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La economía

del bienestar
(Volumen I)

A. C. PIGOU

Selección y estudio introductorio preliminar a cargo de

Profesor Francisco Cabrillo

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Esta obra se publicó originalmente en inglés,
por la Casa Editorial Macmillan & Co., de Londres, bajo el título
First published in English by Palgrave Macmillan, a division of Macmillan Publishers Limited under the
title The Economics of Welfare by A. Pigou. This edition has been translated and published under licence
from Palgrave Macmillan. The author has asserted his right to be identified as the author of this Work
THE ECONOMICS OF WELFARE

Traducido del inglés por F. Sánchez Ramos y traducción revisada por Rogelio Biazzi.
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Editorial Aranzadi, S.A.U.
Camino de Galar, 15
31190 Cizur Menor (Navarra)
ISBN 978-84-9135-187-0
DL NA 2203-2016
Printed in Spain. Impreso en España
Fotocomposición: Editorial Aranzadi, S.A.U.
Impresión: Rodona Industria Gráfica, SL
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Índice
VOLUMEN I
PRESENTACIÓN. FALLOS DE MERCADO Y FALLOS DEL ESTADO. Emma Navarro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . XXXV
ESTUDIO INTRODUCTORIO. Francisco Cabrillo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . XLI
PRÓLOGO DEL AUTOR Y NOTAS A EDICIONES ANTERIORES . . . . . . . . . . . . LXXIII

PRIMERA PARTE
EL BIENESTAR Y LA RENTA NACIONAL
CAPÍTULO PRIMERO

EL BIENESTAR Y EL BIENESTAR ECONÓMICO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
§ 1.—El objeto principal de la investigación económica consiste en coad­yuvar al
perfeccionamiento social. § 2 y 3.—Por tanto, la ciencia económica debe ser más
bien «realista» que «pura», y no meramente «descriptiva». § 4.—Es difícil que
su análisis sea cuantitativo. § 5.—Puede definirse el bienestar eco­nómico como
aquella parte del bienestar general que se relaciona con el pa­trón de medida monetario. § 6 a 9.—Podrían multiplicarse los ejemplos en que causas económicas,
que afectan en cierto modo al bienestar económico, afec­tan de manera distinta al
bienestar general. § 10.—A pesar de esto, se supone que las conclusiones cuantitativas respecto a los efectos sobre el bienestar económico valen también para los
efectos sobre el bienestar total. § 11.—Por consiguiente, pese al carácter limitado
y parcial de la ciencia económica, ésta puede llegar a conclusiones válidas en
cuanto a los efectos que se originan en la esfera del bienestar económico.
CAPÍTULO II

DESEOS Y SATISFACCIONES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
§ 1.—La relación entre satisfacción y medida monetaria no es directa, sino que se
establece a través de los deseos, cuya intensidad no siempre guarda una relación

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proporcional con la satisfacción que nos aporta su cumplimien­to. § 2.—En realidad, este hecho carece de importancia. § 3.—Sin embargo, confesemos que sí la
tiene para establecer el orden de elección en que se han de utilizar los recursos
disponibles en el presente y en el futuro. § 4 y 5.—Si lo unimos a la idea de mortalidad, vemos que los hombres desean ahorrar menos, consumiendo aquellos
bienes agotables de la Naturaleza y a un ritmo que no encaja con lo que conviene
al interés de todos. § 6.—Por consiguien­te, las gentes no ven con buenos ojos
los impuestos que establecen distin­ciones fiscales que atentan contra el ahorro.
§ 7.—Y en favor de la acción del Estado en defensa de la conservación de los
recursos naturales.
CAPÍTULO III

LA RENTA NACIONAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
§ 1.—Por regla general, las causas económicas no actúan de un modo di­recto
sobre el bienestar económico, sino a través de la renta nacional. § 2 y 3.—Aunque parezca una paradoja, éste es el mejor medio de abarcar únicamente aquellas
cosas que se compran con renta monetaria, así como los servicios que obtiene
una persona al habitar una casa de su propiedad. § 4 a 7.—Distinción entre renta
nacional y renta nacional destinada al consumo. Examen de varios problemas
relacionados con la definición y evalua­ción de la renta.
CAPÍTULO IV

¿QUÉ SIGNIFICA MANTENER EL CAPITAL INTACTO? . . . . . . . . . . . . 41
§ 1 a 7.—Estudio de algunas dificultades que se relacionan con este pro­blema.
CAPÍTULO V

VARIACIONES EN EL VOLUMEN DE LA RENTA NACIONAL . . . . . . . . 49
§ 1 a 4.—Si fuese posible, nos agradaría definir las variaciones en el vo­lumen de
la renta nacional en términos físicos, sin tener que referirnos a los gustos de las
personas. § 5 a 8.—No siendo esto factible, la definición que nos vemos obligados a adoptar presenta serios defectos.
CAPÍTULO VI

LA MEDICIÓN DE LAS VARIACIONES EN EL VOLUMEN DE LA REN­
TA NACIONAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
§ 1 a 3.—Dándose el caso de que los precios y las cantidades son los úni­cos
«datos» de que disponemos, necesitamos construir un «patrón de medida» de las

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variaciones de la renta nacional, que se aproxime lo más posible a nuestra «definición» de estas modificaciones. § 4.—Esto supone: 1.º, habilitar un sistema de
medida que bien podría aplicarse, si los «datos» acerca de pre­cios y cantidades
fuesen valederos, para toda clase de productos; 2.º, adop­tar para esta medición,
dado lo limitado de los datos de que disponemos, un sistema de aproximación
que pueda aplicarse en la práctica; 3.º, determinar el grado de exactitud de esta
última aproximación. § 5 a 14.—Comentario del primer problema. § 15 a 21.—
Del segundo. § 22.—Del tercero.
CAPÍTULO VII

EL BIENESTAR ECONÓMICO Y LAS VARIACIONES EN EL VOLUMEN
DE LA RENTA NACIONAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
§ 1 a 4.—Siempre que no disminuya la parte de la renta que va a parar a los pobres, los aumentos en la renta total de la comunidad, no proce­dentes de obligar
a las gentes a trabajar más de lo que desean, suponen tam­bién aumentos en el
bienestar económico.
CAPÍTULO VIII

EL BIENESTAR ECONÓMICO Y LAS VARIACIONES EN LA DISTRIBU­
CIÓN DE LA RENTA NACIONAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 85
§ 1 y 2.—Las modificaciones operadas en la distribución de la renta na­cional en
favor de los pobres pueden efectuarse de varias formas, siendo la más importante
la que tiene lugar mediante la transferencia de poder de compra de los ricos a los
pobres. § 3 y 4.—Excepto en circunstancias extre­madamente especiales, dicha
transferencia incrementará el bienestar econó­mico. § 5 y 6.—Particularmente en
un país en el que, como Inglaterra, la renta está distribuida tan desigualmente. §
7.—Esto es lo mismo que decir que una disminución en la desigualdad distributiva deba aumentar el bienestar económico.
CAPÍTULO IX

EFECTOS EN EL VOLUMEN DE LA POBLACIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
§ 1.—Podría objetarse que las consecuencias de un incremento de la renta destinada a un grupo, particularmente uno pobre, comentadas en los capítu­los VII
y VIII, quedan neutralizadas por reacciones motivadas por la modi­ficación en el
volumen de la población. § 2.—Excepto en el caso de los cambios debidos a una
mayor variedad de las necesidades y los gustos por un aumen­to de la riqueza, esta
tesis es insostenible. § 3.—Y si la tenemos en cuenta, su fuerza se debilita después.
§ 4.—La migración entre los países complica el pro­blema. § 5.—Las transferencias de renta también presentan dificultades.

