Algunas de las hipótesis de trabajo publicadas por el Rembrandt Re-" search Project han sido puestas en duda últimamente COmo resultado del examen técnico y científico ele los fonelos ele Rembrandt ele la . En consecuencia. el empleo de análisis técnicos se multiplica sin que se tengan debidamente en cuenta las implicaciones epistemológicas.

. Kermo de describ ía el caso de Sandro Boticelli.'1dl'O Bo/tcel!t. 2 vals. pues probab lement e conten drán aspecros débiles. más que el juicio crítico tefinad o. lejos de ser la adecuada para un análisis de los procedi miento s críticos e históricos re~ lativos al análisis del material visual. en Florencia) se han unido al grupo totémic o de imágenes ma. quien examinó cierras aspectos de la obra de Boticelli en el context o de sus propias teorías sistemáticas de A¿essandro Fdipepi ca¿!ed Sil. siendo exhibid a sola en una babitación oscura. en efecto.. al otorgar le un trato especial. es actualme nte el texto de consulta. Canoni cidad La distinción retórica mente exagera da corre conocim iento y opi~ nión en el apartad o anterio r está. Sin embarg o. La entrada en el catálogo de esta exposic ión (págs. (1978). discípu los e imitado res y se defini ó una «person alidad artlstica» 7."ivam ente reprodu cidas. la present ación al público de hallazgos técnicos. Pero. 1982-3). nueva edición con una íntroducc ión JeJuhn Püpe-He nnessy (1980).. cuan4 do no aurénticos defectos. si acepramos que los cambios en la práctica de los artistas son el resultado. . que contribuyó de manera considerable a definir el corpus de obtas de Boticelli mediante su competencia pericial y la investigación atchivística 5. En 1982 concluy ó una larga y amplia restaur ación de este cuadro. Las pintura s de Boticelli calificadas de obras maestras. pot supuest o. . imitación y la emulación). Ya hemos visto que la inform ación técnica se utiliza al servicio del conocim iento pericial . bién que los razonam ientos que conced en un peso excesivo al conocimient o pericial en historia del arte debería n tratarse con mucha precauc ión. Florencia. Eme Untersuch ultg über die Vorstetl ungen va" der Antike in der llalielllschen Fruhrennaissance (1893). es a la vez (entre otraS cosas) el principal medio modern o de realzar la mística y categoría de una obra de arte. Una de las consecu encias de aceprar esre criterio será probab lement e que la cuestió n de la autoría individ ual resultar á menos urgente que antes. El autor manrenía convinc enteme nte que ni el interés de Herber t Horne. Esto. como manten ía Frank Kermode en Forms 01 Atten/io n (1985) al examin ar la formación y perperu ación de cánone s tanto en la litetatu ra como en las artes visuales. Pointer o[ F¿oreltce (1908). Operativitd e ricerca ¡¡el restauro (Palazzo Vecchio. eS un proceso perfec- (:. la cuestión de la autoría individ ual no quedará relegada del todo. 'j I J i::.222 miento pericial debe conside rarse una ficción. en la ola del /in-de-siecle. ni Aby Warburg. la opinión y la moda mal informadas pueden crear las circunstancias en que se «redescubta» un attista y se admita su obta en el canon de objetos materiales sometid os al examen reiterad o de universitarios y críticos . al menos en parte. sobre lodo El nacimiento de Venus y La Primavera (ambas en la Galleria degli LJ ffizi. Debería mos adverti r tam. en un espectá culo pensad o para inspirar respet o. La Primavera ha sido diviniza da como el «mayor tesoro». Mientra s cien años antes los visitantes de los Uffizi esperab an admirar la Venus de' Afediei como su «mayo r tesorm>. de decisiones intenci onalme nte motivadas y tomadas por individ uos y difundi das luego a rravés de la <<Íntluencia» (que puede abarcar la . Sarldro Bolftrr:lfi's "Geburt det Venus' und «f'rtihll11g». la sala de Boticelli ha ocupad o ahora el lugar de la Tribu na (a pesar de su reciente restaura ción historicista) como meta úl tima del peregri naje artísrico popula r y La PrimaVertl ha sido elegida corno su pieza central. sin paliativos. se habrían sentido estimul ados de no haberse 11rodu cido un cambio en la cultura del público que propici ó un gusto por la obra atribuid a a este pintor. 207-50) era la más larga que se haya dedicad o en este tipo de publica ciones a la descrip ción récnica de un cuadro particular. al menos en parte. cuyas pintura s fueron ignoradas en buena parte entre el siglo XVI y los últimos años del XIX.toria de las imágenes 223 Ll histori a cultural 6. La consecu encia fue que la obra de Boticelli se distingu ió conven ienteme nte (en término s genera les) de la de sus contem poráneo s. A continu ación se mosrró al público como el clímax de la exposic ión Melodo e scienza. Kerenode demost ró que. conocid as de un público amplio a través de m uchas formas de reprodu cción. de la Gallería degli Uffizi y su figura central femenin(] (]parece en la cubiert a de la guía del visitant e public ada en numero sas lenguas. 7 Ronald Lightbaw n. No es sencillo deshac er el enredo entre conocim iento y opinión. Salldra BaticeUi Ltfe and Warks and Complete catalogue. impresi onantem ente ilumina da como una pantal la cinematográftca. a pesar de su carácte r racionalizador. por más persuas iva que resulte cuando está bien argume ntada. Tanto Home como Warbu rg navega ban.

. El principal estudioso de la historia del gusto es Francis Haskell. que cerr6 la conferencia de 1982 sobre la historia y futuro de los UfGzi. Se trata. o las «(escuelas» en que se agrupan (como Guido Rení y el Bolognese del siglo xvn). este planteamiento está sostenido por los postulados que constituyen la base de gran parte del conocimiento pericial. a veces. Este proceso. en París. con un sesgo nacional o sin él (por obra de Van Mander. The Acaden·rv artd Frelk'h Painting in the Nirteteertth Cf. La teleología en que se fundamentaba el proyecto modernista (y que concedía retrospectivamente el privilegio de la crítica a Courbet.). más recientemente. de su coincidencia con los estudios literarios en el hecho de tratar predominantemente como unidad de interés básica la obra total de un individuo. daramo:nte. En ocasiones. mesa redonda entre los directores de algunas de las galerías más importantes de Europa y Estados Unidos. al considerar la canonicidad. Por ejemplo. Posteriormente se publicó una transcripción editada en Paola Barocchi y Cjovanoti Ragioneri (eds. algunos de los cuales no tienen en principio nada que ver con cuestiones artísticas. observable en IHs instituciones de arte públicas. Caravaggio). El desarrollo de la historia del gusto ha ayudado también a sancionar una actitud regresiva ante las colecciones. de Bellori. págs. de Piles. jumo con ortos estudio- sos. Sorne Aspects ofTasle. cómo. Dos de ellas están íntimamente imbricadas con la deuda que mantiene la historia del arte con su reconocido texto fundacional: Las vzdas de los artistas. Géróme y Bouguerau pueden adquirír condición de canónicos para una nueva generación de visitantes del museo. entre otros medios. en cualquier caso. Los nombres de Couture. en Londres. esta obra. en mi opinión. Quizá el ejemplo más logrado en Gran Bretaña sea la Wallace Collection..224 Ivan GaskeU tamente calculado en el que el equipo directivo de la galería ha de. pues. puede verse como una concepción de la canonicidad esencial y. 2. entre otras. Sin embargo. Le vite de' piu eccelertti pithm. (1983). Una manera de tratar tales modificaciones y calibrar en un momento cualquiera las disparidades entre las actitudes académicas hacia «el canom> y un estado de cosas más amplio y público (expresado principalmente por el coleccionismo) es el terreno de estudio desarrollado considerablemente en los últimos años: la historia del gusto. como es sabido. Fashion and Co!!ecting in Er¡g!and and France ([9761 Y(en colaboración Con Nicholas Penny) Tasle and Ihe Anüque. es una colección «muerta»: nada puede serIe añadido ni quitado. Estos cambios afectan a modificaciones en las instituciones artísticas: el mercado y el museo y son afectados por ellas. el canon basado en la autoría se perpetúa. 1500-1900 (1981) han ayudado a que se cayera en la cuenta de que los cánones de apreciación de la superioridad artística son histórica~ Asi se vio. que culminó con la elaboración de un siglo XIX no modernista en el nuevo !vlusée d'Orsay. vol. Los administradores y personal directivo de los museos estan menos dispuestos a argu~ mentar en contra de la aceptación de donaciones o legados de colecciones con la condición aneja de que se muestren íntegras y no dis~ persas entre los fondos del museo. Manet.The Ltlre of Clamca! Sculpture. En segundo lugar. Podemos ver.nlury (1971). ¡e jos de corroborar una actitud histórica frente a las circunstancias en que opera el arte. eS deber de los lel Albert Boime. una galleria. scultori ed archite1tori (1586). Se añaden artistas a medida quc se desiurollan sus carreras. ni siquiera temporalmente en forma de préstamo. Se han dado pasos para que las colecciones abiertas al público en su medio original vuelvan a su disposición primitiva. tan ciertas cuestiones complejas entreveradas unas con otras. sería difícil imaginar el renacimiento de un interés serio por el arte académico francés del siglo XIX sin la obra. sempeñado. 557 -635 ~ Principalmente en su segunda edición. de Giorgio Vasari 9. una manera tan acrítica de abordar la cuestión puede llevar a una falta de conciencia crítica de la función social de las colecciones como monumentos a un hombre (o a veces una mujer) supuestamente grande y. Haskell trata la vida de los objetos después de las circunstancias de su creación (objeto de la historia del arte interesada en la recuperación. El canon está también sometido a modificación: el mismo Vasari sentó el precedente en la segunda edición de sus Vúiu. se susci. se descartan algunos artistas. Las obras de Haskell Redircoveries in Arl. Sin embargo. que analizaremos más adelante) y antes de sus posibles efectos en el presente (materia de la crítica). explícitamente no modernista. Qtldttro secolid. GI¡ L~f/izt. que. de Frands Haskell y Albert Boime lO. como sus directivos consideren oportuno. ídem" Thomas Coulure and the Eefec!fc Visian (1980) . o se descubren otros (como Boticelli 0. Según hemos visto. los impresionistas y Cézanne) no se mantiene ya sin vacilación.. en primer lugar.. durante ]¡¡. ha contribuido a llevar a cabo toda una reconsidel'ación crítica de la presentación del arte del pasado en los museos. escribiendo al modo de Vasad.). Historia de las imágenes 225 !TIente contingentes y están determinados por una multiplicidad de factores.. un papel destacado 8.

paradójicamente.. según la detallada descripción de Elam. realizado. en el discurso académico esto no tiene mucho lugar.¡cceso directo. La situación es aún peor cuando la supuesta recuperación de la disposición original se produce en una colección cambiante y. a 1J «personalidad artística» y al «proceso creativo» (con los que ya nos hemos encontrado en la sección dedicada al conocimiento pericial).. otomanas orladas de pana y entejados de pared en seda de Lión de colores estridentes.226 Ivan Gaskel directores tratar esto como una cuestión en sí misma o. además. En conclusión. con una actitud que puede fomentar una petrificación autoritaria de las colecciones individuales hasta producir un nuevo criterio de canonicidad. Elam propone que «la moda actual favorable a la decoración auténtica y la colocadón historicista de los cuadros en las paredes no es más que una manifestación de la inseguridad contemporánea respecto de los valores estéticos cuando nos aCercamos al segundo milenio. las líneas de batalla corren (en sentido amplio) entre la recuperación histórica (el intento por interpretar el material visual como probablemente 10 fue en el momento de su realización. ra acrítica por ser ilustrativa del gusto de un individuo y se instaura como disposición permanente y no temporal..» El desarrollo de la historia del gusto implica una nueva actitud hacia la canonicidad que. 11 vThe hanging's lOo good for them".) 12 el historiador académico del arte Michael Rosenth:. 3-4.>. alfombras pseudovictorianas. que arrebatan el color incluso a Jos Van Goghs». es una E.Jlsificación. El ejemplo más sobresaliente de este plan~ teamiento es la última renovación de la National GaIlery de Escocia. de modo que el arte de cualquier periodo del pasado no podría entenderse al margen del contexto de su relación con la práctica actual en el arte y. un interés teóricamente comprometido y postestructuralista con la hermenéutica visual. dados. por extensión. criticada por Caroline Elam en un editoríal de la re~ vista de arte conservadora Burlington Magazine 11. 3-8. y en tercero. Entre éstos se cuenta en primer lugar el planteamiento que admite la posibilidad de un :. págs.azine 131 (1989J.. discreto y absolutamente académico en sus formas. une un nuevo eclecticismo crítico -algunos dirían acritico. a menudo irreconciliables. Aquí intervienen también otras fuerzas que modifican o socavan tanto el canon como la noción de canonicidad. se hizo un intento. en Edimburgo.¡[ pasaba revista a las connotaciones políticas de ciertos acontecimientos artísticos mundiales en el contexto de la denuncia contra los universitarios británicos por su incapacidad para emprender un debate cultural y político amplio.que desafía implícitamente el canon teleológico de la historia del arte. La presentación directa del material visual se ve cada vez más afectada por la aplicación de criterios de «historia del gusto».s. escrito por David Solkin. bien por sus contemporáneos o bien por ambos) y diversos tipos de compromiso directamente crítico. escribía Caroline Elam en su editorial del Bur!ington lvIagazine mencionado mas arriba. en cualquier medio visu~l Estos conHictos inrerpretativos se han visto crecientemente polI tizados en los últimos años. al menos. cornisas. Algunas de ellas giran en torno a los conceptos de interpretación. p<Í¡:. «Si se impone el historicismo. parece como sí a tal proyecto le fuera consustancial un autoritarismo petrificador. de situar I~ ArtMonth()\ n. La autora observó que las pinturas que cuelgan en hileras dobles y triples en las galerías principales imponen la «necesidad de usar prismáticos para ver los cuadros colocados en las alturas». más bien. conocer su naturaleza problemática. ble de la restauración de la autenticidad decimonónica queda desmentido por la arcaización artifici:. en segundo lugar. re. «la obra individual de arte queda bloqueada en su época y no puede irrumpir hasta encon trarse con la mirada contemporánea». Una vez más volveremos a encontrarnos también aquí con algunos temas conocidos. Sin embargo. La subordinación de la obra de arte individual a un esquema general es inherente a cualquier dispo~ sición de una galería. con «rodapiés de marmol. significado e intención. un enfoque que subray~ la continuidad esencial del arte. Burlingt{)II Mrl}!. pero cuando esta disposición se elige de mane. .O 125 {abril 1989). bien por su autor. En el catálogo de la exposición mism a. En una artlculo apasionado titulado ~/rhe Death of British Art History.¡J de la ampliación del entresuelo construido en la década de 1970. I listada de las imágenes 227 Interpretación De Jos cánones definidos por la autoría y la colección pasaré ahora al significado y la interpretación pictórica. inruitivo. Rosentahl reexaminaba el entusiasmo desatado en 1982 por la exposición en la Tate Gallery de la obra del paisajista inglés Richard Wilson. El motivo ostensi.

Ed de Jongh. Londres. va más allá de una conform idad a menud o inconsc iente con la ideología sociopolítica del consum idor hasta abarcar modos de percepc ión que no son capaces de provoca r una atenció n política mente motivada en el momen to presente. 510-19. con razón o sin ella. McWiIliam y Potts continu aban: «Aun tratánd ose de tesoros culturales bastant e desvaídos. había que defende rlos si eran amenazados en un terreno donde todavía parecían vagamente dignos de fe. los esculto res alemanes en madera de tilo en los primero s años del siglu XVI y sus clientes. 164. Su explicación cuenta con una historiografía larga y eminente. 14 Pág. N eil McWilliam y Alex Potts explicaron con agudeza por qué la aportación de Solkin a la historia social del arte no fue sencíllamente ignorada de forma similar 15: SoIkin quebra ntó las reglas introdu ciéndos e en la institución de la «prestigiosa exposic ión de antiguos maestros present ada en una de las principales galerías nacionales». George Morland y John Constable. págs. como el que descubr ían. en el sentido de estar determ inados por la sociedad que influyó en su experie ncia. como el disfrute inglés del paisaje y el supuest o gusto y refinamiento de la época georgiana. una de las más controv ertidas es el análisis del arte holandés en el siglo XVII realizado por Svetlana Alpers en The Art 01 Describing (1983). . Barrell examinaba la ideología implícita en la represent ación de los labrado res en los cuadros de Thoma s Gaínsb orough. págs. (198. al no ser más que un texto académ ico y. pero en realidad es crítica. 171-5). aducien do que «deberí amos reconsi derar una idea de la naturaleza por la que parece "natural" que algunas persona s hayan de trabajar y otras no» 14 El libro de Barrell. aunque nO dome partidm): Ox/ord Art Jotlma17. como lo intentó Baxandall en The Limewo od Seu!ptars 01 Renarssanee Germany (1980). el estudio so de la li~ teratura John Barrell había publica do un análisis histórico con planteamien tos similares sobre la pintura de temas rurales del siglo XVIII en su obra The Dark Slde 01 the Landseape. examin ada en un context o más amplio de la historia del arte por Michael Podro en The Critica! Historians 01 Art (1982). A.» La tarea del historia dor es. The Rura! Poor in English Paintlng 1730-1840. Según eIla. En su obra podemo s leer: «(Algunos de los recursos intelectuales con que una persona ordena su experie ncia visual son variables y gran parte de estos recursos variables son cultura lmente relativos. 1982). tes. en: The New Are History. denunc iaron esto como subversión marxista. Una visión general. por ejemplo . Ar¡ Bulletin 69 (1978). Varios órganos de opinión influyen . Baxandall intenta ír más allá del simple análisis iconográfico. Alpers mantenía que una característica de los holandese s del siglo XVII era el intento de conoce r el mundo taxonóm icament e haciend o una descrip ción pictóric a detallad a que incluye ra la cartografía. 106-19 (publicado orÍginalm ente en Hzstory Work:. 51-9. Dos años antes. «The state of research in northern baroque art». n. HistOria de las imágenes 229 zaóón. El significado. págs. en la época de su realiu Richard Wilson The Landscape of Reactiotl. El autor oponía una mitología nost. Otros estudiosos han aplicad o sus vetsiones propias de los plantea mientos de Baxandall a otras culturas visuales. 1~ En la nueva sección introduct oria a su artícnlo (<The Landscap e of Reacüon: Richard Wílson (l713?·1782) and his Critics».hop 16. por tanto. Podemos estar de acuerdo con Michael RosenthaI en que los escritos académ icos son.) (1986). recuper ar el «ojo de la época»: la manera de ver cultural mente específica de. págs. opinión que suscitó un debate caluroso con otros estudiosos de la materia 16. págs." 1 (1984). Otros consider aron que mi recensión había sido favorable a Alpers. en Egbert Haverkamp-BegeIIlann. como el Daily Telegraph en un artículo de opinión. Uno de los más destacados cultivadores de este tipo de historia de recuper ación del arte es Michae l Baxandall cuyo libro Painttng and Experú:nce in Fljteenth Century Ita!y (1972) lleva el elocuente subtítulo de A Pllmer in the Socia! History 01 Pictoria! Sty!e. L. una actividad social marginal en Gran Bretaña. a fin de cuentas.228 Ivan Gaskell los paisajes ideales de Wilson en el context o social y cultura l de su creación y consumo originales 13.3). Rees y Francesc o Borzello (eds. la microscopía y la transcri pción de represe ntacion es realistas de la realidad observada. no especia lmente bien informa do sobre la función de la tradición artístíca en la generac ión de imágen es pudo ser ignorad o por las instituciones mercantiles y museísticas.iIgica a una apelación a la historia.» La conside ración histórica del material visual no se limita a la atribuc ión de significado ideológico. 57-60. sugiriendo que la condición de aquéllos se muestra no como algo socialmente determ inado sino natural. ver su reseña en Simw!us 14 (1984). en especial págs. Barrell y Solkin. además. esto debería tener precedenc ia sobre cualqui er ilusión o alegoría en la interpre tación del material visual holandés. Este debate demost ró que la especulació n sobre proceso s cognitivos ya superad os puede ser más polémíca que el intento por aclarar el significado pictórico original de 16 Sobre la reacción hostil hacia Alpers del principal iconologista holandés. 510-11. por David Solkin (Tate Gallery.

la sección introductoria de 5/2 de Roland Barthes. al lugar de una representación dentro de un conjunto de convenciones en vistas a reproducir significado específico reconocible (por ejemplo. artista. 117) En su ensayo sobre el conocimiento pericial. pero nosotros vivimos en tiempos más musculados por lo que respecta a estas materias y si yo dijera ahora algo así. ningún lector contemporáneo de Vasari habría tenido una falsa sensación de su historicidad. Por otra parte. cast. Gary Schwartz se~ ñalaba que <dos historiadores del arte.. Pero esto no importa. la imagen de una pipa para sig~ nificar «pipa») es culturalmente contingente. el lector tendría todo el derecho a esperar que dispusiese de una certCL:a adicional de algún tipo que me sería imposible presentar. el modelo de la interpretación pictótica derivado de la distinción de Erwin Panofsky entre niveles preiconográficos. 1986).. 1970 y Ceci n'est pas une pIpe. lo . ) Estudios sobre iconología. On the Historleal Explanation o/P. Victor Burgin. nunca parecen advertir la contradicción fundamental existente entre ellas~> 19. Baxandall describe cómo utilizó Giorgio Vasari 10 que probablemente es una ficción histórica con el fin de hacer aceptar una opinión puramente crítica sobre la aparición de los drapeados en pinturas de Piero della Francesca: «Piero era muy aficionado a realizar modelos de escayola que podia cubrir con telas húmedas dispuestas con muchos pliegues y utilizarlos después para trazar dibujos o con otros propósitos similares. (Ver.). Schwartz. .. la agilidad de movimientos de Vasad entre lo crítico y lo histórico es envidiable. 47. Del texto de Baxandall podría deducirse que esta contradicción puede eliminarse reconociendo que la veracidad histórica es contingente y que la aplicación de criterios históricos al estudio del material visual genera ficciones que no son por necesidad epistemológicamente discernibles de los comentarios críticos ahistóri~ coso El hecho de situar el análisis artístico en un marco histórico 18 19 Etiropeall Photograph.. señalaba en Das Ende der Kunstgeschú:hte? (1983) cómo este proceso aparentemente simétrico de codificación y descodificaeión degenera en el «juego de sociedad humanista» de la iconología del Renacimiento. 1991 6 • Lo «preiconográfico» se refiere al reconocimiento del observador de un objeto o acto representado.dures (1985). por asi decirlo. 1986.tes vlSua!es. 17 Art o/ tbe Historia de las imágenes 231 una misma cosa (por ejemplo.. Todas estas formas de historia del arte de carácter recu peracioDista son atacadas en la actualidad desde tres direcciones importantes. Algunas de las personas interesadas por la hermenéutica visual ponen en tela de juicio la idea de que el significado cultural pueda codificarse en materiales visuales y ser decodificado más tarde por un posterior intérprete hasta producir un «significado» apropiado. cuya obra fue acertadamente descrita por Chris Míller como «la réplica al abuso ideológico de "apropiarse la imaginería" de la publicidad~) 18 y entre cuyas publicaciones se cuentan Between. De hecho. 1989~]. por ejemplo. «Connoisseurship» (1988). El carácter generalizador propio de Vasad presenta su ohscrvación como lo que es: una verdad crftica. por ejemplo. iconográficos e iconológicos 17 quedó superada teó~ ricamente hace tiempo por la constatación de que la denotación es en última instancia indistinguible de la connotación y que hasta el significado más sencillo (por ejemplo. y The End 01Art Theory. 265. «Introductory) en: SludieJ /ti Icollo!ogy. pág. lo «iconográfico». sólo puede ser interpretado correctamente por la creación de nuevo material visual -el arte como parte de un campo de conducta representacional_ rigurosamente disciplinado en lo conceptual. e td. con el ángel hlanco del cenrro dd BautiJmo de Cristo. en vistas a generar significación jmplícira que re4uicre para su elneidación una respuesta imaginativa por parte del observador. Criticúm and Postmodemity. Alianza Editorial. G. que hoy en día nos harían sentirnos felices ante una afirmación hecha con tanta contundencia. an Introduction to the Study of Ren. sobre Piero. (dconography and Iconology. aunque no por los rectores de los museos y del mercado del arte. Madrid. los atributos individuales de los santos). escritor teórico y académico. tan contundentemente. según se ve al compararla. dentro de parámetros culturalmente contingentes. El teótico de la cultura y el artista pueden acabar siendo Erwin Panofsky. preparados desde el principio para avanzar y retroceder entre las maneras histórica y ahistórica de abordar el arte. y en concreto su arte.'V 8 n. El sigmji"cado en las aI. cast. de Michel Foucault. (pág. en: Meaning in (he VfSlla-t Arts {1955l [hay cd. Cunl4uier lecror atenro de Vasari aprende a reconocer en este tipo de observaciones un juego dc su~ armas deductivas: es improbable que dispusiera para la práctica descrita de unas pl'uehas asi. La postura quizá más interesante adoptada en la actualidad es que el material visual del pasado. Alianza Editorial.!iconológico» se reflere a la actuación innovadora o singular sobre el asunto. Madrid.O 3 (1987). pág. procedimiento considerado actualmente ortodoxo por los académicos. La historia de la recuperación del arte encuentra ciertas críticas también en fuentes más ortodoxas de la historia del arte entre las cuales se cuenta Michael Baxandall. naisance Art». por la que las imágenes pictóricas se consideran interpretables en referencia a textos literarios aparente~ mente equivalentes (que solían ser programas propuestos por los eru~ ditos humanistas para su traducción a términos pictóricos en esquemas decorativos). En Pattems 01 Intention.230 Ivan GaskeIl obras particulares comparando unas imágenes visuales con otras y con textos contemporáneos. Httmanistlc Themes in the RenalSJallce (1939) [hay ed. 1973). Hans Belting. por poner un ejemplo.

