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El adolescente y sus conductas de riesgo / R.
Florenzano Urzúa.
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Ramon Florenzano
University of Chile
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El ADOLESCENTE
Y SUS CONDUCTAS DE RIESGO
Ramón Florenzano Urzúa

OCTUBRE DE 1997

A mis hijos post-adolescentes, Matias, Francisca y Cristobal;
a mis hijos adolescentes: Pablo y Alejandra;
A mi hija pre-adolescente, Maria Paz.
Ellos me han enseñado mucho más sobre éste tema
que cualquier estudio teórico o trabajo de investigación.
Finalmente, para Macarena.
Sin ella nada de esto habria sido posible.

Índice
PREFACIO

4

CAPÍTULO I: INTRODUCCION

7

CAPÍTULO II: LOS CONCEPTOS DE JUVENTUD Y ADOLESCENCIA, HOY.

20

CAPÍTULO III. LAS ETAPAS DE LA ADOLESCENCIA.

30

CAPÍTULO IV: ADOLESCENCIA Y FAMILIA.

46

CAPÍTULO V: ADOLESCENCIA, PARES, ESCUELA Y MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACION. 66
CAPÍTULO VI: CONDUCTAS DE RIESGO ADOLESCENTES Y FACTORES PROTECTORES.78
CAPÍTULO VII. FARMACODEPENDENCIAS.

93

CAPÍTULO VIII: SEXUALIDAD PRECOZ.

114

CAPÍTULO IX: DELINCUENCIA Y CONDUCTAS VIOLENTAS.

127

CAPÍTULO X: BAJO RENDIMIENTO ESCOLAR.

141

CAPITULO XI. PROBLEMAS E INTERVENCIONES EN LA SALUD MENTAL DEL ADOLESCENTE
150
CAPÍTULO XII. INTERVENCIONES PREVENTIVAS

168

CAPÍTULO XIII: BIBLIOGRAFÍA

182

PREFACIO
Este es un libro sobre los adolescentes y los jóvenes chilenos. Ellos han sido el objeto de nuestros estudios en los últimos
quince años. En una públicación de ese entonces () afirmábamos que se sabía poco de nuestros jóvenes. Lo que se repetía
venía de los países del Norte, y había poca investigación con datos empíricos sobre nuestra juventud.. Comenzamos
entonces una serie de estudios, tanto clínicos como epidemiológicos, acerca de los adolescentes chilenos y sus conductas
de riesgo. Hoy estamos mas provistos de información propia, y podemos decir que nuestra realidad no es tan diversa de
la descrita en otras latitudes, pero que no es tampoco idéntica. Este libro pretende cerrar un ciclo de investigaciones y
mostrar las diferencias y semejanzas del adolescente chileno con los de otros países, sea de Iberoamérica o del mundo
anglosajón.
En el campo de los marcos referenciales y de las teorías sobre la adolescencia, estos quince años han visto un
desplazamiento desde el interés en el mundo interno del adolescente hacia la interfase con su contexto social. El tema de
la importancia de la familia ha ido surgiendo con progresiva fuerza, asi como el del rol de amigos y de la escuela en el
moldeamiento de su personalidad. En nuestros estudios hemos tratado de cuantificar la relativa importancia de estos
entornos (, ).
Cuando hace una década y media hablabamos de salud del adolescente, la reacción escéptica de muchos médicos o

especialistas en salud pública era: “¿Para que preocuparse de los adolescentes? !Son el grupo de edad más sano!” De
alli surgió el foco en conductas de riesgo para la salud. Si bien es cierto que los jóvenes mueren poco y enferman menos
que cualquier otro grupo de edad, no es menos real que las costumbres y estilos de vida que se adoptan en la segunda
década de la vida serán el germen de muchas de las enfermedades crónicas del adulto. El concepto de conductas de
riesgo, que surgió de las investigaciones de Jessor y Jessor en 1977 fue empíricamente validado por Maddaleno y
nuestro grupo en 1987 (). La demostración cuantitativa de que un subgrupo de adolescentes concentraban un porcentaje
importante del consumo de alcohol y drogas, de las conductas violentas o delincuentes, de los embarazos tempranos y de
los problemas de rendimiento escolar, nos llevó por una parte a desarrollar una serie de estudios(,) destinados a
profundizar en las características de esas conductas y por otra a colaborar en los programas desarrollados por Matilde
Maddaleno y su equipo en Peñalolen, una comuna de bajos ingresos en la Región Metropolitana de Santiago de Chile.
Nuestros estudios comenzaron con descripciones de las características de nuestros adolescentes, con encuestas a
escolares y consultantes en la Comuna de La Reina (), y con descripciones de sistemas de atención de adolescentes en un
servicio local de la Región Metropolitana, el Servicio de Salud Metropolitano Oriente (), con especial foco en los
consultorios Hernan Alessandri (Providencia) y La Faena (Peñalolen). Posteriormente volvimos a profundizar en el tema
de servicios al adolescente al analizar la población de 15 a 24 años en un estudio colaborativo sobre problemas
emocionales en el nivel primario de atención coordinado desde Ginebra por la Organización Mundial de la Salud ().
En cuanto a los factores de riesgo, los estudiamos a través de dos encuestas amplias, una en 1991 y otra en 1994, a
muestras representativas de más de un tercio de millón de estudiantes de la Región Metropolitana, iniciando asi el
Estudio Periodico de la Salud del Adolescente de Santiago de Chile (,). Para ello contamos con el apoyo del Consejo
Nacional de Investigación Científica y Tecnología de Chile, y con el trabajo colaborativo de un equipo de la Universidad
de Minnesota que había desarrollado ya varias encuestas que fueron extremadamente útiles para ser adaptadas a nuestra
realidad. El grueso de la información sobre conductas de riesgo que presentamos en éste libro provienen de dichas
encuestas.
En una etapa posterior, el foco de atención se desplazó al concepto de factores protectores en general, y al rol de la
familia en particular. El giro desde el concepto de riesgo al de protección es de importancia, al priorizar lo positivo
sobre lo deficitario, y buscar entonces como promover el crecimiento y desarrollo normales sobre la prevención de la
enfermedad. La estructura familiar tiene un rol privilegiado al ser el entorno más cercano donde se desarrolla el
adolescente. Nuestro libro sobre Familia y Salud de los Jóvenes () profundizó en ese punto.
En nuestro equipo de trabajo en la Universidad de Chile, Macarena Valdés asumió el líderazgo de un proyecto de
investigación sobre el rol protector de la familia en las conductas de riesgo adolescentes, implementando una nueva
encuesta en la Región Metropolitana, esta vez centrada en más de seiscientas familias y sus hijos adolescentes (). El
instrumento -adaptado otra vez de la batería de la Universidad de Minnessota- ha sido ya utilizado en varios países
(Colombia, Argentina, Brasil y Costa Rica, fuera de Chile y los Estados Unidos), y está siendo difundido a nivel
continental por la Organización Panaméricana de la Salud (). Ha dado también origen a proyectos bilaterales con
grupos interesados en el tema en la Universidad de Buenos Aires, con especial participación de los Drs. Carlos Bianculli
y Enrique Berner, del proyecto EDISA.
Todos los estudios previos se han desarrollado insertos en un contexto de investigación-acción en el mejor sentido del
término. El programa de Salud Integral del Adolescente en el consultorio La Faena creció en forma importante en la
década de los 90 bajo la conducción de Matilde Maddaleno, primero y Verónica Gaete, en la actualidad. Con el apoyo de
la Fundación W. K. Kellogg se desarrolló una intensa labor de capacitación del personal de esa unidad, labor en la que
participamos hasta hoy. Además, el programa se amplió a otros consultorios de la Comuna de Peñalolen y
posteriormente a todo el Servicio de Salud Metropolitano Oriente. Al asumir la Dra. Maddaleno responsabilidades como
Asesor Regiónal del tema en la Organización Panaméricana de la Salud en Washington, D.C., el equipo dirígido ahora
por la Dra. Verónica Gaete ha mantenido una activa asesoría a profesionales de salud, educación y otras áreas, a nivel
no solo nacional, sino internacional: en varias oportunidades se han desarrollado actividades conjuntas de capacitación
para profesionales del Cono Sur, y especialmente de la República Argentina. Nuestro texto Guías Curriculares de Salud
Integral del Adolescente () es un producto de éste permanente esfuerzo de capacitación.
Uno de los temas reiterativos en toda esta trayectoria ha sido la convicción de que es mejor integrar los esfuerzos
preventivos dirígidos al adolescente en programas comunes. La tradición de separarlos en categorías fragmentarias
(programas de prevención de farmacodependencias, de medicina reproductiva, de prevención de la violencia o del
fracaso escolar) lleva a múltiples duplicaciones de esfuerzo y a gastos innecesarios para generalmente terminar
ayudando a los mismos adolescentes desde nichos administrativos o burocráticos diversos. Si bien nuestra aproximación
al tema fue desde la salud mental y la prevención del alcoholismo y la drogadicción (),tema en el cual pudimos demostrar

la importancia especial del grupo de pares en los programas educativos () progresivamente hemos llegado a la
convicción de que los factores antecedentes de estos temas, que se revisarán en detalle en varios de los capítulos de éste
texto, son comunes. Los programas preventivos, creemos, debieran desarrollarse en forma cada vez más integrada. El
camino recorrido nos permite señalar en algúnas direcciones: además del fortalecimiento de la familia y la integración
de programas, ya mencionados, agreguemos el foco en los sistemas escolares y la participación juvenil.
Todo éste no ha sido un recorrido solitario: hemos integrado parte de un equipo, al cual es oportuno agradecer en éste
momento. El poder comunicar estos resultados ha sido posibilitado por muchas instituciones y personas. En primer lugar
y antes que nada, por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, que fue el lugar desde donde se desarrolló la
mayoría de nuestros estudios. Esta más que centenaria institución mostró asi una vez más su compromiso con el mandato
de Bello acerca de estudiar los problemas urgentes de nuestro país. Los temas de adolescencia tienen en ella una larga
trayectoria, con nombres como los de Paula Pelaez, Ana Maria Kaempffer, y, actualmente, Santiago Muzzo y Ramiro
Molina. Dentro de esa Facultad, el equipo de la Unidad de Salud Mental contribuyó permanentemente con aportes y
comentarios a esta línea de estudios. Debemos mencionar en especial a su actual directora, la Dra. Gabriela Venturini, a
Macarena Valdés, Anita Marchandón, Nina Horwitz, asi como a Gloria Estrada y Elba Andrade. El trabajo colaborativo
con la unidad de Medicina de la Adolescencia de la Universidad de Minnesotta, y en especial con los Drs. Robert Blum,
Trisha Beuhring y Michael Resnik ha sido una experiencia extremadamente satisfactoria. En el plano editorial, han
difundido nuestros estudios en forma de libros la Editorial Universitaria, las Ediciones de la Universidad Católica de
Chile y la Corporación de Promoción Universitaria. Esta última institución además ha realizado diversos seminarios
académicos para discutir nuestros hallazgos y puntos de vista. El apoyo financiero para las investigaciones ha venido del
Departamento Técnico de Investigación de la Universidad de Chile, del Fondo Nacional de Investigación Científica y
Tecnológica, del fondo de subsidios a la investigación de la Organización Panaméricana de la Salud, y en forma muy
especial, de la Fundación W. K. Kellogg. Esta última, fuera de prestar su apoyo directo al Proyecto Peñalolen, antes
descrito, ha subsidiado la Subred de Familia y Juventud, que ha permitido intercambiar experiencias sobre estos temas
con otros grupos nacionales y con aquellos de allende los Andes. La Organización Panaméricana de la Salud y la
Organización Mundial de la Salud nos han invitado a participar en reuniones de expertos, dándonos asi una visión más
global de estos temas. La preocupación de esa Organización por ellos: la visión profética del Dr. Jorge Rosselot
promovió iniciativas que han sido concretadas por los Drs. Elsa Moreno, Joao Yunes, Nestor Suarez Ojeda, Carlos
Serrano, Mabel Munist, y actualmente, Matilde Maddaleno.
Finalmente, y en forma muy especial, vayan nuestros agradecimientos para la Fundación Rockefeller, que nos ha
permitido redactar éste libro en su Centro de Estudios en Bellaggio, a las riveras del Lago de Como en Italia. Esta
invitación ha posibilitado el tiempo y las condiciones de trabajo ideales para esta tarea.
Ramón Florenzano Urzúa
CAPÍTULO I: INTRODUCCION

Julián observaba cabizbajo como sus compañeros se inscribían en diversas carreras universitarias. Hijo de una
familia humilde, pasó a ser el jefe de hogar cuando a los ocho años de edad su padre abandonó la casa. Su madre, con
esfuerzo y tenacidad, trabajó y pudo mantener a sus tres hijos en la escuela y liceos de su sector. Julián respondió
estudiando seriamente y ayudándola con trabajos ocasionales que podía hacer los fines de semana. Al terminar su
enseñanza media, comprobó como su puntaje ponderado en la Prueba de Aptitud Académica no era, sin embargo,
suficiente para entrar a alguna de las universidades tradicionales. Su madre no contaba con los recursos para inscribirlo en
una privada. Sus compañeros más afortunados elegían alegremente entre diversas carreras que eran anunciadas por los
multicolores folletos de la prensa de fines de año. Resignado a trabajar, comenzó una larga peregrinación con su
curriculum y diploma de licencia secundaria por varios lugares. Pudo allí comprobar como estos no acogían su nivel de
formación como útil más que para tareas de empleado administrativo, junior o de aseador. En la gran mayoría de los
lugares se exigía formación técnica o profesional. Progresivamente se percató de que su posibilidad ocupacional real era
uno de esos empleos. En diversas industrias a las que acudió se le dijo que debería tener una formación técnica más
específica, que con una licencia secundaria tampoco calificaba para actuar como obrero especializado.

Julián observaba cabizbajo como sus compañeros se inscribían en diversas carreras universitarias. Por primera
vez entendió a quienes, frustrados, se refugiaban en la marihuana.

Vivimos en mundo para los jóvenes, pero no de los jóvenes. Los temas ligados a la juventud aparecen a diario en la
prensa, a veces pintados en forma entusiasta e ilusionada, con una visión idealizada de lo que es ser joven hoy día. En
muchas otras oportunidades, los adolescentes aparecen como los chivos expiatorios de múltiples males sociales: la droga,
la promiscuidad sexual, la despreocupación y falta de responsabilidad son presentados como problemas exclusivamente
de ellos. Los jóvenes son halagados y vilipendiados a la vez: los políticos cortejan su apoyo pensando en futuras
elecciones, y los administradores de sistemas educacionales y laborales los ven como los sujetos a quienes hay que
incorporar en sus sistemas sin que alteren demasiado el funcionamiento de éstos. La opinión pública los tiene
constantemente en el foco de su atención. Los departamentos de prensa de los medios televisivos y escritos saben que las
noticias sobre el aumento de consumo de cocaína, de los embarazos tempranos, de la delincuencia juvenil y otros temas
ligados a la juventud, venden, y por lo tanto les dan espacio en titulares y en tiempo estelar de noticiarios y de programas
de conversación.
Al mismo tiempo, los jóvenes se sienten excluidos y fuera del sistema. El teatro, los suplementos juveniles de periódicos,
los programas juveniles de radio y televisión transmiten ese tema una y otra vez. La no inserción en el sistema social es
un tópico recurrente en grupos focales y en proyectos ligados a la juventud. La paradoja entonces consiste en que un
grupo altamente importante para toda la sociedad no se siente incluido como actor significativo de esta preocupación: los
adolescentes, como grupo, no se sienten protagonistas de su propio destino. ¿ Cómo explicar esta paradoja?
Es posible pensar que el cambio social rápido, no solo en Chile, sino en toda América Latina ha creado una crisis de
inserción para los grupos juveniles. Esta crisis está directamente ligada a un conjunto de problemas sociales más amplio,
pero su repercusión entre adolescentes y jóvenes lleva muchas veces a consecuencias negativas para la salud: la
vulnerabilidad a las conductas de riesgo aumenta en situaciones de crisis, tanto sociales como familiares e individuales.
Los cuatro capítulos iniciales de éste libro se centrarán en describir la adolescencia normal, tal como ha sido
normativamente retratada en Occidente, y su contexto. La transición adolescente, con sus cambios físicos y psicosociales,
se da en un sistema donde la familia, la escuela y los pares juegan un rol central. El mundo social externo llega hoy al
joven a través de los medios masivos de comunicación y en especial de la televisión. Usaremos el modelo ecológico de
Bronfenbrenner () para revisar los elementos del contexto del desarrollo “normal”. Luego pasaremos a describir cuales
son las principales conductas y factores de riesgo juveniles hoy día, para luego mostrar las diversas consecuencias de
estas conductas. Hemos trabajado en éste modelo de riesgo acopiando documentación empírica al respecto, que será
utilizada acá para ilustrar esta tesis. Por otra parte, afirmamos que es posible prevenir o minimizar el impacto de éste
riesgo, y que el concepto de resiliencia y de factores protectores es una aproximación útil para el diseño de intervenciones
efectivas. En los capítulos finales de éste texto nos centraremos en ese aspecto, y en especial del impacto de los
programas preventivos.

En éste capítulo pretendemos retratar el contexto global de la situación de los adolescentes en una sociedad de cambio
rápido, para esbozar una explicación de la paradoja antes descrita. Algunos de los elementos de esta contextualización son
los siguientes:
Cambios demográficos en cuanto a la cantidad y características de las poblaciones juveniles.
Inadecuación relativa de los sistemas educacionales.
Progresiva des-ideologización y secularización de la sociedad.
Inestabilidad de las estructuras familiares.
Revisemos a continuación dichos elementos:
Cambios demográficos en cuanto a la cantidad y características de las poblaciones juveniles.

Los avances en

materia de salud pública han llevado a disminuciones espectaculares en las cifras de mortalidad infantil: hoy es cada
vez más raro que un niño muera en el primer año de vida, ocurrencia frecuente hasta la vuelta del siglo XIX. Las
novelas románticas están llenas de historias de huérfanos, viudas, viudos, padres cuyos hijos mueren en la guerra o
quedan dañados por plagas y enfermedades. Hoy esa realidad nos parece lejana, aunque las guerras del siglo XX
probablemente han tenido un costo de muertes y enfermedades superior a muchas del pasado. El hecho de que la
mayoría de los niños que nacen sobrevivan hasta la edad adulta, hace que la humanidad deba enfrentar un desafío cada
vez mayor: acomodar más gente, educarla y darle un espacio en un mundo progresivamente complejo. Esta realidad es
especialmente notoria en América Latina y en países jóvenes como Chile. Los adolescentes pasan a constituir un
porcentaje importante de la población de estos países, que no presentan aún las pirámides envejecidas de Europa u
otros países del Norte. Las tasas de natalidad se concentran además en zonas rurales o en sectores urbano-marginales
de bajos recursos, lo que hace que surja un número importante de personas que quieren acceder a los logros de la
modernidad, que están muy conscientes de los estilos de vida de los países desarrollados y de los grupos de elevados
ingresos en sus propios países, pero que se sienten excluidos de estos avances por razones que no comprenden bien.
La cobertura masiva de los medios actuales de comunicación, y en especial la llegada de la televisión a los sectores
geográficamente más apartados o socialmente más excluidos, hacen aún más patente estas diferencias.
Diciendo lo anterior de otro modo: han sido precisamente los cambios importantes de los indicadores demográficos
chilenos, producto de los avances en salud pública y del desarrollo global del país, los que han hecho que el grupo
juvenil tenga hoy mayor visibilidad que antes. De acuerdo a los datos acerca de indicadores comparativos de
desarrollo hmano, de acuerdo al Human Development Report de 1994 () , la expectativa de vida al nacer en Chile
subio desde 57.1 años en 1960 a 71.9 en 1992. Esta aumentó más en Chile para las mujeres (de 66 a 78 años entre
1970 y 1993), que para los hombres (entre 59 y 71 años). Esto en comparación a variaciones en América Latina de 63
a 72 para las mujeres, y de 58 a 66 para los hombres, y en los EEUU de 75 a 79 para las mujeres, y de 67 a 73 para los
hombres. La tasa de mortalidad infantil bajó de 117 por 1000 nacidos vivos en 1960 a 17 en 1992, y en el mismo
período el producto geográfico per capita subió de 3130 a 7060 dólares anuales. El descenso de la mortalidad infantil
se puede comparar con un descenso de 82 a 43 en toda América Latina, y uno de 20 a 9 en los EEUU. En Chile, el
porcentaje de población urbana ascendió del 75% en 1970 al 84% en 1993, viviendo en 1990 el 35% de la población
total del país en la ciudad capital. Las cifras equivalentes para América Latina son de 57% en 1970 y 71% en 1993, y

de 16% para el porcentaje viviendo en la capital. Para los EEUU, de 74% en 1970 a 76% en 1993, y con un 2%
viviendo en la capital del país. O sea, los chilenos (y en especial las chilenas) que nacen hoy tienen menos mortalidad
infantil, mayor expectativa de vida, mayor ingreso per capita, y en su mayoría viven en ciudades.
La salud de los adolescentes chilenos, como en toda las Américas, es buena si uno utiliza los indicadores clásicos de
mortalidad, la cual es baja en éste grupo de edad, como muestra la tabla 1.1 Por otra parte, si se está consciente de que
muchas de las causas de muerte de los adultos vienen de estilos de vida y conductas de riesgo adoptadas en la
adolescencia, es posible comprender la preocupación de los especialistas por éste grupo de edad.
TABLA 1.1 MORTALIDAD ESPECÍFICA EN EL GRUPO DE EDAD DE LOS 15 A LOS 24 AÑOS, POR PAÍS,
SEGUN DATOS DE LA ORGANIZACION PANAMÉRICANA DE LA SALUD (). Tasas por 100.000 habitantes.
País

Ambos sexos

Varones

Mujeres

Costa Rica

61

80

41

Martinica

66

98

33

Barbados

66

80

50

Jamaica

67

83

51

Saint Lucia

73

98

49

Canada

78

115

39

Uruguay

79

105

52

Argentina

87

114

56

República Dominicana

87

103

71

Chile

88

131

43

Surinam

90

145

61

Panamá

94

132

55

Perú

100

116

83

EEUU

102

152

50

Trinidad y Tobago

103

145

61

Cuba

105

132

78

México

106

154

57

Guyana Francesa

110

146

74

Ecuador

129

166

90

Guyana

129

162

97

Belize

130

148

112

Bahamas

132

198

53

Brasil

142

218

67

Colombia

192

309

72

El Salvador

205

319

94

Guatemala

210

252

166

El crecimiento demográfico chileno se caracterizó, tal como otros países de la Región, por un período sostenido de
expansión demográfica, con un incremento moderado inicial durante la primera mitad del siglo (con tasas de crecimiento
del orden de 1.5% anuales), seguido por una aceleración del crecimiento durante las décadas del 50 y comienzos del 60
(2.5% anual), y una tendencia a la desaceleración desde la década del 70 (promedio del 2% anual) que se hizo mayor
desde 1990 hasta ahora, en que la tasa chilena es menor al promedio de crecimiento hispanoaméricano (1.4% vs. 1.6%
para la Región). Esta tendencia general hace que la población jóven, que se incrementó significativamente desde 1950
hasta la primera mitad de la década del 80 haya tendido posteriormente a disminuir. Segun datos de INE (), la población
jóven, que representaba en 1982 el 30% de la población total del país, se redujo en 1992 al 27%. La mayor disminución
porcentual se dio en las Regiones extremas (I y XII) y en las más pobladas (V y Región Metropolitana). La distribución
geográfica de los jóvenes presenta diferencias con respecto a la población total. El porcentaje de sujetos entre 15 y 29
años que vive en áreas urbanas es de un 83.3% en comparación al 80.9% de la población total. Esto contrasta con un
16.1% de jóvenes en áreas rurales, comparados a un 19.8% de la población total del país. En suma, hay hoy en Chile
menos jóvenes, y éstos se concentran en las áreas urbanas.
Inadecuación relativa de los sistemas educacionales. La respuesta tradicional a las necesidades anteriormente descritas
ha sido la educación. Hace un poco más de cincuenta años un presidente chileno llegó a La Moneda con el slogan de
“Gobernar es Educar”. Muchos de los grupos profesionales y de las clases medias hoy en el poder obtuvieron una
importante movilidad social a través de tener una educación superior facilitada por apoyos y subsidios estatales. El
sistema educacional actual experimenta una demanda sin precedentes, y nuevamente los gobernantes cifran sus
esperanzas de desarrollo del país en la mejoría de la calidad de la educación. El contexto económico es diferente, sin
embargo al de la década del 40, y aparece comparativamente más complejo el dar acceso equitativo a la educación a
todos los jóvenes que la buscan. Los modelos sociales han también cambiado, y la identificación con futbolistas,
cantantes o figuras artísticas es mayor que aquella con poetas, literatos o científicos que aparecían como imágenes
prestigiosas en décadas anteriores. La educación tiende por otra parte a centrarse aún en modelos retóricos, que dan
destrezas en manejo de conocimientos no siempre útiles, y que consideran como de menor categoría a oficios y
destrezas ligadas a las nuevas tecnologías. La educación actual adolece por lo tanto de fallas en su profundidad y en
sus áreas de concentración. El relativo descuido de los establecimientos técnico-profesionales es un ejemplo de la
anterior afirmación. Cada vez más observamos como el contar con un grado secundario o con una licenciatura en
humanidades no califica para muchas de las ofertas del mercado, que valorizan habilidades y destrezas en informática,
administración, u otras tecnologías cada vez más necesarias en el mercado ocupacional. En suma: la oferta
educacional, insuficiente en cantidad, no prepara tampoco a los jóvenes para el tipo de ofertas laborales del presente.
La educación chilena, como en muchos otros países latinoaméricanos, experimentó un crecimiento explosivo a lo largo de
éste siglo: desde ser un fenómeno de elites a comienzos de éste, se masificó alrededor de las décadas del 40 y 50,
primero en el nivel primario, llegándose a muy altos porcentajes de población alfabetizada (hoy el porcentaje de
analfabetismo para el grupo de edad entre 15 a 29 es de un 1.8%), o en el secundario, en la década de los 60, y
finalmente en el universitario y técnico, en la década de los noventa.

La cobertura educacional para la enseñanza

media aumentó de poco menos de un 50% en la década del setenta a un 80% en 1990. En términos generacionales, el
grupo de edad juvenil presenta un mayor nivel de escolarización que las generaciones de sus padres y mucho más que
la de sus abuelos, procesos ligados a la urbanización del país, así como a la expansión de la cobertura educacional de
las últimas décadas. Esta expansión es también patente en el nivel superior: Chile término la década del 80 con 34
universidades y 53 institutos profesionales. En 1992 las universidades habían aumentado a 67 y los institutos a 76. El
porcentaje de la población juvenil que ese año había accedido a alguna forma de educación superior era de un 12.4%.
En todo caso, la situación chilena se compara favorablemente con el resto de la región de las Américas. En cuanto a
educación, los datos del Banco Mundial para 1995 muestran que el porcentaje de niños inscritos en el sistema
primario en Chile fue de 96%, semejante al promedio de América Latina. El porcentaje de inscritos en el nivel
secundario subió de 37% en 1970 a un 72% en 1992, y aquel en la educación superior ascendió de 13 a 23%. Los
porcentajes equivalentes en el nivel secundario para América Latina fueron de 28 y 45%, y para el nivel terciario de
11 a 23%. En los EEUU, el ascenso equivalente para la educación superior fue de 56 a 76%.
A comienzos de siglo, para la mayoría de los chilenos la relación entre familia y trabajo era directa: se trabajaba
directamente dentro del seno de la familia, o se pasaba de la familia al trabajo directamente, sin intermediaciones. En la
medida que el sistema educacional se masificó, la escuela medió en forma cada vez más importante la transición entre
familia y trabajo, transformándose en una instancia potenciadora a veces, y una barrera en otros casos, para la inserción
laboral de los individuos. Este cambio se liga a la disminución de las ofertas laborales para los jóvenes: la tasa de
desocupación juvenil ha sido creciente, a pesar de los avances de la expansión del sistema educacional antes descrito: los
adolescentes en 1988 tenían un desempleo que equivalía a 2,1 veces la tasa nacional, razón que en 1993 aumentó a un 2,7
evidenciando una mayor desocupación relativa de los jóvenes.
Mucha de la frustración por esta falta de ajuste entre los sistemas laboral y educacional explican la sensación de
“ausencia de futuro”, como un autor colombiano ha denominado a la situación recién descrita, imperante entre muchos
adolescentes y jóvenes (). En especial, el proceso de ampliación de la educación superior ha llevado a una estratificación
de las instituciones universitarias que tiene que ver tanto con el origen social de los alumnos, como con la calidad de la
educación que se imparte en su interior. Una serie de estudios muestra con claridad la diferencia de origen social de los
alumnos de las universidades según estas sean consideradas de elite o de masa, públicas o privadas. La calidad de la
educación brindada por las universidades así llamadas tradicionales se liga a un compromiso aún existente del
profesorado, y con otros hechos tales como el tiempo de dedicación de los docentes, la presencia de profesores con
estudios de postgrado y la existencia de investigación. En el nivel medio es donde se ha segregado en forma más intensa
la calidad de la educación: la ventaja histórica de las universidades públicas tradicionales ha desaparecido en el caso de
los liceos públicos, y hay una estratificación cada vez mayor en el sistema secundario de educación.
Progresiva des-ideologización y secularización de la sociedad. Este fin de siglo ha presenciado el crepúsculo de las
ideologías. Quizá el mismo entusiasmo con que hace cien años se pensaba que los sistemas filosóficos entonces en
boga, tales como el marxismo o el psicoanálisis, podían explicar muchos fenómenos y carencias humanas, y abrían un
nuevo cauce al ideal racionalista de los dos siglos que terminaban, se ha colocado hoy día en insistir en que no existen
sistemas verdaderos, y que toda aspiración a un conjunto de principios y valores que guíen la vida de las personas es

fútil. Esta actitud relativista de muchos intelectuales y líderes de opinión actuales impacta particularmente a los
jóvenes. El adolescente, por razones que profundizaremos más adelante, tiende a buscar en forma activa un sentido
para su vida. Por largo tiempo la religión y las ideologías proporcionaban un cauce al altruismo e idealismo juveniles.
Hoy, al primar una actitud escéptica y desilusionada acerca de las posibilidades de la humanidad, el joven se siente a
veces obligado a vivir en tiempo presente: si no se le ofrece un futuro, sea laboral, sea en términos de una misión
trascendental que acometer, el adolescente con cierta razón tiende a vivir en el “aquí y ahora”, adoptando actitudes
hedonistas o emotivistas con respecto a su propia vida. La ciencia positiva empírica, que por una parte aporta los
avances tecnológicos y prácticos que impresionan e impactan a diario, no ofrece por otra un sistema de creencias que
le permita despegarse de una actitud consumista en tiempo presente. Muchas de las conductas de riesgo que
revisaremos después se pueden relacionar con esta falta de compromiso vital.
Nuestra evidencia empírica con respecto a la religiosidad de los adolescentes proviene de nuestros estudios acerca de
las características de los adolescentes escolarizados santiaguinos (). En ese estudio, encontramos que si bien la
adscripción religiosa informada por los jóvenes es alta (el 88.3% de los jóvenes se describe como católico o
perteneciente a otra religión cristiana), la observancia religiosa real es baja: solo el 19% dice ser muy religioso en el
sentido de asistir semanalmente a un oficio religioso, como misa dominical u otro rito. En cuanto a adscripción
ideológica, la tendencia mostrada por diversas encuestas es que el interés de los jóvenes por la política, el nivel de
satisfacción y la percepción juvenil de la eficacia de la democracia han decaído notablemente en Chile (). Un estudio
del Instituto Nacional de la Juventud de Chile afirma: “Los jóvenes no se sienten incorporados a esta democracia que
se institucionaliza como representativa, a la política que se profesionaliza (carrera que exige destrezas, dedicación
exclusiva, estructura jerárquica de cargos y tareas y que deviene en acuerdos y negociaciones infinitas y lejanas” ().
Inestabilidad de las estructuras familiares. Para la mayoría, la estructura social en la que se inserta la propia vida es la
familia. Se nace en una familia, se forma una familia, se muere en familia. Para la mayoría, la familia es el marco de
la propia biografía. La institución familiar también ha sufrido cambios y desafíos cada vez mayores a lo largo de esta
centuria. Hace pocos días, el titular de un semanario internacional se preguntaba si estaba obsoleto el matrimonio ().
Se plantea el que no existe una, sino muchos tipos de familias. Las cifras de divorcios tienden a aumentar en muchas
latitudes. En nuestro estudio sobre jóvenes santiaguinos, encontramos que el 20.6% de los adolescentes encuestados
decían que sus padres estaban separados. En países del primer mundo estas cifras son mucho mayores: la tasa de
divorcio (calculada como porcentaje sobre el total de matrimonios contraídos) para 1995, de acuerdo al Informe
Mundial de Desarrollo (op.cit) fue para Finlandia de 58%, para Dinamarca de 49%, para Suecia y para los Estados
Unidos, de 48%. Esto se compara con un 17% para Polonia, un 11% para España, un 8% para Italia y un 4% para
Portugal. Esta así llamada “crisis de la familia” en nuestra época también impacta poderosamente a los jóvenes. En
nuestras encuestas, estos señalan como uno de los elementos cruciales en el propio proyecto de vida es el poder
formar una familia. A pesar de que muchos de ellos provienen de hogares con problemas, todos esperan poder superar
estos y no repetir los errores que piensan que cometieron sus padres. La despreocupación social por la familia, sea en
términos de exigencias laborales que limitan el tiempo de uno o ambos padres para estar con los suyos, sea en
términos de falta de apoyo social a las necesidades emocionales de los grupos familiares es una de las áreas más
rechazadas por los jóvenes. La disfunción familiar, como también veremos, se encuentra muchas veces detrás de

problemas que presentan los adolescentes.

Un Marco referencial
¿Qué tiene que ver lo anterior con la salud de los adolescentes? La preocupación de médicos, enfermeras y de otros
profesionales de la salud por estos temas ha sido progresiva, al comprobar que detrás de las principales causas de muerte
y de enfermedad de los jóvenes se encuentran problemas ligados a los factores anteriores: esto hace que los temas de
ecología humana, de relaciones familiares, de sistemas educacionales, de creencias y valores hayan alcanzado progresiva
importancia en la agenda de salud pública en muchos países. En el nuestro también en la última década se ha producido
un interés creciente por los temas juveniles.

En éste libro intentamos mostrar en detalle la interrelación entre el

crecimiento y desarrollo individuales del adolescente y su contexto cercano, especialmente familiar, y el resto de su
entorno. Para ello, el marco teórico global que utilizaremos será el antes mencionado planteado por Urie Bronfenbrenner
(18), que es para nosotros una aproximación muy útil, centrada en una concepción ecológica del desarrollo humano. La
tesis central de éste autor es que el adolescente debe ser estudiado en el contexto en el que se desarrolla, o sea, en los
diversos estratos de su ecosistema. Asimismo, cualquier intento de intervenir y remediar problemas evolutivos debe
considerar las interacciones existentes entre el organismo y su ecosistema. Ve así la experiencia individual como un
conjunto de estructuras insertas las unas en las otras, o sea, como un juego de

muñecas rusas. Desarrolla así una

terminología útil para realizar éste análisis entre capas de los diversos sistemas:
El microsistema es el nivel más inmediato al individuo en desarrollo: sus realidades inmediatas y cotidianas. Para
cualquier niño o adolescente, su microsistema corresponde a los lugares en los cuales habita, las personas que están
con el, y lo que hacen en conjunto. Para la mayoría de los niños el microsistema original es pequeño y está constituido
por la familia, primero en una interacción diádica con la madre, que luego se amplía a un conjunto de relaciones
triádicas con el padre o con los hermanos, en actividades simples: alimentarse, ser aseado, ser acariciado. En la
medida que el niño va creciendo surgen mayores complejidades. Hace más cosas, con diversas personas, en más
lugares. Para Bronfenbrenner, la esencia del desarrollo es la capacidad de expansión. El motor del desarrollo es el
cariño o amor de quienes lo rodean. En cuanto a actividades, el niño comienza tempranamente a jugar y desarrolla
más lentamente su capacidad para trabajar. Esos tres elementos: amor, juego y trabajo son las actividades centrales del
microsistema infantil y si se dan positivamente, constituirán la base de una adecuada salud mental futura, siguiendo la
clásica definición freudiana: la salud mental como “la capacidad de amar y trabajar” con el agregado rogeriano de
“… y jugar”. El desarrollo infantil se caracteriza por el aumento en complejidad de las relaciones en las que participa
o que observa: el reconocer que los padres tienen una relación entre ellos es un paso importante evolutivo en algún
momento de la niñez. El microsistema infantil entonces se amplia por un aumento en el número de relaciones
recíprocas con más personas y mayor grado de complejidad en la medida en que se crece.
Un segundo nivel de interacciones está constituido por los mesosistemas. Estos son conexiones entre microsistemas en
los que está inserto el niño o adolescente. Un ejemplo sería la primera ida del niño sin compañía de sus padres a la
escuela. Este sería un vínculo mínimo entre dos sistemas: la familia y la escuela. Es mínimo porque el nexo es único:
el propio niño. Si se mantuviera esta relación escasa entre padres y sistema escolar, aparece un factor de riesgo, ya que

pueden haber diferencias progresivas en cuanto a valores, experiencias, o estilos conductuales entre escuela y familia.
Las familias que no valorizan la educación, que no tienen preparación formal ellos mismos, que no tienen libros o
enciclopedias en casa, que no promueven la lectura u otras destrezas académicas básicas, y que no usan el mismo
lenguaje que se usa en el colegio, van colocando al niño en una progresiva desventaja. En contraste, cuando hay
vinculación cercana de la familia y colegio, o sea, hay un mesosistema denso, los riesgos se transforman en
oportunidades y mejora la posibilidad de una alta competencia académica. El principio global es que mientras más
fuerte y complementaria es la relación entre microsistemas, más poderoso será el mesosistema resultante, y más
potente su influencia en el desarrollo infantil.
Un tercer nivel es el de los exosistemas. Estos son situaciones que afectan el desarrollo infantil, pero en los cuales el niño
no participa. Incluyen el trabajo de sus padres, y los niveles de decisión, como las directivas de los establecimientos
educacionales y las comisiones de planificación de las municipalidades, o las Juntas de Vecinos de los barrios donde
viven. Las decisiones tomadas en estos exosistemas afectaran directamente la vida cotidiana del niño. En éste nivel, el
riesgo puede surgir cuando hay situaciones que empobrecen la calidad de vida del microsistema infantil. Por ejemplo,
si el trabajo no le da ninguna flexibilidad a la madre en cuanto a horarios o a tiempo para cuidar a un hijo enfermo, o
si el padre tiene un trabajo que requiere que viaje constantemente y pase poco tiempo en casa. El efecto más frecuente
del exosistema se ve cuando el nivel de ingresos es inadecuado para las necesidades familiares. Otra fuente potencial
de riesgo en estos casos es cuando se toman decisiones que afectan en forma directa y negativa al niño: cuando se
decide que las actividades de enriquecimiento curricular deben ser pagadas en forma adicional, o cuando el consejo
municipal autoriza venta de alcohol en locales cercanos al establecimiento educacional. Muchos niños quedan así
expuestos a riesgos innecesarios por falta de una actitud de defensa de los niños de parte de los componentes de los
cuerpos intermedios que toman decisiones. El tema de la equidad educacional es aquí entonces muy importante.
Finalmente, esta el nivel denominado de macrosistemas, que corresponde a las instituciones e ideologías que componen
una cultura o subcultura particulares. Constituyen éstos los “guiones” del desarrollo individual, sean nacionales
(chilenos, argentinos, latinoaméricanos), ideológico-religiosos (judeo-cristianos, socialistas, capitalistas). Se refieren
entonces a una orientación acerca de “como debiera ser el mundo”. El cambio cultural de un sistema a otro ha sido
una de las tónicas de nuestro siglo, pudiendo ser evolucionario y lento, o revolucionario, cuando unas pocas personas
instauran un cambio total, como sucedió con Cuba con el advenimiento de Fidel Castro al poder, o cuando Gorbachov
promovío la perestroika de la ex-Union Soviética. El proceso de urbanización acelerada de las urbes latinoaméricanas
es otro cambio macrosistémico que afecta directamente a los adolescentes de hoy. Estos cambios globales afectan
positiva o negativamente a los adolescentes que viven en estos períodos. Una política económica que no ayuda a
mejorar la calidad educacional claramente afecta el desarrollo de los individuos, así como el grado de sistemas de
apoyo a los exosistemas cercanos a las personas en las comunidades locales. Políticas laborales de apoyo a las
necesidades de las familias también pueden ser muy necesarias para favorecer un mejor nivel de desarrollo.
En resumen, la perspectiva ecológica anterior, que se ilustra en el grafico 1.1, es una mapa mental que permite entender la
naturaleza o interacción de muchos de los factores de riesgo que mencionaremos. Estos pueden ser vistos como
negativos, cuando afectan dañinamente el desarrollo, o sea factores de riesgo en el sentido estricto, o positivos, cuando
promueven el desarrollo, o sea factores protectores. Si bien el microsistema es el ambiente más directamente involucrado
en el desarrollo infantil, todos los niveles descritos terminan influyendo en el resultado final de éste. GRAFICO 1.1

RESUMEN DE LA PERSPECTIVA ECOLÓGICA DEL DESARROLLO ADOLESCENTE, Modificado de
Bronfenbrenner.

La formación de los profesionales de la salud con respecto a adolescentes y jóvenes ha sido errática: en general en las
escuelas de medicina, enfermería, nutrición y otras existe poca información con respecto a estos temas, y lo que hay es
hecho en

forma fragmentaria en diversas cátedras y ramos clínicos: pediatría, gineco-obstetricia, endocrinología,

psiquiatría, medicina familiar, etc. Lo mismo se aplica a carreras de otras profesiones que posteriormente deben trabajar
intensivamente con adolescentes: psicología, trabajo social, pedagogía, etc. Como una manera de remediar esto un
conjunto de docentes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile preparamos recientemente un texto con guías
curriculares acerca de estos temas (). En lo que sigue, revisaremos las definiciones y etapas del desarrollo adolescente
normal y su contexto familiar, del grupo de pares, escolar y social. En términos de Bronfenbrenner, estudiaremos primero
al adolescente y luego a su microsistema.
Datos empíricos sobre la juventud chilena: el proyecto EPSAS.
Nuestro equipo en la División de Ciencias Médicas Oriente de la Facultad de Medicina Universidad de Chile ha trabajado
por ya más de una década en el tema de la Salud Familiar. Nuestras investigaciones apuntan a una correlación cercana
entre disfuncionalidad familiar y aparición de conductas de riesgo en el adolescente. Estos resultados nos han hecho
también buscar intervenciones que eviten tal disfuncionalidad. Nuestra hipótesis fue que el camino a un desarrollo
psicosocial sano del adolescente atraviesa por el campo de un funcionamiento familiar activo y enriquecedor. Desde éste
punto de vista, la mejor manera de prevenir la drogadicción, la delincuencia o el embarazo temprano adolescente es el
promover un funcionamiento familiar sano.
A continuación describiremos un trabajo que buscó estimar la relación entre la

prevalencia de conductas de riesgo

biopsicosocial en adolescentes escolares de la Región Metropolitana de Santiago de Chile y su relación con la diferentes
situaciones dentro de la familia, tales como separación, consumo excesivo de alcohol, y maltrato intrafamiliar. Se
entendió como conducta de riesgo, el consumo frecuente de cigarrillo y alcohol y el consumo de drogas ilegales, así
como robo, agresividad individual o colectiva

y vandalismo entre las actividades antisociales. La hipótesis de éste

estudio fue que existía una asociación entre la psicopatología parental y la manifestación de algunas conductas de riesgo ,
así como la manifestación de síntomas emocionales y la frecuencia de maltrato físico y abuso sexual entre los
adolescentes hijos de padres con psicopatología.
La población, objetivo de éste estudio, la constituyeron aproximadamente 365.425 adolescentes escolares, cuyas edades
fluctuaron entre 10 y 19 años y que al contestar la encuesta aplicada, cursaban entre séptimo básico y cuarto medio en
colegios municipalizados y particulares subvencionados del Gran Santiago. Esta población correspondía al 80% de la
población total de los escolares de la Región Metropolitana.
La muestra utilizada fue una muestra probabilística por conglomerados, trietápica y estratificada por nivel
socioeconómico. Se identificaron cuatro estratos homogéneos de comunas a partir de variables socioeconómicas extraídas

de una ordenación previamente conocida de las comunas del país (). En cada estrato, se sorteó un número proporcional
de comunas; de entre estas comunas, 41 colegios municipalizados y particulares subvencionados; y de estos colegios, 56
cursos. Finalmente, en estos últimos, se incluyó a la totalidad de los alumnos asistentes el día de la encuesta, se conformó
una muestra de 1904 adolescentes escolares. El error calculado fue de 2.5% y el nivel de confianza, de 95%.
El instrumento utilizado fue la Escala de Conductas de Riesgo Adolescentes, cuestionario adaptado en Chile por nuestro
equipo (), a partir de un cuestionario - el Minnesota Adolescent Health Survey () - que ha sido usado en el Programa de
Salud de Adolescentes de la Universidad de Minnesota y validado en una muestra de 2160 adolescentes de ese Estado ().
Posteriormente, esa misma encuesta fue aplicada en los Estados de Alaska () y en la comunidad de Puerto Rico, donde se
tradujo al español.
La versión original del instrumento consta de 189 preguntas. Las modificaciones introducidas en Chile fueron concebidas
a partir de un proceso que incluyó la aplicación del cuestionario original a

adolescentes consultantes en el nivel

secundario ( Servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital del Salvador), en el nivel primario (Consultorio La
Faena) y a adolescentes asistentes a dos colegios semejantes a los que constituyeron la muestra final. A partir de las
observaciones de éstos se evaluaba - en cada etapa- la comprensión, adecuación y respuesta a los ítemes que constituían
el instrumento original. Paralelamente, con metodología de grupo focal se identificaron las principales áreas
problemáticas de los hijos de padres con psicopatología mayor. Este proceso permitió la identificación de 70 preguntas
que abordan las siguientes áreas: características sociodemográficas; características de la familia; percepción de conductas
de riesgo de los padres; uso de sustancias químicas por el propio adolescente; oras conductas de riesgo; síntomas
emocionales en el último mes. A lo largo de éste libro mostraremos los resultados de esta investigación.
A lo largo de éste texto, ilustraremos los diversos temas tratados con los resultados de éste proyecto de investigación.
CAPÍTULO II: LOS CONCEPTOS DE JUVENTUD Y ADOLESCENCIA, HOY.

Ya en la Atenas clásica, el tema de los jóvenes era motivo de preocupación para gobernantes y filósofos. La tendencia de
los adolescentes a crear disturbios, a no obedecer a sus mayores y a aparecer como rebeldes y pendencieros, es puesta en
boca de Socrates por diversos de los diálogos iniciales de Platón.. Un tema recurrente entre los clásicos fue el de la
Paideia y el de la educación de los jóvenes, no sólo en el sentido de conocimientos técnicos que les dieran destrezas
profesionales, sino en el de saber como vivir la vida, como cuidar de sus asuntos familiares, y sobre todo, de como
participar como ciudadanos en la vida de la polis. El tema de que hacer con las pandillas de imberbes reaparece entre
los historiadores medievales, que describen una y otra vez como las guerras entre ciudades, las vendettas y las
disensiones entre facciones internas en Génova, Venecia o en el Friuli utilizaban las armas volátiles generadas por la
pasión, arrojo e inexperiencias juveniles.

Definiciones
La adolescencia constituye el período de la vida en que el niño deviene adulto. Etimológicamente, el término

"adolescere" significa crecer hacia la adultez. Se ha dicho que el comienzo de la adolescencia es biológico, ya que se
produce por cambios endocrinos y sus consecuencias en el cuerpo, y que su fin es psicosocial, terminando cuando el
jóven es capaz de definir elecciones de pareja y vocacional. Esta afirmación, siendo correcta, abre una amplia gama de
interpretaciones en cuanto a los momentos de comienzo y fin de éste período. La Organización Mundial de la Salud
(OMS) ha preferido, para evitar confusiones, utilizar criterios cuantitativos, definiendo adolescencia y juventud por
grupos de edad (). Para la OMS, la adolescencia es la etapa que ocurre entre los 10 y 20 años de edad, coincidiendo
su inicio con los cambios puberales y finalizando al cumplirse gran parte del crecimiento y desarrollo
morfológicos. La juventud, por otra parte, es el período entre los 15 y 25 años de edad. Constituye una categoría
sociológica, caracterizada por asumir los jóvenes con plenitud sus derechos y responsabilidades sociales.
La adolescencia ha también sido definida () como el período durante el ciclo vital de la persona en el cual muchas de sus
características cambian desde lo que típicamente se considera infantil hacia lo que típicamente se considera adulto. Los
cambios más evidentes a la observación son los corporales. Sin embargo, otros atributos menos bien definidos tales como
los modos de pensamiento, las conductas y las relaciones sociales también se alteran definitivamente durante éste
período. La velocidad de estos cambios varia de un individuo a otro.
HISTORIA DEL CONCEPTO
El estudio científico empírico de la adolescencia es un tema propio de los últimos cien años. Su desarrollo conceptual
coincide con el nacimiento de la psicología infantil, siendo quizá el primer autor que la estudió el norteamericano Hall,
alrededor de 1882. La publicación de su texto clásico sobre el tema en 1904, () titulado “Adolescence: Its Psychology and
Its relations to Physiology, Anthropology, Sociology, Sex, Crime, Religión and Education”, enuncia las mismas afinidades
disciplinarias que continuan vinculándose dia al tema hasta hoy.
El hecho de que el estudio científico del adolescente sea relativamente reciente, no quiere decir sin embargo que
anteriormente no existiera una preocupación social por los jóvenes. En el hecho, ya Aristóteles, en la antiguedad clásica,
describió en forma detallada los cambios del período puberal en términos de cambios de voz, desarrollo de caracteres
sexuales secundarios, determinando a que edades, y en que momentos se producían la menarquia en la mujer y la
aparición del vello pubiano en el varón. Sin embargo, el ciclo vital para el estagirita abarcaba solo tres edades (niñez,
juventud y senectud), denominando jóvenes a sujetos entre los siete y los cuarenta años. Los romanos tampoco hicieron
una distinción nítida entre puer (niño) y adolescens (adolescente), tratándolos como sinónimos frecuentemente, y
aplicando el término aún a muchos adultos jóvenes. Fue el emperador Constantino de Bizancio el primero en delimitar
seis a siete edades o eras en la vida humana. La tercera fue denominada por el adolescencia, definiéndola como “el
momento en el que la persona crece hasta el tamaño que le asignó la naturaleza”. Durante la Edad Media, el niño se
transformaba en adulto entre los cinco y los siete años, norma que se mantuvo prácticamente hasta el presente entre los
grupos socio-económicamente deprivados. En el momento de comenzar a trabajar, el niño se transformaba de golpe en
adulto, lo que era muy frecuente en el Medioevo, especialmente entre los siervos. Aries () ha escrito un libro apasionante
acerca de la emergencia histórica de la niñez en Occidente, describiendo el rol que cumplieron las escuelas en crear la
conciencia de la existencia del niño y del adolescente como individuos con características diversas del adulto. Este hecho

ha sido explicado por razones centralmente demográficas: la expectativa promedio de vida era tan corta que las diversas
edades no eran en general percibida. Las personas de edad eran extremadamente raras. Un historiador experto en el
período colonial venezolano nos contaba como en una estadística en Caracas colonial, solo dos personas habían conocido
a sus abuelos (). La estructura social extremadamente rígida y estratificada hacía también que la mayor parte de las
personas dependieran toda su vida de una minoría rica y noble. Esta dependencia hacía que incluso en el lenguaje se
siguiera utilizando el término “niño” toda la vida para dirigirse a los miembros de las clases más bajas. En la Rusia
Imperial, como las novelas de Tolstoy nos lo recuerdan, el apelativo habitual de los siervos hacia sus feudatarios era el de
“padrecito”. Finalmente, no había mayor interés en explorar las diferencias cognitivas ni el nivel de destrezas de las
personas, ya que en general no se requería mayor habilidad para enfrentar las demandas promedios de la vida, con
excepción de los estamentos militares o al servicio de la Iglesia en monasterios o abadías.
Aspectos fisiológicos.
El término adolescencia propiamente tal fue reutilizado a partir del siglo XIX por los biólogos, para describir el período
evolutivo entre la pubertad y el final del crecimiento físico. Ya en 1795 un médico, Osiander, comenzo a recolectar
estadísticas acerca del crecimiento y desarrollo puberales, y en el libro de Hall antes citado éste revisa más de 60 estudios
al respecto. Hasta hoy, sin embargo, para muchos esta definición biológica sigue teniendo validez. Citemos al respecto a
Ford y Beach () que dicen:
”Adolescencia es el período que se extiende desde la pubertad hasta el desarrollo de la madurez reproductiva completa…
Las diferentes partes del sistema reproductivo alcanzan su eficiencia máxima en momentos diferentes del ciclo vital. Por
eso, hablando en sentido estricto, la adolescencia no se completa hasta que todas las estructuras y procesos necesarios
para la fertilización, concepción, gestación y lactancia no han terminado de madurar”
Los cambios físicos y psicológicos de la adolescencia no se dan de modo uniforme. Sin embargo, en la mayoría de las
personas siguen una secuencia previsible. Es útil hablar de fases del cambio corporal en la adolescencia. Estos cambios
corporales afectan la altura, el peso, la distribución de los tejidos grasos y musculares, la secreciones hormonales y las
características sexuales. Cuando los primeros de esos cambios aparecen, pero la mayoría están pendientes, la persona esta
en la así llamada fase prepuberal. Cuando la mayoría de los cambios que debieran producirse ya se han iniciado, se habla
de la fase puberal. Finalmente, cuando la mayoría de los cambios corporales ya terminaron, se dice que la persona está en
la fase postpuberal. El período adolescente termina así, desde el ángulo biológico cuando todos los cambios físicos
asociados a la adolescencia han sido completados.
Estos cambios corporales modifican tanto los caracteres sexuales primarios como secundarios. Los caracteres sexuales
primarios están ya presentes en el momento del nacimiento y comprenden los genitales externos e internos (tales como la
presencia de pene y testículos en el varón y de vagina y ovarios en la mujer). Los caracteres sexuales secundarios son
aquellos que emergen desde la fase prepuberal hasta la postpuberal (tales como las mamas en la mujer y pelo facial
pigmentado en los hombres). Diversos cambios se producen específicamente dentro de cada uno de los tres períodos
anteriores. El período prepuberal comienza con las primeras indicaciones de maduración sexual, y termina con la
aparición inicial de pilosidad pubiana. En los varones, hay aumento evidente de los testículos, crecimiento y
enrojecimiento del saco escrotal, y del largo y circunferencia penianas. Estos cambios involucran todos a los caracteres
sexuales primarios. En la mujer, los cambios prepuberales típicamente comienzan en promedio dos años antes que en los

hombres. El primer fenómeno de desarrollo femenino en éste período es el aumento de los ovarios y la maduración de los
ovocitos. En contraste con los varones, estos cambios de caracteres sexuales primarios no son observables externamente.
Sin embargo, hay alteraciones de los caracteres secundarios, tales como redondeo de las caderas y la primera fase del
desarrollo mamario. Este último comienza con una elevación de la areola alrededor del pezón, lo que produce una
pequeña protuberancia denominada “botón mamario”.
El período puberal en ambos sexos comienza con la aparición del vello pubiano, y termina cuando éste crecimiento
piloso se completa. La mayor velocidad de crecimiento en altura y peso se produce también durante esta fase. El así
denominado “estirón del crecimiento” se produce dos años antes en las mujeres que en los varones. Otro cambio clave de
la pubescencia en las mujeres es la menarquia, o el comienzo de las menstruaciones, que se produce alrededor de 18
meses después del máximo aumento en estatura, que típicamente no va acompañada por ovulación. En la pubescencia los
caracteres sexuales primarios continúan el desarrollo iniciado en la prepubertad. En las mujeres la vulva y el clítoris
aumentan de tamaño. En los varones los testículos continúan creciendo, el escroto crece y se pigmenta, y el pene se
elonga y aumenta de diámetro. En cuanto a los caracteres sexuales secundarios, en las mujeres hay un mayor desarrollo
de los senos, y los pezones forman la mama primaria. En los varones, la voz se hace más profunda y aparece pilosidad
pigmentada en las axilas y pelo facial, generalmente alrededor de dos años después de la aparición de vello pubiano.
La fase postpuberal comienza cuando el crecimiento del vello pubiano se ha completado, produciéndose también una
desaceleración del crecimiento en altura. Los cambios en los caracteres sexuales primarios y secundarios están
básicamente completos, y la persona ya es fértil. Se producen también algunos cambios en estos caracteres sexuales: en
los hombres comienza a crecer la barba, y en la mujer prosigue el crecimiento de los senos.
Los cambios fisiológicos anteriores son gatillados y controlados desde el sistema nervioso central a través de un eje
formado por el hipotálamo, la hipófisis y las gónadas, denominado a veces el “gonadostato”, por comparación con los
termostatos que regulan las temperaturas de una casa (). El hipotálamo libera un factor liberador (el LHRF) que actúa
sobre la hipófisis, que a su vez libera hormona luteinizante o LH y hormona folículo estimulante o FSH, que a su vez
estimulan a las gónadas para que estas produzcan estrógenos o andrógenos. El nivel de estrógenos controla el
gonadostato, haciendo que cuando su nivel ascienda sobre cierto nivel, se frene la producción de factores liberadores. En
la pubertad se produce un cambio en éste sistema, que existe desde el nacimiento, necesitándose niveles mucho mayores
de estrógenos o testosterona para producir esta frenación del eje hipotálamo hipofisiario. Es como si un termostato
colocado para responder a 2 grados Celsius dejara de hacerlo y comenzara a hacerlo a 30 grados. Se necesitan así mucho
mayores niveles de hormonas para provocar una respuesta hipotalámica.
Aunque esta secuencia de cambios es bastante uniforme, entre los individuos hay una considerable variación en la
velocidad del cambio. Algunos adolescentes maduran más rápido y otros lo hacen más lentamente. Esta variabilidad en la
velocidad del cambio puede afectar el desarrollo psicológico y social de la persona. Los niños que maduran precozmente
en general tienen un mejor ajuste que aquellos que lo hacen más tardíamente, llegando a tener mejor interacción con sus
pares y con los adultos. Estas ventajas de la maduración temprana se mantienen hasta la adultez media en el caso de los
varones. En las mujeres, sin embargo, la maduración precoz,

comparada a la tardía, se asocia con desventajas

psicosociales. La maduración a una edad promedio parece ser lo mejor para la mujer. Se ha visto por ejemplo, que las
niñas que maduran tempranamente tienden a verse como más obesas y a tener peores imágenes corporales que sus pares

que maduran a una edad promedio (). El madurar asincrónicamente de los propios iguales parece ser un factor de riesgo
para un desarrollo emocional equilibrado. Esto sin embargo, depende también de la situación socio-ambiental del
adolescente. Estos cambios corporales tienen consecuencias psicosociales de importancia. Por ejemplo, hay diversos
estudios que muestran la correlación entre status social y estatura física. Las personas son inicialmente juzgadas por su
apariencia física, y quienes son altos tienden a ser mejor evaluados que los bajos. Los gerentes de empresas, como lo han
mostrado estudios de selección de personal, tienden a ser más altos que los subgerentes, y estos a tener más altura que los
jefes de área y que los operarios.
Los cambios corporales entre los adolescentes también varían en relación a influencias socioculturales e históricas. La
edad de la menarquia, por ejemplo, varía entre países y aún entre diversos grupos culturales en el mismo país. Aún más,
existe una tendencia histórica a la disminución en la edad de la menarquia, que ha bajado en varios meses por década
desde 1840 a la fecha. La edad de la menarquia se ha estabilizado en Europa y Estados Unidos alrededor de 12.5 años, en
tanto que a la vuelta del siglo era de 16 años en Alemania, de 15 en Inglaterra y de 14.2 en los EEU. En el caso chileno,
desde 1910 hasta 1990 la edad promedio de menarquia disminuyo desde 15.5 a 12.3 años. Este fenómeno en general se
atribuye a una mejor salud y nutrición de los actuales adolescentes.
Desarrollo cognitivo.
Los cambios fisiológicos característicos de la adolescencia recién descritos tienen un impacto dramático en el
funcionamiento cognitivo y social. Los adolescentes piensan acerca de sus “nuevos” cuerpos y sus “nuevos” sí mismos de
un modo cualitativamente diferente. En contraste con los modos de pensar de tipo sensoriomotor, simbólico, intuitivo y
operacional concreto, que de acuerdo a Piaget () caracterizan la infancia y la niñez, alrededor de la pubertad emerge el
pensamiento operativo formal, o hipotético-deductivo, que se caracteriza por las capacidades de abstracción y
razonamiento. En la etapa de operaciones formales del pensamiento, los adolescentes comienzan a discriminar entre sus
pensamientos acerca de la realidad y la realidad misma, y llegan a reconocer que sus suposiciones tienen un elemento de
arbitrariedad que puede no representar realmente la naturaleza de sus experiencias. Así, el pensamiento se hace de alguna
manera experimental en el sentido científico, empleando hipótesis para probar nuevas ideas en relación a la realidad
externa. Además de la comprensión de la metáfora, el joven es capaz de entender implicaciones lógicas del tipo “si…
entonces”.
Al formar sus hipótesis acerca del mundo, la cognición de los adolescentes crece junto con el desarrollo del modo de
pensamiento formal, científico y lógico. Un ejemplo típico de pensamiento combinatorial es el siguiente: se le presentan
al adolescente cinco jarros, cada uno de los cuales contiene un líquido incoloro. Al combinar los líquidos de tres jarros
específicos se producirá un color, mientras que el uso de cualquiera de los otros dos jarros restantes no creará ninguno. Se
le dice al adolescente que se puede generar un color, sin mostrarle cual combinación producirá ese efecto. Los niños en la
etapa de operaciones concretas típicamente tratan de resolver el problema combinando líquido de dos jarros a la vez, pero
después de combinar todos los pares, o al tratar de juntar los cinco líquidos a la vez, generalmente dejan de buscar una
solución al problema. Un adolescente en la etapa de operaciones formales, por otro lado, explorará todas las posibles
soluciones, probando todas las combinaciones posibles de dos o tres líquidos hasta que se produce finalmente el buscado
color. Otro ejemplo es el del modo cómo los adolescentes piensan acerca de determinados problemas verbales, como los
representados por la pregunta: “ Si Paula es más alta que Mónica y más baja que Francisca, cual es la más baja de las

tres?”. Los niños en la etapa de operaciones concretas pueden ser capaces de resolver un problema análogo (por ejemplo
usando palitos de diversas alturas, y dándole a estos un nombre propio. Los problemas verbales abstractos, sin embargo,
no son habitualmente resueltos hasta que no ha surgido la capacidad para operaciones formales.
Además, en esta etapa se desarrolla un segundo sistema simbólico, el lenguaje, que comienza ahora a asumir múltiples
significados, abriéndose al uso de dobles sentidos y metáforas. El adolescente por primera vez puede pensar acerca de su
pensamiento, tomando una actitud reflexiva frente a su propio ser. Esta misma capacidad cognitiva le permite comenzar a
desarrollar la capacidad de construir realidades abstractas posibles, los ideales, que se contrastarán con la realidad. Esta
constitución de un Yo Ideal tiene consecuencias prácticas importantes, en el sentido de que surge una maqueta, o plano de
expectativas futuras de logro, que se traducen en un proyecto de vida, consciente o inconsciente, que se tratará de
implementar a lo largo de la vida adulta.

