Carlo Maria Martini

Cardenal Arzobispo de Milán

NUESTRA SEÑORA DEL SÁBADO SANTO
Carta Pastoral para el año 2000-2001
Esta carta pastoral se publica cuando aún estamos en
el año del Gran Jubileo, que terminará el 6 de enero de
2001. Por esa razón, de varias partes me han sugerido que
no escriba una carta programática. Efectivamente, no
estaría bien, superponer iniciativas nuevas a las ya
numerosas previstas por el calendario del Jubileo, en
particular la peregrinación diocesana a Roma el 4 de
noviembre de 2000.
Se desea más bien una carta que sea como un reposo
en el camino, una pausa que nos ayude a situarnos en el
contexto presente, nos sostenga para reencontrar visión y
aliento en el tiempo que atravesamos, un poco en el estilo
de la Carta de presentación a la Diócesis del Sínodo XLVII
(1995) y de la Carta Ripartiamo da Dio (1996).
¿Qué querrá decir “hacer un alto”? Me viene a la
mente algún momento significativo del reciente viaje a
Jerusalén de Juan Pablo II. Hemos visto un Papa, curvado
bajo el peso de los años y de las fatigas, detenerse en
silencio junto al Muro de los Lamentos, en actitud de
humildad, teniendo en la mano el papel que contenía el
pedido de perdón: lentamente ha introducido el papel entre
las ranuras del muro, repitiendo un gesto familiar a millones
de hebreos, uniéndose idealmente a la tradición de oración y
de sufrimiento de un pueblo entero. Lo hemos visto, poco
antes de su partida, silencioso y en oración junto a la roca
del Calvario: leíamos en él una actitud de todos nosotros, en
descanso silencioso y contemplativo en el camino del
tiempo, en el esfuerzo de comprender el sentido de cuanto
hemos vivido y sufrido, en escucha de lo que el Espíritu nos
quiere decir al inicio del nuevo milenio.
He reflexionado así sobre el sentido que puede tener
este “sábado del tiempo” que es el Gran Jubileo. El Jubileo –
según el texto fundante de Levitico 25,8-17 – es, en efecto,

el “sábado de los sábados”, el “sabático de los sabáticos”, el
año que llega después de siete semanas de años y participa
por lo tanto de la sacralidad del sábado, el día del reposo de
Dios y de sus creaturas. Es el año de la proclamación de la
primacía absoluta del Señor sobre la vida y sobre la historia,
de la restauración del orden de justicia y de paz entre los
hombres y en la creación, según el designio del Eterno. Pide
reequilibrar todas las desarmonías acumuladas en el tiempo:
pide el reposo de los campos, la restitución de los bienes a
sus primitivos propietarios, la condonación de las deudas, la
liberación de los esclavos. Es un descanso que expresa el
sentido religioso del tiempo, una pausa que reclama el
dominio de Dios sobre el cosmos y sobre las vicisitudes
humanas.
En el año jubilar, entonces, hacemos memoria del
precioso don del “sábado” al pueblo de Israel, cuya fe es la
santa raíz de la Iglesia (Rom11,16.18), y redescubrimos la
santidad del tiempo, envuelto en la bendición de Dios. Esto
nos permite mirar confiadamente sobre las vicisitudes de la
historia, porque nos recuerda que el Dios de la alianza es
fiel y no se cansa de cuidar a su pueblo en camino hacia la
patria prometida.
Pero para nosotros, cristianos, hay otro “sábado” en el
centro y el corazón de nuestra fe: es el Sábado santo,
engastado en el triduo pascual de la muerte y resurrección
de Jesús como un tiempo denso de sufrimiento, de espera y
de esperanza.
Es un sábado de gran silencio, vivido en el llanto de
los primeros discípulos que tienen aún en el corazón las
imágenes dolorosas de la muerte de Jesús, leída como el fin
de sus sueños mesiánicos. Es también el sábado de María,
virgen fiel, arca de la alianza, madre del amor. Ella vive su
Sábado santo en las lágrimas, pero a la vez en la fuerza de
la fe, sosteniendo la frágil esperanza de los discípulos. Me
pareció que una reflexión sobre el “Sábado santo”, así como
lo han vivido los apóstoles y sobre todo María, nos podría
ayudar a vivir el último tramo del año jubilar devolviéndonos
visión y aliento, permitiéndonos reconocernos peregrinos en
el “sábado del tiempo” hacia el domingo sin ocaso.
Es en este sábado – que está entre el dolor de la Cruz
y el gozo de la Pascua – que los discípulos experimentan el

que a los hombres les parece que está prisionero de la muerte. nuestras esperanzas. madre del Crucificado. es decir. . la caridad que es el distintivo del discípulo y de donde nace la Iglesia del amor. tiempo santo en el cual se recapitula el camino cumplido y se abre el futuro de la promesa. Los discípulos y María. sino dentro de las contradicciones de la historia. en su Sábado santo. las nostalgias. no fuera. en la esposa de las bodas mesiánicas podremos percibir el valor de la comunión que nos une como Iglesia mediante el pacto sellado por la sangre de Jesús y profundizaremos la esperanza del Reino que debe venir. María. Es cuanto estamos llamados a vivir particularmente en este año de gracia del Jubileo. luego desde la perspectiva de María Madre de Jesús (capítulo II). por la cual Él se entregó a la muerte por nosotros. en la Virgen del Sábado santo leeremos nuestra espera. nos hará redescubrir la primacía de la iniciativa de Dios y de la escucha creyente de su Palabra. nos ayudarán a leer nuestro paso de siglo y de milenio para responder con verdad. ya que vendrá para todos el “octavo día” del retorno del Señor Jesús. en el tiempo santificado por la acción de Dios. virgen fiel. cuidando la certeza en la promesa de Dios y la esperanza en la potencia que resucita a los muertos. la fe vivida como continuo paso hacia el Misterio. el abatimiento de su aparente derrota. Meditaremos sobre el Sábado santo partiendo ante todo de la perspectiva de los discípulos perdidos (capítulo I). los miedos que caracterizan nuestra vida de creyentes en el escenario de fin de siglo y del inicio del milenio. Quisiera que entremos en la gracia del Jubileo pasando a través de la puerta del Sábado santo: en los discípulos reconoceremos la desorientación. para iluminar con la visión y la fuerza inspiradora de María las preguntas de los discípulos y las de nuestra poca fe (capítulo III). la dispersión debida a la ausencia del Maestro. nos conducirá a repensar la caridad.silencio de Dios. María. esperanza y amor a la pregunta que llevamos dentro: ¿adónde va el cristianismo? ¿adónde va la Iglesia que amamos? Quisiera comunicarles la respuesta presente en mi corazón: estamos en el “sábado del tiempo”. Es en este Sábado santo que María vela en la espera.