La fotografía es el medio visual en el que. el pasado reciente se conoce cada vez más gracias a imágenes instantáneas y en parte for20 Citado por Robert Hewison. las que nos son conocidas podrían muy bien ser las generadas por nosotros mismo.':'i-9. La creación de un público capaz de contemplar el pasado sólo en función de la nostalgia y el patriotismo contribuye a confirmar la docilidad política. Tal vez sólo nos sea dado conocer el arte del presente. ha terminado -o debería haberlo hecho-. Las palabras iniciales del primer ensayo del catálogo de la exposición sobre el National Heritage Memorial Fund montada en el British J\1useum en 1Y. etc. inspirando simpatía al sugerir que la mansión rural es una institución amenazada. .':'i. Los apologistas del periodismo fotográfico llegan incluso a sugerir que la información sobre cualquier suceso transmitido por una fotografía nos da un conocimiento vital del mismo.Iohn Martin Robinson revelaba que en Gran Bretaña se habían construido más de doscientas nuevas mansiones rurales desde la Segunda Guerra Mundial. 1974) Y políticos como P3trick Corma<. ni la recuperación histórica ni la valoración crítica son consustancial~ mente mejores. Washington De. No hay interpretación sino mera acumulación que sanciona un status quo social y estético. la fotografía como una huella real de un acontecimienlU. p:ig.) y su paradigma la mansión rural. Marcus Binney prosigue: «Los contratistas de derribos se apoderan de la casa. según suele Creerse.ágenes 2JJ zación occidentab. En The Latest Country nouses (1984) . Quiero mencionar tan sólo dos puntos expuestos por el libro de Hewinson: el concepto de (~patrimo­ nio» es profundamente :1ntianal1tico e implica que la historia. Victoria & Albert Museum. por tanto. Esto es as! porque la fotografía mantiene una relación material.patrimonio nacional». PoJría. 52. De hecho.232 IV¡l:¡ Gaskell equivale. dicen: «Apenas pasa una semana sin que veamos el anuncio de los subastadores sobre la venta inminente y la disolución de alguna gran propiedad. por ejemplo) en la contraportada del catálogo de b magna exposición The Trcasure Houses 01 Britain. Londre. Nuestra respuesta considera. Otros intentan pedir dinero de forma menos directa. en parte.» Continuando con la cita de \YJ. Treasurt's lar the Nation. una parte del cual se mucs:ra al público como el compendio del buen gusto y de un pasado invariablemente «bueno» que debería preservarse para siempre ele forma acrítica.s.er! 1976) constituye una adecuada cortina de humo tras la cual pueden seguir actuando el poder y Jos privilegios. l::l country house. las interpretaciones difieren al atravesar fronteras cronológicas y culturales. cosa que suden hacer en términos políticos ligeramente velados. una parte del cual es lo que sobrevive del pasado y nos proporciona tan sólo el acceso más insignificante y menos fidedigno a ese pasado. Así. en la medida en que la recuperación histórica se basa en criterios contingentes. Britain in aClimate ol Decline (1987). no es más que una forma espe~ cíal de valoración crÍtica. como proceso de cambio. El material del patrimonio es un «tesoro. a lo que Baxandall califica de «gusto especial».s. de hecho. con su tema. por tanto. Esta exposición fue descrita en el Economist como «un desvergonzado argumento para la venta <le1 patrimonio británico» 20. 1985-6) encontramos la afirmación de que «la mansión rural como obra de arte eolectiva es na de las aportaciones más importantes de Gran Bretaña a la civili- Historia dl" lfls irr. Hoskins.:k (H(:ritage in Dan~'!.ge Industl)' (1987). El significado del material visual cambia. causal. G. en la que se suele explotar [a «respuesta emocional instantánea». La mansión rural está revestida ue una mística no sólo social sino también estética. Five Hundred YearJ ol Private Patronage and Art Collecting '1lNational Callery of Art. COl1seroing ()ur Heritage. La crítica más acerada contra el desarrollo del «patrimonio» como factor social y progresivamente politizado en los últimos años es la obra de Robert Hewinson The Heritage 11ldustry. Esta mitolog[a de la destrucción patrocinada por los grandes de los museos como Roy Strong (en la exposición y su catálogo Tbe DeItruction 01 the CountrJ House.) universales y perpetuas será probablemente menos capaz de inducir a eror a los espectadores y lectores que las exposiciones puramente históricas en apariencia. cuyo parque se ve invadido y removido». sugerirse que la crítica comprometida abiertamente con los intereses culturales y sociales de la actualidad y que no pretende tener un acceso indemostrable a las «verdades. The Henk. los acontecimientos del pasado son más accesibles a través de la respuesta emocional. Para quienes gozan de una fortuna particular es simplemente una medida de prudenciü política (y podría proporcionarles ventajas fiscales) desempeñar el papel de guardianes del (. Considerablemente más problemáticos que las dudas expresadas y planteadas por los historiadores del arte de tendencia histórica son los intentos de interpretar el pasado como fácilmente accesible por la vía de la respuesta emocional al material visual o por la de la «industria del patrimonio».

los historiadores han planteado cuestiones referentes al material visual en términos válidos que pueden recordarnos a quienes nos interesamos principalmente por la crítica y los asuntos culturales de actualidad que cualquier material del pasado es potencialmente admisible corno prueba para el historiador. Popular Propaganda for the Germal1 Reformation (19811 es un ejemplo de los efectos tonifkantemente igualitarios que la mirada de un historiador puede producir en una masa de material -xilografías alemanas del siglo XV]. el mundo del revés) y a las que los reformadores podían remitirse. las fotografías están sujetas a muchas formas de manipulación (1a supresión de personas. que los historiadores del arte dejarían de lado por considerarlos groseros y de poco interés intrínseco. coloca su pulgar sobre el meñique de la mano con la que sostenía la Biblia. cuando se evalúa el éxito de la imaginería (en función de la imitación o emulación de motivos y recursos visuales) debería tenerse en cuenta también la calidad. como se harían con los mercados probablemente distintos para imágenes de diferente calidad Un segundo ejemplo de líbro en que un historiador utiliza refIna . El autor cree conveniente tratar las obras de Durero y los Cranach en el mismo plano que los impresos de sus contemporáneos. peto. se ocupará ante todo de interpretar el pasado. la habilidad artística y la función de la tradición visual existente. Bradford (1989). y no de la práctica visual actual y de las cuestiones criticas. La obra de Bob Scribner For the Sake ofSimple Folk. sobre el Suceso que se produce en el tiempo. las máscaras y los virados para influir en la interpretación del ob~ servador) y el significado fácilmente legible suele a menudo estar generado por combinación con algún pie. Podría afirmarse que no es posíble seguir manteniendo el concepto de «ojo inocente~) y que la cámara es siempre una presencia indiscreta. Historia De todo cuanto precede el lector deducirá. ciertos puntos son hoy evidentes y han sido repetidos continuamente. podría interpretarse en el sentido de que su terna es la intromisión: las lentes se abren paso hacia los rostros llorosos de los patientes. según la idea que se hicietan de sus méritos artísticos. La información cierta proporcionada por una fotografía podrá ser de utilización tangencial en la exposi. ¿Por qué. corno se puede ver en la fotografía del suceso realizada por Cecil Stoughton? Uno de Jos tetrenos de debate más interesantes acerca de la forografía de prensa y documental se tefIere a la importancia del fotógrafo en los acontecí mientas que ilustra. realizada en septiembre de 1983 sobre una barca en el punto donde el avión se hundió en el mar. ción analítica de un acontecimiento del pasado. se pueden abrir perspectivas nuevas a una curiosidad acerca del pasado que no tendrá por qué ser estrictamente histórica. ¿Se introduce la bayoneta en el estómago de la víctima por la presencia de un fotógrafo (Micahel Lau- Hi5toria de las ímágenes 235 reat). Pies diferentes para la misma fotografía producen con frecuencia significados radicalmente distintos o incluso contradictorios.234 Ivan Gaskell tuitas. «nuestra impresión de los acontecimientos más importantes y complejos pue~ de ser moldeada permanentemente por un sólo fotógrafo de noticias~> -observación citada en el panel introductorio de la exposición Eyewtlness. la mujer que recibió el juramento presidencial de Lyndon Johnson en el avión de la fuerza aérea Número Uno el 22 de noviembre de 1963.que los historiadores del arte sólo serían capaces de tratar de forma jerárquica. tras el asesinato de ]ohn Kennedy. por ejemplo. Según palabras del director de prensa BaroJd Evans. Por su parte se supone que lil imaginería revela el alcance de su comprensión cultural y las nociones que en ella aparecen (el Anticristo. O habría sucedido así en cualquier caso? ¿O quizá la presencia del fotógrafo disuadió a los posibles asalwntes de clavar otras bayonetaS en otros estómagos? Sea cual fuere la respuesta. qwza. Una fotografIa como la de Sadayuki Mikami que presenta el duelo de los parientes de los pasajeros muertos en el vuelo 007 de las Líneas Aéreas Coreanas. sobre todo en las exposiciones permanentes de este museo: el ins~ tante congelado no tiene por qué decir al observador nada. en el National Museum of Photography. Scribher intentó dilucidar las convenciones iconográficas y formales que permitían que ]a propaganda gráfica en favor y en contra de la reforma religiosa fuera comprendida por el pueblo llano. o muy poco. entre los que está. la del realizador de la fotografía. que no creo que el historiador se halle en la mejor posición para tratar las imágenes visuales: como es natural. aunque. Film and Television. en cualquier Caso es diHcil no ver en el fotógrafo un participante. por deducción lógica. Sin embargo. 30 Years ofWorld Press Photography. al conservar un detalle que de otro modo quizá fuera ignorado. Sin embargo.

636-7. Schama se sirve de un amplio abanico de materiales entre los que se cuenta la poesía..\ «Iconoc1asts in Zurich». aunque se incluyeran en el mismo gremio que los píntores. impresos y pinturas. abogados y los mismos pintores que gozaban de mayor prosperidad. 125-41. por ejemplo. Esto ha llevado a una tendencia a tratar la iconoclastia como un fenómeno invariante en el que se ha prestado atención a factores comunes a casos diversos más que a las Burligtltnn A1dgazme 130 (1988). David Freedberg es una excepción. p'gs. JI 22 Historia de las imágeneS 237 diferencias entre ellos. Fors. Los niños sostenidos por el patrocinio de la Cámara de Huérfanos. Esto. Se han visto ínexactitudes mucho peo2. ed. de la sociedad. notarios. económicas y políticas. en la colaboración de Lee Wandel sobre la iconoclastia en Zúrich. Actualmente. los pintores necesitaban poca inversión de capital. Su escrito Artists and Arttsans ¡n De/ji. una disposición para reunir especialistas de diferentes disciplinas -historiadores de la literatura. Esta actitud puede observarse. a cuya luz están aprendiendo a modificar los marcos teóricos.236 Ivan Gaskell damente el material visual es la obra de Simon Schama The EmbarrassmetJl {~lRi(:hes.'r und in der jriihen Neuzeit. era improbable que dejaran las filas de un proletariado naciente. los gastos de los seis años de aprendizaje limitaban eficazmente la entrada únicamente a los hijos de los artesanos. Un terreno donde los historiadores ya han hecho considerables progre~ sos está relacionado con una forma especial de consumo de imágenes: la destrucción deliberada de ellas o iconoclastia. o estudio de los acontecimientos individuales. Para la mayoría de los historiadores. ciativa en el estudio de la iconoclastia durante la Reforma. la iconoclastia seguirá siendo una cuestión marginal pues los objetos afectados no sobreviven o son curiosidades dañadas 22. tienen también importantes puntos que enseñar. documentos notariales. AtJ Interpretation o/ Dutch Culture in the Colden Age (1987). presentada por la autora en un simposio celebrado en la Herzog August Bibliothek de Wolfenbüttel en 1986 23 . tanto para los compradores como para los pintores. Los historiadores sociales han tomado la ini. (1990). debería tener el monopolio sobre la interpretación del material visual. Montias. Este simposio significó. en cambio. los historiadores atienden cada vez más a lo que se denomina micro política. tenían más posibilidades de acabar como aprendices de un ceramista y. incluida la historia de las imágenes. Al hacerlo así. podemos ver que ninguna profesión tiene. pues. La obra del economista John Michael !vIontias nos ofrece un ejemplo menos impresionante. su obra Iconoc!asts rmd thdl" Motives (985). según creo. A Soáo-economú: Study o/ the Seventeenth Century (1982) recuerda a los lectores que la pintura artística era una cuestión de posibilidades Hnanderas determinadas por la pertenencia a una clase. lejos de ser una profesión abierta. describió la organización capitalista protoindustrial de sus impresores y ceramistas. pero no menos satisfactorio. de lo que el historiador puede hacer para situar el material visual en un contexto socioeconómico de producción y consumo. o. además de seguir el rastro de las fortunas de los pintores de Delft. Wol/enbúltele. además. no obstante. Aunque espero sinceramente que los historiadores presten cada vez más atención al material visual. por ejemplo. pues se trataba de una actividad que a menudo parece dar acceso no sólo a una teoría de las elites sino también a ideas (sobre todo referentes a la magia de la imagen) y comportamientos (relacionados con el carnaval y la fiesta) no letrados. ha demostrado estar al tanto de los debates sobre historia del arte relativos a la interpretación del arte holandés y ha expuesto lo que definí en otro lugar como «un reordenamiento magistral del anticuarismo anecdótico del siglo XIX guiado por orientaciones antropológicas a la luz de [os estudios modernos de historia e historia del arte» 2. lo cual permite atender más a los detalles. en: Bildcr IInd Btldersturm im :3piümittelaLlt. corografía.1. informes de la cotte.hungen 46. de la religión y del arte. A diferencia de los profesionales de estos dos últimos oficios. Si los historiadores tienen mucho que aprender en este terreno. no disuadirá al historiador de la religión o al historiador social. relatos de viajes. En conclusión. lamento que hayan sido pocos los que hasta la fecha hayan demostrado ser suficientemerlte conscientes de los problemas que necesariamente comporta hacer frente a semejante material o de la preparación inevitablemente requerida para ello. págs. La contribución al estudio del material visual para la que el historiador podría estar mejor preparado es el análisis de su producción y consumo en cuanto actividades ::Iociales. honradez doméstica. . deberes de la mujer y los criados de la casa y crian~ za de los hijos. Bob Scribner y Martin Warnke. populares.a fin de debatir el fenómeno de la iconoclastia desde puntos de vista complementarías. En su descripción de las costumbres y creencias sociales de los holandeses de cIase media relativas a la identidad nacional. Montias descubrió que. sin embargo.

. en: POJtmodem Culture.. publicidad. la comunicación de masas y la teoría de los medios. Podría parecer. ciencia en ruinfls. la fotografía de prensa. P0t ejemplo. Dougks Crimp.) y la (mirada expandida» 25. . Ciertas cuestiones que pueden suscitarse a la luz de intereses actuales (y de un futuro no previsto) sólo pueden responderse c. Entre tanto y de momento vivimos en un clima intelectual de fragmentación. en ruinas . la televisión y el vídeo.. Las palabras clave son ahora (fm. ((On tbe Museums's Ruins.. Los historiadores del arte se han acostumbrado a que se les diga que muchos de ellos no han estudiado aún con seriedad las cuestiones planteadas por la semiótica. el arte de la actuación. 2~ Por ejemplo. sin más. Hal Foster (988).Excursos sobre el (Post) Nouveau.l de las cuales se mencionaban en el manual cultural de mediados de la década de 1~ ~{La préces$ion des simulacre5».. No sólo sirven al mercado y los museos. . «The gaze in tb!: expanded field».) Historia de las imágene~ 239 1970. muchas de las cuales Se fundan en lo visual y están sujetas a análisis en función de la «visualidad. histori¡:r en inas. The Pmtmodern Scene. El uerpo en ruinas. en las que los historiadores (y muchos historiadores del arte) se sienten por lo general lejos de su medio familiar: }.~. y Arthur Kroker y David Cook. 2(. la obra de Rayrnond William Keywords.. en: VrsioIJ and Vmtatlty. Simu[(::. filosoK.) (1985). con quienes pracrican estas técnicas. reutilizable de manera intercambiable a moJu de unidades de información Nuestra relación con el pasado no está ya definida primeramente por la historia sino. A Vocabulary o/ Culture and Society (1976). por ejemplo. la arquitectura y ciertas zonas del arte. ed. Ex- Icremetlf41 Culture and Hyper-A6theticJ (1986): <. 238 Ivan Gaskell res en la práctica de quienes tratan el arte de manera profesional. por no hablar de si han llegado a informarse acerca de cómo abordar la fotografía. oingun. de desistematización del conocimiento.»¡ulatlOtI 11981}. más bien) por una multiplicidad de prácticas... que el historiador del arte y el di~ rector de museo se refugian en problemas aparentemente más inme- diatos: el perfeccionamiento. creo que no deheríamos Impacientarnos. Hal Foster (ed. Norman Bryson. la televisión.creJ el Si. Y el lector atento advertirá que a lo largo de este capítulo no he utilizado ni una sola vez el término «postmoderno». tal como la describe Jean Baudrillard 2--1. Aunque adoptemos una postura crítica. en la que las versiones del pasado se reciclan constantemente y son un presente potencialmente permanente.gmento» y «ruina» 26.. el cine. aplicación posterior y transmisión de técnicas analíticas de probada garantía entre las que se cuentan el conocimiento pericial.".on su ayuda. teoría en ruinas. la definición precisa de los cánones y dh'ersas formas de interpretación pictórica.

Meaning and Context (Oxford. el objetivo h.HlStorica/ Contex! (Cambridge. En efecto. de Quentin Skinner . G. Leo Strauss y Joseph Cropsey 4 Aunque Dunn no presenta una lism comparable de personas. a redncIrse en su composiCIón a las proposiciones de grandes libros que rewerdan al autor otras proposiciones de otros grandes libros. Sibley. demosrrando así su constante «pertinenci. sin más. a diferencia de Pocock y Duno. «The Identity oí the History of Ideas». pero también en buena medida a que. "En: Philosophy 43 (968). Hans ]. reimpreso en Dunn. E.:u que contienen de hecho ekmLntOs dL intLres intemporal y perenne y. de he(. 15). por tantD. págs. o. J En: History and Theo~y 8 (1969). Peter Laslert y W.) (Oxford. serie II. no debería ser meramente posible sino esencial para el historiador centrarse.·ómo lograr de la mejor manera una comprensión de esos «textos c1á5icos'. en c. y «Meaning and Understanding in the History of Ideas».·ho.j». de ahí la misteriosa tendencia de muehas publicaciones. íl quitor lada importanci:1 ltl estudio de lo que dijeron (pág. Leonard Nelson.. 85-104. Sugerir. el de Skinner fue el que dio pie a un mayor número de debates. . Ciertas eonstrucciones cosificadas de las ideas más accesibles de llna gran personalidad se han comparado con las de otro gran hombre.l»O. Es característico oír decir que el interés de estudiar obras antiguas de filosofía (o literatura) debe residir en que (según una expresión famosa) contienen «aspecros intemporales». 291~2. el historiador que adopta este punto de vista se compromete ya. incluso. dispuestas de manera lo más aproximada posible (a menudo más aproximada de lo que permite la evidencia) a sistemas deductivos. reimpreso en James Tully (ed. en la historÍa de las ideas tanto como en los estudios más estrictamente literarios. El objetivo principal. Runciman (eds. Morgenthau. págs. El planteamiento mismo está ligado lógicamente. Poúties and Saciety. uno de los defendidos con más entusiasmo por quienes escribieron después.. de John Pocock 1. con la cuestión de (.-. McCloskey. págs. William T... eSTe supuesto es el que guía todavía el mayor número de esmdios. fundamentales'. 3-53. y «cuestiones perdurables». En resumen. lEn: Philowphy. pág5. en cuonto tentotivas importantes y perennes para establecer proposiciones universales acerca de la realidad polític. Andrew Hacker. 2(J-(J7. en lo que cada uno de los autores c!ósicos ha dicho sobre cada uno de esos «coneepto:-. N. (pág. una «sabiduría perennÓ) de «aplicación universaL>.lmbio. en forma d~ «ideas universales). Bluhm.l p¡U'¡l comprender los textos clásicos equivale a ne¡. G. se planteó objetivos muy precisos y les dio nombre. 19(2). 13-28. De estos tres. fue descrito por Skinner en el siguiente pasaje: Comenzaré considerando la metodología dictada por la preten~ión de que el texto en sí debería constituir el objeto autosufidente de la investigación y la comprensión. 30). si todo el interés de tal tipo de estudio está en la recupelación de [as «preguntas y respuestas intemporales» plamead<ls en los «grandes Jjhro5».Capítulo 9 Historia del pensamiento político HISTORIA DEL PENSAMIENTO POLÍTICO Richard Tuck Durante la década de 1960 varios historiadores del pensamiento político (muchos de ellos relacionados con la universidad de Cambridge. debido en parte a su extensión y alcance mucho mayores. Tres de estos ensayos lograron cierta fama duradera -«The History of Polítical Thought: A Methodological Enquiry». G.l. 183-202. el que suscita las cuestiones filosóficas de más alcance y el que da lugar al mayor número de confusiones. G. por grata y oportuna coincidencia) publicaron una serie de reflexiones de carácter general sobre su actividad profesional. que el conocimiento de la circunstancia social es condición necesari. sobre todo en la historia del pensamiento politico. R.. sin tener en cuema la circunstancia de la evolución histórica. Karl Jaspers.lbrá de ser proporcionar una «re-cuperación de los escritos clásicos. es claro que pensaba en sus planteamientos cuando el año anterior se quejaba de que pocas ramas de la historia de las ideas se han escrito como historia de una actividad. 240 241 En efecto. Mulford Q. Polittca! Obligation tri it. En las notas a pie de pjgina de este pasaje se cita un tropel de politólogos (norteamericanos en su mayoría): Peter Merkl. y se ha seguido el rastro de su morfología a lo largo de siglos. " lbid. 1980). McCoy. Ahora bien. Charles R. Catlin. págs. 1988). En distintos mamemos se han analizado complicadas estructuras de ideas. de John Dunn 2. págs. a una forma particular de justificación de la forma en que se lleva <1 cabo el estudio en sí.

sumarse a la misma causa y Skínner ha reconocido siempre generosamente la influencia de Pocock. Gunnell citaba a David Easton en 1951 lamentándo~ Los mejores son John Gunnell. junto con Ja de R.'ood. Para nosotros era obvio que (según lo expuso Collingwood treinta años atrás de forma arrolladora). Poli/ical Thcory. Pero para quienes pertenecemos a una generación más bien joven. págs. deberá realizar la pertinente tarea de investigar las pruebas y descubrir qué hacían las personas estudiadas. si los llevaran a la puerta sur de Housesteads y les dijeran.1. y Guíldcnstern. 200-1). Pocock y Skinner y aJgunas réplicas defensivas de los jefes de departamento. posteriormente bautizó con el término «paradigmas»-. dado que el historiador habría abordado a su filósofo a través de un estudio de lenguaje en sentido más amplio.. «(Por favor. L970). Meaning and Contex! (Oxfod. su ensayo de seis años antes podrÚl.. si bien acompañado de un conjunto de consideraciones filosóficas diferentes? De entre los comentaristas de esos problemas.¿Piensas que soy más fácil de hacer sonar que una flauta?» Aquellos emÍncntes fi!ós(. viéndola (correctamente) como un asunto referente al carácter de las ciencias políticas a mediados del siglo xx. dice Hamlet. como material que se debía entender y explicar.l. los estudiantes disponen de abundantes resúmenes sobre las cuestiones tratadas en aquel debate metodológico en las facultades 5. la práctica de los supuestos históricos dentro de la tradición del dere~ cho consuetudinario) históricamente concreto y especificado con suficiente detalle y que sólo de ese modo podía captarse su originalidad o convencionalismo. 19791. 1988). para quienes esta pelea posee la calidad curiosamente remota que siempre tienen los asuntos de los hermanos mayores. también se han de reconocer y explicar los faIJos). una llamada dentro de la profesión de la historia de las ideas para tomar en serio. sí alguíen desea entender la historia de algo. Rosencrant7. . capaces de descubrir de qué trata el ParmémdeJ con sólo leerlo. lo enigmático estaba siempre en comprcnder en qué podría haber consistido un es tudio no histórico (en eJ sentido de Dunn) de Ja historia de ras ideas. G. The Statuf and Appraisa! of Classica! Textr (Princeton. «(Créame. Antes o después. ¿por qué fue necesario volverlo a decir en 1969. " R. pero. (. reconocía Pocock.. se creen.242 Richard Tuck Como alternativa a esta situación Skinner y Dunn insistían en que la manera adecuada de leer un texto histórico es considerarlo un producto históríco en el que las intenciones reales del autor (en la medida en que pueden reconstruirse razonablemente) deberían ser nuestra guía principal para saber por qué el texto adoptó la forma concreta que tiene (aunque. el conjunto completo de escritos y otras producciones disponibles sobre política procedentes de una determinada sociedad -lo que él denominaba «estereotipos» y «lenguajes" y que. Collingwood. en efecto. En este momento puede precisar algo el sentido de aqnella expresión vaga: todo pensador actúa dentro de una tradición. la respuesta concreta que dio GunneU a la cuestión fue menos plausible y quisiera proponer otra distinta. NJ. «¡Por Dios!. El ensayo de Pocock fue. en su capacidad para hacer afirmaciones generales inreligibles. A pesar de que la intención principal de Pocock no fue argumentar de esta manera. G.fos. nuestro historiador deberá abandonar aquí su papel de estudioso del pensamiento como lenguaje de una sociedad y transformarse en estudioso del pensamiento en cuanto filosofía -es decir. Pero. sólo Gunnell ha tratado esta cuestión. ¿Piensan que el Partl1¿n/deJ es más f:lcil de entender que un pequeño fuerte romano en ruinas? ¡Por Dios! 6 Si esto era tan obvio en 1959. AlI AutoblOgr. distÍngan aquí los diversos periodos de construcción y expliquen qué pretendían los constructores en cadfl uno de los periodos». no pucdo». naturalmente. 1985) YJames Tully (ed. que de la misma manera como el lenguaje utilizado en el debate político va adquiriendo una erecientc generalidad teórica. GunneU esbozó una historia en la que el desa~ rrollo del ({conductismo» en las ciencias políticas durante las décadas de 1950 y 1960 habría desembocado en un ataque contra Ja historiografía del pensamiento político. 1\. Tradt!ion and Interpretation (Cambridge.1:155.] podrá considerar ahora el nivel de abstracción en que tiende a hacerle operar el lenguaje del pensador y el nivel de abstracción en que le llevan a utHizar su lenguaje las preocupaciofJe~ del pensador. Su propia obra The Ancient Constitution and the Feudal Law (1957) había sido una ilustración brillante de lo que quería decir: que los filósofos políticos más importantes sólo podían leerse sobre un telón de fondo de prácticas lingüísticas (en su caso. Como parte de su planteamiento de la materia. Collingl.lphy rOxford. Es cierto.. así también la capacidad persuasíva de los argumentos del pensador se apoya menos en su éxito al invocar los símbolos tradicionales que en la coherencia racional de las afirmaciones que se ve obligado a hacer en algunos terrenos del discurso político donde se consideran posibles declaraciones de una amplia generalidad teórica. considerada como actividad de escasa importancia. Alasdair Macintyre y Peter Laslett. y estudiar las demandas planteadas mutuamente por el pensador y la tradición (págs. prmestarían. [Pero. Hemos leído muchas respuestas ligeramente hostiles contra Dunn. 39-40. Canal Condren. ninguno de los dos daba por supuesto que esa intención fuera una guía suficiente. Histori<l del pensamiento político 243 Este caso de la década de 1960 se ha contado ya muchas veces. {out bonnement..

19-22. según sus conjeturas. «es difícil discernir en esta literatura. El error de Cunnell. dos problemas en la exposición de CunnelL El primero era su hipótesis de que el primer blanco de Skinner y demás era la idea de una «tradición» y. NJ. deberían distinguirse analíticamente» (Cunnell. «la respuesta de los historiadores de la teoría política a la crítica de los conductistas en cuanto a la importancia de estudiar la tradición no consistía solamente en reafirmar su pertinencia tanto para la ciencia política como para la política en general. págs. 1950). en consecuencia. pág.. 21). su repudio de la historia del pensamiento político se había transformado en un antagonismo histórico entre una manera de pensar en política susceptible de expresarse sólo en el lenguaje de la civ vilización tomado de los textos clásicos. y e! de muchos otros que han escrito sobre estas cuestiones. actividad que vivía «parasitariamente» de ideas del pasado y no intentaba ya ni proporcionar una ciencia política propiamente empírica ni construir «un marco de referencia valorador» (pág. 244 Richard Ttick se de que el pensamiento político tradicional de Occidente hubiera sido sustituido por estudios de historia del pensamiento político. se había convertido ahora en el locus de una crítica de la actitud moderna representada por Easton y otros como él. A History 01 the Politica! Philosophers (Londres. En consecuencia. aunque sus observaciones eran aplicables a Strauss o Arendt. de Platón a Marx. la existencia de esa tradición y la irreductibilidad de sus contenidos a algún objetivo sencillo y un conjunto moderno de afirmaciones era de hecho capital para una visión política. además. al menos en el caso de Strauss.1 Historia del pensamiento político 245 rigían los ataques de Skinner. Dunn y Pocock como una respuesta a la hostilidad de la ciencia política de postguerra a la historiografía de! pensamiento político y como una afirmación de la permanente idoneidad de una ciencia política no cuantitativa y no conductista. además. mantenía Gunnell. Ciettos escritores como Strauss. que en ese momento era absolutamente cruciah> (pág. sino en mantener. naturalmente. Voegelin o Arendt eran para Gunnell los principales ejemplos de teóricos que se adherían a esta idea de la tra v dición -y. para quienes el estudio de la política de8 George Catlin. remontándonos a los últimos años de la década de 1940. en pro de la claridad. 4). y otra expresada en la pseudociencia del análisis de sistemas o cualquier otra cosa a favor de la cual se manifestara la teoría «conductista». Hay varios ejemplos impresionantes de esto. 1965). Gunnell explicaba. el movimiento contra el que se dii Como reconocía el mismo Easwn: ver David Easton. según admitía Gunnell. autor de una bistoria de los filósofos políticos 8 y. los objetivos reales de su crítica explícita eran mucho más los autores rutinarios de la década de 1960 que escribían sobre la historia del pensamiento político desde un punto de vista científico convencional. A Framework 01 Politleal Al1alysis(Englewood Cliffs. 24). Cunnell consideró que el principal punto de la crítica de Easton a la historia del pensamiento político era una invitación implícita a que la ciencia política empírica se convirtiera en el modo de pensamiento dominante en política. la fuente que inspiró a Easton el retrato del carácter del saber académico en la historia de la teoría política y de las intenciones e intereses de donde surgió» (pág. uno de los mejores es la obra de George Catlin (uno de los autores elegidos por Skinner para sus ataques en 1969). De hecho.. esto hace que tanto la acometida conductista contra la historia del pensamien~ to político en la década de 1950 como la vengativa insistencia en una gran tradición por parte de los antipositivistas resulten un tanto inmotivadas. consistió en no tomarse en serio las afirmaciones de conductistas como Easton. como Merkl y Hacker. criticó sus observaciones sobre metodología como un error en su visión de lo fundamental de la crítica a la modernidad y la ciencia política moderna implícita en los escritos de personas como Strauss (pág. El segundo problema de la exposición de Gunnell consistía en que él mismo reconoció y documentó exhaustivamente el hecho de que el tipo de escritos sobre historia del pensamiento político atacado por Easton era a su vez hijo de una perspectiva positivista y virtualmente «conductista» de la política que se remontaba al menos a los primeros años del siglo xx. algunas sorprendentes obras positivistas sobre la posibilidad de un estudio genuinamente «científico:-> de la política. por tanto. 7)-. no obstante. según hemos visto. El término «conductisllm) representaba aquí 7 una noción amplia de ciencia política empírica caracterizada por estudios (a menudo cuantitativos) de las leyes generales cuasicientíficas del comportamiento humano y una separación rigurosa entre hechos y valores -«la valoración ética y la explicación empírica implican dos tipos de proposiciones que. . 26). . Había. La idea de una gran tradición en e! debate político en Europa occidental.

