You are on page 1of 69

DEL QUE NO SE CASA - Roberto Arlt

Yo me hubiera casado. Antes sí, pero ahora no. ¿Quién es el audaz que se casa
con las cosas como están hoy?
Yo hace ocho años que estoy de novio. No me parece mal, porque uno antes de
casarse "debe conocerse" o conocer al otro, mejor dicho, que el conocerse uno no
tiene importancia, y conocer al otro, para embromarlo, sí vale.
Mi suegra, o mi futura suegra, me mira y gruñe, cada vez que me ve. Y si yo le
sonrío me muestra los dientes como un mastín. Cuando está de buen humor lo
que hace es negarme el saludo o hacer que no distingue la mano que le extiendo
al saludarla, y eso que para ver lo que no le importa tiene una mirada agudísima.
A los dos años de estar de novio, tanto "ella" como yo nos acordamos que para
casarse se necesita empleo, y si no empleo, cuando menos trabajar con capital
propio o ajeno.
Empecé a buscar empleo. Puede calcularse un término medio de dos años la
busqueda de empleo. Si tiene suerte, usted se coloca al año y medio, y si anda en
la mala, nunca. A todo esto, mi novia y la madre andaban a la greña. Es curioso:
una, contra usted, y la otra, a su favor, siempre tiran a lo mismo. Mi novia me
decía:
-Vos tenés razón, pero ¿cuándo nos casamos, querido?
Mi suegra, en cambio:
-Usted no tiene razón de protestar, de manera que haga el favor de decirme
cuándo se puede casar.
Yo, miraba. Es extraordinariamente curiosa la mirada del hombre que está entre
una furia amable y otra rabiosa. Se me ocurre que Carlitos Chaplín nació de la
conjunción de dos miradas así. El estaría sentado en un banquito, la suegra por un
lado lo miraba con fobia, por el otro la novia con pasión, y nació Charles, el de la
dolorosa sonrisa torcida.
Le dije a mi suegra (para mí una futura suegra está en su peor fase durante el
noviazgo), sonriendo con melancolía y resignación, que cuando consiguiera
empleo me casaba y un buen día consigo un puesto, ¡qué puesto! ¡ciento
cincuenta pesos!
Casarse con ciento cincuenta pesos significa nada menos que ponerse una soga
al cuello. Reconocerán ustedes con justísima razón, aplacé el matrimonio hasta
que me ascendieran. Mi novia movió la cabeza aceptando mis razonamientos
(cuando son novias, las mujeres pasan por un fenómeno curioso, aceptan todos

los razonamientos; cuando se casan el fenómeno se invierte, somos los hombres
los que tenemos que aceptar sus razonamientos). Ella aceptó y yo tuve el orgullo
de afirmar que mi novia era inteligente.
Me ascendieron a doscientos pesos. Cierto es que doscientos pesos son más que
ciento cincuenta, pero el día que me ascendieron descubrí que con un poco de
paciencia se podía esperar otro ascenso más, y pasaron dos años. Mi novia puso
cara de "piola", y entonces con gesto digno de un héroe hice cuentas. Cuentas.
claras y más largas que las cuentas griegas que, según me han dicho, eran
interminables. Le demostré con el lápiz en una mano, el catálogo de los muebles
en otra y un presupuesto de Longobardi encima de la mesa, que era imposible
todo casorio sin un sueldo mínimo de trescientos pesos, cuando menos,
doscientos cincuenta. Casándose con doscientos cincuenta había que invitar con
masas podridas a los amigos.
Mi futura suegra escupía veneno. Sus ímpetus llevaban un ritmo mental
sumamente curioso, pues oscilaban entre el homicidio compuesto y el asesinato
simple. Al mismo tiempo que me sonreía con las mandíbulas, me daba puñaladas
con los ojos. Yo la miraba con la tierna mirada de un borracho consuetudinario que
espera "morir por su ideal". Mi novia, pobrecita, inclinaba la cabeza meditando en
las broncas intestinas, esas verdaderas batallas de conceptos forajidos que se
largan cuando el damnificado se encuentra ausente.
Al final se impuso el criterio del aumento. Mi suegra estuvo una semana en que se
moría y no se moría; luego resolvió martirizar a sus prójimos durante un tiempo
más y no se murió. Al contrario, parecía veinte años más joven que cuando la
conociera. Manifestó deseos de hacer un contrato treintanario por la casa que
ocupaba, propósito que me espeluznó. Dijo algo entre dientes que me sonó a esto:
"Le llevaré flores". Me imagino que su antojo de llevarme flores no llegaría hasta la
Chacarita. En fin, a todas luces mi futura suegra reveló la intención de vivir hasta
el día que me aumentaran el sueldo a mil pesos.
Llegó el otro aumento. Es decir, el aumento de setenta y cinco pesos.
Mi suegra me dijo en un tono que se podía conceptuar de irónico si no fuera
agresivo y amenazador:
-Supongo que no tendrá intención de esperar otro aumento.
Y cuando le iba a contestar estalló la revolución.
Casarse bajo un régimen revolucionario sería demostrar hasta la evidencia que se
está loco. O cuando menos que se tienen alteradas las facultades mentales.
Yo no me caso. Hoy se lo he dicho:

-No, señora, no me caso. Esperemos que el gobierno convoque a elecciones y a
que resuelva si se reforma la constitución o no. Una vez que el Congreso esté
constituido y que todas las instituciones marchen como deben yo no pondré
ningún inconveniente al cumplimiento de mis compromisos. Pero hasta tanto el
Gobierno Provisional no entregue el poder al Pueblo Soberano, yo tampoco
entregaré mi libertad. Además que pueden dejarme cesante.
Fuente: ARLT, ROBERTO, Aguafuertes porteñas. Buenos Aires, Futuro, 1950 (págs. 160-162)

LA CIGARRA - Enrique Banchs
Cuando hace sol y silencio y en la sombra de los emparrados tiemblan manchas
claras, canta un largo rato la cigarra.
Con su ruido de leño en el fuego, de alero viejo, de eje de carreta, la cigarra
sobresalta la paz del mediodía. Y la gente, que reposa, levanta la cabeza como si
oyese hablar a los árboles.
Nunca se la ve. Es la música escondida de las leyendas, la música del gnomo.
Uno se acerca al álamo, donde cree que suenan manojos de espigas agitadas y
no ve más que retoños, ramas nuevas, dos o tres hormigas y en lo alto, muy alto,
los puñados de nidos.
Porque el canto de la cigarra siempre está lejos. Delante o detrás, el canto de la
cigarra siempre está lejos. ¡Ay!, quien la quiera hallar siguiendo su canto, tiene
que caminar, caminar, como si fuera tras de la felicidad. Y quién sabe si antes no
encuentra a la felicidad, sentada en un mármol, con los dedos entrelazados sobre
la rodilla y tres o cuatro rosas cerca de sus plantas. Entretanto la cigarra, al oriente
o al poniente ¿quién lo sabría?, abre y cierra, poseída de un delirio, las alas
suaves y fuertes, como de seda y de oro.
Pero a veces, cuando ha hecho frío y uno espera ver un poco de escarcha
brillando sobre el césped al abrir la puerta en el desperezamiento de la mañana,
se suele encontrar alguna cigarra aterida, en el camino, debajo de algunas hojas
secas que la brisa ha juntado sobre su frágil cuerpecillo musical.
Quien la quiera vaya pronto por ella, pues ya se sabe que las últimas golondrinas
se llevan en el pico las cigarras que encuentran dormidas en el camino, para que
anuncien las vendimias en tierras de estío.
Pero si alguien las halla, las envuelve en un vellón y las lleva al amparo de un
calor, al rato despiertan y renuevan la canción que ha sosegado el frío, lo mismo
que se estuviesen en el árbol, desde el cual ven pasar los rebaños y los pastores
que golpean los cercos con sus bastones herrados.

Se detenía aquí y allá. junto a su hermana que lánguidamente hacía sollozar un piano. La cigarra había caído sobre su pecho. Un atardecer de verano se durmió un mendigo al pie de un árbol. el doctor Fausto recorría los anaqueles de su numerosa biblioteca. Algo se había estremecido afuera. Las ramas más bajas subían y bajaban acariciándole la frente.Adolfo Bioy Casares Esa noche de junio de 1540. Fuente: VEDIA. 149-150) LAS VISPERAS DE FAUSTO . como en una lejana juventud. magnolias a la luna. dándole a creer que estaba todavía. Miró hacía la ventana. como manos maternales sobre una cuna. .Entonces. 1964 (págs. Colocó el libro en el atril y se dispuso a leer. Éste era un viejo mendigo sin casa. apartó bruscamente la cortina. De lejana juventud lo ilusionaron. tomaba un volumen. Fausto dijo en voz baja: Un golpe de viento en el bosque. se metió entre sus ropas y la llevaba consigo. en la cámara de la torre. lo hojeaba nerviosamente. volvía a dejarlo. Se levantó. Al despertar el hombre pobre se alzó y caminó. También se metió entre sus ropas el árido olor cereal al cruzar un trigal. Por fin escogió los Memorabilia de Jenofonte. El mendigo la oyó pero no supo que la llevaba consigo. con el ruido igual al de las ramas que se mueven. Buenos Aires. Éste era un viejo mendigo solitario. La cigarra sintió latir el corazón del hombre pobre. a la hora en que se pone el mantel y se parte sobre la mesa el pan familiar. se oye de pronto que la casa se hace sonora y también los corazones. pero en las noches de verano es el cielo apacible y suave como un hogar de ancianos y mórbida la hierba susurrante. LEONIDAS DE. Y por la ventana se veían surtidores en la sombra. En eso la noche sacudió tres o cuatro pétalos de nieve. Y cantó al calor de su corazón. Enrique Banchs. Ya se sabe: el canto de la cigarra siempre está lejos. Ediciones Culturales Argentinas.. con Antología y apéndice de OSVALDO HORACIO DONDO. de una menuda nieve de fín de estío. Vio la noche. y cayó una cigarra. que los árboles agrandaban.. Unos sueños vagabundos le encontraron dormido y burláronse de él.

Fausto se acercó a la ventana y entreabrió la cortina. Además. Fausto juzgó que no debía exponerse a nada que pudiera turbar su ánimo o inteligencia. El plazo expiraba a media noche. atroz. Alejarse. murmuró Fausto y le pareció que agonizaba de esperanza. Wagner. Sin testigos. Nada me salvará. Fausto lo detuvo y. la mesa de trabajo. todo el amor. toda la esperanza y toda la tristeza del mundo. las once. todavía.Debajo de la mesa dormía Señor. Vete a dormir. En el camino a Finsterwalde vacilaba. la copa de vino del Rin y las tajadas de pan y comentó con aprobación risueña lo adicto que era su amo a ese refrigerio. Vio la habitación. me defenderé mejor. tomó unos sorbos de vino. El perro miró a su amo con ojos en que parecía arder. Fausto pensó en el infierno. he ahí lo imposible. El doctor la había reconocido. La inocente respiración del perro afirmaba. Con alguna vivacidad. No eran. con una plebeya afición por lo macabro. remota. el incidente podía causar en la imaginación de Wagner (y acaso también en la indefensa irracionalidad del perro) una impresión demasiado espantosa. Fausto pensó en la complaciente costumbre. la luz de un coche. Fausto oyó unos pasos en la escalera. ¡Huir en ese coche!. los íntimos volúmenes. Fausto pensó: No podrán defenderme. Veinticuatro años antes. se creyó seguro. Resolvió confiar en Wagner sus terrores. despertó a su perro. Wagner recogió en la bandeja el plato del pan y la copa y se acercó a la puerta. Los años habían corrido con celeridad." Fausto abrió la puerta. contestó una voz que el monosílabo no descubría. “yo". pero sintió alguna irritación y repitió la pregunta. Era una persona supersticiosa (creía en la magia). Reflexionó: Si no me alejo de Wagner y del perro no hay peligro. por lo truculento y por lo sentimental. Mientras Wagner explicaba. por un instante. a cambio de un invencible poder mágico. El reloj dio las once y media. Wagner. Luego recapacitó: Quién sabe los comentarios que haría. El criado entró con la bandeja. que el lugar era muy solitario y que esas breves pláticas lo ayudaban a pasar la noche. la necedad. Fausto hizo un ademán en dirección a Wagner. Después hubo como un cambio de tono en su pensamiento. El reloj dio las doce menos cuarto. la realidad del mundo. Preguntó: "¿Quién llama?" "Yo". Fausto levantó la mirada y continuó: Más vale estar solo cuando llegue Mefistófeles. En tono de asombro y de reproche contestó su criado: "Yo. -Ya es tarde. con mucha ternura. comió unos bocados de pan y. después. había vendido su alma al Diablo. tres golpes en la puerta. Cerró la puerta y miró a su alrededor. como una débil y oscura llama. Se dijo que no estaba tan solo. como tantas veces. que endulza y apresura la vida. El instinto le permitía ser vívido. y el criado y el perro salieron. tranquila y persuasiva como un amanecer. No había corcel bastante rápido ni camino bastante . Cuando el criado iba a llamar a Señor.

se preguntó. El ejecutor era un negro que había desafiado a otro forastero a una larga payada de contrapunto. como a la espera de alguien. seguía frecuentando la pulpería. Historia prodigiosa. las cosas cotidianas que ya no cambiaría nunca por otras. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil. llegar de nuevo a la hora terrible en que vendió el lama a Mefistófeles. Quedaba. pero aún quedaba mucha luz en el cielo. de fidelidad hacia la vida. a esta noche. Recabarren. La campana del reloj sonó. Quién sabe desde cuándo. refugiarse en el año 1440. A fuerza de apiadarnos de las desdichas de los héroes de las novelas concluimos apiadándonos con exceso de las desdichas propias.. ADOLFO. se deslizaba. Se pasaba las horas con la guitarra. o más atrás aún: postergar por doscientos años la ineludible medianoche. se dijo. quién sabe desde cuándo engañaba a Mefistófeles. hasta dar con un cencerro de bronce que había el pie del catre. pero. como si en vez de la noche encontrara el día en la ventana. se dilataban la llanura y la tarde.. pero no había vuelto a cantar. correrse una vez más al día del nacimiento. 1961 (págs. De la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra. Se imaginó al pasado como una tenebrosa región desconocida. se le había muerto bruscamente el lado derecho y había perdido el habla. Recobró poco a poco la realidad. si antes no estuve allí. concibió una huida hacia el pasado. el descanso. La gente ya se había acostumbrado a ese hombre inofensivo. Una o dos veces lo agitó. como un agua oculta. por fin. Afuera. no en la muerte. entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. ¿cómo puedo llegar ahora? ¿Cómo podía él introducir en el pasado un hecho nuevo? Vagamente recordó un verso de Agatón. Si nada podía modificar el pasado. había dormido. el poncho de lana ordinaria que le envolvía las piernas. citado por Aristóteles: Ni el mismo Zeus puede alterar lo que ya ocurrió. más allá de los barrotes de la ventana. Con valerosa indiferencia postergó hasta el último instante la resolución de huir o de quedar. pensó que en ella.Jorge Luis Borges Recabarren. venderla otra vez y cuando llegara. sin embargo. no . al acomodar unos tercios de yerba. al día siguiente. ¿Lo engañaba? ¿Esa interminable repetición de vidas ciegas no era su infierno? Fausto se sintió muy viejo y muy cansado. acaso la derrota lo había amargado. una escapatoria: Volver a nacer. tendido. representaba su vida de soberbia. Fuente: BIOY CASARES. de perdición y de terrores. no olvidaría ese contrapunto. todavía. patrón de la pulpería. Entonces. Su última reflexión fue. Emecé.. Buenos Aires.. Miró el reloj. esa infinita llanura que se prolongaba del otro lado de su nacimiento era inalcanzable para él. una suerte de pobrísimo laberinto que se enredaba y desataba infinitamente.largo. Con el brazo izquierdo tanteó. 165-168) EL FIN . del otro lado de la puerta seguían llegándole los modestos acordes. Faltaba poco para la medianoche. Vencido.

pero no la cara del hombre. Recabarren vio el chambergo. que. Les dije. Un lento acorde precedió la respuesta del negro: -Hizo bien. su mano izquierda jugó un rato con el cencerro.así el sufrido Recabarren. El chico. Hubo un silencio. Espero que los dejó con salud. el negro dijo con dulzura: -Ya sabía yo. El forastero. replicó: . -Ya me hice cargo -dijo el negro-. . La llanura. el largo poncho oscuro. pero lo oyó chistar. que el hombre no debe derramar la sangre del hombre. que venía. A unas doscientas varas dobló. que podía contar con usted. era casi abstracta. sujetó el galope y vino acercándose al trotecito. le dijo por señas que no. El otro.Y yo con vos. -Les di buenos concejos -declaró-. que aceptó la parálisis como antes había aceptado el rigor y las soledades de América. Recabarren le preguntó con los ojos si había algún parroquiano. Sin alzar los ojos del instrumento. El hombre postrado se quedó solo. bajo el último sol. Habituado a vivir en el presente. Los encontré ese día y no quise mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas. tal vez) entreabrió la perta. Un punto se agitó en el horizonte y creció hasta ser un jinete. Recabarren no lo vio más. atar el caballo al palenque y entrar con paso firme en la pulpería. que nunca están de más y no cuestan nada. Así no se parecerán a nosotros. señor. Una porción de días te hice esperar. Pidió una caña y la paladeó sin concluirla. con voz áspera. como los animales. pero aquí he venido. a la casa. ahora miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de lluvia. moreno. como si ejerciera un poder. Un chico de rasgos aindiados (hijo suyo. donde parecía buscar algo. como vista en un sueño. se rió de buena gana. El otro explicó sin apuro: -Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos. He esperado siete años. que se había sentado en el mostrador. el caballo moro. el negro respondió: -Me estoy esperando a esperar. taciturno. entre otras cosas. o parecía venir. el negro no contaba. Al fin. por fin. apearse.

caminando a la par. Se entreveraron y el acero filoso rayó y marcó la cara del negro. Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo. que penetró en el vientre. Se cuadró ante el negro y le dijo como cansado: -Dejá en paz la guitarra. se detuvieron y el forastero se quitó las espuelas. Ya estaban con el poncho en el antebrazo. -Con la luz que queda me basta . Los dos se encaminaron a la puerta. Desde su catre. Se alejaron un trecho de las casas. murmuró: -Tal vez en éste me vaya tan mal como en el primero. Lo que pasó es que andabas ganoso de llegar al segundo.replicó el otro. Recabarren vio el fin. Una embestida y el negro reculó. Cumplida su tarea de justiciero. otra vez. poniéndose de pie. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud. Acaso por primera vez en su diálogo... El otro contestó con seriedad: -En el primero no te fue mal. nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos. Inmóvil. Un lugar de la llanura era igual a otro y la luna resplandecía. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre. . Después vino otra que el pulpero no alcanzó a precisar y Fierro no se levantó. El negro. o lo entendemos pero es intraducible como una música. que hoy te espera otra clase de contrapunto.-Por lo menos a mí -dijo el forastero y añadió como si pensara en voz alta-: Mi destino ha querido que yo matara y ahora. perdió pie. amagó un hachazo a la cara y se tendió en una puñalada profunda. como si no lo oyera. sin mirar para atrás. cuando mató a mi hermano. como en aquel otro de hace siete años. me pone el cuchillo en la mano. al salir. De pronto se miraron. Su sangre lo sintió como un acicate. ahora no era nadie. Martín Fierro oyó el odio. cuando el negro dijo: -Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. El negro. el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña. observó: -Con el otoño se van acortando los días.

