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POBREZA, VISCERALIDAD y CONVIVENCIA

A PROPOSITO DE ECOLOGIA y HUMANISMO EN AMERICA LATINA

1. VISCERALIDAD Y CONVIVENCIA

A la porra con el estrés de los dilemas: la mejor manera de sanear el vibre de las
vísceras es la concentración mental en alguna obra, labor o trabajo presente (se trata de
la mejor administración del futuro) Los trapitos del pasado empegostan; las primicias
del futuro embriagan.

Tan proverbial es el resentimiento de diestros y siniestros, que sólo ven a la economía


en su sentido de golosidad mercantilista. Satanizan así la sana actividad de intercambio
que los humanos necesitamos realizar cualquiera que sea su especie, o tipo, para
avanzar por la existencia. Al fanatismo extremista nada más le interesa el lavado de
cerebro ideológico, pues parece entiende por política la pura ideologización
catequizante, olvidando que si por algo se puede caracterizar a la gente de la
contemporaneidad mundial, es por la creciente conciencia de sus derechos. Y como lo
esencialmente valioso de la vida democrática, la diversidad, implica lo único e
irrepetible que es cada persona, sin distingos de índole alguna, entonces debemos
gracias a la natural providencia. Nos generó digital, facial, espiritual, mental y
emocionalmente distintos entre unos y otros (somos básicamente iguales, pero cada
quién es único, en medio de la caleidoscópica configuración de la circunstancialidad). Y
la economía, que no es una mera gestión imperial, ni algún manejo populista, respira
por el valor que la libertad empresarial y comercial responsable, de grandes, medianos y
pequeños, agregan al universo de productos y servicios. ¿Se comprende la importancia
y la maravilla que la diversidad implica para darle a la vida el brillo que la
conflictividad planetaria opaca? Hay que ir tanteando la dimensión completa de lo
cogestionario, democráticamente, con sudor y sacrificios, lo cual es preferible a que
sigamos acumulando tensiones y terminemos por despedazarnos bélicamente, los unos a
los otros. Culturalmente aún no lo comprendemos.
Asumamos por lo pronto la condición de clase que encarnemos. Habitamos latitudes del
orbe destinadas al florecimiento magnífico de la diversidad. Las superaciones
personales tendrán que venir por añadidura, en medio de igualdad de condiciones para
el acceso a los servicios sociales a los que todos cotizaremos. ¡Cuidado con imaginar la
igualdad cual uniformizaciones imposibles, extemporáneas. Por ejemplo, quien se
quiere mantener en su ruralidad, tranquilo sin nerviosismos urbanos, es porque
considera que no tiene porque transformarse a juro en un “nuevo rico” citadino, y tener
tales o cuales costumbres, ni usar tales o cuales marcas para pertenecer a tales o cuales
élites. Hay mucho de paranoia, mucho de carrera loca en esto de llegar a un no sé qué
que produce un qué se yo, referido a un tal desarrollo y a un tal progreso. ¡A ver si nos
calmamos! ¿O estamos condenados a rendirle pleitesía al dilema ser rico o ser pobre?
Se supone que trabajamos y/o estudiamos para mejorar y cambiar las vainas, con el
norte de la igualdad y la libertad al frente. Pero imaginar la igualdad como uniformidad
social, es permanecer en el nudo del atraso por medio del cual padecemos un tal
síndrome del subdesarrollo, tal cual aplastados por un tal imperialismo de los fríos
nortes y por cuya culpa estaríamos como estamos, no obstante el lambucismo por las
anglotecnocomodidades. A diestra y siniestra. ¿Será porque nacimos clase media, por lo
que podemos esgrimir estos criterios y de esta manera? Aunque, nadie se salva de su
propia visceralidad, porque de humanos es errar, hay algunos, sin embargo, que la
interponen como agente divisor a escalas nacionales. ¿Alguien es "culpable de "nacer en
la clase en la cual nació? Y la clase en la cual nació, ¿es intrínsecamente mala, o es
intrínsecamente buena? ¡Vamos, la economía es convivencia!
¿Y la política?
¡Qué ridículas las pretensiones de imponer un pensamiento único! ¡Qué ingenuidad el
pretender imponerse con tal o con cuál sistema ideológico diestro o siniestro, per
secula... o repitiendo mil veces interesadas mentiras. La valentía es luchar contra los
enemigos de la felicidad colectiva: de un lado la indiferencia, del otro la opresión. Si
entendemos por política la manera de acordar democráticamente el manejo de todo este
asunto, para el bien de todos, ¡bienvenido!
La política implica gestionar el modo organizacional y legislativo en medio del cual se
desenvuelve la madeja de interrelaciones. Y estas interrelaciones, y todos los otros
asuntos (religiosos, artísticos, filosóficos, científicos..., en fin, culturales) equidistan en
medio de una red que tejemos; es decir, no necesitan asfixiarse mutuamente siendo
subordinable el uno al otro en monolitos totémicos, jerárquicos verticales y
unidireccionales, en donde alguien trata de amarrarlo todo. Bolívar por ejemplo, ya
pasó, y la manera decente de celebrarlo, o mejor, de homenajearlo, es continuar con lo
que supuestamente proyectaba luego de la diatriba emancipadora. El país democrático
tiene el reto de hacerlo, pero de manera sustancial y directa., sin ningún sector oprimido
por otro. ¿Utópico?
En este mundo cabemos todos, y es más grande que las parcelas atrincheradas o las
capitales centralizadoras. Todos vaiveneamos en algún punto del espectro sociopolítico,
maniquea y farisaicamente dividido en dos toletes, como si la biología de la realidad no
nos presentase un todo integral. Podrá ser inevitable identificar sectores, pero filosófica
y científicamente nos devanamos entre razones y sentires, por encontrar la ruta que más
corresponda a nuestras capacidades y aptitudes de convivencia. El tercer camino ya
viene contenido en el instintivo impulso subsistencial de las contemporáneas
generaciones. Teorizarlo mucho es retardar su flujo.

