1)

Prevención social de delito
a)
Concepto de prevención del delito:
Por definición la palabra prevención significa: medidas y acciones dispuestas con
anticipación con el fin de evitar o impedir que se presente un fenómeno peligroso
para reducir sus efectos sobre la población.
Por consiguiente, “Prevención del delito” no es más que tomar medidas y realizar
acciones para evitar una conducta o un comportamiento que puedan dañar o
convertir a la población en sujetos o víctimas de un ilícito.
i)
Prevención y readaptación
Para José Valdemar Portillo López (2006), En este principio de siglo, los problemas
estremecen la conciencia de los hombres libres, las economías están en crisis y los
problemas sociales y ecológicos amenazan con extender sus perfiles destructores,
mientras los hombres buscan desesperadamente la felicidad y el bienestar que no
llegan. El número de hombres que viven en sociedades libres ha disminuido, aumenta
la tendencia a violar los derechos humanos y el desempleo y la pobreza, la corrupción
y el terrorismo, crecen, comprometiendo la estabilidad política de buena parte de la
sociedad de hoy
Los medios que conducen a reducir el fenómeno antisocial son necesariamente
aquellos que puedan oponerse a los factores de riesgo que la ocasionan o favorecen.
Siendo la criminalidad, en parte, un producto de la miseria, la ignorancia y la
enfermedad mental y social, los medios son adecuados aquellos que combaten esos
factores. El Estado, por medio de sus instituciones, debe ayudar a reducir los factores
de riesgo. Se ha de entender lo anterior como prevención social del delito; las
Naciones Unidas la definen como la que: Engloba las estrategias y medidas
encaminadas a reducir el riesgo de que se produzcan delitos y sus posibles efectos
perjudiciales para las personas y la sociedad, incluido el temor a la delincuencia, y a
intervenir para influir en sus múltiples causas (Oficina de las Naciones Unidas contra
la Droga y el Delito, 2007).
Por otro lado, Eduardo Martínez Bastida (2007) apunta muy adecuadamente otro
concepto de prevención social del delito de la siguiente manera: Se basa en
intervenciones no penales sobre delincuentes potenciales orientadas a atenuar su
propensión criminal, sustentándose en las teorías clásicas de la etiología del delito,
según las cuales la acción criminal se explica por la existencia de diversos factores
(familia, escuela, amigos, pareja, empleo, drogas, alcohol, etcétera).
La conocida frase “más vale prevenir que castigar” tiene éxito, ya que en la
actualidad se conocen mejor las causas de la criminalidad, y se pueden identificar con
precisión los grupos propensos a determinadas conductas.
ii)
Rediseñando una nueva legislación preventiva:
La disminución de la criminalidad no se debe a que se aumenten las penas o a la
cadena perpetua. El concepto puro de “política” es el análisis de las circunstancias de
una situación en sociedad como de dicho estudio se pueden aplicar recursos o
soluciones a un hecho anexado el concepto de “criminológica”, se hace referencia al
estudio de las causas y factores criminógenos y la aplicación de soluciones en base a
la identificación de estos, la política criminológica debe comenzar en la educación, en
la familia, en la sociedad y, cuando la criminalidad ya se ha desarrollado , se extiende
al tratamiento penitenciario y pos penitenciario.
iii)
El concepto de prevención y sus diversos contenidos
Todas las escuelas criminológicas se refieren a la prevención del delito. Que no basta
con Reprimir el crimen que es necesario anticiparse al mismo, prevenirlo, es ya un
tópico. Pero un tópico a veces equivoco o vacío de contenido, por las muchas
acepciones que se signan al concepto de prevención.
