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Elementos para una sociología de la cultura de las clases sociales

LOS APORTES DE PIERRE BOURDIEU

Elementos para una sociología de la cultura de las clases sociales LOS APORTES DE PIERRE BOURDIEU

Biografia y principales obras

Considerado uno de los más influyentes sociólogos de la segunda mitad del siglo XX, Bourdieu (1930-2002) estudio filosofía en la Ecole Normale Supérieure de Paris, y desde 1955 fue profesor en Allier, Argelia, Paris y Lille.

Precisamente en su etapa argelina desarrolló trabajos de investigación que luego lo destacarían en la disciplina sociológica.

Durante los últimos años de su vida acentúa sus criticas al neoliberalismo y se manifiesta en favor de la sociedad civil y del nacimiento del foro social mundial, participando cerca de los sindicatos, de las organizaciones no gubernamentales, de los emigrantes y de las asociaciones cívicas contra las posiciones neoliberales que nutrían el discurso de la sociedad llamada postmoderna.

Entre su vasta producción, se destacan obras como La distinción. Criterios y bases sociales del gusto (1979), ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos (1982), Homo academicus (1984), La nobleza de Estado. Educación de elite y espíritu de cuerpo (1989), Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario (1992); pero alcanza su mayor éxito con La miseria del mundo (1993), donde denuncia el sufrimiento social, que bebe en las fuentes marxistas y en el pensamiento de Michel Foucault, y traza, en una combinación de sociología y antropología social, la radiografía de la exclusión social, de los desheredados de la modernización, del progreso tecnológico y de la globalización.

Objetivo

Presentar elementos conceptuales diseñados por Pierre Bourdieu para proponer el desarrollo de una sociología de la cultura a través del análisis de una de sus dimensiones: las prácticas de consumo originadas en los gustos.

Habitus

Las personas adquieren habitus, es decir, están (pre)dispuestas a disfrutar de ciertas experiencias (tener compactos de música clásica o moderna, gustar de la puntura abstracta o naturalista, etc.). Por habitus, no debe entenderse “hábitos” o prácticas adquiridas, hechas por costumbre, pues el habitus existe antes que ellas, generándolas, dándoles forma: estructurándolas. Los habitus son principios cognitivos o formas básicas de visión del mundo que: a) están estructuradas porque guardan una relación con la posición social de las personas y b) son estructurantes, porque originan en esas mismas personas un conjunto de prácticas y representaciones estructuradas por su mismo funcionamiento. Para Bourdieu hay que hablar tanto de habitus individuales como de clase (o grupo social), ya que la variación objetiva de los habitus resulta de similares condiciones previas de existencia. Si se analizan en detalle los consumos culturales de las clases alta, media y baja, se concluirá que los gustos efectivamente permiten unas “elecciones”, pero que ellas se realizan sólo dentro de un horizonte definido de posibilidades (quien es un entrenado lector de literatura clásica, difícilmente consuma best-sellers románticos). Bourdieu pensaba en los habitus como sistema de disposiciones subjetivas: los habitus culturales de los grupos o clases originan representaciones y prácticas (por ejemplo, gustos y consumos culturales) que se distinguen, muchas veces rechazándose entre sí. Mas aún, los gustos expresados en los distintos consumos culturales, originan calificaciones y clasificaciones de las personas que tienen el mismo gusto, y de aquellas otras que tienen otros gustos (y, generalmente, pertenecientes a otro grupo). Lo que lleva a pensar que sin un “sistema de gustos” no existirían los gustos. Los habitus impulsan en las personas mecanismos ideativos tanto de aceptación como de evitación (por ejemplo, quien compra un libro de J. L. Borges sabe que representa la “alta” literatura, y considera literatura “vulgar” a la que escribieron otros autores “evitables” y que consumen otras personas distintas a él, a los que, por transición, calificará como “vulgares” y “evitables”).

Campo

Los campos son zonas de actividades sociales diferenciadas, que funcionan con cierto nivel de autonomía y con otro cierto nivel de dependencia (ver la última figura en la próxima pagina).

Las personas no “flotan” en el aire o por el campo cultural y, por ejemplo, no suelen elegir indistintamente un día a Mozart y otro día a un cantante de música tropical. Por el contrario, ocupan un lugar que los posiciona (favorable o desfavorablemente) en relación con los otros integrantes del campo. La posición ocupada dentro de los campos sociales es lo que dará origen a los contenidos de los habitus (el efecto del funcionamiento del campo) que, a su vez, originarán prácticas y representaciones acordes con esa posición.

Los campos sociales han sido constituidos a través de la historia, por eso su constitución y evolución pueden analizarse sincrónicamente, más, en cualquier momento en que se los analice, el análisis sincrónico siempre los encontrará estructurados en posiciones, en jerarquías. Los ocupantes no determinan las características de los campos a que pertenecen; por el contrario, las posiciones ocupadas en los campos son las que determinan las características de sus ocupantes. Con todo esto, podía apreciarse que aquello que tiene más importancia, es decir, los gustos que producen los consumos más “dignos” e “incuestionables”, fue definido desde las posiciones más altas del campo cultural. El conjunto de gustos que lleva al consumo del conjunto de bienes culturales “indiscutibles”, cuya “calidad” está fuera de duda, conforman lo que Bourdieu denominó el “gusto legítimo”.