r Historia del pemamiento político 247 I. . pero rechazando la deducción trascendental de la moralidad que se encuentra en los Fundamentos para una metafísica de la moral. I . f.) reoría económica para los republicanos y mra par¡l los demócrnr<ls. Este notable pasaje ílustra cómo los profesionales de las ciencias humanas de comienzos del siglo xx pensaban que los valores son asunto esencialmente del corazón más que de la razón y que no podían tener una base sistemática y racional. por ejemplo. evidentemente. el corazón tiene razones que la razón nunca conocerá 10. Pero todos los hombres los poseen y en cuanto «ciudadanos» harán uso de ellos en sus decisiones. El economista A podría ser favorable al pleno empleo atad. 26· 56. De manera símílar. que se remonta (en su forma fuerte) a Kant y constituye un fundamento esencial para las modernas ciencias humanas-o Es cierto que la mayoría de los profesionales de las ciencias humanas consideraban su práctica profeslOnal diaria como la exploración del polo de los «hechos». quien se consideraba. cogiéndolos del aire. pero todos ellos reconocían en sus momentos más reflexivos que también había que generar de algún IDOdo «valores» políticos. Los ciudadanos son quienes deciden en última instancia estas cuestiones. Perteneeen al mundo de la ética y los "juicios de valotl. El eeonomista B podría no considerarlo de ímportancia tan vital como la estabílídad de Jos precios. En efecto. I!! !¡¡ ·1111 'lI'iI' 11111 .d Tuck ~ bía implicar hechos y valores. era suministrar al lector (por lo general un estudiante universitario norteamericano. en esta distinción.os que deben perseguirse no pueden establecerse en cuanto tales de forma meramente científica. según lo dejaban bien claro los libros de texto uno tras otro. Pero todaví<l lJ. y el principal propósito del estudio de la historia del pensamiento. pero que unos y otros pertenecen a ámbitos lógicamente distintos -la distinción entre hechos y valores. ~ 1 .están totalmente de acuerdo en muchos principíos fundamentales en 10 referente a precios y empleo. tomada en conjunto. El rasgo más llamativo de las ciencias políticas angloamericanas (y sobre todo norteamericanas) en la primera mitad del siglo xx es la combinación de este reconocimiento con un empeño muy débil por considerar realmente cómo podían aparecer o justifícarse los valores. pág.cl¡vas. pero a los que sí podría responder y entre los cuales podría elegir de forma mesurada y bien orientada. la aceptación de la distinción lógica entre afirmaciones empíricas y de valor. la opiníón de Peter Merkl -ver sus ob· servaciones en Polttk'al Continul!y arui Cfunge (Nueva York. sea verdad~> 11.. Es importante reconocer que esta opinión negaba la existencia de teorías políticas auténticamente universales u objetivamente ver10 Paul Samue1son. Una para los rusos y otra pam los chinos. a pesar de que los implicados en ella acostumbraban a describirla como humeísmo 9 -es decir. los historiadores del pensamiento político de comienzos del siglo xx diferian de los historiadores de las ciencias de la naturaleza contemporáneos suyos). Ciertas cuestiones báskas referentes a los ob5etivo~ correctos o incot"t"ect. ~ . \-'. Lo que puede hacer el experto es señalar las alternativas factibles y los costos verdaderos que podrían suponer las distintas decisiones. antes que nada futuro ciudadano) un conjunto de posibles actitudes políticas que no habría sido capaz de generar por su cuenta (eran la obra del «genio»). . 12 Esta parece h<lber sido. Econwwcs (Englewood Clíffs... NJ. A HÚlory ofPolitical Thotlght (3" ed. Esta afírmacíón no significa que los economistas coincidllll estrechamcnte en el terrena de la po/üica. No existe un.) costa. Pero esto no níega que la nariz de una petsona pueda ser (¡hjdwamcnte m~s corta que la de otra. No se suponía que los autores estudiados por ellos hubiesen transmitido una visión clara de alguna teoría verdadera (en esto.!I ! que pertenece al ámbíto de éste. Era muy nurmal que estos profesionales de las ciencias humanas dieran por sentado que. una para los trabajadores y atta para los empresarios. sino que habían establecido las fuentes de una tradición de pensamiento político específicamente occidental en la que se suponía que participaba el lector al reflexionar sobre el conjunto de ideas expuestas en el libro de texto 12.. en una situación económica Jada hay elementos de realíd<ld válidos. Londres.1 11'1 246 Rich. págs. 1983). De hecho. 1967). Pero no podría derivarlos de una deducción trascendental. pags. un libro de texto compuesto príncípalmente en las décadas de 1950 y 1960. A partir de esta opinión. como dijo Pascal. Podríamos describir la situación como un kantismo sin la teoría ética de Kant. Pht!osophir:al TheOlY. La mayoría de los economístas --¡no todos!. La belleza es¡á en el ojo de quíen J¡¡ capta es un :l[ori~mo que nos t"ceuerda que los íuícios sobte lo que es peor o mejor ímplican valoraciones Juh. v. pág. JI Sabine. cierta importancia que la ciudadanLa no tomara sus valores al azar. razón ha de dar al corazón Jo 9 George Sabine. tenía.' ~ f . llama la atención cuántos de estos libros de texto estaban muy dispuestos a manifestarse en favor de cualquier declaración sobre la verdad o falsedad de las te orlas políticas que examinaban: Sabine decía expresamente que «difícilmente puede decirse que una teoría política. por tanto. 1976). de alguna manera más o menos especificada) quienes decidían eran dos ciudadanos». por más dificil que resulte reconocerlos y asilarlos. 7-8.

Todas estas opiniones daban a entender que los textos debían estudiarse por sí solos. En general. pág.. se considerase a sí mismo y fuera visto en buena medida como una especie de kantiano. Esta demostración fue suministrada por Kenneth Arrow 16 (curiosamente. pues el camino más plausible a tomar para salir del kantismo tosco imperante en Norteamérica en la primera parte de este siglo era el de la construcción de un kantismo nuevo y refinado. La mayoría de los autores de los <~grandes textos» habría Hans Morgenthau. págs. Pero. <~The Decline oí Modern Political Theory». por ejemplo.ociales que no infringiera algunos supuestos absolutamente obvios y fundamentales que se plantearían probablemente casi todos los ciudadanos (como. que ningún miembro de la ciudad habría de ser un dictador para el resto). quedaba socavada la función tradicional de la historia del pensamiento político en esa cultura. 15 David Easton. 39. Este conjunto heterogéneo podría después hacerse compatible en el seno de la sociedad mediante algún tipo de proceso institucional en el que los ciudadanos decidirían acerca de los principios por los que su sociedad se habría de regir.Talmud 01 Po/a/o 13 (1951). De este modo encajaba en un~t opinión en desarrollo a mediados de la década de 1960 (sobre todo en EE UU) según la cual la filosofía política de tipo aparentemente tradicional debería escribirse de nuevo.. Esto fue lo que sintieron Dunn y Skinner al final de los años sesenta y su polémica contra la historia tradicional del pensamiento político coincidió con un sentímiento claro de la posibilo Kenneth Arrow. IbM. lJ 14 I '\' L l Historia del pensamiento político 249 pensado que semejante opinión era un absurdo punto de vista de los principios políticos. la pertinencia de las cuestiones tratadas por los grandes textos -yeso era lo que constituía su constante utilidad-o Debemos distinguir esta actitud de la de escritores como Strauss o Hans Morgenthau. mientras que la otra daba una respuesta clara y propia a los problemas perennes. en el mismo año del artículo de Easton) con su famoso «teorema» en el que probaba la inexistencia de un método de procedimiento neutral para integrar los valores individuales en un conjunto de principios . fue un caso especial por su convicción (que ya he señalado) de que este critetio sólo era accesible a las personas inmersas en el estudio de la tradición y sus textos. muy crítico con la disciplinal 14. Strauss. pues representaban la respuesta dada por «grandes mentes» a un conjunto de problemas permanentes tan conocidos del estudiante universitario norteamericano de la década de 1950 como del ciudadano de la polis griega. pero para convencer del absurdo a los politólogos ingleses y norteamericanos hizo falta una demostración clara desde el interior de la fortaleza de las modernas ciencias humanas. quienes (explícitamente en contra de sus colegas de los departamentos universitarios norteamericanos de ciencias políticas) insistían en la existencia de verdades en teoría política «al margen de tiempo y lugar» 13. Social Choice and IndiVidua! váü/cJ (Londres. 24.1 (Chicago. interesándose sólo por situadas en la cultura ética más amplia de Occidente.248 Richard Tuck daderas pero afirmaba la universalidad o. que tuvo una especial influencia tras la segun da edición revisada de su obra Co/leeNve ChOICe and IndiVidua/ Va/ues aparecida en 1963. John Rawls. pág. pero una de esas opiniones adoptaba una actitud más bien neutral ante los méritos de las diversas respuestas. impresionó a los más duros de los pohtólogos «duros» por su rigor metodológico y los convenció de que debían revisar sus vagas hipótesis sobre el carácter social de los valores.¡s aIFo/ilic. . 36·58. era menos probable que el último punto de vista se interesase por la historia de la teoría política pues tenía un criterio de rectitud moral transhistórico (y Morgenthau fue. si en el paisaje ético de la ciencia política norteamericana no tenía ya sentido una pluralidad de valores fundamentados de manera indeterminada. al menos. Dtlemm. . por tanto. Según las pautas de una cultura polítlca a largo plazo. 1951). la primera de estas dos opiniones era un planteamiento curiosamente descomprometido y mandadnesco de la importancia de los valores en la vida política y se puede pensar que fue su carácter insatisfactodo el punto sobre el que llamó la atención Easton en su artículo de 1951 15. sin embargo. perdieron ahora su seguridad La obra de Arrow. Se pensaba en la posibilidad de inculcar a los ciudadanos un conjunto heterogéneo de valores educándolos en una serie concreta de textos razonables y no demasiado exóticos que divergían entre sí de una manera intelectualmente estimulante. 1958i. El corolario de la obra de Arrow fue que quienes creían que una burocracia neutral de expertos en ciencias políticas tendría en cuenta de alguna manera a sus ciudadanos en vistas a tomar una decisión efectiva acerca de los valores que habrían de aplicarse en el proceso político. Pienso que no es una coincidencia que el exponente más destacado de una nueva filosofía política.

Dunn y Pocock siempre se han resistido ligeramente a cualquier intento por vincular su obra con la de teóricos como Hirsch (quien se inspiró en estos debates) o Koselleck. Curiosamente (considerando la teoría de Gunnel1. Skin. La pervivencia institucional det straussismo en los departamentos norteamericanos de ciencias políticas no es. según hemos visto. 251 Historia del pensamiento político Richard Tuck . estaban dispuestos a asumirla. La «nueva~> historia del pensamiento político era. más o menos. por tanto. por tanto. Aunque la retórica con que Rorty habla de «ironía» es (como corresponde) difetente del tímido relativismo de escritores como Sabine. como Merkl. naturaleza dispar de los valores modernos. En cierto sentido. . Meartl1'lga1'ldContext. ner lo dijo con precisión: 17 Quisiera insistir sólo en una cosa: siempre que se afirma que lo fundamental del estudio histórico de este tipo de cuestiones es que podemos aprender directamente de las respuestas dadas. eilmente podrán ser de utílidad ni siquiera para seguir pensando en cuestiones tan pertinentes como qué es «lo mismo» en el sentido del que se ¡rata. por extensión. 1989). a pesar de cierta pasmosa complacencia al respecto por parte de algunos teóricos liberales. al menos. Richard Rortv. 66. escritores como Strauss y sus seguidores estaban. Habría que decir que el ideal de una nueva filosofía política que proporcionaría a la moderna Norteamérica (y. El caso que he expuesto se refiere claramente a los teóricos en lengua inglesa y en él tiene una función crucial la decadencia de la teoría política en esra lengua a principios del siglo xx y su renacimiento a finales de la década de 1960. La cuestión más amplia de cómo podemos comprender históricamente la actividad humana en general no fue su principal interés. distintas de la anterior. no está clara la existencia de un abismo intelectual tan grande como podría suponer IH. de hecho. En estas circunstancias.250 lidad. I1l1d Soltdarily ¡Cambridge. como antes de la obra de Arrow. de una filosofía política moderna y sistemática. O por decirlo más directamente: debemos aprender a pensar por CUenta propia. la cuestión importante que debía establecerse era la similitud metodológica entre la historia de las ideas y la de otraS actividades humanas. de la mísma manera como los historiadores más superficiales trataban otros tipos de «actoS». nos encontramos con que. y' el hecho de que la historia humana consistiera tanto en actos como 18 Ver. Esto era lo que constituía el meollo de los repetidos intentos de Skinner por analizar las declaraciones teóricas como «actos de habla» y tratarlos. la propuesta de Richard Rorty (a pesar de que la literatura que le parece pertinente es mucho más extenSa que la cubierta por Sabine). la contrapartida de la «nuevm) filosofía política del mundo anglosajón de las décadas de 1970 y 1980: había transferido la carga de educar a los ciudadanos en los valores políticos a los pasillos de la universidad y a los despachos de los filósofos que. Voegelin o Arendt eran los principales objetivos de esta nueva historia). ésta fue la cuestión clave. lo que se persigue es una teoría que dé cabida a un pluralismo radical de valores (aunque nadie supone en la actualidad que «1os ciudadanos» vayan a decidir la cuestión o deban hacerlo). La tazón principal de ello fue que. En Europa conünental. en culturas o periodos distlntos. pág. Una vez más. Irony. Las cuestiones debatidas en las tradiciones intelectuales de Francia y Alemania. págs. sin embargo. no seria sorprendente que la gente acabara creyendo que la reflexión sobre una literatura política preexistente fuera la manera de pensar en valores políticos e introducir en la abigarrada población de una sociedad liberal un equilibrio intelectual amplio. Contingency. una única filosofía política verdadera que únicamente se obtendrá por la lectura esotérica de grandes textos (la afirmación más recordada de cuantas se asocian a la persona de Strauss). si bien empleaban diferentes métodos para generarla. pues. de hecho. 80-1. una vez más. en absoluto sorprendente. no es una imposibilidad lógica (como tampoco 10 es la de la existencia de una fuente infalible de doctrina moral que se encontraría en la margen derecha del 'über). en especial. . tuvieron lal principio) poca influencia en estos debates de los años sesenta y Skinner. a sociedades en situación similar) un conjunto de valores parece mucho menos plausible en 1990 que en 1970. según la cual Strauss. tanto Straus:'i como Rawls intentaban suministrar a sus lectores una filosofía política única y válida. desde su punto de vista. Veinte años de impresionante actividad filosófica han servido en gran parte para subrayar la ]7 En: Tully. ésa es. mejor situados para oponerse a esta renuncia que los aliados de los positivistas. las aparentes respuestas parecerán por jo general tan diferentes en sí mismas que difí. La afirmación de que sólo hay.

entre las distintas redacciones de la teorLa política de Hobbes. y con frecuencia no habrá un método claro y único para determinar lo que cuenta como prueba pertinente. habremos de tener. <iA Reply to my Critics». De hecho. apenas hay teóricos de importancia en quienes esto no constituya un problema importante. una historia deconstruida de todo y Skinner sería probablemente feliz con tal conclusión. Htstorical Ret'tilw 94 (1989). la de Hegel) fue seguida por todos cuantos participaron en Alemania en el de~ bate sobre hermenéutica. <{The Return oE the Prodigal: The Persistence oE Historical KnO'wing". inter alia. Dilthey. según ha observado recientemente David HolHn· ger 20. pues sí hemos de tener una historia deconstruida de las ideas. 19 ¿11 Historia del pemamiento político 253 menudo a sus detractores mucho menos original y sorprendente de 10 que habían esperado a partir de los manifiestos metodológicos. No hay ninguna teoría sobre la interpretación de textos que con. entre la República y las Leyes de Platón. por ejemplo. La perspectiva de un acuerdo podría justificar de por sí. J"-kaning tlltd Con/ext. teniendo en cuenta que algunos han supuesto que el peso de la prueba recae sobre quienes piensan que un texto es internamente incoherente).) e «interpretación». Por esta razón. por autores como Davidson). Es el problema de la llamada coupure épistemologique de las exposiciones althusserianas de !vlarx. por qué un autor habría abordado dos veces la misma materia-o A priori no se puede presuponer ninguna de las dos posibilidades (y. mejor. entre los escritos primeros y posteriores de Locke sobre la tolerancia. si falta una afirmación clara. La controversia metodológica en Inglaterra era sólo tangencial a la desarrollada en Europa continental. Su guía (0. mientras que. inequívoca y fiable del autor mismo sobre la relación entre sus obras (y no conozco a ningún gran teórico que haya hecho declaraciones de este tipo). pág. en: Tully. pero también podría justificarla la expecutiva de una separación -explicarLa. su práctica profesional y alguna:-. pues lo que aquí está en juego es la identidad misma ··1 111 1 I I I I I . pigs. una lectura particular. es también el problema de las relaciones entre el Príncipe y los Discursos de Maquiavelo. se refieren a tres tipos de «expresión»: «conceptos. sidere este caso. Amerj¿'an Hislúrical Review 94 (19891. por la misma razón. Un buen ejemplo de ello nos lo proporciona una cuestión que los historiadores del pensamiento político se ven obligados habitualmente a tratar: la de si existe o no una diferencia sustancial entre obras producidas por un mismo autor en diferentes momentos de su vida. Dilthey. 581-609. en vistas a hacer algo con otros seres humanos (opinión mantenida. Lo que importa como prueba interna cambiará si la calidad interpretativa nos exige que demos por supuesta la coherencia entre las obtas. Rickmann (ed. P. o que.) E~ evidente que algunas lecturas de los textos en cuestión los pondrían de acuerdo. . la prueba externa no echará por tierra ninguna lectura razonable de las mismas. Podemos ahora ver por qué la historia del pensamiento político escrita realmente sobre este trasfondo metodológico ha parecido a W. 610-21.252 Richard Tuck en declaraciones se daba habitualmente por supuesto. 238 y 246·8. Sefected\f7riúngs. Un historiador moderno del pensamiento político considerará aceptable cualquier prueba que un historiador razonable aceptaría como parte de una explicación de por qué un agente histórico hizo algo. de sus observaciones expresas sugieren que defiende al menos la posibilidad de adquirir algún tipo de com· prensión auténtica de lo logrado por los agentes históricos. (Como muestra esta lista. Pero es difícil ver qué podría ser apropiado como argumento a posteriori. por ejemplo. Ni la prueba externa ni la interna podtLan resolver la cuestión. suponiendo que la premisa sea verdadera -Higo sobre lo que. en parte. págs. con sus referencias explicitas a Collingwood. 22 Quentin Skinner. pues la equiparación de Skinner entre declaración y acción podría encontrar acomodo (por ejemplo) o bien en el campo de Habermas o bien en el de Gadamer. juicios y estructuras mentales más amplias». su metodología es neutral-o Por otra parte. etc. dejó claro en su escrito Construcción del mundo histórico en las ciencías humanas que «comprensión. la coherencia entre textos podría concebirse como algo distinto de la coherencia dentro de un texto. estrictamente hablando. «acciones» y «expresiones emotivas» 19. sobre todo págs. 21 <dnte[lectual Historv and the Return oE Líterature'). por lo que a esto se refiere. los temas principales de la tradición hermenéutica. 219. 1'-)76).) (Cambddge. una comprensión de estas características es una hipótesis de procedimiento de tal profundidad que poner en tela de juicio su autenticidad significa simplemente adoptar ese tipo de opinión escéptica radical con la que en realidad nadie puede vivir 22. mientras que otras exigirían un tratamiento por separado. dicha equiparación representaba una recuperación patente de un an~ tiguo respeto por la hermenéutica germánica. la critica de Skinner desde un punto de vista postestructuralis~ ta (corno las acusaciones derridaístas de David Harlan 21) no dan en el blanco. Amerim~. H.

la historia del cuerpo ha sido por lo general descuidada y j Leo Sreinberg. solía representarse a Cristo tocándose el pene o.'ción de un conjunto de valores para los ciudadanos de finales . sino hombres revestidos de cuerpoS y regidos por nuestras imaginaciones. por así decirlo. Todavía. según otra opinión. ¿Por qué una obra escrita a 10 largo de muchos años (como El capita~ se ha de contemplar más como una unidad que varias piezas separadas escritas en un lapso de tiempo más corto (como los ensayos de lv'1ill sobre libertad y utilitarismo)? Lo importante de estas observaciones no es poner en tela de juicio la posibilidad de un escritura inteligente y sensible de la historia del pensamiento político sino hacer hincapié en que. Tris/ram Shandy. sin embargo. La sexualidad del cuerpo de Cristo se hace. Leo Steinberg ha llamado la atención sobre dos hechos. espirituales e ideales adquieren una prioridad automática sobre los asuntos puramente materiales. no se tomó a la 1 ligera fue la convicción de que lo que escribían era historia y no la exposl. si no. Pero el autor tiene un interés no menor por indagar el punto ciego de los historiadores del arte. Las cualidades intelectuales que hacían de alguien un buen historiador antes de 1969 son las que lo hacen bueno después de 1969 y no debería haber sido una sorpresa que las mejores historias sobre pensamiento político escritas en las décadas de 1970 y 1980 hayan llevado sus compromisos metodológicos (en términos generales) con bastante ligereza. La observación de Steinberg es de aplicación más amplia. 255 . -··me gustaría que 10 [uérnmos-.4rt alld MoJern Oblwion (Nueva York.254 Capítulo 10 Richard Tuck de un texto. «invisible>~ debido a que los estudiosos actúan de forma característica dentro de las tradiciones interpretativas para las que los significados intelectuales. según otra opinión. En segundo lugnr: los historiadores del arte han ignorado siempre este llamativo modo de representación pictórica. 1983). sin que le sea posible justificarlo de manera definitiva frente a otro conjunto de juicios diferentes. el texto es cualquier declaración tomada por separado. el texto es toda obra nombrada y ligada pot separado. lo cual parece razona~ ble como forma de comportamiento de un ser humano en estas circunstancias. ni piedras'. En primer lugar: en una tradición pictórica que floreció en el Renacimiento. Dcb~ria haber añadido que tampoco ángeles LAuRENcE STEI\NE. eso está muy bien. finalmente. Lo que. i I HISTORIA DEL CUERPO RoyPorter Dije que no somos leño>. no creado. Hasta hace poco. dirigiendo de alguna otra manera la atención hada él. Steinberg explica el significado doctrinal del gesto: con él se pretendía señalar la humani- dad del Hijo. corpóreos o sensuales. el hecho de haber sido engendrado. Tbe Sexualü)' oi Christ m Renf!a/saf!('(' . t ddsi~o= . LB resurrección del cuerpo En un libro provocativo 1. el historiador deberá emitir algún juicio sobre la manera de contar su relato particular. Según una opinión posible el texto es el conjunto como pleto de afirmaciones hechas por un autor sobre un terna (en especíal si las obras en cuestión fueron en algún momento presentadas a la par por el autor -como en el caso cierto de Maquiavelo-).

. en: Valerie GrosvenorMyer (ed. han realzado la mente o alma y despreciado el cuerpo 2. RevoluilOn m Hútor:y (Cambridge. 1990 1]. ~ Ver. dentro del sistema existente.. El hombre Unldtt1lenJfOna!. Contemporary Medicine» (tesis de Filosofía. The Greeks . The Culture oJ Naremism (Nueva York.1meme complicada. decidido de crear una sociología del cuerpo.í. los componentes clásicos y.>. etc. The COllcept oJ Naturc ftl Marx (trad.1). las críticas planteadas tanto por la «contracultura» de [os años sesenta como por el feminismo de los setenta. Madrid. en renlidaJ. 206-25. como sugiere el epígrafe de mi colaboración. J Se rrata de un menosprecio realzado.md Soctety: ExploraltonS in Sociat Theory (Oxford. cast. ha animado a los historiadores a tratar el cuerpo " Sobre itls inrerpretaciC'oes criticas de t. Dodds. y de forma similar. a la manera como las actuales feministas pueden hablar de Nuestros cuerpos. 1963). Mmd and Madnes. Sterne no dice que los hombres son sus cuerpos. Bottomley. ]. Altitudes lo the Body in Western Chrútendom (Londres.lflla Woo(fand her Doetors (Londres. los estudiosos del grupo de los Annales han fomentado la investigación de todos los aspectos de la vida material.1t. Turner.a dar una nueva dirección a los intereses académicos. Corsi '! P.desuhlimaci6n represiva».r in Ancienl Greeee (Ithaca. M. las viejas jerarquías.Y eli el Renacimiento (Alianza Editorial. los judeocristianos de nuestra herencia cultural propusieron cada uno por su lado una visión del hombre fundamentalmente dualista. The lit. 4 Una introducción a las perspectivas feministas contemporáneas. 1971). formulación que preserva el dualismo tradicional y hace del cuerpo algo secundario y casi accidental 3.(Amhropological Perspectlves on the History oE Seience and Medicine». Alianza Editorial.:sto~ procesos eomo meras modifieaciones.. 7 Ver M.. en razón de la analogía. Sobre los fundamentos de esras herencias culturales. la sociología 10. la revolución sexual y la «permisividad» en general. C. ~n: Roy Poner y Mikulás Teich (ed~. uno de cuyos árganos es la historia del cuerpo. el marxismo ha constituido una matriz fructífera y ciertas obras escritas en esta tradición. 1951) [hay ed. Así. en SUsan Brownmiller. como el libro de Mijail Bajtin La clIftura popular en la Edad Media y en el Renacimiento.md the Irrationat (Berke!ey y Londres.. ver Bennett Simon.. Por un lado. en: P. 'IOn being il[.193.256 Roy Porter no es difícil ver por qué. El libro de Turner es el intento má:-. la censura expurgatoria. «Atl ¡hat Summe'r slli' \. Rodgers. F. tanto en la teoría como en la práctica. 1 Sobre Sterne. Esta revolución cultural ha contribuido también claramente -como sngiere el caso del libro de Steinberg. Madrid. S. Fryer. 1964) [hay ed. Gradas a su materialismo intrínseco. a mediados del siglo XVIll Laurence Sterne teivindicaba a [os «hombres» contra el reproche de no ser puramente espirituales (<<ángeles»). R. ver S. págs. Trombley.203. han sancionado sistemas completos de relaciones de poder entre gobernantes y gobernados. 198'-1). el capitalismo consuEs. 1990. naturalmente. nuestros yoes 4. Mrs. ¡oJ B. Lasch. He' BoJ)' . Peter Burke. pero sólo hasta el punto de decir que los hombres son seres <<. Londres.Fas Atad» Vlr¡. como la historia de las ideas. a pesar de todo. Ver P.J. 1984). Los griegos y to irraciona!. por otro. 1979). y ambas tradiciones. University of Easr Anglia. 1978). 11 El estudio general mejor y más actualizado es el de Bryan S. en: Colleeted Euays. Weindling (eds. vol. Ollt' DmICftsiofirll Afun (LC'ndres. Sobre los problemas de Virginia Woolf con la «corporeidad». por supuesto. 6. etc. InJormation SourCCJ in the History oJScience and Medl- eme (LOIlJrt'. lenguajes para analizar los significados sociales del cuerpo.j. 19H6j. Turner. La antropología cultural ha proporcionado a los historiadores. 61--80. Se sitúa en estratos profun. por la beatería tradicional. ]neger. ddeas of Life en Tmtl'am Shandy. Historia del cuerpo ~ \ I í 1 1 257 mista. a su manera diversa y por diferentes razones. ver I-lerberr Marcuse. 1978). ÚJ cullllrrJ poplllarn: tr¡ Edad Medla. de la cuna a la sepultura s. 1989 6]. <<Against the Spleem>. 1981). una manera muy slmplista de presentar una situación extremad.84-99. E. Esta nueva empresa se ha beneficiado de numerosos estímulos. 1%71. 1979). "Revolurion in Popular Culture». son también exrraordinariamente útiles Micahel McDonald. 1984). dos y ejerce un poder omnipresente: incluso los autores que han intentado rescatar el cuerpo del olvido o la infamia han perpetuado.'Vt'stidos de cuerpos. y orientándolos hacia la exploración de [a «cultura materiaL>.). Esta última observación denota que en la actualidad se están haciendo intentos por derribar las antiguas jerarquías culturales que han favorecido a la mente sobre el cuerpo y. 1983). se propone un análisis sugerente de! olvido del cuerpo en la literaturJ. para el cristianismo. En el ensayo de Virginia WoolC.l. 1987). Grrn:dy: Studit'J tÚ English Prtldery (Londres. alejándolos de subdisciplinas idealistas bien asentadas. han ofrecido modelos influyentes para ver el cuerpo como el foco de resistencia popular y de crítica a las ideas oficiales 7. BeJore' Victoria (Londres. Medical Power and Social Knowtedge' tBeverly Hills y Londres. K Ver Peter Burke. Es éste un aspecto plenamente conocido de la metafísica de nuestra civilización que no necesitamos desarrollar aquí. I3ajtin. A Schmidt. Laurence Stem: Rtddles and Mysteries (Londres y Nueva York. 1956). ver Roy Porter. . No hay duda de que se está dando este proceso de clarificación y es fácil señalar los profundos cambios culturales ocurridos durante la última generación que han trastornado la desconfianza tradicional platónico-puritana hacia el cuerpo: '. Femitlitlily (Londres. ingl. . Con sus ambiciones de construir una historia total y sus simpatías por el proyecto de una historia científicamente fundamentada. psique y soma. L('nW (. cast.rtorical Anthropology oJ Early Múdern ]taly (Cambridge. como ejemplo de investigación. y sobre todo la sociología médica ¡¡. BarceloO:. iv (Londres. 1987). en especial en la circunstancia de los sistemas de intercambio social 9. entendida como una alianza a menudo incómoda de mente y cuerpo. y.).