iv)
Prevención disuasión y obstaculización del delito
En efecto un sector doctrinal identifica la prevención con el mero efecto disuasorio de
la pena. Prevenir equivale a disuadir al infractor potencial con la amenaza de castigo,

Las exigencias de prevención primaria suelen atenderse a través de estrategias de política cultural.). no el infractor potencial ni la comunidad Jurídica). y concede un protagonismo desmedido a las instancias oficiales del sistema legal en el liderazgo de aquéllos (déficit comunitario). efectividad y rendimiento del sistema legal. así. sin duda. para neutralizar éste antes de que el propio problema se manifieste. no evitar la criminalidad) y medios utilizados para la consecución de aquéllos (la ejecución de la pena y el tratamiento rehabilitador). al de prevención «especial». Tratan. ante todo. vivienda. diseño arquitectónico y urbanístico. que opera siempre a largo y medio plazo y se dirige a todos los ciudadanos. La prevención «primaria» es. prevenir el delito es algo más —y también algo distinto— que dificultar su comisión. la prevención debe contemplarse.). una intervención dinámica y positiva que neutralice sus raíces. etc. esto es. que goce de especial predicamento —desde Caplan— la distinción entre: prevención «primaria». La prevención del crimen no interesa exclusivamente a los poderes públicos. a la comunidad. Pero actúa a medio y largo plazo.se concibe como prevención criminal (eficacia preventiva de la pena) y opera en el proceso motivacional del infractor (disuasión) Algunos autores lo entienden como el efecto disuasorio inmediato. bienestar social y calidad de vida son ámbitos esenciales para una prevención primaria. «secundaria» y «terciaria» No debe extrañar. y . pues. cuyo objetivo último es dotar a los ciudadanos — como afirma LÜDERSSEN— de capacidad social para superar de forma productiva eventuales conflictos. indirecto. ajeno a la sociedad. actitudes de las víctimas. De otra parte. con el consiguiente efecto inhibitorio. El concepto de prevención se equipara. efectos pretendidos (prevenir simplemente la reincidencia del ya penado. del conflicto criminal. como movilización de todos Tos efectivos comunitarios para abordar solidariamente un problema «social ». sino un problema comunitario más. disminución de beneficios. trabajo. mucho menos ambicioso por razón de su destinatario (el penado. Por ello. pues el crimen no es un cuerpo «extraño». procurando una socialización provechosa acorde con los objetivos sociales. En efecto. Desde un punto de vista «etiológico». acusa un marcado sesgo individualista e ideológico en la selección de sus destinatarios y en el diseño de los correspondientes programas (déficit social). pues. «secundaria» y «terciaria». sino a todos. poco exitoso. según tal clasificación los programas de prevención primaria se orientan a las causas mismas. como prevención «social». por ello. los instrumentos y mecanismos que utilizan. o que disuadir al infractor potencial con la amenaza del castigo. también. al sistema legal. etc. el concepto de prevención no puede desligarse de la génesis del fenómeno criminal. por cierto. implícitamente asociado al concepto jurídico penal de prevención especial: evitar la reincidencia del penado. v) Prevención «primaria». conviene distinguir el concepto criminológico de prevención — concepto exigente y pluridimensional— del objetivo genérico. Educación y socialización. Dicha distinción descansa en diversos criterios: la mayor o menor relevancia etiológica de los respectivos programas. perseguido a través de instrumentos no penales. En sentido estricto. Pues este último implica una intervención tardía en el problema criminal (déficit etiológico). a la raíz. la más eficaz —la genuina de prevención— ya que opera etiológicamente. Se pretende así. sin embargo. los destinatarios a los que se dirigen éstos. ámbitos de los mismos y fines perseguidos. económica y social. La mera disuasión deja éstas intactas. de crear los presupuestos necesarios o de resolver las situaciones carenciales criminógenas. los costes de éste para el infractor ( incremento del riesgo. poner trabas y obstáculos de todo tipo al autor en el proceso de ejecución del plan criminal mediante una intervención selectiva en el escenario del crimen que «encarece». que alteran el escenario criminal modificando alguno de los factores o elementos del mismo (espacio físico. sin duda alguna. Reclama. sus «causas».