Son muy pocos quienes aprecian genuinamente las virtudes de los objetos culturales legítimos, al fin de cuentas, el gusto legítimo es definido en las posiciones “más” altas del campo cultural.

La representación de la sociedad según el marxismo

Formación

económico-

social

Superestructura jurídico-política e ideológica

Estructura

económica

(base material)

Una formación económico-social es una sociedad que se encuentra en una determinada fase de desarrollo, con el modo de producción que le es constitutiva, su base económica y la superestructura que lleva sobre (por) ésta.

La representación de la sociedad según la teoría de los campos sociales

Sociedad

C .P. C .C. C .I. C .R. C .E. … …
C .P.
C .C.
C .I.
C .R.
C .E.

Cada círculo representa un “campo”. Cada campo representa una “zona” de actividad (experiencias) probable para los sujetos.

Cada campo tiene una lógica y dinámica autónoma (representada por el doble

circulo) aunque, en mayor o menor medida, está relacionado con otros campos.

El círculo de la derecha, indica que en cada campo los sujetos ocupan posiciones determinadas. Cada campo es un sistema de posiciones desiguales estructuradas.

CC = Campo Cultural, CP = Campo Político, CR = Campo Religioso, CE = Campo Económico, CI = Campo Intelectual, … = Otros

= Campo Cultural, CP = Campo Político, CR = Campo Religioso, CE = Campo Económico, CI

Consumos culturales y gusto legitimo

Lo que llamamos “gusto legítimo” tiene poder simbólico, es decir, tiene el poder de estructurar las diferencias y las semejanzas que los otros gustos tienen para con él, sin que esta estructuración desigual sea por lo general cuestionada. Bourdieu pensaba que los etiquetamientos que se desprenden de los consumos culturales (esos que hacen que las personas piensen acerca de otras que “huele a pequeño-burgués”, “me parece que es mersa”, “sabe de música clásica lo que yo puedo saber de música tropical”), las fijan, las en-clasan simbólicamente en el espacio social; pero dentro de un espacio en el cual ya estaban económicamente enclasadas. Los beneficios simbólicos del gusto legítimo son para pocos. Bourdieu homologa esto con lo que ocurre en el campo económico, donde la mayoría de sus integrantes tienen representaciones de progreso y ascenso social, a pesar de que pocos pueden hacerlo. Un bien simbólico brinda más beneficio y distinción a su poseedor, cuanto más raro sea (por ejemplo, es sabido que en el mundo del arte lo más raro es, sin más, lo más caro).

Síntesis provisioria

Es importante recordar de forma eslabonada ciertas ideas presentadas hasta aquí:

Los gustos existen dentro de un sistema de gustos

El sistema de gustos funciona porque existe el gusto legitimo (es el referente/articulador), el cual aparece como una especie de norma que mide proximidad o lejanía de los otros gustos (es decir, los demás existen en tanto se comparen con el gusto legítimo)

El gusto legítimo tiene poder simbólico

El poder simbólico se relaciona con la capacidad que tienen las posiciones más altas del campo cultural (las elites) de definir como “indiscutible” su gusto para todo el campo

Los beneficios simbólicos del gusto legítimo son para pocos.

Los gustos se presentan como un sistema articulado debido a que: a) son un conjunto de elecciones que condicionan los consumos culturales; b) se originan en las disposiciones culturales acordes con la posición social que las personas ocupan en el campo social.

El funcionamiento de este sistema no podría entenderse si no se piensa en la violencia simbólica que el gusto legítimo de las clases dominantes ejerce sobre las otras posiciones sociales.

Los gustos de las clases altas

El campo cultural está estructurado en posiciones que jerarquizan a sus ocupantes desde lo más alto a lo más bajo. Entonces, deben ponerse de relieve las posiciones que existen dentro de cada posición social del campo cultural.

Bourdieu refuerza que las clases altas tienden a pensar que su gusto por ciertas manifestaciones del arte es el resultado de que este se encuentra inscripto en sus genes: calificación común y evidente que, sin embargo, no alcanza a ver que quienes con más éxito pueden acceder a las bellas artes, son, estadísticamente, casi siempre los que más “tienen”.

Si pensamos en la clase alta argentina, podrá apreciarse cómo las funciones de gala en el teatro Colón constituyen, además de un momento de goce estético, el lugar indicado para dar testimonio de quién se es y de cuánto se tiene, habida cuenta del despliegue de vestuario, joyas y perfumes que se exhibe en esos eventos.

Bourdieu piensa, entonces, que el gusto de las clases altas se traduce en un aristocraticismo esteticista y se representaba muy bien por el público de los museos de arte. La relación de las clases altas con la alta cultura, su gusto por ella, implica cualquier cosa menos voluntad y falta de tiempo.