2. EL RETARDO EN DERROTAR LA POBREZA ES UNA MISERIA


El retardo en derrotar la pobreza es una jungla de miserias reparistas. De reparismo
interclase prepotente, que no mide las consecuencias de la generalización satanizante.
Un reparismo que contiene, porque le bullen, multitud de preguntas que afloran al
consciente colectivo del país, en medio de maniqueísmo y fariseísmo ramplones. ¡Pues
a superar la miseria para que de una buena vez comencemos a sentir y a percibir que
cogestionamos el bienestar del prójimo!
Apesta la paranoia que colectivamente padecemos gracias a que 46 y tantos años de
vapuleada democracia, en algo nos ha despertado la conciencia (esa que permaneció sin
ver luz por décadas y décadas entre feroces montoneras, gacha la cerviz ante el
gendarme de la cachucha de turno). La padecemos al dudar de si los primeros cuarenta,
fueron malucos o supuestamente culpables del retraso social comprendiendo por avance
social, a una reducción del número de infelices, y a un ataque frontal a la inmoralidad de
los desequilibrios socio-económicos. Y en tal sentido, por ejemplo, si a ti te dicen: tu no
produces, entonces mereces menos, pero cuentas con la asistencia que te brinda, en lo
mínimo para tu vida, un tal Estado Responsable, entonces la humanización comenzaría
a latir. Luchar por los pobres es acabar primero con la miseria de espíritu.
Al carrizo con el estrés de los dilemas: la mejor manera de sanear el vibre de las
vísceras es la concentración mental en alguna obra, labor o trabajo presente (se trata de
la mejor administración del futuro) Los trapitos del pasado empegostan; las primicias
del futuro embriagan.
Por todo ello nos conviene gobernar todos, con base en frentes organizados, que
representen a cada sector. No, no, no, no se trata de que nos imaginemos
(populistamente) algún mega bochinche de anarquismo. Por lo pronto, esto no es un
manifiesto ni la promulgación de algún movimiento, sino la puesta en mesa,
humildemente, de cartas que algo aportarán. Se trata de que las utopías son como los
soles, que alumbran, dan vida y calor, pero no pueden asirse por su lejanía, ni tocarse
porque achicharran. Lo que importa es caminar, ¿no?, en tanto que al caminar se hace
camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda de viejos miedos que se van
disipando...entre ellos el triste miedo a la libertad!
A la pobreza no se la puede derrotar usando algún ismo como bastión, y menos a estas
alturas de la historia, habiendo mentes más alertas ante las engañifas colectivistas y/o
personalistas del politiquismo. A otros con ese cantar de sirenas obtuso, embadurnado
de la pestilente avidez por el poder. A la pobreza no se le podrá derrotar, hasta tanto
vayamos aprendiendo a conciliar lo personal y lo colectivo. Malos y buenos los hay a la
diestra; malos y buenos los hay a la siniestra.
Ahora vivimos una crisis de valores y referencias, mundialmente expandida:
parcialidades enconadamente enfrentadas no aciertan con el valor de meterse en el crisol
dialéctico…, y ven como un peligro no sólo a quien no le rinda pleitesía. Por ejemplo,
en estos lares venezolanos, a cualquier vestigio de inteligencia pro cultura, a cualquier
indicio de eficiencia y de organización empresarial, se le desprecia Estatalmente, dizque
porque todo pertenece a una cultura decadente de sifrinos aristócratas burgueses y
neoliberales, que debe desaparecer para darle paso a una "nueva", perfilada y creada por
la revolución, cayendo así en el obtuso error de deslindarse en esencia y
antiecológicamente, de la totalidad humana con sus aciertos y errores, la cual