tienen el corazón triste (Lc 24. a escuchar la Voz que habla en el silencio a quien busca con honestidad. las autoridades lo han condenado y no se ve vía de escape o sentido positivo en tal acontecimiento. que no sugiere más líneas interpretativas de la historia. las anticipaciones que habían tenido (las predicciones de la Pasión hechas varias veces por Jesús). Como los dos discípulos que caminan hacia Emaús el primer día de la semana. un sucederse vertiginoso de hechos impredecibles que los ha sorprendido y dejado mudos.17).Para los creyentes esta mirada al Sábado santo quisiera ayudar a responder a la doble pregunta. El desconcierto de los discípulos Me parece que la vivencia de los discípulos en el sábado posterior a la crucifixión del Maestro es de una gran pérdida. que no habla. Se tiene la impresión de que Dios ha quedado mudo. Se ha producido. su amor mostrado en la Última Cena) han desaparecido de la memoria. . ¿Por qué están tan perdidos? Porque su Señor y Maestro ha sido asesinado. a partir de la Cena pascual. la prueba de la justicia no existe. a esperar. Es la derrota de los pobres. impulso a investigar. A. su llamado a la conversión no ha sido escuchado. I En el silencio y en el extravío del Sábado santo Nos representamos ante todo la actitud que prevalece en los discípulos el día después de la muerte de Jesús. los gestos fuertes que hasta ahora los habían sostenido (los milagros del Maestro. presente en muchos de nosotros al inicio de este milenio: ¿dónde estamos? ¿adónde vamos? Para los no creyentes reflexivos – unidos por las mismas preguntas – quizá podría ser la ocasión para escuchar el testimonio de la fe sobre el sentido de este tiempo y sobre el sentido de la historia no como esquema ideológico. sino como fruto de reflexión sufrida y por lo tanto como soplo purificador. para luego interpretar nuestro tiempo a la luz de esta experiencia suya.

Nos encontramos en una situación semejante a la de los dos discípulos de Emaús en la mañana de Pascua. Estamos ya salvados en la fe y en la esperanza (Rom 8. El pecado está vencido en su fuerza inexorable de destrucción.25). Somos semejantes a los apóstoles en el Cenáculo. triunfan los prepotentes.24).2-6. ¿Pero por qué detenerse en el Sábado santo? Mas aquí surge la pregunta: ¿por qué detenerse en el Sábado santo? ¿No estamos ya en el tiempo del Resucitado? ¿Por qué no dejarnos inspirar sobre todo por el Domingo de Pascua? ¿Por qué reflexionar sobre la “pérdida” de los discípulos después de la muerte de Jesús y no en cambio sobre su gozo cuando lo encuentran viviente (cf.20: “Y los discípulos se alegraron al ver al Señor”)? Es verdad: estamos ya en el tiempo de la resurrección. cf. se mezcla aún con las sombras de la muerte. que ya han oído hablar de la . Y sin embargo. no se ve cómo salir de una situación de catástrofe y de derrumbe de las ilusiones. los ángeles han dicho que no se lo ha de buscar entre los muertos (Lc 24. pero nuestra condición exterior permanece ligada al sufrimiento. Jesús ha resucitado.22-23). percibida por los ojos de la fe. Falta toda perspectiva de futuro. la luz del Resucitado. pero su corazón aún está oprimido: son “necios y tardos de corazón para creer la palabra de los profetas” (Lc 24.22-23). Nuestra actitud fundamental debe ser la alegría pascual. a la enfermedad y a la declinación. ya resucitados con Jesús en el bautismo en cuanto al hombre interior. el cuerpo glorioso del Señor llena con su fuerza el universo y atrae hacia sí toda creatura humana para revestirla de su incorruptibilidad. las mujeres han encontrado el sepulcro vacío. Lc 24. Jn 20.A esto se añade la vergüenza por haber huido y por haber renegado del Señor: se sienten traidores. Se oprime a los pobres. incapaces de afrontar el presente. están ausentes hasta los signos que comenzarán a sacudirlos a partir de la mañana del domingo (como las mujeres en el sepulcro vacío. B. pero continúa comprometiendo innumerables situaciones humanas y llenando la historia de horrores. se desprecia a los mansos.

pero la evidencia de su resurrección y la gloria de su triunfo permanecen velados y se contemplan con la mirada de la fe. En otras palabras. pero todavía no se trata de la victoria final y definitiva que se dará solo con el retorno del Señor al final de los tiempos. En este sentido. para acoger el designio misterioso de la salvación justamente a través de la cruz (“¿No era necesario que el Cristo soportara estos sufrimientos para entrar en su gloria?. los sentimientos de extravío y de miedo de los primeros discípulos en el Sábado santo deben ser contrastados y vencidos con la fe y la esperanza de María. su gracia comienza a transformar los corazones y las culturas.43) y el ensanchamiento de los horizontes para esperar “contra toda esperanza” (Rom4. superando el trauma del Viernes santo y el extravío del Sábado. “el último enemigo a ser aniquilado será la muerte” (1Cor 15.18). Estamos. C. sobre todo en Occidente. el tiempo que vivimos es aquel en el cual la “buena noticia” del Señor resucitado es recibida por algunos y es rechazada por otros. pues.resurrección pero están aún encerrados en la casa por el miedo (Jn 20. en el régimen de la fe y de la esperanza.18) frente a la condición de muerte que reina en la humanidad. entonces. nuestro tiempo podría verse como un “Sábado santo de la historia”. y debe abrirse camino entre la desconfianza y el rechazo. Estamos en un tiempo que se define “del ya y del todavía no”: Jesús está ya resucitado y glorioso. Mt 28. Tratemos. Jesús crucificado ya está en la gloria del Padre y es Señor de los tiempos (“He recibido todo poder en el cielo y en la tierra”. en el que es necesaria la apertura de la mente para recibir la “buena noticia” (“entonces les abrió la mente a la inteligencia de las Escrituras”. Lc 24. En efecto.26). Lc 24.26). Por lo tanto. ¿Cómo lo vivimos? ¿Qué cosa nos vuelve un poco perdidos en el contexto actual de nuestra situación? Una . Nuestro modo de vivir este sábado de la historia En la inquietud de los discípulos me parece poder reconocer las inquietudes de tantos creyentes de hoy. a veces perdidos frente a los así llamados signos de la “derrota de Dios”. de darnos cuenta de cuanto en nuestro tiempo está signado por la desconfianza.19). para someterlo a la gracia de la alegría pascual.