Las operaciones formales del pensamiento no parecen caracterizar a todos los adolescentes. Estudios de adolescentes
mayores y de adultos en diversas culturas occidentales muestran que muchos no alcanzan la etapa de operaciones
formales. Algunos investigadores han atribuido estas diferencias a lo diverso de las culturas rurales y urbanas y a las
distintas cosmovisiones que cada una de estas ofrece. Hay poca evidencia sin embargo, que muestre que las diferencias
socio-económicas o educacionales se asocien con el logro o no de la etapa de operaciones formales. El pensamiento
operativo formal tiene también sus limitaciones: tal como el niño se preocupa de su “sí mismo” físico en un mundo lleno
de nuevos estímulos corporales, asimismo el adolescente puede procuparse de su propio pensamiento en un mundo lleno
de nuevas ideas. Esta preocupación a menudo lleva a una suerte de egocentrismo, que se manifiesta de dos maneras:
primero, el individuo puede presumir que sus propias preocupaciones, valores y creencias son igualmente importantes
para todos los otros. Además, la urgencia de éste nuevo tipo de pensamiento puede paradojalmente dar nacimiento a una
sensación de ser absolutamente único, lo que lleva a veces a sentirse distinto de los demás y a ser poco comprendido por
los otros. Aunque la etapa de operaciones formales es la última en la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget, el
egocentrismo de esta etapa disminuye a lo largo de la vida de las personas, en general como consecuencia de
interacciones con sus pares y con personas mayores, y sobre todo, con la adopción de roles y responsabilidades propias de
los adultos.
El concepto de self en la adolescencia.
El término self, o “sí mismo” es una denominación técnica en psicología, cuya evolución ha estado cercanamente ligada a
los estudios sobre la adolescencia. Su importancia ha sido progresiva a lo largo de los años, tal como Cheshire y Thomae
() lo han descrito. El padre de la psicología, William James, planteó al self como una entidad compleja, que fluctúa, se
expande y se contrae. Implica todo aquello que uno denomina “uno mismo”, incluyendo al propio cuerpo, capacidades
psicológicas, posesiones, familia, amigos, reputación, trabajo y emociones(). James clasificó al self en diversos niveles, el
material, el social y el espiritual, y señaló que una de las tareas centrales de la adolescencia es alcanzar la integración
entre estos diferentes conceptos del sí mismo.
Posteriormente, Sigmund Freud reconceptualizó el desarrollo adolescente señalando que el tema central de esta etapa era
el dominar los impulsos sexuales y agresivos de un modo socialmente aceptable(). Esto implica manejar sentimientos

tanto hacia el padre del mismo sexo como al del otro sexo. Esto produce una etapa de turbulencia emocional, en la
medida que los impulsos sexuales y agresivos adquieren progresiva fuerza en ese período. En la medida que transcurre la
adolescencia, se llega a una relación nueva y más madura con ambos padres, y con otras figuras de autoridad que los
representan. El desarrollo adolescente normal entonces lleva a un concepto estable y estructurado del self, con
sentimientos positivos acerca del propio cuerpo, las relaciones sociales y capacidades de logro. Desde ese ángulo, la
adolescencia normal implica un buen ajuste interpersonal en relación a la familia, al grupo de pares y al ambiente social.
En el mismo sentido, Erikson () hablo de la centralidad para el desarrollo adolescente de una identidad personal viable y
coherente. La identidad para éste autor implica la integración de “las variadas imágenes de uno mismo que se han
experimentado desde la infancia”. En ese sentido, la identidad es el puente entre el individuo y la sociedad. El riesgo, por
otro lado, es la confusión de identidad, que corresponde al fracaso en alcanzar una identidad consistente, coherente e
integrada. Esta confusión de identidad se manifiesta por una incapacidad de comprometerse aún al final de la
adolescencia con una ocupación, toma de posición valórica o ideológica, y de integrarse establemente en la vida.
Posteriormente, Heinz Kohut ha incorporado al concepto de self la idea de esta estructura como el centro de iniciativa
personal, caracterizado por la afirmación de uno mismo y por la capacidad de proponerse metas(). Kohut vuelve a la idea
original de James de múltiples selves o sí mismos, algunos conscientes, otros inconscientes. El “sí mismo”
subjetivamente experimentado como tal es llamado self nuclear. Este tiene capacidad de introspección y empatía. El
adolescente enfrenta así la vida con un programa básico, con un plan de futuro, y una anticipación de logros particulares.
Esta programación básica es centralmente una función del self nuclear. Los logros de esta programación llevarán al
adolescente a un auto-concepto realista, no demasiado exigente ni excesivamente grandioso. Con éste narcisismo
moderado, el self sera capaz de enfrentar realistamente sin colocarse exigencias excesivas ni de no enfrentar ninguna tarea
para proteger una auto-imágen frágil. En resumen, la misión psicodinámica de la adolescencia comienza con temas
infantiles tales como el control de una sexualidad y una agresividad crecientes, y con competencias y anhelos por el
cariño de los padres, y termina con un foco en temas más maduros, como el de insertarse en forma adecuada en el mundo
social, y sentirse razonablemente bien con uno mismo, haciendo elecciones realistas y satisfactorias con respecto a la
pareja, los hijos y la realización laboral.

Posteriormente, han adquirido importancia teorías que toman en cuenta las influencias sociales en el desarrollo
adolescente. La teoría del aprendizaje social de Bandura (), por ejemplo señala que la conducta adolescente es
influenciada por los premios y castigos sociales en relación a sus comportamientos, así como por los modelos sociales
que rodean al jóven. En la medida que pasa el tiempo, el adolescente forma una imágen de sí mismo que incorpora estos
mensajes externos acerca de su conducta. Se llega así a una auto-imágen consistente y adaptativa, que se caracteriza por
capacidad de auto-control, por la capacidad de resolver problemas, de participar activamente en la toma decisiones y por
un sentido de auto-eficiencia, o sea de poder influir personalmente en el mundo que les rodea. Esta teoría es
particularmente importante para entender el rol crítico de los pares en el desarrollo adolescente. Los jóvenes se alejan
progresivamente de sus familias y modelan su self social más alrededor de pares de su misma edad: imitan y aprenden los
unos de los otros.

Un paso más en el campo de la influencia social en el self adolescente fue dado por, Goffman () y Kelly () al desarrollar la
aproximación social-constructivista, que subraya como los constructos personales, la realidad social y las
representaciones de uno mismo son producto de la cultura, y de interacciones con los demás. El mayor nivel de
interrelación de los adolescente con el medio social hace que la matriz cultural de una sociedad dada sea activamente
incorporada por ellos, que así aprenden como anticipar el propio futuro, a asumir nuevos roles sociales y a formar parte
de la cultura dominante. Para los constructivistas como Berger y Luckman el self se forma a partir de las reacciones a las
acciones sociales que la persona realiza. Los adolescentes se percibirán a sí mismos dependiendo de los grupos sociales
con los que interactúen. Las respuestas de sus pares modificarán el modo como se ven a sí mismos, y estas respuestas
llevarán a cambios cualitativos en quienes en definitiva son los adolescentes. Este nivel de explicación es especialmente
adecuado para entender las diferencias culturales entre diversos adolescentes.

El desarrollo moral.

El trabajo de Lawrence Kohlberg () en el plano del desarrollo moral complementa los estudios cognitivos de Piaget. Este
autor ordena un conjunto sucesivo de etapas que las personas atraviesan en la medida que enfrentan decisiones valóricas
cada vez más complejas. Kohlberg ha descrito seis de dichas etapas en la progresión desde la niñez temprana hasta la vida
adulta. Las dos primeras son denominadas “preconvencionales”, con la primera centrándose alrededor del dilema
“castigo/obediencia”. En esta el niño es motivado a comportarse de cierta manera dada la creencia de que el no hacerlo
conlleva un castigo. “Si no recoges tus cosas, te vas castigado a tu pieza” es el prototipo de esta actitud inicial por parte
de muchos padres. La segunda etapa del pensamiento preconvencional ha sido denominado “hedonismo instrumental” o
“reciprocidad concreta”. Por ejemplo, dos pre-escolares deciden intercambiar juguetes, no con la intención de hacerse un
regalo, sino en la esperanza de que el cambio les beneficiara con un mejor juego. Las dos etapas siguientes fueron
denominadas por Kohlberg “convencionales”. La primera de estas fue descrita como “una orientación hacia la mutualidad
en las relaciones interpersonales”. En esta, los niños habitualmente entre 7 y 11 años, se comportan de un modo dado con
la expectativa de obtener la amistad de los otros. El deseo de ser querido y respetado es una motivación importante en esa
etapa. Esta orientación a las relaciones interpersonales afectuosas pasa a ser un factor mayor en lo que se ha descrito
como “presión del grupo de pares”. La segunda etapa del desarrollo moral convencional ha sido denominada como de
“ley y orden”, ya que en ella la mantención de un orden social, de reglas fijas, y de la autoridad pasan a ser las principales
motivaciones de la conducta. En esta etapa el razonamiento a la base de muchas acciones es que se hace así porque así lo
dice la ley, las reglas o las tradiciones. Esta orientación se mantiene posteriormente central para muchos adultos.
La forma final del razonamiento moral ha sido denominada por Kohlberg como “postconvencional”. En la primera de
estas etapas el razonamiento moral se basa en la noción del contrato social: “el mayor bien para el mayor número posible
de personas”. Esta noción del bien comun plantea que aunque algunos sufran, si éste dolor es necesario para que una
mayoría se beneficie, lo hará sostenible, en la medida que permita el beneficio de la mayoría. El nivel más evolucionado
del razonamiento moral en el esquema de Kohlberg es el basar las decisiones en un “principio etico universal”. El último
principio en éste esquema evolutivo es el de justicia. Más que basar las decisiones en las que beneficiarían a la mayoría,
en esta etapa las decisiones se centran en cual seria la situación más justa para los miembros menos favorecidos de la
sociedad. En éste esquema la pregunta que se plantea es: “ ¿Si Ud. no supiera cual es su situación en la sociedad, y
siendo tan probable que fuera pobre y excluido como rico y lleno de privilegios, que decidiría?”. Además, para quienes
toman sus decisiones basados en estos principios éticos universales, las consecuencias de sus acciones no son relevantes,
a no ser que violen normas sociales o legales. Bajo estas circunstancias, si uno está tranquilo frente a la propia conciencia,
es capaz de enfrentar consecuencias negativas, sean legales o sociales.

El adolescente en su desarrollo atraviesa estas diversas etapas. Dependiendo de capacidades individuales o de su contexto
cultural, puede llegar o no a algúna de las etapas más evolucionadas de la moral post-convencional. Transita
frecuentemente de un período de decisiones en blanco o negro a otra de relativismo moral, en la cual su respuesta habitual
a los dilemas es “Depende…” . Luego comienza a centrarse en los ambientes sociales que lo ayudan a definir lo correcto
de lo erróneo, abandonando los sistemas más simples utilizados en la niñez. Uno de los puntos polémicos acerca de la
secuencia propuesta por Kohlberg es acerca de su vigencia trans-cultural. Se ha visto que muchas elecciones estan

culturalmente determinadas. Algunas culturas sobrevaloran la evitación del castigo, mientras que otras se centran en dejar
contento a los demás, especialmente dentro de la familia: de allí, el concepto de “obediencia filial”. Por otra parte, los
estudios transculturales muestran que la gran mayoría de las culturas aprecian el respeto a la dignidad humana, la equidad
y el valor de la vida. No es pues licito igualar el relativismo cultural con el relativismo ético. Rodriguez Luño ha
mostrado como la ética es un desarrollo independiente de las culturas, y que los individuos responden a los imperativos
éticos independientemente de su etapa evolutiva a lo largo del ciclo vital ().

El contexto social.

El contexto social de los adolescentes es más amplio y complejo que el del niño. El fenómeno social más notable durante
esta etapa es la aparición de un grupo de pares de gran importancia para el. El adolescente llega a apoyarse mucho en sus
iguales para obtener apoyo, seguridad y guía durante una etapa en la cual estos elementos son urgentemente necesitados y
quizá también porque solo otros que pasan por la misma transición aparecen como confiables para comprender sus
experiencias. Contrariamente al estereotipo cultural, sin embargo, la familia sigue influyendo mucho entre los
adolescentes. En realidad, ninguna otra institución social tiene tanta influencia como la de esta a lo largo de todo el
desarrollo. La mayoría de los estudios muestran que los adolescentes tienen pocas veces discrepancias serias con sus
padres. En realidad, al escoger a sus pares los adolescentes en general gravitan hacia aquellos que tienen actitudes y
valores consistentes con aquellos mantenidos por sus padres. Por ejemplo, mientras que los pares influyen

a los

adolescentes en relación a temas tales como aspiraciones y logros educacionales, en la mayoría de los casos se produce
una convergencia entre la influencia de familia y pares. Mientras que muchas veces los adolescentes y sus padres tienen
actitudes diversas acerca de temas sociales de actualidad

(tales como política, uso de drogas, conducta sexual), la

mayoría de esas diferencias reflejan contrastes en la intensidad más que en la dirección de las actitudes. Esto es, raro que
un adolescente y sus padres estén en lados opuestos con respecto a un tema dado y la mayoría de las diferencias
generacionales comprenden diversos niveles de apoyo para la misma posición.
CAPÍTULO III. LAS ETAPAS DE LA ADOLESCENCIA.
“Los adolescentes pueden aparecer como excesivamente egoístas, considerándose abiertamente a si mismos el centro del
universo y como el único objeto interesante en éste; al mismo tiempo, en ningún otro momento de la vida serán capaces
de mostrar tanta capacidad de entrega y devoción a los demás. Pueden también enamorarse del modo más apasionado,
para romper estas relaciones en forma tan repentina como las comenzaron. Por un lado se involucran entusiastamente en
la vida de su comunidad, y por otro, tienen una tremenda necesidad de estar solos. Oscilan entre una ciega sumisión a un
líder elegido por ellos, y una desafiante rebelió en contra de toda y cualquier autoridad. Son egoístas y materialistas, y al
mismo tiempo están llenos del más elevado idealismo. Son ascetas, pero abruptamente se permiten las licencias
instintivas más primitivas. En algúnas oportunidades su comportamiento hacia los demás es rudo y poco considerado,
pero al mismo tiempo son extremadamente sensibles acerca de cómo los tratan a ellos. Su ánimo cambia desde el
optimismo más liviano al pesimismo más oscuro. A veces pueden trabajar en forma infatigable, y en otras oportunidades

actuan en forma arrastrada y apática.
Anna Freud
(” El Yo y los Mecanismos de Defensa”).

Teorías sobre la adolescencia.
Teoría de la recapitulación de Hall. La descripción de Hall, que diéramos anteriormente, se basa en la teoría embriológica
de la recapitulación: durante la ontogénesis, el hombre recapitula la filogenia de la especie y la evolución de la
sociedad humana. La adolescencia para él correspondía a un período conflictivo y transicional de la evolución cultural
humana. No se ha llegado en ella todavía a la fase de formación de sociedades civilizadas, que corresponderían a un
logro de la etapa adulta. En la adolescencia, el individuo supera la presión de los instintos y las actitudes egoístas, y si
el desarrollo se da adecuadamente, es capaz de llegar a ser un sujeto civilizado. Las descripciones de Stanley Hall se
han mantenido en muchos textos casi sin variaciones hasta nuestros días. Hall fue el primer expositor de una teoría
frecuente en nuestro siglo, la que muestra a la adolescencia como una etapa de “sturm und drang”, tormentosa y
conflictiva. Otro de sus puntos de vista, mantenido hasta hoy es la idea de que el adolescente pasa por una etapa de
apego a pares del mismo sexo, para luego hacerlo a personas mayores del sexo opuesto, para finalmente desembocar
en la atracción por pares del sexo opuesto.
El proceso madurativo segun Gessell (). Este autor se centró en el concepto de procesos innatos y universales de
maduración, en los cuales el desarrollo físico y conductual está gobernado por la herencia genética individual.
Describió así una sucesión de cambios de año en año a lo largo de la adolescencia, que son luego integrados en un
conjunto de etapas. No estuvo de acuerdo con el caracter unitario y progresivo de la adolescencia como un todo,
haciendo énfasis en sus etapas y en la sucesión de avances y retrocesos, de momentos positivos y negativos en las
características y conductas adolescentes. Sus estudios acerca del crecimiento y desarrollo psicomotrices tienen
vigencia hasta hoy.
El desarrollo psicosexual segun Sigmund Freud. (). El modelo freudiano coloca a la adolescencia como la etapa de
resolución final de las etapas del desarrollo psicosexual que comienzan con el nacimiento. Para Freud la pubertad
reactiva los conflictos genitales y pregenitales propios de la niñez, debiendo el individuo, para alcanzar la plena
madurez, ser capaz de superar las fijaciones y regresiones de etapas previas del desarrollo. El narcisismo con el que se
entra a la adolescencia debe reemplazado por relaciones altruistas con el objeto amado, y el adolescente debe
asimismo independizarse de sus figuras parentales. Freud explica la rebeldía característica de esta etapa como el modo
de conseguir esta autonomía. Como en otros planos, delineó éste autor una visión de la adolescencia basada en el
conflicto entre impulsos libidinales y agresivos cuya intensidad aumenta con la pubertad, y las restricciones y normas
sociales que no permiten dar libre cauce a los antedichos impulsos. Entre los conceptos freudianos que se han
mantenido hasta hoy dia está el de la adaptación psicológica a los cambios corporales (el duelo por el cuerpo infantil
perdido), y el de tareas del desarrollo, que implica enfrentar desafíos instintivos y desarrollar equilibrios y balances

diversos a los infantiles.
Los aportes de Anna Freud (). Esta autora dio mayor importancia a las estructuras yoicas del adolescente, y a su
funcionamiento defensivo. Apoyó y amplió tanto la visión de su padre, centrada en el conflicto, como la teoría de Hall
del sturm und drang. Utilizando el esquema de etapas y sub-fases propio de la psicología evolutiva, mostró
cuidadosamente como en la pre-adolescencia surge un aumento difuso de energía libidinal, que debe ser manejado con
diversos mecanismos de defensa para evitar que aparezcan síntomas especialmente conflictivos. Entre estos
mecanismos describió en mucho detalle algunos: la intelectualización, el ascetismo, la formación reactiva y la
sublimación. La intelectualización es un modo de huir de los impulsos que surgen desde un cuerpo que cambia, y
refugiarse en el plano de las ideas y las teorías, tratando de explicar ordenadamente lo que sucede enrededor en forma
abstracta. Este proceso es facilitado por la capacidad recientemente adquirida del pensamiento de tipo abstracto. El
ascetismo es la tendencia a mantener los impulsos del Ello bajo control a través de normas y prohibiciones, que le
demuestran al adolescente de que es capaz de manejar estos impulsos. Plantea esta autora que los adolescentes
parecen temer más a la cantidad que a la calidad de sus pulsiones, y que por ello optan por establecer las prohibiciones
más estrictas, que pueden aplicarse a sus necesidades físicas cotidianas, a evitar contacto con personas de su edad,
música, bailes, indumentaria atractiva, etc.

La formación reactiva es la capacidad de transformar los impulsos

agresivos o sexuales en sus opuestos: las ganas de romper o ensuciar en ordenar y limpiar, de acercarse al sexo
opuesto en mantener una prudente distancia de éste, el deseo de liberarse de las normas familiares en una aceptación
total de éstas, etc. La sublimación es la transformación de un impulso instintivo en una acción socialmente útil y
aceptada: las ganas de discutir se transforman en capacidad de líderar a grupos juveniles, las de tocar cuerpos
femeninos en el estudiar una carrera que le permite ayudar a través de terapias físicas y masajes, etc.
Erik Erikson y el concepto de identidad. (). Mas adelante, describiremos en detalle la visión de éste autor. Solo
señalaremos aca que su idea de una secuencia evolutiva en ocho etapas, cada una con una crisis y una oportunidad de
desarrollo, fue estudiada por el mismo y por otros autores en términos culturales, por lo que su aproximación ha sido
denominada psicosocial, en comparación a la del mismo Freud, de

más foco biológico y por lo tanto llamada

psicosexual. Para Erikson, ante desafíos universales propios de cada etapa de la vida, cada persona busca soluciones
individuales adecuadas a su contexto cultural. La fuerza del Yo será crucial en cuanto a como resuelva los desafíos
sucesivos propios de esta sucesión de etapas. La adolescencia para él se caracteriza por una necesidad de mantener la
continuidad del sí mismo a pesar de los marcados cambios corporales sobrevinientes, centrándose por lo tanto en la
búsqueda y mantención de la identidad, las que serían las tareas propias de la adolescencia para éste autor.
La perspectiva psicoanalítica revisada de Peter Blos (). Este autor ha centrado su

re-evaluación de la evolución

adolescente desde el psicoanálisis en considerar los cambios psicológicos como de adaptación a la pubescencia,
delíneando cuidadosamente los procesos experimentados en el mundo interno del individuo. Asi, define a la
preadolescencia como una etapa en la cual hay un aumento cuantitativo de fuerzas instintivas y una reaparición de
”todos los modos de gratificación libidinal y agresiva que fueron útiles en los años anteriores”, con conductas
compensatoria, que son a veces dificiles de comprender para la familia o los profesores. La adolescencia propiamente
tal trae consigo cambios cualitativos. Las amistades del mismo sexo son también importantes para las niñas, que

tienden a tener amigas íntimas sin que esto implique una tendencia homosexual. Esta sub-etapa se caracteriza por una
reactivación de los conflictos edípicos, separación de los objetos primarios de amor, y elección heterosexual de objeto.
La organización mental se hace más compleja, la emociones más profundas e intensas, y aparece el sentido de
finalidad en las elecciones. Son comunes actitudes narcisistas y una sobre-estimación de las propias capacidades.
Propio de esta etapa es un “amor tierno”, que lentamente se integra con la sexualidad. El ascetismo y la
intelectualización son, dice Blos, más propios del adolescente europeo de clase acomodada, mientras que el
adolescente promedio usa más bien una mezcla defensiva con identificación, negación, aislamiento y maniobras
contrafóbicas que el denomina “conformismo”. Durante la adolescencia propiamente tal comienza a cristalizarse la
organización jerárquica del Yo, subordinándose las gratificaciones pregenitales a las genitales, quedando solo como
conductas introductorias hacia la relaciones objetal completa. En la adolescencia tardía se cristaliza un sistema
integrado y unificado del Yo, la identidad sexual se consolida irreversiblemente, y se pueden reconocer los conflictos
y constelaciones defensivas con los que el sujeto enfrentará la vida adulta.
Puntos de vista europeos: Spranger y Remplein Estos autores tomaron un rumbo diverso al de Hall y Freud. Spranger,
cuyo libro publicado por primera vez en 1924 ha tenido innumerables re-ediciones (), se centró en el estudio de
“estructuras mentales”, con un énfasis mayor en determinantes innatos que en los ambientales. Para el, la adolescencia
es aquel período durante el cual la estructura psicológica indiferenciada del niño se reorganiza a través del
descubrimiento de sí mismo que éste hace, de la emergencia de un sistema de valores propios, y del desarrollo de un
plan de vida personal. La preocupación por uno mismo lleva a sentimientos de aislamiento, a una necesidad de
interacción y aprobación sociales, a experimentar con diversas identidades (explicando asi el interés por figuras
heroicas) y rebelión en contra de las tradiciones familiares y sociales. La elección vocacional es un aspecto de una
expansión más amplia de la perspectiva temporal y de una actividad dirigida a integrar el sistema de valores. En todas
estas etapas aparece una sobre-estimación de las propias capacidades. La adolescencia también permite separar la
realidad de la fantasía, el sí mismo del mundo circundante, y la sexualidad del amor idealizado. Esta distinción
consciente debe al mismo tiempo compatibilizarse con una fusión paralela de los dos aspectos de la sexualidad,
necesaria para el desarrollo de una sexualidad madura. Spranger distinguió la forma hasta entonces más habitualmente
descrita por los teóricos, la de sturm und drang, como uno de tres tipos posibles de desarrollo adolescente: los otros
son el de cambio gradual y continuo, y el de cambio proactivo, iniciado por el mismo adolescente.
Remplein () es otro autor que desarrolló un sistema abarcativo estructural, describiendo al adolescente con un desarrollo
en tres etapas y tres fases, con una teoría de la personalidad basada en las tipologías constitucionalistas, y con una
estratificación en capas, popularizada especialmente en Alemania por Lersch. Desarrolló asi un sistema evolutivo en
el que se parte de una capa inferior psicológica centrada en los impulsos vitales, asociadas a las funciones fisiológicas
básicas y centrada neuroanatómicamente en el centro del cerebro (paleocortex). Las actitudes, las intereses y las
emociones no vitales se ubican en el estrato medio, o endotímico. Por ejemplo, el sexo es un instinto vital, y el amor,
un “sentimiento endotímico”. Ambos confluyen y se dirigen hacia la misma pareja durante la adolescencia. El
autocontrol y las funciones cognitivas son propias de la tercera capa, neocortical, que es denominada estrato personal
o superior. El control volicional sobre las capas anteriores se logra solo parcialmente al fin de la adolescencia y en
algunos sujetos no se alcanza ni siquiera durante la vida adulta.

Los puntos de vista anteriores tienen un elemento constitucional importante. Por ejemplo, la prepubertad es caracterizada
por la introversión, pero en la adolescencia propiamente tal hay una nueva emergencia de conductas agresivas y
grupales, lo que hace esta etapa particularmente difícil para individuos con características esquizoides, que de por si
tienden a aislarse. Por lo mismo, es mucho menos problemática para los cicloides, que tienen menos dificultad en
adaptarse a situaciones gregarias.
Las influencias de la antropología cultural y de la sociología. En la medida que diversos antropólogos estudiaron la
validez de las teorías europeas y americanas anteriores en otros lugares, se dieron cuenta de que su aplicación era
limitada. Se encontraron ceremonias de iniciación de gran variabilidad, actitudes variables de los adultos hacia los
adolescentes, pudiendo solo clasificar Benedict () las sociedades a lo largo de tres ejes en relación a sus actitudes
hacia los adolescentes: responsabilidad vs. irresponsabilidad del jóven, dominancia vs. sumisión, y contraste de los
roles sexuales. Esta variablidad los ha llevado a adoptar en forma frecuente posiciones de relativismo cultural. El rol
de los factores socioculturales ha adquirido especial importancia en los últimos treinta años, en relación a lo que
Richard Jessor () ha denominado un cambio de zeitgeist. Este cambio ha llevado a la adopción de una inevitable
perspectiva multidisciplinaria, que utiliza constructos de disciplinas tales como la antropología y la economía. O sea,
se da progresivamente mayor importancia a los exosistemas y a los macrosistemas.
Otros desarrollos contemporáneos. Entre los cambios recientes se pueden también constatar una declinación y gradual
abandono de las epistemologías positivistas: la restricciónn de la atención psicológica a lo observable y
operativamente definible ha sido reemplazado por una apertura a reconocer el rol central del lenguaje y de los
significados en las acciones humanas, y una revalorización de las experiencias íntimas y las dimensiones del
encuentro interpersonal. Esto hace que la relación con el adolescente sea hoy más que antes, vista como
intersubjetiva.

II. TAREAS DE LA ADOLESCENCIA.
Los conceptos de adolescencia y juventud engloban un período transicional con
importantes cambios globales (bio-psico-sociales) en la persona. Dichos cambios han sido
esquematizados dentro del concepto de "tareas del desarrollo", que han sido definidas por
Havighurst de la siguiente manera: "Surgen en cierto período de la vida del individuo cuya
debida realización lo conduce a la felicidad y al éxito en las tareas posteriores, y cuyo fracaso
conduce a la infelicidad del individuo, a la desaprobación de la sociedad, y a dificultades en
el logro de tareas posteriores"().
La tarea central de la adolescencia ha sido definida por Erikson cómo la BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD. Ella se
relaciona con el sentirse a sí mismo cómo estable a lo largo del tiempo, con la adopción de una identidad psicosexual
definitiva, expresada a través de roles sexuales socialmente aceptados, y con la posibilidad de una conducta sexual
activa. Muy ligado a lo anterior está el sentirse preparado para la elección de pareja y su estabilización, generalmente a
través del matrimonio. Dicha tarea tiene diferentes pasos de "relaciones de práctica" (pololeos), con grados progresivos
de acercamiento físico, que se consolida al final del período con la capacidad de estabilizar la relación de pareja, y de

casarse ().
Una segunda tarea del desarrollo adolescente, es la separación de la familia de orígen para posibilitar la
individuación de la persona. Esta necesidad del adolescente por definirse a sí mismo (contestando su típica pregunta de
"quien soy yo?"), implica un grado de conflicto e incluso de rebeldía en la relación con los padres, a veces necesaria para
lograr un nivel suficiente de autonomía personal. La independencia psicológica es un paso necesario, a veces previo, otras
paralelo, al logro de la independencia social y económica. Esta separación/individuación se logra en forma importante a
través del desarrollo de lazos amistosos y emocionales con adolescentes de la misma edad: el centro de gravedad
emocional pasa desde la familia y los padres hacia el grupo de pares. Dicha transición es importante y especialmente
frágil: numerosos problemas surgen cuando las dos generaciones en juego no permiten que se atraviese en forma fluida.
Una tercera tarea de la adolescencia es la definición de la identidad en el plano de la elección vocacional y
laboral. Esta consolidación es quizá la más influenciada por el entorno sociocultural, geográfico y económico del jóven.
El adecuado equilibrio entre capacidades, expectativas, logros académicos y oportunidades laborales, determinará, en
buena parte, la calidad de vida y satisfacción personal posteriores del sujeto ().
Erikson ha descrito cómo el desenlace de estas tareas o "crisis normativa" de la adolescencia, puede ser la
consolidación de la identidad, avanzando el adolescente, entonces a la etapa siguiente (la de adulto jóven), o bien
quedando en el así denominado "síndrome de difusión de identidad". En éste el sujeto, a lo largo de su vida adulta, vuelve
una y otra vez a tratar de definir sus áreas de interés o elecciones vocacionales o de pareja. Un seguidor de Erikson,
Marcia, ha descrito cuatro diferentes etapas de la identidad adolescente: identidad lograda, cuando se ha vivido un
período de toma de decisiones y se están persiguiendo las propias elecciones y metas; identidad hipotecada, en que el
compromiso con la ocupación y posición existen, pero no se ha logrado personalmente, sino por el influjo de otros;
identidad difusa, en la que no se han definido diversas opciones, independientemente de haber atravésado por un período
de toma de decisiones personales; y finalmente la así denominada por el mismo Erikson moratoria de identidad, en la cual
se posterga y prolonga el período de definiciones hacia la etapa adulta de la vida ().
III. EL SÍNDROME DE LA ADOLESCENCIA NORMAL
¿ De qué modo el adolescente reacciona frente a todos los cambios físicos recién descritos? Dos autores
argentinos, Aberastury y Knobel () han estudiado el tema y han descrito una serie de síntomas y características que se
presentan sistemáticamente a lo largo de esta etapa. Las diez características que conforman el denominado por ellos
síndrome de la Adolescencia Normal, son las siguientes:
Búsqueda del sí mismo y de la propia identidad; en esta búsqueda, el adolescente recurre a la búsqueda de soluciones
tales como la uniformidad, que brinda seguridad y estima personal. Ocurre aquí un mecanismo que estos autores
llaman de doble identificación masiva, en donde todos se identifican con cada uno, y que explicaría en parte el
proceso grupal del que participa el adolescente. En otras ocasiones, la solución puede ser la de buscar lo que Erikson
ha llamado identidad negativa, basada en identificaciones con figuras negativas pero reales. Esto constituye una de las
bases de las pandillas de delincuentes, los grupos de homosexuales, los adictos a las drogas, etc. Se pueden presentar
también identidades transitorias, ocasionales o circunstanciales, adoptadas sucesiva o simultaneamente por el
adolescente.
Tendencia grupal; se transfiere al grupo parte de la dependencia que antes se mantenía con la familia, y el grupo pasa a
ser el continente de las ansiedades de sus integrantes;

Necesidad de intelectualizar y de fantasear; estas defensas aumentan frente a la imposición de la realidad del
crecimiento y desarrollo físicos, y a la necesidad de renunciar a los aspectos infantiles, desarrollándose lo que
Aberastury denomina autismo positivo, que lleva a la preocupación por aspectos éticos, filosóficos y sociales;
Crisis religiosas que pueden ir, desde el ateismo más intransigente, hasta el misticismo más fervoroso; puede presentarse
asi el adolescente como un ateo exacerbado, o como un místico apasionado. Esta tendencia a irse a posiciones
extremas va disminuyendo en la medida que se estabiliza el proceso de desarrollo;
Desubicación temporal: el pensamiento adquiere las características del proceso primario; las urgencias son enormes, y
las postergaciones son aparentemente irracionales. Dos ejemplos que da Knobel son el de la muchacha que necesita
inmediatamente un vestido para una fiesta que tendrá tres meses después, y el del muchacho que descansa
plácidamente, porque tiene un examen recién al día siguiente;
Evolución sexual manifiesta que va desde el autoerotismo hasta la heterosexualidad; se da una transición que va
desde conductas másturbatorias esporádicas hacia la búsqueda inicial de pareja, con caricias cada vez más cercanas.
Los enamoramientos iniciales son apasionados, pero dirigidos hacia figuras idealizadas: ídolos músicales o
deportivos, poco alcanzables para el adolescente. El acercamiento inicial al otro sexo es primero lúdico, a través de
bailes, juegos y conversaciones de pasillo. Aumenta la curiosidad sexual, que se expresa en el interés por revistas o
videos explícitos o pornográficos. Para estos autores, como para Hall, hay en la pre-adolescencia una etapa normal de
bisexualidad, que no significa necesariamente homosexualidad. Dice al respecto Francoise Dolto (): “Se dice que hay
cada vez más homosexuales, pero eso no es cierto. Se creen homosexuales después de haberse escaldado con un
primer amor. Es una conducta de búsqueda de lo fácil, una liberación del compromiso. Se han quedado en ese terreno
puesto que nadie les alentó a correr de nuevo un riesgo valorizante. Han perdido su creatividad después de malograr
un primer amor, y nadie les dice “No te desalientes después de esta experiencia. Te preparas para otro encuentro más
duradero, con un ser que tendra fe en ti”. Entonces se vuelven hacia otro semejante que les devuelve el espejo del
narcisismo así como el sentimiento de su valor respecto de gentes que desprecian al otro sexo.”
Actitud social reivindicatoria; esta rebeldía se liga a la percepción de las contradicciones y falta de equidad del mundo
adulto, y sirve también a la función de separarse de los padres, vistos como representantes de una estructura social
injusta.
Contradicciones sucesivas en todas las manifestaciones de la conducta; no se mantiene una línea de conducta rígida,
permanente y absoluta, aunque se la busca. Desde el punto de vista de los adultos, aparece como muy variable y poco
predecible;
Separación progresiva de los padres; esta tarea sería la básica de esta etapa, ligada por estos autores psicoanalíticos a
una segunda elaboración del conflicto edípico. Al ser claro que debe buscar su pareja fuera de la familia, comienza un
proceso activo de alejamiento y de búsqueda de un objeto amoroso propio.
Constantes fluctuaciones del humor y del estado de ánimo. Estos cambios se relacionan con un sentimiento básico de
ansiedad y depresión ligado a los duelos y separaciones que caracterizan a éste período. Aparecen sentimientos de
soledad, de frustración, de desaliento y de aburrimiento frecuentes. El adolescente pasa de la desesperanza más
profunda a entusiasmos rápidos y poco duraderos.

IV. LOS HOMOCLITOS

Una de las pólemicas más permanentes en la literatura es cuan generalizables son descripciones como la anterior, y de
otras realizadas por psicoanalistas como Anna Freud o Peter Blos, cuya experiencia es fundamentalmente clínica, al
estudiar adolescentes consultantes. La alternativa ha sido el estudio de adolescentes normales, realizada primero en los
Estados Unidos y luego en forma transcultural por Offer y su grupo. Estos autores han acuñado el término homóclitos,
para referirse al desarrollo habitual de los adolescentes, que de acuerdo a sus hallazgos, no es tan tumultuoso ni
emocional como las descripciones hacen pensar. A través de una serie de encuestas realizadas con adolescentes
norteaméricanos de enseñanza media, utilizando un cuestionario estandarizado, han llegado a la visión de que la mayoría
de los adolescentes son capaces de integrar su nuevas experiencias afectivas, cognitivas, biológicas y sociales con poca
disrupción ().

Los resultados de esta aproximación empírica muestran que los adolescentes, de acuerdo a las

características de su desarrollo, pueden ser agrupados en tres grupos:
Desarrollo continuo. Este grupo, que correspondió al 21% del grupo total, progresaron a través de la adolescencia con un
desarrollo imperturbado, con mucha seguridad de que llegarían a tener una vida adulta satisfactoria. En general
provenían de familias que no habían tenido experiencias particularmente negativas, y de unidades nucleares estables.
Eran capaces de enfrentar las situaciones estrésantes combinando la razon y la emocionalidad en forma tranquila,
aceptaban las normas culturales y se podían insertar en su contexto sin mayor rechazo ni rebeldía. Sus padres habían
podido apoyar la independencia de sus hijos, y aceptar un equilibrio diferente en la medida que estos maduraban. Se
había desarrollado un grado importante de confianza y respeto mutuos, con ligazones afectuosas evidentes entre
padres e hijos. Este proceso era facilitado por el hecho de que en general los hijos no habían cambiado radicalmente
de rumbo en comparación a los estilos de vida parentales, y sus sistemas de valores se relacionaban claramente con los
de estos, sin ser necesariamente idénticos.

Estos adolescentes también exhibían la capacidad de relaciones

interpersonales poco conflictivas, con amigos cercanos y con relaciones cada vez mas cercanas con el sexo opuesto.
Sus sistemas de valores no les creaban dificultades especiales, y tenían una vida de imaginación y fantasía
relativamente activa, siendo capaces de llevar sus ideales y sueños a la realidad a través de la acción.
El grupo de desarrollo surgente, como lo denomino Offer y su grupo, correspondió al 35% de los adolescentes estudiados
y se caracterizó por desarrollarse a través de “saltos” y mayor discontinuidad que el anterior. Tenían que concentrar
más energía en enfrentar las tareas del desarrollo, y oscilaban entre una adaptación adecuada y períodos de detención
y a veces retroceso. Tendían a mostrar más emociones de tipo enojo y frustración, y sus relaciones con la familia eran
menos positivas. En general, podían

enfrentar el estrés adecuadamente, pero con niveles de ansiedad a veces

significativos. Tenían menos confianza en ellos mismos, con una auto-estima más oscilante; en general, desarrollaron
relaciones interpersonales tan cercanas como el grupo previo, pero demostraron mayores diferencias de opiniones y
valores con sus padres. Los temas de disciplina, rendimiento académico, o creencias religiosas los colocaron a veces a
distancia de sus progenitores. En general definieron adecuadamente sus expectativas de largo plazo, pero les costó
más trabajar hacia esas metas, pasando por etapas de desinterés o falta de entusiasmo por sus estudios. En cuanto a su
acercamiento al sexo opuesto, mostraron más dificultad, tendiendo a veces a postergar su acercamiento a éste, con
excepción de un pequeño subgrupo que mostró conducta sexual muy temprana. En general, sin embargo, el ajuste
final de estos sujetos era tan adecuado como el del grupo anterior al final de la adolescencia.
Grupo de desarrollo tumultuoso. Este grupo es el más cercano al habitualmente descrito en la literatura psiquiátrica y
psicoanalítica, y corresponde al 15 a 20% de los adolescentes estudiados. La turbulencia interna de estos jóvenes no

solo se expresa en una mayor emocionalidad y en síntomas ansiosos y depresivos, sino en conductas alteradas que les
pueden crear problemas en la casa o en la escuela. Tienen muchas mayores dudas acerca de sí mismos, conflictos a
veces significativos con sus padres, y rendimientos académicos inconsistentes y en algúnas oportunidades
francamente deficitarios. Su background familiar es menos estable que en los otros grupos, encontrándose familias
con conflicto conyugal abierto, historia de enfermedad mental: en general un contexto familiar o social menos
favorable. En nuestra nomenclatura, corresponde a sujetos con mayor riesgo que los anteriores.
Un 20% adicional en el estudio de Offer correspondió a sujetos no clasificables en ninguno de los tres grupos anteriores.
En resumen, éste autor plantea que alrededor del 80% de su muestra corresponde a homoclitos, y un 20% a adolescentes
que calzan con la forma clásica de sturm und drang.

V. SUB-ETAPAS DE LA ADOLESCENCIA
Los diferentes componentes del síndrome de adolescencia normal antes descrito, no se presentan de una vez, sino que en
varias subetapas, que se superponen entre sí. Ellas se han clasificado en: la FASE PERI-PUBERAL (o de adolescencia
inicial) que va de los 10 a los 14 años; la FASE POST-PUBERAL ( o de adolescencia propiamente tal) que va de los 15 a
los 17 años), y la FASE JUVENIL INICIAL ( o de adolescencia tardía) que va de los 18 a los 20 años. A continuación
describiremos, en detalle, cada una de dichas etapas.
1. ADOLESCENCIA INICIAL
Los cambios biológicos de la pubertad antes descritos, son vividos por el niño cómo una irrupción de elementos
nuevos, irracionales y extraños, en un mundo que hasta el momento era ordenado y previsible. En especial la niña fluctúa
en su estado emocional en relación a los cambios de sus niveles hormonales que se acentúa alrededor de las primeras
menstruaciones. El cambio en su aspecto externo puede, también, preocupar sobremanera a la muchacha adolescente. Se
da cuenta de que los varones la miran, de que su padre no le demuestra ya el cariño físico anterior, y experimenta
sentimientos encontrados al contemplarse en el espejo. La re-elaboración del conflicto edípico, en éste período, ha sido
descrita como de especial importancia en los estudios psicoanalíticos ya mencionados, de Anna Freud y Peter Blos.
La metamorfosis anterior, en el caso del varón, se centra en el aumento de su masa muscular y, por lo tanto, de su
capacidad potencial de agresión física. Aparece también la capacidad de eyacular, y con ello las poluciones nocturnas y
conductas masturbatorias.

El control de la tendencia a la masturbación compulsiva representa un desarrollo de la

capacidad psicológica de autocontrol. Estudios chilenos muestran que las conductas masturbatorias son mucho más
frecuentes en los varones que en las mujeres: Avendaño encontró que a los 16 años se había masturbado el 95% de los
hombres y el 23 % de las mujeres. Estos porcentajes ascendieron al 98 y 33% respectivamente a los 19 años().
Otro elemento importante, en esta etapa, es a nivel del desarrollo cognitivo. De acuerdo a las investigaciones
mencionadas de Piaget y su escuela de Ginebra, se avanza desde el pensamiento lógico concreto del inicio de edad
escolar, al pensamiento operatorio formal (). Dicho pensamiento se orienta hacia lo posible, y procede contrastando
sistemáticamente las alternativas de solución de un problema. Esencialmente hipotético-deductivo, se libera de la realidad
concreta inmediata y se adentra en el terreno de lo abstracto y de las operaciones simbólicas. El mencionado pensamiento
permite la construcción de sistemas y teorías y, además, la adopción de una actitud crítica frente a la realidad, tan propia
de los adolescentes. Alamos y Cols () encontraron, en su estudio de 143 adolescentes chilenos de nivel medio-alto, que si

bien desde los 14-15 años disminuye el pensamiento concreto y aumenta el formal, aún a los 16-17 había un predominio
del primero sobre el segundo: el 56,7% de los jóvenes estudiados presentaron respuestas concretas y sólo el 43,3%
tuvieron respuestas formales.
En el plano de las relaciones interpersonales, en esta épocaa comienzan los primeros entusiasmos por otros, a
veces del mismo y generalmente del sexo opuesto. Tales enamoramientos fugaces son de caracter narcisista, buscando o
bien un reflejo del sí mismo, o bien una proyección idealizada del cómo se quisiera ser. Los "ídolos juveniles", sean
cantantes, figuras públicas o maestros, tienen una característica de lejanía, idealización y cualidad de "amor imposible".
Representan, asimismo, una elaboración de la relación con el propio progenitor: de allí el interés frecuente de las preadolescentes en hombres mucho mayores.
La sexualidad en esta etapa es activamente sublimada, sea en proezas deportivas o en una activa vida social. Tal
sublimación es reforzada positivamente por las organizaciones que se preocupan de la juventud: boy scouts o girl guides,
grupos deportivos o de Iglesia, etc. En cuanto a la familia, la relación con el progenitor del mismo sexo se distancia, y
comienza la reorientación desde la familia hacia los grupos de amigos. Este cambio de centro de gravedad es muchas
veces mal tolerado por los progenitores, produciendo un grado de tensión en la familia que típicamente se exacerba en la
etapa consecutiva.
2. ADOLESCENCIA MEDIA
El hecho central en éste período es el distanciamiento afectivo de la familia y el acercamiento a los grupos de
amigos. Implica una profunda re-orientación en las relaciones interpersonales, que tiene consecuencias no sólo para el
adolescente sino para sus padres. La familia ha sido el centro de la existencia emocional del jóven por 14 o 15 años. La
superación del apego y el dejar de aceptar fielmente el control familiar es, un paso difícil pero necesario para conocer sin
temor el mundo de los demás y para aprender a relacionarse con los pares, en especial con los del sexo opuesto. El
adolescente oscila entre la rebelión y el conformismo. Para alejarse de sus padres los jóvenes se visten, hablan y opinan
muy diferente a ellos, pero a la vez son muy leales a su grupo de iguales, conformándose rígidamente a las modas,
expresiones y estilos de relación de éstos. Las pandillas y los grupos de amigos conforman entonces una subcultura
cerrada que hace que los padres se sientan excluidos, sea por costumbres o por lenguaje que no entienden o aceptan. El
uso excesivo de drogas u otras actividades anti-sociales surgen dentro de éste contexto de búsqueda de actividades que
diferencien al jóven de las generaciones que le preceden.
Muchas veces la superación de la dependencia con respecto a la familia se hace descalificando a uno o ambos
progenitores. Ello puede obedecer más a una necesidad inconsciente de aflojar lazos que a dificultades objetivas con los
padres. El jóven, para alcanzar más autonomía, necesita demostrarse a sí mismo que es capaz de trazar su camino por la
vida y que no precisa de los juicios y directivas de sus padres. El adolescente busca activamente juicios, opiniones y
valores propios, sin aceptar ya, automáticamente, los de sus padres. Los errores y contradicciones de éstos son
magnificados para facilitar el proceso de desapego.
Otras veces se produce una desilusión real al descubrir o corroborar una conducta o antecedente decepcionante
en la vida de uno o ambos padres. Este desplomarse de los modelos parentales puede representar una dificultad para
estos, cuya relación con los hijos se ve sometida a prueba. Deben confiar en que lo que realizaron en la niñez de sus hijos
ha sido sólido, y que el adolescente ya es capaz de comportarse bien por su cuenta, y no por estar permanentemente
supervisado. Hemos ya comentado cómo esta dificultad aumenta cuando la crisis del adolescente coincide con la crisis de

la edad madura de uno o de ambos padres.
La importancia del grupo juvenil aumenta en la medida que decrece para el jóven la de sus progenitores. El
grupo mencionado desarrolla, frecuentemente, posiciones anti adultas. Se forman núcleos de amigos íntimos, que se
apoyan y acompañan mutuamente. Dentro de estos grupos no se aceptan normas o controles externos, y se da un espacio
donde se define la legitimidad o madurez de las propias conductas. Este grupo pasa a compensar para el jóven la pérdida
que implica la separación de los padres, y representa también un lugar donde se exploran costumbres y normas sociales
externas a la familia. La conducta es controlada por el grupo respecto a la homogeneidad de todos los miembros: cada
uno debe actuar conforme a los patrones valorados por el grupo. El prestigio individual se basa en símbolos (ropas de
marca, posesión de objetos, etc.) que son valorizados por todos.
Existe también una diferenciación sexual en la estructura y temática de los grupos. Algunos son
predominantemente masculinos, orientados hacia la acción y otros mixtos o predominantemente femeninos orientados
hacia la socialización y relaciones de tipo sentimental o romántico. Los grupos masculinos encuentran su polo extremo en
las pandillas antisociales, que roban y condonan otras conductas agresivas de sus miembros.
La homeostasis intrafamiliar implicaba la represión de la conducta sexual del muchacho. Dicha represión se
supera paulatinamente en tal etapa, al desplazarse el foco afectivo y erótico fuera de la familia y hacia personas de la
misma edad y del sexo opuesto. La transición hacia los primeros pololeos se da en esta etapa, en forma paulatina y tímida
primero, y más agresiva y abierta, después. Las actividades de búsqueda entre ambos sexos, son progresivamente más
cercanas y explícitas, y van desde el enamoramiento sentimental y romántico a las primeras aproximaciones físicas. Las
reuniones grupales pasan a transformarse en grupos de parejas y luego en parejas solas que tienden a aislarse.
Las relaciones sexuales son relativamente poco frecuentes en esta etapa, dada la prohibición cultural que pesa
sobre los encuentros prematrimoniales. El doble estandar de nuestra cultura, más permisivo con respecto a hombres que a
mujeres, está variando en las últimas décadas. Psicológicamente, sin embargo, es necesario que exista un lapso de tiempo
entre tener la capacidad biológica de relacionarse sexualmente y el concretar esta potencialidad en la práctica.
Lentamente surge, en éste período, la capacidad de enamorarse, integrando componentes espirituales,
sentimentales y eróticos en una persona,

no disociadas en diferentes personas, cómo en las etapas anteriores. El

adolescente es capaz de integrar estos aspectos gracias a la capacidad de utilizar mecanismos de defensa más elaborados,
tales como los de fantasía activa (ensoñación), el de sublimar impulsos prohibidos en otros socialmente aceptables, y el
de intelectualizar y racionalizar cierto ascetismo. La adolescencia media constituye, entonces, una última etapa en la que
pueden ensayarse conductas sin que esta práctica tenga las consecuencias determinantes y los compromisos a largo plazo
propias de las etapas consecutivas.
3. ADOLESCENCIA FINAL
En esta etapa terminal de la adolescencia se concretan los procesos recién descritos, alrededor de la
consolidación de la identidad del Yo. La respuesta a la pregunta ¿Quien soy yo?, es contestada ahora con innumerables
variaciones. La búsqueda de vocación definitiva se hace más premiosa y urgente, muchas veces estimulada por hermanos
o amigos que se casan o comienzan a trabajar. Para muchos adolescentes dicha etapa constituye un desarrollo lógico y no
conflictivo de procesos previos. En otros casos, hay conflictos más abierto, que llevan, a veces, a la así llamada por
Erikson MORATORIA PSICOSOCIAL.
La identidad consiste en la sensación de continuidad del sí mismo ("self") personal a lo largo del tiempo. Dicha

identidad hace a la persona diferente tanto de su familia como de sus coterráneos. Ella confiere cierta previsibilidad a las
conductas individuales en diferentes circunstancias, y acerca y diferencia, al mismo tiempo, al jóven de su familia, grupo
social, colegas profesionales y laborales, grupo etario y momento histórico. El completar la propia identidad es personal y
socialmente necesario para, posteriormente, evitar fluctuaciones extremas. La elección vocacional se hace con un costo
interno y externo: el cambiarse de una carrera a otra cuesta cada vez más en la medida que transcurre el tiempo. Lo
mismo vale para la elección de pareja, ya que el daño emocional que conllevan las separaciones matrimoniales es
progresivo, en la medida que transcurre el tiempo.
En algunos cuadros clínicos, tales como ciertas neurosis y patología limítrofe del cáracter, se aligera éste cierre y
delimitación de elecciones. El patológico síndrome de difusión de identidad descrito por Erikson, se advierte en sujetos
que, crónicamente, van de oficio en oficio, de carrera en carrera, o de pareja en pareja, ya que no han logrado una
definición positiva de la propia identidad. La alienación y el fatalismo juveniles, y el cierre prematuro de la identidad, son
otros desenlaces posibles, pero anormales de éste período.
Los problemas de identidad en la mujer se centran en la opción entre el rol matrimonial y el laboral. La
preparación para un título universitario pasa, en algúnas adolescentes, a tener mucha más importancia que la búsqueda de
una relación de pareja adecuada. El encontrar marido y el realizarse profesionalmente, son percibidos cómo objetivos
incompatibles, generándose dinámicas de competencia intelectual con los varones que se les acercan: ellas se siente,
constantemente, superiores a éstos. Dicha configuración explica porqué es más frecuente, en mujeres profesionales la
solteria prolongada.
La identidad yoica, en éste período, pasa a fusionarse con la capacidad de intimidad: el saber que se es amada y
que se ama, y el poder compartir el yo y el mundo con otra persona. Esta capacidad de intimidad sólo aparece después de
tener una razonable fe en sí mismo y en la propia capacidad de funcionar en forma autónoma e independiente: antes de
caminar de a dos, es nececesario saber caminar sólo. De otro modo, se necesita al otro no como persona sino como
bastón. La identidad de la mujer pasa también a depender en gran medida de las características y capacidades de su
pareja. Ello que hace que, a veces, se orienten al matrimonio más rápida y activamente que los hombres. Esta es una etapa
difícil para la mujer, pues culturalmente se espera que adopte un rol más pasivo y receptivo que el varón. En general, la
capacidad para la intimidad tiene una función más central en la formación de la identidad femenina que en la masculina.
Sólo al final de la adolescencia está el jóven preparado para una relación íntima estable. En los períodos previos
predomina la exploración y la búsqueda, y hay una mayor presión de impulsos que buscan descarga, así como un mayor
grado de egocentrismo y narcisismo. La coparticipación y el interés en la satisfacción del otro, se hacen sólo
gradualmente más centrales. Existen casos en los cuales el sexo se mantiene separado del amor y del cariño. Este puede
prestarse a ser juego, deporte, o camino para superar las propias inseguridades, siendo usado agresivamente en la relación
con el otro. Varias desviaciones del impulso sexual, tales como el sadomasoquismo o el exhibicionismo, son ejemplos en
la práctica clínica de la afirmación anterior.
Las variaciones en la conducta sexual y de acercamiento de pareja, han sido documentadas por diferentes
estudios chilenos. Así, Alamos (op.cit) demostró como la dicotomía amor-sexo recién aludida, es más acentuada en la
adolescencia inicial que en la tardía. De los 12 a 13 años sólo el 46% de los adolescentes informa experimentar atracción
física hacia la mujer que se quiere. Este porcentaje sube a un 83% en el período de 16-17 años. La frecuencia de
relaciones heterosexuales encontrada en el estudio recién aludido de Alamos, en adolescentes de nivel medio alto, fue de
un 36,4% entre los varones. En el mismo sexo, Avendaño (op.cit.) encontró un 56,7% entre adolescentes de nivel medio y

medio-bajo en el Sector Norte de Santiago de Chile. Las mujeres del último grupo habían tenido relaciones en un 19,4%.
Velasco () halló un aumento en la frecuencia de las relaciones sexuales entre la mujeres, desde un 6% a los 15-16 años,
hasta un 31% entre los 17 a 19. Todos los estudios, por lo tanto, concuerdan en la mayor frecuencia de conducta sexual
activa en el varón de estratos socio-económicos bajos. En nuestros estudios antes mencionado, en una muestra
representativa de los adolescentes escolarizados de Santiago de Chile en 1994, un 22.7% señalaba haber tenido relaciones
sexuales, la mayoría de las veces en forma única u ocasional. El porcentaje de relaciones frecuentes aparecia en un
quinto del total de adolescentes iniciados sexualmente. La conducta homosexual era aún más rara: un 1.6% de los varones
y un 0.2% de las mujeres informaban experiencias de éste tipo. Más adelante volveremos a estas cifras.
El fin de la adolescencia es, por lo tanto, un cierre de un tiempo de cambios rápidos y de exploraciones, y lleva a
uno de compromiso personal y laboral: la adultez jóven que, externamente, puede parecer una restricción y una pérdida
de los horizontes amplios que caracterizaron al período que acabamos de revisar. Los logros típicos del final de la
adolescencia que se encuentran normativamente son entonces los siguientes:
Una identidad coherente, que no cambia significativemente de un lugar a otro;
Una capacidad de intimidad adecuada en término de relaciones maduras, tanto sexuales como emocionales;
Un sentido claro de la integridad, de lo que esta bien y lo que esta mal, con desarrollo de sentimientos socialmente
responsables;
Una independencia psicológica con sentido del sí mismo que permite tomar decisiones, no depender de la familia, y
asumir funciones y responsabilidades propias de los adultos;
Una independencia física con capacidad de ganarse el propio sustento sin apoyo familiar.
VII. CORRELATOS SOCIO-CULTURALES
El concepto de adolescencia es una construcción social relativamente reciente, propia de las sociedades urbanas
occidentales industriales y post-modernas. Las descripciones, clasificaciones y subetapas recién expuestas deben, por lo
tanto, tomarse con bastante precaución al trabajar en niveles socioeconómicos bajos o con grupos urbano-marginales o
rurales. El niño con baja escolaridad que debe empezar a trabajar en forma muy temprana para contribuir al sustento
familiar, o el hijo de una madre soltera adolescente, muchas veces no atraviesa las etapas recién descritas. Es en estos
jóvenes donde son más necesarios los esfuerzos de investigación tanto descriptiva como explicativa. La marginalidad y la
interfase socio-cultural de las poblaciones perifericas del gran Santiago, o los "pueblos jóvenes" de Lima, o las favelas
paulistas albergan un tipo de adolescente poco estudiado en comparación al de la clase media urbana. Mucho de la
violencia y delincuencia juveniles de las grandes ciudades, corresponde a estos grupos de riesgo alto, de salud tanto física
como psicosocial. Los adolescentes campesinos constituyen otro grupo, demográficamente en disminución, pero también
importante: gran parte del cambio socio-tecnológico recién descrito también ha llegado al campo, e impactado no sólo las
economías sino los estilos de vida agrarios. La crisis de la adolescencia será, como ya señaláramos, muy diferente en
sociedades estables y tradicionales, en las cuáles los jóvenes heredan las actividades, propiedades, y estilos de vida de los
padres, que en sociedades en flujo y cambio rápidos.
Otro fenómeno propio de nuestra época es la aparición de subculturas juveniles urbanas. Los niños de la calle de
Río o Sao Paulo son una versión latinoaméricana de los gangs neoyorquinos y del fenómeno del mobbing nórdico o
germano que aparece en el cine juvenil europeo actual. Son necesarias investigaciones que muestren las motivaciones y

peculiaridades de estas subculturas juveniles. Zegers () ha mencionado tres dimensiones que caracterizan a los jóvenes de
nivel medio, integrados a la estructura social urbana: actividad autónoma, individualismo y orientación hacia el futuro.
Estas se contraponen a algúnas características de los grupos socio económico bajos que la misma autora menciona:
pasividad-fatalismo, colectivismo y orientación hacia el presente.
El estudio socio-antropológico de las subculturas juveniles marginales de las grandes urbes es, pues, hoy día,
cada vez más necesario. Un aporte interesante al respecto es el realizado por Portillo, en Uruguay, quien ha descrito el
actual modelo cultural de la juventud, señalando como () en nuestras sociedades se ingresa cada vez más temprano a la
adolescencia, lo que se expresa en los juegos, las costumbres o las modas. Se irradia asi sobre toda la sociedad un
“espiritu juvenil”, que pone en entredicho y cuestiona la respetabilidad y hegemonia del mundo adulto que existio en
épocas anteriores. Dice éste autor: “Ubicado en el centro de la propuesta cultural de la postmodernidad, éste modelo
juvenil hegemónico no solo acorta la infancia, sino que hace que adultos y hasta viejos pretendan ser jóvenes.” Se trata
de afrontar un futuro incierto, dada las crisis de las ideologías y del “fin de la historia” desde la alegre irresponsabilidad
juvenil. Vivir al dia, sin ataduras con el pasado y en ruptura con la memoria colectiva, en un discurrir sin rumbo fijo. Todo
esto se expresa con mucha fuerza en la música, en la moda, y sobre todo, en la transmutación de las prácticas deportivas.
De un deporte fuertemente disciplinado y disciplinador que se desarrolló como un correlato de la industrialización al
servicio de individuos físicamente aptos para la producción, se evoluciona a un deporte predominantemente individual
que privilegia lo placentero sobre lo competitivo. En un debilitamiento de las prácticas deportivas, las nuevas
manifestaciones deportivas enfatizan la soledad del individuo en el placer de un deslizamiento sin un rumbo fijo: es el
caso del windsurf, el jogging, la bicicleta de montaña, etc. Concomitantemente, se constata cada vez más una propensión
al encerrarse en uno mismo cuyas manifestaciones son el individuo aislado de su entorno escuchando el walkman o los
jóvenes cautivados durante horas enteras frente a los videojuegos.
Mencionemos finalmente que el adolescente en situación de pobreza requiere una consideración especial. La gran
mayoría de las investigaciones se han centrado en los hijos de las clases medias profesionales. En Chile, tres de cada
cinco adolescentes vive en familias de bajos ingresos. Este vacío de conocimientos lo hemos enfrentado estudiando en
mayor detalle a adolescentes urbano-marginales. Queda sin embargo mucho por hacer. En especial el adolescente rural o
de orígen campesino es un subgrupo descuidado pero de crucial importancia en el caso chileno: mucho de la migración
desde el agro a la ciudady por ende del rápido crecimiento de nuestras urbes, se hace en base a jóvenes que vienen a
probar fortunha a la capital o a otras grandes ciudades del país.
CAPÍTULO IV: ADOLESCENCIA Y FAMILIA.
“La familia ha sido considerada siempre como la expresión primera y fundamental de la naturaleza social del hombre.
En su nucleo esta visión no ha cambiado ni siquiera en nuestros dias. Sin embargo, actualmente se prefiere poner de
relieve todo lo que en la familia -que es la más pequeña y primordial comunidad humana- representa la aportación
personal del hombre y de la mujer. En efecto, la familia es una comunidad de personas, para las cuales el propio modo
de existir y vivir juntos es la comunión: communio personarum. También aquí, salvando la absoluta trascendencia del
Creador respecto de la creatura, emerge la referencia ejemplar al “Nosotros” divino. Solo las personas son capaces de
existir en comunión. La familia arranca de la comunión conyugal que el Concilio Vaticano II califica como “alianza”,
por la cual el hombre y la mujer “se entregan y aceptan mutuamente”.