y durante varios minutos queda ese apéndice retorciéndose entre saltos. pues se ve en ella una bestezuela. hasta el látigo de su cola que se prolonga en un cordelito. la lagartija se trocó en una joya de oro y esmeraldas que entregó al indio diciéndole: . pidiéndole ayuda para remediarlas. Buenos Aires. Al contacto de esa mano milagrosa. hierática. y con voz de sentida angustia le narró sus penas. como si se asara. inmóvil. Hasta la piedra en que se asienta. entre las inocentes criaturas del Señor. 177-180) UNA LAGARTIJA . vegetal. Edición. lo corta de una dentellada. Emecé. es una pequeña deidad egipcia tallada primorosamente. la sierpe de su cuerpo. por semejarse a una ramita verde.. apéndice este que. en caso de peligro. en su aspecto de charco con verdín. Ficciones. y el fuego. como un espejo. y hondamente apenado por no poder aliviarla. Mientras rezaba mirando a su alrededor. acudió a él un indio menesteroso en demanda de algo con qué aplacar el hambre de su mujer y sus hijos. una lagartija se solea. Y también recuerda los cuatro antiguos elementos: la tierra. trocándola en reflejos y colores. Lo halló en el sendero. y alargó hacia ella su mano. Su traje de luces concentra el sol y los esmaltes de todo un verano. cerca de su morada. Estío. y al que todos los pobres de la región acudían en sus tribulaciones. los soportes de sus patas.Fuente: BORGES. y esa mirada del sol también la capta y. y su presencia habla de los tres reinos: animal. 3a. si se la apresa por él. El mismo sol parece mirarla fijamente. al sol. leída no recuerdo dónde y titulada La lagartija de esmeraldas: "Érase que se era un padrecito santo que moraba al pie de una sierra. sentíase conmovido por tanta miseria. desde el acucioso triángulo de su cabeza de ojos chispeantes. Toda ella es una obra de arte acabada y perfecta. tomándola suavemente. (págs. y así conmovido y apenado. El buen padrecito.Juan Burghi Mañana. como una lombriz recién desenterrada. El pedregal de la sierra parece crujir en el entendimiento de la lumbre. por parecer hecha de cobre y mica. logro de un artista mágico. la proyecta acrecentada. púsose a implorar la Gracia Divina.. el agua. Así. Sobre la plancha de una peña lisa. sus ojos se posaron en una lagartija que a su vera se soleaba. que por darlo todo nada tenía. Viendo esa talla inimitable. abandonándolo. en el espejo que la circunda. Recibe toda la luz y la re-crea. acude a mi mente una leyenda de tierras aztecas. gris y opaca. el aire vibrátil. en el vivo llamear de sus brillos. En una mañana como ésta. en su arcilla animada. contribuye a realzarla. JORGE LUIS. Resol. y mineral.

que correspondían al Pensador de Rodín y al Hotel España. y cuando su situación fue holgada. Obedeció el indio y. Zoología lírica. aquel objeto precioso vuelve a ser lo que antes había sido. tómela usted. como ellos. Ambos. José Enrique Tafas. el diálogo elevóse muy pronto a los temas del día. Bustos Domecq Anegada por la ola figurativa que retorna pujante. que pereció un 12 de octubre de 1964 bajo las aguas del Atlántico. no lo agrietó. a quien halló en el mismo sitio del primer encuentro. que algo te darán por ello. el recuerdo de cierta cariñosa mañana septembrina en que nos conociésemos. ebrios de mocedad. agazapada aún en la brocha. nos habíamos apersonados a ese emporio. depositándola con suavidad sobre un peñasco. Palabras de franqueza coronaron lo que ya inició la sonrisa. pensó que debía restituir al legítimo dueño aquella joya que de tanto provecho le había sido.H. Kapeluz. Con aire distraído la toma. y por el milagro de sus manos. y que Dios lo bendiga. en el quiosco que aún ostenta su gallarda silueta en la esquina sur de Bernardo de Irigoyen y Avenida de Mayo. Ya no la necesito. la circunstancia de que el uno fuera un ya sólido cuentista y el otro una promesa casi anónima. a una idéntica meta pero por trayectoria muy otra. años después.-Toma esto y ve a la ciudad y en alguna prendería empéñalo. Aquí le vuelvo esta joya que usted una vez me dio y que tanto me ha servido. en una hermosa mañana estival volvió con ella en busca del padrecito. 1971 (pags. peligra la estimable memoria de un valor argentino. que echa a andar lenta en dirección a su cueva. al constatar que mi nuevo amigo complementó su adquisición con la de otras dos cartulinas.. El viejecito nada recuerda ya. Cultores de las artes los dos. no sólo remedió su hambre y la de los suyos. aunque mucho más viejo y. compartida amistad. Ed. en el prestigioso balneario de Claromecó. Preservo en la memoria. entrambos insuflados de azur. JUAN. llegó. 2a. por una gentileza del azar. en lugar preferente. Sensible error fuera confundirlo con la perimida legión de pintores abstractos. una lagartija. Nuevamente. Tafas nos deja una rigurosa doctrina y una obra que lo esplende. de ser ello posible. -Padrecito querido -díjole el indio-. Desempeñándola. como bien pudiera temerse.. más pobre." Fuente: BURGHI. Muchas gracias. El nombre tutelar de Santiago Ginzberg. que con ella acaso pueda socorrer a otro. 115-117) UN PINCEL NUESTRO: TAFAS . con lo obtenido. No ocultaré que me acució la curiosidad. Buenos Aires. maduro sólo de pincel. Ahogado joven. ofició . en busca de la misma tarjeta postal del café Tortoni en colores. sino que pudo comprar alguna hacienda que luego prosperó. La coincidencia fue factor decisivo.

con quien se comparte en el bar un sapo de cerveza. con el nombre correcto. fagocitemos bien la tradición antes de tirarla a los chanchos. que se disponía a captar en el Norte. para que los cuadritos devinieran enteramente negros. pero el candidato previamente debe probar que los conoce al dedillo. un gran mural de motivos indígenas. sin infringir el reglamento de Alá? Al fin y al cabo dio en la tecla. las borró con miga de pan y con el agua de la canilla. los precios no eran uniformes.de primer cabeza de puente. Crónicas de Bustos Domecq. que no transigían con los títulos. bellísima persona. lo sometería al betún. el Museo de Bellas Artes se apuntó un poroto. Un portavoz procedente de la provincia de Córdoba le había inculcado que. de la obra borrada. por un importe global que dejó sin habla al contribuyente. Losada. Como dijo Lumbeira. lo domina y puede cumplir con las reglas como cualquier maestro. nos consta. Desde luego. Romper los viejos moldes es la voz de orden de los siglos actuales. asimiló tan sanas palabras y las puso en práctica como sigue. eso sí.. que copiaban hoteles. volátil. Fue en aquel entonces que Tafas. Tercio. los escorzos. de rotular a cada uno de los engendros. Preparaba. para innovar en un arte. de facciones. de pájaros. dentro de un clima de respeto. ya que su padre vino a estas playas enroscado en una alfombra. me trató de aclarar lo que él se proponía en el caballete. confiterías. Hormiguearían luego la anécdota crítica de algún figurón del momento y a la postre. etcétera. queda formalmente prohibida la pintura de caras. con fidelidad fotográfica pintó vistas porteñas. 2a ed. Secundo. Primo. la discusión alígera. y en la muestra usted podía leer Café Tortoni o Quiosco de las postales. tras imponerse de su remoto origen musulmano. de personas. Me dijo que en el "Alcorán de Mahoma". Tal es la obra de Tafas. encarados por sendos sapos de cerveza espumada. Todo. ADOLFO. hay que demostrar a las claras que uno. 1968 (págs. de tópicos eternos. ni siquiera al amigo de toda hora. No se las mostró a nadie. variaban según el detallado cromático. correspondientes a un reducido perímetro de la urbe. la composición. quioscos y estatuas. Buenos Aires. Nos citamos para el otro domingo en la confitería El Tren Mixto. y que una vez pintado. que habían quedado iguales y retintos. Ante la protesta formal de los grupos abstractos. Tuvo el escrúpulo. Tafas. como quien dice. La crítica de los órganos de opinión propendió al elogio. ¿Cómo poner en marcha pincel y pomo. adquiriendo tres de los once. les dio una mano de betún. de becerros y de otros seres vivos. pero Fulano prefería un cuadro y Mengano el de más allá. para no decir nada de los rusos de la calle Junín. ¡Lástima grande que la muerte en el agua nos privara a los argentinos de ese opus! Fuente: BORGES. JORGE LUIS y BIOY CASARES. 109-111) .

Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea. porque el tramo siguiente nos lleva a las cloacas mayores de la ciudad.PERDIDA Y RECUPERACIÓN DEL PELO . todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería. hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal. y exploraremos las galerías menores y mayores. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros. Luego de comprar un traje especial. se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja. pero esto significa un esfuerzo mayor. clasifiquen y nos traigan los pelos posibles a fin de alcanzar la deseada certidumbre. y durante meses viviremos rodeados de palanganas y otros recipientes llenos de pelos mojados.Julio Cortázar Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles. Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos. pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor. y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño. entraremos en una etapa mucho más vaga y complicada. Si no aparece. Sin malgastar un instante. Si el pelo no aparece. hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo. porque encontraremos (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos. hacerle un nudo en el medio. y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. acabaremos casi siempre por comprobar que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún silicato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia contra una superficie húmeda. pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en el medio sin intervención de mano humana. separen. Si no se lo encuentra. bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista. La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna del las rugosidades del caño. y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo. mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza. así como de asistentes y mendigos a los que pagaremos generosamente para que lo busquen. armados de una linterna poderosa y una máscara de oxígeno. Llegará el día en que podamos romper los caños de todos los departamentos. aprenderemos a deslizarnos por las alcantarillas a altas horas de la noche. ayudados si es posible por individuos del hampa con quienes habremos trabado relación y a los que tendremos que dar gran parte del dinero que de día ganamos en un ministerio o casa de comercio. Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías .

pero elegantes. El jefe de estación. que todo maestro consciente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia. como si el rodar fuera cariño en los lúbricos rieles.menores y mayores. pues mi esposa me enviaba un telegrama anunciándolas. Basta pensar en la alegría que eso nos produciría. la reunión torrentosa de los detritus en la que ningún dinero. o en la primera cañería subterránea. Yo pugnaba por encontrar un terror infantil (pues los tuve). y también de buenas carteras de escolares y libros. Esto hasta la primera parada: Haedo. puede suceder que encontremos el pelo.. Yo iba a comprar algo por encargo de mi madre. en una de las resplandecientes tiendas que tiene Liniers. 1968 (págs. Historias de cronopios y de famas. en esa parada tan abundante en tiempo presente. 4 a ed. ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda. como soy muy ágil. en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte. ninguna barca. cuando Ramos Mejía me ofreció una calle asombrosa y romántica. Fuente: CORTAZAR. acudió para decirme que aguardara buenas nuevas. que ofrece el ferrocarril del Oeste. El tren se retardaba tanto que encontré en mi memoria un olor maternal: leche calentada. Ya salíamos de la iglesia del pueblo. Me despedí y. lo alcancé. para justificar. Pero antes de eso. Fui a dar a Ciudadela. a la altura del departamento del segundo piso. alcohol encendido. pero venía moroso. 42-44) TREN . que fuera anterior al recuerdo de la leche calentada y del alcohol. pude ser alcanzado por mi esposa que traía los mellizos vestidos con ropas caseras. En seguida alcanzamos el mismo tren en que íbamos y que se . donde mis esfuerzos querían horadar un pasado quizá imposible de resucitar en el recuerdo. en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada. JULIO. Allí. Allí mismo me casé. como sensible al paisaje.Santiago Dabove El tren era el de todos los días a la tardecita. y me puse a atrapar el recuerdo más antiguo. el tren proseguía el viaje. Era suave el momento. Subí. En eso llegamos a Liniers. para escoger. hasta llegar a ese sitio donde ya nadie se decidiría a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río. y quizá mucho antes. que era amigo. cuando oí tocar la campana. los proveímos de ropas standard. casi andaluz. Bajamos y. después de visitar y conocer a sus padres y al patio de su casa. para exigir prácticamente una tarea semejante. Después recordé mis juegos pueriles y ya iba hacia la adolescencia. Minotauro. por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo. el primero de mi vida. Buenos Aires. con su niña dispuesta al noviazgo.

se puso en comunicación telegráfica con el de Flores. junto con mi cuerpo. porqué antes había un tren descargando leche. desde los empleos hasta los decretos. me enteré que habían demolido hacía tiempo la casa de la "Compañía de Seguros". enterramos a mi mujer en el cementerio de Flores. EL JUEZ . dijo mi madre. gustaba de ver a mis hijos tan floridos y robustos hablando de foot-ball y haciendo los chistes que la juventud cree inaugurar. El jefe de la estación de Liniers. pensando en mis pobres chicos huérfanos y en mi esposa difunta. Fuí a dar al follaje de un árbol coposo. La bandada de recuerdos. ya en el piso veinticinco. busqué furioso una ventana y me arrojé a la calle. 137138) ¿EL PRIMER CUENTO DE KAFKA? . al tiempo que hacía un ademán de amenaza cómica: "Tienes cabeza de pájaro". que en idioma alemán se editó en Praga bajo la dirección de Otto Gauss y Andrea Brezina. Me dijeron que era un ministerio donde todo era inseguridad. se dispersó en recuerdos. Me bajé atribulado. pero. No encontré el lugar. que ya se iba a estrellar. Pero en Flores me aguardaba lo inconcebible. Fuente:DABOVE. sin poder enterar de nada a mis hijos. 1961 (págs. donde trabajaba. fui como un sonámbulo a la "Compañía de Seguros". Me metí en un ascensor y. y una sencilla cruz de hierro nombra e indica el lugar de su detención invisible. "¿A que no recordaste lo que te encargué?". una demora por un choque con vagones y un accidente en un paso a nivel. Preguntando a los más ancianos de las inmediaciones. cuyo autor oculta o deja entrever su nombre detrás de la inicial K. Mi mujer se quedó en Liniers. En su lugar se erigía un edificio de veinticinco pisos. Mi carne. todavía encontramos el tren que nos acompañara en tan felices y aciagas andanzas. SANTIAGO. 7) un cuento titulado El juez.había demorado mucho. Cuando volvimos a Flores. de hojas y ramas como de higuera algodonada. llegó hasta mi madre.Marco Denevi Entre 1895 y 1901 medió la existencia de la revista literaria Der Wanderer (El viajero). donde estaba la escuela. Buenos Aires. Mi mujer había muerto. a quienes había mandado adelante para que bajaran en Caballito. Alcándara. La muerte y su traje. y el cortejo fúnebre trataría de alcanzar el tren que estaba detenido en esta última estación. Por la atmósfera del cuento y por esa letra (que será más tarde el nombre de los protagonistas de El proceso y de El castillo) se me ha ocurrido la idea de que se trata del primer cuento de un Kafka de quince años. En compañía de unos parientes y allegados. que me conocía. Me despedí en el Once de mis parientes políticos y. ya en el tren. Me anunciaban malas noticias. El número correspondiente a diciembre de 1896 incluye (pág.

Además. ¿No será el mío? Pero ahora yo soy el juez y firmo las sentencias. mi secretario (un joven muy meritorio) me hizo firmar una sentencia (las sentencias las redacta él) donde condeno a un testigo renitente. Un ordenanza me trae la comida. ¿que he de hacerle? Soy el juez. in absentia. Balbuceé palabras de agradecimiento. -¿Qué será de mi bella esposa? suspiraba-. He engordado: la vida sedentaria. Hombres con portafolios bajo el brazo corrían de un lugar para otro y hablaban un leguaje cifrado en el que a cada rato aparecían las palabras como in situ. junto a cada puerta. Los pasillos eran fríos y oscuros. Al cabo de un año pasé a desempeñarme en la trastienda de aquella habitación. Fatigado de vagabundear por aquel laberinto. Así se ahorra. ya no podían leerse. cada vez que entra a mi despacho. le dije. Fui progresando. los sobres que me hacen llegar los hombres de los portafolios son más abultados que antes.en calidad de testigo. me saludaban cortésmente. Me atendió un joven con chaqueta de lustrina. Después me aburrí y. Intenté detener a los hombres de los portafolios y pedirles que me orientaran. Tomó la costumbre de hacerme confidencias. Estoy tan satisfecho con usted. se usa siempre la misma ropa. Todas las puertas eran iguales y. verduras y una manzana. prudentemente.me dijo-. incluye una multa e inhabilitación para servir de testigo de cargo o de descargo. abrí una puerta y entré. había chapas de bronce cuyas inscripciones. pero se me antojó que no me escuchaba. Fuente: DENEVI.Cuando fui citado a comparecer -como decía la cédula de notificación. pero ellos me miraban coléricos. Pero unos disfruta de otras ventajas: que haga frío o calor. algunos me dejaban sobrecitos con dinero. y yo lo reemplacé. Presumo que no es el mismo que me atendió el primer día. Allí me senté en un escritorio y empecé a garabatear sentencias. cinco o seis días. Los hombres de los portafolios me conocían. Falsificaciones. a quo. La condena. Veo poco: la luz artificial. ¿Vivirá aún? ¿ Y mis hijos? El mayor andará ya por los veinte años. Me contestó: Tendrá que esperar su turno. me contestaban: in situ. muy orgulloso. 1966 (págs. Todo el mundo me llama Usía. Desde entonces soy el juez. ut retro. mi familia. Al poco tiempo ya sabía distinguir los expedientes. fatiga la vista. Duermo sobre un sofá. que he decidido nombrarlo mi secretario. simplemente. K. Pero. Eudeba. Esperé. pero se le parece extraordinariamente. He adquirido prestigio y cultura. ¡Cuántas puertas. a quo. Buenos Aires. A veces añoro mi casa. comencé a ayudar al joven de chaqueta de lustrina. desapareció). Me dijeron: a los fondos. la misma que le traía a mi antecesor: carne. gastadas por el tiempo. MARCO. Era un hombre gordísimo. entré por primera vez en el Palacio de Justicia. Ayer. Algún tiempo después este hombre melancólico murió. Soy el testigo. siempre a los fondos. -Joven. que en un principio me habían parecido idénticos unos a otros. Un día el juez me llamó. En ciertas oportunidades (por ejemplo en Navidad) no resulta agradable permanecer dentro del Palacio. El cuarto de baño es un poco estrecho. creo (o. día y noche. El joven de saco de lustrina. me hace una reverencia. miope y tan pálido que la cara sólo se le veía en la oscuridad. cuántos corredores! Pregunté dónde estaba el juzgado que me había enviado la citación. tanto como para distraerme. ut retro. 13-15) . El nombre me parece vagamente conocido.

pues ocurrió hace diez o más años. no. Una corriente inmigratoria dotada de alguna experiencia de otros mundos nos hizo notar que. siendo para una mujer la desinsectización sinónimo de limpieza. Temblaban nuestros abuelos porque la dueña de casa anunciaba.PERO UNO PUDO . que de esta manera constituimos lo que el hombre puede llamar una sociedad estacionaria o retrógrada. Tal vez. la corriente inmigratoria -que a poco se asimilaría al nosotros genérico. asimismo. pero es que estamos cansados de seguir ciegamente su ejemplo. el de cada uno. precisamente. Nosotros sólo queremos vivir. Ni aunque se nos llamase elefantes o monos sabios conseguirían algo de nosotros. Eso conduce periódicamente a la muerte en masa. Por eso somos tan diferentes de los seres humanos. sino el de la especie. no era preciso asustarse de esa mujer. Pero tampoco eso puede preocuparnos. Por lo menos. no ya. Después de todo. lo que ocurrió en los lejanos tiempos. porque. ni siquiera una excitación orgullosa. a veces. la desinsectización de las plantas. sin dejar de creer que sea posible. no. Distribuidos por partes iguales se sufren menos y se gozan más. que si al expresarnos prescindimos de todas las formas del singular no es porque asumamos rango de majestades. El repetirse de las acciones y los pensamientos. piojillos de las plantas. Lo único que deseamos es vivir. Ni siquiera sabemos nuestro nombre. No negamos. así lo entendemos nosotros. de día en día. Como respondiéramos que mujeres hay que no son limpias ellas mismas pero sin embargo viven afanadas limpiando el hogar. por la abolición de lo personal. ni siquiera el que se nos dé en otros países. nosotros somos animales. . que nuestra paz viene a ser semejante a la de las araucarias petrificadas. Se nos llama. El bien y el mal. Algo de esto contiene. vivir en paz.nos hizo observar que esa mujer no sólo no se limpiaba ella sino que nunca limpiaba los pisos y que los pañales de la hija eran repugnantes. y no la muerte. el encontrar que ya hubo quien lo haga o en otra parte hay quien lo hace o puede hacerlo idénticamente es tan depresivo que sólo la vanidad puede impedir el suicidio. y éste no ha de ser el nombre científico. a la angustia constante de los esclarecidos y al dolor de los vencidos y los menos dotados.Antonio Di Benedetto Sabemos de esto por la tradición oral que viene de nuestros remotos antepasados. tal vez. sino porque todo lo nuestro es plural. por ser ella poco y nada higiénica. Se nos dirá. lo bueno y lo malo son fatales e incontrastables. Hemos de advertir. siendo como es posible que sólo seamos distintos de algunos determinados. nos parece harto difícil la individualidad. No lo hacía. Ésta es una diferencia con los hombres. claro está que no de todos. pero al marido y a todas las visitas les decía que iba a hacerlo.