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CAPÍTULO X

LA RENTA NACIONAL Y LA CALIDAD DE LA POBLACIÓN . . . . . . . . . 103
§ 1.—Revisemos ahora, a la luz del conocimiento biológico, las conclusiones de
los capítulos VII y VIII. § 2.—Este conocimiento confirma la creencia de que
el bienestar económico y el general podrían incrementarse adoptando me­didas
restrictivas para limitar la reproducción de personas discapacitadas o criminales.
Esta creen­cia, aunque favorable a nuestra tesis, no debe alejarnos de nuestro
propósito. § 3.—Se afirma a veces que la biología moderna, al demostrar la parte
pre­dominante que en ella ejerce la herencia si la comparamos con la influencia del
medio ambiente, demuestra que las investigaciones económicas, por lo ge­neral
interesadas por esta última, carecen de importancia. Existen muchas y variadas
razones para rechazar este punto de vista. § 4 a 6.—También se alega a veces que
las ventajas resultantes para el bienestar económico, enumera­das en los capítulos
VII y VIII, del incremento en la magnitud y de la me­jora en la distribución de la
renta nacional, las anulan ciertos efectos biológicos indirectos. También existen
razones para rechazar este punto de vista.
CAPÍTULO XI

EL MÉTODO A SEGUIR . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 119

SEGUNDA PARTE
EL VOLUMEN DE LA RENTA NACIONAL Y LA DIS­TRIBUCIÓN
DE LOS RECURSOS ENTRE DIFERENTES USOS
CAPÍTULO PRIMERO

INTRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
§ 1 y 2.—El problema general de esta parte consistirá en determinar hasta qué
punto el libre juego de los intereses personales, actuando dentro del sis­tema legal
existente, tiende a distribuir los recursos del país del modo más favorable para
obtener una gran renta nacional, y hasta qué punto la acción del Estado perfeccionará estas tendencias «naturales».
CAPÍTULO II

PRODUCTO NETO MARGINAL SOCIAL Y PRODUCTO NETO MAR­
GINAL PRIVADO. DEFINICIONES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131
§ 1 a 4.—Significado del concepto «producto neto marginal». § 5.—Distri­bución
entre los productos netos marginales social y privado. § 6.—Y de sus respectivos
valores.

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CAPÍTULO III

LOS VALORES DE LOS PRODUCTOS NETOS MARGINALES SOCIALES
Y EL VOLUMEN DE LA RENTA NACIONAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 137
§ 1.—A falta de costes de desplazamiento, puede observarse que, siempre que se
dé una disposición de los recursos que consiga que los valores de los productos
netos marginales sociales sean iguales en todos los empleos, la renta nacional
alcanzará el máximo. § 2.—Existen algunas dificultades para extender este análisis a las diferencias existentes en los grados de desigual­dad. § 3.—En la medida
en que se den dichos costes, la disposición óptima, que, naturalmente, no es tan
buena como la que se produce cuando aquéllos no existen, es distinta y, dentro
de ciertos límites, indeterminada. § 4.—Pro­bablemente existirá en la vida real un
cierto número de disposiciones de los recursos que logre que los valores de los
productos netos marginales sociales sean iguales en todos sus empleos. Pero la
igualdad de los valores netos mar­ginales sociales no implica que la renta nacional
alcance el punto óptimo. § 5.—Existe en este caso la posibilidad de recurrir al
uso benéfico de los subsidios.
CAPÍTULO IV

LOS TIPOS DE BENEFICIOS Y LOS VALORES DE LOS PRODUCTOS
NETOS MARGI­NALES PRIVADOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145
§ 1.—Los valores de los productos netos marginales privados son, por lo general,
iguales a los tipos de rentabilidad. § 2.—A falta de costes de despla­zamiento, el
interés personal tiende a que dichos tipos sean en todas partes iguales; y donde
existen costes de desplazamiento, traten de igualarlos en la medida que lo permitan dichos costes. § 3.—Esto implica que, excepto en aque­llo en que difieren
ambos productos netos, el social y el privado, todo cuanto obstruya el libre juego
de los intereses personales perjudica a la renta.
CAPÍTULO V

EFECTOS QUE SE PRODUCEN AL ELIMINAR LOS OBSTÁCULOS QUE
SE OPONEN A LOS DESPLAZAMIENTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149
§ 1 a 5.—De manera general, la eliminación de obstáculos que se opongan,
en forma de costes de desplazamientos o falta de conocimientos, al libre fun­
cionamiento del interés individual, promoverá probablemente la igualdad de los
beneficios. Pero esta afirmación está sujeta a reservas. § 6.—Es de suma importancia distinguir entre los efectos que sobre el bienestar económico ejer­ce una
reducción real de los costes y los producidos por una mera transfe­rencia de los
mismos, de aquellas personas que controlan el movimiento de los recursos hacia
el Estado.

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CAPÍTULO VI

OBSTÁCULOS QUE SE OPONEN A LA NIVELACIÓN DE BENEFICIOS,
DEBIDO A LA FALTA DE INFORMACIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155
§ l a 5.—El conocimiento imperfecto obstruye la tendencia de los ingresos a equilibrarse entre los diferentes empleos, debido al carácter de la contabilidad y la
organización general de los negocios. § 6.—La intervención de los bancos, guiándose por la obtención de beneficios permanentes y no inmediatos, podría hacer
algo para mejorar este estado de cosas, siempre que lo permitieran las restantes
condiciones. § 7.—La intervención que, en redu­cidos campos de la inversión,
ejercen los bancos populares del tipo Raiffeisen representa una garantía contra el
empleo antieconómico de los recursos prestados.
CAPÍTULO VII

OBSTÁCULOS DEBIDOS A LA IMPERFECTA DIVISIBILIDAD DE LAS
UNIDADES EN QUE SE REALIZAN LAS TRANSACCIONES, QUE SE
OPONEN A LA NIVELACIÓN DE LOS BENEFICIOS . . . . . . . . . . . . . . . . 165
§ 1.—Cuando las unidades que se emplean en las transacciones son gran­des, o se
mezclan dos factores en proporciones fijas, representa un obstáculo la tendencia
del interés individual a igualar los beneficios entre los distintos usos del capital.
§ 2.—Actualmente, se ha reducido de dos modos el volumen de la uni­dad que
se utiliza para las operaciones sobre capitales, especialmente a causa de la Bolsa.
§ 3.—El carácter mixto que anteriormente caracterizaba a esta unidad ha sido
también eliminado en gran parte, debido a las modificaciones introducidas por
el gran crecimiento de los valores que sirven de garantía a estas operaciones. § 4
y 5.—La división de las acciones en varias clases y la ayuda de los inversores en
los momentos de mayor peligro actúan en la misma dirección. § 6.—Por regla
general, y dadas las condiciones presentes, apenas si ejerce influencia alguna la
imperfecta divisibilidad de las unidades de tran­sacción.
CAPÍTULO VIII

OBSTÁCULOS DEBIDOS A LAS VARIACIONES RELATIVAS DE LA DE­
MANDA EN LAS DIFERENTES OCUPACIONES Y LUGARES, QUE SE
OPONEN A LA NIVELACIÓN DE LOS BENEFICIOS . . . . . . . . . . . . . . . . 175
§ 1.—Definición de las variaciones relativas de la demanda. § 2.—Cuanto más
intensas sean, mayores divergencias se presentarán entre los valores de los productos netos marginales. § 3.—El volumen depende de la extensión de las variaciones independientes de la demanda de los diversos productos. § 4.—Cómo
trabajan coordinadas unas empresas con otras. § 5.—Hasta qué punto varían las
modas y la distribución de la renta. § 6.—Margen de las fluctuaciones cícli­cas de

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carácter general. § 7.—Los efectos de las variaciones relativas guardan relación
con la política de salarios vigente en un país. § 8.—E incluso con el ritmo que se
les imprima.
CAPÍTULO IX

LAS DIVERGENCIAS ENTRE EL PRODUCTO NETO MARGINAL SO­
CIAL Y EL PRODUC­TO NETO MARGINAL PRIVADO . . . . . . . . . . . . . . 181
§ 1.—Distinción entre «producto neto marginal social» y «producto neto marginal privado». Mientras el interés individual tiende a nivelar los valores de los
productos privados en todas los sectores, allí donde difieren los produc­tos netos
marginales social y privado se dificulta la nivelación de los valores de los productos netos marginales sociales. En régimen de competencia surge un tipo de
divergencia, otro bajo la competencia monopolística y otro más en régimen de
monopolio bilateral. § 2.—Definición del incremento de los recursos productivos allí donde se emplean varios. § 3.—El origen del primer tipo de divergencia
indicado más arriba estriba en que, en ciertos empleos, parte de los efectos de
la utilización de una unidad de recursos no se refleja en la re­muneración de la
persona que ha hecho la inversión. § 4.—Así ocurre cuando el arrendatario y
el propietario no son la misma persona. § 5 a 9.—Lo anterior­mente expuesto
se comprende mejor si comentamos las leyes que establecen el pago de indemnizaciones para compensar al arrendatario de las mejoras introducidas. Otros
ejemplos semejantes. § 10.—En régimen de competencia pueden suscitarse divergencias, independientemente de los contratos de arren­damiento, respecto de
aquellas formas de inversión que se consideran como ser­vicios no compensados.
Ejemplos. § 11.—Resulta erróneo suponer que la divergencia se debe a que la inversión de recursos para mejorar los métodos de producción o las plantas reduce
el valor de los ya existentes. § 12.—Pueden surgir divergencias de carácter psicológico. § 13.—El uso prudencial de im­puestos y subvenciones puede mitigar las
divergencias expuestas, aunque a veces es preciso recurrir a métodos coactivos.
§ 14.—Divergencias que se pre­sentan en régimen de competencia monopolística
con respecto a los recursos invertidos en publicidad. § 15 a 17.—Las divergencias
en monopolios bilaterales pro­ceden de los «acuerdos» concertados entre empresas y obedecen al uso de mé­todos ilegales. Las leyes penales podrían poner remedio a estas actividades.
CAPÍTULO X