Juan Pablo II. Carta a las familias, 1994.
Pregunta en entrevista a Bill Gates, fundador de Microsoft:
“¿Cuál de sus padres influyó más en Ud?
Mi mama estaba más cerca, pero mi papá era quien decía la última palabra. Creo que ambos fueron grandes
influencias. En mi familia, en vez de sentarse a ver televisión en las noches de los fines de semana, nuestros padres
nos animaban a ser buenos estudiantes”
Revista Que Pasa, Diciembre de 1994.
FAMILIA () : HISTORIA Y DEFINICIONES.
La familia, en los términos más simples, es la unión de un hombre y una mujer, generalmente de ascendencias diversas y
sin lazos de consanguinidad, que habitualmente viven con su progenie, en un lugar privado y separado.

Este tipo de

organización, denominado habitualmente familia nuclear, parece ser el tipo más antiguo de familia hoy en existencia. En
algúnas oportunidades, la familia nuclear se extiende para incluir no solo a los padres y a sus hijos solteros, sino a
aquellos que se han casado, sus parejas y descendencia. Este tipo de organización es habitualmente llamada familia
extendida por los sociólogos.
La familia desarrolla un conjunto de funciones para sus miembros. Quizá la más importante de ellas es proporcionar
seguridad emocional y psicológica, a través del cariño, amor y compañía que se generan al vivir juntos los esposos con
sus hijos. La familia provee también de una función valiosa social y política, al institucionalizar la procreación y al
proveer de pautas para regular la conducta sexual. La familia proporciona adicionalmente otras funciones socialmente
positivas, tales como la crianza y socialización de los hijos, junto con actividades humanitarias tales como cuidar a sus
miembros enfermos o discapacitados. Desde el ángulo económico, la familia proporciona alimentación, techo, vestuario y
seguridad física a sus miembros, especialmente a los que son demásiado jóvenes o viejos para cuidar de sí mismos por si
solos. Finalmente, desde el punto de vista político, la familia es un mecanismo que proporciona orden y estabilidad a la
sociedad como un todo. De allí el nombre que le dio Cicerón: seminarium civitatis (la semilla de la ciudad) ()

Historia de la familia
La familia occidental se basa hasta hoy en la estructura que surgió hace más de dos mil años en Roma. Tal como ha sido
presentada últimamente, la familia romana es vista como el paradigma de una estructura autoritaria, pero ordenada. Ya en
el siglo XVI Jean Bodin alabó en su Republique el poder ilimitado del padre romano como el fundamento de un orden
social, para el principio del poder absoluto de los reyes, planteando la tesis, repetida después a menudo, que la
declinación del poderío de Roma se ligó al deterioro de ese orden social, basado en un sistema de parentesco focalizado
en el sexo masculino, de tipo agnático. La familia romana aparece así como extremadamente patriarcal: el paterfamilias,
o sea el varón mayor vivo de la familia, tenía la patria potestas, poder legal de vida y muerte sobre sus hijos y los hijos de
sus hijos, y el monopolio de la propiedad dentro de la familia. La potestad sobre los hijos solo finalizaba con la muerte
del padre: no había mayoría de edad; las hijas, al casarse, pasaban de la potestad del padre a la autoridad, o manus, del

marido, o del padre de su marido. Solo al morir el padre, sus hijos, mujer e hijas solteras llegaban a ser legalmente
independientes, y cada uno de los hijos varones se transformaba en un paterfamilias por derecho propio. Sin embargo,
ésta descripción, exacta en lo formal, deja de tomar en cuenta la realidad demográfica de la época: Saller () ha mostrado
como la gran mayoría de los padres morían jóvenes, dada la sobrevida promedio de esa época, por lo que el varón se
transformaba en paterfamilias muy tempranamente. Las estadísticas tomadas del Senado romano, o sea, dentro de la clase
noble, muestra que los patricios de cinco años de edad tenían en un 85% a sus padres vivos; los de 15, al 55%; los de 25,
al 32%; los de 35, al 12%, y aquellos sobre cuarenta, solo al 6%. Esto explica también la importancia en Roma de las
leyes de tutela, ya que un número importante de niños y adolescentes requerían que se les nombraran tutores, al morir sus
padres, para que administraran sus bienes. Las crueles costumbres de crianza infantil, que hacían que no se considerara
persona un niño hasta los 7 a 9 dias después de nacido, y que solo el padre reconociera al hijo, al cabo de una semana, lo
hacía levantándolo del suelo y dándole un nombre. El infanticidio era muy frecuente, y había un conjunto complejo de
normas para las matronas en cuanto a quienes salvar y a quienes dejar morir en el momento del parto. Garnsey () explica
la aparente crueldad de estas costumbres, que solo desaparecieron con el advenimiento del cristianismo como religión
predominante en el Imperio, por las elevadas tasas de mortalidad existentes: el 28% de los niños morían en el primer año
de vida, y el 50% lo hacían antes de los diez.
La Revolución Industrial y el proceso de urbanización que acompañó a esta llevó a númerosos cambios en la estructura
familiar. La modernización produjo una ruptura de las grandes haciendas feudales y a un cambio marcado en los estilos
de vida y formas de trabajo. Muchas personas, especialmente jóvenes y solteras, dejaron el campo y se fueron a las
ciudades a trabajar en las industrias de éstas. Este proceso llevó a la disolución de muchas familias extendidas. Los padres
siempre mantuvieron

un rol en la toma de decisiones de sus hijos, pero con una influencia decreciente dada la mayor

movilidad geográfica y social de éstos, así como su más facil acceso directo al dinero.
La familia que ha surgido después de la Revolución Industrial es diferente de la que existió antes de esta. Por ejemplo, la
norma patriarcal ha sido lentamente reemplazada por una mayor igualdad entre los sexos. Los estereotipos previos acerca
de los roles de hombre y mujer se han modificado lentamente. La mujer no debe necesariamente cuidar del hogar y de los
hijos en forma exclusiva, ni el ganarse la vida y llevar una vida pública externa a la casa, la cual no es hoy ya solamente
un dominio del marido. Cada vez más mujeres trabajan y muchas tienen figuración política, así como muchos maridos
comparten las tareas propias del hogar. La estructura de la familia también ha cambiado, en el sentido de que muchas
parejas no se casan legalmente y tienen sus hijos durante su convivencia. Muchas de estas relaciones informales tienden a
ser de corta duración, lo que en parte explica el rápido aumento en el número de familias uniparentales. La familia
moderna es, más que una unidad productora, un centro de consumo, y la mayoría de las veces sus miembros trabajan
fuera del hogar. Los sistemas públicos y los gobiernos han asumido muchas de las funciones que las familias otrora
desempeñara, tales como cuidar de los ancianos, de los enfermos, educar a los jóvenes, y proporcionar recreación.

LA FAMILIA Y EL DESARROLLO DE LOS HIJOS
La familia es un elemento indispensable para el desarrollo del individuo. Representa la matriz psicosocial que

complementa al útero, matriz biológica que forma al sujeto hasta el nacimiento. Cuando Lidz () habla de la familia como
el núcleo de la humanización, individuación, y personalización, está aludiendo a esta función emocional de la familia
como sosten del desarrollo individual. Es en el mismo sentido que la psicoanalista argentina Aurora Perez nos habla de la
familia como “ el medio natural por el cual se genera, organiza y mantiene la vida del ser humano” (). Este nace como
una unidad biológica incompleta. Su indefensión no solo consiste en que, a diferencia de otros mamíferos, si no es
alimentado y cuidado por alguien, después de nacer muere en pocos dias, sino porque necesita además suministros
emocionales que le abran la posibilidad de crear una estructura psíquica estable. La permanencia de su medio psicosocial
inmediato es pues un requisito importante para la estabilización personal del recién nacido, tanto en el corto como en el
largo plazo. Dice Aurora Perez: “La trama familiar se convierte en un laboratorio metabolizador de emociones
permanente de cuya eficacia dependerá el mantenimiento y preservación de la salud y cuyo fracaso instalará la
enfermedad mental o física, y eventualmente la locura o la muerte”.
La importancia de la familia en el desarrollo infantil y adolescente no es pues el producto de puntos de vista inmovilistas
y tradicionales, que pretenden mantener una estructura patriarcal que viene en nuestra cultura desde la Roma repúblicana,
sino que se basa en hallazgos de la psicología como ciencia empírica y desde el psicoanálisis. Este, desde Freud en
adelante, ha mostrado como esta placenta familiar origina un sistema interactivo que desde el nacimiento biológico hasta
el fin de la adolescencia sirve para crear un aparato mental estable y resiliente, con capacidad para toma autónoma de
decisiones y de poder enfrentar los desafíos y conflictos que la vida trae consigo. La interacción anterior comienza con el
establecimiento de un vínculo madre-hijo apropiado y sigue con relaciones familiares adecuadas, especialmente con el
padre y con los hermanos.

La humanización del recién nacido depende de establecimiento de un ligamen

afectivo, de un vínculo, que actúa a modo de cordon umbilical, intercambiando afectos y experiencias desde ambos polos,
infantil y maternal, en forma constante. Las consecuencias de la falta o interrupción de éste flujo emocional han sido
documentadas por Spitz, en sus clásicos estudios sobre el hospitalismo, síndrome presentados por niños hospitalizados
por períodos prolongados(). La nutrición afectiva provista al niño por esta placenta familiar crea todo un circuito que
funciona desde la más temprana niñez hasta el fin de la adolescencia. El operar de esta placenta familiar, nos dice Aurora
Perez “sutilmente promueve como logro la paulatina maduración del Yo, lo que a su vez permitirá

su progresivo

desarrollo”.
El segundo proceso en que la familia es necesaria es el de individuación. Nuestra autora nos muestra que ”La estructura
familiar está

constituida por dos sistemas en convivencia estable que modelan entre sí

una relación continente

contenido. Ambos ambientes están en crecimiento y desarrollo. El continente o periferia de éste organismo vivo, la
familia, esta constituído por la pareja parental, nucleo original de esta.. El contenido está representado por los hijos.
Ambos sistemas deben completar trayectos vitales. El continente, cimentar y enriquecer su individuación haciéndose
cargo de las funciones de sostén físico y psíquico del sistema contenido y de sí mismo. Deben autocontenerse y contener.
Esto pone a prueba sus logros como individuos y la plena autonomía como hombre o mujer adultos con el ejercicio de
todos los roles sexuales y parentales. El contenido debe acceder al logro de su individuación, es decir, a la posesión de
una programación psicológica que le vaya sustentando progresivamente en el ejercicio de sus funciones, segun su
momento evolutivo y modelos de ser para futuros desempeños”.

Finalmente, el proceso de personalización es el producto de las vicisitudes de la interacción del individuo con su medio
ambiente. Primero, con la familia. Luego, con sus pares, la escuela y el medio social circundante. Las características que
hacen del individuo una persona en el sentido cultural, serán, pues determinadas por el equilibrio complejo que se
desarrolla entre el adolescente y su familia.
Pasemos a revisar las características de éste equilibrio. El aparato mental que el adolescente ha desarrollado durante la
infancia lo ha hecho, por asi decirlo, inmerso en la matriz familiar. Está, en mayor o menor medida, en un ambiente
esperable promedio, ha sido capaz de satisfacer la mayoría de las necesidades del niño. Al llegar a la adolescencia, éste
tiene una representación mental de su familia de la niñez, que puede o no corresponder a las características reales de los
padres externos. Con el desarrollo puberal antes descrito, aparece una nueva función, la sexual, cuyas necesidades no
pueden ser ya satisfechas familiarmente: surgen impulsos que empujan al adolescente fuera de la familia, hacia la
heterosexualidad y la exogamia. La dificultad para ambos componentes de la relación vincular antes descrita, el
continente familiar y el contenido infantil, es aceptar la tarea del desprendimiento. La sexualidad, dicho de otra manera,
plantea una frontera natural al interjuego entrre sus miembros, estudiadas por los antropólogos bajo el nombre de tabu del
incesto. Desde ese ángulo, el adolescente comienza, con dolor y angustia a veces, a desprenderse de sus figuras parentales
infantiles. Se atraviesa la placenta familiar y comienza a buscar fuera, en forma autolimitada y retornando con frecuencia
a los suyos inicialmente, para luego iniciar progresivamente periplos más alejados, acercándose cada vez más a una
elección heterosexual estable, que le permita a su vez formar una nueva familia.
En el contexto anterior, es entendible como la crisis adolescente sea constitutivamente una crisis familiar, ya que
conmociona y pone a prueba la identidad familiar lograda hasta el momento. Muchos padres, al comienzo de la
adolescencia de sus hijos, no toleran bien éste alejamiento, y tratan de mantenerlos alrededor de sí con prohibiciones o
amenazas en relación al peligro de la búsqueda de la satisfacción de esta necesidad de amor, cariño y ternura fuera de la
familia. El duelo del hijo por su cuerpo infantil tiene su correlato en el duelo de los padres por su juventud, que se ve
limitada por la constatación del alejamiento progresivo de los hijos adolescentes. Asi surgen áreas de potencial riesgo, que
Perez ha dividido en regresión, o sea falta de

progresión, expulsión (descuido) y repulsión (rechazo). La familia

retentiva no permite la autonomía, la individuación, y dificulta o bloquea el desarrollo progresivo. El adolescente que
rechaza a su familia, por otra parte, trata de atravesar la adolescencia en una actitud permanente de rebeldia frente a ella.
Si vemos a la adolescencia como una crisis de desprendimiento, entendemos que los vínculos paterno-filiales deben sufrir
cambios decisivos, permitiendo ahora la familia la autonomía mental del adolescente, sin dejar de sostenerlo
emocionalmente para que pueda avanzar con seguridad en el mundo, y lograr ser fiel a sus ideales y principios, ahora
libremente asumidos. Las etapas del desarrollo moral de Kohlberg presuponen un desarrollo adecuado de éste separación
de la familia. Estos procesos en el mundo interno son actuados en el escenario de la familia real, generando muchas
tensiones y conflictos a veces poco comprensibles para padres y adolescente a la vez. El desarmado de la propia identidad
apoyada en el andamiaje familiar, y el nuevo armado de una identidad propia, son procesos lentos y a veces dolorosos. La
década de los 10 a los 20 años comienza con un niño inserto en su familia, y seguramente apoyado en ésta; termina con
un adulto jóven que esta muchas veces ya listo para desempeñarse laboralmente, y preparado para formar su propia
familia.

CAMBIO SOCIOCULTURAL Y FAMILIA.
Los desafíos actualmente enfrentados por la familia hacen más complejo el proceso anterior. El cambio socio-cultural
rápido lleva a cambios en los estilos de vida, en los cuales muchas veces, padre y madre trabajan: los roles que antes eran
complementarios se hacen simétricos. La globalización de la cultura y la secularización progresiva de la sociedad hacen
más difícil el contar con roles establecidos en los cuales apoyarse. El cambio geográfico aumenta esta inestabilidad
familiar, cómo puede verse cuando aumentan las migraciones internas y externas. El cambio del papel social de la mujer,
y su ingreso masivo a la fuerza laboral, así cómo su mayor búsqueda de un desarrollo personal y profesional, hace que
esté menos dispuesta que antes a funcionar cómo un elemento de apoyo a los miembros masculinos de la familia, lo que
constituyó su rol en muchas sociedades tradicionales. El progresivo hedonismo (no solo búsqueda, sino exigencia del
placer), así como el narcisismo imperante, hace que tanto padres cómo madres estén menos dispuestos a sacrificarse por
su progenie en comparación a períodos históricos previos.

Lo anterior hace que sea cada vez más central una

preocupación por los valores y los aspectos éticos para poder apoyar mejor el fortalecimiento de la familia. Si, como
hemos visto, la transición adolescente es un cambio complejo, el jóven requiere para realizarla estabilidad en su entorno
próximo. Si la familia está cambiando, y el medio externo también está en transformación, las transiciones adolescentes
se hacen progresivamente más difíciles, y aumenta la posibilidad de dificultades. Nuestra tesis es que parte de la
explicación del aumento en conductas de riesgo que hoy vemos se deben justamente a las transformaciones que se
producen en las estructuras familiares alrededor de los jóvenes.
¿ Que está sucediendo con la familia hoy? Revisemos algunos hechos demográficos.
La gran mayoría de los chilenos vive en familia: de acuerdo a los datos censales de 1992, el 96.9% de los
habitantes del país viven en algúna situación familiar, lo que ese año equivalía a 10.975.520 personas. El resto vive
en hogares colectivos o instituciones (244.292 personas) o cómo servicio doméstico "puertas adentro" (109.924
personas).
El tamaño promedio de las familias chilenas es de 4.45 personas, tamaño que está dentro del promedio actual en
Iberoamérica, que fluctúa entre 3.9 personas en Argentina, hasta 5.5 en Guatemala. Esto significa que la familia
chilena promedio está formada o bien por ambos padres y entre dos o tres hijos, o por un padre (generalmente la
madre) y tres a cuatro hijos.
Los dos tipos predominantes de familias en Chile son la nuclear (constituída por uno o ambos padres y sus hijos
solteros): 57.9% de los chilenos viven en ellas, con un tamaño medio de 4.5 personas, y la extendida, con un
porcentaje de 23.4% de las personas, y con un tamaño medio de 5.6 personas. El tipo más frecuente de familia
extendida (16.5%) es aquélla en que hay abuelos, o sea, están los padres de uno u otro de los padres, seguida por un
11.7% de las familias en las que están los hijos o nietos del jefe de hogar. El porcentaje de familias nucleares
aumentó desde un 30.3% a un 53.1% entre 1970 y 1992. Las extendidas, por su parte, disminuyeron desde un 64% en
1970 a un 39.7% en 1988, para bajar a un 27.9% en 1992.
Estos datos, muestran cómo las familias chilenas no sólo están disminuyendo de tamaño, sino también en número de
generaciones, y del número de adultos que viven bajo el mismo techo. La estructura mayoritaria en la sociedad chilena

hoy es la nuclear (58%), generalmente encabezada por un jefe de familia masculino. Existe luego un número apreciable
(27.8%) de hogares formados por familias extensas. Es proporcionalmente mayor el número de hombres que viven solos,
que el de mujeres en iguales circunstancias. Esto puede tener que ver con prejuicios en relación a la última situación o
con el menor nivel de ingresos de la mujer. Esta es una de las áreas en que es necesario insistir, ya que muchos de los
cambios demográficos que estamos revisando van en detrimento de la situación del sexo femenino.
A pesar de que la mayoría de las familias chilenas tienen un jefe de hogar de sexo masculino, existe un porcentaje
importante (21.6%) de hogares con jefe femenino. Los varones tienden a encabezar familias nucleares completas; las
mujeres, familias extendidas incompletas, esto es, aquéllas en las que falta uno de los cónyuges: la mayoría de las
familias incompletas tienen una jefa de hogar (71.0%), y tienden a ser familias extendidas (66.2%), que se apoyan en
otros familiares para proveer a las necesidades familiares. Existe asimismo un porcentaje importante de familias
nucleares incompletas (17.7%) con jefa mujer que tiene a su cargo a hijos dependientes. Este aumento de familias
“uniparentales” es uno de los problemas crecientes en nuestra sociedad, ya que su nivel económico tiende a bajar, y
muchas veces los entes gubernamentales deben hacerse cargo del apoyo que requieren.
La edad de matrimonio preferente es entre los 20 y 24 años, con una mediana de 23 años para las mujeres y de
25 para los hombres. Hay una tendencia al retardo de la edad del matrimonio: la mediana subió de 22.8 a 23.4 años
entre las mujeres entre 1982 y 1988, así cómo para los varones desde 24.8 hasta los 25.5 años. Al estudiar quién se
casa con quién, la homogamia es muy frecuente: los cónyuges tienden a casarse entre iguales en cuanto a edad,
instrucción y estado civil previo. Esta tendencia es clara: a mayor educación, mayor congruencia entre los niveles
socioeducacionales de ambos conyugues. La otra cara de la medalla es que los matrimonios muy incongruentes en
términos de características de sus miembros tienden, estadísticamente, a tener mayor cantidad de dificultades y se
separan más a menudo.
En cuanto a la edad, la mayor frecuencia de contrayentes se da entre hombres y mujeres de 20 y 24 años, seguida por
hombres de esa edad con mujeres de entre 15 a 19 años: en total, el 38.3% de los matrimonios corresponden a esos
grupos de edad. La norma cultural en nuestra sociedad sugiere que es aceptable que los hombres se casen con
mujeres hasta diez años menores y cinco años mayores que ellos, ya que esos límites solo se sobrepasan en un 7% de
los matrimonios. Sólo después de los 60 años aumenta en forma importante el número de varones que se casa con
mujeres mucho más jóvenes: lo hace el 50% de ellos.
Los matrimonios tienden a ocurrir entre solteros: los anulados y viudos que vuelven a casarse también prefieren
un cónyuge soltero. Como segunda opción, los anulados se casan con anulados y los viudos con viudos. En todo
caso, se casan más los hombres viudos o anulados que las mujeres en la misma situación.
Al analizar la tendencia de los datos de separación en los censos desde 1952, se puede ver que los porcentajes de
separados han tendido a aumentar consistentemente, desde un 0.8% de los hombres y 1.8% de las mujeres en 1952,
hasta un 2.4% y 4% en 1992. Estas cifras, que probablemente contienen un elemento de subregistro censal, apuntan
a que el número de separaciónes se ha por lo menos duplicado o quizá triplicado en Chile en los últimos cuarenta
años en el país. La mediana de edad para anularse es de 34 años en las mujeres y 37 en los hombres. Más adelante en
éste capítulo volveremos sobre las consecuencias de la separación y el divorcio sobre los hijos adolescentes.

NUESTROS DATOS EMPÍRICOS ACERCA DE LA FAMILIA CHILENA.

Nuestra encuesta a adolescentes escolarizados, como lo muestra la tabla 4.1, señala que alrededor de tres de cada cuatro
de sus padres están casados, porcentaje que aumenta a prácticamente cuatro de cada cinco si se le agregan los padres
convivientes. El porcentaje de separación es de un 13.4% si tomamos los padres que estan actualmente separados,
porcentaje que aumenta a 20.6% cuando se les pregunta por el antecedente de separación en algún momento. Esto
muestra en todo caso que la frecuencia de separación es mucho menor en Chile que la encontrada en muchos países
desarrollados: los porcentajes de divorcio sobre el total de matrimonio llegan, segun datos del World Development Report
a un 58% en Finlandia, 49% en Dinamarca, 48% en los Estados Unidos y Suecia, 43% en Canada, 42% en el Reino
Unido,39% en Francia, 37% en Hungria, 36% en Austria, 35% en Australia, 33% en Suiza y Alemania, 32% en Belgica,
30% en Holanda, y 22% en Japon. Las cifras chilenas colocan a nuestro país cerca de Israel (19%), Polonia (17%), Grecia
(14%), Grecia (14%), España (11%), Italia (8%) y Portugal (4%).
De acuerdo a nuestros datos, que datan de 1994, el jefe de familia es en tres de cada cuatro de los casos el padre,
trabajando en forma estable el 85.9% de los padres y el 53% de las madres. El trabajo masculino tiende a ser de jornada
completa, y el de la mujer de tiempo parcial: trabajan a jornada completa solo el 17.2% de las madres de nuestra muestra.
El nivel educacional tiende a ser semejante para ambos sexos, con una mediana de enseñanza media incompleta. Hay un
porcentaje mayor de madres (29.4%) que han completado sus estudios secundarios, en comparación a un 25.6% de los
padres. Sin embargo, hay más varones (26%) que mujeres (21%) con algún nivel de estudios universitarios.
En suma, la mayoría de las familias chilenas son biparentales, se mantienen unidas, generalmente trabaja el varón, quien
es considerado el jefe de la familia. Existe, sin embargo, un número creciente de hogares uniparentales, de jefatura
femenina, presumiblemente producto de separaciones o abandonos del hogar, o de embarazos precoces sin matrimonio,
seguidos por convivencias de corto plazo. Este tipo de hogares, porcentualmente minoritarios, dejan a la mujer y los hijos
en condiciones muy desprotegidas y son un fuerte elemento de vulnerabilidad para futuras conductas de riesgo de los
hijos.
TABLA 4.1: CARACTERÍSTICAS DE LA FAMILIA, ESCOLARES ADOLESCENTES EN SANTIAGO
METROPOLITANO, 1994
Característica

n

%

Casados

1489

73.5

Separados

269

13.3

Convivientes

93

4.6

Uno falleció

70

3.4

No sabe

19

0.9

El padre

1470

73.0

La madre

386

19.1

Otra persona

159

7.9

Situación laboral

Del jefe de familia

De la madre

RELACION ENTRE LOS PADRES

El jefe de familia es:

Dueña de casa

53.0

Trabajo estable

85.8

17.2(Jornada completa)

trabajo ocasional

6.6

21.6 (Jornada parcial)

Busca trabajo

0.7

0.7

Es jubilado

3.4

0.6

Es discapacitado

0.2

0.2

Tiene otra situación

3.4

3.3

Nivel Educacional

Jefe de Familia

Madre

Ningún estudio

0.4

0.5

Básico incompleto

11.6

12.8

Básico completo

10.7

12.5

Medio incompleto

16.0

21.3

Medio completo

25.6

29.4

Universitario incompleto

7.1

5.4

Universitario completo

18.9

15.6

Otros estudios

2.6

2.6

No sabe

7.1

N.A.

En otro estudio (), analizamos las características de una muestra representativa de familias de Santiago de Chile, así como
la percepción diferencial de padres e hijos adolescentes acerca del funcionamiento familiar y de la frecuencia de
conductas de riesgo entre los propios jóvenes y sus familiares. Se encuestaron para ello 486 familias representativas de la
población de Santiago metropolitano, a través de la confección de una muestra probabilística estratificada, aplicándose
dos instrumentos previamente validados (CTF: “Como es Tu Familia”, contestado por los adolescentes, y CSF:”Como es
Su Familia” que fueron contestados por padres e hijos). Los resultados, que se muestran en la tabla 4.2, señalan que en la
mayoría de las familias está la madre (96.5%) y en un porcentaje menor el padre (82.1%). El promedio de miembros del
hogar es de cuatro personas, trabajando solo el padre en el 43.2% de los casos y ambos progenitores en el 42.2%. El
número promedio de hijos fue de 3.
TABLA 4.2: CARACTERÍSTICAS DE LA FAMILIA (RESPUESTAS DEL CUESTIONARIO SU) EXPRESADAS EN
PORCENTAJES. SANTIAGO DE CHILE, 1995.
N
%
Composición del Hogar
Madre en el hogar
95.9
Padre en el hogar
83.3
Otra pareja
18
Abuelos
31.8
Tios
25.9
Otros adultos
25
Número de personas en el hogar
Dos
11
2.2
Tres
40
7.9
Cuatro
156
31
Cinco
145
28.8

Seis
Siete
Ocho
Nueve
Más de nueve
NÚMERO DE HIJOS EN LA FAMILIA
Una
Dos
Tres
Cuatro
Cinco
Seis
Siete
Ocho
Nueve
Más de nueve
NÚMERO DE PERSONAS QUE APORTAN
ECONÓMICAMENTE A LA FAMILIA
Una
Dos
Tres
Cuatro
Cinco
Seis
Siete

78
37
16
8
13
n
48
184
135
88
26
9
6
3
2
1
n

15.5
7.3
3.2
1.6
2.6
%
9.6
36.7
26.9
17.5
5.2
1.8
1.2
0.6
0.4
0.2
%

220
213
44
15
7
3
3

43.6
42.2
8.7
3
1.4
0.6
0.6

FUNCIONAMIENTO FAMILIAR
Al comparar algúnas características del funcionamiento del hogar, encontramos que se preferencian en orden de
frecuencias la union familiar, el uso conjunto del tiempo libre, y la expresión abierta de sentimientos. En porcentajes
menores se busca ayuda para enfrentar las tareas de la casa, se consideran las ideas de los hijos y se turnan las tareas y
responsabilidades hogareñas. En general, como puede verse en la tabla No 4.3 la evaluación de los padres (CSF) es más
positiva que la de los hijos con respecto a todas estas características. En relación a las actividades familiares, la
percepción comparativa de padres y adolescentes es diversa: ambos grupos coinciden que lo más frecuente es la
conversación cotidiana de la madre con sus hijos, seguida por el compartir comidas a diario, y actividades semanales
conjuntas. Sin embargo, en general los padres sobrestiman la frecuencia de estas actividades, en comparación a los hijos,
TABLA 4.3: CARACTERÍSTICAS DEL FUNCIONAMIENTO FAMILIAR DE ACUERDO A LOS CUESTIONARIOS
CSF y TSF, Santiago de Chile, 1995A menudo o
siempre
SU
TU
Nos unimos para afrontar problemas
83.4
72.6
Pasamos juntos el tiempo libre
78.8
57.9
Expresamos lo que sentimos
74.1
55.3
Las ideas de los hijos se consideran
72
55
Nos pedimos ayuda unos a otros
71
63.4
Nos turnamos tareas y
61.2
50.8
responsabilidades
Percepción comparativa de actividades
SU
TU
Madre conversa diariamente
92.2
78.1
Se comparte comida a diario
86.2
71.4

Padre conversa diariamente
Familia comparte cada noche
Familia comparte semanalmente

56.8
63
76.3

51
48.2
66.8

RELACIONES HIJOS PADRES ADOLESCENTES
Al estudiar la evaluación de los padres y los hijos acerca de la calidad de su comunicación, encontramos porcentajes muy
similares para ambos grupos en esta variable (77.3% vs. 75.5%), así como para la capacidad de intuir la existencia de
problemas. Sin embargo, las percepciones variaron para la expresión de sentimientos (75% según los padres vs. 51.6%) y
para la posibilidad de comentar dificultades (77.2% según los padres vs. 67.8% según los hijos). La tabla 4.4 muestra
estas diferencias. La misma tabla muestra como cuando el adolescente está en sus problemas, tiende a recurrir a su familia
en forma mayoritaria. En eso concuerdan tanto padres como hijos. Sin embargo, los adolescentes recurren
proporcionalmente más a sus amigos que lo que estiman sus padres.
TABLA 4.4: COMPARACION DE LA CALIDAD DE COMUNICACIÓN SEGÚN PADRES E HIJOS
ADOLESCENTES, DE ACUERDO A LOS CUESTIONARIOS CSF y TSF, Santiago de Chile, 1995SU
TU
Satisfecho con comunicación
77.3
75.5
Expresión de sentimientos
75
51.6
Intuye como
68.9
68.5
me siento
Puedo comentar dificultades
77.2
67.8
Cuando el adolescente esta dificultades, recurre con SU
TU
frecuencia o siempre:
Alguno de sus padres
90.9
76.8
Alguno de sus hermanos
54.3
45.6
Alguno de sus parientes
45.2
45.6
Alguno de sus amigos
30.3
42.9
Algún otro adulto
31
19.2
Es interesante que al comparar, en los resultados del CSF la percepción de los padres de la relación con su pareja y con su
hijo adolescente, se calificó mejor la segunda, como muestra la tabla 4.5, la cual también ilustra la distribución de poder y
la toma de decisiones en la familia era más clara para padres que para hijos: el 83.4% de los padres afirmaron que se
sabía quien mandaba en la familia, en comparación al 70.6% de los hijos. Al analizar la distribución de poder, se
considera que ambos padres toman las decisiones en dos tercios de los casos, seguido por un 19.2% de decisiones
tomadas por la madre según los padres (vs. 14.5% según los hijos) y por un 10.6% de decisiones tomadas por el padre,
según los padres (vs. 9.1% según los hijos).
TABLA 4.5 COMPARACION DE LA CALIDAD DE COMUNICACIÓN CON LA PAREJA Y CON
ADOLESCENTES, DE ACUERDO AL CUESTIONARIOS CSF, Santiago de Chile, 1995ADOLESCENTE
PAREJA
Satisfecho con comunicación
77.3
60.1
Expresión de sentimientos
75
57.7
Intuye como
68.9
59.4
me siento
Puedo comentar dificultades
77.2
64.8
Quien ejerce el poder
SU
TU
Ambos
63
61.1
La madre
19.2
14.5
El padre
10.6
9.1
Otro familiar
4.1
2.7

HIJOS

Pareja del
padre o la
madre
Otra respuesta

0.6

1.2

2.4

5.5

SATISFACCION VITAL
En relación a satisfacción con aspectos de la vida, encontramos que tanto para padres como para jóvenes la familia era
por lejos el aspecto que les daba mayor satisfacción vital, como puede verse en la tabla 4.6. Esto era seguido por la
satisfacción consigo mismo, con el propio trabajo u ocupación, con la vida religiosa, con el barrio que se vive. Esta
misma tabla muestra como al analizar la importancia concedida a diversos aspectos de la vida, encontramos nuevamente
que la unión familiar alcanzó la mayor prioridad tanto para padres como para adolescentes, seguida por la realización
laboral y en los estudios, y la creencia en un ser superior. En porcentajes mucho menores aparecieron el tener una vida
sexual activa, el influir en los demás, o el tener dinero.
TABLA 4.6. SATISFACCION CON DIVERSOS ASPECTOS DE LA VIDA, , DE
ACUERDO A LOS CUESTIONARIOS CSF y TSF, Santiago de Chile, 1995.
Satisfacción con:
SU
Su familia
90.3
Uno mismo
68.3
Sus amigos
51.6
Vida religiosa de la familia
61.7
Servicios de salud familiares
52.7
Barrio o comunidad en que se vive
60
Situación económica
42.1
Rendimiento académico
Su trabajo u ocupación
63.3
Importancia concedida a:
SU
Tener familia unida
98.8
Realización laboral
95.1
Creer en Dios o ser superior
94.4
Nivel de estudios
92.5
Influencia sobre los demás
49.6
Tener vida sexual activa
53.4
Tener dinero
34.3

TU
83.6
65.7
59.2
53.5
71.4
53.4
68.2
38.1
70.3
TU
97.2
92.7
85.5
92
65.3
51.7
49.9

EVENTOS FAMILIARES
Al estudiar la ocurrencia e impacto de eventos familiares ocurridos en el último año, se pudo constatar que en general
éstos fueron sobrestimados por los adolescentes, tanto en frecuencia como en impacto. La tabla 4.7 muestra estas
diferencias.
TABLA 4.7: FRECUENCIA COMPARATIVA DE EVENTOS FAMILIARES EN EL ÚLTIMO AÑO, DE ACUERDO A
LOS CUESTIONARIOS CSF y TSF, Santiago de Chile, 1995.
SU
TU
Problemas económicos familiares
57.7
49.2
Cambios laborales importantes
42.9
48.4
Problemas familiares serios
41.3
48.3
Muerte de un miembro de la familia
40.9
54.3
Problemas emocionales en la familia
35.5
28.8

Problemas académicos de un hijo
Problemas emocionales en la familia
Enfermedad física en la familia
Violencia intrafamiliar
Cambio de vivienda familiar
Separación de los padres
Abandono familiar por parte de un padre
Nuevo hijo dentro de la familia
Falta de dinero para comer
Nuevo matrimonio de uno de los padres
Fuga de la casa de un hijo
Falta de vivienda

28.4
35.5
18.4
16.1
12.9
8
6.8
6.6
6
5.2
3.8
2

50.5
28.8
21.9
18.8
20.6
15.4
11.4
14.8
5.6
12.3
0
5

En resumen, la percepción de las familias acerca de su funcionamiento e importancia es positiva, tanto desde el ángulo de
los padres como de los hijos. Lo anterior no quita que no haya una diferencia generacional, con una visión más crítica de
los adolescentes que la que tienen sus padres con respecto a la realidad familiar en varios aspectos.
TIPOLOGÍA DE LAS FAMILIAS
Para cuantificar la realidad del funcionamiento y estructura familiares, utilizamos las escalas de evaluación de
adaptabilidad y cohesión familiares (Faces III), diseñadas por Olson, Portner y Lavee ( ), en la

Universidad de

Minnesota. La escala FACES III es bastante popular, y se basa en una revisión de la literatura en la cual Olson, Russell y
Sprenkle () encontraron que la literatura revela tres dimensiones de conductas familiares: (a) ADAPTABILIDAD: El
grado en el cual el sistema familiar es flexible y abierto a cambiar; (b) COHESION: El grado de vinculación emocional
que tienen los miembros de los sistemas familiares entre sí; y (c) COMUNICACION. La escala que diseñaron los autores
explora las dos primeras dimensiones. Desde 1979, Olson y colaboradores han elaborado sucesivas versiones de esta
escala autoadministrada, en la cual inicialmente empezaron utilizando 111 itemes, los que luego se redujeron a 90, luego
50, luego 30 y finalmente, en la versión actual, 20. Los itemes de adaptabilidad incluyen liderazgo, disciplina, control de
los hijos, roles y reglas. Los de cohesión incluyen vinculación emocional, apoyo, límites familiares, uso común del
tiempo, amigos y actividades compartidos. Tal como lo hace Minuchin (), esta escala clasifica la cohesión familiar en
cuatro cuadrantes: desconectados, separados, conectados y aglutinados. La adaptabilidad también tiene cuatro categorías:
caoticas, flexibles, estructuradas, y rígidas. Este sistema crea así 16 posibles sistemas familiares: cuatro balanceados en
ambas dimensiones,

cuatro extremos en ambas dimensiones, y finalmente ocho posibilidades intermedias. La

consistencia interna encontrada para la escala en su validación fue de 0.77 para la escala de Cohesión, de 0.62 para la de
Adaptabilidad, y de 0.68 para el total del FACES III. La confiabilidad test-retest, con un intervalo de cuatro a cinco
semanas, fue de 0.83 para Cohesión, 0.80 para Adaptabilidad, y de 0.84 para la escala total. El Grafico 4.1 muestra la
distribucion teórica de tipos de familia, mientras que los gráficos siguientes (4.2 y 4.3) señalan los resultados encontrados
al aplicar esta escala a las familias chilenas, tal como las perciben sus hijos adolescentes.
GRAFICO 4.1 DISTRIBUCION DE TIPOS DE FAMILIA SEGUN LA TIPOLOGÍA DE OLSON.
GRAFICO 4.2 DISTRIBUCION PORCENTUAL DE FAMILIAS DE SANTIAGO DE CHILE, DE ACUERDO A
TIPOLOGÍA DE OLSON, TAL COMO LAS PERCIBEN SUS HIJOS ADOLESCENTES.
Familia y Divorcio: sus consecuencias para los adolescentes.

Tal como lo mencionáramos anteriormente, las tasas de divorcio estan aumentando dramáticamente en todo Occidente.
En los Estados Unidos, uno de los países donde esta realidad es más evidente, la preocupación social por las
consecuencias de éste hecho ha crecido paulatinamente. Una de las perspectivas es la del hijo: muchas veces la decisión
de separarse es tomada buscando la satisfaccion de necesidades de uno o ambos padres, sin tener mayor consideración por
las preocupaciones de los hijos al respecto. Distintos investigadores, entre los cuales las más importantes son Judith
Wallerstein () y E. Mavis Heatherington () han mostrado como la separación y divorcio parentales pueden considerarse un
importante antecedente de conductas de riesgo para sus hijos adolescentes. En el caso chileno las tasas de divorcio están
muy por debajo de las norteamericanas, como muestra la Tabla 4.8, adaptada de Camhi ().
TABLA 4.8. TASAS DE DIVORCIO SEGUN PAÍSES, ADAPTADA DE CAMHI. Datos correspondientes a 1991-92,
tomados del Demographic Yearbook de Naciones Unidas, 1993.
País

No de matrimonios

No Divorcios

Estados Unidos
2.334.000
1.187.000
Reino Unido
349.739
171.144
Australia
114.752
45.665
Dinamarca
31507
13004
Noruega
19266
10209
Suiza
45080
15150
Belgica
54176
20838
Francia
271427
108086
Chile
89370
6006*
* Corresponde al No de matrimonios y No de nulidades, segun INE 1992

Rel No Divorcio/
matrimonios
50.8
48.9
39.8
41.3
52.0
33.6
38.4
39.8
6.7

Ta s a s p o r 1 0 0 0
habitantes
4.6
3
2.6
2.5
2.4
2.2
2.1
1.9
0.4

La respuesta de los niños a la separación parental es variada, aunque hay algúnas tendencias que emergen claramente:
La mayoría de los niños presentan algún grado de alteraciones conductuales y síntomas emocionales tanto después del
divorcio como cuando alguno de los padres vuelve a casarse o entablar una relación de pareja estable. Emociones
frecuentes son el enojo, el resentimiento, la ansiedad, la depresión e incluso la culpa, atribuyéndose responsabilidad
por el conflicto parental. Inmediatamente después del divorcio, aparece un duelo por la pérdida de un padre, y puede
aparecer una actitud de incomprensión acerca de las razones que llevaron a la separación, con confusión y temor por
el futuro propio y familiar. Cuando alguno de los padres establece una nueva relación, el niño debe abandonar sus
frecuentes fantasías de una posible reconciliación, puede resentir los intentos del nuevo adulto en el hogar de
establecer reglas o disciplina, y sentir el nuevo vínculo como una amenaza a su propia relación con el padre o la
madre pertinentes.
Algunos niños presentan notables capacidades de resiliencia frente a estas situaciones, y a la larga llegan a tener un buen
equilibrio personal. Otros adolescentes, sin embargo, sufren de dificultades permanentes de adaptación desde el
momento de la ruptura. Un tercer grupo parece adaptarse inicialmente bien en las etapas iniciales de la reorganización
familiar, pero en el mediano o largo plazo muestran los efectos de la disrupción producida. Las conductas problema
informadas más frecuentemente por los estudios respectivos son comportamientos rebeldes, agresivos o antisociales;
disminución de las conductas prosociales, menores rendimientos académicos y dificultades escolares; y alteraciones
en las relaciones interpersonales e intentos de establecer lazos sentimentales.
Muchos de los estudios muestran que la separación, más que constituir un estrés único en la vida familiar, constituye un
hito en una cadena de conflicto familiar previo (), que es seguida por estrés posterior a la separación. Después de ésta

los hijos deben enfrentar la ausencia del padre que se aleja de la familia, los problemas económicos frecuentes, y
rutinas familiares en general más caóticas que antes. En la medida que uno o ambos padres crean nuevas relaciones de
pareja y forman nuevas familias, el nivel de estrés sigue acumulándose para el adolescente del primer matrimonio de
uno o ambos progenitores.
En cuanto a la edad y momento evolutivo del hijo y el momento de la separación, la evidencia es compleja. Algunos
estudios () apuntan a que mientras más chico es el niño, más alteraciones conductuales se ven después del divorcio.
Más exacto quizá es decir que a cada etapa evolutiva hay diversas respuestas. Los niños pequeños y los pre-escolares
tienen menores capacidades cognitivas para evaluar la realidad de la separación, por lo que tienden a culparse,
sintiendo que su comportamiento fue la cuña que separó a ambos padres, y a temer el abandono por parte de éstos.
Las ansiedades profundas que aparecen en estos niños llevan a que después aparezcan más trastornos internalizantes,
o neurosis en el sentido clásico, con un especial apego y cercanía por el padre que se quedó con ellos. La situación
opuesta es la de los niños mayores y los adolescentes, que tienen la capacidad de evaluar lo que está sucediendo, y que
frecuentemente experimentan vivencias intensas en el momento del divorcio, con enojo y dolor, y con tendencia a
asignar responsabilidades a uno de los padres, a tender a tomar partido e involucrarse en la situación, y a veces a
asumir las responsabilidades del padre abandonador. En las palabras de Weiss (), tienden a “madurar demasiado
rápidamente”. Otros reaccionan desapegándose prematuramente de sus familias, incorporándose a un grupo de
amigos, o vinculándose a otras familias o a movimientos ideológicos o religiosos que los acogen. Cuando éste apego
se da hacia grupos antisociales o pandillas, aparecen conductas de riesgo en cuantía particularmente elevada.
El “re-matrimonio” se asocia con una reaparición de conductas problemáticas. Algunos niños, especialmente los
pequeños, tienden a formar un vínculo cercano con el nuevo adulto en el hogar, especialmente si éste aparece como
alguien confiable y emocionalmente disponible. Los pre-adolescentes, sin embargo, son especialmente vulnerables a
la transición del rematrimonio, tendiendo a confrontar al padre que toma esta decisión, o a independizarse y desligarse
de la nueva estructura familiar emergente. Esto puede explicar los hallazgos en nuestra investigación acerca de
frecuencia de maltrato infantil y abuso sexual, que fue mayor en las familias “reconstituidas”, por parte de padrastros
hacia hijas de un primer matrimonio ().
En cuanto a las diferencias por sexo, aproximadamente el 90% de los hijos se quedan con la madre. El efecto negativo de
la familia uniparental es múltiple, pero al parecer los hijos varones presentan un mayor impacto: mayores problemas
comportamentales, de relaciones interpersonales tanto intrafamiliares como en la escuela, y tendencia a mantenerse en
actitudes antisociales o rebeldes a lo largo del tiempo. Las hijas mujeres aparentemente se adaptan mejor, pero
presentan también una tendencia a presentar mayor frecuencia de relaciones sexuales tempranas, e inestabilidad en sus
propias relaciones de pareja a futuro. Algúna evidencia apunta a que en general los hijos tienden a estabilizarse más si
estan bajo el cuidado del padre del mismo sexo: los hijos varones a cargo de sus padres tienden a ser más maduros,
prosociales e independientes; al mismo tiempo, son menos comunicativos y menos capaces de expresar emociones. Al
revés, las hijas a cargo de sus padres tienden a presentar mayores niveles de agresividad abierta y menos conductas
prosociales que las que estan con sus madres.
Las consecuencias económicas del divorcio y rematrimonio tienden a ser negativas, especialmente para la mujer. Hay un
claro descenso en el nivel de vida de las madres que quedan a cargo de la familia, lo que se debe en parte al hecho
generalizado de que los padres tienden a progresivamente dejar de pagar la mantención de sus hijos, y al menor nivel
de ingresos de la mujer en nuestra sociedad. Esto lleva a una mayor dependencia de los sistemas de seguridad social, y

en definitiva a un mayor costo social, ya que en muchos casos es el Estado quien debe hacerse cargo de la mantención
de estas familias. Por el contrario, en general la situación económica del varón tiende a mejorar después del divorcio,
subiendo su estandard de vida. Esto especialmente porque como vimos, la tendencia es a disminuir o cesar sus aportes
económicos a la familia. La situación económica de la primera familia, finalmente, cambia muchas veces para peor
cuando el padre se vuelve a casar, ya que en ese momento es cuando disminuye o cesa de aportar a su primera familia.
El hecho de que la mujer muchas veces se vea forzada a trabajar en estas circunstancias, hace que el niño se sienta
abandonado por la madre, y que esta tenga poco tiempo o energías para la supervisión cercana y una relacion
afectuosa con los hijos. Esto no es siempre así, y si la mujer tiene preparación profesional, energía y ganas de trabajar,
muchas veces se llega a equilibrios adecuados entre el tiempo laboral y el personal.
Las relaciones entre ambos progenitores siguen siendo conflictivas muchas veces después del divorcio, lo que constituye
un factor crítico en el ajuste futuro del hijo. Los hijos de divorciados son testigos permanentes, o peor aún, actores, de
los conflictos entre éstos. Desde éste punto de vista el no involucrar a los hijos en estas peleas es uno de los aspectos
más importantes para tratar de evitar en ellos las diversas consecuencias antes descritas. Independientemente de quién
tenga la razon en las disputas, la gran mayoría de los hijos de divorciados quieren mantener una buena relación con
ambos progenitores, y cuando éstos consiguen mantener una relación civilizada entre ambos, posibilitan un mejor
desarrollo de sus hijos.
En resumen, las consecuencias de la separación y del divorcio son uno de los problemas más importantes y frecuentes en
las situaciones de disrupción estructural de la familia. Esto, independientemente de que los padres se mantengan solos o
desarrollen nuevas relaciones sentimentales. Es importante por lo tanto el desarrollo de programas preventivos que
fomenten la unión familiar y detengan la tendencia, creciente hoy dia, a las rupturas conyugales. En un capítulo posterior
nos referiremos a éste tipo de intervenciones preventivas.

CAPÍTULO V: ADOLESCENCIA, PARES, ESCUELA Y MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACION.
“Los amigos lo tienen todo en comun”
Platon, Fedro, 279

Siguiendo el modelo ecosistémico de Bronfrenbrenner, expuesto en el primer capítulo de éste libro, revisaremos ahora
otros microsistemas de importancia para el adolescente. Entre ellos está en primer lugar la influencia del grupo de pares,
que adquiere progresiva importancia en la medida que el jóven crece. Luego está el sitio central de su socialización, la
escuela. Finalmente revisaremos el rol creciente de los medios masivos de comunicación social, en especial de la
televisión.
El rol de estos microsistemas es mayor cuando la familia no cumple con sus funciones. En jóvenes que provienen de
familias funcionales, los amigos y la familia en general convergen en sus actitudes y puntos de vista. Lo opuesto es cierto
cuando la familia no funciona, teniendo allí los amigos un rol crucial, sea actuando como puntos de apoyo subsidiarios a
la familia, sea impulsando conductas negativas para la salud. Las patotas, barras, gangs o pandillas tienen así una función
riesgosa o protectora, segun las circunstancias que el jóven enfrenta.
I. LOS PARES.

Los primeros pares en influir en el niño están dentro de la familia: son sus hermanos. El sexo de éstos es de importancia
para el desarrollo adolescente, en especial el de los hermanos mayores, quienes influyen desde temprano en el niño sea
directa, premiando o castigando sus conductas, sea indirectamente, proporcionándole un modelo. Se ha visto que la
tendencia a tener amigos del mismo sexo o del opuesto está ligado a la experiencia fraternal. El tener hermanos del otro
sexo aumenta la preferencia por amistades heterosexuales.

En cuanto a los amigos: la influencia de los pares en la conducta social es importante, especialmente en las tendencias a la
agresión, valores, líderazgo, participación en actividades extracurricualres, elección de amistades, e identificaciones
grupales. La elección de compañeros de clase y de amigos es muy determinante del desarrollo individual posterior,
reforzando a veces los rasgos ya desarrollados dentro de la familia, otras veces distanciando al adolescente de éstos.
Estudios realizados en la ex-Union Soviética y en los kibbutzim israelies, han demostrado el poder de la influencia
socializadora del grupo, que tiene una gran capacidad para determinar la conducta de los individuos que lo componen, y
hacer que termine conformándose a los estandares grupales.