como olvidado de que no se puede y bien pudo aprenderlo cuando por sí mismo buscó mujer. las rocía con agual y va así de planta en planta. . Y nosotros. Las coloca en la tierra de los cancos. engañosas como su aparente transparencia. Ha vuelto y está allí. a la desinsectización de su matrimonio. le gritamos. egoístamente. ahora. sin que. generalice diciendo que todos. Fuente: DI BENEDETTO. porque es de piedra y carece de plantas. despavoridos. buscando por si solo. Ha vuelto hace días y está de reparaciones. por suerte. Ed. curé mi vida y la tuya. que la muerte viene. para gloria de nuestro credo. Así como curo las plantas. es claro. como él. denodada. un prolijo descuido a cargo de los parientes. ANTONIO. pueden hacerlo: -Hago. De tal modo llegó para nosotros la era próspera. 1953 (págs. quizás. sordas o francas. . *** Pero él ha vuelto y la hija. memorable para nuestra familia. de regreso del colegio religioso. . de ordenamiento. que ya. la belleza de la vida. Mendoza.Quizás esto mismo fue lo que decidió al marido. 25-28) . en su error. vino para la nuestra. -Hago mi felicidad. . absorto y radiante a la vez. 8a. hija. sintiendo que el veneno viene. no usa pañales. gritamos. enfrentándolo con su crimen de hoy y con su crimen del pasado: -¡Asesino! Pero él continúa. la belleza de nuestra vida. con su concepción tan distinta de la nuestra. aunque no el abandono total. Mundo animal. también está aquí. se oye menos que el choque del viento en una nube. con unas piedras azules. Muchas veces escuchamos sus amenazas. acusadores y clamantes: -¡Asesino! ¡Asesino! ¡Asesino. pero jamás nos atrevimos a contarlas en nuestro tesoro de esperanzas. ! Pero nuestra voz. como un curso de lava ascendente. fiera. disponiendo la muerte para nosotros y conversando descuidadamente con la niña. Hasta que el marido procedió un día. hija. Después. Nosotros. con el consiguiente traslado de él a una casa inhabitable.

Yo también era amigo de Tito y fui a verlo por última vez. -¡La pobre Julia! -clamaban. Por eso resolví aplazar la visita. que lo había querido sin antes. cerradas a pura persiana con las mirillas en alto. llevado primero por otra mujer que por la muerte. Luego entró la muerte en la casa y el hombre quedó yerto. Allí estaba la mujer que Tito había cortejado antes de prendarse de la otra. los documentos amarillos que atestiguaban su buen linaje. religiosamente quieta. tal vez renovara el dolor de la pérdida de un hombre. Todos los detalles del velorio rivalizaban por señalarle la magnitud de su pérdida: el ataúd dilatado. y como es natural no tardaron en enzarzarse en una discusión política. como un raspón a contrapelo. Venían llorando. tras de taponarse los ojos con el pañuelo. Quedé en el patio.Guillermo Estrella Se casaron y los esponsales fueron para ellos. formándole el cortejo de la desgracia. con un no sé qué extemporáneo acento de desafío: "¡Tito! ¡Tito mío! ¡Mío solamente!" Supuse que se disponían a dirigirse a la pieza mortuoria y quise evitar el encuentro. tomar café o ver primero al muerto? Opté por el café. y entraban en montón de negro a las habitaciones. uno de esos parientes que nunca faltan. Quizá sintiera en el fondo de la entraña una íntima viudez. escuchando la conversación de un grupo de hombres. como un sueño de cánticos y perfume. Al entrar. y sin silencio. doloridamente. Empiezan por darme una infinita sensación de desamparo y terminan por parecerme terriblemente cargosas. amigas de tes y bailes. la presencia de un desconocido que venía a saldar a su modo. allí estaba la que lo había adorado en silencio. sobreexcitadas desde el zaguán por el ambiente tétrico de la pompa mortuoria. que habían asistido al noviazgo de los dos. permanecía con la mirada perdida. me cerró el paso: -¿Qué prefiere usted. Venía de ese punto un confuso lamentar entrecortado y cuando los elogios de las mujeres subían de punto. he ahí que surgía repentinamente la voz de la viuda. y dejó caer las palabras antes de seguir: . Pasó la viuda hacia la cámara del velorio sostenida por amigas de confianza y pasaron otras llorosas más. En su mayoría eran jóvenes. La viuda deliró de dolor. Julio me saludó al pasar. Una que otra. allí estaba la fea. un ignorado acto de bondad. para que cupiera el ancho cuerpo varonil. sin después. Eran todos de la misma oficina. Siempre he odiado el espectáculo de las mujeres llorando. Una convulsión de sollozos.LOS OJOS . Las amigas acudieron en masa. Y no estuve desacertado en quedarme allí. llegaba desde las estancias vecinas.

Apenas pisado el umbral. es decir. pero en Buenos Aires. donde. que las mujeres tuvieran que componerse hasta para ver a un hombre muerto? Llegué bruscamente a la estancia. como me lo han preguntado algunos. en Córdoba. que es hasta donde lo conozco y soy su amigo. pasé por entre el grupo de mujeres y me arrimé al ataúd. un detalle me proporcionó la clave de la insensata frivolidad femenina. componían el cabello con gesto rapidísimo y certero. hay un abogado más alto de estatura que los otros. hasta la altura de los hombros. hay el abogado más alto del mundo. Pues bien. la siguiente información. en su estuche de caoba! Y comprendí el significado del gran grito de antes. ¿Sería posible. el grito que tenía un extraño. no tenéis idea de la preocupación que pesaba sobre Buenos Aires cuando este . que se repetía ahora como una contestación a todas las mujeres. ¡Si hasta parecía que echaban de menos la polvera! Algo se escandalizó dentro de mí mismo.-¡Está tan natural! Comenzaron a entrar en la lúgubre estancia. Al mirar hacia adentro. Es tan alto que podría su cabeza tropezar con su propio sombrero puesto. y otros cuentos. las mujeres se erguían rápidamente. por falta de costumbre. aunque yo no lo acompañe en la demasía hacia arriba. ¡El cadáver tenía los ojos abiertos. El dueño del incendio. Pero no se dude por esto de que con los pies llega hasta el suelo. por la elevación sobre el nivel del mar. gratuitamente. gran amigo mío y muy buen compañero. a los viajeros de Buenos Aires el piso les llega hasta las rodillas. Buenos Aires. he podido abrirme paso y he comprado. ¡Dios mío!. 1929 (págs. pero aquello me fue patente en esos momentos. Es un caballero y debe ser bueno. es allí donde comienza nuestra amistad y la posibilidad de entendernos. 23-26) BOLETERÍA Fernández DE LA GRATUIDAD - Macedonio No obstante lo muy concurrida que está siempre esta deliciosa boletería. se secaban los ojos. fantástico. excluyente acento de desafío: "¡Mío! ¡Solamente mío!" Allí había algo más que una pena. aunque nadie lo haya gestionado. GUILLERMO. donde el suelo muy bajo favorece las estaturas. Dios me perdone si vi mal. Fuente: ESTRELLA. Babel. que os doy a precio de costo: en todas las ciudades. Y entonces vi la cosa.

la mesa de billar. . contra la pared. Siempre hay muchos carteles. el piso de tablas anchas se ha oscurecido debajo de las mesas de hierro y del rectángulo del billar. coincidencia no casual. beben lo mismo. Así se alteran las cosas con el tiempo. contra el rincón. otro día tendremos para rebatir esto. miscelánea. Poemas. 1966 (págs. con una misión por dos días. Así que cuando me encontré con el doctor N. pintadas y con flores en el pelo. a él vamos todas las tardes y todas las noches: son las únicas reuniones del pueblo. partía del centro hacia la estación ferroviaria. la última. Bajo la lámpara central de pantalla verde. mi fatiga para recobrar pie me hubiera impedido especificar explicaciones. el pizarrón ha desaparecido del muro. los tacos y las bolas de marfil.Juan Carlos Ghiano Es el único café del pueblo. Otros insinuaron aquí que yo tuve la habilidad de que mi último hotel fuera el más próximo a la estación y al agotamiento de mis recursos pecuniarios.abogado crecía (fue él quien me mandó a Córdoba en 1900. a mi vuelta. Me los sé todos de memoria. anuncios de circos. pero como todos ellos estaban en Córdoba yo telegrafiaba: "No puedo regresar porque todavía estoy en Córdoba". Esta noticia fue confirmada hasta la seguridad. y llegó a mí en Córdoba cuando yo me hallaba casi a punto de aprender a usar el suelo cerca de las suelas. Fuente: FERNÁNDEZ. se sientan hombres con muJeres vergonzosas. de cigarrillos. Como yo vivía en la preocupación de que llegaría un momento en que se haría imposible escalar la amistad y el trato con mi amigo. MECEDONIO. empezada a nivel. La línea de hoteles que yo había escogido para acreditar con sucesivas traslaciones mi propósito de regreso. cuatro a la derecha. pudo concebir la idea de mandar abogados a Córdoba. entre los treinta y dos que me había quedado) y no comprenderéis la emoción de alivio que corrió en nuestra capital cuando los telegramas de los diarios serios anunciaron que "el doctor N. debajo del espejo. mi alegría fue tan fuerte que cambié por séptima vez de hotel en Córdoba y me olvidé de diversos pagos prescriptibles. salidas de buques. cinco a la izquierda. conversan las mismas cosas. los que yo le di a elegir. Durante un mes no podía estar conversando con nadie sin hundirme en la conversación. Los parroquianos llegan a la misma hora. del lado de la puerta. cuentos. al encontrarme de nuevo con un suelo tan bajo. Buenos Aires. Papeles de Recienvenido. en la cuadra de casa. en Buenos Aires no necesité darle ninguna explicación. ha cesado desde esta mañana de crecer". Siempre hay nueve mesas. Centro Editor de América Latina. Han dicho algunos que sólo una cabeza tan cerca de las nubes como la del doctor N. Por otra parte. y la tarea de bajarme las rodillas para no quedarme en el aire me imposibilitaba toda atención y cortesía. Relatos. Se entra por una puerta de vidrios verdes. 37-39) LA ESQUINA .

de las que antes se ponían a los muertos. en otra mesa jugaban un tute. . Había lloviznado toda la tarde. El mozo le preguntó: -¿Espera a alguien? Esos hombres no contestan. se limpió la boca con el dorso de la mano. el cuerpo sobre la vereda y la cabeza colgando en la cuneta. Desde la puerta había vuelto a mirar la hora. Sin sacarse el sombrero. Se van y vienen. Yo estaba con dos amigos. las bebió de golpe. tenía los brazos doblados. *** Cruzado en la esquina. dejó caer un peso en el mostrador y salió. Apenas pasadas las ocho. cada uno a su casa. Salimos a las ocho y cuarto. los zapatos eran negros y las medias blancas. la tardecita del 7 de abril. volvió a pedir caña y la bebió con frío. El agua no acababa de limpiarle la cara y los ojos abiertos. el sombrero al ladito nomás. Entró solo.Allí lo vi por vez primera. ¿De dónde vendría el hombre? Nuevo en el poblado. la piel tensa que se ponía azulada. vi las hojas secas pegadas a la vereda y el empedrado brilloso. arrastrando los pasos sobre el aserrín grueso que cubría el piso. dieron vuelta el cadáver. Eran las ocho: había vuelto a mirar el reloj. dejándolo cara a la llovizna. boca abajo. La corbata roja se le había ensuciado en el barro. A las ocho menos cinco miró el reloj que cuelga sobre la estantería de las botellas. hombres solos por los pueblos. las manos como para agarrarse en algo. Cuando vino la policía. hombres que no se ven más. las tardes de lluvia. El farol temblaba en el cielo ceniza caído sobre el pueblo. cuando abrió la puerta. Ninguno lo conocía. se acercó al mostrador y pidió un café y una caña. herido de cuchillo en la espalda. Me acuerdo bien. secándose las manos mojadas. como siempre. el pueblo siempre igual. el traje azul se le pegaba al cuerpo. el pelo renegrido cargado de gomina. allí estaba. en la esquina esperaba una rubia. y solo.

Fuente: GHIANO. y la noche estaba conmigo. Me fui a comer sin olvidarlo. el café de todos los días y la esquina de mi casa.En los bolsillos del saco encontraron seis billetes de cinco. qué disparate! -¿Y para qué lo trae? -Para que lo comamos en el almuerzo -dijo el cazador. 1949 (págs. que suelen verse como pegados en las grandes piedras de nuestros arroyos y a los que nadie molesta por ser "pato hediondo". *** A las diez volví a la esquina. -¡Puff. Sí. hombre visto en dos lugares. sobre todo. se apretaban la nariz y mirábanse a los lados. ni pañuelos con inicial. Un perro lanudo lamía con insistencia los coágulos de sangre. el pago hediondo! -¡Solamente a usted se le puede ocurrir matar un pato hediondo! -Dios mío. y una exclamación. hizo vibrar el aire. ni tarjetas. en ninguna fonda ni pensión. 107-110) PATO HEDIONDO . Todas las manos se dirigieron hacia él. pero las mujeres. el ángel amarillo de la esquina. ni papeles. Buenos Aires. a quien yo mucho quería. Me santigüé. Nadie en el pueblo sabía su nombre. mató en sus andanzas cinegéticas uno de esos patos negros de cuerpo aplastado y cabeza de víbora. de pronto se marchó. observador y filósofo por temperamento. fue recibido con ruidosa hilaridad: la gente reía a carcajadas. Historias de finados y traidores. . Botella al Mar. alguien disculpaba el error del cazador. de espíritu analítico y sagaz. mezcla de terror y asco. Cuando nuestro hombre llegó con su pato a la linda casa en donde se hospedaba. unos níqueles.Martin Gil Un cazador de ocasión. JUAN CARLOS. tres de un peso. Lo estaba guiando el roce de unas plumas mojadas. como dispuestas a huir.

-¡Vamos a ver. el pescuezo en forma de interrogante. La cocinera se apoderó del pato. no sería yo quien viene a probar esta delicia allá a los setenta años. haciendo crujir el trinchante contra la chaira-. Cuando en medio del almuerzo apareció la sirvienta con el pobre animal tendido de lomo sobre una gran fuente de porcelana floreada.! -Pues entonces probémoslo. los prejuicios! -prosiguió el abuelo. y no me refiero al pato. chupeteando un ala con fruición. -¡Delicioso! -exclamó la señora. hombre! ¡Cómo quiere. en todas las caras relampagueaban risas ocultas. las canillas tiesas y envueltas en papel picado. ¡Vean no más las consecuencias de un prejuicio! -dijo. un profundo silencio reinó en el comedor. prontas a estallar como bombas al primer contacto. y en último caso que me lo preparen para mí: experimentaremos -dijo el cazador. y la hoja reluciente del cuchillo se hundió silenciosa en el cuerpo del pato. en plena lucha con un muslo.agregó. díganme con calma.. comprimidas. Sea por imitación o por lo que se quiera. y haciendo chasquir su labio caído y embadurnado de aceite-. -La verdad es que no se siente ningún mal olor -replicó la señora dueña de casa.refunfuño el viejo abuelo. discos de tomates rojos y redondelas de huevos. cuando un estornudo es capaz de hacerme volar los pocos dientes que en mi boca bailan la danza macabra. Quien se anime a comer esto. . buscando con afán sus coyunturas. -Pero ¿quién habrá sido el bruto que se le ocurrió llamarle pato hediondo? .-Pero. ¡Ah. meneando la cabeza y haciendo correr por sus labios el ala del pato a estilo de flauta. parodiando calzones..Si no hubiera sido ese animal. pero alcanzando el plato para que la sirvieran. con cierta indecisión. traigan para aquí ese animal! -dijo el interesado. Sin embargo. -¡Espléndido! ¡Riquísimo! -dijeron todos en coro. engalanado con brillante lechuga. señoras y señores. el hecho es que todos siguieron el ejemplo de la valiente dama y probaron el pato. que avise. y las alas contraídas y rígidas. caballeros? -¡No. ¿han probado alguna vez un pato hediondo? -¿Nosotras? ¡Sólo que estuviéramos locas de remate! -¿Y ustedes.

sus grandes ruedas motrices se resuelven en el mismo sitio sin avanzar un palmo.han hecho y hacen más daño a la humanidad que todas las tiranías. si ése es un loco! (O bien puede decir un beato. no se descuide con los chelcos. Se oye el golpe seco y sucesivo de los vagones que vienen llegando: el tren se ha detenido. -Si va usted a las sierras. son el jabón que detiene la marcha de ese tren que llamaremos progreso. . un fanático. que imposibilita todo movimiento. un incrédulo. pues. mil veces. En la gran laguna. producen el efecto del jabón en el rail: la locomotora llega haciendo retemblar la tierra..-Los prejuicios. ¿De qué se trata? Simplemente de un poco de jabón extendido sobre los rails. Pato hediondo. -¿Que obra es la que usted conoce de ese loco? -¿Yo? Ninguna -¿Y entonces. resoplando y arrojando a borbotones fuego. más o menos turbia. con todas sus variaciones y corolarios -agregó un comensal. peor que la de la víbora: pregunte usted a cualquiera y verá. no se puede uno mover sin que vuelen por bandadas los patos hediondos. pero de pronto la veis titubear como espantada. El monstruo gime envuelto en una nube. los patos hediondos. -¿Ha leído usted a tal autor? -¿Yo? ¡Pero. nada puede impedir su paso. según el cliente interrogado. toda acción. su mordedura es terrible. le prevengo. semejando los brazos de un náufrago. todo pensamiento. mi amigo. Las preocupaciones sin fundamento. dice? -Sí. En el camino de la vida. pero todo el mundo dice que es un loco. perforando el aire con sus conos blancos. un impulso platónico la anima. duchas de vapor abren silbando las válvulas y se arrojan al espacio..) -¿Un loco. pero tan resistente.? -Sí. los prejuicios. sus largas y brillantes palancas accionan con desesperación. vapor y humo. usted sabe. Ellos envuelven al hombre en una malla casi imperceptible. es decir. denominada sociedad.