LOS PRODUCTOS NETOS MARGINALES SOCIAL Y PRIVADO, EN RE­
LACIÓN CON LOS «MODELOS INDUSTRIALES» . . . . . . . . . . . . . . . . . . 209
§ 1.—La relación entre los productos netos marginales social y privado, a más de
diferir respecto de las inversiones efectuadas con este o el otro fin, difieren asi-

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mismo en cuanto a las realizadas en la organización industrial. § 2.—Unos tipos
de inversión rinden un beneficio en concepto de la especialización que posee el
personal empleado, así como otros por las mercancías. § 3.—Actual­mente, las
inversiones efectuadas en cooperativas y en varias clases de pequeños holdings
rinden un producto neto marginal social más elevado que el de carácter privado.
§ 4.—Lo mismo puede decirse de las inversiones que favo­recen la formación de
trusts industriales. § 5.—Y de las que impulsan la estan­darización. § 6.—Así como
las inversiones realizadas de acuerdo con las nor­mas de la «gestión profesional».
CAPÍTULO XI

PRECIO DE OFERTA CRECIENTE Y DECRECIENTE . . . . . . . . . . . . . . . 219
§ 1 y 2.—En régimen de competencia, la inversión efectuada en cualquier industria alcanza el punto en que el producto neto marginal privado es igual al del
producto neto marginal social de los recursos en general, y este último difiere
de dicho punto en la medida en que difiere del producto neto marginal privado
de dicha industria. § 3 y 4.—Las leyes que rigen los precios de oferta crecientes,
constantes y decrecientes pertenecen al análisis y no a la historia. § 5.—Distinción entre los precios de oferta crecientes, constantes y decrecientes, propiamente dicho, y los mismos vistos desde el punto de vista de la sociedad. § 6.—Posibilidad de que, desde este último punto de vista, el precio de oferta creciente se
dé con frecuencia. § 7 y 8.—Pero sólo se da en un caso especial. § 9.—El valor
del producto neto marginal privado que se obtiene de una inversión realizada
en cualquier indus­tria es mayor o menor que el de carácter social, según sea la
capacidad de adaptación que la industria en cuestión posea respecto del precio de
oferta creciente o decreciente desde el punto de vista de la comunidad. § 10.—
Esto nos dice que el valor del producto neto marginal social es mayor en aquellas
industrias que se adaptan al precio de oferta decreciente; pero no quiere decir
que sea menor en las de tipo inverso. § 11 y 12.—En régimen de competencia,
mediante subvenciones e impuestos, se pueden corregir los errores procedentes
de las divergencias entre los valores de los productos netos marginales social y
privado. § 13.—El mismo razonamiento nos dice que podría incrementarse el
bienestar económico gravando con impuestos aquellas cosas que se desean por
su rareza y subvencionando las que se consumen por ser necesarias. § 14.—Todo
esto es muy difícil de llevar a la práctica, aunque su estudio no sea ocioso.
CAPÍTULO XII

REGULACIÓN ESTATAL DE LOS PRECIOS DE COMPETENCIA . . . . . . 233
§ 1.— Exceptuando las circunstancias extraordinarias que especificamos en capítulos anteriores, podemos afirmar que la intervención del Estado en la esfe­ra
de los precios, en un mercado competitivo, resultará perjudicial para la renta na­

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cional. Puede confrontarse esta hipótesis con la regulación de precios durante el
pe­ríodo de guerra. § 2 a 5.—Exposición de los problemas y las normas que exigió
la intervención de los precios en Inglaterra durante este mismo período. § 6 y
7.—Por varias razones, la intervención de los precios durante los tiempos francamente excepcionales de la Gran Guerra no perjudicó, de manera importante,
a la pro­ducción. § 8.—Podemos casi tener la certeza de que una política general
y per­manente de intervención de los precios de competencia, destinada a evitar
que ciertos grupos de productores obtengan beneficios anormales en circunstancias favorables, resultaría perjudicial.
CAPÍTULO XIII

LA REGULACIÓN ESTATAL DE LA OFERTA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 247
§ 1.—Durante la guerra, la regulación estatal de los precios implicaba asi­mismo
la de la distribución. § 2 a 4.—El suministro de los productos esenciales para los
fines bélicos estaba sujeto a que los concediese el Gobierno, basándose para ello
en la urgencia de los mismos, criterio que difícilmente hallaría su equivalencia en
tiempos normales. § 5.—Los cupos concedidos a las empresas guardaban estrecha relación con el volumen de compras que las mismas habrían realizado antes
de la guerra, método que tampoco podría adoptarse en tiempos normales. § 6.—
El racionamiento de los «últimos consumidores» se basó en la estimación de sus
necesidades. § 7.—Este tipo de medidas no afecta directamente al volumen de la
renta nacional; pero, como explica­mos en el capítulo anterior, sí influye sobre la
regulación de los precios.
CAPÍTULO XIV

LAS CONDICIONES DE LA MONOPOLIZACIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . 255
§ 1.—Es necesario que investiguemos ahora hasta qué punto todos los valo­
res de los productos netos marginales privados tienden a nivelarse en régimen
de monopolio. Como premisa esencial de esta investigación, es imprescindible
estudiar las condiciones que determinan la aparición del poder monopolístico.
§ 2.—Cuando se conoce el volumen total de una industria, y, dada su estruc­tura,
resulta económico que la empresa individual típica sea grande, puede afir­marse
que esto engendra las circunstancias favorables para que se implante el poder
monopolístico. § 3.—Otras circunstancias que favorecen esta tendencia en favor
de las grandes empresas reside en que facilitan la posibilidad de es­tablecer una
dirección centralizada que abarque a otras muchas más. § 4.—Por esta razón, la
absorción reduce los gastos, evitando, por ejemplo, los invertidos en publicidad
para vencer a la competencia. § 5.—Para ciertos productos, una demanda altamente inelástica opera de igual manera, ya que si se implanta el monopolio, se
incrementa la posibilidad de obtener grandes beneficios. Modo de determinar

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la influencia que ejercen los distintos grados de elasticidad de la demanda de
los productos. § 6.—Asimismo, puede afirmarse que cuanto se oponga a los
convenios de absorción o concentración de empresas atenta contra el establecimiento del poder monopolístico. § 7.—Lo mismo ocurre con los obs­táculos
que evitan que se llegue a un acuerdo anticompetitivo al no entenderse sobre la
«par­ticipación» monopolística.
CAPÍTULO XV

LA COMPETENCIA MONOPOLÍSTICA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 271
§ 1.—En régimen de competencia monopolística, el interés individual no tiende
a que el valor del producto neto marginal social de los recursos emplea­dos en la
industria monopolizada sea igual al del producto neto marginal social de carácter
general. § 2 y 3.—Por el contrario, y hasta cierto punto, queda indeterminado el
valor del producto neto marginal social, cuyo volumen de­pende de ciertas reacciones, que se resumen brevemente.
CAPÍTULO XVI

EL MONOPOLIO SIMPLE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 277
§ 1 a 5.—Bajo un régimen de monopolio unido a la restricción de ingreso en la
industria monopolizada, lo probable será que el valor del producto neto marginal
social de los recursos utilizados en la misma difiera más ampliamente con respecto al de carácter general que si rige la libre competencia. § 6 —Caso de no existir
restricción alguna para ingresar en dicha industria, la renta nacional resultará
afectada de un modo distinto.
CAPÍTULO XVII

EL MONOPOLIO CON DISCRIMINACIÓN DE PRECIOS . . . . . . . . . . . . 285
§ 1.—En ciertos casos, los monopolistas logran fijar precios discriminato­rios. § 2
a 4.—Análisis de la naturaleza de estos casos, que dependen esen­cialmente de la
imposibilidad de transferir las mercancías a que se refieren. § 5 a 7.—De los tres
tipos de monopolios discriminadores, el único que posee una importancia práctica es el de tercer grado, según el cual se fijan distintos precios para los diversos
mercados, cuya composición no depende de la volun­tad de los propios monopolistas. § 8 a 11.—Breve análisis de los otros dos tipos. § 12 a 16.—En régimen
de monopolio discriminador de tercer grado, unido a la restricción de ingreso en
la industria monopolizada, se puede llegar, aunque no en todos los casos, a una
mayor aproximación de la producción que hemos denominado «óptima», la cual
iguala el valor del producto neto marginal social de los medios productivos invertidos en dicha industria con el del producto neto marginal social en general, hasta