Krauskopf () ha señalado como el espejo donde los adolescentes ensayan sus futuras identidades es el constituido por el
grupo de edad de sus iguales. Estos conforman redes sociales que por un lado aconsejan acerca de la solución de los
problemas, y que por otra ayudan a reafirmar la propia autoestima y apoyan desde diversos puntos de vista. Los amigos
son pues esenciales en esa etapa para elaborar la identidad definitiva. Esta autora ha mostrado como en Costa Rica los
jóvenes pasan cada vez más tiempo entre ellos mismos, y menos con la familia, afirmando que progresivamente el rol
socializador de ésta se ha desplazado desde los padres hacia los pares, los medios de comunicación masiva y la “cultura
de la calle”. En ese sentido, una de las grandes preocupaciones de los padres es que los grupos influyan negativamente en
los hijos, haciendo que estos adopten valores distintos a los de la familia. La evidencia empírica no avala éste temor: en la
mayoría de los casos los adolescentes orientan sus planes en las direcciones dirígidas por la familia, independientemente
de que usen su tiempo libre con sus pares. Las decisiones cruciales, en temas tales como matrimonio, educación, religión,
eleccion vocacional, etc. son en general tomadas más en cuenta a la familia que las opiniones de los pares.
La capacidad de interactuar en grupo es, por otra parte, un requisito cada vez más necesario para una vida adulta
satisfactoria. Slavson () plantea que la capacidad de adaptación a la vida en grupo es un requisito del desarrollo personal
equilibrado. Los grupos desempeñan, asi, un efecto positivo en el desarrollo adolescente. Fernandez Moujan () ha
distinguido tres tipos de grupo segun su contribución a éste desarrollo. Los grupos de elaboración ayudan a trabajar las
transiciones propias de esa etapa. En ellos se confrontan sentimientos de duelo y confusión, se evaluan las fantasías
propias de la etapa, y se obtiene una validación consensual al comprobarse que las emociones y nuevas experiencias
encontradas son, por asi decirlo, habituales. Los grupos de sinceramiento permiten franquearse con los amigos, y de
brindar contención y apoyo especialmente a adolescentes en cuyos hogares no hay un padre o hermano con el cual puedan
abrirse y contar lo que les sucede. Los grupos de apoyo proporcionan líneamientos concretos y ayuda al adolescente que
enfrenta problemas o dificultades subjetivos u objetivos, sirviendo como un orientador para resolución adecuada de estas
situaciones.

Otras dimensiones de clasificación de grupos en la adolescencia son las siguientes:
Los grupos informales o formales. Los primeros son menos numerosos y su cohesión y estabilidad menores. Pueden ser
constituidos por unos pocos amigos íntimos, o ampliarse en una red amplia que llega a conformar una pandilla,
“patota” o barra de amigos. Ayudan a aconsejar y a desarrollar nuevas habilidades sociales. Tienden a ser poco
permeables con otros grupos, interactuando poco con los demás al reunirse en espacios tales como el sistema escolar,
reuniones sociales o fiestas grandes. Predominan en ellos los vínculos de pertenencia grupal, y tienden a no abrirse
para acoger o interactuar con otros posibles nuevos miembros. Los grupos formales tienen una orientación o misión
públicas explícitas, que los legitima y que les da una base objetiva para acoger a otros miembros. Esta misión define
las actividades principales y las normas para implementar éstas. Pueden tener asi números mucho más extensos de
miembros, incorporándose a ellos a menudo amigos que previamente se han asociado informalmente. Muchas veces
estan asesorados o dirigidos por adultos. La mayoría de las agrupaciones deportivas, religiosas, políticas o sociales
juveniles se clasifican en esta categoría. Estos grupos dan la oportunidad al adolescente de ejercitar las destrezas
sociales que van adquiriendo, y desarrollar su capacidad de liderazgo. Asimismo, le permiten ampliar su círculo de
conocidos y amistades desarrollando una red de contactos con los pares de su misma edad que posteriormente se
puede mantener a lo largo de la vida adulta.
La participación grupal por edad. Existe una evolucion social característica atravesada por los adolescentes a lo largo de
los años. Durante la pubertad, son especialmente frecuentes los grupos de pares del mismo sexo, denominados por
algunos homosociales para destacar el hecho de que la vinculación es grupal y social más que con implicancias o fines
homosexuales. Típicamente ésta es una etapa en que se asume una actitud defensiva y a veces antagónica hacia el otro
sexo, que realmente oculta un interés y curiosidad importantes. Esta orientación hacia lo heterosocial y heterosexual
caracteriza la etapa siguiente, en la cual se produce una progresiva interacción con amistades del sexo opuesto, que
son primero grupales y lentamente se transforman en amistades sentimentales. Los pololeos o relaciones de pareja
conforman una etapa final en la adolescencia, en la que disminuye la pertenencia a pandillas y se tienen más
relaciones bipersonales, a veces solo amistosas, otras sentimentales.
La distinción grupal de acuerdo al sexo también tiene importancia. En la cultura latinoaméricana, en especial, los grupos
de muchachos tienden a reunirse fuera del hogar y a permitir una expresión abierta de impulsos, sean agresivos, sean
sexuales. En general inhiben la expresión emocional intensa. Los grupos femeninos prefieren la expresión íntima de
emociones y el intercambio de confidencias entre las amigas. Las relaciones son emocionalmente más cercanas y
preferencian actividades caseras. La investigación costarricense antes mencionada encontró una clara diferenciación
por sexo en los tipos de asociaciones a la que pertenecían los hombres, preferentemente deportivas, y las muchachas,
de tipo religioso y cultural ().
Los grupos por lo tanto, tienen un potencial positivo importante para el adolescente, así como también un posible efecto
deletéreo, al actuar como grupos transgresores. En adolescentes vulnerables, especialmente, es posible un desarrollo
centrado alrededor de grupos fuertemente corporativos, que en forma organizada rechazan las pautas sociales y
autoafirman una contracultura. Estos grupos convocan a adolescentes que se sienten excluidos, diferentes o rechazados.
Muchos jóvenes que no cumplen con los estandares de logro familiares o escolares encuentran un grupo de éste tipo que
los acoge, y vuelcan en ellos sus frustraciones y sensación de limitación y baja autoestima. Se centran muchas veces en

búsquedas de satisfacciones inmediatas, posesión de objetos y participación en situaciones que les permitan una sensación
de pertenencia y un protagonismo social, dirigiendo muchas veces su agresión hacia el medio externo que se sintió como
rechazante y excluyente. El camino de muchos de estos grupos va hacia la delincuencia, como veremos más adelante.

AMISTAD ADOLESCENTE.
La amistad es una relación social voluntaria, cercana y duradera (). La cercanía entre los amigos, sin llegar a ser la que
proporcionan los lazos familiares, es uno de los factores más importantes en el desarrollo infantil. En muchos casos,
como en la institución social chilena del “compadre”, suplementa los lazos familliares o bien subsidia éstos cuando la
familia no cumple con alguno de sus roles. Hay sociedades que ritualizan en forma más explícita las responsabilidades y
deberes de los amigos, en término de valores tales como solidaridad, reciprocidad, cercania, ausencia de fines ulteriores, y
a veces, independencia de distinciones de edad, estrato socio-económico o sexo. Cohen ha desarrollado una tipología de
los tipos de amistad que el correlacionó en un estudio empírico de 60 sociedades distintas en cuanto al grado de
solidaridad de estas (). Distingue éste autor las amistades inalienables, a las cuales se entra por algún tipo de ritual y con
un compromiso explícito de permanencia, de las amistades cercanas, casuales y transitorias. Las amistades inalienables
son especialmente frecuentes en las sociedades más solidarias, donde los lazos inter-familiares predominan sobre los
intrafamiliares. Las amistades cercanas aparecen en sociedades en las que hay una mezcla de lealtades hacia la familia y
hacia la sociedad. Las amistades casuales (los conocidos) son frecuentes en sociedades con familias nucleares aisladas, y
las amistades transitorias son típicas de sociedades en las que predomina el individualismo. Los amigos son aqui más
bien vistos como medios para obtener los fines egoístas del individuo. La relación entre generosidad y egoismo es otra
manera de sistematizar la relación anterior: a más cercania entre los amigos, mayor altruismo: a mayor distancia, mayor
egoismo.
En los grupos juveniles, la amistad adquiere especial significación. Las pandillas, barras o gangs son estructuras típicas
de ese grupo de edad, que aparecen en barrios o vecindarios geográficamente delimitados. Estos grupos se dan una
estructura claramente jerárquica en términos de influencia o prestigio, y la participación y el ser aceptado por esos grupos
pasa a ser un elemento central en el autoconcepto del individuo. Los líderes de estos grupos típicamente esperan un grado
importante de lealtad hacia ellos, y a veces la sobrevida o los proyectos de vida individuales pasan a depender de estos
sujetos, con los consecuencias que son de esperar si se trata de líderes negativos o antisociales.
Parsons y White, en sus estudios del proceso de socialización adolescente han señalado como el desarrollo de la amistad
entre adolescentes es un mecanismo para soltar los lazos de dependencia hacia los padres, asi como un modo de
experimentar con elecciones vocacionales y de pareja. Han mostrado también como los grupos de amigos no son más
flexibles ni más desestructurados que las familias: en general poseen normas y estandares valóricos muy rígidos. Estos
autores han descrito dos tipos de grupos de amigos adolescentes que se dan típicamente en los establecimientos
educacionales secundarios: uno más bien hedonista, que le otorga valor a la popularidad externa y que es más bien
reticente a aceptar la orientación al logro propia del mundo adulto, y otro, que es menos aparente pero que existe, que
adopta tempranamente esa orientación competitiva. Esta dicotomía puede influir profundamente en el camino que los

adolescentes toman con respecto al estudio y a la dedicación al trabajo a lo largo de sus años escolares. En ambas
estructuras se puede encontrar la misma fiera competencia por el prestigio entre los pares, sea cual sea el contenido que
otorga éste: la popularidad social o el logro académico. Un último rol importante descrito por estos autores para la cultura
de pares es el proporcionar elementos externos, tales como el modo de vestirse o de hablar, que les permite sentirse y
actuar diferente de los adultos, simbolizando así su autonomía del control por parte de los padres ().
INTERVENCIONES GRUPALES.
Las características previamente descritas de las amistades y las situaciones grupales muestran porque las intervenciones
sociales que incorporan estas capacidades de los grupos pueden ser especialmente útiles y atractivas para enfrentar
situaciones de riesgo. Estas intervenciones, centradas en los pares, incorporan la capacidad de compromiso y entrega de
los adolescentes en la formación de grupos formales con objetivos claros en relación a la prevención de drogadicción,
delincuencia y otras conductas de riesgo. Si se cuentan con facilitadores adultos preparados, estos grupos posibilitan un
desarrollo adolescente positivo entre sus integrantes, asi como una acción externa efectiva. Las actividades de estos
grupos, más alla de las elaboraciones verbales de los temas anteriores en sesiones de discusión, pueden ser también de
otra índole: el juego, las dramatizaciones, la expresión corporal, las actividades gráficas y plásticas son todas
intervenciones útiles en éste sentido. Mas que una terapia de grupo centrada en la interpretación de los problemas, estos
se superan a través de la acción colectiva. Es importante organizar estos grupos cuidadosamente, por ejemplo haciéndolos
homogéneos en cuanto a las edades en las que se participa. A veces, el incorporar algunos miembros mayores
(“programas de hermanos mayores”) resulta por otra parte efectivo.
II. LA ESCUELA
El concepto de adolescencia surge históricamente en la medida que se posterga el ingreso del niño al mundo laboral para
entrenarlo más sistemáticamente dentro de sistemas escolares. El sistema educacional surge primero solo entre las elites y
luego, en forma lenta, se va masificando a capas cada vez mayores de la población. Este fenómeno hace que hoy dia,
como señala Krauskopf () la permanencia en el ámbito escolar es un importante factor de desarrollo para los adolescentes,
pues allí se verifican dos procesos fundamentales: la socialización y la evolución del desarrollo personal. Los impulsos y
necesidades primariamente dadas desde la biología deben ser tamizadas y controladas por el individuo con ayuda de
sistemas externos que los encaucen. Este rol, que inicialmente pertenece a la familia, es progresivamente tomado por la
enseñanza primaria y luego secundaria. El desarrollo personal es promovido a través de ayuda en el campo de elaboración
de la identidad, toma de decisiones vocacionales y elaboración del proyecto de vida futuro durante la adolescencia. La
misión educacional es compleja: actua como puente entre generaciones, transmitiendo el saber acumulado por la cultura,
y estimulando posibilidades creativas y de nuevos desarrollos que permita el progreso individual y social.
El mesosistema escuela-familia es también especialmente importante: en la medida que la familia se hace cada vez más
nuclear, y sus miembros adultos se incorporan activamente a la fuerza laboral, muchas veces se tiende a delegar
excesivamente la labor formativa en la escuela. La colaboración de los padres es un elemento importante en el
rendimiento y logro, no solo académicos, sino en el desarrollo personal global de las personas. La familias en nivel de

pobreza tienen especiales dificultades en apoyar a sus hijos, y por ello es mucho más frecuente que en ellas disminuyan
rendimientos y aumente la deserción escolar, como veremos más adelante. Desde éste ángulo, la actitud de los padres con
respecto a la importancia de la educación en el futuro de sus hijos no puede ser subvalorada. La educación formal sera
influida por diversos factores familiares, tales como la situación socio-económica, el nivel educativo de los padres, el
grado de satisfacción con la propia inserción laboral, etc. La actitud preocupada y cariñosa frente al estudio de los hijos
es, como dijimos, una de las variables centrales ligadas a la mantención y avance del adolescente dentro del sistema
educacional. La expectativa de rendimiento en cuanto a calificaciones, sin ser rígidamente elevada, debiera siempre
esperar que el niño rinda a la altura de sus capacidades, valorizando los logros y buscando soluciones activamente cuando
surjan problemas de notas.
La doble finalidad de la pedagogia es instruir y educar. Muchas veces se preferencia la primera, o sea la transmisión de
conocimientos a través de docencia directa. Sin embargo, la función educativa o formadora de personas capaces de
desarrollar todas sus potencialidades y de ser creativas, es el rol más valioso para los educadores, y debiera ser más
preferenciados por los sistemas escolares. Esto es especialmente importante en un mundo que cambia con la velocidad
que lo hace el nuestro. La actitud de sus maestros es muy central en la auto-imágen y los proyectos futuros de sus
estudiantes, y el dar la posibilidad de adquirir nuevas destrezas y capacidades es quizá más importante que el solo
transmitir conocimientos. La docencia activa, y la participación del adolescente en el proceso de enseñanza-aprendizaje es
por lo tanto un ideal al cual todo sistema secundario debiera aspirar. El estímulo que debe dar el pedagogo es no solo
transmitir la cultura aceptada, sino abrir el intelecto del niño a la curiosidad y a la búsqueda de nuevas perspectivas.
Como lo señala Allport : “Es cierto que el jóven no adopta -no deberia hacerlo- los valores preconcebidos del maestro;
pero la autorevelación del maestro conduce al autodescubrimiento del estudiante. Además, los jóvenes no aprenden solo
del poder formador de la palabra, sino de lo que ven que los adultos hacen” (). La escuela aporta, además del ámbito
curricular propiamente tal, una serie de oportunidades extracurriculares de desarrollo, asi como un espacio para conocer a
pares y hacerse de amistades, las cuales muchas veces pasan a tener un rol central de por si en la definición de los futuros
proyectos vitales del adolescente. Ya mencionamos la clasificación de Cohen de las subculturas juveniles, y esta se aplica
también a la escuela: existen la subcultura de la diversión, que valoriza la popularidad, los deportes y la participación en
actividades extra-escolares; la subcultura académica, que subraya las calificaciones, y cuyos miembros hacen planes para
estudios superiores, pasan más tiempo en sus casas, y no le dan tanta importancia a la vida social o sentimental, y la
subcultura transgresora, que facilita las conductas delincuentes, la actividad sexual temprana, el beber, fumar y pasar
mucho tiempo fuera de casa. La adhesión a estos grupos no es necesariamente permanente, y existen muchos adolescentes
que transitan de una a otra subcultura a lo largo de sus años escolares.
El período escolar es también muy importante para definir el futuro plan de vida, y para hacer la definición vocacional
que llevará a la futura inserción laboral del adolescente. En ese sentido se han descrito tres etapas:
La elección fantaseada, que se da en la pre-adolescencia, sin mayores bases objetivas;
La elección tentativa, propia de la adolescencia media, en que se forma un proyecto que conjuga intereses, capacidades y
valores, y que lo lleva a explorar sus habilidades para escribir, cantar, fantasearse en un rol dado.
La elección realista, del fin de la adolescencia, en que se busca ya instrumentalmente acciones que lleven a concretar los
planes y a planificar un camino para llegar a una meta de estudios profesionales o de capacitación técnica en un oficio

dado.
La familia influye directa e indirectamente en esta elección vocacional, a través de opiniones, puntos de vista, sugerencias
concretas, o bien proporcionando modelos o tradiciones familiares: existen familias de comerciantes, de profesionales de
diversa índole, familias que preferencian el éxito económico, los logros académicos, etc.
El acceso a la educación ha aumentado en forma importante en toda la Región de las Américas en las últimas décadas, y
Chile esta entre los países con mejor calidad educacional, de acuerdo a la tabla 5.1 con datos de la OPS acerca de
porcentajes de escolaridad secundaria para los diversos países. A pesar de esos innegables avances en las tasas de
escolaridad de la población chilena, no es menos clara la insatisfacción con la calidad de la educación que reciben
nuestros adolescentes. Se le ha criticado ampliamente al sistema educacional actual el concebir al alumno como “un
recipiente donde se deposita y almacena la información, una cabeza a ser llenada con datos y conocimiento” (). Esta
visión presupone la ignorancia del lado del educando y el saber como patrimonio exclusivo del educador, quien ve al
adolescente como una tabula rasa. Kornblit ha caracterizado la crisis de la escuela media en los parametros que se
ilustran en la tabla 5.2.
TABLA 5.1. TASAS DE ESCOLARIDAD SECUNDARIA, POR PAÍS, SEGUN SEXO. Datos de UNICEF, 1994 ()
PAÍS
Canada
Estados Unidos
Cuba
Trinidad y Tobago
Chile
Argentina
Peru
Uruguay
Jamaica
Panama
Ecuador
Mexico
Colombia
Costa Rica
Bolivia
Brasil
Nicaragua
Venezuela
Honduras
El Salvador
Guatemala
Haiti

VARONES
106
92
84
79
71
69
66
60
57
57
55
52
48
41
37
31
31
30
29
26
20
20

MUJERES
107
91
94
82
77
78
60
62
63
62
57
53
57
43
31
36
44
41
30
26
17
19

Tabla 5.2. Parametros utilizados para caracterizar la crisis de la escuela media, modificada de Kornblit ()
Contenidos de la enseñanza.

Poco actualizados en relación a la experiencia vital
directa de los adolescenteadolescentes.

Metodología de la enseñanza

Pasiva y centrada en repetición de contenidos
memorizados.

Valores de profesores y alumnos

Incongruentes.

La organización

Administración centralizada que imparte contenidos
curriculares uniformados.

La autoridad

Jerárquica, acentuando la disciplina escolar.

La masificación

Aumento considerable de la matrícula, sin
posibilidades de atención personalizada.

Satisfacción y eficacia de los profesores.

Insatisfacción por falta de estimulos

III. MEDIOS DE COMUNICACION: LA TELEVISION

Los medios de comunicación de masas han pasado a tener una influencia intelectual y cultural cada vez mayor sobre la
humanidad toda, y sobre niños y adolescentes en particular. El rol que antes tuvieron la escuela, los partidos políticos y
las religiónes organizadas, es tomado cada vez más por medios tales como la televisión. Desaparece en estos medios
masivos la comunicación personal directa y, por lo menos en la situación hasta ahora imperante, se transforma en una
comunicación unidireccional desde un emisor a un receptor. Surge entonces una cultura popular cuya audiencia es
determinada a través del impacto sobre medidores externos como encuestas periodicas, cuadernillos o mecanismos
electronicos, como el “people meter”, que determina automáticamente las audiencias de los programas de minuto a
minuto. La cultura de elites que se centra en las artes tradicionales es reemplazada por otra más popular, que busca sobre
todo entretener, y solo a veces, educar entreteniendo. Mas que un fin cultural o pedagogico, esta transmisión enseña
lúdicamente, a personas que están en una actitud mental de ser pasivamente entretenidas, y no buscando activamente una
experiencia cultural o de aprendizaje.

La alta cultura de las elites es desplazada a horarios especiales, o “franjas

culturales” que limitan el acceso de las personas a programas educacionales. La solución de TV educativa no ha sido
éxitosa en ningun país, ni bajo la forma de TV estatal ni con canales privados subsidiados de algún modo. El sistema
chileno es el de un Consejo Nacional de Televisión que supervisa el sistema en general, con un canal estatal que tiene una
misión pública dentro de la cual se mantiene una línea editorial supervisada por un consejo independiente. Dentro de las
áreas de especial preocupación de éste canal están los temas de salud, que al mismo tiempo interesan e inquietan
especialmente a la población.
Los jóvenes, comparativamente, ven menos televisión que los niños, por lo menos en Chile. Los estudios de Valerio
Fuenzalida al respecto () muestra que los niños y pre-adolescentes ven mucha televisión, pero que entre los quince y los
veinticinco años éste consumo disminuye en forma importante, para ser reemplazado por música radial o a través de otros
medios auditivos. Esto se relaciona con la activa vida social juvenil, con el menor tiempo en la casa entre los 15 y los 25,
y con el mayor consumo de videos y TV Cable en vez de televisión abierta. A pesar de ello, los adolescentes en las
encuestas valoran el medio televisivo en forma importante, apareciéndo como un “fondo” de muchas actividades con las
que cumple una función de “compañía”, similar a la de la radio. Hay entonces una atención distraída, como “al pasar”,
monitoreando la televisión mientras se ejerce otra actividad primaria, y sin atención concentrada. Los jóvenes dicen
querer más una televisión educativa y cultural, en el sentido amplio y no escolarizado, que una televisión entretenida.
Asimismo esperan una televisión que de una visión menos esquematica y éstereotipada del mundo juvenil, sintiendose
poco retratados por la presentación habitual del mundo adolescente. Asi, la televisión, y posteriormente sistemas
electronicos como Internet y el correo electronico han contribuido poderosamente en las últimas décadas a la

globalización de la cultura, permitiendo la conexion cercana de todos los países. Aparecen asi redes especializadas en
temas juveniles, familiares, y de distinta índole, creándose la potencialidad para efectos positivos asi como negativos: la
ciberpornografía es un ejemplo de lo último.
En diversos países se ha documentado el hecho de que los niños y adolescentes son uno de los grupos que más consume
televisión. En los EEUU, se ha encontrado que los niños pasan más tiempo viendo televisión que realizando cualquier
otra actividad, excepto dormir. El consumo diario fluctúa, según los estudios, entre 11 y 28 horas semanales (). El
consumo tiende a aumentar en la medida que se baja en nivel educacional o de ingresos. Esto hace que la influencia,
positiva o negativa de la televisión sea un motivo de creciente interés. La televisión puede ser un educador, un medio de
aprendizaje social importante, pero igualmente podria promover la violencia juvenil, la sexualidad indiscriminada, o
estilos de vida consumistas distantes de las posibilidades reales del niño o de su familia. El avisaje televisivo dirígido
hacia los niños ha sido por ello motivo de creciente preocupación. En la medida de que el niño chileno promedio pasa
cada vez más tiempo frente al televisor, la importancia de éste medio de comunicación pasa a ser más crucial en la
determinación de sus valores y conductas. Los experimentos ya clásicos de Bandura y Walters () demostraron la tendencia
del niño a imitar los modelos agresivos que veían en una pelicula: la observación de conductas violentas en un video deja
a los niños prefiriendo y con mayor participación posterior en juegos agresivos. A diferencia de los adultos, para quienes
la observación de escenas violentas puede servir como descarga y disminuir la tendencia a la agresión, en el caso de los
niños la tendencia parece ser a aumentar esta descarga posterior. Esta tendencia se liga a la tendencia señalada por Burton,
a desarrollar más temor e inseguridad si se observan peliculas que ilustran situaciones familiares tensas o conflictivas,
tendencia mayor entre los niños que provienen de hogares con mayores niveles de estrés intrafamiliar ().
Los efectos directos e indirectos del rol cada vez más central de los medios de comunicación en la vida de los jóvenes han
sido tema de debate. El uso del tiempo libre, por ejemplo, ha sido poderosamente afectado, reemplazando la observación
de TV muchas actividades en las que tradicionalmente se interesaban los jóvenes, de índole deportiva, recreativa o
cultural. Uno de los temas más pólemicos con respecto al efecto de la televisión sobre la juventud es la duda de si la
exposición a la violencia televisiva crea tendencia a actuar violentamente a los niños o jóvenes. Diversos estudios han
encontrado que los niños que consumen más material violento tienen un menor rendimiento escolar y puntajes más bajos
en las pruebas de capacidad intelectual, asi como en sus capacidades de relación interpersonal. Asimismo, estos niños
típicamente provenian de familias más conflictivas, y presentaban mayores desajustes emocionales y conductuales. En la
mayoría de los casos, estas características precedían más que eran consecuencia de la exposición a la violencia televisiva,
formando parte de los que se ha denominado la “constelación causal de la delincuencia”. La exposición elevada a la
violencia es también determinada por la permisividad parental con respecto al uso de la televisión. La mayoría de los
estudios apoya por lo tanto la conclusión de que el elemento central en la delincuencia es el tipo de niño que ve mucha
televisión, más que la programación televisiva per se. Otra manera de plantear los mismos hallazgos puede ser el decir
que algunos programas con contenidos violentos pueden gatillar conductas agresivas en ciertos niños.
Otra línea de estudio se refiere a los efectos indirectos de la televisión. Por ejemplo, hay bastante evidencia de que la
actitud pasiva de observar televisión, muchas veces comiendo sustancias ricas en hidratos de carbono o grasas, se
correlaciona con una mayor tendencia a la obesidad en los niños que ven más televisión. Los mismos niños, por otra
parte, parecen desarrollar menos habitos de lectura y a la larga, tener peores promedios académicos. Diversos estudios
han documentado curvas que muestran que a medida que se aumenta en el número de horas pasadas en las tardes frente al

televisor, disminuye el promedio de notas de los niños. En relación a la conducta sexual, por ejemplo, los medios de
comunicación masiva dictan mensajes contradictorios. Munist ha señalado como presentan las relaciones sexuales como
deseables y aceptables sin mencionar sus posibles consecuencias: embarazo y enfermedades de transmisión sexual ().
Otra fuente de mensajes sexuales son los videos músicales y los pornográficos, asi como los “consultorios de sexología”,
cuyos expertos muchas veces no tienen una formación adecuada para aconsejar. La tabla 5.3 muestra el aumento de
presentación de conductas sexuales en la televisión norteaméricana en un período de 10 años.
Tabla 5.3. Variacion en la presentación de conductas sexuales por las telenovelas en los EEUU entre 1979 (Unidad de
análisis= un mes de programación)
Frecuencia (número de casos)
CONDUCTA

1979

1987

Casados

26

9

Solteros

115

205

Casados

32

3

Solteros

68

80

Prostitución

11

60

Agresión sexual

7

27

-

0

Contacto Erotico entre:

Relaciones heterosexuales
(implicitas o explícitas);

Otras conductas sexuales:

Conductas preventivas

IV. LA RELIGIOSIDAD COMO MICROSISTEMA.
Un último microsistema que mencionaremos en éste capítulo es el rol protector de la fe religiosa en la vida de los
individuos. Esta fe parece ejercer una poderosa influencia en la capacidad de la persona para enfrentar situaciones
estrésantes y superar la adversidad. La investigación sobre resiliencia, que revisaremos en el proximo capítulo, ha
mostrado que el tener la convicción de que la vida tiene un sentido ayuda a enfrentar de mejor manera los peligros de la
pobreza, del abuso sexual, del alcoholismo, de la mala salud física y mental, y de diversos otros factores de riesgo. Un
estudio realizado por Poloma y Pendleton (), por ejemplo, estudió los efectos de la oración en el bienestar individual,
encontrando que la religiosidad y la plegaria se correlacionaban en forma estadísticamente positiva con la satisfacción
con la propia vida y con mejores logros personales. Bergin, en una revisión sobre salud mental y religión, encontró que un
porcentaje importante de estudios encontraban también correlaciones positivas entre ambos elementos ().
¿Cuál es la explicación de estos hallazgos? Antonovsky plantea que la fe les da a los adolescentes y sus familias tanto
raíces como una sensación de coherencia al proporcionar un sentido claro a sus vidas. Esto les permite enfrentar
adversidades esperando poder superar estas con ayuda de un poder superior. Asimismo, el recurrir a redes sociales de
ayuda conformadas por quienes comparten su fe, amplia el círculo de posibilidades de recibir apoyo en circunstancias

difíciles. En otro estudio acerca del modo como las personas que tienen fe superan mejor experiencias de abuso sexual, se
encontró que la fe religiosa ayudaba a darle sentido a una vivencia que de otro modo seria absurda , injusta,
permitiéndoles mantener la sensación de valer personalmente, a pesar de lo sufrido. La autoestima de la persona es
asimismo fomentada por la noción de que tanto el como su familia comparten la experiencia de ser amados por un ser
superior. La fe religiosa no solo actúa positivamente en un nivel individual, sino también social. Diversos estudios
muestran el rol de las iglesias en momentos de persecución política o racial en muchos países. La actitud de apertura a
todos los puntos de vista, y de ayuda desinteresada a quienes estan en necesidad de apoyo, es otro elemento positivo en
éste plano.
En nuestros estudios, hemos publicado hallazgos de una correlación positiva entre religiosidad y menor frecuencia de
conductas de riesgo en adolescentes, asi como acerca de la creencia en Dios como un elemento importante en la
satisfacción vital de los adolescentes santiaguinos y de sus familias (). La diferencia entre los adolescentes auto-definidos
como muy religiosos y nada religiosos fue clara en su nivel de consumo de sustancias químicas: el 22.9% de los primeros
consumían sustancias químicas, mientras que lo hacían el 26-6% de los segundos. Asimismo, incurrían en conductas
antisociales el 22.8% de los observantes muy religiosos, en comparación al 33.6.% de los nada religiosos. Las diferencias
fueron estadísticamente significativas.
CAPÍTULO VI: CONDUCTAS DE RIESGO ADOLESCENTES Y FACTORES PROTECTORES.
En 1987, surgió en la comuna de Peñalolen una curiosa epidemia: consumo de “chicota”, una variedad nueva de uso de
benzodiacepinas. Los adolescentes de ese sector de bajos ingresos de Santiago de Chile molían las tabletas de un
hipnótico frecuentemente utilizado, el flunitrazepan, lo colocaban en un tubo que introducian en la nariz, y lo aspiraban.
Esto, decían, les producía un estado de intoxicación euforica placentero. Al estudiar clínicamente a estos creativos
jóvenes, la Dra. Matilde Maddaleno y su equipo del Consultorio de Adolescencia en el policlino La Faena, encontraron
que la mayoría de estos adolescentes, además, eran ya padres o madres, muchos habían tenido problemas con la ley,
muchos habían desertado del sistema formal de educación, y frecuentemente consumían otras sustancias químicas, sea
alcohol, sea drogas ilegales. Esto estudio fue el primero en Chile en corroborar la concentración de conductas de riesgo
en un subgrupo específico de jóvenes vulnerables.
Los capítulos previos de éste libro han mostrado como transcurre la vida de un adolescente “normal”, inserto en una
familia, asistiendo a su escuela, rodeado de un grupo de amigos y conectado hoy al mundo externo a través de los medios
masivos de comunicación. Colocamos la palabra “normal” entre comillas a proposito: la normalidad absoluta es una
utopía, un constructo teórico. El desarrollo lleva por muchos caminos a diversos desenlaces. La mayoría de estos, como
Offer () lo ha demostrado, pueden considerarse normales. Al mismo tiempo, es claro que el desarrollo adolescente puede
verse perturbado por acciones, voluntarias o imperadas, del propio jóven, que pueden llevar a consecuencias nocivas para
su salud. Muchos de los principales problemas sanitarios del adolescente son consecuencia de comportamientos
riesgosos. El concepto de jóven de alto riesgo se ha popularizado en los últimos tiempos, pensando en que si conocemos
los factores que llevan a estas conductas arriesgadas, estaremos en mejor posición para prevenir las consecuencias de
estas, e incluso para tratarlas mejor cuando se presenten.

Por otra parte, con el objeto de superar una actitud solo preventiva, se ha prestado progresiva atención a la noción de
factores protectores de la salud del adolescente. Desde éste ángulo de promoción de la salud es donde surge el concepto
de resiliencia como uno útil para explorar la posibilidad de proteger, en el sentido de inmunizar, de las conductas de
riesgo y de sus consecuencias. La analogía con las vacunaciones es interesante: lo que se logra al inmunizar no es
eliminar la exposición al agente patógeno, sino obtener una protección que hace improbable que el factor de riesgo
provoque daños. En términos de la situación de nuestros adolescentes hoy, es difícil esperar que no entren nunca en
contacto con fuentes de drogas, pero si es dable pensar que tengan destrezas para rechazarlas, que les permita no entrar al
camino de la farmacodependencia. El concepto de resiliencia surgió justamente de la observación de niños provenientes
de ambientes altamente carenciados, sea por motivos socio-económicos, sea por problemas familiares, y que sin embargo
presentaban un desarrollo plenamente satisfactorio. El estudio de estos niños que rebotan frente a la adversidad es
especialmente interesante.
Colocando la terminología previa en acepciones más tradicionales de salud pública, podemos decir que la secuencia
factoresconductas consecuencias del riesgo corresponde a los tres niveles clásicos de prevención en salud pública:
prevención primaria, secundaria y terciaria. El enfoque protector, por otra parte, calza con el de promoción de la salud,
como se ilustra en el grafico 6.1.
GRAFICO 6.1: Enfoque de riesgo/prevención en términos de intervenciones de Salud Integral del adolescente.
PREVENCION

Prevención de la

PROTECCION Y PROMOCION
Primaria

Factores de riesgo

Secundaria

Conductas de riesgo

Terciaria

Consecuencias del riesgo

Enfermedad

La estrategia de riesgo se ha demostrado como especialmente útil en el terreno de los problemas de salud del adolescente.
Dryfoos () ha conceptualizado la secuencia anterior, hablando de factores antecedentes, ligados a características sociodemográficas (por lo tanto no modificables), y factores personales, familiares, comunitarios y del contexto socio-cultural
amplio. La conducta de alto riesgo es definida por ella como "la mayor probabilidad (riesgo) de que se produzcan
consecuencias negativas para la salud”. El razonamiento se aplica por lo tanto a cualquiera de las conductas que desde
los estudios de Jessor y Jessor () han sido considerados arriesgadas. En el caso del cigarrillo, una conducta (fumar
cigarrillos) se asocia, en el mediano o largo plazo con consecuencias tales como cáncer pulmonar. En otros casos la
asociación es más mediata, como cuando la conducta relación sexual temprana tiene como consecuencia un embarazo
precoz. El grafico 6.2 resume esta secuencia causal.
GRAFICO 6.2: ESQUEMA CAUSAL SOBRE CONDUCTAS DE ALTO RIESGO.

Entre los antecedentes de estas conductas, se pueden considerar diversos elementos. Modificando la esquematización de
Dryfoos distinguiremos las características socio-demográficas, tales como sexo, edad, etnicidad, educación de los padres,
extracción rural o urbana, de las características individuales como nivel educacional, notas en la escuela, religiosidad,
personalidad y sus características, etc. En un tercer nivel podemos distinguir características familiares, tales como grado
de cohesión, flexibilidad, calidad de la comunicación, etc. Finalmente, en el plano comunitario podemos separar las
características del sistema educacional, de pares, de los medios de comunicación de masas que llegan al niño y factores
macroeconómicos como la situación del empleo, las oportunidades educacionales, el nivel de ingresos, etc.
Grafico 6.3. FACTORES ANTECEDENTES DE CONDUCTAS DE RIESGO ADOLESCENTES.

En cuanto a las conductas de riesgo mismas, éstas constituyen un conjunto amplio. Las cuatro que focalizaremos en éste
estudio son las farmacodependencias, la conducta sexual temprana, la delicuencia y otras conductas violentas, y la
deserción escolar. No incluiremos algúnas de importancia hoy dia, como son las alteraciones de las apetencias (bulimia y
anorexia nervosa), por razones de espacio y por haber tratado estos temas en otras públicaciones (,) . Trataremos más
adelante en forma breve algunos problemas específicos de psicopatología.

La concentración de estas conductas en el mismo grupo de adolescentes ha sido uno de los hallazgos más consistentes de
la literatura desde el estudio inicial ya citado de los Jessor en los Estados Unidos, y que luego documentara Maddaleno a
fines de la década del 80 en Santiago de Chile (op.cit.). Las conductas mencionadas tienden a no distribuirse en forma
aleatoria entre todos los adolescentes de una población dada, sino a concentrarse en un subconjunto de estos, que
habitualmente presentan características de riesgo. Son los mismos adolescentes los que consumen drogas, los que
tienen actividad sexual precoz, los que presentan conductas sociales desviadas, y los que tienen bajo rendimiento
escolar. Este hecho estadístico tiene consecuencias importantes para la prevención de estas conductas, como veremos
más adelante.
Las consecuencias de las conductas anteriores en términos de problemas de salud han sido estudiadas sistemáticamente
por la medicina de la adolescencia y por diversas especialidades clínicas (). Mencionemos aqui solo rápidamente y a
modo de ejemplo, las alteraciones neuropsiquiátricas producto del consumo prolongado o masivo de sustancias químicas,
las complicaciones obstétricas de los embarazos tempranos, asi como la mayor frecuencia de enfermedades de
transmisión sexual, entre ellos el SIDA, las menores oportunidades laborales de los niños que rinden poco o que desertan
tempranamente del sistema escolar, y las consecuencias familiares y sociales de las conductas delincuentes. Estas
consecuencias tienen un costo alto para las personas, asi para como los Estados y sus sistemas judiciales y sanitarios, que
deben estar constantemente financiando el tratamiento de muchos adolescentes que las presentan. Es por ello que una
labor preventiva centrada en las conductas de riesgo o sus factores antecedentes es, en el mediano y largo plazo, una
mejor inversión que el estar focalizando las intervenciones en la terapia o rehabilitación de drogadictos. Asimismo,
muchos de los programas para intervenir en estos problemas se han desarrollado históricamente en forma independiente o
desagregada. Es claro hoy dia que es preferible concentrar los esfuerzos en los comunes denominadores que preceden las
conductas, ya que una y otra vez las investigaciones muestran que son los mismos los factores que llevan a la
drogadicción que a la delincuencia.
Grafico 6.4. PRINCIPALES CONDUCTAS DE RIESGO ADOLESCENTES.

FACTORES PROTECTORES y RESILIENCIA
Posteriormente al desarrollo del anteriormente enunciado modelo de riesgo, el foco de la atención científica se ha
centrado en el concepto de factores protectores. Estos han sido definidos por Jessor como aquellos recursos personales,
sociales e institucionales que promueven el desarrollo éxitoso del adolescente o que disminuyen el riesgo de que surja un
desarrollo alterado ().
Al revisar la historia del concepto de factores protectores, esta comienza con algunos conceptos psicoanalíticos como el
de fuerza del Yo, que se refiere a la capacidad interna de enfrentar situaciones estrésantes. En el mismo sentido, William
Hollister ya en la década del 50 hablo de strens, como ántonimo de stress, refiriéndose a aquellas experiencias que
promovían el crecimiento y desarrollo personales (). Pero el estudio sistemático del tema comienza con los estudios de E.
James Anthony (), quien en 1968 inició un estudio longitudinal de 141 niños que tenían padres con psicosis funcionales:
esquizofrenia o enfermedad maníaco depresiva. El y su equipo concluyeron que podían identificarse a los niños altamente
vulnerables, que eran los que se identificaban e involucraban con el padre enfermo, con tendencia a una personalidad
sugestionable y sumisa, que incorporaba la visión distorsionada de la realidad de su progenitor, en contraposición a los
niños poco vulnerables, que tendían a mantenerse alejados del padre enfermo, y a defenderse de adoptar la visión del
mundo de éste. Al evaluar el nivel de ajuste posterior de estos niños, encontró que el 62% de los niños poco vulnerables
se adaptaban bien, en comparación a solo el 10% de los vulnerables.
Posteriormente, Norman Garmezy desarrolló sus estudios acerca de niños competentes, descritos como “niños
saños que viven en ambientes enfermos”. Estos niños fueron descritos asi por Garmezy ():
“Poseen destrezas sociales, son amistosos y sus amigos los quieren, en contraste a los niños menos adaptados, que son
más letárgicos, retraídos, tensos e inquietos. Estos niños tienen aplomo social que les permite relacionarse bien tanto con
los adultos como con sus pares cuando juegan o interactuan con otros. Tienden a tener una auto-imágen positiva, y no se
autodescalifican. Estan conscientes de los atributos positivos que poseen, y se sienten capaces de influir en los sucesos
del mundo que les rodea, en contraste a la sensación de estar a merced del ambiente de los niños menos adecuados. Son
intelectualmente capaces, tendiendo a rendir bien académicamente, y actuan en general cautamente, con buen control
impulsivo y actitudes reflexivas. Estan motivados a rendir, y no muestran tendencia a la apatia. Sus familias muchas
veces estan alteradas, puede faltar el padre, pero en general son hogares organizados desde el punto de vista tanto del
espacio como de las rutinas temporales”.
Posteriormente, Michael Rutter, un epidemiólogo y psiquiatra ingles, estudió los factores mediadores entre las
situaciones contextuales y la respuesta del niño. Al estudiar hijos de hogares uniparentales por separación conyugal,
encontró que el contar con una buena relación con uno de los padres era un factor positivo que fomentaba la resiliencia,

asi como el pasar de una situación de disputas constantes a un hogar más plácido y menos beligerante después de la
separación. Encontró también que en general los adolescentes varones son más susceptibles al roce interpersonal que las
niñas, y que los factores temperamentales eran importantes: los niños más irregulares para dormir o para alimentarse,
tendían a ser más afectados por el estrés intrafamiliar que los más plácidos y sistemáticos en sus habitos ().
Otro estudio importante fue el desarrollado en la comunidad de Kaui, en Hawaii por Werner y Smith, que
siguieron a 600 sujetos por más de dos décadas. Estos jóvenes habían sido expuestos en su niñez a factores importantes
de riesgo, tales como pobreza, madres poco educadas, complicaciones perinatales a veces severas, desarrollo irregular,
anomalías congénitas o psicopatología parental. Los niños invencibles de Kauai fueron capaces de transformarse en
jóvenes autónomos y competentes, que “trabajan bien, juegan bien, aman bien, y tienen esperanza en su futuro”.
Entre los factores protectores encontrados por múltiples estudios empíricos, mencionemos:
Una relación emocional estable por lo menos con un padre u otro adulto significativo.
Redes sociales existentes tanto dentro como fuera de la familia: parientes, vecinos, profesores, religiosos, pares.
Clima educativo abierto, positivo, orientador, con normas y valores claros.
Modelos sociales que valoren el enfrentamiento positivo de los problemas, representados por los padres, hermanos,
profesores o amigos;
Balance adecuado entre responsabilidades sociales y expectativas de logro (por ejemplo, en el cuidado de parientes
enfermos, de rendimiento escolar);
Competencias cognitivas (nivel intelectual promedio, destrezas de comunicación, empatía, capacidades de planificación
realista);
Características temperamentales que favorezcan el enfrentamiento efectivo (flexibilidad, orientación optimista a los
problemas, capacidad de reflexionar y controlar los impulsos, capacidades verbales adecuadas para comunicarse);
Experiencias de auto/eficacia, con locus de control interno, confianza en sí mismo, y autoconcepto positivo;
Actitud proactiva frente a situaciones estresantes;
Experiencia de sentido y significado de la propia vida (fe, religión, ideología, coherencia valorica).
Tal como se ilustra en los grafico siguientes (6.4 y 6.5), los factores protectores a veces son la imágen en positivo de los
de riesgo. Otras veces, aluden a dimensiones diversas. Rutter ha insistido en que un factor protector, para serlo, debe
diferenciar entre grupos con respuestas adaptativas y maladaptativas en relación a una conducta dada.
GRAFICO 6.4 FACTORES DE RIESGO PARA CONDUCTAS RIESGOSAS EN LA ADOLESCENCIA (Modificado de
Jessor, 1993).

DOMINIOS CONCEPTUALES INTERRELACIONADOS PARA FACTORES DE RIESGO
BIOLÓGICO-

A M B I E N T E

A M B I E N T E

PERSONALIDAD

CONDUCTA:

GENÉTICOS:

SOCIAL:

PSICOLÓGICO

Baja autoestima;

Bajo rendimiento

Historia familiar de

Pobreza;

Modelos desviados

Aventurerismo;

Alienación:

C o n f l i c t o

Impulsividad;

alcoholismo

Inequidad;
Falta

intrafamiliar o de
de

oportunidades.

pares.

Angustia

escolar;
Ingesta de alcohol
excesiva.

CONDUCTAS/ESTILOS DE VIDA DE RIESGO ADOLESCENTES
Conductas problema:

Conducta de salud:

Conductas escolares:

Uso ilicito de drogas;

Uso de alcohol o

Faltar a clases;

Delincuencia;

tabaco.

Conducta sexual precoz

Deserción escolar.
Bajo rendimiento.

CONSECUENCIAS DANIÑAS PARA LA SALUD
Patologías:

Roles sociales:

Desarrollo personal y futuro:

Enfermedades de diversa índole.

Fracaso escolar;

Autoconcepto inadecuado.

Estado físico limitado.

Problemas legales;

Depresión/conducta suicida;

Embarazos precoces.

Menores destrezas laborales;
Desempleo juvenil;
Desmotivación vital.

GRAFICO 6.5 FACTORES PROTECTORES

PARA CONDUCTAS RIESGOSAS EN LA ADOLESCENCIA

(Modificado de Jessor, 1993).

DOMINIOS CONCEPTUALES INTERRELACIONADOS PARA FACTORES PROTECTORES
BIOLÓGICO-

A M B I E N T E

A M B I E N T E

PERSONALIDAD

CONDUCTA:

GENÉTICOS:

SOCIAL:

PSICOLÓGICO

Valoración de los

Asistencia a la

Inteligencia normal

Calidad de sistemas

Modelos adecuados

o elevada

escolares

Controles adecuados

Cohesión familiar;

de las conductas

Barrios

desviadas.

bien

desarrollados;
Adultos interésados.

logros;
Valoración de la
buena salud

iglesia;
Participación en
clubes

y

Intolerancia de la

organizaciones

desviación

voluntarias de la

social.

escuela
comunidad.

y

CONDUCTAS/ESTILOS DE VIDA DE RIESGO ADOLESCENTES
Conductas problema:

Conducta de salud:

Conductas escolares:

Uso ilicito de drogas;

Uso de alcohol o

Faltar a clases;

Delincuencia;

tabaco.

Conducta sexual precoz

Deserción escolar.
Bajo rendimiento.

CONSECUENCIAS DANIÑAS PARA LA SALUD
Patologías:

Roles sociales:

Desarrollo personal y futuro:

Enfermedades de diversa índole.

Fracaso escolar;

Autoconcepto inadecuado.

Estado físico limitado.

Problemas legales;

Depresión/conducta suicida;

Embarazos precoces.

Menores destrezas laborales;
Desempleo juvenil;
Desmotivación vital.

La RESILIENCIA ha sido definida de diversos modos por distintos autores. Asi, Garmezy () dice que “resiliencia se
refiere al proceso de, y a la capacidad de llegar a una adaptación éxitosa a pesar de circunstancias desafiantes o
amenazadoras”. Otro autor, Antonovsky () dice”El sentido de coherencia es una orientación global que expresa en que
medida se tiene un sentimiento profundo, duradero y dinámico de que (1) los estímulos que aparecen en el medio interno
y externo son estructurados , predecibles y explicables; (2)existen recursos disponibles para enfrentar esas demandas del
medio; y (3) esas demandas son desafíos dignos de ser enfrentados y resueltos.” Quizá la definición más interesante es la
que da Vanistendael () “La resiliencia es la capacidad de una persona o de un sistema social de vivir bien y desarrollarse
positivamente a pesar de las condiciones de vida difíciles, y esto de una manera socialmente aceptable.”
Este mismo autor, distingue dos componentes en la resiliencia, que son la resistencia frente a la posibilidad de
destrucción, o sea la capacidad de proteger la propia identidad bajo presión; y la capacidad de construir un estilo de
vida positivo pese a circunstancias difíciles.
Uno de los ejemplos más dramaticos y hermosos de esta capacidad es el de Ana Frank, cuyo diario ha sido fuente
de inspiración para millones de personas después de su muerte en el genocidio nazi en Europa al fin de la Guerra en 1944.
Citemos de ese diario:
“ Yo no pienso en toda la miseria, sino en toda la belleza que aún persiste. Esta es una de las cosas que nos hace tan
distintas a mi mamá y a mi. Su consejo, cuando una esta melancólica es: “Piensa en toda la miseria que hay en el mundo

que a ti no te toca”. Mi consejo es” Sale para afuera, sale al campo, goza de la naturaleza y del sol. Trata de recapturar
la felicidad en ti misma y en Dios. Piensa en toda la belleza que todavia queda alrededor tuyo. Se feliz.”
(7 de Marzo de 1944).
Los cinco ámbitos interrelacionados que permiten promover la resiliencia son los siguientes:
Redes de apoyo social que acepten incondicionalmente al niño en cuanto a persona;
Capacidad para averiguar el significado de la vida, en estrecha relación con la vida espiritual y la fe religiosa;
Aptitudes y sentimientos de tener algún tipo de control sobre la propia vida;
Autoestima;
Sentido del humor.
Revisemos brevemente cada uno de estos elementos:
REDES SOCIALES: Tanto dentro como fuera de la familia, el contar con adultos interesados en el niño es de suma
importancia. La sensación de poder conversar con alguien, como hemos visto en el capítulo sobre pares y amistades
adolescentes, es un tema de importancia para todo jóven. Dentro de esto, se ha visto que el ser aceptado
incondicionalmente por alguien, no por sus rendimientos o logros académicos, deportivos, o por su aspecto o belleza
física externos, es muchas veces crucial. Un niño de la calle nos decía: ”Si acabé saliendo de la calle fue porque
básicamente un día, conocí a alguien que realmente creyó en mi”. Los grupos informales de amigos ofrecen
generalmente a los adolescentes esta experiencia, lo que explica el poder tanto para bien como para mal que estos
grupos tienen sobre el. La familia que funciona bien proporciona a sus miembros esa sensación de apoyo y aceptación
incondicional. Al revés, cuando la familia no muestra preocupación por el niño, la carencia emocional puede llevar a
múltiples desarrollos psicopatológicos en la vida adulta. Nuevamente, queda claro aquí que la red social más cercana
al niño es su familia.
SENTIDO DE LA VIDA. El hombre es un ser que busca significado: desde los filosofos pre-socráticos la pregunta por
el sentido surge una y otra vez, y preocupa a toda persona en algún momento. Esta pregunta es especialmente
acuciante durante la adolescencia, y uno de los temas que más motiva a los adolescentes es la búsqueda de
trascendencia. Desde ese punto de vista, uno de los roles más importantes que pueden jugar la familia, la escuela y el
mundo adulto, es proporcionar caminos para responder a preguntas tales como: ¿ Para que estamos acá ¿Cuál es el
propósito de la vida? La búsqueda de modelos, orden y belleza es al fin y al cabo una de las tareas centrales del sujeto
a lo largo de la vida. La fe religiosa es una manera de enfrentar y contestar esta preguntas, así como la adopción de
una actitud científica e inquisitiva. Ambas posiciones, la de la fe y la de la ciencia, se presentan a veces como
antitéticas, sin serlo necesariamente: la iluminación de la ciencia desde la fe es uno de los temas que se hace cada vez
más relevante para muchos jóvenes en nuestros días. En el tema específico de la resiliencia, la búsqueda de sentido es
uno de los aspectos más demostradamente importantes para sostener a las personas en momentos difíciles. Quizá una
de las personas que en nuestro siglo ha estudiado esto con mayor profundidad ha sido el psiquiatra Viktor Frankl,
quien después de vivir experiencias de campos de concentración en la II Guerra Mundial, desarrolló un sistema
terapéutico, la logoterapia, justamente centrada en la trascendencia y significado. En otro plano, el interés actual por
la filosofía, que se puede ver en la popularidad del movimiento “Filosofía para niños” y en el que un libro de éste tipo
(“El Mundo de Sofia”) de Jostein Gardner se mantenga por largos períodos en las listas de best-sellers, muestra esta
sed humana por lo espiritual y lo trascendente.
El desarrollo de aptitudes sociales y destrezas de resolución de problemas.

La adquisición de capacidades de

desempeño, no solo laborales, sino interpersonales, es otro de los caminos importantes para el poder resolver
situaciones críticas. Cada cultura tiene distintos modos de enfrentar la relación entre las personas, y la adecuación del
adolescente hacia estas diversas posibilidades se ha mostrado de gran importancia para poder enfrentar situaciones
complejas, sea académicas, sean sentimentales, sean familiares. El tema del locus de control interno esta ligado a esto:
el contar con la sensación de que se puede iniciar el cambio, y que una actitud proactiva es mejor que una reactiva
frente a las situaciones, es uno de los elementos más centrales en las personas resilientes. La entrega progresiva de
responsabilidades a los adolescentes, asi como el que estos reconozcan y acepten normas y valores externos a ellos,
son modos de desarrollar un sentido ético y moral que nuevamente, ayuda a enfrentar mejor las dificultades que trae la
vida consigo.
La auto-estima es una de las áreas que más interés ha producido en relación a su rol central en muchas conductas de
riesgo. La actitud positiva de los padres, así como los logros sucesivos y adecuados al desarrollo de cada niño segun
su edad y capacidades es uno de los elementos más cruciales en éste respecto. Muchos padres tienen dificultad en
evitar una actitud crítica de tipo destructivo, y una de las áreas en las que más se puede ayudar en las así llamadas
escuelas de padres es en la práctica de habilidades de crítica positiva y constructiva. Principios simples, tales como el
rechazar la conducta, pero aceptar al adolescente como persona, o bien buscar primero las cualidades positivas detrás
del hecho, para luego señalar los problemas, y el mantener un respeto incondicional por la auto-estima del jóven,
pueden ayudar mucho a corregir esta tendencia frecuente.
Finalmente, el sentido del humor es un elemento necesario para poder recuperarse de muchos problemas y fracasos. El
poder aceptar éstos maduramente, y tomar la suficiente distancia para poder reirse de las propias dificultades,
muestran un camino hacia la sabiduría personal, y a la posibilidad de tomar una adecuada perspectiva y distancia. El
psicoanalista Heinz Kohut () ha señalado como una de las formas transformacionales del narcisismo es el sentido del
humor, junto a la empatía y al desarrollo de una sabiduría de vida.
Los conceptos anteriores son resumidos por Vanistandael en la metáfora de “la casita”, que se ilustra en el grafico
siguiente, con la cual trata de resumir los diversos factores que influyen en el desarrollo de una capacidad de resiliencia.
Grafico 6.6 Edificación de la resiliencia: la “casita” de Vanistendael.

FAMILIA Y FACTORES PROTECTORES
Se ha dicho que uno de los factores protectores generales, para cualquier conducta de riesgo, es la calidad de la
interacción con la familia. El Instituto de Medicina de los Estados Unidos ha concluído que la evidencia existente en el
sentido de que esta interacción afecta el rendimiento escolar, la competencia social, y las relaciónes interpersonales del
niño. Los problemas conductuales, en el período pre-escolar, parecen variar proporcionalmente al grado de disponibilidad
emocional de los padres en relación a las necesidades de sus hijos. Como Rutter lo ha mostrado () los padres adecuados
son generalmente sensibles a las claves conductuales emitidas por sus hijos con respecto a sus necesidades específicas.
Emde () ha sugerido que esta sensibilidad incluye una integración del padre con los sistemas de regulación tanto
fisiológicos como psicológicos del niño. La capacidad de empatía de los padres facilita al niño el mostrar sus emociones,

y la aparición de conductas sociales positivas. Otra función reguladora provista por los padres es el control y la disciplina.
Los padres normales promueven el auto-control de sus hijos a través de regular la expresión de sentimientos por parte de
estos. Bowlby ha elaborado el mismo concepto a través de sus estudios acerca de como el tipo de vínculo y apego entre
padres e hijos es central en el funcionamiento social y emocional del niño (). Ha mostrado éste autor cuán importante es
la relación cercana entre padres e hijos especialmente en los primeros cinco años de vida, que es el período en el que se
adquieren y consolidan las relaciones interpersonales primarias. Los niños que no pueden cristalizar estas en esa etapa
quedan mucho más vulnerables hacia el futuro. Lo anterior explica el rol central de la familia como uno de los elementos
protectores. Esta presta un conjunto de funciones importantes para proteger éste desarrollo, funciones que han sido
estudiadas y resumidas por Alvy () en cinco categorías interrelacionadas, a saber:
Satisfacer las necesidades básicas del adolescente.

Esta función incluye el obtener y dar al jóven los recursos

necesarios para su sobrevivencia básica, lo que incluye alimentación, techo, y acceso a servicios educacionales y de
salud. La capacidad parental de cumplir con esta función está estrechamente ligada al nivel de ingresos y educación de
los padres. La sobrevivencia y crecimiento de los adolescentes depende de la prioridad que le den éstos a cumplir esta
función: cuando no lo hacen, los jóvenes deben en forma prematura procurar su propia subsistencia.
Función protectora.