en lugares como Roma. como para extraer de ella comprensión segura del presente y confianza para el futuro. etc. Si la memoria de las raíces del pasado se hace débil. Muchos ya no pueden integrarla en su experiencia. la presencia del cristianismo ha signado nuestra historia con vestigios indelebles. en particular en lo que respecta a los jóvenes. 2. Ante todo la memoria del pasado se ha vuelto débil. sino desafiada: en no pocos ámbitos públicos de la vida cotidiana es más fácil decirse no creyente que creyente. Disminuye la capacidad de incorporación de las grandes agencias sociales e incluso de la parroquia.suerte de vacío de la memoria. El avance lento pero progresivo del secularismo (en formas diferentes según los diversos ámbitos de vida) suscita la pregunta: ¿adónde estamos yendo? Crece la dificultad de vivir el cristianismo en un contexto social y cultural en el cual la identidad cristiana ya no está protegida y garantizada. Cada uno se siente un poco más solo. Se fragmentan las agrupaciones políticas y los varios intentos de coalición sufren por el retorno de los individualismos de grupo. de promover la auténtica libertad. Pero esta memoria se ha debilitado en el plano de la vivencia cotidiana. Aún allí donde múltiples realidades . No pocos movimientos parecen dar señales de envejecimiento o al menos de no suficiente recambio generacional. de honrar la dignidad de la persona. se tiene la impresión de que el no creer se da por descontado. Asís. – Son muchas las huellas que la tradición judeo-cristiana ha dejado en el modo de concebir la vida. una fragmentación del presente y una carencia de imagen del futuro. 1. la experiencia del presente se vuelve fragmentaria y prevalece el sentido de la soledad. mientras que el creer tiene necesidad de justificación. Esta soledad se encuentra ante todo en el nivel de la familia: las relaciones entre los cónyuges y las relaciones entre padres e hijos entran fácilmente en crisis y cada uno tiene la impresión de tener que arreglarse por sí mismo. de una legitimización social ni obvia ni descontada. En realidad no faltan recuerdos que podrían sostener y dar aliento: existe en nuestro contexto europeo y nacional la memoria de un gran camino cristiano ligado a símbolos prestigiosos y lugares de gran sugestión – basta pensar en las grandes catedrales.

Gen 11. una posibilidad. en la tradición cristiana de la Vigilia Pascual y de las otras grandes vigilias y adoraciones nocturnas. Hech 2-4). se encuentra una cierta incapacidad de dejarse coordinar para una acción más eficaz. este proceso de universalización de los intercambios de bienes.1-9) que una unidad de comunión de bienes. Se sigue de esto una autorreferencialidad que encierra en sí mismos individuos y grupos. hasta ahora poco explorada. que parecería corresponder a la tendencia hacia la manifestación de la fraternidad y unidad del género humano que nace de la revelación bíblica. Sin embargo. II El Sábado santo de María . que resulta desteñida e incierta. evitando la confrontación con un hoy y un mañana comprometedores (¿no habrá también aquí un reclamo para leer. de ofrecer respuestas de significado a la inquietud que se expresa aquí?) También aquella gran visión de futuro que se expresa en el fenómeno de la mundialización permite prever para el mundo del mañana más bien una unidad de dominio de los más fuertes y de los más ricos. olvidando las incertezas y las turbaciones del día. una unidad de Pentecostés y de la primitiva comunidad de Jerusalén (cf. así como el descenso de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. de entrar “en red”. 3. Del futuro se tiene más miedo que deseo. Signo de esto es la dramática disminución de la natalidad. En este contexto no asombra el crecimiento de una indiferencia ética general y de un cuidado convulsivo de los intereses y privilegios propios.de voluntariado actúan con éxito y dedicación. de valores y de personas se da en el cuadro de un neoliberalismo y de un neocapitalismo que castiga y margina a los más débiles y aumenta el número de los pobres y de los hambrientos de la tierra. El esfuerzo de vivir e interpretar el presente se proyecta sobre la imagen de futuro de cada uno. Uno se aferra al instante fugaz. una unidad de la torre de Babel (cf. Nos hallamos dentro de un gran movimiento de globalización. Una metáfora del miedo al futuro se encuentra en la inclinación creciente de los jóvenes a vivir y divertirse de noche.

en efecto. Un diálogo hecho ante todo de contemplación de su modo de vivir este momento dramático. María. ¿Qué quieres comunicarnos? Tú querrías que nosotros. peregrinos en el “Sábado santo” de la historia. partícipes de tu dolor. Tú eres y permaneces la “Virgo fidelis” y nos obtienes la “consolación de la mente”..33) – y la aurora del día de Pascua – “a la madrugada del primer día después del sábado. El sábado del silencio de Dios. semejante a la que un día pronunció tu Hijo: “¡Si tuvieran fe como una semilla de mostaza. un diálogo con ella. alimentada de escucha y de confianza. a nosotros. cuando salía el sol” (Mc 16.4). en el Sábado santo eres y permaneces la “Virgo fidelis”.. Es la consolación que viene de la fe.2) – María revive las grandes coordenadas de su vida. mientras el cuerpo del Crucificado yace en el sepulcro. Tú sabes. después de la muerte de Jesús. coordenadas que resplandecen desde la escena de la Anunciación y caracterizan su peregrinación en la fe. Justamente así ella nos habla al corazón. que Dios “nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que también nosotros podamos consolar a los que están en toda clase de aflicción con la consolación con la cual nosotros somos consolados por Dios” (2Cor 1. participáramos también de tu consolación. el discípulo Juan “tomó a María consigo” (Jn 19. Madre del Señor.20). en su corazón y en su casa. desde el abismo de tu sufrimiento? ¿Qué sugieres a los discípulos desorientados? Me parece que tú nos susurras una palabra.!” (Mt17. En este tiempo que está entre la oscuridad más densa – “se oscureció toda la tierra” (Mc 15.27). Tú. No resulta fácil imaginar lo que quiere decir esto: ¿se trata de una casa en Jerusalén? ¿O de un simple lugar de apoyo para los peregrinos de Galilea a Jerusalén en ocasión de la Pascua? Trato de entrar en esta casa donde la Madre de Jesús vive su “Sábado santo” y de iniciar.El Viernes santo.. ¿Qué nos dices. Pero ¿cómo obra la consolación que viene de la fe? Esta asume formas diversas y una de ellas – de la cual hoy . 1. tú llevas a cumplimiento la espiritualidad de Israel. con el permiso de Juan.. Contemplo a María: permaneció en silencio al pie de la cruz en el inmenso dolor de la muerte del Hijo y permanece en silencio en la espera sin perder la fe en el Dios de la vida. la Virgen creyente.

Hans Urs von Balthasar. Cada uno de nosotros. Entonces ya no se queda uno bloqueado en la oración frente a uno u otro de los momentos singulares de la historia de salvación. Es la gracia de la visión sintética y mística del plan de Dios que a Ti. “María. Es el ejercicio del recuerdo meditativo de los hechos salvíficos que Tú. vive algo semejante a lo . se ha comunicado por las palabras del ángel Gabriel cuando resumía en tu presencia el destino del hijo de David (“Será grande y llamado Hijo del Altísimo..tenemos tanta necesidad – puede ser llamada la “consolación de la mente”. María. Frente a la evidencia del sufrimiento y de la muerte. su reino no tendrá fin”.51). incapaz de ver la relación y el encadenamiento de un hecho o una palabra singular con todas las otras. en la vida. cuando recibe esta gracia. la coherencia. esta intuición se presenta como una gracia del Espíritu Santo que hace resplandecer tanto la “gloria de Dios” que ilumina con la luz de la verdad hasta los ángulos más tenebrosos de la historia. por su parte. la cohesión. meditándolas en su corazón” (Lc 2. la mente advierte una luz que la inunda. María. Es el don de presagiar detrás y debajo de los acontecimientos de la fe los vestigios del misterio de la Trinidad. Un teólogo contemporáneo. conservaba todas estas cosas. el corazón se dilata. La “consolación de la mente” (o “consolación intelectual”) se tiene cuando los gestos y las palabras consignadas en las Escrituras se relacionan con otros gestos y palabras de la revelación: quien recibe esta gracia siente que cada piedrecita del mosaico ilumina las vecinas y se compone con las más lejanas en un diseño convincente y fulgurante. ¿De qué se trata? Es un don divino muy simple. Es la gracia de contemplación unitaria de las constantes del obrar divino que Tú has cantado en el Magnificat (Lc 1. has practicado desde el principio. la oración brota como de un fresco manantial. la llamaba “percepción de la forma” (“Schau der Gestalt”). que permite intuir como en una mirada única la riqueza. “Su madre conservaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2.40-55). en particular. Lc 1. aunque sea sólo un indicio de ella. la belleza de los contenidos de la fe..32-33). Es la gracia de percibir la gloria de Dios que se manifiesta en el conjunto de los gestos con los que el Padre se da al mundo en la historia de la salvación y. intuición del vínculo que une entre sí todas las verdades de salvación y devela su proporción y fascinación. que tiende a aplastar el corazón. muerte y resurrección de Jesús. la armonía.19).