por cierto. de control de medios de comunicación. La prevención secundaria se plasma en la política legislativa penal y en la acción policial. No por ello. a disuasión a través del efecto inhibitorio de la pena. penada. De ahí sus limitaciones prácticas. que el mecanismo disuasorio o contra motivador expresa fielmente la esencia de la prevención. etiológica. de las tres modalidades de prevención. actúa más tarde en términos etiológicos: no cuando —ni donde— el conflicto criminal se produce o genera. La prevención terciaria. La plena determinación y selectividad de la población destinataria de tales programas. y se orienta selectivamente a concretos. dado que ésta implica una intervención tardía (una vez cometido el delito). y un objetivo preciso: evitar la reincidencia. en el futuro. desarrollados en barrios bajos. parcial (solo en el penado) e insuficiente (no neutraliza las causas del problema criminal). cuyo proceso motivacional deviene más complejo. los diversos programas de prevención —. (1) Modelo clásico . por tanto. fuertemente polarizada por los intereses de la prevención general. Programas de prevención policial. sin embargo. particulares. no compensan el déficit etiológico de la prevención terciaria. y al rigor o severidad de ésta. la supuesta eficacia preventiva del mecanismo Intimidatorio. refiere la efectividad del impacto disuasorio o contra motivador más al funcionamiento del sistema legal. En orden a la prevención de la criminalidad el centro de atención se desplaza. además. La respuesta tradicional al problema de la prevención del delito se concreta en dos modelos muy semejantes: el clásico y el neoclásico. Es. En puridad. suele identificar lamentablemente con fórmulas drásticas y represivas. de ordenación urbana y utilización del diseño arquitectónico como instrumento de autoprotección. La llamada prevención secundaria. y que el único destinatario de los programas dirigidos a tal fin es el infractor potencial. son útiles para la consecución de un objetivo específico: evitar la reincidencia. de una imagen estandarizada y casi lineal del proceso de motivación y deliberación. son ejemplos de prevención «secundaria». vi) Modelos teóricos de prevención del delito. Pocos están dispuestos a invertir G/n esfuerzos y solidaridad para que otros. Porque la sociedad siempre busca y demanda soluciones a corto plazo que. además. Opera a corto y medio plazo. Pues a pesar de sus indiscutibles limitaciones. Prevención equivale a disuasión. así como los elevados índices de reincidencia que se aprecian en ella. sus insuperables carencias. sin embargo. cronológica y espacialmente de las raíces últimas del problema criminal— se llevan a cabo en el propio ámbito penitenciario. El denominado modelo neoclásico. disfruten de una sociedad mejor que capitalicen los esfuerzos realizados por otros. tal como éste es percibido por el infractor potencial. tiene un destinatario perfectamente identificable: la población reclusa. de las penas que el ordenamiento contempla a la efectividad de éste. Primaria.reclama prestaciones sociales. Y los programas «rehabilitadores». no mera disuasión. intervención comunitaria. «resocializadores» en que se concreta —muy alejados. que a la severidad abstracta de las penas. por último. Coinciden ambos en estimar que el medio adecuado para prevenir el delito ha de tener naturaleza «penal» (la amenaza del castigo). atizados por el periódico reclamo electoral y el Interesado bombardeo propagandísistico de los forjadores de la opinión pública. Las discrepancias son accidentales. cabe renunciar a los programas de prevención terciaría en nombre de maximalismos conceptuales y prejuicios ideológicos. de la ley al sistema legal. sectores de la sociedad: aquellos grupos y subgrupos que exhiben mayor riesgo de padecer o protagonizar el problema criminal. la de más acusado carácter punitivo. Participa. secundaria y terciaria— se complementan y deben estimarse compatibles. Y los gobernantes tampoco hacen gala de paciencia y altruismo. El modelo clásico polariza en torno a la pena. todo ello desde la concreta y singular percepción del autor. cuando y donde se exterioriza. sino cuando y donde se manifiesta. por su parte.