Los padres habitualmente se hacen responsables de proteger la integridad física, psicológica,

espiritual y cultural de su progenie, alejándolos de amenazas externas provenientes del medio natural, o de grupos o
instituciones que representan peligro. Lentamente, y a lo largo de la adolescencia, los jóvenes van pasando a asumir
ellos estas funciones de auto-cuidado. El modo concreto de cumplir con esta función parental es el monitoreo de las
actividades del adolescente, supervisando y colocando límites al jóven. El cumplimiento de esta funcion se
correlaciona con una menor frecuencia de conductas de riesgo; su implementación es compleja y variable, ya que debe
lograrse un equilibrio entre la supervisión y la actitud controladora e intrusiva en diferentes áreas del desarrollo
personal del adolescente. Culturalmente, se ha ido haciendo más difícil monitorear en forma cercana al jóven actual,
en la medida de que ambos padres tienden a pasar menos tiempo en casa, y de que los propios adolescentes tienen
mayor movilidad geográfica que antes. Por esto, otra función en éste plano es la enseñanza de destrezas de autocuidado, que implica el preparar a los adolescentes para velar por la propia seguridad, física y psicológica. Ejemplos
de esto son el saber que hacer en caso de emergencias en casa si se encuentran solos, o el saber rechazar la presión de
los pares en relación a consumo de drogas o sexo temprano.
Apoyo y guía para el crecimiento y desarrollo. Esta función involucra el promover todos los aspectos del desarrollo
infantil, incluyendo sus aspectos cognitivos, sociales, emocionales, morales, espirituales, sexuales, culturales y
educacionales. Esto en la práctica se realiza proporcionando información, fijando límites, manteniendo un sistema de
recompensas y castigos claro, comunicándose verbal y no-verbalmente con el adolescente y modelando los valores y
conductas importantes para el padre. Esta función de guía del desarrollo sigue siendo importante a lo largo de toda la
adolescencia, a pesar del rol progresivamente importante de los pares y de la escuela. Entre las competencias
necesarias para ejercitar esta función, Alvy menciona la capacidad del padre de hacerlo en forma afectuosa, colocando
exigencias lo suficientemente elevadas pero no imposibles de cumplir, con una aproximación participativa, con una
capacidad adecuada de comunicación, modelando roles positivos para el jóven, y transmitiendo una actitud de
resolución de problemas adecuada. Lo anterior, resumido bajo el nombre de estilos de crianza, permite el mantener
una actitud de apego cariñoso, y al mismo tiempo poder colocar estandares de expectativas claros con respecto a
conductas maduras por parte del adolescente. En la medida que los puntos de vista de éste sean tomados en cuenta en

el proceso familiar de toma de decisiones, y de que el nivel de comunicación sea adecuado, se puede llevar al
adolescente hacia una capacidad de resolver conflictos autonomamente. El ejemplo de los padres es más importante
en todo esto que la mera transmisión de discursos verbales acerca de como hay que comportarse: la transmisión de
principios y valores se hace mucho más de modo no verbal que verbal, a través de la observación del niño de como se
comporta el padre en diversas circunstancias.
Función de apoyo en relacion al medio externo. La capacidad del padre de conectar al hijo con expertos, grupos, o
instituciones que también pueden ayudar en su desarrollo es otro modo de ayudarlos. El confiar en las elecciones del
adolescente y apoyarlo en implementar sus planes, es uno de los modos más efectivos de mejorar la auto-estima de los
adolescentes.
CAPÍTULO VII. FARMACODEPENDENCIAS.
Sucesivas ondas epidémicas de sustancias químicas han recorrido Occidente, también Chile, en los últimos 100 años.
Sobre el telón de fondo permanente de uso endémico de alcohol que -tal como la cordillera de los Andes- nos acompaña
desde que tenemos historia escrita, han aparecido sucesivas epidemias de uso de tabaco en la primera mitad del siglo, de
marihuana en la década de los 60, de psicodélicos y anfetaminas en los 70s y 80s, y de cocaína y de pasta base en los
90s. Los jóvenes han sido el blanco preferido de todas estas plagas, que tal como la peste bubónica que devastó Europa
en el siglo XIV, han arrasado con el futuro de muchos adolescentes y las esperanzas de tantas familias chilenas. Desde la
aparición de la cocaína en la iI Región a fines de 1988, su uso ha aumentado progresivamente desde el Norte hasta el
Sur del país, saltando ciegamente barreras socio-económicas y educacionales.
Las sustancias químicas psicoactivas forman parte de la cultura humana desde sus orígenes. El alcohol y el tabaco, las
drogas legales en Occidente, se han visto complementadas en la segunda mitad del siglo XX por un sostenido aumento en
el uso de sustancias ilegales, que fueron utilizadas fuera de Europa y Estados Unidos, tales como los derivados del opio
en el lejano Oriente, la marihuana en el norte de Africa, y la hoja de coca en los países andinos de Sudamérica. Su uso
cada vez mayor entre los adolescentes se transformó en motivo de preocupación y luego de alarma pública en los últimos
años, en la medida que su uso ha llegado a ser tan frecuente, en algunos casos, como el de las sustancias legales entre los
adultos. Los adolescentes, por su parte, están muy conscientes del doble estandar con que los adultos manejan a éste
tema, al prohibirles las sustancias químicas que los adultos no usan, pero utilizar ellos mismos las “drogas legales”, sea
alcohol, sea tabaco, sean sustancias psicoactivas prescritas muchas veces por los médicos.
El consumo de droga, especialmente si se hace en forma frecuente o excesiva en cantidad, es una típica conducta de
riesgo, en el sentido de que lleva a consecuencias riesgosas para la salud, que se resumen en la tabla 7.1. Por otra parte, el
enfoque de riesgo se aplica aqui en todos sus términos. Como veremos, por una parte hay una concentración de conductas
de riesgo entre los usuarios de droga, y la relación con varios de los factores antecedentes antes señalados es muy clara y
ha sido cada vez más documentada empíricamente. En éste capítulo, nos refereriremos primero a la prevalencia y
características del consumo de drogas en nuestro medio, para luego analizar algunos de
antecedentes.
Prevalencia

sus principales factores

El tema de la frecuencia y características del consumo de sustancias químicas entre los jóvenes es una preocupación
global. En diversos países del mundo este consumo ha crecido, y se diseñan permanentemente campañas y actividades
tendientes a prevenir ese aumento. Hemos trabajado en el tema tanto en Chile como en los Estados Unidos, constatando
como los factores de riesgo para el consumo parecen ser semejantes en ambos países.
La incidencia y variedad de drogas que usan los adolescentes en los Estados Unidos es sorprendente. Según la Encuesta
Nacional de Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanza Media del Instituto Nacional de Abuso de Drogas de ese país,
casi la mitad (47.9%) de los estudiantes de último año de la escuela secundaria relatan haber probado drogas ilícitas,
especialmente marihuana (). Los resultados más recientes de las encuestas en E.E.U.U.()muestran una tendencia
ascendente: el consumo de marihuana aumentó entre estudiantes de segundo medio de 17,2% en 1995 a 20,4% en 1996;
el consumo de cigarrillo ascendió entre estudiantes de segundo medio de 17,9% en 1996 a 30,4% en 1996, y el consumo
de alcohol subió entre estudiantes de octavo básico de 0,7% en 1995 a 1% en 1996. Finalmente, el consumo de cocaína
creció entre estudiantes de cuarto medio de 4% en 1995 a 4,9% en 1996.
Tal como en los Estados Unidos, la prevalencia de abuso de substancias químicas en Latinoamérica ha alcanzado
proporciones epidémicas. Para muchos investigadores, el uso excesivo y problemático de alcohol se ha transformado en
una de las amenazas más substanciales a la salud mental de la población (). Esto es especialmente verdadero en Chile,
donde se estimó que desde 1979 el ingreso geográfico bruto disminuyó en 630 millónes de dólares debido a una
declinación en la productividad y un aumento de los costos médicos resultantes de problemas producidos por el alcohol
(). De hecho, la mayoría de los crímenes en Chile (60%) se han ligados a los efectos del alcohol (). Esta sustancia aparece
involucrada en la mitad de los accidentes por vehículos motorizados, en un tercio adicional de homicidios, y en la cuarta
parte de los accidentes del hogar (5).
La prevalencia de uso de sustancias químicas ha aumentado en Chile en las últimas décadas. La frecuencia de consumo,
sin ser de la magnitud de otros países, es de una magnitud preocupante hoy. En la tabla 7.2 mostramos la frecuencia
comparativa de consumo en Chile y Estados Unidos. En ella se puede ver que para todas las sustancias , con excepción
del cigarrillo, el consumo estadounidense es mucho mayor que el chileno. Esto no quita que el consumo tienda a
aumentar, como lo han mostrado los escasos estudios prospectivos realizados en nuestro medio, como el de Pallavicini ()
quién encontró que aunque no había diferencia entre las tasas de alcoholismo para la población general (11% bebedores
excesivos y 4% a 6% de alcohólicos), el número de bebedores anormales, entre los 15-19 años, subió en un 400%.
Las tres principales encuestas de prevalencia realizadas en Chile durante la década de los 90 son nuestra aplicación de la
Escala de Conductas de Riesgo Adolescente (ECRA), escala derivada del Minnesotta Adolescent Health Survey () , el
Estudio Nacional de Consumo de Drogas, realizado por CONACE, dependiente del Ministerio chileno del Interior (), y la
Encuesta sobre Consumo de Alcohol, Tabaco y Drogas realizada por la Fundación Paz Ciudadana en Septiembre de 1995
(). Revisaremos brevemente los resultados de estos estudios, cuyas metodologías no los hacen totalmente comparables,
pero que iluminan independientemente la misma situación de consumo.
El Estudio Periódico de la Salud del Adolescente en Santiago de Chile, en su segunda versión (EPSAS-2), con datos

recolectados en 1994, encuesto a un total de 2030 adolescentes escolares en la Región Metropolitana de Santiago, lo
que constituyo una muestra representativa de los 365.425 sujetos dentro del sistema escolar, de acuerdo a datos del
Ministerio de Educación. Las características y proceso de validación del instrumento han sido descritos en otras
públicaciones (). Entre los hallazgos de este estudio, mencionemos que las edades de comienzo de consumo fueron en
promedio de 12,6 años para el cigarrillo, de 13,9 para la primera embriaguez con alcohol, y de 14.8 para el primer
consumo de marihuana. Esta secuencia corrobora en Chile los estudios de Kandel, quien demostró una secuencia
progresiva de consumo de sustancias, partiendo por las legales (cigarrillo y alcohol, para pasar por marihuana a una
edad algo mayor, y terminar al fin de la adolescencia con consumo de cocaína y otras sustancias ilegales más tóxicas
().
Tabla 7.1. FRECUENCIA COMPARATIVA DE CONSUMO DE SUSTANCIAS QUÍMICAS EN CHILE Y ESTADOS
UNIDOS (Modificada de Florenzano, 1994), expresada en porcentajes.
Tipo de sustancia

Estados Unidos

Chile

Prevalencia de vida

69

53

Prevalencia del último mes

30

32

Prevalencia de vida

92

54

Prevalencia del último mes

66

16

Prevalencia de vida

54

12

Prevalencia del último mes

26

5

Prevalencia de vida

17

2.3

Prevalencia del último mes

7

0.5

Prevalencia de vida

26

3.8

Prevalencia del último mes

7

1.3

Cigarrillo

Alcohol

Marihuana

Cocaína

Anfetaminas

La cantidad de consumo decrece al aumentar la frecuencia de consumo, como lo muestra la tabla 7.3. En el caso de la
marihuana, por ejemplo, la prevalencia de vida de un 6,5%, baja a 0.7% de consumo semanal o diario. Al estudiar la
frecuencia segun edad (Tabla 7.3) encontramos que hay un aumento sostenido del consumo con el correr de los años, lo
que muestra que el problema de consumo frecuente se concentra en adolescentes propiamente tales, más que entre preadolescentes. Este hecho debe ser subrayado por la importancia preventiva que tiene: para realmente disminuir la
frecuencia de consumo de drogas en el período de mayor ingesta, o sea, después de los 16 años, es necesario comenzar
los esfuerzos en la pre-adolescencia, o sea antes de que la pendiente de la curva de ascenso se haga pronunciada.
Tabla 7.3 FRECUENCIA DE CONSUMO DE SUSTANCIAS QUÍMICAS POR EDAD, ESCOLARES DE
SANTIAGO DE CHILE, 1994, EXPRESADAS EN PORCENTAJES

SUSTANCIA

12-13

14-15

16-17

18+

Cigarrilllo (*)

5,2

18,5

35,4

47,2

Alcohol (*)

1,2

7,9

12,6

12,7

Marihuana (**)

0,7

3,8

11,9

11,9

Inhalantes (**)

0,2

0,4

0,9

1,1

Anfetaminas (**)

0,9

0,9

4,0

3,2

Cocaína (**)

0,3

0,7

3,0

2,2

Otras drogas (**)

1,6

2,7

6,1

4,8

*(Semanal o diario) **(Algúna vez)
Estudio Nacional de Consumo de Drogas, realizado por CONACE (Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes)
Ministerio del Interior, Chile, 1995. Este estudio encuestó a 8271 personas de 12 a 64 años de edad, que representan a
6186528 chilenos que viven en zonas urbanas, o sea al 80% de la población del país. El 37.22% de la población
correspondía a población joven, entre 12 y 25 años. En lo que sigue nos referiremos a los hallazgos de la encuesta en
ese grupo. La prevalencia de vida de consumo de drogas ilegales (marihuana, pasta base y cocaína) fue de 9.43% en el
grupo adolescente entre 12 y 18 años, y de 22.23% entre los jóvenes de 19 a 25. La tabla 7.4 muestra la prevalencia
por tipo de droga en cada uno de esos grupos de edad, viendose que la marihuana es definitivamente la droga mas
utilizada.
Tabla 7.4 Prevalencia de vida por tipo de droga consumida en grupos juveniles. Estudio CONACE, 1994.
TIPO DE DROGA CONSUMIDA

12-18

19-25

Marihuana

9.03

21.31

Pasta Base

1.92

3.17

Cocaína

1.57

4.88

Estas cifras sin embargo se reducen al utilizar la prevalencia de consumo en el último ano, como muestra la tabla 7.5. La
prevalencia de consumo en el último mes disminuye aún más, siendo de acuedo a este estudio, para cualquier droga, de
un 2.53% en el grupo de 12 a 18 años y de 4% en el de 19 a 25.
Tabla 7.5 Prevalencia de consumo en el último año por tipo de droga consumida en grupos juveniles. Estudio CONACE,
1994.
TIPO DE DROGA CONSUMIDA

12-18

19-25

Marihuana

5.53

8.77

Pasta Base

1.20

1.16

Cocaína

0.87

1.81

En cuanto al tipo de sustancia consumida, la tabla 7.6 muestra la prevalencia de último mes para estos grupos de edades.
Tabla 7.6 Prevalencia de consumo en el último mes por tipo de droga consumida en grupos juveniles. Estudio CONACE,
1994.
TIPO DE DROGA CONSUMIDA

12-18

19-25

Alcohol

24.04

49.74

Tabaco

24.27

50.82

Tranquilizantes

1.08

3.47

Encuesta sobre Consumo de Alcohol, Tabaco y Drogas realizada por la Fundación Paz Ciudadana en Septiembre de 1995
(). Este estudio fue auspiciado conjuntamente por los Ministerios chilenos de Educación y Salud, por la Fundación
Paz Ciudadana, por UNICEF y por el mismo CONACE. Entre Agosto y Septiembre de 1995 se aplicó una versión
adaptada del Drug Use Screening Inventory (DUSI), elaborado en los EEUU por el Dr. Frank Tarter y Cols. Fue
aplicado a una muestra de 29.066 alumnos de 8o Básico a 4o Medio, que representan a 839.038 escolares de zonas
urbanas de las 13 regiones del país. La tabla 7.7 muestra las prevalencias de vida y de último mes para la muestra
nacional, para las mismas sustancias estudiadas en los estudios anteriores.
Tabla 7.7

Prevalencia de vida y de último mes de consumo de sustancias entre adolescentes chilenos urbanos

escolarizados, Paz Ciudadana, 1995, expresadas en porcentajes
Sustancia

Prevalencia de vida

Prevalencia último mes

Alcohol

62.7

37.5

Tabaco

54.4

34.8

Marihuana

9.6

4.7

Tranquilizantes

7.8

3.5.

Pasta Base

2.3

0.9

Estimulantes

1.8

0.8

Tranquilizantes

7.8

3.5.

Consecuencias:
Tabla 7. 8 CONSECUENCIAS DEL CONSUMO DE SUSTANCIAS QUÍMICAS EN LA JUVENTUD ().
CONSECUENCIAS DEL CONSUMO DE SUSTANCIAS EN LA ADOLESCENCIA
Sustancia

Consecuencias de corto plazo

Consecuencias de largo plazo

Vulnerabilidad al uso de otras

-

Cigarrillos
Uso Ocasional

sustancias
Uso Frecuente

Mal aliento.

Exceso de mortalidad y

Problemas respiratorios

morbilidad.

No

No

Alcohol
Uso Ocasional

Uso Frecuente

Accidentes y violencias (causa de

Alcoholismo.

mortalidad entre jóvenes).

Cirrosis hepática.

Bajo rendimiento académico.

Mortalidad por cancer.

Depresión y angustia.

Complicaciones neuro-

Problemas familiares.

psiquiátricas.

Vulnerabilidad al uso de otras

Evidencia no clara.

Marihuana
Uso Ocasional

drogas.
Uso Frecuente

Alteraciones en funciones neuro-

Problemas respiratorios.

psicológicas.

Posibles problemas reproductivos.

Alteraciones para manejar

Menor motivación.

vehículos.
Pérdida de memoria de corto
plazo.
Cocaína
Uso Frecuente

Síntomas físicos: boca seca,

Dependencia a la droga.

transpiración, irritación y

Rinitis, ulceraciones del tabique

sangramiento nasal.

nasal.

Insomnio.

Hepatitis.

Fatiga crónica.

Depresión, angustia.

Afectos depresivos, ideación

Convulsiones.

suicida.

Problemas financieros y legales.

Disfunción social y familiar.

Dependencia a las drogas.

Deserción escolar.

Depresión y fatiga crónicas.

Accidentes del tráfico.

Educación incompleta.

Actividades ilegales.

Inestabilidad laboral.

Uso múltiple de sustancias
Uso Frecuente

Inestabilidad conyugal.
Mayor criminalidad.
Factores antecedentes del consumo de sustancias
FACTORES DEL GRUPO DE PARES. La relación entre el uso de drogas por el adolescente y por sus amigos es el
hallazgo más reproducible y predecible de las investigaciones sobre drogas en el adolescente (,). Basándose en estos
hallazgos, Kandel (1982) desarrolló una teoría para predecir el uso de substancias basada en el conocimiento del uso
por los pares, ligando los efectos de la influencia de los pares y la edad con la droga usada. El efecto de los pares se
centra en dos situaciones: el uso por éstos y la actitud del adolescente hacia ese consumo. Diversos autores han
mostrado como el consumo adolescente aumenta en la medida que sus pares también utilizan drogas. Por ejemplo,
Shilts () entrevistó a 237 estudiantes de enseñanza media, buscando información acerca del uso de sustancias por

ellos mismos y sus pares. Se dividieron los estudiantes en tres grupos: no usuarios (n= 107), usuarios (n= 80), y
abusadores (n= 50). El grupo de abusadores identificó significativamente a más de sus amigos como usuarios o
abusadores de drogas . Este grupo también informó que pasaban significativamente más tiempo con sus amigos que
con sus familias. Al revés los no usuarios informaron tener mayor contacto con sus familias que los otros grupos.
Selnow y Crano () encuestaron a 760 estudiantes de sexo masculino entre las edades de 13 y 17 años. Distinguieron
entre participación en grupos formales--caracterizados por reuniones planificadas para lograr objetivos específicos-y participación en asociaciones informales de pares--caracterizadas por participación en actividades sin metas
definidas con el propósito de pasarlo bien. Con respecto a las Actitudes hacia el uso de los pares, el estudio por
Williams y Smith () evaluó a 1.911 adolescentes con respecto a sus actitudes sobre el uso de los pares y su relación
con el uso de drogas por el propio adolescente, encontrando que la aprobación del uso por los pares es un fuerte
predictor del consumo por el adolescente. Nuestros estudios avalan los estudios anteriores. En ellos, hemos también
encontrado que el consumo del adolescente es influido por el de los pares, como muestra la tabla 7.9, donde puede
verse que cuando ni los compañeros ni los amigos consumen, solo un 4.8% de los adolescentes lo hacen. Si
consumen o bien los compañeros o bien los amigos, consume un 14.3% de los jóvenes. Finalmente, si lo hacen tanto
los compañeros como los amigos consume un 31.5% de los adolescentes encuestados. Esto documenta claramente el
peso de los pares en el consumo juvenil.
TABLA 7.9: USO DE DROGAS POR EL PROPIO ADOLESCENTE SEGUN PERCEPCIÓN DE CONSUMO POR PARES
O POR AMIGOS (Adolescentes escolares de Santiago de Chile, 1994, expresadas en porcentajes)
CONSUMO POR PARES Y/O AMIGOS
Consumo por el adolescente

Ninguno

Pares o amigos

Pares y amigos

No consume

95.2

85.7

68.5

Si consumo

4.8

14.3

31.5

p <0.00001
FACTORES FAMILIARES. Al estudiar la frecuencia de conductas de riesgo en escolares con antecedentes de algúna de
las situaciónes que definimos operacionalmente como disfunción familiar, encontramos que éstas tienden a
concentrarse en niños que provienen de dichas familias, especialmente en aquéllas que presentan maltrato infantil: la
tabla 7.10 muestra cómo la gran mayoría de las sustancias químicas (con excepción de los inhalantes) son empleadas
en porcentajes estadísticamente mayores cuando existe el antecedente de maltrato físico. Asimismo, los niños
maltratados presentan más conductas delictivas.

Lo mismo sucede entre hijos de padres con antecedentes de

hospitalización psiquiátrica (tabla 7.11).
TABLA 7.10: USO DE SUSTANCIAS QUÍMICAS Y OTRAS CONDUCTAS DE RIESGO ENTRE ESCOLARES
ADOLESCENTES SEGUN ANTECEDENTE DE MALTRATO FÍSICO EN LA NIÑEZ EN SANTIAGO, 1991,
EXPRESADOS EN PORCENTAJES (n=1845 )
TIPO DE SUSTANCIA

Antecedente de maltrato

Sin antecedente

Sig. Estadística

físico
Alcohol (Frecuente)

25.6

13.9

0.00001

Tabaco (Frecuente)

29.1

46.5

p<0.00001

Marihuana (Total)

21.3

11.0

p<0.00001

Inhalantes

0.7

1.3

N.S.

Anfetaminas (Total)

8.8

3.0

P<0.002

Cocaína (Total)

5.2

1.7

P<0.0004

Otras Drogas (Total)

9.1

3.9

P<0.00001

Conductas delictivas

5.7

2.4

p<0.00001

TABLA 7.11 USO DE SUSTANCIAS QUÍMICAS Y OTRAS CONDUCTAS DE RIESGO ENTRE ESCOLARES
ADOLESCENTES SEGUN ANTECEDENTE DE HOSPITALIZACION PSIQUIÁTRICA DE ALGUNO DE LOS
PADRES EN SANTIAGO, 1991, EXPRESADOS EN PORCENTAJES (n=1845 ).
TIPO DE SUSTANCIA

Antecedente

de

Sin antecedente

Sig. Estadística

hospitalización
Alcohol (Frecuente)

23.1

15.2

0.05

Tabaco (Frecuente)

38.3

31.2

n.s.

Marihuana (Total)

16.8

12.3

n.s.

Inhalantes

0.6

0.7

n.s.

Anfetaminas (Total)

6.9

3.5

n.s.

Cocaína (Total)

7.7

1.7

P<0.0003

Otras Drogas (Total)

12.5

4.1

P<0.0003

Conductas delincuentes

0.8

2.6

n-s.

47.2

36.9

0.05

Antecedente

de

embriaguez
El medio ambiente familiar

influye en promover o desalentar el uso de drogas por los adolescentes (,). Más

específicamente, el uso paternal y fraternal de (drogas legales e ilegales) influye en su uso por parte del adolescente. El
mismo uso de substancias es auto-reforzante, ya que a menudo proporciona alivio temporal a ambientes escolares,
laborales o familiares negativos. Diversos investigadores han estudiado la influencia relativa del uso parental de drogas,
del uso fraternal de éstas, y de la estructura familiar del adolescente que usa drogas. Influyen tanto el uso parental de
substancias, como lo mostraron Burnside y Cols (). Ellos encuestaron a 2.645 estudiantes de 7o a 10o grados,
encontrando una correlación significativa entre el uso de alcohol del padre y del estudiante. Hallazgos semejantes son los
de Newcomb y Cols. (), de Gfoerer () y de Needle ().Una revisión reciente de la literatura europea sobre los factores
medioambientales y genéticos acerca de la familia y su efectos en el uso de droga por el adolescente (), presenta estudios
que indicaron correlaciones significativas y consistentes entre el uso parental de drogas legales e ilegales y uso posterior
de sustancias por parte del adolescente . Nuestros estudios corroboran los anteriores, como muestra la tabla 7.12.
TABLA 7.12: FRECUENCIA DE CONSUMO DE SUSTANCIAS QUÍMICAS ENTRE HIJOS ADOLESCENTES
SEGUN CONSUMO PARENTAL, EXPRESADOS EN PORCENTAJES
Madre

no

Madre bebedora

Padre no bebedor

Padre bebedor

44,8

26,3

44,9

bebedora
Tabaco

30,5

p<0,0001

p<0,00001

Alcohol

13,9

38,5

11,2

25,5<0,00001

10,5

17,0

p<,00001
Marihuana

11,6

23,0
p<0,0004

Cocaína

1,7

10,7

p<0,0002
1,5

p<0,00001
Anfetamina.

3,2

11,9

p<0,0008
3,3

p<0,00001
Inhalantes

0,6

0,8

4,2
4,8
n.s

0,5

1,2n.s.

4,1

5,3

n.s.
Otras drogas

4,0

11,7
p<0,0001

n.s.

También es importante el uso fraternal de sustancias. Las extensa revisión hecha por Murray y Perry () concluyó que el
uso de sustancias por los hermanos es un predictor importante del uso de substancias por los adolescentes. El estudio de
Needle antes mencionado encontró que los hermanos mayores constituyen un "grupo de referencia separado e importante
para los hermanos menores, que influye tanto en su consumo de drogas como en la ausencia de éste”. Según este estudio,
los hermanos sirven tanto como modelos para el uso de drogas así como de fuentes de drogas. Los hermanos de los 508
adolescentes participantes informaron a los entrevistadores que a menudo usaban drogas con sus hermanos menores. Esta
conducta se asoció con comienzo más temprano de uso de drogas y con porcentajes más altos de uso de drogas entre los
participantes. Además, los participantes juveniles cuyos hermanos mayores desaprobaron el uso de substancias o bien no
las utilizaron o las usaron menos frecuentemente, con una edad más tardía de comienzo de experimentación. En este
estudio, el uso de alcohol por los hermanos mayores fue más predictivo del uso de alcohol del adolescente incluso que el
uso por los padres. Sin embargo, el uso por los pares tuvo mayor relevancia a su vez que el uso por los hermanos
mayores. Un estudio longitudinal que evaluó la influencia de los hermanos encontró que tanto el uso por los hermanos
como el uso por los padres predijo la iniciación del uso de alcohol entre los adolescentes ().
En tercer lugar, importa la estructura de la familia y uso de substancias. Burnside y Cols. () en una investigación que
comprendió a 2.645 adolescentes encontraron que los adolescentes de familias con padrastros informaron más uso de
alcohol que los adolescentes de familias intactas. Se debe notar, sin embargo, que los padrastros y los padres de hogares
uniparentales informaron más uso de alcohol que los padres de familias intactas. Un estudio longitudinal por Baumrind ()
mostró como la estructura familiar afecta el uso de sustancias por adolescentes, especialmente de sexo femenino:
comparadas con niñas de familias uniparentales o con un segundo matrimonio, las adolescentes de familias intactas eran
significativamente más prosociales y manifestaron menos conductas problemas y menos consumo de sustancias. Malkus
() comparó a familias que consumían drogas con otras que no lo hacían, entre 89 estudiantes de edades entre 14-18 años,
y encontró correlaciones significativamente positivas entre uso de substancias por los jóvenes y variables de dinámica
familiar tales como cohesión, adaptabilidad familiar, fortaleza familiares, unión familiar, felicidad marital de los padres, y
consumo de drogas y alcohol por los padres. También se encontraron correlaciones positivas entre abuso de ubstancias
por los adolescentes y variables estructurales familiares que incluían tamaño de la familia, estatus de la relación entre los
padres, número de padres en la casa , y orden de nacimiento. En un estudio semejante, Bryam y Fly, antes mencionados,

encontraron que los informes por el adolescente del grado de cercanía familiar se relacionaban negativamente con los
informes de consumo de alcohol por éste. Finalmente, el grado de monitoreo y de aplicación de las normas se
correlacionaba negativamente con el uso de alcohol por los adolescentes en un estudio de 136 muchachos de 7o a 10o
años (). Todos los estudios apuntan por lo tanto a una fuerte influencia de la estructura familiar en el uso de substancias
por los adolescentes.
En uno de nuestros estudios (op.cit) antes mencionado, la disfunción familiar incluía casos de separación matrimonial
(18.9%), historia de tratamiento psiquiátrico de los padres (5.7%) e historias de tratamiento de alcoholismo de los padres
(4%). Nuestros hallazgos mostraron una fuerte correlación de la disfunción familiar con mayor consumo de drogas por
los adolescentes. Maddaleno y Cols. () estudiaron cualitativamente 11 adolescentes que regularmente inhalaron
flunitrazepan por via nasal. Se observó una relación entre la inhalación de sustancias volátiles y disfunción familiar,
estructuras familiares incompletas (por ejemplo: separación paternal o divorcio), y uso de sustancias químicas dentro de
la familia. Nuestros estudios muestran lo mismo, como lo señala la tabla 7.13.
TABLA 7.13: USO DE SUSTANCIAS QUÍMICAS ENTRE ESCOLARES ADOLESCENTES EN SANTIAGO, 1991,
SEGUN ANTECEDENTE DE SEPARACION DE LOS PADRES, EXPRESADOS EN PORCENTAJES (n=1904).
TIPO DE SUSTANCIA

Hijos de separados (n=)

Hijos de familias intactas

Sig. Estadística

(n=)
Alcohol (Frecuente)

20.0

14.4

P<0.0001

Tabaco (Frecuente)

39.4

29.1

p<0.0001

Marihuana (Total)

16.4

11.3

P<0.007

Inhalantes

1.0

0.5

n.s.

Anfetaminas

5.6

3.1

p<0.02

Cocaína (Total)

3.9

1.8

p<0.01

Otras Drogas (Total)

8.2

3.4

p<0.0001

El funcionamiento familiar, percibido por el adolescente, queda en evidencia en la tabla 7.14, que muestra al mismo tiempo la
influencia de los pares, recién enunciada, pero además la de la familia: aquellos adolescentes provenientes de familias
extremas, utilizando la términología de Olson antes descrita, tienen un mayor consumo (6%), que los que vienen de familias
más balanceadas (5.4%). Sin embargo, sea cual sea el tipo de familia, se mantiene el rol de los pares.
TABLA 7.14.: COMPARACION ENTRE ADOLESCENTES QUE CONSUMEN MARIHUANA, SEGUN COMO
PERCIBEN A SUS FAMILIAS Y CONSUMO POR PARES Y/O AMIGOS (Adolescentes escolares de Santiago de Chile,
1994, expresadas en porcentajes)
Percepción del funciónamiento familiar.

Ninguno

Pares o amigos

Pares y amigos

Significación
estadística

Familias balanceadas

5.4

13.4

18.7

p< 0.00001

Familias intermedias

3.4

7.7

46.0

p< 0.00001

Familias Extremas

6.0

17.3

26.2

p<0.0005

La tabla 7.15 muestra el rol de los diferentes elementos antecedentes, agregando a la familia y del consumo de pares, ya
explícitados, el rol de la religiosidad y el de la edad. Se puede corroborar allí como la mayor edad aumenta el riesgo, asi
también como la ausencia total de práctica religiosa. Si se hace una gradiente de factores de riesgo, utilizando los odds ratio
que aparecen en esta tabla, de mayor a menor, tenemos en primer lugar el consumo por compañeros y amigos, seguido por
provenir de familias estructuradas, caóticas o rígidas, la ausencia o escasez de práctica religiosa y la edad. Categorías tales
como sexo y cohesión familiar no aportaron al modelo, por lo que fueron retiradas por el metodo forward stepwise utilizado.
TABLA 7.15: REGRESION LOGISTICA: FACTORES DE RIESGO DEL CONSUMO DE DROGAS EN
ADOLESCENTES (Adolescentes escolares de Santiago de Chile, 1994)
ODDS RATIO

INTERVALO DE CONFIANZA
Límite inferior

Límite superior

ADAPTABILIDAD(*)
Rígida

3.02

1.53

5.96

Estructurada

3.12

1.57

6.13

Caótica

1.31

0.60

2.85

Compañeros o amigos

2.33

1.30

4.14

Compañeros y amigos

5.86

1.12

30.68

EDAD

1,36

1.20

1.56

Poco religioso

1.16

0.60

2.22

Nada religioso

2.77

1.38

5.54

CONSUMO

DE

PARES(**)

RELIGIOSIDAD (***)

(*) Categorías comparadas en relación a adolescentes provenientes de familias FLEXIBLES.
(**) Categorías comparadas en relación a ADOLESCENTES CUYOS COMPAÑEROS NI AMIGOS CONSUMEN
DROGAS.
(***) Categorías comparadas en relación a adolescentes autocatalogados como MUY RELIGIOSOS.
Otros estudios, tal como el de Paz Ciudadana antes mencionado, apuntan en la misma dirección que el nuestro. La tabla
7.16 muestra como, a más positiva hacia el adolescente la actitud de la familia (o sea, mayor puntaje en la escala
utilizada, hay un menor consumo de cualquiera de las sustancias estudiadas, que desciende a más de la mitad en el caso
de la marihuana (19.7% a 9.7%), de pasta base (de 6.8% a 2.3%) y de cocaína (de 3.1% a 1.4%).
Tabla 7.16. Relacion entre consumo de sustancias y actitud de la familia. Porcentaje de consumo en personas que han
tenido una a cuatro respuestas positivas en las preguntas sobre actitud de la familia ( a mayor número de respuestas,
mejora actitud familiar). Muestra nacional, 1994. Estudio de Paz Ciudadana.
Porcentaje
consumo

Una

Dos

Tres

Cuatro

Alcohol

79.8

75.3

71.6

69.1

Marihuana

19.7

13.7

13.1

9.7

Pasta base

6.8

4.0

3.4

2.3

Cocaína

3.1

2.5

2.1

1.4

Al revisar otro de nuestros estudios () encontramos que en general los padres tienden a subestimar el consumo de
sustancias químicas entre sus hijos: por ejemplo, un 11.8% de los adolescentes señalaban haberse embriagado más de una
vez al mes. Solo el 2.4% de los padres hacia similar estimación. El consumo de marihuana era informado como mensual
por el 2% de los jóvenes, y solo por el 0.4% de los padres.
TABLA 7.17: APRECIACION COMPARATIVA DE CONSUMO DE SUSTANCIAS QUÍMICAS ENTRE HIJOS
ADOLESCENTES Y SUS PADRES, DE ACUERDO A LOS CUESTIONARIOS CSF y TSF, Santiago de Chile, 1995.
TU
SU
Fumar tabaco más de una vez al mes
32.9
17.7
Embriagarse más de una vez al mes
11.8
2.4
Usar otras drogas más de una vez al mes
3.2
1.2
Usar marihuana más de un vez al mes
2
0.4
Usar solventes volátiles
1.4
0.2
Usar drogas ilegales más de una vez al mes 1
0.4
Asimismo, al comparar la frecuencia estimada de conductas de riesgo entre los adolescentes por parte de padres e hijos
(Tabla 7.18) se puede constatar que en general los padres subestiman dichas conductas en relación a la apreciación de sus
hijos.
TABLA 7.18: APRECIACION COMPARATIVA DE FRECUENCIA DE CONDUCTAS DE RIESGO ENTRE HIJOS
ADOLESCENTES Y SUS PADRES, DE ACUERDO A LOS CUESTIONARIOS CSF y TSF, Santiago de Chile, 1995.
TU
SU
Riñas o peleas
42.2
11.5
Síntomas depresivos
29.4
26.8
Intento suicida
8.3
2.2
Maltrato Físico
7.5
6.4
Embarazo
3
2.4
Abuso sexual
1.4
0
LAS DESTREZAS SOCIALES COMO FACTOR DE RIESGO. Además de los estrésores familiares, la falta de
habilidades sociales es otro elemento a tomar en cuenta con respecto al abuso de drogas. Aquellos programas que se
centran en enseñarle al adolescente como “decirle que no” a la droga se focalizan en la adquisición de ciertas
destrezas específicas. Estas se basan en la suposición de que existen individuos que usan drogas por carencia de
habilidades sociales que los llevan a no saber rehusar las ofertas de sus pares. A continuación, revisaremos temas
centrados en aquellas habilidades sociales que influyen en el uso de substancias químicas por parte de los
adolescentes. Entre estas habilidades, mencionemos:
1. El rechazo de la oferta de los pares. El entrenamiento de los adolescentes en negarse a los ofrecimientos de sus
iguales es una de las estrategias programáticas más difundidas.

El éxito de estos programas, especialmente para

dejar de consumir cigarillos, ha sido bien documentado (). La habilidad de rechazar las substancias que ofrecían los
amigos se asocia con menor consumo. Esto sugiere que aquellos adolescentes que poseen dicha habilidad son menos

vulnerables al uso de sustancias.
2. Habilidades sociales. Entre los adolescentes, la falta de destrezas sociales se correlaciona con uso de substancias.
Simons, Conger, y Whitbeck () encontraron que los adolescentes abiertamente asertivos y/o que se aislaban tendían a ser
rechazados por aquellos pares con destrezas sociales adecuadas. Estos adolescentes tienden entonces a afiliarse entre sí,
formándose así un grupo más desviado de las normas sociales y más proclive al uso de drogas. En un estudio de
seguimiento realizado por Simons y sus colegas, () se estudiaron 61 familias, que fueron entrevistadas acerca de su hijo
de 7o grado que anteriormente había sido identificado como consumidor de substancias. Se determinó si formaba parte de
un grupo social desviado, a través de respuestas del propio adolescentes a itemes del cuestionario acerca de conductas
ilegales, malas notas, problemas con los padres, dificultades en la escuela, y problemas con la policía. En ese estudio, el
compromiso con un grupo social desviado predijo en forma altamente significativa el uso de sustancias entre los
adolescentes. Ambos estudios muestran que la presencia de destrezas sociales, tales como la habilidad de empatizar con
sus pares, disminuye tanto al involucrarse en grupos sociales desviados así como aumenta la vulnerabilidad al uso de
substancias por los adolescentes.
3. Empatía. La empatía ha sido definida como la capacidad de comprender el mundo subjetivo de los demás: se asocia
con buenas relaciones con sus pares a lo largo del desarrollo adolescente. Además, se relaciona con una respuesta
positiva al tratamiento por abuso de drogas entre individuos adictos. En el estudio de McCown () sobre los “Doce pasos”
de los grupos de autoayuda tales como Alcohólicos Anónimos, aquellos individuos con un puntaje alto en empatía
participaron más integralmente en el programa y experimentaron respuestas más positivas, medidas como duración de la
sobriedad. La medición de la empatía es importante para evaluar la vulnerabilidad del adolescente para el uso de
substancias.
IV. LOS RASGOS DE PERSONALIDAD COMO FACTOR DE RIESGO. El conocimiento de las características de
la personalidad relacionadas con el uso de substancias sigue siendo crucial para una comprensión amplia de uso de drogas
por los adolescentes. El concepto de personalidad predispuesta a las drogas () ha sido estudiado comparativamente versus
la influencia de pares y de la familia. Diversos estudios identifican númerosas características de la personalidad que se
asocian con uso de substancias por los adolescentes, tales como impulsividad, búsqueda de aventuras, ansiedad y bajo
concepto de uno mismo. Estas características de personalidad contribuyen a una mayor vulnerabilidad y predisposición
hacia un patrón de abuso y dependencia entre los adolescentes.
1. Impulsividad. La impulsividad es un rasgo de la personalidad caracterizado por conductas de riesgo no planificadas().
Varios estudios han ligado la impulsividad juvenil con el uso de substancias. En su revisión de la literatura, Lacey y
Evans () describieron un subgrupo de usuarios caracterizados por elevada impulsividad. Basado en ese trabajo, McCown,
() midio la influencia de la impulsividad en el uso de substancias, encontrando que ésta es una característica de
personalidad de los sujetos que abusan de múltiples substancias, pero no así de quienes utilizan una sola droga.

El

mismo autor después estudió la efectividad de programas tradicionales de autoayuda en doce pasos para grupos de
individuos caracterizados como impulsivos (evaluados así por la escala de impulsividad por el cuestionario de Eysenck),
encontrando que la impulsividad se correlacionaba negativamente con meses totales de abstinencia de sustancias y
positivamente con el número total de recaídas en el consumo. McCown concluyó que los individuos impulsivos hacían un
contacto relativamente precoz con los grupos de autoayuda, y luego luchaban en forma significativamente más ardua que
los demás en sus esfuerzos para lograr y mantener la abstinencia. Esto hallazgos muestran la importancia de focalizar esta

impulsividad en el trabajo con adolescentes, especialmente en las estrategias de planificación de estrategias preventivas y
de intervención.
2. Aventurerismo. La búsqueda de aventuras es también conocida como conducta de búsqueda de sensaciones. Este
término fue definido por Zuckerman (,, como el grado en el cual los individuos se arriesgan y buscan la novedad, y
rehuyen las experiencias repetitivas. Zuckerman define además este constructo como “la necesidad de sensaciones y
experiencias variadas, nuevas y complejas, así como la voluntariedad con las que se toman riesgos físicos solo con el
propósito de gozar de dichas experiencias “. Se han encontrado altas correlaciones entre aventurerismo, o búsqueda de
sensaciones, y uso de sustancias entre los adolescentes. Basado en revisiones de observaciones clínicas y estudios de
diagnósticos psiquiátricos en conductas adictivas, Khantzian () sugirió un eslabón entre la selección de substancias
psicoactivas y personalidad: la opción por una droga determinada se basa en una interacción entre los efectos
psicofarmacológicos de la droga y el nivel de aventurerismo de cada sujeto individual. En contraste, Zuckerman () ha
concluido que los usuarios altos en aventurerismo buscan las propiedades de alteración general del ánimo y de
desinhibición que son comunes a todas las substancias psicoactivas, independientemente de los efectos específicos de
ciertas drogas. La relación entre aventurerismo y uso de substancias aumenta con el aumento en el riesgo percibido que se
asocie al uso de substancias, independientemente de efectos de drogas específicas. Jaffe y Archer () examinaron las
relaciones entre rasgos medidos por el MMPI y la búsqueda de sensaciones, encontrando que este último rasgo fue el más
fuertemente relacionado con uso de substancias, en estudiantes universitarios menores de 21 años. En otro estudio,
Newcomb y McGee, en 1991 condujeron un corto estudio longitudinal, durante el período de cinco años que va desde la
adolescencia tardía a la adultez jóven. Encontraron que la búsqueda de sensaciones se asociaba tanto con uso de drogas
legales como ilícitas. Es interesante que esta relación era mayor entre las mujeres que entre los hombres (). Esto es
consistente con la hipótesis de Zuckerman, de que la relación entre búsqueda de sensaciones y uso de substancias
aumenta en la medida que la percepción del riesgo asociado con el consumo también lo hace. Este autor sugiere que esta
es mayor para las mujeres que para los hombres en nuestra sociedad, lo que reforzaría la relación entre un rasgo general
de búsqueda de sensaciones y uso de substancias entre las mujeres. En un estudio previo, Newcomb y McGee ()
examinaron la relación estructural entre las variables latentes de búsqueda de sensaciones y uso de alcohol entre
estudiantes de secundaria entre grados 10 a 12. También encontraron una relación positiva significativa entre la búsqueda
de sensaciones y uso de alcohol entre las mujeres, pero no entre los hombres. Ellos creen que sus hallazgos son
consistentes con la hipótesis de Zuckerman de que las mujeres perciben mayor riesgo asociado con el consumo de
alcohol , en contraste con sus contrapartes masculinas, manifestando así una mayor correlación entre un rasgo general de
búsqueda de sensaciones y uso de alcohol para las mujeres de esa muestra. Los estudios realizados fuera de los Estados
Unidos han obtenido similares resultados. Por ejemplo, estudios longitudinales en Israel (, ) y en Noruega (), así como
estudios de corte transversal en Canadá (), han demostrado claras relaciones entre búsqueda de sensaciones y uso de
substancias, encontrando cada uno de ellos que la búsqueda de sensaciones es el rasgo de personalidad primariamente
correlacionado con el abuso de substancias entre adolescentes. De acuerdo a Zuckerman, la búsqueda de sensaciones
puede ser satisfecha por diversas actividades. La conducta antisocial o dañina puede ser substituida por conductas
prosociales que satisfacen las mismas necesidades en gente que tiene este rasgo de personalidad. Aquellos programas de
intervención en adolescentes con puntajes elevados en aventurerismo o búsqueda de ensaciones, debieran, por lo tanto,
incluir actividades no rutinarias y desafíos que requieran la participación y compromiso del adolescente.
3. Angustia. Diversos estudios han ligado la angustia con el uso de sustancias. Este lazo es particularmente importante

entre los adolescentes porque las experiencias subjetivas de ansiedad se hacen más intensas durante este período
evolutivo (,).

En una muestra representativa de más de 16.000 alumnos de último año de secundaria, el 11% de los

usuarios experimentales (una a dos veces en el curso de la vida), el 21% de los usuarios ocasionales (3 a 9 ocasiones), el
45% de los usuarios frecuentes (10 o más ocasiones) y el 57% de los usuarios diarios de alcohol indicaron que lo hacían
para “relajarse y disminuir la tensión” (). En el mismo estudio, el 7% de los usuarios experimentales, el 19% de los
usuarios ocasionales, el 53% de los usuarios frecuentes y el 72% de los usuarios cotidianos indicaron que utilizaban
marihuana por la misma razón: "relajarse y aliviar la tensión." Se debe notar, sin embargo, que los participantes podían
dar múltiples razones para usar diversas drogas. La presentación en porcentajes, por lo tanto, puede ser engañosa. Como
comparación, la razón más habitualmente dada por los usuarios experimentales y ocasionales era "experimentar, ver como
es " En contraste, los usuarios frecuentes y diarios generalmente informaban "sentirse bien, volar por lo alto " como la
razón más común para usar, seguido por “relajarse y aliviar la tensión”, como la segunda razón más común para el uso.
En un estudio que comprendió 662 estudiantes de secundaria, Gutierrez, Molof, y Ungerleider () compararon las razones
dadas para uso por los usuarios frecuentes e infrecuentes. Los infrecuentes consideraban su uso como experimental. Los
frecuentes decían que lo hacían para relajarse y eludir sus problemas. Un estudio que examinó la relación entre angustia y
uso de sustancias entre adolescentes encontró que los niveles más altos de depresión y angustia se correlacionaban con
actitudes positivas entre drogas y el deseo de consumir drogas.
La "hipótesis de la automedicación" de Khantzian y la "hipótesis de la reducción de tensión” de Conger, afirman que el
uso de sustancias psicoactivas en algunos usuarios se dirige a disminuir la tensión y la ansiedad. Esto es, quienes tienden
a ser ansiosos usarán drogas para liberarse de las tensiones y la ansiedad (). Los programas preventivos para adolescentes
muy ansiosos deberían ser significativamente diferentes de aquellos propuestos para los adolescentes elevados en
búsqueda de sensaciones. Específicamente, la intervenciones para los casos elevados en ansiedad debiera enfocarse en
formas de ayuda emocional que aumenten su insight (), mientras que aquellos para buscadores de sensaciones, como
antes se dijo, debieran proporcionar experiencias alternativas que satisfagan esa necesidad.
4. Autoconcepto. El concepto de sí mismo se refiere a las percepciones individuales de atributos personales, así como a
las descripciones de los roles que se desempeñan (). Para Rosenberg, contiene

una idea general o una adecuada

comprensión de uno mismo (). Su disminución se asocia a un mayor consumo de substancias entre los adolescentes.
Towberman y McDonald () examinaron en un corte transversal los autoconceptos de 1.050 adolescentes de séptimo y
octavo básicos. Encontraron que el concepto de sí mismo se correlacionaba significativamente con la experimentación y
frecuencia de abuso de substancias. La teoría de la consistencia amalgama la importancia del auto-concepto mismo y su
pertinencia al consumo de drogas. De acuerdo a esta teoría, los adolescentes se involucran en conductas que son
consistentes con su autoconcepto y evitan aquellas que no son congruentes con éste. Chassin, Tetzloff, y Hershey()
estudiaron adolescentes varones, encontrando apoyo para los elementos básicos de esta teoría. Específicamente,
encontraron que los varones con una auto-imágen que incluía la aceptación del alcohol y abuso de otras substancias
tenían niveles significativamente superiores de consumo. Como vimos antes, el establecimiento de un sentido de sí
mismo y de la propia identidad es una tarea evolutiva crítica en la adolescencia. Los adolescentes a menudo usan drogas
como parte del proceso de buscar respuestas a las preguntas sobre su rol y su identidad en el mundo adulto Kinnier,
Metha, Okey, y Keim () estudiaron a 161 adolescentes de una escuela secundaria urbana y dos centro psiquiátricos,
encontrando que la depresión, el deterioro de un sentido de la vida, y la disminución de la autoestima se correlacionaban
significativamente con un mayor uso de substancias. Como se mencionó previamente, estos hallazgos pueden ser

explicados por la afirmación que los adolescentes a menudo usan las drogas como parte de un proceso de búsqueda de
respuestas a las preguntas acerca de su rol y su identidad en el mundo adulto: usan substancias para intensificar su
necesidad evolutiva de establecer un auto-concepto estable. Los programas de prevención para los adolescentes con
sentido del self dismininuido o insuficientemente desarrollado debieran tomar en cuenta estos temas a través de un foco
en disminuir su imágen negativa y promover la confianza en la propia efectividad.
CORRELATOS SOCIODEMOGRÁFICOS COMO FACTORES DE RIESGO.

Existen varias variables

demográficas que se correlacionan consistentemente con el uso de sustancias. Entre ellas están el nivel socio
económico, el género y la edad.
Nivel socio-económico. Las desventajas socio-económicas se correlacionan consistentemente con mayor frecuencia y
prevalencia de uso de substancias (). El estatus socioeconómico parece moderar los efecto psicosociales de las substancias
así como la eficacia de los programas de prevención e intervención. Específicamente, el bajo nivel socio-económico se
asocia con mayor consumo en los adolescentes así como con efectos más débiles de una variedad de intervenciones y
programas basados en la comunidad escolar ().
2. Género. Van Hasselt y sus colegas () compararon mujeres y varones que abusaban drogas. Encontraron que las
adolescentes mujeres eran menos sumisas y mas agresivas que sus pares del mismo sexo no abusadoras. En nuestro
estudio, como lo muestra la tabla 7.19, las dos sustancias utilizadas más frecuentemente son el alcohol y cigarrillo,
mostrando ambas una escasa diferencia por sexo. El consumo muy frecuente de alcohol, sin embargo, es mayor entre los
varones (10.5%) que entre las damas (8.5%). En el caso de la cocaína, hay un mayor consumo masculino (2.5%) que
femenino (0.8%), tendencia que se invierte en el caso de otras drogas, donde las mujeres consumen más (4.1%) que los
hombres (3.1%), probablemente debido al mayor uso de tranquilizantes de tipo benzociacepinas por parte de ellas.
TABLA 7.19. FRECUENCIA (%) DE CONSUMO DE SUSTANCIAS QUÍMICAS SEGUN SEXO
SUSTANCIA

Nunca

Rara vez

C. Mensual

C. semanal

C. diario

Hombres

57,7

18,6

1,6

4,3

17,7

Mujeres

51,9

22,5

1,9

6,0

17,7

Total

54,6

20,7

1,8

5,2

17,7

Hombres

42,7

39,7

7,2

9,9

0,4

Mujeres

46,3

39,2

6,1

7,8

0,7

Total

44,6

39,5

6,6

8,8

0,6

Hombres

92,9

5,6

0,5

0,5

0,5

Mujeres

93,8

5,1

0,6

0,3

0,2

Total

93,4

5,3

0,5

0,4

0,3

Hombres

99,3

0,7

0

0

0

Mujeres

99,5

0,3

0

0

0,2

Total

99,4

0,5

0

0

0,1

CIGARRILLO

ALCOHOL

MARIHUANA

INHALANTES

ANFETAMINAS
Hombres

96,9

2,6

0,3

0,3

0

Mujeres

98,7

1,2

0

0,1

0

Total

97,8

1,8

0,1

0,2

0

Hombres

97,5

2,0

0,3

0,1

0,1

Mujeres

99,2

0,7

0

0

0,1

Total

98,5

1,3

0,1

0,1

0,1

Hombres

96,6

3,1

0

0

0,3

Mujeres

95,8

3,6

0,2

0,2

0,1

Total

96,2

3,4

0,1

0,1

0,2

COCAÍNA

OTRAS DROGAS

3. Edad . Los resultados de varios estudios identifican una progresión a través de varias substancias basada en la edad.
Inciardi y Pottieger ()

estudiaron un grupo de 254 adolescentes de edades entre 12 y 17 años, involucrados en la

distribución de una forma de cocaína (“crack”) en Miami. De acuerdo a los informes retrospectivos de los adolescentes, el
primer uso regular de alcohol se produjo a la edad de 9 (61.4% de la muestra), el primer uso regular de marihuana ocurrió
a la edad de 11 (100% de la muestra) y el primer uso regular de cocaína ocurrió a la edad de 12 (100% de la muestra).
Estos hallazgos apoyan la tendencia a una progresión evolutiva regular de uso de las diversas substancias de acuerdo a la
edad. Kandel y Davis () siguieron a 1.222 adultos jóvenes en tres cortes: uno en la adolescencia (a la edad de 15 a 16
años; en 1971), otro en la juventud (a las edades de 24 a 25; en 1980), y en etapa adulta (a las edades de 28 a 29; en
1984). Su informe se basa en aquellos participantes que han usado substancias por lo menos diez veces. En promedio
estos participantes informaron su uso inicial de alcohol a la edad de 12.8, de cigarrillos a la edad de 14.6, y de marihuana
a la edad de 16.8. Estos hallazgos sugieren un modelo de uso progresivo de drogas desde el alcohol, pasando por los
cigarrillos y llegando a la marihuana, según la edad. La edad de comienzo se relaciona con el uso de substancias: el
comienzo precoz se asocia con mayor uso de substancias, mayor prevalencia de alteraciones infantiles, mayores tasas de
alteraciones neurológicas, y mayores tasas de conductas neuróticas ().
CONCLUSIONES
El abuso de sustancias químicas depende de una gama amplia de factores, que puede sistematizarse dentro del marco
referencial ecológico y de múltiples niveles descrito en los capítulos iniciales. Hay claras diferencias individuales: no
todos los individuos responden igual a las drogas, ni el mismo individuo responde de la misma manera a lo largo de su
adolescencia ni después en el ciclo vital. El consumo de sustancias químicas aumenta progresivamente desde la preadolescencia hasta la juventud temprana, para después estabilizarse en la mayoría de las personas, con excepción de
aquellos que se transformarán en farmacodependientes, especialmente alcohólicos. El consumo temprano representa un
riesgo especial, dado el hecho de que se produce en momentos críticos para la maduración individual. El adolescente que
hace esta transición consumiendo alcohol y otras drogas en cantidades importantes, queda de algún modo entrenado para
seguir haciéndolo a lo largo de su vida. Por el contrario, mientras más tarde se comienza el consumo, es menos probable
que se produzcan fenómenos de dependencia posteriormente. La variedad y la cantidad de consumo parecen tener

también importancia, teniendo un peor pronóstico aquellos adolescentes que consumen múltiples sustancias

en

comparación a los que utilizan una sola. Los signos de dependencia propiamente tal, de acuerdo a las clasificaciónes
psiquiátricas (incapacidad de detenerse, apetencia por la droga, signos de privación, aparición de consecuencias negativas
sin que el sujeto decida detenerse, etc. ) no son excesivamente frecuentes en la adolescencia. Cuando surgen, la situación
es especialmente preocupante. La distinción básica en las clasificaciones actuales se hace entre las consecuencias nocivas,
tales como secuelas negativas para la salud, problemas de relación con familiares, amigos, novias, problemas legales o
financieros, situaciones de beligerancia o violencia tales como riñas callejeras, y la dependencia propiamente tal,
anteriormente definida.
En el caso de los adolescentes, existe consenso para pensar que cualquier tipo de consumo de sustancias legales, y
cualquier uso excesivo de sustancias legales es negativo. Esto independientemente del contexto, tipo de sustancias ,
grado de madurez personal y tipo de consecuencias. Solo el uso ocasional de alcohol o tabaco en cantidades bajas puede
ser visto como excepción de la afirmación anterior. El uso excesivo, aún de las sustancias legales, especialmente si se
llega a los límites de la embriaguez, debe ser considerado conducta de riesgo. Cuando surgen problemas de rendimiento
escolar, peleas en la casa o con amigos, detenciones o accidentes automovilísticos, o llegar embriagado a la casa después
de una fiesta, ya estamos hablando de consecuencias de la conducta de riesgo. De aqui, la definición de Donovan y Jessor
acerca de adolescente con problemas con el alcohol como aquel que ingiere alcohol en forma importante y regular, lo que
lleva a consecuencias negativas ().
Es importante volver a insistir en que el consumo excesivo de sustancias legales es tan negativo como el de las ilícitas. En
el hecho, el alcohol y el tabaco tienen mayor mortalidad, tanto en el corto como en el largo plazo, que todas las sustancias
ilegales juntas. Los adolescentes son, como dijimos antes, especialmente sensibles al mensaje contradictorio enviado por
los adultos, que están muy en contra del uso de marihuana o cocaína, pero que consumen frente a ellos cantidades
importantes de alcohol o tabaco. Esta paradoja es una de las explicaciones dadas acerca de la falla de los programas
preventivos en este tema.
Los datos epidemiológicos antes revisados muestran que el uso de sustancias licitas entre los jóvenes es elevado: más de
la mitad de los adolescentes chilenos consumen alcohol en forma regular, asi como muchos pre-adolescentes utilizan
cantidades crecientes de tabaco. El consumo femenino de cigarrillos ha estado creciéndo muy rápidamente, llegando a
superar al masculino en las últimas encuestas. Aquellos niños que habían consumido más alcohol o tabaco eran los
mismos que tendían a consumir sustancias ilícitas, corroborándose el planteo de Kandel, de que existe una secuencia preestablecida y clara que va desde el consumo de tabaco primero y alcohol luego, a la embriaguez por alcohol, pasando por
la marihuana, para llegar al uso de drogas mas toxicas como cocaína y anfetaminas. El uso de esta última sustancias se ha
presentado en forma cada vez mayor en nuestro país, en una epidemia que como muestra el grafico 7.1 va desde el norte
al sur de Chile.
En cuanto a otro aspectos de la cadena causal, es claro que algunos tipos de abuso de alcohol tienen un componente
genético, aunque la magnitud y mecanismos de este componente no esten aún dilucidados. No es facil en la práctica
separar los aspectos genéticos de los familiares en el sentido de una socialización con vision positiva del consumo por

parte de los padres. Para muchos, el componente psicológico y sociocultural determina el uso excesivo de sustancias,
mientras que el genético explica porque algúnas personas presentan una dependencia en el sentido farmacológico del
término y otras no. En ese sentido, es importante estudiar como elementos separados los factores causales del uso a los
del abuso de sustancias químicas. Nuestro estudio con McWhirter () ha explorado varios de los factores anteriores,
utilizando el esquema que se reproduce en el grafico 7.2
Grafico 7.2: Un Modelo Amplio de factores ligados al consumo de sustancias químicas entre adolescentes (modificado de
McWhirter y Florenzano, 1997).