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un punto más cercano al que se obtiene si rige el monopolio, aunque difícilmente
se aproximará tanto como bajo el régi­men de competencia. § 17.—En régimen
de monopolio discriminador, sin res­tricción alguna para ingresar en la industria
monopolizada, la situación es incluso más favorable.
CAPÍTULO XVIII

PROBLEMAS ESPECIALES DE LA TARIFICACIÓN FERROVIARIA . . . . 299
§ 1.—La exposición del capítulo anterior nos aclara la polémica sostenida entre
los que defienden el «principio del coste del servicio» y quienes apoyan el «principio del valor del servicio» al referirse a las bases sobre las que se establecerán
las tarifas ferroviarias. § 2.—Significación concreta del «principio del coste del
servicio», lo que nos indica que éste exige una tarificación uni­forme para los
diversos usuarios por tonelada-milla transportada, siempre que dichos servicios
no se «presten conjuntamente». § 3 y 4.—No es exacta la opi­nión sustentada
generalmente de que los servicios de transporte se prestan de un modo conjunto:
es decir, que el transporte del cobre y el del carbón, o que el transporte de este
último producto para A y B, son productos conjuntos. § 5.—A pesar de todo,
este punto de vista tiene algún fundamento, por ejemplo, respecto de los viajes
de ida y vuelta. § 6.—Significado concreto del «principio del valor del servicio».
§ 7 y 8.—El «principio del coste del ser­vicio» corresponde a la libre competencia,
mientras que el «principio del valor del servicio» al monopolio discriminador de
tercer grado. Por regla general, el primero resulta más ventajoso para la renta
nacional, aunque, como dijimos en el capítulo anterior, existen ciertas circunstancias bajo las cuales el segundo es más ventajoso. § 9 y 10.—No se trata, sin
embargo, de casos tan generalizados como los que suponen aquellos autores que
tratan de cuestiones de economía ferroviaria. § 11.—Las ventajas que proporciona el «valor del prin­cipio del servicio» pueden obtenerse de un modo más
satisfactorio por medio de subvenciones. § 12.—Examen de la política que tolera
precios discriminatorios, siempre que los beneficios obtenidos no pasen del nivel
normal. § 13.—Final­mente, algunas palabras en torno al sistema de zonas en la
tarificación ferro­viaria.
CAPÍTULO XIX

LAS ASOCIACIONES DE COMPRADORES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 323
§ 1.—El capítulo anterior nos ha mostrado que, en muchas industrias, ni la libre
competencia, ni la competencia monopolística, ni el monopolio, ni el mo­nopolio
discriminador, conseguirán que el valor del producto neto marginal social de los
recursos invertidos en las mismas iguale al de carácter general. Estudiemos ahora
si se puede llegar al resultado anterior mediante la implanta­ción de asociaciones
de compradores. § 2.—No cabe duda de que tenemos que con­testar afirmati-

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vamente, sin que podamos deducir nada respecto a la influencia que ejercerá
sobre la renta nacional sin antes haber fijado la eficiencia pro­ductiva de dichas
asociaciones. § 3.—Los ejemplos históricos no nos aportarán mucha luz. § 4 y
5.—Las asociaciones de compradores son ventajosas en la esfera de la producción, siempre que consigan economías en los costes de publicidad y consigan extender el conocimiento de los mejores métodos producti­vos entre sus miembros,
reduciendo asimismo los peligros inherentes a las transacciones comerciales y a
los fraudes. Estas ventajas son las que han aconsejado su implantación. § 6.—Por
diversas razones, este campo de acción es limitado, siendo necesario que emprendamos el estudio para perfeccionar los métodos vigentes en la esfera comercial y
de los negocios.
CAPÍTULO XX

LA INTERVENCIÓN DE LA AUTORIDAD PÚBLICA . . . . . . . . . . . . . . . . 335
§ 1.—Este capítulo se ocupa de las ventajas que representa la intervención del
Estado en la esfera económica, abarcando la intervención propiamente dicha y
la administración directa como remedio contra los fallos del mercado. § 2.—Por
varias razones, el ejemplo de la época de guerra nos será menos útil de lo que
pudiera parecer a primera vista. § 3.—El pro­blema es esencialmente el mismo,
tanto en las industrias que exigen para su funcionamiento el uso del dominio
eminente como en aquellos que no lo nece­sitan. § 4.—El mero fracaso de la
industria privada, cuando no existe inter­vención alguna del Estado, para llegar
al punto óptimo de la renta, no justi­fica la intervención de aquél, ya que esto
«podría» empeorar más las cosas.§ 5.—En nuestros días, el evidente progreso de
los organismos gubernamentales facilita el que el Estado se halle actualmente en
mejores condiciones que antes para intervenir en la esfera económica.
CAPÍTULO XXI

LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO EN EL MONOPOLIO . . . . . . . . . . . 343
§ 1.—Este capítulo aborda el tema de que el Estado, mediante la adecuada intervención sobre los monopolios privados, se preocupe de que exista el debido reajuste entre la oferta y la demanda, de forma que la renta sea similar a la obtenida
en régimen de libre competencia. § 2.—Examen de la política que tiende a defender el «actual» estado de la competencia contra los ataques de los consorcios
de empresas. § 3.—Se utiliza un método indirecto de inter­vención, sosteniendo
una política de competencia «potencial», castigando toda forma de competencia
desleal, el dumping y el boicot. § 4 y 5.—Exposición de la naturaleza e influencia
de los métodos de competencia desleal. § 6.—Pese a las muchas dificultades, es
probable que la legislación encaminada a atacar estos métodos, si ha sido preparada minuciosamente, consiga disminuir la extensión de los mismos. § 7.—Sin

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embargo, aun cuando logre éxitos inmedia­tos, no será una solución definitiva
que mantenga la competencia potencial. § 8.—La ineficacia relativa de los métodos indirectos de intervención exige que se apliquen asimismo otros de carácter
directo. § 9.—Examen de la polí­tica que promueve la formación de consorcios de
vendedores con poderes monopolísticos. § 10.—Política publicitaria. § 11.—La
intervención en las condicio­nes de venta de las industrias monopolizadas representa una complicación especial allí donde rigen precios de oferta crecientes,
pero no donde predomina el régimen de los decrecientes. § 12.—De poco nos
sirve la experiencia de la guerra en este terreno. § 13.—La intervención puede
tener un carácter nega­tivo (prohibiendo los precios «no razonables») o positivo
(estableciendo precios máximos). § 14 y 15.—Examen del problema de las «sanciones» a aplicar. § 16 a 20.—La enorme dificultad de fijar las bases adecuadas
para poder de­terminar el alcance de los precios razonables. § 21 a 25.—Examen
de los diver­sos métodos que tienden a evitar o limitar los errores que pudieran
cometer las autoridades encargadas de regular los precios, incluyendo el sistema
de escalas móviles. § 26.—En los monopolios establecidos hace tiempo, surge la
dificultad de que la limitación del precio pueda afectar a las «expectativas normales». § 27.—Además, tengamos en cuenta que la intervención resulta siempre,
a más de cara, engorrosa.
CAPÍTULO XXII

LA GESTIÓN PÚBLICA DE LAS INDUSTRIAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 381
§ 1 a 3.—La dificultad de ejercer una intervención estatal satisfactoria nos indica que la renta nacional podría salir beneficiada si ciertas industrias fueran
administradas por el Estado, lo que no equivale al sistema de propiedad pública,
siempre que no presentase serias desventajas económicas en la esfera de la producción. § 4.—De poco nos servirá también aquí la experiencia de tiempos de
guerra. § 5.—La eficiencia económica de la administración pública o privada de
la vida económica no puede medirse adecuadamente por métodos estadísticos.
§ 6 a 9.—La gestión pública puede adoptar va­rias formas, y, desde el punto de
vista de la eficiencia técnica, no es forzoso que sea inferior a las empresas administradas privadamente, especialmente en las intervenidas. § 10.—Sin embargo,
en régimen de gestión pública, existe el peligro de que la autoridad que ejerce la
administración sostenga su empresa recurriendo a métodos desleales que nada
tengan que ver con las prácticas comerciales, perjudicando a las empresas rivales
capaces de satisfacer las mismas necesidades a un precio inferior. § 11.—Bajo la
gestión pública, en segundo lugar, resultará perjudicada la eficiencia económica
al debilitar el incentivo en correr los riesgos y los procesos experimentales, de
tanta importancia en la vida económica moderna. § 12 y 13.—En tercer lugar,
seguramente resultará afectada la eficiencia al establecer unidades administrativas de un volumen antieconómico; a pesar de todo, en las indus­trias donde predominan los factores de la competencia monopolística, la gestión pública resulta

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más ventajosa que la sociedad anónima. § 14.—En su conjunto, y sin tener en
cuenta unas pocas excepciones, la gestión pública será vital sólo donde exista un
monopolio. Al con­trario de lo que ocurre con la intervención pública, la gestión
pública funciona de distinto modo entre las diversas industrias. § 15.—Cuando el
Estado tiene que rescatar un consorcio que se halla en manos privadas, la mayor
dificultad estribará en determinar el precio de compra de la misma. § 16.—Incluso cuando es preciso abonar un elevado rescate a los intereses encubiertos, quizá
resulte ventajoso para el país rescatar un monopolio pri­vado, a fin de evitar toda
restricción artificial de la producción.