Dicha eficacia. en puridad. y por muchas razones. de una fría y reflexiva decisión racional en la que el culpable pondera la gravedad de la pena señalada al delito y las ventajas que éste le puede deparar.Atener de una opinión muy generalizada. muchas políticas criminales de nuestro tiempo (recte: políticas penales) responden a este modelo falaz y simplificador que manipula el miedo al delito y trata de ocultar el fracaso de la política preventiva (en realidad. Y reflejan la impotencia. la supuesta excelencia del Derecho Penal como instrumento preventivo — frente a otras posibles estrategias— parece más producto de prejuicios o coartadas defensistas que de un sereno análisis científico de la realidad. no significa necesariamente menos crimen. más Derecho Penal. al suponer que la opción delictiva es producto de un balance de costes y beneficios. además. con relación a la denominada criminalidad «simbólica» o «expresiva»). Sus previsiones y actitudes. Prevención. el rigor de la pena se traduce. son términos correlativos: el incremento de la delincuencia se explica por la debilidad de la amenaza penal. tiene paradójicamente efectos criminógenos. pero tampoco cabe degradar la política de prevención convirtiéndola en mera política penal. a este propósito. lejos de reforzar los mecanismos inhibitorios y prevenir el delito. DÓLLING y VILLMOW—entre otros muchos— quienes suponen que la eficacia disuasoria del castigo depende del rigor o severidad del mismo interpretan de modo simplificador y reduccionista un marco de relaciones psico-sociológicas mucho más complejo en el que interactúan un sinfín de variables. esto es. prisión provisional. Estereotipo de delincuente previsor. riesgo de ser detenido. Pues la capacidad preventiva de un determinado medio no depende de su naturaleza (penal o no penal) sino de los efectos del mismo.) que las finales o definitivas (gravedad de la pena señalada por la ley para el delito). por graves que éstos sean. en efecto. represiva) apelando en vano a las «iras» de la Ley. depende fundamentalmente de la capacidad disuasoria del castigo. al delito. El modelo de prevención clásico. además. Del mismo modo que el incremento de la criminalidad no puede explicarse como consecuencia exclusiva de la debilidad de las penas o del fracaso del control social. según esto. Conviene recordar. prevalece sobre la eventualidad de unos riesgos que descarta o contempla como improbables. La certeza. calculador. intimida. revela un análisis demasiado primitivo y simplificador del proceso motivacional y del propio mecanismo disuasorio. Pena y delito constituyen los dos términos de una ecuación lineal. ingenua. la más eficaz. casi algebraica. es algo. Más dureza. no disuade: atemoriza. el fracaso. Ante todo. etc. una imagen intelectualizada del infractor. que la intervención penal tiene elevadísimos costes sociales. necesariamente. De hecho. . que no se aviene a la realidad por generalizar unos clichés decisionales ni siquiera válidos para la delincuencia económica convencional (menos aún. de la gravedad del mismo. en segundo lugar. pues. el Derecho Penal simboliza la respuesta primaria y natural. Profesa. la ausencia de soluciones que la convicción y energía imprescindibles para abordar_ los problemas sociales] Ninguna política criminal realista puede prescindir de la pena. pues. Y que su supuesta efectividad dista mucho de ser ejemplar. Que un rigor desmedido. El modelo tradicional de prevención no convence en absoluto. de unos beneficios inmediatos. La pena. sobre lo que existe evidencia empírica^^. Precisamente porque cuenta con librarse del castigo decide cometer el delito. en el correlativo descenso de la criminalidad. por otra parte. desde luego. sitúan en planos muy distintos los «riesgos» improbables de padecer aquella pena y los beneficios seguros derivados de la comisión del hecho criminal. como advierten KURY. seguros. por excelencia. disuasión e intimidación. Pues lo cierto es que el infractor indeciso valora y analiza más las consecuencias próximas e inmediatas de su conducta (vg.

desde luego. de forma no siempre uniforme. que interactúan. Pero más aún que el riesgo a ser descubierto. la alta probabilidad de cometer el delito impunemente. encuadramiento del individuo en un concreto contexto social. un efecto intimidatorio muy distinto en los siempre diferentes procesos motivacionales. percepción subjetiva del infractor respecto a la virtualidad de la efectiva imposición del castigo si comete el delito. el habitual— adopta-una actitud marcadamente más optimista en la ponderación de riesgos que el ciudadano respetuoso de las leyes. sin duda. Grado de optimismo difiere según la naturaleza del delito y la . o «síndrome de optimismo» no justificado. Todo parece indicar que en el proceso de deliberación el infractor pondera el riesgo—mayor menor— de ser descubierto (siempre subjetivamente