31-32). en continuidad con todas las gracias precedentes. presente en ti desde el inicio.21). de compasión y de perdón que proviene del corazón del Padre. y esto con una ilustración tan grande. Mt 13. Es una apertura de los ojos y del corazón que da un sentido profundo de satisfacción y de paz. María.. que le parecían todas las cosas nuevas. de manera que en todo el discurso de su vida. 30) Nosotros no sabemos. a proclamar la primacía de Dios y a amarlo en sus silencios y en las derrotas aparentes.. a celebrar la gloria del Altísimo en la experiencia del abandono. Contemplando a Jesús con Moisés y Elías. para que no nos falte jamás aquella consolación de la mente que sostiene nuestra fe y haz que de una semilla de mostaza brote un árbol capaz de ofrecer refugio a los pájaros del cielo (cf. IGNACIO DE LOYOLA.Autobiografía. coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios. Lc 9. Tú has recibido el don de poder confiarte hasta el fondo en el designio de Dios y has reconocido en tu intimidad su potencia y su gloria.. aunque las ayunte todas en uno. Madre. el corazón se abre a la esperanza de justicia. Un santo que ha gozado de esta gracia de manera extraordinaria la describe así: “se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento. Se percibe algo de la verdad de las bienaventuranzas. como en aquella vez sola.” (S. La fuerza del Espíritu. también las sombras y las tragedias de este mundo se revelan como atravesadas por la luz de amor. y todas cuantas cosas ha sabido. ellos intuyen los lazos profundos que vinculan los miles de episodios narrados en las Escrituras y perciben la fuerza de unidad que los reúne y lleva a cumplimiento en la Pasión y Resurrección del Señor. te ha sostenido en el momento de la oscuridad y de la derrota aparente de tu Jesús. hasta pasados sesenta y dos años. . tú nos enseñas a creer también en las noches de la fe.que vivieron los tres discípulos en el monte de la Transfiguración. Entonces. n. Pero estamos seguros de que Quien te ha concedido tan grandes dones en momentos decisivos de tu existencia te ha sostenido también en aquel día. recibió una grande claridad en el entendimiento. no le parece haber alcanzado tanto. Intercede por nosotros.. a la visión de la victoria de los pobres y oprimidos de esta tierra. Así. qué tipo de consolación profunda te ha sostenido en tu Sábado santo. y oyéndolos hablar del “éxodo” de Jesús a Jerusalén (cf.

esta gracia nos permite resistir en la esperanza y no decaer en la guardia. plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete” (Rom 4.31). Lc 24. Tú. desde el silencio que te envuelve? Te escucho repetir. has vivido el Sábado santo infundiendo esperanza a los discípulos perdidos y desilusionados. sino al contrario. Madre de la esperanza. has perseverado creyendo en la palabra de Gabriel aún en los períodos largos en los que no pasaba nada. Tú obtienes para ellos y para nosotros la consolación de la esperanza. La paciencia y la perseverancia son las virtudes del que espera.3). María.29). Rom 4. inclinándolos a adherir a la promesa de Dios. Cuando el Señor parece retrasarse en el cumplimiento de sus promesas.3-4). como un suspiro. 1Pe 1. has esperado contra toda esperanza bajo la cruz y hasta el sepulcro. Tú.2. Tú. La impaciencia y el apuro característicos . Lc 24. están tentados de no esperar más en la vida eterna y ni siquiera en el retorno del Señor. venciendo la impaciencia y la desilusión. María. en el sábado de la desilusión eres la Madre de la esperanza y nos obtienes la “consolación del corazón”. de quien aún no ve y sin embargo continúa esperando: las virtudes que nos sostienen frente a los “burlones y sarcásticos. has aprendido a aguardar y a esperar.18). Has aguardado con confianza el nacimiento de tu Hijo proclamado por el ángel. Es la “esperanza viva” de que habla Pedro (cf. has tenido paciencia y paz el Sábado santo y nos enseñas a mirar con paciencia y perseverancia aquello que vivimos en este sábado de la historia. cuando muchos. ¿Qué nos dices aún. por falta de fe. la palabra de tu Hijo: “Con su perseverancia salvarán sus vidas” (Lc 21.32) – o “consolación afectiva” – consiste en una gracia que toca la sensibilidad y los afectos profundos. el cual “no dudó de la promesa de Dios. la “consolación del corazón” (cf. que gritaban: `¿Dónde está la promesa de su Venida? Desde el día en que nuestros padres cerraron los ojos todo permanece como al principio de la creación” (2Pe 3. es la “esperanza contra toda esperanza” de que habla Pablo a propósito de Abraham (cf. Si la “consolación de la mente” comporta una iluminación del intelecto y una “apertura de los ojos” (cf.20-21). glorificó a Dios. fortalecido por esa fe. La palabra “perseverancia” puede traducirse también con “paciencia”. la que se podría llamar “consolación del corazón”. incluso cristianos.

produce mucho fruto” (Jn 12. 3.13 ss. Ruega que una vez más su palabra nos haga arder el corazón (cf. queda solo.. como lo ha hecho con los discípulos de Emaús. Tú. intuyendo que ni tu sacrificio ni el de tu Hijo son vanos. Tú has unido tu corazón maternal a la infinita caridad de Dios con la certeza de su fecundidad. raza. El sentido de tu sufrimiento. eres y permaneces la Madre del amor y nos obtienes la “consolación de la vida”.32). “una multitud inmensa.. arriesgo una última pregunta: ¿Qué sentido tiene tanto sufrimiento tuyo? ¿Cómo puedes permanecer mientras los amigos de tu Hijo huyen. se esconden? ¿Cómo logras dar sentido a la tragedia que estás viviendo? Me parece que tú nos respondes de nuevo con las palabras de tu Hijo: “Si el grano de trigo caído en tierra no muere. Rom 8.). es por tanto la generación de un pueblo de creyentes. María. de toda nación. no tuvieron la fuerza de esperar el desarrollo de los acontecimientos y se fueron de Jerusalén (cf. se dispersan. Madre de la esperanza y de la paciencia: ruega a tu Hijo que tenga misericordia de nosotros y nos venga a buscar en el camino de nuestras fugas e impaciencias. exactamente como les ocurrió a los dos de Emaús que. Intercede por nosotros para que vivamos en el tiempo con la esperanza de la eternidad.32). Lc 24. Lc 24. Si Él nos ha amado y se ha dado a sí mismo por nosotros (cf. en el misterio de la historia.24). aunque de manera velada. si el Padre no lo ha escatimado.9). el discípulo amado que te . En este momento. gloria que está ya presente.20).de nuestra cultura tecnológica hacen que nos resulte insoportable cualquier retraso en la manifestación develada del designio divino y de la victoria del Resucitado. Nuestra poca fe al leer los signos de la presencia de Dios en la historia se traduce en impaciencia y fuga. aún puestos frente a algunas señales del Resucitado. De allí ha nacido un pueblo. pero si muere. María. en el sábado de la ausencia y de la soledad. con la certeza de que el designio de Dios sobre el mundo se cumplirá en su momento y nosotros podremos contemplar con gozo la gloria del Resucitado. Tú el Sábado santo te nos presentas como madre amorosa que engendra sus hijos a partir de la cruz. Gal 2. sino que lo ha entregado por todos nosotros (cf. pueblo y lengua” (Ap 7. Nosotros te pedimos.

