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a26 I Lima I EL COMERCIO DOMINGO 10 de junio del 2007

Especial

EL DRAMA DE LOS NIÑOS CON VIH

El VIH no discrimina a la niñez, pero sí la desinformación y los prejuicios de las personas.
Un estudio de Vía Libre revela que el 41% de menores seropositivos es rechazado

Ellos solo quieren ser incluidos
FABIOLA TORRES LÓPEZ

Sus garabatos están por todas las
paredes de la habitación. Esas rayas
y círculos dibujados con crayolas de
colores son las huellas de su energía
e inquietud natural de niño. Carmen sonríe cuando observa a su hijo en acción, pero el travieso Cristofer no se ha quedado satisfecho con
los lápices y ha descubierto la magia
de las tijeras. Cuando lo conocimos,
estaba rodeado de picadillos de papel que hizo con la ayuda de Jossi,
su hermana y cómplice.
Ella sabe que Cris, como le
dice de cariño al más pequeño de
la familia, se pone triste cuando
sale al colegio en las mañanas y él
tiene que quedarse en casa. Hace dos meses, con el apoyo de la
Defensoría del Pueblo, Carmen
inscribió a Cristofer en la CunaJardín 073 de San Juan de Lurigancho, la misma a la que asiste
la niña, pero solo pudo ir unos
días. El pequeño nunca comprendió la razón por la que sus
demás compañeros de cuna fueron retirados y él fue dejado en
manos de una auxiliar que lo trató como un niño diferente.
En agosto cumplirá 3 años
y aunque vive con el virus de
inmunodeficiencia humana
(VIH) por causa de una transfusión sanguínea que le practicaron cuando era un recién nacido,
la enfermedad no ha impedido
que lleve una vida normal, sino
las personas que lo han rechazado sin conocerlo. A su edad, Cristofer no entiende de diagnósticos ni de cargas virales. Solo le
ilusiona jugar y tener amigos.
Aun cuando no puede hablar
claro, llegó a contarle a Carmen lo
que pasó en el jardín. Un día su mirada y su llanto en la puerta del local lo hicieron por él. Martha Vega,
la directora, asegura que no hubo
discriminación y que la reacción
de miedo de los padres fue por desconocimiento, pero se les capacitó.

El VIH no le
ha impedido a
Cristofer llevar una
vida normal, sino
las personas que lo
han rechazado sin
conocerlo

EN SITUACIÓN DE POBREZA. La madre de Cristofer debe trabajar lavando ropa para
atender a su familia. Él se queda en casa de sus abuelitos, quienes lo cuidan.

CÓMPLICES. La hermana de Cristofer y sus amigos del barrio lo integran en sus juegos y
actividades. Los más chicos no conocen de las diferencias que hacen los adultos.
FOTOS: FERNANDO FUJIMOTO

TRAVIESO COMO TODOS. Cristofer es un niño sociable e inquieto, como los de su edad. Su rostro en estas fotografías ha sido ligeramente distorsionado para preservar su identidad.

“Nunca le cerramos las puertas al
niño, ni lo apartamos. Su mamá lo
sacó por su propia voluntad”, alega.
Carmen asegura que Cristofer no
era integrado a los demás niños.

La justicia no llega
para las víctimas

APRENDIERON A CALLAR

Cuando Cecilia era pequeña, su
abuelita le dijo que sufría del corazón. Le pidió que respondiera
eso a quienes preguntaran por
sus constantes visitas al hospital.
Pero el tiempo pasó, ella superó
la taquicardia y no dejó las medicinas. Hoy, tiene 13 años y su
familia no pudo posponer más
el momento de contarle su diagnóstico. “Cuando mi abuelita lo
hizo, yo hacía una vida normal
(…) y ni siquiera lloré”, recuerda
la adolescente.
Las amigas de Cecilia aún no
saben que ella es portadora del
virus. En el colegio, menos. Su
abuela le enseñó a callar. Era eso
o la posibilidad de ser rechazada
y dejar de estudiar. Al igual que
Cecilia, Ángela y Natalia, madre
e hija seropositivas, guardan silencio sobre su diagnóstico por
temor a que en el colegio las señalen y discriminen.
Quizá esa es la lección que
les dejaron aquellas personas
que, pensando en que comprenderían su situación en el
colegio, comunicaron que sus
niños eran portadores del VIH.
Quisiéramos escribir que eso ya
no sucederá. Que la mayoría de
maestros, padres de familia y estudiantes es consciente de que
en la escuela no hay riesgos de
transmisión de virus . Sin embargo, por ahora, esa no es la
realidad.
Además de las escuelas, el
maltrato también está presente
en los hospitales de Lima que se
encargan de dar tratamiento a niños seropositivos.