Ver Jonathan Miller. 1966). 11 1 .Wby 1sn't the Mind. no obstante. (. la historia de los cuerpos deberá incluir la de su percepción. La observación está bien planteada. que constituye un intento atrevido de interpretar la historia del cuerpo -en realidad.en el seno de la cultura bur" guesa. Es evidente la inutilidad de esta tosca división entre naturaleza y cultura. en: Roy Porter y Andrew Wear (eds. que nos ha hecho ver las escuetas estadísticas de la vida. sin embargo.). Es evidente. descomponiendo «representaciones») cambiantes del yo corporeizado. que no podemos esperar echar descuidadamente todos estos ingredientes al puchero de los estudios académicos y encontrarnos con la aparición automática de una historia del cuerpo en forma de plato perfectamente condimentado. 1978). ete. ~no significará que la historia del cuerpo constituye. sería. Mafler and Method (Minneapolis. importante por sí misma. un proyecto en la historia de las ideas o l'bis/oire des mentalités -referente a las representaciones del cuerpo como algo distinto de (por ejemplo) las del trabajo o el poder-? De hecho. con necesidades y deseos universales. su artículo «Methodological Problems in !viodera Urban Geography: Graphic Representations of Urban Mortality 1750-1850". Feyerabend y Grover Maxwell (eds. Algunas de las investigaciones más brillantes de la anatomía del cuerpo son obra de críticos literarios y estudiosos de orientación similar comprometidos en el análisis del discurso y la deconstrucción texrual. 1J!r/ling . I. 17 F. el cuerpo «desapareció») por completo como instrumento de erotismo. a fin de cuentas. Barker. etc. por ejemplo. afectados de forma diversa por la cultura y la sociedad (<<reprimido)) en unas épocas y «liberado») en otras. 19 84). Planteamientos Los estudiosos han advertido que sería groseramente simplista suponer al cuerpo humano una existencia intemporal como objeto natural y no problemático.Body Prob[em Ancient?n.a lo largo de cinco siglos 17. una concepción errónea -jY un sarcasmo!. se privatizó -haciéndose el lugar de [a vergüenza narcisista. recurriendo a técnicas postestructuralistas y deconstruccionistas de análisis texmal 16 . \} Arthur Imhof se ha sena lado por sus ¡otenros de reladonar la demografía histórica técnica con cuestiones mas amplias de [a existenda sociaL Ver. que a su vez han cambiado con el paso del tiempo 15 Si los cuerpos se nos presentan sólo al percibirlos (por decirlo de manera más bien berkeliana). Problems and Methods ltI the Hislory ofMedicine (Londres. 1965). 1978). . que existe un peligro real en llevar demasiado lejos este rechazo teórico del positivismo vulgar. 101"32. Mmd and BoJy in Etghteenfh C('11tUrv Medicine (Londres. Mediante una lectura «deconstruccionista» de lo que parece una muestra de textos clave escogida al azar de obras de la gran cultura (Hatnlet. De hecho. además.). Son conclusiones muy fuertes para derivarlas de unos pocos textos exa1~ W. Un ejemplo de obra que ha caído en esta trampa es el libro de Francis Barker The Tremulous PriDate Body.258 Historia del cuerpo Roy Porter como la encrucijada entre el yo y la sociedad. The Body in Qtlestmn (Londres. Continúa abierto el debate sobre si los puntos de vista sociobiológicos pueden ilustrar la investigación histórica. . La naturaleza y contenidos de la historia del cuerpo y los métodos con que ha de obtenerse son por sí mismos manzanas de discordia. [4 La interpretación psiconsiológica del cuerpo es. Creo. No hay duda de que deberemos considerar el cuerpo como ha sido experimentado y expresado dentro de los sistemas culturales concretos. 1973): l Derrida. Pero seguramente alguien podría objetar que. si esto es así.md Differenel! (Londres. la copulación y la muerte)) como la clave para comprender todos los aspectos de clase. Watson. Le P!aiSlr dll Texte (Paris. J Rather. También es importante el desarrollo masivo en la última generación de la demografía histórica. El feminismo académico ha abordado asuntos habitualmente desatendidos o abolidos relativos a la generación de la experiencía 12. su «disolucióm). Pero el alegre abandono del empirismo pOl' la teoría y la hermenéutica tiene sus propias trampas. The TremulOlls Priva/e Body (Londres. se ha intentado construir en esencia la historia del cuerpo como explicación de sus «representaciones») en el «discurso»). los Diarios de Pepys. 92102: L.dar nuevo aliento al viejo dualismo mente/cuerpo intentando estudiar la historia (<<biológica))) del cuerpo independientemente de las consideraciones (<<culturales») de la experiencia y su expresión en la lengua y la ideología 14.). )6 Ver R Barthes. págs. cultura y conciencia 13. en especial el riesgo de extrapolaciones descontextualízadas derivadas de la utilización acrítica de cuerpos de prueba no representativos. en: Paul K. según él. que en otros tiempos había sido un objeto público. el «nacimiento. 1987). siendo desplazado por el «libro». tanto privados como púEl ensayo de Joan Scon en este mismo volumen presenta una bibliografía dedicada a esta cuestión. Mitld. La lección de anatomía de Rembrandt. naturalmente.) Baker propone la tesis general de que el cuerpo. t f j 259 blicos.

The Female Body.260 Roy Porter minados en un magnífico aislamiento del análisis del tejido de la historia en general. pasando por Marx. una obra como la de Barbara Duden Geschichte unter der Haut -un análisis pionero de las experiencias de la enfermedad de unas dos mil mujeres en la Alemania de principios del siglo XVIII. Por otra parte. 1987). Sexual Underwor/ds nlthe En/ightenmt'ttt (Manchester. Más aún. Mas· sachusetrs. The Fema!e Body in Westem Culture. lejos de ser «inexpresable». Suleiman (ed. «Speaking Silences: Women's Suicide)). como el gran centro de la creación de vida. ¿Qué posturas adoptaban las personas para el coito en el siglo XVI o en el XVIII? 23 Apenas lo sabemos. razones obvias para un sano escepticismo respecto a la utilización del testimonio de fuentes tales como los impresos pornográficos o los manuales de consejos 24. 1985). así mismo. Historia del cuerpo 1 ¡. transmitidos profusamente por la gente corriente del pasado. sino como una visión privilegiada de «un terreno de la experiencia humana conocido de todos pero entendido sólo por unos POCOS». hay. Sin embargo.-hte utltt'rdt!r Haut(Stuttgart. Así. aparece a menudo expresado con precisión y elocuencia). Anderson. susceptible de crítica. podría parecer grosera y utilitarista. Duden muestra también cómo el grupo de mujeres estudiado por ella veía sus cuerpos como algo diná" mico y poderoso. Es evidente que sobre muchas cuestiones nues~ tra información es irremediablemente escasa. Suiadé' m Vtctonan. ofrece un punto de partida iluminador 22. Maccubbin (ed. Baker tiene tal fe en su método de lectura hermética. ensayos: «Silencios que hablan: El suicidio femeninQ)}. 2 lintroducción del editor). un excesivo número de sus colaboradores parte del supuesto. Mediante una combinación de análisis filosófico y literario. Art History 9 (l986). las conclusiones presentadas 2U. convierte. son probablemente poco representativos-. R R. Chrisrie. 2l E!aine Scarry. ]9 S. pasa del examen de la que ciertos novelistas nos dicen sobre la conciencia corporal de sus heroínas suicidas a ofrecernos conclusiones generales acerca de la experiencia de las suicidas en la realidad. Suleiman (ed. para quien aspire a la exégesis intelectual más elevada. no necesitamos ser tan despectivos sobre las posibilidades de investigar la historia del cuerpo recurriendo a triviales métodos empíricos. Sin embargo. según ha mostrado J. por lo menos. proporciona~ rá una visión privilegiada de los problemas y paradojas de la experiencia en general. S. además. Unauthoriud Sexual Behavior dur/tlg the ElllightetITnent (número especia! de Eighteenth Ct'tt/ury Lije. De hecho. R. The Making t1lld UnrtUik/ng nf the W'or/d (Nueva York y Londres. parecen. Cuando lee22 Barbara Duden. 263·70. Geschu. el docLOr Storch.). en S. El propósito de su sustancioso texto es lS Las conclusiones de Barker h:J.n sido magníficamente rebatidas por }. inspiradas principalmente en los preceptos del anáJisls textual. Los relatos de diarios y cartas de primera mano mantie~ nen en general silencio -y cuando hablan. Otro ejemplo de este tipo igualmente insatisfactorio es la obra de Elaine Scarry The Bod). Christic. «(Bad News for . The Female Body m Wcsterl"i Culture (Cambridgc. para los historiadores interesados por cómo las personas reales sentían el dolor.). éstas requieren una interpretación sutil y aun así pueden ser engañosas. como el cuerpo mismo. The Body in Pain. Esta conclusión se nos ofrece no sólo como una interpretación novedosa.J. de que el esclarecimiento sutil de un pequeño corpus de textos clásico::. apoyado por el libro de Barker. artísticas y culturales del dolor físico desde la Biblia hasta el presente. Como es natural. Otras interpretaciones recientes de la historia del cuerpo. si no arrogante. p¡igs. R.no::. un volumen de ensayos que abarca desde el «Génesis a Gertrud Steiw) concede el primer puesto a lo que el editor denomina «(re)escritura del cuerpo~> y subraya cómo se debe ver el cuerpo no precisamente como «(carne y sangre».he Body). Sin em~ bargo. tal como se han conservado gracias a los informes tomados por su médico. sin tener en cuenta un conjunto importante de investigaciones empíricas de testimonios de mujeres suicidas auténticas que contradicen. 68-83. R. de igual importancia evitar flotar en la estratosfera del análisis del discurso y desentenderse de los materiales más cotidianos y tangibles de que se dispone. aunque dispongamos de abundantes fuentes. 1986). Rousseau y Roy Porter (ed$. sino corno una «construcción simbólica}} 19. los relatos reales del dolor (que. R. muchas de sus afirmaciones sobre los suicidios de muieres abandonadas por hombres comradicen el cuidadoso análisis empírico de Olive. mayo 19851 . Se trata de una suposición dudosa. la investigación empírica. Los estudiosos sensibles tienen razón al insistir en la complejidad conceptual de la historia del cuerpo.l. 1987). 23 Ver la discusión de este asunto en la introducclón de G. . textual e inmediata que ignora sistem<iticamente las investigaciones de otros estudiosos -característica que. Scarry examina las representaciones intelectuales. en una insens<:ltez de su explicación del cuadro de Rembrandt 18. in Pain (con el modesto subtítulo de The Makl/¡g and Unlllaking 01 the WorldJ 21. No está mal. 1987) 24 Una introducción a estas fuentes en R. contradicen el selecto elitismo de Scarry. Pero es. t1nd Edwal'du111 Etlgland (Oxford. p~gs. en realidad. 2(1 Margaret Higonnet. uno de lo::. ¡ 1 I I 261 establecer que es esencial al dolor ser «inexpresable». entre otras cosas.

lÓÓtl de tales pruebas ver D. íd. se ha conservado una enorme cantidad de informac. Pero a los fotógrafos victorianos les encantaba también tomar instantáneas <¡documentales» callejeras de carácter ca~ sual que captaban a la gente en sus movimientos y gestos cotidianos y. miente. 1·22. No obstante. The English Face (Londres. n Sobre los problemas de interprer. 1988). pues. . somática o psicosomática. L. id. Historia del cuerpo 263 ingestión de alimentos. 1968). Interaction Rltual (Londres. 2" Ver la obra elásica de de E. \(Hysteria at the Edinburgh Infíl'mar~'}>. podían. Stigma. Del mismo modo. deformid<ldes. o. sobre todo. por ejemplo. The Presentation o/ Sel/ in Everyday Life (Londres.1. 29 Ver E. Th. Pero esta reserva se aplica a algunas fotografías más que a otras. Notes on the i\1tItlagement o/ Spoiled Identlty (Hardmonsworth. si es que sucedía algo. Sería una empresa arriesgada esperar que nuestros registros de diagnóstico médico nos proporcionaran una historia epidemiológica fiable y objetiva de las enfermedades 25.. Pero. Mediml Histol)' 32 (1988). simplemente.: Population Hútory o/ England 1541-1870 (Londres. contamos con un registro fotográfico del aspecto físico de las personas que en la actualidad se remonta a casi un siglo y medía.. las fotografías no son instantáneas de la realidad sino que constituyen.ht. Los que se han conservado en Inglaterra han sido elaborados a fin de suministrar un perfil colectivo de la proporción entre edad y estatura de los niños y jóvenes. a pesar de estas dificultades. en consecuencia. S/rtlte!!. Jnlr:qJr<. Esto podría ser un ejemplo de cómo la etiqueta de enfermedad servía de poco más que de contraseña administrativa para conseguir la admisión. S. Schofield. 1957). Planteando preguntas controladas a estos datos corporales se pueden hacer extrapolaciones sobre cambios. Existen. Goffmann. además.:ión suficientemente segura como para permitirnos construir un perfil digno de crédito de las estadísticas vitales de los cuerpos en el pasado. 1982). padecer una sobrecarga de trabajo o una deficiencia de alimentación (a pesar del estereotipo corriente. artefactos culturales que transmiten signos codificados de manera complicada a «lectores» informados 28. Kenneth Wachter y Antlabdl Gregory. El archivo fotográfico revela y confirma muchos datos acerca de las transformaciones físicas de la condición humana en la época moderna (envejecimiento. Todos ellos nos permiten conocer la edad y estatura de algunas decenas de miles de individuos. se han conservado archivos privados que aportan indicadores sumamente delicados. desde la Edad Moderna en adelante. no suele estar nada claro qué sucedía con exactitud físicamente. relimpias y acicaladas con sus mejores ropas de domingo. las leyes de pobres y los registros de hospitales nos abren igualmente las puertas a una historia de la salud y la enfermedad y de las víctimas de la dureza del trabajo 26.i. simplemente a desmenuzar estadísticas vitales sobre aspectos físicos ni es tampoco un conjunto de métodos para decodificar «representaciones». Curiosamence. a partir de los cuales los estudiosos han ideado técnicas para extraer indicios fiables de los cJmbios en las tasas de nacimiento y muerte. la (hísteria») eta un estado mucho más propio de las personas pobres de que de las ricas). y Personall/Y and Ihl' Portrait (Londres. Para comprobar las transformaciones en el nivel real de vida. se trata. A Wrigley y R. gestos y apropiación del espacio físico) 29.111'/ Pf)wer in I3ritaitl and Amerlca since 1840 (Springfield. malnutrícíón. en la XIX 2' Ver G. 1959). Risse. Lawren~e. que cambia con el paso de las generaciones. podrían haber experimentado una parálisis parcial. .I indagación de la historia del cuerpo no se limita. registraban aspectos como el del lenguaje del cuerpo y el espacio social suministrando más información que cualquier texto impreso. etc. Una vez más. Las fotografias para las que se posa captan la manera corno las personas quieren ser recordadas. Intt'f<1c/ro'l (Oxford. La cámara. M. tanto cualitativos como cuantitativos.. 1972). de registros de bautismos y enterramientos. . las fotografías no están todavía muy explotadas corno recurso histórico. fecundidad.. no hay necesidad de criticar los errores de interpretación que podrían derivar de una confianza ingenua en la veracidad de las imágenes visuales. Conn. por supuesto.. fertilidad. más exactamente. las proporciones físicas pueden ser un índice más fiable que [os salarios 27. crisis de mortalidad por enfermedades. 1970). Pholographing Medicine': lmtl}!e. como la pintura.. En muchas partes de la Europa. sobre capacidades físicas. etc.f . 1972\. Más bien es una invitación a dar sentido a la interacción entre 27 Roderick Floud. etc. abundantes libros de admisión de orfanatos y escuelas y listas de recIutJmiento del ejército y la armada para un lapso de varios siglos.262 Roy Porter mas en los registros de admisión de los hospitales de los siglos XVIII y que un motivo habitual de admisión de mujeres en las salas para enfermos era la «histerim>.) así como lo que Goffman ha denominado la «presentación del ym> (lenguaje corporal. pág". Health and History (Cambridge.~tacioncs vdllOS:lS en David Piper. Fox y C. 1990). Heip.

. es notable la ignorancia en que seguimos sobre la manera en que individuos y grupos sociales han experimentado.st(1)' (Nueva York y Oxford. este gesto era tanto físico como sim~ bólico: los «grandes» (sobre todo. The lnl'entian o/ the Setl (Clrbondale. The Transforma/ion al Virginia 1700-1800 (Chape! HIl. lo privado y lo público es altamente sugerente 31. 1978). Aun así. pero la mayoría permanecen en la sombra. Imagimng a Jetl (Cambridge. la ética y los sistemas de valores.. No obstante. «anfibia)-).. S. David. Sobre la construcción del yo. Los sociólogos del cuerpo consideran aún valiosa la obra de Weber. la conciencia o el yo han sido designados guardianes y rectores del cuerpo y el cuerpo debería ser su servidor. este dualismo ha sido una fuerza que ha configurado profundamente el uso lingüístico. la voluntad. Además. por ejemplo. Rhys Isaac. 1975). Sp. este esquema tiene un corolario fundamental: Jl Ver. A la mente y al cuerpo se les han asignado tradicionalmente atributos y connotaciones distintas. del funcionalismo parsoniano) se interesan como es debido por la acción del cuerpo en cuanto órgano de comunicación: hablarnos con nuestros cuerpos. 1976). La psicohistoria de molde freudiano ha aludido. JO 265 La fenomenología y la etnometodoJogía han ofrecido programas para el análisis de los «encuentros íntimos)-) interpersonales que (a diferencia. el frente de investigación está. sobre todo. La mente es preceptivamente superior a la materia. mostrando cómo ciertas actitudes hacia el mundo en general son comúnmente proyecciones de la manera en que las personas realizan sus propias funciones corporales. 1966).264 Historia del cuerpo Roy Poner ambos aspectos. M. algunos otros planteamientos en el seno de la sociología parecen merecer una especial atención de parte de los historiadores.y su expresión física. mera palabreria. Mucho antes de Descartes la mentalité occidental estaba ya imbuida de un dualismo fundamental: ser humano significaba ser una mente corporeizada o. Cuerpo y mente . los esquemas de clasificación. el inconsciente. a una cadena de consecuencias completamente opuestas. Stannard. por otra parte. ¿Cómo ha entendido la gente el misterioso nexo entre el «y m> y sus extensiones? ¿Cómo han tratado el cuerpo en cuanto intermediario entre el yo y la sociedad? Algunas tradiciones intelectuales podrían resultar fructíferas para la pr~moción de estas indagaciones. j ¡ .1981).. Aunque gran parte de la psicohistoria sigue estando viciada por un reduccionismo edípico dogmático y es groseramente especulativa. Algunos pocos terrenos individuales han sido objeto de atención. O Lyon~.lcks. N. revelando así las luchas internas entre la conciencia -y. Se trata de un dualismo que muchos pensadores consideran paradójico y engañoso debido a la radical incomprensibilidad de los puntos de encuentro entre mente y carne.con que podían permitirse adornar sus cuerpos. 1980). sus «excelencias») eran característicamente algunos centímetros más altos -ventaja realzada además por el atavío imponente -ropaje y tratamiento. He N~ws Psycho!nstory (Nueva York. por tanto. en especial el cap. por ejemplo. según la fórmula de sir Thomas Browne. como por ejemplo en el análisis de Rhys Isaac de los estilos de vida en la Virginia colonial 32. E. Versians al th~ Sell(Nueva York. Mass. ver P. ¡ ! Es de esencial importancia comprender el lugar subordinado atribuido al cuerpo en los sistemas de valores religiosos morales y socia les de la cultura europea tradicional. "Tbt' Stranger W'ithln Thee»: The Coneept al Self in Lale Eighteenth Century Literatul'e (Pittsburgh. 1980j ha afirmado que ia psicahistoria e¡.J. lleno de lagunas. controlado y proyectado sus yoes corporeizados. la mente. También se han llevado a cabo valerosos intentos por aplicar estos métodos a exposiciones sistemáticas y públicas de yoes sociales en comunidades históricas concretas.J. V. Shn"nkmg History: On Freud (Jnd the Failure al Psychoh. JI Ver L10yd DeMause. Dada la abundancia de pruebas disponibles. su integración temática de lo interno y lo externo. Si en el mundo que ya no es el nuestro los ricos miraban a los pobres hacia abajo. en el mejor de los casos. Sin embargo. pues una de las fuerzas duraderas de su explicación de la ética protestante reside en la revelación de cómo lo que podríamos considerar obligaciones doctrinales más bien abstractas (<<descorporeizadas))) (las cuestiones relativas a la salvación y la justificación) se intetnalizan de tal manera que tienen implicaciones profundas para el control y disciplina personales del cuerpo JO. Ontológicamente. D. En el centro de esta colaboración me ceñiré a ciertas zonas problemáticas particulares para resaltar los campos potencialmente fructíferos para una historia del cuerpo y evaluar las consecuencias de la investigación actual. Cox. Morris.

Relig/on and the Decline ofi\1. Spiritual and Demonic Magrc frorll Ficino fo Campanella (Londres. su alma inmortal. "Psychology». ética. 35 D. Pasados algunos siglos. cuando se implica en e. está obli~ gada a elevarse por encima de tales desórdenes. 1981). libre y noble desde d punto de vista ideal. Rousseau. el cuerpo cae fácilmente en la culpa cometiendo actos malvados o criminales. debido a su oficio más noble. buenas razones para proponer un diagnóstico diverso: la «locura» podría conslderarse. La cuestión de cómo atribuir con precisión honor y culpa. tanto teóricas como prácticas 3~. pero. P. Keith Thomas. ha sido crucial para la valoración del hombre como ser racional y moral dentro de sistemas de teología. respectivamente. An Age of CrisiJ: Man and World in Etghtecnth Centu!)' French Thought (Baltimore. pues. Walker. una condena). debido a Su misma naturaleza (por ser imperfecto e incluso bestia}). Y la tendencia. Pero. Histoire de la felte J l'dge c!aHique. las fronteras del cuerpo son fluidas 36. a la mente y al cuerpo. engaño o a Satanás. S. 1979]. de origen somático. . Michel i\1acdonald. Así se garantizaba a la voluntad una coartada y se excusaba al cuerpo más fácilmente si estaba enfermo. padecían flatulencia). anárquicos o (dentro del cristianismo) radicalmente pecaminosos. En la época victoriana. 2 vals" Madrid. podría haber sido leído trescientos años antes como una ~~intem­ perancia físicm>. ver Lester Cracker. Para la Ilustración. tanto los no entendidos como los profesionales se sentían más inclinados a atribuir el ~<desorden mental» a desarreglos de la conciencia. gracias a cierto grado de secularización. precisamente porque era más «bajo» de lo que habría sido la mente. 1959). sino las facultades nobles. sobre esre punto el> fnndamental G.~ Roger Smith. Pope y otros satíricos se burlaban de los sedicentes poetas geniales de su tiempo diciendo que no estaban poseídos por el soplo de 1a inspiración sino que. Mystical Bedldm. The Ferlílent ofKnou'(ó·dge (Cambrídge. más en general. puede. en: G. a diferencia de la posesión satánica. De hecho. producida quizá por una herida en la cabeza o un malestar intestinal (melanco33 Así. las ideas sobre las responsabilidades relativas de mente y cuerpo han cambiado notablemente. 1980). su conducta es errática y chocante.266 Historia del cuerpo Roy Porter cuando el cuerpo se rebela. Gallimard. La mente (el yo. Anxidy l/lid Ht'<lling ill Sevenfeenlh Century England (Cambridge. la voluntad.. En tal caso. deberes y responsabilidades. los regímenes de educación o castigo) 33. Los prohlemas de la responsabilidád relativa del cuerpo y el alma enmarañan los intentos de explicar y reprimir el desorden. a las regiones de la psiquiatría. la subordinación jerárquica del cuerpo a la mente degrada sistemáticamente al cuerpo. Tria! by Medicme: lnsanity and Responsibtltty in Fíe/orlan Tria!s (Edimburgo. Con la decadencia de la fe literal en Satanás y en el fuego del infier110 y la conclusión de los juicios por brujería -en resumen. Pero la noción de intromisión demoníaca era claramente peligrosa (en el caso de una sospecha de brujería podría requerir un juicio o implicar. Madness. 1958). los pies o los dedos. los historiadores perspicaces de la locura.sos hechos.j clásica. Historia de la locura en Id époc. En los procesos por brujería de los siglos XV! y XVII era fundamental determinar si los fenómenos de posesión eran debidos a enfermedad. los culpables no son necesariamente los puños. han demostrado los peligros de anacronismo.). fuertemente apoyada por la profesión médica. humillante recibir un diagnóstico de desarreglo intestinal (Swift.aventurar este tipo de diagnóstico no suscitaba ya aquellos espectros. Este es un hecho que crea una profunda tensión en todos los sistemas de control personal (p. en cambio. insistía cada vez más en las causas orgánicas de lo que ahora llamaríamos «enfermedad mentab>. exceso de «bilis negra»). 1981). se la consideraría probablemente como una forma de posesión demoníaca 35. En el siglo XVII una mujer padece alucinaciones. ver Michel Foucault. Al analizar estas cuestiones. la enfermedad somática tenía a su favor la salvedad de no poner en peligro automáticamente el destino espiritual de la persona. 1976 [hay ed. ser excusado con facilidad (1a debilidad de la carne). por supuesto. parece tanto más culpable. Había. la voluntad. política y jurisprudencia. de esa <~guerra civil» interna. cualquier forma de materialismo provoca dilemas sobre [a respons"Jbilidad personal.ej. Así. en que es víctima de la melancolía o está lunática. En asuntos de más importancia. en cambio. Sus contemporáneos coincidirán en considerarla enferma. S. Romseau y Roy Parter (eds. cuyo deber era precisamente el de controlarlos.. salvajes. cast. sus apetitos y deseos se consideran ciegos.ag¡c (Harmonds\IIorrh. A su manera. como un siervo revoltoso. Lo que para el pensamiento del siglo xx podía muy bien ser signo de <~mente enfermm> y pertenecer. ¿de qué tipo de afección se trata? Podría ser un desorden de su mente. resultaba. . por tanto. 1 ! ! ~ • J 267 lía (literalmente. como por ejemplo Michael MacDonald. o el alma). paradójicamente. 1978). simplemente. puede ser visto como la prisión del alma. la aparición de las psicoterapias creó un nuevo optimismo en la prognosis: las enfer36 Sobre [as circunstanchls intelectuales y culturales de estas concepciones de la locura. Sin embargo.