aún sin una iluminación consciente de la mente o una moción percibida de los afectos del corazón.12). ¡Uno nunca se arrepiente de haber seguido amando! Entonces nos daremos cuenta de haber vivido una experiencia semejante a la de Pablo que escribía a los corintios: “En nosotros obra la muerte. Tú. mucho más profundamente que todos los movimientos superficiales y conscientes.26) es el símbolo de esta multitud. aquí y ahora. cómo la oscuridad del Sábado santo puede penetrar hasta el fondo del alma aun en el compromiso total de la voluntad al designio de Dios. intercediendo por nuestra fecundidad espiritual. Nos parece a veces estar abandonados de Dios y de los hombres.13). en la ausencia de Jesús y en la dispersión de sus discípulos. que tanto deseaba contemplar (“¡Muéstrame tu gloria!. Ef 6. este consuelo que sostiene el espíritu sin que tengamos conciencia. es una fuerza interior de la cual debemos ser conscientes. a su debido tiempo. nos llevaba en sus brazos. Tú nos obtienes siempre. nos damos cuenta de que el Señor continuaba caminando con nosotros. La consolación con la que Dios te ha sostenido el Sábado santo. releyendo luego los acontecimientos.1922) pudo ver algo de la gloria de Dios. probablemente por experiencia personal. es una esperanza vivida por todos nosotros. he ahí a tu hijo”. Una consolación así obra en nosotros y nos sostiene eficazmente. y nos darás. y sin embargo. tú eres la que no cesa de amar a Dios a pesar de su ausencia aparente. o bien “consolación de la vida” porque sus efectos se expresan en la vida cotidiana. Ex 33. María. por la fecundidad espiritual.18). María. Ex 33. pero cuya presencia y eficacia se mide por sus frutos. María. y la que . permitiéndonos estar de pie en los momentos más duros (“resistir en el día malvado”. Nos sucede un poco como a Moisés sobre el monte Horeb: sólo cuando ya había pasado (cf. La llamo “consolación sustancial” porque toca el fondo y la sustancia del alma.ha sido confiado al pie de la cruz (“Mujer. más aún. María. Jn 19. somos los hijos de tu sufrimiento. ella obra dándonos la fuerza de resistir en la prueba cuando todo alrededor es oscuridad. Tú conoces. eres la Madre del dolor. pero en ustedes la vida” (2Cor 4. Y nosotros. La percepción de una fuerza que nos ha acompañado en momentos duros. incluso cuando no la sentíamos y nos parecía no poseerla. la visión de los frutos de nuestro “aguantar”. cuando la mente parece envuelta por la niebla y el corazón está cansado.

en el que vivimos entre el “ya” de la primera venida del Señor y el “todavía no” de su retorno. el servicio pastoral. En la segunda he querido contemplar con ustedes la fe. el compromiso de educar en la fe. tiene un precio. de engendrar un pueblo de creyentes. consigue para nosotros el consuelo profundo que nos permita amar aún en la noche de la fe y de la esperanza y cuando nos parece que ya ni siquiera se ve el rostro del hermano! Tú. nos enseñas que el apostolado. la proclamación del Evangelio. sino con la sangre preciosa de Cristo” (1Pe 1. En tu Sábado santo. en el sábado del tiempo En la primera parte de la carta les he propuesto reconocernos en la desorientación vivida por los discípulos el día siguiente a la muerte de Jesús. como peregrinos . este precio de salvación. Si el encuentro con los discípulos asustados y tristes nos ha permitido reconocer la realidad de nuestros temores. de las resistencias que advertimos en nosotros y a nuestro alrededor y de nuestras culpas. María. eres el ícono de la Iglesia del amor. en unión con el corazón de Cristo. cuidándolos en el silencio de la espera.en Él no se cansa de amar a sus hijos. En esta parte final quisiera poner juntos los dos momentos precedentes para hacerlos interactuar y tratar de comprender cómo la luz del testimonio de María y las consolaciones que nos obtiene de su Hijo iluminan nuestras inseguridades y orientan nuestro camino. sostenida por una fe más fuerte que la muerte y viva en la caridad que supera todo abandono. Dónanos la íntima consolación de la vida que acepta de buen grado pagar. como el oro y la plata. María. ¡Haz que nuestra pequeña semilla acepte morir para dar mucho fruto! III Hacia el octavo día.18-19). ¡María. no con bienes corruptibles. se paga caro: es así que Jesús nos ha adquirido: “Ustedes saben bien que fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres. la fe. la esperanza y la caridad de María pueden ayudarnos a comprender que el tiempo – también nuestro tiempo – es como un único y gran sábado. la esperanza y la caridad de Nuestra Señora del Sábado santo.

Nuestros espacios vitales están llenos de huellas de esta memoria: desde las obras de arte. qué grande es tu fe!” (Mt 15. expresa en pasado (“ha desplegado la potencia de su brazo.hacia el “octavo día”. y fuertemente. entendido como historia orientada hacia un cumplimiento prometido y esperado.51). Nuestra Señora del Sábado santo vive en cambio la memoria como lugar de profecía: recuerda para esperar. 1. sino más bien. sino de la misma identidad civil ambrosiana. tan a menudo de tema religioso. la memoria de estas raíces podría ser para nosotros simple objeto de nostalgia y quizá de un poco de tristeza: por tanto. incapaz de suscitar arranques y empresas nuevas ricas de generosidad y de pasión. una memoria ineficaz.. comenzando por la idea de “persona” y del sentido del “tiempo”.. Pero se trata de un recuerdo cargada de nostalgia y fuente de tristeza porque todo lo que aguardaban y esperaban con Él y a través de Él parece irremediablemente perdido. Como para los discípulos en camino hacia Emaús.51ss) sus certezas para el futuro. sabe conjugar el pasado de las maravillas del Señor con el futuro que sólo Él sabe suscitar. como estímulo para el . revisa el pasado para abrirse al futuro. al Duomo que es símbolo no sólo de la iglesia local. Nuestra Señora del Sábado santo nos enseña a recuperar la memoria no sólo como elemento de tradición. Lc 1. en la certeza de que Dios es fiel a sus promesas y que cuanto ha obrado en ella por el nacimiento del Hijo eterno en el tiempo. el domingo sin ocaso que Él mismo vendrá a abrir al fin de los tiempos. el Magnificat. Nosotros también llevamos impresas las huellas de una imborrable memoria cristiana: basta pensar en nuestra cultura signada por los grandes valores de la tradición bíblica.28). que bien merece la alabanza evangélica “¡Mujer. lo obrará análogamente por el renacimiento de Él y de sus hermanos de la muerte a la vida sin ocaso. La mirada de fe sobre el pasado Los discípulos del Sábado santo llevan en sí la memoria de cuanto han vivido con el Maestro. hasta nuestras iglesias. María “conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón” (Lc 2. totalmente inmersos aún en su Sábado santo. Ella.”. Su cántico de alabanza.

