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¿Cuánto quieres y cuánto amas?

Dr. Cuauhtémoc Mávita E.
En muchas ocasiones, encerrado en mi soledad, me he hecho la pregunta: ¿Qué
diferencia hay entre el querer y el amar?, ¿Cuándo se quiere se lleva implícito el
amor? o ¿La vivencia y sensación del amor es como una estrella fugaz que se avista
en el cielo y luego desaparece? En apariencia, esas interrogantes no tendrían sentido
si las respuestas no estuvieran ligadas a nuestra existencia. ¿Cuántas veces nos han
dicho ¡te quiero! y otras tantas nos han expresado ¡te amo!? Muchas, pero el querer y
el amor son sustancialmente diferentes.
Cuando se habla de querer y amar, lo relacionamos, fusionándolo, con la atracción
física, el enamoramiento, la intimidad y la relación erótica, circunscribiendo su
universo y alcance a un espacio muy limitado. Sin embargo, querer y amar son
vocablos que encierran una realidad extremadamente distinta. El querer es, en
principio, posesión; amar es dejar ser y todo lo que ello implica.
Esta visión o perspectiva lo resume la doctrina budista: “Cuando te gusta una flor, solo
la arrancas; cuando amas una flor, la cuidas y riegas a diario”. Más explicativo resulta,
en cambio, Antoine de Saint Exuperi quien bosqueja en “El principito” lo que es el
querer y el amar; él quería obsesivamente a Consuelo Suncin, su musa, pero también
la amaba:
Y escribe en “El principito”:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa…
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que
las vea podrá creer indudablemente que mi rosa es igual que cualquiera de ustedes.
Pero ella se sabe más importante que todas porque yo la he regado, porque ha sido a
ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que
se hicieron mariposas) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas
veces hasta callarse. Porque es mi rosa”.
En realidad –escribe From en “El arte de amar”- todos estamos sedientos de amor. El
problema es que las personas queremos ser amadas, y no pensamos en amar, quizás
porque carecemos de la capacidad de amar. Deseamos que se nos ame y
empezamos a construir para ser dignos de ser amados, siguiendo diversos caminos
para ser reconocidos –valga decirlo- como personas exitosas, de poder y
detentadoras de riqueza. Ese es el amor que concebimos, generalmente, descuidando
el auténtico amor, es decir el que todo lo da, lo sufre, lo cree, lo espera y lo soporta,
pero sobre todo que perdona.

(Dr. a la que quería pero también amaba. pero ella no respondió. -Adios –repitió el principito. como el amor que nace por el dinero. la búsqueda del amor por otros caminos. 14-10-2016) . que era orgullosa. Cuauhtémoc Mávita E. suele ser infructuosa. perdóname y procura ser feliz. nos ponemos en el lugar de los demás y experimentamos que mejor es dar que recibir. Amar nos hace conocer que aunque el reloj esté marcando las horas de nuestra existencia. añadió: –Y no prolongues más tu despedida. nuestra pareja. hizo que su relación se perturbara. más adelante. ya que el amor que une y nos hace crecer como personas sólo es posible cuando nos comunicamos y entregamos desde el centro de nuestra existencia. Esta perspectiva presupone que amar es una experiencia personal –y así es-. El que quiere se apega y espera reciprocidad.se despidió de su flor. amas a todos los demás como a ti mismo”. crecer. La flor. el que ama solo deja ser y hace con su conducta y actitud que las cosas sucedan por sí mismas. sintió ganas de llorar. Simplemente se ama. y el desenfado de Antoine. tan es así que la afirmación básica contenida en el amor se dirige hacia la o las personas como una encarnación de las cualidades esencialmente humanas. sino un moverse. trabajar juntos. Has decidido irte. Cuando el principito –de Saint Exúperi. ya que en el mundo hay muchas flores. sintió tristeza y cuando la regó en la que consideraba la última vez.Por eso. no quería que él la viese llorar. ni las tormentas. hazlo de una vez. La flor tosió aunque no estaba resfriada y al fin dijo: -He sido una tonta. ni los crudos inviernos. somos parte de un proyecto inmutable que no lo modifica el tiempo. no un lugar de reposo. El orgullo hizo que Consuelo Suncin no se diera cuenta del amor que sentía por Antoine.el amor es un desafío constante. aunque esto último llega por añadidura. tal como lo subraya Eckhart: “Si te amas a ti mismo. Vivido en esa forma –agrega Fromm. nuestros hijos y los que nos rodean. Luego. -Adios –le dijo a la flor.