La interpretación del cambio de Freud en sus explicaciones es una cuestión bastante más complicada 37. sino que se ha de considerat mediado por los sistemas de signos culturales. obtenida por el historiador y antropólogo de la medicina Arthur Kleinman. se desarrollaron nuevos sentimientos de simpatía. Madrid. Este relativismo aparece ejemplificado por una notable distinción cultural comparativa entre la experiencia occidental y china en la atribución de la enfermedad.. F. FrankJ SulJQway. cast. el tetapeuta investiga la historia de su vida para hacer que vuelva a ser feliz. J ) . Freud llegó a 'la conclusión de que muchas de sus pacientes neuróticas habían sufrido agresiones sexuales en su infancia. difiere notablemente según los siglos. clases. cast. 1985]. El tJs. algunas profesionales y otras personales. El hombre y su causa. No debemos mezclar estos cambios explicativos con el progreso real de la ciencia médica: ningún adelanto científico «demostró» las funciones respectivas de mente y cuerpo en el control de [as acciones. como demuestra el análisis de Kleinman de las construccíones contrapuestas. encambio. Ellenberger. como más tarde se los llamó. En cambio. y las sociedades poseen a menudo una pluralidad de interpretaciones con 37 Sobre Freud. Neurasthenia I1nd Pain m Modem China (New Haven. 198-5J. si. La distribución de funciones y responsabilidades entre cuerpo y mente. el paso de algunos siglos testimoniaba cambios profundos en el dibujo de la mente y el cuerpo y de la recomposición de sus relaciones.13 Auhut Kleinrnan. La inmensa mayoría de los comentadores. M. Masson.. la nUeva tendencia a culpar a la locura de los desórdenes de la conciencia podía conllevar formas claras de estigmatización y censura (todos tenemos el deber de dominar nuestra mente). atribuye un malestar comparable a algún desorden y causa físicos. Al chino. Las sociedades extremadamente individualistas y sometidas a fuertes presiones (se explicaba) creaban grandes expectativas y penosas responsabilida_ des. desde Ernest Jones en adelante. alguna forma de neurosis. que se aplica a revisiones culturales de mayor alcance. Una discusión más amplia del «papel de enfermo» en D.'olution ofDynamlc Psychiat1)' (Nueva York. del «trastorno mental». . Al desarrollar así una teoría de los deseos reprimidos. Freud abandonó esta interpretacíón. Clark. «The Concept of IlJness Beavioup¡. sin más. 1971) [hay ed. Barcelona. por tanto. Un americano del siglo xx se siente «deprimido». DepreSSfoll. el diagnóstico será: trastorno psiquiátrico.. eso era 10 que le con. W. a fin de cuentas. circunstancias y cultura. cuerpo y alma.. Freud: The Man and Ihe Cause (Londres. El deícubrimienfo del inconsciente. 1964).¡Lto a la verdad. al ser calificado como víctima de una dolencia somática. C:JSt. 1986). 1976].journa{ olChronic Disease 15 (l9621. la gran vida de la gran sociedad generaba gran ansiedad. Barcelona. recuerdos sino más bien fantasías enraizadas en el inconsciente en tomo a sucesos traumáticos que en realidad nunca habían ocurrido. se habría admitido una terrible y extenuante confesión de algún defecto y desvío del carácter que habría traído consigo estigmas y menoscabo 31':.¡{ Experieme (Nueva York.268 Roy Porter Historia del Cllerpo medades de la mente podían ser tratadas y sanadas (según pretendían los psiquiatras progresistas) más fácilmente que las del cuerpo. Sin embargo. atraer simpatlas y atenciones. The Dlscovery o/lhe UnconsclOfIS: the Histo1)' and E. hubiera afirmado alguna forma de trastorno mental.. 1982) [hay ed. Nosotros. con enormes implicaciones para las normas públicas y la terapia. Frelld. La persona equivalente en China. está igualmente hermanado con el problema de la interpretación de episodios particulares. los desarreglos mentales 0. el «cuerpo» no puede ser tratado por el historiador como algo biológicamente dado. han elogiado a Freud por su intuición supuestamente profunda al apartar la atención de la vida del cuerpo y dirigirla a la de la conciencia. 269 consideramos que este elogio refleja el privilegio profundamente arraigado de lo intelectual sobre 10 físico. Freud dio a luz el psicoanálisis. taban. 189·94. y]. De esta manera. en circunstancias apropiadas. Freud: Biologisl ollhe Mind (Nueva York. En otras palabras. En su primera práctica psiquiátrica. las relaciones mente/cuerpo no son «dadas» sino que dependen de la cultura. Más bien se habrian de ver como hitos de reoríentación cultural que pensaban de nUevo los atributos de la mente y el cuerpo. Obviamente. 1979). no consultará a un médico de medicina general sino a un psicoterapeuta. se le permite asumir el «papel de enfermo» y puede. Ver también Carney Landis y Fred Metrler. Mechanic. Social Origms 01 Distress and Disel1se. Por razones complejas. adoptando en cambio la idea de que los relatos de aquellas mujeres no eran. podían suponer la inmunidad social y provocar simpatía y hasta distinción. Este punto. R. Pensemos en Freud. The AssauLt on Truth: Frelld~í SupreJion 01 {he Sedm'tion Theory (N LJeva York. la «curación por el habla». sin embargo. como su contrapartida en Norteamérica. 1983) [hay ed. «en la mente» y propuso un tratamiento igualmente psiquiátrico. Varieúes of Psychopafho{oglc. somática y psiquiátrica. las crisis nerviosas. ASÍ. Así. Su médico confirma que la enfermedad es orgánica (podría llamarse (meurastenia~») y le receta medicinas. De esta manera pasó de una explicación somática (1a agresión real) de la etiología del trastorno mental a otra situada. ver H.

Bajtin. A. 106-112. según han subraya do últimam ente algunos historia dores jurídis sistema los que abilidad respons la salud pública. en el Renact1mento (Alianza Edi· 42 M. una vez más. Sin embarg o. ¿Se ha de conside rar al portado r moral o crimina respons a ble del daño o desgracia provoc ado por su cuerpo ? Este caso ha constitu ido un problem a enorme mente compli cado y fundamental en la política de regulación de las poblaci ones de alta denside dad por parte de las burocra cias médicas. Gallimard. en el caso de que se manten ga la culpabi lidad. Sennett. Según han destaca do de modo particu lar Michel e la Foucau lt y MíchaeJ Ignatieff. 19781declive El cast. HistoT)' o/ Englrsb tLondres. adoptad han ias estrateg Estas cuerpo. emblem a encar-la ia violenc la y sexo el los excesos en la comída. ProstüutioYl and Vi"ctortan Soáel)' (Cambridge. M. la intención terapéu tica que sostien de cambio el en más hito otro marca penas las modern a ciencia de reipara sirve sólo carne. es la escasa co-políticos de Occide nte han atribuido a los individuos por tos estragos que sus cuerpos han provoc ado en la salud. ¿cóse mo se ha de practica r la reparac ión? Hasta los últimos siglos. sobre todo más era que eron sostuvi partir de los últimos años del siglo XVIIl. Tomem os otro ejemplo. Tbe Fall o/ Public . Madrid. denosta do en la teología cristia na. condici ón del cuerpo terar su inferior idad )9. 1980). Barcelona. médico su y uo individ el entre za confian la en privado. Frazer. ya desde las epidem ias resulta que lo o. la a r exonera al que. sin duda. 39 Ver M. una intenci ón culposa. [hay 1976) Man (Cambridge.. 1 Los aspectos públicos v privados del hombre públiCo. es golpe. Prostitution anJ VictorlrlYl Socia! Re/orm J. otro tanto puede Esta 40. diría un jurado de quizá.que prede senta el cuerpo corno un anarquista.lust MeasureofPain Historia del cuerpo 271 público «controladas». propiet ario de ese cuerpo ? de si hubo una tnens rea. sorpren dentem ente. entraro a mas cambia ntes de valores. corno Roger al hombre mata a otro de un golpe. 41) W.. el rey de la juerga.270 Ro y Porter trapuestas. La cultura popular en la Edad Medirl)' torial. A pesar de la apari~ ar cíón durante los dos últimos siglos de socieda des de bienest de la priso". dilemas los o aclarad han Smith. 1981) y 70-72. 1vluchas Cosas depend en de esas atribuc iones. de fuera estaba si XIX. 1989 [hay ed. "el castigo ha de golpear el alma y no el cuerpo». al encontr de~ violent a oposición. reprimi o. FoucauLt.. a las relacíones contrac tuales de carácte (La . por ejemplo en las la cuestiones prácticas de la culpabi lidad legal. Así. Un hombre es muerta no por el golpe por asestado por otra persona sino por un microorganismo difundi do lmente un portado r. Madrid. . el dirigió > «(mente~ su si Sí. Walkowitz. 1950i. M. la do pocas las coacciones impues tas por la salud. donde estar enferm o es un crimen a -si bien la crimina lidad se excusa como enferm edad. los siglos XVIII o una enferm edad psíquica. Los estudiosos han centrad o su atenció n princip almente en reforde mas de carácte r autopun itivo que cumplí an con las aspiraciones Publt"c Healtb 1834-1939 (Londres. Los historia r y tos de ciertos grupos sociales domina ntes por restringir. median te el sistejuego en n o la pena capital. 1978). formas distintas. enten" podrán sólo sodal tración adminis la en la filosofía política y las derse plenam ente si se compre nden antes su enraiza miento en doctrin as relativas a la propied ad y privaci dad del cuerpo. No obstante. <moble» o más «humanm> no castigar al cuerpo sino corregir o reformar la mente: en palabras de Mably. El enjuicia miento de cada caso particu lar es asunto discutible. del excesos los reforma r como es natural. las cuestiones relativas a la salud se han conr fiado. hgtlary castigar. resuelta mente propue sta en las formula XVIl siglo el desde liberal poHtica filosoEia ciones secularizadas de la en en adelante. de notable. P. cast. no. los reforma dores penales. ed. se estudian en R.nos present sihan un contras te llamativo.) A pesar de la «medic ación de la vida» . págs. medicin a forense. el nación del princip io que Freud intelectualizó más tarde en intenlos mente reciente ado investig han dores «ellm> -. Ignatieff. embarg Sin la peste bubóni c. ~1 La regulación del cuerpo Existe un estereo tipo cultura l profund amente arraigado -entusiástico en Rabelais ~2. 1990 J. Las actitude s y obvieda des en la aphcad ón de la ley. McHugh . Los historia dores de Un . 1990 4). ¿Se ha de conside rar respons able decir. ésta l corpora castigo dirigía princip almente contra el cuerpo. basadas utopía de Samuel Burler Erewhon. por ejemplo un durante jo exigencia legal de la vacuna ción antivariólica se introdu una con arse breve tiempo en la Inglate rra victoriana pero. s venérea edades enferm las cirse del tratamiento obligatorio de solució n encarna. en la Edad Media. la bebida. Surveiller et pinir: rulÍssance 7 (Londres. la legislación quedó diluida. cierto sentimi ento de propied ad del cuerpo inalienable e individual. consecu a sí. encia.

en última instancia. 47 K. La Inglaterra de la Edad Moderna fue también testigo de movimientos paralelos dirigidos por los puritanos en favor de la reforma religiosa de la moral y las costumbres 47. Jean-Louis Flandrin. ~9 R Malcolmsoo. 273-305. como Muchembled. 12 (1980). una nueva desaprobación del duelo y los intentos de los empresarios capitalistas por inculcar a sus trabajadores el trabajo regular y la disciplina horaria 49. pero el victorianismo es de fecha muy anterior a quienes llevan su nombre. conversación limpia.. Vice and Vigilance: Purity Movements in Britam since 1700 (Dublin. English SOClt'!y 1580-1680 (Londres. Ver también M. 45 Sobre las opiniones de la primera época georgiana. 19731. Aunque fuera vulnerable al hambre. en general. en el medio más secular de la primera nación industrial. 1989 6J. los tribunales eclesiásticos y la confesión. Pero. J. Gallimard. 163-76. como subrayaba de manera particular Foucault. Bajtin. La cultura populal' en la EtÚJd Media JI en el Renacitniento op. E. «The Unruly Realm: Appetite and Restraiot in Sevemeenth Ceotury Hol1and».). ha sostenido que en la cultura rural tradicional y cuasipagana. mentes limpias). Schama. .. Oxford. ver Fenella Childs. La voltlntad de sal7('l. Bastardy and its Comparalive Hútory (Londres. o" 64. Conceptos como conversación decente. 1983).poseían poderes mágicos. Vigarello ha hecho hincapié en la importancia dada a la socialización del cuerpo anárquico por medio de la higiene. Thomas Bowdler era georgiano y fue Wesley quien situó la Limpie:za alIado de la Divinidad. Los manuales de conducta. ill!1 I I IDII I I . la limpieza y el vestido y Norbert Elias. Flandrin. 1977 [hay ed. Los cuerpos plebeyos constituían por tradición el polo receptor de la coerción física: el látigo. 1976 [hay ed. la decencia y el decoro. «The Body':. la coerción física 46. Muchembled. 1982). S. Destacados historiadores de la Francia de la Edad Moderna. Moment». la prescripción y.-1. Historia del cuerpo 273 civiles por regular los cuerpos de la gente corriente mediante la persuasión. en particular. sobre todo. delicadeza y gazmoñería evocan automáticamente a los victorianos. 1988. la picota. lo que da una posible idea de la eficacia de la disciplina moral 48. peligrosas y contaminantes +1. cit. 103-23..1 11 . east. 1990 2]. El proceso de la civilización. Hrstoire de la sexualité 1. La Inglaterra georgiana presenció nuevos ataques contra una cultura del cuerpo de carácter anárquico mediante la regulación de los deportes cruentos y los combates de boxeo. los cuerpos de las personas se vieron también sometidos a una nueva tecnología política del cuerpo ·1(. ropa limpia. 272 Roy Porter un mejor autocontrol. han insistido de manera especial en el empeño de las autoridades religiosas y ·13 Ver M. el cuerpo gozaba de una posición elevada en cuanto instrumento poderoso y que sus partes y productos -la sangre. Madrid. Valencia. Esta contracultura carnavalesca del cuerpo fue. Mandeville exploraba de manera provocativa los significados ambivalentes de una represión corporal en la que el hecho de velar la carne podía llegar a ser mas excitante que el desvelarla 45. la enfermedad y la muerte. y. emprendidas con cierto éxito. más en concreto. Daedalus 108 (1979). Dix-huitiéme Siec/e. las investigaciones de Schama sobre la pureza y la disciplina del cuerpo entre los calvinistas holandeses ilustra la eficacia (tanto social como psico" lógica) de estas estrategias para crear un cardan sanitaire contra las amenazas a la moral y la religión -el papismo y la corrupción-. Smrobjnski. y]. relacionado con la educación y disciplina del hogar. progresivamente sometida a una vigilancia sistemática y una represión eficaz a través de instrumentos como los procesos por brujería. destilados por las imprentas desde el siglo XVI. Steele y Mandeville. Foueault. intensificados por la Contrarreforma y la introducción de una nueva moral sexual que insistía en el matrimonio y la legitimidad. en: Montaigne: Essays m Reading (Yale Freoch studics. En obras como The Virgin Unmask'd. dieron gran importancia al sometimiento y obediencia del cuerpo y al cultivo de las buenas formas. El au tocontrol físico ha casado perfectamente con el deseo de controlar los cuerpos de los demas para conseguir un mejor orden social y religioso-moral. Jaegues Donzelot. 1977). consideradas sucias.. Historia de la sextlaltdad 1. Bristow. N. ]. «Preseriptions for Manners io Eighteenth Ceotury Courtesy Literature¡> (tesi" doctoral en Filosofía. Popular Recreations in Englzsh Societ)' 1700-1850 (Cambridge. ~~ P. La policía de las familias. 4~ Ver. y la compostura adecuada del cuerpo en una sociedad de buenos modales nunca fue tan elogiada como en la época de Addison. Un temp. Foucault ha mantenido que el interés creciente por una buena salud y una larga vida surgido de la Ilustración es un nuevo síntoma de esa misma actitud 43. Los demógrafos históricos han demostrado que las cifras de bastardía fueron notablemente más bajas en la época de los Estuardo que en periodos posteriores. tanto religiosa como civil. La volanté de savoir. las galeras. sin embargo. Elias. Flandrin y Delumeau. el cuerpo era también la fuerza vital dionisíaca oculta tras el tumulto y los excesos orgiásticos. «Amour et marriage». Por otra parte. el pene y el útero. Wrightson. Madrid.f pourem17rassel' (París. ha estudiado (~el proceso civilizatorio» visible en el desarrollo de los controles corporales (cuerpos limpios. cast. La policie des famiIleJ. 1984). las heces. Laslett (e d. págs. 1980). Minuit. 1983).

págs. II. el entrenamiento escolar. Gallimard. Gallirnard. Ver también C. «Physical Puritanism and Sanitary Science: Material and Inmaterial Beliefs in Popular Physiology 1650"1840». 55 Virginia Smith. Young.. Pero. rebosante de apetencias y necesidades. en su capacidad de impureza.). <~Medical Diagnosis. Así mismo. P.. F. replicaba Malthus. los ritos de la medicina junto al lecho del enfermo o en el hospital no pueden explicarse plenamcntc por los logros de la ciencia médica. The Healthy Body and Vietonan Culture (Cambridge. el cuerpo sano podría. Histoire de fa sexuafité. y un «ascetismo secular» hasta fechas recientes. 51 M. el cuerpo sano era e! garante de! Estado saludable: lo producía y lo reproducía. Past and Present 37 (1967). 1966. la de la medicina. M. 56-97. op. para quienes las culturas populares del cuerpo han sido eliminadas con éxito en nombre del Estado terapéutico supervisor y de los dictados de la ra~J E. En realidad. No obstante.g'.. 109-45. Theory. 56 Ver R. El hecho de centrar la atención sobre e! problema del cuerpo -en sus peligros y disciplina. PUF.. ~4 Sobre los aspectos más amplios de la educación. el cuerpo privado y el público entrarían en pugna. cap. Otras cuestiones más amplias relativas a los tabúes corporales y el decoro dictaban también la naturaleza y límites del examen diagnóstico. que. p. Culture & Society 1 (1982). De este modo. si sólo la vemos en función de la racionalidad económica y Qesde la 50 Las obras más pertinentes de Foucualt son Histoire de fa fofie ti tdge cfassique. a través de una visión limitada. Les mots et Les choses: une archéologie des sciences humaines. . los castigos del reformatorio-o Desde la domesticación de los pañales y la limpieza corporal en el hogar doméstico. 55-62. 1980). Estas cuestiones de más alcance muestran por qué la política del cuerpo exige atención por sí misma. Past and Future)). 1989. Como ha mantenido Catherine Gallagher.Iada yana· crónica con las anteojeras de las disciplinas modernas. Haley.1 1: ~.. sigue sin estar claro hasta qué punto es exacto el cuadro trazado por historiadores como Muchembled. Pasl and Present 43 (1969). según se esperaba. 1987. Gallimard. Archives ofInternal Medieine 112 (1963). Work-Discipline and Industrial Capitalism». Thompson. las fatigas del campo de desfile. el tratamiento quirúrgico y la aparición de nuevas especialidades intervencionistas y sensibles a las características sexuales.). nos olvidamos de la mitad de la significación de la búsqueda de una disciplina horaria en las fábricas. Thompson. ""1 Historia de! cuerpo 275 perspectiva de los heroicos capitanes de la industria. ver B. suele ocurrir con demasiada frecuencia que se pasen por alto tales cuestiones. «Time.!I! I II"I! '. Gordon (ed. cit. op. a pesar de su poder productivo~' ayuda a entender los numerosos procesos divergentes estudiados demasiado a menudo de forma aü. fueron regenerados por ella -las rutinas de la fábrica. cuyos deseos hay que avivar y estimular 51. 174-97. sería estrecho de miras evaluar los objetivos de inspectores de salud e higienistas pensando sólo en contamina· ción y sistemas de saneamiento: su interés se dirigía en medida no menor a la suciedad moral y la regulación del contagio y la canta· minación sexual 55. hasta el ejército o la fá· brica.. por ejemplo. como subrayaba E. 1979).]. 1988. De manera similar. maquinal y sometida a una disciplina férrea. [hayed. pasando por la escolarización. págs. págs. 1978). Featherstone. págs. más bien. págs.. Foucault: Power/Knowledge (Brighton. cast. aislada y estrecha. 1 274 Roy Porter y. en especial el ensayo «Body/Power». la historia de la educación. calificada de «protesta nte». Bynum y Roy Porter (eds. Naissance de la cfinzque. en: W. Madrid. Tradicionalmente. Del mismo modo. lvfedicaf Fringe and Medical Ol'thodoxy 1750-1850 (Londres. propuso un nuevo e impresio· nante enigma sobre el bienestar moral de la política de los cuerpos. 18-33 52 Para una discusión de los intercses más amplios de Malthus. Present. Engle y B. M. Surveiller el punir: naissance de fa prison. en realidad. O. lo tratamos simplemente como el padre fundador de la demografía moderna 52. Al analizar la demografía histórica. cit. estamos malinterpretando a Malthus si.1 ~. ver Patricia James. P. <~The Body in Consumer Culture)). Según los historiadores de nUestro siglo. Popufation Malthus: Hn Llfe and Times (Londres. acabar siendo el enemigo del Estado. ' : ~: I. y R. de caridad o elementales en el pasado: la imposición. una historia de la educación que se centre con exclusividad en el logro de aptitudes como la de la lectura y la escritura olvidará una de las principales funciones de las escue· las pobres. 1986). como la de la obstetricia masculina 56. 1. ete. debido a su alta potencia reprod uctiva. el imperativo se ha desplazado últimamente de la «mano» productiva. Mass. al cuerpo como consumidor. 4" parte. formaba parte de un empeño más amplio por dominar a las personas mediante el control de sus cuerpos 53.1 1 :111' I 1111I1 . la lógica del capitalismo no ha relajado un tanto esta insistencia constante sobre el cuerpo disciplinado. Vigilar y castigar. la obediencia física o la educación como proceso para doblegar a los niños 54. 512-43. Davis. 1990 6 . el Estado se esforzaba por fabri· car súbditos dóciles y una fuerza de trabajo obediente mediante la disciplina sistemática de los cuerpos de las personas 50. <~Malthus and the Evolutionists: The Cornrnon Comext of Biological and Social Theory». L'Archeologie du savot"r. 11'1 1 1 1 I 11: 1 .

en. El folclore popular. Quizá los deseos hayan superado con mucho a los logros. Además. Burke.ni~y (Londres. desarrollando su lenguaje. 1987).. la tradición de las relaciones sexuales seguidas por el matrimonio o el embarazo) y la magia médica popular han demostrado una resistencia inmensa contra el adoctrinamiento y la infiltración desde arriba. H. teñida de sangre menstrual y contaminación del parto? Así ha razonado Edward Shorter en su History 01 Women Bodies 59. ritos y refinamientos corporales propios distintos. Historia del cuerpo 277 bordinación tradicional de las mujeres a los hombres.).m tes embarazos impuestos por maridos egoístas en épocas anteriores a la anticoncepción eficaz las encadenaban a los hijos y el hogar. Madrid. StudlCS in Eighteenth Centut}' Culture 8 (1979). págs. . Pero.Org. la «familia igualitaria~> e. naufragando contra los escollos de los grupos de presión que competían con aquélla. incluso. unidas al utilitarismo y a la per~ sona de Edwin Chadwick. desmaterializados y expresivos 57. seres cuyos genitales (prevístos para estar situados foera del coerpo) no han logrado emerger por falta de calor y fuerza. entre ellos los puristas y feministas. 1-41. ¿hasta qué punto el patriarcado mismo fue un sÍntoma directo o una consecuencia de la diferenciación entre cuerpos masculinos y femeninos -una diferencia no simplemente biológica sino instituida dentro de las relaciones sociales-? La razón de la su57 Sobre estas divisiones. ~~ La introducción mejor y más reciente es la de Frank Mort. y sus genitales retenidos en su interior. las encerraban en una cultura de gueto exclusivamente femenina. Generatlon and the Politics of Reproductive Biology». Sexo. eran directas y de carácter estatal. de vida pública 60 Thomas Laqueur ha mantenído que esta conceptualización biomédica de la naturaleza de la mujer se vio minada y relegada hacia finales del siglo XVIII 61. las mujeres son varones deficientes o monstruosos. cast. La idea superficialmente atrayente de que el incremenro del poder del Estado se ha orientado hacia la sobordinación soci. Aristot/e rJn ¡he Generation alAnima!s (WashIngton. opinión confirma- s 59 ~o E. 1978) [hay ed. a la muerte por enfermedades perinatales y que. incluso en Inglaterra. a menudo.lsm. Según Aristóteles y sus seguidores. La cultura elitista no parece haber aplastado a la cultura popular sino que más bien se ha separado de ella. . además. las mujeres estaban dotadas fundamentalmente para engendrar hijos más que para una vida de razón y actividad en el foro ciudadano. En Inglaterra. 1991]. 1982).. Las mujeres eran criaturas de vida privada. el propósito de controlar los cuerpos mediante una medicina estatal fracasó rápidamente. debida a que los const. Payne.1 T. 1987). De (o que no se puede dudar es de que médicos. J. ¿fue principal y esencialmente física. tradicionalmente varones. C. género y cuerpo Si la sociedad europea ha sido pa triarcal en la longue durée y aún lleva sus marcas. abrieron el camino a la «familía moderna». Pierre Darmon. C. En París. concluyendo que.276 Roy Poner cionalidad capitalista. Popular Culture in Early Modern Europe (Londres. Le Mythe de la procréatlOn d lage bamque (París. más fría y débil. págs. a lo largo del siglo pasado. 201-37. las costumbres sexuales (p. no se puede hallar una alianza semejante entre el gobierno central y la red de alcantarillado. pasando a considerarse en cambio esencialmente diferente pero complementaria. la anticoncepción y la legalización del aborto. Laqueur. las mujeres se emanciparon de sus cadenas principalmente biológicas con el advenimiento de las ideas del embarazo sano. la política de control del comportamiento del coerpo ante las amenazas planteadas por las enfermedades epidémicas y <da sexualidad peligrosa) fueron de llna enorme complejidad. teólogos y filó· sofos. Morsink... The Makmg ol the Modern Body (Berkeley v Los Angeles. (. Cfr. 1976). <. atribuían la subordinación de las mujeres a su condición biológica inferior en el esquema de la creación. Gallagher y T. al agotamíento y. a la sociedad posfamiliar. los hombres. Alianza Editorial. que. Los fisiólogos sostuvieron en ese momento que el aparato reproductor sexual femenino era radicalmente distinto del de los hombres.Elite versus Popular Mentality in the Eighteenth Century". Llqueur (eds. The Makitlg althe Modero Fa. sin embargo. 1977). Dangerous Sexualities: MeJico-Politlcs in Eng!and sitIa' 1830 (Londres. ver P.1 un envejecimiento prematuro. <. Con su naturaleza.ej. las aspiraciones del movimiento de salud pública e higiene en los primeros años de la época victoriana. al conceder a las mujeres el control de su propia fertilidad. La cultura popular en la Europa nwderna..ll del cuerpo resulta ser en general ingenua y poco convincente 58. enojados por los intentos de los legisladores varones por controlar los cuerpos de las mujeres mediante la doble pauta tradicional. El género femenino dejó de verse exactamente como una versión inferior del varón. Shorter.

1982). frágil. The Bottlgeot"s Expenellee. Hagstrnm. Vol 1. más bien.). P. y su explicación encaja. de acuerdo con las urgencias y apetitos de la naturaleza. op. Gay. psiquiatrizado en el «espacio» de una construcción teórica nueva: la «sexualidad» 67. Había nacido la mujer «victoriana». aborto. En cambio. en este sentido. El sexo quedó. n. con la venia de Laqueur. después de haberse alcanzado (supuestamente) la emancipación biológica? La respuesta es. sería un gran errot confundir con la realidad ciertas prescripciones acerca de la conducta femenina correcta) 62. urge demostrar por qué los años inmediatamente anteriores y posteriores a 1800 se habrían de considerar claves en la transformación de la posición social de la mujer. las mujeres victorianas no eran en absoluto «victorianas)o>. Al mantener que la ciencia no bro· ta de una lógica pura del descubrimiento sino que da una forma articulada a las presiones ideológicas y sociales. 5exu(/lify in Eighteenth Century Britaitt (Manchester. «Spreading Carnal Knowledge or Selling Dirt Cheap? Nicolas Ve" nette's Tableau De L'Amour Conjugal ín Eíghteenth Century England). indicó la inexistencia de razones biológicas serias para que las mujeres fueran seres activamente sexuales (es decir. del que se habló supuestamente tan sin reservas en el «libre» siglo XVIII 65. Boucé (eJ. Hare.Roy Porter 278 da por el descubrimiento de la función de los ovaríos y la naturaleza del ciclo menstrual. quedó silenciado en el furtivo siglo XIX es absolutamente falsa. la ideología patriarcal traducida a poder institucional~ fueron las principales responsables del encierro de las mujeres en casas de muñecas? Si es así. 1980). 233-55. 64 65 Il i 11 1 . desapasionada. G. con razón. sumarnos. 1987). 63 Leonore Davidoff y Catherine Hall. Las explicaciones dadas por Foucaulr y otros acerca de la transformación del discurso sobre el sexo en el siglo XIX nos indican de hecho una vía de escape 64. vol. Boucé. cito Sobre la afirmación de la Ilustración de que lo erótico es lo saludable. a su vez. la anormalidad y las desviaciones. elaboró una psicopatología de las perversiones sexuales. «Mixed Feelings: the Enlightenment and sexualíty in Britain». 1-25. bellamente con otros análisis recientes de la aparición de «mundos separados» para las funciones del hombre y la mujer en el hogar 63. Este análisis ilustra y ayuda a resolver el dilema planteado por los análisis divergentes de Shorter y Laqueur. hemos de subrayar que Peter Gay y otros historiadores han defendido que. en E. vinculándolas con prácticas como la masturbación y con condiciones como la histeria. dócil. en: P. así. . Roy Porter. «Aspects oE sexual tolerance and intolerance in eighteenth century England). 180. págs. así. A Sentlmental Educafion. ver ]. que no necesitamos morir en los cuernos de una falsa dicotomía: la idea de que las explicaciones de la identidad del género deberán ser exclusivamente socioculturales o biocientíficas. el discurso del siglo XIX sobre la sexualidad prestaban una enorme atención a los desórdenes sexuales.) explicarían principalmente la ancestral servidumbre de la mujer. págs. Mm and Women o/ the English Mtddle Class 1780-1850 (Londres. ¿O deberíamos. desexualizada. eróticos): contrariamente a lo afirmado por el dogma médico clásico. se convirtió en el ángel de la casa. Foucault. simplemente servirían de receptáculos del semen. Pero sí había cambiado el centro de atención. The Tender PassiOll (Nueva York. destinados principalmente a garantizar la perpetuación de la especie 66. Sex and Sensibility: Erollc Ideal and Emtie Lave /mm Milton to Mozart (Londres. Pero de esta manera nos encontramos con el problema del huevo y la gallina. ¿cómo podremos explicar por qué el fantasma del patriarcado continúa con la vara de mando incluso hoy. 1-27. quizá.) habrían hecho más por la emancipación P. págs. H. ¿Aceptaremos (como se deduce de la argumentación de Laqueur y de muchas estudiosas feministas) que las fuerzas culturales ~es decir. Family Fortunes. 62 Historia del cuerpo 279 femenina que la agitación de las feministas? Pero. HistorYe de la scxuatité. Foucault insistía. 14 (1984). 108 (1962). Britúh Iournal /or Eighteenth-Century StudieJ 3 (1980). (. etc. Iournal o/MentaISetenee. Sobre todo. como el que encontramos en el manual popular Aristotle~ Master-piece consideraban fundamentalmente el coito como la acción de los cuerpos. en que la idea extendida de que el sexo. Laqueur intenta relacionar esta «creación del cuerpo modernO) con el cambio de posición de la mujer en la sociedad. mientras que las innovaciones biomédicas (anticoncepción. siguiendo a Shorter. Podría parecer que M. si aceptamos (con Shorter) el motor biomédico de la historia. Iournal o/ European 5tudies. etc. G. a una versión más «materialista» en la que las trabas biológicas (1os numerosos embarazos. «Masturbatory Insanity: The Hístory of an Idea». las mujeres no necesitaban un estímulo sexual para concebir.7 Un aspecto de esta nueva psíquiatría sexual. Esto. La mujer. Algunos planteamienros anteriores. Laqueur niega que la nueva ímagen del género fuera el producto de una investigación científica autónoma. Victoria to Frcud. 1984-1986). pasiva y desexualízada (aunque. ~~ Roy Porter.