VOLUMEN II
TERCERA PARTE
LA RENTA NACIONAL Y EL TRABAJO
CAPÍTULO PRIMERO

LA PAZ INDUSTRIAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 453
Puesto que la paz industrial posee una evidente importancia para cono­cer la magnitud de la renta nacional, es preciso que examinemos las medidas que tienden al
mantenimiento de la misma.
CAPÍTULO II

CLASIFICACIÓN DE LOS CONFLICTOS INDUSTRIALES . . . . . . . . . . . 459
§ 1 a 5.—Examen comparativo de varias clasificaciones.
CAPÍTULO III

ACUERDOS VOLUNTARIOS DE CONCILIACIÓN Y ARBITRAJE . . . . . 465
§ 1.—El Reino Unido es el país donde, por regla general, las cuestiones y
diferencias industriales se resuelven por acuerdos voluntarios. § 2.—Resulta
mucho más eficaz la creación de un organismo competente que se ocupe de
estas cuestiones, que no la reunión de las partes interesadas cuando surjan los
con­flictos. § 3 y 4.—Examen de la constitución y normas que rigen este organismo. § 5.—Comparación entre los acuerdos que sólo comprenden los actos
de conci­liación y aquellos que también prevén, en última instancia, el arbitraje. § 6.—Examen de las cualidades que deben reunir los árbitros, su número
y for­ma de elección. § 7 y 8.—En torno al problema del referéndum y de las
garan­tías monetarias.

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CAPÍTULO IV

LA MEDIACIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 479
§ 1 a 5.—Caso de que fracasen las gestiones llevadas a cabo por los trabajadores
y los patronos de una industria para llegar a un acuerdo, podrían interve­nir con
grandes probabilidades de éxito, intermediarios ajenos a ambos grupos, en lugar
de los organismos estatales. Es preciso, sin embargo, tener mucho cuidado de
que la existencia de este método no entrañe un obstáculo para lle­gar a acuerdos
voluntarios entre las partes.
CAPÍTULO V

LA INTERVENCIÓN COACTIVA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 485
§ 1.—La intervención coactiva puede facilitar que las partes en litigio, si así lo desean, sometan el desacuerdo a un tribunal de arbitraje obligatorio. § 2.—Al mismo tiempo, logrará que se «extiendan» aquellos acuerdos concerta­dos entre los
sindicatos trabajadores y las asociaciones patronales, incluso entre los patronos y
trabajadores que no sean miembros de dichas sociedades. § 3.—Tam­bién pueden
adoptar las normas seguidas por la Canadian Industrial Disputes Investigation
Act. § 4.—O bien adoptar la forma de arbitraje obligatorio, tal como se entiende
en la legislación australiana.
CAPÍTULO VI

PANORAMA ANALÍTICO DE LA PAZ INDUSTRIAL . . . . . . . . . . . . . . . . 497
§ 1.—Los desacuerdos que surgen entre los trabajadores y los patronos, en cierto
sentido, se parecen a los que se presentan entre las naciones. § 2.—Dentro de
ciertos límites, el tipo de salarios sujeto a fijación mediante lo convenido por ambas partes, está indeterminado. § 3 a 11.—Examen del modo de fijar el «margen»
de indeterminación y el que existe para llegar a convenios que pue­dan realizarse
en la práctica. § 12.—Exposición.
CAPÍTULO VII

LA JORNADA LABORAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 507
§ 1.—En cada industria y para cada clase de trabajadores existe una jornada de
trabajo, cuya duración varía con las características del empleo, no siendo be­
neficioso para la renta nacional sobrepasarla. § 2.—De hecho, sin embargo, vemos que este límite tiende a ser rebasado. § 3.—Cómo sucede lo anterior. §
4.—La jornada más conveniente para la renta nacional puede ser de­masiado larga
desde el punto de vista del bienestar económico. § 5.—En prin­cipio, esto justifica
la intervención del Estado para impedir que la jornada sea excesivamente larga. §
6.—Exposición y análisis a este respecto de las horas extraordinarias.

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CAPÍTULO VIII

MÉTODOS DE REMUNERACIÓN DEL TRABAJO . . . . . . . . . . . . . . . . . . 519
§ 1.—Hablando en términos generales, la productividad del trabajador será
ma­yor, y, por tanto, la renta nacional resultará más beneficiada, cuanto más se
aproxime la remuneración al servicio prestado por aquél. § 2.—El hecho de que
un trabajador aporta algo más que la producción física complica extraordina­
riamente la realización del debido reajuste. § 3.—Ya que la producción varía en
cantidad y calidad. § 4.—E incluso que, en ciertos empleos, no pueden me­dirse
adecuadamente producciones que aparentemente son iguales. § 5.—Se logra llegar a cierto reajuste mediante la implantación de la jornada de tra­bajo basada
en el tiempo. § 6 y 7.—Se lograría llegar a un mayor reajuste bajo un sistema de
salarios basado en las piezas producidas, a no ser por la dificultad que supone la
adopción de «límites» y «recortes» en los tipos. § 8 y 9.—Comparación entre los
sistemas de primas y de tanto a la pieza. § 10.—El contrato colectivo de trabajo
puede evitar muchos de los inconvenientes de los «límites» y «recortes» de los
tipos de retribución de los salarios por piezas. § 11 y 12.—Exposición del sistema
del salario-tarea. § 13.—Llegamos a la conclusión de que, para mayor beneficio
de la renta nacional, debiera regir un sistema de salarios por pieza que dependiese
de una escala de los tipos fijados en el contrato colectivo de trabajo.
CAPÍTULO IX

LA DISTRIBUCIÓN DE LA MANO DE OBRA ENTRE LOS EMPLEOS Y
LUGARES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 533
§ 1.—Sale, por lo general, perjudicada la renta por causas que impiden que el
trabajo se distribuya de tal modo que el precio de la demanda y los sa­larios que
corresponden a cualquier clase de trabajo son idénticos en todos los empleos y
lugares. § 2 y 3.—Lo anterior está sujeto a una observación de in­terés. § 4.—Las
principales causas son la ignorancia, los costes de desplaza­miento y las restricciones impuestas sobre la movilidad de la mano de obra. § 5 y 6.—La forma más importante en que opera la ignorancia consiste en des­virtuar la distribución inicial de
las primeras generaciones de trabajadores emplea­dos. § 7.—También se interfiere
la ignorancia para impedir que se rectifiquen los errores iniciales en la distribución
de mano de obra. § 8.—La importancia de este obstáculo reside en las normas
que se sigan en los contratos que afec­tan a los salarios. § 9 y 10.—Examen de la
influencia que ejercen «los costes de desplazamiento» para impedir que se realice
el reajuste adecuado. § 11.—Com­prendiendo el elemento característico del coste
que representa la unidad geo­gráfica familiar. § 12.—El ejemplo más importante
de las restricciones de este tipo nos lo da la exclusión tradicional y consuetudinaria de las trabajadoras de ciertos empleos. § 13.—Los obstáculos que se oponen
a que se dé la distribu­ción ideal de la mano de obra pueden vencerse: 1.º, desde
dentro; 2.º, a ex­pensas del país. § 14.—Si se evitan desde dentro, podemos estar

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seguros de que la renta nacional se incrementará. § 15.—Si se neutralizan a expen­
sas del erario público, quizá se suponga que aquél disminuirá; pero tenemos que
rechazar esta hipótesis. § 16.—Si se hace caso omiso de ellos, resultará be­neficioso
para la renta nacional si el obstáculo que se opone es la ignoran­cia; pero podemos
estar casi seguros de que será perjudicial si son los costes.
CAPÍTULO X