apreciado). el tipo de infractor. efectividad. a la reacción informal que éste espera del entorno social si comete el delito. por ejemplo. las diversas investigaciones conceden especial significación al mayor o menor grado de conciencia de la obligatoriedad de la norma en cuanto compromiso y experiencia moral del sujeto. etc. que le permiten valorar con realismo la escasa efectividad del sistema legal y. —a tenor de las investigaciones empíricas— el único ni el principal factor. las investigaciones empíricas parecen haber verificado dos extremos. de suerte que su concreto efecto inhibitorio o contra motivador depende. la prontitud e inmediación de la respuesta al mismo. han demostrado la complejidad del mecanismo disuasorio. No se puede asociar. sino el mayor o menor porcentaje de riesgo que asocia el delincuente potencial a la comisión del delito valorando las circunstancias concretas del caso (grado de dificultad que entraña la ejecución del delito. de tres o de cinco años. En dicho cálculo o evaluación de las consecuencias próximas derivadas de la comisión del delito. Así. si bien dicha evaluación del riesgo es una variable de escasa significación y al parecer solo tiene relevancia en infracciones menores.Las ciencias empíricas. La gravedad nominal del castigo. Entre estas últimas variables. el grado de apoyo informal que pueda recibir el comportamiento desviado. pericia y capacidad propia para llevarla a cabo exitosamente. En segundo lugar. portante. caso a caso. severidad del castigo y efecto disuasorio de éste. por tanto. el modo en que la sociedad y el delincuente perciban'' el castigo (adecuación. efectividad real del sistema legal. o todo lo contrario: al pragmatismo y experiencia de éste.) son circunstancias que condicionan decisivamente el poder disuasorio concreto de aquél. finalmente. el rigor de la pena. que el infractor —sobre todo. Tal actitud puede deberse a una cierta distorsionen la percepción de la realidad. No decide sólo la duración del castigo (la duración abstracta y nominal de la pena): la naturaleza del delito de que se trate. a lo que las investigaciones de Góttingen denominan «la experiencia penal subjetiva» El efecto disuasorio real de la pena (de la amenaza o conminación penal) se halla muy condicionado por la. En primer lugar. grado de vigencia real de las normas y presión de éstas sobre el comportamiento desviado) poseen un decisivo peso específico disuasorio. además. Dicho de otro modo: una pena de seis años de privación de libertad no intimida siempre lo mismo. es sólo una de ellas. Todo parece indicar que en el mismo intervienen muchas y diversas variables.). El rigor de la pena no es. ef. ni intimida siempre y en todos los casos más que una pena privativa de libertad de dos. etc.^^. incluso. no la mayor o menor severidad nominal de la pena abstracta. característico del perfil psicológico del infractor. etc. del comportamiento e interacción de las demás variables. a su vez. determinadas circunstancias y condiciones relativas al proceso de socialización (transmisión de normas y valores. sin ofrecer una imagen simplista de una realidad mucho más compleja en la que intervienen numerosas variables psicológicas y sociológicas. que. Determinante será. en este sentido. la personalidad del delincuente. una pena de seis años de privación de libertad tiene. a la frecuencia de la comisión del delito en el círculo de amigos y allegados al infractor. medida según la reprochabilidad del hecho.

En el caso del delincuente terrorista. inexorable. pues siempre podría mejorar los resultados de la lucha preventiva contra el mismo. Que la pena no es un riesgo futuro e incierto sino un mal próximo y cierto. De este modo se «encarecen» los costes del delito para " el infractor. sin duda. sintomatológicamente). decía el autor— que la comisión del delito implica indefectiblemente la pronta imposición del castigo". tiene el crimen que quiere tener. Su capacidad preventiva. calcula racionalmente los riesgos de la comisión del delito. que se ejecuta de forma implacable" y habría que añadir: que se percibe por la sociedad como justa merecida. perfeccionando el equipamiento y dotación de éste. Más aún lo hace. no parece ya razonable atribuir los movimientos de la criminalidad (el incremento o el descenso de sus índices) a la efectividad —mayor a menor— del sistema legal. atribuyen la criminalidad al fracaso o fragilidad de _ aquél. La sociedad. ocasional). Sus teóricos. sobre todo. El delincuente sexual. incrementando progresivamente el rendimiento del sistema legal. y. de hecho. sobre todo a corto plazo y con relación a ciertos sectores de la delincuencia (vg. sino la prontitud con que se impongan. pues. más éxitos y mejores resultados.personalidad correlativa de su autora. por el contrario. No le faltaba razón. En orden a la prevención del crimen. a sus bajos rendimientos. sino su certeza o