TRATAMIENTO. En las mañanas y las noches Cristofer toma las pastillas y jarabes que recibe del Ministerio
de Salud junto con su biberón.
CIFRAS QUE ESPANTAN

La Asociación Vía Libre siguió
la situación de 119 menores con
VIH y encontró que el 41% sufrió algún tipo de discriminación
en centros de salud, en el colegio
y hasta en su propio hogar.
En los hospitales, el personal
no los quería tocar o dejaba sus
historias clínicas para el final;
en el colegio no los aceptaban y,
en la familia, les impidieron que
jugaran con otros niños y separaron sus utensilios.
Las acciones de vigilancia
que realiza desde el 2004 hasta
la fecha forman parte del Proyecto Niños y Niñas por la Vida,
creando un entorno favorable en
VIH/sida.
VOCES AUSENTES

En los últimos tres años, 16 per-

EL DATO

No se adquiere el VIH/
sida por :

Abrazar, besar o jugar con un
amigo seropositivo. Tampoco
por compartir la ropa, los alimentos, el baño o los útiles escolares. No hay casos de transmisión del virus en la escuela.

sonas con VIH o sus familiares
rompieron su silencio y se atrevieron a denunciar el maltrato
en la Defensoría del Pueblo, que
ha realizado un papel de mediación. El Ministerio de Educación
solo se ha pronunciado por los
derechos de los niños con VIH
las veces que enfrentó denuncias que saltaron a los medios de

comunicación. Idel Vexler, viceministro de Gestión Pedagógica,
afirma que el sector promueve
una educación inclusiva y que
cualquier situación de maltrato
o discriminación es investigada
por la Comisión de Atención de
Denuncias y Reclamos (Cader).
El funcionario aseguró que atenderá el caso de Cristofer.
Lo que también debe advertirse es la poca orientación e información sobre el VIH/sida que
los estudiantes tienen en la escuela aún cuando se sabe que el
42% de los infectados en el Perú
–según Onusida– tiene entre 25
y 49 años, pero contrajeron la enfermedad en la adolescencia debido al desconocimiento sobre
el tema. Esta es una de las preocupaciones que ha movilizado
a diversas organizaciones no gu-

Cristofer es uno de los niños
sobrevivientes a quienes se
les transfundió sangre infectada con VIH en el Instituto
Materno Perinatal a fines del
2004. Han pasado más de dos
años desde entonces, pero
aún no se hace justicia. Las
víctimas esperan que el Juzgado Penal 27 se pronuncie
luego de que la fiscal Luz Tecco elevara su dictamen acusatorio, en el que establece
la responsabilidad penal del
donante Sydney Estacio García y de cuatro médicos del
Instituto Materno Perinatal por
los delitos de exposición al peligro, abandono de personas
en peligro, omisión de auxilio u
omisión de aviso de autoridad.

bernamentales, unidas en el consorcio Miradas y Voces, para impulsar la capacitación de maestros de primaria en la sensibilización de sus alumnos sobre el
VIH/sida. El próximo mes, con
apoyo del Unicef, empezarán esta labor que durará todo este año
en 80 colegios de Lima, Callao,
Ica y Loreto.
El maltrato y el estigma no
solo afecta a quienes viven con
la enfermedad, sino a toda la familia. Sandra es una adolescente
que perdió a su madre a causa del
sida y fue señalada en su barrio
de El Agustino como una chica
enferma. Ella no es seropositiva,
pero dice que es como si lo fuera.
“Me señalaron, me miraron mal
y yo me fui”, relata.
El sida ya ha dejado una generación de huérfanos en el país.

No existen cifras oficiales, pero
si se considera los reportes proporcionados por instituciones
que trabajan con niños afectados
por el VIH, se estima que más de
17.000 menores perdieron a sus
padres por causas relacionadas
con esta enfermedad, desde que
se propagó en el país. El Ministerio de Salud señala que de los 394
niños que reciben el tratamiento
antirretroviral de gran actividad
(Targa), el 60% es huérfano.
Más allá de otorgar los medicamentos a los afectados con la
enfermedad, el Estado no tiene
una política específica para proteger a los niños con VIH en abandono. En los albergues del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (Mimdes) no son recibidos
porque el personal argumenta
que sus ambientes no están en
capacidad de asistirlos. Los hogares San Camilo y La Posadita, de
la Iglesia y la sociedad civil, han
ayudado a cubrir ese vacío.
La Oficina de Epidemiología
del Ministerio de Salud estima
que hay 1.500 niños seropositivos que no han llegado aún a los
servicios de salud. Sus madres
les habrían transmitido el virus
durante la gestación, el parto o
el amamantamiento sin saber
que eran portadoras del VIH. Si
no reciben medicación es probable que mueran antes de cumplir
los 3 años.
Aquellos que sí están en tratamiento, como Cristofer, Cecilia y
Natalia, tienen esperanzas de vida y no quieren crecer con el rostro oculto como si fueran culpables de un delito. Al igual que la
mayoría de niños y adolescentes,
tienen sus propios sueños del futuro. Si pese al VIH tienen posibilidades de lograrlo, que la desinformación y los prejuicios de
las personas no se los impidan. n