Los comentarios. De nada sirve que nos tapemos las orejas. y no contento de enterarnos de sus mezquindades. -No lo dudo. las risitas irónicas. en plena catástrofe conyugal. daría una noción aproximada de las bataholas que se producen a cada instante. Pato hediondo. los de al lado se insultan como carreros.-Pero si casualmente he preguntado a cuanto habitante de la sierra encontré con cara de verídico. Después. Y así. y me dijeron lo que usted. Academia Argentina de Letras.Oliverio Girondo Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto. pero no se descuide. y al mismo tiempo que resuena un estruendo a mudanza. que nos dan ganas de suicidarnos nuevamente. amigo. no existe animal de cuatro patas y cola que sea venenoso. Apenas se desvanece la musiquita que nos echó a perder los últimos momentos y cerramos los ojos para dormir la eternidad. nos atormentan en tal forma los minutos del día y del insomnio. nos interioriza de lo que opinan sobre nosotros todos los habitantes del cementerio. MARTIN. 43-46). [ESPANTAPAJAROS N°] 11 . los cascotes que caen de no se sabe dónde. se oyen las carcajadas de los que habitan en la tumba de enfrente. de sus infamias. ellos no habían visto jamás "por sus propios ojos" una persona o animal envenenados por el chelco. no me suicido. Buenos Aires. veremos volar patos en todas direcciones. Cualquier cadáver se considera con el derecho de manifestar a gritos los deseos que había logrado reprimir durante toda su existencia de ciudadano. Fuente: GIL. usted sabe que. según los naturalistas. sin embargo. 1960 (págs. a los cinco minutos de hallarnos instalados en nuestro nicho. oscureciendo el aire con sus negras alas. también. mire que deben ser muy ponzoñosos. . Antología (selección y prólogo de ARTURO CAPDEVILA). de esta suerte. Mientras algún vecino patalea dentro de su cajón. ¡Qué desconocimiento de las formas! ¡Qué carencia absoluta de compostura! ¡Qué ignorancia de lo que es bien morir! Ni un conventillo de calabreses malcasados. empiezan las discusiones y las escenas de familia. lo que no quita que le tiemblen.

y cuando parece que ya se va a extinguir.. Sin embargo. se amplifica. Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. Cuando éstos también se le cayeron le resultó imposible soplar el aire caliente dentro de las botellas. el pelo de la cabeza. la falange de un dedo que se desprende. La atmósfera se rarifica cada vez más. Buenos Aires. choca y rebota en los obstáculos que encuentra. Salió a la calle con un carrito de mano y casa por casa fue adquiriendo a precios de pichincha centenares de botellas vacías. sin el menor indicio. Lo único en contra era que de tanto meter la cabeza en el horno había perdido. un cartílago que se cae. Repitió el procedimiento con unas cuantas y salió a venderlas. abrió. El silencio hace sonar su diapasón. se amalgama con todos los ecos que persisten.ese continuo estruendo resulta mil veces preferibles a los momentos de calma y de silencio. retumba. resuena un nuevo ruido que nos espanta el sueño para siempre. Por lo común. encontrar una asperosidad a que aferrarse. Ganaba mucho dinero. Sería un verdadero negocio envasarlo y venderlo.. Ya en su casa. ¡Ah. De pronto.Joaquin Gomez Bas Era un invierno criminalmente frío. La caída no tiene término. y cerramos los ojos despacito para que no se oiga ni el roce de nuestros párpados. La idea se le ocurrió al abrir la tapa del horno y sentirse envuelto en una ola de aire caliente. Calcomanías. 1966 (págs. Inexplicablemente. y el menor ruidito: una uña. encendió el gas del horno y aguardó a que se elevara la temperatura interior. conservó hasta el final los labios. que tapó ajustadamente con un corcho. la piel de la cara y los párpados. metió la cabeza dentro. Hizo un negocio redondo. 88-89) EL HORNO . Cuando consideró logrado el punto conveniente. . achicharrante. aspiró el aire abrasante y lo sopló en la primera botella.! Fuente: GIRONDO. Las vendía en cajones de doce botellas cada uno y no daba abasto. Imposible asirse a alguna cosa.Aunque parezca mentira -esas humillaciones. Centro Editor de América Latina. si yo hubiera sabido que la muerte es un país donde no se puede vivir. el cuero cabelludo. Lo mismo le paso con la otra a la semana siguiente. Espantapájaros. no desistía. Y se le acabó el negocio. de las orejas y del bigote. No era cuestión de abandonar semejante ganga por pelos de más o de menos. y más tarde con la nariz. en reiteradas chamusquinas. OVERIO. Lo puso en práctica en seguida. éstos sobrevienen con una brusquedad de síncope. Un día sintió cierta picazón en una oreja y al intentar rascársela se le desprendió convertida en ceniza. caemos en el vacío.

conteste. Nº 5. 25 AÑOS. El fuego chisporroteó. Después un clic. hola. que no tenía más mi sillón favorito. casi contento. que estaba contento porque ya no tenía mi sillón favorito. conteste. esas cosas. Yo miraba el teléfono negro. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Qué se puede hacer en un domingo de lluvia? Saqué. yo lo impulsaba y el sillón me hamacaba. Le conflit des interprétations. "ABSOLUTAMENTE NORMAL" SEGÚN DECLARACIONES DE SUS VECINOS). 1970 (pág. destrocé el teléfono a martillazos. un libro de la biblioteca y me puse a leer. Siempre me gustó la filosofía. Pero si yo contestaba iba a tener que conformarme con la voz. SIGFRIDO RADAELLI). Y me sentí más tranquilo. fui al lavadero. Pero nada más que la voz. Mi sillón estaba debajo de mi traste. No sé por qué.Fuente: Revista Testigo (dir. me hamacaba. decía una voz del otro lado. Hasta que en un momento me di cuenta de que me estaba hamacando en mi sillón favorito. Y me senté en el sillón de hamaca. Estuve hamacándome un rato largo. algunas rueditas. DESCUBRE LA MUDA CONFABULACIÓN VIOLENTA DE LOS OBJETOS CONTRA ÉL Y DECIDE LIBERARSE . tres veces. se puso contento. hola. hamacándome. tornillos. me hamacaba. Por un rato estuve de verdad metido en la . harto del teléfono. Buenos Aires. hamacándome. busqué un martillo. mirando los pedazos negros del teléfono negro.Eduardo Gudiño Kieffer El teléfono sonó una vez. Pero el mío era negro. enero-marzo. esos ensayos sobre hermenéutica sobre Paul Ricoeur. podrido del teléfono. Hola. Me levanté. 82) DE DONDE JUAN EDUARDO MARTINI (ESTUDIANTE. De pronto estaba cansado del teléfono. ¿Por qué me estaba hamacando? Busqué el serrucho y en media hora reduje mi sillón favorito a unas maderitas que eché al fuego. Tal vez porque una voz del otro lado no me bastaba. Descolgué el tubo y me quedé mirándolo. al azar. los tornillos. No iba a colgar el tubo. Hamacándome. la voz zumbándome en la oreja y metiéndoseme adentro para decirme cosas que yo entendería. Como yo. Allí se quedaron los pedacitos negros. Hay teléfonos blancos y teléfonos colorados y algunos muy modernos. y este Ricouer me interesaba por su problemática del doble sentido que desemboca de las discusiones contemporáneas sobre el estructuralismo y la muerte del sujeto. SOLTERO. esas cosas. tal vez porque de pronto sentía la necesidad de ver y de tocar a ese otro que había dicho nada más que hola. dos veces. las rueditas. Yo lo miraba. A martillazos.

hasta que leí esa frase que recuerdo de memoria (La lecture de Freud est en même temps la crise de la philosophie du sujet tel qu´il s´apparait d ´abord à lui même à titre de conscience. azules y violetas y chapas retorcidas. aplastado. Pensaba en el magnífico espectáculo que ofrecería una hoguera en la que ardieran los cientos de miles de automóviles de Buenos Aires. el fuego tenía un hambre loca y yo. se incendiarían los cinco de abajo y los cuatro de arriba. Todo mientras iba caminando. me visten a la fuerza. otra dijo algo así como "asqueroso exhibicionista". cuarenta pisos. después los pantalones. pero no me dejan. Alem. Me dolió no sentir más las frescas gotas de lluvia sobre la piel. el médico se asombra porque puedo mantener conversaciones razonables. Cada vez que puedo me desnudo. al fin un policía me cubrió con su capote y me llevó a la seccional. de diez mil pisos. Pero no. esos símbolos de utilidad que a fuerza de ser útiles se me han hecho tan inútiles. pero todopoderosos. Estaba solo y los objetos eran todopoderosos. me sentía más. de fútbol. mudos. rompí el televisor. veinte pisos. Tenía razón. otros estaban serios. Trato de explicar que las cosas que . cuando me quedé completamente desnudo la gente se había amontonado a mi alrededor. señalándome la ingle y sus alrededores. pero empecé a sacarme la ropa. en romper todos los objetos que dejan a mi alcance. hierros retorcidos. Le "Cogito" véritable doit être conquis sur tous les faux "Cogito" qui le masquent). estoy en el piso seis. después la camisa. Rojo. Estaba solo y las casas eran cada vez más altas. elle fait de la conscience. una mujer estalló en carcajadas histéricas. Pensé en quemar la casa pero me dio lástima. No sé por qué. aunque hacía frío. Al principio no me miraron mucho. Era un lindo espectáculo. eran demasiados autos para mi solo. Busqué los otros libros. treinta pisos. a medida que quemaba los libros. hecho bolsa. más. que insista en comer con las manos. Pero justamente porque tenía razón ¿para qué seguir leyendo? Arrojé el libro al fuego. después los zapatos. Menos aún que se muera por mi culpa. iba a ser una catástrofe. también con el martillo. que me siento bien. después el pulóver. reflejos de rojo. me hubieran devorado. unos se reían. cada vez más liviano. non une donée. el fuego se lo comió en un ratito. mais un problème et une tâche. amarillos violentos. naranjas. diez pisos. Lo que no entiende es que no quiero saber nada con las cosas. Después. Pronto un edificio de sesenta y seis pisos sobre Leandro N. hablar coherentemente de política. de mil pisos. Entonces salí a la calle.cosa. Inmóviles. y se los tiré uno a uno. después bastante. Ahora estoy en Vieytes. Iba dando patadas a todos los autos estacionados a lo largo de la vereda. Les digo que estoy bien. Y después serán de cien pisos. Primero el impermeable. de cine. en dormir en el piso y si es posible al aire libre y sin la menor prenda encima. después el saco. se moriría alguien tal vez y no me gusta que la gente se muera.

me dijeron: "Usté es un hombre gaucho. ¿qué les iba a dar? Si andábamos casi lo mismo. Carta abierta a Buenos Aires violento. estábamos con el soldau.Luis Gudiño Kramer Cuando mi compadre González jue nombrau jefe de policia de la capital. Como el río es angosto. Nos culpaban de no vigilar y los gringos se quejaban de los robos de gallinas. antes de subir al vagón. Fuente: GUDIÑO KIEFFER. Les dije que juesen y se rebuscasen por las quintas. que los íbamos a esperar. Pero les di un alce. comimos. Recuerdo que los pobres. y como después de medianoche pasaba un carguero. Nunca nos vamos a olvidar de usté. Buenos Aires. esta buya? . Después me trasladaron al Alto Verde. En el Alto Verde. 1970 (págs. y yo. que tenía presos porque habían andau haciendo barullo en el boliche: -¿Qué será. cayó un quintero a dar cuenta. los pobres. amigo".sirven no sirven. vimos que nos habían llevau el tintero." Ya en la comisaría. Menos mal que no los vio. y me palmean y me dicen "tranquilícese. Venían hambriaus. los médicos y las enfermeras. 101-105) NO TENIA PASTA . cuando cayeron dos linyeras a pedir permiso para pasar la noche. Una noche de invierno. EDUARDO. que el gringo decía que tenía a punto de mandar a la exposición. ni gritaron las gallinas. muchachos. Por detrás de los hombres. que eran finas y vaya a saber cuántas otras ponderaciones. Hicimos un puchero. las tiramos en la letrina. cuando me despierta el ruido de unas bombas. aburridos. se siente patente cualquier buya de la ciudá. pero es entonces cuando menean la cabeza. y dos cabayos reyunos. Yo andaba galguiando de pobre y fui. Emecé. por las dudas. Las plumas de las batarazas. y volvieran temprano. los hicimos embarcar a los linyeras y nos volvimos tranquilos. estaba una mañana tranquilo. al ir a anotar la denuncia del gringo. con un milico cansau. ya sentimos dos tiros de escopeta. y caímos en la cuenta que también nos habían robau los cuchillos. Salieron los hombres y al rato nomás. durmiendo. La comisaría en esos años era un pobre rancho. Me levanto y le pregunto a unos guitarreros. me hizo nombrar comisario en Santo Tomé.

Yo no sé quien será el Bustos ese ¿no?. con la pava entre los pies chuecos que se desconfían como jugando a la escondida. sin empleo. paredes negreadas de humo. Cuentos de Fermín Ponce. ¿de ánde yerba? Entonces pensé en hacer unas descargas. Hasta se payó.Ricardo Güiraldes Una cocina de peones: fogón de campaña. 63-64) DIALOGOS Y PALABRAS .. Al anochecer hicimos baile. y la mesa de monte en el medio de la calle. LUIS. apenas. A la tarde estaba la gente alegre. dije. y la mozada divertida que daba gusto. Lo invité a quedarse un rato. unos cuantos bancos. pues. Y le metimos nomás. y mandé buscar un asau. pero no tenía más que cuatro carabinas de un tiro. don Nemesio.. 1965 (págs. me miró feo. Hoy en la Cultura. La gente de la vecindá comenzó a asomarse por las ventanitas de sus ranchos. Reuní a la gente. con paso seguro y el hilo de un estilo silbándole en los labios. con los presos y desde el borde de las barrancas hicimos unas descargas. Buenos Aires. un poco de vino y galleta. pero el hombre cuando vio a los guitarreros contentos. chispiaus. comisario -me contestaron. Entra un muchacho lampiño. Entonces los mandé a los guitarreros a buscar los instrumentos. amigo. pero pa evitarme disgustos y no hacer quedar mal a mi pariente.. . alumbrada por un Sol de Noche. Fuente: GUDIÑO KRAMER. Nos fuimos. siquiera. Retumbaban los tiros en el agua.. Bueno. -La pucha. Pero. Y acá estoy.. Renuncie amigo. -Güen día. En lo mejor se nos presenta el sumariante. que venía por los detenidos. PABLO SOSA. Será mejor. pa hacerle honor a la fiesta. leña en un rincón. piso de ladrillos. los cogotes largos. renuncié. Dando la espalda al fogón matea un viejo. bajo palabra. y festejamos el 9 de Julio. meta música. éramos dos.Me había olvidau. y nosotros.-Es por el 9 de julio. y hubiera visto.. Esto no lo hace ni Paco Bustos.. y me pidieron permiso para hacer unos tiritos a la taba. vamos a tirar unas bombas. con el melico. Viera qué farra se hizo. y me dijo: -Comisario. a los guitarreros. cantando..

hm. sonríe para él mismo. Pablo acobardado toma la pava y se retira hacia afuera a concluir su cebadura. cuando eh´ alegre y bien pensao. PABLO. ansina te enllenás bien la boca y asujetas el bolaceo".te abriría la boca a cuchillo como a los mates.. Mirá qué día de fiesta p´al pobre... -¿Sabe que está lindo el día pa ensillar y juirse al pueblo? Ganitas me están dando de pedirle la baja al patrón. don?" DON NEMESIO. buscáte un pedazo de galleta. y en teniendo un güen compañero pa repartir soledades... hm. porque no sabiendo más que mover la cola. sin necesidá de dir pa las casas. zapatiando de apurao. A la suerte amarga yo le juego risa. -Hm. con sonsonete de duda: -¿M. rezongando entre dientes lo suficientemente fuerte para ser oído: -Viejo indino y descomedido pa tratar con la gente. Don Nemesio. y va hacia la puerta.. -¿No ve la zanja. por donde escupe para afuera los buches de su primer cebadura..hm? ... -M. ¡Tenía un cuzquito de zalamero! Con él me floreaba a gusto. soy capaz de creerme de baile.. no tiene por qué hacerse cimarrón y andarle juyendo a la gente.hm? PABLO.DON NEMESIO. ¿No será pecar contra de Dios? DON NEMESIO. -¿M. le echa agua cuidadosamente a lo largo de la bombilla. -¿Stá caliente el agua? DON NEMESIO... -M. invariablemente chueco ante el vacío que dejó la pava. ni tampoco de que me sacara como tata. amigo. solía pasarme de vicio entre los maizales. -¡Stá güeno! El muchacho llena un mate en la yerbera. PABLO (desde la puerta). don? ¡Cuidado no se comprometa con tanta charla! "Quejarse no es de güen cristiano y pa nada sirve.. no había caso de que me dijera como mama: "Andá. arrancar biznaga´e el monte en día domingo. ¿Ne así? ¡Vea! Cuando era boyero e muchacho. pa cuerpiarle al lonjazo. PABLO.. "El hombre. ¿No le parece.

primero un rato. Que es lo que les pasa a todos los pescados que. Y es claro. de manera que se agachó y alzó a la que estaba en el charco. Por la orilla iba precisamente el comisario de Tero Pelado. y se cayó al agua. 1952 (págs. rastrillando. dedicados a otra cosa que ser pescados.. contrafilo y punta.]. Ésa fue la desgracia. y hasta a escribir prontuarios. Así. tan corsario que no deja vivir a otros. Después ya no hacía falta ponerla en el agua y aprendió a andar por la comisaría. la pobrecita tararira se resbaló del anca. 2a ed. Era una tararira. Juárez. cuando iban cruzando el puente sobre el arroyo de La Cruz. 77-79) . olvidan que tienen que ser eso: buenos pescados. a quien no le gustaba mirar de frente y por eso siempre iba rastrillando el suelo con los ojos. El tiempo fue pasando y Gumersindo cuidaba todos los días de sacar el "pescado" del agua. después más tiempo aún. y así la tararira. de un galope se llegó a la comisaría. [. y se hizo traer el tacho donde le lavaba los "pieses" los domingos. ¡Y tragaba la tararira! Como un cristiano de la policía. RICARDO. ARTURO. El aire de Tero Pelado es bueno y la carne también. Gumersindo Zapata la sabía sacar de paseo. a tener despierto al imaginaria.Arturo Jauretche El arroyo de La Cruz había crecido por demás y bajando dejó algunos charcos en la orilla. Filo.]. vio algo que se movía en un charquito y se apeó.. a la caida de la tarde.[. al tranquito de su caballo. se fue poniendo grande y fuerte. Buenos Aires. ese pez redondo. Porque en una ocasión. Rosaura (novela corta) y siete cuentos. dientudo y espinoso. Losada.. criada como cordero guacho. Montó a caballo. a cebar mate.. 85-87) EL PESCADO QUE SE AHOGÓ EN EL AGUA . 1969 (págs. Vaya a saber por qué afinidad. La fue criando guacha y le fue enseñando a respirar y a comer como cristiano. Gumersindo les tenía simpatía a las tarariras. Se ahogó. después una hora o dos. en ancas. Era Gumersindo Zapata. Fuente: JAURETCHE.Fuente: GÜIRALDES. Buenos Aires. Lo llenó de agua y echó dentro a la tararira.

he de haber insistido. que. tanto. Por un momento quedé escuchando. alertas a cualquier ruido. me pareció mejor continuar solo. Cuando. sobre aquel río. Yo ya tenía dieciocho años. ¡La primera vez! La noche estaba fresca y bastante oscura. que era el más entusiasta. Vino de Europa con mi madre y nosotros del allá por 1908 y nos instalamos en un lote cerca de la boca. me vuelvo y después podemos seguir hasta la horqueta. pero mi padre no me autorizaba aún a cazar por más que se lo pedía. por fin. Allí había un ceibo. entonces casi desierto. Habría hecho la mitad del camino. hasta llegar a unos albardones. cazaba.UNA CACERIA . en tanto nos deteníamos para escuchar. . De pronto. Sin embargo. no sintiendo nada. Salimos prometiendo volver temprano. utilizando la linterna. Mi padre comenzó a zanjar y a plantar. me dio permiso para "linternear" esa noche. fabricándolas con un trozo de plomo viejo que tenía. para hacer menos ruido. Yo voy a ir hasta los ceibos y. Era el ruido de algo que se movía quebrando las ramas. Avancé como trescientos metros y. Caminamos como media hora hasta llegar a un lugar donde habíamos visto las sendas de los ciervos. seguramente. Porque había muchos animales en las islas y los cueros algo ayudaban. en el fondo. Íbamos contentísimos. llegó la noche. Mi padre no quería. Desde allí. si no encuentro nada. por último. y de vez en cuando. -Quedáte aquí -le dije a mi hermano-. aquella vez habían andado muchos ciervos por los alrededores y. pero ella terminó por ceder y vino especialmente hasta la puerta para recomendarme cuidado. mi hermano me hizo esperar mientras pedía otra vez a nuestra madre que le dejara seguirme. Pero. Lo dejé al lado de un sarandí y marché por una de las sendas entre grandes plumachos que parecían como bultos en la oscuridad. cruzamos las zanjas siguiendo un camino que nos era bien conocido.Liborio Justo Mi padre fue uno de los primeros pobladores del Gutiérrez. ¡Qué alegría! Desde temprano. y ayudado por mi hermano de once años. me dediqué a preparar las balas. regresé lentamente a donde dejara a mi hermano. tomé la escopeta y la linterna y me disponía a salir. Yo iba adelante y mi hermano me seguía. cuando sentí un ruido.

saltando hacia donde había estado mi hermano. Cuando llegamos a la casa. ¡La bala había salido! ¡No había forma de poder detenerla! Una tremenda sensación de espanto me hizo tirar al suelo la escopeta y la linterna y aun. más o menos a quince metros. y disparé. quebrándole la columna vertebral a la altura del pecho. Entonces me siguió. se acercó a aquel ceibo comenzando a subirse a él. sintiendo. . con todo el peso de mi hermano encima. pero ni un sonido salió de mi garganta. pudimos ver que la bala le había penetrado por la espalda. pude saltar aun las zanjas de dos metros sin detenerme. ¡Ese ruido en la noche en medio de la soledad del campo. Me dio un ataque y gritaba desesperado. a su vez. tuvo miedo y venía en mi busca. quebrando ramas. Y. me encontré con mi padre que había sentido el tiro y venía a buscarme trayendo su escopeta y su linterna. sin aliento. a mi lado. tiré a mi hermano en la cama. enseguida. el ruido que yo hacía. No terminó aún de resonar la descarga cuando. Mi angustia era tan grande que quedé como aniquilado. en un relámpago de comprensión. quizás con alguna incertidumbre. Y. corriendo él también. donde sólo se sentía el sonido del viento en la punta de los plumachales! Estaba seguro de que había sido un ciervo. Pero. Pero el disparo ya estaba hecho y mi dedo apretaba hasta el fondo el acero del gatillo. mientras mi madre empezó a quitarle las ropas empapadas en sangre. Cuando ya me acercaba a la casa. porque quería matarme. aguantando el llanto brutal que me apretaba la garganta. Era horrible. con él sobre el hombro.No podía pensar que mi hermano. enfoqué con la linterna. salí corriendo. me di cuenta que había disparado sobre mi hermano. llegué justo a tiempo para recogerlo en mis brazos cuando caía. pudiendo apenas mover las manos por la forma en que le temblaban. arrancarme la bufanda que llevaba. Levanté la escopeta. al quedarse solo. Todavía hoy no logro explicarme cómo. Me vio llegar e inquirió con inquietud y alarma: -¡Hijo! ¿Qué ha pasado? Quise contestarle. cuando lo desnudó. de un manotón. Mi padre tuvo que arrebatarme su escopeta. Y.