Porque el futuro parece reservarles derrotas y humillaciones crecientes. La gracia de una “consolación de la mente”. y me pregunto de qué modo podrían corresponder siempre mejor a las inquietudes y desafíos de las generaciones jóvenes. El que es fiel a la lectura de las Escrituras en actitud de fe recibe del Espíritu Santo el don de pasar con gozo y confianza a través de los enigmas de la historia. recogiendo en todo la manifestación del plan de Dios para la salvación del hombre. Pienso – para limitarme a otro ejemplo significativo – en la riquísima tradición de los Oratorios. en busca de alternativas a la monotonía de los deberes del día en noches dilatadas. deberíamos preguntarnos: ¿de qué manera valorar. las grandes tradiciones del pasado de la Iglesia? Pienso en el patrimonio de arte de nuestras iglesias y me pregunto sobre cómo podría convertirse en medio de anuncio en un mundo que siente tanto la necesidad de la Belleza que salva. actualizándolas para el presente. con gestos y signos ilusorios y indescifrables en general para los adultos. También en el sábado del tiempo en que nos encontramos es necesario redescubrir la importancia de la espera. Y pienso de modo particularísimo en aquel lugar privilegiado de la memoria de las mirabilia Dei.progreso. de las obras admirables de Dios. En cambio. En la escuela de su fe rica de esperanza. que es la Sagrada Escritura. orgullo justificado de nuestra historia de fe. María vive una esperanza confiada y paciente. La esperanza que abre al futuro Los discípulos viven el Sábado santo en el temor y el miedo de lo peor. llenas de los ruidos fuertes de las discotecas. con la lectio divina. ella sabe que las promesas de Dios se cumplirán. que ayude a leer el sentido global de los acontecimientos de este mundo se halla en estrecha relación con la lectura orante de la Biblia. 2. la ausencia de esperanza es quizá la enfermedad mortal de las conciencias en la época signada por el fin de .

pobres. previsiones y estadísticas. muerto y resucitado por nosotros. Se trata de irradiar en torno a nosotros. el gozo interior y la paz. sino una surgente de inclusión progresiva de todos en la participación solidaria en el intercambio de los bienes producidos. cada vez más compartidas. castas. Con la palabra: no debemos temer tocar los grandes temas objeto de la esperanza última. Son estas elecciones. sin espera de futuro. que ha demostrado saber esperar contra toda esperanza y creer en la imposible posibilidad de Dios más allá de toda evidencia de su derrota. Prov 31. las que imprimen a la tendencia general hacia la globalización los correctivos necesarios para hacer de sus procesos no una raíz mortífera de exclusión y marginación de los siempre más pobres.10) del Sábado santo. con actos simples de la vida cotidiana – sin forzar –. inspiradas por la humildad y la paciencia de Cristo. Con la vida: estamos llamados a poner signos creíbles e inequívocos de la luz que los valores últimos echan sobre los valores penúltimos.los sueños ideológicos y de las aspiraciones vinculadas a ellos. . infierno. haciendo elecciones de vida sobrias. También aquí nos resulta modelo y ayuda la “mujer fuerte” (cf. para esto la carta pastoral“Estoy a la puerta”). demasiado a menudo removidos de nuestro lenguaje: la vida eterna y el conjunto de los novísimos que se conjugan con ella (muerte. sino la esperanza que tiene su único fundamento en la promesa de Dios. significa ser testigos de esperanza con la palabra y con la vida. el cual nos toca interiormente con la “consolación del corazón”. purgatorio. frutos de la consolación del Espíritu. No aquella esperanza fundada sobre cálculos. puede oponerse como antídoto solamente la esperanza. a la concentración sobre el puro goce del instante presente. Creer en Cristo. De nuevo Nuestra Señora del Sábado santo irradia luz sobre la tarea que nos toca y que se ha hecho posible por el don del Espíritu del Resucitado. juicio. cf. A la indiferencia y a la frustración.

hasta el astillarse de la vida política. allí donde se experimentan las laceraciones del corazón frente a la ausencia de futuro. Puede ser sentida ante todo a nivelpersonal. Pienso luego en los procesos de fragmentación que atraviesan tantas veces la vida familiar. en el “camino-peregrinación eclesial a través del espacio y el tiempo. Está con los discípulos. La caridad que reunifica el presente El Sábado santo es para los discípulos la experiencia de un presente grávido de tensiones y ellos lo viven advirtiendo sobre todo la gran soledad en la cual los ha dejado la muerte de Jesús. En efecto. los anima haciéndoles gustar los frutos de la “consolación de la vida” que engendra comunión. a la incapacidad del diálogo. María logra guardar no sólo la memoria de la comunión. testimonio de amor compasivo y de proximidad operativa. a recibir con los discípulos el don del nuevo inicio hecho posible por la resurrección de Jesús. en el Cenáculo se dispone. n. 25). los vuelve a reunir. en el tiempo del silencio de Dios y de la aparente derrota del Amor crucificado ella es elemento de cohesión. . ya llena del Espíritu Santo. signada por la separación entre representación y representatividad (los representantes elegidos por el pueblo frecuentemente no representan los reales necesidades e intereses del pueblo) y – hacia adentro del mundo católico – por la dispersión que siguió el final de la unidad política de los católicos. María está presente” (JUAN PABLO II. los conforta. como también en las dificultades de agrupación vividas en las comunidades parroquiales y en los mismos movimientos y asociaciones. y más aún a través de la historia de las almas.3. a la falta de sentido. No resulta difícil reconocer que esta experiencia de soledad se extiende entre los cristianos de hoy. del que era la roca de su comunión. Redemptoris Mater. sino la caridad para vivirla en el presente. En la escuela de María no podemos dejar de preguntarnos cómo vivir nuestra condición presente en la luz que el Resucitado proyecta sobre el sábado del tiempo en el cual nos encontramos.