LAS OFICINAS DE EMPLEO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 555
§ 1.—Los trabajadores están sujetos no sólo a una mala distribución entre los diversos empleos, sino a estar parados. § 2.—Las oficinas de Empleo pueden paliar
este inconveniente, así como la disminución de ingresos que re­presentan para la
renta nacional. § 3.—Se pueden utilizar como enlace para efectuar la contratación de la mano de obra. § 4 y 5.—Estudio de algu­nos problemas que afectan a
la eficiencia de estas oficinas.
CAPÍTULO XI

EL PARO Y LA REDUCCIÓN DE LA JORNADA DE TRABAJO . . . . . . . . 563
§ 1.—El análisis efectuado anteriormente tiene importancia para establecer una
comparación entre las tres formas más eficaces de que los patronos hagan frente a
los períodos de depresión; es decir: 1.ª, manteniendo la jornada legal de trabajo,
pero despidiendo a una parte del personal; 2.ª, manteniendo la jornada legal, pero
estableciendo turnos de trabajo entre el personal: y 3.ª re­duciendo la jornada legal
y no despidiendo a nadie. § 2.—Estudio de las razo­nes que determinan la elección
entre la reducción de la jornada legal de tra­bajo y los dos planes restantes. § 3 y
4.—Las que determinan la elección entre el despido de personal y las otras dos. §
5.—Y las que aconsejan elegir entre el sistema de turnos de trabajo y los otros dos
planes. § 6.—Los más usuales son la reducción de la jornada de trabajo y el despido de trabajadores. § 7.—En principio, este último parece ser más perjudicial para
la renta nacional, debido a que el paro siempre afecta a la capacidad de trabajo
de las personas. § 8.—A su vez, es preciso que tengamos en cuenta que los otros
métodos impiden que los trabajadores se desplacen hacia otros empleos o lugares,
perjudicando así a la renta nacional. § 9.—Exposición del problema de que los
trabajadores manuales deben gozar del mismo régimen que los empleados fijos.
CAPÍTULO XII

LA POSIBILIDAD DE INTERVENIR PARA ELEVAR LOS SALARIOS . . . . 575
§ 1.—Por el «curso natural de los salarios» queremos expresar el sistema de tipos
de salarios que prevalecerían si no existiesen más obstáculos que los de­bidos a
la acción de las organizaciones obreras o patronales. § 2.—Las asocia­ciones de

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consumidores y las autoridades pueden intervenir. § 3.—En ciertos casos se logra evadir la legislación laboral, aunque no puede hacerse así, por regla general,
cuando los trabajadores están organizados. § 4.—Aumenta la posi­bilidad de evadir la legislación cuando las autoridades encargadas de que se observen las leyes
únicamente están facultadas para determinar el jornal mí­nimo de los trabajadores
«normales». § 5.—Cuando resulte difícil evitar que las leyes sean infringidas, se
pueden adoptar sanciones que aumenten la eficacia de la intervención.
CAPÍTULO XIII

MÉTODOS DE CONTRATACIÓN DE TRABAJO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 585
§ l.—Clasificación de los tres métodos de contratación: el casual, el prefe­rente y
el privilegiado. § 2.—Ejemplos de lo anterior. § 3.—Explicación de las influencias
que aconsejan la adopción de uno u otro de dichos métodos. § 4.—Exposición
de la relación existente entre el método casual y la contra­tación de plazo breve.
§ 5.—Se analiza la afirmación de que el Estado debiera intervenir para activar la
continuidad de los contratos.
CAPÍTULO XIV

LA INTERVENCIÓN PARA ELEVAR LOS SALARIOS EN LOS LUGARES
Y EMPLEOS EN QUE SON INJUSTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 595
§ 1.—Definición de los salarios justos. § 2.—En realidad, pueden recogerse en
un salario injusto distintas clases de injusticia, pero no las tendremos en cuenta
en nuestro análisis. § 3.—Los salarios injustos pueden catalogarse en dos grupos:
los que, aun siendo injustos, equivalen al valor del producto neto marginal del
trabajo en el empleo o lugar de que se trate, y los que suponen la existencia de un
elemento de explotación, siendo inferiores al valor del pro­ducto neto marginal.
§ 4.—Respecto del primer tipo, la reacción que originará sobre la magnitud de la
renta nacional será independiente de la razón de «por qué» las condiciones generales de la demanda de trabajo en un punto donde los salarios son injustamente
bajos dependen exclusivamente de la na­turaleza de la causa que ha impedido que
la distribución de la mano de obra se ajuste a dichas condiciones. § 5.—Cuando
el tipo de salarios es injusta­mente bajo debido a que los costes de desplazamiento
impiden una redistri­bución de la mano de obra que los haga justos, la intervención
representará un perjuicio para la renta nacional. § 6.—Cuando los salarios son
injus­tamente bajos debido a que la ignorancia impide que se efectúe la deseada
redistribución de la mano de obra, la influencia ejercida por la intervención variará con las circunstancias, dependiendo en parte de las normas de con­tratación
vigentes. § 7.—Explicación de cómo puede surgir el último tipo de salario injusto
indicado en el párrafo 3, es decir, aquel en el que el salario es inferior al producto neto marginal del trabajador. § 8.—Donde se ve que la in­tervención dirigida

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contra salarios de esta clase beneficiará, por lo general, a la renta. § 9.—Cuando
en cualquier empleo el salario de las trabajadoras, pese a ser justo con relación al
que perciben las mujeres en otras partes, es in­justamente bajo con respecto al que
disfrutan los trabajadores en el mismo empleo, la intervención que tienda a equilibrar esta diferencia perjudicará, por lo ge­neral, a la renta nacional. § 10.—En la
práctica, los métodos discrimina­torios que adoptan las variadas formas de intervención indicadas en el texto sólo podrán aplicarse aproximadamente.
CAPÍTULO XV

LOS SALARIOS JUSTOS EN LAS INDUSTRIAS PARTICULARES . . . . . . . 615
§ 1.—Dentro de cualquier industria, los salarios justos que perciben los trabajadores que trabajan en las mismas categorías expresan que el salario se halla en
proporción con la eficiencia. § 2.—En régimen de salarios basados en el tiem­po
de trabajo, se puede conseguir un reajuste del tipo anterior más perfecto de lo
que pudiera parecer a primera vista. § 3.—Con él las dificultades son me­nores,
debiendo tener en cuenta algunos desgloses. § 4.—En primer lugar, es preciso que
computemos la aportación en el proceso productivo de la na­turaleza y la maquinaria. La cuantía de esta aportación puede calcularse con bastante aproximación.
§ 5 y 6.—En segundo lugar, tengamos en cuenta asi­mismo la diferencia existente
entre los trabajos que ejecutan los trabajadores. También puede calcularse esto
aproximadamente, gracias a «una unidad ele­mental que nos permita fijar los distintos tipos». § 7.—En tercer lugar, es preciso que computemos asimismo la parte
que en el proceso económico co­rresponde a la colaboración de la administración
y gestión de los negocios. Re­sulta más difícil calcular la cuantía de esta aportación;
pero este inconveniente puede remediarse en parte estableciendo, a la par que la
escala de sa­larios basada en las piezas producidas, un salario mínimo diario.
CAPÍTULO XVI

LA JUSTICIA COMO UNA RELACIÓN VARIABLE . . . . . . . . . . . . . . . . . 629
§ 1.—Lo justo para personas de distinta capacidad no sólo depende de esta última,
sino de las circunstancias. § 2 y 3.—También vale esto para personas que poseen
distintos grados de una misma clase de capacidad. § 4.—Lo mismo que para las que
poseen distintas clases de capacidad. § 5.—Significación prác­tica de este análisis.
CAPÍTULO XVII

LA INTERVENCIÓN PARA ELEVAR LOS SALARIOS EN LOS LUGARES
Y EMPLEOS DONDE YA SON JUSTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 637
§ 1 y 2.—La intervención que tienda a elevar los salarios de por sí ya jus­tos puede
beneficiar a la renta si, bajo el incentivo de esto último, los pa­tronos se inclinan

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XXVIII L a

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a mejorar su organización técnica y administrativa. § 3 y 4.—Pueden surgir movimientos generales que sean beneficiosos para la renta nacional a través de las
variaciones de tipo de salarios, de forma que la equidad implícita en dichos tipos
no puede considerarse como una razón contundente contra tales variaciones. §
5.—Este hecho reviste especial impor­tancia cuando el nivel general de precios ha
fluctuado bruscamente por causas monetarias, debiendo establecer algunas distinciones. § 6.—Se alega a veces que, incluso cuando los salarios de una industria son
justos, será preciso ele­varlos si son inferiores a los «salarios que aseguran el nivel
mínimo de vida». § 7 a 10.—Examen minucioso de esta aserción, llegando a la
conclusión general de que actuar de este modo supondría, en efecto, perjudicar a
la renta nacio­nal. § 11.—Exposición y análisis del sistema de «salarios familiares».
CAPÍTULO XVIII