El modelo que presentamos en ese grafico subraya algunos de los factores de riesgo que permiten predecir el uso de
drogas y la efectividad de diversas estrategias de tratamiento. Estos son la influencia de los pares, el ambiente familiar,
las destrezas sociales y las características de la personalidad.

CAPÍTULO VIII: SEXUALIDAD PRECOZ.

INTRODUCCION
Mientras un adolescente no tiene relaciones sexuales, no está en riesgo de tener consecuencias negativas para la salud. Al
revés, cuando se decide comenzar a tenerlas, aparece la posibilidad del embarazo temprano y de otras consecuencias. Una
vez que se embarazó, surge el dilema de tener o no el niño, y la amenaza del aborto provocado aparece en perspectiva.
Dado lo anterior, es la iniciación sexual más que la prevención del embarazo el punto focal de este capítulo. Este es un
tema socialmente controvertido: es claro que no existe un consenso amplio acerca de cual es la mejor manera de
intervenir para prevenir estas consecuencias. Una de las pólemicas es acerca del sexo prematrimonial y sus fundamentos
éticos: para muchos, la mejor prevención de las conductas de riesgo en este plano es la abstinencia sexual. Otros plantean
que la actividad sexual temprana es la conducta normativa en los adolescentes actuales, por lo que las intervenciones
debieran centrarse en promover una conducta responsable al respecto, dando la opción de acceso a maniobras
contraceptivas. Una segunda pólemica está focalizada en el tema del aborto. Para muchos, si una adolescente queda
embarazada, el embarazo debe mantenerse a toda costa, para evaluar después el destino del niño, sea la crianza por la
madre, sea la adopción. Para otros, debiera poder abortar a pedido, si eso es lo que prefiere. Si se aplica el pensamiento
habitual en salud pública al grafico 7.1, es a nuestro juicio evidente que siempre es preferible la prevención primaria, en
que se evita la conducta que puede a llevar a consecuencias negativas para la salud. Desde ese ángulo, será preferible la
promoción de la abstinencia a la prevención del embarazo precoz, y ésta a la prevención del aborto.
GRAFICO 8.1

SECUENCIAS DE CONDUCTAS SEXUALES DE RIESGO EN EL ADOLESCENTE, Y

PROGRAMAS PREVENTIVOS POSIBLES.

Nos centraremos en la evidencia empírica acerca de la frecuencia de estos problemas entre los adolescentes. Los datos al
respecto son muchas veces mostrados de un modo u otro, dependiendo del punto de vista que se quiera defender. Es claro
que nuestro conocimento acerca de la conducta sexual de los adolescentes es todavia escaso: la mayoría de las estadísticas
recopiladas son acerca de la fertilidad temprana.

CONSECUENCIAS
Las consecuencias de la actividad temprana son múltiples y negativas, especialmente entre adolescentes de bajos
recursos, cuyo destino queda de algúna manera marcado cuando se embarazan. Uno de los problemas metodológicos
permanentes en este respecto, ha sido el separar las consecuencias de la precocidad en la conducta sexual y en el
embarazo, de las determinantes dadas por el bajo nivel educacional y la pobreza, que de por si son otros determinantes
importantes del riesgo en esta situación. En este sentido, los estudios muestran que el riesgo en este plano tiene los
mismos factores determinantes que las otras conductas que hemos estado revisando en este libro.
En todo caso, ha sido posible determinar las consecuencias de la precocidad en si, que se resumen en la tabla 8.1,
modificada de Dryfoos (op. cit.). Es claro de su lectura que la conducta sexual temprana aumenta de diversos modos el
riesgo de consecuencias para la salud en la adolescente. Mientras más tempranamente la jóven comienza su vida sexual,
es más probable que sigan consecuencias negativas. Quienes se inician sexualmente en forma precoz tienen más
relaciones sexuales y más parejas que quienes comienzan su vida sexual posteriormente. Las consecuencias más nocivas
para la salud son las enfermedades de transmisión sexual, con sus efectos co-laterales tales como infertilidad, cancer
cervical, embarazos ectópicos e infecciones que se transmiten al recién nacido. Los estudios que muestran el presente
aumento de infecciones por clamidia y por herpes, enfermedades que pueden afectar tanto la futura mortalidad como al
niño por nacer, señalan que el riesgo del coito temprano es cada vez mayor. La consecuencia por supuesto mas seria
también hoy en día es el SIDA, complicación que ha estado en aumento en esta década () nivel mundial.
Las consecuencias más directas del embarazo temprano se ligan con la crianza de hijos. El nacimiento de un hijo impacta

tanto a la madre como al niño, primero, y luego al padre, sus familias y sus comunidades. Las madres de menos de 15
años son las que sufren de efectos más deletéreos para la salud, con mayor número de complicaciones obstétricas y mayor
mortalidad. Aún más, hasta los l8 años aumenta el riesgo de toxemia y anemia del embarazo, asi como de partos
complicados y prolongados. Los hijos están a su vez en mayor riesgo de prematuridad y de peso bajo al nacer.
En los años siguientes al nacimiento del hijo, las madres adolescentes sufren de desventajas serias: menores logros
educacionales, matrimonios menos estables con mayor tasa de separaciones posteriores, o, cuando no hay matrimonio,
riesgo de futuros nuevos embarazos no deseados, trabajos de menor calidad, menores ingresos, y muchas veces,
situaciones de desempleo crónico con dependencia absoluta de los sistemas de seguridad social. Esto es lo que Muzzo ha
estudiado detalladamente en Chile, denominando “circulo vicioso de la pobreza” (). Otro autor ha resumido el tema en
forma clara al afirmar que ”La niña que tiene un hijo ilegítimo a los 16 años ve escrito de una plumada el 90% del libreto
del resto de su vida” ().
En cuanto a las consecuencias negativas del aborto, existe mayor tendencia a presentar abortos espontáneos a
continuación, asi como a tener una tendencia a reacciones depresivas posteriores, a veces en el largo plazo. La decisión de
entregar el niño para adopción es otro tema complejo sobre el que recién últimamente se están desarrollando estudios
serios.
Tabla 8.1 CONSECUENCIAS DE LA CONDUCTA SEXUAL PRECOZ Y DE LOS EMBARAZOS TEMPRANOS
(Modificado de Dryfoos, 1990)
CONDUCTA

CONSECUENCIAS
Corto plazo

Largo plazo

RELACIONES SEXUALES

Enfermedades de transmisión

Infertilidad

TEMPRANAS

sexual

Embarazos ectopicos.

Enfermedad inflamatoria pelviana

Cancer cervical.\

Sexo frecuente con parejas
múltiples.

Infecciones del recién nacido.
SIDA
Mayor mortalidad.

Uso de drogas intravenosas por la

VIH positivo

adolescente o su pareja; conducta

SIDA
Mayor mortalidad.

bisexual
Problemas con uso de

Embarazo no deseado.

Efectos médicos de largo plazo

contraceptivos

Enfermedad inflamatoria pelviana.

bajo estudio.

Efectos colaterales del DIU
Efectos colaterales de las
hormonas.
EMBARAZO TEMPRANO

Crianza temprana de niños.

Complicaciones en la madre

Toxemia y anemias del embarazo;

Menor rendimiento académico;

Parto prolongado.

Más embarazos tempranos

Bajo los 15 anos, mayor

posteriores;

mortalidad.

Inestabilidad de pareja;
Menor capacidad de inserción
laboral;
Pobreza; mayor necesidad de
apoyo gubernamental.

Complicaciones en el niño

Prematuridad;

Menores logros educacionales;

Bajo peso al nacer.

Más problemas emocionales;
Mayor riesgo de llegar a ser padre
o madre adolescente;
Vida en pobreza.

Aborto

Posibles futuros abortos
espontáneos

Adopción

Efectos bajo estudio.

Tabla 8.2 TASA DE SIDA POR 100000 habitantes, segun UNDP, 1994
País

Tasa por 100000 habitantes

Bahamas

105,7

Barbados

29,4

TrinidadTobago

19,4

Guyana

14,9

Saint Lucia

14,6

Belize

6,8

Saint Vincent

5,2

Brazil

4,8

Panama

3,9

Surinam

3,9

Jamaica

3,8

Grenada

3,8

Costa Rica

3,7

Mexico

3,4

Uruguay

2,8

El Salvador

2

Argentina

1,8

Venezuela

1,5

Colombia

1,3

Chile

1,1

Guatemala

0,9

Ecuador

0,5

Cuba

0,5

Paraguay

0,4

Peru

0,3

Nicaragua

0,1

Bolivia

0,1

Los adolescentes representan una mínima cantidad de casos de SIDA (Tabla 8.2). Dependiendo de la evolución del
número total de casos de enfermedad, es posible que éste haya aumentado. Sin embargo, las estadísticas publicadas por la
OPS, que comunica Silber () muestran que esta enfermedad se concentra entre adolescentes mayores varones y los grupos
de niveles socioeconómicos bajos. Del total de 1.237 casos acumulados en las Américas hasta diciembre de 1990 en
adolescentes de 10 a 19 años, los países que tenían mayor prevalencia de SIDA adolescente fueron Estados Unidos (472),
Brasil (402), Mexico (166), República Dominicana (48), Honduras (43) y Haiti (41). Chile tenía en esa estadística solo 6
casos, o sea el medio por ciento (0.5%) de los casos existentes en todo el continente. En cuanto al modo de transmisión, la
mayoría de los casos se producía en situaciones en las que existía una combinación de uso de drogas y relaciones
sexuales. Sin embargo, entre adolescentes jóvenes predomina la vía sanguinea, producto de transfusiones de sangre y
hemoderivados.
PREVALENCIA DE CONDUCTAS DE RIESGO.
Los datos acerca de la edad de iniciación sexual y frecuencia de ésta se han recopilado sistemáticamente en algunos
países desde hace varias décadas, y más tardíamente en nuestro país. En el caso de los Estados Unidos, esta frecuencia
subió desde un 30% en el grupo de edad de 15 a 19 para las mujeres en 1970, a más del 50% en la década de los 80 (). En
el caso de los hombres, estos porcentajes son de sobre el 70%. Los datos anteriores se deben utilizarse sin embargo con
cuidado, ya que el antecedente de haber tenido relaciones sexuales algúna vez no colocan necesariamente a un
adolescente en riesgo. Con frecuencia se dan sobre-estimaciones al respecto: en nuestro estudio encuestando a
adolescentes escolarizados santiaguinos, encontramos que el 22.7% decían haber tenido relaciones sexuales. Sin embargo,
en muchos de los casos que aparecían como sexualmente activos un número importante (42.7%) sólo las habían tenido en
una oportunidad, un 26.3% adicional las tenían raramente (una a seis veces al año), y sólo un 19% de quienes se ya
habían iniciado sexualmente tenían relaciones frecuentes o muy frecuentes. Este porcentaje, si se aplica al total de
adolescentes, implica que sólo un 4.2% son sexualmente activos. Las cifras con respecto a la homosexualidad son
también bajas: el 1.6% de los hombres y el 0.2% de las mujeres reconocen haber tenido una experiencia homosexual. Las
relaciones heterosexuales se tienen generalmente por amor (14.3%), y en porcentajes menores por curiosidad (5.9%), por
entretención (5.3%), o por presión de la pareja (1.8%) o porque las amistades lo hacen. Estos datos se resumen en la tabla
8.3. La frecuencia de relaciones sexuales es menor a la informada en otros estudios: en comunicaciones previas de
nuestro grupo () señalamos como el método de tabla de vida permite evitar el sesgo de sobre-estimación de estas
conductas a partir de los casos que ya han tenido relaciones. TABLA 8.3. CONDUCTA SEXUAL EN ADOLESCENTES

ESCOLARIZADOS DE SANTIAGO DE CHILE, 1994
CARACTERÍSTICA
ANTECEDENTE

DE

SI

22.7%

NO

77.3%

Porcentaje de los que han tenido

Porcentaje del total de escolares

Nunca (excepto la primera vez)

42.7

11.2

Rara vez (1 a 6 veces al año)

26.3

6.9

Algúnas veces (6 a 12 veces al año)

12.0

3.1

Frecuentemente (2 a 4 veces al mes)

11.8

1.9

Muy frecuentemente (Más de una

7.2

2.3

RELACIONES SEXUALES

FRECUENCIA DE

LAS

RELACIONES

vez por semana)
NÚMERO DE PAREJAS

Mediana: 2

Frecuencia de experiencia homosexual entre hombres: 1,6%
Frecuencia de experiencia homosexual entre mujeres: 0,2%
MOTIVACION PARA TENER RELACIONES SEXUALES
Motivo

n

%

Amor

290

14.3

Curiosidad

121

5.9

Entretención

108

5.3

Presión de tu pareja

36

1.8

Porque tus amistades lo hacen

17

0.8

Por dinero

0

0

Los datos anteriores acerca de la frecuencia de iniciación sexual relativamente tardía en Chile, se ven corroborados por un
reciente informe de la Universidad de John Hopkins, que se resume en la tabla 8.4., mostrando las edades comparativas
de iniciación sexual en diversos países de la Región.

Puede verse alli que Chile es el país cuya edad mediana de

iniciación sexual, tanto para hombres como para mujeres, es más tardía.
Tabla 8.4. EXPERIENCIA SEXUAL PREMARITAL EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. Population Reports,
Universidad de John Hopkins, 1995 ().
País

MUJERES

VARONES

Porcentaje sexualmente

E

d

a

iniciado

promedio de
iniciación

d

Porcentaje sexualmente

E

d

a

iniciado

promedio de
iniciación

d

Edad 15-19

Edad 20-24

Edad 15-19

Edad 20-24

Jamaica

59

90

15.9

75

95

13.9

Haiti

23

64

NA

30

63

NA

República

15

25

16.0

47

87

15.3

El Salvador

16

32

16.4

NA

NA

NA

Costa Rica

22

40

16.5

42

76

15.3

Guatemala

12

36

16.7

65

87

14.8

Brasil

28

61

16.8

73

94

15.0

Ecuador

12

34

17.4

59

97

15.1

Mexico

13

39

17.0

44

86

15.7

Chile

19

57

17.9

48

86

16.0

Dominicana

En cuanto a la fertilidad adolescente. Munist y Cols. () han mostrado como la tendencia en todas las Américas ha sido a
la disminución de las tasas de fecundidad, tanto global como en el grupo de los 15 a los 19 años. Chile, específicamente,
está entre los países con tasas más bajas de la región, junto a Canada, Estados Unidos, Uruguay y Argentina, con una tasa
que es menos de la mitad de la que se tenía en 1950. El descenso de la fecundidad global ha sido mayor que la de los
adolescentes, sin embargo, lo que explica que la proporción de nacimientos adolescentes sea hoy mayor (13.6%) que en
esa década (10.5%). Entre los factores que influyen en estos descensos mencionan Munist y sus colegas el proceso de
urbanización, y el grado de escolaridad. Los países con tasas de fecundidad más bajas son los que tienen mayor
proporción de población urbana y allí se encuentran los países del Cono Sur. Otro factor relacionado con la fecundidad es
la escolaridad: a mayor escolaridad, menores tasas de fecundidad. Los estudios realizados en El Salvador, país con una
tasa alta , muestran que aquellas adolescentes con menos de tres años cursados tenían una tasa de fecundidad de 201;
aquellas con 4 a 6 años cursados, 151; de 7 a 9, 106, y más de 9, 40. Otros elementos a mencionar son la edad de
matrimonio, el nivel de pobreza y el acceso a servicios de salud. Tanto la escolaridad como la accesibilidad de servicios
se relaciona con los programas de educación sexual, cuya importancia es creciente, sobre todo en relación a la orientación
más integral o más centrada en aspectos técnicos que estos puedan tener. Coincidimos con la afirmación de Munist de que
“Los programas de educación sexual deben tener una amplia variedad de temas y problemas, adaptándose a la realidad
social de la región”. Con demasiada frecuencia, estos programas se han focalizado solo en la prevención del embarazo y
en la promoción de la actividad sexual “segura”. Un enfoque amplio debiera considerar las opciones con respecto al
sentido de la vida, y planificar el futuro.
La situación demográfica chilena, en resumen, muestra una de tendencia al descenso del tamaño de la población: la tasa
de natalidad infantil (nacidos vivos por 1000) bajó en Chile, de 29 a 22 entre 1970 y 1993, en comparación con un
descenso de 36 a 26 para el total de América Latina, y de 17 a 16 de los Estados Unidos. La tasa global de fertilidad para
Chile era de 4.0 en 1970, descendiendo a 2.0 en 1993, y con una estimación de 1.7 para el año 2000. Los porcentajes
comparables para América Latina fueron de 5.1, 3.2 y 2.7, y para los EEUU de 2.2, 2.1 y 2.1 El porcentaje de nacimientos
de hijos de mujeres de menos de 20 años, de acuerdo a las estadísticas para Chile es de 11%, en comparación a un 15% en

Uruguay, un 14% en Argentina, un 12% en Perú, y un 13% en los EEUU. Es interesante señalar que el crecimiento
demográfico proyectado de Chile para el año 2000 es uno de los menores de la región, de 1.6, junto a Uruguay, cuya
proyección para ese año es de 2.2 y de Argentina, con un crecimiento proyectado es de 2.5, segun estadísticas del Banco
Mundial ().
TABLA 8.5 ANTECEDENTES DE haber tenido relaciones sexuales POR CURSO, ADOLESCENTES ESCOLARES
ADOLESCENTES EN SANTIAGO, 1991, EXPRESADOS EN PORCENTAJES (n=1904)
CURSO

HOMBRES

MUJERES

7o Básico

16.9

1.5

8o Básico

20.0

10.9

1o Medio

36.9

8.0

2o Medio

48.6

23.9

3o Medio

65.0

23.8

4o Medio

53.4

20.2

La conducta anticonceptiva, que se resume en la tabla 8.6., muestra como entre los adolescentes sexualmente activos, el
porcentaje de usuarios de contracepción es bajo: el 29.9% utiliza algún metodo a menudo o siempre. Esto se puede ligar
al hecho de que las relaciones se den en forma impulsiva o poco planificada.
TABLA 8.6: USO DE ANTICONCEPTIVOS, ADOLESCENTES ESCOLARIZADOS DE SANTIAGO DE CHILE,
1994
CARACTERÍSTICA

Porcentaje del total de adolescentes

Porcentaje de los que han tenido

encuestados

relaciones sexuales

Siempre

6.6

24,0

A menudo

1.9

6.9

Rara vez

3.1

11.4

Nunca

15.9

57.7

FRECUENCIA DE USO DE
ALGÚN METODO

RAZONES PARA NO USAR ANTICONCEPTIVOS
RAZÓN

n

%

Relaciones inesperadas

134

6.6

No piensa que pueda quedar

70

3.4

Razones de salud

17

0.8

Oposición de la pareja

21

1.0

Piensan en efectos negativos

17

0.8

Problema de la pareja

19

1.0

No sabe como obtener

10

0.5

13

0.6

anticonceptivo
Ve r g u e n z a d e c o n s e g u i r
anticonceptivos

Quieren un embarazo

9

0.5

Falta de fondos para comprar

8

0.4

ANTECEDENTES DE RELACIONES SEXUALES PRECOCES.
La conducta sexual temprana está ligada a una serie de factores, personales, familiares y comunitarios, que no son tan
diversos de los que hemos visto en relación a farmacodependencias. La edad de comienzo de la actividad es
especialmente importante: a mayor precocidad de la iniciación, mayor número de consecuencias. El desinterés por un
futuro ligado a los estudios, y la presión de los pares, asi como la religiosidad, vuelven aquí a aparecer, asi como la baja
autoestima y la tendencia a la impulsividad. Las familias uniparentales, de bajos ingresos y nivel educacional de los
padres, con tendencia a la permisividad, así como vecindarios pobres con altos desempleos, también crean situaciones de
vulnerabilidad al respecto.
TABLA 8.7 ANTECEDENTES DE RELACIONES SEXUALES PRECOCES Y DE EMBARAZOS TEMPRANOS.
(Modificado de Dryfoos)
ANTECEDENTE

Relación Sexual Precoz

Embarazo temprano

Edad

Pre-adolescencia

Pre-adolescencia

Sexo

Masculino

Expectativas educacionales

Bajas

Bajas

Expectativas hacia futuro

Escasas

Escasas

Rendimiento académico

Bajo

Bajo

Conducta escolar

Inadecuada

Inadecuada

Religiosidad

Poca

Poca

Influencia de los pares

Depende de actitud de los pares

Depende de actitud de los pares

Otras conductas de riesgo

Uso de sustancias

Uso de sustancias

Conductas delincuentes

Conductas delincuentes.

Autoestima

Baja

Baja

Impulsividad

Alta

Alta

Composición familiar

Uniparental

Uniparental

Nivel de ingresos

Extrema pobreza

Extrema pobreza

Educación de los padres

Baja

Baja

Relaciones en la familia

Poca comunicación y union

Baja supervisión

Actitud frente a conductas

Permisividad alta

Madre frecuentemente fue madre

Antecedentes Personales

Antecedentes familiares

adolescente
Factores Comunitarios
Características del vecindario

Nivel elevado de pobreza

Nivel elevado de pobreza

Hermanos

Familias extensas

Hermanas mayores son madres
adolescentes

Situación de empleo

Desempleo elevado

Desempleo elevado

Relacion con otras conductas de riesgo
La relación con la presencia de otras conductas de riesgo ha sido documentada por el estudio de CONACE antes citado.
Este mostró que hay una correlación entre la edad de inicio de relaciones sexuales y el porcentaje de consumo de
sustancias químicas. Entre los adolescentes que se iniciaron sexualmente antes de los 12 años, el porcentaje de usuarios
de marihuana es de 10.6%, en comparación al 1.7% de los que lo hicieron después de los 19. Porcentajes semejantes se
dan para pasta base y cocaína, como lo muestra la tabla 8.7.
Tabla 8.8 CONSUMO EN EL ÚLTIMO ANO DE DROGAS SEGUN LA EDAD DE INICIO DE LAS RELACIONES
SEXUALES (Porcentajes)
Tipo de Droga

Menor de 12

12-18

19-25

Marihuana

10.6

7

1.7

Pasta Base

2.8

1.7

0.4

Cocaína

1.2

7.9

0.3

El elemento de impulsividad es también importante entre las características psicológicas de la adolescente embarazada.
La mitad de estos embarazos tienen lugar a los seis meses del inicio de las relaciones sexuales, y el 20% durante el primer
mes. Entre los motivos más frecuentemente mencionados por las adolescentes para explicar su conducta riesgosa figura
la convicción de que “eso no me va a pasar a mi”, lo inesperado del momento del coito, el temor a ser criticadas si usan
algún método anticonceptivo, el desconocimiento de éstos, y el temor a que los padres se enteren. Entre los factores
familiares, nuestros estudios han documentado como la tensión familiar esta estadísticamente asociada a mayor
frecuencia de relaciones sexuales entre los adolescentes. La tabla 8.9 muestra lo anterior, en una escala que resumió un
conjunto de factores que aumentaba la tensión dentro de la familia ().
Tabla 8.9 ESTRÉS FAMILIAR Y CONDUCTA SEXUAL EN ADOLESCENTES
PUNTAJE

Sin antecedente de relación

Con antecedente de relación

sexual

sexual

TOTAL

n

%

n

%

n

%

0

498

38.5

124

26.1

621

35.2

1

493

38.2

171

36.0

664

37.6

2

199

15.4

104

21.9

303

17.2

3

75

5.8

56

11.9

131

7.4

4+

28

2.1

19

4.1

47

2.7

(Coeficiente de correlación de Pearson: p<0.00001)
CONCLUSIONES

En resumen, el riesgo de las consecuencias negativas producto de la actividad sexual adolescente puede definirse en tres
momentos: la iniciación de la conducta sexual, el uso de medidas contraceptivas, y el nacimiento que sigue a un embarazo
no deseado. Para muchos, la conducta sexual prematrimonial se ha transformado en la conducta normativa en esta etapa
de la vida. Las estadísticas al respecto han tendido a sobre-estimar el número de adolescentes sexualmente activos: los
estudios más detallados muestran que muchos de los adolescentes no tienen una vida sexual frecuente, aunque hayan
tenido ya su primera relación sexual. Existe si, un subgrupo en mayor riesgo, que es el pierde la virginidad en relación a
incesto, abuso sexual o violación sea dentro o fuera de la familia.
Es claro que la actividad sexual temprana puede llevar a consecuencias muy negativas para la salud, no solo en términos
de embarazo, sino también en cuanto a mayor frecuencia de enfermedades de transmisión sexual y de mayor riesgo de
SIDA. Es por ello que la prevención primaria se centra aqui en el retraso del comienzo de las relaciones sexuales hasta
que el adolescente esté listo para responsabilizarse por las consecuencias de su conducta. Aún para aquellos que aceptan
el uso masivo de contraceptivos entre los adolescentes, es claro que quienes comienzan su vida sexual en la preadolescencia no son buenos para utilizar este tipo de mecanismos. La mayoría de los adolescentes de menos de 18 que
son ya sexualmente activos no usan ningun anti-conceptivo. Cuando lo hacen, tienden a hacerlo en forma poco eficiente,
esporádica o incorrecta. Son también claras las estadísticas acerca de las consecuencias negativas de los embarazos
tempranos. Las embarazadas adolescentes sufren muchas consecuencias negativas, tanto en el corto como en el largo
plazo. No solo ellas, sino sus familias y sus comunidades tienen que enfrentar el costo posterior del haber tenido un hijo
tempranamente.
Lo que hace diferente esta conducta de otras es el grado de tensión cultural existente acerca del sexo. La cantidad de
reacciones emocionales sobre la permisividad o restrictividad de la crianza de los hijos es menor si se plantea el tema de
las drogas o el de la delincuencia que en el caso de la conducta sexual. La mayoría de los padres concordará en que no es
conveniente que sus hijos consuman drogas, por lo menos ilegales. Asimismo, en que no es positivo que reaccionen
agresivamente en situaciones escolares o con sus amigos. Menos, que incurran en violencia francamente antisocial, que
sea clasificada como delincuencia. En el caso de la conducta sexual, sin embargo, la visión “progresista” ha llevado a
plantear que el derecho a la sexualidad forma parte inherente de la felicidad humana. Esto ha sido visto como un triunfo
de las tesis psicoanalíticas al respecto. Es claro para los que conocemos bien el desarrollo del psicoanálisis que esto no es
así. Ver a Freud como un pansexualista es no conocerlo, y en el hecho la visión psicoanalítica del desarrollo de la
sexualidad adolescente, sea en sus etapas freudianas clásicas, o en la visión más actualizada propuesta por Blos, ve como
especialmente necesario, un desarrollo pautado, en etapas, y con un control cuidadoso de conductas tempranas o
impulsivas, sobre todo en los pre-adolescentes. El desarrollo del adolescente, para incluir una actividad sexual completa y
sin problemas, debe esperar a lo que Kernberg denomino la “capacidad de mantenerse enamorado” como un paso
necesario ().

CAPÍTULO IX: DELINCUENCIA Y CONDUCTAS VIOLENTAS.

INTRODUCCION
La mayoría de los niños en un momento u otro “se portan mal”, haciendo cosas que son destructivas para ellos mismos o
para quienes les rodean. Si estas conductas se repiten, y en especial a edades tempranas, pueden recibir el diagnóstico de
problemas conductuales. Si estas conductas llevan más adelante a problemas de tipo legal, algunos de éstos adolescentes
podrán pasar a ser denominados jóvenes delincuentes. Un porcentaje alto de los adolescentes estudiados por nosotros
tienen esta tendencia. Muchos de ellos pueden ser identificados bastante tempranamente en la vida. Los niños agresivos y
maldadosos en la educación básica pueden llegar a presentar conductas delincuentes cuando adolescentes o adultos. No
todos sin embargo, persisten en estas conductas: la mayoría posteriormente se socializa en forma adecuada.
Hoy hay bastante consenso acerca de los antecedentes de las conductas delincuentes. Aquellos niños que vienen de
familias que no les dan el necesario apoyo social y emocional que les permita resistir las presiones de grupos de iguales
negativos son los más vulnerables. Las familias con historias de criminalidad, enfermedad mental o alcoholismo,
producen niños que están en riesgo alto para presentar conductas delincuentes. El tema de la conducta de pares es aquí
muy central, llevando muchas veces a la formación de pandillas antisociales. La delincuencia sigue también muchas
veces al fracaso escolar, y se correlaciona altamente con falta de capacidades académicas y a pocas destrezas sociales.
PREVALENCIA
Los datos recolectados por la Fundación Paz Ciudadana a este respecto () muestran como los diferentes delitos cometidos
en Chile tienden a concentrarse entre personas jóvenes. La tabla 9.1 ilustra este punto, mostrando como las personas bajo
los 24 años de edad cometen el 48.1% de los homicidios, el 42.5% de las violaciones, el 77.8 de los robos con fuerza, el
53.3% de los hurtos, el 50.4% de los daños a la propiedad y el 52.2% de los delitos ligados a drogas. Asimismo, la tabla
9.2 ilustra como un número importante de estos delitos son ligados al estado civil, concentrando los solteros la mayor
frecuencia de ellos.
TABLA 9.1 FRECUENCIA DE CONDUCTAS CRIMINALES EN CHILE SEGUN EDAD. ESTADÍSTICAS
FUNDACION PAZ CIUDADANA, Anuario de Estadísticas Criminales, 1995.
Tipo de delito

10-19

20-29

30-39

40-49

50+

Homicidios

22

46.5

17.6

7.3

6.6

Violación

17.3

29.7

32.2

15.1

10.7

Robo con fuerza

25.6

52.1

14.5

4.6

1.7

Hurto

28.4

40.7

20.8

7.3

2.7

Daños a la

29

36

18.6

10.5

5.8

21.9

36.6

23.3

3.2

1.1

propiedad
Drogas

TABLA 9.2. PORCENTAJE DE DELITOS BAJO LOS 24 AÑOS DE EDAD. ESTADÍSTICAS FUNDACION PAZ
CIUDADANA, Anuario de Estadísticas Criminales, 1995
Tipo de delito

Solteros

Casados

Viudos

Homicidios

71,5

27,9

0,6

Violación

57,6

40,3

2,1

Robo con fuerza

77,5

21,4

0,3

Hurto

71,6

27,9

0,6

Daños a la propiedad

62,5

36,9

0,6

Drogas

72,6

26,8

0,6

Nuestro estudio en escolares de la Región Metropolitana mostró, asimismo, que un número significativo de adolescentes
informan realizar conductas vandálicas dentro del colegio, sea destruyendo cosas, peleando físicamente o robando, como
lo muestra la Tabla 9.3
TABLA 9.3: FRECUENCIA DE

CONDUCTAS VANDÁLICAS ENTRE ADOLESCENTES ESCOLARES DE

SANTIAGO DE CHILE, 1994, expresadas en porcentajes)
Conducta

Porcentaje entre los mismos

Porcentaje conductas entre amigos

adolescentes
DESTRUYEN COSAS EN EL

23.7

4.6

PELEAN FÍSICAMENTE

13.0

6.8

ROBAN

18.6

2.5

COLEGIO

ANTECEDENTES
Existe hoy abundante evidencia que identifica a variables familiares como antecedentes de conducta antisocial primero, y
delincuencia luego. Las familias de los niños antisociales se caracterizan por una disciplina dura pero poco consistente,
falta de compromiso parental positivo con el niño, y un pobre monitoreo y supervisión de sus actividades. Las dos
interpretaciones teóricas de estos hallazgos, revisadas por Patterson (), son las de la teoría del control, que ve a la
disciplina rígida y a la falta de supervisión como rupturas con el proceso de vinculación entre los padres y el hijo. La
carencia de apego lleva a una falla en las identificaciones con los padres y con los valores sociales en relación a la
conformidad, y deja al niño con pocos mecanismos de control internalizado. Por otra parte, la perspectiva socialinteraccional plantea que los miembros de la familia entrenan directamente al niño en realizar conductas de riesgo. Los
padres dejan de aplicar contingencias positivas, sea no reforzando las conductas prosociales, o no disuadiendo
efectivamente las conductas desviadas. Esto lleva a que el niño use cada vez más conductas coercitivas, que pasan a ser
funcionales. Asi es capaz de sobrevivir en un sistema familiar aversivo. En la medida en que esta situación se mantiene,
tanto el niño como otros miembros de la familia aumentan en la intensidad de sus conductas coercitivas, llegando a
conductas extremas tales como golpeo o maltrato físico. El niño gradualmente aprende a controlar a los otros miembros
de la familia a través de medios coercitivos. Este entrenamiento en conductas desviadas va en paralelo con una falta de
entrenamiento en conductas prosociales. El mismo Patterson, en una serie de estudios con modelaje de ecuaciones

estructurales, ha encontrado que estas prácticas de crianza inadecuada se relacionan causalmente con la conducta
antisocial del adolescente. En cuatro muestras diferentes, las prácticas parentales y la interaccion familiar explicaron el 30
a 40% de la varianza de la conducta antisocial en general. Al reves, Forgatch () mostró que los cambios en los métodos
de disciplina y monitoreo parentales se vieron acompañados por reducciones significativas en la conducta antisocial del
niño.
Un segundo elemento a tomar en cuenta es la respuesta del medio social externo a la familia cuando estas conductas
aparecen. Hay al parecer dos situaciones repetidas: el rechazo por el grupo de pares, y los bajos rendimientos académicos.
La asociación entre conducta social y el rechazo por los compañeros normales está bien documentado en la literatura.
Estos niños tienden a ser más rechazados, se les hace más difícil ser aceptados en los grupos habituales de la escuela, les
cuesta más percibir las normas de estos grupos, responden en forma inadecuada a las provocaciones, y no interpretan bien
las interacciones prosociales. Su rendimiento escolar es más bajo, y tienen más dificultades para concentrarse en la sala
de clases, en contestar preguntas en público, en hacer bien sus tareas para la casa, etc. Lo anterior lleva a que típicamente
en UN siguiente paso estos niños se incorporen a grupos de pares que comparten normas socialmente desviadas. Estos
grupos no convencionales proveen a los adolescentes con actitudes, motivaciones y racionalizaciones que apoyan la
conducta antisocial, asi como con oportunidades para involucrarse en actos antisociales específicos. El camino entonces,
desde los procesos familiares alterados hasta la participación en grupos de pares desviados, se puede resumir, de acuerdo
a Patterson, en el grafico 9.1.
GRAFICO 9.1. UNA SECUENCIA EVOLUTIVA PARA LA CONDUCTA ANTISOCIAL (Segun Patterson).

Entre las implicancias de esta perspectiva evolutiva, esta el riesgo diferencial entre el comienzo precoz y el tardío de las
carreras delincuentes. Estudios realizados en poblaciones de adolescentes detenidos muestra que el porcentaje de

recidivismo es mayor entre aquellos arrestados por primera vez tempranamente: Farrington encontró que los niños que
fueron arrestados por primera vez entre los 10 y los 12 años tuvieron dos veces más condenas que aquellos que fueron
detenidos posteriormente (). Por otra parte, es necesario destacar como solo la mitad de los niños antisociales llegan a ser
adolescentes delincuentes, y como entre la mitad y dos tercios de estos últimos se transforman en criminales en su vida
adulta: muchas de las conductas antisociales se extinguen a lo largo del desarrollo.
Entre las variables familiares que influyen en este patrón alterado, Patterson menciona la historia de conducta antisocial
entre otros miembros de la familia, variables demográficas que representan un nivel socio-económico desaventajado y
estresores familiares tales como el conflicto conyugal y el divorcio. Existe asimismo una tendencia intergeneracional: el
tener un padre antisocial claramente aumenta el riesgo del hijo, el cual se incrementa aún más si hay dos padres con esos
antecedentes. Cuando la concordancia se extiende a tres generaciones, el riesgo también crece: al parecer, los estilos
familiares de imponer disciplina tienen bastante que ver con esto: los padres de estos niños demuestran repetidamente
prácticas poco eficientes: los padres irritables tienden a imponer la disciplina en forma explosiva. A su vez, estos padres
tuvieron padres que ejercían la disciplina del mismo modo.
Existe claramente una diferencia en nivel socio-económico en relación a como se actua en este plano con los hijos. Los
padres de clase media, de acuerdo a los clásicos estudios de Hess, tienden a utilizar más el razonamiento y métodos
psicológicos para disciplinar a sus hijos, permitiéndoles mayor libertad de elección y de controlarse a sí mismos,
adoptando una posición más igualitaria, expresando más afecto positivo hacia los hijos, usando más verbalizaciones, y
apoyando el crecimiento en el plano cognitivo y académico. Los padres de grupos más bajos tienden a usar más el castigo
físico, a controlar cercanamente la conducta de sus hijos, a utilizar estilos autoritarios de dar órdenes, y a utilizar menos
estimulación verbal y cognitiva ().
Las situaciones que producen estrés familiar tales como desempleo, violencia familiar, conflicto conyugal y divorcio, se
asocian tanto con delincuencia como con problemas generales de ajuste infantil. Este efecto es mediado por las prácticas
de manejo familiar. En el caso del divorcio, por ejemplo, se ha visto que los problemas conductuales post-separación
muy frecuentemente se asocian con menor interés de los padres por los hijos, menores demostraciones de afecto, menor
tiempo compartido, y mayor facilidad para recurrir al castigo físico y demostrar impaciencia e irritabilidad.

CONSECUEÎCIAS DE LA CONDUCTA DELINCUENTE.
Existen varios estudios longitudinales que muestran las consecuencias en el largo plazo de los problemas de conducta
antisociales en el niño. Uno de los más importantes es el estudio realizado por Robins y su grupo en St. Louis (Missouri),
siguiendo por treinta años a niños que habían tenido conductas vandálicas en la sala de clases en 1936. Encontraron que
había una asociación clara entre presencia de vandalismo en la enseñanza básica con reaparición de éste y deserción
escolar durante la enseñanza media. Los niños con estos antecedentes tempranos también tenían muchas más
probabilidades de involucrarse en otras conductas antisociales, tales como uso de drogas o beber en exceso. Cuando
llegaban a ser adultos, muchos mantenían la tendencia a presentar conductas desviadas, tenían empleos más inestables y

ganaban menos que los controles, y presentaban muchos más síntomas emocionales (angustia y depresión) que estos. De
modo que se corroboró que la conducta desviada infantil temprana se asocia con criminalidad, violencia, problemas
matrimoniales y laborales en la vida adulta (). La tabla 9.5 resume estas consecuencias.
Tabla 9.5. CONSECUENCIAS DE LA CONDUCTA DELINCUENTE. (Modificado de Dryfoos, 1990).
Conducta

Consecuencias
Corto plazo

Largo plazo

D e s o rd e n e s c o n d u c t u a l e s :

Conducta antisocial;

Detenciones por delincuencia;

agresión, vandalismo en clase

Bajo rendimiento académico;

Fracaso escolar;

Problemas psiquiátricos;

Mala salud mental;

Beber excesivo;

Farmacodependencias;

Fumar tabaco;

Mala salud física;

Conductas delincuentes;

Bajo status ocupacional

Suspensión del colegio.

Mal ajuste matrimonial;
Niños alterados;
Violencia familiar

Delincuencia: ofensas penadas por

Abuso precoz de sustancias

Abuso de drogas;

la ley.

químicas;

Criminalidad adulta;

Violencia;

Prisión;

Deserción escolar;

Inestabilidad conyugal;

Problemas legales;

Hijos fuera del matrimonio;

Arrestos

Desempleo;
Bajo nivel de ingresos;
Dependencia de sistemas públicos.

TABLA 9.6 ANTECEDENTES DE CONDUCTAS DELINCUENTES (Modificado de Dryfoos, 1990)
ANTECEDENTE

ASOCIACION CON DELINCUENCIA

Demográficos
Edad

Iniciación temprana

Sexo

Masculino

Personales
Conducta en general

Vandalismo, robos precoces, mentira facil

Rendimiento académico

Malas notas desde primaria, poca facilidad verbal

Expectativas educacionales

Bajas, poco interés por la escuela.

Religiosidad

Poca asistencia a oficios religiosos.

Conformidad

Falta de conformidad, rebeldía, independencia.

Factores psicológicos

Hiperactividad, angustia, conducta agresiva.

Defectos congenitos

Discapacidades de nacimiento.

Otras conductas de riesgo

Uso temprano e importante de sustancias químicas.
Sexo precoz.

Familia
Nivel de ingresos

Bajo: extrema pobreza.

Rol de los padres

Falta de vinculación, actitud represiva, abuso físico,
poca comunicación.

Antecedentes familiares de conductas de riesgo

Historia familiar de criminalidad, violencia,
enfermedades mentales, alcoholismo.

Comunidad
Calidad del vecindario

Urbano, alta movilidad, alta criminalidad.

Calidad de las escuelas

Control represivo, administración inefectiva.

Las diversas conductas de riesgo se encuentran también entre los antecedentes de este tipo de conducta. La tabla 9.7
señala la relación entre consumo y agresividad en el estudio antes citado de Paz Ciudadana: en la medida que se aumenta
el número de respuestas positivas acerca de agresión, aumenta el consumo de sustancias químicas. En nuestro estudio
encontramos también una interelación entre el tipo de familia, la realización de conductas vandálicas de los amigos, y la
aparición de estas conductas entre los mismos adolescentes, llegándose al porcentaje más elevado de consumo entre los
adolescentes provenientes de familias extremas y cuyos pares y amigos incurren en conductas vandálicas, donde un
27.5% de los adolescentes consumen droga.
Tabla 9.7 Relación entre consumo de sustancias y conducta agresiva. Porcentaje de consumo en personas que han tenido
una o cinco respuestas postivas en las preguntas sobre agresividad.
Porcentaje

Una

Dos

Tres

Cuatro

Cinco

Alcohol

75.3

79.9

84.8

86.8

90.9

Marihuana

13.8

17.9

23.5

27

40.6

Pasta base

3.9

5.1

4.6

10.5

16.2

Cocaína

2.1

3.1

4.6

6.9

12.3

consumo

TABLA 9.8. COMPARACION CONDUCTAS VANDÁLICAS PROPIAS ENTRE ADOLESCENTES, SEGUN LA
PERCEPCION QUE ESTOS TENGAN DE SUS FAMILIAS, SEGUN CONDUCTAS VANDÁLICAS DE PARES Y/O
AMIGOS (Adolescentes escolares de Santiago de Chile, 1994, expresadas en porcentajes)
VANDALISMO ENTRE PARES Y AMIGOS

Significación
Estadística

Consumo por el adolescente

Ninguno

Pares o amigos

Pares y amigos

Familias extremas

2.3

7.9

27.1

p< 0.00001

Familias intermedias

2.9

5.3

21.5

p< 0.000001

Familias balanceadas

2.6

2.6

9.3

n.s.

VIOLENCIA FAMILIAR
“La violencia ha formado parte de la vida de las familias desde los comienzos de la historia. En la Biblia la historia de la
creación y de los primeros hombres encontramos el primer asesinato entre hermanos. De acuerdo al relato bíblico, el
Señor no aceptó la ofrenda de Cain pero si la que le hizo el hermano menor de este, Abel. Cain reaccióno airado, y se
“levantó en contra de su hermano y lo acuchilló”. Los temas evidentes en este relato, de rivalidad fraternal, necesidad de
aprobación, y resentimiento por falta de aprecio por la propia ofrenda son todos muy actuales entre los precipitantes
emocionales de la agresión. Una historia similar es la que encontramos en el mito de la fundación de Roma por los
gemelos alimentados con leche de loba, Rómulo y Remo. Después de que habían acordado el lugar para la ciudad que
iban a gobernar, al parecer Remo ridiculizó la fuerza y autoridad de Rómulo, por lo cual este se tornó en contra de su
hermano, y lo mató. El mito griego clásico de Edipo nos habla de parricidio, filicidio, fratricidio y suicidios múltiples en
tres generaciones de la misma familia. Estos estados emocionales continuan siendo potentes motivaciones de la violencia
intrafamiliar tal como la conocemos hoy dia. Agripina, la madre de Nerón, envenenó a su segundo esposo, el emperador
Claudio, para asegurar que su hijo accedería al trono. Mas tarde Nerón hizo asesinar a la propia Agripina, a su primera
mujer, Octavia, con el objeto de casarse con Popea. Posteriormente, el mismo mató a Popea, embarazada, golpeándola
en el abdómen. Temeroso de quienes desafiaban su poderio, mató a Británico, el hijo de Claudio. Cesar Borgia organizó
el asesinato de su hermanastro, a quien consideraba un rival político peligroso. El rey Enrique VIII de Inglaterra hizo
decapitar a dos de sus mujeres. Todo lo anterior muestra cuan frecuente en la historia es la violencia intrafamiliar, la
cual parece formar parte de la condición humana. Los padres matan a sus hijos, los hijos matan a sus padres, los esposos
se asesinan entre si, los hijos se matan entre si, amantes y parientes son víctimas frecuentes de tragedias familiares.
Brandt Steele “Violence within the Family” ()
Las familias han sido desde antiguo, como acabamos de leer, sindicadas como responsables del origen de conductas
violentas. Solo últimamente se ha podido documentar ampliamente cuan frecuente es que los miembros de la familia sean
víctimas de esta violencia. Las estimaciones aún más conservadoras de la incidencia de maltrato infantil, maltrato de la
pareja, y abuso sexual intrafamiliar son alarmantes. Estadísticas del FBI norteaméricano muestran que alrededor del 20%
de los asesinatos son cometidos por familiares, y alrededor de un tercio de las mujeres que mueren por homicidio son
víctimas de sus maridos o novios.
El estudio más completo realizado hasta hoy en nuestro medio acerca de la violencia intrafamiliar ha sido el de Soledad
Larraín y Cols. (), quienes realizaron una encuesta a una muestra representativa de mujeres de la Región Metropolitana de
Santiago de Chile, encontrando un porcentaje del 10.7% de violencia física grave en contra de la mujer, con un 15.2%
adicional de “violencia física menos grave”. La violencia grave correspondia a “patear o morder, golpear con un objeto,
forzar a tener relaciones sexuales, quemar , y amenazar o agredir con un arma”. La menos grave correspondia a “tirar
objetos, empujar o zamarrear, pegar cachetadas o puñetes”. Desgraciadamente este estudio se concentró en mujeres de 22
a 55 años, por lo que no es dable estimar la violencia en relación a adolescentes en forma directa. Sin embargo, estudiaron
también la frecuencia de la violencia hacia los hijos, encontrando que ésta es mayor desde el padre que desde la madre.
La tabla 9.9 muestra las cifras correspondientes al estudio de Larraín.

TABLA 9.9 FRECUENCIA DE MALTRATO DEL PADRE Y DE LA MADRE HACIA EL NIÑO CUANDO ESTE
PRESENTABA PROBLEMAS DISCIPLINARIOS (Larraín, 1994).
CONDUCTA FRECUENTE

DEL PADRE

DE LA MADRE

Tirarle algún objeto

1.7

0.4

Empujarlo o zamarrearlo

2.9

2.2

Pegarle una cachetada

3.0

3.9

Golpearlo con algún objeto

1.8

1.2

Darle una golpiza

2.8

0.4

Quemarlo

0.4

0

Amenazarlo con un arma

0.4

0

Usar un arma para agredirlo

0.4

0

TOTAL
12.4
7.7
Las cifras de Larraín coinciden con las encontradas en nuestro estudio (EPSAS-2), antes aludido, como muestran las
tablas 9.10 y 9.11. El porcentaje total de maltrato reconocido por los niños llegó a 13.8%, con un porcentaje
comparativamente pequeño (11%) de maltrato frecuente. El abuso sexual también llegó a porcentajes de importancia
(7.4%), con una mayor frecuencia de maltrato hacia el sexo femenino, como lo muestra la tabla 9.12.
TABLA 9.10. ANTECEDENTES DE MALTRATO FÍSICO ENTRE ADOLESCENTES ESCOLARIZADOS DE
SANTIAGO DE CHILE, 1994.
FRECUENCIA DE MALTRATO
SI

275

13.8%

NO

1722

86.2%

EDAD DEL PRIMER MALTRATO

PROMEDIO

MEDIANA

10,3 +/- 3,9

10 años

Una sola vez

103

36.1%

Rara vez

150

52.5%

A menudo

31

11.0%

Permanentemente

1

0.4%

Con nadie

140

44.9%

Con alguien de la familia

87

27.8%

Con una amiga

44

14.2%

Con mi pololo

15

4.7%

Con religioso, profesor o médico

7

2.4%

Con otro adulto

19

6.0%

FRECUENCIA DEL MALTRATO

CON QUIEN CONVERSO EL
HECHO

TABLA 9.11 ABUSO SEXUAL ENTRE ADOLESCENTES ESCOLARIZADOS DE SANTIAGO DE CHILE, 1994.
FRECUENCIA DE MALTRATO

SI

143

7.4%

NO

1802

92.6%

FRECUENCIA DEL MALTRATO

PROMEDIO

MEDIANA

Edad primer maltrato

10,3 +/- 3,4

10

Una sola vez

118

80,5%

Rara vez

18

12,1%

A menudo

7

5.1%

Permanentemente

3

2.2%

Con nadie

98

4,8%

Con una amiga

32

1,6%

Con mi pololo

14

0,7%

Con religioso, profesor o médico

4

0,2%

Con otro adulto

53

2,6%

CON QUIEN CONVERSO EL
HECHO

Tabla 9.12 FRECUENCIA DE MALTRATO SEXUAL POR SEXO ENTRE ADOLESCENTES ESCOLARIZADOS DE
SANTIAGO DE CHILE, 1994.

Si
No
TOTAL

Hombres

Mujeres

Total

21

122

143

2,4 %

11,6

7,4

870

932

1802

97,6

88,4

92,6

891

1054

1945

45,8

54,2

100

X2= 67,8
p = 0,000001
ANTECEDENTES DEL MALTRATO INTRAFAMILIAR
Entre los factores antecedentes del maltrato en la investigación de Larraín antes citada, el uso de alcohol, preferentemente por
el hombre, es uno de los factores antecedentes más frecuentes, encontrándoselo en el 23.2% de los casos de violencia, seguido
por el desempleo masculino (18%), el embarazo de la mujer (17.9%), y el consumo de drogas (1.7%). Otras variables
antecedentes en ese estudio fueron:
Los ingresos: a menores ingresos, más violencia.
El nivel educacional: a menor educación, más violencia.
La situación de empleo de la mujer: las mujeres que trabajan son sometidas a menos violencia.
El número de hijos: a más hijos, más violencia.
También tiene importancia el contexto familiar: cuando la mujer viene de un hogar donde la madre, y especialmente el

padre fueron violentos con ella, hay más violencia. Asimismo, los varones golpeadores provienen de hogares donde
también ellos fueron golpeados cuando niños. O sea, hay un circulo vicioso de la violencia que se mantiene de familia en
familia.
LA DEFINICION DE VIOLENCIA Y AGRESION INTRAFAMILIARES.
Uno de los problemas centrales en este campo es el de las definiciones, las que son muy variables. Fernando Lolas, que
ha estudiado en Chile el tema de violencia (), señala la conveniencia de separar los términos agresividad y violencia. La
primera involucra “una conducta con la intención de dañar, mientras que la segunda conlleva el uso extemporáneo o
inadecuado de fuerza o poder”. La variedad de uso de estos términos, lleva a que exista también una tremenda
variabilidad en las estimaciones de prevalencia, de relaciones con psicopatología individual, o de frecuencia de
consecuencias negativas de la violencia. Las diversas definiciones se han basado en diversos factores, tales como la
naturaleza del acto violento mismo (su forma, intensidad, frecuencia: el tipo de impacto psicológico o físico en la víctima;
las intenciones del víctimario; las influencias ambientales modificantes, y los estándares comunitarios sobre lo que es
permisible y lo que no lo es en un lugar y momento dados). Una definición operativa, para que sea útil, debe incluir solo
alguno de los factores anteriores. A modo de ejemplo, citamos la definición que da Lystad ():
“Violencia se refiere al uso directo de la agresión física en contra de otros miembros del hogar, en contra de la voluntad
de estos, que sea negativa para su desarrollo potencial. Esto incluye conductas tales como homicidio, golpizas y sexo
forzado.”
El desarrollo de relaciones familiares abusivas.
La mayor parte de la investigación acerca de la violencia intrafamiliar se ha centrado en los perpetradores, generalmente
los padres. Las primeras conceptualizaciones al respecto suponían que estas conductas tenían que ser producidas por
psicopatología seria, y los primeros estudios se focalizaron en esta hipótesis, pero llevaron a resultados negativos. No se
pudo identificar una “personalidad maltratadora”, sino que más bien se encontró que los factores centrales eran
situacionales: estrés familiar elevado, factores cognitivos tales como poca información acerca de crianza infantil, baja
tolerancia al llanto o a la mala conducta de los niños, y atribuciones erroneas acerca de las razones del mal
comportamiento de los niños. A partir del modelo ya descrito de Bronfenbrenner, Belsky () ha distinguido factores
propios de la familia (como conflicto conyugal), características del niño maltratado, e influencias del sistema social
amplio (como tolerancia por la violencia y el valor central dado a la autonomía familiar). Desde otro ángulo, se han
encontrado asociaciones claras entre maltrato, especialmente conyugal, y uso excesivo del alcohol ().
El tema de la transmisión intergeneracional de la violencia ha sido otra área de interés para los investigadores. Los niños
que son abusados, descuidados o testigos de violencia intrafamiliar parecen estar en mayor riesgo de ser a su vez padres
maltratadores cuando forman sus propias familias. Esto constituye el “ciclo intergeneracional de la violencia”, que se ha
aplicado tanto al maltrato infantil, conyugal como al abuso sexual. Si bien los estudios apuntan en esta dirección, se debe
hacer también notar que la mayoría de las personas que sufren la experiencia de maltrato en su familia de origen no son a
su vez maltratadores en su familia de procreación. En una encuesta nacional al respecto en los Estados Unidos, el 94% de
las personas que recordaban haber visto a sus padres golpeándose entre si, no recurrían a estas conductas en sus propios
matrimonios ().

La mayoría de los modelos explicativos de las situaciones de violencia intrafamiliar se basan en la teoría del aprendizaje
social, sea postulando que esta violencia es una conducta aprendida y reforzada, en ausencia de aprendizaje o refuerzo de
alternativas. Muchas veces esto es cierto: muchos actos de maltrato por parte de los padres comienzan como intentos de
disciplinar a los hijos, y muchas reyertas matrimoniales comienzan como un intento de controlar a la fuerza a la pareja,
generalmente a la mujer. No es menos cierto que existen muchas situaciones en los que la violencia aparece como
inmotivada o innecesaria, como el padre que le pega a un niño llorando, o el marido que sigue castigando a su mujer a
pesar de que ella se ha rendido a sus demandas. Aquí es donde aparece la explicación psicodinámica acerca de un impulso
agresivo, que es habitualmente controlado por la socialización, pero que reaparece en condiciones de estrés o conflicto
personal o familiar. Por esto, otros teóricos postulan que el objetivo primario de la agresión de este tipo es el infligir
dolor al otro.
Desde este punto, la tarea de quien quiere prevenir estas situaciónes es ayudar al individuo a inhibir la expresión de la
agresión, o a aprender modos alternativos de demostrar su enojo.
Los efectos sobre las víctimas.
En el estudio de Larraín antes mencionado, al medirse el nivel de síntomas emocionales mediante el cuestionario de
Goldberg, se encontró en aquellas mujeres sometidas a violencia, los puntajes de este cuestionario eran
significativamente más elevados, o sea, eran más síntomaticas, que en las mujeres que no habían sido golpeadas.
Ha existido progresivo interés entre los profesionales de la salud mental para evaluar los efectos tanto inmediatos como
de largo plazo del maltrato. Dos hechos claros que surgen de los estudios parecen ser que no hay un efecto conductual
o reacción emocional propias que caracterize a los niños maltratados. Segundo, muchas veces la experiencia de ser
victimizado no es el principal factor responsable de muchas de las dificultades psicológicas que presentan estos
niños. El listado de dificultades descritas entre estas víctimas, sin embargo es impactante. Citemos entre otros: mayor
agresividad, peores relaciones interpersonales con los pares, peor evaluación cognitiva de las situaciones, depresión,
menor rendimiento académico, falta de empatía, etc. Como grupo, los niños maltratados parecen tener un conjunto de
dificultades psicológicas mayores que los niños no abusados, sin que aparezca una relación biunívoca entre abuso y
síntomas.
Otra teoría, tanto o más popular que la de aprendizaje social, es la que se focaliza en la calidad del vínculo entre padres e
hijos, centrándose en el fenómeno del apego. Muchos niños maltratados parecen presentar un vínculo más inseguro
con sus madres, y cuando esto acontece se ha documentado un retraso evolutivo generalizado en diferentes áreas del
desarrollo infantil. Para los teóricos del apego, la alteración en la necesaria seguridad que debiera encontrar un niño
en sus familiares lleva a una alteración en el “modelo cognitivo” que el adolescente desarrolla para sus futuras
relaciones interpersonales. Esta alteración lleva a distorsiones en el sistema del self, que explican por una parte las
diversas consecuencias antes descritas, y por otra parte iluminan el hecho paradojal de que los hijos maltratados
comparativamente tienen menos problemas que los hijos descuidados o abandonados por sus padres. Al parecer, la
existencia de un vínculo padre-hijo, aunque sea uno violento, es mejor que la ausencia de éste. Desde ese ángulo, la
teoría del vínculo sugiere que la violencia per se no es el predictor más poderoso de mal ajuste psicológico entre estos
niños.
Consecuencias de la violencia sobre el sistema familiar.
La violencia afecta dentro de la familia no solamente a sus víctimas. Existen diversos estudios acerca de los hijos de
mujeres golpeadas, mostrando que el presenciar la violencia tiene también un efecto negativo, desarrollándose diversos

desajustes conductuales tanto en el mediano como en el largo plazo. Minuchin () ha conceptualizado la reacción de los
niños al conflicto matrimonial a través de tres componentes, a saber:
El conflicto sirve como un conflicto aversivo que crea estrés en el niño. El presenciar enojo abierto entre sus padres
altera sobremanera a los hijos. Cummings y Cols. () han mostrado que aún en niños pequeños hay una fuerte respuesta
emocional negativa cuando presencian discusiones, aunque estas no los involucren a ellos.
El niño reacciona emocional o instrumentalmente en un intento de aliviar el nivel de estrés. Diversos estudios
muestran como el niño reacciona intentando cambiar la situación, aliándose con alguno de los padres, o de algúna
manera involucrándose en la discusión.
Las acciones del niño para reducir el conflicto tienden a mantenerse en la medida que sean funcionales al
equilibrio de todo el sistema familiar. Si el niño por ejemplo responde al estrés familiar hablando acerca de los
sucesos del día en el colegio, y esta maniobra logra distraer a los padres que discuten, seguirá intentando hacer lo
mismo cada vez que vea una pelea. El niño muchas veces entonces se transforma en el “chivo expiatorio” de la
familia, distrayendo a los padres de sus propios conflictos para concentrarse en las dificultades que presenta el
adolescente. Asi se mantiene la homeostasis familiar. En relación al abuso sexual, se ha planteado que la mantención
de éste en algúnas oportunidades se debe a que las madres entran en una sutil complicidad con sus hijas para que éstas
se transformen en el objeto del deseo del padre ().
CAPÍTULO X: BAJO RENDIMIENTO ESCOLAR.
Los requisitos de una sociedad urbana altamente tecnologizada son cada vez mayores. Una licencia secundaria hoy no
califica más que para empleos de servicios poco calificados, que son mal pagados. La preparación técnica o profesional
es una tarjeta indispensable hoy para aspirar a un empleo. Esto no es aparente para muchos estudiantes, especialmente
cuando provienen de familias de bajos ingresos. Su rendimiento en notas es bajo, no tienen apoyo familiar ni expectativas
altas por parte de sus padres, lo que cierra un círculo vicioso: las malas notas no les incentivan a aspirar al nivel de
studios requeridos hoy, y así muchas veces no intentan siquiera terminar la enseñanz media por la posibilidad de ganar
dinero rápidamente, en la fruta si viven en el campo, vendiendo en la calle si lo hacen en la ciudad, sin perseverar por lo
tanto en sus estudios, quedando así condenados a una vida carenciada, crónicamente sub-empleados en una sociedad
donde otros prosperan.

