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Una Navidad existencialista con Jean-Paul Sartre

Fernando Magallanes | jem@arcol.org
Ateo, escritor y filósofo existencialista, militante anticatólico, comunista
y representante ideológico e intelectual de mayo del 68. Todo esto y más
fue Jean-Paul Sarte. Con todo, el padre del absurdo nos ha dejado una
bellísima obra dramática que describe, casi mejor que los algunos
autores religiosos, el misterio de la Navidad en Barioná, el hijo del
trueno.
Es una obra poco conocida y hasta ahora publicada por primera vez en
el corpus de sus obras completas con motivo del centenario de su
nacimiento (Jean-Paul Sarte Théâtre Complet, édition publiée sous la
direction de Michel Contat, Gallimard, París 2005).
Sartre escribió la obra en su cautiverio en Tréveris, en el campo de
prisioneros Stalang 12D en 1940. En otras ediciones anteriores de
Barioná se dice que la escribió a petición de los padres jesuitas Marius
Pierrin y Maurice Espitallier, del dominico Pierre Boisselot, capellán del
campo y del P. Henry Leroy. Pero más bien, parece ser que él mismo
sugirió la idea de, además de celebrar la Misa de Gallo, representar una
obra navideña para “encontrar un tema que pudiera hacer realidad, esa
noche de Navidad, la unión más amplia posible entre cristianos y no
creyentes.”, aunque el mismo Sartre dejó claro que “no significa que la
dirección de mi pensamiento haya cambiado ni siquiera por un momento
durante el cautiverio”.
El argumento se desarrolla entre Belén y Bethaur, pueblo de donde,
según algunas tradiciones, proceden los pastores que fueron a anunciar
el nacimiento del Mesías. El personaje principal es Barioná, un judío
zelota y opositor de los romanos, desesperanzado, pesimista y
profundamente existencialista, que se encara e incluso intenta acabar
con el Mesías recién nacido porque lo considera un impostor y una
ilusión estúpida de liberación para los oprimidos.
Así define Barioná su corazón y la vida: “nuestro corazón está duro como
una piedra porque no esperamos nada desde nuestra infancia. No
esperamos nada, salvo la muerte”; “la vida es una derrota, nadie sale
victorioso, todo el mundo resulta vencido; todo ha ocurrido para mal
siempre y la mayor locura del mundo es la esperanza”.
La autoafirmación de la libertad y la rebelión contra Dios sartreanas
quedan plenamente plasmadas también: “Aunque el Eterno me hubiese
mostrado su rostro entre las nubes, rehusaría oírle porque soy libre; y
contra un hombre libre, ni el mismo Dios puede nada”.

eternamente. el Cristo nacerá en él y por él. Con cariño y ternura prosigue: “Y es que Cristo es su hijo. y se sienten exiliadas de esa vida nueva que han hecho con su vida”. sin embargo. Es Dios y se parece a mí»”. Tu deber de hombre. Casi como una madre escribe: “Porque todas las madres se han visto así alguna vez. de todos los dolores”. Se parece a mí. ante este niño que infunde respeto”. Describe así la relación entre María y el Niño: “De vez en cuando la tentación es tan fuerte que se olvida de que Él es Dios. y que sonríe.Pero también expone el misterio cristiano del nacimiento del Verbo en Belén y con él a la Madre de Dios. Está hecha de mí. Concluye la descripción de María y Jesús: “Y ninguna mujer jamás ha tenido así a su Dios para ella sola. . Barioná. Tiene mis ojos. eternamente. le dará el pecho y su leche se convertirá en sangre divina”. Un Dios muy pequeñito al que se puede tomar en brazos y cubrir de besos. Es para eso para lo que el Cristo ha bajado a la tierra. Durante nueve meses lo llevó en su seno. colocadas ante ese fragmento rebelde de su carne que es su hijo. de manera extraordinaria: “La Virgen está pálida y mira al niño. Con reverente y amoroso sentimiento dice: “Le mira y piensa: «Este Dios es mi hijo. un Dios al que se puede tocar. Esta carne divina es mi carne. Le estrecha entre sus brazos y le dice: ¡mi pequeño! Pero en otros momentos. porque tú sufres más que cualquier otro”. Y le atenaza un temor reverencial ante este Dios mudo. Y trataría de plasmar el aire de atrevimiento tierno y tímido con que ella adelanta el dedo para tocar la piel pequeña y suave de este niño-Dios cuyo peso tibio siente sobre sus rodillas y que le sonríe”. se queda sin habla y piensa: Dios está ahí. y la forma de su boca es la de la mía. carne de su carne y fruto de sus entrañas. y cada vez que un niño va a nacer. tu deber es esperar. Lo que habría que describir de su cara es una reverencia llena de ansiedad que no ha aparecido más que una vez en una cara humana”. el sabio rey Baltasar insta a Barioná a la esperanza: “Sufres y. Para ti más que para cualquier otro. un Dios calentito que sonríe y que respira. para ser golpeado con él por todos los dolores y para escapar en él y por él. Durante la obra. Le declara la misión del Mesías: “El Cristo ha nacido para todos los niños del mundo.

edición de José Ángel Agejas. Pero creo que también para vosotros. Pero por entre las rendijas de su alma. Porque incluso para los ciegos. existe la alegría”. el ardiente zelota que pretendía desvanecer la falsa ilusión mesiánica de sus hombres intentando estrangular al Mesías-niño finalmente se encuentra con Él. *Todas las citas de la obra corresponden a Barioná. Voz de Papel. prisioneros. a los prisioneros de guerra: no debéis absteneros de hacer niños. Querría vivir y disfrutar de este mundo que me ha sido descubierto y ayudarte a educar a nuestro hijo.Y le reafirma la dignidad de todo hombre y su derecho a la alegría: “[El Mesías] viene a decir a los ciegos. ¡oh!. Y a sus seguidores que darán su vida para salvar a su Mesías les arenga con emoción: “Quiero que muráis en la alegría. el hijo del trueno. como soñabais en vuestra juventud. Continuó siendo un anticristiano radical después de la guerra y aceptó la filosofía marxista como propia. mis hombres. aquí termina nuestro auto de Navidad que ha sido escrito para vosotros.¡existirá. No tengo ningunas ganas de morir. el Mesías que ha nacido para salvar a todos los hombres. tocado por su gracia y decide dar su vida para salvarle ya que los soldados de Herodes se acercan para asesinar al infante. y vais a morir por Dios”. a los parados. para los parados. Con el corazón en la mano Barioná le declara a su esposa Sara que también ha ido a Belén a adorar a Cristo: “No quiero morir. para los prisioneros de guerra y para los mutilados. Madrid 2006. El Cristo ha nacido. a los mutilados. en este día de Navidad –y en todos los demás días. todavía. la alegría!” No es posible afirmar que Sartre cambió de parecer con respecto a su relación con el cristianismo. este sabor acre y salado del que hablo. Dirigiéndose a los prisioneros finaliza la obra diciéndoles: “Y vosotros. ampliada y revisada. Barioná. Vais a morir como guerreros. y vosotros vais a culminar vuestro destino. . se le escapó a este ateo oficial el núcleo de la Navidad: la esperanza y la alegría en Cristo. Pero quiero impedir que maten a nuestro Mesías y estoy convencido de que no tengo elección: no puedo defenderle más que dando mi vida”. No sois felices y puede que haya más de uno entre vosotros que haya sentido este sabor de hiel.