Y me ha dicho una sentencia que ha turbado mi entendimiento. Y todos ellos. -Que "primero es vivir y luego filosofar" -contestó Tseyü con aire devoto-. y acudió a los funcionarios de la Administración Pública. CARLOTA MARÍA (comps. ¿Qué te parece. ¿Qué me dices ahora? .). Fuente: BECCO. el maestro Chuang le dio a Tseyü en la mejilla derecha un bofetón enérgico y a la vez desapasionado.. El discípulo Tseyü. hombre vestidos de prudencia y calzados de sensatez. tras lo cual tomó una regadera y se fue a regar un duraznero suyo que a la sazón estaba lleno de flores primaverales. las horas que pierdo. el cual. 146-149) PRIMER APÓLOGO CHINO . -¿Qué sentencia? -le preguntó Chuang. Una vez Tseyü le dijo a Chuang: -Maestro. según él. lejos de resentirse. Ya bastante seguro. trabajaba como tenedor de libros en una manufactura de porcelanas. Latinprens.Y puédole asegurar que. Resolvió entonces prescindir de los comerciantes y manufactureros (gentes de un pragmatismo tan visible como sospechoso). en abstracciones filosóficas. 1973 (págs. no sin acritud. en los días que siguieron. Buenos Aires. una de las seis balas de plomo que llevaba. Tseyü volvió a Chuang y le dijo: -Maestro.Leopoldo Marechal [. has de saber que mi patrón acaba de reprocharme. Y todos están de acuerdo con el aforismo de mi patrón. desde el Primer Secretario hasta los oficiales de tercera. convenían en sostener que primero era vivir y luego filosofar.. se dedicó a recabar otras opiniones acerca del aforismo que tanto le preocupaba. sin abandonar sus estudios filosóficos. si hubiera sabido que ya traía a mi hermano sin vida. Por lo cual. HORACIO JORGE y ESPAGNOL. durante un mes he consultado nuestro asunto con hombres de gran experiencia. entendió que aquella bofetada tenía un picante valor didáctico.] El maestro Chuang tenía un discípulo llamado Tseyü. ahí no más en el campo lo habría hecho disparándome enloquecido. Hispanoamérica en cincuenta cuentos y autores contemporáneos. maestro? Sin decir una sola palabra.

. y luego filosofar. y Tseyü conocía por fin el verdadero gusto de la libertad. Chuang le dio una bofetada en la mejilla izquierda. con geométrica exactitud. las interferencias del orden psíquico. tan hostiles a una verdadera concentración. acabo de agotar la jerarquía de los intelectos humanos. bajo un mediodía que lo arponeaba de sol. Advertido lo cual resolvió levantar la puntería de sus consultas y apelar a la ciencia de los magistrados judiciales. ayunó tres días y tres noches. se incorporó al fin: hizo diez flexiones de tronco para desentumecerse y diez flexiones de cerebro para desconcentrarse. bien sentado a la chinesca. que un llamado a la razón pura. tal como lo requiere la preceptiva de la meditación. Tseyü. Entonces el abofeteado Tseyü entendió que la Administración Pública era un batracio muy engañoso. dedicó a Chuang una reverencia y se alejó con el pensamiento fijo en la tarea que debía cumplir. len la órbita de su pensamiento.Meditativo y justo. en este punto. se puso a librar sus frutas de las hojas excesivas que no dejaban pasar los rayos del sol. Por lo cual. y se fue a estudiar su duraznero. en el fondo. que había caído de bruces. Con mucho ánimo. Tranquilo. En realidad a Tseyü no le faltaba tiempo: su jefe lo había despedido tres días antes por negligencias reiteradas. ¿Qué debo hacer? Dulce y meticuloso. Chuang hizo girar a su discípulo de tal modo que le presentase la región dorsal." Una semana permaneció Tseyü encerrado en su doble círculo. si quedaba tiempo. luego filosofar. Y afirmaron todos. no dejó de temer. y no bien rayó el alba. dibujó también un círculo riguroso dentro del cual sólo cabía la sentencia: "Primero vivir. de los médicos psiquiatras. pensó. que ya tenía hojas verdes y frutas en agraz. y tras una reverencia le dijo: -Maestro. con el rostro en la hierba. limpió cuidadosamente su tubo intestinal. y acercándose al duraznero. en una plazuela natural que bordeaban perales y ciruelos. y todos juran que la sentencia de mi patrón es tan exacta como útil. le ubicó un puntapié didascálico entre las dos nalgas. Y luego. Al promediar el último día. que aquel puntapié matemático no era otra cosa. de los astrofísicos. Tseyü estableció su cuartel general en la cabaña de un eremita ya difunto que se había distinguido por su conocimiento del Tao: frente a la cabaña. Hecho lo cual. Tseyü trazó un círculo de ocho varas de diámetro y se ubicó en el centro. que primero había que vivir. Tseyü visitó a Chuang y le habló así: -Maestro. con los pies calientes y el occipital fresco. Tseyü se dirigió a la casa de Chuang. se dirigió a las afueras. bajo palabra de honor. Se incorporó entonces. de los generales en actividad y de los mas ostentosos representantes de la Curia. Defendido ya de las posibles irrupciones terrestres. Como un atleta del raciocinio. he reflexionado.

10 de agosto Sobre el hotel flamean una bandera norteamericana. ¡Con qué holgura viviría en París. Buenos Aires. la vida es un accionar constante. las hileras . Alberto Gache. y mejor aún en Londres. lo sabe muy bien). Plácido Villanueva (hermano de Raúl).Gustavo Martinez Zuviría Royat.-¿En qué has reflexionado? -le preguntó Chuang. Un grupo de argentinos en la terraza: Monseñor de Andrea. 7-11) MONSEÑOR CUENTA UN SUCEDIDO . en este punto de mi teorema me dije yo: "Entonces.. LEOPOLDO.]. En Buenos Aires (el señor Baudrón. Odilio Estévez. "ANTES de la acción. dices muy bien. porque una acción libre de toda ley inteligente que la preceda va sin gobierno y sólo cuaja en estupidez o locura. -En aquella sentencia de mi ex patrón. A lo menos los de estos países son bien inocentes. Sudamérica. presidente de La Superiora. necesario y bueno?" Y me respondí a mí mismo: "Tseyü." Y volví a preguntarme: "¿Cuándo se ha de meditar ese Fin. una bandera francesa y una bandera argentina. y cada turista un día u otro verá flamear la suya. [." Me pregunté de nuevo: "Todo accionar del hombre no debe responder a un Fin inteligente. Con esto los dueños halagan a sus huéspedes. antes o después de la acción?" Y mi respuesta fue. 1966 (págs. primero filosofar y luego vivir. Estaba yo en el centro del círculo y me pregunté: "¿Desde su comienzo hasta su fin no es la vida humana un accionar constante?" Y me respondí: "En efecto. arrancó el durazno más hermoso y lo depositó en la mano temblante de su discípulo. cuyo rostro de yeso nada traducía." Maestro. Pero Chuang. Cuaderno de navegación. Fuente: MARECHAL. Se nos ocurre que en Europa no debe de haber rateros. con los ojos en el suelo. Antes bien. Mañana cambiarán las banderas. ligero de manos! Parece que nadie cuida las mercaderías que se exponen al público." Tseyü no aventuró ningún otro sonido. un buen raspaporteño.. ignorando aún si tomaría la forma de un puntapié o de una bofetada. aguardó la respuesta de Chuang. Relatos de impresiones. Baudrón. se dirigió a su duraznero.

recé mi oficio y luego me puse a contar el dinero que me quedaba. 1969 (págs. Aquí un vendedor de diarios deja la pila de sus periódicos y un platillo o un sombrero viejo. Un gaucho. señor. Tenía un billete de cincuenta pesos y varios más de otros valores. El que desea un diario lo toma y echa el precio en el recipiente. donde se va juntando hora por hora un regular capitalito. como el Roque Carpio de su Desierto de piedra.. Sacó desdeñosamente del tirador un rollo de billetes de todos colores y cifras. todo mi capital. y vacias. En los coches de primera clase no lo hallé. Huemul. -Bueno ¿y qué.. el que esta mañana me cambió un billete de cincuenta pesos? El gaucho barbudo alzó la cara y me miró con recelo. cómo se conoce que éste no es de por aquí!" Fuente: RAGUCCI. Fui a la segunda. se callaron todos. pero el boletero no tenía cambio.? -¡Nada! ¡Que me ha dado usted cincuenta pesos de más! Los cinco o seis paisanos que estaban alrededor de él estiraron el pescuezo para darse cuenta de aquel fenómeno y oír mi explicación. ¿Pero cómo devolverle su dinero? Se me ocurrió que pudiera ir en el tren y fui a buscarlo. grande y barbudo y serrano. por las dudas. RODOLFO M. -¿No es usted. Al aproximármeles. se rascó la barba. Y mi Roque Carpio me escuchó sin inmutarse ni darme las gracias. resolvió la dificultad en que estábamos. Yo iba solo en mi coche. 381-382) . y me encontré más rico que antes. Iba a tomar el tren una madrugada muy temprano.. esperando una reclamación. y se va a almorzar.. embolsó los cincuenta pesos. y me cambió los cincuenta pesos. Mi gaucho se había equivocado dándome cambio de cien pesos. Escritores de Hispanoamérica.de damajuanas que se ofrecen como una tentación al transeúnte tienen que estar acoralladas con cadenas. ¡Cómo se les hará agua la boca a los chorros que me están leyendo! Monseñor de Andrea refiere una aventura personal: "Hace más de veinte años.. 3 a ed. en un pueblito de la provincia de Córdoba. Para pagar mi boleto saqué un billete de cincuenta pesos. y allí estaba con otros paisanos. Buenos Aires. Yo era un curita joven. y dijo paseando una mirada maliciosa por el círculo de sus oyentes: -¡Pucha..

Abre las manos. la loca no paró con las invitaciones. Benjamín encerró los garabatos y los borrones en el mismo bargueño donde están sus cuentas secretas de los negros. No ha quedado rincón sin iluminar. Colmó papeles y papeles como si en verdad supiera escribir. A la luz de tanta llama trémula. Y sin detenerse regresa a su tarea.EL PATIO ILUMINADO . menudita. los vecinos de fuste.. Parece un altar mayor en misa de Gloria. La inesperada claridad le deslumbra. por la mulata que la sigue como una sombra bailarina. esmirriada. Pero eso no importa. Apenas tendrá tiempo de asegurar las alforjas sobre el caballo y desaparecer por la salida del huerto. los cueros y frutos que subrepticiamente ha enviado a Mendoza y por culpa de los cuales vendrán a arrestarle. se multiplican los desgarrones de damasco y el punteado de las polillas sobre las maderas del Paraguay. Del brigadier don Bruno Mauricio de Zavala abajo.Manuel Mujica Láinez 1725 Todo ha terminado ya. En el segundo patio se detiene. Había olvidado la fiesta de su madre. tortura su imaginación en pos de quién le habrá delatado. tartamudeando las malas nuevas. en los cabellos. Lo que importa es salvarse. El obispo fray Pedro de Fajardo. como si sintiera fluir la plata que no le pertenece. Pálido de miedo y de cólera. no había que olvidar a nadie. radiante. para prender al contrabandista. desflecadas. Nunca lo ha visto así. Corre con agilidad ratonil. Los muebles del estrado han sido trasladados al corredor de alero. sino un ave . Entre ellos se mueve doña Concepción. como si en verdad fuera a realizarse el sarao. ponte la chupa morada. los señores del Cabildo. avivando aquí un pabilo. rumbo a Córdoba o a Santa Fé. Para algo se guarda en los cofres de la casa tanto dinero. llevando y trayendo macetas de geranios. enderezando allá un taburete. habrán llegado a la ciudad sus acusadores. con soldados del Fuerte. La fortuna tan velozmente amasada se le escapará entre los dedos. Faroles con velas de sebo o velones de grasa de potro chisporrotean bajo la higuera tenebrosa. sin escuchar a los pájaros que desde sus jaulas despiden a la tarde. poner leguas entre él y sus enemigos. Benjamín se arrebuja en su capa y cruza el primer patio sin ver los jazmines en flor que desbordan de los tinajones. Doña Concepción se le acerca. brillándole los ojos extraviados: -Vete a vestir -le dice-. Antes de la noche surgirá por allí algún regidor o quizás uno de los alcaldes. Detrás del negro fiel que llegó de Mendoza.. Benjamín se pasa la mano por la frente. Ya no parece un ratón. Durante diez días. Benjamín advierte que se ha colocado unas plumas rojas. Pronto estará aquí el gobernador.

Le besa. debo irme ahora sin perder un segundo. mostrando los dientes. angustiada. El contrabandista no sabe cómo proceder para quebrar la ilusión de la demente. tiene usted que comprenderme. Sus ojos encendidos buscan en torno. Doña Concepción gimotea. Detrás va la esclava. La señora queda balanceándose un momento. Junto a ella. Por fin se decide: -Madre. ¿Le dirá también que no habrá tal fiesta. hijo! El hombre desanuda los brazos nerviosos que le oprimen. . Benjamín las empuja hacia la puerta y desliza el pasador por las argollas. como si el menor soplo de brisa le fuera a derribar entre las plantas. -Ven. Se mete en su aposento y arroja las alforjas sobre la cama. madre. -Me voy . en mitad del patio. picoteado. -Madre. no. no se irá. Giran alrededor del contrabandista. ¿El norte? ¿Partir para el norte el día mismo en que habrá que agasajar a la flor de Buenos Aires? No. movamos la silla. me voy. su hijo bromea. Ríe doña Concepción con su risa rota y habla a un tiempo con su hijo y con los jilgueros. como dos pajarracos. dijérase que la mulata ha enloquecido también. Benjamín! ¡No te vayas. Lo que urge es abandonar la casa y su peligro.extraña que camina entre las velas a saltitos. Se le cuelga del cuello y le ciega con las plumas rojas. la silla para don Bruno. no podré estar en la fiesta. -No se irá -murmura-. Ahora no vale la pena. Pero no contó con la desesperación de la señora. aleteando. -Aquí -ordena la señora-. Tengo que partir en seguida para el norte. -¡No te puedes ir hoy. el pretexto. La mulata carga con el sillón de Arequipa. Cuando lo alza fulgen los clavos en el respaldo de vaqueta. que nadie acudirá al patio luminoso? Tan ocupado estuvo los últimos días que tarde a tarde fue postergando la explicación.