INTRODUCCION
Los problemas en la adaptación a la escuela son ala vez factores involucrados en muchas de las conductas de riesgo que
hemos revisado hasta ahora. El bajo rendimiento escolar es un predictor importante del consumo de sustancias químicas,
de la delincuencia y del sexo precoz. Por otra parte, el mal rendimiento y la deserción escolares constituyen un
comportamiento de riesgo en si, que lleva a sus propias consecuencias.
El fracaso escolar, más que un evento específico, es un proceso. Un adolescente que inicia su consumo de sustancias
químicas, o que tiene su primera relación sexual, o que quebranta la ley por primera vez lo hace en un momento
específico y en un lugar dado. Generalmente estas decisiones son voluntarias y producto de una decisión personal, por

más presión social externa que pueda existir. El bajo rendimiento resulta más bien de un proceso que involucra un
conjunto de fuerzas que muchas veces están fuera del control del niño. La calidad del sistema escolar es uno de los
aspectos centrales entre estas fuerzas, tal como lo son las actitudes de los profesores y de los compañeros de clase. Desde
este ángulo, esta conducta es una de las menos dependientes de factores individuales y de las más ligadas a factores y
procesos sociales y del medio que rodea al adolescente. Niños provenientes de medios desaventajados pueden descollar
en un buen sistema escolar, mientras que existen escuelas tan deficientes que hacen prácticamente imposible que un niño
se destaque.
Otra diferencia de esta conducta con las anteriores, es su medición: existe en la mayoría de los casos y ya desde antiguo
un sistema de cuantificación rutinaria del avance del niño en la escuela, sea en términos de informes de notas como de
promoción de un curso al siguiente. Desde ese punto de vista, los promedios de nota, o la edad modal en cada clase son
estimadores relativamente fáciles de obtener en términos de avance o problemas escolares. La deserción del sistema
escolar es otro indicador útil En Chile existen cada vez más sistemas estandarizados para evaluar el rendimiento de los
sistemas escolares, con exámenes como el MECE, y de los individuos, a través de puntajes de salida de la educación
media, como la Prueba de Aptitud Académica.
Los datos existentes muestran que la supervivencia dentro del sistema educacional es comparativamente baja. Lemaitre ()
informa del seguimiento de diez cohortes de alumnos de enseñanza media entre 1975 y 1989, mostrando que de 100
alumnos matriculados en primer año medio en establecimientos estatales o municipalizados, 67 llegan a cuarto medio, y
solo 60 egresan con su licencia secundaria. El seguimiento de los alumnos matriculados durante el mismo período en
establecimientos particulares pagados entrega una tasa de retención del 90% y de éxito en obtener una licencia secundaria
en el 88%. No hay datos, nos dice esta autora, para la educacion superior. Considera, sin embargo que las tasas de
deserción son extremadamente altas y que éstas tienden a aumentar cuando las calificaciones iniciales de los estudiantes
son menores.

En cuanto a la eficiencia del proceso: en el sistema de colegios municipales los jóvenes tardan en

promedio, un año y medio más que los alumnos de los colegios pagados en completar sus estudios.
Los datos numéricos anteriores, no iluminan sin embargo, la calidad del proceso educativo. El programa MECE fue un
instrumento utilizado por el Ministerio de Educación chileno para evaluar el rendimiento en pruebas de castellano y de
matemáticas, de habilidades intelectuales y de desarrollo personal, a un muestra nacional de alumnos de primero, segundo
y cuarto medio. Además, se aplicó un prueba de redacción, pidiéndole a los mismos alumnos que contestaran un aviso por
el cual se ofrecía trabajo. Se encontró alli que los niveles de logro en áreas tan fundamentales para la comunicación como
puntuación, elaboración sintáctica y organización interna del contenido, fueron extremadamente bajos. En cuanto al
desarrollo de habilidades generales, se observó un incremento relativo entre primero y cuarto medio. Sin embargo, los
niveles de logro fueron deficitarios, salvo en lo que se refiere a razonamiento verbal, con puntajes que solo en cuarto
medio lograron superar el 50%.
Los indicadores de desarrollo personal (evaluación del conocimiento de sí mismo, autovaloración personal y social,
motivación y atribución del logro, actitudes valóricas, metas de vida, necesidades y expectativas) no mostraron cambio
entre primero y cuarto año. En relación a las pruebas de castellano y matemáticas, la tabla 10.1 muestra una situación
insostenible, al decir de Lemaitre (op. cit. ) desde el punto de vista de la calidad: solo en los colegios particulares pagados
los resultados se empinan por sobre el 50% de las respuestas correctas, y hay un problema grave en relación a la equidad,
expresado en las grandes diferencias en detrimento de los colegios públicos y de la enseñanza media técnico profesional,

que atienden a la gran mayoría de la población.
TABLA 10.1 RESULTADOS DE PRUEBAS DE CASTELLANO Y MATEMATICAS EN ENSEÑANZA MEDIA
CHILENA, POR DEPENDENCIA ADMINISTRATIVA Y MODALIDAD (Porcentaje de respuestas correctas).
Dependencia

Particular Pagado

P a r t i c u l a r

Municipal

Enseñanza Técnico

Subvencionado

Profesional

1o

2o

4o

1o

2o

4o

1o

2o

4o

1o

2o

4o

Castellano

60

56

55

48

47

47

40

41

43

43

38

39

Matematicas

42

37

30

29

26

22

26

24

20

25

22

20

La situación en el nivel de educación superior no es distinta. Por un lado existen grandes diferencias entre las
universidades públicas y privadas. Un indicador de la diferente eficiencia del sistema es que en las universidades con
financiamiento público, los graduados demoran en promedio 9.2 años para completar estudios en carreras que en general
demoran 5 años. La calidad de los estudios y la consecuente inserción en el mundo profesional estan estrechamente
asociados al prestigio de las instituciones, las que a su vez, lo asocian a su capacidad para atraer estudiantes con altos
puntajes en la Prueba de Aptitud Académica. Este puntaje está estadísticamente ligado al nivel socio-económico tanto del
estudiante como de su establecimiento educacional de origen. Esto se traduce en una organización académica que
preferencia la formación universitaria sobre la técnico profesional en el nivel superior. A diferencia de países
desarrollados, el grueso de la matrícula de la educación superior se concentra en las universidades. La formación
profesional concentra al 72% del total de educación superior, dejando solo al 28% en la formación superior técnica.
CONSECUENCIAS DEL FRACASO Y DESERCION ACADEMICOS
El bajo rendimiento escolar, las malas notas, o el quedar retrasado en relación a los pares de la misma edad son todos
factores que pueden llevar a la deserción escolar temprana. Esto no sucede en todos los casos, y existen muchos sujetos
que a pesar de esos problemas completan su educación básica y media. Estas personas tienen comparativamente más
problemas para acceder a la educación superior, sea universitaria o técnica. En general, sin embargo, las malas notas se
correlacionan con menores destrezas básicas, menos oportunidades laborales y una menor calidad general de vida. La
Tabla 10.2 resume estas consecuencias, en el corto y largo plazo.
En promedio, los desertores del sistema escolar tienen menor posibilidad de conseguir buena inserción dentro del sistema
laboral, ganan menos dinero y tienen porcentajes más altos de desempleo. Con más frecuencia, pasan a depender de la
seguridad social estatal y sus matrimonios tienden a ser más inestables. En promedio, presentan también conductas
problemas de diversa índole, incluyendo farmacodependencias, embarazos tempranos y conductas delincuentes. Las
posibilidades de incurrir en criminalidad y terminar pasando períodos largos en prisión también son inversamente
proporcionales al rendimiento académico. Estas tendencias son cada vez más fuertes en la medida que las sociedades se
urbanizan: las estructuras modernas requieren cada vez menos mano de obra no especializada, y exigen capacidades
técnicas progresivamente más sofisticadas. Aquellas personas que no completan su educación tienen menos
oportunidades que las que tenían cuando existian más trabajos en fáricas o en actividades de servicio. Esto hace que
muchas veces sientan que sólo pueden recurrir a actividades ilegales, como tráfico de drogas, prostitución o delincuencia.
La sociedad toda, de algúna manera, debe absorver el costo de un número importante de adolescentes no calificados para
insertarse en ella por no haber completado sus estudios.

TABLA 10.1 CONSECUENCIAS DEL FRACASO Y DESERCIÓN ESCOLARES (Modificado de Dryfoos).
CONDUCTA

CONSECUENCIAS
De corto plazo

De largo plazo

Bajo rendimiento

No promoción.

Deserción;

Malas notas

Dificultad en admisión a la

Falta de habilidades básicas;

universidad;.

Menor calificación laboral;

Capeo, ausentismo escolar.

Falta de título profesional o
técnico.

Falta de promoción al curso

Baja autoestima;

siguiente

Baja participación en actividades

Deserción

del curso;
Conductas Alienación
Deserción

Desempleo

Falta de incorporación a la fuerza
laboral;
Dependencia de la seguridad
social;
Trabajos de bajo nivel.

Bajos salarios

Menor nivel de ingresos a lo largo
de la vida.
Cambios repetidos de trabajo.

Depresión;

Problemas de salud mental

Alienación

Problemas de salud física

Falta de habilidades básicas

Analfabetismo.

Delincuencia

Carreras criminales;
Vida en prisiones.
Inestabilidad conyugal;
Separación matrimonial

Embarazo;

Crianza temprana de hijos.

Aborto
Mayores costos sociales: menores
ingresos por impuestos, gastos en
mantención por la sociedad

ANTECEDENTES DEL FRACASO Y DESERCION ESCOLARES.
En este caso, la separación entre antecedentes y consecuencias del bajo rendimiento escolares es un ejemplo claro de un
dilema circular, como puede observarse si uno compara las tablas 10.2 y 10.3 ¿Qué variables preceden y que variables

son resultado del bajo rendimiento? Por ejemplo, la conducta delincuente es tanto un predecesor como una consecuencia
de los problemas escolares. La mala conducta en la sala de clases, el ausentismo y comportamientos vandálicos menores
en los primeros años son antecedentes frecuentes de la posterior deserción. Al estar ya fuera de la escuela, los desertores
del sistema tienen muchas más probabilidades de incurrir en conductas ilegales que los que se mantienen dentro de este.
Los antecedentes del fracaso y de la deserción escolares son muy similares. El tener malas notas, el repetir, cuando el
sistema asi lo estipula, son pasos previos a la deserción definitiva. En muchos estudios recientes, las características más
ligadas con ambos son el nivel de ingresos global de la familia, por una parte, y la estructura del hogar, por otra. En este
último plano, el grado de apoyo de los padres al rendimiento de los hijos es el elemento determinante en muchos casos.
La actitud de los padres ha sido clasificada por Baumrind y Black () en tres estilos diversos: uno autoritario (alto en
demandas, bajo en responsividad hacia el niño), uno permisivo (bajo en demandas, bajo en responsividad) y uno
autorizado (alto en demandas, con mantención consistentes de estandares claros y comunicación abierta). En un estudio
aplicando esta tipología, Dornbush () encontró que el tercer estilo, el autorizado, era el que se correlacionaba con hijos
con niveles promedio de notas más elevados. La curiosidad intelectual de los padres, y el que en la casa existan libros y
enciclopedias fue un segundo factor que se demostró de importancia diferencial en este respecto. Existen factores
individuales que también influyen, como el tener deficits fisiológicos congénitos o dificultades psicológicas o de
aprendizaje.
Los dos predictores más consistentes de la deserción escolar son el tener una edad mayor que la modal para el curso en el
que se está, y el nivel promedio bajo de notas. Los varones de estratos socio-económico bajos con padres poco educados,
son el grupo en mayor vulnerabilidad a este respecto: mientras mayor es el nivel educacional de los padres, más alto es el
rendimiento de los hijos. Asimismo, tienden a desertar más los niños con antedentes de ausentismo frecuente, con
problemas de conducta que los lleva a ser suspendidos o expulsados del colegio, y que presentan otras conductas de
riesgo asociadas. Los desertores potenciales en general no presentan mayor interés por su futuro educacional, no se
involucran en actividades educacionales extracurriculares, y se juntan con amigos que tienen patrones conductuales
parecidos. Pasan más tiempo involucrándose en actividades con el sexo opuesto, o fuera de la casa. Tienden a
embarazarse o dejar embarazadas a sus parejas precozmente, y a presentar síntomas depresivos en cantidad mayor al
promedio de su edad.
La calidad del sistema escolar es otro elemento determinante de si un niño permanecerá o no en el colegio. Las escuelas
públicas, rurales, con razones alumnos por profesor elevadas, con muchos alumnos en general, tienen porcentajes más
elevados de desertores. Una encuesta hecha a desertores del sistema encontró que un 70% de ellos declaraban que se
hubieran quedado si “los profesores les hubieran prestado más atención personal” y “si no nos trataran como a
prisioneros”. Otro elemento externo que se asocia a la deserción es la oferta elevada laboral: comunidades con cifras muy
bajas de desempleo ven muchos adolescentes que se incorporan tempranamente a la fuerza de trabajo.
TABLA 10.3 ANTECEDENTES DE DESERCION ESCOLAR.
Antecedentes

Asociaciónes con deserción

Demográficos
Edad

Mayor para la media del curso

Sexo

Masculino

Personales
Expectativas educacionales

Bajas, sin planes de seguir a la universidad.

Notas escolares

Bajo el promedio del curso.

Capacidades básicas

Escasas.

Promoción

Repitente desde básica.

Actitud hacia la escuela.

Disgusto, aburrimiento.

Conducta general en la escuela

Capeo, mala conducta, suspensión, expulsión.

Influencia de los pares.

Pares con pocas expectativas para la escuela.
Amigos desertores.
Amigos con poco interés, poca participación.

Involucración en otras conductas de riesgo

Delincuencia precoz, uso de sustancias químicas,
sexo temprano.

Vida social

Salidas frecuentes, pasar el tiempo con amigos.

Conformidad - Rebeldia

Actitud no conformista, alienada.

Factores psicológicos

Estrés y depresión frecuentes

Embarazo

Tasas elevadas de fertilidad temprana

Familia
Nivel de ingresos

Extrema pobreza frecuente

Educación de los padres

Nivel bajo,

Movilidad

Traslados frecuentes,

Rol de los padres

Falta de apoyo, exceso de permisividad y
autoritarismo.

Cultura familiar

Falta de recursos culturales en el hogar.

Comunidad
Calidad del vecindario.

Barrios urbanos, de alta densidad poblacional, en
áreas de pobreza;
Ruralidad extrema.

Calidad del sistema escolar

Escuelas grandes, con cursos númerosos;
Escuelas públicas.

Empleo

Altos niveles de empleo

ASOCIACION CON CONDUCTAS DE RIESGO.
La relación entre el riesgo y el rendimiento escolar ha sido mostrada claramente en el estudio antes citado de la
Fundación Paz Ciudadana. Al hacer un listado del grado de problemas percibidos por los adolescentes encuestados con su
escuela, se encontró que

mientras más problemas se experimentaban, mayor consumo de sustancias químicas estos

reportaban. Como muestra la tabla 10.4, en el caso del consumo de marihuana la gradiente fue desde un consumo de 1.2%
cuanto se contestaba positivamente a un problema, a un 69.5% cuando se contestaba de igual modo a seis. Resultados
semejantes se constataron en relación a alcohol, pasta base y cocaína.
Tabla 10.4. Relación entre consumo de sustancias y problemas de rendimiento escolar. Porcentaje de consumo en
personas que han tenido una a seis respuestas postivas en las preguntas sobre problemas escolares.
Porcentaje

Una

Dos

Tres

Cuatro

Cinco

Seis

Alcohol

59.1

65.9

73.8

79.5

86.4

98.3

Marihuana

6.1

7.8

11.1

15.7

232.1

69.5

Pasta base

1.2

1.9

3.3

4.0

6.4

29.6

Cocaína

0.7

1.2

1.9

2.2

4.0

17.4

consumo

Confiabilidad: 0.57

CONCLUSIONES
Es paradojal que se llegue a la conclusión de que uno de los elementos críticos en las conductas de riesgo juveniles se esté
dando hoy en Chile en el sistema educacional. La paradoja reside en que, como antes señalaramos, la educación chilena
se ha masificado y crecido en forma muy importante en las últimas décadas. Los porcentajes chilenos de analfabetismo
son muy bajos: segun el censo de 1992, para el tramo de 15 a 29 años este era de un 1.81%, y los jóvenes representaban
solo el 12.3% de los analfabetos del país. Al mismo tiempo, el grupo de edad juvenil hoy día presenta un mayor nivel de
escolarización que el que tuvieron las generaciones de sus padres y mucho mas que la de sus abuelos, procesos
vinculados a la urbanización y a la expansión de la cobertura educacional de las últimas dos décadas. Según las cifras del
Ministerio chileno de Educación, la cobertura para la Enseñanza Media aumentó de poco menos del 50% en 1970 a un
80% en 1990. A nivel de la educación superior, también se observa una expansión significativa. Segun el Censo de 1992,
el porcentaje de la población juvenil que tenía algún grado de instrucción superior era del 12.4%. Los jóvenes, como
Weinstein ha señalado, valoran en forma importante la educación, sus establecimientos y a sus maestros (), al mismo
tiempo estan muy conscientes de que el sistema de enseñanza no los prepara adecuadamente para insertarse en el mundo
laboral. Esta inadecuación, o falta de calce entre lo que entrega la escuela y lo que requiere el trabajo, ha llevado a
diferentes propuestas de reformas educaciónales.

Dice Weinstein: “El reconocimiento generalizado de la crisis del

sistema educacional, que resulta deficitario y anacrónico frente a los desafíos existentes para el desarrollo de la sociedad
chilena, se expresa muy particularmente en el nivel medio de enseñanza. Este, entre otras limitaciones, no posee
objetivos propios, transmite aprendizajes de escasa relevancia, logra bajos resultados académicos, sufre de graves
inequidades, cuenta con escasos recursos e infraestructura, y posee un cuerpo docente que se desempeña en malas
condiciones laborales y salariales.”
Sin embargo, es progresiva la desilusión de quienes han tratado de mejorar los sistemas escolares. Sarason (), refiriéndose
a lo que para el constituye el fracaso de los esfuerzos de reforma educacional, señala como ésta generalmente parte con

objetivos loables, tales como:
Disminuir el espacio entre los logros educacionales de niños de diferentes orígenes socio-económicos;
Conseguir que los estudiantes experimenten el proceso escolar como atractivo, y no como una obligación aburrida y
encarcelante;
Conseguir que los estudiantes aprendan no por memorización exclusiva o a través de conceptos abstractos desprovistos
de significado personal para ellos, sino de un modo que lo que aprenden sea un modo activo de conseguir un sentido
de coherencia personal y les ayude a elaborar el propio plan de vida;
Crear en ellos curiosidad por los avances de la humanidad, sean pasados o del presente, permitiéndoles entender como
el presente contiene el pasado, desarrollando así un mayor sentido de pertenencia social a la comunidad en la que
están insertos;
Conseguir que los estudiantes tengan una visión adecuada de sus posibilidades vocacionales, y de entender como la
educación puede apoyarlos mejorando sus opciones en un mundo cada vez más complejo y cambiante.
Este autor ha planteado que a lo largo de nuestro siglo, la escuela se ha tranformado en un lugar visto como aburrido y
poco interesante tanto por estudiantes como por maestros, y que el desarrollo de los medios masivos de comunicación,
especialmente la televisión, ha creado un abismo entre el mundo de la sala de clases y el mundo “real”. Las escuelas han
tendido asi a encapsularse, y ahora les cuesta conseguir hacer que sus alumnos sientan que el desafío de desarrollar
habilidades académicas y el adquirir conocimiento es algo importante y significativo para ellos. Desde ese punto de vista,
es crucial para el éxito de la reforma educacional abrir las escuelas al resto del mundo del adolescente, y colocar su centro
de gravedad en los estudiantes. En ese sentido, la tarea crucial de la escuela es abrir la curiosidad del niño en relación a la
gente, lugares, y su propio crecimiento y desarrollo, y comenzar a proporcionarle algúnas respuestas, que debera luego
contestar a lo largo de su vida.
Las conclusiones anteriores son preocupantes en la medida de que la población adolescente chilena tiene acceso disparejo
a la educación. Es necesario modificar una situación que, al decir de Lemaitre:
“Aunque los jóvenes se saben más educados, pero no mejor educados que sus padres, no perciben que ésto les abra
mejores oportunidades de vida. Las oportunidades reales de continuar con estudios postsecundarios o de ingresar al
mercado de trabajo son escasas, y sobre todo, diferenciadas según el nivel socio-económico del postulante”. Agrega la
misma autora: “ Parece un enorme desperdicio de recursos individuales, familiares y sociales mantener un jóven durante
doce años en el sistema escolar y entregarlo a la sociedad sin las habilidades básicas de manejo del lenguaje, de
razonamiento o de interacción social, y sin los conocimientos específicos que le permitan una integración armónica a las
distintas tareas que lo esperan a la salida de la escuela.”
CAPITULO XI. PROBLEMAS E INTERVENCIONES EN LA SALUD MENTAL DEL ADOLESCENTE
A. INTRODUCCION
Si bien éste no es un libro sobre psicopatología, muchas de las condiciones de riesgo antes mencionadas se correlacionan
con problemas psiquiátricos, sea en el sentido de que aparecen estadísticamente asociadas con cuadros psiquiátricos que
pueden entonces ser vistos como sus consecuencias, sea porque hay psicocopatología infantil o en los padres de

adolescentes con problemas que pueden actuar como antecedentes de las conductas riesgosas. Una disciplina que se ha
desarrollado en forma importante en las últimas décadas es la así denominada psicopatología evolutiva, que pretende
buscar factores predictores de aparición posterior de cuadros psiquiátricos, con el objetivo final de prevenir estos
desarrollos. Las bases de esta nueva disciplina son mixtas. Por un lado los avances de la genética han permitido encontrar
factores que se pueden transmitir hereditariamente a través de los genes. Por otro lado, los estudios epidemiológicos,
especialmente prospectivos, han permitido desarrollar varias teorías que permiten formular hipótesis en cuanto al origen
de diversos cuadros. En lo que sigue, después de revisar sumariamente algúnas de dichas teorías, nos referiremos
brevemente a diversos cuadros psiquiátricos que son especialmente frecuentes en la adolescencia.
La psicopatología evolutiva ha sido definida por Sroufe y Rutter () como “ el estudio de los origenes y curso de los
patrones individuales de maladaptación conductual”. Esta disciplina integra conceptos, principios y objetivos centrados
en la prevención, incluyendo los de factores de riesgo y protección, antcedentes conductuales de los trastornos mentales,
adaptación ligada a la edad de la persona, resiliencia y predictibilidad. Entre los conceptos teóricos de importancia
utilizados en éste campo, mencionemos;
El de stress psicológico, que se asocia a un sinnúmero de efectos negativos para la salud. Los mecanismos de éste
impacto parecen ligarse a hallazgos de la psiconeuroinmunología, que muestra que el estrés puede afectar
directamente las interacciones entre el sistema nervioso central y las defensas inmunitarias de la persona. El mejor
conocimiento de estos correlatos neuroendocrinos puede iluminar en forma importante las vias fisiológicas a través de
las cuales los estrésores ambientales pueden afectar la salud individual.
Los mecanismos de apoyo social parecen tener una función esencial en diversas áreas, incluyendo el aumentar o
disminuir la sensibilidad del individuo a los estresores, el variar su posibilidad de utilizar drogas, o de seguir o no las
indicaciones profesionales en cuanto a uso de medicamentos u otras terapias (compliance o adherencia a regímenes
terapéuticos). La calidad y cantidad de las redes de apoyo social parecen también tener un rol en la aparición y curso
clínico de diversas enfermedades mentales, incluyendo la depresión y la esquizofrenia.
El análisis del uso de los servicios de salud es también relevante para la prevención. En el caso de los adolescentes,
nuestros estudio EPSAS II mostró (Tabla 11.1) que en general prefieren resolver sus problemas dentro de la familia, y
que no acuden a los profesionales de salud más que en un porcentaje relativamente bajo.
TABLA 11.1 : ¿ A QUIEN RECURREN LOS ADOLESCENTES A PEDIR AYUDA ?(*)
n

con

Padres

Familia

Pololo

Amigo

Adulto

Doctor

Profesor

1017

19,2

6,3

8,1

18,9

3,1

0,5

0,4

1282

25,5

3,8

10,1

35,6

3,1

0,6

0,3

667

17,8

2,6

1,6

7,3

4,7

2,9

1,1

Abuso físico

218

6,8

1,8

0,6

1,8

0,6

0,1

0,1

Abuso sexual

102

2,7

0,9

0,3

0,9

0,5

0,1

0,1

problema
Problemas con la
familia
Depresión
U

s

o

anticonceptivos

Problemas con

108

1,5

0,3

0,4

2,4

0,8

0,2

0,1

475

12,5

1,7

1,4

7,1

1,7

0,4

0,5

849

31,4

0,6

0,3

1,7

0,3

10,0

0,1

970

27,4

2,4

6,2

21,2

3,2

0,1

0,2

alcohol o drogas
Problemas de
relación humana
Problemas salud
física
Problemas con
amigos
(*) Porcentajes calculados sobre los adolescentes que reconocen haber tenido el problema.
El estudio de las conductas de búsquedas de ayuda en el caso de los adolescentes es de interés, al revelar que la tendencia
mayoritaria es recurrir a los padres o algún familiar para la gran m ayoría de los problemas. Luego, aparece la
importancia del grupo de iguales, sean amigos o pololos como otro recurso de apoyo y consejo. Finalmente hay un rol
comparativamente menor de los profesionales, sean médicos, profesores u otros como red de apoyo. Este dato subraya la
importancia de las redes naturales, sean familia o amigos, sobre las profesionales.
La teoría del apego o del vínculo, que postula que las relaciones tempranas entre los niños y quienes los cuidan,
habitualmente sus madres, tienen un rol crítico en el desarrollo posterior del niño, especialmente en sus relaciones
sociales. Los niños muestran conductas de apego buscando a sus padres para comodidad y protección, y es crucial la
respuesta que tengan de quienes los cuidan a estos intentos de vinculación.
La teoría de la auto-eficacia se basa en la premisa de que los individuos que tienen un sentido de mayor control sobre su
medio ambiente tendrán una vida más activa y auto-determinada. La auto-eficacia percibida parece correlacionarse en
forma importante con un conjunto de conductas de salud, lo que afecta el comienzo, historia natural y consecuencias
tanto de enfermedades físicas como mentales. Entre los cuadros en los cuales se ha demostrado importante éste
concepto, mencionemos el enfrentamiento de situaciones estresantes, el comienzo de síntomas depresivos, la
búsqueda de métodos para dejar de fumar, el manejo de los temores posteriores al haber tenido un infarto del
miocardio, y la capacidad de autocuidado en el manejo de las enfermedades crónicas del adulto. El sentido de autoeficacia aumenta en aquellos individuos que aprenden a disminuir sus factores de riesgo a través de fijarse objetivos
alcanzables, de ponerse incentivos adecuados para cumplir con estas metas, y a involucrar a sus redes sociales
cercanas para tener ayuda en el cambio conductual en relación a su salud, sea en términos de dietas, ejercicios, o de
recordar tomar sus medicamentos.
Diversas conductas de riesgo, se pueden traducir en síntomas o en alteraciones somáticas, emocionales o conductuales en
el adolescente. Típicamente estos síntomas corresponden sólo a una manifestación externa transitoria de la metamorfosis
por la que esta atravésando el jóven. Sólo en algúnas oportunidades se trata del comienzo de enfermedades mentales en el
sentido mas tradicional del término. Ya nos referimos a la pólemica entre Anna Freud y la teoría del "Sturm and Drung
adolescente, con los estudios de Offer. Para éste, hay un porcentaje importante de

“homóclitos” que no presentan

síntomas. Es claro de la evidencia empírica que cierta cantidad de síntomas forma parte del proceso evolutivo normal de
la adolescencia. En nuestro medio Silva Riesco () ha sostenido la misma hipótesis, demostrando clínicamente que el
diagnóstico que más frecuentemente se formula al estudiar adolescentes en un policlínico especializado, es el de "Crisis

de la adolescencia". Estas, que en la nomenclatura psiquiátrica actual se denominan reacciones de adaptación, se
caracterizan en la pre-adolescencia por el predominio de síntomas conductuales, seguidos por trastornos somáticos, para
pasar a ser en la adolescencia final síntomas de naturaleza emocional propiamente tal.
El punto de vista anterior plantea la existencia de síntomas emocionales "normales" característicos de la adolescencia.
Este enfoque, que coincide con la descripción citada anteriormente de Aberastury y Knobel de un "Síndrome de
Adolescencia Normal", indica que en éste período se suceden fluctuaciones rápidas en las que la angustia y depresión son
síntomas frecuentes, seguidas por una posterior normalización del estado de ánimo. En un estudio realizado por el autor
en 428 adolescentes escolares no consultantes en la Comuna de La Reina, encontramos que relataban síntomas
psicológicos transitorios de tipo depresivo el 60% de los jóvenes entrevistados, así como de tipo angustioso lo hacía el
40% (). En nuestra encuesta acerca de características de adolescentes santiaguinos, varias veces mencionadas,
encontramos cifras semejantes de síntomas emocionales, sean angustiosos (25.8%), sean depresivos (22.5%). Un 12.6%
de los adolescentes habían consultado en el último año a un profesional de la salud mental.
TABLA 11.2 : SÍNTOMAS EMOCIONALES EN EL ÚLTIMO MES,

EN ESCOLARES ADOLESCENTES DE

SANTIAGO DE CHILE, 1994 (n=2030 ), expresados en porcentajes
¿Se ha sentido bastante o muy nervioso?

25.8

¿Ha estado triste, descorazonado, desesperado?

22.5

¿Ha tenido crisis de nervios?

15.5

¿Se ha sentido sin control de su conducta, pensamientos o emociones?

14,1

¿Ha acudido a un profesional de salud mental?

12.6

¿Ha estado siempre ansioso. preocupado, molesto?

11.3

¿Se ha sentido irritable o inseguro todo el tiempo?

4,5

¿Ha estado aburrido todo el tiempo?

9.7

¿Ha estado siempre triste?

7.6

¿Ha estado de mal humor?

4,1

Las preocupaciones somáticas son también frecuentes y, cuando son transitorias, normales. Para Noshpitz () la excesiva
preocupación por lo somático corresponde al encuentro repentino del adolescente con un "cuerpo nuevo", que el relaciona
también con el duelo correspondiente por el cuerpo infantil que se ha perdido. Los cambios del timbre y tono de la voz, el
acné, el aumento de tamaño de la nariz, de los senos o del pene, o cualquier elemento que sea considerado como una
apariencia física poco común, puede ser para el jóven motivo de excruciantes cavilaciones y dudas. Existen finalmente
alteraciones conductuales "normales", tales como una impredictibilidad en las respuestas, una rebeldía aparentemente
inmotivada, y a veces episodios antisociales esporádicos.
B. CUADROS CLÍNICOS ESPECÍFICOS
Como dijimos, no es éste un tratado de psicopatología, por lo que mencionaremos acá sólo algunos cuadros clínicos que
son de importancia en los adolescentes, sea por su frecuencia, sea por su severidad. Estos son los cuadros esquizofrénicos,
los síndromes depresivos, las alteraciones conductuales de la adolescencia y los desórdenes de identidad sexual.

CUADROS ESQUIZOFRÉNICOS. Constituye éste el desórden más temido en esta etapa de la vida, por su severidad y
pronóstico a veces reservado. Su incidencia aumenta en la medida que transcurren los años, siendo más frecuente los
primeros episodios entre los 18 y 24. El primer nombre que le dio Kraepelin a la enfermedad ("demencia precoz")
alude al hecho de su comienzo en períodos tempranos de la vida. Cuando aparece en forma típica, se caracteriza por
dificultades en el pensamiento: se dificulta el uso de razonamientos lógicos y coherentes, y predominan las
conceptualizaciones abstractas. En otro nivel, hay dificultades para establecer y mantener relaciones interpersonales
cercanas y gratificantes, apareciendo también una tendencia al descontrol emocional o impulsivo. Como se ve, se
dificultan varios de los logros que hemos descrito como centrales en la adolescencia: el pensamiento lógico formal de
Piaget, y la capacidad de acercamiento e intimidad con las personas, produciéndose entonces una detención del
desarrollo en la etapa pre-adolescente.
Los criterios del DSM IV () centran el diagnóstico de éste cuadro en la presencia de alucinaciones o delirio, pensamiento
incoherente o con asociaciones laxas, conducta catatónica o afecto plano o incongruente. Generalmente el rendimiento
laboral o académico se deteriora a niveles muy por debajo de los logros previos del individuo, o no sigue el curso
ascendente que traía desde la niñez. Entre los signos iniciales el DSM IV menciona:
Aislamiento social marcado;
Baja clara en los rendimientos laborales o académicos;
Conductas peculiares (recolectar basura, hablar solo, acopiar alimentos);
Descuido en el aseo o presentación personales;
Afecto inapropiado o aplanado;
Lenguage vago, sobre-elaborado o circunstancial, o pobreza en el contenido del pensamiento;
Creencias extrañas o mágicas, inconsistente con las normas culturales del adolescente: supersticiones raras, creencia en la
clarividencia, ideas sobrevaloradas o de referencia (“sexto sentido”; “otros pueden leer mis pensamientos o
emociones”, etc.);
Experiencias perceptuales poco habituales: ilusiones recurrentes, sentir la presencia de una persona que no esta allí, etc,;
Falta notoria de iniciativa, intereses o energía.
En otros casos el cuadro clínico no es tan evidente, y aparecen síntomas vagos o confusos: depresión,
desconcentración y desgano, con desinterés por personas y actividades que lleva a un retraimiento y aislamiento sociales
progresivos. Otras veces surgen ideación suicida o actividades sociopáticas, con problemas en el colegio y con la familia,
uso de drogas o alcohol y promiscuidad sexual.

Los estudios epidemiológicos muestran que la comorbilidad de la

esquizofrenia con otros cuadros es muy elevada: del 25 a 50% de los casos presentan en algún momento un cuadro de
alcoholismo o farmacodependencia, en un 60% presentan síntomas depresivos y en otro 60% síntomas ansiosos ().
El ajuste premórbido y el modo de comienzo son dos elementos de importancia con respecto a la evolución
posterior de estos cuadros. Las personalidades esquizoides que han sido siempre de pocos amigos, retraídos y t+imidos,
se relacionan a veces con los cuadros clínicos que comienzan en forma insidiosa en la pre-adolescencia. Estos son de peor
pronóstico que aquellos cuadros de comienzo brusco y espectacular, con delirios o alucinaciones floridas. Un último
patrón pre-mórbido preocupante es aquel en el que existió desde la niñez agresividad mal manejada, impulsividad,

negativismo y desaptación escolares.
A pesar de su severidad, es éste un cuadro comparativamente poco frecuente. A pesar de los nombres históricos,
con los que se los ligó a la juventud y adolescencia (demencia precoz, hebefrenia), en la práctica la edad de comienzo
más frecuente es entre los 20 y los 24 años para los hombres y de 25 a 29 para las mujeres (). Esto no quiere decir que no
hayan existido síntomas prodrómicos previamente, lo que se da con algúna regularidad. Los estudios sobre primeros
episodios muestran que en promedio, los pacientes han tenido síntomas por alrededor de dos años antes de que se formule
el diagnóstico por primera vez. En la casuística antes mencionada de Silva (op. cit.), solo del 7 al 10% de los adolescentes
vistos tuvo éste diagnóstico. El pronóstico es bueno en alrededor de un tercio de los casos, que no vuelve a presentar
síntomas; un segundo tercio se recupera con un mayor o menor grado de dificultades posteriores de adaptación social, y
un tercer grupo evoluciona a la forma crónica de la enfermedad, que requiere en muchas oportunidades de
hospitalizaciones prolongadas.
Otro factor de riesgo para la esquizofrenia es la familia. Si bien la proporción de individuos con esquizofrenia
que se casan es menor que el de la población general (25 a 47% para los hombres y 39 al 82% para las mujeres), sus tasas
de fertilidad han aumentado claramente a lo largo del siglo: desde 58% de la población general en la década del 30 a más
del 70% en la del 80. Esto ha llevado a diversos estudios que muestran que los hijos de padres esquizofrénicos son un
grupo vulnerable. Esto aumenta cuando el otro padre tiene también tiene un problema psiquiátrico. Es claro que hay una
tendencia al “apareamiento selectivo” en éste grupo, lo que significa que el 58% de las parejas de esquizofrénicos tienen
también esquizofrenia, de acuerdo a los estudios de Rosenthal. Otros estudios han comprobado que el 39% tiene algúna
alteración psiquiátrica, generalmente un alcoholismo o un problema de farmacodependencia. Esto hace pensar que las
capacidades de estos padres para criar adecuadamente a sus hijos pueden estar negativamente afectadas por su propia
enfermedad. Se han seguido cohortes de hijos de esquizofrénicos a lo largo del tiempo, encontrándose que entre el 20 a
40% desarrollan un desórden mental durante su niñez. Raramente, sin embargo, éste es una esquizofrenia infantil. Por
otra parte, los hijos con ambos padres esquizofrénicos, ya adultos, tienen un riesgo un 46% mayor a la población general
de desarrollar una esquizofrenia ellos mismos ().
2. CUADROS DEPRESIVOS. La intensidad de las emociones angustiosas y depresivas es especialmente marcada en el
jóven. Desde cierto ángulo, la depresión es connatural al proceso de individuación del adolescente, quien esta por
definición separándose de su mundo infantil y de su familia. Desde éste punto de vista, todo jóven "normalmente"
presenta en forma transitoria períodos de decaimiento, ánimo bajo y desinterés. Los síntomas depresivos son por lo tanto
muy frecuentes, pero solo en un porcentaje bajo de los casos representan un cuadro afectivo en el sentido de un desórden
clínico.
Por otra parte, son frecuentes en la adolescencia formas encubiertas de depresión, tales como la tríada de fatigabilidad
fácil, hipocondría y dificultad de concentración. Es importante detectar el componente depresivo subyacente a esta
constelación, y no centrarse en tratar sintomáticamente cada uno de sus componentes. Otros jóvenes enmascaran su
depresión fugándose en una actividad frenética: estudiando, haciendo deportes y socializando exageradamente. Esto
puede transformarse en conductas problema tales como escaparse de casa, rabietas frecuentes y espectaculares, robos, uso

de drogas, etc. Es importante el comprender el significado oculto de dichas conductas, que intentan comunicar la
necesidad de ayuda y apoyo, para poder reconocer y manejar terapéuticamente los sentimientos depresivos.
La depresión en el adolescente, en nuestra experiencia, muy frecuentemente está cimentada sobre dificultades en la
familia. Citemos a modo de ejemplo las investigaciones de Haslam () en Inglaterra, quien siguió prospectivamente por
dos años un grupo de 50 adolescentes, estudiándolos muy meticulosamente. Encontró éste autor una relación directa entre
el grado de psicopatología y las experiencias de separación entre los padres, especialmente cuando estas acontecieron
entre los 18 y treinta y seis meses de edad del niño. Estas experiencias se relacionaban también muy directamente con
rasgos posteriores de inseguridad, con una autoimágen pobre y con dificultades por parte del jóven para mantener
relaciones interpersonales adecuadas.
El diagnóstico de trastorno depresivo propiamente tal requiere, de acuerdo al DSM IV, la presencia de cinco de nueve
síntomas de la lista siguiente:
Animo depresivo o irritable la mayor parte del día, casi todos los días, sea por que el adolescente relata sentirlo o por
que los demás lo constatan, al observarlo;
Disminución del interés y satisfacción

en la mayoría de las actividades que se realizan, la mayor parte del día,

prácticamente a diario.
Aumento o pérdida de peso significativa, en ausencia de dieta, o variaciones amplias del apetito;
Insomnio o hipersomnia prácticamente a diario.
Agitación o retardo psicomotores prácticamente a diario, observados por otras personas (o sea, que no sea solo el
informe subjetivo del adolescente).
Fatigabilidad fácil o perdida de energía prácticamente a diario.
Sentimientos de falta de capacidad o culpa excesiva o inapropiada, prácticamente a diario. La culpa puede llegar a
niveles delirantes, y tiene que ir más allá que el sentirse inadecuado por estar enfermo.
Poca capacidad de concentrarse o pensar, o incapacidad de tomar decisiones, prácticamente a diario.
Pensamientos recurrentes en relación a la muerte, con ideación suicida frecuente. O bien, intento de suicida o plan
muy específicado para quitarse la vida.
Al utilizarse criterios más específicos, como los anteriores, la frecuencia informada de éste tipo de cuadros entre los
adolescentes ha aumentado. Algunos autores atribuyen ésto a mejores criterios diagnósticos, otros a que efectivamente la
prevalencia de depresión ha ido aumentando en los grupos de menor edad. Entre los factores de riesgo para la aparición
de depresión, es necesario mencionar los de tipo biológico, como la mayor vulnerabilidad genética, que es
especialmente alta en las depresiones de comienzo temprano. Los estudios de Weissman (), por ejemplo, muestran que los
individuos cuya depresión mayor comienza antes de los 20 años tienen mayor probabilidad de haber tenido un pariente
cercano con depresión que aquellos cuya enfermedad comienza más tarde. Los estudios de genoma humano apuntan a
que, en casos con una agregación familiar importante, se encuentra una relación con alteraciones en el cromosoma 11 ().
Un segundo elemento biológico de riesgo para la depresión infantil es la historia de traumatismos craneanos con daño
cerebral, como lo ha mostrado Rutter (). El mecanismo de esta conexión, que se aplica no solo a la depresión sino a
diversas alteraciones emocionales, no es bien conocido. Entre los factores psicosociales de riesgo para la depresión,

mencionaremos los siguientes:
La presencia de eventos vitales traumáticos severos, que se asocia con mayores tasas de depresión mayor. Entre los
eventos correlacionados con ésta, se encuentran el descenso de nivel social, la pérdida del trabajo, la muerte de un
familiar cercano, la separación conyugal y la pobreza. Asimismo, las víctimas de maltrato infantil también presentan
cuando adultos mayores tasas de depresión. La otra cara de la medalla está en que la presencia de relaciones familiares
interpersonales cercanas, apoyadores y positivas parece ser un factor protector: aunque estén los elementos anteriores,
cuando se tiene esa cercanía, las tasas de depresión disminuyen. Brown y Harris, en una elegante serie de estudios,
demostraron en Londres que las personas que habían sufrido la muerte o pérdida de un padre durante la niñez tenían
siendo adultos mayores tasas de depresión, si no existía una relación cercana con otro adulto (). Otro elemento de la
niñez que se relaciona con depresión posterior es la falta de cuidado infantil, cuya frecuencia aumenta en los
embarazos pre-matrimoniales, la disfunción conyugal, y la presencia de un padre con conducta poco estable.
La acumulación de estrés en un período de transición. Estudios recientes en mujeres adolescentes muestran como
cuando se acumulan estréses en un período dado, la frecuencia de depresión aumenta. Petersen () mostró en esas
mujeres que cuando estaban pasando de enseñanza básica a media, o de media a universitaria, y sobrevenía además un
conflicto familiar, un embarazo precoz u otra situación estresante, aumentaban las tasas de depresión.
Uno de los elementos que más aumenta el riesgo, es la presencia de padres que tengan ellos mismos un trastorn del
ánimo. Una serie de estudios recientes han mostrado que las tasas de depresión adolescentes entre hijos de padres
con desórdenes afectivos es varias veces mayor que entre los hijos de padres que no presentan dichos desórdenes.
Estas mayores tasas pueden llegar hasta el 30% al fin de la adolescencia (). Estos niños presentan además alteraciones
en sus habilidades de interrelación con los demás, así como otros cuadros emocionales.
Otros factores de riesgo son la presencia de condiciones físicas discapacitantes, la extrema pobreza, y una sensación
general de desinserción en la sociedad.
Entre los factores protectores para los cuadros depresivos, mencionemos al nivel intelectual, el tener un temperamento
estable o plácido, y la presencia de adultos significativos afectuosos durante la niñez.
3. ALTERACIONES CONDUCTUALES. Cuando el adolescente se encuentra bajo estrés, muchas veces tiende a actuar y
a "hacer cosas", más que a sentir emociones desagradables. Especialmente durante la pre-adolescencia se tiende a actuar
los conflictos, y a utilizar el cuerpo que está creciendo y desarrollando rápidamente un poderoso aparato muscular, que
los hombres pueden utilizar en conductas agresivas. Esta facilidad para involucrarse en peleas físicas es mayor en algunos
adolescentes. Ya dijimos que la primera causa de mortalidad entre los jóvenes son las violentas, aunque raramente se llega
al homicidio. Esta violencia muchas veces se da en combinación con uso de drogas, o con situaciones socio-económicas
conflictivas.
Los trastornos conductuales antes revisados se transforman en un diagnóstico psiquiátrico específico cuando cumplen con
una serie de criterios de amplitud o intensidad. De acuerdo a la clasificación psiquiátrica américana, el DSM IV, se
requiere que antes de los 18 años, el adolescente haya presentado por lo menos tres de los siguientes criterios:
Roba sin atacar a una víctima directamente. Incluye robo con fractura en una casa;
Se arranca de la casa por lo menos toda la noche en más de una oportunidad, mientras se vive con los padres o sus

equivalentes; incluye irse de la casa paterna para nunca retornar;
Miente a menudo, excluyendo el tener que hacerlo para evitar el maltrato físico o el abuso sexual;
Provoca incendios en forma deliberada;
Falta a clases (“capea”) a menudo;
Entra sin autorización en otra casa, o en el automóvil de otra persona;
Destruye la propiedad ajena en forma deliberada;
Es cruel físicamente con los animales;
Ha forzado a alguien a tener actividad sexual;
Ha utilizado armas de cualquier tipo en peleas en más de una oportunidad;
A menudo es el que inicia las peleas física; provoca las riñas;
Ha robado dañando a su víctima directamente (atraco, extorsión, robo a mano armada);
Es cruel físicamente con la gente.
Estos síntomas comienzan en forma relativamente temprana, en la pre-adolescencia. Los estudios epidemiológicos
muestran que los primeros síntomas aparecen en la niñez, y se dan en promedio a los 14.7 años, con una prevalencia de
1.5 a 11.9% de los niños que consultan en servicios clínicos. Es mucho más frecuente entre varones que mujeres, y puede
tener diversas formas de presentación clínica. Existe la forma de comienzo temprano en la niñez, que se da en niños
temperamentalmente difíciles o irritables, con un trastorno de deficit de atención y dificultades de aprendizaje
concomitantes, y una forma de comienzo más tardio, en la adolescencia, en niños que funcionaron bien antes pero que en
relación a un estrés ambiental comienzan a presentar conductas antisociales. Existe un tercer tipo en el que se asocian el
trastorno conductual con el abuso de sustancias químicas desde el comienzo del cuadro clínico. La comorbilidad con
trastorno de deficit atencional es alta: Offord () ha calculado que un 40% de los niños que presentan alteraciones
atencionales posteriormente tendrán conductas de éste tipo. La diferencia, en los estudios de éste autor, la hace el
ambiente familiar. Las familias que son capaces de darle al niño un ambiente de apoyo

consistente, con normas

claramente definidas, les permiten generalmente a estos niños desarrollar las suficientes destrezas sociales que a su vez
les hacen tener un desarrollo adolescente y con sus amigos adecuado.

La relación entre trastorno antisocial y

delincuencia posterior es también un tema de interés. Al parecer la combinación que mejor predice esta secuencia es la de
niños que inicialmente presentan a la vez agresividad y timidez ().
Entre los factores predictores de riesgo para trastorno de conducta, mencionaremos:
Vulnerabilidad genética. Si bien es claro que hay una agregación familiar en estos pacientes, encontrándose que los
padres biológicos de adolescentes adoptados con trastornos de conducta tienen mayores tasas de criminalidad y
delincuencia que los padres adoptivos (), no es claro lo que se transmite. Rutter ha sugerido (op.cit.) que hay una
menor reactividad del sistema nervioso autonómo en estos niños, con menor nivel de percepción de la ansiedad y el
temor, y con menor capacidad de tomar una actitud de evitación pasiva al ser castigados que otros niños.
Diferencias temperamentales.

Los estudios clásicos de Chess y Thomas () distinguieron entre niños “fáciles de

manejar” que tienen una disposición tranquila, se adaptan al cambio, y que se aproximan fácilmente a estimulos
nuevos, de los niños “difíciles” que tienen las características opuestas. Estos últimos tienen el doble de las
probabilidades que los primeros de ser tratados por los padres en forma enojada y crítica, y tienden a mostrar

posteriormente mucha mayor tendencia a las dificultades temperamentales ().
Mala salud crónica y dificultades neuropsicológicas. Los niños con limitaciones físicas, de tipo sensorial, neurológico
o físico, que les provoquen deficits de funcionamiento, tienen tres veces más incidencia de trastornos conductuales
que los niños totalmente normales (). Cuando las alteraciones afectan al sistema nervioso central, aumenta el riesgo a
cinco veces el de los normales. Se ha dicho que los deficits cognitivos, la mala comprensión del lenguaje y la
agresividad de estos niños se puede relacionar a disfunciones del lóbulo frontal izquierdo del cerebro, lo que
provocaría dificultades en planificar, concentrarse, y aprender de las experiencias negativas. Estas alteraciones, a su
vez, llevarian a menor rendimiento escolar, lo que a su vez se asocia con alteraciones comportamentales en la sala de
clases.
Disfunción o adversidad familiar. La presencia de alcoholismo o farmacodependencia parental también eleva el riesgo
de que los hijos presenten trastornos conductuales. Este efecto es particularmente marcado cuando es la madre la que
presenta la psicopatología o el abuso de alcohol. El conflicto conyugal también se relaciona consistentemente con
conducta antisocial en los hijos, especialmente si además la madre presenta síntomas depresivos secundarios a ese
conflicto. En una revisión reciente de Grych y Fincham de 19 estudios al respecto, en 15 se encontró la asociación
entre desacuerdos parentales y psicopatología infantil ().

La combinación de supervisión inadecuada, críticas

frecuentes al hijo, disciplina dura pero poco consistente y actitudes de rechazo hacia el hijo parece ser una
combinación especialmente deleterea en cuanto a su asociación elevada con conducta antisocial infantil posterior. El
abuso y maltrato infantil también puede tener como corolario la aparición temprana de conducta agresiva, primero y
de trastornos conductuales después. Lewis () ha descrito como los niños abusados tienen menos capacidad de empatía,
y tienden a su vez a transformarse en maltratadores de hermanos, compañeros o parejas.
La pobreza y otros factores comunitarios se asocian consistentemente con mayores tasas de conducta antisocial en
diversos estudios. La desventaja socio-económica parece actuar a través de una acumulación de factores de riesgo, en
donde las deficiencias habitacionales, educacionales, el número de estréses cotidianos, etc. tienen todos un impacto en
el funcionamiento familiar, llevando a disminución en la cohesión familiar, en la disponibilidad de los padres para
preocuparse en socializar bien a los hijos, y en el saber colocarles límites en forma afectuosa.
Los ambientes urbanos tienen mayores tasas de delincuencia que los rurales. En los estudios clásicos de Rutter al
respecto, encontró el doble de tasa de criminalidad en adolescentes de Londres que en los de la Isla de Wight, en el
canal de la Mancha (op.cit.). La concentración de adolescentes delincuentes en ciertos barrios y dentro de ciertas
poblaciones es una realidad conocida en Santiago de Chile y en cualquier ciudad grande sudaméricana. La
desorganización social de estos barrios urbano-marginales lleva a una tasa elevada de criminalidad adulta, abuso de
alcohol, mayor mortalidad infantil y maltrato intrafamiliar.

En ellos también hay una mayor tendencia a que se

formen grupos delincuentes, pandillas o gangs que a través de la presión de grupo de pares aumentan el riesgo de que
el adolescente incurra en estas conductas.
SUIDICIO JUVENIL La frecuencia del suicidio ha estado en aumento en Occidente entre los jóvenes en las últimas
décadas. Este aumento se puede ligar a una sensación de falta de oportunidades en algunos casos, y en otros a un
fatalismo en relación al futuro individual o social. Esto último ha sido especialmente intenso en aquellos países donde
el espectro de una guerra nuclear ha sido más cercano, como los de Europa y Norteamérica. En otros casos las
tendencias suicidas se ligan a síndromes depresivos arrastrados como los anteriormente descritos. También aparecen

en jóvenes con síndromes esquizofrénicos, en los que la conducta suicida muchas veces es inmotivada y sin signos
previos que hagan que está sea previsible.
El aumento de la frecuencia de las conductas suicidas ha sido alarmante en algunos países, como los Estados Unidos,
donde se ha triplicado en los últimos 30 años (). En Cuba, también el suicidio representa la mayor causa de mortalidad en
la población jóven, especialmente femenina, presentando también una tendencia ascendente en los últimos 21 años
analizados (). Este aumento no es la tónica en otros países de las Américas. Chile se encuentra entre los países de la
Región con menores tasas de suicidio, como puede verse en la Tabla 11.3
Tabla 11.3: Tasas comparadas de suicidio en las Américas. Modificado de Franco (). Tasas por 100000 habitantes en
países con mas de un millos de habitantes. Datos de OPS, 1991.
País

Tasa ajustada por edad

5 - 14 años

15-24 años

El Salvador

12.2

0.7

26.1

Cuba

22.6(*)

Canada

9.9

0.7

15.8

Estados Unidos

8.8

0.7

13.2

Trinidad y Tobago

8.5

0.8

12.5

Puerto Rico

6.9

0.3

3.5

Uruguay

5.9

0.4

6.8

Argentina

5.4

0.3

6.0

Chile

4.6

0.3

6.0

Costa Rica

4.5

-

4.9

Ecuador

4.5

0.3

8.7

Venezuela

4.0

0.2

5.9

Colombia

3.4

0.4

6.6

Panama

3.4

0.5

5.0

Brasil

2.8

0.2

3.6

Paraguay

2.4

-

4.8

Mexico

2.1

0.3

3.1

República Dominicana

2.1

0.1

1.0

Guatemala

0.6

-

0.3

Peru

0.5

0.1

1.0

Jamaica

0.1

-

-

(*) Tasa bruta, no ajustada por edad.
Entre los factores de riesgo para el suicidio adolescente debe mencionarse en primer lugar el consumo de alcohol y
drogas, hecho que aparece en los estudios una y otra vez: a mayor consumo de alcohol y drogas, mayores tasas de
suicidio juvenil. Hay también diferencias por género, con tres veces mayor frecuencia entre los hombres que entre las
mujeres (): los varones adolescentes tienen más tendencia a completar exitosamente sus intentos suicidas, mientras que

las mujeres tienden a hacer gestos suicidas y a informar abiertamente acerca de la idea de quitarse la vida.
Entre otros factores de riesgo, mencionemos:
La presencia de síntomas depresivos;
El número de eventos vitales negativos o estresantes;
La soledad, en especial cuando ha habido una ruptura sentimental reciente.
La presencia de desórdenes del apetito (anorexia o bulimia);
El conocer a alguien cercano que se haya quitado recientemente la vida. Esto se liga a las ocasionales epidemias de
suicidios.
Otro factor importante identificado es el clima intrafamiliar. Cuando hay un elevado nivel de conflicto familiar, aumentan
los síntomas depresivos, los adolescentes tienden a tomar actitudes en las que se atribuyen el origen del conflicto, y luego
recurren más a las conductas auto-destructivas. Un estudio de Kandel () encontró que los adolescentes con conducta
suicida eran menos cercanos a sus padres, y especialmente a sus madres, que un grupo control. Otros factores familiares
que aparecen en la literatura con respecto al suicidio adolescente son:
Familias caóticas y con problemas múltiples;
Padres con tendencia a discutir abiertamente, a mostrarse infelices, y con hogares con niveles elevados de violencia y
peleas;
Ausencia de un padre;
Cambios recientes en el nivel financiero de la familia;
Antecedentes de abuso sexual.
En un estudio reciente, Evans y su grupo en Nevada estudiaron los principales factores de riesgo, así como los factores
protectores para la conducta suicida en un grupo de 1196 estudiantes en ese estado, encontrando los resultados que se
resumen en la tabla 11.4
Tabla 11.4 Factores de riesgo y protectores para conducta suicida, modificado de Evans ().
FACTORES DE RIESGO

FACTORES PROTECTORES

Problemas psicológicos o emocionales.

Amigos cercanos

Maltrato físico

Autoestima alta

Abuso sexual

Familia apoyadora

Conflicto familiar

Relaciones cercanas con otros adultos

SIDA

Objetivos claros para el futuro.