encuentra su ambiente adecuado. Es abriéndose en la oración. Es necesario ejercer el diálogo entre nosotros y con todos. de la parroquia a la diócesis. Pienso – en la perspectiva de la Iglesia universal de la cual no podemos . El Papa nos ha dado un testimonio extraordinario con las peticiones de perdón en nombre de toda la Iglesia y con el perdón ofrecido personalmente a quien atentó contra él. tan necesario a los individuos y a las urgencias de la comunidad. El desafío de la crisis de las relaciones conyugales y familiares no puede afrontarse y superarse sino mediante el perdón recíproco repetido y la solicitud de la caridad inspirada por el Evangelio. alimentado en las surgentes de la gracia. de los movimientos a las asociaciones – pide el ímpetu de la caridad de Nuestra Señora del Sábado santo: todos debemos recibirnos y perdonarnos a ejemplo del Señor. Análogamente. de crecimiento. a la alianza sellada en el sacramento nupcial. será determinante. Sin un amor de gratuidad. para jugarse la propia vida con ímpetu y confianza ante el Eterno: se trata de redescubrir la vida misma como vocación a la cual corresponder en la fe en Dios y en la fidelidad que Su fidelidad hacen posible. con Nuestra Señora. a la gracia de la “consolación de la vida” que resulta posible perseverar y ser fieles hasta la muerte a la palabra dada al consagrarse a Dios. sostenidos y formados. la comunión en la vida eclesial – en todos los niveles. donde la presencia de los agentes pastorales laicos cada vez mejor animados. Pienso en la necesidad de un impulso incesante creativo y operante en la vida de los organismos colegiales parroquiales y diocesanos.A nivel de la existencia personal la escuela de María puede ayudar a vencer la tentación de la angustia. En cuanto a la comunión familiar me parece que la luz de la caridad de María pide reencontrar y evangelizar cada vez más – a tiempo y a destiempo – la caridad conyugal y en la familia. Solamente en esta perspectiva el discernimiento vocacional. nueva cada día. cual soplo inspirador capaz de motivar ya sea la respuesta a la vocación matrimonial ya sea la fidelidad. de verdad. es imposible poder vivir en continuidad el don recíproco que la vida matrimonial exige y gastarse con sacrificio personal para que la vida de la familia sea vivida como lugar de libertad.

cuanto más específicamente en nuestra sociedad europea (en este sentido se dirigía el tercer “sueño” de que he hablado en mi intervención en el Sínodo europeo de octubre último). Finalmente. hoy asistimos frecuentemente a una separación preocupante entre política y vida eclesial. Hará falta educar tanto en el ejercicio de la caridad política como en el diálogo entre las agrupaciones – que forman el tejido de la sociedad civil y que muchas veces son expresiones de la comunidad eclesial – y los que se comprometen en la mediación política o son llamados al servicio del bien común en las instituciones. instituciones y sociedad civil en el país. en la relación entre el hombre y la creación se debe discernir y recorrer vías de reconciliación: la laceración de la persona en sí misma y en sus relaciones se refleja en el desequilibrio en el cual frecuentemente se vive la relación entre historia y naturaleza. pienso en el diálogo interreligioso que aparece cada vez más como una urgencia ineludible.dejar de sentirnos parte viva – en la urgencia de afrontar y resolver juntos a nivel verdaderamente católico los grandes desafíos de la vida de hoy. éticamente responsable hacia los otros. que ha focalizado la relación necesaria. contribuyendo así a fundar y comportamiento compartido. entre intereses personales e intereses colectivos. tanto a nivel mundial. Pienso en la promoción del diálogo ecuménico – la reciente declaración de Augsburg sobre la justificación entre católicos y luteranos es un fruto precioso. El diálogo y la caridad que debe inspirarlo con una urgencia también en la relación entre sociedad civil y representantes políticos: nos lo ha recordado la última Semana Social de los Católicos Italianos. sino también por la responsabilidad que los creyentes en Dios de todas las denominaciones tienen en conjunto de dar testimonio de Su primacía sobre la vida y sobre la historia. entre mediación política. La crisis ecológica consiste exactamente en el desequilibrio inducido entre los tiempos biológicos y los tiempos impuestos por el hombre: éste – con los medios tecnológicos y científicos de . Si en el pasado prevalecía una lógica pasiva de la delegación. celebrada en Nápoles en noviembre último. entre ética y servicio público. También en el “sábado de la política” es necesario hacer resplandecer algún rayo del domingo de la resurrección. en la debida distinción. no simplemente con motivo de la presencia creciente entre nosotros de inmigrantes pertenecientes a mundos religiosos diversos del nuestro.

al contrario. Confío. Un uso sobrio de las posibilidades de la técnica se revela cada vez más urgente y necesario para todos en el proceso creciente de globalización: también aquí la conciencia de estar en el sábado del tiempo y no en el día del cumplimiento nos debe inducir a elecciones equilibradas. Estamos invitados a vivir como peregrinos en la noche iluminada por la esperanza de la fe y caldeada por la autenticidad del amor: el año jubilar es. Col 3. alimenta el compromiso. que se cumplirá en la segunda venida del Hijo del hombre. entre la memoria renovada de las maravillas de Dios y la espera de su cumplimiento definitivo. No podemos detenernos en la oscuridad del Viernes santo. 3). y la pálida luz de los días que pasan se iluminará con los primeros rayos del día que no pasa.que hoy dispone – puede modificar. renueva el ímpetu. nos hace sentir resguardados en el seno del Padre junto a Cristo (cf. de derrota. en este sentido. con María. como María. en la capacidad creadora y ejemplar de nuestros jóvenes que saben mirar el ejemplo de María y que quisiera como llamar a recogimiento para que asuman en este contexto sus responsabilidades para el futuro. 4. en el Sábado santo de su fe rica de caridad. con actitudes de triunfalismo o. el primero de la vida eterna de todos los resucitados en el Resucitado. el sábado del tiempo aparecerá a nuestros ojos como ya signado por los colores del alba prometida. para estos caminos. no podemos tampoco apurar la plena revelación de la victoria de Pascua en nosotros. lo que la naturaleza ha producido en milenios y muchas veces millones de años. una nueva aurora que. Entonces. encaminados hacia el octavo día: entre el “ya” y el “todavía no” debemos evitar absolutizar el hoy. . en modo rápido e irreversible. el octavo y el último. en una especie de “cristianismo sin redención”. ¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos? Estamos por tanto en el sábado del tiempo. en las cuales el saber y el poder se revelen capaces de automoderación en vistas al crecimiento de la calidad de la vida de todos y para todos.

