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Johann Sebastian Bach (1685 – 1750

)
1) Pero la dificultad estaba en que en Hamburgo era usual que el que
recibía un cargo, debía mostrarse agradecido pagando por él aunque,
bajo las condiciones de Hamburgo, el resultado económico era favorable
en última instancia. Al rival de Bach Johann Joachim Heitmann,
un hamburgués, le parecieron adecuados cuatro mil marcos de oro y a
las autoridades de la iglesia también. En cuanto a Bach, si bien vivía
sin problemas en el favor del Príncipe, no podía ahorrar con su familia
numerosa. De hecho, nunca en toda su vida pudo ver tanto dinero
junto, pues habría supuesto cinco años del sueldo de Kóthen. En Kóthen
nadie tenía tanto, si exceptuamos quizá al Príncipe y justamente a
él difícilmente se lo podía pedir prestado.
2) Para Hamburgo no carecía de saber, sino de, algo más doloroso, de dinero. Estaba, con
sus cuatro hijos y una criada en una casa terriblemente vacía sin su
mujer. Ella había dirigido a la criada y llevado el hogar y todo esto recaía
ahora sobre él solo. Había que cuidar de cuatro niños,

LA BIBLIA DE BACH Se ha conservado la Biblia de Bach y en ella se encuentran algunas
interesantes anotaciones de su propia mano en el primero y segundo
libros de los Paralipómenos (Crónicas). Dice en la primera, en el capítulo 25: «Y
David y sus generales escogieron hombres proféticos que tocaran el
arpa, el salterio y el timbal». Y unos versos después: «y su número era,
junto con los que sabían cantar al SEÑOR, de doscientos ochenta y
ocho maestros». Al lado se encuentra la anotación manuscrita de
Bach: «NB. Este capítulo es el fundamento de toda música de iglesia
grata a Dios». Al final del capítulo 28 del mismo libro se dice: «Mira,
hay órdenes de los sacerdotes y levitas para cada servicio en la casa de
Dios; para todo trabajo tienes también gente de buena voluntad y sabía...
» y la nota de Bach: «Una magnífica prueba de que, al lado de
otros deberes del oficio divino, también en especial la música ha sido
ordenada por Dios a través de David». Una tercera anotación, finalmente,
se encuentra en el segundo libro de los Paralipómenos, en el
capítulo 5, versículos 12-15, en los que se describe la música de levitas
y sacerdotes en ocasión de la entrega del Arca de la Alianza: «NB. En
una música devota está siempre Dios en su misericordiosa presencia».
Las anotaciones muestran en cuánta medida la música de Bach estaba
fundada en su fe. Pero no son sólo un comprobante de su profunda
religiosidad, sino también de cuánto valoraba su música. Desde
su punto de vista no era menos importante que el sermón en el oficio
1) religioso.

El azar acudió en ayuda de Bach. Viajaba entonces por media
Europa un oculista —él prefería usar el nombre griego de oftalmiata—,
el Chevalier inglés John Taylor. Se encontraba en una gira por
Alemania y apareció en Leipzig en la segunda mitad de marzo de
1750. Se ufanaba de tener el arte de operar de cataratas y de haber tenido
muchos éxitos. Parecía una oportunidad única, y además, ¿qué
elección había?
La sala de operaciones* se instaló en el mismo «Tres cisnes» donde
había tenido lugar la memorable audición del sucesor de Bach. La
operación comenzó por colocar sobre los ojos manzanas hervidas calientes

El Chevalier Taylor tenía un robusto ayudante que sujetaba la cabeza del paciente en el torno de sus manos. Ni se menciona la esterilidad de los instrumentos. El paciente era atado a una silla y no se utilizó ninguna anestesia.con el fin de ablandar la córnea. se gastó casi todo su dinero en un ataúd de encina par su marido. Y siendo la viuda del más grande músico de Alemania. Pasaron 93 años de al muerte de Bach para que se hiciera el primer monumento (financiado por un músico. algo que pocos podían permitirse. terminó como indigente. Mendelssohn) 81 discípulos. ni siquiera se sabía entonces qué era eso. Habrían de pasar cien años hasta que el médico Semmelweis fuera tildado de loco por sus colegas por que exigía que se lavaran las manos antes de un parto. Ana Magdalena. al menos 46 fueron organista de profesión . Su segunda esposa.