LOS TIPOS DE SALARIOS Y LA CAPACIDAD . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 649
§ 1.—Cuando los trabajadores son muy incapaces y, como es natural, perciben salarios muy bajos, quizá parezca en principio probable que la renta na­cional resulte
indirectamente beneficiado si se elevan los salarios, ya que de ser altos podrían aumentar la capacidad de los trabajadores. § 2.—La comparación estadística no puede ayudarnos mucho. § 3.—Cuando los salarios bajos proce­den de la explotación,
la elevación de los mismos no acarreará el que los trabajadores pierdan sus empleos, existiendo la posibilidad de que mejore su ca­pacidad. § 4 —Exceptuando la
explotación, la perspectiva de estas reacciones será más favorable en los empleos
donde la demanda de mano de obra sea inelástica. § 5.—Donde es aconsejable la
intervención en salarios que no son los de explotación a causa de las reacciones
que ejercen sobre la capacidad, aquélla tendrá que ser esencialmente temporal.
CAPÍTULO XIX

UN SALARIO MÍNIMO NACIONAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 657
§ 1.—En este capítulo estudiaremos la repercusión que tendrá el estable­cimiento
legal de un salario mínimo nacional basado en el tiempo. § 2.—Al aplicarse con
carácter general en todo el país, no podría eludirse su cum­plimiento mediante
una redistribución de los trabajadores de distinta categoría entre los diversos
empleos. § 3.—De este modo se evitaría gran parte de la explotación y, como es
lógico, sería beneficioso. § 4.—La consecuencia de todo esto consistiría en expulsar de las industrias privadas a los trabajadores de cate­goría inferior. § 5.—Caso
de que el Gobierno no intervenga para proteger a estos trabajadores, saldrá perjudicada la renta nacional; y si tomase las me­didas oportunas para la reeducación
profesional de los mismos, esta acción resultaría incluso perjudicial para aquellas
personas de edad avanzada o ab­solutamente incapacitadas, que no se hallan en
condiciones de ser reeducadas.

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Í ndice XXIX

CAPÍTULO XX

SALARIOS FIJOS Y FLUCTUANTES EN LAS INDUSTRIAS PARTICU­
LARES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 665
§ 1.—Nos queda por examinar los efectos comparativos que sobre la renta nacional ejercen los tipos de salarios fijados de modo rígido y aquellos que fluctúan
por encima y por debajo de un tipo fijado de acuerdo con los vaive­nes de las
circunstancias. § 2.—Demostración de que los salarios que fluctúan a compás de
las variaciones de la demanda son más ventajosos «directamente» para la renta nacional que los salarios fijos. § 3.—Rara vez, cuando se tienen en cuenta los efectos
indirectos, se invalidan los de carácter directo. § 4.—Por razones prácticas, resulta
imposible variar los salarios dentro de pe­riodos inferiores a dos o tres meses. § 5
a 9.—Cuando conocemos las elasti­cidades de la oferta y la demanda de la mano
de obra, la variación de los salarios que corresponde a cualquier fluctuación de la
curva de la demanda será mayor cuanto más intensa sea esta última fluctuación.
Deducciones prác­ticas que se desprenden de esta proposición, así como de las
consecuencias que se derivan de la creación de stocks. § 10 y 11.—Cuando la
curva de la de­manda de mano de obra, en cualquier empleo, fluctúa de un modo
determi­nado, la variación de salarios que corresponde a dicha fluctuación será
menor cuanto más elástica sea la oferta de mano de obra en dicho empleo. De­
ducciones prácticas que se desprenden de lo anterior. § 12.—Las escalas móviles
nos facilitan la herramienta indispensable para introducir los debidos reajus­tes en
las fluctuaciones de la demanda de mano de obra. § 13 a 18.—Estudio deta­llado
de las formas que adoptan aquellas escalas y de los problemas que se deri­van de
su aplicación. § 19.—Cuando las relaciones entre las partes son lo suficien­temente
buenas, se consigue realizar un mejor reajuste mediante acuerdos concertados por
comités mixtos, que introducen las debidas variaciones de sala­rios cada dos o tres
meses, no solamente de acuerdo con el mecanismo de los números índices, sino
teniendo también en cuenta otros factores que éstos no comprendan.

CUARTA PARTE
LA DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA NACIONAL
CAPÍTULO PRIMERO

EL PROBLEMA GENERAL DE LOS CONTRASTES ECONÓMICOS . . . . 687
Esta parte se propone investigar si pueden diferenciarse causas de impor­tancia
que afecten en sentido distinto al volumen de la renta nacional y al que corresponde a la parte del mismo que va a parar a manos de los po­bres, estudiando los
problemas prácticos que se derivan de la existencia de las mismas.

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CAPÍTULO II

LA LEY DE PARETO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 691
§ 1.—Ciertas investigaciones estadísticas llevadas a cabo por Pareto pa­recen indicar, a primera vista, que la magnitud y distribución de la renta están estrechamente unidas entre sí, de modo que resulta imposible que tanto la renta nacional
total como la renta real de los pobres se muevan en sen­tido inverso. § 2.—La estadística disponible no confirma este punto de vista. § 3 a 5.—Ni sus fundamentos lógicos son muy convincentes. § 6.—Es preciso, por tanto, que estudiemos
detalladamente la posibilidad de que surja el des­equilibrio.
CAPÍTULO III

LA OFERTA DE CAPITAL Y TRABAJO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 701
§ 1.—La distribución de la renta entre las personas difiere analíticamente de la distribución entre los factores de la producción recogida en los textos de Economía.
Sin embargo, no cometemos un gran error si identificamos la renta que corresponde a las clases más pobres con lo que perciben en con­cepto de salarios. § 2 a 6.—Ya
avanzado el análisis, vemos que una causa que opera en el sentido de aumentar
la renta nacional al incrementar la ofer­ta de capital, no puede, en las condiciones
actuales, disminuir al mismo tiem­po la renta real de la mano de obra. § 7.—La causa que acelere la inversión en el exterior «puede» actuar de un modo discordante
respecto de un período corto, pero no a la larga. § 8.—Basándose en que, por regla
general, la demanda de mano de obra en cualquier país es altamente elástica, vemos
que la causa que opere en el sentido de incrementar la renta nacional al aumentar
la oferta de mano de obra, no puede disminuir al mismo tiempo la renta real que
corresponde al trabajo. § 9.—Examen de una complicación. § 10.—Donde se señalan algunas deducciones prácticas de lo expuesto ante­riormente.
CAPÍTULO IV

INVENTOS Y MEJORAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 715
§ 1.—Este capítulo trata de determinar en qué condiciones, caso de que exis­tan,
el invento o la mejora que aumenta la renta total reduce la parte absoluta que
corresponde a la mano de obra. § 2.—Este problema no queda resuelto al determinar si un invento aumenta o reduce el empleo de mano de obra en la industria
analizada. § 3.—La solución gira en torno al modo en que resultará afectada la
«proporción relativa» respecto de las cantidades de capital y trabajo disponibles
en los empleos ajenos a la industria donde se in­trodujo o aplicó el invento. § 4 a
6.—Análisis detallado siguiendo estas nor­mas. § 7.—Llegamos a la conclusión de
que el invento que beneficia a la renta nacional puede al mismo tiempo reducir
la renta real de los pobres, aun­que ésta sea una contingencia muy poco probable.