Encaminémonos cada vez más convencidos a celebrar y a vivir con esta sensibilidad todos los tiempos litúrgicos. quisiera que lo que el Espíritu ha dicho a nuestra Iglesia durante mi servicio de obispo resultara simple y claro para todos. a partir del dominical. responder como individuos y como comunidad a la pregunta siguiente: ¿qué les ha ayudado sobre todo en estos años a caminar y crecer en el amor del Padre. orienta cada vez a la Iglesia a leerse en el marco del plan de salvación entero. para abrevar en su riqueza de sentido. pues. preparándolo cuidadosamente. mirando hacia atrás. se vuelve entrada en el “sábado del tiempo” recapitulado en la Pascua de Jesús. Nuestra celebración. Para intentar un balance: una cita. para vivir la gracia que de él se libera. a las tres semanas de años de mi servicio en Milán. Con tal fin tengo necesidad de la ayuda de todos ustedes y por esto concluyo la carta – en tantos aspectos “sabática” – dirigiéndoles una invitación. Gracias a sus aportes intentaré hacer . Allí reencontraremos cada vez una ayuda para superar el desconcierto que nos invade y a vivir de la gracia luminosa que ha esclarecido el Sábado santo de María. en continuidad con los pasos con que en estos años lo estamos revalorizando. a entender en qué dirección orientarse. para volverlo a ganar en el conocimiento de nuestras comunidades. En la riqueza de las palabras y de los gestos. Los invito a celebrar el Triduo pascual en este clima espiritual.Cada año la celebración del Triduo pascual nos acompaña y nos ilumina en este itinerario de memoria. una invitación Quisiera que. emergiese a luz lo que de todos nuestros diálogos y en todas nuestras iniciativas pastorales ha sido verdaderamente el centro y el corazón. en la gracia de Cristo y en la comunión del Espíritu Santo? ¿Qué queda vivo y vivificante de estos dos decenios de camino recorrido juntos? ¿Qué ha dicho el Espíritu Santo a nuestra Iglesia milanesa? Sería deseable que las respuestas fueran fruto de oración: podrían luego comunicarme por escrito lo que el Señor les ha sugerido. 5. radicada dentro de una tradición litúrgica rica como es la nuestra ambrosiana. qué futuro prefigurar. Les pido.

por ejemplo. nuestro Salvador. Hablemos con María Nuestra tradición En la liturgia y en la piedad cristiana el sábado santo está dedicado especialmente al acompañamiento espiritual de María en su dolor o pérdida del Hijo. Nos ayude en esta mirada Nuestra Señora. que puebla de gentes extrañas y propias. y cuyo testimonio e intercesión han acompañado mi servicio de pastor. fiesta de la Transfiguración del Señor y vigésimo segundo aniversario de la muerte del Papa Pablo VI. Domingo 6 de agosto de 2000. cuya fe generosa vivida en el Sábado santo ha ocupado el centro de esta carta. vitae et fidei”. tambores y bandas. y de sonidos clamorosos de cornetas. La jornada del Sábado (antes de Gloria y ahora de Silencio ambiental en iglesias y catedrales) tiene varios rostros: uno es el de las procesiones de la Soledad que anuncian. . las calles de ciudades clásicas en Castilla o Andalucía. Amanece tarde. tras el cansino movimiento procesional del Viernes. A ella con ustedes nuevamente me confío en el año jubilar de la encarnación de su Hijo. el Redentor del hombre.un balance que querría expresar en una especie de “Confessio laudis.

la madre de Jesús . gestos y mensajes salvíficos de Cristo.. en el claroscuro de la noche y el día. Hoy las HORAS SANTAS.! Hay que estar vigilantes por si llega presto. ¡ Jesús dijo que resucitaría.. son eso: momentos de soledad vividos en compañía de quien nos ama . PROCESIONES DE SOLEDAD.Horas de acompañamiento en amistad sincera. momentos de nuestra ofrenda de compañía a María. sin estrenar. en momentos difíciles es cuando se precisa y se debe dar la presencia de manos y corazones que abracen y sepan latir al ritmo del que sufre y ama en el dolor.. principalmente por MARÍA y por unas mujeres incondicionales ... porque Jesús ha sido enterrado: en un sepulcro prestado. .. que fueron las mismas mujeres anteriores.. excepto por los verdaderos amigos del muerto.. . fuera de la ciudad. SILENCIOS EN LAS CALLES.Horas de esperanza. las que confiaban en el real triunfo de la vida sobre la muerte..Horas de amargura. sobre todo para quienes mejor entendieron las palabras.conjuntamente.. presto a ser olvidado. horas de esperanza y horas de acompañamiento en amistad. . pues. horas de amargura. limpio....

.. Nuestro coloquio con María En días como el Sábado Santo.y madre nuestra. Madre? . Madre de Dios .. los discursos de academia o los sermones de púlpito no responden tan bien a la realidad de los corazones que sufren y esperan como los coloquios íntimos que se mantienen a media voz de sonido y de confidencia. María en el huerto.... situándonos espiritualmente en cuatro lugares históricos-místicos. unos minutos dedicados a glosar los misterios de dolor en su especial Rosario de María y con María. ¡Qué duro fue para ti el momento en que vinieron por él y se lo llevaron.. cerca..! ¡Qué azotes! ¿Estabas tú allí.!. estarías.. "Madre... vamos a compartir y a vivir con la religiosa sor Esperanza María Ortega.Tú nunca haces . Sí. dando rienda suelta a los impulsos entrecortados del alma que se confía. Y él aceptó todo. Lo hacemos en cuatro momentos oracionales.. En esa línea de comunicación. ¡qué cara te ha costado el Ave María de nuestros Rosarios: Madre de Dios.

Sí. Está contigo silenciosamente... casi no me atrevo a mirarte. Sabes.! Y el madero también ¡que grande!.. .. ¡Qué larga y penosa calle la de la Amargura. Y el cielo ¡qué plomizo!.... con él..... Y la mirada ¡qué triste!.. Ruega para que nos perdonen tanta locura. yo era causa de aquellos golpes. Allí sí que estabas... sé que estabas en la calle de la Amargura. desde que dijo el ángel : el señor está contigo. Estabais siempre juntos. Tu paso es siempre silencioso.. estabas oyendo aquellos golpes trágicos.. tanta insensatez.. Madre.. ruega por nosotros...... Nada pudiste hacer para evitarlos.. Madre de Dios y madre mía.. y ruega por mí. por mis pecados.. Por eso. y él contigo. a veces. Todos lo dicen así. Pero ¡cómo estaba! Siento vergüenza....ruido. Santa María. ahora y en la hora de nuestra muerte. yo reconozco que también estaba allí... recibiéndolos.." María en la calle de la amargura "Madre. No me lo tengas en cuenta. Estabas allí. cuando tú oyes los golpes.

. sí. como está. Déjame. pues.... ¿ Sí ? Claro. eres la única madre suficientemente fuerte como para poder mirarle cara a cara. de verdad .. y él es el fruto de tu vientre. Madre. Ni a ti tampoco. me voy contigo. Pero ¡Dios mío. para que no subas sola.... Seré tu hija.. No te abandonaré jamás. que yo tengo interés en subir.Hoy. Tú.. es él.. Pero ¿le reconoces?... Madre. Y no me atrevo. nunca mejor que ahora he comprendido que eres.... qué monte!.... Madre... Además. Quiero llegar contigo al Gólgota. Aquí los labios se paralizan.. clavado.. te confieso. Te prometo no volver a traicionarle a tu Hijo." Quedemos en silencio . Y tú.. Madre. sólo él podía estar ahí. si no voy contigo. eres bendita entre todas las mujeres. acompañarte. si me permites. la Madre de Dios. Madre." Con María en el monte "Ya estamos.. ¡Bendita tú entre las mujeres!..

Madre. y al Hijo ."Y ahora. suspendida en oración. Bendita tú.. quiero quedar contigo en silencio...... por haber podido acompañarte. Bendito el fruto de tu vientre!" DOMINICOS ... Desde la soledad orante del Gólgota.. Gloria al Padre.. aquí en el monte. Ahora me siento más hija. Gracias. Madre... ya no puedo dudar. y al Espíritu Santo.