Thr: Honour of our Death (Harmondsworth. en Jeffrey Weaks. que hayan meditado en profundidad sobre el significado de las imágenes auténticamente visuales 71 Sobre actitudes ante Ja muerte. Aries. SL de sus propias neurosis) 69. ver F.una expresión de una amor vibrante por la vida y un interés absorbente por la carne? O. Pero. The FemIJ/e Malody (Nueva York. .211-54. la emancipación «biológica» haya renido una importancia un tanto dé~ bil para las mujeres de este siglo ante la aparición de otras disciplinas -las variantes del psicoanálisis. filosofías y literaturas del mundo son unánimes al hablar de la condición humaEJaine Showalter.md 50cid"r' tLondres. Un plan de trabajo Acabo de examinar tres terrenos capitales donde nuestro conocimiento del cuerpo. Loux. (lHomo Sexualis». ell: J. 1985). y W.9 Historia del euerpo 281 na. se ha reducido en la actualidad a llegar a septuagenarios IJ.fm (Nueva York. 1985). McManners.280 Roy Potter nuestra atención. The Incorruptible Flesh: Bodily Mutatton and Morttfication in Rellgion and Folklore(trad. Death and the Enlighienment (Oxford. ¿hasta qué punto es específica y directa la relación (¿reflejo. . 1988). El cuerpo como cor¡diciór¡ humana. a pesar del tono digerible de las afirmaciones de Shorter. Disease Jlld i\'ledica! Care». por oposición a los historiadores especializados en arte. tanto en la realidad como en sus representaciones. 8-9. Broadbent. ese discurso aspiraha a la liberación de las mujeres (si no del hombre. la ciencia y la medicina. The Body as a Medzum of Expreston (Londres. In Doras case: Freud.). 6R (. Bynum. 1974) [hay ed. Opiniones mucho más escépticas en Charles Bernheimer y Ciaire Kahane (eds. señalaré otras siete ramas de la historia del cuerpo que merecen un examen atento. 1981). Este nuevo discurso. etc. no debería centrarse ni en la historia biomédica de sus cuerpos de forma literal ni. págs. P. 1981). era la enfermedad de ser mujer) 68. principalmente. «The Image of God. Es delgado o gordo. en el cambio de las presiones en el seno del matrimonio y la familia. Er}'ChOrmrdym and Femmism (Nuevil York. Rousseau y Roy Porter. Se"" Polities . la escrítura creativa. ¿fue una respuesta refleja a las realidades de las epidemias de peste bubónica que barrieron la Europa del siglo XIV? O. Hysierta. pags.). 1981).305-26. 1976 1 ] iatema aunar psicoanálisis y feminismo. 2. 1975). «Health. 1982). 1980). consagrado finalmente en la teoría psicoanalítíca freudiana. Pocos historiadores han prestado hasta el momento gran atención al lenguaje en cuanto vehículo de mensajes ocultos acerca del cuerpo (según se contiene. Femúu. 7) P. del nacimiento. mencionando en las notas las obras destacadas que hayan aparecido ya. 1978). que suministraban racíonaJizaciones nuevas a la inferioridad (neurosis) de las mujeres 70. Psicoallálisú y feminismo. Esta metafísica tuvo su origen en una psicofisiología de la maternidad y estuvo estrechamente asociada a lo que Elaine Showalter ha denominado correc~ tamente «la enfermedad femenina» (que. Benthall y T. No hay que olvidar que. I~ Sobre proverbios. cast.. ing\. ¿habríamos de ver en los elementos macabros de la cristiandad tardomedieval -la fascinación por Cristo clavado en la cruz. el cuerpo adopta una forma visual o visualizada. los cuerpos incorruptibles de los santos. F.::>. parangón para los animales. es el espejo del universo. 1. una fe en decadencia en la inmortalidad personal? Sirviéndonos de la fórmula de Imhof. Las religiones. En el arte. por referirnos a un periodo posterior. Polhemu$ (eds. recuperó de hecho el antiguo biologismo (<<la anatomía es un destino»). en última instancia. Sagesses du corps (París. A manera de coda a este repaso a grandes rasgos.. ¿compensación?) que mantienen las doctrinas religiosas o tala mes artLsticos de una época particular con las experiencias reales del ser vivo y corpóreo? 72 Por ejemplo. quintaesencia del polvo -cualquier representación pictórica nos cuenta su historia y contiene un sistema de valores-. la copulación y la muerte 71. la envidia del pene tenía su sede precisamente en la mente). Juliet MitchelJ. la expectativa de vida. La forma del cuerpo. la cultura obsesionada con la muerte. denominada por Huizinga ({el ocaso de la Edad Media». 70 Puntos de vista generales y útiles sobre historiografía del sexo. Esta es la razón de que. por ejemplo. Micahel Ignatieff. 4-17. En cada uno de ellos se ha desencadenado ya el debate historiográfico. en: G. Madrid. Camporesi. ver]. en el caso de Freud mismo. ¿existe un vínculo auténtico -como sugiere Imhoff. en las metáforas de la vida y la muerte). pero también en los proverbios 7\ los clichés y las metáforas. or Two Yards of Skin». siguiendo a Camparesi. hermoso o feo. pero 10 disfrazó con un nuevo traje de moda (a fin de cuentas. Aún son menos los historiadores generales. Cambridge. The Ferment ofKt!owledge (Cambridge.entre la garantía reciente de una existencia temporal más segura y prolongada y.. sino más bien en el desarrollo de una nueva metafísica de lo femenino. S. . por otro lado. al dirigirse a las diferentes concepciones de la mu~ jer en el siglo XIX. Londoll Rel}iewofBooks (marzo. 72 Ver la discusión de este interrogante en]. es crítico con interpretaciones más amplias del cambio social. que en otros tiempos era infinita.

sus dolores y sufrimientos cuando se sentían enfermas? El cuerpo es el principal sistema de comunicación. Shortland. Helman. la experiencias y los deseos? ¿Qué relación mantenían los significados privados y públicos. M. 5. W. (iThe English MaJady uf the Eighteenth Cemury~). «Why 1sm't the Mind-Body Problem Anciem?). ¡. la mayoría de las exposiciones de la historia del yo 76..Neurosis of the present Century. concepciones de la posición del hombre en la naturaleza.que han sido objeto de una indagación minuciosa. 1976).o. . 1963). en: Roy Porter (ed. sino que plantean límites sujetos a debate dentro de sistemas particulares de valores. Mind and Body in E!gbtc'emh Centu!)! Mediane (Londres. del cuerpo femenino. E.17501850" (tesis doctoral de Fllosofia. sus entrañas. Hvsteria. no sólo constituyen un problema dentro de la étka y la teología. Pero también son subjetivos. Matla (md MethoJ (Minneapolis. Gracias a las estudiosas feministas. and their Relation to Medical Treatmenc. Los historiadores suelen utilizar con excesiva frecuencia la prueba visual como mera «ilustracióm> y no como objeto susceptible de explicación.n. curiosamente. n Richard M. «The Doctor Scolds Me: The Diaries and Correspondence of Patients 4. Palien!. De hecho. en general. 1984). 391-401. La anatomía del cue¡po. SocúlAnthropology and Medicine (Londres. B. Sin embargo.). podría decirse que las relaciones mente/cuerpo. universidad de Leeds. patte integrante del yo interno. imágenes funerales -<~anatomías». 3. en álbumes de instantáneas). págs. V(T I. Roy Porter.). el centro de teorías éticas. Titmuss. mente y alma. códigos de jurisprudencia. de la psícología personal y del carácter tienen poco que decir sobre cómo las personas han entendido sus propios cuerpos o se han relacionado con ellos.. 257-69. the IIt:rtol)' o/ a Dúe(Jse (Chicago.). Los vínculos y separaciones entre mente y cuerpo. íd.). Revtew o/ English StudteJ 2 (1962). experiencia y lesiones. The G!jt Relationship: From Huma" BlooJ to Social Policy (Nueva York. 107-37. 7(. inclmu. sobre las resonaneias metafóricas del cuerpo. 282 Roy Porter 283 Historia del cuerpo I I de los cuerpos como pruebas históricas (en retratos. sin duda. págs. ha sido. J. Fischer-Homberger. 1. más en general. «The Rage of Party: aGiorious Re\'olution in English Psychiatry?'" MeJ. 1985). HIl Sobre la hipocondría. su cabeza o su corazón. o incluso enumerarlos en las notas 82. Health and I/lnc'H (Bristol. Rather. las connotaciones subjetivas y médicas? ¿Cuándo se sentía una persona vieja o joven (o de corazón juvenil) y qué significaba la sucesión de estas edades y etapas? ¿Y qué pensaba la gente de sus cuetpos. sino que generan el impulso mismo para sus profundas especulaciones sobre el fondo del misterio. Es de primordial importancia integrar mejor las fuentes escritas y visuales 75. Tyier. G. Mú/J. la constitución y reconstitución del sexo J' el género forman parte de las poquísimas áreas de análisis del cuerpo -en concreto. ¡'l Sobre la histeria. Maore. Culture. Resulta aquí absolutamente imposible analizar el alcance de los temas abiertos por estos estudios. y más aún las de cuerpo/alma. in Eighteemh-Century EngIaml". «TIte Body in Question. Bfll1etin o/ the Hútory of Mdiánc 46 (1972). se enfrentan al mundo exterior.·al His!ory 27 (1983). afld pruetitioners. 7e J. «Feed a Cold. a su constitución y a su carne. juicios y deberes. Lane. menos fundamentales para la historia de la enfermedad y la medicina.e/ish Uterature 1700-1760 (MinneapoJis. S2 Ver Carroll Smith-Rosenberg y Charles Rosenbérg. Medicine and Psychiatry II (1978). 1984). Sorné PerceptiollS. una totalidad dividida en facultades y oficios distintos. 1953). 35-50 "1 L. 1965). ver G. Physiognomy in the Europc:an Novel. deseable. literal y figuradamente. a menudo hostiles entre sí.). Doughty. Loudon (ed. (Princeton.. He aludido más arriba al hecho de que los territorios de la mente y el cuerpo no están aún fijados -sobre todo por la biología-. Sexo JI género. Backgrounds o/ J:. o. Ve[rh. según lo atestiguan ciertas condiciones «psicosomáticas» como la histeria 79 y la hipocondría KIl. significado a sus miembros y órganos. atractivo y al mismo tiempo contaminado. «The Female Animal: Medica! and Biological Views of Woman and Her Role in Nineteenth~Centuty American. Culture. 207-47. págs. Starve a Fever': Folk Models of InrectiOll in an English Suburban Community. Probléms and Perspectives of the Body in Relation to Character c. Leavitt led. 1966). Este sentimiento del yo. Debernos recordar que las filosofías e ideologías acerca del hombre y su naturaleza se refieren por lo general a una metafísica del cuerpo humano a menudo no establecida ¡¡l. "Hypochondriasis of the Eighteenth Century . pero peligroso. obviamente. en: Judirh W. de su sangre 77. Los cuerpos son objetos para la mirada externa. Sobre el importante c¡¡mpo de la fisiognomia. págs. págs.J. CtlelpO. sus espíritus y sus humores? ¿Cómo encarnaban estos órganos y funciones las emociones. no son. más en general. pero los historiadores han prestado poca atención a sus códigos y claves (1os antropólogos tendrían aquí mucho que enseñarnos) ¡!l. en: Paul K. Necesitamos saber mucho más sobre la manera en que los individuos y culturas particulares han atribuido. un cuerpo dotado de mente y una mente encarnada. págs. C. Feycnlbend y Grover Maxwell (eds. l\ht~on. 1971). Wr¡men anJ Health in Amertcu (Madison.. 1982). programas pedagógicos y. Ver nota 30.111. ¿Cuál es la topografía emocional y existencial de la piel Y los huesos? ¿Qué quería decir la gente cuando hablaba. ver C.

40·56.l!". 87 Para algunos puntos de vista m~s amplio~ sobre la comida. otras pensaron que la manera de avanzar era emanciparse del sexo. Maitbnd. Madríd. por fin. 393·408. «(The Church. se expresan habitualmente en términos abstractos. Los objetivos altamente retóricos de la política. Studles tn Eighteetlth CCílllIry Culture 10 (1981). 1964): Orto Gierke. la educación al control. 1975). B. The King~. «Sexism.J Ver Brian Easlea. norm3tiva y no problemática). Historia del cuerpo 285 vidual. Cott. B.) (éambL'idge 1980). Bibliotheque dHumamsme el RetlafJsatlce 29 (1967). Paul Archambault. Sonety for the Socia! Htstory! olMedtcme Buletitl 39 {l986}. ] 981l. por tanto. «A Touch u( Danger: The Man-midwife as Sexual PL'ed. ~b Sobre mujeres y poder médico. W. Men and Sexual Problems Be[ween the Wars). SOé"wlogy 01 Heolth and Iliness 5 (1983). 10gy. ibld.l. Car! N. de la limpieza. 1. con introducción de F. Cnn 11. «Medicine as an Institution of Social Control. El werpo y h política del cuerpo. Existen algunas señales de que. de la comida. Falta un tipo distinto de historia de la socialización. 21-63. . seguimos sumidos en una llamativa ignorancia por lo que respecta a las circunstancias y racionalizaciones bajo las cuales los Estados se han adueñado de los cuerpos en la recluta militar. y los han reglamentado. Cambridge 1958). págs. 79-100. ver P. prohibiciones y sistemas de valor que ligan la disciplina a los deseos. la civilización y sus insati4acciones. la historiografía de la civilización se ha centrado durante demasiado tiempo en los artefactos de la cultura superior. los derechos del hombre.). K. p~gs. W.Natural F::lcts: ::l Historical Perspectivc 00 Scíeoce and Sexualitv». {el. Schnorrenberg. págs.hfalmutt (WolfcnbüttcI. D. Armstrong. «(Passionlessness: an Interpretation of Victori¡¡o Sexual IJeolh. Mucha menos atención se ha prestado a la manera en que la autoridad política ha tratado en la realidad el cuerpo indi12-27. El cuerpo. su capacidad reproductiva). Ca1'01ine MacCormack y Marilyn Strathern (eds.. lvluchas feministas abogaron por la identidad esencial entre hombres y mujeres.). J. La historia del vestido. RusseJlle¿.lelTtey Weeks. Sin embargo. 6. 198. Feminism and Medícalism: A Decadc Review of Literature on Gender and Il[ness'~... N. Cldtlm' Iwd Gender. libertad de conciencia). Dcglel'. Leprosy and Plague in lV1(:dicvaj und E3. está situación está cambiando 83. muchas mujeres militantes buscaron la emancipación sexual. págs. de los cosméticos. Hay aquí un amplio campo para que los historíadores políticos y los po!itólogos se muestren más sensibles ante las realidades del poder producidas por el ejercicio de la autoridad del Esrado sobre los cuerpos de sus súbditos 86.)). 8~ W. Los historiadores del pensamiento y la literatura polític<l h3n investigado desde hace ya tiempo la metáfora de la política del cuerpo y los conceptos asociados a ella y Jerivados de ella. por supuesto. «(What Ought to Be :lnd What W::ls: Women's Sexu::llity in the Nineteenth Century». B. MedienJ and Lay Writers of Sex Advice from WilJjam Acton to Eustace Ches ser». unidos por el atributo común de la razón. Clatke. se trata del hecho de que la opinión feminista no ha adoptado una actítud única y uniforme ante la política del cuerpo femenino en relación con una sociedad existente o reforma~ da. Polilical Theories 01 the Mzddle Age (trad. Sociological RevieU' 20 (J ~n2). págs. Order. 553-74. No obstante. Two Bodles (Princeton.d.ltorn.84. en tiempos de peste R5 y. Lo que sigue ignorJindose lastimosamente es la historia de la virilídaJ y la masculinidad (considerada demasiado a menudo como normal y. Venimos al mundo desnudos. nos dicen los antropólogos. Greenleaf. Rousseau y Roy Portet (eds. Emplricism ond Politics (OxEord. M¡ddle Ages to the En~ lt¡.ej. Leslcy Hall. Palmer.T¡J(tae. Politico! Analomy uf the BoJy: Medk'll Kuowlr:Jge In Brlfain in tht' Twentieth Centuf)' (Cambridge. Snetlce atld Sexual Oppremon {Londres. 42-69. 20"3. se ha dejado durante demasiado tiempo en manos de especialistas relativamente desinteresados por las cuestiones más amplüs Je las funciones a las qne servían esos objetos y actividades al transformar a individuos y sociedades en cultura Si. en: G. Sexual Undelworlds 01 the Enlightenmelft (Mal1chcster. Nancy F. tras ellos se esconden presunciones sobre libertades e inmunidades físicas fundamentales.. ingl.284 Roy Porter Vale la pena que señalemos una importante conclusión que parece estar saliendo a la luz. Schochet. S. 1987). «The Analogy oE the "Body~ in Rennaissance Political Literature». págs. 1985]. JOUrtln' uf CO!ftcmpúrliry HistDlY 20 (1985). ver Roy Porter. G. 1981).. «Is Schíldbirrh any Place for a Woman? The Decline oí Mj¿wifery in Eighteenth Century England». The Town atld State Physictatl tt! EI/rope Imm tht. . tabúes. ver R. 1957) [hay ed. Pul!. Sin embargo. Sex. dirigida a afirmar la diversidad entre hombre y naturaleza-. págs. en: Shiels. Por ejemplo. 57-89. L. Zob. 1981). Church and Healiny" págs. 7. (. Patriarehalmn in Politieal Thought (Oxford.).lon:Llnova. en la esclavitud. 487-504. 1790-1850')0. «~Somehow Very Dist::lsteful~: Doctors. entre ellas la importante del habeas corpus. J. hj Sobre el control médico. Alianza Editoríal. «From Scll Pwervatwn to Lave \Vitbo"t Fear. casr" Los dos cuerpos del rty. Ernst Kantorowicz. otras se basaron en los rasgos singulares del cuerpo femenino (p.rly Modem Euwpe)). Hay que abandonar definitivamente la idea de un «movimiento) feminista único y progresista. intelectuales Oibertad de expresión. en: l\. La historia es un proceso de civilización inacabado -una lucha. A. 62-82. Politics and Soetety (Londres. ansiosos por ver cómo estas viejas metáforas abandonaban la escena y daban paso a un lenguaje de la polítíca más riguroso desde el siglo XVII en adelante. como el de «los dos cuerpos del rey» -si bien con frecuencia 10 han hecho de manera un tanto impaciente. pero pronto se nos reviste no sólo de ropas sino de las prenJas metafóricas de códigos morales.

propusieron casi al mismo tiempo que los historiadores. 287 . r-.l. la llamado «revolución copernicana» en historiografía. Mass'a. Mucho antes de nuestra época. Ta\\'ney. Doy las gracias en particular a Carla Giozbug. m. págs. B. Turner. Una conciencia más atenta socavaría el pertina2 esnobismo idealista sostenido por aquellos de quienes Nietzsche dijo que «desdeñaban el cuerpm> y contribuiría a su resurrección. parece más bien una contrarrevolución.I'JÚJI1S: Deit¡g an Hútoric lizquiry illto certain Etlglúh Appetites 03oston. quien escribió sobre la «superficie de los acontecimientos. «The Discourse oE Dietl" The01}. ver R Brain.. 1985). chusetts. en el sentido de que volvió a situar los acontecimientos en el centro de la escena 2.286 Ro)' Porter El objetivo de este artículo no ha sido proponer una nueva industria doméstica dedicada a tejer un gigantesco tapiz de la historia del cuerpo. Five Bodie-s: {he Human Sbapc ofModcrtI Sonety (Ithac¡]. id. A comienzos del siglo xx se lanzó un nuevo ataque contra la historía de los acontecimientos. Comentaúos ilustrativos. Entre sus atacantes se contaban Voltaíre y el teórico social escocés John Millar. la hipótesis de que la historia escrita habría de ser una narración de acontecimientos fue ya objeto de ataques. en ]ohn ü'N<:¡IJ.lS que narrar los acontecimientos. Capítulo 11 HISTORIA DE LOS ACONTECIMIENTOS Y RENACIMIENTO DE LA NARRACIÓN Peter Burke Narración frente a estructura La historiografía. sino a dirigir una llamada de atención sobre la presencia suprimida del cuerpo -ignorada u olvidada demasiado a menudodentro de muchas otras ramas más prestigiosas del saber académico. 254-69. Culture alzd Society 1 (1982). 25-30. parece repetirse -con variantes. en el periodo de la Ilustración. intento fnodamencar t'ste razonamieoto. encabezada por Leopold van Rankc a principios del siglo XIX. 23-32. al igual que la historia. cuyos puntos en común eran pocos. 1979). Lewis Namier y R H. suming Pa. I Este artículo fue <:n origen uru conferencia: la presente versióo está muy en deuda con los comentarios de varios de sus oyentes. de Cambridge a Campioas y de Te! Aviva Tokyo. págs. Tbl: D<'Corated Body (Londre's. Dominick LaCapra y Mark Phillips ¿ Eo «Ranke the Reactionary'>' )~}'racuJe Sef. En Gran Bretaña. "The Government oE ¡he Body: Medjcal Regimens llnd the Ruionalization oE Diet». Brttúh ¡oumal 01 Sociology JJ (1982). 1970). Sobre el arreglo corporal. que atrae la atención del historiador vulgar».o/ar 9 (1988). Desde este punto de vista. S. Iao Kershilw.Iíchae1 Holly.

«Event and Long-Terrn Social History».. B.) sin emitir juicios de valor. PaJI and Fresent 86 (1980). Temps el récit. «Ethnography as Narrativc'>. 1989). fue discutida por el historiador británico Lawrence Stone en un artículo sobre «El renacimiento de la narración». de Citiziens. El título de su artículo. trad. de Simon Schama. 1979). razón al hablar del «eclipse» de la narración histórica en nuestro tiempo ~. cast. pags. Ricoeur continúa argumentando que toda la historia escrita. ~ S. En cualquier caso.).. El filósofo francés Paul Ricoeur tiene. 1 ¡ ¡ l 289 no por sí mismos sino por lo que revelan de la cultura en que se produjeron. al igual que I'vlillar. 19762». nos encontramos con la conocida y larga campaña que opone a quienes afirman. E. En primer lugar. «Sorne Comrnents». Madrid. sobre todo a la antropología social. The Anthropological Romance 01 Bali (Cambridge. pues prefiero centrarme en la cuestión más concreta de las diferencias en lo que podría denominarse el gmdo de narratividad entre algunas obras conremporáneas de historia y otras. y S. no continuaré aquí estos razonamientos. significativa sólo por su capacidad para revelar corrientes má¡. fue un componente importante de la plataforma de la denominada «escuela de los Anna!es». «On Historiography and NarratLve".' Ladurie.]. En este sentido. profundas J. sobre todo las marxistas. Boon. en cualquier caso. Ricoeur. 1979) [hay ed. Le Dúnancbe de Bouvines. Le Ro'. cast. el hecho de que dediquen libros a acontecimientos concretos hace pensar en cietta distancia respecto de la posición de Braudel y. pags.) (Urbona y Chicago. Duby. Le Roy Ladurie ha analizado en otro lugar la importancia de lo que él llama el «acontecimiento generador» (ét!énement matrice) que destruye las estructuras tradicionales y las sustituye por otras nuevas 7. Gallimard. Sin embargo. en: The Anthropology 01 Exper/ence. la narración histórica ha pasado a ser materia de al menos dos debates producidos independientemente. y H. Reynolds en su obra Terri¡ory 01the HIstOrian (Hassocks. 10 Cfr.. 3-24: cfr. 3 vol. Past and Fresent 85 (1979). Bruner. es el caso. Madrid. El problema que plantean estas caracterizaciones.. 1986). a pesar de su pertinencia mutua. así como sus razonamientos. como ~(gran narración» J.288 Historia de los acontecimientos y renacimiento de la narración Peter Burke debían analizar las estructuras. pago xv. Camival [trad. 1977) y E.ois Lyotard ha descrito ciertas interpretaciones de la historia. 7 E. 5 ]. consideró los acontecimientos como la superficie del océano de la historia. prólogo.. M. quien ha publicado un estudio de la batalla de Bouvines. pags. ingl. Incluso algunos histuriadures asociados a los Annales se han movido en esta dirección -por ejemplo. Hobsbawm. un estudio sobre la Revolución fmncesa publicado en 1989 y que se describe a sí mismo como un retorno «a 1<1 forma de las crónicas del siglo XIX» 9. desde Lucien Febvre hasta Fernand Braudel. 1"24.. 1<1 académica se interesó cadll vez más por los problemas y las estructuras. 3-8. 8 L.-Lyotard. 1987). Tit'I'. pags. de B. quien. V. SehillOa. 1983 [hay cd. 1989). 1980l. De manef<l similar. sin duda. Más exactamente. 111-32. 1988J. Stone. Catedra. han tenido influencia: han contribuido a hacer de la narración histórica una cuestión debatida 10. Laílguage anu' Hútortcal RepresentatlOn (Madison. Stone afirmaba no estar haciendo otra cosa que «intentar trazar el mapa de los cambios observados en la moda histórica. La actitud explícita de estos dos historiadores no está muy alejada de la de BraudeL Duby y Le Roy Ladurie se centran en unos sucesos particulares \ F.. Si la historia popular siguió fiel a la tradición narrativa. E. algunas de las obras históricas más conocidas aparecidas en la década de 1980 confirmaron sus observaciones. 6 G. American Hútorical Revlew 87 (1982). adopta por necesidad cierto tipo de forma narrativa. AJianza Editorial. Uno de los principales objetivos de este capítulo es aunar ambos 11. el rechazo de lo que se denominó peyorativamenre <~historia de los acontecimientos» (hútoire événementielle). Kel1ner. por ejemplo. que fue objeto de considerable atención 8. Le Roy Ladurie. en especial el cap. cast. Georges Duby. Cfr. Durante algunos años ha habido indicios de una vuelta del relato bistórico en un sentido muy estricto. págs. 27 jullt'ct 1214. es que diluyen el concepto de narración hasta hacerle correr el peligro de resultar indiscernible de la descripción y el análisis. Xli . Bruner (ed. es difícil no sentir el pesar de Stone por lo que él llama «el cambio de rumbo. La condiCIón postmoderna. VI. La cotldition post-mod¿'rne (París.¡pO J narración. 4 P. Turner y E. 11 CfL Ricoeur: M. Phillips. Seuil. incluida la denominada «estructural». cuyo Carnaval trata de los acontecimientos ocurridos en la pequeña ciudad de Romans durante los años 1579 y 1580~ 6. «The Challenge of Modero Historiography. Madrid. cap. La nueva tendencia. JeanFran<. 149-65. por contraposición a la historia de las estructuras. 1989 4]. Universúy 01 Toronto Quarterly 53 (1983-4). El domingo de Bouvines. Bailyn. asociada a Braudcl. al menos para mí. En Francia. Sea como sea. ingl: Londres. y Emmanuel Le Roy Ladurie. «The Revival of Narrative». como Braudel. J. que ha comenzado a afectar a otras disciplinas. BraudeL El Meditemíneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II [México. Citiziens (Nueva York. del modo analítico al descriptivo» en historiografía. 1973 [hay ej.

