Se aplica el término "General" a aquel Oficial de las Fuerzas Armadas que alcanza la cumbre de su carrera y, después de años de desarrollar

su especialidad, pasa a convertirse en un "generalista" que debe conocer las capacidades y posibilidades de todos sus recursos y ser capaz de manejarlos armoniosamente para conseguir de ellos el mayor rendimiento posible. De hecho, normalmente, las insignias de Cuerpo o especialidad que acompañan a los militares durante toda su carrera se "caen" cuando ascienden al empleo de General para ser sustituidas por el emblema del empleo mismo. Ser General es, desde ese punto de vista, un Cuerpo, una especialidad propia. Por desgracia, para alcanzar el empleo de General tienen que transcurrir muchos años ejerciendo como Artillero, como Piloto, como Paracaidista, como Marino o cualquier otra de las especialidades de las Fuerzas Armadas. El General McChrystal tiene 55 años y tuvo una carrera rápida. Sólo pasaron 25 años desde que obtuvo su despacho de Teniente hasta que alcanzó el grado de General. Pero siguen siendo 25 años y eso imprime carácter (aunque, a lo que parece, el Sr. Stanley McChrystal venía con el carácter impreso de fábrica). En España, tras veinticinco años de servicio puedes estar satisfecho si has alcanzado el empleo de Teniente Coronel por lo que aún se está en la fase de "impresión del carácter" y no en la de explotación de las cualidades que un Oficial pudiera tener para ejercer el Mando. Por edad, el Presidente Obama, en las Fuerzas Armadas españolas, estaría ascendiendo al empleo de Coronel en el mejor de los casos. El Presidente Medvedev estaría recién ascendido a Teniente Coronel, si acaso. Todo ello con absoluta independencia de su capacidad de liderazgo, de sus méritos y de sus titulaciones, popularidad o especialidad. McChrystal es hoy lo que ha sido siempre. Las personas no cambian porque se las vista de uniforme ni porque añadas o quites barras o estrellas en su bocamanga. Pretender otra cosa es una utopía absurda, tanto en el Ejército como en la vida. Dicen que las mujeres se casan con los hombres pensando que ya cambiarán, pero no cambian y que los hombres se casan con las mujeres pensando que no van a cambiar... pero si lo hacen. Dejando a un lado el chiste, haremos bien en hacer caso a la sabiduría popular, el que nace lechón, muere gorrino. El hecho de que alguien sea un excelente tirador de élite, un as de la aviación o rambo redivivo no le convierte en un buen General. Conozco Subtenientes que actúan con la soltura de un Coronel y muchos Generales que se siguen sintiendo mucho más cómodos actuando como Capitanes. Es absolutamente cierto que todos tenemos un cierto grado de incompetencia que alcanzamos en algún momento. En una labor hacemos pié y en la siguiente nos ahogamos. Es nuestra labor y, sobre todo, la de nuestros jefes, detectar cuando llegamos al último nivel en que nuestras capacidades son las adecuadas. O cuando empezamos realmente a explotarlas. Un gran director de orquesta no tiene porqué ser un virtuoso de ningún instrumento. Mi General McChrystal, parece ser, no se sentía cómodo en el cargo. Algunas de las servidumbres que llevaba asociado estaban más allá de lo que sabía manejar. No tenía, por así decirlo, la soltura de Colin Powell para moverse por el Ala Oeste de la Casa Blanca. No es ningún pecado tener esa "deficiencia". El porcentaje de personas que necesitan esa habilidad es mínima, porque no van a utilizarla nunca. Sin embargo, cuando seleccionas al personal que tiene que acceder a los puestos que van a necesitarla, su carencia se convierte en algo muy serio. Si lo que recoge la revista Rolling Stone es cierto aún en una pequeña parte, el General debió ser un personaje realmente extraordinario. De esos que no pasan desapercibidos. Estar a sus órdenes en los Rangers era probablemente una experiencia enriquecedora. Sin embargo, también es probable que ser su jefe fuera mucho más "emocionante". Una vez llegado a la cúspide, el Presidente Obama ha decidido que ya tiene suficientes emociones para necesitar la aportación de su Comandante en Jefe en Afganistán. Por otro lado, tan contraproducente puede mostrarse su nombramiento como su destitución. La errática política norteamericana en Afganistán no se sostiene ni con Bush ni con Obama, ni con McChrystal ni con Petraeus, ni con Karzai ni sin el. Afganistán limita al Norte con los problemas de Kyrguistán (y el resto de los "tanes" a los que exporta talibanes), al Sur con la ratonera paquistaní (donde se forman los talibanes), al Este con la misma y con una China resurgente (y que no quiere ni oir hablar de talibanes) y al Oeste con Irán (sin calificativos). El hecho de que por arriba limite con la corrupción e incompetencia de su Gobierno semi-títere y por debajo con un billón de dólares en materias primas (cuya existencia sale a la luz, precisamente, ahora) resulta tan desolador como el resto del

panorama. McChrystal no es el primer General "terminado". Otro famoso Mac, McArthur, también lo fue en la Guerra de Corea. Aquella guerra tampoco se ganó (de hecho, todavía no ha terminado oficialmente). Probablemente McChrystal no era la persona adecuada para el puesto. Probablemente. Posiblemente tampoco sea idóneo como General. Quizás sea un producto de su tiempo y de la cultura de un país y de unas Fuerzas Armadas (a las que su pueblo adora y apoya). Lo que es seguro, mi General, es que, en todos esos supuestos, hay muchos más en las mismas circunstancias. Mi General, no estás solo.

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