infalibilidad: que todos sepan y comprueben —incluido el infractor potencial. el efecto disuasorio del castigo — incluido el de máximo rigor— depende menos de la percepción subjetiva del autor sobre el riesgo de imposición de aquel y de su severidad que en el de otros delincuentes. más y mejores cárceles. sin más. A medio y largo plazo no resuelve por sí mismo el problema criminal cuya dinámica responde a otras claves. habrá que convenir con el ilustre milanés. pues. a BECCARIA al mantener ya en 1764 que lo decisivo no es la gravedad de las penas. Pues si las leyes nacen para ser cumplidas. relevante. no el rigor o la severidad del castigo. Invirtiendo más y más recursos en sus necesidades humanas y materiales cabría siempre esperar y obtener. Que la pena que realmente intimida es la pena. de forma sucesiva e ilimitada. cuando el conflicto se manifiesta (opera. las corporaciones en el particular de las sanciones pecuniarias. que sólo la efectiva aplicación de la pena confirma la seriedad de la conminación legal. En segundo lugar. la efectividad del sistema legal es. Mejorar la infraestructura y la dotación del sistema legal sería la más adecuada y eficaz estrategia para prevenir la criminalidad: más y mejores policías. no suele siquiera plantearse la posibilidad de ser castigado. tiene unos límites estructurales insalvables. actúa tarde (desde un punto de vista etiológico). concluyen los partidarios de este enfoque neoclásico. que se ejecuta: que se ejecuta pronto. que desistirá de sus planes criminales al comprobar la efectividad de un sistema en perfecto estado de funcionamiento"'. El sistema legal deja intactas las «causas» del crimen. determina un ascenso correlativo de la criminalidad (de la criminalidad . El delincuente contra el patrimonio y la seguridad vial. desde luego. en consecuencia. — aseguran—. Pero no cabe esperar demasiado del mismo. más y mejores jueces. Ni la fragilidad de éste. (2) Modelo neoclásico: Para la denominada escuela neoclásica (o moderno clasicismo) el efecto disuasorio preventivo aparece más asociado al funcionamiento (efectividad) del sistema legal que al rigor nominal de la pena. el delincuente en el ámbito socioeconómico y el medio ambiente. y contra lo que a menudo se supone. Pero este modelo de prevención tampoco convence. por ejemplo.

desde luego. Más y mejores policías. más penados. más y mejores jueces. Por la misma razón. Es imprescindible distinguir entre «política criminal» y «política penal». que se desentienden de las raíces del problema criminal y prescinden de toda información científica al respecto. comunitaria). más y mejores prisiones —decía a este propósito un autor— significa más infractores en la cárcel. se captura más crimen y reduce la desproporción entre los valores «oficiales» y los «reales» (cifra negra). suponiendo erróneamente que los valores de esta última constituyen un indicador seguro de la eficacia preventiva del sistema legal. condenada al fracaso a medio plazo. si no se quiere privar de contenido y autonomía el propio concepto de «prevención». Una sustancial mejora de la efectividad del sistema legal incrementa. porque no falta razón. porque no se deben confundir la criminalidad «real» y la «registrada». sino este último (el aumento de la criminalidad) el que ocasiona la fragilidad y el fracaso del sistema legal.«real». mejorar progresiva e indefinidamente los resultados de la prevención del delito a través del sistema legal. pero no necesariamente menos delitos. . quizás. meramente sintomatológicas. desentendiéndose del imprescindible análisis etiológico de aquél y de genuinos programas de prevención (prevención primaria). Pésima política criminal aquella que olvide que las claves de una prevención eficaz del crimen residen no en un fortalecimiento del control social «formal» sino en una mejor sincronización del control social «formal» y el «informal»''^ y en la implicación o compromiso activo de la comunidad. Y de otra. afirmando que no es el fracaso del sistema legal lo que produce (causa) el incremento de la delincuencia (efecto). ni una mejora sensible de su rendimiento reduce en la misma medida los índices de criminalidad. No existe tal correlación porque el problema es bastante más complejo y obliga a ponderar otras muchas variables. Pero no por ello se evita mas crimen ni se produce o genera menos delito en idéntica proporción: se detecta más crimen. Este último reclama cierta política criminal (de base etiológica. positiva. Mala política criminal aquella que contempla el problema social del delito en términos de mera «disuasión». el volumen de crimen registrado. a quienes invierten la supuesta relación de causa a efecto. no de la «oficial» o «registrada»). no fórmulas represivas o intimidatorias. De una parte. naturalmente. asistencial y social. potenciando el rendimiento y efectividad de éste es una pretensión poco realista.