Los gustos de las clases medias

Los gustos de las clases medias llevan al consumo de unos objetos y, en general, a unas prácticas culturales que están destinadas a los grandes públicos: sus gustos se concretan en producciones que distan de ser tan selectas y restrictivas como las de las clases altas; sus gustos son organizados por una industria cultural que produce, a gran escala, un conjunto de bienes culturales para mercados diversos: editorial, cinematográfico, televisivo, teatral, de indumentarias, etc.

De todas las posiciones que forman el campo cultural, las clases medias son las más conscientes de su lugar: tienen la certidumbre de que “no son ni una cosa ni la otra”, una conciencia infeliz, puesto que las características de sus gustos y consumos delatan la intención de separarse simbólicamente de las clases populares y la pretensión de parecerse lo más posible a las clases altas.

Son las que más se preocupan por el “parecer”, aún cuando para parecerse (a las clases altas) no cuenten con los recursos económicos necesarios para concretar sus gustos y, por eso, sean también las más proclives “a vivir por encima de los medios”.

Pero la conciencia de sus imposibilidades, no lleva a las clases medias a cuestionar al gusto legítimo o la distribución desigual de beneficios simbólicos que éste impone, sino que su postura termina reforzando el funcionamiento automático del campo: para las clases medias, el gusto legitimo es sencillamente incuestionable y, por eso, su relación con la “alta” cultura es muchas veces tortuosa, porque en sus intentos de distinguirse de las clases populares, descubren muy a su pesar que jamás pueden aunarse con la cultura de las clases altas.

Culturalmente considerados, sus miembros tienen los gustos típicos de unos pretendientes pretenciosos. Adelantar al ser mediante la apariencia parecería ser la estrategia consciente de las clases medias en el plano de la cultura. Los gustos de las clases medias, entonces, delinean una estética de la pretensión.

Los gustos de los sectores populares

El gusto de los sectores populares no puede concretarse en objetos cuya degustación lleve mucho tiempo (y cueste dinero), por eso Bourdieu lo denomina pragmático. Cuando analizó en Francia el gusto de estas clases, no visualizo ninguna actividad, sino que la intervención de los sectores populares dentro de la dinámica del campo era más bien pasiva.

Están limitados por las carencias materiales y necesitan resolver la cotidianeidad familiar inmediata: los sectores populares tienen otra relación con el tiempo, un tiempo que, de ninguna manera, puede “perderse” en los placeres propios de quienes asisten a museos o galerías, y mucho menos perderlo en toda la preparación previa, que ha llevado años y ha significado muchos gastos, para permitir que finalmente se guste del museo como se debe.

Con frecuencia, confinados espacialmente, tampoco pueden hacer lugar a consumos de tipo teatral o cinematográfico. Sus experiencias, en lo posible, quedan cerca: el trabajo, la escuela de los hijos, la televisión, el fútbol, algún lugar de diversión, algún local bailable.

Según Bourdieu, la conciencia de todas estas limitaciones les hizo pensar, antes de emprender estrategia alguna que “esto no es para nosotros”.

De todas maneras, mantienen un lazo con la cultura legítima: el lazo que “democráticamente” les tiende el universal sistema escolar. Situación paradójica, porque los contenidos de la misma escolarización que, en realidad es una “carrera” escolar, les confirman con crudeza su posición y, tal vez por eso, la deserción de la carrera escolar también puede ser entendida en la clave del “esto no es para nosotros”, razonamiento que puede ir acompañado de sensaciones de fracaso y sentimientos de indignidad cultural.

La grave denuncia de la desigualdad social y cultural que presenta Bourdieu no debe pasar inadvertida para sus lectores: “esto no es para nosotros” no expresa el rechazo de los sectores populares a toda clase de cultura legítima, expresa el reconocimiento naturalizado (socialmente construido por la cultura dominante) de que, a ellos, la cultura no les corresponde, porque la cultura está hecha para los otros.

Si bien la conclusión de Bourdieu indudablemente tiene potencia, también es cierto que al estar tan alejados de las posiciones dominantes del campo cultural, los sectores populares están en condiciones tanto para colaborar con la reproducción del campo como para impugnar el “gusto legítimo” y gran parte de sus consumos. Una situación muy visible en las sociedades latinoamericanas, que el autor no estudió.

Conclusiones

Sería importante, de ahora en más, analizar los gustos al interior de un “sistema de gustos”, cuyo organizador no tiene cara, es anónimo, porque está organizado por la sociedad y, sobre todo, desde algunas partes de ésta. Las diferencias en los gustos, delatan las desigualdades sociales, porque las desigualdades en el plano de la cultura no hacen sino correr parejas a las desigualdades materiales. Y esto, por más visiones democratizantes de la sociedad que puedan leerse o escucharse. Bourdieu demostró que las desigualdades materiales producen un efecto de homología en las desigualdades culturales, y que la desigualdad material homologizada en la desigualdad cultural, refuerza la desigualdad material.