Fuente: MUJICA LÁINES. que vendrán a prenderme! ¡Madre! Doña Concepción no le escucha. frenética. 97-100) EL GATO . observó en el cielo . ese hecho acaso más cierto que ninguno.Hector A. Buenos Aires. aguza el oído hacia el zaguán donde arde una lámpara bajo la imagen de la Virgen de la Merced. De la huerta. para librarla de una seducción inútil y envilecedora. seguía un camino iniciado mucho antes. al levantar la vista ante la claridad enceguecedora. paladeando su triunfo. a su fiesta? Su hijo desvaría. Benjamín. Y aquella mañana. pero que sólo atinamos a recordar como una increíble idea. furioso. Trae el bastón en la diestra y le escoltan cuatro soldados del Fuerte. madre. Misteriosa Buenos Aires. ¿Nadie acudirá a la fiesta. Murena ¿Cuánto tiempo llevaba encerrado? La mañana de mayo velada por la neblina en que había ocurrido aquello le resultaba tan irreal como el día de su nacimiento. al salir de esa casa. revolviendo los brazos huesudos en el rumor de las piedras y de los dijes de plata. se decidió a hacerlo. Sin embargo. Con ayuda de la esclava quita el sillón de la puerta para que Benjamín acoja al huésped. -¡Madre. de improviso. Se echa a parlotear. La mulata se pone a cantar. pero los duros cuarterones resisten. sacude una alfombrilla. el dominio secreto e impresionante que el otro ejercía sobre ella. En el patio entró ya el primer convidado. después que todo hubo ocurrido. Cuantos más esfuerzos hace. Es el alcalde de segundo voto. Sudamericana. Cuando descubrió. -¡Madre. 1964 (págs. que nadie vendrá. Riega los tiestos olorosos. avanza el mugir de la vaca entrecortado de graznidos y cloqueos. pensaba en sí mismo. Doña Concepción sonríe. Se dijo que quizás iba a obrar en nombre de ella. que no habrá fiesta ni nada! La loca yergue la cabeza orgullosa y fulgura su plumaje temblón. afianzándolo en el cerrojo de tal manera que traba la salida. arremete contra las hojas de cedro. vio que el viento había expulsado la neblina. más se afirma en los hierros del respaldo.Entre las dos apoyan el pesado sillón de Arequipa contra la puerta. solemne. MANUEL. déjeme usted salir! ¡Déjeme usted salir! ¡Madre. y.

porque desde entonces la dueña de la pensión y sus acólitos renunciaron a la lucha. se durmió enseguida. los largos hábitos de una vida regalada hacían que aquella habitación. Una tarde que él estaba apurado por cambiarse y presenció desde la puerta cómo limpiaba la habitación la sirvienta. andaba. le dio pereza vestirse y no salió. no demasiado sucia ni incómoda. ese gato del que su dueño se había jactado de que jamás lo abandonaría. pese a que al principio le costó ciertos accesos de sorda nerviosidad habituarse a los encierros. que consiga modificarla? Al principio él salía mucho. y.una nube negra que parecía una enorme araña huyendo por un campo de nieve. esperando que el mundo le devolviera una paz ya prohibida. él decidió imitarlo. con paciencia casi ante sus intentos iniciales por ahuyentarlo. levantó apenas la cabeza. sin que nadie supiera cómo. cuando regresó a su habitación. al parecer tenía suficiente con dormir. pues aún se preocupaba por ello. la salida. pero también se paseaba durante horas por la pieza. se iba desplazando hasta que se instalaba en un lugar definitivamente limpio. auque para forjarse una especie de sabiduría con lo que en el animal era miedo o molicie. raras veces había descuidos. Pero lo que nunca olvidaría era que a partir de ese momento el gato del otro. en la pieza. logró cumplirlo. sin embargo. lo miraron con repugnancia y temor. empezó a seguirlo. sentado en el sillón. Las persianas de su cuarto . Y a partir de ese momento todo le resultó sumamente fácil. andaba por las calles. esperando la noche. Leía un librito de tapas negras que había llevado en el bolsillo. Salía y volvía más inquieto. encontró al gato instalado allí. Causaba la sensación de un dios viejo y degradado. con cierta indiferencia. Así ganó la partida. con las paredes cubiertas por un papel listeado de colores chillones. ¿Se resistía a salir por miedo de que aprovecharan la ocasión para echarlo de nuevo o era un simple reflejo de su instinto de comodidad? Fuera lo que fuese. lo miró y siguió dormitando. hasta que se convirtió en su sombra. y volvió a meterse en la casa. pero que no ha perdido toda la fuerza para hacer daño a los hombres. El gato no salía nunca. de advertencia. en partes de un blanco sucio. y el animal se movía. lo echaron. le resultaba poco tolerable. y entonces la sirvienta soltaba un chistido suave. comer y lamerse con su rápida lengua. con la autorización de su accidental amo. con su lamparita de luz amarillenta y débil. Lo echaron por segunda vez. con sus muebles sorprendentemente feos y desvencijados si se los miraba bien. Al día siguiente. y. no de amenaza. de pelaje gris. En su plan figuraba privarse primero de las salidas matutinas y luego también de las de la tarde. El gato apenas si lo miraba. Una noche muy fría. que dejaba en la sombra muchos rincones. Encontró esa pensionucha. El gato era grande y musculoso. comprobó que ni siquiera en ese momento dejaba la pieza: a medida que la mujer avanzaba con su trapo y su plumero. no les gustó. como si hubiese llegado a una cumbre desde la que no tenía más que descender. ¿Se concibe que un gato influya sobre la vida de un hombre.

Le latía el cuerpo entero. Un día oyó frente a su puerta voces de mujeres. que comprendiese que iba a tardar muchas horas antes de poder reaccionar. y no podía. ADOLFO. y al fin maulló. Sudamericana. Sin saber por qué comenzó a poder contemplar agradables imágenes: la luz de la lamparita -eternamente encendida. pues los más leves olores se levantaban como grandes fantasmas y lo envolvían. mucho más gordo. y. pero tan remoto. y al cabo puso también fin a las caminatas por la habitación.sólo se abrieron para recibir la comida. pero estaba muy sereno. aparecían mujeres cubiertas por largas vestimentas. SILVINA. y las voces no paraban. Antología de la literatura fantástica. y sintiera el estímulo. La barba le creció. entró en un período de singular beatitud. los reflejos de la luz amarillenta de la bombita sobre esas tapas negras le hacían ver sombras tan complejas.. seguía tranquilo en su sillón. El gato. porque su necesidad de ver quedaba satisfecha con los cotidianos diez minutos de observación de las tapas del libro. Como si se hubieran despertado en él nuevas facultades. Buenos Aires. También su olfato debía haber crecido. que ese solo objeto real bastaba para saturarlo. que finalmente debía haberlo descubierto. de rostro color sangre o verde pálido. agudamente. Deseaba hacer algo. De pronto sintió en la cabeza una tensión tal que parecía que cuando cesara él iba a deshacerse. pese a ser sumamente intenso. Tenía la vista casi siempre fija en las polvorientas rosetas de yeso que ornaban el cielo raso. Entonces abrió la boca. maulló. Eso aumentó su sensación de impotencia. 298-301) . no pudo entender que decían. caballos de piel intensamente celeste. JORGE LUIS. para sumirlo en una especie de hipnotismo. Observó al gato: también él se había incorporado y miraba hacia la persiana. casi únicamente para comer. permaneció un instante sin saber que buscaba con ese movimiento. Aunque se esforzó. Fuente: BORGES. 3a ed. matices tan sutiles. flotando en los aires. el sonido de las olas contra las rocas. Tirado por lo común en la cama. Se sentó en la cama. pero no las distinguía.. a disolverse. 1967 (págs. pero los tonos le bastaron. con infinita desesperación. Porque una de las voces correspondía a la dueña de la pensión. Quería hacer algo. entretanto. Fue como si tuviera una enorme barriga fofa y le clavaran en ella un palo. lo hacían imaginar vastos bosques violáceos. OCAMPO. Y BIOY CASARES.menguaba hasta desvanecerse. su boca.. pero la otra era la de ella.

naturalmente. -Niños que en este ámbito del saber primario sorbéis las materias como la enredadera sorbe el sol. Misterios de la poesía que la ciencia no se explica. y tenían razón. creyendo proceder muy correctamente. y el inspector. que luego volvió a doblar y colocar en el bolsillo superior de su saco negro con trencilla.. subió a la tarima. cosa que habría justificado un madrigal. y eso que no fueron musicales expresiones de una nariz célebre por su belleza. como ellos dicen. Pero yo sé de unos estornudos que fueron el soplo inspirador de cierta notable pieza literaria. tras de retribuir con una sonrisa de vinagre de luto los almíbares que se desparramaban por la bondadosa cara de la señorita Italia Migliavacca. y. con un violento "buenas tardes". Y vino. pero nosotros éramos muy bien educados y no perdonábamos estornudo. El inspector intentó matarlo de una mirada y continuó: -El sol o.. decían las viejas de antes. sus rayos.. se despidió y se fue como una tromba a ponerse sinapismos. sin duda. tarima que crujió gentilmente para ponerse a tono con los zapatos amarillos del señor inspector. sino rotundas explosiones de las de un chinito. y retomó el hilo del discurso: -El sol!. pero de modo que sonó bien alto: -Debe ser un resfrío de sol..el sol!. como la de Cleopatra. pues lo que traen o anuncias. mejor dicho.. señor inspector! -prorrumpió la clase en pleno.. una alocución.. El inspector pasó una mirada furibunda por los bancos mientras se llevaba a su importante apéndice nasal un pañuelito muy bien planchado. rapé aparte. Las cosas ocurrieron así. suponiendo que lo fuera.LOS ESTORNUDOS ..Conrado Nalé Roxlo Los estornudos no suelen traer nada bueno. par retomar el hilo de la perorata. es un resfriado.. ¡atchís! Martirena me dijo por lo bajo. . bastante retobado él.¡atchís! -¡Salud. llamados también irradiación febea. La señorita nos hacía señas de que no insistiéramos. Y éstos se sucedían cada vez con mayor frecuencia. tenía antes que retomar el hilo del pañuelo.. El señor inspector penetró en el aula. señor inspector! -volvimos a decir a coro.¡atchís! -¡Salud. inspector de escuelas provinciales. mi inolvidable maestra de primeras letras.. Hasta que.

de distraído. la fábula que va a leerse y que felizmente guardo entre mil cuadernos escolares. la clase en pleno soltó la carcajada. pues era repentista. y muchos se pusieron a estornudar por burla.Ya alejado el ogro. Y para aleccionarnos trajo al día siguiente. dejó escapar un natural relincho. cuyo nombre vulgar era "Pirincho". sacaba dulce trino de melodías rico de su órgano bucal al orificio también llamado pico. no con mala intención. en el pescante. también puede llamárselo de plaza. (Expresión incorrecta. que formaba conjunto con un jamelgo de raída traza. con sutil artificio. El equino aludido. y un anciano cochero. . nunca debemos burlarnos de los defectos físicos del prójimo. sea dicho. detúvose delante de una pajarería en cuya puerta un canario. -Niños -dijo severamente la señorita Italia-. EL CANARIO Y EL JAMELGO Cierto coche de punto. infatuado tenorino.

niños. Pero la señora directora no le permitió que se la mandara como desagravio al inspector. ¡oh. El canario. Buenos Aires. al que algún día estornudó en momento inadecuado. en que un artista joven interpretó a Mozart. pues dijo que ciertas comparaciones podrían no ser bien interpretadas por éste. 1953 (págs. Beethoven. puede esconder torrentes de armonía. elogiando al canario melodioso cubrió al jamelgo de improperio y mofa. y. de baja estofa. pues. Fuente: CHAMICO. ya inútil. en cambio.mas perdonable en tan humilde bicho. Pasó el tiempo premioso. El humor de los humores. MORALEJA No desprecies.. s. Mi querida maestra fue una incomprendida en el ambiente educacional de su época: era una precursora. como aquel caballo mal juzgado. Verdi. fue a parar a infecto muladar. niño!. y ambas bestias murieron a su hora. lo que viene ahora. A nosotros nos gustó mucho la fábula. ed. y escuchad. 42-43) . Almanaque de la medicina para el año que viene .) La gente que lo oyó. con las tripas del rocín hicieron varias cuerdas de violín.

que chupaban naranjas. la cara pintada del Emperador. En ese instante el silencio creció. El Emperador bajó a la plaza.Silvina Ocampo Como siempre. El Emperador. era juguetón. El Técnico levantó la tapa de la caja y movió los diales. rodeado de palmeras. con la primavera llegó el día de los festivales. con incrustaciones de oro. alguno niños. con la cara recamada de manchas rojas. había un suntuoso pedestal sin estatua. como por encanto. para oírlo mejor. sin que las madres lo advirtieran. El Emperador. como suele crecer al pie de una cadena de montañas al anochecer. -Todos. seguido por sus súbditos y por un célebre técnico. o en un medallón que les colgaba del pescuezo. Algunas personas lloraron de risa. se sentó en una silla y se dispuso a abrir el cofre. mostrando entre los bigotes. el primer . hasta los hombres muy altos. el Emperador entró en la casa Amarilla. El Emperador habló de las lenguas de los opositores: "que no se cortaron -dijo. Desde los balcones las niñas arrojaban flores. el Emperador había ordenado que soltaran aquel día los gritos de todos los traidores que habían sido torturados. las guardaron en sus carteras. que eran muy negros.EL VERDUGO . pero eso no impide que estén de algún modo en esta cajita -susurró el técnico. hoy llamada de las Cáscaras. después de comer y de beber. Las señoras de los ministros y los hijos estaban sentados en los palcos oficiales. Todas las personas. se pusieron en puntas de pie. antes de asomarse al verdadero balcón. donde habitualmente celebraban las fiestas patrias. como las ventanas de las casas de los elefantes del Jardín Zoológico. éstas llevaban grabada en las plumas.para que el pueblo oyera los gritos de los torturados". -¿Qué lleva en esa caja? -preguntó uno de los ministros al técnico. con distintas vestiduras. -Los presos políticos. donde había pavos. desde el que habitualmente lanzaba sus discursos. Aquel día hizo reír a todo el mundo. En la plaza de las Cáscaras. bajo una apariencia severa. que llevaba un cofre de madera. se treparon a las palmeras. Después de saludar a los altos jefes. Las señoras. más bien dicho los traidores. los pañuelos de la gente volaban entre las palomas. largos dientes blancos. para alegrar al pueblo que había vivido tantos años oprimido. se dirigió a la plaza. que tenía una ventana alta. para oír lo que nadie había oído: los gritos de los traidores que habían muerto mientras los torturaban. guiñando un ojo y masticando un escarbadientes. Se asomó a muchos balcones. En el centro de la plaza histórica. -¿No han muerto todos? -interrogó el ministro con inquietud. Subió al pedestal. El eminente Técnico se caló las gafas y lo siguió: subió las seis o siete gradas que quedaban al pie del pedestal. buscando mejor sonoridad: se oyó. algunos hombres orinaron involuntariamente sobre los bancos. gallinas y dulces. Para celebrar mejor la fiesta.

Payró I -¡Váyase usted al infierno! -Inmediatamente. que había sonreído hasta ese momento. -¿Remordimiento de qué? -preguntaron los adversarios. Los aplausos. asombrado. luego aparecieron otras voces más turbias pero infinitamente más poderosas. Después de cada golpe. De pronto algo. -De no haberles cortado la lengua a esos reos -contestaron las personas religiosas. con los brazos y las piernas colgando del pedestal. ¡Como pudieron reconocerlo! Subía y bajaba. de una locomotora. ensimismado. simultáneamente. rechinaba. anunciando con otro grito el próximo golpe que iba a recibir. El Emperador. Sur. SILVINA. La furia. el remordimiento. La gente religiosa dijo que esos verdugos invisibles eran uno solo. 120122) REPORTAJE ENDIABLADO . y otros cuentos. algunas de mujeres. Nadie le perdonó que se dejase torturar por verdugos invisibles. Buenos Aires.grito. . El Emperador cayó muerto.Roberto J. era un grito agudo y áspero. enternecido o travieso. Me atreví a asomar las narices por la puerta de una especie de alcoba. o de un cerdo que estrangulan. su cuerpo se contraía. los insultos y los silbidos ahogaban por momentos a los gritos.. reconoció el grito del Emperador. otras de niños. El Técnico movió los diales con recogimiento: como un pianista que toca en el piano un acorde importante. apareció una voz distinta y sin embargo conocida. tristemente. La voz modulaba sus quejas más graves alternativamente. no pensó que tal vez suspendiendo la transmisión podría salvar al Emperador. señor Director. agachó la cabeza. que el Técnico fuera un enemigo acérrimo del Emperador y que había tramado todo esto para ultimarlo. 2a ed. El Técnico. y profundo silencio reinaba en las oficinas infernales. II En la antesala no había nadie. como otras personas. que parecía provenir de una usina. escuchó su propio grito: no era el grito furioso o emocionado. un instrumento invisible. que solía dar en sus arrebatos. lo castigó. par volver a subir. El Emperador. sin el decoro que hubiera querido tener frente a sus hombres. Toda la gente. se hundía. se estremeció. 1960 (págs. Yo no creo. Fuente: OCAMPO. Pero a través de ese mar de voces inarticuladas.

tan erizadas de dificultades y peligros. la humanidad se maneja a su antojo. ta.. desperezándose hasta descoyuntarse-. la importancia de sus funciones y la trascendencia que tendrá su actitud en las actuales circunstancias. Siéntese. Debí hacer ruido porque mi hombre despertó. Él se tendió en un sofá. como anda dada al diablo. y si usted permite. -Sí. y las zahúrdas de Plutón. sí: reporter.. y venía. y se abrochaba los botines de suela angosta y larga... usted está en el deber de decir una palabra y el director sabe muy bien cuándo debe mandarnos al diablo. ofreciéndome una silla. que sería un triunfo conseguir esa primicia y darla a publicidad.. -Ahora. Tengo muchos aquí. y. Me aburren todo el día a fuerza de preguntas.. -Pero ¿no dicen que maneja usted el mundo en compañía de la carne? -Eso fue.. por inexperiencia. y.. Sí. poco tengo que preocuparme de ella.. preguntó malhumorado: -¿Quién es? ¿Qué se le ofrece? ¿A quién busca? -¿Tengo el honor de hablar con el señor Satanás en persona? Soy repórter. restregándose los ojos y en medio de un bostezo. sólo quiero silencio y olvido. una de sus grandes invenciones. como cualquier funcionario del interior.. amigo! -contestó Satanás. No sé nada de lo que ocurre... -¿Y ahora? -inquirí.Son un verdadero suplicio. . Ella se lo guisa.... Está usted muy atrasado de noticias. ¡Bastante he trabajado en esta última cincuentena de siglos.. y la vida es un infierno. ya sé. -Sin embargo -exclamé-. su opinión es tan decisiva. y que se me deje gozar en paz de mis rentas. como llamó Quevedo a nuestra residencia... ella se lo come. viene usted mal. amigo. están más pobladas que nunca..El lugar que ocupa. -Ta. influirá tanto en la marcha ulterior de los sucesos. señor repórter. Satanás se había sentado a la orilla del catre. cuando no sabe que me he retirado a la vida privada..! A todo esto. ta..y quedé estupefacto: Satanás dormía la siesta a las dos de la tarde. ¿no? -En efecto.. hace siglos. y no estoy para ocuparme de tonterías. Además. Usted también querrá preguntarme... -¡Pues.

por atender a éste. -Muy bien. que trabajan como unos ángeles. el infierno... -La gente se ha hecho muy desconfiada. Le presto mi nombre. desde su oficina. -¡Inocente! Si usted ofrece algo a su prójimo. -La gente se tienta sola. Pero ¿qué hace usted para que no disminuya la inmigración? -Nada. Pero Botero lo maneja todo por medio de conmutadores.. porque los hornos eléctricos son muy económicos. -¿Los gastos son muchos? -Ahora no. no tengo sino una responsabilidad limitada. y los tres condenados del motor y las dínamos. sucias. le hace temer que haya trampa. El costo del funcionamiento es pequeño. que ni siquiera tienen pavimentos de asfalto. como es natural. y da envidia a los conservadores retrógrados del Cielo. me daba un trabajo de todos los demonios para hacer pecar a unos cuantos pobres diablos que no me dejaban tiempo para nada. -No comprendo. Hasta estuve por hacer bancarrota en una ocasión. Ahora dejo que mis competidores ofrezcan el Cielo. y se malogra el negocio. está limpio como una patena. amigo. que solía fracasar porque. ¡Oh!. . y no hay que despertar sospechas con ofrecimientos de ninguna especie. y todo iba como el diablo.-¿Ha modernizado usted los sistemas? -En efecto: he adoptado el de las sociedades anónimas y he convertido mi gran establecimiento en una compañía de que soy el principal accionista. la clientela toma el camino de mi casa convencida de que no le daremos aquí gato por liebre.. descuidaba a aquéllos. y. y la empresa prospera a vista de ojo. de buenas a primeras. están hoy en el Paraíso gracias a la sencillez de la maquinaria. El sistema moderno tiene grandes ventajas: sin riesgos. maneja mis capitales y me da mi parte de los dividendos sin exigir nada de mi. -Pero las tentaciones. antihigiénicas y de un gasto bárbaro. Antes. sin alternativas graves. -¡Cómo así! -exclamé con asombro. confortable y bien alumbrado.. Muchas veces tenía que pasarme días enteros en una miserable tentación. yo me callo. exigen poco personal y sustituyen con ventaja a las calderas de pez hirviendo. así.. con estrellas y todo.

