El 6 de agosto de 2014, ocurrió uno de los mayores desastres ambientales en México, este accidente se

debió a deficiencias de seguridad en la explotación de la mina Buenavista del Cobre, en Sonora. Tras la derrama de
40 mil metros cúbicos de sustancias tóxicas, se puso en riesgo el desarrollo sustentable de esa región.
La sociedad sonorense fue puesta en riesgo, ya que debido a este accidente, cerca de 20 mil habitantes de 7
municipios cercanos a los ríos Bacanuchi y Sonora, están expuestos a condiciones inseguras que pueden impactar su
salud, debido a los altos niveles de metales en el agua, dentro de los tóxicos encontrados en esa descarga se
encuentran lixiviados mineros con arsénico, níquel, fierro, cobre, cadmio, manganeso y aluminio. Los daños que
esto puede ocasionar son problemas en el sistema nervioso, daños hepáticos, pulmonares, reproductivos, entre otros;
existe también el riesgo de contraer enfermedades como cáncer, Alzheimer, hepatitis o provocar incluso la muerte.
El impacto ecológico fue muy negativo en la zona, ya que el alcance de esta afectación ambiental no solo
daña el afluente de los ríos, también pone en situación vulnerable al ecosistema entero, están en peligro por este
hecho las especies animales y vegetales aledañas, que para subsistir aprovechan el agua del Bacanuchi y del Sonora.
El aspecto económico no quedó librado de esta contingencia ambiental, a raíz del derrame tóxico se tuvo
que abastecer a la población con agua potable proveniente de pozos agrícolas, lo que ocasiono el incremento de los
costos de operación para hacer llegar agua segura para el consumo humano a los habitantes de las zonas urbanas.
Desde el accidente ambiental, esta región altamente dependiente de la actividad de la industria minera, ha caído en
un desequilibrio económico. La actividad agropecuaria ha sido frenada por la contaminación de cerca de 300 pozos
de agua encargados del abastecimiento del líquido.
Diversos medios informativos hacen mención de que al grupo minero responsable del derrame tóxico, le
aplicaron multas millonarias y sanciones, pero la falta de firmeza en la aplicación de las leyes por parte de las
autoridades mexicanas, han mantenido en un prolongado letargo el caso, a tal grado, que la empresa minera se ha
desentendido de sus obligaciones por resarcir los daños ambientales, sociales y económicos ocasionados a la región.
Pero si analizamos detenidamente la situación, nos podemos dar cuenta que no basta con que la empresa pague los
daños ambientales a corto o mediano plazo; ya que hay una latente posibilidad que el impacto adverso a los ámbitos
sociales y económicos perduren por un prolongado tiempo.

Ley Federal de Responsabilidad Ambiental Referencias .