págs. 16 C. Koc~ y T. los historiadores estructurales han mostrado que el relato tradicional pasa por alto aspectos importantes del pasado de los que es incapaz de dar razón. difieren no sólo en la elección de lo que consideran significativo en el pasado. 14 J Huizinga. Es vívido y dramátíco -de hecho está organizado. The Longesi Day (Londres. En el caso de una narración de acontecimientos políticos.311lega incluso z. «Two \Xlrestlers wíth the Angel. el libro está fragmentado en episodios separados. pero el problema no es sólo suyo. 17 Rícoeur (198. es difícil evitar insistir en los hechos y decisiones de los dirigentes a expensas de los factores que eludieron su control. structure y conjotlcture (en otras palabras. sino rambién en sus modos preferidos de explicación histórica. V. 298ss). la Iglesia.. 15 J Keegan. desde el marco económico y social hasta la experiencia y modos de pensar de la gente corriente lJ.en función del carácter y la intención particulares. el estructural y el narrativo. ed. En esta campaña. afirmar que se trata de una narración hisróric¡\ con un «casí argumemo>J (pags. la narración no es en historiografía más inocente de lo que lo es en la ficción. el historiador narrativo se ve forzado a elegir entre omitirlos del todo o personificarlos. Londres. ambos bandos se hallan ahora atrincherados en sus posiciones. AfimesÚ" (j\. más que sobre la de los generales. se trata de explicaciones como: "Las órdenes llegaron tarde de Madrid. Este tipo de sesgo es quizá inherente a la organizacÍón narrativa. 1960). a la manera de un drama clásico.3). John Keegan ha señalado que la narración tradicional de las batallas es equívoca por «centrarse en los líderes» y por su «reducción de los soldados a peones» y se impone abandonarla 15. La dificultad de hacerlo podría ilustrarse con el caso del conocido estudio de Cornelius Ryan sobre el Día D 16. tendencias generales) y deja poco espacio a los <lcontecimientos en sentido estricto. . se ha señalado a menudo que el autor no se esfuerza por dar a enrender qué lazos podrían existir entre las tres escalas temporales por las que se interesa: el plazo largo. La única manera de hacerlas coherentes puece ser la imposicíón de un esquema desde «arriba». en: Men and Ideas (trad. sobre Michelet). 1979). pero cada uno de ellos ha hecho aceptar al otro ciertos importantes puntos 12. Ryan. Su historia es una prolongación de su obra como corresponsal de guerra: sus fuentes son principalmente orales. 198. El libro de Ryan ilustra el problema más claramente que muchos otros. que el análisis de estructuras es estático y. el Mediterráneo de Braudel no es un ejemplo extrema de historia estructural 17. casl. Braudel acabó por dedicarles varios cientos de pági. el partido Conservador.>. aunque el Mediterráneo de Braudel deía lugar tanto a los acontecimientos como a las estructuras. J. Los historiadores de estos dos campos.. Difumina las distinciones entre dirigentes y seguidores y estimula a los lecwres que hacen interpretaciones literales a suponer un acuerdo entre grupos que a menudo estuvieron enfrentados. ed. En otras palabras. Las experiencias de los distintos participantes no están cohesionadas. el pueblo. pues Felipe II no pudo decidir qué hacen>. 615. como dirían los filósofos. Ryan se dispuso a escribir sobre la guerra de los soldados. En el caso concreto de la historia militar. En cualquier uso. por tanto. en otras palabras. Tbe f¿~¡'e o/ Battle (1976: Harmondsworth. caps. Nipperdey (Múnich. 19'1L)1. Cfr. nas en la tercera parte de su estudio. tiempo (6 de junio de 1944) y acción-o Por otra parte. Por tomar el ejemplo más famoso de historia estructural de nuestro tiempo. El formato actualmente clásico de estudio regional a la manera de los Annales comprende una división en dos parte. Sus seguidores han tendido.5. [hay ed. El I'ostro de la batatla. pues proporcionan una línea narrativa clara. Los historiadores n<lrratívos tradicionales tienden a exponer sus explicaciones -lo cual no es precisamente accidental. Historia de los acontecimientos y renacimÍl:nro de la narración 291 ambos bandos. el medio y el corto. sin embargo. ingl. etc. Auerbach. volviendo así a la guerra de los generales de la que autor intentaba escapar. Su libro transmite muy bien la «sensacÍón» de la batalla en 12 Un análisis desde diferentes puntos de v[sta en Theone und Erzab/ung in da Geschú:hte. en cambio. en torno a las tres «unidades de lugar (Normandia). de 1978). Madrid. Por lo que respecta a entidades colectivas -Alemania. y estoy de acuerdo con Huizinga en que la personificación es una figura de diccÍón que los historiadores deberán procurar evitar 14.-. 1990]..Iadrid. «la ventana se rompió porque Pérez arrojó una piedra contra ella». la defensa de la personificación en Kellner (especialmeute en el cap. y quienes siguen creyendo que el trabajo de los historiadores es contar una historia. a empequeñecer su proyecto (no sólo en el sentido geográfico) en su intento de imitarlo.290 Peter Burke que los historiadores deberían tomarse más en serio las estructuras que los acontecimientos. 11 E~ta última observación está bien presentada en E. A pesar de sus observaciones en el prólogo sobre la superficialidad de los acontecimientos. Il y III (donde se estudia a Tácito y Amiano Marceljno). Quienes ahogan por la narración han señalado. ahistóríco en cierto sentido. por otra p<lrte. Por un lado.

pero también superficial. en el sentido de que no logra dat al lector mucha idea de por qué ocurrieron los sucesos (quizá por que está escrito desde el punto de vista de los británicos. pero elude una síntesis final. Podría ser útil emplear los términos «acontecimiento» y «estructura. The Great Mutiny (Londres. como la batalla de Waterloo. E. Proust y Virginia Woolf. criticado a menudo por reduccionista y determinista. con capítulos titulados «Motín en Meerut». sino también a acaecimientos como la Revolución francesa. pero no deberíamos olvidar la existencia de la parte central de dicha g<Jma. Por otro lado. ofrece un reto y una oportunidad a los narradores histó:'0 Phillips. «El asedio de Lucknow». Narrativa tradicional frente a narrativa moderna Las opiniones expresadas en el segundo debate podrían su poner una útil contribución a esta síntesis. colB Schama (1989). Eric Stokes ofrece un análisis cuidado de la geografía y la sociología de la rebelión. Las razones de la tardía llegada de las órdenes de Madrid na tienen por qué reducirse a la estructura de las comunicaciones en el 1v1editerráneo o a la incapacidad de Felipe II para decidirse en una ocasión concreta. «(On Hjstoriography» (l983-4).> para referirnos a los dos extremos de una gama total de posibilidades. «El asalto». el reciente libro de Schama es un buen ejemplo de esta tendencia. Este segundo debate comenzó en los Estados Unidos en la década de 1960 y hasta el momento no ha sido tomado tan en serio como se merece por historiadores de otras partes del mundo. o (citando el famoso ejemplo de Braudel): «Las órdenes llegaron tarde de Madrid. sus variantes regionales y sus circunstancias locales. uno tras otro. pág. No se interesa por la cuestión de si se ha de escribir o no en forma narrativa. Podría comenzarse criticando ambos bandos por la falsa presunción. prefieren explicaciones que adoptan la forma siguiente: «La ventana se rompió porque el cristal era frágib). El autor explica que ha ~<decidido presentar estos argumentos en forma de relato». Una vez más. etc. de que la distinción entre acontecimientos y estructuras es algo sencillo. Tendemos a utilizar el término «acontecimiento» de manera más bien laxa para referirnos no sólo a los sucesos ocurridos en unas pocas horas. «(El motín se extiende». 157.Peter Burke 292 Los historiadores estructurales. una histotia de grandes vuelos. 1978). quizá porque parece «meramente» literario. Tampoco habríamos de olvidarnos preguntar por la relación entre acontecimientos y estructuras. porque los barcos del siglo XVI necesitaban vatias semanas para cruzar el MediterráneQ). sino por el problema de en qué forma de narrativa se ha de escribir. por su parte. Christopher Hlbbert presentó un relato tradicional. Historia de los acontecimientos y renacimiento de la narración 293 mún a los dos. Su libro es colorista y hasta emocionante. pág. un proceso que se extendió durante varios años. Si alguien lee los dos libros. Stokes. . El historiador del cine Siegfried Kracauer parece haber sido el primero en sugerír que la ficción moderna. Trabajando en este ámbito central podríamos ir más allá de las dos posiciones opuestas hasta alcanzar una síntesis. pues la revolución francesa fue «mucho más el producto de la acción humana que del condicionamiento estructural» 11'. The Peasant ond the Ro) (Cambridge. Comparando dos estudios sobre la India en el siglo XIX aparecidos en 1978 y centrados en lo que acostumbra a denominarse el «Motín Indio» de l857. se puede lI~gar a tener cierta idea de los costes del conflicto. por el fantasma de un posible tercer libro que podría integrar la natración y el análisis y relacionar más estrechamente los sucesos locales con los cambios estructurales en la sociedad. que se vieron cogidos por sorpresa). Hibbert. de la pérdida de capacidad de comprensión histórica que implica 1\1. 19 C. 1978). mas en particular la «descomposición de la continuidad temporal» en ]oyce. xv. El rey pudo haber sufrido de una indecisión crónica y la estructura de gobierno por medio de consejos haber frenado aún más el proceso de toma de decisiones. quizá se sienta asediado. Ha llegado el momento de investigar la posibilidad de una vía para escapar de este enfrentamiento entre narradores y analistas. De esta v<Jguedad en la definición se sigue que deberíamos obrar como ha sugerido 1Vlark Phillips y «pensar en la existencia de la diversidad de modos narrativos y no narrativos a lo largo de un continum> 2U. Según señala Stone. el denominado renacimiento del relato tiene mucho que ver con una desconfianza creciente en el segundo modo de explicación histórica. Esta larga guerra de trincheras entre historiadores narrativos y estructurales ha ido demasiado lejos. conocido ahora como la «gran rebelióm>. como yo me sentí.

y Lawrence Durrell. en concreto. No es del todo fantasioso comparar el relato que hace Golo Mann de los pensamientos del viejo Wallenstein con el famoso capLtulo de Lotte en Weimar que evoca del flujo de la conciencia en Goethe y es. al parecer. 22 H. El objeto de este ejercicio es precisamente mostrar y. R. H. Kracauer. no ha sido tomado con suficiente seriedad por los histo~ riada res. 1é)(. Histol'Y and Theory 5 (1966). por las mismas razones que han llevado a los historiadores a rechazar el recurso clásico famoso del discurso inventado. en El marteto de Alejandría (1957-60) -por no mencionar las novelas epistolares del siglo X-VlII-. Histol)'. finalmente. Los historiadores harán bien. el novelista. Hayden White despertó más interés que Kracauer cuando acusó a la profesión histórica de menospreciar las intuiciones literarias de su propia época (entre ellas cierto sentido de discontinuidad entre los sucesos del mundo exterior y su represemación en forma narrativa) y de seguir viviendo en el siglo XIX) el gran periodo del «realismo» literario 22. En contra de White y Gossman no defiendo que los historiadores estén obligados a embarcarse en experimentos literarios por la sencilla razón de que vivan en el siglo xx o a imitar a escritores concretos porque sus técnicas sean tevolucionarias. de tres. tan eficaz en manos de Huxley) William Faulkner. pero se interesa esencialmente por la multiplicidad de los puntos de vista de los agentes. como el novelista. (. Watlenstem (Fráncfort. el historiador Gola Mann parece haber aprendido algo de la práctica narrativa de su padre. Hampson. VII. establecer las diferencias de perspectiva entre el pasado y el presente. 984ss. el historiador necesita. crr.294 Peter Burke ricos 21. 1978). reimpreso en íd. en el mismo momento en que este ensayo entraba en prensa. en: I. ver D..9). Canary y H. LoUe in í\:-'c"'ldr (1939). tal vez. practicar la heteroglosia (supra. «(Narrative and the Real World: an Argument for Continuity». es decididamente no cronológico. cap.. inspirados por una serie más amplia de escritores modernos que los mencionados ofrecen. en: The Writing 01 Húlory. En especial. probablemente. 3-39. En su estudio. Tal vez_ De todos modos. Gola Mann sigue las reglas de la demostración histórica y aclara estar ofreciendo una reconstrucción hipotética. soluciones a ciertos problemas con los que los historiadores pugnan desde hace tiempo. en El ruzdo y la jurúl (1931). . por más útil que pueda ser. Otros experimentos. A diferencia de la mayoría de los novelistas no pretende leer la mente de su héroe sino sólo sus cartas 2~. como escritor. Mann. Para hacer que las <woces diversas y opuestas» de los muertos se oigan de nuevo. págs. 19) 25.(l~'ka y Nipperdey (1979). The Lile and OpiJúons 01 Maximifian Robespil!rrc (Londres. Curiosamente. V. gue uüliza la terminología de Hayden White. 1976). T. G. «Plots and Motives in Japan's Meiji Resstoration). pÁgs. Histori<l de los acontecimienws y rcnacimiento de la narración 295 nuevas formas literarias es sin duda la conciencia de que las formas antiguas son inadecuadas para los propósitos del autor. fechadas a lo largo del periodo entre 1902 y 1934 y en un orden que. Es evidente que este tecurso. se ha publicado una obra de estas características. un intento por superar a Joyce. 993ss.) (Madison. Mann. págs. al margen de su lógica. pág. novela compuesta por entradas cortas. 1971). 27-50. N. Un recuso así permitiría una interpretación del enfrentamiento a la manera de un conflicto entre interpretaciones. G. Wilson. su afirmación de que el relato /¡i~I(ll"i("1l no excluye el reconocimiento de la teoría. Mann. págs.The Burden of Hi5tory».. que él califica de «auténtica novela». 24 G. págs. en evitar algunas de esas innovaciones. ofrece un diálogo entre diversas illterprec<lciones modernas de la Revolución frances3. Alahi's World (Baltimore. Cfr. págs. al mismo tiempo. por otra parte. TroplCS 01 DiscO/me (B<lltimore. C~rr. sin embargo. 40-56. 1990). HistOl)' imJ Theory 25 (1986). págs. 407-27. 26 R.' . Comparatzve StuJm in Socie'y and History 25 (1983). Kozicki (eds. siguiendo el modelo de los novelistas que cuentan sus relatos desde varios puntos de vista habría la posibilidad de hacer más inteligibles las guerras civiles y otros conflictos. Un ejemplo aún más nítido de esta descomposicíón es. 23 1. Se trata. a pesar de que podría ser útil modificarlo para tratar puntos de vista colectivos así como individuales. Entre ellas íncluiría. la obra de Aldous Huxley Ciego en Gaza (1963). la de los administradores holandeses) la de los misioneros moravos y.hc' Lasl Things belore ¡he Last (Nueva York. Gro~sm<ln. Lionel Gossman se ha lamentado de que «no es fácil para nosotros hoy en día ver quién puede ser. Richard Price presenta su estudio de Surinam en el siglo XVIII en forma de un relato con cuatro «voces» (simbolizadas en cuatro familias tipográficas): la de los esclavos negros (transmitida por sus descendientes. 1785s. la invencLón del flujo de concÍencia de algún personaje. el Joyce o el Kafka de la historiografía moderna» 23. «(PLidoyer fur die historische Erzahlung». En esta misma línea. 117-3!. En primer lugar. La razón de buscar 21 S. White. «History and Literatul'e». la del historiador mismo 26. Price. los samaraka). la Iglesia y el 2. 1983). Para una defensa filosófica de la continuidad entre narración y acontecimiento rel:lt<ldo.

Será difícil imitar este tour de force de reconstrucción histórica. por ejemplo. Podemos encontrar otro buen ejemplo de lo defendido por Mann en T. En segundo lugar. Merece la pena tener también en cuenta otras soluciones. no por complacencia consigo mismos sino a modo de adveltencia al lector de que no son omniscientes o imparciales y que también son posibles otras interpretaciones además de la suya 27. desde una situación de paz aparente. 2~ Prólogo a la traducción al inglés de su Wallenstein por C. Kessler (Londres.. cap. Ver G.296 Peter Burke Estado. Eco. y «Deep Play: Notes on the Baline~e Cockfight»o. 176ss. 1976). Los narradores históricos necesitan encontrar una manera de hacerse visibles en su relato. HisfOry WOl'kshop 27 (1989). podría calificarse de más o menos «fluidm> o «densa».un nuevo tipo de narración podría abordar mejor que el antiguo las demandas de los historiadores estructurales. 153).» En el otro extremo hallamos relatos (demasiado escasos hasta el momento) construidos deliberadamente para soportar una gran peso interpretativo. Pical'Os. si el relato concluye en Versalles en 1919. 1973). pero Price merecería inspirar un buen rimero de estudios. 1989). por ejemplo. merecería la pena seguir el ejemplo de algunos novelistas. En tercer lugar -y este es el tema principal del presente capítulo. Narraciones densas Hace algunos años el antropólogo Clifford Geertz acuñó el término «descripción densa» para designar una técnica que interpreta una cultura ajena mediante la descripción precisa y concreta de determinadas prácticas o sucesos. dando una sensación mejor del fluir del tiempo que la que suelen dar por lo general sus análisis. 3U 11 . Una historia narrativa de la Primera Guerra Mundial. los diferentes finales harán la obra más «abierta». V) 32. C/oSl/re in the Novel (Princeton. el número de historiadores conscientes de que su obra no reproduce «lo que realmente ocurrió» sino que la presenta desde una perspectiva particular aumenta progresivamente. Pomata. predice un desplazamento hacia una narmti· va histórica más abierta. la tragedia.. elige (consciente o inconscientemente) una forma de escribir historia «organizada como comedia~>. MetahirlOlY (BaiLimore. 29 W. «Overt and Cavert Narrators in Nineteenth-Century Historíography». como la descripción. los negros y los blancos. Golo Mann ha sostenido que el historiador necesita «intentar dos cosas diferentes a un tiempm): «nadar con la corriente de los acontecimientos» y «analizarlos desde la posición de un observador posterior y mejor informado». Mann confiesa que «en su propio libro predomina el primer planteamiento». en: The Interpretatiotl 01" Cullllft'\ (Nueva York. las incomprensiones y la lucha por imponer definiciones individuales de la situación. Londres. la sátira y la novela. ingl. cap. Las formas narrativas tradicionales son inadecuadas para transmitir este certeza. combinando los dos métodos «de forma que produzcan una apariencia de homogeneidad. De este modo. Geertz. con tal de que se ponga de manifiesto la falta de fiabilidad. en el sentido de animar a los lectores a llegar a sus propias conclusiones 31. y otra si la narración se extiende hasta 1933 o 1939. y U. Ranke. Cfr. Breen. sin que la narración vaya por otro camino» 28. Riggan. y proporcionar finales alternativos. en su caso la de las peleas de gallos en BaH (cfr. 1981). Mass. Si la fama de concluir un relato ayuda a determinar la interpretación del lector. 1981). Torgovnick. en otras palabras. La narración. «On Hisroriography» (p. siguiendo un «movimiento ternario. El problema que querría analizar aquí es el de cómo hacer una narración lo suficientemente densa como para tratar no sólo la serie H. En una muestra notable de autocrítica. ~2 C. como John Fowles. el libro de Price nos ofrece una posible solución al problema. daría una impresión. Madmen. pasando n El prohlema fue ya discutido por Thierry y Michelet. págs. Imagming the Past: East Hampton Hútories (Reading. en su obra Tbe Role o/ the Reader (trad. White. dando a su propia aportación el calificativo de una <woz~) entre otras. Na/fs and Clowns: the Unreliable Fint-Penon Narrator(Norman. como los de la Crónica Anglosajona donde se lee: «En este año Ceowulf perdió su reino. Una vez más.. H. 1973). En el polo fluido del espectro tenemos la mera observación de un libro de anales. pág'. Este recurso puede ser también de cierta utilidad para los historiadores. «Thc Poetics of the Open Worb. Hi~toria de los acontedmientos y renacimiento de la narración 297 por la manifestación de un conflicto hasta llegar a su resolución mediante el establecimiento de un orden social auténticamente pacífico» JO. "Thíck Description: Towards an Interpretatíve Theory oE CUI!IIl'l'I>. Phillips. 1-17. 1.. Hayden White a sugerido que el relato histórico se atiene a cuatro tipos de trama básicos: la comedia. 1981l. Los teóricos de la literatura han discutido últimamente el recurso de ficción del «nada fidedigno narrador en primera persona~) 29.

-. los historiadores no han adoptado la micronarrativa hasta hace muy poco. y el relato de Natalie Davis sobre Martin Guerre. 3-42. considerándolos en función de su impacto en las vidas de unos pocos individuos. Un ejemplo destacado ajeno a la cultura occidental es el de la obra de Shimazaki Tosan Antes del alba (1932-6) ". estas cuestiones no son en sí retóricas.había sido ocupado por un intruso que pretendía ser el mismo Martin 37. dueño de una casa de postas en un pueblo de la carretera principal entre Kioto y Tokio. The Return of Martin Guerre (Cambridge. pero. pero no lo suficiente como para resolver todos sus problemas literarios. el autor escoge a uno de ellos. Podríamos esperar que las denominadas «novelas de no ficcióm>. . Cristofano and Ihe Plague {Londres. esta técnica es un lugar común entre los novelistas históricos. 37 C. Afortunadamente. HistorIa de los acomecimientos y renacimiento de la narración 299 densar los problemas de una época en un relato de una familia. Los historiadores podrían aprender algo de las técnicas narrativas de novelistas como Tolstoi y Shimazaki Toson. R. occidentalización) del Japón y el libro trata de los años inmediatamente anteriores y posteriores a la restauración imperial de 1868. es improbable que puedan conIJ 34 Shimazaki Tosan. entregado a una solución auténticamente japonesa de los problemas del Japón. W. pág. Fzctional Techniques and Facliona! Works (1983). en la Toscana. los autores de algunas obras de historia recientes han reflexionado también sobre problemas de este tipo y sus estudios esbozan una respuesta. como han hecho a menudo los novelistas. Ib/d. «(Literary Form io Factual Narratlve: the Example of Boswell's John50n». tanto sí dichas estructuras actúan como freno de los acontecimientos o como acelerador. analiza cómo se realizó esto en el pasado. varias respuestas de entre las cuales podría ser útil distinguir cuatro. Siebenschuh. págs. hasta El arca de Schindler. Radcr. A. desde A sangre fría. 1984J. 1973) [hay ed. así ha sucedido desde los tiempos de Scott y Manzoni. de relatos producidos por novelistas o por historiadores. Es posible analizarlas en función de textos. 224. B. cast. o más exactamente. El «albm·> del título es la modernización (ind ustrialización. Cipollu. Barcelona. Es la exposición de un relato sobre gente corriente en su escenario locaL En cierto sentido. cuya obra Los novios (1827) fue atacada en su momento por elegir como tema «la crónica miserable de un obscuro pueblo» (de la misma manera como se ha atacado recientemente a la historia desde abajo y la microhistoriamás) 16. 1986). mientras que los otros tres están representados por poco más de un libro cada uno. pág. Parece como si los historiadores hubieran de desarrollar sus propias «técnicas de ficción» para sus «obras veraces»· 35. P. son muchas las novelas famosas interesadas por los cambios estructurales más importantes en una sociedad concreta. punto subrayado por las interrupciones que Toson introduce de vez en cuando en su relato para contar los principales acontecimientos de la historia del Japón desde 1853 hasta 1886. Dado que los historiadores no gozan de libertad para inventar sus personajes. sino también las estructuras -intuiciones. Sin embargo. El argumento de la novela es en gran parte el relato del impacto de los cambios sociales en un individuo y su familia. Uno de los modelos tiene muchas posibilidades de ponerse de moda. Su trabajo pone a Hanzo en contacto con los acontecimientos. R. de Truman Capote (1965). en: Essays in Eighteenth-Century Biography. Davis. 1973}. Z.Peter Burke 298 de acontecimientos e intenciones conscientes de sus agentes. ¿Cómo sería una narración así? A pesar de referirse a la retórica. 621. Bejore the Daw/1. La primera respuesta podría describirse como «micronarracióm> (en la línea del nuevo término «microhistoria»). (Honolulll.. }6 Citado en Letteratura ltalzO/la. Es miembro del movimiento de Aprendizaje Nacional.) Turín. estos autores no dan una solución al problema de las estructuras. La novela muestra con vívido detalle cómo <dos efectos de la apertura del Japón al mundo se hacían sentir en las vidas de cada individuo» 34. pero éste no se limita a observarlos. Algunos ejemplos recientes muy conocidos son los de la descripción de Carla Cipolla sobre el impacto de la peste de 1630 en la ciudad de Prato. ni siquiera sus palabras y pensamientos. etc. Aoyama Hanzo. Cfr. Asar Rosa 5 (ed. Daghlian (ed. tuvieran algo que ofrecer a los historiadores.. 1987). Mussachusetts. 1968). Podríamos comenzar con Guerra y paz. cuando no era en absoluto claro qué camino iba a seguir el país. en realidad. quien pretende «utilizar la textura y recursos de la novela para contar una historia auténtica». Para esto.l (Bloomiogton. n W. Sin embargo. de Thomas Keneally (1982). N o es difícil encontrar nove~ las históricas que se esfuerzan por solucionar estos problemas. N. pues puede decirse que Tolstoi compartía la opinión de Braudel sobre la futilidad de los acontecimientos. un hijo pródigo del siglo XVI que regresó a su hogar en el sur de Francia encontrándose con que su lugar en la granja -así como su lecho conyugal. modos de pensamiento. El regreso de Martin GuerTe. refiriéndose en especia! a la vida de Johnson escrita por Boswell.

sobre todo el estudioso Kang Youwei. en The Memory Palace 01 Malteo Rica: Spence organizó su relato del famoso misionero jesuita en China en torno a Varias imágenes visuales. un suceso que revela conflictos latentes e ilumina así las estructuras sociales 40. Z. 575Sobre este concepto. La muerte de lo mujer Wang (Madrid. Americml Historical Revlew 93 {l988J. Dramas. en el caso de Carlo Cipolla. 1985). son cada vez más los historiadores que adoptan esta forma. padres e hijos. Más recientemente. parece más bien una obra de historia convencional. Desde este punto de vista. (os comentarios son deliberadamente discretos. 1974). los protago~I J. Al analizar. un intento por explorar la mente de K'ang-Hsi elaborando algo así como un mosaico o montaje a partir de las observaciones personales dispersas entre los documentos oficiales. En el caso de Spence. sería un error considerarla una panacea. Lukács. sin embargo. La historia de Martin podría considerarse un «drama sociah) en el sentido en que emplean el término los antro" pólogos. Bertrande. un relato de los orígenes y desarrollo de la Revolución china de 1895 a 1980 41 Una vez más. The Hútoncal NOIiel (trad. Jonathan Spence es un estudioso de la historia de China interesado desde hace mucho por experimentar con la forma literaria. Spence.. Emperor o/Chma (Londres. etcétera-. el soldado universitario Shen Congwen y los escritores Lu Xun y Ding Ling. pero la autora hace referencias repetidas y deliberadas a los valores de la sociedad. Como explica la autora: «He decidido presentar mis argumentos. Es difícil pensar en un estudio que merezca mejor la denominación de «historia desde arriba») que el autorretrato de un emperador. La micronarrativa parece haberse afianzado. un héroe cuyo carácter ordinario permite al lector ver con más claridad la vida y los conflictos sociales de la época 42. ingl. reconstruyendo (as limitaciones dentro de las que se movían. Londres. en el de Natalie Davis. podrían compararse con lo que el crítico húngaro Georg Lukács denominó el «héroe mediocre» en las novelas de sir Walter Scott. The Gate o/ Heaven(y Peaee (Londres. a expensas de la sucesión cronológica. estructura de la familia campesina en el sur de Francia. el interés del autor por la biografía y las instantáneas históricas se reafirma y su libro está construido en torno a un pequeño número de individuos. El efecto guarda cierta semejanza con unas Memorias de Adriano a lo chino. o más bien un retrato del emperador -en realidad. pero Spence publicó a continuación un ensayo conmovedor de historia desde abajo. Por otra parte. o cuatro imágenes pintadas.. págs. sobre todo el de vincular la microhistoria y la macrohistoria. utilizarlos para ayudar a compren· der los elementos centrales del relato y servirme de él para comentar esos valores y hábitos)-) 39. 1962). The Gate 01 Heaven/y Peace. la forma en que sentían «las trabas y posibilidades de sus vidas» 38. 30ss. . 1974). Martin Guerre. la voz y la metáfora literaria. cuanto las esperanzas y sentimientos de dos campesinos». pág.300 Peter Burke La reducción de escala no adensa de por sí una narración. En cualquier caso. págs. Más exactamente. Turner. Historia de los acontecimientos y renacimiento de la narración 301 Spence Gafe 01 Heavenfy Peace es una obra ejemplar porque aborda de manera directa este problema. por qué la mujer de Martin. tanto por el ordenamiento de la narración. Davis. 1982). Uno de sus primeros libros fue una biografía del emperador K'ang-Hsi. por otra parte. por ejemplo.. reconoció al intruso como su marido. The Memory Palaee o/ Malteo Rieci (Londres. No proporciona una solución a todos los problemas subrayados anteriormente y genera otros propios. Pienso que el libro de iS 19 j71. Fzelds and Metaphors (Ithaca. la manera en que experimentaban la relación entre marido y mujer. como por el análisis tópico». para revelar las condiciones de vida en la provincia de Shangtung en los turbulentos años de finales del siglo XVII. 1990). 10 que deseaba hacer Natalie Davis era describír no tanto las estructuras mismas. «On the Lame». la elección del detalle. Su objetivo era «encajar esta historia en los valores y hábitos de la vida y leyes rurales de la Francia del siglo XVI. una especie de autorretrato. 1. Estos individuos no desempeñaron un papel protagonista en los acontecimientos revolucionarios. L N. Davis comenta la condición de las mujeres en la sociedad rural francesa y su sentido del honor. con cuatro relatos contados. Lo importante es que los historiadores sociales han vuelto a la narración como medio de iluminar las estructuras -actitudes ante la peste e instituciones para combatirla. los detalles locales con las tendencias generales. Ciego en Gaza. 42 G. La muerte de la mujer Wang es una muestra de microhistoria a la manera de Cipolla o Davis. El libro puede leerse simplemente como un buen relato y una vívida evocación de unos cuantos individuos del pasado. 111 {i\P. disponiéndolas bajo epígrafes como «hijos» o «envejecimiento»-. Davis. V. produciendo un efecto que recuerda la novela de Huxley.