. y por fin se alejaron. al día siguiente llegaron los colonos con un hijo de tres años y una carreta en que había catres... ensayaba de un lado a otro su infantil marcha de pato. juventud. gordo y rubio. Y yo paso tranquilamente mi eternidad.. Fuente: PAYRÓ. .. Y pasando una por encima de la otra se retiraron veinte metros.Horacio Quiroga Una siesta de invierno. que dormían extendidas sobre la greda. -Es el ruido que hacían aquéllos. Violines y toneles.Y Satanás se levantó. herramientas sueltas y gallinas atadas a la baranda. los pobres porque quieren tenerlo. -Cuando esté desocupado.Ahora no doy. me estafó al fin. se arrollaron bruscamente al oír insólito ruido. y el hijo.. Desde allí miraron. 107-109) LOS CAZADORES DE RATAS . ni prometo nada. las víboras de cascabel. Buenas tardes. vieux jeu. La mujer interrumpíase para cocinar. porque no me han pagado ni por ésas! Melmoth se reconcilió. en tanto que la mujer clavaba estacas en los extremos de cada recta. al divino botón. véngase a mis five o´clock. 1968 (págs.. un osezno blanco. el hombre midió el suelo a grandes pasos. -¡Oh! ¡Antigualla!. Tendremos que irnos.. dando por terminada la entrevista. Un hombre alto y rubio y una mujer rubia y gruesa se habían acercado y hablaban observando los alrededores. mientras prestaban oído... a quien di plata. son voces de hombres. Los ricos vienen porque tienen dinero. -Pero ¿y los pactos con el diablo? -pregunté al despedirme. -Sí. Como la vista no es su agudeza particular. cajones. Instalaron la carpa. engañabobos contraproducente. ¡Cuantos he tenido que protestar. Luego. las víboras mantuviéronse inmóviles. y durante semanas trabajaron todo el día. Conversaron después. una linda moza y qué se yo qué más. son hombres -afirmó el macho. -Para servir a usted. Centro Editor de América Latina.. y un predicador estupendo. Tenemos canto llano. El mismo Fausto. ROBERTO J. señalándose mutuamente distintos lugares. Buenos Aires. me hizo el cuento del tío. En efecto. -Van a vivir aquí -dijeron las víboras-.-murmuró la hembra.

gallinero y rancho prontos. apareció en la puerta. esperando pacientemente a que la casa quedara sola. y se alejó al fin. y se aprestó con toda su energía vital a defenderse. no se decidían a irse de su paraje natal. entretanto. Cruzó y recruzó cien veces por encima de él. delatarían su presencia. las víboras quisieron huir. Un atardecer en que la familia entera había ido a la chacra. y dejando el balde en el suelo se encaminó al paraje sospechoso. animadas por el silencio. pero únicamente una tuvo el tiempo necesario. gritando todas a contratiempo. se aventuraron a cruzar el peligroso páramo y entraron en el rancho. prestando oído. y la chacra comenzó. Tiraron luego lejos. Después. el hombre ausentose por todo un día. -aunque a éste le faltaban aún las puertas. Sintió al rato ruido de pasos -la Muerte. huyó a toda ala abierta. Sus compañeras comprendieron el peligro sin ver. menos el chico. un crepúsculo en que la larga espera habíalas distraído. restregando su piel áspera contra las paredes. Al oír los gritos de las gallinetas. que quedaron esta vez girando en torno suyo. Raras veces tenían esa dicha. Y a más. cuyos gritos. y desde allí miraban la faena del matrimonio. Llegaban todas las tardes hasta el límite del patio y esperaban atentas a que aquella quedara sola. El hombre echó una rápida ojeada alrededor. De este modo. y la hembra lo halló por casualidad al otro día. Al sentir su aproximación. Pero allí había ratas. que al cabo de un mes tenían pozo. Recorriéndolo. la víbora había cerrado los ojos amodorrada. Solían llegar hasta la linde del pasto carpido. y el sol quemante le hizo cerrar los ojos. yendo a instalarse como siempre en la linde del pasto. En la casa dormían todos. cuando de pronto se replegó vivamente: acababa de ser descubierta de nuevo por las gallinetas. . que volvía del pozo con un balde. La siesta calcinaba el paisaje en silencio. las víboras. ligero! ¡Es una serpiente de cascabel! La mujer corrió y entregó ansiosa la herramienta a su marido. Titubeó un instante. gritando.Tal fue el esfuerzo de la gente aquella. Miró un momento. y la imitaron. y desde entonces tomaron cariño a la casa. que. después de mantener un rato el pico extendido. el cuerpo muerto. volviendo al siguiente con ocho bueyes. buscando un arma y llamó -los ojos fijos en el gran rollo oscuro: -¡Hilda! ¡Alcanzáme la azada. con cauta curiosidad. más allá del gallinero. y el colono halló sólo al macho. La víbora mantúvose quieta. debían precaverse de las gallinas con pollos. El hombre. si las veían. Las víboras. Creyó no tener tiempo de huir. fueron descubiertas por una gallineta. se detuvo al oír los gritos.

. Vio a la madre en enaguas correr hacia su hijo.! Nota: Horacio Quiroga nació en Salto. República Oriental del Uruguay. La noche se iba de puntillas y la luz era una insinuación morada en el leve relumbre de la escarcha. su alarido desgarrador: -¡Hijo mío. Como en la elevación de la misa. Buenos Aires. Los árboles se limpiaban de sombras y se escuchaba el balido de los hatos cercanos. Oyó la carrera de la mujer al pozo. se calzó sus ojotas. La mañana triunfante se alegraba en las flores nuevas de aquella primavera precoz. El chango se restregó los ojos. por sus muchos años de residencia argentina. hay que traer las cabras al corral. En la mitad del camino se detuvo. Y al rato. se puso su sombrero y partió. a cedrón. se metió su poncho cortón. Había un penetrante olor a menta. La luz iba colgando banderolas en la copa de los árboles más altos. Fuente: QUIROGA. 1960 (págs. a poleo. por haber publicado casi todos sus libros en Buenos Aires y por el ambiente y los temas de sus obras. pálido. La víbora. De pronto. Sin embargo. Con voces de mar lejano la brisa del alba venía despertando el paisaje. de dentro del rancho salió una voz amanecida secreteada. deslizóse dos metros y se replegó. El salvaje.perezoso. Otto! ¡Lo ha picado una víbora! Vio llegar al hombre. -¡Otto. el sol de dorada blancura subía repintando de rojo el perfil de los montes. El . levantarlo y gritar aterrada. 173-174) EL PUMA Y EL PASTOR . Pero las gallinetas continuaban en girante alarma. sus voces. y al fin se dirigió con su marcha de pato a ver a sus amigas las gallinetas. Sur. -H´hijo.. puede legítimamente ser considerado escritor argentino. y lo vio llevar en sus brazos a la criatura atontada. Los balidos eran cada vez más cercanos. Anaconda. indeciso de nuevo. HORACIO. Lauro extrajo de su flauta de caña el son favorito. De pronto lanzó un grito y cayó sentado. y el osezno rubio avanzó. Pasado amor. a malva. Un rumor de himno surgía del seno profundo de las cosas. después de una pausa. presta de nuevo a defender su vida.Pablo Rojas Paz El alba era una ceniza de luz en el aire. Y los altos montes se lo devolvieron en mil ecos repetidos. evitando el sol con el brazo.

La propia desesperación le dio fuerzas inauditas. a su vez. Un puma había saltado desde la espesura hacia el breñal. Al son de la flauta y el bombo los llevaron a enterrar al filo de la madrugada. le había dicho a la madre la vez primera que viera un puma. suavidad en el helecho. y en ellas. El pequeño pastor lanzó un grito profundo y desesperado que el aire cristalino llevó a la lejanía. La brisa correteaba en los pastos. Y fue así que el paisaje y su vida eran una música atenta. Se levantó de la cama ardida de fiebre. Aquella mujer se convirtió en un grito penetrante. Lauro se detuvo para observar los movimientos de una serpiente que se arrastraba entre las piedras. El miedo pánico cristalizó el aire. el pequeño pastor. Los torrentes acrecentaban sus rumores con la luz de la mañana. Y le tiró un hondazo. Su denuedo se enardeció más cuando vio que el puma estaba bebiendo la sangre del muchacho que lanzaba gemidos estertóreos. agudo. frescura en el pastizal. quien. El animal se irguió para abalanzarse sobre la mujer. Y ésta le tiró las boleadoras a la cabeza. . Los niños pastores hicieron unas andas con sus toscos cayados. A Lauro. Las abejas eran pequeños resplandores de oro sobre las diminutas flores silvestres. la fiera se enardeció al recibir la pedrada en la frente. le impresionaron por igual el bramido y el tamaño de la fiera. pero esto no impidió que llegara de un manotazo al pecho de la madre. Lloró la paloma y se aquieto el arroyo. En el azul añil apresuraban su viaje las nubes de nácar. Se echó un poncho a los hombros y partió hacia el punto de donde venían los rumores. sobre el cuero del puma. pusieron los despojos de Lauro. oyó el grito y presintió todo. Un pájaro en un molle contaba su dicha y la del agua recibiendo la luz. Pero Lauro se acercó resueltamente. Toda la dulzura del mundo se había hecho matiz en la flor. Y toda esa dulzura musical y perfecta parecía anidarse en la flauta del pastor. La madre de Lauro. surgiendo del seno profundo de la tierra e irguiéndose hasta el cielo: "¡M´hijo! ¡M´hijo!" Y avanzando hacia el puma le clavó tres veces el puñal en el lomo. y recogiendo una piedra del suelo se la arrojó para ahuyentarlo.desparramado rebaño iba juntándose al amparo de la música al igual que las nubes empujadas por el viento. La fiera describió un arco en el aire y cayó sobre Lauro desgarrándole el pecho de profundas heridas. A lo lejos cantaba la perdiz. Un nuevo bramido fue trueno rebotando en los collados. El cráneo del puma resonó con los golpes de la piedra. Las cabras asustadas se dispersaban entre confusos balidos. Un súbito bramido rasgó la calma musical del paisaje. Una estrella federal de sangre y fuego creció perenne junto a la cruz. que yacía enferma de chucho. zurear en la paloma. canción apenas modulada de la brisa en las altas copas. Cuando el pastor moduló en su flauta los cristalinos sones. "Hoy vi un gato grande". pudo clavarle el puñal junto al corazón. Sobre la tumba de la madre lloró por siempre la bumbuna. el ofidio detuvo su andar e irguió la cabeza para escuchar mejor. Tomó unas boleadoras y un puñal que fueran de su marido.

en mi cabeza. en una mañana calurosa. tuve lástima de ese hombre y sentí remordimientos por haberle pegado de esa manera. levemente canoso. si se quiere. . sentado pacíficamente en un banco del bosque de Palermo. mientras estoy escribiendo. se posaba. Fuente: ROJAS PAZ. me puse de pie y le di un terrible puñetazo en el rostro. totalmente indoloros. En aquella oportunidad me di vuelta lleno de indignación (me da mucha rabia que me molesten cuando leo el diario): el siguió tranquilamente aplicándome golpes. un gran esfuerzo. De pronto. ahora estoy habituado. Pero el hombre. exhalando un tenue quejido. O. se levantó y volvió silenciosamente a pegarme con el paraguas en la cabeza. En los primeros tiempos no podía soportarlo. el hombre no me pegaba lo que se llama paraguazos. 85-87) EXISTE UN HOMBRE QUE TIENE LA COSTUMBRE DE PEGARME CON UN PARAGUAS EN LA CABEZA . Sé que es un hombre común. Porque. Le pregunté si estaba loco: ni siquiera pareció oírme. Era este mismo hombre que. Lo conocí hace cinco años. sentí que algo me tocaba la cabeza. una mosca del tamaño de un murciélago. a intervalos regulares. se disolvieron para siempre en la música montañesa. Justamente hoy se cumplen cinco años desde el día en que empezó a pegarme con el paraguas en la cabeza. La nariz le sangraba. un sutil canto de flauta borbotea como un ojo de agua en la quietud fragante. Todos sabemos que. no sentimos dolor alguno: sentimos fastidio. y haciendo al parecer. continuó con su tarea. El caballo del ciego. yo no pego tan fuerte. pese al ímpetu que me dictó mi rabia. Después de unos instantes de indecisión y viendo que no desistía de su actitud. a la sombra de un árbol. Yo estaba leyendo el diario. y otros cuentos. ahora. Y a la hora en que la tarde es una niña dormida a los pies de la luna. Sin duda. una y otra vez. continúa mecánicamente e indiferentemente pegándome paraguazos. cuando una mosca se nos posa en la frente. 1970 (págs. Buenos Aires. no sé por qué. el gemir del pastor y el grito de la madre. Entonces lo amenace con llamar a un vigilante: e imperturbable y sereno. con un rostro vago. en realidad. PABLO. cayó al suelo. Pues bien. aquel paraguas era una gigantesca mosca que. No sé cómo se llama. de traje gris. Claro está que esos golpes son infinitamente molestos.El bramido del puma y el llanto de la paloma. es un hombre débil: sé que. en ese momento. En seguida. más bien me aplicaba unos leves golpes. Huemul. y.Fernando Sorrentino Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza.

De manera que yo no podía soportar ese murciélago. que pensé que. interminable. los golpes me impedían conciliar el sueño. los aceptaba como una parte más de su tarea. Yo. Pensé en presentarme en la comisaría. me pediría documentos. Convencido de que me hallaba ante un loco. jamás durmió ni comió nada. Pensé en decirles: "¿Qué miran. más allá de las risas. Me pareció mejor volver a casa. una carcajada estruendosa. Pero el hombre me siguió en silencio. con mano firme. Tomé el colectivo 67. imbéciles? ¿Nunca vieron a un hombre que le pegue a otro con un paraguas en la cabeza?" Pero también pensé que nunca habrían visto tal espectáculo. jadeaba y resoplaba tanto. Lo miré. Bajé -bajamos. sin dejar de golpearme. decir: "Señor oficial. En muchas ocasiones le he propinado puñetazos. Simplemente se limita a pegarme. agarró el picaporte. Ya en mi casa. Y el hombre jadeaba. Poco a poco fue ganando al pasaje una gran carcajada. sin dejar de pegarme. se anticipó. si seguía obligándolo a correr así. tal vez terminaría por detenerme. Los pasajeros empezaron por cambiar tímidas sonrisas. de la vergüenza. Íbamos por la avenida Santa Fé. ahora. Él salió en persecución mía. Él. Y este hecho es justamente lo más alucinante de su . Con todo. sin ellos. Él se ubicó. quise alejarme. me sería imposible dormir. mi torturador caería muerto allí mismo. siguió con sus golpes. nuestras relaciones no siempre has sido buenas. Cinco o seis chicos nos empezaron a seguir. aun en los más íntimos. gritando como energúmenos. Entonces empecé a correr (aquí debo puntualizar que hay pocas personas tan veloces como yo). subió detrás de mí. jadeaba. de piel. Pero yo tenía un plan.hasta paraguazos. Fue inútil: calladamente seguía golpeándome con el paraguas en la cabeza. tratando infructuosamente de asestarme algún golpe. Por eso detuve mi carrera y retomé la marcha. Me senté en el primer asiento. Recuerdo que.en el puente del Pacífico. Él aceptaba los golpes mansamente. El oficial me miraría con suspicacia. Todos se daban vuelta estúpidamente para mirarnos. patadas y -Dios me perdone. estaba hecho un fuego. con la derecha blandía implacablemente el paraguas. El conductor se puso a observarnos por el espejo. creo que. No pude: él. Muchas veces le he pedido. Sólo me pegaba con el paraguas en la cabeza. Mi perseguidor. Desde entonces. Me acompaña en todos mis actos. continúa golpeándome con el paraguas en la cabeza. que me explicara su proceder. en todos los tonos posibles. quise cerrarle precipitadamente la puerta en las narices. comenzaría a formularme preguntas embarazosas. En su rostro no había gratitud ni reproche. este hombre me está pegando con un paraguas en la cabeza. a mi lado: con la mano izquierda se tomaba del pasamanos. al principio." Sería un caso sin precedentes. forcejeo un instante y entró conmigo. Que yo sepa.

En las canciones melosas. Sé también que un tiro me libraría de él. Una expresión verdosa y acaso sibilina. esa carencia de odio. Miró el reloj de arena y vio sus propios ojos. últimamente he comprendido que no podría vivir sin sus golpes. aunque amalgamados entre sí. casi siempre cercanas a su rostro. Del piso crecieron las huellas que durante años fueron empujadas hacia la calle. no seguirá golpeándome con el paraguas en la cabeza. con expresión invariable. Tampoco sé si el tiro debe matarlo a él o matarme a mí. este razonamiento es inútil: reconozco que no me atrevería a matarlo ni a matarme. trabados gravemente. discutiblemente premonitores. sé que. Reparó sorpresivamente en el ventilador y el aparato le contestó sin vacilaciones. cada vez con mayor frecuencia. este hombre se irá y yo ya no sentiré esos suaves paraguazos que me hacían dormir tan profundamente. las otras cosas que navegaban en el estudio lo miraban no con aquella incipiente naturalidad que aparentaban sino con una fijación posesiva. Él escuchó una serie de sonidos imperfectos. siente dolor. Marcelo no pudo inmutarse ya que la voz partía de las costas de Australia y ningún árbol parecía moverse. Se dio cuenta de que aquel ventilador era simplemente un ser en mitad de la tarde y le habló con mesura. Ahora. Mientras le hablaba. 1972 (págs.Osvaldo Svanascini -Porque es mejor elegir una manera de morir a cualquier hora del domingo -se dijo-. encontraba la fuerza para justificar su tristeza. Por otra parte. 11-14) PARTIDA . Imperios y servidumbres. cuando los dos estemos muertos. cuando lo golpeo. Fuente: SORRENTINO. De todos modos. sé que es mortal. en fin.personalidad: esa suerte de tranquila convicción en su trabajo. mientras el material dentro del vidrio caía sin relación con su manera de sentir la inquietud de la calma. sin ocultar su vacío. lo mismo que de algunas otras cosas con las que poblaba su vida e incluso a veces trataba de evadirla. a menudo llenas de alcohol y a pesar de su propia domesticidad. aunque era evidente que la melancolía llegaba desde las llanuras petrificadas y de los montes aletargados bajo capas de nieve. su arrepentimiento y su lejana vitalidad. con un trepidar formado por convulsiones pequeñas. certeza de estar cumpliendo con una misión secreta y superior. Lo que ignoro es si. sé que es débil. FERNANDO. Pese a su falta de necesidades fisiológicas. acaso cuando más lo necesite. con voz gangosa y profunda y una oscilante aunque definitiva gravedad. Pero él estaba seguro de eso. Eso era por primera vez . Barcelona. justo en la ampolla superior. El primero en contestarle fue el globo terráqueo. tengo un presentimiento horrible. Seix Barral. Una profunda angustia me corroe el pecho: la angustia de pensar que.Y era cierto que en sus músculos ni la tarde cabía. Las paletas podían verse debatiéndose en la velocidad. ligeramente distorsionados. Esa.

absolutamente suyo, con la misma familiaridad que había previsto desde bastante
antes. Y con dulzura se fue deslizando hacia el suelo, tomó una avellana y se la
colocó suavemente sobre la lengua, recordando nítidamente que su padre había
muerto y que su madre se hallaba en aquel momento flotando en el río, con la
cabeza hacia abajo y sus ojos justificando a los peces que ya se habían ensañado
con sus párpados y sus amplias pantorrillas. -¿Acaso tengo la culpa? -preguntó a
las campanillas asiáticas colgadas de la lámpara-. Pero Marcelo sabía que la
tenía, y no estaba dispuesto a admitirla.
Sólo que al apretar dos veces el gatillo no oyó los estampidos y siguió caminando
con su madre a su lado, o por lo menos con aquellos vestidos que formaban a su
madre, silenciosos a esa hora, sin sufrir, sin siquiera distinguir lo que puede
elegirse, sin admitir que otro ser puede acompañarnos porque no estamos
dispuestos a admitirlo, aunque después nos cueste mantener su vigencia fuera de
los caminos que nos conducen a la quietud. Marcelo optó por pinchar las yemas
de sus dedos, advirtiendo que la sangre se hacía partícipe de sus creaciones y de
sus mínimos sentimientos de duda. Y escuchó las palabras densas del fetiche de
la isla de Pascua, deformado por las creencias, exhalando un vaho asimilable,
mientras hablaba de los pobres de la tierra, sin inflexión, apenas deslumbrado por
su particular justicia. Marcelo se vio rodeado de largos e informes pinos
absolutamente cubiertos de ojos, pero no sintió el horror porque estaba habituado.
Tomó de nuevo el revólver y marcó un número en el disco del teléfono. -Quiero
que me envíe un mensajero -dijo al otro solitario de la línea.
Y esperó, convencido de que no podía suicidarse porque las leyes a veces pueden
inundarle a uno aunque en ellas no exista particular gratitud. Preparó el revólver
detrás del biombo con decoraciones doradas, ajustándolo a la silla, y ató el cordón
al gatillo, pasándolo por delante del panel. Lo hizo con ligero temblor, recordando
el origen de las figuras pintadas sobre las paredes, mirando las cosas y hablando
con ellas, hasta sentir tedio y un neutro sentimiento de odio. Su padre había sido
bueno, tanto como podía incluso olvidarse de serlo. Los bosques de pinos pueden
también parecer frondosos y acaso tan quietos como lo desee el viento. Más tarde
hizo entrar al chico y le explicó lo que debía hacer sin que el otro advirtiese el
juego, a pesar de sus pequeñas vacilaciones o tal vez de su displicencia. Después
se concentró en el ventilador, en el fetiche, en la jaula para grillos completamente
sola, en el busto de Homero, en el barco en la botella y en las miniaturas. El chico
sostuvo el cordón y oyó hablar a los objetos sin entender nada, borracho de
normalidad, con las manos agitadas, pensando en su primo Mario, que había
muerto debajo de una aplanadora: veía ahora su cara desierta en medio de la
sala, sin darse cuenta de que lo hacía por primera vez. Inconscientemente pasó el
cordón entre los dedos, mientras Marcelo esperaba detrás del biombo. El
ventilador se quejó y Marcelo se dio cuenta. También sintió su voz. Le habló de
soluciones capaces de animar la dimensión de las sombras y lo hizo en un tono
memorable, aunque sin interpretarlo debidamente. Las dos máscaras javanesas
también se acercaron. Y él tembló, convencido de que en todo aquello no había
defensa y se dejó estar, pretendiendo que había pasado mucho tiempo. Entonces,
el frasco de las especies, empujado por las palabras, cayó en el piso y el chico,

asustado, salió corriendo. El revólver disparó y Marcelo se tomó el pecho. -Es tan
desigual...
-musitó-. Y casi, en seguida, entró la madre, con los ojos desorbitados y el vientre
hinchado por el agua.
Fuente: SVABASCINI, OSVALDO, Retorno al día que se va. Buenos Aires,
Editores Dos, 1969 (págs. 33-36)

Esa mujer

Rodolfo Walsh

El coronel elogia mi puntualidad: Es puntual como los alemanes dice.
O como los ingleses.
El coronel tiene apellido alemán.
Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.
He leído sus cosas propone. Lo felicito.
Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente,
que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y
letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido
el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.
Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las
luces pálidas del río. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneamente, a
Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha
reunido.
El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga.
Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas
una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría
ocurrírseme.
Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada
para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que
se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas
olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y
por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada,
amarga, olvidada sombra.
El coronel sabe dónde está.
Se mueve con facilidad en el piso de muebles ampulosos, ornado de marfiles y
de bronces, de platos de Meissen y Cantón. Sonrío ante el Jongkind falso, el
Fígari dudoso. Pienso en la cara que pondría si le dijera quién fabrica los
Jongkind, pero en cambio elogio su whisky.

El bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad,
con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar
el vaso lentamente.
Esos papeles dice.
Lo miro.
Esa mujer, coronel.
Sonríe.
Todo se encadena filosofa.
A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una
lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo,
habla de la bomba.
La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he
hecho por ellos, esos roñosos.
¿Mucho daño? pregunto. Me importa un carajo.
Bastante. Mi hija. La he puesto en manos de un psiquiatra. Tiene doce años dice.
El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento.
Entra su mujer, con dos pocillos de café.
Contale vos, Negra.
Ella se va sin contestar; una mujer alta, orgullosa, con un rictus de neurosis. Su
desdén queda flotando como una nubecita.
La pobre quedó muy afectada explica el coronel. Pero a usted no le importa
esto.
¡Cómo no me va a importar!... Oí decir que al capitán N y al mayor X también
les ocurrió alguna desgracia después de aquello.
El coronel se ríe.
La fantasía popular -dice-. Vea cómo trabaja. Pero en el fondo no inventan
nada. No hacen más que repetir.
Enciende un Marlboro, deja el paquete a mi alcance sobre la mesa.
-Cuénteme cualquier chiste -dice.
Pienso. No se me ocurre.
Cuénteme cualquier chiste político, el que quiera, y yo le demostraré que estaba
inventado hace veinte años, cincuenta años, un siglo. Que se usó tras la derrota
de Sedán, o a propósito de Hindenburg, de Dollfuss, de Badoglio.
-¿Y esto?
La tumba de Tutankamón -dice el coronel-. Lord Carnavon. Basura.
El coronel se seca la transpiración con la mano gorda y velluda.
-Pero el mayor X tuvo un accidente, mató a su mujer.
¿Qué más? dice, haciendo tintinear el hielo en el vaso.
-Le pegó un tiro una madrugada.
La confundió con un ladrón sonríe el coronel . Esas cosas ocurren.
Pero el capitán N. . .
Tuvo un choque de automóvil, que lo tiene cualquiera, y más él, que no ve un
caballo ensillado cuando se pone en pedo.
¿Y usted, coronel?

El coronel es apenas la mancha gris de su cara sobre la mancha blanca de su camisa. pero sí ante la historia. da una vuelta alrededor de la mesa. Y yo voy a quedar limpio. tirarla de un avión. Esos roñosos no saben lo que yo hice por ellos. coronel. Todos. Pero ellos no saben lo que querían hacer. La pastora se pierde entre sus dedos repentinamente tiernos. yo voy a quedar bien. Se para. eso también es cierto. uno se animó. Me la tienen jurada. Yo he leído a Hegel. Mete la mano en una vitrina. Se veían las metástasis del cáncer. arrastrándose lejanas como las voces de un sueño. saca una figurita de porcelana policromada. Dejó la bomba en el palier y salió corriendo. dolorida. Habría que romper todo. Porque en el fondo estamos de acuerdo. como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada. Esa mujer le oigo murmurar. A la pastora le falta un bracito. -Y orinarle encima. con orgullo. esos roñosos no saben nada. una pastora con un cesto de flores. . Anduvieron rondando. No contesta. El coronel tiene una mueca de fierro en la cara nocturna. A lo mejor la va a escribir usted. y no saben que fui yo quien lo impidió. uno no sabe de dónde sale tanta basura. Creen que yo tengo la culpa. y la llevé donde está ahora. Las luces del puerto brillan azul mercurio. Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. El coronel bebe. Es duro. ¿comprende? Ojalá dependa de mí. No es que me importe quedar bien con esos roñosos. coronel. Doscientos años. diluirla en ácido. con elocuencia. con ardor. El coronel bebe. Estamos sentados junto al ventanal. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. -Mire. La piel se le había vuelto transparente. Una noche. con método. Pero sin remordimientos. quemarla y arrojar los restos por el inodoro.Lo mío es distinto dice. -Porque yo he estudiado historia. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura. Pero algún día se va a escribir la historia. eso es cierto. ¿Por qué creen que usted tiene la culpa? Porque yo la saqué de donde estaba. ¡Salud! -digo levantando el vaso. ¿no? Ha llegado la hora de destruir. coronel. Me gustaría. Derby -dice. Enarbolando alegremente la bomba y la picana. De a ratos se oyen las bocinas de los automóviles. ¿Qué querían hacer? Fondearla en el río. con fiereza. pero estamos todos hasta el cogote.

como un fuego que se apaga despacio. pobre gente. Desde aquí puedo ver la calle. Estaba ese capitán de navío.. Esos roñosos no me van a agarrar descuidado. Bruscamente se ríe. Yo también.. Estaba enamorado del cadáver. de la escalera. empuña una metralleta que no le vi sacar de ninguna parte. Yo también soy argentino. la tocaba. respira.. Éramos cuatro o cinco y no queríamos mirarnos. Por la puerta abierta del departamento llegan remotos ruidos. La cara del coronel es casi invisible. qué sé yo las cosas que les meten en la cabeza. gorgotea con sus cañerías. donde no hay absolutamente nadie y regresa despacio. ¿eh? Eso le demuestra. Y pensar. Repite varias veces "Eso le demuestra". Figúrese como se quedaron.. Me pareció oír. del ascensor. ese gallego asqueroso. sus televisores. como en un teatro. cuando la sacamos. Tuve que taparle el monte de Venus. Le di una trompada. irónico vacío del palier. Mejor. ¿Le molesta la oscuridad? No.se le tiró encima. arrastrando la metralleta. Tuve que pagar la mortaja de mi bolsillo. En la oscuridad se piensa mejor. y el gallego que la embalsamó. ¿La vieron así? . como la vez pasada. sus cocinas. sus chicos. Oscurece por grados. Y ahora el coronel se ha parado. Se sienta. que lo tiré contra la pared. se ha abierto más cerca. yo también. ¿Pobre gente? Sí. -Tuve que buscar ayuda para cambiarla de ataúd. Somos todos argentinos. coronel. no respetan ni a la muerte. geométrico. Eso le demuestra. Pienso siempre. bueno dice. enciende la luz de golpe. argumenta contra un invisible contradictor-. más cerca del ventanal ahora. Mil cuatrocientos pesos.Desnuda dice. sin decir qué es lo que eso me demuestra. sus sirvientas. Llamé a unos obreros que había por ahí. sus incineradores. le manoseaba los pezones. Sólo el whisky brilla en su vaso. ese gallego asqueroso. y en puntas de pie camina hacia el palier. le puse una mortaja y el cinturón franciscano. Ah. Para ellos era una diosa. El enorme edificio cuchichea. como un juguete mecánico. mira el ascético. Y cuando la sacamos del ataúd -el coronel se pasa la mano por la frente . La puerta del ascensor se ha cerrado en la planta baja. . y no me acuerdo quién más. Está todo podrido. La metralleta ha desaparecido y el coronel divaga nuevamente sobre aquella gran escena de su vida. Vuelve a servirse un whisky. Pero esa mujer estaba desnuda -dice. pobre gente El coronel lucha contra una escurridiza cólera interior. mire -el coronel se mira los nudillos.

. ¿Era necesario? El coronel es de plata. no. ¿sabe? Con todo. y desnuda. Yo era agregado militar. Lo desperté a bofetadas.. lgualita. ¿comprende? Comprendo. Quiero darme cuenta. el 39. ¿Se impresionaron? Uno se desmayó. Parecía que iba a hablar. moral.? -Sí. La voz del coronel se pierde en una perspectiva surrealista. Beba dice el coronel. pero el resultado no me da. sí. esa frasecita cada vez más rémova encuadrada en sus líneas de fuga. La pupila inmensa crece. la ciudad.. Para mí no es nada -dice el coronel.. Miró la calle. Hay que hidratarlo. ¿Muy cambiada? No. Bebo. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas.. y muerta. hasta le sacó radiografías. plata sobre rojo. Una diosa. Para identificarla.. plata sobre rojo. ¿ésto es lo que hacés cuando tenés que enterrar a tu reina? Acordate de San Pedro. dése cuenta. Le dije: "Maricón. con todo. Con un solo movimiento muscular me pongo sobrio. El profesor R. no me da. "Coca" dice el letrero. Muchos en Polonia. La mano se vuelve roja. Más tarde se lo pegamos. . que iba a. círculo rojo tras concéntrico círculo rojo. A mí no me podía sorprender. Pero ellos. -La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Se mira la punta del índice. y el descenso de la voz manteniendo una divina proporción o qué. Eso no lo podía hacer cualquiera. Con toda la muerte al aire. ¿El profesor R. -¿No sabían quién era? Se ríe. sumo mujeres desnudas más hombres muertos. Sabíamos. ¿Y? Era ella. controló todo.. Hacía falta alguien con autoridad científica. ahora. Le cortamos un dedo. "Beba". ya le dije que esa mujer estaba desnuda. invadiendo la noche. Tantito así. la demarca con la uña del pulgar y la alza. Yo también me sirvo un whisky.Sí. ¿Me escucha? -Lo escucho." Después me agradeció. Lo del dedo es para que todo fuera legal. el mundo. Esa mujer era ella. Muchas en mi vida. "Beba". no me da.. como un perro que se sacude el agua. "Cola" dice el letrero. usted no me entiende. Las cosas tienen que ser legales. Era un acto histórico. que se durmió cuando lo mataban a Cristo. Y hombres muertos.

-Llueve -dice su voz extraña. El edificio huele vagamente a sopa en la cocina. inconquistable. siempre cuidándola. pañales en la cuna.En algún lugar de la casa suena. Desaparece. pienso. recortado y negro. No me haga caso -dice. La sacamos en un furgón. Me llaman a cualquier hora. Es para putearme explica el coronel-. remota. Me la querían quitar. que gruesas lágrimas le resbalan por la cara. muy alto. ¿Eh? -dice ¿Eh? -dice. Basura. a las cinco. vida. El coronel está de pie y bebe con coraje. ¿Enciendo? No. ¿Qué le dicen? Que a mi hija le agarre la polio. dónde. ¡La enterré parada. creo que llora. Que me van a cortar los huevos. entrecortada. -Ganas de joder digo alegremente. después en 25 de Mayo. las rosas. hacer algo con ella. Teléfono. le toco el hombro. sobre un armario. escondiéndola. la pupila roja. . Y por un momento. Oigo el hielo en el vaso. Esa mujer hizo mucho por ustedes. Estoy borracho. Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre. como Facundo. Y largamente llueve en su memoria. Yo la voy a enterrar como cristiana. porque era un macho! Entonces lo veo. una campanilla. Pero siempre lo averiguan. el cazador Orión. los arengué. el cinturón franciscano. rojo y plata. cuando el resplandor cárdeno lo baña. el pino. Miro el cielo: el perro Sirio. No veo entrar a la mujer del coronel. Cuando me preguntaban qué era. con exasperación. Llueve día por medio dice el coronel-. Pero tienen que ayudarme. pero de pronto esta ahí. protegiéndola. remedios. en la otra punta de la mesa. Tal vez ha salido. ¡Está parada! -grita el coronel. Tal vez ambula entre los muebles. la Voz de la Libertad. El reflejo plateado lo busca. con grandes y altas ideas que refluyen sobre él como grandes y altas olas contra un peñasco y lo dejan intocado y seco. Yo respeto las ideas. les dije. se sienta. Dónde. su voz amarga. Ya no sé dónde está el coronel. como un cencerro lejano. Hice una ceremonia. la tuve en Viamonte. Deciles que no estoy. les decía que era el transmisor de Córdoba. cigarrillos. estaba en mi despacho. Me paro. colonia en el baño. muerte. Cambié tres veces el número del teléfono. La tapé con una lona. A las tres de la madrugada.

publicarlo. el abuelo paterno. Paris Match. dónde? Se para despacio. "Esa mujer" fue publicado en "Los oficios terrestres". coronel! La lengua se le pega al paladar. pensando que tendré que volver. ¿El Viejo sabe? Se ríe. Parece cansado. Y mientras salgo derrotado. Es mía -dice simplemente. -Cree que sabe. ya mismo. usted será el primero. Life. probabilidades. Mientras mi dedo índice inicia ya ese infatigable itinerario por los mapas. complicidades. y usted queda bien. a los dientes.. Ediciones De la Flor.. Se ríe. Cinco mil dólares. como un ebrio que se despierta en un tren desconocido.. ni siquiera en un mapa. ¿No le preocupa la historia? ¡Yo escribo la historia.Y me mira con desconfianza. Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella. lo que era una locura pues en . -Cuando llegue el momento. o que no volveré nunca. -¿La sacaron del país? -Sí. la voz del coronel me alcanza como una revelación. no me conoce. ¡Ahora! me exaspero. 1986. remoto. ¿Dónde. Esa mujer es mía. y que justamente no moveré un dedo. Hay que escribirlo. -¿Cuántas personas saben? DOS. uniendo isoyetas. Lo que quiera. Piense. qué hago ahí. Diez mil. No. © Herederos de Rodolfo Walsh Casa tomada Julio Cortázar Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la mas ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos. Tal vez va a preguntarme quién soy. ¿La sacó usted? Sí. Algún día. ¿Dónde? No contesta. bien para siempre. Sí. Mientras sé que ya no me interesa.. coronel. nuestros padres y toda la infancia.

nuestros dormitorios y el living central. una sala con gobelinos. la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mas retirada. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana. No se porque tejía tanto. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica. apiladas como en una mercería. simple y silencioso matrimonio de hermanos. De manera que uno entraba por el zaguán. mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados. vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos. yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. y la puerta cancel daba al living. avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa. tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios. Uno puede releer un libro. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. tejía cosas siempre necesarias. siempre puntuales. levantándonos a las siete. No necesitábamos ganarnos la vida. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba. Irene rechazo dos pretendientes sin mayor motivo. Irene no era así. la que mira hacia Rodríguez Peña. mañanitas y chalecos para ella. de la casa y de Irene. Nos moriríamos allí algún día. medias para mi. Era hermoso. porque yo no tengo importancia. Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. o bien se podía girar . y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada. era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. la cocina. todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. tricotas para el invierno. Almorzábamos al mediodía. lila. y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido. Cómo no acordarme de la distribución de la casa. a mi se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. El comedor. ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Pero es de la casa que me interesa hablar. abría la cancel y pasaba al living. Hacíamos la limpieza por la mañana. verdes. Irene tenía fe en mi gusto. Estaban con naftalina. no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño. o mejor.

pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Yo cebaba el mate con mucho cuidado. El sonido venia impreciso y sordo. . por ejemplo. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. la cerré de golpe apoyando el cuerpo. Fui a la cocina. vuela y se suspende en el aire. y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene: -Tuve que cerrar la puerta del pasillo. como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. da trabajo sacarlo bien con plumero. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande. a mi me gustaba ese chaleco. estaban todos en la biblioteca.tendremos que vivir en este lado. Mis libros de literatura francesa. -¿Estás seguro? Asentí. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris. casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble. salvo para hacer la limpieza. y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. apenas para moverse. en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Hay demasiada tierra en el aire. Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados. -No está aquí. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble. pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Irene estaba tejiendo en su dormitorio. -Entonces -dijo recogiendo las agujas. calenté la pavita. Han tomado parte del fondo. pues es increíble como se junta tierra en los muebles. También lo oí.a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo mas estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza. eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad. si no. daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora. Buenos Aires será una ciudad limpia. Me tire contra la pared antes de que fuera demasiado tarde. Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa. un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos. al mismo tiempo o un segundo después. apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé.

Lo pensamos bien. y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos quedamos escuchando los ruidos. pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. A Irene le llamo la atención mi brusca manera de detenerme. La puerta de roble. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo. creo haberlo dicho. nos poníamos a hablar en vos mas alta o Irene cantaba canciones de cuna. pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living.) Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. Aparte de eso todo estaba callado en la casa. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro. cada uno en sus cosas. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio. De día eran los rumores domésticos. que quedaban tocando la parte tomada. Pero también tuvimos ventajas. los mutuos y frecuentes insomnios. casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre. Se puede vivir sin pensar. toser. voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. me desvelaba en seguida. entonces la casa se ponía callada y a media luz. un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. y vino a mi lado sin decir palabra. A veces Irene decía: -Fijate este punto que se me ha ocurrido. Nos oíamos respirar. Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. a las nueve y media por ejemplo. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador. cuando Irene empezaba a soñar en alta voz. era maciza. De noche siento sed. tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Nos divertíamos mucho. . Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina. Yo creo que era por eso que de noche. y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerza. (Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros. y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. ¿No da un dibujo de trébol? Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papa.Y era una cosa mas de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo. y poco a poco empezábamos a no pensar. Estábamos bien. Irene estaba contenta porque le quedaba mas tiempo para tejer. en la cocina y el baño. el roce metálico de las agujas de tejer. En la cocina y el baño. notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble.

No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa. nada. vi que eran las once de la noche. Antes de alejarnos tuve lástima. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. sin volvernos hacia atrás. a espaldas nuestras. Estábamos con lo puesto. Los ruidos se oían mas fuerte pero siempre sordos. . Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel. Ahora no se oía nada. Ya era tarde ahora. Como me quedaba el reloj pulsera. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. a esa hora y con la casa tomada. -¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. soltó el tejido sin mirarlo. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. -No. -Han tomado esta parte -dijo Irene.No nos miramos siquiera. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado.

Related Interests