conformamos y hacemos de alguna u otra forma y en mayor o menor grado, TODOS.
(con T de todos, y no A de algunos) Así, detrás del aparentemente sensible y solidario
propósito de crear unos bloques regionales para enfrentar a otros bloques, subyace el
infernal objetivo de dividir y de conflictuar, postergando de esta manera la necesaria
construcción de un mundo mejor.
No es ni podrá ser nunca justificable, el que un grupito de encapsulados se imponga
sobre la agrupación nacional de habitantes; encapsulados en su visión ideológico
política, henchida de recelo visceral y de viscosa humoralidad. Resentidos de izquierda
que le surgieron por naturaleza a los engreídos de derecha. Pero las cosas están
cambiando, ¿no? Para bien en algunos casos, y para mal en otros.
Habitantes todos de AMERICA LATINA: o pensamos, actuamos y sentimos como
seres humanos perfectibles, o nos seguimos artificiando en fragmentaderas ideológicas
que tergiversan lo social, lo religioso, lo político, lo económico, para provechos
particulares. Y si decimos artificiando, y por encima de idealizaderas obsesas, es porque
observamos a dicha patología convivencial, como algo contranatura; como algo
contrario al mejoramiento existencial paulatino, derivado por naturaleza, de la
inteligencia humana. Sólo la ceguera nacida en la ofuscación del resentido, (y al son de
voltearse las tortillas surgen nuevos resentidos) y que en un quítate tú para ponerme yo
y disfrutar ahora de las exquisiteces del poder, atropella al prójimo, puede ser capaz de
practicar la miserable segregación que aquí cuestionamos. El ideal bolivariano de mayor
felicidad para todos, yace vapuleado en el piso. O nos seguimos limitando al nocivo
celo entre ideólogos de izquierda y derecha, o nos sintonizamos de una buena vez con el
torrente mundial que clama por una humanidad libre de prejuicios nacionalistas y de
paranoias de identidad. Ya basta coño: la patria es el orbe, más allá de la primera fase
(frívola, conocida como globalización) que por lo pronto presenta la mundialización, y
la cual está inscrita en el más natural destino existencial del ser humano sobre el
planeta. El que hayan peos bélicos por doquier no significa que el hombre esté
condenado a la miseria de las violencias per se. Y la mejor manera de autenticar este
aserto ante las exigencias de la intelectualidad científico-filosófica que no comparte este
optimismo cultural, es seguir existiendo sin perjudicar al entorno.
Que no se trata de que escribamos estas consideraciones desde la comodidad oficinal,
sino de que: a ver si comenzamos a responsabilizarnos por el ataque a la infelicidad,
proveniente de los extremismos ora diestros, ora siniestros.
El retardo en derrotar la pobreza está lleno de presidencialismo: de manera que la
evolución sociopolítica demanda por naturaleza una cogestión gobernativa en bloques
federales que den al traste con la gangrena centralista; pesada gangrena que nos impide
caminar con pasos adultos por lo que significa existir ya en el siglo XXI. Señores, no es
cuento de ilusos. No se trata de exquisiteces pequeño burguesas, ni de barrabasadas
revolucionarias. No se trata de una utopía más; se trata de la mundial demanda
democrática en grado superlativo. ¿Entiendes, pana? ¿Captas que esto no es una
manipulación ideologista, sino una manifestación de la voluntad convivencial que
gradualmente se ha venido templando en cada vez más personas? ¿Se capta en
entrelíneas que ya no necesitamos peligrosos y violentos izquierdistas y derechistas, ni
sosos centristas, sino responsables y valientes y amigables integrales? *

*no confundir con integralismo

© & ® CLAUDIO MASSIANI 2008


Comunicólogía/UCV