La gran ventaja del experimento es. pero . xiii. Por otra parte. y el tiempo «privado» de los personajes principales. un relato centrado en lo que el autor llama «el pasado en el presente de Polonia) "14. es decir. Cfr. 49-66. El autor da a entender en cada momento que 43 ·14 Spence (1982). Hútorical Metaphors and Mytical ReaLities (Ann Arbor. No obstante. Spence transmite de fotma vívida y conmovedora la experiencia de vivir (o. a sentir la presión del pasado sobre individuos y grupos (1a presión de las estructuras o los acontecimientos congelados. en realidad. Podría haber otras formas de relacionar más estrechamente la estructura con los acontecimientos mejores que las utilizadas en general por los historiadores. «Les iles anthropologiques et le terdtoire de ¡'historien». Un método posible consiste en escribir la historia hacia atrás. C. 1981). y hasta forzar al lector. que completará el círculo haciendonos regresar a los Anna/es. lo mismo ocurre con las vueltas atrás y adelante en. pero se toma el acontecimiento con más seriedad que cualquiera de estos pensadores "1~. sobre todo el problema de que. etc. Un cuarto tipo de análisis de la relación entre estructuras y acon~ tecimientos se puede encontrar en la obra de un antropólogo social americano. «descri~ ben sus esperanzas y penas con una sensibilidad especial» y también porque sus experiencias personales «ayudan a definir la naturaleza de los tiempos en que vivierom>. Es difícil imaginar que su planteamiento retrogradiente pueda ponerse tan de moda como la microhistoria. En primer lugar. corno da a entender el autor. vieron en el capitán Cook una manifestación de su dios Lona.esta multivocidad queda por debajo de la superficie del relato. en el recuerdo de Shen Congwen. por su evidente poder y porque llegó en la época del año asociada a las aparicíones del dios. Esta forma de organización tiene sus dificultades. sugiere que los acontecimientos (sobre todo la llegada de Cook a Hawai en 1778) «tienen rasgos culturales distintivos». en: Philosophle et histoire. Su preocupación por varios individuos implica un interés por puntos de vista múltiples o por la multivocidad. «El legado del magisterio espiritua]" (1795-1918). es una forma de narración muy digna de ser tomada en sería. o. Los hawaianos. «El legado del desencanto» (1914-391. por otro lado. tre lo que podría llamarse el tiempo «público». Burke.:! Burke nistas fueron elegidos porque. ed. la de permitir. Sahlin hace dos observaciones diferentes pero complementarias. En cualquier caso. el tiempo de acontecimientos como la Larga Marcha o la Revolución de 1949. Entre sus pasajes más memorables se halla su relato de la revolución de 1911 desde el punto de vista de un níño. como una especie de papel de tornasol que revela las estructuras de la cultura. . Davies.3 diferencia del libro de Price. Deschllmps (París. Sumner en su SU1'lJey o/ Russian History (organizada por ternas) o Norman Davies en su reciente historia de Polonia.ción 303 es imposible comprender los acontecimientos narrados en un capítulo sin conocer lo que los precedió. en estructuras). Heart o/Europe: a SAor! History o/Poland (Oxford. Davies no explota esta ventaja tanto como podría. No realiza un esfuerzo serio por relacionar cada uno de los capítulos con el que viene «después» de él. «ordenados por la cultura». 19B-1). tras la supresión del movimiento de las (~Cien Flores). En sus estudios de encuentros entre culturas en el Pacífico. P. Historia de los acontecimientos y renacimiento de la narra. Sahlins. de no lograr vivir) a 10 largo de estos años turbulentos. Las intersecciones entre varios individuos amenazan con confundir al lector. 1987). como diría Ricoeur. 1985). págs. Este tipo de presentación de la historia de China suscita problemas. y 1slands o/ History (Chicago. «sedimentados». por ejemplo. cada uno de ellos ha de ser leído hacia adelante. El antropólogo es Marshall Sahlins especialista en Hawai y Fidji Y extremadamente interesado por el pensamiento moderno francés (desde Saussure a Braude1 y desde Boudrieu a Lévi-Strauss). como lo hicieron B. Comienza con «El legado de la humillación. pág. El suceso puede ser estudiado. Hear! 01 Europe (1984). De hecho el autor habla de «la intromisión de acontecimientos externos» en sus personajes ~j. Sahlins (en oposición a Braudel} mantiene también 4~ M. Polonia desde la segunda Guerra Mundial» y retrocede a través de «(El legado de la derrota». en el sentido de que los conceptos y categorías de una cultura particular configuran el modo en que sus miembros perciben e interpretan todo cuanto ocurre en su tiempo. aunque los capítulos están dispuestos en orden inverso. N. H. por tanto (como sugiere Braudel). la reacción de Lu Xun ante la masacre de estudiantes en una manifestación en Pekín en 1926 y los ataques oficiales a Ding Ling en 1957.302 Petl. examina~ do más arriba. Están vistos como personas más bien pasivas que activas.

304

Peter Burke

la existencia de una relación dialéctica entre acontecimientos y estructuras. Las categorías peligran cada vez que se utilizan para interpretar el mundo cambiante. «La cultura se reordena» en el proceso
de incorporación de acontecimientos. El final del sistema tabú, por
ejemplo, fue una de las consecuencias estructurales del contacto con
los británicos. También lo fue el nacimiento del comercio internacionaL En más de un sentido, es cierto que Cook no dejó Hawai como
lo había hallado. Sahlins nos ha contado una historia con moraleja o,
quizá, con dos moralejas. La destinada a los «estructuralistas» es que
deberían reconocer el poder de los acontecimientos, su lugar en el
proceso de «estructuración». Por otra parte, los defensores de la narración son estimulados a examinar la relación entre los acontecimientos y la cultura en que suceden. Sahlins ha ido más allá de la famosa yuxtaposición de Braudel entre acontecimientos y estructuras.
De hecho, ha resuelto, o disuelto, virtualmente la oposición binaria
entre estas dos categorías.
En resumen. He intentado mantener que historiadores como
Ta\vney y Namier, Febvre y Braudel estuvieron justificados en su rebelión contra una forma tradicional de narración histórica mal adaptada a la historia estructural que ellos consideraban importante. La
historiografía se vio enormemente enriquecida por la expansión de
sus temas y por el ideal de «historia totah>. Sin embargo, muchos estudiosos piensan ahora que la historiografía ha quedado también empobrecida por el abandono de la narración y ya se ha emprendido
una búsqueda de nuevas formas de relato que sean apropiadas a las
nuevas historias que los historiadores nos contarían. Entre estas nuevas formas se halla la micronarración, la narración hacia atrás y los
relatos que se desplazan atrás y adelante entre mundos públicos y
privados o presentan los mismos acontecimientos desde múltiples
puntos de vista.
Si buscan modelos de narración que yuxtapongan las estructuras
de la vida ordinaria y los acontecimientos extraordinarios y la perspectiva desde abajo a la perspectiva desde arriba, los historiadores
deberían seguir el buen consejo de atender a las obras de ficción del
siglo xx, incluido el cine (las peliculas de Kurosawa, por ejemplo, o
de Pontecorvo o Jancsó). Es quizá significativo que uno de los estudios más interesantes sobre narración histórica sea obra de un historiador del cine (1a publicación de Kracauer citada anteriormente). El

Historia de los acontecimientos y renacimiento de la n¡¡,rr¡¡ciün

305

recurso a múltiples puntos de vista es fundamental en la película
Rashomon de Kurosawa 46. Está implícito en El rojo y el blanco, de
Jancsó, un relato de la guerra civil rusa en el que ambos bandos alternan en la captura del mismo pueblo.
En cuanto a Pontecorvo, podría decirse que no se ha limitado a
contar una historia sobre individuos con traje de época, sino que ha
hecho del proceso histórico el tema mismo de sus películas ·n. Es interesante ver cómo Jonathan Spence utiliza el lenguaje del «montaje,>
y que El regreso de l\lartin Guerre apareció casi al mismo tiempo como
historia y como pelicula, después de que Natalie Davis y Daniel Vig·
ne trabajaran juntos sobre el tema 48. Las escenas retrospectivas, los
montajes paralelos y la alternancia de escena y relato son técnicas cinematográficas (o, en realidad, literarias) que pueden emplearse de
manera superficial más para deslumbrar que para iluminar, pero también podrían ayudar a los historiadores en su difícil tarea de revelar
las relaciones entre acontecimientos y estructuras y presentar puntos
de vista múltiples. Si esCüs procesos continúan desarrollándose, tendrán derecho a ser considerados no como un simple «renacimiento:»
de la narración, en palabras de Stone, sino como una forma de regeneración.

4&

47

~~

El rel¡¡to origin¡¡! de Akut¡¡gawa no adopta este recurso.
G. Pontecorvo, La batalla de Argel (1966); Queimada (1969).
N. Z. Davis, J.-e. Carriere, D. Vigne, Le retourdeMartin Guerre, op. cit.

ÍNDICE TEMÁTICO

Hconteciminetos, historia de los 15, 19,

36,102,287-305
Actoo, Lord, historiador británico, 18
AHA (American Historieal Association),
14-19
AJexander, William, historiador británica, 21
alfabctísmo, 149, 150

Alliagsgeschlchte, 11
Alpers, Svetlana, historiadora nortea merkana del arte, 229, 230
amnesia, estructural, 158

Anl1ates, revista francesa de historia, 1.3,
19,49,57,94,100,101,288
antropología, 51, 52, 90, 126, 128, 129,
132,256,257,282,283,289
arqueología, 29, 30, 90, 91
arquitectura, 212
Aries, Philíppe, historiador francés, 18
Arrow, Kenneth, politólogo norteamericano, 249
autenticidad, 215-222

Bajtin, Mijaíl, téorico ruso de la literatura, 18,257
Barker, Francis, 259, 260

307

BarrelJ, Joho, historiador británico de la
literatura, 228
Barth, Frederik, antropülogo noruego, 122
Baxandall, Michael, historiador británico
del arte, 229, 231, 232
Belting, Hans, historiador alemán del arte, 230
bibliotecas, 184, 185, 186, 187
Bloch, Marc, historiador francés, 19, 102
Bourdieu, sociólogo francés, 34, 35
Braudel, Fernand, historiador francés,
17, 22, 25, 32, 37, 102, 106, 288,
289,291,292,298,303,304
Brecht, Bertolt, escritor alemán, 39
brujería, 50, 51
Brunschwig, Henri, historiador francés,
102, 109, 110
Burckhardt, Jacob, hisoriador suizo, 21
Burke, Peter, colaborador, 199,213

Cambrzdge Moden: HistOl'Y, 18
Cannadine, David, historiador británico,
52, 160
canonicidad, 222-226
Capote, Truman, escritor norteamericano, 299

308
Can, E. H, historiador brir;:ínico, 57
de Cenau, Michel, sodólogo [moces, 25,
72,73
Chartier, Roger, historiador francés, 35,
203, 204
cine, ver fotografía
Cipolla, Culo, historiador italiano, 299,
300, 301
civilizatorio, proeeso, 272, 273
clases inferiores, 24, 25
Clausewitz, Cad vou, teórico militar alemán, 14
c1iométrica, 29, 30

Cobb, Richard, historiador franc~s, 74
Collingwood, R. G, historiador y filósofo
británico, 17, 242
colonj;]lismo, 93-95
comun de la historia, visión de sentidQ,
eamle, Auguste, sociólogo francés, 21

eonductismo,243·244
conocimiento pericial, 215-220
contexto, contextualización, 138-140,227
Cook, capitán, explorador br1t;ínico, 2303,
304
Cronan, WiIliam, historiador norteamericano, 22

Crosby, Alfred, historiador británico, 22
cotidianeidad,25
cultur;] popular, 24, 25, 36, 43, 273, 274,
275
cultural, construcción, 22, 23, 35, 36
eultunll, historia, 21,24,25,36,37
culturJ.l, relativismo, 13, 14, 16, 17, 2'5,
127, 128. 130-131, 227-228, 25 L,
269

Darnton, Rohen, colaborador, 14, 134
Davies, Norman, historiador británico,
y02
D;]vis, Natalie, historiadora nC'rteamerieana, 74, 300, 305
descrlstianización, 30
descolonización, 21,113-116
llenll1strucción, ver postesuucturalismo
dl·lllugnlfia. 32, 274-276
dqll'IHh'nci:l, leoria de la, 114-116
IJI'JI'idl\, ,!:ICl]lll·.\, filosofo francés, 59, 70

Indice temático
descripción densa, 52,126,127,170, 17t,
299,300
diferencia, 72, 73, 78, 79
Dilthey, Wilhelm, filósofo alemán, 252
Ding Ling, escritor chino, 301, 302
disciplina, 271·274
documentalistas, historiadores, 150, 154,
165-167,172,173
documentos históricos, verfuentes
Duby, Georges, historiador francés,
288
Duno, John, historiador brilánico del
pensamiento, 240, 242, 243, 249,
251
Durkhcim, Emi[e, sociólogo francés, 20,
137
Durrell, Ll\vrence, escritor británico, 295

Easton, David, fXllitólogo norteamericano, 243,244,249
ecohistoria, 11, 12
ecología, 22
económica, historia, 1l, 12, 20, 22, 23
educación, 22, 23
Elias, Norbert, sociólogo alemán, 25,
143,272
Engelsing, RoIF, historiadot alemán, 189
Eflgltsh Htstorical Review, 18

Erikson, Erik, psicoanalista norteamericano, 33
escuelas, historia en las, 161-163
estrategias, 140, 141
estructuras, historia de Las, 15, L6, 19,20,
33,34,37, Y8, 287, 288, 303-305
etnohistoria, 100, 10 1
Evam.;-Pri¡cnard, Edward, antropólogo
británico, 159
explicación, 32-35. 292

Faulkner, William, escritor norteamericano, 295
Febvre, Lucien, historiador francés, 19,
102,288
feminismo, 32, 59-88, 256,282, 283
Finlay, Robert, historiador norteamericano, 74

1

~

Indjce temático
Finley, Moses, historiador de la Antigüedad, 29
Floud, Roderick, historiador británico,
53-54
formalización en historia,140-142
formulario, material, 155-157
fotografía, 28, 212, 213, 233, 263, 304,
305
Foucault, Miehel, teórico francés, 12,
lyY, 230,270,272,279
Fournier, Jucques, inquisidor francés,
47,48
Fowles, John, escriwr británico, 297
francesa, revolución, 15, 26, 44, 289,
292,293
Freud, Sigmund, 268, 269
Fruin, Robert, historiador holandés, 20
fuentes y crítica de fuentes, .1.5, 16,2631,41,42,145,146,150,151,167169,261-264
funcionalismo, 33, 34, U7, 138
vIsual, 27, 235-239, 281, 282

GalIa~her, Jack, historiador brilánico,

109, 110, 112
Gaskell, 1vnn, colaborador, 17, 28
Gay, Pe ter, hi::-toríador norteamericano,
278
Geertz, ClifEord, amropólogo norteameriUIOO, 54, 123, 126, 127, 128, 129,
130,131,132,171,297
<Jellncr, Ernest, filósofo y antropólogo
británico, 137, 151
genero, 36, 60, 61, 79, 80. 276, 277,
278,283
Genovese, Eugene D., historiador norteamericano,56
Gere, John, historiador británico del ar"
te, 216, 217, 219
Gibbon, Edward, historiador británico,
21
Ginzburg, Cario, historiador italiano,
27,47,48,54, 178
Goffman, Erving, sociólogo norteamericano,25,263
Goody, Jack, antropólogo norteamericano, 149, 157, 158

309
Gossman, Lionel, critico norteamericano, 294
Gramsd, Antonio, filósofo italiano, 23
Grendi, Edoardo, hisroriador italiano,
citado, 141
Gunder Frank, André, economista norteamericano, 114
Gunnell, John, politólogo, 243, 244,
245
gusto, historia del, 225, 226, 228

Habermas, Jürgen, filósofo alemán, 252
hábito, 34, 35
Haldane,]. B, S., cientifico británico, 14
Hall, David, historiador norteamericano, 189
Hampson, Norman, historiador británica, 74
Hanaw>\lt, Barbara, historiadora norteamericana, 47, 48
Haskell, Francis, historiador británico
del arte, 224. 225
Hegel, G. W. F., fíl6sofo alemán, 92, 99,
130,145,252
Heidegger, Marrín, filósofo alemán,
129, 130
Henige. David, historiador norteamericano, 160
herencia, 115, 116
h~rmt:néutica, ver interpretación
«her-story»,72
heteroglosia, 18,295,296, 30l, 302
Hibbert, Christopher, historiddor británico,292
historia de las mujeres, 20, 21, 35, 36,
59-88
historia oral, 27. 28, 47, 48, 100, 101,
144-176
Hútorische Zeitschtift, revista alemana de
historia, 18
historia, ver libro, historia del; cultural,
historia; ecohistoria; económica,
historia; educación; eotidianeidad;
trabajo, historia del; medicina;
mentalidades; militar, historia; política, historia; serial, historia; social, historia; gusto

economista norteamericano. 21 «Motín Indio)). 114 Price. teórica del derecho nor· teamericana.53.300 micropolítica. 128.296 racionalidad. erudito francés. histOriador alemán del cine.305 Porter. J G. 262. molinero italiano. 43. 155. ]. 274 representaciones. Mark. director de cine hungaro. 97. 293 proverbios.ois.. crítico literario británico. 230 identidad. historiador holandés. 305 Montias. 128. 295. Nikita. 166 Ovidio. 159. 303 Robertson. Leur. Gola. zar. 289 van. john. eulura. Richard. historiador griego. 287. Jean. novelista norteamericano. J M. 25 Lubcs. filósofo político norteamericano. 287 narrativa. 301 Kang Youwei. historiador francés. Karl.92. 19 Laqueur. 31. 32-34. 222. 96 Nicolás 1. 51.. 33. A. 109 Le Roy Ladurie. historiador británico. 301 Kant.145. filósofo francés. 294. 305 multivocidad.juri. 301. 227-230. director de cine japonés. 118. historia. 170. 171 1 Minow. novelista francés. 35. 243. jean-Fran<.145. Alan. 288 l 288 l\·fabillon. historiador alemán del arte.51. bistoriador militar británico. 32. 108. Georg. 162 Kkinman. 83 ideología. 290 KenealIy. 262. historiador alemán. 294. R e. Aldous. colaborador. Ro y. 200 reforma. 242 patrimonio. 62. Don. 263 Meiners. ]awaharlal. V. 21 Robinson.31. Sartono.265 métodos cuantitativos. 258. escritor chino. justus. 158. Thomas. j 98 Levi. 115 Rodney. Gilo. 24 I 311 Indiee temático Panofsky.227. Emmanud.119-143. Gwyn. 273 múltiples puntos de vista. 129 Rawls. L29. 142. 102 Opit. 15 Ranger. Martha. marxistas. 44. historiador alemán. r-. historiador brjt¡inico. 279 Le Goff. Roland. 28. 49.287-305 Nehru. 148.287. 13. historia. Arthur. Johan. filósofo alemán. escritor australiano. folcloristas británicos. anttopólogo histórico norteamericano. 13 Lenin. 295. 31 Macfarlane. teórico del imperialismo.12.259. escritor ruso. historindor francés. Thomas. 110. 11. 136. historiador del pensamiento. rebelde ruso. historiador norteamericano de la ciencia. 137 Janesó. Raúl. 299 Kermode. 299 marxismo. historiador británica. 229. historia del. usos de los. jan. historiador alemán. 241. 109. 283. 156 psicoanálisis. Walter-. 288. 99. 294 Kuhn. 296 Prins.260 Prebisch. bibliógrafo neozelandés. colaborador. historiador británico. 102 mencionado.]dor británico. 230 paradigmas. 178 mentalidades. historiador francés. 296 Mann. antropólogo histórico Jl(lrl'eamericano. G-iovanni. 29-31. 114 Romein. 143 Rkoeur. 263 Revel. historiador norteamericano.37 K:mg-Hsi. 259. 50 McKenzie. 290 Huxley. 53 Hobson. 43. 288.281. historiador alemán. 202 largo plazo (!ol'lgueduréel. historiador holandés. Geoffrey. filósofo francés. Hatvey. crítleo británico. 93 Rosenthal. 252-254 James. 17 Proust. James. 249 Kilrtodirdjo. 53 Hitler. 55. 21l. Terence. 264 Pugachev. 304. 236. 109. 1J('r heteroglosia museos. Tony. 223 Kruschev. 29. escritor italiano. hisroriador británicD.47. 302 Lyotard.252. 74 imperialismo. Immanuel.. 246. Reinhart. 24.97 Keegan. 157. jacques. 23. 269 ( Koselleck. 20 Robinson. 235. 81-83 psicohistotia. historiador africano. A. 34. 33. 156.32. 301 Lu Xun. lona y Peter. emperador chino. 161 Huizinga. 15. 237. 19. historia de la. 236. 96 Mann. historiador alemán. 278.203 Majumdar. 240. Michael.299. citado. Ronald. 10R-113 interpretación. 15 notllJelle histoire. J\hrcel. 24. 180·]8] Lotman. historiador francés. historiador francés. 294. citado. 162 Hobsbawm. 284 material. 63. Siegfried. 249 Rezepttonstisthetlk. 44 Hosking. 292 Muchembled. historiador británico del arte. 293. 109 Hoggart. historiador indio.237 iconografía. 27.36 PoJibio.228 masculinidad.262264 micro historia.17. 25. Eric. 14 postestructuralismo.·lichae!. 293 Pocock. 111. 135. historiadar indonesio. 32. 304 ]udt. 48.33. 13-16. 48. crítico húngaro. 17. 32 literaria. Richard. 16. 159. historiador británico. 166. Thomas. hislllri. 112. 165 Ranke. citado. 304. Lewi~. John. 233 Phillips. citado. WilIiam. 20 Pontecorvo. 167. Leopold \ion. 213 Namier. 13 Oliver. 42. 43. 298. 1. 24 Millar. 21 memoria seleetiva. Christoph. historiador norteamericano. 181-184. 272. Thomas. 237 militar. 273.oní. 212. 47.115. 13 Kurosawa. 82-86. 52 Kammcn. 259. Frank. colaborador. semiótico ru~tJ. Robert. 238 Maser. 156. Akira.301 iconocbstia.305 Lamprecht. 236. 200.48. poeta romano. 277. t 5 Pushkin. historiador alemán. Jacques. 178 020uf. escritor alemán. 177. 30 medicina. 201. 294 Ma07. Emelian. 138. historiador británico. director italiano de cine. Erwín. historiador británico. Paul. teoría. 82. Miklós. 245 política. e Menocchio. historiador holandés. Henry. john. historiador norteamericano. 242. escritor británico.71 montaje. Alejandro. Adolf. 20. economista argentino.276 libro. jacques. 141. Alessandro. 305 montaje paralelo. citado. 258. 50.I Indice temático 310 Hntory Workshop ¡oumal. 73. antropólogo histórico británico. 251 Krac:mer. 227 . historiador canadiense. estudioso chino.

70. Herbert. 299.]im. historiador norteamericano del pensamiento. Max. 172 tiempo. 302 Shorter.40 ~rhite. 181-184 sociología. 33 ~rallerstein. 121. 303. 290. 180. drama. historiador nOfteamerícano. H. 107. Lord Doloe. 301 Seeley. histo· riador británico. Daniel. sociólogo alemán. 50.274 Thompson. 287 Waitangi. soldado y universitario chino. Giamb. Shimazaki. 277. 56. historiador británico. 241. 255. 170. 26 Vico. 244. 44. 147. Leo. antropólogo norteamericano. 298. 31. historia del. 39. soldado británico. 30. Immanue!. 33. historia. 16~). 150. Hayden. historiador norteamericano del arte. 280 Sharpe. 256. historiador británico. 250 Sumner. historiador británico. 27. 28 Wittgenstein.]oan.Roper. 122 mencionado. 148 ~raite.279. colnborador. 78. 301 Spencer. citado.]ean-]acques. 160 Tolstoy. 137. Elaine. concepciones del. 4cl. escritora británica.lttista. P. 16 Shen Congwen.. 28. 279. antropólogo histórico belga. Robert. Lawrenee. historiador norteamericano. 108 1 Indice temático ~reber. filósofo austriaco. 22 Whee1er. 179.289.ml. historiador británico.. 159. Edwarc. 41. 255 Sterne. historj~:¡dor hritánico del pensamiento. Quentin. 38. \X!a[ter. 98. 138 Woolf. 243-24 '5 invención de la. 166 Ventud. B.147. 280 Sik. 302 suplemento.~.23 Seott. 304 Scarry. 165.264 ~resse!ing. ~9L) T050n. 301. León. historiador británico. 44. 17U Trev01'.146. director de cine francés. 287 Taylor. 77. 69-71 l'. hisroriador australiüno. 21 vietorianismo.53. 278. 300.]ohn. 260. 280 Showalter. historiador británico.l. historiador británico. Ludwig. ]onathan. historiador británico. 40. historiador húugaro. sociólogo británico. 21 Steinberg. 215. 292 Indice temático Strauss. 305 Voltaire. colaboradora. Eric. colaborador. Edward. 27. filósofo italiano de 1u historia. 43. 100 Skinner. historiador ituliano.292 Schwartz. 293. l(¡O. escritor ruso.l. ~clo. 35. 245. 49 Spence. escritor japon~s. cobborador. 146.¡nco. 36. 14 serial. 144 Thompson. 61. Lawrence. 16 Vansin. 4(¡.1 312 Rousseau. 158. 255. lJ5-lJ6. 26.276-280 Vigne. 151 sexualidad. historj~:¡dor norteamericano del arte. 296 313 Wind. 33. 300. Hugh. clS. 289. 119.272. historiador norteamericano. Simon. 101.22. historiador británico. periodista e historiador irlandés. 35. Elaine.145 Tuck. 14. 175. ciudo. Edgar. 184. 256 Stokes. historia. 74. 218. 1(¡1.170.251. 49 tradición. 231 Scribner. Fr. WilUam. escritor británico. 19.145. Virginia. 151. historiador británico. 185 Ryan. ~-t~. Jan. 292293 Stone. concepto de. Gary. 159. Richard.171. ~98. feminista norteamericana. 248. 8ob. Endre. 294 . 261 Schama. 51.100.252 sodal. Marshall. citado. 301 socia!. historiador norteamericano de! arte. Cornelius. historiador nortcümcricano. 176. 39. R. 277. 235 Scott. critica literaria norteame· ricana. 123 \·'('I(J!/ltÍglidlWJ. 43. 236. 45. 99. A l P. H. 106. 299 tmbajo. Henk. 294. 150. Tawney. 291 Sahlins. Tratado de. 243.

Como señala el compilador. Los objetos l1"adicionales de la investigación histórica han conocido un enfoque diferente: la historia del pensamiento político acusa el impacto del predominante relativismo cultural (Richard Tuck) y la tan denostada narración de acontecimientos experimenta un insospechado renacimiento (Peter Burke). Asimismo. Alianza Editorial ISBN 84-206-2765-8 Cubierta: Ángel Uriarte !Iustracíón: Benedicto XIV llegando a Santa María la Mayor t. por ejemplo. facilitando el conocimiento de las tendencias historiográficas que han cobrado mayor auge a partir de los años ochenta. Frente al paradigma tradicional. recurriéndose. 9 11788420 11 627656 .y otros asuntos. el panorama historiográfico aparece como un universo en continua expansión y fragmentación. restando sentido a las convencionales visiones eurocentristas (Henk Wesseling). las grandes transfonnaciones de nuestra sociedad han expandido el universo histórico. a las fuentes orales (Gwyn Prins) o al material visual en su más amplio sentido (lvan Gaskell). . las mujeres (Joan Scott). Así. Toda esta diversidad de perspectivas amenaza [a comunicación entre los diferentes grupos de historiadores. PETER BURKE.3412765 n este final de siglo. la selección de artículos que confonna el presente libro parece demostrar la diversidad de FORMAS DE HACER HISTORIA. etc.. Se buscan otras clases de testimonios y pruebas aparte de los documentos escritos. se plantean nuevos sujetos del pasado -la gente corriente (Jim Sharpe).. la intención de esta obra es precisamente contribuir a evitar la disgregación. como el cuerpo (Roy Porter ) o la lectura (Robert Darnton). La escala de las investigacíones también conoce tamaños no tradicionales (Giovanni Levi).