5.DESÓRDENES DE LA IDENTIDAD SEXUAL. Tal como los cuadros esquizofrénicos, estos casos no son frecuentes
pero si espectaculares. Muchas veces su diagnóstico se hace durante la adolescencia. La homosexualidad es un
diagnóstico que corresponde a diferentes situaciones clínicas: el temor a ser homosexual es relativamente frecuente en
sujetos con rasgos inseguros y con problemas de autoimágen o asertividad. La homosexualidad verdadera generalmente
comienza antes de la pubertad; no hay en estos casos fantasías masturbatorias ni intentos heterosexuales en absoluto, y

por lo tanto su pronóstico es más reservado. Sin embargo, es más frecuente la pseudo homosexualidad (u homosexualidad
edípica) en jóvenes en que más que atracción por el mismo sexo existe un temor hacia el sexo opuesto, temor que esta
ligado a conflictos neuróticos susceptibles de ser elaborados y tratados mediante técnicas psicoterapéuticas. En nuestro
estudio EPSAS 2, encontramos tasas bajas de homosexualidad: según los adolescentes encuestados, esta llegó a niveles
del 1.3% para los varones y 0.6% para las mujeres.
Otros cuadros frecuentes en la adolescencia son las disfunciones sexuales, generalmente acompañadas por intensa
angustia y preocupación obsesiva por el tema. Estos pueden catalogarse dentro de los síntomas hipocondríacos antes
mencionados, junto a todas las otras preocupaciones tan típicas del adolescente por su funcionamiento corporal. Otros
temores en esta área son los ligados a la alimentación, en los cuales la obesidad y la anorexia nerviosa son especialmente
frecuentes hoy en día.
C. INTERVENCIONES DE SALUD MENTAL EN EL ADOLESCENTE
La compleja situación recién descrita, hace que los problemas de salud mental del adolescente sean de solución también
compleja, y que el enfrentarlos sea una responsabilidad que deben compartir prácticamente todos los sectores sociales.
Estas respuestas sociales pueden darse tanto a nivel individual como colectivo, y enfocarse en múltiples planos:
biomédico, psicosocial, familiar y socio cultural. Su objetivo puede ser la promoción de la salud, o la prevención
primaria, secundaria o terciaria de los problemas del jóven. Revisaremos a continuación, a modo de ejemplo, algúnas de
estas posibles intervenciones
1. INTERVENCIONES INDIVIDUALES. El tipo de atención que más frecuentemente se dedica a los adolescentes son
aquellos que se dan en servicios clínicos de hospitales o consultorios, sean especializados o generales. Hemos
diferenciado en éste respecto aquellos servicios INTEGRALES para adolescentes, de aquellos INTEGRADOS, en los
cuales los jóvenes son atendidos dentro del sistema general de atención de salud. Los servicios de Salud Mental pueden
ofrecen atención especializada para adolescentes. En el sistema actual chileno, éstos se encuentran divididos
arbitrariamente entre los Servicios de Neuropsiquiatría Infantil, que atienden a la población de hasta 15 años, de los
Servicios de Psiquiatría de Adultos, que atienden a aquellos que tienen sobre 16. En la Unidad de Adolescencia del
Servicio de Psiquiatría de Hospital del Salvador, por ejemplo, se atienden jóvenes de más de 15 años, entregándose
diferentes modalidades de

evaluación y de tratamiento. Entre las primeras mencionemos evaluaciones diagnósticas

clínicas, evaluaciones psicometricas, y evaluaciones forenses. Entre las intervenciones psicoterapéuticas mencionemos
aquellas de tipo individual, grupal o familiar.
En un estudio colaborativo acerca de prevalencia de trastornos emocionales en el nivel primario de atención, coordinado
por la Organización Mundial de la Salud y en el cual participaron 16 centros en 15 países diversos, pudimos estudiar el
tipo de diagnósticos psiquiátricos formulados por un instrumento estructurado, el CIDI-PHC, segun edad (). La tabla 11.5
muestra estos resultados, e ilustra como los cuadros depresivos eran mucho mayores entre adolescentes y jóvenes que
entre los adultos, sean depresiones mayores o distimias depresivas. Lo mismo sucedía para los diagnósticos de agorafobia
y de neurastenía. Considerados como grupo, un número importante de los adolescentes y jóvenes consultantes tenían uno
o más trastornos emocionales.
TABLA 11.5. PREVALENCIA DE DIAGNÓSTICOS ICD 10 ENTRE PACIENTES CONSULTANTES EN EL NIVEL
PRIMARIO DE ATENCION, SANTIAGO DE CHILE, 1994, POR EDAD, EXPRESADO EN PORCENTAJES.

DIAGNÓSTICO ICD-10
Dependencia al alcohol
Uso dañino de alcohol
Depresión actual
Distimia
Agorafobia
Desórden de panico
Desórden generalizado de
ansiedad
Desórden de somatización
Neurastenía
Uno o más desórdenes
Dos o más desórdenes
Total de pacientes

15-24 años
3.9
2.4
60.9
4.5
10.5
0.0
11.9

25-44
2.6
25.7
28.4
3.2
5.4
0.8
13.8

45-65
2.3
1.7
24.8
4.8
2.0
0.5
22.8

4.5
22.9
69.3
36.3
100.0

34.3
11.3
65.2
48.0
100.0

9.8
7.9
43.6
23.9
100.0

Además de la atención especializada que los Hospitales pueden ofrecer dentro de sus Servicios de Psiquiatría, existen
posibilidades de atención ambulatoria a nivel comunitario. En Santiago de Chile, en la mayoría de los sistemas de salud
municipales, se han desarrollado Unidades de Adolescencia, que generalmente tienen un mayor foco en la atención de
muchachos con problemas de dependencias químicas, existiendo sólo algunas que tienen una orientación amplia de Salud
Mental. Esta atención en el nivel comunitario tiene la importante ventaja de que se otorga cerca al lugar de residencia o
de trabajo del jóven, por lo cual es más fácil el involucrar a la familia o a otras personas significativas de su entorno. Este
tipo de centros han sido re-orientados para enfrentar los problemas de salud mental de la familia en forma integral
(Centros de Salud Mental Familiar Comunitaria), con un fuerte foco preventivo.
En los servicios obstétricos es posible también encontrar unidades especializadas que atienden adolescentes embarazadas.
Estas unidades están siendo hoy cada vez más necesarias dada la mayor frecuencia de éste problema. Entre las unidades
hospitalarias de Santiago de Chile, mencionemos las unidades del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, del
Hospital del Salvador, del Hospital Barros Luco, y del Hospital Paula Jaraquemada. Para que su funcionamiento sea
adecuado, deben también coordinarse con los programas materno-infantiles en el nivel primario de atención, programas
que tienen gran solidez en Chile. Sin embargo, es necesario reforzar sistemáticamente la preparación que el personal
gineco-obstétrico tiene acerca de las necesidades especiales de los adolescentes y jóvenes.
En los servicios pediátricos la atención del adolescente también se ha desarrollado en el sentido de formar unidades
especializadas. Por ejemplo, en el Departamento de Pediatría del Hospital Dr. Luis Calvo Mackenna, se cuenta con un
programa de sub-especialización en problemas de la adolescencia , que entrena pediatras que han terminado su formación
general en Pediatría en el manejo integral de problemas del salud del adolescente. La importancia de la coordinación de la
atención hospitalaria con el nivel primario (centros de salud y consultorios) es también importante en el caso de la
atención pediátrica, dada que en esta especialidad la abrumadora mayoría de las consultas son ambulatorias y no
requieren de hospitalización.
Los tres tipos de servicios recién mencionados (Psiquiatría, Gineco-Obstetricia y Pediatría) son los que concentran más
consulta especializada de adolescentes. Sin embargo, los médicos generales o familiares son el grupo que presenta una

mayor potencialidad para desarrollar una fructífera labor con los adolescentes. Estos profesionales, cuya labor se realiza
en el nivel primario de atención (consultorios comunitarios), tienen la peculiaridad de poder trabajar con todo el grupo
familiar. Como hemos dichos, muchos de los problemas del adolescente se encuentran ligados a la familia. Por lo tanto,
aquellos médicos y profesionales entrenados para enfrentar crisis familiares, pueden tener mayor impacto en éste plano.
Además de los grupos antes mencionados, todos los profesionales de la salud, y muchos especialistas médicos que
laboran en hospitales o consultorios, pueden desarrollar una importante acción trabajando con adolescentes. Entre estos
especialistas, mencionemos a los endocrinólogos, dermatólogos, traumatólogos y cirujanos que trabajan en Servicios de
Urgencia. No solamente los médicos, por otra parte, reciben consulta adolescente: las enfermeras, las matronas, las
nutricionistas, y múltiples otros profesionales del equipo de salud deben en su labor diaria tratar problemas de ese grupo
etario. Los psiquiatras y psicólogos que trabajan en servicios generales de salud o en establecimientos de atención
primaria, además de tratar directamente algunos de los problemas antes mencionados, deben dedicar tiempo a la
consultoría y al entrenamiento de todos los profesionales antes señalados, que trabajan con adolescentes. La Unidad de
Adolescencia del Hospital del Salvador ha desarrollado, por ejemplo, acciones de éste tipo con matronas y otras
profesionales del área obstetrica.
En el plano social, las patologías sociales tales como la delincuencia juvenil han sido enfrentadas a través de instituciones
especializadas tales como los Centros de Readaptación Social. Estos, así como los Seervicios para Menores en Situación
Irregular dependen generalmente de instituciones de justicia, junto con los Servicios de Asistencia Jurídica

y los

Jusgados de Menores.
Las acciones recién mencionadas de tratamiento y rehabilitación, que conceptualmente se insertan en el plano de la
PREVENCION TERCIARIA, no son sin embargo, suficientes. Muchos profesionales clínicos pueden desempeñarse toda
su vida en ese nivel, ya que la cantidad de pacientes con problemas que existen es suficiente para mantenerlos a todos
ellos ocupados. La necesidad de enfrentar estos problemas antes de que se transformen en crónicos, ha hecho que se
desarrollen acciones de PREVENCION SECUNDARIA, destinadas a detectar precozmente los problemas, de tal modo
que sea posible hacer un tratamiento más temprano y expedito. Entre algunos ejemplos de acciones a ese nivel, citemos:
PROGRAMAS DE SALUD ESCOLAR, los que pueden involucrar examenes físicos periódicos, exámenes de laboratorio
o screening sistemático de problemas oftalmológicos, psiquiátricos, o de rendimiento escolar. Esta es una de las
técnicas más valiosas para pesquizar a tiempo problemas de salud que de otro modo pueden ser muy difíciles de
detectar hasta que la enfermedad se encuentra avanzada, y su tratamiento es más difícil;
CAMPAÑAS DE SALUD, dirigidas hacia grupos en riesgo, como por ejemplo niños deprivados socio-económicamente,
niños en situación irregular, o niños fuera del sistema de educación formal. Estas actividades tienen la importancia de
que se enfocan en sectores que tienen mayor probabilidad estadística de presentar problemas de salud, y que
habitualmente no tienen mayor atención social. Son asimismo una excelente manera de incentivar la participación
comunitaria en salud, involucrando activamente en ellas a organizaciones de voluntarias o grupos de autoayuda.
SEGUIMIENTO SISTEMÁTICO de adolescentes miembros de familias con problemás específicos. Quizá uno de los
grupos más estudiados últimamente al respecto son los HIJOS DE ALCOHÓLICOS, que están siendo cada vez más
claramente considerados un grupo en riesgo para presentar ellos mismos diversas adicciones, así como problemas

emocionales de diferente índole.
CENTROS DE PREVENCION DEL SUICIDIO. Este es uno de los temas emergentes, ya que su frecuencia entre los
jóvenes está aumentando en las grandes urbes latinoaméricanas, como lo ha demostrado Knobel (). Se han organizado
sistemas de líneas telefónicas abiertas 24 horas al día destinadas a ayudar a suicidas potenciales. En éstas, voluntarios
especialmente entrenados hablan con pacientes depresivos o que llaman por crisis vitales de un tipo u otro.
La evaluación de la FUNCIONALIDAD/DISFUNCIONALIDAD FAMILIAR
instrumentos de screening como los

también se puede hacer a través de

anteriormente mencionados. Hemos, por ejemplo, validado en Chile un

cuestionario corto, el APGAR familiar de Smilkstein, que se presta para estudios epidemiológicos en esta área ().
Además,mencionemos el uso de las baterías CTS y CSF, más largas y por el momento para uso preferentemente en
investigación.
Además de las acciones recién descritas, son también importantes las de PREVENCION PRIMARIA. En ella se busca
proteger a la población general del desarrollo inicial de un problema. Entre algúnas de estas iniciativas, mencionemos las
CAMPAÑAS DE SEGURIDAD EN EL TRANSITO, que en el caso de los adolescentes en nuestro medio se pueden
traducir en la creación de BRIGADAS DE SEGURIDAD ESCOLAR. Los programas de EDUCACION SEXUAL y en
especial de PREVENCION DE SIDA también deben enfocarse centralmente en los jóvenes.
Las acciones de PREVENCION PRIMARIA DEL ALCOHOLISMO Y LA DROGADICCION son especialmente
populares hoy. Estas han sido desarrolladas intensivamente en el Servicio de Salud Metropolitano Oriente de Santiago de
Chile, y en otras publicaciones (,) hemos detallado nuestro enfoque. Solo diremos acá que la mera entrega de
información, a través de charlas o publicaciones, no es efectiva y puede ser aún contraproducente, ya que la curiosidad y
la búsqueda de experiencias novedosas es una motivación importante entre los jóvenes. Más que el entregar información,
parece tener mejor rendimiento el cambiar actitudes y sobre todo conductas entre los jóvenes. Mientras más vivencial sea
la actividad, existirán mayor impacto y posibilidades de cambio. Es así como los TALLERES DE DESARROLLO
PERSONAL dirígidos independientemente a escolares, sus padres, y profesores parecen ser efectivos en mejorar las
capacidades de comunicación interpersonal y la autoestima de los participantes. Indirectamente además se entrega
información y se intenta modificar mitos y actitudes erróneas con respecto al uso de sustancias químicas.
Finalmente, una actividad conceptualmente diferente de las anteriores, pero que en la práctica se sobrepone con ellas, es
la de PROMOCION DE SALUD. En esta se fomentan las acciones positivas no ya para prevenir la enfermedad, sino para
mejorar el bienestar físico y mental del jóven. Entre estas mencionemos todas las que promueven el USO ADECUADO
DEL TIEMPO LIBRE, a través de deportes, recreación y actividades culturales. Otras actividades de promoción son las
que se enfocan en la PREPARACION PARA LA VIDA EN PAREJA Y EN FAMILIA,

a la ORIENTACION

VOCACIONAL Y PLANEAMIENTO DEL FUTURO. En estas, el uso del sistema de orientación de los establecimientos
educacionales puede ser extraordinariamente provechoso. Otra técnica de promoción de importancia es la de GUÍA
ANTICIPATORIA, en la cual se preparan pre-adolescentes para la crisis normativa de la adolescencia que se avecina().
Una actividad emparentada, en los sistemas escolares, son las ESCUELAS PARA PADRES, que ofrecen tecnologías
específicas para ayudar a los padres a cumplir sus tareas.
En éste plano deben señalarse en el nivel social, las organizaciones de los propios jóvenes, que tienen un rol central, así

como lo tienen los MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACION. Los INSTITUTOS CULTURALES, los CENTROS
JUVENILES, las BRIGADAS DE SALUD JUVENIL, los grupos religiosos y de otra índole ( BOY-SCOUTS, GIRLGUIDES, etc) tienen todos importancia en éste nivel social de acción.
El breve recuento anterior ilustra nuestro punto inicial de que la tarea de responder a las necesidades y problemas
juveniles no solo es multisectorial sino que compete a la sociedad toda, a través de múltiples personas e instituciones.
CAPÍTULO XII. INTERVENCIONES PREVENTIVAS
Las características en comun de la juventud en alto riesgo.
En los capítulos anteriores se ha podido constatar que muchos de los antecedentes de las diversas conductas riesgosas que
hemos revisado, tienden a repetirse. Al revisar los comunes denominadores de dichas conductas, los factores que aparecen
tener mayor poder explicatorio en relación a todas ellas son:
Edad: mientras más temprano aparece cualquier conducta riesgosa, mayor intensidad adquirirá ésta y más consecuencias
negativas se producirán a lo largo del tiempo;
Expectativas educacionales y notas escolares: Los bajos promedios de notas, asi cómo el esperar rendir poco en la
escuela, se asocian con todas las conductas riesgosas.
Comportamiento general. El faltar a clases, la conducta antisocial, el vandalismo y otras alteraciones conductuales se
asocian con cada una de las conductas riesgosas.
Influencia de los pares: El tener poca capacidad de resistencia a la presión de los pares, asi como el tener amistades que
desarrollan estas conductas riesgosas aumenta la probabilidad de que el propio adolescente se involucre en ellas.
Influencia de los padres: Un vínculo insuficiente con los padres, expresado en que éstos no supervisen, se comuniquen o
guien a sus hijos, asi como un estilo parental autoritario o permisivo en exceso se asocian fuertemente con las
conductas anteriores.
Calidad de la vida comunitaria: El vivir en áreas de pobreza, o en comunidades urbanas de alta densidad poblacional se
relaciona con la aparición de estos problemas.
Otros factores que aparecen con asociaciones no tan fuertes estadísticamente, o que están sujetas a diversas
interpretaciones, son los siguientes:
El sexo: si bien en general los hombres tienden a presentar más conductas de riesgo diversas, por otra parte algúnas de
ellas han pasado a ser más frecuentes en las mujeres, como por ejemplo el fumar cigarrillo. Las mujeres, asimismo,
tienden a ser más afectadas por las consecuencias de las conductas de riesgo. El ejemplo más obvio de lo anterior son
los efectos de la vida sexual temprana: embarazo precoz, enfermedades de transmisión sexual, etc.
La estructura de la familia. La medida habitual de estructura familiar es la presencia de ambos padres, o de uno solo en
la casa. Especial importancia se le ha dado a las consecuencias de la crianza en familias uniparentales de jefatura
femenina, cuyo número esta progresivamente aumentando en Chile. El modo como ésta variable influye en la
aparición de conductas de riesgo no es claro. Para algunos, más que la composición de la familia per se, lo que
realmente importa es la calidad de la crianza, la que se daña cuando falta el padre o, aún más, la madre. El tener un
padre dedicado a los hijos muchas veces da una crianza de mejor calidad que la que da el tener a los dos padres, pero
despreocupados de sus hijos. El vínculo parental es el elemento clave para muchos investigadores a éste respecto. Por

otra parte, cuando los padres o los hermanos incurren en conductas de riesgo, aumenta la probabilidad de que los
adolescentes también las practiquen. La religiosidad familiar parece influir a través de su asociación con estructuras
familiares inestables: en el hecho, como lo mostraramos en un trabajo, la observancia religiosa es un buen predictor de
muchas conductas de riesgo ().
El nivel socio-económico parece influir a través de dos variables asociadas: la pobreza y el bajo nivel educacional. Estas
son las que se asocian más específicamente con la delincuencia, el embarazo precoz y el fracaso escolar. Los hogares
uniparentales de jefatura femenina también estan en riesgo alto a través de su frecuente asociación con esta otra
variable: generalmente cuando la mujer queda sola a cargo de la familia, baja el nivel de ingresos global de la familia
en forma importante.
La calidad del sistema escolar parece ser en muchos estudios, otra variable importante para las conductas de riesgo,
especialmente para delincuencia, abuso de drogas, y bajo rendimiento. La asociación estadística no es tan clara para
los embarazos tempranos.
En cuanto a variables psicológicas, el diagnóstico de depresión es quizá el antecedente, junto con el de estrés excesivo
que aparece más frecuentemente asociado con las diversas conductas de riesgo adolescente. Las conductas
delincuentes tienen como antecedentes frecuentes otros comportamientos tales como hiperactividad, agresividad y
otras formas de conducta antisocial, especialmente cuando surgen a edades tempranas. La sensación de exclusión o
alienación social, frecuentemente se ligan tanto a delincuencia como a deserción escolar. La falta de conformidad con
las normas sociales y la rebeldía se asocian con todas las conductas de riesgo, excepto los embarazos tempranos.
Desde el ángulo de los estudios genéticos, se han encontrado indicadores claros de que existen factores hereditarios en
el abuso de sustancias y en las conductas delincuentes. Los hijos de padres alcohólicos desarrollan alcoholismo en
porcentajes mucho más altos que los hijos de padres no alcohólicos, aunque sean dados tempranamente en adopción a
padres que no beben.
La autoestima baja es frecuentemente mencionada como predictor de las conductas problema. Los datos estadísticos, sin
embargo, no son tan definitivos al respecto: las asociaciones en análisis de regresión múltiple muchas veces no
alcanzan a niveles de significación estadística clara.
Programas efectivos de prevención de las farmacodependencias.
La literatura a éste respecto es abundante, amplia, diversa y difícil de resumir. Los programas de prevención de drogas se
han transformado en muchos lugares en un negocio, y las bases científicas de su impacto no se han estudiado
sistemáticamente. En general, la gran mayoría de los programas existentes se pueden clasificar entre los que se centran en
establecimientos educacionales, y los que tratan de modificar las políticas con respecto al consumo a nivel global. Estos
últimos se han hecho progresivamente interesantes en la medida que se ha planteado que el éxito de las campañas antitabaco (ya en muchos países el consumo de cigarrillo esta paulatinamente disminuyendo) se deben a que se consiguió un
cambio drástico en la opinion pública y las actitudes acerca del tabaco, en la medida que se demostró por una parte los
efectos nocivos de éste en el mediano y largo plazo, de que se crearon ambientes libres de tabaco, de que en algunos
lugares se ganaron batallas legales que responsabilizaron a los fabricantes de tabaco por la mortalidad producida por éste
en consumidores crónicos de cigarrillos y de que se logró neutralizar los efectos de la propaganda pro-tabaco, o bien
controlar los horarios en los cuales esta se podía exhibir en los medios masivos de comunicación. La tabla 12.1 muestra

los principales indicadores de éxito en actividades preventivas de farmacodependencia. Se puede notar que aqui no se
incluyen indicadores indirectos que comúnmente se utilizan en el corto plazo, como satisfacción con uno mismo, efectos
positivos emocionales de la experiencia, etc.
Tabla 12.1. INDICADORES DE LOGRO EN PREVENCIÓN DE FARMACODEPENDENCIAS.
CONDUCTA A PREVENIR

MEDIDORES DE IMPACTO

FUENTES DE DATOS

Iniciación del consumo de

Aumento en el porcentaje de

Encuestas auto-administradas.

sustancias químicas

adolescentes que informan que
nunca han consumido.

Continuación del consumo de

Disminución del porcentaje de

Encuestas auto-administradas.

cigarrillo, marihuana, etc.

usuarios activos

Tests bioquímicos (saliva, pelo,
etc.)

Uso dañino del alcohol

Reducción de la cantidad y

Encuestas auto-administradas.

frecuencia del consumo;

Registros policiales.

Reducción en el número de
detenciones por violación de leyes
sobre alcohol.
Conducir bajo la influencia del

Reducción en el número de

Encuestas auto-administradas.

alcohol.

detenciones policiales.

Registros policiales.

Cualquier nivel de uso de

Reducción en el uso.

Encuestas auto-administradas.

sustancias ilegales.

Disminución en los arrestos por

Informes policiales.

drogas
Los programas educativos, como ya dijimos, son múltiples. La mayor parte de la evidencia evaluativa actual es que su
mayor impacto consiste en mejorar el conocimiento sobre las drogas. Su efecto sobre las conductas es menor. En un
meta-análisis de 143 programas evaluados, Tobler () clasificó estas actividades de la siguiente manera:
Programas orientados a los conocimientos. La estrategia de educación sobre las drogas, se centra en dar información
sobre los efectos a largo plazo de éstas, generalmente presentada por profesores externos. Tienden a tratar de inducir
temor a éstas, y se piensa que a través de éste mecanismo se llegará cambiar las actitudes y las conductas de consumo.
Estrategias de educación afectiva. Se centran en la suposición de que los factores psicológicos son centrales, y
promueven entonces el desarrollo personal, la mejoría de la propia auto-estima, y la clarificación de valores.
Comparativamente con otras aproximaciones, no se le da mayor importancia a las drogas en si mismas.
Destrezas de planeamiento de vida y de influencia social. Se centran en promover cambios concretos en varios planos,
tales como destrezas de rechazo ( saber decir que no cuando se ofrece drogas; técnicas específicas de resistencia
interpersonal, etc.), desarrollo de habilidades sociales y de planeamiento vital. Se basan en la suposición de que las
capacidades sociales genéricas para tomar decisiones adecuadas y resolver problemas, si se ejercitan, llevan a una
disminución del consumo. Específicamente, estos programas promueven la sensación de competencia personal (autoeficacia), desarrollan capacidades de comunicación interpersonal, dan retroalimentación personal a los participantes,
utilizan la clarificación de valores, y ayudan a que el profesor enfrente el tema en la sala de clases.

Combinación de alternativas de conocimiento y afectivas. Esta estrategia agrega e a la anterior información cognitiva
explícita acerca de las drogas y sus efectos.
Estrategias alternativas. Se centran en alterar correlatos conductuales del uso de drogas, reemplazando las conductas
negativas por otras positivas (mejor uso del tiempo libre, talleres laborales, voluntariados comunitarios, etc. ). O bien,
capacitan formalmente a jóvenes de alto riesgo en programas de superación del desempleo, enseñando artesanías,
oficios o técnicas que capacitan al jóven para ganarse la vida.
Al revisar Tobler las estrategias anteriores, encontró que el mayor impacto del conjunto de programas era en el nivel de
conocimientos, mejorando éste, pero sin un impacto claro en cambio de actitudes ni comportamientos específicos. La
sustancia en la cual se lograron los mayores éxitos fue en el caso de la reducción del uso de tabaco. Al revisar los modelos
específicos, el tercero, o sea el centrado en la influencia social y destrezas vitales, fue el que tuvo impacto conductual más
claro, seguidos en segundo lugar por las estrategias alternativas de uso del tiempo libre y capacitación laboral. Esto fue
especialmente cierto para los grupos en alto riesgo por deprivación socio-económica.
En resumen, los programas efectivos de prevención de las farmacodependencias comparten los siguientes elementos, de
acuerdo a las revisiones anteriores;
Tienen una aproximación amplia, que toma en cuenta el contexto social y ambiental, dirigiéndose más a los factores
antecedentes del riesgo que al consumo en si. El trabajar alrededor de la falta de apoyos familiares, o el bajo
rendimiento escolar, es más efectivo que actuar directamente en relación al consumo de alcohol, tabaco o marihuana.
Tratan de focalizar al mismo tiempo múltiples componentes y niveles: escuelas, padres, pares, modelos de rol, medios de
comunicación, policia y sistema legal, distrubuidores de sustancias legales, y servicios sociales preocupados de la
juventud.
Los sistemas escolares pueden constituir el centro natural de las actividades de los distintos grupos y niveles recién
enunciados. Mientras más temprano comienze una actividad a éste respecto, más impacto se tiene a la larga. Desde
éste ángulo, el mejor grupo objetivo son los 7os y 8os básicos, más que la educación media, en la cual el consumo ya
ha comenzado. Esto no quita que el programa escolar global no deba ser continuo, con componentes apropiados para
cada curso, área curricular y nivel educacional.
El entrenamiento de los profesores es un elemento crítico en los programas escolares. Más que curriculos escritos muy
bien diseñados, es importante contar con profesores motivados a desarrollarlos, y con por lo menos una persona, sea
orientador o profesor interesado, responsable formalmente del tema en la comunidad educativa.
Si bien la capacitación y el interés de los profesores es un requisito previo, al parecer tienen más impacto los programas
desarrollados por pares, que tienen mayor credibilidad en su grupo de edad que los adultos. En una evaluación
internacional en la que participamos, esto quedó muy claramente demostrado (). En especial, los programas que
ofrecen como modelo a estudiantes mayores que desarrollan el curriculo entre los cursos menores parecen ser
especialmente interesantes.
Cuando los programas se dirigen a grupos vulnerables, con porcentajes elevados de niños en alto riesgo, es importante
diseñar desde el comienzo actividades personalizadas para trabajar con éstos, y para ofrecer tratamiento y
rehabilitación cuando sean necesarios.

En resumen, el campo de la prevención del abuso de sustancias se ha modificado en forma importante en la última
década, y seguramente lo seguirá haciéndo. Es importante por lo tanto mantenerse al día, en especial de los enfoques
evaluados que demuestren mayor eficiencia y efectividad.

Programas efectivos de prevencion de la delincuencia.
Como lo vimos anteriormente, la delincuencia juvenil es el continuo de conductas que transgreden las normas sociales,
que van desde mala conducta y vandalismo en la sala de clases, hasta conductas ilegales criminales, como robos a mano
armada, o asaltos con homicidio. Esta gama es muy amplia, por lo que los programas preventivos al respecto van también
desde los que se focalizan en mejorar el comportamiento en la sala de clases, hasta la prevención de la criminalidad entre
pandillas de barrio. Esto también implica un desplazamiento desde maniobras focalizadas en el niño y su familia, hasta
programas centrados en la escuela, la cultura del grupo de iguales y la comunidad en su sentido más amplio. También es
importante definir si estos son programas que se centran en la prevención primaria, o sea en niños que, estando en riesgo,
no han incurrido en conductas delincuentes, hasta la secundaria, que se centra en niños que ya han cometido delitos, y que
buscan que estos no se repitan, pretendiendo disminuir las cifras de recidivismo.
La actitud general acerca de la efectividad de estos programas es negativa. Leitenberg () resume éste escepticimo cuando
afirma: “ Mis pensamientos acerca de la prevención primaria de la delincuencia tienden a ser pesimistas. A menos de que
temas mucho mayores de índole política, organizacional, económica y social sean adecuadamente enfrentados,
tendremos poco impacto. Creo que las áreas mas productivas no son del dominio de la psicología, sociología,
psiquiatría, trabajo social, o criminiología, sino que en el terreno de la política”. Otro autor, Lundman () es aún más
tajante: “Se recomienda que se abandonen los esfuerzos tradicionales de prevención de la delincuencia. Los proyectos
preventivos no resultan, gastan mucho dinero, violan los derechos de la gente jóven y de sus familias, inspiran
intervenciones o esfuerzos descabellados, y no llegan a afectar los correlatos bien reconocidos de la delincuencia urbana
(pobreza, falta de trabajos y de servicios, poca educación). La evidencia existente aconseja abandonar los esfuerzos de
prevenir la delincuencia en el nivel individual”.
A pesar de lo anterior, una revisión de la literatura muestra que algunos programas efectivos tienen impacto si son
evaluados. De la revisión antes citada de Dryfoos, mencionemos algunos programas que han sido evaluados como
exitosos:
Intervenciones tempranas.

La relación entre desarrollo inicial del niño y conducta prosocial posterior está bien

demostrada. Mientras más temprano aparecen los rasgos antisociales, peor es el pronóstico posterior. El fracaso
escolar temprano parece ser un indicador especialmente crítico tanto de las conductas delincuentes como del abuso de
sustancias, de la conducta sexual precoz y de otras conductas maladaptativas. Desde ese ángulo, las intervenciones
psicosociales tempranas que promueven un adecuado desarrollo cognitivo inicial del niño merecen ser subrayadas, y
algúnas han demostrado su efectividad en reducir las tasas de algúnas de las conductas recién señaladas. El apoyo
educacional a los niños y social a las familias en riesgo psicosocial tiene pues una base empírica positiva.
Intervenciones familiares. La falta de apoyo y supervisión parentales son otro elemento recurrente en los estudios

empíricos. Por ello, se han diseñado diversas intervenciones que capacitan a los padres en destrezas de manejo
conductuales de problemas específicos, o en destrezas más amplias de negociación de problemas. Las diversas
Escuelas para padres pueden ser entonces un modo interesante de acercarse a éste tema.
Intervenciones en la escuela. Se han diseñado diversos programas que mejoran la capacidad de resolución de problemas
de los niños, o sus destrezas sociales, o sus habilidades de razonamiento moral, o su información con respecto a
normas legales existentes. Las técnicas conductuales en el manejo de la sala de clases, con aproximaciones proactivas,
creando un ambiente positivo mediante actitudes interactivas con sus alumnos, y con propuestas de proyectos
cooperativo de aprendizaje, son otra via promisoria en éste plano. Diversas escuelas alternativas, o diseños de
servicios especiales para adolescentes en riesgo, con servicios de consejería en la escuela o rápida derivación al
sistema de salud primaria, son aproximaciones interesantes.
Intervenciones comunitarias de componentes múltiples. Estas intervenciones se han centrado en poblaciones de alto
riesgo, ofreciéndo alternativas a las conductas antisociales, del tipo recreativo, deportivo, cultural y de
enriquecimiento global de la calidad de vida. En algunos casos las intervenciones se han focalizado aún más en
adolescentes que ya han incurrido en conductas delincuentes y en los que se trata de prevenir las recaidas. Estos
programas pueden centrarse en Juzgados de Menores, en centros de acogida para jóvenes, en organizaciones
vecinales, etc.
En resumen, algúnas afirmaciones generales acerca de los programas de prevención de la delincuencia son las siguientes:
Debieran tener objetivos más amplios que la prevención de la delincuencia juvenil en si, enfatizando más bien la
interacción entre oportunidades educativas y juventud en alto riesgo.
Los programas debieran tener componentes múltiples, al no existir uno solo que tenga un impacto especialmente
espectacular.
Las intervenciones debieran ser lo más precoces posibles en el desarrollo infantil, para prevenir la aparición de problemas
de aprendizaje o conducta.
Las escuelas debieran jugar un rol central en estos programas, desarrollando aquellas características que identifican a los
sistemas educativos seguros y ordenados: administración fuerte, políticas disciplinarias claras, participación
estudiantil en la toma de decisiones, inversión elevada en crear conciencia de los logros del sistema educacional, tanto
desde el punto de vista de los rendimientos de los estudiantes como del desarrollo del profesorado.
Los esfuerzos debieran focalizarse en el cambio institucional más que en el individual, especialmente en relación al
objetivo de mejorar la calidad de la educación para los niños en mayor riesgo. Esto no es antagónico con el esfuerzo
de personalizar el planeamiento y el darle una atención intensiva a los individuos con mayor riesgo.
Los mejores programas disminuyen su impacto cuando dejan de ser esfuerzos intensivos y experimentales, por lo que la
atención a su continuidad es especialmente crucial. La Tabla 12.2 resume algunos indicadores específicos de impacto
para evaluar la calidad de los esfuerzos preventivos en esta área.
Tabla 12.2: INDICADORES DE LOGRO EN PROGRAMAS DE PREVENCION DE LA DELINCUENCIA.
CONDUCTA A PREVENIR

MEDIDORES DE IMPACTO

FUENTES DE DATOS

Ausentismo escolar

Mejor asistencia

Registros de asistencia.

Mala conducta

Mejor conducta

Registros de los profesores;
Auto-informes;
Informes de los padres.

Vandalismo en la sala de clases

Menor conducta destructiva

Auto-informes.

Fugas de la casa

Menos número de fugas;

Auto-informes.

Menores detenciones policiales
Uso de alcohol y drogas

Menor uso

Auto-informes.

Conductas criminales: homicidio,

Menor tasas de arresto.

Estadísticas policiales.

violaciones, hurto, robo con

Menor número de actos criminales.

Estadísticas criminales.

fractura, robo de autos

Autoinformes.

Programas efectivos de prevención del embarazo temprano.
Este es un tema que suscita más debate que los anteriores, en los que existe un consenso social acerca de la
inconveniencia de conductas delincuentes o de consumo de drogas por los adolescentes. En éste caso, como lo
mencionáramos anteriormente, se produce un cisma entre quienes centran el foco de la prevención en el retraso de la
iniciación sexual, y quienes preferencian el “sexo seguro” y se centran en prevenir el embarazo a través de la difusión del
uso amplio de contraceptivos entre los jóvenes.
Un punto de acuerdo entre los diferentes puntos de vista sin embargo, es el de “opciones de futuro”, que subraya el hecho
de que en éste período de la vida son importantes las decisiones de vida que el adolescente toma, y que de modo
importante decidirán su futuro. Todos los datos muestran que la sexualidad temprana y sus consecuencias pueden limitar
las posibilidades con las que se enfrenta la vida adulta. Por otra parte, la evaluación del impacto de muchos de los
programas preventivos en éste plano es compleja, y no hay cantidad suficiente de datos en varios planos. La tabla 12.3,
muestra los distintos indicadores de evaluación de estos programas.
Tabla 12.3. MEDIDORES DE LOGRO EN PREVENCION DE EMBARAZO DEL ADOLESCENTE.
CONDUCTA A PREVENIR

MEDIDORES DE ÉXITO

FUENTES DE DATOS

Conducta sexual temprana

Porcentaje no sexualmente activo.

Cuestionarios de auto-informe

Relación sexual

Porcentaje que usa contraceptivos

Cuestionarios de auto-informe

Embarazo no deseado

Reducción en el porcentaje de

Cuestionarios de auto-informe

abortos
Crianza temprana de hijos

Reducción en el número de partos

Cuestionarios de auto-informe

de adolescentes.

Estadísticas vitales.

Los estudios evaluativos, en éste caso, no tienen claro que tipo de programas son los que resultan: no está demostrado,
por ejemplo, que los programas de educación sexual realmente prevengan los embarazos no deseados o que aumenten el
porcentaje de uso de contraceptivos (). Si bien los cursos sobre sexualidad aumentan el grado de conocimientos sobre éste
tema, no parecen alterar las conductas de los adolescentes en forma significativa: Stout y Rivara () señalan a éste respecto

que es poco razonable esperar que programas escolares generalmente de pocas horas de duración contrarresten los efectos
de una prolongada socialización en que medios de comunicación y muchos otros elementos del contexto empujan al
adolescente en la dirección contraria.
Los programas con participación de los pares, más que en los adultos, se han hecho progresivamente populares. La
evidencia de la investigación en éste plano es que quienes más modifican sus conductas en este plano son los propios
monitores o líderes de estas campañas, que se convencen generalmente de la bondad del mensaje que están transmitiendo.
Estos programas mejoran el nivel de auto-estima de los adolescentes, sin que necesariamente influyan en sus conductas
sexuales.

Del mismo modo, la participación de las familias también parece tener éxito en el sentido de mejorar la

comunicación entre padres e hijos, pero no en relación a indicadores de conducta reproductiva de los últimos. En general,
además, la dificultad está en involucrar a los padres de jóvenes vulnerables o de alto riesgo.
Algunos puntos a subrayar en estos programas son los siguientes:
Es importante la intervención temprana, a nivel de la pre-adolescencia.
Los programas debieran tender a tener múltiples componentes, con énfasis en la toma de decisiones acerca del futuro y el
desarrollo de habilidades concretas para enfrentar éste futuro. Esto se puede lograr desde la escuela, desde los medios
de comunicación, desde asociaciones de padres, y con la participación de los mismos jóvenes.
Es importante la toma de posiciones al respecto de las comunidades escolares y de diversos grupos preocupados por los
jóvenes.
Los esfuerzos debieran no solo centrarse en las adolescentes mujeres que pueden quedar embarazadas, sino en los varones
que pueden embarazarlas.
Es importante, aunque parezca difícil, involucrar a los padres en estos programas.
Las campañas de educación sexual en la escuela debieran focalizarse no tanto en la conducta reproductiva en si, sino en el
desarrollo de destrezas sociales, de consejería, de aumento de las oportunidades educacionales.
Lo anterior involucra un activo esfuerzo de capacitación de los profesionales que asesoren estas actividades,
especialmente de los profesores.
Las organizaciones externas que participen en estas campañas, como servicios de salud u organizaciones no
gubernamentales, debieran proveer al mismo tiempo de servicios asistenciales a los casos que requieran de atención
curativa de salud general o de salud mental.
Los servicios recién aludidos debieran estar dirigidos en especial a la juventud en riesgo, sobre todo para ofrecer
intervención en crisis, preparación y colocación laborales, educación alternativa, etc.

El financiamiento de estos

servicios debe estudiarse cuidadosamente dado su costo.
Es importante, finalmente subrayar que éste es un tema en pleno desarrollo, y que es necesario abrir múltiples alternativas
que sean evaluables, antes de comprometerse con un solo camino, ya que, a diferencia de otras conductas de riesgo, en
éste caso no hay aún suficiente información evaluativa solida, por una parte, y por otra, hay menos consenso social acerca
de cuales son los caminos legítimos a seguir.
Programas efectivos de prevención del fracaso y deserción escolares.
En el caso de los programas centrados en el rendimiento escolar, anteriormente mencionamos tres áreas: programas que
previenen el fracaso escolar, los que previenen la deserción del sistema, y los que ayudan a reinsertarse en éste a quienes
ya salieron. Los primeros en general se describen en la literatura acerca de reforma educacional, que busca mejorar la

calidad y eficiencia de los sistemas escolares. Los segundos focalizan a niños en alto riesgo de desertar. Los terceros se
centran en la rehabilitación de los niños que han dejado el sector formal de la educación. La tabla 12.4 resume el tipo de
medidores de logro de estos diversos programas.
Tabla 12.4. INDICADORES DE LOGRO EN PREVENCION DE FRACASO Y DESERCION ESCOLARES.
CONDUCTA A PREVENIR

MEDIDORES DE ÉXITO

FUENTES DE DATOS

MALAS NOTAS

Mejoría en las notas

Registro de notas
Cuestionarios de auto-informe

BAJO RENDIMIENTO

Mejoría en puntajes de tests

Registro de notas.

BAJAS EXPECTATIVAS DE

Subir las expectativas

Cuestionarios de auto-informe

LOGRO
NO PROMOCION; REPITENCIA

Informes de los profesores.
Mejoría en porcentajes de

Registros escolares

retención
DESERCIÓN

Mejoría en retención escolar

Cuestionarios de auto-informe.

Mejores indices de completación

Registros escolares.

de ed. media.

Censos escolares.

Mejores puntajes PAA

Informes PAA

Ausentismo escolar

Mejores porcentajes de asistencia

Registros escolares.

Suspensiones y expulsiones

Porcentajes mas bajos de

Registros escolares.

suspensiones y expulsiones.
Los estudios en diversos países coinciden con respecto a cuales son las características de los sistemas educacionales que
actuan sobre estas variables. En un estudio realizado por Rutter con niños de Londres, encontró entre estas características:
énfasis en el trabajo académico; roles definidos de los profesores; flexibilidad curricular; sistema de incentivos y castigos;
posibilidad de que los estudiantes tomaran responsabilidad por su propia conducta. En la revisión de Dryfoos, subraya
éste autor los siguientes puntos:
No hay un sistema ni componente que se haya demostrado como el único efectivo. Las diversas escuelas y comunidades
deben encontrar diversas estrategias para reforzar a los alumnos con problemas. La palabra clave es flexibilidad.
La intervención temprana es crítica para la prevención de problemas del desarrollo y del aprendizaje. Los programas preescolares y las escuelas de padres tienen un rol importante.
Es importante en la misma línea la identificación temprana de los estudiantes problemas, y que exista una base de datos
que permita seguir longitudinalmente a estos estudiantes desde la enseñanza básica hacia la media.
En los estudiantes de alto riesgo es donde es más importante el tamaño no excesivo de las clases y de los
establecimientos, y la organización de la enseñanza.
Los niños con problemas son quienes más necesitan de una atención e instrucción individualizadas, con planes y
contratos personalizados.
La autonomía de los sistemas escolares es importante, con un director y grupo administrativo que pueda influir realmente
en el curriculo y en las oportunidades educacionales que se les ofrecen a los alumnos.
Los profesores deben estar comprometidos con tener expectativas altas para sus estudiantes y al mismo tiempo, con

personalizar las experiencias educativas que ofrezcan a éstos. Debiera existir un sistema de incentivos para los logros
de los estudiantes que beneficie a los profesores, en especial cuando se trate de alumnos vulnerables.
El foco vocacional debiera mantenerse siempre presente con actividades que muestren la relevancia de la experiencia
educativa para la futura inserción laboral de los estudiantes. Esto implica proyectos fuera del colegio, seminarios con
futuros empleadores, y otras experiencias que disminuyan la distancia entre escuela y trabajo.
Debiera existir un sistema de orientación y consejería al alcance de los estudiantes en alto riesgo que requieran ayuda en
sus problemas personales o familiares, con un sistema expedito de derivación a los servicios de salud respectivos.
La integración de la escuela con la familia y la comunidad es esencial. Es importante crear programas conjuntos que
incorporen a los padres, tal como las conexiones con agencias comunitarias, en especial las que se preocupan de los
jóvenes.

Programas de apoyo a la función protectora de la familia.
Estos programas han sido recientemente revisados por Small (), quien estudió un número de intervenciones a éste
respecto en los Estados Unidos, identificando 41 programas que revisó en detalle. Encontró que en general pocos de ellos
se centraban en la función de provisión de recursos básicos de subsistencia, y que mas bien enfatizaban el entregar
destrezas específicas: detección de uso excesivo de alcohol o drogas, como resistir las presiones de consumo, y desarrollo
de redes de padres destinadas a mejorar la calidad del monitoreo y supervisión infantiles. La mayoría de estos programas
también focalizaban la función de guía de los padres, a través de mejorar sus capacidades de comunicacion, de toma de
decisiones en familia, de fomentar actitudes cálidas y preocupadas hacia los hijos, y de imponer una disciplina firme y
consistente. El colocar límites y reglas claras es un tema recurrente en la mayoría de los casos. Algunos pocos programas
subrayaban la capacidad de los padres de organizarse y conectar a sus adolescentes con los recursos existentes en la
comunidad. La tendencia en la mayoría de los programas era su foco en la etapa pre-adolescente, dada la evidencia de que
es el mejor momento para prevenir las diversas conductas de riesgo. En cuanto a sus metodologías, la mayoría de los
programas tendían a ser didácticos y entregar información a los padres, y sólo algunos incluían técnicas participativas de
educación de adultos.
Una variedad de programas de éste tipo eran los centrados no en los adolescentes sino en la pareja conyugal, destinados a
mejorar la calidad del matrimonio. Tal como ha quedado claro a lo largo de éste libro, la relación entre los padres puede
ser un factor protector o un estresor importante para el desarrollo de los adolescentes. Dos tipos de programas destinados
a apoyar esta relación son los programas de fortalecimiento marital,

destinados a mejorar la identificación e

intervención de temas que potencialmente pueden tornarse conflictivos, y de buscar modos saludables de enfrentar estos.
El foco global de estos programas está en el manejo constructivo de las diferencias, y el utilizar positivamente el
conflicto, y especialmente la agresión. Su énfasis esta en la prevención de los problemas antes de que estos se produzcan.
Un segundo tipo de programas, los de mediación o negociación del divorcio, se han centrado por el contrario en parejas
que ya se han separado, ayudándolos a negociar la transición y enfrentar la vida, especialmente en el caso de las madres
en hogares uniparentales, de un modo positivo. En una de las estrategias más conocidas, la de Bloom y Bloom () se exige
una separación de por lo menos seis meses para incorporarse a éste tipo de grupos. La evaluación de ambos tipos de
programas ha sido hasta el momento positiva, teniendo claramente objetivos diversos: uno más bien de tipo preventivo, y

otro de disminuir el impacto de las consecuencias de la separación.
Programas preventivos efectivos.
La revisión de los diversos programas exitosos en cada uno de los diversos tipos de conductas de riesgo llevan a definir
algunos comunes denominadores, que de acuerdo a la revisión, varias veces antes ya citada de Dryfoos son los siguientes:
Atención individualizada e intensiva. El dar al niño en riesgo la posibilidad de vincularse a un adulto que se preocupe
intensivamente por él y sus necesidades es uno de los elementos centrales del éxito. La teoría del apego ve a éste
vínculo como la base del desarrollo humano, al dar una conexión emocional con alguien que puede ser un terapeuta
individual, un profesor orientador, una asistente social, un sacerdote, etc. El contar con un adulto interesado es una de
las bases de la recuperación, en algunos casos, o de la prevención, en muchos otros.
Programas colaborativos comunitarios. Estos programas se centran en la importancia de una red inter-agencias que se
coordinan para proporcionar un sistema amplio de posibilidades al niño. Al coordinarse las escuelas, los consultorios
de salud, los medios locales de comunicación, los sistemas judiciales, etc., se puede generar una actitud global
propicia a las actitudes positivas hacia el niño en riesgo. Los proyectos de la Organización Mundial de la Salud
denominados “ciudades saludables “ son un ejemplo de estas aproximaciones de componentes múltiples. El crear
grupos de coordinación comunitarios inter-agencia, como por ejemplo se hizo en la ciudad de Arica, en la Primera
Región de Chile al aumentar el consumo de drogas en esa ciudad, es también un modo interesante de aumentar la
visibilidad de un tema para lograr enfrentarlo mancomunadamente.
Identificación y tratamiento precoces. Mientras más temprano se comiencen las actividades preventivas, más posible
es disuadir a los adolescentes de incurrir en conductas de riesgo. Como viéramos anteriormente, el evitar la iniciación
del consumo de drogas, o de la vida sexual, o de las conductas antisociales, es un modo eficiente de evitar que éstas se
transformen en problemas mayores, o de que se produzcan consecuencias negativas de éstas.

El desarrollo de

sistemas de seguimiento con bases de datos computarizadas en sistemas escolares es un buen modo de intervenir
tempranamente en sistemas escolares.
Foco en los sistemas escolares. Muchos de los sistemas preventivos exitosos se sitúan físicamente en establecimientos
educacionales. El poder seguir a lo largo del tiempo al niño vulnerable, y especialmente el luchar para mantenerlo
dentro del sistema escolar, se facilita con esa ubicación geográfica. Las clínicas de salud escolar, y los programas
preventivos escolares, especialmente si cuentan con el apoyo activo del profesorado y de la administración del
establecimento, pueden conseguir el promover un clima escolar sano y propicio al desarrollo positivo del adolescente.
Provisión de programas comunitarios para los adolescentes fuera del sector formal de educación.

Al mismo

tiempo, los programas anteriores pueden ser complementados por otros que estén mas focalizados en jóvenes
vulnerables, especialmente cuando ya han desertado del sistema escolar. Puede allí darse una resistencia activa a
volver aún físicamente al establecimiento educacional. Es allí donde los consultorios integrales de adolescencia
situados en centros de salud, o en locales multipropósito de la comunidad pueden tener un impacto importante. A
veces, en temas controvertidos como los de prevención del embarazo temprano, puede ser mejor desarrollar centros
aún a nivel hospitalario especializado, que concentren la experiencia de múltiples tipos de profesionales en éste tema,
y que puedan proveer de soluciones complejas, como las de educación alternativa. La experiencia del Centro de
Medicina Reproductiva del Adolescente (CEMERA) en Santiago de Chile, es interesante a ese respecto, tal como ha
sido descrita detalladamente por Molina ().

Necesidad de capacitación. Para asegurar el éxito de estos programas, es importante capacitar a los profesionales que
laboran en ellos. Esta capacitación generalmente no se da hoy día en la formación de pregrado de la mayoría de las
profesiones involucradas, por lo cual es importante el entrenamiento en servicio o la educación continuada de
profesores, médicos, enfermeras, psicólogos, asistentes sociales y otros profesionales que trabajan en esta área.
Asimismo, es necesario desarrollar sistemas de supervisión permanente del desempeño de estos profesionales cuando
se mantienen en el nivel primario de acción por períodos prolongados. Un esfuerzo de capacitación en ese sentido ha
sido desarrollado en varios países de América Latina con el apoyo conjunto de la Organización Panaméricana de la
Salud y de la Fundación W.K. Kellogg. Un esemplo de estos programas en la ciudad de Sao Paulo, es descrito por
Donas (). A nivel de mayor complejidad, se han organizado programas de entrenamientos de residentes clínicos en
pediatría, psiquiatría, y otras especialidades, asi como programas de sub-especialización a ese respecto.
Entrenamiento en habilidades sociales. Se han desarrollado diversos programas para capacitar a los adolescentes a
aumentar sus destrezas interpersonales en general, y luego para tener habilidades específicas para resistir la presión
grupal sea para usar drogas, tener relaciones sexuales, o realizar comportamientos penados por la ley. Estos programas
se traducen en talleres de entrenamiento con actividades activo-participativas, tales como dramatizaciones, ensayos,
análisis de medios de comunicación escritos o audiovisuales, etc. La efectividad de estos talleres es mayor que la de
las charlas o conferencias directamente centradas en los efectos negativos de las conductas de riesgo, o de
descripciones generales del desarrollo de la sexualidad, etc.
Incorporación de los pares en la prevención. Es cada vez mas clara la importancia que tiene la participación activa de
otros adolescentes en las actividades preventivas. La influencia del grupo de iguales es importante no sólo para
inducir, sino para prevenir las conductas de riesgo. Las evaluaciones del impacto de estos programas muestra que en
general los pares tienen más efecto que los adultos en términos de cambio conductual de los jóvenes. Esto es
especialmente cierto cuando participan adolescentes mayores que los intervenidos (“programas de hermanos
mayores”) que facilitan que estos “mentores” algo mayores se transformen en modelos de rol para adolescentes de
menor edad. Es interesante el comprobar por otra parte, como lo mencionamos de paso antes, que el servir de mentor
en estos programas es un excelente medio para que los propios adolescentes cambien de actitud frente a las conductas
de riesgo.
Conexión con el mundo laboral. La interacción con el futuro laboral de los jóvenes es otro elemento importante para el
éxito de los programas: todo lo que implique ayuda en planear futuras opciones de vida, y exponer al jóven a
experiencias laborales en pequeña escala, tiene un impacto alto. Asi, las prácticas de verano, las capacitaciones en
destrezas específicas o el trabajar como voluntarios en lugares que posteriormente serán empleadores de los mismos
adolescentes. La interacción con el futuro laboral de los jóvenes es otro elemento importante para el éxito de los
programas: todo lo que implique ayuda en planear futuras opciones de vida, y exponer al jóven a experiencias
laborales en pequeña escala, tiene un alto impacto.
Incorporación de la familia. El colocar éste elemento al final no es por restarle importancia, sino para subrayar la
necesidad permanente de tratar de involucrar a la familia en estos programas preventivos. Dentro de las estrategias
mas éxitosas al respecto, mencionemos las que se centran en visitas a la casa, en la cual se focalizan los hogares de
adolescentes en riesgo, y se les presta un especial apoyo, y el incorporar a los padres en grupos de trabajo a nivel
escolar o comunitario. El incorporar a padres de adolescentes vulnerables en labores de coordinación o administración
de programas es una manera de hacerlos participar activamente, y puede generar respuestas sorprendentemente

positivas. Las escuelas para padres son pues estrategias de gran importancia para apoyar el éxito de estos programas.
En resumen: es interesante subrayar que la mayoría de las evaluaciones muestran que los programas intensivos, integrales
y flexibles son los que más sirven para prevenir las conductas de riesgo de los adolescentes y sus consecuencias. El contar
con profesionales interesados, entrenados y con habilidades de líderazgo es otro elemento importante, en especial si estos
profesionales son capaces de saltar barreras profesionales y vallas burocráticas para desarrollar intervenciones que
respondan realmente a las necesidades de sus clientes. Los profesionales que trabajan con adolescentes deben recordar
que muchas veces están, realmente, supliendo la labor de padres que por una u otra razon no han podido dar a sus hijos la
calidad de vínculo que estos necesitaron. El adolescente busca la relación con los profesionales adultos, consciente o
inconscientemente, como un modo de suplir esos deficits.
Para ello, deben ser capaces de mantener en primera prioridad los mejores intereses del adolescente, y ser altruistas en el
sentido de colocar en un segundo lugar su propio desarrollo profesional. Esa capacidad de entrega, en nuestra experiencia
es algo que los adolescentes captan rápidamente en un buen maestro, o en un profesional realmente dedicado a ellos.
INDICE TEMATICO
amigos, 4, 26, 37, 39, 40, 41, 55, 56, 57, 58, 63, 65, 66, 68, 77, 82, 86, 97, 98, 102, 104, 110, 111, 125, 127, 132, 133,
144, 145, 150, 153, 158
amistad, 28, 68
antropología cultural, 33
Aries, 21
Aristóteles, 21
Bandura, 27, 74
Bronfenbrenner, 8, 14, 15, 17, 137, 182
convivencia, 47, 48
desarrollo moral, 28, 49
disfunción familiar, 14, 98, 101
divorcio, 14, 52, 61, 62, 63, 64, 101, 129, 130, 178
ecosistema, 14
educación, 5, 11, 12, 15, 20, 51, 66, 70, 71, 77, 78, 90, 120, 126, 136, 141, 142, 146, 147, 165, 169, 170, 172, 173, 174,
175, 177, 179
Erikson, 26, 32, 34, 35, 41, 42
escuela, 4, 7, 8, 12, 15, 38, 39, 48, 63, 65, 70, 71, 72, 73, 77, 78, 85, 87, 91, 93, 104, 107, 128, 132, 140, 144, 145, 146,
147, 148, 167, 171, 172, 175, 177
estructuras familiares, 8, 13, 50, 101, 168
factores de riesgo, 4, 8, 16, 75, 92, 102, 112, 149, 151, 155, 156, 159, 160, 161
factores protectores, 4, 8, 16, 77, 81, 82, 83, 90, 156, 161
familia uniparental, 63
fase prepuberal, 22
fase puberal, 22
Freud, 26, 30, 31, 32, 33, 37, 39, 48, 125, 151
Gessell, 30
grupo de pares, 5, 17, 26, 28, 29, 35, 65, 128, 159, 182
grupos, 5, 6, 8, 9, 11, 14, 20, 21, 24, 27, 32, 35, 37, 38, 39, 40, 41, 43, 44, 51, 55, 63, 66, 67, 68, 69, 71, 74, 83, 86, 90,
91, 95, 96, 98, 104, 105, 117, 126, 128, 130, 155, 159, 164, 165, 166, 170, 171, 175, 178, 180
Hall, 21, 22, 30, 31, 33, 36, 182
hermanos, 15, 41, 48, 56, 65, 69, 82, 100, 134, 159, 168, 180
homóclitos, 37, 151
identidad, 26, 32, 34, 35, 41, 42, 43, 49, 66, 69, 86, 107, 152
intimidad, 42, 43, 153
James, 26, 81
Kohlberg, 28, 29, 49

Kohut, 26, 88
maduración, 22, 23, 30, 48, 110
matrimonio, 14, 34, 42, 51, 52, 58, 62, 63, 66, 101, 115, 120, 131, 177
medios de comunicación, 66, 73, 74, 75, 78, 170, 174, 175, 179
Olson, 58, 102
pares, 8, 23, 25, 27, 29, 30, 40, 48, 65, 66, 67, 69, 70, 78, 82, 84, 86, 91, 97, 100, 102, 104, 105, 108, 112, 122, 123, 126,
128, 132, 138, 142, 145, 167, 170, 171, 174, 179
Peter Blos, 32, 37, 39
Piaget, 24, 25, 28, 39, 153
preadolescencia, 32
psicoanálisis, 13, 32, 48, 125
psicopatología, 18, 19, 79, 82, 137, 149, 152, 155, 158
religiosidad, 13, 76, 78, 102, 122, 168
resiliencia, 8, 62, 75, 77, 82, 85, 86, 87, 88, 89, 149
secularización, 8, 13, 50
self, 26, 27, 41, 107, 139
separación, 18, 32, 34, 40, 49, 51, 52, 61, 62, 63, 64, 82, 101, 130, 144, 155, 156, 178
síndrome de la Adolescencia Normal, 35
sociología, 33, 171
subculturas juveniles, 44, 70
televisión, 8, 9, 45, 65, 73, 74, 75, 147
urbanización, 12, 16, 46, 120, 146
Wallerstein, 61

CAPÍTULO XIII: BIBLIOGRAFÍA