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CAPÍTULO V

LA INTERVENCIÓN EN LOS SALARIOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 725
§ 1.—Necesitamos ahora determinar bajo qué condiciones la elevación de los
salarios que percibe un grupo de trabajadores perjudicará a la par a la renta nacional y aumentará la renta real de la totalidad de la mano de obra. § 2.—Los
trabajadores a quienes afecte lo anterior, si no son compradores de la misma mercancía que producen, resultarán beneficiados, siempre que la elasti­cidad de su
propia mano de obra tenga una elasticidad inferior a la unidad. § 3.—Examen de
los factores que determinan esta elasticidad en los diversos casos. § 4.—Todos los
trabajadores, si no son compradores de la mercancía que ellos mismos producen,
saldrán beneficiados si la demanda de la mano de obra de cada uno de ellos tiene
una elasticidad inferior a la unidad. § 5.—Sin embargo, puesto que, en la práctica, los trabajadores son en su mayor parte compradores de las cosas que producen, no es muy halagüeña la perspectiva de una ganancia neta. § 6.—Además,
teniendo en cuenta las reacciones acumulativas que se presen­tan en la esfera del
capital, esta perspectiva pierde importancia, y con ella la probable contradicción
entre la influencia que se causa sobre la renta y sobre la participación absoluta
de los pobres. § 7.—Esta conclusión es válida, sin embargo, en lo que afecta a la
ayuda que el Estado facilita a las personas necesitadas a consecuencia del paro.
CAPÍTULO VI

EL RACIONAMIENTO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 739
§ 1.—En principio, la política de racionamiento expuesta en el capítulo XIII
de la segunda parte puede producir perturbaciones. Es preciso que nos pregun­
temos si realmente es así. § 2.—En la Gran Bretaña, el racionamiento bene­fició
a la distribución, sin perjudicar a la producción. § 3 a 5.—En tiempos normales,
el racionamiento, que trata de restringir el consumo de los ricos, caso de referirse a mercancías de precio de oferta decreciente, reducirá el vo­lumen total de
la renta nacional y la parte absoluta que corresponde a los pobres. § 6.—Si el
racionamiento se aplica dentro de límites tolerables a mer­cancías de precio de
oferta creciente para la comunidad, ambos factores aumentarían. Mientras que si
se desbordasen dichos límites, perjudicaría a la renta, a la par que beneficiaba a
los pobres, siendo esto un elemento de perturbación. § 7—La posibilidad de que
la comunidad obtenga un bene­ficio neto merced al racionamiento, como hemos
expuesto en este capítulo, no nos prueba, vistas las dificultades y roces administrativos que ello supone, que sea plenamente satisfactorio.
CAPÍTULO VII

SUBSIDIOS A LOS SALARIOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 745
§ 1.—En una comunidad donde los tipos de salarios se ajustan en todas las partes
a las condiciones de la oferta y la demanda, carece de importancia la política que

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otorgue subsidios a los salarios, ya se aplique a industrias deter­minadas o a todas
en general. § 2.—Sin embargo, si los salarios se han esta­blecido en alguna parte
«a un nivel antieconómico», tanto la renta en su conjunto como la renta real de la
mano de obra resultarán beneficiados si se pone en vigor una política de subsidios
a los salarios. § 3 a 5.—Exposición del problema. § 6 y 7.—Son bastante graves
las objeciones prácticas.
CAPÍTULO VIII

LAS TRANSFERENCIAS DIRECTAS DE RIQUEZA DE LOS RELATIVA­
MENTE RICOS A LOS RELATIVAMENTE POBRES . . . . . . . . . . . . . . . . . 753
§ 1.—Muchas veces se afirma que no es posible que se efectúen transferen­cias
de riqueza de los ricos a los pobres, ya que, realmente, el dinero proce­dente de
los ricos ha sido tomado anteriormente a los pobres y los subsidia­dos devolverán
lo que han recibido aceptando reducciones en sus salarios. § 2.—Los capítulos
siguientes estudiarán la influencia ejercida: 1.a, por las expectativas de transferencias de los ricos; 2.º, por las expectativas de trans­ferencias para los pobres ; y
3.º, por las transferencias en sí.
CAPÍTULO IX

EFECTOS QUE PRODUCE LA EXPECTATIVA DE TRANSFERENCIAS
DE LOS RELATI­VAMENTE RICOS SOBRE LA RENTA NACIONAL . . . . 759
§ 1.—La expectativa de transferencias voluntarias de los ricos tiende a in­crementar
la aportación de estos últimos en favor de la renta nacional. § 2 y 3.—Los patronos
ricos tienen muchas oportunidades de ayudar a sus trabajadores, y las personas opulentas pueden hacerlo asimismo con respecto a sus convecinos. § 4.—Los honores y
las distinciones supondrán un estímulo en pro de la realización de las transferencias.
§ 5.—A pesar de todo, las transferen­cias voluntarias no satisfacen plenamente todas las necesidades, por lo que es preciso recurrir a las de carácter obligatorio bajo
forma de impuestos. § 6 a 9.—Donde se estudian las repercusiones que tendrán
sobre la renta nacional las expectativas de transferencias realizadas a través de un
gravamen sobre la renta que no establece excepción alguna a favor del ahorro. §
10.—Exa­men de un impuesto sobre la renta que establece una excepción a favor
del ahorro. § 11.—Las transferencias realizadas «vía derechos reales». § 12.—En su
conjunto, la expectativa de transferencias obligatorias de importancia re­presentará
probablemente un perjuicio para la renta nacional, cuya in­tensidad no conocemos.
CAPÍTULO X

EFECTOS SOBRE LA RENTA NACIONAL DE LA EXPECTATIVA DE
TRANSFERENCIAS A LOS POBRES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 769
§ 1.—Se pueden clasificar las transferencias del siguiente modo: 1.º, las que
procuran evitar el ocio y el despilfarro; 2.º, las que son neutrales; 3.º, las que

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dan motivo a que surjan el ocio y el despilfarro. § 2.—Exposición de al­gunas
transferencias que tratan de evitar el ocio y el despilfarro, cuya ex­pectativa tiende a aumentar la renta. § 3.—Ejemplos de transferencias neu­trales. § 4 a 6.—Si
las transferencias son de carácter monetario o en mercan­cías de fácil realización,
la expectativa de las mismas tenderá a reducir ligera­mente la renta, mientras
que si se realizan mediante productos que los pobres no hubieran comprado de
otro modo, lejos de ejercer una reacción se­mejante, producirán más bien una
influencia inversa. § 7.—Las transferencias que favorecen el ocio y el espíritu
despilfarrador perjudicarán a la renta. § 8.—Únicamente de un modo parcial se
logrará paliar estos efectos, creando un sistema de retiro parecido al de pensiones a la vejez. § 9.—Son de escasa importancia sus consecuencias perjudiciales
cuando discriminan en favor de que fracase la creación de fondos mediante
un sistema de seguros. § 10.—Sien­do graves los perjuicios cuando favorecen
el ocio, siempre que éste sea vo­luntario. § 11.—En ciertos casos, por tanto, las
condiciones cuya contextura se estudia aquí tienen que ir acompañadas de un
sistema de asistencia.

CAPÍTULO XI

LOS SUBSIDIOS SOBRE LAS MERCANCÍAS QUE COMPRAN LOS
POBRES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 785
§ 1 y 2.—Clasificación de tres formas de primas. § 3.—Todas implican trans­
ferencias. § 4.—Lo probable es que, por lo general, sean algo más perjudi­ciales
para la renta nacional que las transferencias neutrales directas ana­lizadas en las
párrafos 3 a 6 del capítulo anterior.

CAPÍTULO XII

EFECTOS QUE CAUSAN SOBRE LA RENTA NACIONAL LAS TRANS­
FERENCIAS DE RIQUEZA DE LOS RELATIVAMENTE RICOS A LOS
POBRES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 791
§ 1 y 2.—La transferencia de recursos de los ricos a los pobres beneficiará forzosamente a la renta nacional si el dinero invertido en los pobres rinde más que el
tipo normal de interés § 3.—No es probable que se obtenga lo an­terior entre los
ancianos y los degenerados. § 4 a 6.—En cambio, las transfe­rencias que adopten
la forma de educación profesional o asistencia médica a los trabajadores producirán un gran rendimiento. § 7.—Lo mismo ocurrirá con las transferencias que se
dediquen a la nutrición y educación de los niños. § 8.—Se­guramente resultarán
menos eficaces las transferencias que tienden a elevar el poder adquisitivo en
general. § 9.—Parece ser recomendable que se ejerza cierta fiscalización sobre el
uso que se da a las transferencias.

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CAPÍTULO XIII

UN MÍNIMO NIVEL NACIONAL DE RENTA REAL . . . . . . . . . . . . . . . . 907
§ 1.—La fijación de un tipo nacional mínimo de renta real puede afectar a la
totalidad de la renta desventajosamente, a la par que beneficia a los pobres. §
2.—Descripción de la naturaleza de la renta nacional. § 3.—Análisis de las consideraciones teóricas que determinan la adopción del nivel de dicho mínimo. §
4—Prácticamente podemos afirmar que será más alto cuanto mayor sea la renta
real individual en una comunidad. § 5 y 6.—Exposición de este problema, especialmente en lo que atañe a Inglaterra. § 7 y 8.—Se analiza la relación que existe
con las normas de la legislación internacional sobre ma­terias de trabajo. § 9.—Y
con respecto a la inmigración.

APÉNDICES
I.

EL RIESGO COMO FACTOR DE LA PRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . 919

II.

LA MEDICIÓN DE LA ELASTICIDAD DE LA DEMANDA . . . . . . . . 931

III. ESTUDIO DIAGRAMÁTICO Y MATEMÁTICO DE ALGUNOS
PROBLEMAS DE LA COMPETENCIA Y EL MONOPOLIO . . . . . . . 839

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